18 Llevo años trabajando en patrimonio cultural, debatiendo todo el tiempo sobre qué es, por qué se debe cuidar, para quién lo conservamos y cuál es su futuro. Hay muchas visiones distintas: desde las más ortodoxas que insisten en que el patrimonio “el objeto” debe conservarse para ser admirado-no tocado, hasta otras que reconocen que el ser humano es su punto focal y su razón de ser.
EL DERECHO DE LAS GENERACIONES SOBRE SU LEGADO CULTURAL Arq. Angélica Arias “Mi madre me regaló el piano de mi infancia, aquel que mis abuelos compraron cuando mis hermanas y yo éramos pequeñas y que ahora llegó a mi casa realmente golpeado por los años: magullado, sucio y muy desafinado; aunque con la gran suerte de que la persona que contratamos para movilizarlo resultó ser, no sólo un transporte especializado para pianos, más bien un lutier y restaurador de estos maravillosos instrumentos. Me dediqué a escucharlo y observarlo por horas mientras limpiaba cada tecla, desarmaba el mecanismo, limpiaba los bronces y curaba las heridas del exterior con un cariño enorme y contándonos a mi familia y a mí la historia de este piano: de donde vino, de donde son sus piezas, en que año se fabricó y cómo funciona.”
Desde mi punto de vista, lo que sucedió con el piano lo explica todo. Ese legado que tiene significado para mi, principalmente por el vínculo tangible que siento con mis abuelos que ya no están, lo recibo, reparo, restauro y mantengo; no para tenerlo de adorno en mi casa para que nunca más suene, ni para escuchar de él sólo música predeterminada; más bien me siento comprometida a entregárselo a mis hijas para que lo toquen, lo usen, y puedan interpretar en él su propia música, expresar sus propios sentimientos y valorarlo y transmitirlo a su manera. Este, para mí, es el derecho de las generaciones sobre su legado cultural, es hacia allá hacia donde debe apuntar su gestión y me pareció la manera ideal de iniciar este artículo sobre las intervenciones contemporáneas en el patrimonio: escribiendo sobre el sentimiento de apropiación y orgullo que estos contenedores de identidad deben provocar en nosotros habitantes, usuarios y profesionales de la ciudad. El patrimonio edificado de Quito está compuesto de áreas y elementos singulares (más de 8000 en todo el Distrito) los cuales a partir de inicios del Siglo XX comienzan a preocupar a varias personas interesadas en la historia de nuestra ciudad por su alto deterioro. Luego de varios intentos normativos para proteger este legado, finalmente se logra inscribir a Quito como Primera Ciudad en la lista del Patrimonio Mundial por parte de la Unesco en el año de 1978 y como Patrimonio Cultural del Ecuador en 1984.