Centroamérica: el futuro es posible
Cardenal Oscar Rodríguez M. Nosotros, el gran mestizo, somos océanos confluentes de dos mundos que produjeron desde esas “naves inventoras de regiones” la primera globalización de términos ciertos. Cuando la carabela de Don Cristóbal le robó la ola a la piragua del indígena nació la idea del mundo. América nació para romper en la monotonía de los europeos la costumbre de creerse únicos; desde entonces saben que los europeos son diferentes y a decir verdad fue nuestra parte mesoamericana la que les ayudó a “descubrirse”, tarea inconclusa aun a pesar de más de 500 años transcurridos. ¿Pero quiénes somos nosotros ? También para nosotros es cierta la pregunta; seguramente cuando nació el primero de nosotros, el que no era totalmente de aquí y tampoco era totalmente de allá, había nacido un “nuevo hombre para un nuevo mundo” con la tarea ineludible, innegable de encontrar, de construir sus “señas de identidad”.
Cuando tomamos nuestra tarjeta de identidad figuran en ellas los datos que conducen a los demás a reconocernos, a ser reconocidos. Sabemos cuántos años tenemos, dónde nacimos, qué señales particulares poseemos, y por lo común añadimos nuestra huella digital, - próximamente nuestro DNA en ella dice igualmente dónde vivimos, dónde se pueden comunicar con nosotros y si se averigua más encontraremos que esos detalles sumados, constituyen nuestra hoja de vida.
S. Pierre Escudero
Pues bien, aquí entre centroamericanos en el ámbito de este tercer milenio es conducente y apenas normal que nos reconozcamos y que seamos capaces de decir nuestras “señas de identidad”.
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BS Don Bosco en Centroamérica