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P贸lvora Jes煤s Carmona-Robles

P贸lvora Jes煤s Carmona-Robles


Este plaquette se liberó para su distribución digital el día 18 de noviembre del 2011 Pólvora por Jesús Alberto Carmona Robles se encuentra bajo una Licencia Creative Commons AtribuciónNoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

Editado y distribuido por Bakcheia cartonera. Queda libre su distribución tanto física como digital.

Jesús Alberto Carmona Robles: sedicebisonte@hotmail.com http://www.lahistoriadelfuego.blogspot.com

Bakcheia Cartonera: Bakcheiacartonera@hotmail.com http://bakcheiacartonera.blogspot.com/


Se me acabaron las flores y las estrellas se me acabaron las ganas de seguir cantando ya no río como el agua que se revuelve en las cortinas ya no soy paciente con la noche ya no ya de pronto me veo hecho río me advierto temblando en las ansias de hacerme revolver y caer como el agua caer como cayeron mis cortinas la noche cuando el huracán vino a visitarme y quemó mi cama, caí como cayó el Dios de los pájaros, un Dios que jamás pudo ser gato y nunca aprendió a caer como caí yo ese día en donde el huracán que mis amigos bautizaron con tu nombre inundó la iglesia de mis pensamientos y secuestró a un Cristo ya harto de saberse mudo.


Cuando murió la novia de mi amigo lloré por compromiso, o quizá lloré por alguna especie de psicosis colectiva. Yo no tenía por qué llorar, ciertamente la muchacha siempre me cayó mal... pero lloré. Lloré discretamente, sorbiéndome los mocos intentando no hacer ruido, ocultando la repentina hinchazón de mi rostro. No quería llorar, pero al sentir la sal del llanto entrar por la comisura de mis labios me sentí satisfecho. Lloré. Lloré como todo un campeón. Mi amigo me abrazó y en voz baja me dijo que me calmara. Muy tarde. El llanto es un animal oportunista que vive detrás de los ojos.


Y estรกn esos que derraman lumbre sobre la sombra, los que lamen sus huellas sin darse cuenta que al mismo tiempo escupen la tierra que los alimentรณ. Y estรกn esos que dan brincos sobre los espejos que rodean sus lรญmites, rascando el ojo de Dios, empapรกndose los dedos con mermelada de dedos. Y estรกn esos que se ahogan en el doloroso suspiro de la sorpresa. Y estรกn esos que huyen con los ojos cerrados hacia un deterioro perfumado. Y estรกn esos que tiemblan de hambre pero vuelan con la misma gracia de una pluma inflamada en lรกgrimas. Y estรกn esos que se siguen preguntando cuรกl es la historia del fuego. Y estรกn esos que se rascan las ideas y se descuidan las barbas. Y estรกn esos que aman con la potencia de un chorro de sangre.

Que todos ellos vuelen formando en el horizonte un enjambre de moscas que hable en idiomas desconocidos.


TĂş decidiste tragar esa saliva en cuyo recipiente se podĂ­a leer "Bebida antidepresiva sabor Yocasta"


Guardé en alguna nube ese recordatorio que me iba a recordar algo que alguna vez dejé de recordar cuando el recuerdo de otro recuerdo se recordó a sí mismo y acordando (conmigo) llegamos a la cuerdísima resolución de atarnos una cuerda al cuello y patear la silla.


Todo se hace de piedra siempre después de tanto ruido. Un niño se acuesta en su llanto y duerme agotado (fue una noche donde incluso la noche gritaba de miedo) y con una voz distinta, el niño le contaba a los árboles todos los sueños que cruzaban por su rostro de burbuja de leche Todo se hace de piedra después de tanto ruido


Tu olor no necesita una D


Yo no hago mĂşsica. Yo le hago las alas. Te beso y asĂ­ se arregla todo por eso de vez en cuando lo descompongo.


(Soy un hombre que no lucha por lo que quiere las manotas de mi padre esculpieron un lobezno y me lo obsequió la noche de mi primer llanto. Soy un monumento al silencio y desafío a los pájaros.) Está lloviendo y las calles sudan ese olor que hace que se te caigan lo dientes. Recuerdo un sueño: el fin del mundo arrecia y tú lloras cucarachas rodeada de hombres disfrazados de dinosaurios. En la nariz me tiembla un sabor navideño. En Japón tiembla y la gente se muere. Qué suertudo soy. Dudo y escribo porque la certeza me escasea. Dudo y quiero responderme con el suspenso de los acertijos. Le diré al profesor de filosofía que mi angustia más grande es la inexistencia, yo sé que la muerte se hospeda en mis uñas, profe, y me platica por las noches historias sobre niñas que juegan con los intestinos de papá. Le pregunto al profesor de filosofía sobre el suicidio y él habla de caídas y cosificaciones, de estremecimientos. Habla del Filipenses 2:12 que dice cosas sobre temores y temblores o algo así. Y yo sonrío. Ando bien crudo, profe.


En la gran fiesta de las mentiras nos darรกn de comer gomitas con la forma de tu rostro y luego nos escaparemos bailando al ritmo de esos colores que nos regala la ciudad cuando se adentra en la podredumbre de los atardeceres


Qué bobo te ves haciendo caballitos de papel mientras todo el mundo ha pasado de comerse las uñas a comerse los dedos. Los niños usan sus dedos en lugar de palabras. El blanco es un color que sirve de mapa para llegar a los pantanosos comedores del raciocinio. Hay un cadáver flotando entre las cabezas de los comensales. Hay océanos de tristeza que abrazan a los barcos tripulados por cachorritos marineros. Cuando me zumban los oídos ya no me importa un carajo si la gente me desea cosas de muerte, a ellos se les hará chicharrón el corazón. Escribo sin permitirme pausas para que la maestra crea que estoy escribiendo lo que está dictando. Nadie sospecha de las piedras porque entre sus silencios están encerrados los siete sermones de la muerte. A ella la quise tanto que no me importó oler muy de cerca su menstruación. Mi caligrafía se descompone conforme la electricidad de mi cerebro va haciéndose más y más roja, mis letras, de lejos, parecen arbolitos extraterrestres que nunca servirán para hacer fuego. Yo te diré qué fueron los noventas, los noventas fueron una pinche patraña, como tu papá y tus poemas. Haremos versitos que engañarán sonrisas y nos acostaremos a dormir creyendo que acabamos de salvar a la humanidad. Mi lengua era una lengua romance cuando te besaba, muchacha, y yo le digo a Iván que su poesía no durará porque los Tamagochis fueron aplastados por esa estampida que llamamos 'enamoramiento' y él hace air drums


mientras canta en sus adentros: ♪ Se supone que la vida no es tan estridente Mamá está equivocada y los libros mienten ♪ Lloro mordiendo el éter que revolotea entre tus lentesotes y mis lentesotes. Los poetas chilangos hablan arameo mientras duermen y los poetas chilangos hablan de cómo sus padres destriparon a sus perros. Esto no es un poema etcétera y el flash de las cámaras nos interceptaban cantando ♪ Bloody rainbow ♪ Bloody rainbow ♪ nos pusimos gruñones y abrimos tantísimo los ojos... esto no es un poema etcétera y cuando me enamoro etcétera siento la misma angustia etcétera que sentía cuando mis caballitos de papel apenas sabían relinchar etcétera. Soy un niño que se convulsiona en su llanto etcétera / en la espera de un poema y etcétera / que nos salve la vida / y ahuyente a las abejas. Los libros son una mentirosa que huele rico. Qué miserable me siento cuando camino por mi universidad y veo que en Chihuahua los edificios nunca podrán ser tiranosaurios rex de distintas nacionalidades. Las mujeres si se lo proponen podrían conquistar al mundo con sus superpoderes. Canciones con ruido blanco, ruido mapa, la música es lo único que nos guiará al país de la misericordia. Cruzamos los brazos mirando con hastío la matanza del buen gusto, y allá en el horizonte, Gerardo y Malpica y Bauer se explotan porque saben que se apagarán. Llegará el día en


que la vida se fracture el esqueleto bailando el guaguancó del infierno. Condicionante entre alfabeto y esquizofrenia: la indiferencia. No nos debemos conformar con un tibio apretón de manos. El fin de éste etcétera brotará cuando dejemos de invocar terremotos y seamos dos ancianos cuyo historial de vida lo venda el Fondo de Cultura Económica. Espero algún día ser ese amigo suicidado que te visita en el reflejo de las ventanas, para que llores amargamente, pensando en el dolor de los polvorones cuando se agrietan y de sus fisuras brotan cosas horripilantes. Las nubes son lesbianas y las protejo porque me dan besos en Septiembre. Hay que ser agradecidos con las personas que nos recuerdan nuestro parentesco con los polvorones. Hay que ser asertivos con esas palabras que estornudan cuando uno tiene los huevos de escribirlas sobre la tundra de una floral espalda. Hay que disfrazarnos de zombis cuando el otoño arrecie y empezar a devorar estrellas dinosaurio con la urgencia de un niño que se sabe abandonado en un mundo lleno de poetas salvajes.


Detrás de todos los márgenes borras el panal de tu entrepierna saboteando el ritmo de los espejos. ¿Recuerdas el simple placer de encontrarnos en el filo de la lluvia? como si el funesto rubor de los coches nos besara en la frente y nos cantara con un gracioso aliento a ajo, laurel y llanto. Te me escapaste del pecho como un balazo en tiempos de jaqueca con la piedad entre las muelas, ibas por mi cuarto a velocidad de grito rompiste el cristal de mis parpados. Vamos a recordarnos como un gran incendio sin dueño, sin alma porque el humo que destilamos no fue mas que un grito de invierno, un signo de exclamación devorado por las arañas de tu cama. Princesa de tierra y miel. Tómame en tu cueva de sal púrpura para celebrar nuestro impetuoso frenesí de reencuentros y burlarnos todas las tardes del amanecer que acabamos de asesinar.


Mis manos son dos araĂąas que buscan el momento perfecto para matarse la una a la otra (ElaborarĂŠ un plan donde intervengan todas las piedras del mundo)


Entonces el árbol estornudó porque ese pinche pájaro aleteó muy cerca de su nariz. Se hizo el otoño y el árbol llora.


Míralos ellos se quieren tanto hace tiempo que sus corazones dejaron de tener música propia porque al entregarse sin reservas a los rituales del miedo sus corazones jamás volvieron a reconocer la música de todo el mundo. Pobrecitos los que se enamoran de su reflejo porque de ellos será el reino de las mentiras. Bienaventurados aquellos que se enamoran del reptil, del martillo, del maniquí, del cepillo dental, del ventilador, porque ellos recibirán la gloria de saberse únicos y sus 'te quieros' serán de pólvora. Sus 'te quieros' nunca serán el equivalente a un salvavidas con forma de hipopótamo.


AcuĂŠrdate lector de todo aquello de te conmueve para que, sin aviso ni preĂĄmbulo, todo eso se impregne en estos versos y haga de mis poemas algo no perecedero.

Pólvora  

Siendo éste poemario la primera publicación oficial de Bakcheia, fue más bien el resultado de lo que muchos podrían considerar un reciclaje...