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Conversaciones con Enrique Bunbury

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Prólogo Diván, del árabe diwan y del persa dewan, significa colección de poemas. O de canciones, o sea. Pero también llamamos así a ese asiento largo y mullido en el que se puede estar cómodamente tumbado y que generalmente se asocia con el mobiliario de la consulta de los exploradores del subconsciente. Diván, igualmente y desde ahora, es el título de este libro, una serie de conversaciones con Enrique Bunbury. Y sólo a los recién llegados habrá que explicarles que el tal Bunbury fue la voz ( y la jeta) de Héroes del Silencio, banda española que, como el náufrago del que escribió García Márquez, fue aclamada, si no por las reinas de la belleza, sí por un

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elevado número de seguidores en Europa y América. La crítica española, por su parte, no mostró tan encendido fervor, pero ése es otro mambo que entonaremos en las páginas que siguen. Bunbury, cerrado el capítulo de Héroes, inició carrera en solitario y la búsqueda de una identidad sonora, bañándose en ríos de muy diversa procedencia cuyas fuentes guardaba en la recámara de su memoria. Y en eso está; por ahora, con un par de apuestas en la calle. De manera que, hechas las presentaciones, pasemos a las conversaciones. Varias fueron las que él y yo mantuvimos para elaborar este libro. Yo, con la voluntad de un psicoanalista que hurga sin piedad en todos los pliegues de la personalidad de su cliente; él, con la resignación de un paciente que acude consentido aunque no entretenido a las sesiones. No respondió a las preguntas tumbado en un confortable diván, sino sentado en silla de tijera. De diseño, pero de tijera, a fin de cuentas. Con todo, durante los encuentros siempre tuvo la sensación, y así se lo hizo saber a sus amigos, de que estaba asistiendo al psicólogo. Elemental parecía, pues, llamar a este libro como se llama. Y más si tenemos en cuenta la natural inclinación de Bunbury hacia la cultura árabe. Conversaciones que, dicho sea ya para evitar frustraciones, no configuran una biografía del autor de Radical sonora y Pequeño, tarea que para ser rigurosa habría necesitado de prolijas investigaciones y de informaciones debidamente contrastadas. Aquí lo que se propone es sólo lo apuntado: conversaciones. Más exactamente: preguntas y respuestas. Y se el entrevistado miente en la parte que le toca, pues mala suerte. No obstante, y dado que Bunbury no supo del cuestionario hasta los momentos e contestarlo, hay bastantes probabilidades de que diga la verdad. Es más: tiene uno la sensación de que incluso ha dicho verdades que pueden resultar molestas. El psicoanalista no obvió preguntas (cuando menos, conscientemente); el paciente no eludió respuestas (cuando menos, inconscientemente). Y el resultado es un paseo por la infancia y la adolescencia del músico; por sus encuentros y desencuentros con las religiones y las drogas; por sus querencias políticas, sus viajes y sus aficiones; por su visión del negocio del rocanrol, su universo musical y la avalancha y posterior retirada de Héroes. También por sus devaneos sexuales, claro. Diríase, resumiendo, que no hay pecado capital del que no hayamos hablado. Imposible ha sido, evidentemente, transcribir en las respuestas el tono y la intención d su voz, así que sus ironías o enfados habrán de entenderse en el contexto. De cualquier forma, aunque aligerándolas para evitar la fatiga al

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lector, he respetado en la medida de lo posible determinadas cadencias de su expresión. Por lo demás, debo anotar que Carles Benavent, Abdel Halim Hafez, Khaled, Charly Musselwhite, Martirio, Joji Hirota, Rizwan Muazzan Qawwali y Uri Cane pusieron banda sonora a las conversaciones que siguen. Ellos aportaron la música. Bunbury, claro está, la letra. El firmante ejerció modestamente de arreglista.

Javier Losilla Zaragoza Primavera de 2000

Capítulo Diván/conversaciones con Enrique Bunbury

Pequeño Like A Rolling Stone. Como un canto rodado, de aula en aula. Rebelde, no sé si con causa, pero sí sin pausa, Bunbury confiesa que tuvo feliz infancia y desgraciada adolescencia.

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Parece que todos los intentos de que fuese un chico recto y ordenado fracasaron. Incluso tuvo que enfrentarse a una falsa acusación colegial de tráfico de drogas. Blandas, por supuesto. Estudiante de inglés en Irlanda a los nueve años, montó su primer grupo a los trece. Precoz escuchador de Beatles, Rolling Stones y Santana y devorador de las aventuras de Verne y Salgari, gastó sus primeros duros musicales comprando el álbum It´s Only Rock´N´Roll. Sacaba buenas notas en religión, y jura que nunca fue miembro de Parchís.

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N

aciste en 1967. Ese año tiene lugar la guerra de los seis días entre árabes e israelíes; el escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias recibe el premio Nobel de literatura; el doctor Barnad realiza su primer transplante de corazón; mueren el Che Guevara, Otis Redding y Woodie Guthrie; Gabriel García Márquez publica Cien años de soledad; los Beatles editan Sgt. Pepper´s y se forman los grupos Blood Sweat And Tears, Bee Gees, Pink Floyd y Traffic. ¿Cuál de estos acontecimientos te interesa más? - El premio Nobel de Miguel Ángel Asturias. - ¿Por qué? - Primero, por mi pasión por Guatemala. He visitado muchas veces el país, interesándome por la cultura maya. Para mí, Miguel Ángel Asturias representa la corriente conciliadora que aparece en el siglo xx, con un pie en el indigenismo. Sobre todo, libros como Tres de cuatro soles y esa faceta revisionista que tiene Leyendas de Guatemala, más que novelas como El señor presidente u Hombres de maíz. Estas novelas, la verdad, no me gustaron tanto; pero las leyendas y la revisión que hace del Popol Vuh 1a 1

Libro sagrado de los indios quiché de Guatemala, que contiene la historia de la creación. El nombre Popol Vuh quiere decir <<memoria de la comunidad>> y su

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través de Tres de cuatro soles me marcó mucho. Es un escritor muy importante para mí, sobre todo por su forma tan poética de escribir. - Dejemos la mitología indígena y vayamos con tu infancia. ¿Cómo fue?, que decía el bolero. - Creo que tuve una infancia muy feliz y una adolescencia muy desgraciada. No sé si fui el típico rebelde sin causa, pero me enfrenté a todo y a todos. También me marcó mucho porque estiré demasiado la adolescencia. Realmente, hasta muy entrados Héroes seguí siendo un adolescente. La verdad es que de la infancia no recuerdo nada, salvo cosas como una pelea con un amigo en el colegio o que desatornillaba los asientos en la guardería. Nada más. Era un niño sonriente y feliz. - Centrémonos, pues, en la adolescencia. - Cambios de colegio constantes. Estuve en Marianistas, en la Academia Cima, en la Sagrada Familia, en Montearagón, en el Colegio Británico… Cada año, en un colegio. Eso me hizo estar enfrentándome a unas circunstancias, quizás porque yo estaba aislado en esos colegios; nunca tenía unos amigos fijos y lo único que me podía unir a la gente del colegio en el que estaba era encontrarme con un pendejo músico, como yo. En todos los colegios me encontraba con el melenas y con él era con quien me juntaba. Era como mi tabla de salvación. - O sea, que fuiste eso que llaman un chico problemático. - Muy, muy problemático. Y sé, además, viéndolo con la distancia, que les hice pasar a mis padres un calvario. - Calvarios al margen, ¿te llevabas bien con el resto de tu familia? - No. En esos momentos sé que no fue un tipo fácil de tratar. Tuve como aliado a Rafael, mi hermano mayor; ambos nos iniciamos deforma paralela en la música y coincidimos en varios grupos: Rebel Waltz, Sidaharta, Proceso Entrópico, La Censura de los Cuentos… - ¿Cuántos hermanos erais? - Tres hermanos y mi hermana pequeña. Mi hermano mayor, que murió hace cinco años, era con quien compartía aficiones, pero se las hice pasar traducción literal es Libro de la estera. En lengua quiché pop o popol es una estera de hojas trenzadas en la que se sienta toda la familia; y vuh o uuh significa papel o libro (uoch) para escribir.

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canutas. Para la música siempre fue un pasatiempo, y a mí eso me parecía un insulto. Era mucho más responsable que yo, y buen estudiante. Para mí la música era vital, la vida entera dedicada a la música… Un pasatiempo es coleccionar sellos, por ejemplo; pero algo que me llenaba de vida como la música… Pero bueno; por otra parte, mi hermano fue mucho más adelantado que yo a la hora de descubrir cosas. el jazz, el flamenco, todo el blues, Nueva Orleáns, las raíces en general… Mi hermano ya estaba profundamente en todo eso mientras yo estaba con el rocanrol de los cincuenta, sesenta y setenta, que es en lo que me centré durante muchísimo tiempo. - Retomemos tu faceta estudiantil. Un bala y un ¿mal? estudiante. - Era muy mal estudiante, y me enfrentaba constantemente al sistema educativo. Eso era lo que más les jodía a mis padres y a mis profesores, porque estaba siempre un poco defendiendo la postura del estudio en casa y del aprendizaje personal según tus propias inclinaciones. Ha habido, por ejemplo, muchos libros de literatura que en clase me obligaban a leerlos y por el hecho de ser una obligación no los leí en su momento y posteriormente sí que he leído muchos de ellos. En aquel momento era: << ¡No!, no puedo leer esto>>. Y entonces buscaba lecturas alternativas; y a ser posible, todo lo que pudiera irritar al profesor. En Marianistas, por ejemplo, que era un poco fachas, pues leer a Alberti fue para mí un signo de rebelión. O a García Lorca. Bueno, no, Lorca estaba aceptado, pero Alberti era un poeta demasiado rojo. Con Lorca supongo que, aunque de izquierdas, no podían sino rendirse ante la evidencia. Pero se saltaban algunos autores, y ésos eran los que a mí me gustaban. Buero Vallejo fue uno de ellos, del que por eso leí absolutamente todo en otra época. Era el autor de teatro un poco incordión. Por otro lado, algunas asignaturas se me daban bien, como el latín, la filosofía o la religión. Se me daban bien las cosas así como etéreas, las que no servían para nada. Eso les ponía del hígado a mis padres, a mi padre sobre todo. Le ponía nervioso que yo quisiera estudiar filosofía pura. Decía: << ¿Qué vas a hacer con eso?, ¿para qué sirve la filosofía pura? tienes dos opciones: ser filósofo y dedicarte a escribir libros y si suena la flauta quizás puedas venderlos y dar conferencias o ser profesor de filosofía>>. Pero bueno, tampoco llegué a ser filósofo. - ¿Eras, pese a todo lo que cuentas, el líder de la clase?

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- En el único colegio que estuve bastante tiempo, que era Marianistas, donde aguanté hasta segundo de BUP, llegué a ser delegado. Eso se hacía por votación. Pero salí elegido una vez y los profesores se unieron para que no pudiera ejercer, porque me dedicaba sólo a cambiar exámenes y a hacer cosas para putear. Pero no, no era popular. Había alguna gente a la que le caía simpático el rebelde, pero siempre me encontraba con alguien que decía: <<ay, Enrique, si es que vas por un camino muy negro y no vas a llegar a ningún lado>>. - Todos los colegios por los que pasas son religiosos. ¿Cómo te marca eso? - Religiosos de línea dura. El colegio Sagrada Familia simpatizaba con el Opus Dei, y el Montearagón era directamente del Opus. Lo que pasa es que como yo estaba casi de paso no hacían mucho hincapié en la religión; sabían que iba a durar cuatro días. Y no me trataron en Montearagón como yo imaginaba, pero en Marianistas, que es donde más estuve, me marcó mucho encontrarme con una serie de individuos que enseñaban la religión a palos. Y eso que siempre he tenido una atracción natural por esos temas, aunque a nivel de estudio y no de practicante. De hecho, hacía unos trabajos de religión magníficos. Sacaba buenas notas por mi interés, pero ponían: <<Sobresaliente; actitud: negativa>>. - De ese vía crucis colegial, ¿qué recuerdas con mayor agrado, y qué con más fastidio? - Con agrado, determinados profesores: los de filosofía de Cima y Montearagón, el que me daba química y religión en Marianistas… Con algunos profesores tuve muy buena relación: a nivel personal y en el aspecto de sentir mucha admiración por lo que ellos me transmitían. Ya en la Sagrada Familia, mi último colegio, realmente me dedicaba a componer. Me iba al parque, a los pinos, y me llevaba la guitarra. Llegaba tarde a clase, me dormía, estaba trabajando de DJ en El Bandido… Bueno, también recuerdo con agrado haber hecho algunos amigos que aún conservo. Es gente que nada tiene que ver con la música y que me ha hecho en algún momento tener un pie en el suelo. Nunca he sido demasiado práctico y me ha venido bien tener una visión de las cosas más mundanas. Además, mis primeros grupos los monté en el colegio. - Te dejas lo negativo…

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- Hay sucesos determinados… Del primer colegio al que fui me echaron; en teoría, por tráfico de drogas. Fue una cosa muy dura, porque tuve que enfrentarme en una reunión con un cura del colegio y con mis padres. El cura decía que yo había estado pasando hachís a los críos de la clase y yo les decía a mis padres que no, que era mentira, que ese tío estaba mintiendo. Por supuesto, le creyeron a él. Fue una situación desagradable, porque te sientes como cabeza de turco de determinada situación y no cuentas con el apoyo de tus padres. - ¿Había en tu familia antecedentes artísticos? - Sí. El padre de mi abuelo materno fue manager de Raquel Meller 2. Y por la rama de ese abuelo hay una inclinación hacia la pintura. Mi tío no se dedica profesionalmente a eso, pero ha expuesto y me parece un pintor grandísimo. Mi abuelo, de hecho, se fue a París para no hacer la mili, con dieciocho años, y se codeó con Fujita, un pintor japonés, con Picasso… Estuvo en el círculo de pintores y se dedicó durante mucho tiempo a pintar. Incluso ha restaurado obras de Goya y alguna cúpula en la catedral de Burgos. Estuvo prisionero en la guerra civil y se libró de ciertos rigores de la cárcel por ser buen pintor. Y mi madre, pues la verdad es que es muy manitas. Por ahí puede venirme la vena artística. Desde luego, no por el lado de mi padre. Aunque bueno, mi tío, el hermano de mi padre, fue batería cuando era muy crío y siempre le ha gustado mucho el rock y la música progresiva de los 70. Cuando yo tenía ocho años, él me pasaba cintas de Beatles, Rolling, Santana, America, Crosby, Stills, Nash And Young… Desde esa edad hasta que tuve más o menos doce años, que empecé a comprar mis propios discos, esa colección de casetes me introdujo en la música. Luego ya empezó a pasarme cosas como Gentle Giant y Family. Nunca entendí cómo podía gustarle ese último grupo. - Ésa no era la música que escuchaban tus padres, claro. - No, para nada. Nunca escucharon rock mis padres. Lo que he oído cantar a mi madre y a mi abuela tiene que ver mucho más con la copla y con canciones populares. Las canciones que sonaban en la radio. - Hablaremos más delante de os viajes, que suponen un elemento importante en tu vida, pero quiero saber si la de viajar es una costumbre que adquieres de crío. 2

Cupletista y tonadillera (Tarazona, 1888-Barcelona, 1962)

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- Empecé a viajar a los nueve años porque mis padres me mandaron a Irlanda para aprender inglés, con unos intercambios que hacían con niños de ese país. Me fui con mi hermano mayor y estábamos en casas diferentes. Ahí descubrimos lo que se estaba fraguando con el punk, porque empezamos a conocer grupos que nos traíamos y que nadie de mi círculo conocía aquí, como Police o The Clash. Y, además, coincidió que mi hermano era vecino de Adam Clayton, de U2. Él los veía ensayar y para los dos era como el grupo de nuestros amigos de Irlanda, aunque yo nunca los conocí. Ésa fue mi introducción en la música de los ochenta, porque hasta entonces yo era sesenta y setenta. Ésos viajes los hice durante tres años, y era curioso estar en Irlanda siendo tan joven y descubrir toda esa música. Y creo también que en los viajes me han influido mucho las lecturas de la infancia, aunque ésta es una reflexión posterior. Pero creo que novelas como las de Emilio Salgari o Julio Verne, de los que leí todo, en cierto modo han marcado mi afición por viajar y sobre todo por países exóticos; porque empecé viajando a la India, no a Almería, por ejemplo. - ¿Recuerdas cuál fue el primer disco que compraste? - Creo que fue It´s Only Rock ´N´ And Roll, de los Stones. Recuerdo que estaba tan enamorado de ese disco que me aprendí los créditos de memoria. No sé por qué, pensaba que era obligatorio saberse los créditos de los discos si te gustaba la música. Y a partir de ahí, de los siguientes discos que compré, por lo menos de diez de ellos, me aprendía todos los créditos. Luego lo dejé, afortunadamente. - ¿Qué haces cuando dejas el colegio? ¿Te dedicas de lleno a la música? - Monté mi primer grupo en 1980, estando todavía en el colegio. Tenía entonces trece años. Me compré una guitarra eléctrica, monté el grupo, y a tocar. Antes, con nueve años, en una especie de emisora de radio que había en el colegio, canté con un grupo que tenía. Éramos tres: dos guitarristas y un cantante, aunque los tres hacíamos voces. Era tipo Simon y Garfunkel. Hasta ensayábamos. Allí cantamos un tema que era muy erótico para el colegio y nos echaron. Pero durante dos o tres meses actuamos todos los viernes en la radio del colegio. - ¿Cómo se llamaba ese trío tan precoz? - No me acuerdo del nombre, pero sí de que hacíamos canciones sobre la comida del colegio. Canciones ridículas, con estribillos facilotes. Luego, ya

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a los trece años, monté el grupo con guitarra eléctrica y todo eso, que se llamaba Apocalipsis. Como ves, ya desde el principio, negativo. - ¿Ya tenías claro entonces que querías cantar o sólo tocabas un instrumento? - Era guitarra solista y o cantaba. Realmente no pensaba qué es lo que quería hacer, simplemente quería estar en un grupo, y me pareció que tocar la guitarra eléctrica era lo normal. Empecé a cantar cuatro o cinco grupos después de ése. Estuve en uno con mi hermano, que se llamaba Rebel Waltz, como una canción de los Clash, y ahí cantábamos varios. Yo tocaba la batería. Luego, en Proceso Entrópico, toqué el bajo, y cuando entré en Zumo de Vidrio, con Juan3, canté porque me lo pidió él. Fue la primera vez que lo hice un poco en serio. - ¿Cuál fue la primera canción que compusiste, de manera más o menos profesional? - No sé si fue Héroe de leyenda u Olvidado. Realmente es que muchas cosas las empecé a hacer con Héroes. Bueno, no, en Proceso Entrópico hice casi todas canciones y eran… muy malas. Era todo muy pretencioso; íbamos con máscaras, nos basábamos en el cómic underground norteamericano, proyectábamos diapositivas… Las letras tenían mucho que ver con el espectáculo. Hicimos una especie de ópera-rock. - Acaba de publicarse no hace mucho que durante un tiempo estuviste en Parchís, sustituyendo a uno de los componentes del grupo. - Bueno. Es falso, claro. ¿Tú crees que a estas alturas, de ser cierto, no lo sabría toda Zaragoza?

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Juan Valdivia, guitarrista de Héroes del Silencio

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Capítulo DIVÁN / Conversaciones con Enrique Bunbury

Contracorriente Héroes del Silencio o el buque que nunca se detenía. Había que subirse a él en marcha, recuerda Bunbury. Un carguero que recogía frutos en Europa y Latinoamérica, pero también un crucero para saborear los placeres del éxito. Sin medida, como las grandes estrellas del rocanrol. El camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría, sentenció William Blake, de quien algo sabe el que fue el timonel del barco que nos ocupa. Días de vino, rosas y algún que otro escupitajo en Chile. Pero toda borrachera tiene su resaca, y toda luna de miel, su despertar cansino. Y Bunbury se

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plantó. Fue, y cito literalmente, <<un jarro de agua fría>> para el resto de la tripulación. Y para la facción fundamentalista de los fans del grupo. Bunbury asume el legado, pero muestra su lado crítico: <<La verdad es que no me gusta ningún disco de Héroes>>. ¿Contracorriente?

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C

-¿ ómo surge Héroes del Silencio? - Creo que fue un poco a través de la Muestra, 4 en el año 1984. Nos presentamos por separado todos los miembros de Héroes. Joaquín 5 tocó con Tres de Ellos y Edición Fría; yo estaba con Proceso Entrópico, y Juan, con Zumo de Vidrio. En una fiesta de cumpleaños me encontré con Juan y me dijo: <<Ah, tú tocabas en la Muestra con un grupo muy raro en el que ibais disfrazados de ranas. ¿Tocas el bajo, no? Pues mira, yo estoy en Zumo de vidrio, que conseguimos muy buenas críticas>>. Yo no tenía ni idea de quiénes era. Me invitó a tocar con ellos y aparecí al día siguiente con el bajo y el amplificador. En aquella época nos parecía la hostia que un guitarrista tuviera guitarra y amplificador. Juan pensó, entonces. <<¡Ya tenemos bajista!>>. Nos enchufábamos todos en un amplificador, como hacían todos los grupos. Bueno, el hecho es que me metí con Zumo de Vidrio, donde el cantante era el primo de Juan, que se tomaba la cosa como un entretenimiento. Un día que no apareció por los ensayos nos pusimos a improvisar un poco. Enseguida grabamos una primera maqueta en el local y luego hicimos Olvidado, Héroe de leyenda y Sindicato del riesgo. Estábamos Juan, su hermano Pedro y yo. Vimos que esas canciones no podían formar parte de Zumo de Vidrio, porque no se parecían en nada a las que tenía el grupo. Musicalmente eran más oscuras. Las de Zumo eran más joviales, más pop, en la onda de los primeros Secretos. Así que decidimos que esas canciones eran para un grupo paralelo y las grabamos en un estudio. La maqueta nos costó 15.000 pesetas.

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Muestra de pop, rock y otros rollos. Maratón musical y artístico celebrado en Zaragoza los días 23, 24 y 25 de marzo de 1984. 5 Joaquín Cardiel. Bajista de Héroes del Silencio

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- ¿Qué pasó con esa maqueta?- Beatriz, la hermana de Juan, nos dijo que conocía a Cachi6, que para nosotros era el tótem. <<¡Dios mío, Cachi>>, dijimos. Fuimos a verlo, le llevamos la maqueta y no nos hizo ni caso. Pero más tarde llamó a Beatriz para que fuésemos a su programa. Y mientras íbamos hacia la radio tuvimos que pensar qué nombre poníamos al grupo. Lo tomamos de Héroe de leyenda, una canción que al principio se llamaba Héroe del silencio. Se nos ocurrió justo en la puerta de Radio Zaragoza. Ahí empezó Cachi a apoyarnos. Estamos hablando de 1985. - ¿Cuánto tiempo pasa hasta que Héroes se configura definitivamente? - Pues menos de un año, pero para nosotros cada movimiento era una eternidad. La primera actuación que hicimos en directo fue en las Matinales del cine Pax, en Zaragoza, con Alphabille y Boda de Rubias. Recuerdo de ese concierto una escena fabulosa. Antonio Tenas 7 era el manager de Boda de Rubias, grupo zaragozano que había participado en el disco La única alternativa y que en ese concierto se jugaba mucho porque Servando Carballar, del sello DRO, había venido a verlo. Bueno, pues su actuación fue una catástrofe: se les cayó el Revox y el teclista se marchó sin terminar la actuación. Habían llegado borrachos de Martín, que era lo que bebían entonces. La gracia para mí estaba en que el teclista hubiese abandonado el escenario a mitad de la actuación, llevándose el instrumento. Antonio Tenas se enfadó muchísimo y creo que ese día Boda de Rubias perdió la oportunidad de grabar con DRO, como habían hecho Duncan Dhu y La Dama se Esconde. Servando se fue pensando que era una mierda de grupo. Por lo que respecta a nosotros, ese día comenzamos a tener los primeros fans. - ¿Qué grupos escuchabas en esa época? - The Cure, Joy Division, Bauhaus, The Cult… Ese tipo de música. Juan estaba más por los Smiths y a los dos nos gustaban U2. También Escuchaba a Big Country e incluso Waterboys. Era la música que ponía Cachi en la radio. - ¿Héroes ya sabía entonces qué música quería hacer? 6

Julián Torres “Cachi”. Comentarista musical y DJ. En la época de la que habla Bunbury, Cachi realizaba en Radio Zaragoza el espacio Sangre española. Había empezado en esa emisora dirigiendo y presentando El selector. 7 Además de ser manager, Antonio Tenas ejerció de músico u creó el grupo de tecno-pop Vocover.

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- No. Creo que no sabíamos lo que estábamos haciendo. Tocábamos lo que nos salía: unas guitarras limpias, con los pedales que tenía Juan, que eran un Delay y un Chorus. Y mi forma de cantar y de tocar el bajo, que era más oscura. Y Pedro Valdivia, que tocaba la batería, hacía lo que podía. Desde el momento en el que compusimos las primeras canciones me dio la impresión de que por primera vez en los cuatro años que llevaba haciendo música tenía algo que ofrecer. Algo diferente, sin necesidad de emular o de copiar a alguien. Me parecía algo personal. - ¿Cuándo dejas de tocar el bajo? - Le dije a Juan que me gustaría dejar de tocar el bajo y salir al escenario a pecho descubierto a enfrentarme con el público y manejar más la situación. El bajo me condicionaba mucho y además, conforme íbamos haciendo canciones más complejas, me empezaba a costar más tocar y cantar a la vez. Y como Joaquín ensayaba con Edición Fría al lado de donde estábamos nosotros, le llamamos para que tocara el bajo con nosotros. No fue un fichaje, porque entonces era muy normal estar en dos o tres grupos. Por otra parte, un día me cabreé porque Pedro, el hermano de Juan, no se tomaba muy en serio lo de ser batería e intenté coaccionarle para que pusiera más interés, diciendo que íbamos a grabar un disco y que no podía faltar a los ensayos. Pero en vez de tomárselo en serio lo dejó. Así que nos quedamos sin batería y tuve que tocarla yo durante un tiempo. Hasta que le dijimos a Pedro Andreu,8 que estaba en Modos, que se viniera a ensayar con su grupo a nuestro local. Vino y le propusimos tocar con nosotros hasta que encontráramos un batería, aunque le dejamos claro que él no iba a ser el elegido. Le gustó la idea y ahí se quedó definitivamente. - Héroes rompe en Zaragoza con una costumbre muy arraigada en esa época en los grupos de la ciudad: esperar a que un cazatalentos llegase con un contrato en la mano. Vosotros empezáis a mover el culo desde el principio, dando guerra por las compañías de discos. - Recuerdo que escuchábamos lo que habíamos hecho y decíamos: <<Tenemos que hacer un disco con estas canciones; esto le gusta a la gente y cada vez hay más espectadores en los conciertos>>. Había como una especie de plan que íbamos improvisando, pero estaba claro que teníamos que hacer las cosas por nosotros. Incluso manejábamos una vaga idea de pasos a seguir, como buscar un manager. Conseguimos uno, que se 8

Pedro Andreu, batería de Héroes, ha cambiado de instrumento y es hoy cantante y guitarrista de Puravida, grupo que lidera.

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dedicaba a las orquestas de baile y que nos hizo carteles. Pero no consiguió ni un bolo. Y yo copié de los discos que tenía las direcciones de las compañías y mandamos las canciones a todas las que había; algunas incluso habían desaparecido cuando enviamos el material. Recibimos carta de Sony, por ejemplo, donde nos decía que por el momento no entrábamos en los planes de la compañía, aunque se nos invitaba a que siguiésemos mandando cosas. - ¿Y cómo llegáis a EMI? - Creo que fue Cachi quien le dio una maqueta nuestra a Gustavo Montesano, de EMI, en un concierto de los Enfermos Mentales en Madrid, cuando fueron allí con la pasta el ayuntamiento de Zaragoza para que les viesen las compañías discográficas. -¿Estabais convencidos de que el grupo podía funcionar? - Sí, sí. Nos lo creíamos de una forma insultante. Pensábamos que era el grupo que iba a salir. Además existía una rivalidad entre Enfermos Mentales y nosotros, o cuando menos nos lo parecía, porque también pensábamos que estábamos contra todo el mundo. Pero sí: la cosa estaba entre Enfermos y nosotros; no veíamos otra opción en Zaragoza en ese momento. - ¿Había un límite para la ambición? - Para nosotros sacar un disco era ya una meta. De hecho, cuando grabamos el primer elepé decíamos: <<Ya nos podemos morir>>. Era como si lo hubiésemos conseguido todo en la vida. En la Zaragoza de ese momento, en la que salvo Vocoder y Van Cyborg nadie había grabado un elepé, no podíamos imaginar algo más allá de ese disco. Luego puedes soñar con ser Mick Jagger y todo eso, pero son sueños. El objetivo del grupo era el disco, que era un fin en sí mismo, y todo lo demás venía después de grabarlo. O sea: pensábamos que no se podía grabar un álbum y que no pasara nada. Éramos muy críos. Por Bocono tuvo que firmar mi padre el contrato. Yo tenía dieciocho años recién cumplidos. - Empezáis con un maxi (Héroe de leyenda). Parece que la compañía no se fiaba mucho. - recuerdo que a Ricardo Ortiz, director de marketing de EMI en ese momento, le dije: <<Bueno, sacamos un maxi, pero pase lo que pase va a haber un elepé, aunque no vendamos 5.000 ejemplares>>. La respuesta fue:

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<<No, si no vendéis 5.000 copias no hay elepé>>. Nos quedamos todos como diciendo: <<¡Hostias!, ahora resulta que hay que vender 5.000, y si no, nos echan de la compañía>>. Nos quedamos chafados. Igual eran menos copias, pero vaya… El hecho es que la cifra que fuera se vendió concretes. Creo que llegamos a las 30 o 40.000 copias, que era un hito. - ¿Fue relativamente fácil conseguir grabar ese maxi? - Tardamos casi tres años en grabar. Fue un proceso de trabajo duro en Zaragoza: hacer conciertos periódicamente y maquetas. Cada vez grabábamos maquetas con más temas, como preparándonos para tener un repertorio. También intentábamos siempre talonear a grupos naciones: lo hicimos con Alphaville, 091 y La Unión. Con el último de ellos nos dimos cuenta de que teníamos público, porque mucha gente vino a vernos a nosotros. Hicimos un bis, que era algo muy raro para unos teloneros. Después tocamos en el campo de fútbol de la Romareda, con El Último de la Fila y Battiato, sin tener disco aún. Y el último concierto antes de salir el maxi fue en el paseo de la Independencia, de Zaragoza, con Puturrú de fuá. - Buen rodaje. - La verdad es que durante unos cuantos conciertos nos estuvimos curtiendo en todo tipo de escenarios. Creo que fue en 1987 cuando tocamos en la sala En Bruto y entonces firmamos con Gustavo Montesano. Con ese concierto convencimos a la compañía de discos. Creo recordar que fue dentro de un ciclo llamado Zaragoza sobre el escenario, organizado por Mariano Chueca, de Distrito 14. Y bueno, en el 86 fue lo del concurso de Salamanca. En la final zaragozana, que se celebró en el Rincón de Goya, además de nosotros estaban Distrito 14, que entonces se llamaban Pékora Harris; Los Modos y alguien más que no recuerdo. Ganamos, fuimos a Salamanca y nos quedamos los terceros. Pero también ahí nos vio gente de EMI. - Vayamos a asuntos concretos del trabajo de Héroes. Tu forma de escribir, por ejemplo. ¿De dónde vienen esos textos tan enrevesados que tienen las canciones? ¿Manejas entonces, a la manera de Jim Morrison, referencias de poetas simbolistas como Mallarmé, Verlaine, Rimbaud o Valéry? - Pensaba entonces en autores extranjeros que me gustaban. Un poco por lo que entendía en inglés, que tampoco era demasiado. Pensaba en Leonard Cohen y en Dylan. En gente así, que consideraba grandes escritores de

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canciones y que no me parecían fáciles de comprender. Así que creía que había dos formas de escribir: cosas como She loves you, yeah, yeah, yeah… o Tutti fruti orruti o, por el contrario, acercarse un poco a la poesía culta, a la literatura. Y en cierto modo provoqué, sin grandes conocimientos, que las letras de Héroes fueran así. La verdad es que no sabía escribir letras; ni de una forma, ni de otra. Pero me salió naturalmente hacerlas así. - Nada de influencias poéticas, pues. - Bueno, siempre me ha gustado mucho leer poesía. Entonces los primeros poetas que me interesaron fueron los simbolistas y las vanguardias. Recuerdo leer cosas de Apollinaire. De los simbolistas, el que más me ha gustado y que más tarde he leído profundamente ha sido Verlaine. No tenía ninguna intención de seguir los pasos de Jim Morrison; de hecho, en ese momento no sabía que a Morrison le habían influido esos autores. El simbolismos y posteriormente la mística de ciertas religiones orientales me influyeron, sí. Pero creo que los dos primeros discos de Héroes no eran tan simbolistas. Quizás no fueran excesivamente claros, porque siempre he pensado que estaba hablando de sentimientos y con eso no construyes una historia. Y utilizaba frases que parecían inconexas porque me recordaban a determinadas personas o fueron dichas por ellas en un determinado momento. O una palabra o un símbolo. Usaba esas cosas y un poco de escritura automática. Donde sí ya hay letras simbolistas, muy, muy complejas, es en El espíritu del Vino. Es el disco por el que mataperros me llamaron. Es el único que realmente es difícil de comprender, porque hay mucho metido ahí. - El espíritu del poeta y visionario William Blake, por ejemplo. - Sí. Es cuando me metí mucho en escribir sueños inconexos. Y me daba igual que fueran así. De hecho, hay canciones que no sé qué quieren decir. Pero no me importaba en ese momento. Ahora sí que me preocuparía hacer canciones así. Incluso está el uso de las drogas. Eran mitos del rocanrol. No sé. Pensaba en Lucy In The Sky With Diamonds: John Lennon escribiendo a partir del dibujo de su hijo todo lo que se le pudiera ocurrir, influido por el LSD. Todo eso me parecía válido en aquel momento. Y por supuesto, escribir bajo los efectos de las drogas y hacerlo de manera inconexa. Algo que me recordara un sentimiento determinado: azúcar en la sangre, por ejemplo. Cualquier cosa servía. Por supuesto, con mucha influencia de los poetas que estaba leyendo en aquel momento, que no recuerdo cuáles eran. Quizás Neruda. También fue la época en la que me

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introduje en Arrabal, que es un escritor muy complejo. Mucha filosofía del absurdo. Además en ese momento también aparece todo lo místico y todo lo oriental. Cuando hicimos El espíritu del vino acababa de llegar de un viaje de dos meses por India y Nepal. Quería que todo eso estuviese ahí. - Entre 1988 y 1995 grabáis un maxi, cuatro discos de estudio y tres en directo. ¿Es una discografía suficiente, o escasa? - Siempre pensé que íbamos muy lentos. Lo que pasa es que las giras de Héroes desde el principio influyeron mucho a la hora de estar en las nubes. Porque siendo tan críos hacíamos giras larguísimas, y, además, enseguida empezamos a tocar por el extranjero. Y veníamos de tocar con éxito por otros países, llegábamos aquí y éramos estrellas del rock. Y vivimos como estrellas del rock durante mucho tiempo. En todos los aspectos. Fue la locura y el no darse cuenta de que en el fondo éramos personas normales y corrientes. - ¿Cómo iba evolucionando musicalmente el grupo? - Creo que en los dos primeros discos básicamente hacíamos pop y, un poco a raíz del éxito de Senderos de traición en Europa, empezamos a enroquizar el sonido del grupo. Supongo que eso vino dado también por la revitalización del rocanrol en los primeros noventa. Gente como Aerosmith o Guns´N´Roses hace los mejores discos de sus carreras. Metallica saca el álbum negro, Iggy Pop vuelve a sacar discos de rock y en América aparecen cientos de grupos que devuelven el pulso a una música denostada durante una década. Aparece el grunge con Nirvana, Peral Jam, Alice In Chains, Soundgarden y Mudhoney al frente; el noise neoyorquino de Sonic Youth… Todo eso ayuda a sanear el rock, y en la Europa comunitaria empieza a sentirse la necesidad de reflejar lo que ocurre a través de las diferentes lenguas de los distintos países. De repente, la MTV, las radios comerciales y los medios e comunicación en general radian rocanrol, algo nada habitual antes y después del boom. - Así que os echáis en brazos del rock. - Vemos que nuestra evolución lógica pasa por ese endurecimiento razonable de una banda que entronca con ese lado oscuro que nace con el blues del Mississipi en los años cuarenta; que continúa con Elvis y Roy Orbison en los cincuenta; que retoman Hendrix, Led Zeppelin y los Doors; que revisan en el afterpunk The Cure, Bauhaus, Killing Joke y otros, y que

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llega en los noventa, muy cabreado, a través de Danzig o Alice In Chains. Ahí nos metimos de cabeza. Empezamos con El espíritu del vino y continuamos en Avalancha, enroquizándonos cada vez más. - Tú siempre has sido la imagen, la cara, de Héroes, de tal forma que había una clara identificación grupo-Bunbury. ¿Cómo llevaba ese detalle el resto de la banda? - Creo que no lo llevamos bien ninguno: ni ellos, ni yo. Por un lado, porque yo nunca quise que fuera así. Y de hecho, siempre provoqué ante la compañía y ante los fotógrafos que bajo ningún concepto se hiciesen fotos mías en solitario. Eso era así hasta límites en los que ya era una postura artificial: no aceptamos hacer nada en lo que yo pudiera salir solo. La postura normal hubiese sido asumir que estaba ocurriendo algo, que en cierto modo es lógico y que es lo habitual en cualquier grupo: que destaquen al cantante. Quizás si lo hubiésemos llevado con naturalidad, eso no hubiese hecho tanta mella en el grupo, tanto daño. - ¿Resultados de ese artificio? - Por un lado, pretendía demostrarle a mis compañeros que quería ser parte del grupo, y, por otro, ellos sentían que yo destacaba demasiado. Luego en el escenario yo no hacía nada para evitarlo, porque no me parecía que lo tuviera que hacer. Hubiese sido ridículo poner la batería delante y cantar yo detrás. Sí, creo que eso preocupaba mucho al grupo. Por eso pienso que en un momento dado, en El espíritu del vino, se hace hincapié en que el grupo no salga en la portada. Y al principio tampoco íbamos a salir en Avalancha. Y es que cuando hacían fotos del grupo a mí siempre me ponían delante. Pero yo también entendía al fotógrafo, ¿no? Me parecía normal, en cierto modo, porque a él le exigían que el cantante estuviese delante. Y más tratándose de un grupo que en directo cometía todos los excesos el rock. Eso es algo que no ocurre ahora con la música dance: da igual quién es quién; todo es como más impersonal. Incluso los mismos músicos intentan no ser conocidos para evitar el concepto de estrella. Pero en el rock era lo habitual. - ¿La entrada de Alan Boguslavsky 9 en Héroes se produce en medio de un consenso general o es algo que tú impones? 9

Guitarrista de Héroes. Se incorporó al grupo cuando ya éste estaba en el cenit de su carrera. Actualmente, tras pasar por la banda de Bunbury, lidera su propia formación: Bogusflow.

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- fue cosa de Juan, porque estaba cada vez más interesado en grabar mil guitarras en los discos (ya en Senderos de traición había dos guitarras y en El espíritu del vino había muchas más) y se plantea que él no puede hacerlo todo. Además, cada vez las estructuras eran más complejas, con mucho desarrollo instrumental, y propone buscar otro guitarrista. Entró a través de Pito, nuestro manager, y de Pedro. Ellos recordaban haber estado con un tío mexicano y lo proponen. - ¿Sólo porque era mexicano? - La verdad es que no sé por qué mexicano. Bueno, sí sé: nos parecía imposible coger a alguien de Zaragoza, y Héroes siempre tuvo una actitud muy anti-Madrid. Todo lo que ocurría ahí nos parecía como el enemigo y creíamos que si metíamos a alguien de Madrid iba a pervertir al grupo. Y pensábamos que alguien de Zaragoza no podría comprender el mundo en el que lo íbamos a meter. Y es que éramos un buque; así nos llamaban en la compañía de discos. Estábamos siempre en marcha, y si alguien quería hablar con nosotros se tenía que montar en el buque. Si quería estar tres días con nosotros, eso suponía estar dispuesto a viajar durante ese tiempo a Suiza, Austria y Almería, por ejemplo. Nunca parábamos; todo el rato estábamos en movimiento. Así que nos parecía imposible que a un chaval de Zaragoza lo pudiéramos subir al buque y que de repente no vomitara. Íbamos a toda hostia. La prueba que hizo Alan para entrar en el grupo fue aguantar una borrachera de Juan y una partida de ajedrez. La superó. - Has mencionado que vivíais como estrellas del rock. Cuenta los detalles para envidia del resto de los mortales. - Antes de El espíritu del vino empezamos a vender burradas en Europa. Senderos de traición vende un millón y medio de discos; de ellos, 500.000, en Alemania, que es muchísimo. Pero en Italia vendemos 200.000; en México, otros 200.000… En casi todos los países es disco de oro. En Bélgica y en Suiza también íbamos muy bien. Y de que Ricardo Ortiz nos diga que si no vendemos 50… copias nos echa, pasamos a hablar con los megacapos en Inglaterra y Estados Unidos y somos objetivo principal de la compañía, a nivel internacional. Empezamos a vivir una situación que nos parece normal y que creo que es el primer error. Pensamos que todo lo que nos ocurre es porque somos buenísimos. En esos momentos no tenemos una vida ajena al rock; todos los días somos estrellas del rock y vestimos como tales. Nos compramos la

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ropa en Londres y en Nueva Cork para vestir el uniforme de las estrellas. Y junto a eso, todos los tópicos: las drogas, el sexo… Realmente no tenemos momentos en los que vivamos una situación normal, ni nadie tiene entonces novias. Todo lo que hacemos es para el grupo. - Ejemplos, ejemplos… - Vamos a grabar el tercer álbum y no tenemos canciones. Pero nos metemos en el estudio. Decimos: <<Bueno, entramos y ya saldremos con un elepé>>. Y la primera decisión que tomamos en el estudio es: <<Como no tenemos canciones vamos a hacer un disco doble>>. Era una forma de pensar que ahora me parece muy rara, ¿no? Nos quedábamos solos en el estudio y queríamos experimentar condromas y componer canciones bajo sus efectos. Y todos juntos tomábamos drogas. Nos atiborramos de éxtasis grabando. Además coincidió que estábamos en Navidad y Phil Manzanera 10 se iba con su familia. Lo mismo hizo el ingeniero de sonido y nos quedamos solos, grabando canciones que no existían. Era una época en la que las drogas estaban incluidas en el presupuesto de grabación. No sé, lo veíamos como algo normal. No pensábamos que pudiera ser de otra forma. <<Somos estrellas del rock y por supuesto que la compañía nos tiene que pagar las drogas>>. Esa era nuestra forma de pensar. - Así las cosas no es difícil imaginar que las giras serían enloquecedoras. - Lo que pasa es que por otro lado teníamos un lado muy profesional. Entonces, ni siquiera hubo que poner una norma que era no salir borracho a un concierto. Creo que durante toda la carrera de Héroes sólo una vez me emborraché antes de un concierto. Y Juan, con todo lo que él ha sido, a lo mejor, dos; no más. En ese sentido, éramos superprofesionales. Nunca nos emborrachábamos o tomábamos drogas antes de un concierto. - Las cifras de ventas de los discos de Héroes en Europa de las que hablabas antes permiten calibrar el impacto del grupo entre nuestros vecinos; sin embargo, ese éxito se puso a menudo en cuarentena desde España. 10

Guitarrista y productor. Ex Quiet y ex Roxy Music. Productor de los discos Senderos de traición y El espíritu del vino, de Héroes, y de Radical sonora, el primer álbum en solitario de Bunbury.

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- Creo que fue muy, muy fuerte el impacto, sobre todo si lo comparamos con lo que ha pasado con otros grupos. Posteriormente, ya ha empezado a haber cosas reales con otras bandas: una gira de treinta bolos de Celtas Cortos por Francia; Tomatito, que hace giras europeas; Hevia, que ha actuado por ahí, o Luz Casal, que también he tenido éxito en Francia. Pero hasta entonces, exceptuando el éxito de Mujer contra mujer, de Mecano, cantada en francés, lo que salía en la radio, sobre todo a través de Los 40 Principales y de Joaquín Luque, eran cosas como: <<El no va más de Duncan Dhu en su gira norteamericana>>. Que luego era todo mentira, o al menos eran datos inflados, y todos os periodistas lo sabían. Eso hizo que cuando nosotros tuvimos éxito y empezaron a decirlo algunos medios, nadie se lo creía. De hecho, pasó mucho tiempo hasta que se creyeron que Héroes estaba vendiendo lo que estaba vendiendo. Y todavía me siguen diciendo: <<Vosotros tuvisteis mucho éxito en Alemania>>. Como si realmente Héroes sólo fuera Alemania. Héroes tocaba en Paría y llenaba el local. Y en Bélgica y en Luxemburgo. Tocábamos prácticamente en toda Europa. Exceptuando Inglaterra, donde no se publicaban nuestros discos, vendíamos muy bien en el resto de Europa, y, sobre todo, en Europa Central. - ¿Había una correspondencia entre la respuesta del público y la apreciación de la crítica? - Creo que sí. El primer disco que empezaron a poner un poco mal fue Avalancha. Con Senderos de traición leí buenas críticas en Europa. Con el espíritu del vino nos dieron muy fuerte en Grecia. Visto con la perspec5iva del tiempo, creo que teníamos una serie de canciones que la crítica apreciaba más o pensaba que tenía más valor y que quizás eran las menos roqueras. Daban más valor a canciones como Maldito duende o Sirena varada, posteriormente, en las que veían que el grupo no era exactamente una copia de tal o cual banda. Y sen otras canciones, cuando hacíamos rock, se nos veía más el plumero. Es cuando nos metían en el saco de The Cult, Led Zeppelin o The Mission, que era un grupo que no nos gustaba pero que aparecía citado muchas veces. - Y por lo que respecta al público, ¿qué le motivaba de Héroes? - Gustábamos porque nos veían mucho más latinos de lo que nos consideraban en España. Creo que apreciaban una pasión en nuestros conciertos que les gustaba. Veían a un grupo de rock, algo que en Europa Central estaba muy institucionalizado, digamos. Allí siempre ha funcionado

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muy bien el rocanrol, desde Elvis y los Beatles. A la vez veían en nosotros algo de lo que ellos carecen: cuando ellos hacen rocanrol son muy fríos, muy secos. Y nosotros éramos para ellos un grupo apasionado, emocional. Trabajamos en todos los clubs de Europa mil veces; no parábamos de tocar. El buque, de que hablaba. En un año hacíamos tres giras por Europa, más dos en España. - ¿Qué aportó Héroes al patio nacional del rock? - La verdad es que no estoy muy seguro de eso. Creo que no éramos tan buenos como pensaban nuestros fans. Para mí, desde luego, no lo éramos. Me parece un grupo absolutamente imperfecto. Nuestros errores eran muy gordos. Y, además, esos errores están en nuestros discos, en nuestros directos, en nuestras declaraciones y en todas partes. Quizás fuimos lo suficientemente convincentes como para que nuestros fans incluso supieran alabar los errores. Pero tampoco éramos un grupo tan malo como la crítica española pensó en su momento o sigue pensando todavía. No me parece un grupo clave en español. Para nada. No sé. Soy muy crítico con Héroes y con todo lo que he hecho yo. - ¡Viva la autocrítica! - Pero hay una cosa en Héroes del Silencio que es muy importante y es que con ellos se apasionó de manera ilógica una serie de gente de su generación. Luego imagino que algo verían en nosotros. Pero es lo único que puedo decir en nuestra defensa; algo de bien. Y creo que esa es nuestra arma para que dentro de cinco años nos recuerden quienes nos siguieron. Supongo que cuando reflexionen sobre su vida nos considerarán una parte importante de su juventud. - No pasemos por alto las siempre tortuosas relaciones entre la prensa española y Héroes. ¿Por qué nunca os tomó muy en serio? - El único piropo que nos soltaron fue que éramos un grupo muy trabajador. Era la forma de hablar bien de Héroes del Silencio. Que a mí me irritaba porque pensaba: <<¡Joder!, no creo que seamos sólo trabajadores; supongo que habrá algo más. Y si no, ¿por qué compran los chavales nuestros discos?>>. Y, de hecho, alguna canción respaldaría de todo lo que hemos grabado. Pero no sé, no gustábamos absolutamente nada a la crítica. Supongo que porque le hacíamos un daño que, por ejemplo, no le ha hecho La Oreja de Van Gogh, que ha vendido más que nosotros. Y no he leído críticas negativas de ese grupo. O bandas de esa época que también

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vendían, como La Unión, con las cuales no se ensañaba tanto. Vaya, había muchos casos. Grupos que considero peores que nosotros. No creo que lo hiciera con Héroes porque pensara que éramos especialmente malos; creo que a la crítica parecíamos especialmente estúpidos. - O chulos. - Pero una chulería estúpida. - Descartada la luna de miel con la prensa, ¿qué me dices de las relaciones de Héroes con los músicos españoles? - Eran mucho menores de las que tengo actualmente, pero a través de la oficina en la que estábamos, que era la de Pito, Diez/10 Management, había un poco de clan, de gueto, porque tocábamos mucho juntos: Gabinete Caligari con Héroes o con Loquillo, incluso con Alaska y Dinarama. Con esos grupos había mucha relación. Además, en la oficina estaban también Niños del Brasil y El Norte, que era el grupo con el que todos nos metíamos un poco. ¡Pobrecillo! Con Gabinete y con Loquillo la relación ha durado hasta hoy. - Especialmente con Gabinete. - Y con el Loco. Con él tengo muy buena relación. - ¿Algún encontronazo sonoro? - El más famoso es el de Siniestro Total. Pero nunca llegué a hablar personalmente con ellos. Juan sí que habló una vez con Julián, de Siniestro, y creo que cogieron una buena y se lo pasaron muy bien. Pero la verdad es que incluso esa historia me hacía gracia. He sido muy mitómano en mi formación musical y aquello me recordaba a las peleas que habían tenido a través de la prensa los grupos anglosajones y me parecía divertido el hecho de que pudiéramos entretener a la gente metiéndonos los unos con los otros. Y la prensa entraba al juego: siempre preguntaban a Siniestro por Héroes y al revés. Y un buen día, no sé por qué, acabó. Creo que fue gracias, o por culpa, de Juan y de Julián, que debieron de aclarar términos en esa fiesta. Y yo lo eché de menos durante una temporada. - ¿Y con grupos extranjeros, con los que coincidisteis en festivales por Europa, hubo alguna relación especial? - Había una serie de grupos, o de artistas, a los que yo me acercaba con una devoción especial. Me acercaba muy, muy fan. Cuando conocí a Leonard

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Cohen me temblaba el pulso y no sabía qué decirle. Era para mí una figura venerable. Además, era un individuo de casi sesenta años y yo, un crío, y pensé: <<¿Qué coño voy a decirle a este hombre?>>. Sin embargo, con otros hubo más relación porque coincidíamos más veces. Es el caso de Robert Plant, con el que estábamos alucinados porque nos tomaba como los chavalillos que empiezan, un poco apadrinándonos. Y cada vez que nosotros íbamos a su concierto y él venía al nuestro. Así que terminábamos hablando en los camerinos y fue para nosotros algo especial. Obviamente, empezamos por pedirle un autógrafo, pero el hecho de comenzar a hablar nos llevó a otra relación. Luego hay cosas más esporádicas en cuanto a coincidir con grupos. Con Black Crowes, que nos invitaron a una fiesta, o con Aerosmith, con los que nos pasó algo gracioso, porque Beatriz Valdivia, la hermana de Juan, era muy fan de Aerosmith y se vino con nosotros al concierto de Finlandia, donde tocábamos con ellos. Y cuando estábamos juntos en el camerino no nos atrevíamos a acercarnos. Además, iban con guardaespaldas. Bueno, pues la única que lo hizo fue Beatriz, que agarró del cuello a Steven Tyler, el cantante, y casi le obligó a hacerse una foto con nosotros. Posteriormente, Steven salió en la MTV con una camiseta de Héroes. Si no llega a ser por el desparpajo de Beatriz aún estaríamos paralizados en el camerino. - ¿Quién tomaba las decisiones en Héroes? - Depende de qué estemos hablando. - Decisiones sobre qué hacer, qué tipo de giras, qué canciones meter en los discos y en los repertorios de directo. - La mayor parte de las decisiones eran consensuadas. También hubo un momento en la carrera del grupo, que creo que fue clave, cuando ocurrió lo que ocurrió con nuestro manager: Y, de hecho, el último año y medio funcionamos así. Ahí tomábamos todos las decisiones, pero creo que yo asumí más parte de peso. Pero en la época de Pito tomábamos decisiones conjuntas. Siempre. Hombre, había cosas que las hacía yo, como el repertorio, pero si al grupo le parecía algo mal, pues lo cambiábamos. Pero otros asuntos los llevábamos Juan y yo: decisiones de tipo artístico como con quién hacer el disco, cómo hacerlo, en qué condiciones o dónde lo grabamos. - ¿Qué quieres decir con <<ocurrió lo que ocurrió con el manager>>?

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- Todos nos metimos en una vorágine peligrosa de drogas y Pito la llevó a un extremo que le hizo descuidar todos sus asuntos; no sólo los que tenían que ver con nosotros. Y en un momento dado le fui a ver para decirle: <<Oye, no podemos estar constantemente con fallos o con faltas. Estamos en el buque y el buque no puede frenar>>. Le comenté que sería mejor no contar con él de momento y que cuando estuviese recuperado que me llamara. Con Pito tuve muy buena relación, ya no sólo a nivel de manager y pupilo, sino que además nos retroalimentábamos mucho intelectualmente, pasándonos discos y libros. Incluso el mundo de la experimentación con las drogas, lo de llevar al límite el uso y no el abuso, fue una época que vivimos juntos. Lo del abuso lo vivimos cada uno por separado. - Más relaciones de Héroes. Con la compañía de discos, por ejemplo. Libertad para hacer las cosas, presiones… En fin, ya sabes. - Una anécdota graciosa: mientras grabábamos El mar no cesa, nos enteramos de que por la noche habían metido trompetas en el disco, sin que nos diéramos cuenta. Unas trompetas de tecladillo. Fuimos, las escuchamos y me entró la risa cuando las oí. Pensaba: <<Esto no puede estar sucediendo>>. Creo que ese fue un momento clave. Estábamos grabando en el estudio de Hispavox, subí al despacho del capo y le dije: <<Bueno, habéis metido esas trompetas, que son una puta mierda, y no quiero que estén en el disco. Prefiero que el disco no se edite, me vuelvo a Zaragoza y me dedico a la carpintería, pero no quiero que salga eso>>. Y vieron que realmente teníamos las cosas lo suficientemente claras para dejarnos decidir. Porque aunque el primer álbum no quedó como queríamos, cuando el segundo, la compañía ni apareció por el estudio. Y así, el resto. No escuchaban ni las maquetas. Creo que era una mezcla de confianza y miedo. Confiaban porque el grupo vendía, pero también porque éramos… ¡uf! - ¿Qué te interesaba, en la época de Héroes, de lo que estaba sucediendo en España, musicalmente hablando? - Siempre he sentido admiración y respeto por Santiago Auserón, que ha sido para mí una figura clave y muy influyente en el hecho de que yo tomara la decisión de cantar en español y en el aspecto de introducir temas filosóficos y metafísicos en los textos. O sea que la culpa de mis textos la tiene Santiago Auserón. Y luego está Gabinete Caligari, un grupo que me había gustado mucho por una primera etapa que creo que tenía conexión

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con nosotros; una etapa más oscura en la que supongo que tenían influencias de Killing Joke y de The Cure. Unos de los grupos que nos gustaban mucho era Parálisis Permanente, aunque ahora estamos hablando de un tiempo en el que Parálisis ya no existe. Y Loquillo también era una influencia muy importante. Era como el gran trabajador del mundo del espectáculo en España. Era un tipo que, pasara lo que pasara con sus discos, era carretera y manta; siempre estaba currando. Durante todo el año lo veías tocar Y ésa era un poco nuestra filosofía. Era el ejemplo de la gran empresa de Bruce Springsteen, con la responsabilidad de mantener a una banda, a unos técnicos y todo eso. Y luego, de grupos de los ochenta, nos gustaban a todos Golpes Bajos y Décima Víctima. Pero de finales de los ochenta y principios de los noventa, pocas cosas más de las que te he dicho. Ni siquiera Los Rodríguez, un grupo que no he escuchado demasiado. De hecho me gusta más Calamaro en solitario. Coincide también que en ese momento vamos a Latinoamérica y comienzo a empaparme de todo lo que sucede ahí. Y descubro a grupos que me parecen básicos. Grupos, ahora veteranos, como Café Tacaba, Fabulosos Cadillacs, Fito Páez, Spinetta o Charly García, que era la historia del rock argentino. - ¿Sabes cuántos discos he vendido Héroes durante toda su carrera? - Pues las últimas cifras que tengo sitúan las ventas entre cuatro y cinco millones de ejemplares. - Un grupo rentable. - Era rentable aguantarnos. Creo que hemos dado muchísimos dinero a la compañía, y más teniendo en cuenta que alguno de los contratos –creo que tuvimos tantos como discos- era <<contrato de lentejas>>. Y un contrato de lentejas que pega el petardazo que dio Senderos de traición tuvo que ser muy rentable para la compañía. - Rentabilidad que también benefició al grupo. - Obviamente. - ¿Cómo medías el éxito con Héroes del Silencio? - No he reflexionado sobre Héroes hasta que me bajé del buque. Bueno, nos bajamos todos. Creo que en aquel momento no había una reflexión sobre el pasado ni sobre el presente. Simplemente, enderezábamos el timón o mirábamos la hoja de ruta. Era más mirar hacia un futuro que sabíamos que

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era el mega stardom de las grandes figuras del rock; además, con una ambición internacional clarísima. - ¿Alguna anécdota especial en la carrera del grupo? - De Héroes, muchas; la mayoría de ellas This Is Spinal Tap11. No sé si conoces la película de ese nombre. Es una cinta clave para cualquier grupo de rock. Salió en los ochenta y cuenta, a través de una serie de sketches, la vida de un grupo inglés que va a la conquista de los Estados Unidos. Es un grupo que hace todo tipo de idioteces. Así que si tienes una banda te ves reflejado en esa película, en esas idioteces: el cantante, en el camerino, quejándose al manager porque el queso no tiene la forma del pan y eso le va a afectar en el concierto; el guitarrista que ha inventado un amplificador que tiene 11 puntos en el volumen en vez de 10, para que se pueda subir más… Bueno, todo ridículo. Cosas de ésas, dignas de Spinal Tap, nos han ocurrido muchísimas. Algunas mejores y otras peores. La de Chile, taloneando a Iron Maiden, un cartel un poco raro, por ejemplo: fue uno de los conciertos más cortos e la historia de la música, porque creo que no llegó al medio minuto. Nos dijeron: <<Aquí en Chile, si os escupen, tranquilos que es algo habitual>>. Al medio minuto de estar en el escenario yo era todo un escupitajo, pero además empezaron a tirar de todo al escenario y le dieron con algo a Pedro en la cabeza. Se cayó redondo, con la cabeza abierta y se lo llevaron al hospital. Fin del concierto. Esa fue la última vez que estuve en Chile… tocando. De Latinoamérica hay muchas anécdotas. También, alguna brutalidad de las que hemos hecho, que creo que fue en Guadalajara. - ¿Guadalajara, España, o Guadalajara, México? - Guadalajara, México. Se armó una especie de batalla campal, le di a uno con el pie del micro en la cara y le partí un diente. Resultó que herido era el hijo del gobernador del estado y se armó una bien gorda. - En el diario que escribiste durante la gira Avalancha, en 1995, anotas: <<Me doy cuenta de que cada vez me aíslo más en el autobús, en las decisiones que tomo junto a Tomás12… la verdad es que no me veo formando una banda tipo Rolling Stones, que dure una eternidad. Soy 11

Película dirigida en 1984 por Rob Reiner. Spinal Tap (sin <<This Is>>) es también el nombre de una banda inglesa, formada por David St Hubbins y Nigel Tufnell en 1967, cuyas influencias iban de The Troggs a Black Sabbath. 12 Tomás Mateos. Último manager de Héroes y actual representante de Bunbury.

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un culo inquieto, necesito movimiento>>. ¿Era el principio del fin de Héroes? - Sí. Tengo un recuerdo muy claro de ese concierto, que fue en Sevilla. Me acuerdo hasta de la fecha, 6 de diciembre, algo raro en mí. Fue el día que empecé a pensar que no quería estar más en el grupo. Aparte de que se daban una serie de circunstancias que a todos nos hacían infelices. Quizás porque nunca llegamos a parar y a tomarnos las cosas con calma. El caso es que llegó un momento en el que musical y personalmente yo no estaba contento, y pienso que habíamos creado una especie de monstruo: lo que representaba Héroes y el público tipo secta que habíamos creado, algo con lo que he tenido que enfrentarme en estos años que llevo de carrera en solitario. Ese público cerril y fundamentalista que cree que Héroes tiene que ser de una forma muy concreta. En fin, sobre todo se trataba de que el rocanrol tenía sentido para mí como una música que me ha acompañado a los veinte años y que incluso ahora, a mis treinta, podría acompañarme, por lo menos algunas cosas; pero no me gustaría verme con cincuenta años haciendo rocanrol dentro de unos parámetros estrictos. Creo que dentro del rocanrol hay una serie de connotaciones de tipo erótico-sexual y de rebeldía, que si no las eliminas a determinada edad eres un fantoche. Es un poco contra lo que tiene que estar luchando constantemente Mick Jagger. Por eso se mantiene en forma y sigue siendo tan atlético. Perfecto. Pero yo no quiero tener esa lucha conmigo mismo; no quiero ser juvenil ni atractivo con 56 años. A esa edad no tienes que ser juvenil. Entonces, tengo otra serie de ídolos que creo que han envejecido más según mis criterios y pienso en Van Morrison, que es gordo, calvo y viejo. - Y malhumorado. - Y malhumorado. Y me veo más con ese aspecto. Bueno, ojalá no tenga ese aspecto. Pero quiero decir que existe una forma de hacer rock adulto, una forma de desviarse lo suficiente como para no depender de la rebeldía y del erotismo. Y eso es lo que me gustaría hacer, porque creo que hay otras fórmulas; me gusta más la rebeldía de un buen letrista. El Lou Reed de Magic And Loss o el Dylan de los discos fantásticos de los noventa. Prefiero ser así. Incluso salirme de esa vía de <<tengo que sonar en 40 Principales y tengo que conseguir una esponsorización de Nike para mi gira>>. Porque ése era el futuro de Héroes. El futuro era stadium rock, espónsor de Nike y McDonald´s, o de San Miguel y Telefónica, y gira internacional. Y todos vestidos por Jesús del Pozo.

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- ¿Fuiste el único del grupo que hizo esa reflexión? - No hago esa reflexión en voz alta. Es algo que creo que he madurado más con el tiempo. En ese momento el planteamiento era: <<No sé qué me pasa, pero no quiero llegar a ser un artista viejo del rocanrol>>. - ¿Pero eso sólo te ocurría a ti? - Espero que sí, porque para mí la actitud de no quiero ser un músico de cincuenta años, como Mick Jagger, encima de un escenario, suponía que tenía que empezar a partir de ese momento a hacer ciertos cambios en mi música; enfocarla hacia otro lado, hacia el estudio de grabación, hacia la búsqueda, la investigación, la experimentación… Estaba más concienciado respecto a la música que con lo de Nike. - ¿Fuerzas la separación de Héroes como único camino u ofreces otras alternativas al grupo? - Después de ese día conflictivo, que creo que fue el del último concierto, me fui a Guatemala y estuve pensando durante un tiempo. Reflexioné mucho a través de un diario que escribí ahí y cuando volví ya tenía claro que dejaba el grupo, porque además coincidió con la enfermedad de Pedro, que lo operaron, y teníamos que ir de gira con otro batería. Era todo muy incómodo. Pedro siempre ha sido el gran conciliador del grupo. Entonces le comenté esto a Antonio Estación 13, que fue un poco la bisagra, y me dijo: <<Hombre, creo que deberías darles una oportunidad, reunirte con ellos y comentarles las preocupaciones que tienes, las musicales y las otras>>. Musicales tenía muchas, pero también de forma de actuar: quería frenar el buque y tomar una serie de decisiones. Hice una reunión en México, que fue donde empezamos la gira, y propuse todo esto. Y cayó como un jarro de agua fría. Hubo quien lo aceptó mejor, pero en definitiva no hubo entusiasmo. Y a partir de ahí todo fue de mal en peor. Creo que fue en Tijuana donde dije que no quería continuar y que cogía un avión de vuelta a España. Me parece que fue Tomás quien me convenció para continuar la gira. - Estamos hablando del recorrido americano de la gira de Avalancha. 13

Propietario junto con Bosch, del bar zaragozano La Estación del Silencio, lugar de reunión de músicos y faranduleros varios. Antonio , que fue bajista del grupo Niños del Brasil, ha puesto en marcha el sello discográfico EDS Sound Station, que ha editado los álbumes de Malamente y El Alquimista.

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- Sí, de Avalancha y de enero de 1996. Continuamos hasta septiembre. O sea, que cuando yo estaba ya hasta los huevos aún tuve que continuar ocho meses más. - Nunca se comentó, a raíz de la separación de Héroes, un detalle que me parece interesante: los compromisos discográficos que tiene el grupo en el momento de la ruptura. ¿Cómo quedó ese asunto? - Para añadirle guindas al pavo, mientras sucedía todo lo que contaba estábamos negociando un contrato que incluía el disco Avalancha, que había salido bajo condiciones especiales. Así que negociábamos mientras el grupo se estaba separando. No llegamos a un acuerdo con el presidente que en esos momentos dejaba la compañía, pero sí con el nuevo. Un acuerdo por el que más o menos redondeábamos la situación con el disco doble en directo – que era una petición de la compañía- , con Avalancha, con un <<rarezas>> y con un disco de grandes éxitos que aparecerá próximamente. Y dejando las puertas abiertas para nuestros discos en solitario. Yo, con un contrato especial, porque quería estar en Chrysalis y trabajar en unas condiciones determinadas, y lo que el resto de los miembros del grupo pactaran con sus carreras en solitario. Ese contrato era muy amplio, en cierto modo, e incluía muchas posibilidades; entre ellas, la e que en un futuro incierto nos volviéramos a reunir, cosa que posteriormente no va a ocurrir, y de ahí el álbum de grandes éxitos. - Hablando de esos compromisos: pese a estar prevista en el contrato la edición de Rarezas, me parece que no te hizo mucha ilusión ese disco. De hecho, no participaste en su promoción. - Ofrecí un disco de rarezas que no es el que salió. El problema es que se fraguó mientras estaba en Estados Unidos de gira con Radical sonora y la comunicación era muy compleja. No me llegaban ni las carátulas, ni el diseño del disco. Recibí un listado que no coincidía con el que había mandado, vuelvo a enviarlo, me dicen que no iba a ir ese listado… Entonces empiezo a dudar sobre qué decisión tomar: si ponerme firme o dejar que salga cualquier cosa porque sabía que no iba a hacer promoción de ese disco, ya que estaba en otros asuntos. La verdad es que podía haber peleado un poco más por mi idea, pero eso habría supuesto un enfrentamiento serio con la compañía y quizás con el resto del grupo, y preferí desentenderme porque de todas formas iba a hacerlo. Habría sido un poco extraño pelear por una idea que luego no iba a defender.

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- En una entrevista que hicimos en 1997, a propósito de la posible vuelta de Héroes, dijiste una frase realmente contundente: <<Sólo un milagro puede reunir a Héroes y yo no creo en los milagros>>. ¿Continúas con esa incredulidad? - La verdad es que creo más en los milagros que en la resurrección de los Héroes. - ¿Te han presionado tus compañeros para que esa resurrección se produzca? - A mí nadie me ha llamado para juntar a Héroes; ni la compañía ni el grupo. Quizás porque soy muy claro en declaraciones como la que mencionabas. Y porque supongo que no hay una dirección a tomar, un qué hace exactamente con Héroes en el caso de que nos juntásemos. - Sin embargo, tus compañeros nunca han dado el asunto por zanjado. A raíz de la promoción de Rarezas, tuve la impresión de que mantenían cierta esperanza en la vuelta. - De esa promoción me pareció mal que jugaran con la esperanza de los chavales. Creo que dejaron la puerta muy abierta a esa posibilidad y la realidad es que se necesitan muchas llaves y ganzúas para abrirla. - Me consta que mantienes buenas relaciones con Pedro Andreu. Lo ves habitualmente y lo has invitado a participar en alguno de tus conciertos. ¿Cómo van las cosas con los demás héroes? - Con Juan nos vemos de Pascuas a Ramos. La verdad es que ahora no tenemos ningún problema, ya que el que teníamos se llamaba Héroes del Silencio. Al no formar parte de ese proyecto común no tenemos nada sobre lo que discutir. Bueno, podemos hablar de música o sobre los pañales y la educación de su crío, ¿no? Y a Joaquín le quiero muchísimo, lo que pasa es que lleva una vida muy retirada. En definitiva, creo que Joaquín y Juan echaban de menos una vida casera, más reposada, más con sus mujeres. Y creo que una vez disuelto el grupo cada uno ha hecho lo que quería hacer. - ¿Qué están haciendo Juan Valdivia y Joaquín Cardiel? - Juan está aprendiendo a tocar el piano, estudiando muchísimo. Sé que ha grabado cosas, de las que me ha pasado varias maquetas, pero no es un proyecto concreto. Y Joaquín ha estado muy ocupado con su casa, porque lo ha hecho todo y también estuvo muy enrollado con los indios en Estados Unidos. Hizo la música para La carta del indio, que pedía la liberación de

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Leonard Peltnier, y a raíz de eso estuvo en varias reservas. La última vez que lo vi fue para preparar uno de los juicios que tenemos pendientes por mal comportamiento. - ¿Juicios pendientes por mal comportamiento? - Bueno, sólo tenemos uno. Fue por un concierto del año 1991. Es un juicio muy extraño. Suspendimos el concierto porque uno de nuestros técnicos, antes de montar nada, se hundió en el escenario y pensamos que si había ocurrido eso con un tipo que pesaba 60 kilos, era imposible que el escenario resistiese un equipo de varias toneladas. Así que suspendimos porque no quisieron cambiar el escenario. Pero para redondear la cosa tuvimos una fiesta muy importante la noche anterior y Juan acabó en comisaría, jugando con las pistolas de los policías. Y parece que ésa fue la excusa que utilizó el empresario, diciendo que estábamos completamente drogados y alcoholizados. - ¿Dónde era ese no-concierto? - Creo que en Algeciras. - Tengo que preguntarte por los proyectos en solitario de Pedro Andreu (Puravida) y de Alan Boguslavsky (Bogusflow). ¿Qué te parecen sus debuts discográficos? - No puedo evitar oír un disco de mis compañeros y pensar cómo lo hubiera hecho yo. El disco de Bogusflow me encanta, es un gran disco. Pero le pongo dos pegas: es demasiado corto y está cantado en inglés. Esto último, aunque no sabría decir muy bien por qué, para mí es un handicap en España y en Latinoamérica. Y el hecho de cantar en inglés le acerca demasiado a las influencias, que creo que quedarían más ocultas si cantara en español. Con lo cual ganaría en personalidad. Y en el caso de Pedro creo que había material para hacer un disco mejor. Quizás tenía que haber trabajado más. Tanto la producción como la instrumentación no tienen el suficiente grado de riesgo. Eso quizás venga porque a Pedro hay un cierto tipo de rock americano con raíces que creo que le ha influido demasiado. Suena demasiado estándar americano para un país como España. Yo habría hecho ese disco con mucho más riesgo. Un disco más complejo, instrumental y rítmicamente. - Cuando inicias carrera en solitario, tras la disolución de Héroes, Alan trabaja contigo como músico. Luego forma Bogusflow, donde cuenta

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con Copi y Ramón Gacías, dos e tus instrumentistas, y abandona tu banda. ¿Le presionaste para que eligiera estar en un sitio o en otro? - No, todo lo contrario. Creo que tanto Alan como Copi y Ramón se ponen ellos solos entre la espada y la pared. Yo no les puse en Bogusflow; en todo caso les abro una ventana. Les digo: <<Mirad, aquí tenéis una baza. Estoy encantado con vosotros. No sólo aquí tenéis una banda, sino que vamos a ensayar durante meses, lego grabaré el disco y querré salir de gira>>. Y son ellos los que, al sacar el disco en unas fechas coincidentes con mi trabajo, estuviera previsto o no sacarlo entonces, se colocan en una disyuntiva. Por supuesto que puedo retrasar mi disco, pero no puedo retrasar mi carrera porque ellos estén haciendo eso. Entonces son ellos los que tienen que tomar una decisión y es Alan quien decide abandonar Pequeño. De hecho, Copi y Ramón han compatibilizado los dos proyectos. También porque Bogusflow no les da tanto trabajo. Yo les digo: <<Tenemos estos conciertos>>. Y son ellos quienes tienen que decidir si vienen o no. Y en el caso de que no vengan a lo mejor tengo que tomar yo la decisión de buscar a otros, ¿no? - ¿Cómo se lleva el paso de estar en un grupo donde las decisiones se toman de una manera más o menos compartida a ser el jefe y tener músicos asalariados? - Al principio me costó mucho con Radical sonora. Quizás por eso monté una banda y el disco suena a banda. Por supuesto que he dejado a los músicos un terreno para respirar. Y esa comunicación está muy bien. Pero ya con Pequeño las cosas cambiaron mucho y asimilé más el papel de jefe que me toca. Más que nada, porque es mi carrera. En el disco pone Bunbury y Bunbury soy yo. Y el material viene fundamentalmente de un trabajo personal, aunque haya una serie de canciones en las que existe una apuesta común con la anda. Pero el proyecto, la dirección y la producción pasan por mis manos, y, en ese sentido, Pequeño ha estado cerca de la tiranía más absoluta. Y es posible que siga por esos derroteros. - O sea, que los músicos en una carrera en solitario son intercambiables. - Por supuesto. Eso no quita para que yo tenga mis preferencias. Prefiero tener una banda que me pueda dar un sonido más personal que buscar músicos que no se involucren lo suficiente en el proyecto. Pero está claro que si ahora hago un disco en el que tocan otros músicos, puede seguir poniendo Bunbury en portada igual que antes. Pero bueno, no es el caso.

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Estoy muy contento con la banda que tengo. De hecho, en Pequeño tocó gente distinta de la que llevo en directo: en los metales, en las cuerdas. Incluso hay algunas guitarras que no tocó Rafa Domínguez porque las toqué yo o Phil Manzanera. Ya estamos un poco trabajando de esa manera: primero es el disco y luego lo adaptamos al directo. - Qué ganas y qué pierdes cuando Héroes del silencio se disuelve? - Pierdo en cierto modo el apoyo de la secta de fans; el apoyo incondicional y con fe ciega que tenía; pierdo sentirme respaldado por una banda; pierdo el compartir responsabilidades, sobre todo promocionales, ya que es mas cansado hacerlo todo tú. Y gano todo loo demás. Ahora mismo es mi carrera, es mi vida… Los discos que estoy haciendo son mucho más personales y estoy más orgulloso de ellos; sobre todo del último. Gano en una libertad y en una rapidez de movimientos que no tenía Héroes. Héroes era un dinosaurio con una maquinaria ya muy pesada y todos los movimientos eran muy torpes y lentos: tomar una decisión del tipo vamos a tocar en México suponía mucho tiempo, gira estructurada, todo perfectamente hecho.. Eran decisiones que se tomaban con dos o tres meses de antelación. Yo puedo decidir ahora mismo que mañana me voy a México. No me cuesta nada tomar decisiones. Incluso puedo decidir en un momento si acepto o no el ofrecimiento de participar en un concierto con Los Panchos. Sólo me tengo que poner de acuerdo conmigo. Antes era una maquinaria lenta porque no hacíamos cosas por separado. En teoría, claro, porque yo siempre las he hecho. Pero bueno, gracias a esa libertad de movimientos he realizado un montón de colaboraciones desde que estoy fuera de Héroes y por eso tengo tantas caras B en los maxis. Esta situación me permite ser mucho más creativo y trabajar mucho más, que es lo que me gusta. - Al margen de esa facción fundamentalista de los fans que has mencionado, en general, ¿cómo asumen los seguidores del grupo la ruptura de Héroes? - Creo que cualquier persona racional asume que un grupo se separe, aunque sienta más o menos pena. Pero, desde luego, hay un grupúsculo que empieza a buscar culpables y que quiere una cabeza de turco, que, por supuesto, soy yo. Porque soy el primero que abre la boca, porque soy el primero que hace declaraciones y porque soy el primero que hace un disco. Y, encima, diferente de lo que era Héroes. Así que para ellos queda absolutamente claro quién es el culpable: <<Bunbury, que ahora quiere ser

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Spaceboy, quería que nuestro grupo idolatrado se convirtiera en una mariconada tecno>>. Tenían clarísimo contra quién ir. Y, de hecho, aparecieron en nuestras páginas de internet llamadas al boicot de Radical sonora, con frases del tipo <<cuanto antes se arruine Enrique, antes volverá con Héroes>>. Menos mal que mucha gente no les hizo caso. Pero sí que me encontré con parte de ese boicot en conciertos. En el de Zaragoza, principalmente, donde una serie de gente no aceptaba que tocase canciones de Héroes del Silencio, algo que me resultó extrañísimo. Pero en ese concierto tomé la decisión de no tocar más esas canciones en los conciertos por España. Fuera, sí, con una respuesta mucho más positiva, que es lo lógico y que era lo que yo pensaba que tenía que ocurrir: que observaran ese guiño hacia el pasado, hacia un grupo que les gustaba y que lo tomaran como algo para agradecer en vez de algo para criticar. - Si te parece, para cerrar el capítulo Héroes, ejerce de autocrítico musical en un repaso sucinto a la discografía del grupo. Comenzamos, lógicamente, por El mar no cesa. - Es un disco adolescente, con una producción que es la que más nota el paso del tiempo, entre otras cosas porque es muy de los ochenta. Pero tiene algunas de las canciones que más me gustan de la carrera de Héroes. Y creo que en esas canciones está definida la que para mí ha silo la mejor aportación de Héroes: aquello en lo que yo contribuyo melódicamente y en los textos, y la forma de tocar la guitarra de Juan. Es un disco que no puedo oír porque parece que tengo voz de pito. - Senderos de traición - Es un disco que refleja exactamente cómo éramos en ese momento y, en ese sentido, creo que es perfecto. Un disco que no tiene más ambiciones: lo que conseguimos es lo que queríamos hacer. No es El mar no cesa, que nos habría gustado que sonara de otra manera, ni El espíritu del vino, que en otras circunstancias habría sido mejor disco. En Senderos de traición están las canciones más emblemáticas de nuestra carrera –Maldito duende y Entre dos tierras-, y es un disco que nos ha dado muchas satisfacciones. Precisamente por Entre dos tierras, que en Europa ha vendido muchos singles y muchos elepés, y que hoy todavía se sigue escuchando en discotecas y clubs de Europa Central. La saben cantar hasta los alemanes. - El espíritu del vino

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- Como ocurre con la mayoría de los discos dobles, sencillo habría quedado mucho mejor, sobre todo si hubiésemos sabido contenernos y hacer un poco de autocrítica. Creo que hay canciones excesivamente largas y que tienen estructuras equivocadas. Y que muchas piezas tienen mezclas absolutamente erróneas. En ese disco hay suficiente material para haber hecho el mejor álbum de nuestra carrera. Pero no lo es, por desgracia. Aunque le tengo especial cariño, precisamente por su imperfección. Por la forma de hacerlo y por cómo estábamos nosotros es de alguna forma como el White Album, de los Beatles, en el sentido de que cada uno empezamos a desarrollar inquietudes dentro de un disco. Hay canciones que son muy Bunbury, hay canciones que son muy Juan, hay canciones que son muy Joaquín y hay cositas que son muy de Pedro. Ante la confusión en la que estábamos, permitimos todo eso. En ese sentido, también es muy definitorio de la banda, de lo diferentes que éramos. - Avalancha. - Es lo opuesto a El espíritu del vino. En vez de hacer un disco amplio de miras y apuntando a diferentes terrenos musicales, concretamos. Frente a la discrepancia musical que existía en el grupo, buscamos esa área común donde trabajar a gusto, que era lo que nos gustaba a todos en conjunto: el rocanrol. Era el único islote en el que podíamos coincidir. Por eso salió un disco tan ortodoxo. También, en cierto modo, el hecho de que lo produjese Bob Ezrin eliminó ese sonido europeo que tenía Héroes y nos americanizó demasiado. Fue el disco con el que entramos definitivamente en Latinoamérica. - No repasamos los álbumes en directo. - No me gustan los discos en directo. Ni los míos ni los de los demás, salvo algunas excepciones. No obstante grabamos tres. - ¿Asumes totalmente el legado de Héroes? - La verdad es que no me gusta ningún disco de Héroes. Completo, quizás el que más me gusta es Senderos de traición. Siempre he querido crear, esas obras que se pueden escuchar de principio a fin, que apetece escucharlas así. Pero creo que todos los discos que he hecho, con y sin Héroes, al final tienen unas canciones que me gustan más y otras que no aguantan el paso del tiempo o, al menos, el paso de mi forma de ver el tiempo y la música.

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Capítulo DIVÁN / Conversaciones con Enrique Bunbury

Big Bang Productor por accidente, editor de una revista que sólo publicó un número, circunstancial empresario discográfico, compañero de viaje en álbumes colectivos, director de sus propios videoclips… Bunbury, entre la urgencia de no poder estarse quieto y la necesidad de tener todo bajo control, aprovecha el tiempo como si el día tuviese cuarenta y ocho horas. Y junto al recuento de esas actividades, una mirada al Wilde de La importancia de llamarse… Bunbury; el recuerdo de una oferta cinematográfica que nunca consumó, con Ana Álvarez como protagonista, y los encuentros en El Escorial con Albert Hofmann, a quien debemos el LSD, y Alexander Shulguin, descubridor del éxtasis. Fue Hofmann, precisamente, quien regaló en esas jornadas un ácido al cantante, que éste nunca tomó y que guarda como un trofeo. Un poco seco, claro. Mitómano que es el muchacho.

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A

notemos, antes de pasar a otras cosas, en el haber de un tipo que no puede estar sin hacer algo, tu faceta como productor. ¿Qué te impulsa a esa actividad? - Fui a un concierto de Las Novias, en la sala Heaven, de Zaragoza, y me había tomado un ácido. Y cuando el grupo tocó El novio de la muerte pensé que esa canción era una bomba, aluciné muchísimo y dije: <<Quiero producir a este grupo, quiero sacarlo adelante>>. Y bueno, gracias a Pito conseguí un contrato para Las Novias en Polygram y nos metimos en la producción del disco. En ese momento estábamos haciendo la gira de Senderos de traición y teníamos más de cien conciertos en España. Pues en medio de esos conciertos iba a los estudios donde podía grabar a Las Novias. Así quedó… Realmente no se puede grabar un disco en esas condiciones. Tres días hoy, otros tres dentro de un mes…Aunque no vendieron mal; creo que unas 15.000 copias. Pero era una época en la que si no pasabas de 40.000 o 50.000 ejemplares no eras nadie. Luego intenté vender el segundo disco de Las Novias, que lo grabamos antes de ofrecerlo a una compañía, y no lo conseguí. Así que monté un sello para editarlo. - Hablaremos de ese sello, pero insisto en tus motivaciones como productor, al margen de cuándo surgen. El impulso, que te decía. - No me impulsa nada. Eso es lo que quería decir. Porque luego he colaborado en las producciones de Niños del Brasil sencillamente porque me pidieron que les echara una mano. Así que en un caso fue por el tripi y en otro, por amistad. Y cuando surgió colaborar con Amaral fue porque me gustaba lo que hacían. Todo un poco accidental, vaya. Y ahora con Los Elefantes, de los que ya era amigo antes de estar interesado en producirles, porque los vi un día en directo y me gustaron las canciones. Y es que realmente nunca he tenido la aspiración de producir a otros músicos. En cierto modo, como me decía mi padre cuando hice lo de Las Novias, era como un master. Y así me lo he tomado siempre, como una forma de aprender. - Que no quieres ser productor, vaya. - No, no quiero ser productor. De hecho, aunque me han ofrecido algunas, nunca he aceptado una producción de encargo y no creo que vaya a hacerlo.

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- Pero sí produces tus discos. ¿Has llegado a la conclusión de que uno es el mejor productor de sí mismo? - No creo que sea el mejor productor para mis discos. Es posible, incluso, que hacerlo no sea lo más conveniente. Quiero decir que sé que estoy perdiendo determinados aspectos de calidad sonora, pero lo prefiero así porque sé que estoy ganando personalidad. Y creo que en Pequeño, que hay una dirección mucho más mía, se ven más claramente que en Radical sonora cuáles son mis gustos estéticos. En el primer disco hay una influencia exterior excesiva. Y no sólo por culpa de Phil Manzanera, ya que creo que yo también soy responsable de eso. Pero es un disco de mirada exterior. Sin embargo, el segundo, que produzco totalmente, está más centrado en mis gustos personales. De hecho, no hay ni una nota que no coincida con esos gustos. Luego, las canciones, el sonido y las mezclas serán mejores o peores. Pero musicalmente estoy absolutamente conforme con el resultado. Aunque creo que puedo hacer producciones mejores. - Más allá de producciones no buscabas pero sí encontradas están las colaboraciones en discos colectivos (homenaje a Police, tributos a Rubén Darío y a la copla…). Supongo que las peticiones para participar en esos álbumes son numerosas. ¿Con qué criterios las seleccionas? -Durante mi época con Héroes tuvimos muchos ofrecimientos y no participamos en ninguno porque mover el buque era complicadísimo. Primero, no teníamos tiempo para grabar; segundo, para ponernos de acuerdo se necesitaban días y días de conversaciones. Y utilizábamos la democracia dictatorial: todos tenemos voto y todos tenemos veto. Podíamos haber participado en el tributo latinoamericano a Queen, en el homenaje a Tequila… Este último lo retomé más tarde en solitario, pero finalmente la canción que hice del grupo. Es sólo un día más, no salió por problemas con la compañía y porque consideré que podría confundir, ya que el álbum se iba a publicar un poco antes que Radical sonora y no quería que pareciese que eso es lo que yo iba a hacer en solitario. Luego he pensado que me excedí con las precauciones. Pero la verdad es que me gustan ese tipo e discos. Me gustan incluso proyectos que en principio no me entusiasmaban. Me parece interesantísimo meterse con el repertorio de un individuo, aunque no sea tu artista favorito. Nadie me ha propuesto hacer una canción de Iggy Pop o de Leonard Cohen. Nadie quiere hacer tributos a la gente que me entusiasma. Pero aún así me gusta. Es hacer cosas de encargo, pero a la vez, personales.

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- También está tu incursión en las bandas sonoras de películas. En la de Shacky Carmine colocas la canción Nada. - Leí el guión y no tuve una idea clara de cómo iba a ser la película, pero me apetecía porque era un director joven y me lo pidió personalmente. Aunque el guión no me hubiese gustado nada creo que lo hubiera hecho. En definitiva pensé: <<Yo no voy a ser responsable de la película, voy a ser responsable de la canción. Si la película es mala, es cosa del director>>. - Pues ya que estamos con tus relaciones profesionales con el cine, aunque sean breves y a través de la música, obligado parece preguntarte si han tenido ofertas para trabajar como actor. - La respuesta es sí. - ¿Y te las planteaste seriamente? - Claro que me las planteé seriamente. Y la conclusión es que no tenía ningún interés en ser actor. No me gusta. Creo que no va con mi carácter. Me siento más cercano a… - ¿La dirección? - Sí, a aspectos en los que controles más el producto final. En definitiva, es lo que más me jode del actor, aunque quizás haya que tener una vocación que yo obviamente no tengo, pero creo que el actor tiene tan poco control sobre el producto final que no me interesa ese trabajo. Además, conforme va pasando el tiempo cada vez tengo menos interés en ser famoso físicamente, en ser reconocido por la calle. Y creo que para ser actor hay que tener cierta vanidad… física. - ¿De qué película hablamos cuando hablamos de las ofertas que te hicieron para actuar? - Me ofrecieron trabajar en Dile a Laura que la quiero. Y una forma de negarme fue decir: <<Bueno, sólo aparecería en la película si tengo escenas de cama con Ana Álvarez>>. Me dijeron que no estaba previsto que ella participase en la película. Pero pasó el tiempo, porque la película se rodó varios años después, y apareció Ana Álvarez. No he visto la película, pero creo que sí hay alguna escena de cama… que me hubiese tocado. Tuve también tres o cuatro propuestas más para películas que no sé como se llamaban ni sé si llegaron a rodarse.

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- No eres actor ni realizas todavía películas, pero sí has decidido recientemente ser el director de los videoclips de tus canciones. Habrá que convenir que, entre unas cosas y otras, eres más artista que Raphael. - También es algo accidental. No hace mucho, el presidente de la compañía de discos me decía que no sabía si era bueno que yo tuviese tanto afán por controlar mi carrera. Bueno, dijo <<mi producto>>. Y yo le decía: <<No, no es que tenga ese afán, es que cuando se me escapa algo de las manos acaba por disgustarme. Y lo hago porque las cosas queden con una estética acorde con la que yo tengo>>. La verdad es que me gustaría que los videoclips los rodara otro, porque yo no tengo los conocimientos para hacerlo, pero otra persona que tuviera un sentimiento afín. Admiro los casos de The Cure, Bowie o Marilyn Manson. Gente que consigue crear una estética personal a través de una relación cercana con un director. Me encantaría que eso me ocurriera. De hecho, es lo que perseguí con mi hermano, pero por circunstancias ajenas a mi voluntad, y creo que incluso también a la suya, no ha podido ser. Total, que al final me estoy metiendo en berenjenales en los que no sé si continuaré, porque no tengo tanta ilusión por ese trabajo. - O sea que algunas cosas las haces más por una necesidad de tener el control que por un afán de demostrar que sabes hacer de todo. - Es que soy antirrenacentista. Creo que soy limitado y me gustaría concentrarme en lo que creo que hago mejor. Eso y tener alrededor un equipo de gente que pudiera suplir todas esas carencias que tengo. Pero me estoy metiendo en todos los lados. - Decías que montaste un sello discográfico (A la inversa) para editar el segundo álbum del grupo zaragozano Las Novias. ¿Qué tal fue la experiencia como empresario? - En cierto modo, fue como cometer los errores que cometen todos los músicos que tienen una carrera suficientemente larga. Yo estoy ya muy cerca de cometer casi todos. Montar un sello es un error porque es un marrón, a no ser que tengas vocación de empresario, que no es mi caso. Un poco por rentabilizar, se me ocurrió editar el disco Zaragoza vive, pensando que era una idea que alguien debería haber tenido antes. Es más: siempre pensé que es un trabajo que debía tener continuación. Ese primer disco era una forma retrospectiva de dar a conocer toda una serie de grupos que en un momento dado había en Zaragoza, que merecían

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una consideración. Era también una forma de aportar mi granito de arena a la memoria histórica, que me parece que es una de las grandes carencias que existen en España a la hora de juzgar a cualquier músico. Creo que no se valora a un músico por lo que ha hecho, sino por su último disco. Es más: se alaba a muchos grupos sin tener idea de dónde vienen. Bueno, el caso es que creo que hace falta un segundo volumen, e incluso un tercero, de Zaragoza vive. - Discos que no editarás tú, me parece. - No, no, no. He vuelto a pensar en montar un sello discográfico, pero bajo otra perspectiva. Lo que me interesaría es montar un subsello en alguna compañía donde yo tuviese un puesto de AR 14 y poder fichar a grupos e incluso producir a algunos de ellos. Eso, con un equipo de marketing propio para hacer un trabajo de campo que no hacen las compañías grandes. Pero meter mi dinero, ser un empresario y tener que estar pensando en distribuidoras, radios y todo eso, no; me aburre. Sólo pensarlo ahora ya estoy bostezando. - Otra aventura fue la edición de la revista monográfica Avalancha Magacine, de la que sólo se editó un número. ¿Cómo se te ocurre hacerte editor… literario? - Bueno, Avalancha fue para mí un disco muy reivindicativo. Es más: diría político y social. Era un momento en el que me parecía imprescindible la acción. Me parecía legítimo que el músico, a través de todas sus actividades, pudiera despertar inquietudes en su público. Me parecía positivo. Ahora no estoy tan convencido pero entonces pensaba que un disco lo podía redondear de alguna forma mostrando lecturas o autores que me habían influido para llegar a escribir cosas como Avalancha o Iberia sumergida. No lo hice directamente con los autores que me habían inspirado, pero sí tratamos unos temas que estaban en el disco; por eso la revista se llamaba Avalancha. Se trataba de decir a los chavales: <<No os quedéis en Héroes, descubrid que Héroes hemos escuchado a todos estos grupos>>. Si podíamos hacer eso, estábamos ejerciendo una influencia positiva. Una influencia que era individualista: edúcate a ti mismo, busca por ti mismo a través de la curiosidad, que creo que es el motor de la sabiduría. Y 14

Artista y repertorio. Persona que decide en una compañía de discos a quién se graba y a quién no, vaya.

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buscamos a una serie de colaboradores para hablar de temas que nos interesaban en ese momento. Me interesaba especialmente la política, pero es de lo que menos se habla en la revista. También estaba el asunto de las drogas, aunque para entonces ya se había dicho todo en ese terreno porque se habían celebrado los cursos de El Escorial con Sánchez Dragó y Antonio Escohotado, a los que había asistido; había tenido charlas con Hofmann, el descubridor del LSD, que murió poco después, y con Shulguin, el descubridor del éxtasis. Todo eso me había satisfecho lo suficiente y no quería seguir con el tema, pero aún así lo introdujimos como un resumen. - Detengámonos en esos encuentros con Hofmann y Shulguin. - Fue durante un curso que se llamaba Desobediencia civil y estado alterados de conciencia. Era un curso que organizaban Sánchez Dragó y Escohotado. Y paradójicamente se intercambiaron los papeles: Sánchez Dragó llevaba el tema de los estados alterados de conciencia y Escohotado, el de desobediencia civil. Yo estaba con Silvia Grijalva 15, Copi y Olvido16. Éramos la cuadrilla de fans y hablábamos con quien podíamos. Y una noche, en una terraza, nos sentamos en una mesa a charlar con Escotado, Hofmann y Shulguin. La verdad es que no hablamos del contenido de los cursos, sino de que habíamos conseguido opio y de que íbamos a probarlo. Y Shulguin, que estaba con su mujer, una anciana venerable, se quería ir porque decía que había muy mala energía en El Escorial. Estaba muy concienciado con las energías y utilizaba las drogas para captar energía positiva o negativa en lugares y personas. Escotado también contó sus propias teorías sobre cómo descubrir tu estado de salud a través del estado del cabello. Y Hofmann me dio un ácido que nunca llegué a tomar. Lo guardé así como en una vitrina y ahí debe de seguir. Un poco seco. - Avalancha Magacine fue una publicación que no tuvo continuidad… - Creo que en ese número explicábamos que era monográfico y único. Aunque luego, con Radical sonora, pensé en hacer otra revista más musical, pero no tuve tiempo.

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Periodista musical. Escribe en el diario El Mundo. Olvido Gara. Alaska, o sea.

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- Has mencionado el individualismo como impulsor de búsqueda, filosofía que propugnabas hace unos años. ¿Todavía es tu motor de arranque? - Digamos que soy muy… bipolar. Veo en el individualismo una serie de inquietudes y creo que hay ciertos aspectos en los que se debe trabajar en comunidad. Dependiendo del momento en el que me encuentre, tiendo más hacia uno u otro lado. Cuando Avalancha, estaba en una época muy, muy individualista. Era como: <<Quien quiera peces que se moje el culo. No espero absolutamente nada del estado ni de las instituciones; lo único que puedo aportar para que las cosas cambien es mi propio impulso. No confío ni en el gobierno ni en ONGs>>. Radical sonora es un disco megaindividualista. Pequeño, en cambio, no lo es en absoluto. Para hacer este disco viajé por España, por primera vez en años, moviéndome por pueblecitos. Fue una forma de reconciliación con el pueblo, de ver que, efectivamente hay muchas cosas en común con el humilde, aunque nuestras formas de vida difieran. - Antes de seguir con otros asuntos, y ya que hemos mencionado Avalancha Magacine, quiero conocer tu opinión acerca de la bibliografía que habéis generado Héroes y tú: los dos libros sobre el grupo, escritos respectivamente por Patricia Godes y Arturo Blay, y el volumen que también Blay elaboró sobre ti. - No los he leído. Bueno, hace poco leí un capítulo del libro de Blay sobre mí, justo el que habla de la disolución del grupo. Y de los dos de Héroes también he leído sólo fragmentos. La verdad es que no estoy tan interesado en mí mismo. - Pero seguro que con esos fragmentos te has formado una opinión. - Sí. El libro de Patricia Godes me sentó mal en principio porque estaba muy centrado en los fans y en cómo vestirse como un Héroe del Silencio. Me parecía un poco frívolo. Aunque ahora le veo la gracia. Y los de Arturo Blay, no sé; no tengo una opinión muy clara. - Cito a Herman Melvilla: <<Llamadme Ishmael>>. Si digo llamadme Bunbury, ¿a quién cito? - Viene de una chica que se llamaba Eva Bunbury y de una serie de circunstancias que rodearon ese momento de mi vida. Estoy hablando de cuando tenía catorce años. Era un momento en el que con las personas que

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trataba tenía conversaciones en torno a que quería montar un grupo o a que ya tenía uno y quería tener otro y alguien sugirió nombres. Vivía también una <<época Oscar Wilde>>, estaba leyendo sus obras de teatro, y en La importancia de llamarse Ernesto estaba ese personaje que utiliza el nombre de Bunbury para ocultar una vida paralela que lleva. Y en cierto modo me pareció un buen seudónimo. Pero en principio iba a ser el nombre de un grupo. La verdad es que no tiene más misterio. - Mas pareces partidario de que un artista busque un nombre que marque las distancias entre la persona y el creador. - En aquel momento, quizás más inteligentemente que en la época de Héroes, me parecía que un músico debía tener una doble vida; una cara pública y una vida privada que consistiría en las cosas que todo el mundo hacemos: comer, comprar, vestirse, ir al cine o ir al campo. Entonces veía lógico diferenciar ya desde el principio esas dos facetas, quizás incluso para no confundirme. Aunque la realidad fue muy distinta, porque la verdad es que en la época de Héroes estuve muy confuso durante mucho tiempo y realmente vivía como una persona pública constantemente; como Enrique Bunbury, la estrella del rock. No existía el Enrique Ortiz de Landázuri que yo pensaba que debía existir. Más tarde ha ocurrido un poco al revés: Enrique Ortiz de Landázuri es el que también se sube al escenario, pero porque Bunbury se acerca más al tipo de la calle. - Bien, hablemos de Radical sonora, tu primer disco en solitario. Tengo la impresión de que tenías escritas las canciones de ese álbum mucho tiempo antes del anuncio formal de la disolución de Héroes. - Había muchas que estaban escritas en la gira de Avalancha. Quizás eso es lo que me salvó de no volverme loco en esa gira, porque, como te he dicho antes, en enero o febrero estaba decidido que el grupo se separaba, y hasta septiembre, cuando presentamos el disco en directo, no lo anunciamos. Entonces, durante ese tiempo, mi única diversión era trabajar en un nuevo proyecto, que maduraba pensando y reflexionando sobre la música. Hacía mi diario en el ordenador y, a la vez que componía canciones, pensaba en la producción del disco. Y fui grabando canciones en estudios de Los Ángeles, Guatemala y Puerto Rico. De ahí salió el grueso del disco: Alicia, Encadenados, Servidor de nadie, Salomé… - No entonces, porque obviamente tienes que defender tu trabajo, pero sí a raíz de la publicación de Pequeño, reconoces que Radical sonora no

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reflejó con fidelidad las apuestas que pretendías mostrar en solitario. ¿Qué le faltó o qué le sobró a ese álbum para aproximarse al ideal buscado? - Cuando terminé Radical sonora estaba convencido de que el disco era como yo quería. Pero es que pensaba en aquel momento que era un disco más árabe de lo que ahora veo que es. De hecho, toda la promoción iba por ahí: filmación en Marruecos, fotos hechas durante un recorrido entre Tánger y el Sáhara… Incluso la presentación iba a ser en Marrakech y estuvimos hablando con varios músicos de allí para que colaboraran y tocásemos las canciones con una sección de cuerda y una percusionista. Luego no lo presentamos allí, pero vaya. En fin, que ahora veo que el peso de lo árabe en Radical sonora no era tanto como pensaba, teniendo en cuenta que para mí era como una característica esencial. Porque lo que pretendía con ese disco era aproximar el rock a la música electrónica, pero no desde la perspectiva anglosajona, porque eso era imitación de U2, de Bowie o de Depeche Mode; o un acercamiento a Prodigy o a Chemical Brothers. Lo que tenía muy claro era que quería hacer eso, pero con una fuerte carga de cultura española, mezclando lo árabe y lo andalusí. Al final eso se diluyó y me quedó el cóctel mucho más tecno-rock de lo que creía. - Actualmente, ¿cuál es tu interés por la música electrónica? - La música electrónica me sigue gustando para escucharla, como hago con otos muchos estilos que luego no incluyo en mis discos. Pero a raíz de Radical sonora me he quitado el miedo hacia la utilización de la tecnología y de las máquinas en la música; sobre todo, de determinadas máquinas como el ordenador. De hecho, en Pequeño hay mucho más ordenador de lo que la gente cree. En todas las canciones hay ordenador. Y es un instrumento que voy a seguir utilizando. Me gusta mucho trabajar con él. Incluso para hacer música que no sea electrónica. Ahora mismo, para mi carrera futura la música electrónica me interesa menos como género que como instrumentación: desde las cajas de ritmos de los ochenta hasta el ordenador, pasando por secuenciadotes y sintetizadores. - En qué nivel sitúas la ruptura que supone la oferta de Radical sonora respecto a las propuestas de Héroes? - Pensaba que era un disco rupturista, pero ahora lo veo como un disco de Héroes. Primero, porque suena a grupo; no me parece disco de autor. Por otro lado, me parece que hay aspectos muy rockistas en ese disco que creo

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haber abandonado en Pequeño; cuando menos la mayor parte de ellos. Hay también una forma de cantar que está muy cercana a Héroes y que ahora he dejado. Pero tiene una serie de elementos que han hecho posible Pequeño y los discos que haga en el futuro. Creo que es un disco de transición, como todo, pero más claramente, porque tiene un pie en el rock, otro en el mundo árabe, otro en la música electrónica y una clara intención de búsqueda, experimentación y aprendizaje. Ése es uno de los pilares básicos para seguir adelante. - Radical sonora es también un primer ejercicio de búsqueda de nuevas formas de escritura, más directas y menos barrocas, que luego se muestran más explícitas en Pequeño. - Creo que esa forma de escritura empieza en Avalancha. Los dos primeros discos de Héroes no son especialmente complejos; hablan de relaciones. Quizás fuera necesario conocer a la persona de la que hablo, pero tampoco lo veo estrictamente fundamental. Hay, como dije, un disco especialmente complejo que es El espíritu del vino, con referencias a libros en los que me había sumergido, sueños, referencias a culturas asiáticas, escritura automática, drogas… Realmente confuso. Y a partir de ahí comienza una bajada a tierra con Avalancha, un disco más claro, social y político. En Radical sonora, creo que la concreción es más clara aún, y Pequeño carece de toda metáfora y simbolismo. Creo que es un disco claro y desnudo, aunque espero que no obvio. - Y argumentalmente, respecto a los asuntos de los que tratan las canciones, ¿Radical sonora supones un corte con el imaginario de Héroes? - No. Avalancha es un disco social, pero tiene esos toques de individualismo que aparecen luego en Radical sonora. Y Pequeño no tiene nada que ver con ninguno de los dos: es la toma de conciencia de las cosas que tengo en común con el resto de los mortales.

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Capítulo DIVAN / Conversaciones con Enrique Bunbury

Alicia… en el país de las maravillas Política, religión, drogas y sexo. Cuatro patas para una mesa sobre la que hablar sin pelos en la lengua. Se autoafirma Bunbury en un cierto yo libertario contra lo establecido, mientras aporta una reflexión, no por peculiar menos valiente, sobre un componente social que a él le arrebató un hermano: la violencia. En la que fue su aproximación a las religiones (las orientales sobre todo) no descarta un cierto sentimiento de culpabilidad por ser uno de los privilegiados en un negocio que considera, y anoto sus palabras, una de las mayores trampas capitalistas: el del rocanrol. Búsqueda espiritual y divertimento se conjugaron en su relación con las drogas, cuya legalización defiende. ¿Y el sexo? Enrolado en su época de Héroes en un maratón erótico juvenil que repasa ahora a regañadientes, el músico apunta que actualmente ya no está en oferta en el supermercado de la testosterona. Ver para creer.

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B

ien. Partamos de los textos de Radical sonora para adentrarnos en algunas de tus posturas vitales, como la afirmación de un cierto yo libertario contra lo establecido. ¿Cuándo desarrollas esa actitud? - Empieza con El espíritu del vino. Leí el libro Hacia una historia sin estado, de David Friedman, y el de Fernando Arrabal, Cartas a José María Aznar (con copia a Felipe González). Ambos defendían posturas cercanas a un anarquismo liberal, proponiendo la desamortización del estado. Desde el reproche hacia la corrupción y la picaresca naturales del ser humano, pretendían, y lo suscribo, desarticular el gran poder que se les otorga a los hombres de estado y convertirlos en administradores de la riqueza del país. Algunas de sus ideas no acabo de aceptarlas, como su defensa del sufragio censitario17, retomando la concepción platónica de la democracia: determinadas cabezas serían las que tomarían las decisiones en nombre del pueblo. De todas formas me parecía interesante cuestionar las bases del sistema de gobierno, sobre todo en un momento clave en España, que coincide con el máximo nivel de corrupción y robo del PSOE; un momento en el que me parecía determinante la acción. Felipe González se conformaba con satisfacer las necesidades de sus grandes grupos de votantes: pensionistas, agricultores y funcionarios. - ¿Sigues manteniendo esa postura, aunque sea con matices? - Sí, por supuesto. Lo que pasa es que entonces pensaba que había que actuar, que era una obligación hacerlo. Y sigo pensando que defender esa libertad de opciones es parte del deber de los artistas o de los creadores. Pasé también por una época en la que pensaba que hablar de política o de asuntos sociales era un rollo macabeo, digno de cantautores de la transición política española. Pero en el momento del que estamos hablando tenía políticamente como objetivo echar al PSOE del gobierno para que se normalizase la situación. - La leyenda dice que te comprometes hasta el punto de apoyar públicamente al Partido Popular. - Eso no es verdad. Eso apareció recientemente en El Periódico de Cataluña, pero no por ello es cierto. Nunca apoyé abiertamente al PP. Desgraciadamente, en este país se tiende cada vez más al bipartidismo y desear que el PSOE fuera derrotado en las urnas y abandonara el gobierno se interpretó como un apoyo al PP. La verdad es que a día de hoy no 17

Derecho al voto, ejercido en función de las propiedades que se poseen.

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diferencio tanto las políticas de uno y otro partido. Supongo que coincido en algunas cosas, sobre todo en lo social, con la izquierda, y en materia económica, más con el PP. - No obstante, parece que te sitúas fuera del ámbito de los partidos políticos. - Sí, porque ningún partido comulga con la desamortización del estado. Que bueno… Fernando Arrabal llegaba en ese sentido a proponer vender el Palacio de la Zarzuela, sacar a subasta La Moncloa, que ningún mandatario viviese en casas que pagara el estado y, por supuesto, que los miembros de la familia real tengan su sueldo como diplomáticos y se paguen con él su casa. Arrabal también quería vender el Ministerio de Cultura y ahí sí que estoy en cierto modo de acuerdo, porque la verdad es que me horrorizan las subvenciones. ¿Por qué la cultura la debe subvencionar y dirigir el estado? Se trata de evitar que la cultura sea partidista. Sólo los artistas que les chupan el culo a los políticos, los pasilleros, se benefician del sistema. Los demás siempre salimos perjudicados; con el PSOE y con el PP. - Siguiendo con los asuntos políticos, lo que no puedes negar, porque lo has hecho público en entrevistas, es un a postura crítica con eso que llamamos democracia formal. ¿Cuál es tu ideal, más o menos posible, de organización política? - Es algo complejo. Antes ya hablaba de posturas, y algunas, como el sufragio censitario, me parecen realmente fascistas. Pero sí creí durante una época, aunque ahora no lo tengo tan claro, en las grandes posibilidades de Internet a la hora de crear una hiperdemocracia, que fue uno de los primeros temores de los Estados Unidos cuando se creó Internet. Consiste, básicamente, en que los abonados a la red, algo que podía facilitar el estado, podríamos asistir a las sesiones parlamentarias y votar cualquier proyecto de ley. La verdad es que fue una posibilidad que me pareció muy interesante, pero no tengo las cosas muy claras. Sé que la democracia es el mejor de los sistemas políticos y desde luego es preferible vivir en paz que vivir en una rebelión constante, en una dictadura o en un sistema comunista. Pero también pienso, por otro lado, que el sistema capitalista tiende a anular al individuo para convertirlo en algo productivo. O produces o se te margina; tienes que enfocar tu vida a la producción. Eso me parece inhumano. No obstante, pienso que a partir de la democracia se podían investigar y cuestionar muchas cosas de nuestros sistemas de vida.

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- Uno de los elementos consustanciales a cualquier sociedad es la violencia. Con la muerte, absurda y violenta, de uno de tus hermanos viviste muy de cerca esa situación. ¿Has reflexionado sobre el hecho de la violencia? - Creo que la sociedad nos presiona tanto para crear ese hombre productivo de que hablaba antes, que realmente en cuanto llegas a la marginación te ves sometido a una presión peor todavía, que es el saberte fuera y saber que no puedes alcanzar esos estados de bienestar que te prometen si entras dentro del juego. En ese sentido, llego incluso a entender la desesperación y la crisis del individuo, pero pienso también que el hecho de que el estado promueva la producción masiva y el modelo publicitario que vemos por la televisión anula unos sistemas éticos y morales que en cierto modo el hombre del campo, el hombre anterior a la revolución industrial tenía mucho más claros, unos sistemas morales que en todo el mundo tenían una conexión con la naturaleza. Esa conexión se ha pedido y nos ha hecho perder ciertos valores éticos y morales. Y es lo que nos hace llegar a que un individuo no piense en positivo, no valore su vida. Por eso no valora la de los demás. - Es una reflexión que supongo que te produjo ciertas contradicciones cuando ocurrió la muerte de tu hermano. . No. Obviamente, no todos en mi familia pensaban igual, pero es que yo estaba entonces en una época muy orientalista y por supuesto que tenía un concepto del karma y del destino muy arraigado, cosa que creo seguir teniendo. Y pensaba que el mayor castigo que le podía ocurrir a ese individuo no era un castigo judicial o legal, no era perseguirlo hasta hundirlo en la miseria y hacerle pasar la peor de sus pesadillas, sino que su propia vida iba a ser un castigo. Eso me hacía ver las cosas con más frialdad… O de una forma más clara, no lo sé. Nunca he creído en el sistema judicial, nunca he creído que realmente ése sea el camino para castigar a alguien que hace algo así. Incluso a veces he pensado en aquello de ojo por ojo, diente por diente, que creo que es la base del sistema judicial. Pero, sin embargo, ¡es tan injusto que un individuo que ha cometido un crimen de esta magnitud o mayor, como los terroristas que matan veinte o treinta personas, a los treinta años, como máximo, salga de la cárcel! Como ese castigo me parece insuficiente, prefiero pensar en uno realmente ejemplar: sus propias vidas van a ser desgraciadas, horribles. Y los que creemos en que es posible la

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reencarnación pensamos que van a tener un castigo suficiente y seguro, como reencarnarse en cucarachas. Quiero decir: por mucho que el asesino vaya a la cárcel, nadie me va a devolver a mi hermano. - Por ese descreimiento en el sistema judicial, supongo, eludiste formar parte del jurado en un proceso. - ¿Quién soy yo para juzgar a los demás? Supongo, además, que este modelo de jurado viene del modelo norteamericano, y ya ves en las películas cómo trampean la situación. Imagino que eso ocurre también en los juicios reales. Coger la ley y darle la vuelta. Mil posibilidades que existen. ¿Son atenuantes ir drogado y borracho? No sé. Me hace incluso más gracia lo de Salomón: que pudiera juzgar alguien realmente sabio o justo. - No abandonamos aún el terreno político-social, aunque visto ahora desde una perspectiva de revista de la víscera: ¿qué me dices de aquella audiencia que tuviste con el Príncipe? - Cada vez tengo que responder menos a esto, pero hubo una época en la que me lo preguntaban siempre. Y conforme ha ido pasando el tiempo, más claro tengo que no era incoherente entrar en La Zarzuela, que nos diera un premio el Príncipe y luego declarar a la salida: <<Bueno, yo soy antimonárquico>>. El hecho de ser antimonárquico no me hace ser un individuo que pone bombas en La Zarzuela, ni un maleducado; simplemente no creo en la institución monárquica. El hecho de que no piense de la misma forma… Me imagino que el Príncipe sí es monárquico… - Por la cuenta que le trae. - Claro, claro. Pero imagino, decía, que el hecho de que mi forma de pensar no coincida con la suya, no me impide hablar con él. Es más: me parece lo lógico. Me gusta más hablar con personas que no coinciden del todo con mi forma de ver las cosas, que con espejos de mi forma de pensar y reflexionar, porque eso es un rollo. Y la verdad es que posteriormente se me invitó a una comida con Aznar y me pensé muy mucho el ir. Pensé que, si aceptaba, la gente iba a pensar que por el hecho de comer con él le voto. Era una comida a la que íbamos varios autores con Teddy Bautista, el presidente del Consejo de Dirección de la Sociedad de Autores, para reflexionar sobre el mundo de la música, la propiedad intelectual y esas

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cosas. Hablar con un apersona no significa coincidir ideológicamente con ella. - ¿Comiste finalmente con Aznar? - No fui porque hubo un atentado y se suspendió la comida, pero estuve muchos días pensándolo. Incluso le dije a mi manager que si iba no quería que hubiese ningún puto fotógrafo, porque la reunión con el Príncipe, inocente de mí, pensaba que iba a ser algo íntimo e informal y nos encontramos con todo el protocolo y veinte mil fotógrafos. Y claro: la compañía de discos mandó una foto a todo el mundo. Pero aun así no creo que cometiera ningún crimen. - Más cotilleo: ¿manifestó el Príncipe alguna preferencia musical? - Pues sí. Dijo que le gustaba mucho lo que hacíamos Héroes y que nos había en un concierto en Estados Unidos, que le gustaban Led Zeppelín, Dire Straïts… No recuerdo que dijera ni siquiera los Beatles. La verdad es que fue un encuentro más corto de lo que me imaginaba. - Siguiendo con los textos de Radical sonora y conectándolos con tu propio estar en la vida, una canción como Despacio deja entrever una filosofía de la existencia algo conectada con una cierta espiritualidad no occidental. ¿Estoy en lo cierto? - Bueno, hay cosas que me gustan de diferentes formas religiosas, espirituales o éticas de ver la vida, pero a día de hoy con quien más conecto es con los indios americanos: los indígenas, que siguen viviendo de ciertas formas tanto en Bolivia como en el Amazonas o en Guatemala, e incluso algunos pueblos indígenas de México. Todos tienen una inclinación hacia el politeísmo y sostienen que los dioses están en la naturaleza y te rodean. Eso lleva a una infravaloración del individuo que creo que es muy semejante a lo que sentimos cuando de repente estamos en medio del océano, en un desierto o en un bosque y nos vemos pequeños. La naturaleza nos recuerda lo hormiguitas que somos. Y creo que es la gran enseñanza que les ha dado a los indígenas el estar en contacto permanente con la naturaleza y quizás también el hecho de consumir ciertas drogas. Creo que les ha ayudado no sólo a ver el objeto físico, sino también a ver la energía que lo rodea. Prácticas que pertenecen a pueblos distintos de Latinoamérica. Con eso es con lo que más coincido, y Despacio tiene mucho que ver con eso porque era una canción sobre el latino de la tierra.

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Comenté incluso en una conversación que la tierra tiene una nota musical, dentro de la escala cósmica. Los orientales creen que hay una escala y que si pudiéramos oír la nota gravísima que crea el movimiento de los planetas, a la Tierra le correspondería una nota entre si y si bemol. Y ésas son notas curativas. Por ejemplo, la mayoría de los ragas hindús están entre sí, sí bemol, do. Entonces, la idea era crear un dub, una música obviamente relajante, en esa nota, pensando que incluso íbamos a hacer una canción terapéutica, porque dicen que el si cura los dolores de cabeza. - Todo lo anterior nos lleva directamente al asunto de las religiones a las que te has acercado. ¿Qué buscabas en el hinduismo, el budismo o la santería cubana? - La verdad es que no lo sé, pero es una inclinación que he tenido desde siempre. Siempre me han influido las religiones, pero no desde una perspectiva practicante, sino intelectual. Quizás fui haciendo mi peregrinación vital por varias religiones para coger un poquito de cada una y elaborar mi filosofía personal. Buscaba, creo, formas de entender la vida que me parecían más satisfactorias que las que encontraba en la religión que había recibido. Una de mis grandes frustraciones es no haber podido ir a la universidad, y, por eso, al no tener estudios superiores, he querido hacer mi propio aprendizaje en la calle, en los viajes… Y eso me llevó primero a Nepal, país hinduista y budista y luego a la India, donde no entendí nada hasta varios viajes después, cuando he visto una relación con el politeísmo que me interesa. La verdad es que del budismo me interesó muy poco. Hay un libro para mí fundamental, que es Sidharta, de Hermann Hesse, que lo he leído dieciocho o diecinueve veces y cada vez entendí una cosa. Pero con lo que me he quedado de ese libro es que el budismo lo que predica es que cada uno debemos seguir nuestro camino para encontrar la forma de llegar a alcanzar el nirvana y que el budismo como religión organizada es ridículo y no tiene ningún sentido. - En el caso de la santería tuviste una aproximación… ligera. -Sí. Y muy folclórica, además. Cuba tiene ese lado festivo y muy atrayente para el español, pero también ofrece esa cara oscura de la santería. Lo que pasa es que había muchas cosas que no entendía, como comprar santos para tener uno propio. Y luego, siendo vegetariano, no entendía los sacrificios

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bárbaros que hacían de animales. Ahora los entiendo más, pero entonces me daba grima. - Actualmente, ¿en qué posición te encuentras respecto a las religiones? - Por un lado, veo que hay muchas conexiones entre todo lo que he vivido, incluso con el cristianismo, del que salí con un rechazo absoluto y ahora me interesa más. Quizás, porque muchas cosas del indigenismo aparecen ya en el cristianismo y por todas las teorías sobre Cristo antes de que empezase a predicar. La verdad es que a la gente le gusta más que hable del indigenismo y de Latinoamérica que del cristianismo. Hablar del cristianismo produce rechazo, porque al que es cristiano le parece una herejía todo lo que digo, y al que no lo es, por la educación que hemos recibido de críos, le repele. ¿A quién no le han dado una hostia los curas? - No sé si me has respondido a la pregunta… - Tengo un poco abandonado el asunto, coincidiendo con el inicio de mi carrera en solitario, que me ha hecho concentrarme muchísimo en la música. Aunque en un año o dos retomaré mi pasión por los estudios de las religiones y por los viajes. - Dado que la historia del rocanrol está llena de contactos entre los artistas y las religiones orientales, es inevitable preguntarte cuánto había de exotismo de estrella del rock en tu interés por esos asuntos. - En otras cosas reconozco abiertamente una conexión con los mitos del rocanrol, pero en el caso de las religiones no ha tenido nada que ver, ha sido muy anterior a estar en la música. - De cualquier forma, ¿tienes una explicación para esa tendencia orientalista de los rockeros? - No he reflexionado sobre eso, pero durante un tiempo, aunque no creo que fuera la razón que me llevó a la India, con mi forma de ver las cosas y de sentir la vida sentía culpabilidad por ganar tanto dinero. Y por hacer algo que conecta con tu interior, con tu sensibilidad, pero que es una de las mayores trampas capitalistas: el rocanrol. Es como estar pensando en una dirección y, sin embargo, estar dirigiéndote a otra y siendo engullido por aquello contra lo que estás luchando. En ese sentido, me hace mucha gracia que Sony edite los discos de Rage Against The Machine. Es la demostración de la capacidad del sistema para engullir a sus propios

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detractores y sacar un beneficio de ello. Es algo fantástico; fantástico porque es la mayor de las ironías. - Durante la conversación ha ido saliendo el asunto de las drogas, pero vamos a tratarlo ahora con algo más de perspectiva. ¿Te acercas a las drogas de la misma manera que o haces a las religiones, desde posiciones que podemos llamar intelectuales, o simplemente por el deseo de pasarlo bien? - Creo que por ambos motivos a la vez. Por untado, su consumo en Occidente tiene una única utilidad, que es la vía lúdica, y en cierto modo es posible que por ahí buscase una excusa para tomarlas de una forma en la que tuviera una coartada intelectual. Eso me hizo interesarme por los teóricos de las drogas. Pero lo que tengo muy claro es que las drogas no se usan aquí de la misma manera que en las tribus, con las excusas que yo considero válidas al día de hoy y que creo que van a seguir siendo válidas: los usos terapéuticos y los religioso-espirituales de conexión con un más allá que no somos capaces de ver con nuestros ojos. Ninguno de los dos se utiliza en Occidente y ninguno de los dos los utilizamos los ciudadanos de a pie. Y el que diga lo contrario miente. - Y desde esa postura de consumidor occidental, ¿qué balance haces de tu propia experiencia? - Me lo he pasado muy bien. Hombre, he tenido otras experiencia, digamos más introspectivas. Nunca he sido en una ciudad; siempre en un viaje. En México casi todas. Y la verdad es que cada vez más voy reduciendo mi campo de drogas, para utilizar sólo algunas y en circunstancias y lugares muy concretos. El lugar, las personas que te acompañan y sus circunstancias particulares son muy importantes a la hora de tomar drogas. Cuando alguien en una discoteca intentaba venderme peyote, pensaba: <<¿Qué haces en una puta discoteca tomando peyote?>> No entendía nada. - ¿No estás por el uso de las drogas como estimulantes creativos? Tomarlas antes de un concierto, por ejemplo. - Nunca lo he hecho. Creo que alguna vez me emborraché en un concierto. Antes de salir al escenario y una vez en él. Era mi cumpleaños y nos bebimos entre Alan y yo una botella de coñac. Fue durísimo. Hicimos un concierto de tres horas y me desmayé cuando terminamos. Fue extenuante estar sudando y bebiendo coñac. Y otra vez, en un concierto que hicimos en Madrid, vino Phil Manzanera y me tomé un éxtasis, que me subió casi al

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final de todo. Justo cuando Phil entró en el escenario. Me daban ganas de abrazarlo, de besarlo… <<tú eres mi hermano, brother…>> Una pasada. La verdad es que no le veo mucho sentido. - ¿Apoyas la legalización de las drogas? - Por supuesto. Y no sé si me va a salir bien el discurso, porque lo he repetido muchas veces y otros lo explican mucho mejor que yo. Pero en definitiva, creo que todos los grandes males que ocasionan las dogas, que son obvios, se eliminarían con su legalización: la adulteración, la delincuencia, el narcotráfico, el blanqueo de dinero y el sida. Es la prohibición la que ocasiona todo este daño. Lo tengo clarísimo. Es más: con la legalización creo que eliminaríamos otra de las causas de la masificación de su consumo, que es la prohibición en sí misma; eso es algo que llama mucho la atención a los más jóvenes. - Cambio de tercio y vuelta a tus anotaciones en el diario de Avalancha. Escribes: <<Tengo miedo, soy un cobarde. Salomé me lo decía: no se enfrentarme a las relaciones interpersonales; a la hora de las dificultades huyo>>. ¿Sigues tal cual o has cambiado? - Supongo que afronto más determinadas circunstancias, sobre todo con las personas cercanas, pero sigo pensando que no soy quién para juzgar ni para enseñarle a vivir a nadie. Entonces, me cuesta mucho criticar a una persona y plantarle cara y decirle que las cosas no son de una determinada manera. Aunque a veces lo hago, sobre todo cuando creo que la otra persona está poniéndose en peligro. Hablo de la relación con personas con las que no tengo lazos profesionales. - En el terreno profesional no te cortas un duro, vaya. - Ahora con doble argumento, porque como soy jefe, independientemente de que tenga razón, mando. - No obstante, en ese aspecto profesional da la impresión de que, al margen de que tengas que ejercer de jefe, se han suavizado las formas en tu relación con algunos elementos del negocio. Ya no eres aquel chico airado que necesitaba vomitar encima de los periodistas. - No. Supongo que porque ya ha pasado esa época de mi vida en la que era un rebelde que gritaba las cosas en vez de decirlas con buenas maneras. Ahora no es que me calle más cosas; digo las mismas, pero de una forma que molesta menos. Pensaba que lo que caía mal de mí antes era lo que yo

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decía; pensaba que era un personaje incómodo y eso lo llevaría también a la música de Héroes. Pero ahora estoy convencido de que lo que caía mal de mí era cómo decía las cosas. Y eso se trasladó a una forma de cantar, a una forma de estar en el escenario… A una arrogancia que molestaba más que la misma música del grupo. - Bien. Hurguemos un poco más en tu manera de enfrentarte a las relaciones interpersonales. Regreso al diario, fuente que volverá a salir en varias ocasiones: <<No quiero pasarme la vida como Frank Sinatra y Ava Gardner, a jarronazo limpio, cuando no a tiros…>> Aquí ya estamos en el terreno de la pareja. ¿Estabas reflexionando sobre un hecho concreto o sobre tu punto de vista sobre la pareja? - Era en la época en la que estaba con Benedetta, una chica italiana, hija de la cantante Mina y presentadora de televisión. Dos estrellas, cada cual más, enfrentándonos constantemente, viviendo en diferentes lugares, pero con amor muy apasionado. Me recordaba mucho ese rollo de Frank Sinatra y Ava Gardner, que no sé quién dependía más de quien, pero los dos querían defender su territorio de libertad y de estrella. - O sea, que no es tu punto de partida a la hora de liarte con alguien. - No. De hecho cada vez me resulta más fácil vivir con la gente. La verdad es que hubo una época en la que me resultaba difícil vivir incluso con los amigos. Era como que necesitaba mucho espacio. Sigo necesitándolo, pero ahora me lo puedo permitir. Espacio físico y de libertad. - Más intimidades del diario: mencionas a Salomé, que más tarde daría título a una canción de Radical sonora. Y justamente en ese disco hay otra pieza en la que haces referencia a una chica de la que das medias claves: Nueve es su nombre, dice el texto. ¿Salomé y Nueve (nona, deduzco) son la misma persona? - No. En el diario, Salomé era una forma de ocultar a una persona y la Salomé de la canción es el mito femenino de lo que son capaces de pedirnos las mujeres a los hombres, sabiendo, además que con sus maravillosos encantos lo van a conseguir. Ahí está la Salomé judía, que le corta la cabeza a Juan Bautista, siendo que le importan una mierda Juan Bautista y Herodes. Es el mito. No me acuerdo a quién me refiero en el diario, pero imagino, por la época, que puede ser Benedetta. Es que el disco es muy de mujeres, pues además de Nona aparece alguien más. Debió de ser una época en la que estaba saliendo de una y entrando en otra, en medio de una

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promiscuidad… Y en el diario también aparecen más mujeres… Alguna de la compañía de discos, creo recordar… - Sí, sobre una señorita de EMI en Hamburgo anotas: <<Sólo quiero follármela>>. En fin… ¿Ya no entras y sales tanto en las chicas?¿Te has calmado? - La verdad es que sí. Venía de la época de Héroes, una etapa muy promiscua en la que vivía el rocanrol a tope. Yo no vivía en Zaragoza; vivía en gira, en el buque. Entonces, para tener un poco de satisfacción sexual y amorosa, para tener un poco de cariño, tenías que subir al buque a alguna. Que aguantaba en el buque hasta el siguiente puerto. Bueno, algunas aguantaron más. Pero nos pasó a todos. - ¿Están muy preocupadas tus fans por si tienes o dejas de tener novia? - Creo que antes sí, pero ahora no. De cualquier forma, como nunca he hecho manifestaciones públicas en ese sentido, ni aparezco en fiestas acompañado, no creo que se sepa mucho de mi vida privada. Tampoco creo que ahora mismo haya interés alguno en saber más. En otros momentos sí que lo hubo. Llamaban por teléfono a mis padres, a mis abuelos, a mis tíos… Supongo que hay ídolos juveniles más atractivos. Leonardo Di Caprio, por ejemplo. - Hombre, creo que Di Caprio les cae un poco más a trasmano que tú. Sigo: ¿Estás por una relación monógama? - Sí, pero no creo en contratos matrimoniales que no pueda cumplir. En cierto modo, la historia de la fidelidad absoluta para toda la vida implica que haya un cariño y un amor absolutos para toda la vida. Y es algo que me parece ciertamente difícil. Otra cosa es que lo llegues a conseguir. Eso sería algo muy bello y muy bonito, pero no tengo ninguna certeza absoluta y más con mi forma de vida. Ya no lo digo por mí, sino porque por estar constantemente viajando y moviéndome llegue un momento en que me manden a la mierda. - Estoy convirtiendo esta parte de la conversación en una casa de citas, pero ahí va otra el diario: <<Apenas recuerdo las caras de las chicas con las que he follado en mi pasado alcohólico>>. ¿La desmemoria es por exceso de alcohol o por la abundancia de chicas? - Bueno, creo que eso no es algo único en mí, creo que nos pasa…

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- Ya, pero no hablamos de otro músico. - Bueno… Era emborracharnos después de un concierto y de repente, a altas horas de la mañana, consigues llevarte a alguna al hotel o que se te lleve ella a su casa. No siempre eres tú el malvado que se aprovecha de las mujeres; a veces ellas se aprovechan de ti. Y, obviamente, no me acuerdo de las caras de muchas de ésas. De otras, sí. - Creo que fue Umbral quien escribió que a las mujeres, como al whisky, hay que ir bien comido, que si no marean y hacen contigo lo que quieren. - Bueno, depende del tipo de mujeres. Hay mujeres devorables y mujeres devoradoras. Depende también de las circunstancias. Esas frases lapidarias no son más que generalizaciones. - En otra parte del diario describes un encuentro sexual, digno de las mejores películas de Rocco Siffredi. Parece que te divertías mucho después de los conciertos. - Sí. Pero tampoco era el único. Creo que en cierto modo forma parte de esa fascinación que crea el escenario, seas un mago, un cantante, un guitarrista o un actor. Es la erótica del escenario. Porque no creo que ninguno de nosotros fuera especialmente agraciado. Si no hubiéramos subido a un escenario no hubiéramos tenido ni un cuarto del éxito que tuvimos con las mujeres. Obviamente. - Otra vuelta de tuerca de la mitología del rocanrol, vaya. - Por supuesto. Y ahí entraban todo tipo de locuras que quieras imaginar. Creo que casi todas han sido satisfechas. - Y en esa vorágine sexual, ¿da tiempo a seleccionar o eso es lo de menos? - Que yo recuerde, siempre he seleccionado. Las que no recuerdo puede que me hayan seleccionado o que ya no viese bien. - Sigues en la carretera, sigues girando y sigues viajando. ¿Te has retirado de esos maratones sexuales? - Ya no estoy en oferta. Ahora tengo una banda de diez músicos y varios de ellos entran en las subastas postconcierto. - Y tú, ¿de rebajas?

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- Yo… ya soy muy mayor. - Regreso a la casa de citas del diario. <<Me jodió follar con otra que no fuera Salomé, pero luego pensé: Qué cojones, eso es sexo duro y crudo…>> ¿Cómo llevaba Salomé tus excesos sexuales? - Bueno, esta Salomé lo llevaba muy mal. Pero no porque lo supiera a ciencia cierta, sino porque era especialmente celosa, como buena italiana. Incluso se le ocurrió proponerme que dejara la música, ya que le parecía horrible tener que enfrentarse a los celos sabiendo que yo iba por ahí y en un momento que tenía muchas fans. Eso le molestaba muchísimo, pero no creo que realmente supiera de la misa la media. - ¿Ha terminado el sida con los buenos tiempos del sexo en el rocanrol? - A mí me ha influido más el estar centrado, poner los pies en el suelo y ser más consciente de mi carrera. También, no pasarme tanto en el terreno de las drogas y del alcohol. Porque en esa época ya existía el sida y éramos muy conscientes e ello. Pero en estado alterados de inconsciencia, la verdad es que no tienes muy en cuenta ni la sífilis, ni la gonorrea, ni el sida. -He observado que en alguna entrevista han hecho referencia a una supuesta ambigüedad sexual. Tuya, claro. - Nunca he entendido por qué han alimentado eso. Supongo que es consecuencia de que no he tenido reparo en ningún momento en hacer entrevistas para revistas gays, porque sí sé que en determinados ambientes, más en México que en España, ha habido un círculo en el que había entrado y gustaba. Un círculo en el que lo mismo entraban Camilo Sexto o Raphael, que Enrique Bunbury. Imagino que es por la cosa del apasionamiento, cuando Héroes, y todo eso. Incluso me consta que algunas canciones de Radical sonora tuvieron éxito en círculos gays de México. Pero yo no es que haya dado motivos para que alguien lo que pueda pensar. Creo que todo lo contrario. - Fin del acoso… sexual. - ¡Uf!

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Capítulo DIVAN / Conversaciones con Enrique Bunbury

El viento a favor Viene a decir Bunbury que la libertad del artista en el negocio del rocanrol depende fundamentalmente de él mismo. Niega que las compañías de discos sean el enemigo a combatir, cita a Van Morrison a la hora de equiparar socialmente el trabajo de un músico con el de un limpiador de ventanas, asume que el dinero no da la felicidad pero aplaca los nervios y reclama para los creadores un papel, aunque sea liviano, en el escenario de la agitación social. Con todo, avisa de que lleva camino de convertirse en un escéptico. Y eso que ha tenido y tiene el viento a favor.

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- ¿Qué amas y que odias del negocio del rocanrol? - Creo que hay dos formas de enfocar la pregunta. Por un lado, hay una serie de obligaciones, digamos promocionales, por el hecho de publicar un disco. Éstas son aceptadas por Perogrullo. Soy consciente de que si quiero que mi disco llegue al mayor número de gente posible debo cumplir con un plan de entrevistas y de televisiones. Aun así, estas obligaciones son las que más me pueden fastidiar. Me explico: no quiero llegar a ser como Prince o Michael Jackson; no quiero eliminar la promoción porque no me guste hacer entrevistas. Sé que son importantes en el momento en que vivimos. Es más: al día de hoy, mucho más que hace unos años, si no apareces en televisión, prácticamente no existes. Lo que más me molesta de la industria es depender de los medios de comunicación que ostentan el poder, que son los que ejercen de intermediarios entre mis canciones y los chavales y deciden si sueno y cuándo sueno, y nunca bajo condicionantes de calidad. Hace unos años el enemigo de un músico era la discográfica. Podía se que desearan introducir una dulzaina en determinada creación porque pensaban que así accederían a mayor público. Ahora el gran enemigo de la música son los medios de comunicación. Las radiofómulas y las telefórmulas no desean introducir determinadas músicas porque la moda del momento determina que la franja de edad que pretenden cubrir se supone que no está interesada. Los medio que crean opinión, tres cuartos de lo mismo, pero bajo la dictadura de un gusto individual y descalificador. Nos encontramos con un filtro –censura que globaliza la música y hace que prácticamente en todos los países se oiga la misma bazofia en los medios comerciales y que en los críticos te miren por encima del hombro si vendes más de ciertas cifras. Por otro lado, hay mecanismos internos e la industria, relaciones con determinados directivos de la compañía discográfica, que no me molestan en absoluto. Negociar con ellos mi continuidad dentro del mundo de la música, las cláusulas de un contrato o las condiciones de cómo quiero actuar dentro de esta monstruosa industria que tan fácilmente te devora, no es algo que me desagrade; es más: me resulta sencillo hablar con los altos cargos sobre estos temas, sean artísticos o económicos. Soy muy consciente de que ambos están muy cercanos y en realidad es hablar de cómo quiero vivir mi vida. No interesarme por eso sería una irresponsabilidad por mi parte. - Agarro al vuelo, de todo lo que has dicho, el asunto de los medios de comunicación para recordarte que, pese a todo, tú necesitas a los

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medios y ellos te necesitan a ti. En ese sentido, ¿qué pautas de relación estableces? - De todos los medios de comunicación existentes en cada momento que he vivido como músico, siempre ha habido algunos con los que he conectado más que con otros. Ahora no busco el enfrentamiento, aunque en el pasado sí lo busqué. Mi gran problema es ahora mismo con los medios comerciales, con los que no llego a tener un acuerdo claro, quizás porque no entienden del todo lo que estoy haciendo. Me gustaría que la radio comercial hablara en unos términos más razonables. - En el traído y llevado diario, reconoces que el rocanrol es un circo, pero te preguntas si no habrán sido, y cito textualmente, <<los periodistas destructores de la facción crítica los culpables de haber dotado a la palabra circo de un sentido peyorativo>> - Ocurre en el cine, y sobre todo en la música, que existen dos facciones que a veces se encuentran y a veces se separan: entretenimiento y arte. Parece que son dos formas de entender la música que no se deben encontrar en ningún momento y a mí me parece bonito que se encuentren. Creo que no debe plantearse la disyuntiva entre ser Rafaella Carra o Leonard Cohen y que puede haber un lugar intermedio. De hecho, me gusta pensar que estoy en ese lugar. Me gusta pensar que puedo ofrecer entretenimiento en los conciertos y, a la vez, estimular intelectualmente. Ése creo que es el lugar que no ha llegado a entender la crítica más especializada: que no todo es blanco o negro, que hay zonas grises y que puede existir ese lugar en el que confluyan estímulo y entretenimiento. - O sea, que hay circo, pero no se deben cargar las tintas ni en los payasos ni en los domadores de fieras. - Es que, por un lado, entiendo que el rocanrol no es arte; creo que lo que estamos haciendo tiene más de entretenimiento que de otra cosa. Y creo que dentro de ese entretenimiento lo que puedes hacer es estimular. Nada más. Por eso pienso que hay gente que está exigiendo demasiado a la música en general, por el hecho de que existen artistas más alternativos que Back Streets Boys, por ejemplo. Y lo que defiendo son los lugares intermedios: estímulo y circo. Ahí he visto siempre a David Bowie, a Elvis Presley o a gente como El Vez o La Lupe. Incluso los Doors estarían ahí, aunque seguramente Jim Morrison no lo aceptaría. Y es que, por otra parte, es pretencioso intelectualizar el rocanrol. Lou Reed es lo más intelectual; es más: lo mejor que ha hecho se encuentra en su

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época cabaretera: Transformer, Berlin, Rock And Roll Animal… Y cuando hace cosas como Magic And Loss, aunque los resultados me gusten, no es realmente el Lou Reed magistral. Y cuando hace una gira con las letras en el atril y las gafitas y hace un show soso, no es más que eso: un sosainas. - ¿De qué depende el mayor o menor grado de libertad de un artista en el negocio de la música? - Desgraciadamente, creo que depende de uno mismo. Ho hay una única vía, y somos nosotros los que tenemos que marcarnos el lugar donde queremos estar. Y eso es lo más difícil de todo. Porque siempre existen las presiones internas: podría llegar a más, podría llegar a tener una casa más bonita, podría tener una aceptación mayor…O podría tener mejor opinión por parte de los críticos… Pero normalmente la buena opinión de los críticos lo que te otorga es una pobreza y una miseria vital y lo otro, una pobreza artística. Así que encontrar esa línea en la que diferencies perfectamente entre lo grotesco y lo válido es cosa de cada uno. Escomo lo de los espónsores: ¿cuál es válido y cual es grotesco? En el fondo, cada uno toma la decisión. Y esa decisión no debe ser consensuada por la opinión pública, sino algo personal y duradero. - Pero, ¿en la medida en que uno vende más discos, por ejemplo, tiene más poder de decisión? - Si, pero a la vez el que más vende s el que menos exige. Corrijo: es el que menos se exige, porque está más interesado en el dinero. Y es que cuanto más vendes y más conoces el negocio, más sabes por dónde se saca el dinero. El dinero no siempre viene por unas ventas mayores, sino por una mayor comprensión del negocio. Y es difícil que un artista que haya vendido mucho llegue a la conclusión de que lo mejor es tener una carrera de largo recorrido, manteniéndote en tu sitio. Últimamente hasta entiendo a Prince, que es difícil. Quiero decir que Prince ha tomado una decisión en la que está en un lugar de independencia, que no la utiliza artísticamente, pero que a nivel económico le está resultando más rentable que estar en una compañía multinacional. Lo ideal sería que además hiciera unos discos que te cagas. - ¿Las compañías de discos son tan tiranas como se dice? - No. Es más: creo que las compañías de discos no son ahora el enemigo. Vuelvo a lo que decía antes: en tiempos las compañías tenían el poder de

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entrar en los medios de comunicación y apretarle los huevos a alguien para tener a un artista dentro de un gran abanico promocional. Eran las grandes campañas de publicidad. Ahora una gran campaña no sólo depende de una compañía, también de que los medios la acepten. Y es más: hay determinados medios que si aceptan entrar ahí lo hacen con una serie de condiciones: que no se haga en varios medios a la vez. Y va en detrimento de la difusión de tu obra. Es ridículo que una radio, por ejemplo, se niegue a poner a un artista por el hecho de que están sonando en otra. Nadie está considerando el hecho de que el disco sea bueno o malo; sólo están diciendo: << ¿Está en determinada radio? Pues aquí no suena. ¿Haces una campaña conmigo? Pues no suena en otro lado. ¿Es portada de ese periódico? De puta madre; en éste, no>>. El perjudicado, como siempre, es el músico. - Y en relación con el trabajo del artista, ¿qué me dices de esa tiranía? Me refiero a cosas como atornillar para que un disco se haga de una manera determinada, por ejemplo. - He conocido a artistas que me han dicho que eso ocurre. Yo no le he vivido nunca en carne propia. En ningún momento, salvo aquel detalle que te comentaba de la pretensión de meter trompetas en el primer disco de Héroes. Pero cuando solucionamos aquello, nunca la compañía se ha entrometido en el repertorio, ni en la dirección; es más: en algún momento he tenido ofertas de medio para hacer algo sobre lo que tenía dudas y ha sido la compañía la que me ha aconsejado que dijese que no, porque no sería bueno par mi carrera o mi imagen. Algo de lo que me he alegrado, porque he visto que la compañía no quería vender mis discos a cualquier precio. - ¿Hablas de participar en algunos programas de televisión? - No, hablo de salir en Cosmopolitan posando con ropa el diseñador equis. Cosas que te hacen dudar, porque a veces son el camino para vender una entrevista. Y es sorprendente que en ese momento fuese la compañía la que me aconsejara que no lo hiciese, porque lo lógico es pensar que estaría encantada de que me dieran diez páginas en la revista. Aunque, por otro lado, también piensas que esas cosas son una chorrada, porque ahora mismo nadie considera que tienes más o menos criterio si sales en una revista de moda. Yo no lo hago porque no creo en eso, pero esas cosas ya no tienen peso en los medios ni en la opinión pública.

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- Otra supuesta tiranía: la de los managers. - Sólo he tenido dos managers: Pito, que duró mucho tiempo y que, bueno, hizo sus trapicheos, supongo, pero mucho de lo que conseguimos Héroes fue gracias a él, y Tomás, mi manager actual, con el que ya llevo mucho tiempo. Hacemos un tándem: dos personas y una única dirección. En general no tengo quejas de ninguno de los dos. Quizás porque siempre ha habido una compresión artística; tal vez más con Tomás que con Pito Y es que a Pito le habría gustado que Héroes hubiéramos sido de otra manera, ésa es la verdad. Cosa que no le echo en cara porque creo que a o mejor podríamos haber conseguido otras cotas artísticas si le hubiéramos escuchado más. Y Tomás me respeta mucho, pero en algunos momentos me dice cosas que ninguna otra persona del mundo me diría: me dice no, algo que no se atreve a hacer mucha gente. - Forma parte de las funciones de un manager. - Bueno, quizás las cosas son así porque Tomás sólo me lleva a mí; no tiene una oficina con varios artistas. Una oficina con varios artistas funciona ahora mucho en España y hace que los managers no piensen en una carrera maratoniana del grupo. Es todo lo contrario de lo que le ocurre a Tomás, que piensa que voy a se su artista durante… Siempre, hasta que me retire. Y seguro que me retiro antes que él. - ¿Y qué me dices e los empresarios, de quienes contratan los conciertos? - Los empresarios sufren en España y en Latinoamérica el gravísimo problema de las salas intermedias. Que en Madrid no haya otro local de aforo mediano que La Riviera, es alucinante. Que en el año 2000 todavía no exista un amplio circuito de invierno, es un crimen. Que no se cedan los teatros para conciertos de rock y los concejales exclamen <<vade retro, Satanás>> ante una propuesta al respecto, dice muy poco del avance cultural del país. En el fondo, todo lleva a que las bandas sigan dependiendo del verano para mostrar sus directos. O sea que seguimos en la feria, la verbena, el calimocho y los peñistas. Esto provoca que los artistas inflen su cachet en periodos estivales y les saquen a los concejales de los pueblos lo que no pueden ganar de otra forma. La consecuencia es que después del descalabro económico del año en que se contrata al artista, no se le vuelve a contratar por los siglos de los siglos, amén.

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- Retomo ese concepto de circo del que hablábamos antes, para constatar que el artista tienen también ciertos caminos para dignificar la parte más pedestre del negocio. Por ejemplo, en una ocasión te negaste a cobrar tras una actuación porque pensaste que no habías hecho un buen concierto. ¿Fue la única vez? - Recientemente estuve a punto de hacerlo de nuevo en una conferencia que di en Andalucía. En la ocasión que mencionas me quedó un sabor agridulce, porque pensé que era lo correcto, lo que tenía que hacer; pero también dudé, porque hubo gente que me dijo que ese concierto le había parecido la hostia. Y es que a veces tengo una manera muy cerrada de ver los conciertos y pienso que hago una mierda, cuando a la gente no le parece así. Es una visión que está muy influida por las circunstancias vitales que me rodean: algo que me haya ocurrido en días anteriores, lo que pasa en ese momento por mi cabeza… Hay veces que tengo esa sensación de haber hecho el peor concierto de mi vida y sin embargo, en el peor de los casos siempre hago conciertos profesionales. Aunque la profesionalidad es el nivel más bajo de emotividad. Cumplir, vaya. Lo que me ocurrió con la conferencia es que no estuve muy acertado, por falta de práctica, y pensé debería renunciar a mi caché; pero a la vez me dije: <<Si no acepto el dinero, lo que va a pasar es que el de la diputación se lo va a meter en el bolsillo; así que cobro, se lo doy a una ONG y tengo conciencia tranquila; más que sabiendo que va a ir a su bolsillo>>. - No obstante, parece que actitudes como ésas no son muy habituales en el negocio. Y no es mi intención presentarte como San Enrique Bunbury. - Es que, por un lado, me gustaría que cada concierto fuese la hostia y eso me crea muchas frustraciones porque no puede ser así. Cuando estás haciendo ochenta bolos en una gira, obviamente habrá diez que no te salgan emotivos. Y estoy poniendo muy alto el listón. Sé que no es posible que los ochenta sean estupendos, pero eso no significa que no me joda; me jode y mucho. Pero no puedes contratar pensando en qué día la luna te va a influir de una manera determinada. Creo, no obstante, que lo ideal sería hacer menos actuaciones, porque entonces podría concentrarme para dar conciertos que me salieran del alma. No sé… La verdad es que ya no tengo idea de nada.

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- Cito al capo Michael Corleone, en El Padrino: <<El desprecio de los ricos por el dinero es sólo una excusa para privar de él a los pobres>>. ¿Asumes la afirmación? - Van Morrison, en Clearing Windows, comparaba su trabajo con el de limpiar ventanas. Y para él ambas cosas eran lo mismo: una forma de vida. Incluso en una de las pocas entrevistas que ha concedido últimamente comentaba que se toma la música como un trabajo de servicios. Cuando lo leí por primera vez me pareció ofensivo, porque pensaba que no era posible que un individuo que me estaba ofreciendo tanto llegara a su casa e hiciese una canción como quien pone una baldosa. Pero reflexionando sobre eso pensé que tenía mucho mérito el hecho de que esa actitud diese resultados tan maravillosos. Ahora yo también me tomo así las cosas. Lo que hago es un trabajo; en el que pongo quizás más emociones que el que pone una baldosa, pero no lo valoro más. No creo que mi trabajo tanga que estar socialmente mejor visto. - Te has zafado elegantemente de la pregunta, así que seré más directo: ¿Qué importancia das al dinero? - Es importante porque cuando estoy reflexionando sobre el próximo disco no hago giras y durante ese tiempo no puedo vivir del aire. Entonces, sí, es importante conseguir que pueda mantener un ritmo creativo y que no tenga que depende de meterme a pinchar discos en una discoteca. Eso me facilita tener la mente serena y tranquila para hacer canciones sin otro tipo de preocupaciones. Pero tampoco aspiro a más. Me hubiera gustado, como decía Fernando Fernán Gómez, tener una vida de lujo, con mayordomos y todo eso, pero como no la he conseguido y soy consciente de ello, lo que intento es vivir de una forma más o menos equilibrada. Me encantaría tener un palacio, pero para conseguirlo tendría que hacer otro tipo de música. Lo que tengo me hacer vivir muy bien y no aspiro a mucho más. - Creo que fue Mistinguette quien dijo que el dinero no da la felicidad pero aplaca los nervios. - Exacto. Estás tranquilo para hacer lo que realmente te interesa. Además tengo vicios caros; ése es mi gran problema. Me gusta comprar discos y son muy caros. Y los instrumentos, también. Así que no puedo dejar de grabar. - No sé si, sujeta como está a muchos avatares la duración de la carrera e un artista, piensas en el futuro. Quiero decir que si te has ocupado,

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como hacen algunos colegas tuyos, de hacer inversiones, jugar en bolsa, comprar terrenos, montarte un hotel… - La verdad es que a lo mejor estoy hablando muy modestamente, pero siempre me ha llevado mi padre los asuntos económicos y realmente no tengo ni puta idea de cuánto dinero tengo. Lo único que le he dicho a mi padre es que si en algún momento tengo problemas, que levante la mano. Afortunadamente no los tengo. Pero mi padre es empresario y tiene esa visión de futuro, así que supongo que tengo dinero invertido en algún lado. Pero no podría decirte en qué. - Cuando hablábamos de tu época de Héroes abordamos el asunto del éxito y del fracaso. Ahora, con la experiencia acumulada, ¿cómo juzgas ambas situaciones? - El éxito tiene dos visiones: una personal y otra externa. La visión externa es la impresión que tienen los demás de la recepción de tu trabajo. Parece ser que a día de hoy es imprescindible que cuando publicitas un disco tengas que decir cuántas copias lleva ya vendidas. Eso es el éxito para los demás. Para mí, es conseguir una serie de objetivos artísticos. Y, en ese sentido, creo que con algunos discos he tenido más éxito que con otros. Además, cada vez que saco un disco me parece que el éxito ya está en haberlo terminado, porque es el resultado de trabajar año y medio o dos años con un objetivo. Y fracaso sería que estuviese luchando durante muchísimo tiempo por un disco y que no consiga los objetivos artísticos que considero necesarios. Lo demás son juicios de valor que no dependen de mí. No puedo hacer nada para que la gente compre el disco. Es algo que se me escapa de las manos. También existe en esa opinión sobre un disco el juicio final que da el tiempo; en ese sentido hay discos que en su momento me parecieron muchísimo mejores de lo que me parecen ahora. - Para llegar a esas conclusiones has ido dejando en el camino algunos mitos propios del negocio del rocanrol, parece. - Creo que hemos llegado a un buen equilibrio entre la industria y yo. Como pensaba Buñuel, lo peor que puede ocurrir es hacer algo, un disco en este caso, con el que hagas perder dinero a todo el mundo. Y eso lo tengo claro: no me gusta hacer perder dinero a nadie. Ahora soy muy consciente de lo que me gasto en un disco, sobre todo cuando el dinero no es mío. Quiero hacer ganar dinero a la compañía; también porque sé que si ella gana dinero, lo gano yo. Quiero que todo el mundo esté contento y así poder

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seguir manteniendo mi ritmo creativo y pagarme las angulas y que mi manager no me abandone. En tiempos pensaba que el éxito consistía en vender miles de copias. Ahora no creo tanto en eso, porque para una compañía independiente vender diez mil copias puede ser un verdadero éxito, siempre y cuando no te hayas gastado más de no sé cuánto dinero. Eso es aplicable a todo tipo de discos y a cualquier clase de trabajo artístico. - Otro elemento del circo es ese fenómeno a menudo denostado que son los/las fans. ¿Qué papel cumplen para ti? - He cambiado mucho con respecto a eso. En tiempos de Héroes me parecía algo absolutamente necesario, quizás porque yo también era fan y adolescente. Hoy valoro más cómo soy fan de otra gente y me gustaría que los que puedan seguir mi música tuvieran esa actitud. En su momento fui un fan dispuesto a robarle el kivi a David Bowie y actualmente soy un seguidor que mantiene las distancias con el artista: siguiendo su carrera, siendo muy consciente de dónde está, valorando su obra en general. - <<Me gusta la vida en la carretera, aunque par algunos músicos es la parte más dura del trabajo>>. Es otra anotación de tu diario. ¿Suscribes actualmente esa afirmación? - Cuando no estoy en la carretera siempre digo que no voy a hacer giras. Pero luego me meto en la furgoneta, me subo a un escenario y me vuelvo loco. Me gusta mucho estar en un escenario, aunque actualmente aprecio eso de manera distinta que hace unos años. Ahora me gusta más estar en un estudio de grabación; me gusta más la parte creativa que la interpretativa. - De las giras, lo peor son los viajes. ¿O no? - No, no. La verdad es que eso me gusta. Antes lo veía más como una pérdida de tiempo, pero he cambiado y pienso que todo ese camino hasta la ciudad a la que tienes que ir me facilita pensar y leer. Me da una paz que no tendría en casa. Cuando estoy de gira todo va encauzado a una hora y media o dos horas de concierto. Y todo el tiempo anterior es de concentración y la gente me molesta menos. Si no estoy de gira tengo más tiempo libre para recibir influencia externa y me siento mucho menos tranquilo. - Cuando se le pregunta a un músico sobre las sensaciones que tiene en un escenario, frente a un buen número de personas, las respuestas no

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pasan de una colección de sonoros tópicos. Dame pistas algo más concretas de lo que pasa cuando estás ahí arriba. - A lo mejor suena un poco despectivo para el público lo que voy a decir, pero encima de un escenario en lo último que pienso es en los espectadores. De hecho, la mayor parte de mis insatisfacciones encima de un escenario son por culpa del público. Porque a veces me saca de mi estado… no voy a decir de éxtasis o de orgasmo, pero sí de concentración. El escenario me facilita interpretar los temas como más me gusta: en una sola toma; lo contrario de cuando estoy grabando y tengo que repetir muchas veces para conseguir que una canción quede bien. El escenario me permite concentrarme de una manera total para intentar lograr una versión definitiva de una canción. No sé como expresarlo… - Pero supongo que a la vez que consigues esa concentración casi extática, tienes que ejercer cierto control, digamos técnico. ¿Cómo se logra el equilibrio? - Dejarte influir por la forma de sentir única de ese momento es lo que te permite cerrar una versión definitiva. Incluso aprovechando tu malestar o tu bienestar. Las letras, por ejemplo, dependiendo de si estás enfadado o contento, adquieren significados distintos. Utilizas lo que dices par encauzar tu rabia o tu alegría. En mi caso hay mucho de dejarme llevar y quizás ése haya sido uno de mis problemas encima de un escenario. Tengo ese aspecto pasional de Raphael. Hay además una anécdota suya muy buena: presentando su biografía le preguntaban si ensayaba delante del espejo los movimientos que hace en escena y respondía: <<¿Crees que si ensayara frente a un espejo haría lo que hago?>>. En el fondo me pasa un poco eso. No hay nada de control. Es dejarme llevar absolutamente, sabiendo que hay unos ensayos previos para controlar una serie de cosas como el principio y el final de una canción. Todo lo demás depende de unas circunstancias psicológicas. - ¿Cómo se elabora uno la imagen de marca? - Desde luego, me gustaría tener mayor control sobre la imagen que puedo ofrecer a la gente. Y no me refiero a una imagen física, sino a esa que puedo transmitir en las entrevistas, por ejemplo. Esa falta de control me ha proporcionado, si no enemigos, un cierto rechazo por parte de alguna gente y de algunos medios de comunicación. Y también sé que en momentos más positivos de mi vida ha originado que la gente se acercase a mí con menos miedo e incluso con aprecio y admiración.

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- ¿Y el aspecto físico? ¿Un artista necesita de una imagen que lo haga reconocible?¿Qué elementos proporcionan el retrato final? - Me parece que todo va unido. La música me hace sentir de una forma a nivel personal y estético. Creo que eso me exige subirme a un escenario y ofrecer, digamos, el paquete completo. - ¿Estás diciendo que es la música la que moldea la imagen? - En mi caso, sí. También, por otro lado, siempre he comentado la historia del vecino del quinto: me parece horrible que un artista sea tan natural y campechano que pueda ser tu vecino. Existen muchos casos en este país que me quitan la razón porque han tenido muchísimo éxito, pero no coincido con eso. Incluso, dependiendo de mi estado de ánimo, me puede parecer una falta de respeto hacia el público que un artista se suba al escenario con una camiseta y unos vaqueros. Me parece que una entrada de dos mil quinientas pesetas me da derecho a exigir cuando menos una indumentaria digna. Me imagino a Salif Keita con una camiseta y en cierto modo me está defraudando. Quiero verle con la túnica, el gorrito… Quiero el pack completo. -Insisto en un asunto que ya ha salido en otro momento de la conversación: el del papel del artista. ¿Agitador, entretenedor, ángel, demonio…? - Tan exagerado es decir que una canción puede ocasionar una revolución como afirmar que no cambia nada las cosas, infravalorando el pode de la música. Creo que hay puntos intermedios, que la realidad nos ha mostrados, y que existen canciones que por lo menos hacen reflexionar. Igual que una película. De hecho, ha habido canciones que han logrado que mucha gente reflexionara sobre algo y que pueblos enteros reaccionaran contra determinadas situaciones políticas y sociales. Canciones de Dylan o de Lennon han causado que la gente responda ante algunas cosas. O por lo menos que tomara conciencia de ellas. Lo contrario sería infravalorar el poder de la canción. ¿Pensar que una canción ha cambiado el mundo? Al día de hoy tenemos la respuesta: no lo ha cambiado. Pero si ha obligado a reflexionar, ya es algo positivo. ¿La obligación del artista? Allá cada uno. Yo pienso que si está en mi mano hacer reflexionar a la gente sobre algo, lo voy a hacer. ¿Mesiánico? No tanto. Hay ejemplos en el cine, en la literatura y el arte,

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con el Guernica, por ejemplo. Y existe el extremo, que es el panfleto, en el que intentaré no caer. - Abundemos en el papel del artista y en su relación con el receptor. <<No creo que una actividad artística deba ser sopesada a cada momento por la audiencia. ¿Dónde estamos dejando la creación?¿La dejamos al servicio de la respetabilidad, la escucha fácil, cómoda, universal?>> Son tus palabras. - Es una época, con la que coincido ahora, en la que pensaba que no son los políticos los que deben pensar en la utopía. Creo que somos los poetas, los músicos o los pintores los que debemos ser utópicos e imaginar mundos mejores. Y que debemos reflexionar sobre ello, planteando cuestiones que pueden estar acordes o no con la sociedad que nos rodea. Y aunque siempre estás expuesto a una manera de decir que no queremos gobernantes faraónicos, que estén pensando en mundos mejores; queremos gobernantes que sean pragmáticos y administradores. Y dejar que los artistas piensen fórmulas para pinchar un poco. - Pero hablando del hecho artístico, ¿es una manera de decir que más allá de los intereses de la audiencia un creador debe responder por encima de todo a sus impulsos? - Ni lo he comentado, porque me parece obvio. La peor de las dictaduras con respecto a un creador es la opinión pública. Estar siempre pendiente de la respuesta que origina tu música hace que evites investigar en lugares en los que nadie te ha llamado o en los que nadie espera que estés. Si hubiera estado pendiente de eso, todavía andaría haciendo Entre dos tierras. Yo habría perdido mucho, y, arrogantemente, pienso que los oyentes de mis discos, también. - ¿Puede permitirse un artista tener contradicciones? - La duda y la curiosidad son armas fundamentales para avanzar creativamente. Si no tienes ninguna de esas dos cosas te falta la bese del aprendizaje y de la investigación que son características esenciales a la hora de ofrecer una obra. - ¿Tienes más dudas que certezas, o más certezas que dudas? - Una buena certeza es la del filósofo:<<Sólo sé que no sé nada>>. Y dudas, todas las demás. Cada vez tengo menos claro que haya llegado a algún sitio o que sepa alguna cosa con respecto a algo, sobre todo de mi labor creativa.

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Ya no te digo de la vida en general. Siempre he pensado que cuando llegas a anciano es cuando tienes una mayor certeza en relación con aspectos vitales. Pero cada vez pongo eso más en duda, porque cuanto más avanzo sé menos cosas y ahora pienso: <<¡Joder!, si sigo así voy a llegar a abuelo y no tendré ni puta idea de nada, de nada. Es más: voy a poner en duda todo. Seré un completo escéptico>>. Y eso último es algo que no me gustaría.

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Capítulo DIVÁN / Conversaciones con Enrique Bunbury

Robinson M

<< e gusta estar dando bandazos>>, afirma Bunbury frente a la crítica de que no sabe muy bien qué está buscando. Dicho lo cual, reescribe el concepto de corner, entra saco en sus muchas músicas favoritas, se declara admirador de María Callas y Calamaro y da pistas sobre cuántos discos compra al año. Lector más compulsivo que metódico, tiene a Fernando Arrabal en su Top 10 de ensayistas, y al Buñuel de las películas mexicanas, en el de directores de cine. No le gusta Tarantino. Sí le apasiona Carl Theodor Dreyer. Se coloca en el saco de los vegetarianos éticos y echa de menos las morcillas de transfusión. Así las cosas creo que no hay que hacerle mucho caso cuando en Robinson, una de sus canciones, dice que sólo tres cosas se llevaría a una isla desierta.

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-¿ e resulta fácil escribir canciones? - Quizás por el hecho de no haber llegado a la universidad y no tener una disciplina de trabajo, me exijo unos niveles e concentración que, por lo que observo por ahí, no son habituales. Siempre que me pongo a componer intento aislarme, me voy a algún lugar y no salgo de él hasta que no termino el trabajo. Llego incluso a niveles tiránicos conmigo. Porque sé que soy fácilmente despistable. Por otro lado, me gusta lo que hago y no entiendo la vida sin ello. - Pero ese nivel de disciplina no garantiza que las cosed te salgan de una manera fluida. ¿Compones con rapidez? - Creo que tengo facilidad para hacerlo, pero tengo que estar suficientemente concentrado. La última vez que me puse a componer, cuando Pequeño, hice veintidós canciones, además de una banda sonora, que aún no ha salido. Supongo que eso significa que tengo facilidad par componer. Pero creo también que es porque durante mucho tiempo estoy recopilando datos y tomando notas. Acumulo mucho material: ideas, armonías… Lo que más me cuesta últimamente es hacer letras. También soy consciente de que componer una canción es un proceso complejo. Si ahora me dices ponte y haz una canción, seguro que no me sale nada. Para escribir canciones tengo que aislarme del mundo. - Si con Radical sonora sólo te aproximas al trabajo que querías desarrollar en solitario, con Pequeño el acercamiento es mayor. ¿Qué proceso te ha llevado a mejorar los resultados? - La reflexión que me ha hecho encauzar mi carrera en solitario hacia estos derroteros parte de una frustración: no poder hacer determinadas cosas en Héroes. Pero también es el resultado de que entonces ya sabía que tenía una serie de inquietudes a las que debería darles salida. Esas inquietudes están relacionadas con músicas que me entusiasmaban y que no entraban dentro del proceso compositivo de Héroes. Músicas que llevaba escuchando desde hacía muchísimo tiempo. No es que quisiera mimetizarme con esas músicas, sino que creía que a través de ellas podía encontrar un lugar personal, único y diferencial que me molestaba que no encontrásemos en Héroes. Y eso que, mirándolo con distancia, creo que con Héroes conseguimos algo interesante: ser un grupo personal dentro de un estilo como el rocanrol, en el que es difícil lograr personalidad. De hecho, aunque

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lo intentaron muchos, hay pocos grupos que hayan seguido el camino de Héroes y de ésos casi ninguno ha conseguido reconocimiento. Pero el hecho de haber salido tanto por ahí fuera con Héroes me hizo ver que yo, como músico, podía ofrecer algo más. Y ese algo más dependía de una reconciliación conmigo mismo, en todos los niveles. Una bajada a tierra, por un lado, en lo que se refiere a los textos y a forma de cantar, y, por otro lado, una asimilación de quién soy como músico español, con una serie de influencias reales y no impostadas. Sí, vengo del rocanrol y me interesa el rocanrol, pero tengo una serie de influencia muchísimo más cercanas que nunca han salido a la luz. En algunos momentos, por vergüenza, y en otros, porque no eran aceptadas en el grupo. - ¿Es el hecho de desconocer ese interés que mantenías por determinadas músicas lo que ha llevado a algunos colegas tuyos a decir que estás dando bandazos, buscando no se sabe qué? - Me gusta la palabra bandazos y me gusta estar dando bandazos. Eso significa que estoy mirando por aquí y por allá y buscando algo que quizás aún no he encontrado. Es más: lo reconozco; no lo he encontrado. Pero no son bandazos sin sentido. Por otro lado, es posible que quien no conozca mis gustos pueda pensar que todo esto es artificial. Pero si hay algo que me repugna del arte, y es una manera de hablar, es que dependa de las explicaciones: que un disco dependa de todo un discurso, que yo tenga que decir todo esto para que Pequeño sea mejor que si no lo digo. Creo que una obra se tiene que sostén por sí sola. Una canción es buena o es mala y no depende de que yo tenga todo un discurso detrás. ¿Qué más da cómo he llegado a la conclusión que es la canción? Lo importante es que la conclusión te guste o no. - Cuando inicias carrera en solitario, y sobre todo a partir de Pequeño, dejas ser estrictamente un roquero para entrar más en el terreno del intérprete de canciones, del crooner, dicho sea a lo anglo. ¿Cómo te preparas para ese cambio que implica nuevas actitudes escénicas, formas de interpretar distintas, etcétera? - No creo que haya tenido una preparación artificial en el sentido de obligarme a abandonar determinadas maneras de hacer las cosas. No ha ocurrido así. Creo que después de doce años con Héroes, en los que durante ocho no había parado y no tenía los pies en la tierra, pasó que empecé a tener un pie en la tierra. Y eso me hizo cambiar la perspectiva respecto a la música.

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Lo que no me interesaba eran determinadas actitudes que había tomado: no importaba menos la conquista del mundo mundial y del espacio exterior y más la creación, hacer discos que me aportaran algo. Y empezó a importarme mucho menos la exposición externa, algo que con Héroes era pura sobreactuación. Eso me ha hecho llegar adonde estoy ahora y me permitirá llegar más adelante, para lo que aún me falta mucho. Hay reflexiones sobre la forma de cantar y de instrumentar los discos, y eso significa, por lo que a la instrumentación se refiere, que no me interesan determinadas fórmulas básicas, de las que no reniego pero que no me sirven en estos momentos. Son reflexiones que me llevan hacia la investigación: primero hacia la electrónica, porque quería mirar hacia fuera, y luego, hacia algo más orgánico, con referencias más cercanas. Pero no porque quisiera transmitir a los demás una visión de mí, sino porque quería limar asperezas y concretar respecto a lo que soy y siento. Necesito esa investigación, necesito esa concreción, necesito esa sutileza y necesito esa ubicación de músicas. - He mencionado el apelativo crooner, que el diccionario Webster aplica a quien canta con un sentimiento exagerado. ¿Ofreces una revisión de ese concepto? - Otros diccionarios describen a un corner como un baladista. Hombre, desde luego que es un cantante melódico-pasional. Pero exagerado… ¿Son exagerados Bing Crosby o Sinatra? Son exagerados Scout Walter, Nick Cave y Bunbury. ¿Pero lo es Leonard Cohen? Yo diría que no. Nino Bravo, desde luego; Raphael, sin ninguna duda. No sé. Insisto en lo de melódicopasional, no necesariamente exagerado. - Creo que Pequeño Cabaret Ambulante, el nombre que le has puesto a la gira de presentación de tu segundo disco, define mejor que el título del álbum el espíritu que impregna las canciones. ¿Cuál es tu idea del cabaret? - Café cantante-porteño-arrabalero. Porteño siempre nos lleva a Buenos Aires, pero tenemos aquí el ejemplo de Barcelona. O podemos ir a Cádiz o a Tánger, en Marruecos. Lugares que internacionalmente han sido un punto de inflexión y que han recibido muchas influencias externas, de forma que se han convertido en lugares bastardos, que no tienen una personalidad concreta. Incluso tienen unos barrios que han acogido diferentes grupúsculos étnicos, diferentes guetos que confieren a la ciudad una riqueza especial. Hamburgo podría ser otro lugar. A eso me refiero cuando hablo de

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cabaret: el lugar en el que se reúne el nómada soltero, interesado por recibir influencia externa femenina y musical. Es el lugar que tiene un pie en lo popular y otro en lo ideológico. Son los sitios que más me interesan. Pero es por la confluencia de diferentes culturas, que de repente nacen de esa ciudad un ente bastardo. Un ente con personalidad ajena a lo que es el resto del país. Y, sin pertenecer a ninguna de esas ciudades, me siento así. - Me gustaría hacer un repaso sucinto a una serie de músicas y de intérpretes cuya influencia es notoria en tu trabajo reciente; son referencias que en muchas ocasiones no están conectadas con el rock. La música árabe, por ejemplo. - Sobre la música árabe hay mucho que hablar. Lo que primero me gustó fue la música hindú, y a comienzos de los años noventa voy a la India y a Nepal por primera vez, con el objetivo de comprar discos y de buscar información. Luego fui a aprender a tocar el sitar y estuve un mes y medio en Benarés con un profesor. Y me interesé más tarde por la música árabe, al descubrir ciertas conexiones con la hindú. Lo hice a través de los clásicos árabes de los años cincuenta y sesenta: gente como Oum Kalsoum 18, Abdel Halim Hafez 19o Farid El Atrache20. Principalmente la música egipcia, que es la música digamos más clásicas; me interesa menos la música pop árabe. Me pasa lo mismo con la música pop hindú, que me parece hortera, directamente. Es esa faceta que también tienen los gitanos, que me encantan cuanto más profundos son y tienen un nivel de introspección fabuloso, pero cuando se ponen horteras son los más. Como los negros, que a la hora de ser horteras se ponen los cadenones y son capaces de hacer las músicas más festivas para bailar y pasar un buen rato, pero que son las que menos me interesaron en un momento dado. Pero a lo que vamos: primero estuve en Jordania, y luego, en Túnez y Marruecos, y empecé a interesarme poco a poco por la música. Fui comprando discos… Y empecé a sentir que era parte e mí. Es algo inexplicable, por mucho que busque excusas históricas 18

Oum Kalsoum (1900-1975): cantante egipcia, madre de todas las batallas sonoras en el país de los faraones. 19 Abdel Halim Hafez (1928-1978): cantante, también egipcio, conocido como El ruiseñor del Nilo. 20 Farid El-Atrache (1915-1974): cantante druso sirio, educado en El Cairo. Las producciones de estos tres artistas, aunque cercanas a la música clásica árabe egipcia, de la que parten, en puridad hay que colorarlas en el apartado denominado variedades.

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como que Zaragoza fue el último bastión del imperio árabe en España, etcétera. Es algo más genético. La música me llega o no me llega y ésa me llegó de una forma especial. Y desde entonces, dependiendo de la ocasión, he ido a Marruecos hasta tres veces al año. Y es que creo que Marruecos ES como un punto intermedio: el lugar donde la cultura árabe adquiere un carácter más amable, donde conviven a la vez el fundamentalismo y la democracia. Así como Túnez ha abrazado absolutamente el turismo, en Marruecos existen los árabes que desprecian al turista y los que se quieren aprovechar de él. Es una dualidad que me gusta, quizás por mi carácter. He llegado, o casi, a disculpar el fundamentalismo árabe, a través de filósofos como Roger Garaudy, que se hizo islamista. - No hace mucho provocó en Francia una agria polémica. - Sí. Ha escrito libros muy interesantes en torno al islamismo y a los prejuicios que occidente tiene para con esa religión. Y lo haría igual un católico con sus creencias. Garaudy distancia las acciones de gente que en nombre del Islam ha hecho barbaridades, de lo que son los dictados de Mahoma. Y diferencia también entre lo que Mahoma decía al pueblo árabe de su tiempo y lo que son dogmas eternos para la humanidad entera. Bueno, una serie de cosas que me hicieron comprender algo más un mundo que es complejo y difícil de aceptar por lo que estamos leyendo cada día en los periódicos. - Sigamos. Bambino. - Del pueblo gitano lo que menos me interesa es el lado más festivo, que veo encuadrado en el mundo de la rumba, sobre todo. Quizás influido por la rumba catalana y dentro de ella por la que, con todos los respetos, considero más vacía y que es la de Peret y la de Antonio González. Y mi descubrimiento de Bambino viene porque veo que se podía hacer rumba con un carácter dramático, que es el que siempre me ha interesado dentro de cualquier estilo musical. Y es más: que a través de una forma de hacer música, que es la de Bambino, puedes recrear sonidos latinoamericanos. Es mi forma de ver la música por encima del estilo del que proviene una canción, que es lo que hace Bambino: toma canciones de autores españoles o latinoamericanos, las transforma y crea su propio sonido. Su sello. Es la rumba dramática. - ¿Es esa dimensión dramática la que te lleva a la copla?

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- Nunca me había interesado la copa y de repente vi que tenía una conexión con el fado portugués y con el tango argentino. Es decir: está cercana a músicas que me gustan. El único problema que le veo a la copla es el mismo que tuvo par mí Carlos Gardel: que lo escuchaba y me sonaba la voz a otro tiempo. Como las voces del No-Do. Unas voces y un sonido que no comprendía. Y también, una relación con una época que nadie quiere recordar en España. Una vez que le das menos importancia al momento histórico en el que vivió la copla su máximo esplendor y valoras la música, las canciones y los arreglos, de repente te encuentras con que hay unas cosas que te gustan y otras que no. Y así descubrí la grandeza de León y Quiroga y de canciones e intérpretes. Y comencé a valorar a Concha Piquer, que ahora me parece una gran intérprete. - Los baladistas españoles: Nino Bravo, Raphael… - Nino Bravo siempre me gustó muchísimo. Sus canciones, con las de Cecilia o Jeanette, son las que oía de pequeño en la radio. Raphael nunca me acabó de gustar y creo que me gusta desde hace tres meses, cuando leí su autobiografía y me descubrió un Raphael con un sentido del humor del que yo pensaba que carecía. Y Raphael con sentido del humor vale mil veces más que sin él. Ahora veo que está por encima de sus críticos y de sus imitadores; imitadores en el peor sentido de la palabra: Cruz y Raya, etcétera. - La música gitana en general y el flamenco en particular. - Empecé por la India, llegué al mundo árabe y acabé en Andalucía. Es lo último a lo que he llegado. Y a través del mundo árabe, me interesó el universo gitano de Los Balcanes. Del mundo gitano me interesa casi todo. Siempre, lo que más me ha gustado ha sido el cante jondo. Pero ahora le puedo ver la grandeza hasta a la rumba. Hombre, el icono, por el que creo que entremos todos, fue Camarón. Y Paco de Lucía. Y quizás incluso a través de Pata Negra porque el disco Blues de la frontera fue muy fuerte para mí. Lo compré en su momento y me dejó noqueado. De hecho, lo he escuchado millones de veces. Es el disco que me llevó a La leyenda del tiempo, de Camarón, por el que estaba influido, y más tarde a sus discos de los ochenta. - La canción italiana: Carosone, Celentano, Battisti…

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- Me interesé en ella a través de mis viajes a Italia, porque estuve mucho tiempo con un pie en Italia y otro en España. Tenía allí una conexión con un escritor bohemio, que creo que nunca llegó a publicar, que me iba presentando las obras de Battisti, Celentano y algunos discos de Mina. Me gustan estos discos porque en todos ellos veo a David Bowie presentándose en el Festival de San Remo. Es un dato que poca gente conoce, pero Bowie se presentó con Space Oddity en Italia, en San Remo, antes de que el disco tuviese éxito en Inglaterra. Y siempre he visto en la forma de cantar de Bowie un ramalazo italiano: algo lírico, entre la balada y la canción napolitana. Y eso me llevó a los italianos. Sobre todo a Battisti, que creo que es con el que más tiene que ve. Battisti tiene ese lado progresivo-folk del Bowie de The Man Who Sold The World. Creo que los italianos han sabido adaptar todas las corrientes por las que ha pasado la música: de lo progresivo al jazz-rock, pasando por el hip-hop antes de que se hiciese en España. Habían adaptado el idioma al rap. Su adelanto sobre los españoles siempre ha venido de esa facilidad para adaptar el idioma a todas las corrientes musicales. - Scott Walter. - Me interesa a través de Marc Almond, de quien últimamente estoy revisando alguno de sus discos. Y, bueno, Scout Walter es el cantante con un pie en el cabaret, con un pie en Italia y con un pie en el pop y el rock. En el fondo, estoy hablando de gente muy influida por Kart Weill. - Tom Waits. - Lo descubrí en 1987 con Frank´s Wild Years y de ahí pasé a lo anterior. O sea que empecé por lo difícil, en teoría, porque Frank´s Wild Years, Rain Dogs y Swordfishtrombones son como los tres discos más complejos de los ochenta, de la etapa más complicada de Waits. Y me pareció asombrosa la apuesta de vanguardia que tenían, pero sin perder de vista lo tradicional. Incomprensible para los ochenta. Es una asimilación de la música tradicional norteamericana, intentando verla desde una perspectiva europea. Una visión intelectualizada de la música tradicional norteamericana. - Leonard Cohen. - Siempre lo he visto muy mediterráneo, por eso me llama la atención. Quizás le influyó mucho el tiempo que pasó en Grecia. Su música es como para bailarla con los brazos abiertos. Y luego me ha parecido siempre el mejor letrista de la historia del pop, del rock o de lo que sea. Tenía el grado

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de poesía, de ironía, de descripción y de narración ideal. Una mezcla perfecta en un solo texto. Muy por encima de Dylan, de quien a veces pienso que como letrista está sobrevalorado. Y que me perdonen los dylanianos. - Elvis Presley. - Todo lo que es el rocanrol. Lo ha hecho todo: incluso ser mediterráneo antes que nadie. Fue el primero que miró hacia Italia, cogió canciones italianas y las adaptó. Fue el primer crooner del rock y el primero que fue incluso étnico, con la mirada hacia Hawai. Luego, lo que más se le puede echar en cara es la vacuidad de los textos. Pero también ésa era la grandeza del rocanrol: una música sensual o animal para mover las caderas. Y por otro lado es, incomprensiblemente, una música de rebelión. Elvis es lo que yo entiendo por rocanrol: rebeldía y sensualidad. Habría cerrado el círculo perfecto con unos textos maravillosos. Que luego los llega a tener, con cosas como In The Ghetto, en las que empieza a haber una mayor conciencia del texto. Y como intérprete es único. Si tuviera que destacar tres voces del siglo xx, serían las de Elvis, Frank Sinatra y María Callas. Bueno, también estarían Camarón y Nusrat Fateh Ali Khan. - Las músicas caribeña y latinoamericana. - La música latinoamericana no me gustó hasta que pisé Latinoamérica por primera vez. Por ejemplo nunca me había fijado en las rancheras, aunque sí las cantaba mi madre en la cocina. De repente, llego a México y aparezco en la plaza Garibaldi el primer día, me rodeo de mariachis y empiezo a soltar pesos entusiasmado para que toquen canciones. Me arruino, pero me voy fascinado pensando: <<A este mariachi lo tengo que fichar>>. Y era un mariachi corriente, claro. Pero estaba alucinado. Ésa era mi ignorancia. No conocía la grandeza de esa música, quizás por no recibirla de una manera tan directa. Cerré el círculo con las rancheras arrastradas, que para mí están por encima de los corridos. Luego descubrí los tangos, el son cubano… Todo, conforme he ido pisando países. - Y has seguido muy de cerca eso que aquí llamamos rock latino. - De todos los países que he visitado en Latinoamérica, siempre he vuelto con mil discos. He estado muy al tanto desde el primer disco de Café Tacaba, de lo que estaban haciendo entonces Fabulosos Cadillacs… Estoy hablando del año noventa y me quedaba alucinado al ver la poca respuesta

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que tenía ese material en España. Nadie entendía ni jota. Incluso el discurso que yo tenía entonces era que había que estar allí para entenderlo. Luego ha empezado a entrar poco a poco todo ese material y la gente lo ha asumido sin haber estado necesariamente en esos países. Pero me parecía imprescindible haber estado en México para entender a Café Tacaba, por ejemplo. Esa pasión es la que me hizo intentar empezar a traer grupos para aquí, algo que me resultaba dificilísimo. Convencer a los directivos de las compañías discográficas que los editaban fue la primea dificultad. Y, de hecho, trajimos a Aterciopelados, de Colombia. - Has mencionado antes a María Callas. ¿Eres buen escuchador de ópera y de música clásica en general? - Soy un cateto de la música clásica. Lo que ocurre es que me apasiona María Callas y tengo todos sus discos. Hombre, una ópera entera me cuesta mucho tragarla, pero las arias sí las escucho. Y también me gusta mucho Wagner. Sí, lo que más me gusta es la ópera. - Más allá de las referencias que te he propuesto, y aunque sea de manera telegráfica, dame algunos nombres más de músicos que estén en tu lista de favoritos. - ¡Uf! La verdad es que hablar e los Beatles es un poco tonto, pero es un material que siempre viene bien revisar periódicamente. Sobre todo, los discos que hicieron entre 1966 y 1970. De esos años puedo mencionar también a Dylan, Led Zeppelin, Rolling Stones, Hendrix o Santana. Gente básica para mí en un principio. De los setenta me quedo con Captain Beefheart, Van Morrison, Tim Buckley, David Bowie, Black Sabbath, Crutis Mayfield, James Brown, Frank Zappa, King Crimson, Miles Davis… Bueno, en realidad, de Davis me gustan todas sus épocas. De los ochenta destaco a Prince, el afterpunk, los Smiths, Cocteau Twins, Paolo Conte... - ¿Con qué te quedas de lo más actual? - De los noventa, con Massive Attack, Portishead, Jeff Buckley, P.J. Harvey, Pascal Comelade, Nine Inch Nails, Amina Annaba, lo último de Radiohead, Goran Bregovic… Lo cierto es que cada vez me interesan menos los movimientos y me gustan más las obras de determinados músicos, porque creo que todo va tomando cuerpo conforme vas haciendo discos. Calamaro, por ejemplo, ha cobrado mayor importancia para mí a

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raíz de Honestidad brutal. Lo mismo me parece que le ocurre a Manu Chao con Clandestino. Santiago Auserón, por otra parte, tiene una importancia básica en el rock en español y Jaime Urrutia me parece uno de los mejores compositores en nuestra lengua; ha definido el rock genuinamente español. Y los hermanos Amador, en Pata Negra. Con todos ellos podríamos tener los pilares básicos de la evolución del rock hispano en los últimos tiempos. Los demás imitan. - ¿Confías en que con el tiempo haya imitadores de Bunbury? - Tendría que conseguir un pilar para que alguien tire de ese filón y creo que todavía no lo tengo. Aunque creo que en Pequeño ya hay material para que no se me incluya entre los imitadores de los pilares que mencionaba antes. - Parece que no se te puede acusar de que no escuchas música. ¿Cuántos discos compras al año? - Pues no lo sé, pero entre cuatrocientos y setecientos. - Contemos también con que te regalan unos cuantos. - Sí. Y cada vez más, afortunadamente. - ¿Eres buscador de rarezas? - Si por rarezas entiendes música antigua o de otros países, por supuesto que sí; pero si te refieres a discos piratas o a ediciones extrañas con portadas únicas, para nada. Me interesa el contenido y que lo que me ofrezca el disco me pueda enriquecer. - ¿Cuántos discos tienes? - Ahora mismo no lo sé, porque estoy de mudanza y no tengo todo el material junto. Pero bastantes. Y me gustaría tener muchos más. Conforme descubro más músicas, veo más mis huecos culturales en la música. - La tradición dice que, en general, los músicos de rock españoles no compran música. O cuando menos que no la escuchan. ¿Compartes esa apreciación? - Hay veces que pienso que no es necesario escuchar tanta música como escucho yo. Creo que la pasión por componer canciones y la pasión por escuchar, que en mí confluyen, son diferentes y no tienen que ir juntas obligatoriamente. Conozco a muchos músicos que no escuchan música o

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que escuchan prácticamente lo mismo, que tienen una colección básica y a ella van y vienen, comprando en compacto lo que ya tienen en vinilo. Y lo llego a entender, porque hay gente que sobre eso puede componer grandes canciones. - ¿Lees revistas de música? - Bueno, tuve mi época en la que compraba, además de las revistas españolas, las anglosajonas. Ahora, anglosajonas sólo compro Q y Mojo; las semanales ya no me interesan nada. Y españolas me compro todas, pero las dos que realmente me gustan de verdad, que las leo con pasión y que coincido con su contenido, son Efe Eme y Zona de Obras. - Creo que ha quedado claro a lo largo de varias respuestas que la lectura es una de tus aficiones. La pregunta del millón es si eres un lector compulsivo o de método. - Se puede decir que soy compulsivo, pero nada metódico. Tal vez lo que menos lea sea novela; sobre todo, me interesan ensayos, lecturas sobre música, poesía, biografías, teatro… También he comenzado con pintores, pues me interesa el enfoque artístico, la forma de abordar su obra. Dentro de mis escasos conocimientos de pintura, me apasionan los artistas mexicanos: Diego Rivera, Frida Kahlo, Posada… También algunos españoles, como Barceló y Sicilia, y la portuguesa Paula Rego. Raramente leo novelas, aunque de vez en cuando aparece alguna pasión como Sábato, Bukowsky, Miguel Ángel Asturias, Unamuno, Mircea Eliade o Arrabal. - Arrabal es uno de los autores que mencionas en esa casa de citas, como yo había llamado a tu diario de la gira Avalancha. De ese escritor estabas leyendo entonces La torre herida por el rayo. También anotas otra lectura: una biografía de Pablo Neruda. - Arrabal es un autor del que creo que, exceptuando su penúltimo libro, he leído todo. Cuando alguien me apasiona me meto a fondo con él. Y en el caso de Neruda es que me ha resultado un poeta muy fácil de leer. Pero no es de los que realmente me hayan apasionado. Me apasionó mucho más Benedetti y en esta última etapa, Ángel González, Gil de Biedma, Miguel Labordeta… La poesía de la experiencia, digamos. - Fernando Sánchez Dragó también ha sido uno de tus favoritos. ¿Aún está en tu lista?

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- Creo que he leído todo lo que ha escrito y hay muchas cosas en las que coincido con él. En otras no, claro. Es más: coincido hasta con sus detractores. Pero, a diferencia de ellos, creo que entiendo lo que quiere decir Sánchez dragó cuando se mete en esos terrenos pantanosos que pueden herir susceptibilidades. He tenido ocasión de halar algunas veces con él y la verdad es que me parece un tipo con el que tengo ciertas conexiones; principalmente, la pasión por el viaje y una tendencia hacia lo espiritual, desde la perspectiva académica. Y también creo que a través de su interés por las religiones orientales ha hecho un camino de ida y vuelta y ha retomado lo que más le interesa del cristianismo místico, algo que actualmente también a mí me atrae. También a nivel político… Dragó ha sido muy criticado, e incluso acusado de facha y de apoyar a la derecha. Pero desde mi perspectiva, hubo un momento en España en el que el voto útil era echar al PSOE y había que tomar partido. Yo lo hice desde una actitud más libre, pidiendo a la gente que votase a quien fuera, menos al Partido Socialista, y él quizás se enfocó mucho más hacia el Partido Popular, que no me parece un partido facha en estos momentos. Pero vaya, todavía hoy hay gente que se echa para atrás cuando le comento que me gusta Sánchez Dragó. Y Gárgoris y Habidis, su obra que más me gusta, no es política en absoluto, como tampoco lo son el resto de sus obras de ficción. Creo, además, que casi nadie de los que le critican conoce la obra de Sánchez Dragó. Pienso que todo el mundo lo juzga por sus opiniones televisivas y quizás por su arrogancia o egolatría, que creo que la muestra abiertamente en algunos momentos, pero no creo que eso le haga perder puntos intelectualmente. - Deduzco por la lectura el muy mentado diario que has escrito poesía. No sé si sigues haciéndolo. - Sí, incluso llegué a presentarme a un concurso. Luego, cuando ha pasado el tiempo, no me gustó nada lo que había escrito. Y tampoco tengo un concepto muy bueno sobre mí como escritor. En definitiva, ahora prefiero concentrarme en intentar ser tal vez un buen escritor de canciones. Y me refiero ahora a los textos, algo que creo que no he conseguido y que espero lograr en el futuro. Algún día haré un disco cuyos textos sean realmente buenos. Pero la poesía la he desechado definitivamente. - Que no vas a publicar un libro de poemas, vaya.

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- No. Lo que he pensado en algún momento de euforia narcótica es que debería escribir un ensayo. Un ensayo político. - Has apuntado hace ya no sé cuántas respuestas que eres buen lector de teatro. ¿También eres un espectador fiel? - Me jode mucho el hecho de que desde hace dos o tres años sólo voy al teatro esporádicamente... Casi voy más por obligación, porque son obras que hace gente que conozco. Pero esa pasión que tenía a los dieciocho o diecinueve años, que me llevaba al teatro todas las semanas como ahora voy al cine, la he dejado bastante de lado. Me apena no ir al teatro tanto como iba antes. - Ya sabemos que Antonio Buero Vallejo está entre tus autores preferidos. ¿Alguno más? - Arrabal. De hecho, entré en Arrabal a través de su teatro. También, alguna de las primeras obras de Antonio Gala, como Séneca o el beneficio de la duda, que me impactó muchísimo, y Brecht, Artaud, Beckett, Ionesco, Ibsen, Tagore y el teatro hindú. Incluso norteamericanos como Tennessee Williams y Sam Shepard. Casi todo es teatro que hace referencia al desorden psicológico, que es común denominador en Buero, en el teatro del absurdo y en Williams. - Pues ya que te he dado tanto la lata con el diario, la pregunta es ineludible: ¿Sigues escribiendo diarios? - No. Los he escrito en determinadas etapas. En giras, en vacaciones… Una vez que hice la ruta maya escribí uno, aunque mejor lo llamaría cuaderno de campo, donde hacía anotaciones y a la vez reflexionaba sobre mis propios problemas. Eso lo he hecho en tres o cuatro ocasiones. Bueno, hice un diario de la grabación de Avalancha, que por el bien de todos espero que no se publique nunca. Ahora no escribo nada desde hace tiempo. Claro que salí escarmentado cuando le pasé al club de fans parte del diario europeo. No sé por qué lo hice, pero lo cierto es que luego me sentí un poco en pelotas. - Te agradezco que lo hicieses, pese a la desnudez, porque me ha venido muy bien. Por cierto: ¿Qué contiene ese diario de la grabación de Avalancha que has mencionado? - Es que esa grabación fue muy conflictiva. Y más por lo que rodeaba al grupo que por su propia situación. Hubo muchos problemas con la compañía y con el productor. Bueno, y con el manager, porque le habíamos

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pedido a Pito que no siguiera llevando nuestros asuntos. Había muchas cosas conflictivas. Es el tipo de diario con el que pueden saltar chispas, porque hay mucha gente implicada y asuntos un tanto escabrosos. - Te lo compro… En fin, hablemos de cine. ¿Qué películas o directores te motivan más? - Me gusta mucho el cine español, pero también soy consciente de que es una actitud reciente. Cada vez detesto más cierto cine norteamericano. Me gusta el cine europeo, aunque no el francés, y en ese sentido me gusta ir a filmotecas y ver cosas de autores como Bergman, que sé que es un autor que no debe mencionarse, porque no queda nada bien, pero que a mí me dice mucho. Del cine norteamericano me gustan las películas independientes, pero odio el cine que utiliza la violencia para epatar. No me gusta Tarantino, por ejemplo. Orson Welles es un director que me gusta mucho, porque creo que hace cine reflexionando sobre la propia condición del cine; es lo que hacía también Bresson. Y bueno, Woody Allen me vuelve loco. Casavettes es otro director que me gusta. Y Carl Theodor Dreyer, un director danés que tiene la que para mí es la mejor película de la historia: La palabra. Me gusta muchísimo la época mexicana de Buñuel. - ¿Por qué esa época de Buñuel, precisamente? - Bueno, de Buñuel se pueden decir muchas boutades, pero lo cierto es que es la etapa que más me llega. Sus películas españolas no me gustan, y las que hizo en Francia tampoco. Hombre, la etapa surrealista me parece interesante. La película que más me gusta de Buñuel es Simón del desierto. Otras pasiones, más allá de Buñuel, son el cine negro y Ernst Lubitsch, al que por su humor relaciono con Berlanga. - En un arranque de entusiasmo, anotaste en el diario que nos viene ocupando, y que a partir de ahora llamaremos diario del arrepentimiento, que el museo parisino D´Orsay era <<seguramente el mejor museo del mundo>>. ¿Fascinado por los impresionistas? - Son pasiones que surgen y con el D´Orsay he tenido esa pasión. En la época que tuve la novia italiana muchas veces nos encontrábamos en París, como terreno neutral, y me gustaba mucho ir a museos. Y además de la pintura contemporánea, que me interesa, y de la escultura, que me interesa aún más, porque la escultura me parece un milagro, había salas de artes

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decorativas. Me gustaban mucho porque he tenido cierta pasión por la carpintería. Son cosas que me llaman la atención porque soy muy manazas. - Sé que pintas, pero desconozco qué y cuánto. - Sí, he tenido periodos. En Guatemala pintaba árboles. Para las portadas de los maxis de Radical sonora quería haber hecho una serie de cuadros, pero al final los hizo Nona. Ahora estoy esperando a irme a vivir a la playa y ahí creo que me resultará más fácil seguir pintando. Pero no soy muy bueno. Nunca haría figuración; hago arte abstracto, que es como una excusa. - ¿Coleccionas arte? - Tengo cuadros, pero nunca me he tomado muy en serio lo de comprar pintura; entre otras cosas, porque me molesta guardar objetos en casa y porque cambio mucho de residencia. - Bueno, pues ya que estamos con la cosa de las aficiones, hablemos de deporte. Francamente, no te imagino en pantalón corto correteando por un parque o jugando al tenis, pero, por otra parte, veo que te mantienes en buena forma. - Premeditadamente no hago deporte. Me gusta el senderismo y escalar montañas y me gusta la natación. Pero son cosas que las hago por sí mismas y no por mantenerme en forma. Y no practico todos los fines de semana, por ejemplo. Las cosas que tienen que ver con el mar también me gustan. En definitiva, cualquier deporte que tenga relación con la naturaleza, aunque no planteado como obligación. - No te preparas especialmente para las giras, pues. - No. Quería buscar un profesor para aprender bailes de salón, porque me gusta mucho bailar, pero al final no lo hice. - ¿Y aguantas bien el tipo encima del escenario? - Sí, porque no fumo. Y ahora ni siquiera porros. - Tal vez tonifique el hecho de ser vegetariano. - Todo lo contrario. Me he ido debilitando cada vez más. Ser vegetariano me ha hecho comer muy mal; sobre todo en España. Creo que a través de una dieta vegetariana puedes estar más sano si la llevas convenientemente y concierta rigidez. Yo he llevado un desorden absoluto porque en España

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paras en un restaurante de carretera y no puedes elegir. Termino muy rápido de leer una carta, pues sólo me ofrece dos o tres cosas que pueda comer. - ¿Por qué te hiciste vegetariano? - Me gustan mucho los alimentos de origen animal, pero era una forma de protesta personal contra la matanza y la tortura indiscriminadas de los animales. Sobre todo, la que se practica en las grandes granjas. Incluso he tenido discusiones con vegetarianos, porque no entendían que no me pareciesen mal la caza y la pesca. Ambas cosas me parecen normales; lo que no es normal son los abusos y la tortura a los pollos, a los cerdos, a las vacas, a las ovejas… Que un ser humano se enfrente a un animal para comérselo me parece ley de vida. Y no hablo de la caza deportiva, sino de la de supervivencia. Yo me comeré un animal el día que tenga que cazarlo para alimentarme. - Hay quien distingue entre vegetarianos totales y parciales. ¿En qué categoría te encuentras? - Para mí, se es vegetariano o no se es. En todo caso, distinguiría la actitud del vegetariano ético, que es como me considero, de la del vegetariano dietético, que es quien no come animales por estar más sano o porque considera que le viene bien en un determinado momento de su vida. Desde luego, el vegetariano ético sólo tiene una directriz: no matar a ningún animal. Así, es obvio que puedes comer huevos o beber leche. Entran incluso las morcillas de transfusión. - ¿Morcillas de transfusión? - Lástima que no existan. - Abandonaste la carne, pero te queda el mundo y el demonio. No es poco, ¿no? - Sí. Además, abandoné la carne animal, no la humana.

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Capítulo DIVÁN / Conversaciones con Enrique Bunbury

El extranjero El escritor y nómada Bruce Chatwin nos informa de un proverbio árabe: Quien no viaja no conoce el valor de los hombres. Y Javier Reverte, otro irreductible trotamundos y no menos apasionante cronista, nos proporciona uno chichewa: Viajar es bailar. Bunbury es viajero dispuesto tanto a conocer el valor de sus semejantes como a danzar en las montañas de Nepal, donde tiempo ha apadrinó a una niña. Fascinado por México y devoto del Zagreb, piensa en Antigua, Guatemala, como en su lugar de retiro. Pero mientras la jubilación llega, y parece que aún tardaré, apunta a Cádiz como residencia transitoria, reflexiona sobre la mala conciencia del rocanrol, sitúa el valor de la comunicación por encima del concepto de patria y elogia la jardinería municipal que adorna las calles de la ciudad en la que nació y vive. El amor es ciego, Ray Charles es ciego, Steve Wonder es ciego… canta Caetano Veloso en El Extranjero. Bunbury, extranjero en medio mundo, no viaja con ojos anublados y observa, dice. Busca argumentos para sus discos y para su vida.

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- << uando me voy por ahí con la mochila es cuando más lejos me siento del personaje Bunbury, y más cercano a lo que soy en el alma y el corazón>>, me decías en una entrevista. ¿Son los viajes, y abordamos una práctica fundamental para ti, una manera de buscarte o de encontrarte a ti mismo? - Me siento más yo mismo cuando estoy en movimiento y estoy viajando, quizás porque elijo determinados países en los que no soy conocido y puedo hacer lo que quiero en cada momento, sin pensar que alguien puede estar observándome. Para un tipo como yo, al que le gusta observar, ser observado es un lastre horrible. Por un lado, tomo los viajes como n placer personal, como una búsqueda o una reconciliación conmigo mismo, y, por otro, últimamente los hago con afán creativo; es decir: los discos los hago en los viajes. Cuando me embarco en un nuevo proyecto, agarro la mochila y me voy. Y hasta que no tengo pensado el disco no vuelvo. Los viajes me facilitan mirar hacia dentro y me evitan mirar hacia fuera: la televisión, los amigos, la radio… Si me voy a Marruecos, por ejemplo, tengo poco contacto con lo que está ocurriendo en mi país, la industria musical me parece como un monstruo lejanísimo.. Sólo me queda cerca la realidad humana, aunque ésta no difiera mucho de un país a otro. Es el yo interno lo que me impulsa a viajar, además, claro está, del hecho de conocer otras culturas y todo eso. - Viajar tiene también algo de huida. - Sí, tal vez de algo que no me gusta. Por eso, siempre que viajo encuentro algún lugar en el que digo: <<Me debería quedar a vivir aquí>>. En cada país en que he estado he encontrado ese sitio. Pero, por otro lado, me ha ocurrido lo que cuento en la canción El extranjero: siento que no pertenezco a ningún lugar. Exceptuando Zaragoza, aunque me joda. Ya me gustaría pertenecer a una isla abandonada en Indonesia. - ¿Te atraen más las ciudades que los pueblos? - Al revés. Exceptuando un viaje por Marruecos en el que premeditadamente elegí las capitales, siempre que voy a un país lo que menos me intensa es la capital. Estoy los dos o tres días de rigor, tras dejar el avión, y después me organizo el viaje por los pueblos. Creo que, como soy muy urbano, echo de menos un entorno natural que nunca he tenido. Relacionarme con lugares paradisíacos ha supuesto suplir lo que nunca tuve de pequeño. No he vivido cerca del mar, ni siquiera cerca de la montaña. Ni

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he tenido animales a mi alrededor. Y, también, por mi ansia de búsqueda de ciertos lugares mágicos, intento acercarme a lugares sagrados. - Así que nada de turismo en el sentido más convencional. - He hecho algún viaje así. Creo que a Túnez. Pero ha sido el único. - Prácticamente has viajado por los cinco continentes, ¿no? - Sí, pero me faltan muchos países por conocer. Mi abuelo, con el que tuve muy buena relación, viajó a muchos países, pero le habría gustado estar en todos. Y yo, en cierto modo, me propuse hacer lo que él no había podido. Pero es complicado. - Salvo que te dediques exclusivamente a viajar. - Es algo que quiero hacer en algún momento: pillar un año sabático y dar la vuelta al mundo. - De los países que conoces, ¿cuáles te han calado más? - México fue el primer país de Latinoamérica en el que tuve una sensación déjà vu; era como si ya lo conociese e incluso como si hubiera vivido allí en otra vida. Y sigo sintiéndolo cuando voy. Y lo he recorrido mucho. Oaxaca ha sido una zona que siempre me ha encantado. Allí está San Agustinillo, un pueblecito que me encanta; me gusta mucho toda la zona del Yucatán… La zona maya, en definitiva. Y ese interés por la cultura maya me llevó a Belice, Guatemala, El Salvador, Honduras… Guatemala me llegó muy profundamente. Ahí está la ciudad en la que me voy a jubilar, que es Antigua. - Siempre he creído que era una broma eso de jubilarte en Antigua, pero parece que vas en serio. ¿Por qué esa ciudad? - Tiene unas casas de tipo castellano, preciosas, cada una pintada de un color, con patio interior y jardín. Es una ciudad que ha sido derruida por terremotos varias veces en los últimos cinco siglos. Era la antigua capital de Guatemala y es lo opuesto a la capital actual, Guatemala City, una de las ciudades más feas que he visto en mi vida. Y Antigua ha quedado como una ciudad dormitorio para artistas y gente que tiene una vida creativa e interesada por cierto indigenismo. Hay mucho extranjero. Jetas de todo el mundo, entre lo que quiero que me consideren. Es el lugar ideal para no hacer nada y dedicarme a la contemplación o a escribir una novela que nunca se vaya a publicar.

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- ¿Te han enseñado los viajes a ser más tolerante? - Creo que cualquier fundamentalista o nacionalista es un ignorante que no ha viajado en su vida. Es un tipo que no ha salido de su cubículo. Por supuesto que los viajes me han hecho más tolerante y comprender otras formas de vida. De hecho, asimilar diferentes culturas me hace aspirar a tener una cultura más global, menos localista y a entender mi propia obra como un cóctel, como algo bastardo. - En uno de tus viajes a Nepal apadrinaste a una niña. - Sí, eso fue hace mucho. De hecho se ha casado ya y ahora estoy apadrinando a otra, pero en India. Fui a verla a Nepal un par de veces, una de ellas con Copi y Joaquín. Ése fue un viaje muy curioso, porque la niña, que entonces tenía nueve años, vivía en un pueblo al que costaba llegar tres días a pie, una vez dejado el coche en la falda de la montaña. Fue increíble darse cuenta de hasta dónde estaba llegando el dinero que yo enviaba mensualmente: no solamente estaba contribuyendo al desarrollo de la niña; también servía para ayudar a cubrir determinadas necesidades colectivas. Ahí te cambia el concepto de lo que realmente necesitas. Nos dijeron que no le llevásemos regalos como vestidos o juguetes, porque eso podría crear conflictos entre tribus e incluso dentro de la misma familia. Llevamos unas tortas y se volvían locos. Y bueno, ya con lo que alucinaban era con una cámara polaroid que llevé. Para ellos eso era magia, vudú occidental. Nunca habían visto reflejada su imagen, porque no tenían espejos. Se me escapaba todo eso, pero me hacía pensar sobre las necesidades que nos creamos y qué es lo realmente importante en la vida. - ¿Qué te impulsó a hacer una acción así? Me refiero a apadrinar a alguien. - Es posible que sea verdad eso que dicen de que los músicos hacemos conciertos benéficos porque nos avergonzamos el dinero que ganamos. En cierto modo, tal vez sea ese sentimiento de culpa judeocristiano que tenemos inculcado. Sí, yo tengo eso arraigado. Pensar que puedes hacer algo por los demás y que es muy egoísta estar todos los días trabajando para ti. Realmente hacemos pocas cosas por la comunidad y cuando nos toca hacer algo nos jode: desde pagar impuestos a asistir a las reuniones de vecinos. Tenemos poca visión solidaria y comunitaria. Así que es posible que lo de la niña de Nepal fuese una manera de hacer algo por los demás. Fue una época en la que me metí en varias cosas, como

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salvar a los osos del Pirineo. Es pensar que con lo que ganas y con todo tu esfuerzo diario puedes hacer algo por los demás. -Ese asunto de la solidaridad podemos enlazarlo con los viajes en el sentido de que viendo mundo descubres grandes maravillas pero también tremendas miserias. Frente a la hermosura mitológica, la pobreza histórica. - Estás hablando de una miseria económica, junto a una riqueza espiritual. Es lo opuesto a lo que tenemos aquí. Por un lado, en el mundo rico, quien más quien menos, aunque no tenga trabajo, dispone de un techo para cobijarse; pero, por otro lado, por mucho que luchemos para conseguir determinados elementos de bienestar, nunca alcanzamos esa riqueza espiritual, esa alegría que tienen pueblos como el cubano o el nepalí. Lugares en los que dices:<<¿Cómo pueden tener tanta alegría, viviendo en esta miseria?>> Tienen un elemento espiritual en sus vidas que tiene un valor muchos mayor del que nosotros le damos. Nuestra aspiración se reduce a comprar cada vez más cosas, al consumo. - Pero cabrea comprobar que no se hace nada por evitar la miseria. Con la riqueza espiritual no se come. - Me produce cabreo pensar que mientras hay gente que se muere de hambre, nosotros podamos morir de gula. A veces alguien me dice que mis canciones pueden ayudar a alguien que nos e encuentre muy bien en un momento determinado, pero me parece que todo es muy egoísta en el rocanrol y que es una vida de excesos. Ver un escenario de rocanrol es... - El paradigma del exceso… - Sí. Piensas lo que cuesta una gira de U2 y ves a Bono intentando paliar la deuda externa de los países del Tercer Mundo y te preguntas si eso no es una contradicción increíble. No es que culpe a Bono de nada; sólo reflexiono, y eso me incluye a mí. Ya no te halo de lo que cuesta una película de Steven Spielberg. Con lo que se gastó en Parque jurásico podría comer un país entero. Y encima la película es una basura. - El viaje nos lleva a tu canción El extranjero, donde cantas <<ni patria ni bandera/ni raza ni condición>>. Albert Camus dijo que el idioma es nuestra patria. ¿Es la tuya tu idioma? - En el plano artístico asumo totalmente que mi patria es mi lengua. Pero por otro lado, pienso que la lengua sólo es un vehículo de comunicación

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que me sirve para intentar entenderme con el prójimo. Y si el prójimo no entiende español y yo tengo que hablar euskera, pues hablo euskera, no pasa nada. Bueno, sí que pasa, porque no tengo ni puta idea de euskera. Pero pongamos inglés o incluso francés, que lo hablo mal, y que tengo que utilizarlo cuando voy a pueblos de Marruecos en los que no hablan ni español ni inglés:<<Oui, madame, monsieur…>>>Pero bueno, creo que, en lo artístico, utilizando mi lengua puedo hablar mucho más de lo que me rodea y de aquello a lo que pertenezco, porque es el resumen de todo lo que soy. - Yo iba un poco más allá… - Si estamos hablando desde el punto de vista social y político, a mí me da miedo decir mi patria es mi lengua, porque en cierto modo deberíamos empezar a ser más tolerantes y deberíamos incluso crear una mezcla de idiomas para poder comunicarnos. Me parece más importante la comunicación que la patria, por supuesto. - Siguiendo ese razonamiento, ¿cuál sería tu raza? - Como español sólo puedo decir que mi raza es bastarda. Estamos en un país que ha sido invadido por todo pueblo viviente. Entonces, hablar de razas en España es un sinsentido. Cualquiera puede ser aquí descendiente de judío, de moro, de visigodo, de romano, de ibero, de celta, de fenicio… ¿Qué coño somos? ¿Cómo puede alguien en El Ejido meterse con los moros? No lo entiendo - Es inevitable, en el punto en el que estamos, acudir a una estrofa de El Extranjero: <<Los nacionalismos, qué miedo me dan>>. ¿De dónde procede ese miedo? - No me da miedo un nacionalismo cultural, de orgullo por tus cosas, de aprecio de lo tuyo. Me da miedo el nacionalismo excluyente, y que no se respete lo que ocurre fuera de unas fronteras culturales o geográficas. Me da miedo todo lo que pueda llevar a una intolerancia que provoque una guerra. Es lo de Yugoslavia, o lo de Israel con los jordanos. Y en España me parece que estamos en lo mismo: cada día me acojono más cuando escucho a Arzallus por la televisión. Y a lo mejor no debería hablar de eso, pero me da… pavor oír a ese… ser humano…, a ese loco. Me parece que dice cosas que o no las piensa o es que se ha caído en una marmita de LSD. No sé. Creo que los nacionalismos violentos no llevan a ningún lugar. Y me parece increíble que hay alguien que piense lo

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contrario. Y me parece increíble que tenga que decir estas cosas como de puntillas. - Ultima referencia al manoseado diario: <<Cada vez tengo más ganas de irme a vivir a Los Ángeles>>, anotas. ¿Ya se te han ido las ganas? - Los Ángeles es la única ciudad en los Estados Unidos en la que realmente puedes llevar una vida anglosajona y una vida latina, por separado y mezcladas. Allí, depende de dónde me meta, puedo llevar una vida como en México DF: escuchar radios en español, comprar periódicos en español y estar rodeado de gente que considero cercana a mí. Pero, por otro lado, creo que Los Ángeles es una ciudad de oportunidades, en la que todo el mundo está luchando por conseguir algo. Eso hace que la ciudad sea dura, pero también que ofrezca muchos servicios. Es el lugar donde el rock en español se ha hecho un hueco y desde donde saldrá disparado si llega la ocasión. Eso es lo que me fascinó de Los Ángeles. Fue en un mo9mento en el que Héroes estaba muy fuerte en toda Latinoamérica y a punto de entrar en Estados Unidos, y si el grupo hubiera continuado nos tendríamos que haber ido a Los Ángeles. Juan y yo estábamos decididos. Había que estar ahí. - ¿Otras intentonas de vivir fuera de España? - Sí, también pensé en irme a México y hace dos años, a Marruecos. Fue un viaje que hice con Bruno Galindo 21. Un amigo suyo tenía una casa preciosa en el centro de Tánger, en la zona de la Medina, desde la que se veía Gibraltar. Y me la alquilaban superbarata. El único problema es que no me la alquilaban todo el año. Pero estuve muy a punto. Y en México también me ofrecieron una posibilidad. Hay una zona en México que me encanta, que es Coyoacán, donde está la casa azul de Frida Kahlo, que es el prototipo de casa que me gustaría tener. - Al final, ni siquiera te has ido a Madrid o Barcelona y sigues en Zaragoza. - Tengo claro que de aquí ya no me voy. De hecho, acabo de realizar el movimiento definitivo para tener un piso aquí y pasar temporadas en otros sitios. En ese sentido, ahora estoy loco con Andalucía, con Cádiz. Alquilaré algo allí y, como soy tan volátil, cuando me canse me iré a otro lado. 21

Periodista musical. Coordinador de El País de las Tentaciones. Además, colabora en Zona de Obras.

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- ¿Por qué Cádiz? - Empecé a tener contactos ahí con gente y a conocer a cantaores y guitarristas y me he metido en todos los ajos. Cada vez que voy a Cádiz me encuentro a las cinco de la mañana cantando Volando voy en un garito con los gitanillos. Y estoy investigando en mi casa las posibilidades del flamenco y la música gitana y las posibilidades de adaptarlo a lo mío. Nunca voy a ser un cantaor, no lo pretendo, pero me gustan los palos flamencos y creo que se puede investigar mucho por ahí. - Volvemos a Zaragoza. Es una ciudad que defiendes, reivindicas e incluso publicitas. - Siempre he pensado que si Lou Reed ha hecho un disco que se llama New York, por qué no voy a poder decir yo Zaragoza en mis canciones. Tiene un encanto especial, quizás por el hecho de ser una ciudad provinciana y que recibe bien a la gente que viene de fuera. También, por el hecho de que me parece una ciudad segura. No tengo datos, pero me parece que el índice de delincuencia es bajo respecto a otras ciudades. O por lo menos no es una delincuencia que veas por la calle. No ves al yanqui tirado en la calle, ni áreas duras de prostitución. Yo no lo veo, vaya. Cosa que sí observo en pleno centro de Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla. Creo que la seguridad es una parte importante de Zaragoza. Y, últimamente, aparte de las cosas que haya podido hacer mal la Rudi, 22 la verdad es que ha puesto muchas flores y muchas plantas. Creo que cuida la ciudad como su casa. - <<Y en Zaragoza, un cañón>>, decía la jota, y La Estación del Silencio, bar que es como tu casa y que muchos seguidores de Héroes han pensado siempre que era propiedad del grupo. - El nombre de La Estación del Silencio surgió antes de que nosotros sacáramos el primer disco y en cierto modo pensamos que el bar iba a ayudar a la carrera del grupo. Ha sido al revés, pero entonces creíamos que un bar que se llamase así nos serviría de apoyo. Pero nunca ha sido nuestro. Sí es un bar con cierto encanto, en el que se reúne un montón de gente relacionada con la música.

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Luisa Fernanda Rudi. Alcaldesa de Zaragoza (PP) y aficionada a la jardinería urbana. Poco después de concluidos estos encuentros con Bunbury, Rudi fue nombrada presidenta del Congreso de los Diputados.

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- Ahora, gracias al desarrollo de las comunicaciones, parece que ya no es necesario vivir en los centros e poder para hacer lo que quieres o necesitas. - Creo que estando en Zaragoza o en Bollillos del Condado puedes trabajar en España si tienes un nombre hecho. Pero echo de menos no estar viviendo temporadas en Latinoamérica, porque me gustaría trabajar mucho más ahí. Y además sé que tengo la posibilidad; no es una utopía. Pero cada vez tengo menos tiempo, menos ganas de hacer giras y más ganas de hacer discos. Es también un momento muy bueno para trabajar en Latinoamérica y en Estados Unidos, y creo que el público norteamericano tiene mucha memoria y sabe quién eres, recuerda tu trayectoria, te tiene presente y no es tan despectivo con un artista cuando éste crece y hace discos diferentes. Como que no te juzga constantemente por tu último single.

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Capítulo DIVÁN / Conversaciones con Enrique Bunbury

De mayor Fin del recorrido. Tiempo para pulsar el porvenir inmediato. El futuro, dijo alguien, es sólo un tiempo verbal. El futuro, maña, o sea, para Bunbury es un disco de tangos. ¿Gardel redivivo? ¡Quia! Parece que pretende dar nueva visión europea de la cosa porteña clásica. Avisa también de un próximo álbum recopilatorio de Héroes, pone en guardia respecto a cómo cambiará el argumento textual de sus próximas canciones y parafrasea a Pessoa con una autodefinición. Pasen, lean y adiós. Muy buenas.

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ablemos de proyectos a corto plazo, más allá de la salida de Pequeño en Estados Unidos y Latinoamérica, donde ya está rodando cuando este libro se publique. Creo que piensas editar dos álbumes simultáneos en otoño de 2000. - Sí, pero ha habido algún cambio de planes. En realidad, estoy manejando varios proyectos que ya he ofrecido a la compañía de discos. Con toda seguridad, antes del verano saldrá un álbum en directo, acompañado de un documental sobre la gira Pequeño Cabaret Ambulante. Cuando vuelva de las presentaciones por América me embarcaré en la producción del álbum de Los Elefantes, un grupo magnífico de Barcelona. A partir de julio, volveré a la carretera en España, tal vez Francia y Portugal. Y en septiembre, otra vez a Latinoamérica. Además, Emi-Odeón planea sacar en navidades un grandes éxitos de Héroes y aún me quedan colgados el proyecto de tangos y mi próximo álbum con material propio. - A ver, a ver, aclara un poco todo eso. - El disco de tangos me parece un reto apasionante. La idea es ofrecer una revisión muy española. Tengo claro el eje por el que me gustaría moverme: Cádiz-Nueva Orleáns-Buenos Aires. Y sobre el disco en directo, en principio hablamos de hacer un DVD. Quizás sea demasiado pronto para ese formato, pero tenemos claro que queremos dejar constancia de todo lo bueno que nos está ocurriendo en esta gira, desde el punto de vista sonoro y visual. - Así que si no tenemos en cuenta el disco de tangos, tu nuevo álbum con material propio va a tener que esperar. - Pues sí. Todavía no me lo quiero plantear, ya que para hacerlo tengo que desaparecer del mapa, ubicarme en Andalucía y componer con calma. Además, quiero concentrarme mucho en los textos, porque supondrán un giro importante respecto a lo que he hecho hasta ahora. No creo que vayan a tener mucho en común con los de mis dos discos en solitario. - ¿Te refieres a la forma o al contenido? - A la forma. Serán textos mucho más narrativos, mucho más extensos; más cinematográficos, por decirlo de alguna manera. Y, en general, quiero hacer un disco menos ecléctico que Pequeño, y más centrado. El álbum de tangos que voy a hacer sentará los pilares de lo que será mi trabajo en el futuro

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- Dame alguna pista más, payo. - La verdad es que una de las razones por las que ahora me interesa más lo narrativo es que quiero proponer una mirada más externa de las cosas. Quiero utilizar otros protagonistas. Me gustaría que fuera un disco de historias, de personajes que pudieran no tener nada que ver conmigo. - Y dime, pibe, ¿por qué un disco de tangos? - No son tangos muy clásicos. He elegido un repertorio no habitual dentro de los tangos. Son textos que quiero sentir de una manera muy personal. De hecho, han sido los textos los que han marcado la selección de las piezas. El origen de este proyecto está en un disco de encargo que me hizo la compañía, del que yo iba a ser el productor: tangos clásicos, interpretados por artistas latinos no necesariamente cantantes. Luego dije: <<Vale, quiero ser el productor, pero lo quiero hacer con mi banda>> y lo siguiente fue: <<Soy el productor, lo hago con mi banda y los colaboradores, todos al carajo; lo hago solo>>. Es lo que se llama un proceso de apropiación de un proyecto ajeno. - ¡Qué jeta! - El proyecto es muy bonito, pero los artistas son un rollo y es muy complicado trabajar con ellos. Me entusiasma tanto, que no quería que se me fuera de las manos. Lo bonito está en abordar los tangos de una manera no ortodoxa. Por ejemplo: no quiero oír un bandoneón por ningún lado. Me interesan mucho el jazz, los conceptos de Piazzolla y lo que ha hecho Juan Carlos Cáceres con la instrumentación gitana. Lo que quiero es buscar fórmulas diferentes de hacer el tango. Sé que es una música argentina, pero Barcelona y Madrid, como París, enriquecieron el tango. Así que quiero dar una visión española, sin utilizar dejes ni usar el lunfardo 23. Aunque luego en Argentina me tiren piedras y de todo. Me gustaría, modestamente, poner un granito de arena para que el tango no se quede anquilosado en los cánones des estereotipo del pasado. - Y en medio de todos esos líos, para no aburrirte, has participado en un disco colectivo de homenaje a Serge Gainsbourg.

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Jerga hablada en Buenos Aires (Argentina) y sus alrededores, originalmente utilizada por <<gente maleante>> (la acotación procede del Diccionario de uso del español, de María Moliner)

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- Sí. Es un álbum que saldrá en el mes de octubre. He hecho una versión de Réquiem para un cabrón. Nick Cave, Pulp, Pizzicato Five y Najwajean, entre otros, también están en ese disco. - Despedida y cierre. <<No sé aún si soy un poeta o un sentimental>>, escribió Pavese. ¿Qué dirías de ti? - No sé si soy un mediocre o un apañao.

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Diván Conversaciones con Enrique Bunbury  

ES un libro sobre la vida de Enrique Bunbury

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