Benito y las almas furtivas - Silvina Mitta, Sofia Baccalaro

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Facultad de Artes - UNLP Cátedra de Lenguaje Visual 3 https://lenguajevisual3.wixsite.com/bibliotecalv3 lenguajevisual3@gmail.com – IG @lenguajevisual3 Estudiantx/Ilustradorx: Sofia Baccalaro e-mail: baccalarosofia@gmail.com – IG @fia.ilustra / sofia.bacc Docente: Adriana Morales, Nadia Romero Marchesini 2022

Los derechos legales sobre los textos e ilustraciones están reservados y protegidos por las normas que rigen en esa materia del área legal de la UNLP. El presente libro forma parte de un Proyecto de Aprendizaje Servicio del año 2021. Este proyecto no tiene fines comerciales. Esta obra está bajo licencia Creative Commons. Se prohíbe la reproducción total o parcial de este libro con fines comerciales.

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Ilustraciones Sofia Baccalaro Textos Silvina Mitta

Música para entrar al mundo de las almas

En un lugar no muy lejano, donde por siglos se han mantenido guardadas las alacenas de Benito,

dos almas furtivas pasean por los salones custodiados por Jorgelina, protectora de los lienzos.

La más espigada, un alma casi traslúcida, se queda siempre atrás de la otra, que,

a simple vista, es como un ovillo que intenta infructuosamente encontrarse el punto de partida,

no es que siempre sea así, es que ahora es un alma sorprendida que no puede articular más que tonterías sobre lo que ve,

tratando de interesar al alma espigada, a la que no le interesan ni un poco esos colores oscuros que surgen de las paredes, que

sino quedarse un momento con esa alma ovillada

que no tiene idea de su interés.

Por aquí y por allá cruzan impresiones sobre lo que hace mucho tiempo eran vidas, pero que ahora son solo cuadros inmensos con recuadros más pequeños

hombre

que nombran algo que ya jamás volverá a suceder, un
que dicen que era feliz con una hogaza de pan,

una morena que no fue nada feliz como esclava, una luz que no entra por una ventana, una hoguera que parece quemarlo todo,

hasta la algarabía de los que bailan a su alrededor, una lluvia que aunque espiritual, hace huir a todas las sombras a refugios más coloridos.

a que

Y los arlequines... acaso un guiño de complicidad esperando
lleguen estas almas furtivas,
que alguien ha colocado allí hace mucho

que suspiran de alivio ante las formas y los colores que sin intención se rozan y convergen

y provocan que las figuras bailen

una danza inmóvil para todos los que no saben ver, una danza que para ambas está llena de triángulos y cuadrados

acompasados que inundan todo el lugar, desde las ollas en los estantes, hasta las pantuflas en la habitación deshabitada,

que hacen un dos por cuatro al lado de la cama, como si don Benito se sintiera feliz
con la música y se las calzara para recibir a las visitas con sus mejores galas.

El alma espigada le da paso al alma ovillada,

la música se vuelve un murmullo de colectivos

y dos mujeres bajan uno a uno los escalones

hacia el mundo de todos los días,
donde quince minutos son quince minutos, no como arriba
donde quince minutos son la infinitud y la eternidad paseando juntas.
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