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UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DEL ESTADO DE MÉXICO

FACULTAD DE ARTES PLÁSTICAS TRABAJO DE TITULACIÓN: “Microhistoria para comprender un lápiz, una caja de chocolates y diversos lugares”

QUE PARA OBTENER EL TÍTULO DE LICENCIADA EN ARTES PLÁSTICAS PRESENTA: FLOR ANDREA SALAZAR LARA

EN MODALIDAD: ENSAYO

DIRECTOR M. en ES. José Luis Vera Jiménez

ASESOR: M. en A.V. Mónica Romo Rangel ASESOR: M. en A.V. Janitzio Alatriste Tobilla

Toluca, México. Junio de 2013


A ustedes, los pilares de mi vida: Isabel, Salvador, Mireya y JosĂŠ

Por siempre estar en el momento preciso, por todo el tiempo y por toda la lucha.

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INDICE

Introducción Objetivos Capítulo I La microhistoria italiana y la microhistoria de Luis González y

González (México) 1.1 Antecedentes Capítulo II El lápiz, los chocolates y los lugares a los que uno va. Descripción de la obra 2.1 “Historia de la cicatrización de un lápiz” 2.2 “Estancias” 2.3. “La infancia de chocolate” 3. Conclusiones Bibliografía

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INTRODUCCIÓN

El presente trabajo propone el análisis de tres piezas artísticas de mi autoría vistas y sustentadas a través del concepto microhistoria que aborda el autor Luis González y González. Teniendo en cuenta los enfoques que algunos autores proponen a lo largo de varias décadas en México e Italia principalmente, es necesario dar a conocer un panorama general de lo que significa microhistoria para cada uno de ellos, el desarrollo que ha tenido en el pensamiento de dichos autores, cómo es entendida hoy en día y sobre todo cómo es entendida por mí.

La microhistoria ha sido abordada de distintas maneras por autores y expertos en materia de historia, antropología y sociología, de este modo han surgido ensayos, textos, conferencias y mesas redondas que la conceptualizan. Por ésta razón, la idea de comenzar con un referente tiene únicamente el fin de situar al lector en un marco de referencia para que pueda comprender mi propuesta de mirar la microhistoria desde las artes plásticas. Existen dos corrientes que abordan, definen y aplican la microhistoria de manera diferente, la italiana y la mexicana; a mí en particular me interesa la propuesta mexicana, específicamente la del autor Luis González y González ya que servirá para analizar y reflexionar en torno a mis tres obras artísticas.

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OBJETIVOS  Reflexionar el concepto de microhistoria desde el campo de las artes plásticas analizando tres obras artísticas de mi autoría.  Vincular el concepto de microhistoria con conceptos como ficción, poética, tiempo y espacio.

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CAPÍTULO I La microhistoria italiana y la microhistoria de Luis González y González (México)

1.1 Antecedentes ¿Qué entienden los italianos y los mexicanos por microhistoria?, ¿Cuál es la diferencia entre una y otra? Cuando hablamos de microhistoria, tenemos dos corrientes de pensamiento e investigaciones muy distintas entre sí. La microhistoria italiana por un lado, fue abordada no hace muchos años (década de los setenta y ochenta) por diversos autores como Carlo Grinzburg, Edoardo Grendi, Giovanni Levi, Carlo Poni, por mencionar a los más representativos. Ésta se enfoca no en estudiar las cosas pequeñas, ni las pequeñas anécdotas, ni tampoco los pequeños procesos, el nivel micro no es su objeto de estudio, ellos parten siempre de hipótesis macrohistóricas y problemas macrohistóricos para después descender a un nivel micro y utilizarlo como espacio de experimentación historiográfico, es decir, como un lugar en donde se someten a prueba dichas hipótesis microhistóricas, y finalmente así, retomar el aspecto macrohistórico, que es el que realmente interesa a éstos autores italianos.

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Durante una mesa redonda organizada por el Centro de Estudios Históricos de El Colegio de Michoacán llevada a cabo durante el 2002, en la que participaron Luis González y González (fundador de El Colegio de Michoacán), Carlos Martínez Assad y Carlos Aguirre Rojas, estos últimos investigadores del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, Aguirre Rojas mencionaba lo siguiente refiriéndose a la microhistoria italiana: “Si pensamos en el proyecto de la microhistoria italiana, pensamos sobre todo en un proyecto que se ha articulado en torno de tres paradigmas fundamentales. El primero al que ya hice referencia, es el que ellos califican de paradigma del cambio de la escala de análisis en el cual se desarrolla la observación histórica, el segundo es el análisis exhaustivo e intensivo del universo microhistórico; y el tercero sería el del paradigma indicario” 1 Tenemos entonces que la microhistoria italiana está fundamentada y propone ideas muy específicas, como la de basar sus estudios en análisis microhistóricos que articulen la historia macro, su objetivo es formular una nueva manera de entender la historia universal utilizando únicamente como herramienta la microhistoria.

1

Martínez, Assad, Carlos, Transcripción de la mesa redonda organizada por el Centro de Estudios Históricos de El Colegio de Michoacán, Editorial Documento, Zamora, Michoacán: 2002. p.p.

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La postura italiana me conduce a pensar que la microhistoria se trata únicamente de un concepto histórico, antropológico y social en el que las artes plásticas y un proyecto de análisis de obras artísticas no tendrían cabida muy fácilmente; sucede diferente con la postura del autor mexicano Luis González y González quien propone la microhistoria como un concepto que efectivamente es histórico, antropológico y social pero que puede dar apertura al arte debido a su definición y características específicas. Es decir, a la microhistoria mexicana puedo proponerla como el filtro para el análisis que a mí me compete, el artístico. Mencionaba yo que a partir de la década de los setentas y ochentas, el término microhistoria tuvo una importancia bastante fuerte para algunos historiadores, antropólogos y sociólogos; el término era nuevo y comenzaban a surgir autores que hablaban de ella, trataban de dar un enfoque al respecto y conceptualizarla.

De hecho, en un artículo de revista publicado en 1994, Carlo Grinzburg dice lo siguiente: «Creo

haber oído hablar por primera vez de microhistoria a Giovanni Levi en 1977 o 1978.

Pienso que me apropié de aquella palabra, nunca oída anteriormente, sin pedir aclaraciones acerca de su significado literal, me contenté, imagino, con la referencia a la escala reducida de la observación sugerida por el prefijo “micro”. Recuerdo bien que en nuestras conversaciones de entonces hablábamos de microhistoria como de una etiqueta pegada a un cajón historiográfico aún por rellenar. Algún tiempo después Giovanni Levi, Simona Cerutti y yo empezamos a trabajar en una colección, publicada por el editor Einaudi, titulada precisamente “Microhistorie”. […] Se han publicado desde entonces unos 8


veinte volúmenes de autores tanto italianos como extranjeros; algunos de los títulos italianos han sido traducidos a diversas lenguas; se ha hablado, en algún lugar, de “escuela microhistórica italiana”. Pero ha sido recientemente, gracias a una pequeña investigación terminológica retrospectiva, cuando he descubierto que aquella palabra que nosotros creíamos

desprovista

de

connotaciones

había

sido

ya

utilizada

anteriormente por otros. » 2

Lo que menciona Grinzburg es importante porque durante varios años el término microhistoria no tuvo un origen específico ni un concepto claro y delimitado, su significado se fue conformando y volviéndose un poco más claro hasta el día de hoy, de este modo surgieron posturas completamente diferentes (mexicana e italiana). No creo que hoy en día la microhistoria esté completamente definida, pero sí considero que existen planteamientos y enfoques distintos que los autores se han encargado de hacer y que ayudan a su comprensión, mismas que me interesan y me permiten abordar la microhistoria desde mi propio entendimiento pero con apoyo en el enfoque mexicano en particular.

2

Grinzburg, Carlo, Microhistoria: dos o tres cosas que sé de ella. Manuscrits. N° 12, Gener, Italia: 1994. p.p. 13-14.

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La microhistoria mexicana abordada principalmente por el autor Luis González y González (1925-2003), propuso y dijo en repetidas conferencias, libros y ensayos, que la microhistoria viene siendo como un aspecto en donde se revisan los hechos locales, las anécdotas, las realidades y fenómenos correspondientes al nivel de la historia local. El objetivo de la microhistoria de González y González sí es dar cuenta de aspectos locales, de la historia de un pequeño pueblo, de un personaje determinado, de las historias generadas entre seres comunes y corrientes. Desde mi punto de vista, estas características pueden ser muy válidas para la creación de obras artísticas y más para el análisis de éstas; la microhistoria puede funcionar como filtro y justificación de dichos análisis, puede ser el punto de partida con el que se mira una obra artística y puede ser el concepto que engloba dichas obras, la microhistoria entonces sale de lo histórico, antropológico y social para convertirse también en un concepto propio del arte.

Luis González y González en su libro Invitación a la microhistoria habla de una “historia patria” y una “historia matria”. “Patria y patriota ya son palabras de uso común. Matria y matriota podrían serlo. Matria, en contraposición a patria, designaría el mundo pequeño, débil, femenino, sentimental de la madre; es decir, la familia, el terruño, la llamada hasta ahora patria chica” 3

3

González y González, Luis, Invitación a la Microhistoria. Editorial SEPSETENTAS, México: 1973. pp. 14.

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A González y González sí le interesa lo local, las anécdotas que suceden entre los seres que habitan un espacio, seres humanos que tienen una vida común y corriente, que se relacionan con sus familias, historias de mujeres, niños, hombres ancianos, la vida cotidiana vista muchas veces como intrascendente. La microhistoria que él propone y la microhistoria que conjunta mis obras son en gran medida muy semejantes.

Luis González y González dice “Cuando la llamé microhistoria no sabía de ningún autor que hubiera utilizado el término antes, y lo hice nada más para distinguirla de la historia nacional […] No me importaba tanto que fuera la historia de una de las miles partículas que conforman el Estado Nación que es México, sino estudiar aquellos aspectos de la vida que están más allá de las estatuas de bronce y el interés por los grandes negocios o por los grandes hombres, es decir, utilicé el término para referirme a la vida cotidiana de un ser en su propio medio, para hablar del hombre común y corriente (de estatura normal, no de los “gigantes” como hace la historia normalmente), de los modos de proceder que son los más íntimos, pero también los más propios del ser humano en general.” 4

4

González y González, Luis, Transcripción de la mesa redonda organizada por el Centro de Estudios Históricos de El Colegio de Michoacán, Editorial Documento, Zamora, Michoacán, 2002. p.p. 198.

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En ese sentido creo que la microhistoria de González y González es más directa, sus características se formaron no a partir de métodos analíticos específicos ni paradigmas históricos, sino a partir del deseo e interés de narrar las anécdotas de su pueblo (San José de García, Michoacán), a partir del pensamiento de que la historia nacional está conformada de sucesos muy generales que excluyen de alguna manera las anécdotas, a los personajes que para nada son héroes ni figuran en los libros de historia.

A mí también me interesan las maneras de proceder de los seres humanos, sus acciones comunes y corrientes, me importa la vida cotidiana por muy nimia que parezca, las anécdotas de personajes que llegan a mi vida, mis propias anécdotas, historias de lugar; estos aspectos en efecto son los más íntimos y esenciales de la humanidad y por eso incumben al arte y afectan totalmente al artista. Así es como puedo apropiarme de la microhistoria que González y González propone. La función que yo le doy a la microhistoria es la de abarcar mis obras artísticas considerando todos esos aspectos y lanzarlas al espectador como microhistorias visuales dentro de las cuales también podemos entender otros conceptos como ficción, poética, tiempo y espacio.

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En la segunda parte de este trabajo, hablaré un poco más de estos conceptos y cómo se unen al concepto de microhistoria y su repercusión en mi obra artística.

CAPÍTULO II El lápiz, los chocolates y los lugares a los que uno va. Descripción de obra.

La microhistoria es anecdótica, habla de lugares, cuenta la vida de seres humanos comunes y corrientes relacionándose con otros seres humanos, la microhistoria cuenta detalles, fragmentos breves, sucesos a veces imperceptibles, detalles que pueden amplificarse y modificarse, la microhistoria muestra la intimidad del proceder humano. El núcleo y el engrane que hace girar a la microhistoria es el acto narrativo/anecdótico. Dentro de la microhistoria existe un gran universo en el que también tiene cabida el arte y conceptos como ficción, poética, tiempo, espacio y juego.

El concepto de ficción en este ensayo será abordado desde el autor José María Pozuelo Yvancos quien plantea que, la ficción es aquello que el ser humano (una vez teniendo una estructura gramatical básica en el lenguaje) produce para generar nuevas realidades y nuevos mundos imaginados en los cuales va re-descubrirse, todo desde la voluntad que lo impulsa a imaginar ilimitadamente.

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Nuestra capacidad ilimitada de imaginación es algo que nos acompaña desde siempre, “…la ficción es la universal capacidad del hombre que lo define, dotado de unas posibilidades ilimitadas de representación y juego […] La ficción llena parcelas de actividad artística y es crecido y creciente el volumen de textos ficcionales (cine, televisión, artes, comic, etc.) que el hombre contemporáneo ha inventado para explotar esa capacidad y esa necesidad.” 5

Creamos ficción siempre a partir de modelos de realidad que ya conocemos, se generan simulacros de realidad, se representan acciones humanas y de éste modo surge una especie de “isomorfismo” que hace que todas las acciones ficticias que realizamos se parezcan a las que suceden en nuestra existencia, “Por muy inventados que sean personajes y escenarios, por maravillosas que sean sus cualidades e incluso su representación, acaban refiriendo, sea directa o simbólicamente, a los conocidos o imaginados por la experiencia del lector” 6

5

6

Pozuelo Yvancos, José María, Poética de la ficción, Editorial Síntesis, España: 1992, pp. 11-19. Ibidem pp. 18

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La ficción es algo inherente a la existencia humana y por eso el creador acude frecuentemente a ella para generar diversas y variadas posibilidades de realidad.

Por otro lado, los conceptos de poética, tiempo y espacio están vistos desde el autor Gastón Bachelard quien los aborda ampliamente en diversos textos; para este ensayo sólo voy a tomar algunos de los puntos más importantes de cada concepto, abarcar todo el panorama de información que hay en torno a poética, tiempo y espacio en Bachelard sería excesivo y llevaría al lector hacia otro lado, sólo me interesa extraer información específica que pueda relacionarse con el concepto centrar de este ensayo: la microhistoria.

Bien, en Poética del espacio, Gastón Bachelard más que hablar del término poética, habla de imagen poética específicamente, ésta se define como un fenómeno en donde el individuo se siente emocionado y esa emoción es demasiado sublime, esto sucede cuando lee y/o mira algo, un poema o una obra de arte por ejemplo. La imagen poética hace que el alma emerja completamente y su presencia se intensifique. Bachelard pone el ejemplo de cuando leemos un poema, sin embargo a lo largo del ensayo propone que la imagen poética puede aparecer en nuestra conciencia cuando determinados espacios nos revelan la profundidad de un recuerdo lejano.

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La imagen poética es un “resaltar súbito” en la psique del individuo y surge “…en la conciencia como un producto directo del corazón, del alma, del ser del hombre captado en su actualidad”. 7

La imagen poética no surge de un pasado inmediato sino de una profundidad en donde resuenan los ecos de un pasado lejano, no está sometida a un impulso y se vuelve una novedad en cuanto emerge en nuestra conciencia, todo este fenómeno de la imagen poética adquiere actividad y dinamismo propio. 8

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8

Bachelard, Gastón, Poética del espacio, Editorial Fondo de Cultura Económica, México: 1975. Ibidem, pp. 8.

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Desde mi punto de vista, los sujetos creadores somos muy susceptibles a la imagen poética. Cuando este fenómeno ocurre, algo en nosotros se ilumina, aparecen en nuestra consciencia imágenes que pertenecen a nuestro pasado más profundo y nos mueven, repercuten en nuestra forma de entender el mundo, esa repercusión es la causa que genera un acto creativo.

Ahora bien, del tiempo puede decirse gran cantidad de cosas, se le puede conceptualizar de mil formas. La gente, los teóricos y los artistas pueden decir todo lo que conlleva pensar en el tiempo. Lo cierto es que el tiempo es un gran todo en el que vivimos inmersos, el tiempo es una especie de elemento que necesita morir constantemente para que el hombre pueda pensar en él, para que pueda traerlo hacia su actualidad.

Bajo esta idea del tiempo que necesita morir para volver a nosotros, encontré en Bachelard el punto de apoyo que necesitaba, él dice que el tiempo “podrá renacer, pero antes tendrá que morir. No podrá transportar su ser de uno a otro instante para hacer de él una duración.”9 El tiempo es un gran cúmulo de instantes que se construyen en su propia muerte, la realidad del tiempo está basada en todo el conjunto de instantes que viven y mueren en nosotros.

9

Bachelard, Gaston. Intuición del instante, Editorial Fondo de Cultura económica, México: 1987, pp. 11.

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El instante es brevedad, por eso es que podemos traer a nuestro presente pequeños extractos de nuestra vida, extractos que murieron en su momento pero que se vivifican en cuanto los hacemos recorrer el bello tramo de lo pasado a lo presente. Hay instantes que pertenecen a un pasado muy profundo y vienen a nosotros bañados en oro, vienen a puntualizar lo ya vivido y lo no olvidado, los instantes que vuelven de esas profundidades marcan pautas, enmarcan un fragmento importante en la vida propia, y por muy fugaz que sea ese fragmento son ejes centrales, engranes que hacen girar la gran maquinaria: la vida.

El espacio por su parte, también juega un papel muy importante en la vida de los seres humanos; el espacio articula la forma de vivir en el mundo y relacionarse con él. Para mí, el espacio habitado tiene mucha carga emotiva y es algo que se va guardando en el archivo de la memoria. Bachelard en su Poética del espacio se enfoca en diversos espacios, el que a mí me interesa específicamente es la casa natal, la cual viene siendo nuestra primera morada antes de salir al mundo, en ella se guardan gran cantidad de recuerdos y siempre se mantiene viva en nuestra memoria porque constantemente recurrimos a ella aunque ya no estemos habitándola y aunque los recuerdos que se tenga de ella o en ella no sean tan gratos. La casa natal es un espacio por excelencia reminiscente, siempre un contenedor en donde vertimos lo que nos constituye como personas, en mi caso también como creadora.

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La casa natal es un refugio en donde se pueden localizar las vivencias más finas, las que a veces se vuelven transparentes y casi imperceptibles pero cuando emergen son tesoros impresionantes que dan estabilidad al ser o se la quitan “…gracias a la casa, un gran número de nuestros recuerdos tiene albergue…”10

Por último, tenemos el concepto de juego, para dicho concepto utilizaré algunos análisis que realiza el autor Luis Argudín en su libro La espiral y el tiempo. Según el autor, “el juego es el pilar alrededor del cual organizamos nuestra vida…”11

El juego constituye parte fundamental en la vida del hombre, a través de él, el hombre encuentra su libertad y mantiene un ciclo recíproco entre la imaginación y la vida cotidiana. Se piensa de pronto que al dejar la niñez, las personas debemos concentrar nuestra energía en trabajar, enfocar nuestra mente en trabajar o realizar actividades que no tengan que ver con el juego. Sin embargo el juego es una actividad liberadora que hace que las personas mantengan su imaginación despierta. Jugar es descubrir muchas posibilidades de realidad, el niño y el hombre que juegan están también explorando sus movimientos, su cuerpo que gasta energía y su mente que se mantiene imaginativa mientras juega. 10

Bachelard, Gastón, Poética del espacio, Editorial Fondo de Cultura Económica, México: 1985. pp. 33-38.

11

Argudín, Luis, La espiral y el tiempo. Juicio, genio y juego en Kant y Schiller, Editorial UNAM, México: 2008. pp. 119.

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Un aspecto importante que a mí me interesa puntualizar en el juego es la cuestión del azar, una de las obras artísticas abajo descritas y analizadas se relaciona mucho con el azar. Cuando el azar está inmerso en el juego “…la atención se centra en el placer que nos causa aquello que favorece nuestros intereses, contrastado con el dolor o disgusto que suscita lo que los contraria.”12 Y bueno, en general estos conceptos ayudan a que la microhistoria se enriquezca y no se estanque, a que se vuelva elástica y alcance diversas reflexiones por el lector/espectador. Las tres obras aquí analizadas parten de sucesos casi imperceptibles en la línea de mi vida, anécdotas breves que fueron el punto de partida y la clave para situarlas como microhistoria pero que además cada una constituye toda la intimidad de mi pasado y mi presente. Narrar lo breve me parece fundamental porque es precisamente en esa brevedad donde se localiza el eje central y el núcleo de los grandes acontecimientos en mi vida. La microhistoria en las artes plásticas se apoya de otros conceptos que como he mencionado, la enriquecen y le dan matices que apoyan la reflexión.

12

Argudín, Luis, La espiral y el tiempo. Juicio, genio y juego en Kant y Schiller, Editorial UNAM, México: 2008. pp. 107.

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2.1 “Historia de la cicatrización de un lápiz”

Realicé esta obra durante un viaje que hice a la ciudad de Mérida Yucatán en 2011. La obra se desarrolla a partir del encuentro que tengo con un lápiz que se encontraba dentro de un estuche porta-lápices que lleve a dicho viaje. El lápiz tenía una cinta adhesiva blanca, vieja y gastada en su parte media y decidí quitársela, me di cuenta que el lápiz estaba roto.

Después del encuentro con el lápiz, me vino a la mente el recuerdo de años atrás, cuando yo había puesto la cinta adhesiva al lápiz con la intención de pegar las dos partes que se habían quebrado.

Aquí la microhistoria se genera a partir del momento en que puse la cinta adhesiva al lápiz con la intención de unir sus dos partes rotas y años después, vuelvo a tener contacto con ese mismo lápiz y con la cinta adhesiva vieja y gastada. Es un suceso microhistórico porque fue el punto de partida para realizar la obra y a partir de él se derivó la siguiente reflexión, mirar el lápiz y la cinta adhesiva como personajes de una narración en donde cicatrizar es la prioridad para el personaje roto (lápiz) y el resultado es una cicatrización fallida debido a que ésta es un proceso biológico único en seres vivos. La microhistoria es algo que puede surgir en el curso habitual de la vida de los seres humanos y aunque pueden parecer sucesos poco trascendentes e imperceptibles, son rescatables porque dan sentido 21


y desencadenan reflexiones que en mi caso, derivó en la creación de esta obra artísticavisual. Pensar en cicatrización no fue por casualidad, muy probablemente yo también me encontraba en un proceso de cicatrización (emocional) y en aquellos momentos de mi vida ese proceso fue fallido. También habría que entender que el personaje “lápiz” es una analogía de mí misma; un personaje que está representándome y sustituye la imagen literal de mi cuerpo pero que en esencia soy yo.

Anteriormente mencionaba que dentro del universo “microhistoria” también podemos encontrar otros conceptos que enriquecen la obra, hablaré acerca del concepto que acompaña al de microhistoria en esta obra particularmente y cómo se relacionan entre sí.

Cuando hablamos de ficción, inmediatamente pensamos en sucesos o acciones que carecen de veracidad y su falsedad es evidente, sin embargo la ficción va mucho más allá. La ficción es un elemento en la vida de todos los seres humanos y una de sus principales características es que todo esté armado estratégicamente para que pase como cierto, la ficción hace que quien mira o lee crea (aunque sea por un momento) lo presenciado.

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La ficción es algo que ha estado inmerso en la humanidad desde siempre por el simple hecho de ser seres imaginativos, nuestro imaginario es ilimitado y nada hay impensable y todo puede hacerse o decirse, además de que “…los hechos más increíbles pueden resultar verosímiles, y los más ciertos, sin embargo, inverosímiles, hasta hacer que vacile incluso la mente más informada o el espíritu más perspicaz.”13

La ficción y lo ficticio son algo que siempre estará en la vida de toda persona, pero para el creador es un elemento básico, en mi caso es la herramienta a la que recurro constantemente cuando voy a “contar algo”, cuando narro historias, particularmente microhistorias visuales. Un ejemplo de ficción dentro de la literatura pudiera ser Julio Cortázar, quien por cierto es uno de mis autores favoritos debido al manejo tan perfecto de ficción (Pensemos en Un tal Lucas); el lector siente que en efecto, lo narrado puede suceder y sin problemas puede ser verdad, es difícil discernir entre lo ficticio y lo real. Hay diversos factores que hacen que la ficción se dispare aún más en los creadores y sucede cuando en el lenguaje gramatical más básico, aparece un mecanismo disparador de voluntad, aparece el sueño y la esfera de un imaginario ilimitado en donde se encuentran los futuros, las optativas, las condicionales para que eso imaginado pueda ser posible sin alterar el lenguaje mismo, sin que se modifique o se pervierta.14

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14

Pozuelo Yvancos, José María, Poética de la ficción, Editorial Síntesis, España, 1992, pp. 15. Ibidem, p. 12.

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Sin duda, un lápiz que se ha roto jamás vuelve a ser “uno” (en su sentido de unidad); se rompe y ya, adquiere el nombre de “lápiz roto”. Mi intención con esta obra era volver al lápiz y la cinta adhesiva los personajes principales de un suceso microhistórico y que éste se acompañara de la ficción: pensar que un lápiz pueda cicatrizar.

Me interesaba también que la historia narrara el proceso de cicatrización que el lápiz atravesó para que al final se diera cuenta de que aquello no era posible. “Por muy inventados que sean personajes y escenarios, por maravillosas que sean sus cualidades e incluso su representación, acaban refiriendo, sea directa o simbólicamente, a los conocidos o imaginados por la experiencia del lector”15

Cuando coloqué la cinta adhesiva al lápiz, mi ingenua intensión quizás era lograr que el lápiz volviera a ser uno solo y no dos mitades, lograr que cicatrizara de manera metafórica, vi el lápiz como un objeto herido que necesitaba sanarse, la referencia inmediata o sugerida de todo esta microhistoria soy yo, una herida que necesitaba ser reparada.

15

Pozuelo Yvancos, José María, Poética de la ficción, Editorial Síntesis, España: 1992, pp. 18.

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Esa sencilla acción de colocarle cinta adhesiva a un lápiz realizada años atrás había disparado en mí las ganas de generar una narrativa visual, la manera de resolverlo no me tomó mucho tiempo porque ya tenía el lápiz frente a mí, el objeto se me había revelado poético por todas las cualidades y la carga emotiva que para mí tenía, decidí entonces que la manera de resolverlo sería mediante escenas fotográficas en donde aparecieran los personajes uno por uno y después en conjunto, quería que el espectador centrara toda su atención en los personajes (lápiz roto y cinta adhesiva) y por eso es que únicamente utilicé un fondo texturizado de color muy tenue que contrasta muy bien con el color del lápiz.

Respecto a las escenas quería demostrar los cinco momentos más importantes de esta microhistoria: el lápiz entero (el que un día fue), el lápiz roto por la mitad, la aparición de la cinta adhesiva, la cinta y el lápiz encintado (en proceso de cicatrización) y por último, el lápiz roto después del intento fallido de querer cicatrizar. Cinco momentos clave dentro de la narrativa puestos de manera secuencial, un momento lleva a otro y luego a otro.

La verosimilitud de la obra se manifiesta mediante su capacidad poética y el acuerdo que se genera con el espectador, la narración se vuelve verdadera a los ojos del espectador por medio de la composición artística. El título de la obra (“Historia de la cicatrización de un lápiz”) es parte esencial de esa composición artística, el título le confirma al espectador de que efectivamente las fotografías están contando la historia de un lápiz (personaje 25


principal) que se rompió, apareció la cinta adhesiva (que además también juega el papel de personaje principal) y actuó como cicatrizante. Pero la palabra “cicatrización” no aparece literal en la obra fotográfica, aparece en el título, éste pone en boca y mente del espectador la palabra “cicatrizar” y es donde la ficción se vuelve efectiva porque comienza a pensar en la posibilidad de que un lápiz cicatrice o de que un lápiz lo haya intentado y fallado. El título en esta obra no sólo es el que nombra, es la cereza del pastel que valida la ficción y la vuelve verosímil al confirmar y esclarecer. “La cuestión de la ficción no es metafísica, no es ontológica, es pragmática, resulta del acuerdo con el lector, pero precisa ese acuerdo de la condición de poeticidad: lo creíble lo es si es estrictamente convincente. Lo maravilloso no es verdadero ni falso, lo fantástico se dirime en la credibilidad de la obra poética”.16

Por otro lado, lo poético tiene que ver con lo posible, con lo que podría suceder, en ese sentido el lápiz se me reveló poético porque supe en ese momento que ese objeto podría ser parte de una narración específica; la obra partió de lo sucedido y aterrizó en lo que podría suceder, una microhistoria apoyada en la ficción.

16

Pozuelo Yvancos, José María, Poética de la ficción, Editorial Síntesis, España, 1992, pp. 51

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La verosimilitud es algo que también influye en esta obra y se desarrolla mediante la coherencia y credibilidad que el espectador deposita en ella, es decir, la obra hace referencia a lo que puede ser posible pero dentro de lo posible debe existir una cohesión y un orden lo bastante sólidos para que así el espectador entre dentro de lo narrado, para que la credibilidad se apodere del espectador y dé por hecho que efectivamente, el lápiz intentó cicatrizar pero no lo logró.

El que mira construye y ordena los hechos para que de ahí surja la posibilidad, pero siempre y ante todo, el creador es quien construye los acuerdos de credibilidad para que la ficción narrada pueda llevarse a cabo.

“Historia de la cicatrización de un lápiz” es una pieza hecha con fotografía digital, acercarme a las características físicas del lápiz con el objetivo de la cámara y capturar la ruptura y el momento en el que aparece la cinta adhesiva me pareció adecuado pensando en que quería contar una historia más o menos secuencial, la fotografía otorga esas posibilidades, la fotografía es hasta cierto punto un aspecto poético.

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2.2 “Estancias” Particularmente creo que el espacio físico en el que uno se desenvuelve describe de manera muy fiel a uno mismo, el lugar que se habita habla de todo lo que eres y has sido. También creo que los espacios nuevos a los que uno acude penetran demasiado en uno mismo y se mezclan y entrelazan con los espacios del pasado creando un arraigo muy profundo. Esta obra tiene que ver con eso, con la reflexión de los espacios que en un momento dado llegué a habitar, la confrontación de la casa natal con la casa temporal, la mudanza, el cambio de espacios, el acostumbrarse y el desprenderse.

Durante veintiún años habité una casa pequeña en un pueblito del Estado de México, una casa que de pequeña la veía grande, paredes color marrón y sillas de madera en las que me sentaba y me colgaban los pies, una casa donde había que subir uno por uno veintiocho escalones para llegar a ella; una casa cercana a la escuela primaria, luego a la secundaria y después a la prepa, todo cerca, la tienda, el mercado, el parque, el árbol de enfrente, el árbol que creció casi a la par que yo y después creció más rápido que yo. La casa de mi infancia y juventud. Mi habitación compartida con la hermana, mis cosas y sus cosas juntas y a la vez distantes, mis muchos juguetes de infancia recabados en cajas cada año.

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Mi casa sigue ahí, ya no son marrón los muros y los veintiocho escalones ahora los subo de dos en dos, las sillas ya no son las sillas de entonces y ya no me cuelgan los pies al sentarme en ellas.

Crecí, es un hecho, pareciera que la casa se hizo pequeña y comenzaron a salirle arrugas, la veo lejana a veces y cada vez menos habitada; mi casa natal comenzó a dejar de ser habitada, las razones son múltiples pero cuando yo dejé de estar ahí fue porque me fui de viaje, me fui un año a otro lugar (Mérida Yucatán).

Llegué a aquel lugar sin saber dónde viviría, sin saber cuál sería mi nueva y temporal casa, durante tres días busqué en compañía de mi madre una casa que habitar, un lugar seguro y no tan lejano de la escuela a la que asistiría, al cabo de esos tres días encontramos un departamento pequeño que contaba con todos los servicios, la ubicación era buena y hasta me pareció simpático que se encontrara justo en la esquina. Tenía una estancia acogedora y una mesa pequeña con cuatro sillas de metal y madera, la cocina era contigua al comedor y había una alacena amplia para meter en ella todo tipo de cosas, recuerdo la licuadora, el refrigerador, los platos y las cucharas, siempre pocas porque al cabo de un mes mi madre regresaría al Estado de México y yo me quedaría sola en esa casa; los sillones eran muy livianos y cómodos, la habitación era fresca a pesar del calor que se siente siempre en esa ciudad, la cama grande y suave, una mecedora para sentarse a ver 29


la televisión o simplemente abanicarse por las tardes, el closet de madera delgada y barnizado café claro para meter ropa para un año.

Sentí empatía inmediatamente con la casa, en el fondo se parecía a mi casa natal y quedarme ahí suponía una sensación demasiado acogedora, evidentemente me adapté rapidísimo y al cabo de algunos meses sentía esa casa tan mía como mi primera casa, la de la infancia y adolescencia.

Durante mi viaje no hubo reflexión alguna en torno a las casas habitadas, no pensaba mucho en cómo vivía y había vivido las casas y cómo éstas estaban echando fuertes raíces emotivas en mi vida, es más, dejé de pensar que se trataba de un viaje y comencé a verlo como una vida totalmente establecida en ese lugar.

Al cabo de un año en Mérida, Yucatán y después de vivir infinidad de experiencias que involucraban personas y lugares volví a mi casa, al Estado de México. La readaptación fue algo que estuvo latente, desarraigarme de aquel lugar, dejar atrás la casa que en un año se volvió casa natal para mí no fue sencillo, aún no sé si lo logré, sin embargo comenzó una confrontación emocional entre el aquí y el allá, una confrontación de espacios, de formas de habitar, por momentos parece que mi casa natal adoptó a mi casa temporal, algo de mi casa temporal se vino conmigo a mi casa natal. 30


Las dos casas eran espacios heterogéneos, físicamente separados pero en el interior de mis recuerdos eran un asunto homogéneo, mezclado y entrelazado. El recuerdo de anécdotas, objetos, escenas breves y específicas se hicieron constantes. Todo esto en conjunto fue el detonante para crear esta obra.

La obra consta de quince dibujos hechos sobre madera de 15cm x 15cm x 1.5cm con diversos materiales (hilo, fotocopia, cuentas de plástico, crayolas, pintura acrílica y lápiz). Las quince imágenes en los dibujos, son la representación de anécdotas específicas vividas, son el conjunto de pensamientos y sueños en torno a ambas casas.

“La casa, como el fuego, como el agua, nos permite evocar fulgores de ensoñación que ilumina la síntesis de lo inmemorial y del recuerdo.”17 Cada dibujo es una imagen de un recuerdo de las casas habitadas, a veces construido e imaginado y a veces demasiado fiel en mi memoria. La casa es el lugar donde el ser humano alberga sus más íntimos recuerdos, aquellos que lo constituyen. Bachelard dice que “…por los sueños las diversas moradas de nuestra vida se compenetran y guardan los tesoros de los días antiguos”18

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Bachelard, Gastón, Poética del espacio, Editorial Fondo de Cultura Económica, México: 1965, pp. 35. Ibídem, pp. 35-36

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El dibujo resalta el valor de cada recuerdo vuelto imagen, ésta última se vuelve elástica tocando de igual manera la imaginación y la memoria.

La casa se vuelve el eje central en donde el ser humano se resguarda, se contiene, sin ésta andaría perdido y disperso por el mundo, dejando toda la intimidad y la profundidad de sus recuerdos a la intemperie, dentro de la casa los recuerdos se mantienen siempre frescos, siempre a la mano de la memoria y del imaginario. Nunca dejamos de habitar, la casa es el primer mundo que conoce el ser humano y funciona como contenedor. Cuando uno deja la casa natal, las vivencias y los recuerdos que se tienen de ella y en ella no mueren, siempre están regresando a nuestro presente y se trastocan con el porvenir.

Claro que cuando uno cambia de casa se genera cierta hostilidad puesto que el ser estará junto con sus recuerdos a la intemperie, los contendrá en sí mismo por un tiempo hasta que se adapte a la nueva casa, comenzarán a generarse nuevas vivencias y es cuando el pasado, el presente y el porvenir generarán dinamismos que interferirán con frecuencia. 19

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Ibídem, pp. 36-37.

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Me encuentro ahora viviendo nuevamente en la casa natal, viví en la casa de otro lugar y constantemente vienen a mí los recuerdos de ambas casas, es preciso decir que para realizar la obra, necesité no sólo evocar esos recuerdos sino llevarlos más a un plano del ensueño e imaginación que de memoria solamente. Los detalles de cada casa poco a poco se volvían difusos y entonces imaginaba y me preguntaba constantemente ¿De qué color eran los muros? ¿Estaba muy atiborrada de objetos la mesa?, ¿Cuánta luz entraba por las ventanas? ¿Cómo se vivía el silencio y cuánta soledad me acompañaba día con día? Era preciso preguntarme todo esto y mucho más para articular en imágenes lo vivido, pero siempre el espacio se construyó en el ensueño de mis vivencias, la imaginación articuló los espacios del pasado. Me produjo más urgencia conocer la intimidad de mi propio pasado en estos espacios que precisar con exactitud detalles.

Los recuerdos vertidos en dibujos son recuerdos en donde muchas veces la soledad está presente (tanto el goce como el sufrimiento de ella) y también son recuerdos donde la interacción con otras personas se hace presente, ambos se situaron en una intimidad imborrable, reconstruida a partir de la memoria y la imaginación en conjunto.

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“El tiempo sólo tiene una realidad, la den instante. En otras palabras, el tiempo es una realidad afianzada en el instante y suspendida entre dos nadas. No hay duda de que el tiempo podrá renacer, pero antes tendrá que morir […] Ya el instante es soledad.”20

Murieron los instantes de mi soledad y compañía vividas en las casas habitadas, renacieron y seguirán vivos, contenidos bajo la protección de las futuras casas a donde vaya. La obra se generó reflexionando sobre las dos casas habitadas, los sucesos microhistóricos están vertidos en recuerdos específicos, recuerdos que vienen siempre a mi mente y que aunque reconstruidos mediante la imaginación y el ensueño partieron de una realidad, mi realidad vivida durante veintiún años en mi casa natal y mi realidad vivida durante un año en otro lugar.

La microhistoria está en las anécdotas de lugares distintos, escenas de autobús, escenas con mis padres, escenas de habitación, pensamientos en las escaleras, tráfico en las calles, jaulas de pájaros, sonidos escuchados todas las mañanas, hábitos y costumbres adquiridas, distancias recorridas, etc.

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Bachelard, Gastón, La intuición del instante, Editorial Fondo de Cultura Económica, México: 1987, pp. 11.

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2.3 “La infancia de chocolate” Vulnerable a los recuerdos constantes de mi pasado en la casa natal, comencé a pensar con más frecuencia en mi infancia, acudían a mí escenas a veces muy claras y a veces sumamente difusas, había un desfile interminable de recuerdos hasta que vino uno que sacudió mi mente, ocurrió justo después de destapar un chocolate Hershey´s (mis favoritos de una tiempo para acá).

El recuerdo era sumamente difuso y parecía haber estado empolvado, imperceptible y casi perdido en mi memoria. Cuando niña, me regalaron una caja de chocolates de tamaño mediano, al agitarla se escuchaban los pequeños chocolates que brincaban, me debió haber parecido simpático porque inventé una especie de juego en donde antes de comer un chocolate tenía que agitar la caja, si el chocolate quedaba al revés, es decir, con el código de barras hacia arriba perdía y no podía comerlo, pero si el chocolate quedaba correcto y con la parte frontal hacia arriba ganaba y podía comerlo, de este modo no comería todos los chocolates inmediatamente hasta que la suerte me favoreciera. Recuerdo haber jugado ese juego con la caja por más de una semana, quizás más. Cuando este recuerdo emergió del polvo y de todo el olvido que cayó en él, quise hacer una pieza pensando primero en el juego de la caja y en cómo me había traído gran felicidad, pero después la reflexión fue más allá, no sólo se trataba de una pieza que hablara del recuerdo de la caja y la alegría de comer chocolates, era también el orgullo que recuerdo haber

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sentido de niña al inventar un juego y sus reglas, era hablar de cómo es que el juego define al niño, lo autentifica y puede retratarlo fielmente.

Cuando eres niño comer chocolates es un deleite, comer todos los que puedas debe parecerse al mismísimo paraíso. Quiero pensar que mi madre en aquel entonces me habrá dicho “no te comas todos los chocolates tan rápido” y por eso es que inventé un juego donde yo misma podía auto controlar las ganas de comerlos todos. Los niños al jugar a veces saben seguir las reglas y a veces no, lloran o se desesperan, de alguna manera el juego define al niño porque lo hace no sólo realizar una actividad, sino re-descubrirse, descubrir sus movimientos, descubrir su cuerpo, descubrir sus propias capacidades de imaginación.

El juego también hace al niño tomar decisiones: respetar o romper las reglas. En mi caso eso lo aprendí bastante bien y me gustaba jugar ganara o perdiera: dentro de la caja los chocolates significaban el reto a vencer, el azar era el eje central de la invención de mi juego. Los chocolates fuera de la caja significaban un triunfo y una disciplina ante el juego, una “lucha” entre lo de dentro y lo de fuera, “…lo de dentro y lo de fuera no reciben de igual manera los calificativos, estos calificativos que son la medida de nuestra adhesión a las cosas.”21

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Bachelard, Gastón, Poética del espacio, Editorial Fondo de Cultura Económica, México: 1975. Pp. 254.

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Sin embargo, llega un punto en que lo de dentro y lo de fuera se invierten, se trastocan tanto que se vuelven íntimos, lo de dentro podría pasar como el encierro del que hay que salir para conocer lo de fuera, para vanagloriarse de lo de fuera, pero lo de fuera también puede ser el encierro; fuera de la caja, los chocolates representan el triunfo ante un juego pero también el fin de ese juego: terminarse los chocolates.

La obra partió de un recuerdo concreto pero casi olvidado, me pareció interesante que emergiera justo cuando veintidós años después destapaba yo un chocolate, este hecho me hizo pensar en algo: si el juego de la caja de chocolates había definido una parte de mi infancia y me había dado una satisfacción muy profunda en su momento y en el momento en que lo recordé, metaforizar los chocolates y hacer una analogía de ellos y de mí misma tenía que ser importante; ver mi infancia contenida en chocolate, los chocolates como autorretrato de infancia y de juventud, la parte frontal de la envoltura del chocolate como esa parte visible de mí misma, lo que todos conocen a simple vista; el código de barras como código de identidad, lo que no es perceptible a simple vista y es difícil definir; la parte interna del chocolate como ese cúmulo de recuerdos que articulan mi propia intimidad.

La vista frontal responde a mi lado social, el que todos conocen, mi forma de comportarme ante los demás sujetos; el código de barras tiene que ver con una parte de 37


mi personalidad que a veces ni yo reconozco, es difícil describirla y creo que la voy descubriendo poco a poco; la parte interna del chocolate, donde aparece los círculos de pegamento y que sin ellos el envolvente no funciona responde precisamente a ese cúmulo de recuerdos y anécdotas que constituyen parte importante de mi vida.

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3. CONCLUSIONES En este análisis de obras artísticas, la microhistoria de Luis González y González planteada desde un ámbito historiográfico ha tomado nuevos rumbos, el primero de ellos fue proponer mirarla desde el campo de las artes plásticas, el segundo fue entrelazarla con conceptos como el de ficción, tiempo, poética, tiempo, espacio y juego. Mi intención al hablar de microhistoria desde las artes plásticas no tiene que ver con el de innovar un concepto en el arte, tiene que ver más con las necesidades emotivas y técnicas que me surgieron en determinado momento. Valiéndome de la microhistoria de Luis González y González, yo utilicé el término para diferenciar mis anécdotas vividas día a día de las más íntimas, esas que articulan mi entendimiento ante el mundo, mi proceder y mi forma de trabajar dentro de las artes plásticas. El resultado de todo esto ha sido una lectura muy amplia de mis obras y mi trabajo en general. A partir de pensar en la microhistoria han surgido nuevas incógnitas. La narración, lo narrativo en el arte constituye muchas reflexiones, me interesa seguir trabajando con este concepto. En recientes fechas realicé una obra gráfica hecha con una técnica llamada cianotipia, la hice pensando ya no sólo en la anécdota sino en el tiempo que influye totalmente esa anécdota, pensé en lo subjetivo que puede ser el tiempo cuando algo acontece, en lo verdaderamente imperceptible de la vida cotidiana.

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Se trata de una obra que titulé “Estornudé” y consta de cinco imágenes donde aparezco yo en el momento de estornudar. El acto de estornudar ocurre demasiado rápido, yo pienso que en la rapidez de un suceso existe narración. La obra fue pensada en esa técnica precisamente porque la cianotipia depende del tiempo, de tiempos prolongados y de tiempos breves, el resultado de esta técnica pueden ser imágenes con mucha fidelidad e imágenes apenas perceptibles, apenas visibles. Esta tesis me hace pensar que después de la microhistoria existe el micromomento, que vendría siendo ese fragmento de mi vida que está suspendido en el tiempo y que dura apenas un instante pero que brinda un sentido muy particular: la interpretación misma del tiempo.

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BIBLIOGRAFÍA

-Bachelard, Gaston. Poética del espacio. Editorial Fondo de Cultura económica, México: 1975. -Bachelard, Gaston. Intuición del instante. Editorial Fondo de Cultura económica, México: 1987. -González y González, Luis. Nueva invitación a la microhistoria.

Editorial Fondo de

Cultura Económica, México: 1982. -Pozuelo Yvancos, José María. Poética de la ficción. Editorial Síntesis, México: 1992. -Martínez, Assad, Carlos. Transcripción de la mesa redonda organizada por el Centro de Estudios Históricos de El Colegio de Michoacán, Editorial Documento, Zamora, Michoacán: 2002. -Argudín, Luis, La espiral y el tiempo. Juicio, genio y juego en Kant y Schiller, Editorial UNAM, México: 2008.

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Tesis flor andrea salazar lara terminada  

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