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Julio Palencia

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Revista “Getsemaní” - Nº 1 SUMARIO - Saludo del secretario página 5 Entrevistas - Abel Moreno

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- Juan Carlos Aguilar página 18 - Lorenzo Carretero página 26 - Roque Martínez González página 31 - José López Torralba página 37 Artículos - La historia de nuestra banda de música página 40 - Tríptico de Getsemaní página 45 - La Oración en el Huerto página 48 - Hermandades y cofradías de Cuenca página 52 - La antigua parroquia de San Esteban página 57 - La nueva tendencia musical página 61 - La historia de Esteban Guerrero página 66 - ¿Sabíais que...?

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Revista GetsemanĂ­

Luis Miguel Caballero


Asociación cultural Jesús Orando en el Huerto (San Esteban)

Saludo del Secretario Rafael Torres Muelas Secretario de la hermandad Cuando me plantearon los hermanos de la Asociación Cultural “Jesús Orando en el Huerto de San Esteban” que realizara un saludo como secretario de la hermandad, para la recién creada revista digital de la Asociación, debo reconocer que temí que no fuera lo suficiente buena para el lector, habida cuenta de las ya existentes y de la calidad de las mismas. Hoy que por fin sale a la luz el número uno de la revista “Getsemaní” me siento orgulloso al reconocer mi error de cálculo y presentaros un especial cargado de textos e ilustraciones originales que la han convertido en una de las mejores que hemos visto hasta la fecha. Ahora sois vosotros, lectores los que debéis juzgar si la calidad que os habéis encontrado en todas y cada una de las aportaciones os satisfacen tanto como a mí. La elección de un formato digital para la divulgación de esta revista responde a las ventajas de expansión e inmediatez que hoy ofrece Internet. Estos dos criterios van a premiar en la elaboración de la revista “Getsemaní”. Por un lado ésta será de acceso libre y gratuito, sin suscripciones que pudieran limitar su difusión, y por otro lado, con la edición electrónica se busca minimizar los tiempos de espera, donde el envío de un articulo hasta su publicación definitiva, que habitualmente tiene lugar en la imprenta. Sirva este breve editorial como muestra de reconocimiento a todos los componentes de la recién creada Asociación Cultural en nombre de la hermandad, porque contribuyen y hacen posible la publicación y difusión de la misma. Mi más sincero agradecimiento a todos.

Revista Getsemaní - nº 1, marzo de 2012. Publicación de la asociación cultural “Jesús Orando en el Huerto de San Esteban”. Colabora la Venerable Hermandad de Jesús Orando en el Huerto (de San Esteban). Coordinación y redacción de Ignacio Domínguez Escutia, Miguel Ángel Martínez Valiente y Francisco Javier Alarcón Sepúlveda. Colaboraciones de Rafael Torres, Aurora Garrote, Pedro Romero Sequí y José Antonio Gómez. Fotografías de Luis Miguel Caballero, Julio Palencia, Manuel Martínez Gascueña, Enrique Martínez Gil e Ignacio Blanco. Diseño y maquetación: Ignacio Blanco. Portada: Luis Miguel Caballero.

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Abel Moreno El compositor de marchas por excelencia Por Ignacio Domínguez Escutia Es la una del mediodía en Sevilla del 21 de febrero, hace un tiempo espléndido, incluso calor, el ajetreo nazareno inunda ya la ciudad. Me reúno con mi buen amigo “Quini”, Manuel Alejandro González Cruz, quién por tener excelente amistad con Don Abel organizó rápidamente la cita para poder realizar esta entrevista. Sobra decir quién es Abel Moreno y cuál es su magnitud dentro de la música procesional; en el caso de Cuenca esta entrevista les ayudará a comprender hasta qué punto es relevante su obra, Don Abel ha compuesto entre otras muchas, marchas como “La Madrugá”, “Hermanos Costaleros”, “Cristo de la Presentación”, “Macarena”, “Lloran los Clarines”, etc. Don Abel nos recibe en su casa, en el barrio sevillano de Nervión, desde el primer momento se muestra espléndido y amable, hace gala de una natural cortesía que hizo de la entrevista una conversación de lo más interesante y amena, fraternal a pesar de no conocerme previamente de nada. En cuanto supo que era para Cuenca empezó a hablarme de las experiencias que había vivido en nuestra ciudad. Sentados ya en su salón charla un rato con “Quini”, hablan de sus cosas y de algunas otras cuestiones que atañen a directores de su talla. Sentados en su salón comenzamos la entrevista: *A pesar de su extensión, considero desde mi humilde opinión esta entrevista como un escrito a tener en cuenta y a leer con mucha atención. Si hubiera sido yo “periodista” de cualquier otro medio más oficial, menos íntimo, es probable, aunque lógicamente no lo sé, que el resultado no hubiera sido tan natural y distendido, tan claro y sincero como lo ha sido por tratarse de ser para la revista de una hermandad sin más, de una hermandad que tiene especial dedicación por el género de la marcha procesional. Así pues, espero disfruten de esta entrevista con uno de los compositores más importantes para la Semana Santa en España. Sólo he de decir que yo me sentí un privilegiado por escuchar estas palabras a su lado y espero ustedes se sientan igual al leerla. - Cuénteme cómo fueron sus inicios en la música, tanto como músico como compositor. Cómo músico comencé cuando ya con 7 años, tocaba la trompeta en la banda de mi pueblo, Encinasola, en la provincia de Huelva, de la cual mi padre era director; me enseñó la trompeta para tocar en la banda, pero al mismo tiempo digamos, ya con 4 años mi padre me sentó por primera vez en el piano, pero claro, el piano no servía para la banda y por eso aprendí también trompeta, así pues aprendí estos dos instrumentos. Me marché de mi pueblo e ingresé en la Academia de Infantería de Toledo, donde tocaba la trompeta, y donde estuve tan solo un año pues pasado ese tiempo me marché a Zaragoza, donde en el conservatorio ya estudié desde el principio todos los estudios necesarios: cuatro años de solfeo, cuatro años de armonía, tres de contrapunto, fuga, composición, terminé la carrera de piano y trompeta, hice dirección, en fin, toda la carrera superior de música. Después de terminar, a los dos años más o menos, hice oposiciones al cuerpo de Director, ya que yo era trompeta en la academia general de Zaragoza.

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En el 74 salí Director, y naturalmente como tal me destinaron ya a Algeciras como Teniente Director, allí permanecí siete años, posteriormente me destinaron a Pamplona, donde estuve un año y medio, después ya vine a Soria nº9, que fue donde llegó todo lo que a la Semana Santa acontece; tiempo después cuando ascendí a Teniente Coronel me mandaron a Inmemorial del Rey, y cuando llegué a Madrid pensé que iba a “cambiar el chip”, que iba a olvidar a la Semana Santa, pero vaya, a los quince días de estar en Inmemorial, una solicitud de la Hermandad de Los Estudiantes para dar un concierto, -pero bueno, ¡esto qué es!-, pensaba yo; ya era imposible olvidarse de la Semana Santa. Entonces, hablando de música procesional ya, sucedió que, cuando estuve en Algeciras empecé ya a tener contacto con la Semana Santa de Andalucía, pero por aquél entonces yo solo tenía compuesta una marcha procesional dedicada a la Patrona de mi pueblo, y en realidad el tiempo que estuve en Pamplona posteriormente no fue tampoco de música procesional ni mucho menos, el momento de verdad en el que yo comencé mi trayectoria en la música procesional fue cuando vine destinado a Soria nº9, donde sí que había una tradición de música procesional muy arraigada debido al legado que habían dejado otros directores anteriores como Farfán, Gámez Laserna, Pedro Morales, y claro, con ese legado y si te gusta la música procesional pues te sientes obligado a seguir esa senda, aunque ha habido directores que han venido, no les ha gustado y no lo han hecho. - Hablando de Soria nº9 ¿Cómo ves actualmente la banda y su funcionamiento? Más o menos el número de músicos ha venido siendo el mismo, pero sí que ha dejado de lado la música procesional, ha olvidado la Semana Santa; ahora hay un Director que va por otros caminos, entonces claro, los músicos se acostumbran a otros temas musicales lógicamente. Pero por otra parte tiene que ver en la actual situación un hecho muy importante como es la reforma en el Ejército, por la cual este debe ser aconfesional y cumplir otra serie de normas que hacen que todas estas salidas y desfiles de bandas militares con entidades religiosas como pueden ser las hermandades, hayan de ser de forma totalmente voluntaria, ya que tampoco se pueden contratar, en el mundo militar no existen los contratos de ese tipo, una unidad militar no se puede contratar; esto por un lado, y por el otro como he señalado antes para cualquier acto religioso cualquier músico que sale en los desfiles es de manera voluntaria, bien sea en un desfile de Semana Santa, en un desfile de la patrona, etc.; es decir,

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que si algún músico de la compañía dice que no va, no va. Entonces esto de alguna forma condiciona la escasa presencia de bandas militares en los desfiles actuales y la situación de Soria nº9 en la actualidad. En cambio tienes estamentos como la Legión donde son los propios músicos los que solicitan ir, no hacerlo incluso está mal visto, y son ellos mismos los que quieren participar en los actos religiosos, tienen mucha tradición. Pero en el caso de las unidades militares del tipo que hablamos si encima llega un Director que no gusta de la Semana Santa pues finalmente pierde esa tradición y no hacen caso de la Semana Santa.

Cuando estaba yo en Madrid en Inmemorial del Rey ya existía esta norma, entonces nosotros no nos contratábamos ni salíamos en procesión, sin embargo sí que hacíamos conciertos de marchas procesionales, ya que son conciertos como otro cualquiera; aunque los músicos no estaban acostumbrados a esto a los dos años de estar yo allí, Inmemorial se convirtió en la mejor música de Semana Santa que había. Cuando llegué a Madrid pensé que iba a “cambiar el chip”, que iba a olvidar a la Semana Santa, pero vaya, a los quince días de estar en Inmemorial, una solicitud de la Hermandad de Los Estudiantes para dar un concierto, -pero bueno, ¡esto qué es!-, pensaba yo; ya era imposible olvidarse de la Semana Santa. - ¿Cómo desembocó su trayectoria en tal genio para la marcha procesional? Llegué a Sevilla y claro, por ejemplo los de Pasarela ya me decían de grabar, pero yo solo tenía por aquel entonces una marcha procesional compuesta, dedicada a la patrona de mi pueblo, llamada Virgen de Flores, una virgen de gloria. Entonces para hacer un disco me decidí a componer dos o tres marchas procesionales; como vivía en el antiguo puente de Luis Montoto, cuya iglesia más cercana es San Benito, me decanté por hacerle una marcha a la Hermandad de San Benito, como la Virgen de la Encarnación ya tenía, hice Cristo de la Presentación. Por aquellos días también sucedió la muerte de “Paquirri”; yo había tocado tiempo antes unas marchas fúnebres que me gustaban mucho, A la Muerte de Mejías, de Manolete y tal. Entonces yo compuse “A la Muerte de un Torero”, así se quedó en los papeles originales finalmente; en dicha marcha suena el clarín, toca la saeta y llora la plaza.

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Entonces sumadas estas dos a la que ya tenía compuesta aún se quedaba escaso para un disco, había que hacer otra más, y en un fin de semana, entre un sábado y un domingo, hice “Hermanos Costaleros”, pensando en el paso de los costaleros, en su manera de llevar; y tuvo mucho éxito, muy buena acogida. Posteriormente he de decir que yo venía de conocer la Semana Santa en España, la música y las bandas; y aquí en Sevilla existe la costumbre de tocar mucho la marcha procesional con corneta, pero no me refiero a la música de corneta propiamente sino que las bandas de música llevan cornetas e interpretan marchas como “Estrella Sublime”, “Virgen de las Aguas”, “Pasa la Macarena”, y otras tantas… que de hecho, no se tocan apenas en otros lugares, ni soñarlo. Y yo pensé, si quiero que mi música suene en toda España, ya que yo no escribía para Sevilla exclusivamente sino para toda España, pues tendré que prescindir de las cornetas puesto que en la mayoría de bandas de música de España no hay sección de cornetas. Normalmente a lo largo y ancho de España se interpretan en su mayoría marchas de Emilio Cebrián, de Ricardo Dorado, etc... Entonces yo lo tuve claro, composición para bandas música, sin corneta, y de hecho conseguí el efecto pretendido de que sonaran por todo el país. Me decían que si no me gustaban las cornetas, pero no es que no me guste sino que “la odio” (risas), en el sentido de que fíjate que yo soy trompeta, la prima hermana, y escribí marchas como “Virgen de los Estudiantes”, “Macarena”, que empiezan de modo alegre, pero sin cornetas, aunque no obstante he hecho marchas con corneta como “Madre de los Gitanos Coronada” y alguna otra, pero mi composición normalmente es sin corneta, y he acertado. Luego vino el encargo para la coronación de la Virgen de San Benito, y cuando hice este encargo me insistió el hermano mayor en que le gustaría que la marcha llevara un Ave María, entonces cuando la estaba escribiendo me acordé del de mi pueblo, y le puse ese; entonces recuerdo estar un año en la plaza de La Campana y entró la Virgen de la Encarnación con la susodicha marcha, y en ese momento escuchaba cantar el Ave María, todos allí presentes nos preguntábamos quién cantaba, y no eran otros que los costaleros debajo del paso, luego lo cantaban ya los músicos, y al final toda la plaza lo canta ahora; y esta marcha es la más representada en España este último año, y quizás ha ayudado a esa moda que existe ahora de cantar las marchas.

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Tengo más de 120 marchas, sin contar las que tengo ahí en el cajón. Durante algunos años muchos han buscado otros compositores, han buscado nuevas formas, y este año puedo decir que han vuelto todos, están volviendo a Abel Moreno, buscando algo que va a funcionar seguro, porque eso sí, yo hago cosas que funcionan seguro, porque no le busco los tres pies al gato, el gato tiene los pies que tiene, y tengo bastantes encargos este año, bastantes, muchas coronaciones sobre todo. Hay gente que hace marchas pretendiendo no parecerse a nadie y en esas circunstancias es muy difícil acertar, tiran para allí y para allá, pero a lo mejor no es lo que la gente quiere… Las marchas tardan más o menos unos cinco años como mínimo en asentarse; yo digo que si pegan mucho el primer año, malo, es que son muy “ramplonas”, aunque hay excepciones. A “La Madrugá” le sucedió así, la compuse en 1987 y tardó bastantes años en coger ese gusto, ese reconocimiento del público, las marchas requieren su tiempo. - ¿Cuál es su sentimiento respecto a la Semana Santa? La Semana Santa yo en primer lugar la conozco en mi pueblo, y tengo una noción primitiva de aquella Semana Santa, siempre ligada a la música eso sí, porque como dije al principio yo ya tocaba con 7 años en la banda de música; al lado iba otro joven también, las procesiones duraban apenas una hora y media más o menos, y me acuerdo mi compañero me decía –Pues me han dicho que en Sevilla hay procesiones que duran 14 horas…-, -¡eso no puede ser!- replicaba yo (risas). Entonces por un lado tengo unidas la religiosidad de las imágenes y la devoción, a unas más, a otras menos, y por el otro la música dentro de la Semana Santa. Quizá la música me ha obligado en parte a tener más relación con ciertas hermandades, como pueden ser Los Estudiantes, La Macarena, San Benito, y otras tantas a las que le he compuesto, que con otras con las que no he trabajado y las siento más lejanas.

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- Su obra respecto a la música procesional se compone de más de 120 marchas, ¿Dónde encuentra su genio la inspiración para crear tan vasta obra y en consecuencia como considera ha evolucionado esta con el paso del tiempo? No sé, en realidad considero que la inspiración a veces viene mejor, otras peor; a veces cuando me hacen un encargo me dicen -¡A ver si nos hace usted una marcha como La Madrugá!-, -¡Si hombre, claro!- (risas)…. las cosas unas veces salen mejor y otras peor reitero. En lo que se refiere a la inspiración digamos, a mi me encargan una marcha, y me la encargan para León, para Elche, donde sea….yo tengo que tener en cuenta el sitio, el lugar donde se desarrolla y cómo se desarrolla; además de las imágenes, que la gente se cree que mandándome una estampita o una fotografía ya me basto, y eso no, ya que estas transmiten casi todas los mismos valores, no sé si me entiendes, unas estarán mejor talladas y otras peor; los sentimientos de cada uno respecto a la imagen son cosas distintas, porque para ningún padre hay un hijo feo, ni para un cofrade hay una virgen fea. El sitio, la hermandad, cosa que es muy importante, el modo de llevarlo… porque si lo llevan a ruedas puedo hacer hasta calderones, ritardandos y lo que quieras…. (risas), si lo llevan a hombro es más lento, pero rítmico también; el tipo de hermandad, si es de negro o alegre… normalmente me informo del estilo musical, del repertorio con el que normalmente procesionan, etc… entonces a veces tienes que hacer una composición que a la que menos le gustaría quizás es a la propia imagen si te diera su opinión… (risas) porque yo pienso en los costaleros, en los músicos, que en eso pienso yo mucho, en la ciudad, en la hermandad, en todo lo que esto aglutina; porque yo compongo para que guste, para que se escuche. Las melodías sencillas, la instrumentación sencilla, ¿Qué es esto? Hacer que todos los instrumentos toquen en su registro cómodo; un saxofón tiene un registro de “aquí a aquí”, y luego más allá de ahí el sonido no es bueno. Entonces que los músicos vayan cómodos, que vayan en su registro; los músicos quieren tocar marchas de Abel Moreno, eso es importante, porque si no te condenan y huyen de tocarla; en muchos casos les cuesta tocar ciertas marchas, y en el caso de marchas como “Hermanos Costaleros” los músicos se descansan, van cómodos; en desfile lo propio al ser tantas horas es tocar una marcha fuerte y luego otras dos o tres de descanso, más relajadas para el músico.

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Y respecto a esto sucede ahora otra cosa, que se ha puesto de moda que la hermandad te diga: -en la puerta de “chicles Alfonso” tal marcha-, -en el casino, tal otra; ¿Pero bueno si hay no caben dos marchas?; Y en la puerta de la panadería tal otra-. Es decir, que no piensan en el músico, sólo en lo que les gusta. Siempre hay un diputado de música que quiere imponer a veces cosas imposibles y no conoce normalmente estos detalles. Yo todas esas cosas las tengo en cuenta a la hora de componer, ya que bandas de 25 o 27 interpretan mis marchas perfectamente, si son 60 sonarán mejor, pero hay que escribir para que se pueda interpretar fácilmente; te puedo hablar de un gran compositor como Gámez Laserna que escribía para los músicos de Soria nº9, que es una banda de músicos profesionales, pero la realidad es que la mayoría de bandas o una gran parte de ellas en España no son profesionales. Yo he cogido un camino, hay quién me critica…. hay quién no, pero vamos ¡ahí estoy!, ¡Y han vuelto! - Hablar de Abel Moreno es sinónimo de hablar de un grande de la música tradicional Española y de una vida dedicada a ello, pero hablar de su obra también es hablar de su vida en el Ejército. ¿Hasta qué punto su vida militar ha influido en su obra tanto desde el punto de vista objetivo como desde el subjetivo? Recuerdo en un programa para televisión me preguntaban -¿Usted músico o militar?Primero músico, porque con 4 años no se puede militar… (risas) y después militar-. Porque en mi familia ya había músicos militares, un tío mío pertenecía a la Banda de la Guardia Civil de Madrid, tenía el antecedente y yo ya pensaba en ser músico militar. Una vez que eres militar, enfocas y vives la vida músico-militar, ¿El repertorio de una banda militar? Pasodoble, marchas militares, marchas procesionales de toda la vida... Yo también he compuesto obras de concierto y demás, porque me gusta hacer de todo en la vida, pero sí que me he centrado principalmente en el tipo de repertorio militar. Primero músico, luego músico-militar. Ahora ya estoy jubilado, he dejado de ser militar digamos, pero ya tengo esa raíz y es ineludible; tengo esa inercia de músico-militar y sigo escribiendo dentro de esos estilos propios de esta condición. - Centrándonos en su obra destaca especialmente “La Madrugá”, la cual es considerada por muchos como un culmen del género y es sin lugar a dudas una marcha que posee rasgos únicos. Hábleme de cómo surgió esta pieza, que momentos hicieron brotar la inspiración y como se desarrollo el proceso de composición. Hay que partir de que esta marcha no es por encargo, la hago de “Motus propio”, partimos

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de eso y es importante. Quería representar yo lo que ocurre esa noche en Sevilla, en la Madrugá. Así pues busqué un tema musical para cada hermandad que procesiona esa noche. Los fui buscando: uno ya lo tenía hecho, que era un Padre nuestro que yo escribí en Algeciras, y ese le corresponde al Silencio; uno para el Gran Poder, otro para La Macarena, otro para El Calvario, etc. Esto de buscar varios temas está muy bien, pero claro lo difícil es enlazar esto musicalmente de forma que parezca natural; esto es complicado, requiere mucho tiempo; empezar en menor, ir a mayor, las reglas de la composición en fin, son muchos aspectos a cuidar, y por ello me costó hacerla mucho más tiempo que cualquier otra marcha. Además no es una marcha normal, es decir, no tiene la estructura corriente de una marcha con un primer tema, el trío, etc., no, tiene una estructura muy diferente. Cuando la terminé y se grabó en 1987 recuerdo que Pasarela no se atrevió a ponerla la primera del disco, ya que la primera suele ser la más rimbombante, la más conocida, por considerarla muy triste. Recuerdo que a los pocos días de salir el disco me llamaron para un programa de radio con otros directores, estaba Albero, estaba Morales, y otro chico que no conocía, que resultó ser Antonio González Ríos, de Las Cigarreras; total, estábamos todos hablando mientras tomábamos algo antes de entrar al programa y preguntó Antonio -por cierto, ¿Habéis escuchado una marcha que se llama “La Madrugá”?- No, no, no responden todos, ninguno la había escuchado… -¡Pues vaya tela! ¡Escuchadla porque eso es tela marinera!…- decía Antonio, que acto seguido preguntó de quién era, y claro, respondí que la había hecho yo para su sorpresa, digamos que aquella fue la primera crítica que tuve de la marcha. Luego después yo la estreno con la Virgen de los Estudiantes a la vuelta de la Catedral en procesión, recuerdo esta anécdota porque venía a explicar ya lo que pasaba con esta marcha, entonces empieza a sonar la marcha desde la puerta de los Alcázares hasta la Plaza de la Contratación ya dentro, y cuando acaba la marcha y se baja el paso, todos los costaleros dejan solo al paso y se vienen hacía a mí, -Maestro, ¿Qué es lo que lo que ha tocado usted?-, fíjate las sensaciones que daba, ese tipo de sensaciones que no te ocurren con ninguna otra cosa, solo con unas pocas; “La Madrugá” la gente la ve como otra cosa, la entiende como algo más que una marcha al uso. Recuerdo también otra anécdota que sucedió cuando hice la partitura, le puse en la portada “La Madrugá”; la llevé a una imprenta para imprimirla, entonces cuando fui a recogerla se ve que el tipo de la imprenta había pensado -vaya con este tío andaluz de los cojones que escribe igual que habla- y le había puesto “La Madrugada”….. (risas). Muchas veces me preguntan que dónde está el secreto de “La Madrugá”; yo la he ido investigando después, la veo ahora y creo que sucede lo mismo que sucede con algunas películas o libros, que va a más, que va creciendo; si es interesante una parte, el dúo de clarinete y saxofón posterior lo es más, y luego cuando aparecen las trompetas por el centro aún más.

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Ésta es una marcha que va in crescendo in crescendo, poco a poco, hasta que se llega al culmen final. Si es interesante una parte, el dúo de clarinete y saxofón posterior lo es más, y luego cuando aparecen las trompetas por el centro aún más. Además de cara a los músicos es muy sencilla de interpretar, recuerdo que me decían -¡pero si solo tiene redondas, blancas y negras!- sí, pero muy bien puestas creo.

- He escuchado hablar que “Lloran los Clarines” se estrenó junto a la marcha “Hermanos Costaleros” y cuentan algunos músicos que en aquella partichela aparecía detallada como pasodoble fúnebre y dedicada a la muerte de Francisco Rivera “Paquirri”. ¿Nos puede usted hablar acerca de esto? Pasodoble no, Marcha fúnebre, y si que su título original es “A la muerte de un Torero”, tengo yo esas partituras originales escritas a mano donde lo pone así. Sin embargo más tarde a mi me parecía que había de ponerle un nombre más suave, más cofrade, y fue rápido, “Lloran los Clarines”. Con esta marcha ocurrió una cosa; hay marchas que tienen una saeta escrita, como “Semana Santa en Sevilla” de Martínez, que la tocan las flautas, o “Saeta Cordobesa”, flautas y clarinete; pero a nadie se le había ocurrido escribir una saeta a una trompeta, como por ejemplo se tocaba una jota, bueno pues yo lo hice; de hecho la primera vez que se tocó un solo de trompeta en la Plaza de la Campana de Sevilla fue esa; luego han venido muchas, todas, pero han venido de eso, ya que primero hay que hacerlo una vez y luego ya han venido los solos de trompeta en marcha procesional “a puñaos”, pero esa fue la primera, me atreví yo, porque no existía eso, no se había escrito nunca una saeta a una trompeta. Y probablemente luego se ha abusado de este tipo de solos.

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Recuerdo estábamos tocando en el parque y me decían -¡Oiga Don Abel!, ¿Puede usted tocar “Lloran los Clarinetes”?- (risas), y yo le decía -¡A ver si quieren llorar! ¡A ver si quieren llorar!- (risas)… Sucedía que cuando nosotros llegábamos al parque de Plaza España, cuando acompañábamos a la Hermandad de La Paz el Domingo de Ramos, la mitad de la banda se salía a comer un bocadillo, justo enfrente de “La Raza”, donde “la Citroen” concretamente, mientras que la otra media banda seguía tocando; entonces cuando arrancaba desde allí hacia la Plaza España ya echaba a andar toda la banda; entonces estaba yo aún comiéndome el bocadillo, y me preguntaba un subdirector mío que marcha quería yo que tocasen en ese momento para que la escuchase tranquilamente decía, mientras yo me comía sentado el bocadillo, para que la escuchase tranquilamente insistía -venga pues vamos a tocar “Lloran los Clarines” mismo…- y cuando echa a andar, ya con toda la banda tocando, empieza a sonar la marcha… y cuando sonó el solo de trompeta… pufff, que momento… al año siguiente me insistían desde la Hermandad en tocar la misma marcha en aquel sitio, entonces yo les dije -Sí, pero vamos a subir al trompeta a la torre, en la torre norte de Plaza España, para que la toque-. Entonces la situación era que los saeteros se situaban en la torre sur, y cuando tocamos “Lloran los Clarines” la gente dejó solos a los saeteros en la torre sur, y se vinieron todos hacia la torre norte (risas), todo lleno de gente. Al año que viene la Hermandad lógicamente pensó en hacer algo a este respecto y pensaron que lo mejor era que el trompeta se situara con los saeteros en la torre sur, y como a mí me daba lo mismo pues al final se llevó “Lloran los Clarines” hasta la torre sur, aunque la gente seguía expectante ante el solo de trompeta. Entonces estaba Garrido como Gobernador Civil e invitaban a la torre a ilustres, mucha gente además, ponían allí unas copas tremendas de que llegaba el momento por cierto… Y recuerdo que los lunes de Pascua siempre le llegaba un jamón al trompeta de parte del gobernador civil, por realizar aquél momento, entonces yo decía -¡Coño! ¿¡Y el que ha hecho la marcha qué!?- (risas), total, que yo no cataba el jamón… (risas). - En la Semana Santa de Cuenca es habitual escuchar tras nuestros pasos obras suyas como “Macarena”, “Cristo de la Presentación”, “La Madrugá”, “Hermanos Costaleros”, “Lloran los Clarines”, etc… ¿Descubre usted algún rasgo común en estas composiciones suyas que pueda indicarnos el motivo por el que las gentes de Cuenca gustamos tanto de estas marchas en concreto? Yo escucho “Macarena”, la escucho con una banda detrás de un palio, y es distinta de la que escucho en otro palio. Por eso siempre digo que cuando la Macarena se para en La Campana, levanta el paso y suena “Macarena”, esa es la “Macarena” que yo escribí. Luego hay distintas versiones porque cada banda la interpreta a su manera, hace su versión, cada paso al son de la misma marcha va distinto.

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Y el hecho de que ese momento que se produce en la Semana Santa, que es música, costaleros, la imagen, el paso, y la gente que coincida que lo esté viendo, que está inmersa en eso, en silencio, el hecho de que sea inolvidable, depende de ese cúmulo de cosas, esas circunstancias concretas son las que constituyen ese momento. Al año siguiente la gente vuelve al mismo lugar buscando otra vez ese momento, y no tiene nada que ver, bien porque el paso vaya mal, bien porque la gente no sea la misma, bien porque la banda sea otra o los músicos vayan cansados, etc., y no se llega a dar ese momento. Por eso yo digo que en la Semana Santa los momentos no se pueden buscar, hay que encontrárselos, y te los encuentras. Por ejemplo en el caso de que yo voy tocando una marcha difícil, en la que el músico va leyendo porque no puede levantar la cabeza a causa de la complejidad, el músico no puede desarrollar una buena labor; yo creo que el músico funciona bien cuando va viendo el paso, va tocando suelto, si es de memoria mejor, es decir, va interviniendo; recuerdo al caso de esto que le decía al maestro Tejera “Pepín”, cuando tocaban en la plaza de Toros pasodobles, que siempre tocaban los mismos pasodobles y él me decía -¡que no les puedo poner pasodobles nuevos! Si les pongo pasodobles nuevos los músicos tienen que ir al papel y no a la faena ¡y no quieren!-. Entonces hay que escribir de tal manera que sea sencillo y el músico vaya suelto, vaya saludando, vaya mirando el paso, va rindiendo. Todas estas circunstancias se dan y el mismo sitio en una procesión nunca ha sido igual, también porque el público cambia, el clima, miles de factores. En resumen, una misma marcha no es igual en ningún sitio.

- ¿Cuál ha sido su relación con la ciudad de Cuenca? Mi relación con la ciudad empieza a través de un señor, muy buen amigo mío, que fue presidente de la Junta de Cofradías de Cuenca, Manuel Calzada, y es a través de él por lo que yo voy por primera vez a Cuenca; él vino a Madrid porque conocía mi obra, la tenía en gran estima e insistía en su deseo de que yo diera un concierto en el auditorio. He seguido teniendo relación con la entidad, y él sigue siendo muy amigo mío. Yo me acuerdo que allí también fui a dirigir en alguna ocasión la banda de Mota del Cuervo, he estado con Las Cigarreras como invitado, con Inmemorial, y la última vez en el congreso de la Hermandad de La Virgen de las Angustias para el estreno de la marcha que le hice. Pero en definitiva mi relación con Cuenca es Manuel Calzada.

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- Aunque la marcha procesional pueda entenderse como un género de composición menor, ¿cree usted que posee la importancia que merece en las instituciones y en la historia musical de España? Vamos a ver, siempre ha sido composición menor la marcha militar, el pasodoble, y la marcha procesional. En una crítica musical, dentro de un periódico como puede ser ABC, El Correo, el que sea… tocan dos músicos, un dúo de violín y piano por ejemplo, y al día siguiente te viene una crónica musical acerca del evento, eso tiene más importancia que un concierto de pasodobles, de marchas, etc. Eso unido a que las bandas de música son las hermanas pobres de la música, aunque es gracias a ellas que tenemos tantas cosas; las orquestas han sido siempre los señoritos de la música. ¡Ah! pero a través de “La Madrugá”… y vuelvo a decir “La Madrugá”, ya que es la primera marcha que hace que las orquestas se acuerden de la marcha procesional, se han dignado a ello, algo hemos conseguido, elevar el nivel de la marcha procesional; y son muchas las orquestas las que han tocado y quieren tocar “La Madrugá” y otras muchas ahora, pero la primera fue esta. Hace dos años en Madrid en el auditorio nacional, la Orquesta Nacional programó “El Requiem de Mozart” y “La Madrugá”… Ahí tengo el programa para el que lo quiera ver, entonces digo, aquí Mozart, ¡Y después yo! (risas). - Hablando de esa consideración de género menor o ligero que tiene la marcha procesional, ¿considera que esta puede evolucionar, puede caminar en un futuro hacia la creación de piezas más complejas y de mayor categoría musicales? Bueno, la marcha procesional está limitada, está limitada al paso de los costaleros, o de los banceros, a su ritmo; eso limita cadencia, ritardando, estas cosas. Se pueden hacer marchas para un concierto pero ya no serían marchas, porque la marcha es de marchar, y su fin es la procesión, los conciertos son circunstanciales. La música va cambiando, hay modas, ahora por ejemplo está la moda de la cadencia andaluza, que están abusando de ella, la están explotando en exceso. Habrá obras muy buenas dentro de este periodo y estas modas, y habrá obras muy malas, y vendrán otras modas, y dentro de los diferentes periodos habrá de todo, si que la música va cambiando, pero la marcha procesional es limitada. - ¿Qué podemos esperar de Abel Moreno de cara al futuro? ¿Le queda algo por hacer? Nunca se sabe. De todas formas yo tengo un problema grande, pero muy grande; yo me siento frente al ordenador, antes en el piano, los tiempos cambian, y empiezo a escribir, y cuando he escrito un fragmento me salta la sensación de que ya me suena, de haberlo escrito antes quizás; Porque tú tienes en tu subconsciente tantas melodías y tantas cosas que crees que son nuevas, ¡Y no son nuevas!; intentas cambiar los ritmos y las instrumentaciones por cambiar, pero yo tengo más de 120 marchas ya escritas, lo cual insisto, es un problema muy grande. Entrevista realizada por Ignacio Domínguez Escutia, con la vital y exquisita colaboración de Don Manuel Alejandro González Cruz “Quini”. Sevilla, 21 de Febrero de 2012.

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Juan Carlos Aguilar Director de la banda de música de Cuenca Por Miguel Ángel Martínez Valiente - ¿Quién te transmitió tu devoción por el “Huerto”? La persona que me trasmitió mi devoción por el “Huerto” fue mi padre que era hermano de esta Hermandad y también fue, durante algunos años, bancero de la misma. Pertenezco a tres Hermandades y como me gusta decir una es por tradición, otra por devoción y otra por “obligación”. La Soledad de San Agustín sería por tradición. Mi abuelo Antonio Aguilar “Pataco” desfilaba portando el guión de la Soledad y, por eso, desde recién nacido me apuntó a su Hermandad. Por devoción sería nuestro querido “Huerto”. Ya he dicho que mi padre pertenecía a esta Hermandad y siempre le he tenido un cariño muy especial a la misma. Y por “obligación” soy hermano de la Verónica del Jueves Santo ya que Rosana, mi mujer, pertenece a esta Hermandad y cuando la conocí no me quedó más remedio que apuntarme también. He de decir que a las tres Hermandades les tengo un gran cariño y a sus Sagradas Imágenes una gran devoción. Además, como acto de devoción y cariño, cada una de estas tres Hermandades tiene dedicada una marcha procesional mía. - ¿Cómo fueron tus inicios en la música? Para contestarte a esta pregunta tengo que volver a hacer referencia a la figura de mi padre. Tenía yo 8 años y recuerdo que una tarde, nada más llegar a casa después del colegio, estaba mi padre esperándome y dijo: “Carlos, deja la cartera que nos vamos a apuntarte a música”. Y nos fuimos a “El Almudí” que era el edificio donde estaba la Academia Municipal de Música y la sede de la Banda de Música de Cuenca. Hoy en día sigue siendo, también, la sede de la Banda. Y recuerdo que por el camino, desde mi casa a “El Almudí”, no sé el porqué, yo sólo iba pensando: do-re-mi-fa-sol-lasi-do...do-si-la-sol-fa-mi-re-do. Al llegar a la Academia estaba Julián Aguirre Belmar, D. Julián, que tomó mis datos y nos dijo cuando empezaban las clases. D. Julián era el profesor de solfeo y de instrumentos de viento-metal

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Ignacio Blanco


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en la Academia. Además era trompeta-solista de la Banda de Música. También es conocido en el mundo nazareno por ser compositor de numerosas Marchas Procesionales, además de dianas, pasodobles, etc. En la Academia Municipal se enseñaba solfeo e instrumento para, cuando alcanzabas un cierto nivel, ingresar en la Banda de Música. Después, si querías seguir con los estudios musicales, tenías que matricularte en algún Conservatorio. - ¿Te gustaría que tus hijos siguieran tu trayectoria? Me gustaría que mis hijos pudieran disfrutar con la música. Son pequeños todavía: Juan, que tiene 6 años ahora, ha comenzado a tocar el piano y Pepe, que tiene 3 años, está siempre diciendo que quiere tocar el clarinete y salir en la Banda. Comenzar los estudios musicales es algo bastante ingrato, más que nada, porque una persona no ve, de forma inmediata, ningún resultado. Por ejemplo: hacer sonar un instrumento de viento no se consigue el primer día de clase, ni el segundo... son semanas y meses de estudio para, tan sólo, aprender algunas notas y “hacer sonar” el instrumento. Y tocar un instrumento, más o menos bien, son años y años de estudio. Por eso los estudios musicales son tan largos y sacrificados. Pero tanto sacrificio merece una recompensa y una satisfacción. Me atrevería a decir que hay muy pocas actividades en el mundo que sean tan placenteras y gratificantes como el poder expresarse interpretando una partitura con un instrumento. La Música es el lenguaje universal por excelencia, es el lenguaje de los sentimientos. La Música es algo con lo que convivimos cada día: una pieza musical te hace cantar o bailar, reír o llorar, estar alegre o triste. En eso consiste la magia de la música.

Luis Miguel Caballero

- ¿Qué recuerdos tienes de tu etapa como músico de la Banda de Cuenca y qué echas de menos? Recuerdos, son todos. Mi carrera musical siempre ha estado ligada a la Banda de Música de Cuenca. Como instrumentista fueron 23 años y como Director desde el año 2004. Por eso, más que hablar de recuerdos, yo hablaría de una evolución: antes instrumentista y ahora director. Sí es cierto que en algunas ocasiones, sobre todo en los ensayos, me entran unas enormes ganas de poder bajar de la tarima de director y coger el clarinete, que es mi instrumento, para tocar en vez de dirigir.

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- De entre tus composiciones, ¿cuál es tu favorita? Es muy difícil contestar a esta pregunta. Como se suele decir, mi composición favorita está aún por llegar. Hay que tener en cuenta que cada composición, del género o estilo que sea, surge en circunstancias intelectuales y personales muy diferentes. Como es lógico, mi manera de pensar en la actualidad no puede ser la misma que hace 10 ó 15 años, por ejemplo. Si hoy escucho alguna obra escrita en mi época de estudiante de composición, pues habría cosas que, seguramente, las cambiaría. De entre mis Marchas Procesionales no sabría cuál citar para nombrar la que más me gusta. Y sobre otro tipo de composiciones para banda, coro, piano, grupos de cámara, etc. que no tienen relación con la Semana Santa, pues tampoco sabría por cuál decidirme. Como digo, cada composición está pensada en circunstancias distintas. Pero al acabar una obra, sea cual sea, siempre te queda la sensación de que has hecho o, al menos, intentado hacer un buen trabajo y ese trabajo se transforma en una inexplicable satisfacción personal cuando puedes escuchar la obra creada. Julio Palencia

- ¿Qué recuerdos o sentimientos te produce el observar a los más jóvenes que comienzan en la Banda de Música de Cuenca? En la actualidad, la manera de ingresar como componente de la Banda de Música ha cambiado con respecto a cuando yo comencé mis estudios. En mi época, las clases de solfeo

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e instrumento que se impartían en la Academia Municipal de Música estaban enfocadas, única y exclusivamente, para ser miembro de la Banda. En la actualidad, la manera de ingresar en la Banda de Música de Cuenca ya no es así. Nuestra ciudad cuenta, principalmente, con la Escuela de Música y con el Conservatorio para realizar estudios musicales. Como es lógico, los planes de estudio de estos Centros no tienen como obligada finalidad la de que sus alumnos sean músicos de la Banda de Música de Cuenca. Por eso, hoy en día, llegan a la Banda músicos que ya tienen algunos estudios musicales y, en algún caso, hasta con la carrera ya terminada. Por eso pueden ingresar en la Banda de Música tanto jóvenes como menos jóvenes, sin ningún límite, razonable, de edad. Si en mi época lo normal era ingresar con 10, 11 ó 12 años, en la actualidad, como digo, ese límite de edad no existe. Pero, sean jóvenes o menos jóvenes, siempre es un orgullo y una satisfacción ver componentes nuevos en la Banda de Música. La Banda de Música de Cuenca es una institución que está abierta a cualquier músico que quiera formar parte de ella. Julio Palencia

- Sin considerar las tuyas, ¿cuál es tu Marcha Procesional favorita? Me resulta difícil citar un título. Aunque la Marcha Procesional se puede considerar como un género menor dentro de las composiciones, no, por eso, debe ser descuidada a la hora de escribir. Hay marchas que, técnicamente, son muy buenas: bellas melodías, buenos contrapuntos, riqueza armónica, correcta instrumentación, etc. pero hay otro grupo de marchas que descuidan alguno de los aspectos citados (melodía, armonía, contrapunto...). Quiero decir con esto que si además de la inspiración, factor importante y fundamental, el compositor respeta y trabaja correctamente de acuerdo con las reglas y normas técnicas que son aplicables a la composición musical, con toda seguridad el producto final siempre será una buena Marcha Procesional. Por eso siempre estuvieron y estarán ahí los grandes maestros.

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- ¿Qué Marcha es la que más te gusta interpretar para la Hermandad del Huerto de San Esteban? Ya sabemos que “Nuestro Padre Jesús” de Cebrián se considera la marcha por excelencia del Huerto. Acordémonos de los clásicos “bailes” por distintos puntos del recorrido. Y después de “Nuestro Padre Jesús” hay otras muchas: “La Quinta Angustia”, “El Evangelista”, “Hermanos Costaleros”, “Calvario”, “Tu silenciosa mirada”, etc. También depende de cómo vaya transcurriendo el desfile. No hay que olvidar que además de contribuir a embellecer la puesta en escena del desfile por las calles de Cuenca, el acompañamiento musical debe de servir al bancero como estímulo a la hora de desfilar soportando el peso del paso sobre los hombros. - ¿Cuál es tu momento favorito cada Miércoles Santo desfilando tras el Huerto? No cabe duda de que ver reanudar el desfile tras el descanso en la Plaza Mayor es uno de los momentos más vistosos y emotivos. Ver como a los acordes de “Nuestro Padre Jesús” el Huerto desfila bajo los arcos del Ayuntamiento o por la anteplaza es algo difícil de explicar. Y después hay muchos momentos más: San Felipe, Audiencia, Calderón de la Barca, Carretería, etc... Todos son emotivos. - ¿Qué sientes, también, cuando ves al Prendimiento desfilar tras el Huerto? Aunque no soy hermano del Prendimiento, tengo que confesar que también le tengo un profundo cariño y sentimiento. Además, les dediqué la marcha “30 Denarios”. Me gusta girarme en ciertos momentos del recorrido y observar cómo desfila tras el paso del Huerto. En general, yo creo que todo el desfile del Miércoles Santo es muy bonito de ver. - ¿Qué significa para ti la Banda de Música de Cuenca? En lo profesional, como es lógico, ser Director de la Banda de Música de Cuenca supone mi trabajo. Pero no lo puedo considerar solamente como un medio para poder vivir. Tengo que ser plenamente consciente de que soy el máximo responsable artístico de una Institución que, fundada en el año 1895, cuenta con más de 100 años de historia en esta ciudad. Enrique Martínez Gil

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Una Institución que ha estado y sigue estando presente en decenas de actos de carácter institucional, festivo, cultural, religioso, etc. que se organizan en la ciudad de Cuenca. Todo esto supone para mí una gran responsabilidad y también, cómo no, un gran orgullo. Por otra parte, en lo personal ya conté cómo y dónde fueron mis inicios musicales. Además, en la Banda de Música surgieron mis amigos y también conocí a Rosana, la persona que hoy es mi mujer. - ¿Qué supone para ti ser, en la actualidad, el Director de la Banda de Música de Cuenca? Ya lo explicado anteriormente. Profesionalmente es mi modo de vida, mi trabajo pero siempre siendo consciente de que el responsable máximo de una Institución centenaria en nuestra ciudad. Y, como no puede ser de otra manera, pues supone una gran responsabilidad de hacer el trabajo lo mejor que pueda para mantener o superar el buen nivel de la Banda de Música de Cuenca. Y todo esto gracias al esfuerzo, ilusión y preparación de cada uno de los componentes de la Banda de Música.

Enrique Martínez Gil

- ¿Cuándo eras componente de la citada agrupación pensabas que algún día podrías llegar a ser el Director de la misma? Ciertamente, no. Anteriormente yo dirigí algunas Bandas y Agrupaciones de la ciudad y de la provincia pero no me planteaba ser algún día el Director de la Banda de Música de Cuenca. Cuando se jubiló en anterior Director, Aurelio Fernández Cabrera, el Ayuntamiento convocó oposiciones, me presenté a las pruebas y gané. - ¿Quién es para ti Ángel Moreno Martínez, saxofonista y conserje de la Banda de Música de Cuenca? Como bien dices, Ángel es componente de la Banda y conserje de la misma. Pero, aparte de esto y de que como conserje tengamos que trabajar todos los días juntos, a Ángel lo puedo considerar y lo considero como un buen amigo. Es uno de los músicos que más tiempo lleva en la Banda de Música de Cuenca.

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- ¿Podría citar algún momento especial que haya vivido y que tenga relación con la Hermandad del Huerto de San Esteban? No quisiera pasar por alto esta oportunidad de poder dar las gracias a la Hermandad por el buen y exquisito trato que, tanto en lo personal como en lo profesional, siempre me han dispensado tanto los directivos como los hermanos. He de reconocer y no puedo olvidar que como compositor, desde el año 1997 en que estrené “Entre “Banzos”, la Hermandad siempre me ha dado todas las facilidades y la gran oportunidad de poder estrenar mis Marchas Procesionales en el tradicional Concierto que, desde hace más de 20 años, se organiza en la Iglesia de San Esteban. Creo que para cualquier compositor de música de Semana Santa, este concierto se puede considerar el mejor escaparate para dar a conocer su obra. Como digo, yo siempre he podido disfrutar de esos inolvidables momentos tan especiales de estrenar mis composiciones semanasanteras en ese evento organizado por la Hermandad del Huerto. Manuel Martínez Gascueña

- ¿Y algún momento especial vivido en Semana Santa? Aunque se puede decir que mi relación con la Semana Santa siempre ha sido como músico, sí te contaré que he sido dos veces bancero. Y, curiosamente, el primer paso que saqué fue el Huerto. Le tocó de turno a un primo mío y se lo cedió a mi padre. Mi padre me dijo que lo sacábamos entre los dos: yo subía y él bajaba. Al final hice yo todo el recorrido. Tenía yo 17 años y ni siquiera era hermano. Fue a partir de aquel año cuando me apunté a la Hermandad. Y la segunda vez que fui bancero fue llevando a la Verónica del Jueves Santo. Experiencias que no se me olvidan. Pero como digo, el lugar que me corresponde dentro de nuestra Semana Santa es desfilando con la Banda de Música de Cuenca. - Ahora, un par de anécdotas. Recuerdo un Martes Santo, yo era

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muy joven, que íbamos desfilando por Carretería y, a la altura del cruce con la calle Sánchez Vera, un espectador nos dijo en voz alta: ¡gandules! Entonces se formó un gran barullo entre algunos músicos y el espectador. Al final, varios músicos tuvieron que irse a declarar a Comisaría y a este espectador le sancionaron con una multa.

Julio Palencia

Y, por otra parte, los amigos teníamos la costumbre de que al terminar los desfiles íbamos a algún gasto: el Martes con San Juan, el Miércoles con el Huerto, etc… Y en el gasto solíamos tocar alguna marcha entre los pocos músicos que íbamos. Casi siempre había alguna queja de algún vecino que llamaba a la policía, esta aparecía y teníamos que dejar de tocar. - ¿Qué compositores de Cuenca son tus favoritos y si alguno de ellos te ha influido? Siento un gran respeto por los compositores conquenses. Hace 15 ó 20 años era obligado citar nombres como Nicolás Cabañas, Jesús Calleja, Julián Aguirre, Julián y José López Calvo o Aurelio Fernández-Cabrera. Yo he sido alumno de varios de ellos y siempre he aprendido alguna cosa de cada uno. También escribieron alguna marcha Alfonso y Aurelio Cabañas o Camilo Contreras. Seguramente se me olvidará citar a alguno. También, decir que desde hace unos pocos años a esta parte, el número de músicos y compositores que hemos querido contribuir con nuestras partituras a la Semana Santa conquense ha crecido mucho. Así, por ejemplo citar los nombres de Millán, García Hidalgo, Esteban Usano, Contreras, Mencías, Mateo, Sánchez Cachero, Ruipérez, Ugeda, Torijano, etc... Ignacio Domínguez Escutia y Miguel Ángel Martínez Valiente.

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Lorenzo Carretero Una vida dedicada a la Semana Santa Por Francisco Javier Alarcón Sepúlveda y Miguel Ángel Martínez Valiente En la fría mañana del 11 de febrero, tendría lugar nuestro encuentro con Lorenzo Carretero, persona que habiendo mantenido durante su vida una trayectoria de trabajo y completa dedicación a nuestra Semana Santa, es hoy uno de los máximos exponentes del sentir nazareno en Cuenca, pudiéndose incluso considerar todo un referente a seguir por generaciones futuras. En compañía de nuestro hermano Francisco Javier Alarcón Sepúlveda daría comienzo nuestro agradable encuentro con Carretero, teniendo éste lugar en el acogedor y nazareno Café Calderón, establecimiento conquense que ligado fuertemente a nuestra Semana Santa, alberga en su interior numerosos recuerdos y extraordinarias anécdotas de nuestra Semana Grande. Como consecuencia de la intensa relación que Lorenzo Carretero guarda con nuestra Semana Santa, sería nombrado el 20 de Febrero del 2010 Hermano Honorario de la Hermandad del Cristo de la Agonía, como refleja esta fotografía resultante de la cortesía de nuestros hermanos de la procesión “En el Calvario”. - ¿Cómo valoraría usted el estado actual de la Semana Santa Conquense en comparación con tiempos pasados, podríamos decir que ha mejorado? La Semana Santa actual ha experimentado una notoria mejoría con respecto a las décadas pasadas, siendo esta situación consecuencia directa de un mayor compromiso por parte de los más jóvenes. Habiendo sido ello mencionado, quedará materializado dicho progreso cualitativo en la seriedad con la que se desarrollan nuestros desfiles procesionales, manifiesto en la Hermandad del Jesús del Puente con la iniciativa que tendría lugar por parte del jefe de banceros de instar a que éstos llevaran a cabo un desfile que tuviera lugar de forma completamente cubierta por el capuz, iniciativa que rápidamente sería adoptada por el resto de Hermandades de nuestra Semana Grande. - ¿Qué noble persona sería responsable de haber creado en usted el campo de cultivo necesario para desarrollar tal notorio e intenso sentimiento por nuestra Semana Santa? Como consecuencia de la extraordinaria afinidad sentimental que su abuelo presentó hacia

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nuestra Semana Santa, Lorenzo manifestaría ya desde su infancia su excelente carácter nazareno. La vida nazarena de Lorenzo Carretero daría comienzo en las filas del Jesús del Puente, de la mano de su abuelo y portando entre sus pequeñas manos la entrañable cruz infantil de madera, la cual sería sustituida con el tiempo por la tradicional tulipa. A continuación, Lorenzo Carretero experimentaría las vivencias propias de un periodo de 27 años de duración como bancero del Jesús del Puente, para culminar liderando el desfile procesional que dicha extraordinaria talla realiza, como jefe de banceros de la misma durante 17 años. Siendo importante su contribución a la Hermandad del Jesús del Puente, tanto de vocal como de secretario, es el hecho de haber presidido la Archicofradía de Paz y Caridad lo que a Lorenzo Carretero llena de especial orgullo, al haber ostentado su padre dicho cargo de forma previa.

Ignacio Blanco

- ¿Podría transmitirnos la relación que con Nuestra Hermanad usted ha presentado a lo largo del tiempo? La relación mantenida por Lorenzo Carretero con la Hermandad de Jesús Orando en el Huerto de San Esteban vendría siempre mediada y condicionada por la Hermandad del Jesús del Puente. De este modo, recuerda cómo su padre le contaba la venta de andas que por parte de la Hermandad del Jesús del Puente tendría lugar hacia la nuestra, siendo entonces secretario de nuestra Hermandad Francisco Jiménez. Con la finalidad de analizar pormenorizadamente el aspecto antes mencionado de nuestras andas, y basándome en la extraordinaria información aportada por nuestro hermano Pedro Romero Sequí, les invito a retroceder al año 1954. Sería la Semana Santa de ese año la que viera por primera vez a nuestro grupo escultórico al completo, como consecuencia de haber introducido las tres figuras correspondientes a los apóstoles tras “La Oliva”. Como resultado de ello, se crearía la situación idónea para materializar el proyecto de andas que nuestro gran hermano y escultor Luís Marco Pérez había realizado para nuestra Hermandad. De este modo, fruto del trabajo realizado por Apolonio Pérez Llandres y Enrique Gimeno Monrabal resultarían las andas con las que desfilamos en la actualidad.

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Sin embargo, las andas con las cuales llevamos a cabo nuestros actuales desfiles procesionales no han presentado siempre el mismo aspecto, ni han ido complementadas del mismo modo a lo largo de los años, como podemos observar en estas antiguas fotografías.

Con respecto a los cuatro grandes faroles dorados que en tiempos pasados acompañaron y embellecieron a nuestro paso ocupando las esquinas del mismo, he de mencionar que fueron comprados a la Hermandad del Jesús del Puente. Este hecho queda patente con la aparición que estos cuatro faroles realizan en la fotografía correspondiente al desfile procesional del Jesús del Puente, temporalmente anterior a la fotografía que localizándose a nuestra izquierda se corresponde a Nuestra Hermandad. Estos cuatro faroles no serían la única compra que en el pasado Nuestra Hermandad realizase a la del Jesús del Puente, dado que observando el aspecto que en las décadas anteriores presentaban los cuatro laterales de nuestras andas, podemos contemplar la presencia de unas tortuosas estructuras metálicas, de coloración dorada y destinadas a la sujeción de múltiples tulipas pequeñas, obtenidas de las andas del Jesús del puente como observamos en la siguiente fotografía. - ¿Cómo valoraría usted el estado actual de Nuestra Hermandad? Al igual que el resto de Hermandades de Nuestra Semana Santa, la Hermandad Jesús Orando en el Huerto de San Esteban ha experimentado una intensa mejoría durante las últimas décadas. Es dicho progreso cualitativo especialmente notorio en vuestra Hermandad, al poseer

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los ya tradicionales conciertos que con manifiesta ilusión son esperados por los nazarenos debido a su especial interés musical así como por constituir la antesala perfecta a nuestra Semana Grande. Por otra parte vuestro desfile procesional está dotado de momentos de tremenda belleza, como podrían ser la entrada en la anteplaza tras haber cruzado el emblemático arco del Ayuntamiento, así como los momentos previos al final de la procesión en las proximidades de San Esteban. - ¿Cambiaría algo de la Semana Santa actual? En cuanto a la Semana Santa de nuestros días Lorenzo no modificaría nada, como consecuencia de haber sido a lo largo de los años fiel espectador del patente y progresivo progreso experimentado por la misma. Resultado de ese progresivo avance experimentado por nuestra Semana Grande, somos privilegiados hoy de contar con tal excelente y arraigado carácter nazareno. - ¿Cuál es la Hermandad a la que más afinidad presenta? La Hermandad dotada de especial afecto por Lorenzo Carretero sería la de Jesús del Puente, así como el Cristo de la Agonía y la Santa Cena. Habiendo sido jefe de banceros de las tres, su inicio como tal tendría lugar en la Hermandad de la Santa Cena, al ser la de más reciente creación. Ignacio Blanco

- ¿Qué Hermandades han sido beneficiadas por su excelente trabajado? Todas las Hermandades de nuestra Semana Grande recibieron frutos del trabajo de Lorenzo Carretero. De este modo, Lorenzo recuera que el primer desfile procesional llevado a cabo por la Hermandad de San Pedro estaría condicionado por el hecho de poseer rota la espada empuñada por el apóstol. Con la finalidad de dar solución a dicha comprometida situación se creó una espada de carpintería, siendo a continuación pintada en el taller de Carretero de color plata, para el sable, y de purpurina-oro para la empuñadura. Serían las actuales andas de la Hermandad de Jesús Amarrado a la Columna creadas en el taller de los hermanos Carretero, recordando Lorenzo el hecho de que su hijo pequeño aprendiese a caminar bajo ellas.

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- ¿Cree que la crisis actual podría afectar negativamente a la Semana Santa conquense? “La crisis de actualidad puede presentar consecuencias indeseadas sobre nuestra Semana Grande, no obstante Cuenca es Única y continuaremos engrandeciendo todavía más nuestra Semana de Pasión.” - ¿Qué piensa sobre la situación actual del museo de la Semana Santa? Siendo socio del mismo, Lorenzo considera que si toda Cuenca colaborase un poco con él, podríamos sacarlo adelante. - ¿Cómo valoraría la situación actual de la procesión “Camino del Calvario” en comparación con tiempos pasados? Últimamente la turba ha tomado una nueva trayectoria que teniendo poco que ver con la conducta mantenida en el pasado, resulta adecuada y sostenible. Antiguamente la procesión “En el Calvario” partía a las 11 de la mañana, siendo mecánicamente imposible seguir conservando en nuestros días dicho horario debido al importante incremento experimentado por el número de turbos en el último medio siglo. No obstante, el adecuado progreso de nuestra Semana Santa pasa por adaptarse a las nuevas circunstancias, siempre y cuando éstas sean de carácter constructivo. Ana Fernández

- ¿Siente que le ha faltado algo por hacer en su vida nazarena? Tras haber pasado por las distintas etapas nazarenas, Lorenzo pone de manifiesto la belleza y la emoción del ser bancero. Habiendo sido capataz de diversas Hermandades, nuestro hermano Carretero pone de manifiesto la gran responsabilidad que asumen dichas personas al desempeñar una labor de tan especial importancia, lo cual le llevaría a disfrutar más durante sus 27 años como bancero del Jesús del Puente. Lorenzo Carretero afirma que le han hecho nazareno los años, habiéndose empapado todo lo posible durante ellos de nuestra Semana Grande. Francisco Javier Alarcón Sepúlveda y Miguel Ángel Martínez Valiente.

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Roque Martínez González Una vida dedicada a la Semana Santa Por Ignacio Domínguez Escutia Un 10 de Enero a las cinco de la tarde me reúno con Roque en la cafetería del Casino de la Constancia. Roque me espera en la puerta, mientras mantiene una conversación con un amigo. Mientras apuramos un cigarro Roque ya me empieza a contar cosas sobre el Huerto y su historia como nazareno; bastaba que yo nombrara la Hermandad para que Roque con una gran y pícara sonrisa esbozada en su rostro comenzara a contarme ya historias del paso y de su vida.

Un nazareno aunque mayor siempre es un nazareno y en el caso de Roque ya sabemos que no es un nazareno del Huerto cualquiera. Roque siempre ha estado ahí, procurando que la hermandad fuera a más y a más, y su énfasis como podemos ver hoy en día ha dado sus frutos. Comenzó su andadura como bancero en 1957, y tras 36 años con el Huerto sobre sus hombros se retiró en 1993, cuando la edad y la fatiga le aconsejaron dejarlo, pues los años pasan hasta para los mejores banceros.

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- ¿Cuáles son tus primeros recuerdos como nazareno del Huerto? Entre en la hermandad a través de mi buen amigo Tomás Lozano; él me hablaba de ella como una hermandad en la que había sitio para todo el mundo. Yo pertenezco mucho antes a la hermandad de San Juan Evangelista, pero en aquellos tiempos no se disponía de mucho dinero y sacar San Juan era prácticamente imposible. Entonces me contaba mi amigo Tomás que en el Huerto había mucho sitio para los que no disponíamos de mucho dinero. Recuerdo perfectamente que empecé a sacar el paso sobre los 20 años, y a los que entrábamos por primera vez, ya que por aquel entonces no se hacía subasta, se elegían a dedo, Don Francisco Jiménez, el gran benefactor de la hermandad, nos recompensaba con 25 pesetas y un puro pequeño, mientras que a los veteranos se les daban 50 pesetas y 2 puros. -¿Cómo empezó tu trayectoria en la hermandad? ¿Cómo fueron tus primeros pasos como nazareno del Huerto? Pues muy sencillo; saque el paso el primer año y me gustó tanto que lo he estado sacando hasta que cumplí cincuenta y seis años, cuando ya me dije a mi mismo que no podía seguir. He sido Hermano Mayor cuatro veces, tres de ellas que no me correspondían por lista, pero como siempre apoyan al Hermano Mayor otras dos personas, y fue mi papel en tres ocasiones. Y luego, otra más que sí, que me correspondía por turno, vez ésta en la que lo compartí con mis dos hijos, Carlos y Eduardo. - Háblanos de tus sensaciones como bancero, de tu evolución como tal al paso de los años y después de tantas experiencias. Como bancero llevé el paso con dos palos y posteriormente con tres; la mejoría fue total ya que el palo del centro equilibro mucho ese gran peso que siempre ha tenido el Huerto, pasamos de 36 a 46, era bastante mejor que con dos palos, porque de hecho de esa manera incluso existía peligro, como sucedió por ejemplo en el 66, cuando el paso cayó saliendo de San Andrés. La primera vez es muy emocionante, pero luego después aún sigue siendo así; la salida, esa concentración antes de salir, el canto del Miserere entre los hermanos, y sobre todo el final; porque siempre la hermandad ha ido a más, y sobre todo a partir de los 90 pegó un salto enorme, porque antes del año 90 aproximadamente, se le daba poca entrada los jóvenes dentro del paso y precisamente esto empezó a cambiar por iniciativa mía, cuando dije que no había que mirar la edad, ya que muchos jóvenes eran más fuertes que los que estábamos debajo del paso entonces. La evolución fue muy grande, en aquellos momentos de ser unos 300 hermanos pasamos rápidamente a doblarlo, y ahora nos encontramos con una hermandad que no ha dejado de evolucionar con 1580 hermanos, y hermanas, ya que ellas también han hecho mucho por la hermandad.

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Julio Palencia

- Un recuerdo o momento especial en la Hermandad… Uno de los recuerdos más agradables que tengo es cuando me acuerdo del padre de las peluqueras Dori, al cual llamábamos El Bucanero; él fue Hermano Mayor conmigo, y al año siguiente falleció. Entonces nosotros, a pesar de que la familia no estaba en Cuenca, volvimos el paso en la Plaza de Cánovas, que era donde ellos vivían; al enterarse las hijas de este homenaje, dijeron que querían hacer un regalo importante a la hermandad, que resultaron ser los dos estandartes con los que hoy desfilamos, y los donó explicando que tenían que sacarlos Roque o sus hijos; Así que ese año subaste el guión y salieron conmigo Eduardo y Carlos portando los estandartes. - Se habla mucho en estos tiempos de que los hombres no son lo que eran y que cuesta más llevar el paso pero, ¿de 30 años atrás a aquí se ha mejorado o se ha empeorado en la forma de desfilar? Se ha mejorado muchísimo; primero porque la media de estatura ha subido notablemente, y segundo porque en la hermandad hay mucha gente joven que antes no había; lo que quiere decirse que ya no es como al principio que nos tenían poco menos que buscar para llevar el paso, hoy en día la subasta da gusto y sobra gente para llevarlo, con muy buenas estaturas además, que suelen ser lo más relevantes. - ¿Echas algo de menos de aquellos tiempos? Echo de menos la juventud simplemente. Hoy en día voy en la fila y las sensaciones también están bien. Llega el momento de no poder cargarlo y pasar a la fila, pero el paso siempre da muchas alegrías.

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- ¿Cuáles crees que son los factores que han hecho que hoy en día El Huerto viva tan buenos tiempos? Pues yo creo que la entrada de tanta gente joven que se ha enamorado del paso, ya que supongo, el Huerto es de las hermandades que más ha crecido; también hay que dar cuenta de que los hombres que han trabajado antes por la Hermandad trabajaban con muy pocos medios y de forma manual, mientras que hoy en día los medios son diferentes y mucho más eficaces, y además hay mucha gente joven que resuelve y hacen cosas de manera magistral, por ejemplo los XXI conciertos que llevamos y ya, y en este sentido quiero hacer una mención a Ramón Gómez Couso, que fue el precursor de ello y por supuesto también al maestro Juan Carlos Aguilar; ellos fueron los creadores de algo muy hermoso que se ha convertido en un momento donde la Hermandad se ha realzado, y a través de la cual se ha aportado mucho a la Semana Santa. Todos los conciertos han sido de una categoría excelente, y las personas que iban un año al siguiente querían estar, y hoy en día no cabe un alma en San Esteban. - ¿Qué sientes al ver hoy en día a tus hijos continuar la tradición de manera tan intensa? Una gran satisfacción, porque toda la familia es del Huerto; el miércoles santo vienen de donde estén viviendo, desde mi hija que no sale, mis nietas mas pequeñitas, hasta los mayores acuden a ver nuestra procesión. *Mientras me respondía, de pronto los ojos de Roque comenzaron a empaparse levemente, su señorial habla se volvió un poco temblorosa…; para él aquella pregunta era mucho más importante que cualquier otra, y notablemente emocionado hablaba de su familia con profundo cariño. - ¿Qué nos dirías a los jóvenes? Pues la cosa más natural supongo; y es que sigáis queriendo al Huerto como la hermandad que, desde luego nos ha dado tantas satisfacciones. Porque las directivas van y vienen con el tiempo, si bien es cierto que son la cara visible y más trabajadora de la hermandad, siempre hacen lo que está en la medida de sus posibilidades, según la economía; pero son los gastos oportunos, los que con más o con menos siempre se hacen para que todos los hermanos disfruten de la hermandad; y son esos momentos en los que habéis de disfrutar especialmente, cuando estamos los unos con los otros en sincera comunidad.

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Enrique Martínez Gil


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- El momento más entrañable que recuerdes… Pues son muchos porque la hermandad siempre ha estado muy unida, al final de la procesión con poco o mucho siempre hemos tenido unos gastos magníficos a los que estaba todo el mundo invitado, incluso gente que no pertenece de forma estrictamente directa a la hermandad, familiares, amigos, los músicos de la banda, etc. y es cuando hasta los que no han salido, se han reunido y compartido la vida de hermandad, y han vivido la noche del Miércoles Santo como la noche especial que es. - Una anécdota… Recuerdo a dos hermanos mellizos, cuando por aquel entonces encerrábamos en San Andrés, estos dos hermanos median cerca de 1’80, muy grandes y portentosos, eran de la hermandad pero solo los veíamos el Miércoles Santo; y ellos se quedaban al final de la fila, iban vestidos de paisano y cuando llegábamos normalmente a la Puerta Valencia y veían que ya no podíamos más, se metían y ayudaban a subirlo, que si no, no había manera. - Una curiosidad... Recuerdo cuando mi hijo entró ya como más a fondo en la Hermandad. El despacho de mi tienda era la sala de reuniones del Huerto porque constantemente estaba lleno de buenos amigos, y desde allí se mandaban cartas, citaciones, y se tenía todo el archivo allí. Fue el inicio de la era informática claro, porque antes todo eran papeles y papeles, y hoy ya con los ordenadores pues va todo más rodado. - ¿Cuál es tu ritual para vestirte de nazareno? En este momento de mi vida ha cambiado, pero cuando tenía mi trabajo consistía en dejar de trabajar dos horas antes de la salida -que por aquel entonces era a las 8-, llegar a casa y encontrarme al llegar con todo preparado; salir vestido desde casa hasta llegar a la iglesia, donde me encontraba con todos los compañeros. Y hoy en día pues casi igual, solo que con más años... - ¿Qué sensaciones tienes hoy en día cuando la oliva asoma por la puerta de San Esteban? Pues la de siempre, eso es algo inevitable, una emoción especial, tanto la salida como la entrada es algo maravilloso. - Y por último… ¿De quién te acuerdas en esos momentos? Tengo a todos conmigo, sí que me acuerdo de muchas cosas y personas, pero de nadie en especial, porque tengo a mi familia conmigo y son ellos los que llenan mi vida.

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Manuel Martínez Gascueña

Charlamos un rato más, apurando la copa de resoli; Roque aún me contó algún detalle más de su vida como nazareno del Huerto. Al rato y tras hablar un poco de todo, sabios consejos incluidos, yo le insistía en invitarle al resoli, mientras que él se negaba rotundamente a ello y acabó solicitando la cuenta al camarero; tras un fuerte y muy afectuoso abrazo entre dos hermanos del Huerto de tan distintas generaciones nos despedimos, entonces Roque dijo: -¡Nos vemos en unos días!, ¡Qué ya falta muy poco!-. Ignacio Domínguez Escutia

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José López Torralba Hermano mayor Por Miguel Ángel Martínez Valiente Sería una fría mañana invernal la que posibilitase mi encuentro con nuestro Hermano Mayor José López Torralba. Nuestra agradable reunión tendría lugar rodeados de todos aquellos utensilios propios de la noble profesión en la cual se gestó Nuestra Hermandad, utensilios de labranza que armonizan nuestros campos posibilitando el crecimiento y desarrollo de Gramíneas, vegetales de secano tan ligados al auténtico origen de nuestra Hermandad. Como Hermano Mayor, el deseo de José es conservar fielmente la extraordinaria trayectoria mantenida por nuestra Hermandad desde su creación, así como hacer lo posible por engrandecer el paisaje humano que nos caracteriza, fundamentado en la felicidad, la armonía y la amistad que reinan bajo La Oliva.

Es todo un orgullo para nuestro Hermano Mayor el asumir dicha responsabilidad, contando para ello con el apoyo de sus hijas María José y Elena, las cuales muestran una intensa ilusión por tal compromiso al haber participado activamente desde niñas en los actos propios de la Hermandad.

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“Al volver la vista atrás” son numerosos los recuerdos que invaden la memoria de José, pues habiendo nutrido las filas durante su infancia de la mano de su padre, y en compañía de sus primos así como de Luis Valiente, se inicia como bancero a la edad de 17 años. Su etapa como bancero se sitúa temporalmente en aquel momento en el que únicamente contábamos con dos banzos, recordando los fuertes golpes que ocasionaba el pesado banzo sobre su hombro. En 1966 nuestro Hermano Mayor presenciaría como bancero la trágica caída que tuvo lugar en la Iglesia de San Andrés (con importantes consecuencias sobre la imagen del ángel), resultado de la cual se introduciría el tercer banzo. Sería también presenciado por nuestro Hermano Mayor el desfile que como consecuencia de la lluvia realizaría nuestra Hermandad en 1973 por el Gobierno Civil en dirección a San Andrés, al encontrarse en construcción la actual Iglesia de San Esteban. Francisco Jiménez (secretario de la Hermandad desde 1941 a 1972) sería el que asumiera el precio de los banzos con el objetivo de evitar que los más jóvenes tuvieran que contribuir económicamente, realizando él también una selección de los banceros atendiendo a su fortaleza y condición física. Como consecuencia de ello, José compartió de forma agradable sus primeros años de bancero con jóvenes miembros de la fábrica de maderas, como Prudencio, que portando una pesada viga de madera sobre su hombro presentaba capacidad de sostener a dos personas en los extremos de la misma.

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Desarrollándose la infancia y juventud de José en el contexto creado por los “Padres de Nuestra Hermandad” (Francisco Jimenez, Julián Miranzos, Luis Valiente, José López Llandres, Lorenzo Cañas Bueno, Antonio y Luis González, etc.), su intención ha sido transmitir de forma intacta nuestra característica identidad a los más jóvenes, así como a su hijo Fernando, siendo para nuestro Hermano Mayor un gran orgullo contemplar el notorio compromiso que presenta con la Hermandad. Entre los recuerdos de nuestro Hermano Mayor encontramos el de realizar las Juntas en la “Hermandad Sindical de Agricultores y Ganaderos”, que localizándose en las inmediaciones de San Esteban era el punto de reunión de la Hermandad de San Isidro, a la cual estamos intensamente ligados al haber estado localizada también en San Esteban. Tras la procesión era costumbre realizar el tradicional gasto de Hermandad en un corral localizado en la porción más superior de la calle San Francisco, que posteriormente evolucionaría a cochera para culminar siendo la taberna de nuestro hermano “Jose”. Este tradicional gasto únicamente cambiaría su localización el año en el cual fue Hermano Mayor Julián Miranzos, pasando a realizarse en el Hostal San Isidro.

Manuel Martínez Gascueña

Sería José, nuestro Hermano Mayor, el que con ilusión trajera la oliva desde “El Quinto” con el tractor, oscilando para aquella época el precio de la misma entre 40 y 50 duros. Con respecto al sentimiento que en la actualidad presenta nuestro Hermano Mayor he de mencionar que se basa en una profunda alegría provocada por el número creciente de niños que cada año acompañan a nuestras imágenes, en contraposición con las escasas personas que formaban parte de las filas durante las décadas pasadas. Habiendo llegado a este punto de la entrevista, y con la finalidad de concluir de forma constructiva, me parece de especial interés el solicitar a nuestro Hermano Mayor un consejo para los más jóvenes de la Hermandad, siendo su respuesta al mismo la conveniencia de colaborar, contribuir y trabajar con los diferentes aspectos de la misma. “La Hermandad es poseedora de una Historia de especial relevancia para sus hermanos, existiendo la difícil necesidad de conservar de forma intacta dicha Historia en el tiempo, lo cual requerirá actuar siempre en consonancia con la trayectoria mantenida.” Miguel Ángel Martínez Valiente

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Historia de nuestra banda de música Por Miguel Ángel Martínez Valiente Habiendo llegado al final de mi vida como músico, me dispongo a dejar constancia de los hechos más relevantes de la historia de nuestra Centenaria Banda, así como a narrar aquellos sucesos que me fue dado presenciar durante mi estancia en la misma. El origen de nuestra banda de música se sitúa en un 16 de Diciembre de 1895, momento en el cual surge la propuesta por parte de ejemplares alumnos de la Academia de Música, siendo alcalde de la ciudad D. Santos Fontana. En cuanto a los objetivos que en este periodo temporal perseguiría la banda de música, y que llevarían a su creación, encontramos el de recaudar fondos para ayudar a las familias más necesitadas cuyos hijos habían sido destinados a combatir en la Guerra de Cuba, solicitando para ello material instrumental valorado en 6000 pesetas. Pasados unos años desde su creación, los cincuenta miembros integrantes de la misma, alternarían sus conciertos con los realizados por la Banda Provincial, teniendo lugar estas actuaciones en la bella fuente de S. Fernando. No sería hasta Junio de 1899 cuando se dispusiera la participación por parte de nuestra banda en el programa de conciertos de las noches estivales, de forma que los mismos serían llevados a cabo en entrañables Rincones Nazarenos como la Plaza Mayor o la Fuente del Escardillo. En esos momentos en los cuales el S.XX empezaba a respirar, nuestra banda recibió por parte del Concejo un reconocimiento a consecuencia de su excelente participación en las Procesiones de Semana Santa, de forma que tras ello y considerando el nivel musical de la misma, D. Ramón Polo Gómez le encomendaría un pasodoble bajo el nombre de “Cuenca”.

Banda de Música de Cuenca (1897), bajo la dirección de D. Arturo García Agúndez.

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Contando ya con el edificio Almudí como lugar de ensayo, en 1927 la banda visita la Ciudad de Teruel con el objetivo de lograr un acercamiento entre las dos localidades, respuesta de ello sería la visita a Cuenca de ciertos poetas turolenses exaltando por parte de los mismos aquellos valores propios de su Tierra Aragonesa. En ese mismo año, nuestra banda actuaría en Madrid acompañando al Ayuntamiento de Cuenca en un acto de homenaje a Primo de Rivera. En la década de los años treinta nuestra banda participa en unos concursos organizados en la plaza de toros, siendo las bases de los mismos el interpretar una obra de libre elección, y otra de representación obligada. En cuanto a la obra de interpretación obligada he de mencionar que fue “Pinceladas de Castilla”, siendo el objetivo último de su realización el aportar al jurado un motivo de contraste entre diferentes bandas musicales. Para aquel momento, y desde 1923, nuestra banda cuenta con la bandera actual, como queda reflejado en esta fotografía. En cuanto a los directores que han liderado nuestra banda de música, he de mencionar que tuve la fortuna de localizarme bajo la batuta de D. Juan Carlos Aguilar Arias, así como de ser influenciado por el mismo en mi formación y aprendizaje. Basándome en esta experiencia personal, me gustaría dejar patente la importancia de la figura del Director, siendo D. Arturo García Agúndez (procedente de la Banda de Cáceres) el primero en llevar las riendas de la Banda de Cuenca, al que le sucedería D. Casimiro Rubio (presente en la fotografía de abajo, 1910).

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Me gustaría recalcar como director de nuestra banda al Maestro Nicolás Cabañas, quién había dirigido también la Banda Provincial y presente en esta fotografía de 1927. Es posible que la marcha nazarena “San Juan”, del Maestro Cabañas, sea la más representativa e interpretada de nuestra Semana Santa. Sin embargo, su obra nazarena no se limita a ello, dado el nutrido número de marchas que bajo su nombre suenan todas las noches de Semana Santa por las sinuosas calles de nuestra ciudad. Sería bajo la batuta de Nicolás Cabañas cuando se construyera el quiosco del parque S. Julián, siendo característica su extraordinaria capacidad de adaptar según conviniese, la obra a los instrumentos que dispusiera así como a las posibilidades de los intérpretes, de forma que quedara facilitado el transcurrir de la interpretación musical. En 1931 toma la batuta de la banda D. Jesús Calleja (presente en esta fotografía de la derecha del año 1957), siendo característico de su periodo el hecho de incluir mujeres como intérpretes de la misma. En la fotografía de debajo (del año 1969) podemos observar una participación por parte de nuestra banda de música en las procesiones de Semana Santa, bajo la dirección de D. Lucio Navarro. Sería el 8 de Marzo de 1991 cuando la Banda de Música iniciase una historia en común con nuestra Hermandad, lo cual quedó materializado con un concierto llevado a cabo en la Iglesia de San Esteban. La finalidad de dicha interpretación fue celebrar el 50 aniversario del resurgimiento de nuestra Hermandad tras la Contienda Civil, quedando publicitado dicho concierto mediante el cartel de la página siguiente. El Primer Concierto de la Hermandad sería aprobado en la Junta General celebrada el día 3 de Marzo de 1991 siendo entonces director de nuestra banda D. Aurelio Fernández Cabrera, autor de múltiples Marchas Nazarenas como “El Cristo del Olvido” o “Las Cruces de la Merced”. Serían miembros de la Junta Directiva que en ese momento posibilitó este primer acontecimiento musical para la Hermandad D. Ramón Gómez Couso, D. Francisco Javier Escribano

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Villanueva, D. Luis Villanueva Vergara, D. Luis Herráiz de la Torre, D. Jesús Córdoba Blanco, D. Fernando Cuesta Cuenca, D. Eduardo Moya Escutia y D. Antonio Armero Patiño. Desde el año 1991, en el cual surgió esta primera cita musical por parte de la Hermandad, el Concierto del Huerto ha alcanzado la categoría de ser uno de los acontecimientos más importantes de nuestra Semana Santa, tanto por su excelente carácter musical, como por su prestación a integrar nuevas marchas en nuestras calles. En el año 1999 y dada la extraordinaria relación existente entre la banda y nuestra Hermandad, se dispuso a un Hermanamiento entre ambas. Este acto sería llevado a cabo en el concierto de ese mismo año, siendo el cartel utilizado el que apreciamos a la izquierda, al cual personalmente le presento especial afecto. En cuanto a la Junta Directiva presente en ese momento en la Hermandad he de mencionar que contaba con dos nuevos miembros, D. Rafael Torres Muelas y D. Carlos Martínez Gorriz. Sería en el año 2005 cuando tome la batuta de la banda D. Juan Carlos Aguilar Arias, excelente miembro de nuestra Hermandad y autor de múltiples marchas nazarenas como “Tu Silenciosa Mirada”, “Lienzo Sagrado”, “30 Denarios” o “Entre Banzos” dedicada a nuestro querida Hermandad. En el año 2006 tuve la fortuna de participar por primera vez como joven oboísta de la banda en estos conciertos de la Hermandad, bajo la dirección de D.Juan Carlos Aguilar. Sería característico de esta Semana Santa el acto de Hermanamiento con la Oración de S. Antón. Sería el año 2008 el que marcaría mi última participación en estos conciertos, dada una nueva trayectoria que en ese momento tomaría mi vida en el mundo de la Medicina. Nuestra hermandad es poseedora de varias marchas interpretadas por la banda en estos conciertos, entre las cuales cito: “Entre Banzos”, de D. Juan Carlos Aguilar Arias (1997). “Noche de Olivos”, de D. Pedro José García (1997). “Oración en el Huerto”, de D. J. López Calvo (1977).

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Son muchos los integrantes de la banda que contribuyeron a crear aquel paisaje humano en el cual me fue grato convivir. Innumerables recuerdos ocupan mi memoria, apareciendo en los mismos personas de nuestra banda. Personas como “Dioni”(oboe); Miriam, “Santi” y el Señor Ángel (Saxos); Miguel y “Rafa” (Percusión); “Herminiete” (Trombón); Eduardo, “Paquillo”, ”Juli” Alberto, Raquel, Julio, Marta y Rosa (Clarinetes) y “Luisito” (Flauta). Por último, me gustaría hacer referencia a un gran amigo, Juan Carlos Aguilar, quien siendo nazareno de batuta acompaña cada noche a nuestra hermandad otorgándonos sus cálidas notas. Miguel Ángel Martínez Valiente. Madrid, 6 de Noviembre, 2011.

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Tríptico de Getsemaní La Pasión de Jesús en el huerto de los olivos Por D. José Antonio Gómez Serrano 1. Jesús asume y redime el sufrimiento humano. Se hizo de noche en el alma de Jesús. Después de los momentos luminosos de la Cena, todas sus lámparas se apagaron. Como si un diablo o muchos diablos hubieran ido preparando el terreno para librar con Cristo un combate definitivo. Porque el diablo, sabemos, no se dio por vencido en el desierto. “Toma consigo a Pedro, Santiago y Juan y comenzó a sentir pavor y angustia” (Mc 14,33). Lo que siente Jesús en estos momentos es también misterio. Todas las tinieblas humanas entran en su alma. Es la hora del príncipe tenebroso. Lo que siente Jesús: -Tristeza mortal: “mi alma está triste hasta el punto de morir”. (Mc 14, 34). Todas las depresiones del mundo dentro de Jesús. Claro que se puede morir de tristeza o quitarse la vida por tristeza. Esta tristeza es peor que cualquier enfermedad. Jesús tenía razones para semejante tristeza: los acontecimientos que se acercaban, la reacción de los discípulos, especialmente de Judas, el silencio del Padre… Otras veces no hay razones, pero es lo mismo, Jesús asume toda tristeza humana, nuestras penas y nuestras lágrimas. -Angustia pavorosa, miedo total. Difícil definir esa angustia de Jesús, la ansiedad, el no tener ningún punto de apoyo, sentir el alma “en carne viva”… Y el terror, porque sabe lo que le espera; el diablo se lo pintaría al vivo. Temblaba de angustia y de miedo Jesús, caído en tierra, “cayó en tierra” (Mc 14,35). Asume así nuestros miedos -¡tantos!- y nuestras angustias horrorosas. -Repugnancia ante la realidad que está viviendo, ante el cáliz que se le ofrece. -¡Aparta de mí este cáliz! En esa copa todos los dolores y las amarguras. ¡Qué asco tener que beber todo eso! -Desencanto y absurdo. No encontraba sentido a tanto sufrimiento y desgarro. ¿Por qué y para qué? ¿No podrían hacerse las cosas de otra manera? ¿Qué adelantas, Padre, con mi muerte y mi fracaso? Es el sinsenManuel Martínez Gascueña tido, el absurdo de la existencia humana. Tantos trabajos y preocupaciones ¿para qué? ¿Dónde quedan las ilusiones y esperanzas que vivía y predicaba? Desengaños, desencantos, el vacío de la vida. Soledad. Ahí están tres discípulos muy cerca, pero están muy lejos, no comprenden nada. La gente, la mayoría

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del pueblo, le va a dar la espalda. Pero lo que mata a Jesús es el abandono del Padre. ¿Es que no oye? ¿Es que no me quiere? ¿Es que no existe? 2. Los discípulos duermen. La escena de Getsemaní ofrece otro constante dramático, como el de la última Cena. Mientras Jesús agoniza, los discípulos, aún los más íntimos, duermen. Pueden más en ellos el cansancio y el sueño que la situación y el ruego del amigo. Ni Pedro, ni Juan, ni Santiago estuvieron a la altura de las circunstancias. ¡Qué bueno hubiera sido que acompañaran a Jesús, aunque no dijeran nada, pero que quisieran compartir y consolar! También por ellos mismos necesitaban fuertemente más vigilancia y oración. Pero son unos inconscientes. Nos pasa a nosotros muchas veces. No sabemos o no somos capaces de estar cerca del hermano o del amigo que nos necesita. Nos pide una palabra, un gesto, una presencia compresiva y solidaria, pero nosotros dormimos, vamos a lo nuestro.

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3. El ángel del consuelo. Cristo luchó agónicamente sintiendo a fondo la tentación. Como en el desierto, su arma victoriosa fue la oración. Durante las hoIgnacio Blanco ras de lucha repetía machaconamente: ¡Abba! ¡Abba! Sólo el pronunciar esta palabra le hacía bien. Abba, si es posible… Se podría buscar otra manera más humana de salvar al mundo. O se podría quizás, esperar un poco. Si no he hecho más que empezar. Los discípulos están muy inmaduros. Podía darse algún signo más convincente de que Tú estás conmigo. “Pase de mi este cáliz”. O endúlzalo un tiempo, que yo vea la necesidad de beberlo y el fruto que va a producir. Abba, vamos a negociar este tema. “Pero no lo que yo quiero, sino lo que quieres Tú” (Mc 14,36). Perdona, Padre, no hagas caso de lo que te digo. Tu voluntad sobre la mía. Siempre encontramos razones para hacer lo que queremos, buscamos justificaciones de nuestros deseos. No, lo que Tú quieras, Abba. La batalla estaba vencida, y el Padre se hizo presente como luz y como fuerza. Las tinieblas huyeron del alma de Jesús. El mal estaba vencido, el sufrimiento estaba redimido. Por muy negra que sea la tentación, siempre es posible abrirse la esperanza. “Entonces se le apareció un ángel venido del cielo que lo confortaba”. (Lc 22,43) Dios se hizo tan débil que necesitó el consuelo de un ángel. Le haría ver que no estaba solo: que el Padre le amaba, si fuera posible, más; que era necesaria esta muerte tan dolorosa, porque se realizaba la redención del mundo; le haría ver los frutos de la Redención. Entendería que ésta era la respuesta de Dios al sufrimiento humano, que así podría compadecer y compartir el sufrimiento de todos los hombres; y que ya todo el sufrimiento –el dolor, la tristeza, la agonía, el miedo, la repugnancia…- todo quedaba redimido y santificado; que el hombre no se avergonzaba de sufrir en el cuerpo o en el alma, porque no lo vería como castigo, sino como sacramento y como gracia. No nos extrañemos. Todos necesitamos el ángel del consuelo. Pero todos podemos ser también ángeles del consuelo, el que comprende e ilumina, el que comparte y alivia. ¡Se necesitan muchos ángeles así! José Aº Gómez Serrano, Consiliario de la Hermandad.

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La Oración en el Huerto Impresiones sobre el conjunto de Marco Pérez Por Ignacio Blanco Romero El Paso de Jesús Orando en el Huerto es uno de los que posee mayor belleza y envergadura de cuantos componen nuestros desfiles procesionales. El misterio central fue uno de los primeros Pasos realizados por Luis Marco Pérez tras la guerra civil, desfilando en la Semana Santa de 1941. No es mi intención realizar un serio análisis artístico del conjunto escultórico, sino simplemente escribir algunas observaciones y detalles sobre nuestro Paso. El grupo escultórico fue encargado a Luis Marco Pérez por la hermandad y la Junta de Hermandades para que constase de las cinco figuras que hoy tiene: Jesús, el ángel y los tres apóstoles, desfilando las dos primeras figuras ese mismo año y posponiéndose la entrega de los apóstoles para el año siguiente. Por motivos económicos, los apóstoles no se añadirían al grupo hasta 1954. El misterio está tallado en madera de pino y la policromía es obra de Enrique Gimeno Monrabal, quien se encargó de policromar gran parte de las tallas de Marco. La figura de Jesús es la principal, reflejando el momento en el que cae al suelo y muestra gran sufrimiento debido a la visión de su pasión. En otros misterios vemos a Jesús resignado, tranquilizado a pesar de que conoce lo que va a acontecerle. Ejemplos de ello son el Paso anterior a 1936 de Mariano Moreno, el realizado por Coullaut-Valera en 1967, o el realizado por el propio Marco Pérez para Ciudad Real inspirado en el grupo realizado por Salzillo en 1752. En el caso de nuestro Paso vemos a un Jesús en el momento de dolor y agonía, lo cual contrasta con los misterios mencionados, donde le vemos ya aceptando su destino. El rostro guarda las facciones que Luis Marco imprimía a sus Cristos y es muy semejante al Jesús del Paso del Beso de Judas. Esta similitud se aprecia si observamos la Luis Miguel Caballero

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forma en que están tallados el pelo y la barba: pelo menos abultado que en otros Cristos y barba más lisa, con menor cantidad de bucles. La diferencia en este aspecto es notable si se compara con las barbas del Jesús de las Seis o los Cristos de los Espejos, del Descendimiento o el Yacente, por poner algunos ejemplos. El ángel resulta una talla muy interesante, respondiendo a la iconografía típica de seres asexuados, los cuales tienen rasgos masculinos y femeninos. Su rostro es de una gran belleza al más puro estilo clásico: belleza, serenidad… Incluso el pelo termina en unos rizos reminiscentes de la escultura griega. Esta figura presenta un cabello similar a San Juan Evangelista, realizado también en el mismo año y con clara influencia de la escultura clásica. En la foto de arriba podemos observar el Paso que desfiló hasta 1936. (Foto: Aguilar) Debajo vemos uno de los distintos misterios que realizó sobre la Pasión en Getsemaní Federico Coullaut Valera, Paso que se encuentra en Úbeda.

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Ambas figuras están policromadas, encarnadas y estofadas, algo propio de la escultura religiosa. El estofado consiste en dorar la figura y añadir después la policromía, levantando el color en las partes deseadas para que se vea el oro. En el caso de Jesús el estofado es discreto, ya que sólo se ha realizado dibujando motivos florales en ciertas partes como el cuello y el bajo de la túnica. También se ha realizado en el cabello y la barba, dejando ver unos ligeros matices dorados bajo el oscuro color del pelo.

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La túnica de Jesús es de color azul, diferente al morado que lleva en el Paso del Beso de Judas. Esto puede deberse a que se haya perdido la policromía original por los repintes mal llamados “restauraciones” y tan poco adecuados que se realizaban hace unos años. El ángel además de tener el cabello con los matices ya mencionados, lleva adornos de formas vegetales distribuidos por toda la túnica, de color amarillo anaranjado. Así el oro queda muy integrado con la túnica en general a diferencia de la túnica de Jesús, donde resalta sobre el color azul para realzar los adornos. Durante los primeros doce años, el Paso se completaba con un olivo natural tras las dos imágenes protagonistas. En 1954 Marco Pérez completa el misterio con las figuras de los apóstoles Juan, Pedro y Santiago. Como ya se ha mencionado, este retraso fue debido a que no se llegó a un acuerdo económico con el escultor, por lo que no se completaría hasta el año reflejado. Ignacio Blanco

En la etapa de los años 50 el escultor ya alcanzado su máxima madurez, encontrándose en su etapa de mayor perfección. De este modo, completa el misterio con los tres apóstoles cerrando el Paso y creando una composición perfecta para ser vista desde cualquier ángulo. En los laterales tenemos a los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan. Sueño profundo y plácido de un Juan joven y duermevela de un hombre de mediana edad tal y como representa a Santiago. En la parte de atrás y entre los dos apóstoles dispone a un Pedro viejo y dando cabezadas. Tres hombres en etapas diferentes de la vida representados en unas tallas que visten túnicas y mantos muy del gusto del autor, de gran bulto y llenas de pliegues angulosos.

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Las posiciones de los discípulos recuerdan al misterio de Salzillo mencionado anteriormente. La policromía resulta de unos colores menos vivos que en las dos figuras originales. Puede que se realizase a propósito para dejar protagonismo a la escena principal. El estofado en este caso se limita a dibujar pequeñas líneas o círculos tanto en túnicas como en mantos. En las partes vueltas de los ropajes, el oro se ha dejado descubierto.

Ignacio Blanco

Actualmente el Paso desfila sobre las andas realizadas en 1954 por el taller de Apolonio Pérez Llandres, adornadas con forja elaborada por Victoriano Carbonero Perpiñán en 1981. Se completa el grupo con un tronco de olivo al que se le añaden cientos de ramas traídas de “El quinto”, resultando más voluminoso y ganando peso. Es una maravilla para conquenses y foráneos ver desfilar al Huerto de San Esteban cada noche de Miércoles Santo, con el rítmico bamboleo que los banceros le transfieren al Paso y las ramas de olivo y escuchando el golpear de sus horquillas contra el suelo. Ignacio Blanco Romero

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Hermandades y cofradías de Cuenca Casas de acción social Por Rafael Torres Muelas Solidaridad significa unirse circunstancialmente a la causa de otro, es ayudar, colaborar o cooperar con las demás personas para conseguir un fin común, es un valor necesario para acondicionar la existencia humana. Todas las personas necesitan de los demás, por lo tanto es importante aplicar este valor para hacer del mundo un lugar más habitable y más digno, tomando como ejemplo a Jesucristo que hizo del amor el mandamiento que debemos promover los que nos consideramos sus seguidores. Dando demostración de su dogma y teniendo presentes principios básicos como la generosidad, la amistad, y la ecuanimidad en nuestras actuaciones cotidianas. Las hermandades y cofradías de Cuenca, forman parte de esta realidad y cumplen realmente con lo mencionado en la descripción preliminar, son en primer lugar asociaciones de fieles otorgadas como “religiosidad popular”, la expresión de un pueblo en la búsqueda de Dios. Conjuntamente, en el contexto de nuestra ciudad, las mismas son una de las principales estructuras asociativas y de coexistencia ciudadana y social. Uno de los propósitos que en sus orígenes tuvieron las hermandades y cofradías que muchas todavía explicitan en sus constituciones antiguas y renovadas, es la ayuda mutua entre cofrades, especialmente en casos de necesidad espiritual y material. Este propósito concuerda plenamente con la promoción y participación en las celebraciones del misterio de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, a las que se dedican fundamentalmente las hermandades de Semana Santa. Por otro lado, el contenido espiritual de correspondencia pide que los hermanoscofrades, se ayuden mutuamente y la hermandad esté atenta especialmente a los miembros que necesitan más atención. Ejemplo de estos principios sociales en nuestras hermandades los tenemos en los orígenes de las mismas. Así la Venerable Hermandad de Maria Santísima de la Esperanza, debe relacionarse directamente su advocación y devoción, con la existencia del Cabildo y Hospital de Peregrinos de Nuestra Señora de la Esperanza, que servía de cobijo a enfermos e

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impedidos en una época especialmente difícil. La Archicofradía de Paz y Caridad, que tenía como entidad principal el acompañar a los reos de muerte en sus últimos momentos. Según rezaban sus constituciones fundacionales establecían, con todo detalle, el desarrollo de las sucesivas ceremonias: “Cuando al presidente de la Archicofradía le sea cierto -decía el artículo primero- por el Tribunal de Justicia de ser colocado algún reo en capilla, avisará a los hermanos mayores de las seis hermandades, para que por cada una de ellas sean nombrados seis individuos que, puestos a la orden del presidente, alternen día y noche en la custodia y cuidado del reo”. Julio Palencia

Los condenados comían, por cuenta de la Archicofradía, ”cocido con gallina, teniendo a disposición inmediata chocolate y dos vinos generosos”, debiendo condimentarse el cocido en casa del presidente, a la muerte del procesado las cofradías que formaban la concordia se hacían cargo del cadáver para su entierro, pidiendo limosnas los hermanos para aplicarlas en beneficio del alma del ejecutado. Para ello colocaban tres mesas, cubiertas con paño negro con un crucifijo sobre ellas, con dos velas encendidas a sus lados, bandeja de limosnas y una campanilla que se tocaba con frecuencia. Además de las líneas generales de actuación por lo que se refiere a los condenados a muerte, las hermandades que componían esta sociedad, mantenían tradicionalmente una especial preocupación por el auxilio a los hermanos enfermos. La de Nuestro Padre Jesús Amarrado a la columna establecía en sus constituciones un cuidadoso sistema de auxilio a los enfermos, dejando claro que “todo hermano, si cayere enfermo con calentura, tendrá derecho a ser socorrido por la misma con una peseta diaria en metálico los primeros cuarenta días: de continuar la enfermedad, y después de transcurridos otros cuarenta días, o sea, a la tercera cuarentena, percibirá cincuenta céntimos durante cuarenta días”; tales beneficios se exceptuaban cuando las enfermedades fueran “sobrevenidas de mujeres, de armas de fuego, blancas o palos, a no ser que estas últimas hayan sido casuales o en justa defensa”. Por su parte, las mujeres no tenían derecho a socorro “cuando se hallen enfermas a consecuencia de embarazo o alumbramiento, hasta transcurridos cuarenta días desde este último”.

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La de San Pedro Apóstol, que se intitula como “religioso-benéfica”, en su artículo 10 reglamenta la concesión de becas para estudios de seminario y magisterio, siendo necesario para mantenerlas el acabar el curso con sobresaliente. La del Santísimo Ecce-Homo (de san Gil) como hermandad de socorro, reglamentaba perfectamente sus relaciones con los hermanos y así, cuando uno caía enfermo, debía presentar certificación del médico al hermano mayor y a partir del día siguiente, era socorrido con 6 reales diarios (si en ese momento se careciera de fondos, se recaudaría este auxilio entre todos los miembros). Así lo contemplaba el libro de acuerdos fechado en el año 1928.

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La de Nuestra Señora de la Soledad (del Puente) contempla entre sus fines principales la asistencia a enfermos, teniendo la obligación el hermano mayor de visitar a quienes se encontraran en esta situación, dando cuenta de su estado a la cofradía, auxiliando a los necesitados con dos onzas de chocolate, medio litro de leche y cinco monedas, mientras se mantuviera en su estado.

La de San Juan Apóstol Evangelista señala como uno de sus propósitos principales de su existencia en sus disposiciones fundacionales, la ayuda a los hermanos tanto espiritual (misas de salud, asistencia a entierros, presididos éstos por seis religiosos del convento que eran acompañados por doce hermanos portando sus correspondientes velas), como en existencias para poder atender a sus miembros víctimas de enfermedades y calamidades. Acorde con estas indicaciones, la entidad construye desde el año 2000, en colaboración con la Nunciatura Apostólica de Brasil, la Casa de San Juan Evangelista en los arrabales de Brasilia, para dar cobijo a jóvenes enfermos de cáncer. Al cuidado de éstos quedaría encargada la Congregación de las hijas de Jesucristo, comunidad de religiosas que ya tiene otros centros en ese país. Vistos estos antecedentes iniciales en nuestras hermandades, bien podemos afirmar que son el germen de la doctrina social, que debe guiar el sentimiento de las mismas antes y ahora, como una cualidad que debemos asumir en emergencias y desastres. Resaltando que la ayuda es una característica de la cordialidad que enseña al hombre a sentirse unido a sus semejantes y a la cooperación con ellos, las necesidades sociales de los hombres actualmente no son las mismas que cuando se constituyeron las referidas confraternidades.

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Hoy por hoy, la aguda crisis que estamos padeciendo a nivel mundial y en concreto en nuestra ciudad, nos mueve y obliga a ello la gravedad del momento, el sufrimiento de muchas personas, especialmente los más desprotegidos hace que sean muy numerosas y significativas las labores de caridad y ayuda social, implicando a las cofradías a suscribir convenios de colaboración para estrechar sus relaciones, aunar esfuerzos y establecer líneas de actuación para ayudar a los más necesitados de su entorno, comenzando en los diferentes ámbitos benéficos, ya sea desde las Caritas parroquiales de nuestra ciudad, que más que una organización para solucionar algunas situaciones de pobreza, más o menos graves, ejemplifican una dimensión esencial de la comunidad cristiana y de todos sus miembros que tienen por símbolo los corazones, estableciendo un mismo móvil de acción: el amor al hermano; y un idéntico objetivo: servir a los más pobres o a través de distintas instituciones y organizaciones a modo de ONG católicas: la acción caritativa y de humanidad. Como Cáritas, que en su trayectoria asume un triple compromiso en su acción social: informar, denunciar y sensibilizar a la opinión pública sobre las situaciones de pobreza y vulnerabilidad; sus causas, consecuencias y la posibilidad de participación en el cambio. Como Manos Unidas, que lucha contra la pobreza, el hambre, la malnutrición, la enfermedad, el subdesarrollo y contra sus causas. Como Vivere, creada para colaborar con la acción evangelizadora y social de Don Andrés Carrascosa Coso, en ese momento arzobispo y Nuncio de su Santidad en el Congo. Como la Asociación Benéfico-Cultural Ayuda Cité-Soleil, que pretende procurar una alimentación adecuada y continuada a los niños que acuden regularmente al colegio en un suburbio de Puerto Príncipe (Haití), y que, dependiente de las religiosas del Hospital de Santiago, proporciona el apadrinamiento de los niños que atiende. O como Aldeas infantiles, de contorno no confesional, con carácter privado, y que desarrolla su labor en un ámbito mundial, ayudando a la infancia con representación en nuestra ciudad. Nuestra ocupación y tenacidad como hermandades es aprovechar todas las posibilidades que se ponen a nuestro alcance para convertir esa piedad popular de nuestra Semana Santa que se resume en unos claveles a los pies del Cristo de los Espejos, puesto por una abuela, desde que su nieta se “desenganchó” de una mala compañía. En un beso tembloroso de una madre a las manos de la Virgen de las Angustias solicitando una salida para sus hijos, o en el silencio de una oración rezada mientras se camina detrás de nuestros pasos bajo la advocación de “Jesús con” donde se va consumiendo la cera camino de una iglesia, en testimonio de Cristo, y el terreno para llevarlo a cabo es el ambiente cotidiano, Ignacio Blanco

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la realidad social, con la que nos relacionamos y a la que no podemos ni debemos ignorar si queremos nuestro compromiso con el mandamiento nuevo que nos dio el Señor: que nos amemos todos como nos ama Dios, concibiendo que sea existente y cierto. Cuando el nudo en el vientre, que cada primavera nos produce sentir que ya llega la hora de estar en la calle, cuando la banda de cornetas y tambores de la Junta de Cofradías suene a lo lejos anunciado que el Nazareno ya porta su Cruz por la Vía Dolorosa de Cuenca, el olor a cera virgen nos absorba el alma, y advirtamos que al desfilar los pasos de misterio van reflejando claramente los rostros de la pobreza humana. Al igual que hicieran con “Jesús” nuestros prójimos también son negados, traicionados, abandonados, azotados, deshonrados, contrariados… Estos estremecimientos nos obligan a comprometernos todos, a tener siempre preparada nuestra túnica diaria y estar dispuestos para custodiar a este “Jesús” de todos los días tan desconsolado.

Ignacio Blanco

Aprovechemos que Cuenca tiene 36 hermandades para “regalar” a través de sus hechos a Jesucristo a la sociedad, actuando en correspondencia entre todos y dando demostración de unidad y de asistencia a los demás. Rafael Torres Muelas, secretario Vble. Hdad. Jesús Orando en el Huerto.

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La antigua parroquia de San esteban Por Aurora Garrote Armero Para muchos de los conquenses, hablar de la Parroquia de San Esteban es hablar del edificio del arquitecto madrileño Antonio Camuñas que, a mediados de los 60 empezó a construirse; para otros, de edad más avanzada, hablar de San Francisco es hablar de San Esteban, puesto que a mediados del s.XIX el convento de los franciscanos que se localizada en la actual iglesia empezó a ser sede de la parroquia de San Esteban. Hasta 1864, la parroquia de San Esteban no se circunscribía a las delimitaciones actuales: intramuros, comprendía otros espacios diferentes a los actuales. Sirvan estas líneas como aproximación a su estudio. • La demarcación de la parroquia de San Esteban. La ciudad de Cuenca en la baja Edad Media podría dividirse socio-laboralmente en tres secciones1, que nos permiten diferenciarlas estamentalmente: 1. Ciudad parasitaria: territorio del clero y la nobleza, correspondiente a las parroquias de San Pedro, San Nicolás, Santiago, San Andrés, San Gil y Santa Cruz. 2. Ciudad de transición: parroquias de San Miguel y de San Vicente. 3. Ciudad productiva: delimitada en la parte baja geográfica y socialmente; en especial, con clases de proletariado industrial, rural y terciario; pertenecían las parroquias de San Juan, Santo Domingo, San Salvador y San Esteban. La parroquia de San Esteban circunscribía un amplio suelo del municipio urbano de Cuenca, el más extenso junto con el de la parroquia de San Juan; abarcaba el territorio que actualmente recorren las calles de Santa Lucía, Matadero Viejo y Caballeros. A finales del siglo XV se produce el tránsito del territorio urbano tras la muralla, por lo que el espacio de habitabilidad intramuros se supone ocupado. En las parroquias citadas como ciudad productiva, están instalados los habitantes de clase social más baja: los trabajadores. En la demarcación de San Esteban, aparecen junto con el edificio parroquial dos hospitales (de Santa Lucía y de San Sebastián) y el convento de las Bernardas y las Concepcionistas como edificios religiosos; y el matadero municipal y el corral de comedias (desaparece en 1756) como edificios de uso público. La actividad textil y ganadera de la ciudad fue el sustento, en su mayoría, del desarrollo demográfico y económico de la ciudad hasta el siglo XVI; en el siglo XVII, la crisis productiva de estos sectores conlleva un retroceso importante para la ciudad.

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En el siglo XVIII, la parroquia de San Esteban contaba con el 20% de los habitantes de la ciudad2: un espacio urbano marcadamente popular, dedicado a la agricultura y a la industria, explotado por los grupos dominantes. De esta forma, en el sector agrario trabajaba un grupo amplio de campesinado (jornaleros, pastores y leñadores) con condiciones de vida precarias por el salario mísero; un número amplio de hortelanos arrendados (motivado por la acumulación de la propiedad en pocas manos) y descenso de labradores y ganadores; miembros de esta comunidad también trabajaban en la rama textil, con sus cercanas calles industriales de los Tintes y Tiradores; en menor medida, pero con presencia habitual en la vida de una ciudad se encontrarán albañiles, mozos de molinos, zapateros, carpinteros…; destacamos la zona de las carnicerías en esta zona, por lo que la presencia de trabajadores de este gremio se supone activa.

Vista de la ciudad de Cuenca. D.Juan Llanes y Massa (1773). Centro Parroquia de San Esteban

A finales del siglo XVIII se inician las primeras desamortizaciones, de carácter débil y con escasa supresión de la propiedad, por lo que no va a ser demasiado notoria su actuación en este barrio donde mantienen propiedades el convento de las Bernardas y el de las Concepcionistas. La desamortización de Juan Álvarez Mendizábal supuso el receso de la zona con la privatización del Convento de las Bernardas. Durante los últimos años del siglo XIX entran en notable deterioro los barrios populares de la ���ciudad alta’, entre ellos, el territorio de la parroquia de San Esteban, quedando en ruinas su iglesia parroquial. El matadero municipal, colocado en la zona más cercana a San Gil, es traspasado a otras instalaciones en el Sargal; el mercado de la calle Solera desaparece en 1917. El barrio es olvidado por la ciudad.

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• La Iglesia Parroquial de San Esteban. Van de Wyngaerde (1565) y Llanes y Massa (1773) realizaron respectivamente varias vistas panorámicas de la ciudad en su obra pictórica; ambos tuvieron numerosas dificultades para mostrar el complejo entramado urbano de la parroquia de San Esteban y de las contiguas de San Vicente y San Salvador3. Primeramente, Wyngaerde en la vista desde el oeste confunde en su colocación nominal de su obra final la Iglesia de San Esteban con la de San Vicente4 (aunque no lo hace en el estudio preparatorio, que lo hace correctamente); en la vista desde occidente, vuelve a representar la iglesia, pero sin identificación. Encontramos5, pues, un amplio volumen a su izquierda, probablemente la cabecera de la iglesia, a cierta distancia de la hoz y con algunas edificaciones en la parte trasera. La fachada meridional estaba orientada a la actual plaza de Santa Lucía. El problema mayor lo presenta el campanario de la iglesia, puesto que Wyngaerde y Llanes invierten su colocación dificultando mucho el conocimiento de su disposición. Se desconoce la fecha exacta de la construcción del edificio de la que fuera Iglesia de San Esteban, posiblemente fuera en la primera mitad del siglo XV6.

SAN ESTEBAN A. VAN WYNGAERDE Cuenca (Viena 2)

A principios del siglo XVIII, la Iglesia de S. Esteban es descrita por Mateo López7 como iglesia de dos naves irregulares; contaba con un mínimo de 18 capillas distribuidas a lo largo de sus naves, con diferentes propiedades civiles y religiosas. Destacamos que la parroquia disponía de un patronato de D. Miguel de Valdeolivas, del Cabildo del Stmo. Sacramento y de las hermandades de la Santa Cruz (las primeras noticias de la misma en la parroquia datan de 1698), de las Ánimas, de San Marcos y de Ntra. Sra. de la Cabeza; también se encuentra una talla muy devocional de San Isidro.

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Como ya hemos dicho, durante la segunda mitad del siglo XIX, se produce un abandono paulatino de la ciudad alta, quedando muchos de sus barrios con una población y situación social, política y económica marcadamente marginal. En 18558, las hermandades del Cristo de la Salud (antes de la Santa Cruz), de San Isidro, del Cristo del Amparo y de San Antonio de Padua son las únicas que perviven en la parroquia de San Esteban; debido al deterioro de la Iglesia, son subidas en procesión a la Catedral ante el peligro que ocasionaba el estado de la misma y sus posibles daños a las tallas. El Archivo Parroquial indica en una anotación: “En el día 22 de noviembre de 1852, se celebró la primera misa en la Iglesia de San Francisco, como Parroquia de San Esteban, Se trasladó, por deterioro de la Iglesia anterior de San Esteban Protomártir, situada dentro de la muralla (frente a la Ermita del Stmo, Cristo del Amparo y de Sta. Catalina del Monte Sinaí), en la calle de Santa Lucía, y tuvo como motivo, el crecimiento de la ciudad y la belleza del Convento de los Franciscanos”.9 El 15 de septiembre de 186410, queda definida y delimitada la nueva organización parroquial de la ciudad de Cuenca, con disposición del obispo de Cuenca D. Miguel Payá y Rico, deslindado la nueva parroquia de San Esteban desde el antiguo convento de San Francisco, ocupando toda la parte de la ciudad situada a la izquierda del Huécar, desde el límite de la parroquia de Santiago hasta su confluencia con el Júcar; la parroquia se instala definitivamente en extramuros. Actualmente, la iglesia construida en el solar que ocuparon los franciscanos mantiene la advocación de San Esteban como parroquia y mantiene activa a alguna de las hermandades que se cobijaron en la antigua ubicación, y no pierde tampoco la relación franciscana, conservando la vinculación de la cripta con la Orden Tercera. Aurora Garrote Armero BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA: IBÁÑEZ MARTÍNEZ, P.M. La vista de Cuenca desde el Oeste (1565) de Van de Wyngaerde, Ed. Diputación Provincial de Cuenca, Cuenca, 2001 IBÁÑEZ MARTÍNEZ, P.M. La vista de Cuenca desde la hoz de Huécar (1565) de Van de Wyngaerde, Ed. Diputación Provincial de Cuenca, Cuenca, 2006 TROTIÑO VINUESA, M.A. Cuenca. Evolución y crisis de una vieja ciudad castellana. Ed. Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 1984 VILLALBA CRUZ, L. Historia de la Vble. Hdad. de del Stmo. Cristo de la Salud (El Descendimiento), Ed. Vble. Hdad. del Stmo. Cristo de la Cruz, Cuenca, 1995 TROITIÑO VINUESA, 1984, p.98 2 Íbidem, p.109 3 IBÁÑEZ MARTÍNEZ, P.M. 2001. p. 310 4 Ibídem, p.316 5 IBÁÑEZ MARTÍNEZ, P.M. 2006. p. 219 1

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VILLALBA CRUZ, L. p. 9 VILLALBA CRUZ, L. p. 10-11 8 Ibídem, p.43 9 Libro XV de Bautismos, número 9. Parroquia de San Esteban 10 VILLALBA CRUZ, L. p.45-47 6 7


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La nueva tendencia en la música procesional Por Ignacio Domínguez Escutia Mucho ha cambiado el mundo musical nazareno desde que nuestros pasos desfilaban con frecuencia al son de “Pobre Carmen”, “Mektub” o “Amarguras”, y apenas si el repertorio de marchas del que constaban nuestras bandas superaba unas veinte. Las antiguas marchas continúan sonando, muchas de ellas poniendo melodía al momento cumbre del desfile de muchas hermandades, simbolizando épocas y esencias, como en el caso de nuestra hermandad cuando suena “Nuestro Padre Jesús” en los Arcos, haciendo esta que el tiempo se pare por unos instantes ante el deleite más exquisito y los recuerdos más profundos; ya que lo que es bueno es bueno, dichos momentos se irán afianzando cada vez más como indiscutible tradición, y que así sea. Sin embargo silenciosamente asistimos a un sibilino pero notable fenómeno, la marcha procesional está cambiando. Entiéndase que el hecho de que apenas nadie repare en ello es que aún no había pasado, es decir, que dentro de lo que concebimos como marcha de procesión desde que podemos atisbar su origen o el germen de lo que es hoy en día, el cual cabe situarlo en la primera mitad del siglo XX, ésta apenas si ha sufrido cambios. Ignacio Blanco

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Pongámonos en el caso; si examinamos “Mektub” de Mariano San Miguel Urcelay, aparte de poder escuchar una grandiosa obra, única e inconfundible, podemos apreciar o cuanto menos atisbar el patrón de marcha procesional que se ha seguido durante todo el pasado siglo en las composiciones procesionales. ¿Pero qué sucede si escuchamos “Jerusalén”? Sucede que las marchas procesionales gozan de tan buena salud y atención que el género está experimentando nuevas vertientes, y como todo lo bueno se regenera y evoluciona, crea nuevas formas, nuevas tendencias. Así es y no me cabe la menor duda, se podrá apreciar aún con más fuerza en los próximos años, cuando no solo podremos apreciarlo sino celebrarlo, puesto que además esto que yo he catalogado como “La Nueva Tendencia” parece está calando hondo en nuestros desfiles. José Vélez es un gran ejemplo de ello, compositor de “Jerusalén” y “El Evangelista”, su particular toque ha dado un soplo de aire fresco a la marcha que se estilaba en Cuenca, y por doquier ha sucedido de similar forma en otros muchos lugares, por esto también hay que resaltar que debido a ese aire fresco esta nueva ola tiene como fruto tanto éxito. En concreto tales marchas se han convertido en los hits más populares de los últimos años en nuestra Semana Santa, y aunque he de disculparme por la expresión, se adecua muy bien a la realidad. Aún recuerdo cuando se tocaron por primera vez estas marchas en nuestro concierto, 2007 si creo recordar bien, cuando apenas poco tiempo después podíamos asistir a escucharlas continuamente en nuestros desfiles, en diferentes bandas y en diferentes situaciones de la Pasión, porque cuando nos da por algo, nos da fuerte, también sea dicho. No es casualidad que “La nueva tendencia” se propague de manera tan intensa, aunque lo que si es curioso es que lo haga de forma tan sutil y nadie repare en el hecho. Se preguntarán en realidad que es esto de “La nueva tendencia”, que es en sí, en que consiste y a qué responde este cambio. Pues bien, “La nueva tendencia” responde a la composición de marchas bajo influencias diferentes a la de la música religiosa, clásica o militar, cuya sustancia es la que dominaba hasta ahora. Sin embargo la principal sustancia, o cuanto menos la más notable dentro de las que conforman esta nueva vertiente de composición surge de las bandas sonoras cinematográficas, del cine en definitiva, y de la evolución de las piezas clásicas dentro

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del género. Pero lo más relevante del hecho no es el resultado, que también, sino el detonante. La puesta en escena de nuestros desfiles cada vez es más portentosa y espectacular, cada vez más organizada, luego más grandiosa y espléndida; y no es sino producto de la dedicación del pueblo con su máxima expresión cultural, y también hemos de celebrarlo, pues así ha de ser y aún nos queda mucho por desarrollar. Los desfiles de Semana Santa son cada vez más, “de película”; asistir a un desfile procesional se traduce en presenciar un grandioso espectáculo, conmovedor por su espiritualidad y crudeza, magno por su esplendor cultural y estético. Podemos estar bien orgullosos de ello, puesto que no es para menos y no merece menos esfuerzos. La Semana Santa se adapta a los tiempos y a los factores antropológicos y sociales, aunque parezca que no; y la música es prueba de ello, pues aunque en el fondo sabemos que lo importante es Cristo y su mensaje en sí, gustamos y acertamos de engrandecer la escena a través de ella, nos dejamos llevar por su mano, hasta que nos lleva a momentos de verdadera elevación divina, de verdadero estacismo, llegamos a comprender la grandeza del hecho mejor. La escena toda cobra vida y se hace “película”, se hace sobrehumana, ensalza el arte, luego ensalza el alma, conmueve hasta un punto inimaginable, consigue más fuerza la función para la cual los desfiles procesionales están concebidos, difundir el mensaje de Jesucristo al pueblo, de forma que sienta con sus ojos lo que él sintió en su carne. “La nueva tendencia” cumple esta función, lleva la música procesional un punto más allá, convierte el momento, la escena, en algo aún más espectacular y divino si cabe, consigue estremecernos en desmesura. No es casual que la influencia cinematográfica, musicalmente hablando, haya sido utilizada por los compositores para lograr piezas que susciten este efecto tanto en el espectador como en el nazareno, y está bien aplicado, pues bien sabemos del poder que posee el séptimo arte; ya que esta nueva tendencia no solo cumple con solvencia la función de la que hemos hablado, es más, también consigue que la música vaya más lejos de ser concebida como acompañamiento para ser concebida como leitmotiv de la escena, para darle vida. Así pues la influencia del cine es tan poderosa en el arte y en la sociedad actual que ha llegado a nuestros desfiles a través de la música; y no es que hayamos introducido el cine en la Semana Santa, que también, pues los medios audiovisuales cada vez tienen más importancia, sino que hemos engrandecido a través de este camino un poco más nuestra puesta en escena, lo cual nos conduce a múltiples beneficios en todos los aspectos. Por eso, marchas como “Jerusalén” y “El Evangelista” de José Vélez, “Bautizando a Jesús” de Fernando Ugeda, “Hossana in Excelsis” de Oscar Navarro o la obra de Manuel Alejandro González Cruz vienen a dar un paso

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más allá en la música procesional, ocasionando el germen de algo que puede ser grandioso e imparable, como es la incorporación de influencias propias de la música popular, del clasicismo o del mundo cinematográfico principalmente en la obra musical nazarena, que bajo estas influencias se ve idealizada, pletórica y fuerte ante los nuevos tiempos. Se preguntarán cual fue el primer paso de esta nueva vertiente, pues bien, aunque no haya sido por necesidad influencia para el resto de compositores antes citados, si que probablemente fue la primera obra que podemos considerar dentro de “La nueva tendencia”, y creo no equivocarme cuando digo que fue “La Madrugá” de Abel Moreno, la cual no solo pudiéramos afirmar que es “de película”, sino que además se ha convertido recientemente en banda sonora a través de la película “Alatriste”.

En cuanto a lo que concierne a Cuenca, si bien ya hemos citado anteriormente las incorporaciones del murciano José Vélez como principal baluarte de la nueva ola, destaca la obra de Fernando Ugeda, que parece haberse sumado a esta nueva vertiente, pues diversos matices de su obra inclinan a pensar que así es, e inclusive podemos observar que el repertorio de la Banda de Las Mesas es cuanto menos peculiar. Además podemos celebrar la futura aportación del sevillano Manuel Alejandro González Cruz a nuestra Semana Santa, con su marcha dedicada al Huerto de San Esteban titulada “Orfebres de la Ribera”, la cual siguiendo la trayectoria del autor es más que probable podamos incluir dentro de este movimiento. Pero si queremos ser concretos a la hora de establecer el origen de esta tendencia en nuestra Semana Santa no podemos eludir que fue nuestra querida Banda de Música de Cuenca, con su director Don Juan Carlos Aguilar al frente, quién seleccionó varias de las obras antes citadas de cara a los desfiles procesionales con gran acierto y no menor éxito. Así pues solo nos queda celebrar y procurar ser partícipes de que “La nueva tendencia” tenga un hueco preferente en la Semana Santa de Cuenca, ayudar a su desarrollo y consagración que será a su vez el de nuestra Semana Santa, y hacerlo especialmente desde nuestra hermandad, la cual y demos gracias posee medios para hacerlo, y como no, disfrutar de ella, pues pienso nos va a dar mucha alegrías. Ignacio Domínguez Escutia, Febrero 2012.

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Julio Palencia


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La historia de Esteban Guerrero Por Ignacio Domínguez Escutia Corría el año 1936, cuando las revueltas sociales previas a la guerra civil inundaban la ciudad de Cuenca y las hordas anticlericales perseguían el catolicismo. La Semana Santa peligraba por momentos y la incertidumbre acechaba la Cuenca Nazarena. Esteban Guerrero era vecino del barrio de los Moralejos, trabajaba como encargado de la plaza del mercado, aunque antes trabajó como peón caminero. Imperio Escutia Guerrero, nieta de Esteban, cuenta que él era todo un amante de la Semana Santa, nazareno del Huerto, del Jesús del Puente y del Cristo de la Agonía. Cuenta su nieta entre otras anécdotas que el año que Esteban fué hermano mayor del Huerto marchó hasta Rubielos Bajos, donde él tenía muy buenas amistades, y allí le dieron la mejor oliva que disponían, la cual transportó hasta Cuenca montada en un carro. Debió ser la tarde anterior al Jueves Santo de 1936, cuando se calculaban los preparativos para la procesión de Paz y Caridad durante una reunión; Tal era el miedo que corría en la ciudad que ninguna autoridad se atrevía a presidir la procesión cuando entonces, según contaban Don Amadeo, párroco por aquel entonces de San Antón, e Isabel Guerrero, hija de Esteban, irrumpió Esteban Guerrero diciendo que si no había ninguna autoridad pertinente que se atreviese a presidir la procesión él mismo lo haría. Tal que así sucedió; la tarde del Jueves Santo de 1936 Esteban Guerrero se vistió con un modesto traje y una gabardina, en la cual ocultó antes de salir de su casa un cuchillo de cocina para poder defenderse en caso de que le atacaran, cosa que, dadas las circunstancias el temía enormemente.

Ignacio Blanco

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Así pues al final la procesión de Paz y Caridad desfiló sin ningún sobresalto bajo la presidencia de Esteban Guerrero, al que según contaba su hija Isabel seguramente no atacaron por ser considerado persona honrada y trabajadora entre los vecinos de su barrio, Los Moralejos, donde habitaban gran parte de las gentes que amenazaban la integridad del desfile. Esteban Guerrero fue homenajeado por la hermandad del Huerto a título póstumo como hermano primitivo de la misma, así como por su labor junto a otros hermanos en bien de la entidad durante la época previa al 36. Pero como le sucede a tantos otros nazarenos su historia está perdida en recuerdos o en leyendas incluso, que guardan sus descendientes con amor y orgullo. Esteban fue uno de tantos nazarenos conquenses que estuvieron dispuestos a jugarse incluso la vida por sus creencias, por su tradición, por la Semana Santa de Cuenca. No dejemos que la historia de tan valientes y honorables personas caiga en el olvido o en la ignorancia del tiempo, ya que la historia de nuestra Semana Santa durante aquellos oscuros tiempos estuvo repleta de valientes nazarenos como Esteban, que dieron lo poco que tenían, por su Semana Santa. Desde este humilde espacio quiero agradecerle a Esteban Guerrero lo que hizo en aquel momento. Sepas Esteban allá donde estés, que tus descendientes siguen sintiéndose orgullosos de tu valentía, y que tras tu fé, ya son cinco generaciones las que siguiendo tus pasos acompañan al Huerto el Miércoles Santo. Gracias Esteban. Ignacio Domínguez Escutia, tataranieto de Esteban Guerrero.

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¿Sabíais que...? Anecdotario jugoso del Huerto de San Esteban Por Pedro Romero Sequí La flamante Asociación Cultural Huerto de San Esteban me pide una colaboración en su primera revista digital: “Getsemaní”. Es todo un honor y una muestra de afecto a los que en esta ocasión, y por circunstancias que ahora no vienen al caso, no podré corresponder como se merece y me hubiera gustado. Sólo por esta vez –y así lo prometo- echaré mano de un texto ya elaborado. Se trata de una retahíla de anécdotas ya publicadas pero que siempre se nos hacen entrañables y nos recuerdan que, en el Huerto todo es oración: tanto la vocal que se hace en el templo, como la que se hace en la calle, acompañando a nuestras imágenes en entrañable ambiente de hermandad o dándoles un buen baile en las curvas de la Audiencia y el Escardillo como nuestros mayores nos enseñaron a hacer. Algunos ya conoceréis el anecdotario; otros, no. A ambos las dedico con la misma ilusión: la de aportar un granito de arena más a la asociación cultural del Huerto en sus prometedores inicios, sirviendo al tiempo para expresar, una vez mas, el apoyo incondicional a los jóvenes que la componen y a su contagioso entusiasmo que a todos envuelve y que los veteranos envidiamos de manera tan sana como patente. No otra cosa cabría esperar de quienes ya nos encontramos entrados en años: transmitir, renovándolo, el mismo apoyo incondicional que, a su momento, los mayores nos dispensaron. Que “Getsemaní” constituya todo un éxito en el afán que a todos nos mueve: el culto a Jesús en su misterio de la oración del huerto a través de su hermandad, para lo que resultará imprescindible mantener encendida la llama de amistad, camaradería y afecto entre todos sus miembros. Muchos éxitos, bien de veras.

Enrique Martínez Gil

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¿Sabíais que... ...El origen de esta cofradía se encuentra íntimamente ligado a las del huerto de san Antón y el beso de Judas? Fue esta última la que, en 1905, instauró la procesión del Silencio y para ello, además de su paso titular, invitó a participar en la misma al huerto del jueves santo, así como el Eccehomo de san Miguel y una talla de san Juan evangelista –primer antecedente del paso de la Virgen con este apóstol- “para dar una mayor relevancia al cortejo”. La iniciativa cuajaría y daría lugar con el tiempo a una procesión mas o menos similar a la que ahora conocemos. ...La primera talla del huerto del miércoles santo fue encargada por la del beso de Judas? Fue al año siguiente, 1906, cuando su hermano don Mariano Catalina costeó un grupo de la oración en Getsemaní, obra del imaginero Joaquín Moreno Sastre, que se integraría en la hermandad del Prendimiento hasta 1923. ...Los primeros hermanos del huerto de san Esteban lo eran también del de san Antón? El 2 de diciembre de 1923, noventa y dos conquenses, en su mayoría labradores miembros de ésta, crearon aquélla en la parroquia de san Esteban. Durante décadas, y aun hoy mismo, ambas cofradías compartieron hermanos, si bien la primera terminó siendo integrada en su mayoría por hortelanos de las hoces y la segunda por labradores de las vegas del Júcar y el Moscas. En la actualidad, ambas se encuentran hermanadas y celebran una convivencia anual en fechas cercanas a la festividad de san Isidro, patrón de los agricultores. ...Sus primeras constituciones fueron aprobadas por un beato? Fue en 1924 cuando, constituida la hermandad, fue erigida canónicamente por don Cruz Laplana Laguna, obispo mártir que resultó beatificado junto a su secretario Fernando Español en la mayor ceremonia al efecto registrada en la historia de la iglesia, el 28 de octubre de 2007, en san Pedro del Vaticano. Y hablando del Vaticano, ¿sabíais que el actual papa tiene un capuz del huerto? Así es, y no tiene uno, tiene dos. Me explico: en marzo de 2009, aprovechando el recibimiento del santo padre a un grupo de conquenses, uno de ellos le hizo entrega de dos capuces en miniatura , correspondientes a los huertos de san Antón y san Esteban-, confeccionados expresamente por la camarera y una hermana de este último, Gloria de los Santos y Montse Taravillas. Su santidad, curiosamente, sabía perfectamente lo que recibía y no necesitó de explicación alguna al respecto: -“¡Aaah, capuchinos de la setimana santa spagnola”!- vino a decir agradecido en el instante de recibirlos. ...Esta hermandad fue la primera en instalar luz eléctrica en un paso? Fue en 1927, y la incorporación de bujías eléctricas causó enorme expectación en su momento. Debido a su enorme precio, se hubo de establecer la desorbitada cuota para esos tiempos de ¡cinco pesetas anuales por hermano! ...Las “botas negras” forman parte del uniforme de esta cofradía? Así aparecía prescrito en las primeras constituciones, y así figura todavía en el reglamento de régimen interno de las actuales, en simpático y entrañable arcaísmo de tan peculiar e insólita obligatoriedad indumentaria.

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...Fue en 1936 cuando se incorporaron por primera vez los apóstoles al grupo escultórico? Bueno, o eso se pretendió, porque lo cierto es que ese año solo se añadiría a san Pedro con la intención de incorporar a Juan y Santiago al año siguiente. El estallido de la guerra civil lo hizo imposible y no sería hasta 1953 cuando definitivamente se viera cumplido el deseo de la hermandad. ...El retablo “de gran belleza” que encargó fue destruido a los pocos meses? En mayo de 1936, la hermandad consagró un altar con un retablo “de gran belleza y valor artístico con el fondo pintado de paisaje de olivos”, que semanas mas tarde sería incendiado junto con las andas, enseres y demás retablos de la iglesia de san Francisco. ...A pesar de todo, algunos objetos se libraron de esta destrucción? Así ocurrió con unos grupos de bronce que se usaron en los años de posguerra, así como la diadema, el cáliz y los cetros de plata que han llegado a nuestros días y se siguen usando en la procesión de miércoles santo. ...1941 fue el año en que primeramente desfiló el actual conjunto escultórico? Eso se deduce del contrato firmado con el escultor Luis Marco Pérez, y por un montante de ¡cuarenta mil pesetas!, pero lo cierto y verdad es que solo tuvo acabadas la imágenes de Jesús y el ángel que desfilaron en unas andas que se usaban para el corazón de Jesús. ...Las imágenes fueron expuestas al público en un escaparate de la capital? Fue en ese año, cuando las esculturas de Jesús y el ángel se expusieron a la pública admiración de los conquenses en la “casa-comercio” de don Federico Sáiz, establecimiento situado en la esquina entre el parque de san Julián y la actual calle de san Esteban, alguno de cuyos descendientes sigue siendo hermano, por cierto. ...Se conserva la lista de los primeros banceros tras la contienda civil? Resultaron designados mediante sorteo, pagaron cinco pesetas cada uno y su número fue de ¡dieciséis! ...Para ingresar en la misma se era muy estricto? O al menos eso es lo que se desprende de las primeras actas, en que se sometía a los solicitantes a estudio “teniendo en cuenta el modo de vivir y las circunstancias que concurrieran... así como los buenos antecedentes y dotes religiosas” del aspirante. ...A pesar de ello, desde los primeros tiempos contaba con banceros de alegre comportamiento? Ya desde 1944 se suceden las amonestaciones. La primera, por “beber zurra en unas botellas en el momento de salir el paso del Palacio Episcopal” –suponemos que durante el descanso-, y las siguientes por “falta de obediencia al acuerdo de no volver el paso salvo cuando previamente hubiera sido autorizado.” Las subsiguientes, claro está, lo serían durante décadas y hasta hoy en día por “bailar” el paso más o menos en exceso. ...Las primeras reuniones tenían lugar en las sedes sindicales agrarias de la ciudad? Primeramente en la casa Nº 9 de la Puerta de Valencia, y después en la Nº 7 de la plaza del Generalísimo, para terminar en el primer piso del Nº 1 de la calle José Cobo, todas ellas sedes de la “Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos.”

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Asociación cultural Jesús Orando en el Huerto (San Esteban)

...El poeta Federico Muelas era hermano del huerto de san Esteban? El gran poeta conquense solicitó su admisión, siendo dado de alta el 30 de mayo de 1948. En 1963 le correspondería ser hermano mayor y, con este motivo, obsequiaría a la hermandad con su más bella composición dedicada a la semana santa de cuenca: “La santa oliva del Huerto cierne luz de luna llena... Sois vosotros hortelanos orfebres de la ribera...” ...El escultor Luis Marco Pérez también lo era? Se le designó tras la restauración de las imágenes y tras un grave percance que ahora veremos: en 1953 se incorporan al paso las imágenes de los apóstoles, cambiándose las andas por otras mayores que sufrieron varias reformas, añadiéndose complementos cada vez más pesados. Desde 1954, los 32 banceros advertían del gran peso que está adquiriendo la mole y en años sucesivos no es posible encontrar a quien pague por llevarla a hombros como hasta el momento... Finalmente, en la procesión de 1966, el paso cae al suelo estrepitosamente, sufriendo graves desperfectos de los que resultó testigo el propio escultor, que, gratuitamente, se brindó a su restauración en pago de la cual se le designó hermano de honor. Curiosamente, ya desde diez años antes, se acuerda “prohibir terminantemente volver el paso a nadie, por el excesivo peso que tiene el paso y en evitación de que ocurra algo desagradable.” Estos presagios, como hemos visto, se hicieron realidad. …Los “banceros de la oración” son los que más peso soportan de la semana santa conquense? O al menos eso es lo que vino a convenir el más de medio centenar de conquenses de diversas hermandades que se encargó de transportar la casi totalidad de imágenes de Marco Pérez a la catedral con ocasión de su funeral ante sus restos mortales recién trasladados a Cuenca. “El huerto es el que más pesa, con diferencia” era la frase que repetían los voluntarios que participaron en la tarea. ...Se conoce más o menos fielmente el peso del conjunto que desfila? Con motivo de la restauración de 1995, y tras pasar por la báscula industrial correspondiente, se echaron cuentas de su peso de la siguiente manera: esculturas, andas, forja y tronco del olivo: 1.400 Kg; banzos laterales: 50 Kg, cada uno; banzo central: 25 Kg; baterías y generadores eléctricos: 150 Kg. Total: 1.675 Kg. Si a ello añadimos las ramas frescas de oliva natural y los complementos, los banceros podrían soportar alrededor de 2.000 Kg en cada procesión. O lo que es lo mismo: 42 Kg por bancero, que no está nada mal. …La envergadura del paso obliga a girar las imágenes en la calle del Peso? La curva entre las calles Solera y Peso obliga a girar la imagen del ángel, y para ello dispone de un ingenioso mecanismo, con volante incluido, bajo las andas. Al llegar a la calle Andrés de Cabrera, el ángel recupera su posición original. ...Hasta 1950 se pagaba a los hermanos de fila? Tan escasa era la participación, que se gratificaba con unos boletos canjeables por unas pesetas a los nueve o diez acompañantes que asistieran al desfile con tulipa. Este dato resulta todavía mucho mas relevante si se tiene en cuenta la afluencia registrada en las filas de los últimos años, y que ronda muy de cerca el millar de participantes.

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Revista Getsemaní

...Durante cerca de veinte años no recibió el paso culto alguno? Con motivo de la demolición de la antigua iglesia de san Francisco en 1962, el paso y los enseres pasaron a guardarse en unos locales de la calle Yesares, en el barrio Pozo de las Nieves, y posteriormente en la antigua iglesia de san Andrés habilitada como almacén de pasos procesionales. No fue hasta 1972 cuando se volvió a instalar al culto en el nuevo templo de san Esteban, saliendo ya ese año desde éste, siendo “bancero mayor” –que así se denominaba al capataz- el entrañable Julián Sáiz Peñalver, ya fallecido. ...Tuvo un secretario vitalicio? Se trató de Francisco Jiménez. Se hizo cargo de la secretaría tras la contienda civil y se mantuvo en el puesto hasta 1971 en que, alegando motivos de edad, dejó el mismo. La asamblea, reacia a su marcha, lo aclamó al instante “secretario de honor perpetuo”, garantizándose así que, siquiera honoríficamente, siguiera en su puesto hasta su muerte unos años más tarde. Paco Jiménez constituía toda una institución en la sociedad conquense de por aquel entonces: a su relevante puesto profesional –secretario de la audiencia provincial- , unía la tarea menos prosaica de recorrerse casas y establecimientos en busca de banceros para el año en curso, debiendo acudir las más de las veces a puros y otras dádivas no menos atractivas a costa de su propio bolsillo: dos pesetas o un duro, según los casos. Le sucedió en la secretaría el inolvidable Luis Villanueva, que ejerció el puesto durante veinte años con no menor brillantez y dedicación que su antecesor. ...Los banceros del huerto “se amotinaron” un miércoles santo”? Antes de narrarlo conviene trasladarse al aquellos años en que la organización de los desfiles contaba de una frescura y espontaneidad desconocidas ahora. Fue en 1973, cuando, a la llegada a la plaza mayor, la procesión se suspendió por lluvia. Los banceros, con su capataz al frente, decidieron acometer la bajada, desafiando la advertencia en contra de ayuntamiento y junta de cofradías. Fue el único paso que desfiló a la bajada, sin música ni presidencia ni más acompañamiento que el guión y las filas de los hermanos más incondicionales. También desde las aceras por un nutrido grupo de espontáneos que se permitía jalear a los banceros continuamente, dando ánimos y provocando pasajes más o menos bullangueros. En la plaza de Canovas, la policía local obligó, amenazando con la fuerza, a los banceros a desviarse por las calles adyacentes de manera que no desfilara por Carretería, que, por entonces era la calle de más alcurnia para todo desfile que se preciase. ...Fue este el motivo del enorme crecimiento de la hermandad? O así lo hace pensar el acta de la siguiente junta general, en que reconoce que “acudió gran número de hermanos y jóvenes” dispuestos a inscribirse y subastar por el banzo –hasta entonces había de irse por las casas buscándolos voluntarios tal y como ya hemos visto-, registrándose pujas de hasta cuatrocientas cincuenta pesetas, muy respetables para la época. A partir de esa fecha, el crecimiento resultó imparable hasta nuestros días en que las subastas del huerto son las más concurridas de todas las de semana santa conquense.

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Asociación cultural Jesús Orando en el Huerto (San Esteban)

...Era un almendro, y no un olivo, lo que figuró durante tiempo en el paso? Hasta bien entrada la década de los setenta del pasado siglo, el tronco que permanecía en el paso era de un almendro. A éste se le insertaban luego las acostumbradas ramas de oliva. Primeramente se traían ¡desde Buenache de Alarcón!, costeando el transporte el recordado don Juan Pedro Machetti López. En la actualidad se traen desde la cercana finca de El Quinto, situada en la falda meridional del cerro del Socorro. ...La hermandad dispone, asimismo, de un olivo original de Getsemaní? Se trata de un brote traído expresamente desde Tierra santa por fray Teodoro López, OFM, en 2007. A su momento no levantaba medio palmo del suelo y en la actualidad se alza por encima del metro y medio de altura, y se encuentra en el claustro de las MM. Concepcionistas de la Puerta de Valencia. No sabemos si un día –todo apunta a que sí- sus ramas servirán para poblar la oliva de nuestro paso. Las herederas de aquellas otras que presenciaron la agonía de Jesús en el huerto que un día lo fue de Getsemaní y ahora también lo es, con todo derecho, de san Esteban, de aquí. …La banda de música de Cuenca es hermana del huerto? Como consecuencia de los vínculos surgidos con motivo de la celebración del tradicional concierto de marchas procesionales a cargo de esta agrupación musical, se decidió el hermanamiento entre ambas entidades. Era director de la banda el maestro Aurelio Fernández-Cabrera y, por una de esas casualidades de la vida, resultaría su sucesor Juan Carlos Aguilar, un hermano del huerto de hondas raíces familiares en la cofradía. El primer concierto se organizó con motivo del L aniversario de la reinstauración de nuestros desfiles de semana santa, y sin ningún ánimo de continuidad, pero fue tal el éxito alcanzado y tan calurosa la acogida que, cuando estas líneas vean la luz, estará a punto de celebrarse su XXI edición.

Ignacio Blanco

... Bien, y hasta aquí, y por el momento, desgranamos esta breve retahíla de anécdotas -jugosas unas veces, curiosas otras, entrañables siempre- de una de las hermandades de nuestra semana santa. Muchas otras, y bien suculentas, se habrán sucedido a lo largo de los años en esta y en el resto cofradías. Sirvan estas pocas de muestrario en homenaje de todas ellas y de los protagonistas que las hicieron posible: todos los conquenses que por su semana santa, la nuestra, se desvivieron. Pedro Romero Sequí

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Enrique MartĂ­nez Gil


Manuel Martínez Gascueña


Ignacio Blanco


Revista Getsemaní nº 1