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Trágico centralismo Glady C. Cingolani A partir de este año y hasta 2025, la gran mayoría de los países iberoamericanos conmemorarán el bicentenario de sus respectivas independencias. La independencia de la Nación Argentina se declaró en San Miguel de Tucumán el 9 de Julio de 1816 y fue la culminación de un proceso iniciado en Buenos Aires el 25 de Mayo de 1810. Si nos remitimos al Calendario Escolar, el “25 de mayo de 1810” encabeza la celebración de las fechas patria con el indiscutible protagonismo del cabildo en todas las ilustraciones. La más conocida es la reproducción del cuadro “El pueblo quiere saber de qué se trata” del artista Ceferino Carnacini, pintado en 1938, que ilustró billetes en la segunda mitad del siglo XX.1 La gesta de Mayo, donde cesó el virrey que ya no ejercía ninguna representación, y se conformó la Primera Junta, a pesar de gobernar en nombre del Rey de España, Fernando VII (cautivo de Napoleón), dio muestras claras de iniciar un proceso independentista. Organizarse en Juntas, era un hecho legítimo, pues el derecho español preveía que cuando se producía la vacancia del trono, la soberanía volvía al Cabildo, organismo que representaba al pueblo. Así, los españoles, luego del levantamiento del pueblo de Madrid ocurrido el 2 de mayo de 1808, para resistir la invasión de los franceses, se agruparon en Juntas locales hasta la conformación de la Junta Central Suprema, que se creó tras la victoria de Bailén. Esta actitud fue asumida por los pueblos de América, dominios de los reyes de España, que trataron de organizarse en juntas ante la acefalía del gobierno. Pero, seis años después, la declaración de la Independencia Argentina, tiene visos de heroicidad, en un momento de tantos riesgos. El panorama no podía ser más sombrío, en 1814, el rey Fernando VII colocado en el trono de España, se abocó a organizar la recuperación de sus dominios americanos, eso invalidaba continuar invocando la lealtad al rey y exigía un urgente pronunciamiento. La reacción realista no se hizo esperar y en 1816 ya habían caído nuevamente bajo su poder gran parte de sus antiguas colonias, quedaban aún libres las Provincias Unidas y el Paraguay. Sin embargo, el peligro estaba latente, los patriotas habían sufrido las derrotas de SipeSipe, Huaqui, Vilcapugio y Ayohuma. El foco del poderío español estaba en el Alto Perú actual Bolivia y de allí les era factible atacar las bases patriotas, el Congreso reunido en Tucumán que custodiaba el Gral. Manuel Belgrano, en Mendoza, destruir la obra del Gral. José de San Martín, y alzarse con todo el territorio de las Provincias Unidas, tomando Buenos Aires. El Gral. José de San Martín que estaba preparando el Ejército de los Andes, insistía en la pronta declaración de la independencia. No podía salir a combatir a los españoles como insurrecto, porque era hacerle la guerra al mismo rey, del cual se dependía. De allí la convicción de los diputados que la declaración de la Independencia era inminente y así lo hicieron en la sesión del 9 de julio de 1816. “…declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que los ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojados, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Heguy Silvina: REVOLUCION DE MAYO / SEXTA NOTA: ANALISIS DE LAS POSTALES QUE RESCATAN LA MEMORIA SOBRE EL 25

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DE MAYO DE 1810 Mitos

y verdades Clarín, Suplemento especial, domingo 19 de julio de 2002.


Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli “. Días posteriores se le agregó “y de toda otra dominación extranjera ” a solicitud del Dr. Pedro Medrano, Diputado por Buenos Aires. Y el 21 de julio la Independencia fue jurada por los diputados en presencia del gobernador de Tucumán, del Gral Manuel Belgrano, funcionarios eclesiásticos, militares e invitados especiales. La fórmula de juramento fue la siguiente: ¿Juráis por Dios Nuestro Señor y esta señal de cruz, promover y defender la libertad de las provincias unidas en Sud América, y su independencia del Rey de España, Fernando VII, sus sucesores y metrópoli, y toda otra dominación extranjera? ¿Juráis a Dios Nuestro Señor y prometéis a la patria, el sostén de estos derechos hasta con la vida, haberes y fama? Si así lo hiciereis Dios os ayude, y si no, El y la Patria os hagan cargo. No hay duda de que los congresales, conocían perfectamente la situación que vivía el país, pero no titubearon en expresar semejante solemne juramente donde ponían como garantía “la vida, haberes y fama”, que por otra parte ya estaba expresado en el texto del Acta de la declaración de la independencia. Resumiendo, la declaración de la Independencia es la culminación del proceso que se inició con la Revolución de Mayo, por ello, lo pertinente es celebrar el 9 de julio de 2016 el bicentenario de la Declaración de esta Independencia, por la que tanto se luchó, se sufrió y arriesgó. Pero el nudo gordiano de la cuestión está en que la Revolución de Mayo se gestó en Buenos Aires y la declaración de la Independencia se llevó a cabo en el interior del país. Y Buenos Aires siempre acaparó todo para ella, desde los recursos hasta las celebraciones. Por la política centralista aplicada desde el vamos, se segregó el Paraguay, y por su ineptitud en las negociaciones, después de haber ganado la guerra del Brasil en la decisiva batalla de Ituzaingo, se perdió la Provincia Oriental del Uruguay y las Misiones Orientales y anteriormente a raíz de la mala política implementada por Castelli con el ejército del Norte, se perdieron las Provincias del Alto Perú, hoy Bolivia. El Congreso, al año siguiente lo trasladaron a Buenos Aires, allí perdió su federalismo. Los diputados de algunas provincias con escasos recursos, que no podían sostener un representante en esa ciudad, fueron reemplazados por porteños que actuaban en su nombre. El Congreso sancionó la constitución unitaria de 1819, centralista y aristocrática, que lógicamente fue rechazada por la provincias. Sesionó hasta 1920, al desaparecer el gobierno nacional con la caída del directorio. La celebración del 9 de julio con los mismos preceptos que el 25 de mayo fue establecida por Juan Manuel de Rosas, durante su segundo gobierno, mediante un decreto promulgado el 11 de junio de 1835, cuando la independencia Argentina, cumplía al año siguiente, dos décadas de su declaración. Convengamos que los preparativos de Buenos Aires para celebrar el bicentenario de la Revolución de Mayo el próximo año están en marcha, pero no dudemos en prever otros festejos más importantes para el 2016, donde tendrá el valor agregado del centenario del primer gobierno nacional electo por la Ley Sáenz Peña, con el voto universal, obligatorio y secreto.

Trágico Centralismo  

Bicentenario de la Independencia Argentina

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