fin a una planicie más alta. Esto genera que sobre la formación rocosa existan muchos escurrimientos de agua, no solo de los mantos freáticos de la planicie contenida sino los acumulados durante las fuertes temporadas de lluvia”, cuenta Eduardo Gorozpe, responsable de Casa del Viento. Esto es especialmente relevante porque dichos escurrimientos van abriéndose paso sobre el valle de Atongo, formando arroyos que desaparecen en las épocas de sequía y se desbordan durante el temporal. El terreno en el que se diseñó Casa del viento es en realidad un lecho de río que a lo largo de los años ha acumulado sedimentos. Por este motivo, en el subsuelo se encontró una gran cantidad de piedra de río y lodo, haciendo el suelo muy inestable y con poca capacidad de carga. Esto motivó que se elevara toda la casa sobre una plataforma de cincuenta centímetros de piedra volcánica característica de la zona, además de varios mejoramientos de tierra para poder sustentar la estructura del proyecto.
GUIADOS
POR TEPOZTLÁN Entendidas y superadas las directrices que proponían las características del suelo, esta casa-cuento partió de su inspiración de leyenda para conseguir un intercambio con el ambiente de su entorno, cuya influencia fue tal que el arquitecto incluso reconoce que llegó a sentirse abrumado: “Nunca habíamos trabajado en un sitio con elementos de naturaleza tan imponentes, fue complicado decidir hacia dónde abrir los espacios habiendo tantas posibilidades”. Desde épocas prehispánicas, esta ciudad mexicana funcionó como un importante centro de comercio, un lugar de paso entre dos valles que fue construyéndose a partir de la mezcla cultural de varias civilizaciones. El vestigio de esta amalgama cultural ha quedado arraigado en las calles, arquitectura y habitantes del pueblo, mostrándose hoy en día como una sociedad moderna en la que aún permanecen rasgos y costumbres de sus antepasados, como demuestran sus chamanes, curanderos, centros holísticos y temazcales. autoCAD
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