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Revista Panorama Copa Airlines Agosto 2019

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Los escándalos corporativos son muy frecuentes; una cultura ética que impregne a toda la compañía puede ser la solución. Aquí les contamos cómo hacerlo de una manera sencilla.

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esde el fiasco de las emisiones contaminantes de Volkswagen hasta las intrusiones a la privacidad de Uber, las fechorías corporativas son una realidad constante en el mundo empresarial. Los comportamientos antiéticos pasan costosas facturas de cobro a las organizaciones, perjudicando el buen nombre de las empresas, menoscabando la moral de los empleados e incrementando los costos; eso sin mencionar el daño que causan a la confianza general de la sociedad en las corporaciones.

Corporate scandals are a recurring reality. An ethical culture that permeates your entire company can be the solution. Here we tell you how to achieve this in a simple way.

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rom Volkswagen’s emissions fiasco to Uber’s privacy intrusions, corporate wrongdoing is a continuing reality in business. Unethical behavior takes a significant toll on organizations by damaging reputations, harming employee morale, and increasing costs — not to mention the wider damage it causes to society’s overall trust in business.

No obstante, las intervenciones destinadas a alentar el comportamiento ético, con frecuencia, no son tan efectivas como podrían ser. Los programas de cumplimiento están diseñados para educar a los empleados y luego castigar las fechorías cometidas por aquellos que no se portan bien. Con todo, un gran número de investigaciones sugiere que incluso la gente bien intencionada es más manipulable éticamente de lo que uno podría imaginar. Por ejemplo, cuando las personas ven que se está desatando una emergencia potencial, están más dispuestas a intervenir si están solas que si están rodeadas por otras personas; porque piensan que los demás son los que se van a encargar de la situación, creen que los otros están más calificados para ayudar o no pueden reconocer una emergencia, pues ven que los demás no se muestran alarmados.

Still, interventions to encourage ethical behavior are often not as effective as they could be. Compliance programs are designed to educate employees and then punish wrongdoing among the “bad apples” who misbehave. Yet a large body of research suggests that even well-meaning people are more ethically malleable than one might guess. When watching a potential emergency unfold, for example, people are much more likely to intervene if they are alone than if other bystanders are around — because they think others will deal with the situation, believe that others are more qualified to help, or fail to recognize an emergency because others don’t look alarmed.

Crear una cultura ética requiere, entonces, asumir la ética no simplemente como un problema de creencias sino también como un asunto de diseño. A continuación, se presentan cuatro aspectos que se deben tener en cuenta al diseñar una cultura ética.

Creating an ethical culture thus requires thinking about ethics not simply as a belief problem but also as a design problem. Four features need to be addressed when designing an ethical culture:

Por / By Nicholas Epley y Amit Kumar* Ilustraciones / Illustrated by: Rogelio Carles From Harvard Business Review © 2019 Harvard Business School Publishing Corp. From HBR.org Distributed by The New York Times Syndicate

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