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Salud Sexual, Reproductiva y Planificaciรณn Familiar Mรณdulo V


Salud Sexual Y Reproductiva En La Adolescencia

INDICE INTRODUCCION CAPITULO I RELACIONES AFECTIVAS Y SEXUALES EN ADOLESCENTES  Marco conceptual  Identidad y educación sexual  Educación sexual y actitudes LA EVOLUCIÓN DE LA SEXUALIDAD: DESDE LA INFANCIA A LA ADOLESCENCIA  Vivencias y experiencias  El significado de la imaginación  Las sensaciones físicas  Vivencias sexuales  Experiencias y aprendizajes  Cuerpo e identidad  Autogratificación  Tiempo para ensayar  Los riesgos del amor  Amor y coito  La búsqueda del amor CAPITULO II EVALUACIÓN DE LOS PROGRAMAS DE EDUCACIÓN SEXUAL DESDE EL PUNTO DE VISTA DE LA SALUD REPRODUCTIVA     

Características de los programas eficaces Características de los programas ineficaces Otros modelos educativos Evolución de la fecundidad adolescente La sexualidad femenina y los mensajes de “sexo seguro”

CAPITULO III RITOS DE INICIACIÓN 

Conclusiones De Los Chicas

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Prácticas sexuales distintas al coito Coito y virginidad  Conclusiones De Los Chicos TALLER PARA ADOLESCENTES “APRENDIENDO A ACEPTARNOS

CUESTIONARIO

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INTRODUCCIÓN

El tema de la sexualidad adolescente genera bastante interés en los adultos y en lo profesionales de salud que atienden jóvenes y adolescentes, preocupación que no es exclusiva de la época actual. Un historiador del siglo VIII antes de Cristo decía que “la juventud es frívola, no como antes, en que se enseñaba a ser discreto y respetuoso de los mayores; en cambio, ahora es impaciente e intolerante de los límites y restricciones”. En el año 2003, Tele trece advierte sobre el aumento de las enfermedades de transmisión sexual; médicos especialistas afirman que estos males, comunes entre los jóvenes, pueden provocar graves problemas, siendo el grupo más afectado los adolescentes, que en promedio inician su vida sexual a los dieciséis años. En Febrero de 2003, el diario La Cuarta señala que “lolos son los más promiscuos y contagiados, las enfermedades de transmisión sexual dieron el manso brinco”, dando cuenta de un alarmante aumento de personas contagiadas con alguna ETS debido a “un tremendo nivel de promiscuidad dejado en evidencia en un estudio elaborado por la comisión nacional del SIDA”, en el cual, el doctor Hurtado explicaba que “estas infecciones se dan más frecuentemente entre los 15 y los 19 años, porque a esa edad son buenos para tener relaciones sexuales en cuanto pueden hacerlo, pero sin usar condón”. Todas estas frases reflejan preocupación por las conductas sexuales de los jóvenes, y lo más probable es que nos sigan preocupando, aunque no se produzcan grandes cambios en ellas, lo que significa que el cambio debe producirse en nosotros, como profesionales de la salud. Este cambio consiste en comprender que el verdadero desafío es ayudar a los chicos para que no sufran daños debido a las conductas propias de la sexualidad adolescente.

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CAPITULO I RELACIONES AFECTIVAS Y SEXUALES EN ADOLESCENTES

MARCO CONCEPTUAL Hacerse adulto es, entre otras cosas, un proceso mediante el cual los individuos dicen sí o no a la sexualidad y al amor, de acuerdo con sus convicciones íntimas. Una de las finalidades de la educación en relaciones personales es ayudar a crear una ética personal. Los actos sexuales, en sus aspectos positivos, pueden entrañar amor, diversión, identidad o deseo de reproducirse, pero no tienen por qué ser todo a la vez. El impulso sexual se desarrolló durante el proceso evolutivo como medio de asegurar la reproducción. El deseo de reproducirse puede dar un significado especial a la sexualidad. Antes, las sociedades occidentales contemplaban la reproducción como el factor que sancionaba la actividad sexual, pero actualmente la sexualidad ha alcanzado su propio significado, independientemente del deseo de reproducirse. La aceptación del placer como un valor en sí mismo puede conllevar una actitud más positiva hacia la homosexualidad. La actividad sexual que excluye la reproducción y el placer derivado de los actos sexuales tienen un valor en sí mismos, y reafirman la identidad y autoestima, tanto de los hombres como de las mujeres. En el pasado, una imagen romántica del amor forjó un ideal para la actividad sexual. Por otra parte, mucha gente sostiene que la sexualidad, actualmente, se ha trivializado bajo el contexto del cuerpo y del género, y que los aspectos éticos y emocionales se han descuidado. Tradicionalmente, la educación sexual insistía en que los actos sexuales deberían basarse en un compromiso personal, y esto se utilizaba como una forma de proteger a las niñas de la explotación sexual, sin embargo esta idea conllevaba presentar la sexualidad masculina como más brutal e irresponsable que la femenina, imagen que también se asignó a la homosexualidad masculina y que para ambas no se corresponde con la realidad. Los actos sexuales entre dos personas enamoradas pueden ser una confirmación de un amor profundo. IDENTIDAD Y EDUCACIÓN SEXUAL Durante sus años escolares, los niños y las niñas se van haciendo conscientes de que el futuro está en sus manos. La joven y el joven son personas que actúan por sí mismos, con todas las opciones que ello conlleva.

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A pesar de que con frecuencia los adultos piensan que los niños y los adolescentes actúan de forma desenfrenada y carecen de normas, actualmente no parece que sea así. Con la escolarización comienza la evolución de la sexualidad y de la vida afectiva. La mayoría de los estudios sobre el desarrollo –desde la infancia hasta la edad adulta– están de acuerdo en señalar que los niños y las niñas nacen con un impulso sexual, pero que desde una etapa muy precoz la sexualidad del niño y de la niña está condicionada por las exigencias y expectativas del entorno socio afectivo. Como señala Davies (1994), la adopción de las formas tradicionales de femineidad o masculinidad no es un simple capricho de los niños, ni el resultado de la presión ejercida por los padres sino que deriva de la construcción de la identidad humana mediante el dualismo masculinofemenino. Para hacerse miembros reconocibles y aceptables de la sociedad en la que han nacido, los niños y las niñas deberán aprender a pensar y a actuar de acuerdo con las formas lingüísticas aceptadas y reconocidas. Pero el lenguaje, aunque hace posible el ser social y personal, también limita los modos de ser disponibles a aquellos que tienen sentido dentro de los términos suministrados por él. Cuando aprenden las prácticas discursivas de su sociedad, los niños y las niñas también aprenden que deben ser socialmente identificables como lo uno o lo otro, aun cuando, en la mayor parte de las situaciones sociales, la diferencia física observable sea mínima o incluso nula. El dualismo masculino-femenino es una idea dotada de una fuerza material, mediante la cual se asigna a los varones posiciones en las que pueden actuar como si tuvieran el poder en sus manos y a las mujeres posiciones de debilidad, de complementariedad y apoyo a aquel poder. Deshacer este dualismo implica una confrontación personal con la propia idea de la masculinidad y feminidad, además de reconocer que los hombres y las mujeres pueden adoptar igualmente las posiciones tradicionalmente definidas como “masculinas” o “femeninas” y que hay múltiples “masculinidades” y “feminidades”, las cuales en la mayoría de los casos guardan escasa o nula relación con los genitales de la persona que las adopta. La actividad sexual, en su sentido más amplio, puede ser una expresión de identidad, cosa que se acentúa durante la adolescencia. En las discusiones con adolescentes, chicos y chicas, las preguntas sobre la identidad y el autorrespeto, frecuentemente, tienen mayor importancia que aquellas otras relacionadas con los actos sexuales y el placer sexual. Evitarlas y pasar a hablar directamente de actos sexuales y de la necesidad de tomar medidas de

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autoprotección significa eludir un aspecto crucial de la vida adolescente, porque la información sobre la sexualidad y las relaciones sociales siempre deberá tener en cuenta la experiencia e identidad de los individuos. Un “sí” o un “no” a la actividad sexual y/o al amor se asientan sobre una convicción íntima, cuya formación es uno de los objetivos de la educación sexual. El “sí o no” son respuestas que dimanan de la ética personal y de la moral, y la ética es el resultado de las interacciones de los individuos con sus amigos, profesores, padres, hermanos y hermanas, y también con la cultura en general y los medios de comunicación social en especial. La confirmación de la identidad es un prerrequisito para el crecimiento. Se diría que nuestro entorno está lleno de señales para confirmar o cuestionar lo que somos, aunque estas inicialmente vayan dirigidas a los adultos. Los jóvenes y las jóvenes homosexuales no pueden afirmar su identidad ni adquirir experiencias a través de la interacción con su entorno, para ambos éste será un período de búsqueda y de falta de autoestima, en un momento en el que se ejercen fuertes presiones para conseguir la uniformidad de intereses y conductas. Por esta razón, es importante hacer descripciones positivas de cómo las personas jóvenes se hacen conscientes de su identidad y autoestima, demostrando las similitudes entre el desarrollo heterosexual y el homosexual. EDUCACIÓN SEXUAL Y ACTITUDES Los primeros defensores de la educación sexual presumieron que si se proporcionaban conocimientos, las personas jóvenes se autoprotegerían del embarazo y otras consecuencias derivadas de sus actos sexuales, pero ahora sabemos que la información puntual aporta una base, necesaria pero no suficiente y que muchas personas jóvenes teniendo la información necesaria mantienen infinidad de prácticas sexuales sin protección. Los jóvenes y las jóvenes muchas veces se sienten incómodos si la educación sexual sólo se centra en problemas. No les gusta ser cuestionados y rechazan las lecturas y las advertencias que provienen de los adultos, porque perciben que bajo las mismas subyace una falta de confianza en sus capacidades y en sus posibilidades. Las tareas de los padres y de las madres son cuidar y educar a sus hijos e hijas pero, de forma algo paradójica, el amor y la sexualidad son el “camino real de la liberación” para las jóvenes y los jóvenes. Poniendo sus expectativas de futuro fuera de la familia, se sienten más libres e independientes y se sitúan fuera del círculo familiar. La paradoja está en el hecho de que los padres deben respetar la liberación sexual que sus hijos e hijas han emprendido, sin renunciar a su papel, incluso sabiendo que ser padres no es siempre la tarea más agradecida y que en algún momento pueden sentirse rechazados. Esto

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también significa que los padres no interfieran, que acepten que los jóvenes tienen secretos inviolables y que la familia tiene sus límites para el intercambio de intimidades sexuales entre los padres, hijos e hijas y que estos crean un muro invisible para la discusión íntima; así, es frecuente que los adolescentes comenten sus problemas amorosos con una vecina u otros miembros de la familia y sin embargo no estén dispuestos a escuchar las experiencias de su madre o de su padre cuando tenían su edad. En consecuencia, los padres tienen un papel limitado en la educación sexual y deberían no ser demasiado indiscretos. Crearán un estilo con su comportamiento y su forma de hablar de las relaciones interpersonales, pero las personas jóvenes necesitan otros interlocutores. El distanciamiento de la familia puede acentuarse si la chica o el chico son homosexuales, porque quienes están buscando su identidad durante la adolescencia lo hacen en secreto y a solas; en el entorno hay pocas expectativas para ellos, y en los medios de comunicación es frecuente que se difundan imágenes de la homosexualidad discriminatorias y alejadas de la vida cotidiana. Muchos jóvenes mencionan a sus amigos como una fuente importante de información para temas de sexualidad y relaciones personales –emociones, decepciones amorosas, aspectos técnicos de las primeras experiencias sexuales, etc.– pero esto es positivo y no debe subestimarse. En contraposición están los malentendidos que se asientan sobre ideas erróneas de las vivencias de los demás –los otros saben más, son más experimentados– , opiniones que se sustentan en la exageración de los experimentos sexuales de los unos y en la falta de autoestima de los otros. Estas ideas juegan un papel importante en las propias experiencias sexuales, en el miedo a la intimidad personal y a la pérdida de identidad. Aquí de nuevo puede intuirse la importancia de que un chico o una chica homosexuales, revelando sus sentimientos, sean capaces de obtener el reconocimiento y la aceptación de sus amigos y amigas. Quienes trabajan orientando sobre anticonceptivos tienen, al igual que los profesores, sus metas y sus objetivos: impedir que las enfermedades de transmisión sexual se difundan entre los jóvenes y evitar los embarazos. Naturalmente, esto también es importante para los educadores sexuales, pero si sus ideales conducen a una educación basada en la problematización, los jóvenes ni se identificarán en ella ni escucharán sus mensajes. Así, una joven puede decir: “¡No, yo nunca he recibido educación sexual!”. A pesar de que sabemos que ha estado en un centro joven y ha recibido información sobre anticonceptivos, lo cual significa que muchos jóvenes siguen percibiendo que hay un vacío entre sus intereses y las ideas de los adultos, tanto individuales

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como institucionales, porque en el mundo adulto cuenta la experiencia adquirida y el mundo adolescente está lleno de carencias, de búsqueda de identidad y ansia de amor, de sueños y expectativas. En este contexto, el objetivo de la educación afectiva y sexual sería generar un diálogo que enriqueciera y ampliara el universo adolescente.

LA EVOLUCIÓN DE LA SEXUALIDAD: DESDE LA INFANCIA A LA ADOLESCENCIA VIVENCIAS Y EXPERIENCIAS En las entrevistas con adultos jóvenes nos podemos hacer una idea de lo que están buscando y con sus experiencias se puede constituir una base para hacer educación sexual. La sexualidad y el amor acercan a las personas y también les enseña a distinguir entre lo privado y lo público, entre lo exterior y lo interior. La vida sexual de los niños y de las niñas, interpretada como una forma de preparación para la vida adulta, puede ser intensa y activa. Sus sentimientos sexuales pueden dirigirse hacia alguien del mismo sexo o del sexo opuesto, y sus juegos sexuales con otro del mismo sexo entrañan una comparación de similitudes, características y experiencias, y no son realmente homosexuales. Las exploraciones sexuales mutuas con alguien del mismo sexo implican una búsqueda de identidad y no indican nada sobre el futuro de la vida amorosa. Las personas mayores, que escuchan los juegos de los niños, pueden exagerar su importancia añadiendo significados adultos a los mismos, porque “estar juntos” no significa que tengan encuentros sexuales, sino que han decidido estar unidos intelectualmente durante algún tiempo y así, los adultos, con frecuencia interpretarán estas situaciones como más avanzadas de lo que en realidad son. Durante y después de la pubertad, es común que tanto los niños como las niñas mantengan un fuerte vínculo con alguien del mismo sexo, lo que es señal de capacidad para implicarse emocionalmente, independientemente del sexo de la persona elegida. EL SIGNIFICADO DE LA IMAGINACIÓN Bruno Bettelheim sostiene, al hablar de la madurez de los niños, que una educación sexual precoz, impartida como algo excesivamente clínico y demostrativo, puede hacer que éstos vean la sexualidad como algo

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desagradable, porque se violenta el mundo simbólico que ayudará a los jóvenes en su camino hacia la madurez. Aunque los niños y las niñas tengan curiosidad y quieran saber sobre la sexualidad adulta, sus sueños y fantasías tendrán un lado romántico. Así, este autor defiende que, en la preparación de los niños para que vivan sus experiencias amorosas adultas, los cuentos de hadas juegan un gran papel en el campo de las descripciones de la sexualidad y las relaciones personales y deberían no ser despreciados por los padres y educadores, a pesar de las críticas a las que en algunos momentos se vieron sometidos, porque él opina que ayudarán a los chicos a contemplar la sexualidad como una de las muchas pruebas a superar para hacerse mayores, y a las chicas les harán ver que son capaces de buscar y conseguir amor y placer. LAS SENSACIONES FÍSICAS Kinsey fue uno de los primeros en descubrir que los niños y las niñas son capaces de experimentar sensaciones físicas de forma similar a la de los adultos, lo cual equivaldría a decir que somos seres sexuales durante toda la vida, aunque la sexualidad tenga diferentes significados en cada etapa. En el período prepuberal no parece que haya una sublimación de los impulsos sexuales, como sostenía Freud, sino que, como sugieren las investigaciones posteriores, hay un interés creciente por la sexualidad y por el amor. VIVENCIAS SEXUALES Los hombres y mujeres homosexuales, al recordar su infancia, refieren que, a menudo no encontraban palabras para expresar lo que sentían, ni un marco de referencia adecuado para unas experiencias diferentes a las de su entorno, aunque sus juegos y sus emociones ya se centraban en personas del mismo sexo. Las fantasías secretas y las experiencias con alguien del mismo sexo pueden ser compartidas tanto por homo como por heterosexuales, pero para un homosexual formarán parte del desarrollo de su identidad y el heterosexual encontrará en ellas una afirmación de sí mismo y de su capacidad para el deseo, pero no le harán diferente de los demás. EXPERIENCIAS Y APRENDIZAJES “Un poco significa mucho”. Ésta es una expresión común en el mundo adolescente. Miradas, caricias y besos tienen un valor en sí mismos y no son siempre un paso previo al coito –como sucede con frecuencia en el mundo adulto–. Por esto, no se deberían abordar los temas relativos al coito y a las relaciones personales como si su finalidad siempre fuera éste, advertencia que se debe aplicar durante toda la adolescencia.

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En la búsqueda del amor, antes y durante la pubertad, el coito no es, a menudo, el principal punto de interés, sino que la misma indagación tiene ya un valor en sí, y el saber besar puede incluso ser una forma de comprobar la propia madurez. La simple pregunta: ¿Qué hay que hacer cuando besas? expresará el temor del joven a no saber lo que está bien o lo que está mal y a ella sólo la experiencia le responderá, si comportándose de una manera, consigue un resultado contrario al que esperaba y nadie previamente le había advertido de que esto podía suceder. CUERPO E IDENTIDAD El cuerpo y el género pueden ser la respuesta última a la pregunta ¿Quien soy yo? Cuando una niña comienza a menstruar no sólo experimenta cambios físicos sino también una nueva concepción de su cuerpo: podrá tener hijos y si lo desea será madre, contemplará su cuerpo de otra forma y se identificará con sus amigas y compañeras. Pero aunque estos acontecimientos son positivos y contribuyen a mejorar la autoestima femenina, algunas niñas tendrán ambivalencias hacia la menstruación, al no aceptar su feminidad, no estar preparadas para constatar su ruptura con la infancia o ver la menstruación como algo que las identifica con su madre. Aunque sea un hecho del que se hable menos, las mismas ambigüedades las experimentará un chico que tiene su primera polución nocturna, porque esto puede indicar el inicio de la sexualidad adulta. Pero otros chicos experimentarán su primera eyaculación por masturbación y muchos tendrán pocas poluciones nocturnas, durante la adolescencia, porque comenzaron a masturbarse al inicio de la pubertad. AUTOGRATIFICACIÓN Esta es la palabra con la que antaño se denominaba a la masturbación, y la misma tenía una connotación negativa, a pesar de ser una expresión del deseo y del interés sexual. Actualmente, bastantes jóvenes no tendrán ningún conflicto con ella y, aunque piensen que la abandonarán cuando encuentren un compañero o crean que no es bueno practicarla a menudo, pocos opinarán que es peligrosa o perjudicial. La masturbación en grupo, entre chicos antes y durante la pubertad, tiene un carácter exploratorio. Pero hay que tener en cuenta cuándo se habla de la masturbación a los jóvenes, que ellos pueden ver una paradoja cuando se da el mensaje “la masturbación no es peligrosa” e interpretarlo como que “si intentan asegurarlo de esta forma será porque en algún sentido es perjudicial”, demostrando con su actitud, una vez más, la desconfianza hacia las intenciones de los mayores.

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Muchas personas consideran que la masturbación es un asunto muy privado y muy difícil de abordar, ya que ésta aparece vinculada a cierto sentimiento de vergüenza, más en relación con las fantasías sexuales que con la masturbación en sí. Pero el que la masturbación sea algo privado y el que ya no esté rodeada de tanta angustia y culpabilidad como antaño, no significa que deba trivializarse, porque muchas chicas y chicos pueden estar preocupados por la eyaculación, sorprendidos por la intensidad del orgasmo, admirados por algo nuevo y que nunca antes habían experimentado, o angustiados por las fantasías sexuales asociadas a la masturbación y que no se ajustan a lo que previamente habían pensado. Con el lenguaje normalizado, la individualización y la minimización del tema, se podrá ofrecer el mensaje de que ni está bien ni está mal, de tal forma que si el chico o la chica están en conflicto con sus deseos y con sus reglas morales, podrán sacar la conclusión de que no hay porqué racionar una expresión del impulso sexual. Pero de la misma forma, quienes piensan que la masturbación les es ajena también percibirán que su actitud es totalmente aceptable, ya que algunos chicos y chicas nunca se habrán masturbado. Probablemente, el que las chicas se masturben menos que los chicos no es el resultado de los tabús que tradicionalmente se han vinculado con la sexualidad femenina, sino porque su desarrollo sexual es diferente y, frecuentemente, ellas ven el sexo como una forma de relación mientras que la sexualidad para los chicos es casi una función independiente. Algunas y algunos considerarán la autogratificación como una forma de manejar su deseo. Hablar de la masturbación sin problematizarla será un alivio para quienes sienten culpabilidad por tales actos.

TIEMPO PARA ENSAYAR Una preocupación que siempre aparece en las discusiones es la de cómo contactar y acercarse a alguien a quien se ama de lejos y se desea conocer mejor. Pero aprender a reconocer los sentimientos y a establecer contactos con los demás es algo que se adquiere con la experiencia propia y con la de los que nos rodean. Es importante aliviar las angustias y dudas en torno a la búsqueda de amor, presentándolo como un camino individual, en cuyo recorrido hay derecho a detenerse, arrepentirse y esperar otra oportunidad.

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Al comienzo de la adolescencia, precisamente en el momento en el que se acentúan los cambios físicos, las jóvenes y los jóvenes centran sus insatisfacciones en el desarrollo del cuerpo, lo que les convierte en tímidos y evasivos. Más adelante les surgirá la pregunta “¿Cómo quiero vivir mi vida?” y solo encontrarán la respuesta actuando, poniendo a prueba sus capacidades, dudando de lo que está bien y de lo que está mal, temiendo hacer el ridículo y renovando sus temores acerca de si se adecuará su cuerpo a las exigencias del momento. Rebasado el ecuador de la adolescencia surgen interrogantes en torno a cómo comportarse con “el otro o la otra”, aumentando el interés por identificarse con las experiencias de los adultos. En el caso de los chicos, la consolidación de la identidad parece guardar más relación con la acción, lo que explicaría el porqué los chicos después de “haber probado” interrumpen temporalmente sus progresos sexuales. El sexo, a veces, se convierte en una demanda social que presiona fuertemente tanto a los chicos como a las chicas. Ahora, las chicas también pueden sentir ansiedad por el desempeño, por “hacerlo de la forma correcta” y aunque los roles de género tradicionales todavía perduran unidos a la sexualidad y al amor, parece ser que los hombres y las mujeres, en sus relaciones íntimas, no siempre adoptan los papeles de actividad y pasividad que se les habían asignado en el pasado. En ocasiones, los chicos tienen necesidad de esperar y se asombran de que las chicas de su misma edad se relacionen con chicos mayores, hecho que podría deberse a que las chicas maduran más rápidamente desde el punto de vista biológico y psicoafectivo y, aunque hay poca investigación al respecto, lo que sí parece estar claro es que se necesita hacer una educación sexual individualizada y con perspectiva de género. Cuando ya se consolida definitivamente la conciencia sexual y se inicia la búsqueda activa, el desarrollo dependerá de las circunstancias y de la personalidad de cada uno. El debut sexual precoz se asocia con frecuencia a “problemas psicosociales”, especialmente en el caso de las chicas, aunque no siempre es así, ya que el ejercicio de la sexualidad puede ser una forma de consuelo y de acercamiento. Y, en estas circunstancias, la opinión de los adultos tiene una influencia limitada, por lo que una actitud negativa hacia el debut sexual precoz probablemente no repercuta sobre aquellas chicas que más apoyo necesitan, pero sí que quizás apoyo es lo único que se les puede ofrecer, hablando de la vida amorosa como algo basado en el respeto mutuo, aceptando incluso que, muchas veces, la experiencia se adquiere de una forma traumática.

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LOS RIESGOS DEL AMOR Los chicos y las chicas que aceptan su sexualidad y tienen alta su autoestima están más predispuestos a adoptar medidas autoprotectoras frente a las infecciones, los embarazos no buscados y todas aquellas actividades que afectan la integridad personal. Pero la autoestima se desarrolla después de haber pasado por situaciones inciertas y ambivalentes y de haber comprobado los errores que se cometieron, de tal forma que los temas relacionados con la sexualidad y las relaciones personales nunca se abordarán a la ligera ni con críticas generalizadas, sino teniendo presente que diversificar vale más que generalizar. Los adolescentes y las adolescentes homosexuales, aunque tomen conciencia de su identidad amando a una persona del mismo sexo, sus descubrimientos son doblemente significativos ya que, además, conllevan a la configuración y aceptación de una identidad nueva, cosa que no siempre es plenamente aceptada. A veces, los chicos adolescentes evitarán el contacto con las chicas durante algún tiempo –quizás tras haber intentado el coito o de haber tenido una breve relación–, probablemente porque piensan que ya han progresado bastante y que el coito no ha sido algo más que un ensayo; sin embargo, muchos chicos pedirán información sobre los aspectos técnicos del propio acto sexual y sobre lo que “excita a la otra persona”. En cada etapa, los sentimientos relativos a las experiencias sexuales juegan un papel preponderante, como podemos comprobar en las descripciones de los chicos cuando ya han hecho su debut sexual: muchos dicen que estuvieron muy apasionados o que estaban muy enamorados; algunos habían usado el condón por primera vez; unos describen “la primera vez” como algo positivo y otros se preguntan “¿Esto es todo?” Los nervios, y la acción en sí misma, frenaron los acontecimientos. Quieren ser buenos amantes y desean saber lo que tienen que hacer para que la experiencia sea positiva para las chicas pero ellas, en determinadas ocasiones, serán las que iniciarán a los chicos. Los chicos pueden sentirse incómodos cuando usan el condón, más si ha sido la chica la que lo ha sugerido, porque creerán que ellos no dominan la situación. La preparación mental de los jóvenes y las jóvenes para el debut sexual conlleva, inicialmente, al interés por los aspectos más generales de la sexualidad y luego por el coito en sí mismo; algunos de los problemas técnicos relacionados con el primer coito y con el uso de anticonceptivos guardan relación con esto, de tal manera que una buena mentalización dará la sensación de más seguridad a la hora de planificar el primer coito.

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AMOR Y COITO Para algunas personas, el primer coito es algo muy práctico, nada reseñable. Ciertas chicas no comprenderán por qué muchas se ponen nerviosas con el tema de la virginidad, mientras que otras no desearían “perderla” con cualquiera. Pero para muchos, el debut sexual tiene un significado simbólico, es como algo sagrado que refleja la conciencia de unidad del hombre y de la mujer y el coito se experimenta como una fusión espiritual. Para ayudar a explicar estos aspectos educativos, pueden ser de ayuda los relatos míticos clásicos y, como ya señaló Bettelheim, algunos cuentos. LA BÚSQUEDA DEL AMOR Cada persona escribe su historia. Si muchos adultos recordaran su adolescencia descubrirían cómo sus experiencias, tanto positivas como negativas, fueron las que condicionaron su actitud hacia la sexualidad. Pero no cabe duda de que quienes se dedican a la educación deban ser conscientes de sus condicionamientos, en parte porque necesitan manifestarse coherente y respetuosamente con la diversidad y, también, porque así manejarán mejor las situaciones que se presentarán en sus conversaciones con los chicos y con las chicas. El enamoramiento puede llevar a descubrir el sexo y a ser conscientes de los deseos sexuales propios y ajenos. Si intentan el coito por primera vez y éste no es posible, las chicas y los chicos tendrán que reconocer si fue la tensión y el nerviosismo lo que lo impidió. A veces, la chica puede sentir muy seca su vulva y su vagina y quizá le duela el intento de penetración, y entonces será el chico el que preguntará por qué le dolía a su novia, ignorando, probablemente, que antes debía estar excitada, ya que así su vulva y su vagina se humedecerían, aunque quizás sólo fueron conscientes de lo que buscaban después de haberlo intentado. Muchos y muchas jóvenes que ya practican el coito, quizá lo hacen para divertirse y experimentar cosas nuevas pero, para ambos, el objetivo puede ser el orgasmo. Así, en el caso de las chicas, lo que en principio era un juego se convertirá en algo gravoso y en una demanda difícil de cumplir, porque necesitarán tomarse algún tiempo antes de atreverse a manifestar sus deseos. No obstante, las experiencias sexuales serán una forma de descubrir aspectos nuevos de la personalidad, de aprender a manifestar los propios deseos y de aprender a experimentar el placer, especialmente para las chicas, con las que hablar de estos temas es un enriquecedor intercambio de ideas. La exigencia de obtener siempre placer con el coito y la de dejarse llevar por las situaciones puede ser opresiva para las jóvenes y los jóvenes. Cuando se habla con ellas y con ellos, o se recomiendan lecturas sobre el tema, habrá que

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tener en cuenta que “no hay una experiencia sexual única” y que es necesario que se admitan todas y no se propongan metas utópicas, porque aquellos que no las consigan se sentirán inferiores. Un determinante para la consecución del placer sexual parece ser la aceptación plena de la propia identidad sexual. La actitud hacia la sexualidad y la capacidad para decir “sí” o “no” a los actos sexuales están relacionadas así, una actitud positiva guarda relación con la capacidad para autoprogerse frente a las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no planeados. La autoestima masculina juega un papel fundamental en un terreno donde la capacidad de ejecución es prioritaria. Los chicos describirán sus búsquedas de placer de forma directa y orientada hacia su compañera, basados en lo que quiere o no quiere, lo que les está permitido y lo que les está prohibido, en constantes transgresiones y redescubrimientos. Por el contrario, la autoestima de las mujeres guarda más relación con su poder de atracción, así como también con la satisfacción consigo mismas y con sus capacidades. Para las discusiones con los chicos, la autoestima tiene su relevancia, porque en su mundo a veces el amor es un tema tabú, se ve como una cosa femenina de la que conviene mantenerse alejado, sin implicarse, argumentando que ellos tienen otros intereses. Pero esta actitud también puede encubrir interrogantes sobre el comportamiento con las chicas, sobre lo que tienen que hacer para ser buenos amantes y fantasías sobre lo que les gustaría hacer pero no se atreven. ¿Cómo debería tocarla? ¿Lo estoy haciendo bien? En este contexto podríamos decir que, tanto los chicos como las chicas, frecuentemente, juegan a mantenerse en silencio, pero por separado, exagerando las actitudes o los errores y obstaculizando el diálogo abierto sobre el amor y la sexualidad.

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CAPITULO II EVALUACIÓN DE LOS PROGRAMAS DE EDUCACIÓN SEXUAL DESDE EL PUNTO DE VISTA DE LA SALUD REPRODUCTIVA

Evidentemente ni todos los programas educativos tienen los mismos objetivos ni obtendrán los mismos resultados. Si revisamos la bibliografía podremos observar que hay tres tendencias fundamentales en cuanto a la elaboración de contenidos y a la definición de metas. La primera se centraría en el reconocimiento pleno de la sexualidad adolescente, lo que conllevaría a conseguir que los chicos y las chicas se preparen para vivirla plenamente; la segunda se basaría más en la prevención de los riesgos de la actividad sexual adolescente; la tercera pretende educar también en la conciencia de la fertilidad y no sólo en anticoncepción. Un ejemplo de la primera tendencia se puede encontrar en la educación sexual impartida en los países del norte de Europa, cuya tradición y resultados se reconocen en casi todos los ámbitos, ya que tienen tanto la tasa más baja de embarazos adolescentes como de otros problemas asociados con la actividad sexual. Los programas educativos que se proponen conseguir resultados concretos han sido sometidos a evaluación por Kirby y colaboradores (1994), con la finalidad de identificar las características distintivas de aquellos que demostraron ser eficaces para reducir o prevenir las conductas sexuales de riesgo. Estos autores, basándose en los trabajos publicados, revisaron los resultados obtenidos en cuanto a inicio de las actividades sexuales, utilización de anticonceptivos, abstinencia, primer coito, prevención de ETSSIDA y frecuencia de la actividad sexual. CARACTERÍSTICAS DE LOS PROGRAMAS EFICACES Estaban centrados en reducir las conductas de riesgo mediante el uso de las teorías modernas sobre el aprendizaje; sólo proporcionaban una información básica de los riesgos del coito no protegido y las medidas para evitarlo; incluían actividades que ponían de manifiesto la influencia de los medios de comunicación sobre las conductas sexuales; fortalecían valores que se opusieran a las conductas grupales de sexo no protegido; aportaban modelos y habilidades para la negociación.

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CARACTERÍSTICAS DE LOS PROGRAMAS INEFICACES Eran de contenido más amplio y dotaban a los alumnos de las habilidades necesarias para que pudieran tomar sus propias decisiones. A pesar de todo, los autores concluyeron que la evidencia recogida era insuficiente para determinar si alguno de estos programas disminuían realmente las tasas de embarazo y parto y de ETS-SIDA, y que, aunque los resultados de algunos estudios sugerían que se podía actuar eficazmente en cuanto al retraso en la edad del primer coito, la reducción del número de compañeros sexuales, la frecuencia de coito o sobre el uso de métodos anticonceptivos, la validez de sus análisis se veía limitada por los escasos estudios diseñados con una metodología adecuada para la revisión, así como también por la inconsistencia de los resultados aportados. OTROS MODELOS EDUCATIVOS Un tercer modelo educativo, poco explotado hasta el momento, se basa en la enseñanza de la conciencia de la fertilidad, término general utilizado para describir una variedad de técnicas, que las mujeres pueden emplear, para identificar el momento de la ovulación y para determinar las fases fértiles e infértiles del ciclo menstrual. A pesar de que la instrucción de los adolescentes en la conciencia de la fertilidad es un terreno inexplorado, no por ello deja de tener relevancia dentro de los diseños curriculares en educación sexual y en la mejora del cumplimiento anticonceptivo entre las jóvenes y los jóvenes. La información obtenida a través de la conciencia de la fertilidad puede ser utilizada por las mujeres como método anticonceptivo mediante la abstinencia de coitos o la utilización de métodos de barrera en fase fértil. Con algunas excepciones, los profesionales sanitarios y los educadores siguen bastante desinformados en el tema de la conciencia de la fertilidad y quienes puedan estar familiarizados con ella, la limitan al terreno anticonceptivo y omiten su aplicación como instrumento para la educación en salud reproductiva. Las investigaciones han puesto de manifiesto que las adolescentes tienen una ignorancia extrema sobre el ciclo menstrual y el proceso de la fertilidad humana. La mayoría de las jóvenes saben que hay fases fértiles e infértiles en el ciclo menstrual y que la mujer no puede concebir todos los días de su ciclo, pero no conocen el momento de la ovulación ni pueden identificar cuándo el embarazo es más probable. Ni siquiera aquellas jóvenes que saben que la ovulación ocurre aproximadamente a mitad del ciclo, son capaces de utilizar esta información para estimar el momento más fértil de sus ciclos. Esta falta de conocimiento se traduce en una conducta anticonceptiva de riesgo por parte de las chicas adolescentes, basadas en creencias equivocadas sobre su propia fertilidad.

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Además, el cumplimiento anticonceptivo podría reforzarse si las jóvenes fueran capaces de identificar correctamente la fase fértil del ciclo menstrual, pero esta idea no se basa en el modelo médico del ciclo menstrual y en el análisis retrospectivo del momento de la ovulación, y puede ser erróneo enseñar a las jóvenes que la ovulación sucede a mitad del ciclo. Los hallazgos de las investigaciones sobre la actividad sexual de los adolescentes y las adolescentes, el conocimiento de la fertilidad humana y las conductas de riesgo en anticoncepción apoyan el hecho de que la educación sexual debe incluir, además, información correcta sobre los signos de fertilidad y el modo de reconocerlos, lo cual les ayudará a comprender porqué un embarazo no siempre es el resultado de un coito, tanto protegido como no protegido. La instrucción en la conciencia de la fertilidad, basada en la fisiología reproductiva masculina y femenina, es apropiada desde el punto de vista evolutivo para las adolescentes, porque la información sobre los cambios en el moco cervical es algo concreto, que las personas jóvenes pueden comprender, y no algo abstracto que no pueden objetivar. La conciencia de la fertilidad capacita a las adolescentes para evaluar el riesgo relativo de embarazo en diferentes momentos del ciclo menstrual, y les explica porqué un coito no protegido o el coito interrumpido no siempre terminan en un embarazo. Los hallazgos preliminares de las consecuencias que tiene el haber obtenido información e instrucción sobre la conciencia de la fertilidad son prometedores. Actualmente, quienes trabajan con adolescentes necesitan estar bien informados e informadas sobre la conciencia de la fertilidad y sobre su impacto sobre la actividad sexual adolescente y el uso de métodos anticonceptivos. Contexto y consecuencias de la actividad

sexual adolescente

EVOLUCIÓN DE LA FECUNDIDAD ADOLESCENTE En los últimos veinte años, en muchos paises, se ha observado un aumento en la incidencia de la actividad sexual en la adolescencia o, más concretamente, en las relaciones sexuales con otra persona. Las encuestas sobre conducta sexual muestran que la edad en la que los jóvenes comienzan a tener relaciones ha ido descendiendo Aumento de la actividad sexual durante la adolescencia Aumento de la tasa de embarazos y abortos durante la adolescencia desde 1964, y las últimas investigaciones indican que el espectacular descenso en la edad de la primera relación puede, de hecho, haber tenido lugar en los años cincuenta, en vez de

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haber acontecido en respuesta a la píldora, como se había supuesto previamente. Delgado y cols. (1998) señalan que la edad a la que se inicia la actividad sexual se ha reducido, si se comparan los jóvenes de hoy con los de las generaciones precedentes. Pero que aunque las técnicas anticonceptivas han alcanzado un alto grado de perfeccionamiento –cosa que sin duda influye en el descenso de las tasas de fecundidad y de embarazo– todavía se producen muchos embarazos no deseados que terminan incrementando el recurso al aborto, deducción que por otra parte es fácil de obtener si se comparan las tasas de fecundidad adolescente y joven (que han descendido considerablemente) con las tasas reales de embarazo. La autora advierte que no es razonable que cuando la tecnología de la anticoncepción ha llegado a “tan altas cotas de eficacia”, se produzca un número tan elevado –y en aumento– de embarazos no deseados, y que esto puede ser un indicador de que no se está proporcionando la información necesaria, que ésta es inadecuada o que no se da a los jóvenes la información necesaria sobre la reproducción –fertilidad– el embarazo y los métodos anticonceptivos y no se les ha concienciado de los riesgos de la actividad sexual, por infrecuente o esporádica que ésta sea. Son datos para la reflexión el que en 1994, en toda España, cerca de un tercio de los embarazos entre las adolescentes desembocara en un aborto, y el que en algunas de las comunidades más embarazos tengan como fin un aborto que un nacimiento entre las menores de veinte años –con altas proporciones asimismo entre las mujeres de 20-24 años–. La brecha entre el descenso de la fecundidad y el descenso de los embarazos debería hacer que la sociedad se cuestionara si sus adolescentes están preparadas para afrontar los riesgos de una determinada actividad sexual. LA SEXUALIDAD FEMENINA Y LOS MENSAJES DE “SEXO SEGURO” Los mensajes “racionales” de sexo seguro (“sabes los riesgos, la opción es tuya”) no darán resultado si se dan en contextos en los que la idea de feminidad se asocia con la pérdida de control en presencia del amado. Las mujeres jóvenes heterosexuales pueden tener que enfrentarse con graves contradicciones en sus encuentros sexuales, si tienen que hacerse responsables de su seguridad sexual y también de la anticoncepción. Los datos, obtenidos por el Instituto de la Juventud (1996) y por otros estudios, sobre el uso del preservativo como anticonceptivo y profiláctico entre los jóvenes y las jóvenes demuestran que los preservativos no son objetos neutrales, sino que llevan aparejados muchos significados simbólicos, asociados con determinados tipos de sexualidad, especialmente con

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encuentros sexuales esporádicos, tanto si son de una noche como experiencias prematuras o encuentros fuera de una relación estable. Se supone que las negociaciones sobre el sexo son más sencillas en el contexto de una relación establecida, pero no necesariamente será así. “Salir juntos” implica un grado de confianza que no se da en las relaciones sexuales menos persistentes. La confianza se convierte en un factor significativo a la hora de decidir la utilización del preservativo, a pesar de que actualmente los jóvenes y las jóvenes lo que mantienen es la denominada “monogamia en serie”. A veces se usa el preservativo en las primeras etapas de una relación sexual, para después cambiar a la píldora como medio de evitar el embarazo, olvidándose entonces las funciones profilácticas del primero. Esta transición de los preservativos a la píldora, en una nueva relación con un compañero fijo, está cargada de significado simbólico, y puede emplearse para dar a entender la seriedad de la misma, como una forma de demostrar al compañero que él es alguien especial. Si los preservativos significan sexo “esporádico”, “clandestino” o sin experiencia, la píldora está asociada con un status de más madurez y con una sexualidad más experimentada. Esto hace que la perspectiva de la utilización del preservativo a largo plazo sea muy problemática. La cuestión está en lo que significan ciertos tipos de relaciones estables. La mayoría de las chicas jóvenes no reconocen que mantienen relaciones esporádicas si el modelo culturalmente aprobado es el de mantener una relación estable y preferentemente monógama y tienden a creer que la relación va a durar, así las relaciones serán “estables” mientras que no se demuestre lo contrario. Otro aspecto a considerar es el de poder en las relaciones sexuales, que puede manifestarse de forma menos explícita que la simple ausencia de violencia, de tal forma muchas de las objeciones de las mujeres al uso del preservativo se centran en el temor a la desaprobación por parte de sus compañeros, sobre todo en lo relativo a la confianza y a las ideas sobre el placer sexual masculino y el temor a obstaculizarlo. En nuestra cultura, las mujeres, inseguras de su propio potencial y medios sexuales, experimentan con bastante intensidad los efectos de los privilegios del placer masculino. Pedir o insistir en la utilización del preservativo, en este contexto, puede ser una exigencia potencialmente subversiva. La espontaneidad de la pasión puede socavarse por el reconocimiento del riesgo y la responsabilidad; la seguridad sexual y la satisfacción se contraponen, cuando la última se define en términos de plenitud masculina. Muchas jóvenes heterosexuales pueden

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experimentar poco placer con prácticas sexuales penetrativas, aunque sí logren un gran placer en las prácticas sin penetración y, aunque no carezcan de capacidad para elegir y actuar, raramente tienen clara toda la gama de opciones por las severas restricciones sociales en que se desenvuelven. En este contexto, algunas mujeres jóvenes consiguen desarrollar estrategias para “practicar el sexo seguro”: • Eludiendo el tema de la confianza y el significado “profiláctico” asociado al preservativo, toman la píldora sin que lo sepa el compañero y le piden que lo use para evitar el embarazo. Aparte de la preparación mental que esta estrategia conlleva, si la relación llega a durar podrá plantear problemas. •

Otras serán capaces de afirmar sus necesidades sexuales, la responsabilidad y el interés compartido por la anticoncepción y la seguridad, estableciendo relaciones con hombres más jóvenes que ellas, menos experimentados y más inmaduros.

Algunas se considerarán “a salvo” cuando mantienen relaciones monógamas y están seguras de que es así: negociaron hacerse una prueba del SIDA, otras conocerán el historial sexual de su compañero.

Un reducido número de mujeres, después de reflexionar sobre sus experiencias sexuales y de descubrir que desean mantener su propia iniciativa y acceso al placer sexual, considerarán que el sexo seguro es algo más que el mero uso del preservativo y que las “posibilidades del sexo sin penetración” les permitirán explorar y dar preferencia a sus propias necesidades sexuales, en contraposición a la definición tradicional del sexo, estructurada sobre las expectativas y deseos de los hombres. El repertorio de sexo seguro, de estas jóvenes heterosexuales, es más amplio que el de las que simplemente lo entienden como algo ligado al uso del profiláctico pudiendo, además, educar a sus compañeros en la validez y mérito de una serie de prácticas no penetrativas, y si la penetración forma parte de su actividad sexual, tendrán menos problemas para negociar el uso del profiláctico. Esta estrategia se basa fundamentalmente en la negociación de un nuevo modelo de sexualidad, dando prioridad al placer de la mujer y este nuevo modelo todavía no se ha tomado en serio en por los programas de educación sexual y planificación familiar.

La prevención del VIH/SIDA y de otras ETS se beneficiaría mucho si se promoviera un modelo de sexualidad no centrada en los genitales ni en el coito, sino en forma de erotismo compartido que abarca todo el cuerpo, el femenino y

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el masculino, como expresión de un deseo mutuo hacia todo lo que el otro es. El SIDA está cuestionando las formas de la sexualidad y hoy en día no se puede hablar del mismo sin hablar de la sexualidad, del amor, de los papeles del hombre y de sus vínculos. “El amor en los tiempos del SIDA” tiene que ser diferente de como lo ha sido hasta ahora, y no cabe espera para desvelar las trampas de las relaciones entre los sexos. CONCLUSIÓN A pesar de que hay diferentes programas de educación sexual, éstos con frecuencia no obtienen los resultados esperados, unos por ser demasiado concretos e ir dirigidos hacia metas muy específicas, lo que cuestionaría sus repercusiones en otros ámbitos de la vida adolescente y algunos porque no satisfacen objetivos predeterminados. Así, nosotros podríamos decir que la conciencia de la fertilidad científica, basada en la fisiología reproductiva masculina y femenina, es apropiada para los adolescentes porque proporciona a las personas jóvenes una forma concreta de comprender los conceptos abstractos sobre el ciclo menstrual. También incide en un aspecto en el que con frecuencia fallan los programas de otra índole, al insertar el momento de la ovulación dentro del contexto del ciclo y capacitar a las adolescentes para evaluar el riesgo relativo de embarazo en diferentes momentos de su ciclo menstrual y aclarándoles el porqué de que un coito no protegido o el coito interrumpido no siempre tengan como resultado un embarazo. Los hallazgos preliminares del conocimiento alcanzado mediante la instrucción en la conciencia de la fertilidad son prometedores. Para documentar si la instrucción en la conciencia de la fertilidad aumenta el cumplimiento anticonceptivo en adolescentes, deberán emprenderse intervenciones a gran escala, utilizando profesores entrenados, grupos experimentales y grupos control. Actualmente, el público en general, así como los proveedores de cuidados de salud en particular, educadores y profesionales de los servicios sociales que trabajan con adolescentes, necesitan estar mejor informados de la enseñanza de la conciencia de la fertilidad y de su potencial impacto sobre la actividad sexual adolescente y el uso de métodos anticonceptivos. La promoción de modelos de sexualidad no basados en la penetración vaginal dotaría a las mujeres de un mayor control en las relaciones sexuales y sería una forma de evitar algunos de los problemas ligados a la concepción de la sexualidad en términos del placer masculino.

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Pero, en general, el comportamiento sexual es un ámbito donde se manifiesta con especial claridad el carácter problemático y transicional de la adolescencia, fundamentalmente debido a la presión que la sociedad ejerce por controlar y regular las manifestaciones sexuales durante este período. Esta presión se ejerce principalmente a través de padres y educadores, aunque también el grupo de iguales tiene una influencia muy relevante, ya que los adolescentes tienden a adoptar, en el área sexual al igual que en otros aspectos, las normas y conductas que creen características de su grupo de referencia. Por lo tanto, serán frecuentes los conflictos que planteen al joven las discrepancias entre sus deseos y el punto de vista que representan sus padres y adultos en general. El cambio de valores y actitudes de la sociedad actual y la consecuente indecisión con respecto al tema, da lugar a que lleguen a los jóvenes mensajes contradictorios. Por un lado, las amistades y los medios de comunicación estimulan la actividad sexual, mientras que por el otro, los padres y los educadores la desaprueban, pudiéndose decir que en general la sociedad es ambigua respecto a la adolescencia y a la sexualidad. Ante esta perspectiva cabe preguntarse ¿Qué se puede hacer? Y la respuesta la encontraremos trabajando conjuntamente desde diferentes ámbitos: Los padres podrán intervenir: 1. Informándose adecuadamente sobre los temas de sexualidad y salud reproductiva. 2. Hablando con sus hijos e hijas de la salud reproductiva y de la responsabilidad sexual, contestando a sus preguntas completa y correctamente. 3. Manteniendo una escucha activa hacia sus hijos e hijas, no despreciando sus preocupaciones por considerarlas pueriles ni condenando sus preguntas por considerarlas impropias. 4. Buscando y apoyando los esfuerzos, nacionales, comunitarios y escolares, encaminados a suministrar a los adultos jóvenes información y educación sexual, así como servicios de salud reproductiva. 5. Fomentando la salud, seguridad y desarrollo intelectual de sus hijas en la misma medida que la de sus hijos, estimulando el sentido de autoestima. 6. Enseñando a sus hijos varones la irresponsabilidad que supone dejar embarazada a una chica si no están preparados para asumir las responsabilidades parentales. 7. Adoptando un comportamiento sexual responsable.

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En el terreno político, se podrán promulgar y poner en vigor legislaciones para: 1. Mejorar el acceso de los jóvenes a la información y educación sexual así como a los servicios de salud reproductiva. 2. Prohibir el maltrato de los jóvenes, incluyendo el maltrato sexual y la mutilación genital femenina. 3. Hacer declaraciones públicas resaltando la importancia de la salud reproductiva para los adultos jóvenes. 4. Respaldar y apoyar soluciones para los problemas de los adultos jóvenes. 5. Insistir en que los medios de comunicación social sean más responsables en el tratamiento de los comportamientos sexuales. 6. Acrecentar los compromisos para que las niñas completen sus períodos de escolarización. En el terreno comunitario se pueden promover actuaciones para: 1. Encarecer la comprensión y la preocupación por los jóvenes. 2. Que la comunidad comprenda que los problemas de salud reproductiva de los jóvenes tienen una raíz social y personal. 3. Informar e informarse de las necesidades de salud de los jóvenes. 4. Iniciar esfuerzos para proporcionar a los jóvenes información y educación sexual así como servicios de salud reproductiva. 5. Propugnar y organizar programas escolares de educación sexual y de salud reproductiva. 6. Condenar el doble patrón que alienta la actividad sexual de los chicos y penaliza la de las chicas. 7. Exigir a los medios de comunicación social una presentación responsable de la sexualidad.

Desde el punto de vista la salud se necesita: 1. Establecer protocolos de cuidados de salud para satisfacer las necesidades de los adultos jóvenes. 2. Responder a las preocupaciones de la comunidad cuando actúan defendiendo a las demandas de los adultos jóvenes. 3. Hacer participar a los jóvenes en el diseño, prestación y evaluación de los programas. 4. Capacitar a los que prestan los servicios de salud para que, de manera ecuánime y confidencial, mejoren la calidad en la prestación de servicios.

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5. Decir al personal de los servicios y al público en general que los jóvenes son bienvenidos a los servicios de atención y que ésta tiene un carácter prioritario. 6. Eliminar las barreras innecesarias para la prestación de servicios, incluyendo las limitaciones en el acceso a los métodos anticonceptivos. 7. Ayudar a que los medios de difusión informen sobre estos temas de forma correcta y adecuada, y a que dejen de presentar como modelos los comportamientos sexuales irresponsables. 8. Saber dónde enviar a los jóvenes para que obtengan más información y servicios de salud. Los medios de difusión deben: 1. Dejar de ensalzar el comportamiento sexual irresponsable. 2. Presentar en sus programas modelos que se beneficien de la información y educación sexual y se comportan de forma responsable en el terreno sexual. 3. Promover que sus servicios informativos se ocupen de hacer una orientación correcta sobre las necesidades de salud de los jóvenes. 4. Facilitar espacios gratuitos para introducir mensajes que informen y estimulen el comportamiento saludable entre los jóvenes. 5. Dirigir su información hacia los padres, para poder orientarles acerca de la forma de hablar con sus hijos e hijas adolescentes.

Los adultos jóvenes pueden: 1. Colaborar, con todos los estamentos implicados, en el diseño de métodos mutuamente aceptables para satisfacer sus necesidades. 2. Actuar responsablemente en el terreno de la sexualidad, en bien propio y en el de los demás. 3. Respetar los derechos, deseos y preocupaciones de los otros cuando se trata de situaciones sexuales.

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CAPITULO III RITOS DE INICIACIÓN Si el hombre practica algo de manera natural, sin aprendizaje ni experiencia previa, no es precisamente el comercio sexual. Casi todos los animales inferiores se aparean instintivamente, impulsados por una fuerza interior. El hombre, por el contrario, suele excitarse instintivamente –o sería más exacto decir que una parte muy considerable de su excitación sexual es instintiva o innata– pero la parte consecutiva a esa excitación requiere mucho aprendizaje, preparación y depende de una amplia gama de factores ambientales (Albert Ellis). Con independencia de todas las conductas sexuales anteriores: besos, abrazos, caricias, masturbación..., se considera a la “primera vez” que se realiza el coito una experiencia personal y social especialmente relevante y significativa. Un conocimiento adecuado (aprendizaje) y la práctica es lo que determinan la adecuada realización de toda conducta que requiere cierta habilidad; lo mismo sucede con las conductas de interacción sexual. En el primer coito no se suelen dar ninguna de las dos condiciones. Por definición no hay práctica (es la primera vez) y por desgracia la educación sexual suele brillar por su ausencia. En el caso del hombre, la doble moral imperante da por supuesto que debe saber todo sobre “relaciones sexuales” y por supuesto dirigir la interacción. Pero la realidad es que no se le ha facilitado aprender apenas nada al respecto, ni de manera teórica, ni mucho menos de forma práctica. A pesar de estas trabas se le exige actuar de forma adecuada, ha de controlar la situación y no se le permite dudar. En estas condiciones, muchas veces la ansiedad y el deseo de “cumplir” dificultan su propia respuesta y facilita la aparición de problemas. En el caso de la mujer, la situación no es mejor. Primero la doble moral da por supuesto que no debe mostrarse muy activa y mucho menos tratar de controlar la situación. La falta de una educación sexual adecuada compensada con comentarios de amigas o informaciones sesgadas provenientes de fuentes poco fiables suele facilitar la aparición de cierto temor o angustia ante esta “primera vez”. La expectativa más habitual es la de que el primer coito es doloroso y sucio, se desgarra el himen, se sangra y además determina un cambio sin retorno: deja de ser virgen. Acceder en estas condiciones no parece

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la mejor preparación para disfrutar del momento, más aún si se añade el miedo a quedarse embarazada... La virginidad premarital en la civilización occidental judeocristiana sigue, al menos en amplios grupos de población, teniéndose en gran estima; es algo que se le supone a las mujeres y resulta adecuado en los hombres, si bien, por otro lado, una cierta doblez moral no sólo de la sociedad occidental sino de su propia religión ve con buenos ojos que el hombre vaya al matrimonio con cierta dosis de experiencia sexual. En muchos grupos sociales, a la instrucción verbal se une un aprendizaje práctico, y así, los hombres llevan a sus hijos a los burdeles para que se inicien en el mundo del sexo adulto. Este tipo de conducta es muy frecuente en Latinoamérica. Ha disminuido no obstante en Norteamérica pues el porcentaje de varones que mantiene su primer contacto sexual con prostitutas ha pasado del 20% en el informe Kinsey al 2% a finales de los 80, tal vez porque hoy la mujer está más abierta a la sexualidad premarital que antes. En Polinesia, los adolescentes eran tradicionalmente asignados a mujeres casadas de mayor edad, quienes se encargaban de su educación sexual. En Oriente Medio una característica general es el control que el hombre ejerce sobre la sexualidad de la mujer. Una de las expresiones del mismo sería el gran énfasis que en estas sociedades se pone en la virginidad prematrimonial de la mujer. Es práctica habitual que se exijan pruebas de dicha virginidad, y en el seno de algunos grupos, tienen lugar desfloraciones públicas o que se acercan mucho a serlo. Durante la ceremonia matrimonial de la Iglesia Ortodoxa Judía se reserva un corto espacio de tiempo para que se consume el matrimonio, si bien esta costumbre ha caído en desuso y la pareja recién casada se limita a separarse de los invitados por unos instantes. Aun cuando es evidente que la comprobación de la virginidad puede acarrear grandes calamidades para la mujer (la muerte, por ejemplo), el ritual de la consumación puede asimismo constituir una experiencia traumática para el varón. En efecto, si la impotencia es siempre un problema serio, en estas sociedades es causa de humillación pública. Así, lo normal es que entre los fellahin egipcios se llame a un clérigo para que lea o escriba al novio impotente un encantamiento que éste deberá llevar bajo sus ropas. En el Extremo Oriente, la ceremonia matrimonial Kamchadal parece consistir en una especie de rito copulatorio. Para que el matrimonio sea legal, el novio

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debe tocar la vulva desnuda de la novia con sus manos (otras fuentes sostienen que debe introducir en ellas sus dedos). Este acto no es tan sencillo de realizar como pudiera parecer, pues aunque los padres de la muchacha hayan prestado su consentimiento para el matrimonio, el novio debe primero capturar a la novia, lo que no es en modo alguno una mera formalidad. Todas las mujeres del poblado protegen a la muchacha, que a su vez se cubre con numerosas vestimentas. El novio debe sorprenderla cuando se encuentre sola u optar por ahuyentar a las demás mujeres mientras intenta despojar a su amada de sus prendas. Si ella se siente atraída por él, no suele haber mayores problemas, sin embargo se sabe de un hombre que necesitó diez años para llevar a cabo el acto de tocar los órganos genitales de su prometida y cuando llegó el momento de desnudarla, ésta opuso tal resistencia que dejó su cuerpo magullado y cubierto de heridas. Entre los Tikopia (un grupo de Polinesia) la captura de la novia (costumbre muy frecuente hasta la década de los veinte) formaba un aspecto integral y estructurado de su cultura. Es cierto que en ocasiones los matrimonios se contraían de modo voluntario; sin embargo, la captura se realizaba en buen número de ocasiones, aunque era fundamentalmente una costumbre de la familia de los jefes. Hay que entender esta captura en sus términos literales, es más, a veces se empleaban medios violentos. Con todo, estaba rodeada de ciertos actos de cortesía y así, por ejemplo, no resultaba correcto raptar a una muchacha cuando se encontraba trabajando en los campos o caminando por un sendero, sino que lo propio era hacerlo en la casa de su padre. Si el rapto se efectuaba incorrectamente, los forcejeos que sobrevenían provocaban en ocasiones la muerte de la muchacha, cosa que nunca ocurría si se seguía el procedimiento adecuado. A la mañana siguiente, la mujer era conducida a la casa de su futuro marido y se celebraba una fiesta que constituía la proclamación formal del matrimonio y asimismo el preludio a la consumación pública del mismo, que se realizaba al anochecer. Esta consumación pública era en realidad una violación ritual, en la que la novia era sometida por la fuerza. Lo que resulta sorprendente es que según se desprende de los relatos de los nativos, una vez que era penetrada, ella dejaba de oponer resistencia y asumía su estatus de esposa con toda naturalidad. En África existen diversos ejemplos de actos sexuales efectuados como puros rituales de iniciación. Así, los Ila obligan a los muchachos a fingir que están copulando entre sí después de haberles dado la educación sexual tradicional de este pueblo. Otras veces se les ordena que se masturben. En cuanto a la copulación, entre los Kikuyu una costumbre en tiempos muy arraigada era la “violación ceremonial”. Los muchachos circuncisos se veían

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obligados a buscar una mujer casada que les fuera totalmente desconocida y copular con ella. En realidad la violación era meramente simbólica pues los muchachos se limitaban a masturbarse en su presencia, aunque algunos llegaban a eyacular sobre su cuerpo. Tan pronto como el ritual había sido cumplido, cada uno de ellos efectuaba una ceremonia, consistente en arrojar lejos de sí un haz de estacas y los anillos que de madera lucía en los lóbulos de sus orejas, cuyo significado era evidente: se había convertido en un hombre; hasta que no se hubiese llevado a cabo todo esto, ningún muchacho podía copular o contraer matrimonio legítimo con mujer kikuyu alguna. Las muchachas debían someterse a rituales similares, pero no sabemos con certeza cual era su naturaleza. Estrictamente no creemos que pueda hablarse actualmente de ritos iniciáticos al coito en nuestra cultura; no obstante, autores como Freund (1990) plantean que las conductas sexuales están biológicamente determinadas. Así pues, identifica cuatro fases en las interacciones sexuales humanas: 1. Localización y evaluación de la pareja. 2. Fase de interacción pretáctil (mirar, sonreír, hablar...). 3. Fase de la interacción táctil. 4. Fase de unión genital. A cada una de estas fases le corresponde un patrón determinado de activación y cada una de ellas prepara para la fase siguiente, siempre que las claves de cortejo emitidas por su pareja así lo indiquen. Freund señala que pueden producirse anomalías en el patrón de activación de cada una de esas fases, produciéndose una exagerada intensificación del mismo, y esto es lo que ocurre en las desviaciones sexuales. Podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que una serie de variables independientes, sí van a influir en el tipo de juegos que acompañe al primer coito. Una de ellas es la edad. Algunos estudios con población española plantean la media de iniciación en el hombre a los 16 años +/- 1 y en las mujeres a los 17 +/- 1 (tabla nº 1). Otra es el tipo de relación que mantienen con el partener del primer coito (tabla nº 2). Una tercera variable de especial importancia es el sitio “escogido” para la primera relación coital (tabla nº 3).

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Aunque muchos padres entienden y aceptan la sexualidad de sus hijos, ponen todo tipo de trabas posibles a sus conductas o las facilitan poco. El resultado es que a los jóvenes les resulta difícil disponer de un lugar donde llevarlas a cabo con cierta intimidad. También parece de especial interés el nivel de estudios. Conforme aumenta el nivel de educación (general) es más frecuente la aparición de actividades sexuales diferentes al coito y se da más importancia a las caricias (Mahoney, 1984) (tabla nº 4).

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Por último hacer referencia al dimorfismo existente en función del sexo; también en el inicio de las relaciones sexuales aparecen de manera clara una asignación de roles diferenciales. De un estudio realizado con jóvenes andaluces de ambos sexos y de edades comprendidas entre los 15 y 21 años, extraemos las siguientes conclusiones: CONCLUSIONES DE LAS CHICAS Es resaltable el hecho de que, en general, se observan claras diferencias entre las opiniones, valoraciones y comportamientos de las chicas residentes en hábitat rural y con un menor nivel de estudios –aquí muestran unos planteamientos bastante tradicionales– y las chicas de hábitat urbano o costero y con un nivel de estudios más elevado –que se muestran más liberales y tolerantes que aquellas en todos sus planteamientos.

Prácticas sexuales distintas al coito: se da una secuencia más o menos común en las prácticas sexuales de las chicas que van desde el beso hasta el coito, pasando por distintas formas que cobran su principal sentido en tanto que pasos previos obligados para acceder a la única forma de sexualidad considerada como completa: la penetración. Esto ocurre así en gran parte de las chicas, quienes suelen asumir el papel pasivo que la sociedad les asigna en este terreno y se limitan a seguir directrices que van marcando los chicos, incluso a veces llegándose a implicar en situaciones que les resultan desagradables. De todos modos, también hay chicas (preferentemente de los grupos “liberales”) que juegan un papel activo en sus relaciones sexuales tomando la iniciativa y decidiendo las conductas y el tipo de prácticas que quiere realizar junto con el chico. Estas últimas son las que valoran más positivamente las

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prácticas sexuales distintas al coito porque dicen obtener a través de ellas una mayor gratificación. Coito y virginidad: como se ha visto reiteradamente, el coito es la práctica sexual que nuestra sociedad, y consecuentemente también la mayoría de las muchachas, más valora. El paralelismo que se establece entre sexualidad y coito hace que ellas esperen ver cumplidas a través de la penetración todas las expectativas que habían depositado en la sexualidad. Así pues, el principal motivo para acceder al coito es la posibilidad de obtener el máximo placer, a la vez que su plenitud emocional y el reforzamiento de sus relaciones de pareja. Otro de los motivos es la presión social que los iguales suelen ejercer sobre las jóvenes para que se inicien cuanto antes en la sexualidad que consideran “adulta, madura y completa”. Junto a esta presión ejercida sobre las chicas para que lleguen cuanto antes al coito para ser consideradas maduras, existe una presión en sentido contrario proveniente de la valoración positiva que aún hoy en día se hace de la virginidad, entendida como principal valor que se debería preservar hasta el matrimonio, o hasta encontrar el amor definitivo. Al mismo tiempo que las chicas han hecho suya la idea de que el coito es la práctica sexual por excelencia, también han asumido que debe caracterizarse por la “espontaneidad” y la “naturalidad”, sin las cuales perdería toda su esencia.

CONCLUSIONES DE LOS CHICOS Prácticas sexuales distintas al coito: este tipo de prácticas, que van desde el beso hasta la masturbación mutua, la felación o el cunnilingus, forman parte de la iniciación sexual de los adolescentes en su relación con el sexo opuesto. Aunque estas actividades son consideradas gratificantes en sí mismas, una de sus funciones principales es la de servir de precalentamiento antes de realizar el coito o como actividad sustitutiva cuando no pueden realizarlo. No obstante, piensan que este precalentamiento es más importante para la chica, ya que ellos apenas lo necesitan, pues rápidamente entran en calor. Cada chico tiene sus preferencias por un determinado tipo de caricias, pero todos coinciden en su preferencia por las caricias en el pene, sobre todo si se trata de caricias bucogenitales.

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Coito y virginidad: sin duda, el coito es la práctica sexual que goza de mayor valoración por parte de los chicos. Ya hemos comentado que, para ellos, las demás prácticas estaban orientadas fundamentalmente a facilitar la penetración. Suelen tener sus primeras experiencias entre los 15 y los 19 años. En estas primeras ocasiones las cosas no suelen discurrir muy favorablemente, ya que se trata de relaciones, con frecuencia imprevistas, que mantienen en lugares incómodos y poco íntimos, que afrontan con una gran inexperiencia y con bastantes temores ante la posibilidad de no estar a la altura de las circunstancias. Esta primera experiencia tiene una gran importancia psicológica y social, puesto que es vivida como un acceso a la sexualidad adulta que aumenta su autoestima y su prestigio ante los demás. Ello hace que no se muestren demasiado exigentes a la hora de mantener relaciones íntimas con una chica; muchos de ellos lo harían con la primera chica que se prestase a ello. También piensan que estas relaciones incrementan el grado de confianza dentro de la pareja.

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Taller para adolescentes “Aprendiendo a aceptarnos”

Consta de dos partes: 1ª PARTE: “Yo valgo la pena: la autoestima” (3 actividades) Actividad 1: “Fotomatón” Por parejas, cada uno dibuja a su compañero mientras le entrevista para presentarlo al resto del grupo; incluye preguntas en relación a su grado de autoestima. Actividad 2: “Descubriendo pensamientos erróneos” Estudio de casos por el grupo, que indicará los pensamientos erróneos que encuentre en los distintos casos. Actividad 3: “El autoconcepto” Cada participante escribe frases que describan cómo se ve a sí mismo y las lee a sus compañeros, quienes intentarán descubrir posibles pensamientos erróneos, le harán ver el lado positivo y reforzarán sus cualidades. Se explica qué es la autoestima y sus bases.

2ª PARTE: “Los demás también existen y valen la pena. Los demás son diferentes” (3 actividades) Actividad 1: “Lo importante de ponerse en el lugar del otro” Por parejas, se representan distintas situaciones y se reflexiona cómo se debe haber sentido la otra persona. Actividad 2: “Aprendiendo a ser tolerante” Se presentan distintas situaciones por escrito y se descubre en grupo posibles prejuicios y comportamientos intolerantes, y cómo se debería afrontar la situación aceptando las diferencias. Actividad 3: “Aceptar y pedir una conducta” (Ensayamos peticiones, críticas, quejas) Representaciones por parejas de distintas situaciones en las que uno pide de forma clara y sencilla las conductas del otro que desea, o uno sabe aceptar las peticiones de otros si le parecen adecuadas. Se recuerda que siempre se debe conceder al otro el derecho a que diga no, a que tenga la libertad de organizar su vida y negarse a conductas que considere inadecuadas.

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Actividad 1: “Fotomatón” Objetivos  Presentarse unos a otros.  Explorar la autoestima de cada uno. Población diana Adolescentes. Duración aproximada 20 minutos. Materiales necesarios Un folio y un bolígrafo para cada participante. Descripción Por parejas, cada uno dibuja a su compañero mientras le entrevista para presentarlo posteriormente al resto del grupo; incluye preguntas en relación a su grado de autoestima. Advertir que es normal que los dibujos no nos favorezcan, pues casi nadie queda bien cuando se retrata en un fotomatón.

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Actividad 2: “Descubriendo pensamientos erróneos” Objetivos  Aprender a desenmascarar los pensamientos erróneos y cómo vencerlos. Población diana Adolescentes. Duración aproximada De 40 a 50 minutos. Materiales necesarios Una hoja “Los 10 mecanismos para crear pensamientos erróneos” para cada participante. Varios juegos de las tres hojas de casos y bolígrafos. Descripción Se explica al gran grupo la hoja “Los 10 mecanismos para crear pensamientos erróneos”. Se dividen en pequeños grupos. Cada grupo estudiará una hoja de casos, indicando los pensamientos erróneos que encuentre en los distintos casos y escribirá en cada bocadillo un pensamiento positivo alternativo. En gran grupo, puesta en común.

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Cómo vencerlos  Romper con el pensamiento sirviéndose de palabras o frases contundentes como: no, mentira, calla, para con esta basura, no es verdad...  Desenmascarar el mecanismo.  Análisis realistas que tengan en cuenta toda la realidad y sus distintos matices.  Pensamientos positivos, viendo el lado bueno de las cosas.  Autoafirmar nuestra propia valía y nuestras posibilidades de forma realista y optimista.

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Actividad 3: “El autoconcepto”

Objetivos  Ejercitar habilidades de autoconocimiento.  Fomentar una visión realista y positiva de sí mismo / a y de las propias posibilidades.  Descubrir las bases teóricas de la autoestima. Población diana Adolescentes. Duración aproximada De 30 a 40 minutos. Materiales necesarios Hojas “El autoconcepto” y “¿Qué es la autoestima?” para cada participante. Bolígrafos. Descripción Cada participante dibuja expresión a las caras de la hoja “El autoconcepto” y escribe en ella frases que describan cómo se ve a sí mismo. Las lee a sus compañeros, quienes intentarán descubrir posibles pensamientos erróneos, le harán ver el lado positivo y reforzarán sus cualidades. Se reparte el juego de hojas “¿Qué es la autoestima?” y se explica qué es la autoestima y sus bases. De uno en uno, puntúan de 0 a 10 su autoconcepto como persona hábil, su autoconcepto como persona sexual y su autoaceptación.

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¿QUÉ ES LA AUTOESTIMA? – Es la percepción evaluativa de uno mismo. – Nadie puede dejar de pensar en sí mismo y de evaluarse. Todos desarrollamos una autoestima suficiente o deficiente, positiva o negativa, alta o baja..., aunque no nos demos cuenta. – Importa desarrollarla de la manera más REALISTA y POSITIVA posible y que nos permita descubrir nuestros recursos personales, para apreciarlos y utilizarlos debidamente, así como nuestras deficiencias, para aceptarlas y superarlas en la medida de nuestras posibilidades.

¿CUÁLES SON LAS BASES DE LA AUTOESTIMA? a) El autoconcepto (imagen que una persona tiene acerca de sí misma y de su mundo personal) en dos áreas: como una persona hábil (capaz de valerse por sí misma) y como una persona sexual (capaz de relacionarse sexualmente con otras personas). b) La autoaceptación (sentimiento de poseer un yo del que uno no tiene que avergonzarse ni ocultarse; implica una disposición a rechazar la negación o desestimación sistemática de cualquier aspecto del símismo).

EFECTO PYGMALIÓN Es un modelo de relaciones interpersonales según el cual las expectativas, positivas o negativas, de una persona influyen realmente en otra persona con la que aquella se relaciona. La clave del efecto es la autoestima, pues las expectativas positivas o negativas del pygmalión emisor se comunican al receptor, el cual, si las acepta, puede y suele experimentar un refuerzo positivo o negativo de su autoconcepto o autoestima, que, a su vez, constituye una poderosa fuerza en el desarrollo de la persona.

¿CÓMO INFLUYE LA AUTOESTIMA EN LA VIDA COTIDIANA? 1. En todos los pensamientos, sentimientos y actos que llevamos a cabo. 2. Sobre el comportamiento.

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3. En el aprendizaje. 4. En las relaciones y recibe también la influencia de éstas. 5. En la creación y la experimentación.

SÍNTOMAS DE BAJA AUTOESTIMA La persona con baja autoestima: 1. Aprende con dificultad, ya que piensa que no puede o que es demasiado difícil. 2. Se siente inadecuado ante situaciones vivenciales y de aprendizaje que considera que están fuera de su control. 3. Adquiere hábitos de crítica a los demás, de envidia y descontento desde un espacio de victimismo. 4. Cuando surgen problemas echa la culpa a las circunstancias y a los demás y encuentra siempre excusas para sí mismo. 5. Se acobarda ante la posibilidad de crítica de los demás. 6. Autocrítica rigorista, tendente a crear un estado habitual de insatisfacción consigo mismo. 7. Hipersensibilidad a la crítica, que le hace sentirse fácilmente atacado y experimentar sentimientos pertinaces contra sus críticos. 8. Indecisión crónica, no tanto por falta de información, sino por miedo exagerado a equivocarse. 9. Deseo excesivo de complacer; no se atreve a decir "no" por temor a desagradar y perder la benevolencia del peticionario. 10. Perfeccionismo, o autoexigencia de hacer "perfectamente", sin un fallo, casi todo cuanto intenta, lo cual puede llevarle a sentirse muy mal cuando las cosas no salen con la perfección exigida.

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11. Culpabilidad neurótica: se condena por conductas que no siempre son objetivamente malas, exagera la magnitud de sus errores y delitos y / o los lamenta indefinidamente sin llegar a perdonarse por completo. 12. Hostilidad flotante, irritabilidad a flor de piel, que le hace estallar fácilmente por cosas de poca monta. 13. Actitud supercrítica: casi todo le sienta mal, le disgusta, le decepciona, le deja insatisfecho. 14. Tendencias depresivas: tiende a verlo todo negro, su vida, su futuro y, sobre todo, a sí mismo; y es proclive a sentir una inapetencia generalizada del gozo de vivir y aun de la vida misma.

Actividad 1: “Lo importante de ponerse en el lugar del otro” Objetivos  Favorecer la empatía (ponerse en el lugar del otro).  Ayudar a comprender diferentes perspectivas de un problema o conflicto. Población diana Adolescentes. Duración aproximada De 45 minutos a 1 hora. Materiales necesarios Juego de hojas “Lo importante de ponerse en el lugar del otro” y bolígrafo para cada participante.

Descripción De forma individual rellenan las hojas “Lo importante de ponerse en el lugar del otro” (completan las caras y las frases, siendo lo más descriptivos posible). Por parejas, eligen distintas situaciones de las hipotéticas presentadas en las hojas, así como las dos reales del final, y las representan. Al final, cada uno de los actores dirá cómo cree se debe haber sentido la otra persona.

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Actividad 2: “Aprendiendo a ser tolerante” Objetivos  Fomentar en los adolescentes actitudes de tolerancia y de respeto hacia las personas que tienen ideas o conductas diferentes a las suyas. Población diana Adolescentes. Duración aproximada De 30 a 45 minutos. Materiales necesarios Hoja “Aprendiendo a ser tolerante” y bolígrafo para cada participante. Descripción  Por grupos de 4 a 6 personas, leen las “Historias de Juan, el superpapa, y su familia” de la hoja “Aprendiendo a ser tolerante”. Deben descubrir posibles prejuicios y comportamientos intolerantes, y plantear cómo se deberían afrontar las distintas situaciones aceptando las diferencias. 

A continuación, comparten tres situaciones de intolerancia con las que se han encontrado en la vida real y sugieren propuestas para resolverlas.

Para terminar, ya en gran grupo, se realiza puesta en común de lo trabajado en los grupos pequeños.

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Aprendiendo a ser tolerante 1) Por grupos, leemos el texto siguiente:

“Historias de Juan, el superpapá, y su familia” Todo el mundo lo dice: “Juan es un hombre bueno, honrado e íntegro”. Todo un superpapá. Juan está felizmente casado con María y tiene tres hijos: Joaquín (16 años), Raquel (15 años) y Manuel (14 años). Juan es siempre puntual en su trabajo. Bueno..., casi siempre. Algunos lunes se pone “enfermo”. Sus compañeros le creen, porque Juan es un hombre bueno. Suena el teléfono. Su cuñado ha tenido un accidente. Juan toma su coche para llegar pronto al hospital. ¡Vaya, la salida del garaje se encuentra taponada: una furgoneta se halla descargando! – Apártese, que tengo prisa, dice Juan. – No se impaciente, hombre, le responde el conductor de la furgoneta. – Tengo mucha prisa. Apártese o llamo a la grúa. – En seguida terminamos, hombre. Juan llama a la grúa. Multa y todo lo demás. El conductor grita: – ¡Malaleche, cabrón! Juan no replica. Juan cree que las normas están para cumplirlas, y son normas para todos. A Joaquín, el hijo mayor de Juan, no le gusta el futbol ni el baloncesto, prefiere entretenerse haciendo colecciones y trabajos manuales en casa. En su clase, lo más “in” es ser hincha del Real Madrid y ver los partidos de la NBA. Un día, en una discusión tonta, un compañero le dice: “eres un tío raro, no hay quien salga contigo”. Joaquín se siente dolido. Piensa que aunque no le gusta ir a jugar al fútbol, estaría encantado en quedar con sus compañeros de clase para ir al cine. De regreso del trabajo, Juan entra a comprar tabaco. Deja el coche donde puede. ¡Cómo está la circulación!

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Llega por detrás un coche y comienza a sonar el claxon. – ¡Apártese, hombre, que molesta! – ¡Un poco de paciencia. que ya voy!, responde Juan. – Apártese, o llamo a la grúa. Juan escucha la amenaza. A Juan le duele. Él es un hombre comprensivo con los otros, y le duele que los otros no sean comprensivos con él. Manuel, el menor de los hijos de Juan, es llamado “marica” por casi todos los compañeros de su clase porque tiene modales que parecen “afeminados” a los demás. Manuel se enfada y contraataca insultándoles o pegándoles. La cosa empeora. Juan ha sido citado a las siete de la tarde por el director del colegio del chaval. Son las 19,30 cuando el director le recibe. – ¿Sabe Ud. qué hora es? – Sí, las siete y media. – ¿Cree Ud. que tengo el tiempo para perderlo? – Discúlpeme, no he podido... – No valen las disculpas. ¿Qué seriedad enseñan Uds. a los alumnos, si Uds. mismos son los primeros que no cumplen? Para Juan hay que predicar con el ejemplo, incluso en los pequeños detalles. María, la mujer de Juan, es militante política de un partido de derechas. Hoy en el trabajo, discute con varios compañeros y uno le suelta: “eres una facha asquerosa”. Ella le responde: “y tú un comunista endemoniado”. Juan está enojado por la poca tolerancia que hay en algunos ambientes de trabajo. Juan preside la comunidad de vecinos de su casa. Una familia gitana va a vivir en el ático. Se convoca una junta de la comunidad. – ¿Qué sabemos de ellos? Pueden ser unos ladrones. – No estamos seguros. – En todo caso, seguro que son unos guarros, y nos van a dejar la escalera y el ascensor hechos una porquería. – Pueden ser un peligro. Como presidente, Juan ha de velar por la seguridad de los vecinos. Juan siempre piensa en los demás. Además, es un demócrata. – No podemos admitir un peligro en nuestra casa, asevera Juan.

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Raquel, la hija de Juan, mide 1,55 y pesa 63 Kg. Sus compañeras han acabado acomplejándola porque le dicen cada poco que es una enana regordeta. Raquel ha perdido seguridad en si misma y no quiere ir a las fiestas con sus compañeras. Juan es un buen padre, que se preocupa de su hija y decide apuntarla a un gimnasio. No todos los padres se desviven por sus hijos como Juan.

2) Respondemos a las siguientes preguntas:    

¿Es coherente Juan en todo momento? ¿Qué posibles prejuicios hemos descubierto en el texto? ¿Y qué comportamientos intolerantes? ¿Cómo se debería afrontar cada situación intolerante del texto aceptando las diferencias?

Pasando a la vida real, enumera tres situaciones de intolerancia con las que te has encontrado en tu entorno cercano y sugiere propuestas para resolverlas: Actividad 3: “Aceptar y pedir una conducta” Objetivos  Desarrollar la capacidad de aceptar o rechazar las demandas de los demás.  Desarrollar la capacidad de expresar deseos, emociones o peticiones. Población diana Adolescentes.

Duración aproximada De 45 a 60 minutos. Materiales necesarios Una hoja “Aceptar y pedir una conducta (Ensayamos peticiones, críticas, quejas)” para cada participante. Descripción  Tras leer la teoría de la hoja “Aceptar y pedir una conducta (Ensayamos peticiones, críticas, quejas)”, realizan representaciones por parejas de distintas situaciones en las que uno pide de forma clara y sencilla las

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conductas del otro que desea, o uno sabe aceptar las peticiones de otros si le parecen adecuadas. 

El resto harán de observadores. Al final de todas las representaciones se pone en común, en gran grupo, lo observado. Se recuerda que siempre se debe conceder al otro el derecho a que diga no, a que tenga la libertad de organizar su vida y negarse a conductas que considere inadecuadas.

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“Aceptar y pedir una conducta” (Ensayamos peticiones, críticas o quejas)

A) Pasos a seguir, si tú eres el emisor de la petición, crítica o queja:

1. Relájate. 2. Piensa en cuál es la petición, crítica o queja. 3. Piensa en cómo expresarla: a) Describiré la situación de manera lo más concreta posible, sin rodeos y sin juzgar a la otra persona (sin mensajes “deberías...”). b) Expresaré cómo me afecta la situación usando “mensajes yo” con voz calmada, directa. c) Empatizaré, me pondré en el lugar del otro y expresaré cómo creo que se siente. d) Le solicitaré soluciones: “¿cómo se te ocurre que podemos hacer?”, “cómo crees que podríamos solucionarlo”. e) Le propondré soluciones: “¿qué te parece si...?”. 4. Piensa en cómo puede reaccionar la otra persona: a) Aceptando la petición, crítica o queja; en tal caso, le daré “refuerzos”: se lo agradeceré, le elogiaré, le demostraré afecto, le expresaré mi alegría. b) No aceptándola, no haciéndome caso o enfadándose y poniéndose a la defensiva; en tales casos, no perderé la calma, le concederé al otro el derecho a que diga que no, a que tiene libertad de organizar su vida y negarse a conductas que considere inadecuadas, pero le insistiré en que hay que buscar soluciones en un plazo de tiempo y le avisaré de mi conducta en el futuro. c) Si veo que la otra persona no va a cambiar nunca su conducta conforme a mi petición, lo aceptaré y pensaré en cómo relacionarme con esta persona para no sentirme molesto. 5. Piensa en el momento más adecuado para formular la petición, crítica o queja.

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6. Formula la petición, crítica o queja según los pasos que has pensado.

B) Pasos a seguir si tú eres el receptor de una petición, crítica o queja: 1. Me relajo. 2. Escucho la petición, queja o crítica: defino bien la situación y pido aclaración si no entiendo algo. 3. Analizo la petición, crítica o queja: Me pregunto: ¿quién me hace la petición, crítica o queja? (¿me conoce?, ¿sabe de qué habla?, ¿en qué estado emocional se encuentra esa persona?, ¿tiene base para decir lo que dice?), ¿me interesa afrontarla ahora?, ¿es la petición, crítica o queja apropiada o inapropiada en contenido?, ¿ y en forma? 1. Si decido que no me interesa afrontar la petición, crítica o queja en ese momento, utilizaré técnicas (una o varias) para responder asertivamente sin entrar al choque: 

  

Banco de niebla: aparentar ceder el terreno, sin cederlo realmente, ya que, en el fondo, se deja claro que no se va a cambiar de postura (“Es posible, puede que tengas razón. Sin embargo, yo...”). Aplazamiento asertivo: aplazar la respuesta que vayamos a dar hasta que uno y otro nos sintamos más tranquilos y capaces de responder correctamente (“Si te parece lo hablamos con calma mañana”). Ignorar: proseguir la conversación sin tomar en consideración aquellas manifestaciones de nuestro interlocutor que nos parecen inapropiadas. Utilizar el humor para relajar el ambiente. Pregunta asertiva: obligar, por medio de nuestras preguntas, a que nos especifique más, para así tener claro a qué se refiere y en qué quiere que cambiemos, y si su proposición es malintencionada o lanzada al vuelo, sin pensar, se quede pronto sin argumentos (“¿Qué es exactamente...?”).

5. Si decido que me interesa afrontar la petición, crítica o queja en ese momento: 

No negaré la evidencia ni me justificaré, reconoceré lo que hay de verdad en lo expuesto por el otro.

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 

Expresaré sentimientos: empatizaré (“Entiendo cómo te sientes...”) y emitiré mensajes “yo” reflejando cómo me siento ante la petición, la acusación, la crítica o la queja (“Me gustaría que la próxima vez tuvieras más cuidado con lo que dices y con el modo en que lo dices”, “Me siento muy mal cuando...”, “Te agradezco que me pidas...”). Le dejaré claro si quiero, o no, cambiar de conducta o acceder a su petición. Puedo pactar o negociar de tal forma que pueda mantener mi conducta pero el malestar del otro se reduzca.

C) Representamos por parejas distintas situaciones en las que uno expresa una petición o una crítica o una queja, y el otro la recibe:          

No me llames gorda Para de pincharme la espalda con el boli Quiero preservativos Me gustaría que llegaras puntual Me gustas mucho pero no insistas tanto en que nos acostemos juntos Cuando estoy contigo, me gusta que me abraces Me siento solo /a, ¿quieres ser mi amigo / a? Mami, quiero irme de excursión con mi chica / o Quieres que tu compañero te ayude con unos ejercicios que no entiendes No quiero probar el alcohol

El resto actuamos como observadores, y al final de todas las representaciones ponemos en común, en gran grupo, lo observado.

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SALUD SEXUAL Y REPRODUCTIVA EN LA ADOLESCENCIA SALUD SEXUAL Y REPRODUCTIVA EN LA ADOLESCENCIA PROGRAMA DE ACTUALIZACIÓN BASADA EN COMPETENCIAS Resuelva el siguiente cuestionario y entréguelo a nuestras coordinadoras académicas o envíelo a nuestras oficinas de enlace académico a nivel nacional

CUESTIONARIO V 1. Realice una breve descripción de la evolución de la sexualidad: desde la infancia a la adolescencia 2. ¿Qué características presentan los Programas de educación sexual eficaces? 3. ¿Cuál es el rol de la obstetra de Atención Primaria en la salud sexual y afectiva de las adolescentes? 4.¿Describa algunos resultados de los talleres que se presentan en el presente material?

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SALUD REPROD OBST 5 - 2017  
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