Arte Contemporáneo de Caracas, inaugurado en 1973, con múltiples salas de exposiciones dispuestas en varios de los niveles y completado con un patio de esculturas en un sector externo a la edificación, llegando a abarcar 2700 m2 en áreas de exposición, algunas de altura doble. Del basamento surgen los ocho bloques residenciales, paralelepípedos 44 pisos que ascienden a los cielos con apartamentos organizados entre sus muros portantes de pasillos centrales, un diseño ciertamente inspirado en la unidad de habitación de Le Corbusier. En sus primeros niveles, la sección de la torre va reduciendo hasta llegar a la sección que mantiene en sus niveles superiores, generando su distintiva forma de esbeltez y creando una relación más directa sobre el nivel mezzanina con un juego de parasoles sobre sus fachadas. Esos primeros dos niveles sobre el cuerpo bajo comprenden usos de oficinas que buscan separar a los 317 apartamentos, por torre, del bullicio inferior. En el capitel de cada torre se desarrollan equipamientos educativos interconectados por puentes flotantes que permiten el pasar de una torre a otra sin tener que bajar a los niveles públicos. En el plan original mostrado por Fernández Shaw en 1969 al Presidente de la República, se contemplaba un futuro espacio para exposiciones en la parte más oriental del proyecto, que buscaría relacionarse con pasajes aéreos al sector del Parque Los Caobos, donde se encontraban los Museos de Bellas Artes y de Ciencias Naturales y en el que eventualmente se ubicaría el Teatro Teresa Carreño, también obra del Centro Simón Bolívar. Una primera sala de exposiciones fue desarrollada en el sector este del complejo y con relación directa a uno de los patios centrales de mayor importancia. Esta idea creció para convertirse posteriormente en el Museo de
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Las torres de vivienda presentan una debilidad, ya que miden 70 metros de largo y se sirven de un solo núcleo de circulación, lo cual convierte al pasillo en un sitio lúgubre, situación peor en donde hay varias torres alineadas. En contraparte a la propuesta de Le Corbusier en Marsella, la resolución de los apartamentos, en sus cinco tipos, es mucho más funcional, aunque no cuente con las dobles alturas, incluso en los dúplex. Por último, y no por ello menos importantes, surgen las dos torres de oficinas, obras en concreto armado y de planta cruciforme, que nacen y se alzan hasta alcanzar los 225 me-
tros. Colosos de concreto, las torres más altas de Latinoamérica por décadas (y en la actualidad de las estructuras en concreto más altas del mundo), para poder llegar a esta altura las torres estructuralmente funcionan como una serie de macro losas, que ocupan cada tantos niveles un piso entero para convertirse en una viga que estructura todo el edificio y permite alcanzar tal altura en concreto armado. El sistema estructural se apoya además en una solución de fachada resistente que dispone columnas en el perímetro de la estructura y en los núcleos de circulación y servicios, para dejar el centro de la planta prácticamente libre de elementos. Las torres de oficinas se dividen en seis secciones verticales. La primera pertenece al basamento que conforma todo el complejo, tres niveles de sótano y cuatro de comercios (uno por encima de la mezzanina), sobre el cual crecen cuatro secciones de niveles de oficina de 14, 12, 12 y 10 pisos cada una. Y por último, la sección terraza y penthouse de 3 pisos, cada una de las cuales con su propia estructura separada de la macro estructura que arma la edificación completa. Las dos torres nacen de una planta cruciforme, intersectada por un cuadrado. Los módulos de servicio y circulación se quedan en los extremos de la cruz, servidos por ascensores expresos que suben y bajan solo a una sección del edificio. Parque Central surge como una alegoría a aquellos dibujos de Le Corbusier, en los que la ciudad se hacía edificio, una mórbida idea que nunca vivió más allá del papel. Brasilia, en su única oportunidad, propuso todos los ideales modernos en un urbanismo que más consonó a aquellos de la ciudad jardín o la propuesta para una París de tres millones de habitantes, pero nunca antes se había logrado algo tan ambicioso. Parque Central resulta entonces como uno de los pocos complejos