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El arte de amar

“Ánimo, y no dudes que saldrás vencedor en todos los combates; entre mil apenas hallarás una que te resista; las que conceden y las que niegan se regocijan lo mismo al ser rogadas, y dado que te equivoques, la repulsa no te traerá ningún peligro. ¿Mas cómo te has de engañar teniendo las nuevas voluptuosidades tantos atractivos? Los bienes ajenos nos parecen mayores que los propios; las espigas son siempre más fértiles en los sembrados que no nos pertenecen y el rebaño del vecino se multiplica con portentosa fecundidad. Ante todo haz por conocer a la criada de la joven que intentas seducir, para que te facilite el primer acceso, y averigua si obtiene la confianza de su señora y es la confidente de sus secretos placeres; inclínala en tu favor con las promesas y ablándala con los ruegos; como ella quiera, conseguirás fácilmente tus deseos. Que ella escoja el momento, los médicos suelen también aprovecharlo, en que el ánimo de su señora, libre de cuitas, esté mejor dispuesto a rendirse; el más favorable a tu pretensión será aquel en que todo le sonría y le parezca tan bello como la áurea mies en los fértiles campos. Si el pecho está alborozado y no lo oprime el dolor, tiende a dilatarse y Venus lo señorea hasta el fondo.” Ovidio

El arte de amar


Do you still feel younger than you thought you would by now Or, darling, have you started feeling old yet Don't worry, I'm sure that you're still breaking hearts With the efficiency that only youth can harness And do you still think love is a Laserquest Or do you take it all more seriously I've tried to ask you this in some daydreams that I've had But you're always busy being make-believe And do you look into the mirror to remind yourself you're there Or have somebody's good-night kisses got that covered Well I'm not being honest, I'll pretend that you were just some lover Now I can't think of air without thinking of you I doubt that comes as a surprise And I can't think of anything to dream about I can't find anywhere to hide And when I'm hanging on by the rings around my eyes And I convince myself I need another And for a minute it gets easier to pretend that you were just some lover When I'm pipe and slippers and rocking chair Singing dreadful songs about something Well I've found a better method of pretending you were just some lover Well I've found a better method of pretending you were just some lover

Arctic Monkeys.

Love is a Laserquest


Anna Karénina

“—No ha prometido usted nada, lo reconozco. Pero ya sabe que no es su amistad lo que pretendo. Sabe que la felicidad de toda mi vida se encierra en esa palabra que usted rechaza: el amor. —El amor… —repitió ella lentamente, en voz muy baja, como hablando consigo misma. Y luego, mirándole bien de frente—: Rechazo esta palabra porque para mí tiene un sentido mucho más grave y más profundo de lo que usted puede imaginar. Adiós. Le dio un rápido apretón de manos y subió a su coche. Vronski se sintió inmensamente feliz. Besó la palma de su mano, que había estado en contacto con la de Anna, y se fue hacia su casa con la dulce certidumbre de que aquel día había avanzado, más que en todo el tiempo precedente, hacia la realización de su deseo.” León Tolstói

Anna Karénina


Cien años de soledad

“Se entregaron a la idolatría de sus cuerpos, al descubrir que los tedios del amor tenían posibilidades inexploradas, mucho más ricas que las del deseo. Mientras él amasaba con claras de huevo los senos eréctiles de Amaranta Úrsula, o suavizaba con manteca de coco sus muslos elásticos y su vientre aduraznado, ella jugaba a las muñecas con la portentosa criatura de Aureliano, y le pintaba ojos de payaso con carmín de labios y bigotes de turco con carboncillo de las cejas, y le ponía corbatines de organza y sombreritos de papel plateado. Una noche se embadurnaron de pies a cabeza con melocotones en almíbar, se lamieron como perros y se amaron como locos en el piso del corredor, y fueron despertados por un torrente de hormigas carniceras que se disponían a devorarlos vivos.” Gabriel García Márquez

Cien años de soledad


Come here

There's wind that blows in from the north. And it says that loving takes this course. Come here Come here No I'm not impossible to touch I have never wanted you so much. Come here Come here Have I never laid down by your side Baby, let's forget about this pride Come here Come here Well I'm in no hurry Don't have to run away this time I know you're timid But it's gonna be all right this time Kath Bloom. (En la B.S.O. de Antes del amanecer)


Con faldas y a lo loco

Osgood: Hablé con mamá. Estaba tan contenta que hasta lloró. Quiere que lleves su vestido de novia. Es de encaje blanco. Jerry/Daphne: Osgood, no puedo casarme con el vestido de tu mamá. Eee… seguro que ella y yo… nn…no tenemos el mismo tipo! Osgood: Podemos reformarlo… Jerry/Daphne: No hace falta. Osgood, he de ser sincera contigo, tú y yo no podemos casarnos. Osgood: ¿Por qué no? Jerry/Daphne: Pues… primero porque no soy rubia natural. Osgood: No me importa… Jerry/Daphne: Y fumo. ¡Fumo muchísimo! Osgood: Me es igual. Jerry/Daphne: ¡Tengo un horrible pasado! Desde hace tres años estoy viviendo con un saxofonista. Osgood: Te lo perdono. Jerry/Daphne: Ah…nunca podré tener hijos… Osgood: Los adoptaremos. Jerry/Daphne: No me comprendes, Osgood... ¡Soy un hombre! Osgood: Bueno, nadie es perfecto…

Guión de Billy Wilder y I.A.L. Diamond. Con Jack Lemmon en el papel de Jerry / Daphne y Joe E. Brown en el papel de Osgood.


Cumbres borrascosas

“—¿Por qué me mintió hasta el final? —prosiguió—. ¿Dónde se encuentra? Aquí no… en el cielo tampoco… y no se ha extinguido… Entonces, ¿dónde está? ¡Ah!, dijiste que no le importaba nada de mis sentimientos. Pues yo voy a rezar una plegaria y a repetirla hasta que la lengua se me seque: ¡Catherine Earnshaw, ojalá no encuentres descanso mientras yo siga con vida! Dijiste que yo te había matado, ¡pues entonces persígueme! Las víctimas persiguen a sus asesinos. Yo creo que hay fantasmas que vagan por el mundo, lo sé. Quédate siempre conmigo, bajo la forma que quieras, ¡vuélveme loco! Pero lo único que no puedes hacer es dejarme solo en este abismo donde no soy capaz de encontrarte. ¡Oh, Dios mío, es inconcebible! ¡No puedo vivir sin mi vida! ¡No puedo vivir sin mi alma!”.

EmilyBrontë

Cumbres borrascosas


Demian

"Y me contó la historia de un muchacho enamorado de una estrella. Adoraba a su estrella junto al mar, tendía sus brazos hacia ella, soñaba con ella y le dirigía todos sus pensamientos. Pero sabía o creía saber, que una estrella no podría ser abrazada por un ser humano. Creía que su destino era amar a una estrella sin esperanza; y sobre esta idea construyó todo un poema vital de renuncia y de sufrimiento silencioso y fiel que habría de purificarle y perfeccionarle. Todos sus sueños se concentraban en la estrella. Una noche estaba de nuevo junto al mar, sobre un acantilado, contemplando la estrella y ardiendo de amor hacia ella. En el momento de mayor pasión dio unos pasos hacia adelante y se lanzó al vacío, a su encuentro. Pero en el instante de tirarse pensó que era imposible y cayó a la playa destrozado. No había sabido amar. Si en el momento de lanzarse hubiera tenido la fuerza de creer firmemente en la realización de su amor, hubiese volado hacia arriba a reunirse con su estrella." Hermann

Demian

Hesse


El doctor Zhivago

Pero ¿qué era Lara para él? Para esta pregunta siempre tenía preparada la respuesta. La tarde otoñal en el patio. El aire era un contrapunto de sonidos. Las voces de los niños que jugaban derramábanse un poco por todas partes como para demostrar que el espacio palpitaba de vida. Aquel espacio era Rusia, su incomparable y gloriosa madre, cuyo nombre resonaba más allá de los mares, mártir, terca y extravagante, exaltada, creada por Dios, con sus hallazgos siempre grandiosos y fatales y siempreimprevisibles . ¡Qué dulce era existir! ¡Qué dulce era estar en el mundo y amar la vida! Uno quisiera darle las gracias a la vida, a la existencia, decírselo a la cara. Eso era Lara. No es posible comunicar con estas cosas, pero ella era su símbolo, su expresión, el don del oído y de la palabra dados a los elementos mudos de la existencia. No era verdad, no era verdad mil veces todo aquello que había pensado de ella en un momento de duda. Al contrario, ¡qué perfecto e irreprochable era en ella todo! Lágrimas de exaltación y arrepentimiento le nublaron la vista. Abrió la portezuela de la estufa y hurgó con el atizador. Rechazó hacia el fondo las brasas y reunió delante, allí donde el tiro era más fuerte, los tizones que no habían acabado de arder, y dejó la portezuela abierta un instante. Le

causaba

un

vivo

placer

sentir

en

la

cara

y

las

manos

el juego del calor y la luz. El móvil reflejo de las llamas le devolvió definitivamente el dominio de sí mismo. ¡De qué modo le faltaba ahora Lara, de qué modo deseaba algo que tangiblemente le llegase de ella!

Boris Pasternak. El doctor Zhivago


Don Hamlet

Hamlet

¡Ofelia, cotovía, axóuxere! Os nosos amores non son unha historia. Son un sorrir. Eu cóllote da caluga, amósoche o fondo dun pozo mouro, dígoche: ¡bebe sen medo, é Hamlet!, e ti sorrís e bícasme. ¡A xente ía rir a callón, Ofelia, ollando como teu pai nos golpeaba co ábaco! Non, Ofelia, non son os amores nosos tan doces. Quero que os amores nosos non se representen nunca. ¡Poderías entolear!

Hamet fixo con Ofelia o que dixo, apreixouna contra o peito e bicouna.

Don Hamlet, Álvaro Cunqueiro


La tía Tula

“El amor, sí. ¿Amor? ¿Amor dicen? ¿Qué saben de él todos esos escritores amatorios, que no amorosos, que de él hablan y quieren excitarlo en quien los lee? ¿Qué saben de él los galeotos de las letras? ¿Amor? No amor, sino mejor cariño. Eso de amor –decíase Ramiro ahora- sabe a libro; sólo en el teatro y en las novelas se oye el yo te amo; en la vida de carne y sangre y hueso el entrañable ¡te quiero! y el más entrañable aún callárselo. ¿Amor? No, ni cariño siquiera, sino algo sin nombre y que no se dice por confundirse ello con la vida misma.”

Miguel de Unamuno

La tía Tula


La tregua

“Cuando se está en el foco mismo de la vida, es imposible reflexionar. Y yo quiero reflexionar, medir lo más aproximadamente posible esta cosa extraña que me está pasando, reconocer mis propias señales, compensar mi falta de juventud con mi exceso de conciencia. Y entre los detalles que quiero verificar está el tono de su voz, los matices de su voz, desde la extrema sinceridad hasta el ingenuo disimulo; está su cuerpo, al que virtualmente no vi, no pude descubrir, porque preferí pagar deliberadamente ese precio con tal de sentir que se aflojaba la tensión, que sus nervios cedían la plaza a los sentidos; preferí que la oscuridad fuera realmente impenetrable, a prueba de toda rendija iluminada, con tal de que sus estremecimientos de vergüenza, de miedo, qué se yo, se cambiaran paulatinamente, en otros estremecimientos, más tibios, más normales, más propios de la entrega. Hoy me dijo: «Estoy feliz de que todo haya pasado», y parecía, por el impulso de las palabras, por la luz de los ojos, que se estuviera refiriendo a un examen, a un parto, a un ataque, a cualquier cosa de mayor riesgo y responsabilidad que la simple, corriente, cotidiana operación de acostarse juntos un hombre y su mujer”. Mario Benedetti

La tregua


El cartero de Neruda

"―Don Pablo, estoy enamorado. ―Eso ya lo dijiste. ¿Y yo en qué puedo servirte? ―Tiene que ayudarme. ―¡A mis años! ―Tiene que ayudarme, porque no sé qué decirle. La veo delante de mí y es como si estuviera mudo. No me sale una sola palabra. ―¡Cómo! ¿No has hablado con ella? ―Casi nada. Ayer me fui paseando por la playa como usted me dijo. Miré el mar mucho rato, y no se me ocurrió ninguna metáfora. Entonces, entré a la hostería y me compré una botella de vino. Bueno, fue ella la que me vendió la botella. ―Beatriz. ―Beatriz. Me la quedé mirando, y me enamoré de ella. Neruda se rascó su plácida calvicie con el dorso del lápiz. ―Tan rápido. ―No, tan rápido no. Me la quedé mirando como diez minutos. ―¿Y ella? ―Y ella me dijo: “¿Qué miras, acaso tengo monos en la cara?” ―¿Y tú? ―A mí no se me ocurrió nada. ―¿Nada de nada? ¿No le dijiste ni una palabra? ―Tanto como nada de nada, no. Le dije cinco palabras. ―¿Cuáles? ―¿Cómo te llamas? ―¿Y ella? ―Ella me dijo “Beatriz González”. ―Le preguntaste “cómo te llamas”. Bueno eso hace tres palabras. ¿Cuáles fueron las otras dos? ―“Beatriz González”. ―Beatriz González. ―Ella me dijo “Beatriz González” y entonces yo repetí “Beatriz González”." Antonio Skármeta

El cartero de Neruda


LA CARICIA PERDIDA Se me va de los dedos la caricia sin causa. Se me va de los dedos... En el viento, al rodar la caricia que vaya sin destino ni objeto, la caricia perdida, ¿quién la recogerá? Pude amar esta noche con piedad infinita, pude amar al primero que acertara a llegar. Nadie llega. Están solos los floridos senderos. La caricia perdida, rodará... rodará... Si en el viento te llaman esta noche, viajero, si estremece las ramas un dulce respirar, si te oprime los dedos una mano pequeña que te toma y te deja, que te logra y se va. Si no ves esa mano, ni la boca que besa, Si es el aire quien teje la ilusión de llamar, ¡Oh! viajero, que tienes como el cielo los ojos, en el viento fundida ¿me reconocerás?

Alfonsina Storni Languidez


El bosque animado

“—Siempre te quise, Hermelinda. ¿Lo sabías ya? —No, no lo sabía —respondió ella en voz baja. Él calló, descontento de haber hablado, con la desalentadora seguridad de haber pronunciado palabras inútiles. La moza se acercó y apoyó la cabeza en su hombro. Geraldo, repentinamente feliz, no se movió. Transcurrieron unos segundos. Ella observó con dulzura: —Hueles a la aldea. Me parece como si estuviese en la aldea. Entonces sintió hacia él una ternura intensa y difusa a un tiempo que no se refería precisamente a aquel hombre, sino a todos los que había amado en las noches de “tuna” de los sábados y en la oscuridad amparadora de las fragas, y el aroma del tojo y de los pinos, y al del humo de las “queiroas” en el fuego del lar, y a los bosques y a los sembrados, a los cariños y a las emociones gozados en aquel trozo de tierra verde y húmedo en el que la vida era feliz, a pesar de todo. En la penumbra distinguía apenas el rostro de Geraldo. Entornó los parpados, echó hacia atrás la cabeza sobre el hombre varonil y ofreció sus jugosos labios juveniles. Geraldo la apretó contra sí. Ni comprendió las posibilidades del momento ni intentó analizarlas. Rodeó con un brazo el cuerpo de la muchacha y aquella sensación le aisló del mundo. El ronroneo del mar abandonó la playa para sonar dentro de él mismo. La hoguerita de Montealto dejó de mirarlos con su roja pupila. Fuera de aquel rinconcito todo se hundió en inutilidad e indiferencia.

Wenceslao Fernández Flórez

El bosque animado


La loca de la casa

“M. se equivocaba al creer que yo me había portado como una sinvergüenza y yo me equivocaba al pensar que M. era el hombre de mis sueños. Un ser maravilloso al que yo había perdido por mi nerviosismo y por mi torpeza. Intenté por todos los medios explicarle mi versión o que alguien se la explicara, pero ni mis cartas (traducidas al inglés por un profesional) ni mis intermediarios lograron llegar a él. Durante varias semanas me abrasé de desesperación por el malentendido. No podía soportar la idea de que Él, precisamente Él, El Hombre De Mi Vida, pensara de mí, por un simple error, las cosas más horrendas. No me aguantaba a mí misma. Me quería morir. De hecho, enfermé: me pasé no sé cuántos días vomitando. Luego, cuando el rodaje se acabó y M. se marcho de España, tuve que resignarme a lo inevitable de la catástrofe; a partir de entonces, la desesperación por el equívoco dio paso a una desesperada pena pura. El dolor del desamor me golpeó como la ola gigante de un maremoto. Me perseguía su recuerdo. Me abrumaban sus ojos, tan verdes, tan punzantes; y rememoraba una y otra vez todos los (pocos) besos que nos habíamos dado, cada una de las caricias y de los roces. Todo ese esplendor, ese cuerpo duro y cálido, esa piel turbadora, ese embriagador olor a hombre, todo ese banquete de la carne había estado a mi alcance, en la punta de mi corazón y de mis dedos; mi deseo rugía, la frustración me ahogaba. Como aún era muy joven, estaba convencida de que nunca jamás encontraría a ningún hombre que me gustara tanto. Los demás varones de la Tierra desaparecieron para mis ojos: tres mil millones de seres que se borraron de golpe. Era un sufrimiento tan obsesivo que, por las mañanas, cuando me despertaba, el primer pensamiento que me asaltaba era la imagen de M. y la desolada certidumbre de haberlo perdido. Dolía tanto que tuve que esforzarme en no pensar en él. Ni veía sus películas ni hablaba de M. con nadie. Sobrellevaba mi pena como si estuviera atravesando un campo minado: cuando pensaba en otra cosa, la vida proseguía con normalidad, era feliz. Pero de cuando en cuando algo me recordaba a M., esto es, pisaba sin querer una de las minas: y el estallido me dejaba con las tripas fuera durante cierto tiempo.

RosaMontero. La loca de la casa


La señora Dalloway «Luego, al pasar junto a un jarrón de piedra en el que se habían colocado flores, Clarissa disfrutó del momento más exquisito de toda su vida. Sally se detuvo, cogió una flor y besó a Clarissa en los labios. ¡Fue como si el mundo se hubiera puesto cabeza abajo! Los demás desaparecieron; Sally y ella estaban solas. Tuvo la seguridad de que se le había hecho entrega de un regalo, cuidadosamente envuelto, con el mensaje de que lo guardara sin abrirlo: un diamante, algo infinitamente precioso, bien envuelto, que, mientras paseaban (arriba y abajo, arriba y abajo), ella descubrió, o cuyo resplandor traspasó el envoltorio y se produjo la revelación, el sentimiento religioso».

VirginiaWoolf

La señora Dalloway


La soledad de los números primos “Ah, Mattia… De nuevo pensaba en él, era como otra de sus enfermedades, de la que en realidad no deseaba curarse. Se puede enfermar de recuerdos, y ella enfermó con el de aquella tarde en el coche frente al parque, cuando le tapó con un beso la visión de aquel horror. Por mucho que hacía memoria de todos los años vividos con Fabio, no recordaba ni un momento que le encogiese tanto el corazón, que se representase con los mismos vívidos colores, que reviviese con el mismo estremecimiento en la piel, en la raíz del pelo, entre las piernas. Hubo, verdad es, un momento intenso, cierto día que fueron a cenar a casa de Riccardo y su mujer; recordaba que rieron y bebieron mucho, y que luego, ayudando a Alessandra a lavar los platos, un vaso se le rompió entre las manos y se cortó la yema del pulgar; soltó el vaso y profirió un quejido, no muy fuerte, apenas un susurro, pero Fabio lo oyó y acudió en su ayuda: la llevó a la luz, le examinó el dedo y, para restañar la herida, se inclinó y la chupó; chupó su sangre como si hubiera sido propia, mientras con el dedo en la boca alzaba hacia ella los ojos, aquellos ojos transparentes cuya mirada no sabía sostener. Y entonces, apretándole el dedo herido, la besó en la boca, y ella sintió el sabor de su propia sangre en la saliva de él, y se imaginó que circulaba por todo el cuerpo de su marido y volvía a ella limpia, como en una diálisis. Recordaba, sí, aquel momento, pero había olvidado muchos otros, porque el recuerdo de las personas que no amamos es superficial y se evapora pronto.”

Paolo Giordano.

La soledad de los números primos


Retornos del amor recién aparecido

Cuando tú apareciste, penaba yo en la entraña más profunda de una cueva sin aire y sin salida. Braceaba en lo oscuro, agonizado, oyendo un estertor que aleteaba como el latir de un ave imperceptible. Sobre mí derramaste tus cabellos y ascendí al sol y vi que eran la aurora cubriendo un alto mar en primavera. Fue como si llegara el más hermoso puerto del mediodía. Se anegaban en ti los más lucidos paisajes: claros, agudos montes coronados de nieve rosa, fuentes escondidas en el rizado umbroso de los bosques. Yo aprendí a descansar sobre unos hombros y a descender por ríos y laderas, a entrelazarme en las tendidas ramas y a hacer del sueño mi más dulce muerte. Arcos me abriste y mis floridos años recién subidos a la luz, yacieron bajo el amor de tu apretada sombra, sacando el corazón al viento libre y ajustándolo al verde son del tuyo. Ya iba a dormir, ya a despertar sabiendo que no penaba en una cueva oscura, braceaba sin aire y sin salida. Porque habías al fin aparecido.

Rafael Alberti

Retornos de lo vivo lejano


Robin y Marian (Richard Lester)

"I love you. More than all you know. I love you more than children. More than fields I've planted with my hands. I love you more than morning prayers or peace or food to eat. I love you more than sunlight. More than flesh or joy or one more day. I love you more than God" (Audrey Hepburn a Sean Connery en Robin y Marian)


Mi querida y hermosa amiga: Por primera vez a solas con su retrato, debo, en el silencio de esta noche, escribirle. Por breve que sea esta carta atesorará el privilegio de ser la primera. Otras habrá que le repetirán lo que ella viene a decirle tan ingenuamente. Lo feliz que soy de haberla encontrado de nuevo bella y admirable, tal como usted lo es en todo. Despierto a la belleza como un niño al que se le cuenta una hermosa historia. Admiro lo que usted ha llegado a ser gracias a un sufrimiento sincero. Su corazón se ha engrandecido donde otros perecen. No lo olvide nunca. No se encierre en un destino, siga así; guarde las olas de ángel que le permiten entrar en una vida que le ha estado esperando sin saberlo. Esas mismas olas que la llevan hacia su arte. Emprenda el vuelo e imponga a quien se encuentre, como si fueran una ley su belleza y su alma. Esté tranquila pase lo que pase, querida, usted está salvada. Después de todo lo que hemos hablado, lo que hemos sentido juntos durante aquellos años, es natural que la ame. Hay que devolver a esta palabra su antigua grandeza, por eso la pronuncio, de lejos, porque he asumido por completo mi soledad, de cerca porque aquellos que me aman me ayudan infinitamente a soportarla. Sé que con el tiempo me parecerá haber pensado siempre en el momento que la vi por primera vez; es ella, si es ella. Pues la amo desde siempre. Aunque la amé mejor desde que la conocí. Buenas noches, querida. Yo no sé de adioses.

Me llevo su alma y se la enseñaré a Dios y a los ángeles. Habitará en el universo. Las flores se mirarán en ella maravilladas y los pájaros se llegarán a ella para beber.

Mi corazón continúa contemplándola arrodillado. La amo. Escucho campanas. Suyo infinitamente. Rilke


Romeo y Julieta “ROMEO -¡Se burla de las llagas el que nunca recibió herida! JULIETA aparece arriba, en una ventana. ROMEO –Pero, ¡silencio!, ¿qué resplandor se abre paso a través de aquella ventana? ¡Es el Oriente, y Julieta el sol! ¡Surge, esplendente sol, y mata a la envidiosa luna, lánguida y pálida de sentimiento porque tú, su doncella, la has aventajado en hermosura!” JULIETA:- ¡Oh Romeo, Romeo! ¿Por qué eres tú Romeo? Niega a tu padre y rehúsa tu nombre; o, si no quieres, júrame tan sólo que me amas, y dejaré yo de ser una Capuleto. ROMEO:- (Aparte) ¿Continuaré oyéndola, o le hablo ahora? JULIETA:- ¡Sólo tu nombre es mi enemigo! ¡Porque tú eres tú mismo, seas o no Montesco! ¿Qué es Montesco? No es ni mano, ni pie, ni brazo, ni rostro, ni parte alguna que pertenezca a un hombre. ¡Oh, sea otro nombre! ¿Qué hay en un nombre? ¡Lo que llamamos rosa exhalaría el mismo grato perfume con cualquiera otra denominación! De igual modo Romeo, aunque Romeo no se llamara, conservaría sin este título las raras perfecciones que atesora. ¡Romeo, rechaza tu nombre; y a cambio de ese nombre, que no forma parte de ti, tómame a mi toda entera! ROMEO:- Te tomo la palabra. Llámame sólo "amor mío" y seré nuevamente bautizado. ¡Desde ahora mismo dejaré de ser Romeo! William Shakespeare.

Romeo y Julieta


Suite francesa “Estaban solos –se creían solos- en la enorme casa dormida. Ninguna confesión, ningún beso, sólo el silencio… Más tarde, conversaciones febriles y apasionadas durante las que hablaban de sus respectivos países, de sus familias, de música, de libros… Los invadía esa extraña felicidad, esa prisa por desnudar el corazón ante el otro, una prisa de amante que ya es una entrega, la primera, la entrega del alma que precede a la del cuerpo. «Conóceme, mírame. Soy así. Esto es lo que he vivido, esto es lo que he amado. ¿Y tú? ¿Y tú, amor mío?» Pero, hasta ahora, ni una palabra de amor. ¿Para qué? Son inútiles cuando las voces se alteran, cuando las bocas tiemblan, cuando se producen esos largos silencios… Lucile acarició con suavidad los libros extendidos sobre la mesa, libros alemanes con las páginas impresas en esa escritura gótica que resulta extraña y repulsiva. Alemanes, alemanes… «Un francés no me habría dejado salir sin más muestra de amor que besarme las manos y el vestido…» Sonrió y encogió ligeramente los hombros: sabía que no era timidez ni frialdad, sino esa enorme y adusta paciencia alemana, semejante a la de animal salvaje que espera su momento, que espera que la presa, fascinada, se deje coger sola. -Durante la campaña –le había contado Bruno-, pasamos noches enteras apostados en el bosque de Moeuvre. La espera, en momentos así, es erótica… Sus palabras la habían hecho reír. Ahora ya no le parecían tan graciosas. ¿Qué otra cosa estaba haciendo ella en ese momento? Esperaba. Lo esperaba. Merodeaba por aquellas habitaciones sin vida. Dos, tres horas todavía. Luego, la cena a solas. Luego, el ruido de la llave en la puerta de su suegra. Luego, Marthe, cruzando el jardín para ir a cerrar la verja. Luego, de nuevo la espera, febril, extraña… y, por fin, el relincho del caballo en la calle, el entrechocar de armas, las órdenes al asistente, que se alejaba con el animal… En el umbral, aquel ruido de espuelas… Luego, esta noche, esta noche de tormenta, con el rumor de los tilos agitados por el frío vendaval y el lejano redoble del trueno, le diría al fin -¡porque ella no era hipócrita y se lo diría alto y claro!- que la presa apetecida era suya. -¿Y mañana? ¿Mañana? –murmuró Lucile, y de pronto una sonrisa traviesa, atrevida, voluptuosa, la transformó súbitamente como el resplandor de una llama ilumina y altera un rostro. A la luz de un incendio, las facciones más suaves adquieren un aspecto diabólico que atrae y da miedo. Lucile salió de la habitación sin hacer ruido.” Irene Nemirovsky Suite Francesa


I Know It's Over Oh mother, I can feel the soil falling over my head And as I climb into an empty bed Oh well, enough said I know it's over still I cling I don't know where else I can go, mother Oh mother, I can feel the soil falling over my head See, the sea wants to take me The knife wants to slit me Do you think you can help me?

It's so easy to laugh It's so easy to hate It takes strength to be gentle and kind It's over, over, over

Sad veiled bride, please be happy Handsome groom, give her room Loud, loutish lover, treat her kindly Though she needs you more than she loves you

It's so easy to laugh It's so easy to hate It takes guts to be gentle and kind It's over, over, over

And I know it's over Still I cling I don't know where else I can go It's over, it's over, it's over

Love is natural and real But not for you, my love Not tonight my love Love is natural and real But not for such as you and I, my love

I know it's over And it never really began But in my heart it was so real And you even spoke to me and said: "If you're so funny Then why are you on your own tonight? And if you're so clever Then why are you on your own tonight? If you're so very entertaining Then why are you on your own tonight? If you're so very good looking Why do you sleep alone tonight? I know because tonight is just like any other night That's why you're on your own tonight With your triumphs and your charms While they are in each other's arms"

Oh Mother, I can feel the soil falling over my head Oh Mother, I can feel the soil falling over my head Oh Mother, I can feel the soil falling over my head Oh Mother, I can feel the soil falling over my head Oh Mother, I can feel the soil falling over my head

Letra de Morrisey; MĂşsica The Smiths


Las partículas elementales «El preadolescente es un monstruo mezclado con un imbécil, de un conformismo casi increíble; parece la cristalización súbita y maléfica (e imprevisible, si pensamos en el niño) de lo peor del hombre. ¿Cómo se puede dudar, después de eso, que la sexualidad es una fuerza absolutamente dañina? ¿Y cómo aguanta la gente vivir bajo el mismo techo que un preadolescente? Mi tesis es que sólo lo consiguen porque su vida está completamente vacía; pero mi vida también está vacía y no lo he conseguido. De todas formas todo el mundo miente, y miente de la manera más grotesca. Estamos divorciados, pero seguimos siendo buenos amigos. Veo a mi hijo un fin de semana de cada dos; menuda mierda. En realidad los hombres no han tenido nunca el menor interés por sus hijos, nunca ha sentido amor por ellos, y además los hombres son incapaces de amar, es un sentimiento que les resulta completamente ajeno. Lo único que conocen es el deseo, el deseo sexual en estado bruto y la competición entre machos; y luego, en otra época y dentro del matrimonio, podían llegar a sentir cierto agradecimiento por su compañera cuando les daba hijos, llevaba bien la casa, era buena cocinera y buena amante; entonces le agradaba compartir la cama con ella. Quizá no era lo que las mujeres deseaban, quizá había un malentendido, pero podía ser un sentimiento muy fuerte, e incluso si se excitaban, por otra parte cada vez menos, tirándose a una nena de vez en cuando, ya no podían vivir, literalmente, sin su mujer; cuando ella desaparecía empezaban a beber y se morían en unos pocos meses. Los hijos, por su parte, servían para transmitir una condición, unas reglas y un patrimonio. Esto era así, claro, en las clases feudales, pero también en los comerciantes, los campesinos, los artesanos; de hecho, en todas las clases sociales. Ahora nada de eso existe: soy un empleado, vivo en régimen de alquiler, no tengo nada que dejarle a mi hijo. No tengo un oficio que enseñarle, no tengo ni idea de lo que hará en la vida; de todos modos, las reglas que yo conozco no valdrán para él, vivirá en otro universo. Aceptar la ideología del cambio continuo es aceptar que la vida de un hombre se reduzca estrictamente a su existencia individual, y que las generaciones pasadas y futuras ya no tengan ninguna importancia para él. Así vivimos, y actualmente tener un hijo no tiene sentido para un hombre. El caso de las mujeres es diferente, porque siguen necesitando alguien a quien amar; cosa que nunca ha sido y nunca será el caso de los hombres.» Michel Houellebecq

Las partículas elementales


Les feuilles mortes

Oh! je voudrais tant que tu te souviennes Des jours heureux où nous étions amis. En ce temps-là la vie était plus belle, Et le soleil plus brûlant qu'aujourd'hui. Les feuilles mortes se ramassent à la pelle. Tu vois, je n'ai pas oublié... Les feuilles mortes se ramassent à la pelle, Les souvenirs et les regrets aussi Et le vent du nord les emporte Dans la nuit froide de l'oubli. Tu vois, je n'ai pas oublié La chanson que tu me chantais. C'est une chanson qui nous ressemble. Toi, tu m'aimais et je t'aimais Et nous vivions tous deux ensemble, Toi qui m'aimais, moi qui t'aimais. Mais la vie sépare ceux qui s'aiment, Tout doucement, sans faire de bruit Et la mer efface sur le sable Les pas des amants désunis.

Les feuilles mortes. Letra de Jacques Prévert y música de Joseph Kosma.


Rime

Amore è un concetto di belleza immaginata o vista dentro al core, amica di virtute e gentilezza. Michelangelo Buonarroti

Rime


Rebecca

“Menos mal que la fiebre del primer amor sólo se pasa una vez. Porque es una fiebre, y una carga también, digan los poetas lo que digan. A los veintiún años uno no es valiente. Está lleno de pequeñas cobardías, de miedos pueriles, infundados, y es tan fácil herirnos. ¡Se nos lastima con tan poca cosa! La más leve palabra espinosa se nos clava con crueldad. Hoy, arropada por la benévola armadura de una madurez que se aproxima, las diminutas punzadas cotidianas no arañan más que levemente y pronto se olvidan; pero ¡a aquella edad! ¡Cómo perdura el efecto de una palabra poco amable, dicha sin intención, hasta convertirse en un estigma imborrable! ¡Y cómo una mirada altanera se nos queda marcada en el alma como algo eterno!”

Daphne du Maurier

Rebecca


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Certame de relatos de amor