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BOCA DE SAPO Nº16

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Testimonio

De la selva al reactor: Una vida ecológica y atómica Oscar Ángel Beuter

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* Oscar Ángel Beuter es ingeniero electromecánico. Gerente a cargo de la Gerencia Coordinación Proyectos, Comisión Nacional de Energía Atómica-NASA.

rabajo desde hace cuarenta años en la Comisión Nacional de Energía Atómica. Entré a los veintidós a esta institución que fue hospitalaria para un estudiante de Ingeniería provinciano y pobre, solo en la Capital. Puedo decir que me formé tanto en la CNEA como en la Universidad de Buenos Aires, donde cursaba la carrera pese a la dificultad de hacerlo paralelamente a una jornada completa de trabajo. Integrar la Comisión de Energía Atómica fue, más que un sueño logrado, una gran sorpresa. De chico, mientras planeaba el futuro en el largo viaje a caballo que me llevaba desde la chacra a la escuela del pueblo (Cerro Azul, en Misiones, que apenas tenía unos doscientos habitantes por entonces), pensaba en ser algún día ingeniero. Quizá porque me encantaba construir todo: desde máquinas y camiones de juguete hasta casitas donde pudieran vivir seres de escaso tamaño como mis primas y yo. Pero jamás se me pasó por la cabeza que iba a terminar diseñando una instalación atómica completa. Ya se sabe que Buenos Aires es el París de los provincianos. Por lo menos para mí estaba tan lejos como París. Nacido en 1952, en una colonia rural de alemanes y polacos literalmente perdida en la selva, sin luz eléctrica y con casas que recordaban a las de la familia Ingalls, una ciudad semejante –de la que tanto se hablaba– tenía el aura de los lugares fabulosos. Ni siquiera sabía que allí se había fundado en la década anterior, un organismo destinado al fomento de la energía nuclear en la Argentina. Menos aún podía imaginar que con los años me tocaría ocupar en ese organismo cargos directivos y tomar decisiones. Mis tareas iniciales fueron como técnico mecánico (me había recibido en la Escuela Técnica de Posadas). Dibujando a mano en el tablero y bajo la guía de profesionales experimentados, me inicié en el diseño de lo que se llama “componentes menores” para el manejo de material nuclear, que necesita de una tecnología especial, sobre todo remota, ya que el contacto directo no es posible debido a la radiación o contaminación. Tiempo después de terminar la carrera, dirigí grupos de CNEA que se dedicaban al mantenimiento de la central nuclear de Atucha I. Una tarea fascinante, porque se trataba de intervenir el corazón mismo de una planta de tanto poder energético, actualizando y reemplazando componentes del núcleo del reactor. Mi familia y amigos se preocupaban bastante con mi obsesión por este trabajo que juzgaban peligroso, no sin motivos, porque requiere muchísima

BOCA DE SAPO |16. Era digital, año XV, abril 2014. [ENERGÍA] Beuter, p.55.


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