MAGANA 1950.

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MAGAÑA 1950 Vivencias y recuerdos de un niño Búsqueda y reflexiones de un jubilado José N. Pascual Herrero


©2006, de esta edición

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©José N. Pascual Herrero. Diseño y maquetación: Enrique Romero Pascual. ©Fotografías: Autores: Fotoestudio (Soria): fotografías 2.1 y 2.36. Alejo Romero: fotografía 2.7. Victoriano Zamora,: fotografías 2.8, 2.9 y 2.37. Gabriel Zamora,: fotografías 3.5 y 3.7. Desconocido: fotografías 2.3, 2.31 y 2.32. Paulino Fernández Ramos: fotografías 1.2, 1.18 (detalles cruces), 1.21 y 2.43 (portada). José N. Pascual Herrero: restantes fotos. Reproducciones autorizadas: Fotografía 1.3: AERONOR. Fotografías 2.4 y de 2.13 a 2.30: de libros de Escuela Española y de Hijos de Santiago Rodríguez. De mobiliario y textos escolares antiguos en una exposición museística en Utebo procedentes de un museo de Huesca: fotografías 2.4, 2.10, 2.11 y 2.12. Del mercado tradicional de San Pedro Manrique, año 2001: fotografías 2.6, 2.38, 2.39, 2.40, 2.41 y 3.2.

Impresión: Ochoa Impresores Soria SL Pol. Ind. Las Casas C/A, Parcela 43, nave 15 42005 Soria tel. 975 23 38 27

Primera edición: Marzo 2006. ISBN: 84-7359602-1 Depósito legal: SO-20/2006

Impreso en España - Printed in Spain.


A mi padre, Enrique, que se fue muy pronto pero aĂşn tuvo tiempo suficiente para dirigir su mirada al universo.



Caminante, no hay camino... En la primavera de 2005 me tracé un objetivo, un camino: escribiría esos recuerdos de infancia y esas reflexiones de jubilado que sobre Magaña rumiaba tiempo atrás. Pero, como decía el sabio y bueno, no hay camino. O hay muchos. Porque, conforme escribía, los temas se multiplicaban. ¿Y la historia de Magaña? ¿Y la toponimia, o el habla, o los nombres? ¿Por qué no pensar en la forma de andar, en el vestir, o ...? ¿Y publicarlo? ... se hace camino al andar. Antonio Machado



Agradecimientos.

A Enrique, mi sobrino, que mediante el programa LATEX, ha sido el “hacedor material” de este libro. A Nuria, mi hermana, por sus numerosas aportaciones a este libro; y a su familia, por su mucha paciencia al escucharme día a día machacar con el mismo tema. A Saturnino, mi tío, que, unos meses antes de fallecer, me ha facilitado numerosos datos de la Magaña del primer tercio del siglo veinte, tanto en amenas charlas como a través de algunas de sus casi diez mil estrofas -varias recogidas en este libro- que compuso tras la muerte de su esposa, mi tía María. En recuerdo de Agapita, mi tía, quien pocos días antes de fallecer todavía tuvo ánimos para recitarme cancioncillas de su adolescencia. A Alfredo, buen conocedor de Magaña y sus piedras, y a mis primas, por su ayuda. A mis amigos, que me han animado, y en especial a Alejandro, con quien he compartido muchos recuerdos de infancia en nuestras cenas en Zaragoza. A mis paisanos magañeses, y de modo particular a José-Luis, Juana y Rafael, de quienes he recogido datos, anécdotas y recuerdos de nuestra Magaña de 1950.



Justificación.

En septiembre de 1954 inicié en Soria mis estudios. Atrás quedaba un niño de Magaña feliz -lo fui por familia, vecinos, compañeros, amigos, maestro, sacerdote, juegos, orden, respeto, educación, religiosidad, lugares queridos...- niño que se enfrentaba a un mundo muy diferente. Acogido con cariño por los tíos Valentín y Lucía, y en compañía de mi única hermana, fui consciente de la ausencia de mis padres y de la falta de mis compañeros y amigos, éstos no reemplazados por otros debido al aislamiento de la vivienda-huerta-colmenar de mis tíos. Desarraigo éste que otros muchos magañeses conocieron en los siguientes años de vaciamiento del pueblo. Naturalmente fuimos adaptándonos a las nuevas situaciones pero en mí quedó la huella de una trayectoria esperable interrumpida y no concluida. Titulado maestro y ejercida la docencia durante cuarenta y dos años llegó la jubilación y, con ella, un fortalecimiento de la salud y del ánimo y la disposición de tiempo libre que ofrecía muchas posibilidades, entre otras la de recordar. Así que me propuse recuperar la memoria de aquella etapa de mi infancia y rescatar en lo posible mis vivencias de entonces en torno a 1950, ecuador del siglo XX. A ello contribuyeron sin duda las frecuentes charlas en Zaragoza con mi amigo Alejandro, que invariablemente nos llevan a nuestra infancia en el pueblo en aquellos años ¡ay! ya tan lejanos. Por otra parte yo, como tantos otros, me he preguntado muchas veces por nuestro pasado, por la historia de nuestro pueblo, de su patrimonio monumental, por el río Alhama y el paisaje, por el habla y los vocablos de nuestros parajes: Magaña,


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Barruso, la Castellana; por las costumbres, juegos o canciones, por tantas cosas... Y para tales preguntas había pocas respuestas publicadas. De modo que meses atrás decidí buscar someramente en diferentes fuentes y tratar de ir llenando la ausencia de libros sobre Magaña, pues si vemos numerosas referencias al pueblo en diferentes tratados: patrimonio monumental, románico, romerías, costumbres, rutas de viajes, historia, etc., no había, no hay ese libro sobre el pueblo que, a mi juicio, tan necesario ha sido y es hoy en día. Quizá resulte pretencioso por mi parte el intento de elaborar y publicar un libro un tanto enciclopédico sobre Magaña sin la preparación específica que cada una de las disciplinas requeriría y ya sabemos que quien mucho abarca poco aprieta... Pero considero que el intento merece la pena, sobre todo si sirviera para que otras personas más preparadas se animaran a afrontar un futuro trabajo más profundo y riguroso que abarcase los diferentes ámbitos de estudio sobre el pueblo. Ésa es mi esperanza y ése mi deseo. Si por añadidura, con mi esfuerzo hubiera ayudado a algunos magañeses -a los veteranos a recordar y a los jóvenes a ampliar sus conocimientos- o a cualquier curioso lector o viajero a conocer y visitar el pueblo, se habrían cumplido con creces mis objetivos. Ojalá disfrutes, lector.

Zaragoza-Soria, primavera-otoño 2005


Dedicatoria.

A la memoria de Buenaventura Herrero. No alcanzaba los veinte años cuando Juan Antonio Gaya Nuño, soriano ilustre entre los sorianos más ilustres, oyó hablar de un indiano que sufragó la construcción de unas escuelas nuevas en Magaña. Años más tarde reflejó el hecho en su libro “El santero de San Saturio”, bien es verdad que con una actitud tremendamente crítica con los INDIANOS y sus progenitores que "los envían a las Américas para que los saquen de pobres...a costa de perder su frescor serrano y de acabar con la buena y virtuosa raza de los sorianos montañeses"...No sabía Gaya Nuño que a Buenaventura no lo enviaron, que él se fue: no lo trató bien el amo de las ovejas que él pastoreaba en las laderas del castillo -privilegio del alcalde- y emigró a Carcastillo (Navarra) y a Francia y de aquí a Estados Unidos. Trabajó y se movió de este a oeste, de Nueva York a California, y supo aprovechar las oportunidades que al parecer le ofreció la Primera Guerra Mundial y probablemente la caída de la Bolsa de Nueva York en 1929 (mi padre me contaba que Ventura, al ver el “papel”, aludía a lo que había ganado o perdido con sus acciones) hasta ganar una fortuna, parte de la cual -unas 90000 pesetas- donó para construir el edificio que puedes observar si te acercas al barrio de arriba del pueblo. Buenaventura, Ventura o “el Venturilla”, pues ya sabes cómo se perpetúa a veces el nombre de la infancia, en alguna de sus venidas al pueblo contaba a sus paisanos las maravillas que había visto y sus extraordinarias características y dimensiones; y ellos, acostumbrados a los limitados horizontes de los cerros de


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Magaña, no le podían creer. Y menos aún cuando dijo a algunos de ellos que había ganado tanto dinero que podía comprar buena parte de las tierras de Magaña con ganados y edificios incluidos. Pero sí, hizo fortuna y tuvo la generosidad de donar parte de ella para las escuelas. Quiso contribuir a salvar de la ignorancia a los descendientes de sus paisanos, coetáneos y futuros. Yo me alegro de que así fuese y, para honrar su memoria, expreso aquí mi gratitud y reconocimiento. Los magañeses ofrecían por su alma la misa del tercer día de las fiestas patronales.

Fotografía 1: Busto de Buenaventura Herrero e inscripción de la fecha de construcción del edificio. Obsérvese la piedra trabajada.


Índice general

Listado de fotografías 1. Vamos a Magaña. Un poco de geografía, patrimonio e historia. 1.1. Para situar al lector. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Cómo llegar. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Algo de toponimia. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Clima, vegetación, flora y fauna. . . . . . . . . . . . . En el pueblo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Un castillo señorial. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La iglesia. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Las Escuelas, un don de Buenaventura. . . . . . . . . . Otros edificios y construcciones. . . . . . . . . . . . . 1.2. Algo de historia. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Un trabajo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Una aproximación a la historia de Magaña. . . . . . . Títulos y autores consultados. . . . . . . . . . Cronología histórica. . . . . . . . . . . . . . . Cronología sobre población, barrios e iglesias . El siglo XX. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La actividad humana. . . . . . . . . . . . . . . Años de postguerra. Por el imperio hacia Dios.

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2. Vivencias y recuerdos de Magaña en 1950. 2.1. Recuerdos de familia. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2.2. Primeras luces y recuerdos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

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Nebulosa y palabras. . . . . . . . . . . . . El miedo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . La luz. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Los juegos. . . . . . . . . . . . . . . . . . Emociones. . . . . . . . . . . . . . . . . . Más familia. . . . . . . . . . . . . . . . . . El molino. . . . . . . . . . . . . . . . . . . El banco de carpintero. . . . . . . . . . . . Las cabras y las ovejas. . . . . . . . . . . . La víbora. . . . . . . . . . . . . . . . . . . La matanza. . . . . . . . . . . . . . . . . . Una reflexión de mayor: el cochino. . . . . La nieve. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El abuelo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . Comidas y meriendas. . . . . . . . . . . . . El pan. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2.3. Las luces de la razón. Mis vivencias entre 6 y 12 años: 1949-1955. El año escolar. . . . . . . . . . . . . . . . . La escuela. . . . . . . . . . . . . . El maestro. . . . . . . . . . . . . . Las clases. . . . . . . . . . . . . . Los recreos y otros aspectos . . . . Las clases de adultos. . . . . . . . . El año litúrgico. . . . . . . . . . . . . . . . El sacerdote. . . . . . . . . . . . . Latines . . . . . . . . . . . . . . . Comedias. . . . . . . . . . . . . . Un cura muy humano. . . . . . . . El Santísimo. . . . . . . . . . . . . Día del patrón y domingos. . . . . . La Navidad. . . . . . . . . . . . . . Ceniza y Cuaresma. . . . . . . . . El Monumento. . . . . . . . . . . . Ramos. . . . . . . . . . . . . . . . La “carracla”. . . . . . . . . . . . .

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ÍNDICE GENERAL La Resurrección. . . . . . . . . . . . . El milagro. . . . . . . . . . . . . . . . Pascua Florida. . . . . . . . . . . . . . La bendición de los campos. . . . . . . La Virgen de Barruso. . . . . . . . . . Primera comunión. . . . . . . . . . . . Con flores a María. . . . . . . . . . . . Pentecostés. . . . . . . . . . . . . . . . Corpus Christi. . . . . . . . . . . . . . Verano. . . . . . . . . . . . . . . . . . Bautizos, bodas y entierros. . . . . . . La Extremaunción y el Viático. . . . . Mi confusión. . . . . . . . . . . . . . . El trabajo en el año. . . . . . . . . . . . . . . . Mi trabajo. . . . . . . . . . . . . . . . En mi casa. . . . . . . . . . . . Fuera de mi casa. . . . . . . . . Las colmenas. . . . . . . . . . . El trabajo de los magañeses. . . . . . . Huertos. . . . . . . . . . . . . . El cereal. . . . . . . . . . . . . Los pastores. . . . . . . . . . . El monte. . . . . . . . . . . . . Otras tareas. . . . . . . . . . . . Ocio: juegos, entretenimientos, bailes, fiestas... Consideraciones previas. . . . . . . . . Los domingos y San Martín. . . . . . . Las fiestas patronales. . . . . . . . . . Entretenimientos de niños. . . . . . . . Entretenimientos de niñas. . . . . . . . A la una anda mi mula. . . . . . Bolos. . . . . . . . . . . . . . . Comba. . . . . . . . . . . . . . Flores o colores. . . . . . . . . Tabas. . . . . . . . . . . . . . . Canciones y villancicos varios. .

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ÍNDICE GENERAL Juegos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Las cuarenta o escondite. . . . . . . . . . . . . El oso . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Por ti. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El nivel o rescate. . . . . . . . . . . . . . . . . El tino. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La piola. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La cuncunilla pico o taina. . . . . . . . . . . . La pelota. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El fútbol. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Las gallaras. . . . . . . . . . . . . . . . . . . La garza. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Las rayas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El bote botero. . . . . . . . . . . . . . . . . . La banda ´el villador. . . . . . . . . . . . . . . El coto. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La pita o el tejo, o lo que otros llaman calderón. La tanguilla. . . . . . . . . . . . . . . . . . . Los acericos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . El aro. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La peonza. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2.4. Mis reflexiones y recuerdos del río Alhama en Magaña. . . . . Unas consideraciones previas. . . . . . . . . . . . . . . . . . Antecedentes. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Nostalgias del río. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Generalidades y concreciones. . . . . . . . . . . . . . . . . . Generalidades. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Parajes del río. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Tomaderos y canales. . . . . . . . . . . . . . . . . . . Los molinos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . A pescar. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La “reprisa”. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Los riegos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . A nadar. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Las riadas: la yasa. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . A beber. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

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ÍNDICE GENERAL

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A lavar. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 117 Puentes. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 117 Las riberas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 118 3. Costumbres y aspectos diversos. Salud y enfermedad. Remedios e higiene. . . . . . . . . . . El Ayuntamiento. . . . . . . . . . . . . . . . . El luto. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El peinado. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El sexo en la Magaña de 1950. . . . . . . . . . El vestido. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La calle. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La camioneta. Transporte . . . . . . . . . . . . La casa. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La emigración. . . . . . . . . . . . . . . . . . Las campanas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . Los andares. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Los bailes y las canciones. . . . . . . . . . . . Años 1945 y 1950. . . . . . . . . . . . Años 1950-1955. . . . . . . . . . . . . Años 1955-1960 . . . . . . . . . . . . Otras canciones. . . . . . . . . . . . . Jotas, preferentemente navarras. . . . . Los cotilleos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . Los forasteros, chicos y chicas. . . . . . . . . . Los quintos. Los mozos y las mozas. Las bodas. Reciclaje frente a despilfarro. . . . . . . . . . . Rubias, reales y perrillas. . . . . . . . . . . . . Sustos y conmociones. . . . . . . . . . . . . . Tabernas-Tiendas. . . . . . . . . . . . . . . . . Titiriteros y comediantes. . . . . . . . . . . . . Vecinos, parientes, amigos. . . . . . . . . . . .

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ÍNDICE GENERAL

4. El habla en Magaña en 1950. Apellidos y nombres. . . . . . . . . . . . . . . . . Consideraciones sobre apellidos y nombres. Listado. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Apodos, motes, sobrenombres. . . . . . . . . . . . Consideraciones. . . . . . . . . . . . . . . Listado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Algunos topónimos magañeses. . . . . . . . . . . . Consideraciones. . . . . . . . . . . . . . . Listado. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Algunas palabras y dichos usuales. . . . . . . . . . Consideraciones. . . . . . . . . . . . . . . Listado de palabras. . . . . . . . . . . . . Listado de dichos . . . . . . . . . . . . . . Los refranes de Juana y otras expresiones. . . . . .

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5. Del pasado al presente y al ¿futuro? Para terminar. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Algunos datos referidos a Magaña hacia 1950, o mento en que se produjo el hecho. . . La viña convertida en era. . . . . . . . . . . . . La era convertida en huerto. . . . . . . . . . . . Raíces profundas. . . . . . . . . . . . . . . . . . ¿Seguirá floreciendo este árbol? Magaña no se extingue. Bibliografía

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205 . . . . . 205 al mo. . . . . 205 . . . . . 206 . . . . . 206 . . . . . 207 . . . . . 208 211


Listado de fotografías 1.

Busto de Buenaventura Herrero . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

1.1. Desde el “Cantincao” se ven aerogeneradores en el Alto de la Dehesa. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.2. Magaña y el río Alhama. (Foto de Paulino Fernández Ramos). . . 1.3. En la foto puedes ver los dos barrios del pueblo con sus dos ríos y el barranco del Reajo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.4. En la foto puedes ver los que fueron romerales, quemados, sobre el cauce seco del Alhama. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.5. Y en esta otra foto puedes observar la curva del río en el Molimanco y la Isla y los encinares del Vedado. . . . . . . . . . . . . 1.6. Panorámica del barrio de arriba desde la carrera. . . . . . . . . . . 1.7. El barrio de abajo en 1980. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.8. El barrio de abajo en nuestros días. . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.9. Las rozas otrora cultivadas (foto de 1973) y ahora abandonadas. . 1.10. El pueblo y, en los altos, los cultivos. . . . . . . . . . . . . . . . . 1.11. Los cultivos en los altos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.12. Diversas fotos del castillo: desde San Miguel, en 1984. . . . . . . 1.13. Desde las Hiruelas, en 1984. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.14. Desde el barrio de abajo, hacia 2002. . . . . . . . . . . . . . . . . 1.15. Desde las eras, en 2004. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.16. Desde los altos de San Cristóbal, en 2000. . . . . . . . . . . . . . 1.17. Foto actual de la iglesia y su espadaña. . . . . . . . . . . . . . . . 1.18. Foto de la parte visible de la antigua iglesia románica de Santa María, con detalles de cruces ¿templarias?. . . . . . . . . . . . . . 1.19. El retablo de la Iglesia de San Martín. . . . . . . . . . . . . . . . 1.20. San Martín, no caballero sino obispo, del siglo XVI. . . . . . . . .

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LISTADO DE FOTOGRAFÍAS

1.21. 1.22. 1.23. 1.24. 1.25. 1.26. 1.27.

Virgen del Rosario, ¿antigua patrona? . . . . . . . . . . . . . . . Virgen de Monasterios, traída a S. Martín hacia 1800. . . . . . . . Virgen de Verducea traída hace ¿225? años. . . . . . . . . . . . . Foto de los estribos que pasábamos en la infancia. . . . . . . . . . Detalle del coro. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Pila bautismal de piedra de una sola pieza. . . . . . . . . . . . . . Fotografía actual de las escuelas, hoy Ayuntamiento y centro de otros usos. Hermoso edificio ¿verdad? . . . . . . . . . . . . . . . 1.28. La ermita, desde San Miguel. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.29. La ermita: su acceso y espadaña . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.30. Vista de algunos pajares que sobreviven a los tiempos. . . . . . . 1.31. Ruinas románicas del ábside de la iglesia de San Salvador. . . . . 1.32. Los dos puentes de Barruso sobre el Alhama, medieval y de comienzos del siglo XX.Foto año 1984. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.33. De Trévago venían carnicero, aceitero, etc. Vista de su iglesiafortaleza. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.34. El Sermón del Monte, de aquella Historia Sagrada que tanto nos gustaba. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

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2.1. Foto de casi toda la familia. La madre y los mellizos. Año 1945. . 2.2. Foto de 1973: la casa del centro ya no existe; en ella nacimos mi hermana y yo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2.3. El primo Carlitos con los mellizos. . . . . . . . . . . . . . . . . . 2.4. Portada de un libro de cuentos de los cinco años felizmente recuperado. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2.5. El Moncayo desde Villarraso. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2.6. Cajón para cochinillos en los años 50. Foto del mercado tradicional de San Pedro. Año 2001. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2.7. Grupo de mozos en 1958. El más veterano, el abuelo Pepe, a los 83 años. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2.8. Escolares con el maestro, don Félix y el sacerdote, don José. Hacia 1951. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2.9. Las niñas con su maestra. Hacia 1951. . . . . . . . . . . . . . . . 2.10. Así eran los pupitres -nuestras mesas- bipersonales. . . . . . . . . 2.11. Con hucha de DOMUND incluida. . . . . . . . . . . . . . . . . . 2.12. Así era la escribanía del maestro. . . . . . . . . . . . . . . . . . .

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LISTADO DE FOTOGRAFÍAS

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2.13. Portada de la primera enciclopedia. . . . . . . . . . . . . . . . . . 68 2.14. Una página de Aritmética. No eran fáciles los quebrados o fracciones. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 68 2.15. Dos libros conocidos, uno de lectura individual y el segundo de escuchar al maestro. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 69 2.16. No era la gramática lo que más nos gustaba... . . . . . . . . . . . 69 2.17. El prisma se “veía” pero su perímetro y área lateral eran otra cosa... 70 2.18. Aprender y dibujar las costas no lo encontrábamos tan difícil... . . 70 2.19. Nos faltaba espacio para colocar tantos productos y animales... . . 71 2.20. La enciclopedia tenía mapas plegables de color: uno era el de España. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 72 2.21. Otro mapa de color: Europa. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 72 2.22. Para las Ciencias don Félix nos leía de ese libro “Un regalo de Dios”. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 73 2.23. Después de Viriato venía Numancia. . . . . . . . . . . . . . . . . 73 2.24. Lo de Rómulo, Remo y la loba nos gustaba. . . . . . . . . . . . . 74 2.25. No recuerdo si dibujamos alguna vez al Cid. Sería tarea difícil. . . 75 2.26. Portada del libro de Historia Sagrada. . . . . . . . . . . . . . . . 75 2.27. José soñaba y, al contarlo, irritaba a sus hermanos. . . . . . . . . . 75 2.28. Simpático personaje Sansón, ganador. No así los filisteos-palestinos... perdedores. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 75 2.29. También David pecó y lo pagó su hijo Absalón. . . . . . . . . . . 76 2.30. El Buen Pastor sugería paz, bondad, felicidad... . . . . . . . . . . 76 2.31. Maestro y comediantes. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 77 2.32. Niños y niñas a la entrada de la iglesia. Año 1951 ó 1952. . . . . . 77 2.33. De romero, siempre en flor, se hacían los ramos que se bendecían y llevaban a las casas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 80 2.34. El campanario y las campanas que un día perdieron un badajo. . . 82 2.35. La Virgen de Barruso, sin rosquillas, ¿románico tardío,s.XIII o réplica posterior? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 83 2.36. Así vestíamos para la primera comunión. (Fotoestudio. Soria). . . 85 2.37. Un “altar” del día del Corpus, esta vez con niños de comunión. (Autor, V. Zamora). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 85 2.38. Mercado tradicional de San Pedro. Un carro de los que en Magaña no hubo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 91 2.39. Así se trillaba hacia 1950. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 92


XXVI

LISTADO DE FOTOGRAFÍAS

2.40. Horcas, palas, medias, trillos, rastrillos... . . . . . . . . . . . . . . 2.41. Del mercado de San Pedro de agosto de 2001. El pastor: zurrón, manta y garrote. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2.42. Foto del empedrado reconstruido del juego de Rayas. . . . . . . . 2.43. Discurrir del río con Magaña al fondo. . . . . . . . . . . . . . . . 2.44. El río en la curva de San Juan. Obsérvese una canal. Año 1973. . . 2.45. El puente de Barruso: dos en uno. Allí tributa sus aguas el Montes. Año 2005. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3.1. 3.2. 3.3. 3.4. 3.5. 3.6. 3.7. 3.8.

3.9.

Entrada trasera. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . La camioneta. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Un bardal de los pocos que, probablemente, quedan. . . . . . . . . Ruinas y castillo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Historia de una familia magañesa emigrada. (Autor posible, Gabriel Zamora). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El tío Julio. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El tío “Pelitos”. (Autor desconocido). . . . . . . . . . . . . . . . El tío Saturnino, emigrante en Alcalá, visita su parcela, concentrada, en 1996. Le acompañan sus hijas Carmen y Dori, y los sobrinos Alfredo y Nuria. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Reloj nuevo (23-08-01) y campanas en la espadaña. . . . . . . . .

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5.1. Rafael y Petra en el huerto que riegan, también, con su sudor. . . . 207




Parte 1

Vamos a Magaña. Un poco de geografía, patrimonio e historia. 1.1.

Para situar al lector.

Cómo llegar. Lector amigo, si quieres acercarte a Magaña por primera vez, saldrás desde Soria por la variante o por el puente de piedra, el de siempre, hacia Almajano, La Losilla y el alto de la sierra. Detente aquí un poco y observa el cambio de vertiente. Has visto al sur la sierra del Almuerzo y al norte las del entorno de Oncala. Desciende e irás viendo el Moncayo y el Madero a un lado y la Alcarama al otro y algunos pueblos en el horizonte. Los aerogeneradores actuales hubiesen causado pavor a los siete Infantes de Lara cuando, de camino al Arabiana, se detuvieron, dicen, a almorzar ahí al lado. Pero no te fíes, lector viajero, que no todo es lo que parece. Un Don Quijote del tercer milenio no hallaría por estos lugares follones, malandrines, galeotes, yangüeses, cuadrilleros, venteros, condesas, bachilleres, barberos, curas, andresillos ni ginesillos, pues apenas quedan gentes. Pero sí se toparía con esos que allí ves, desaforados gigantes con los que intentaría trabar singular y descomunal batalla. Entre las montañas, siguiendo tu ruta descendente por Pobar y Villarraso, irás viendo abruptos terrenos que se inclinan hacia el río Alhama. Podrás pensar -y tendrás razón- que las tierras de cultivo de esas alturas deberían tener continuidad hasta la lejana plana aquella de San Felices y que el río Alhama no tendría que haber comido esos suelos fértiles, arrancado sus tierras y dejado esas laderas y ba-


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Vamos a Magaña. Un poco de geografía, patrimonio e historia.

Fotografía 1.1: Desde el “Cantincao” se ven aerogeneradores en el Alto de la Dehesa.

rrancos yermos. Mas así es la geología, así va escribiéndose la historia de nuestro planeta y así aprendemos los humanos a adaptarnos. Tal vez divises caseríos lejanos de pueblos como Valdelagua del Cerro y San Felices, de frente, o Fuentes de Magaña y Cerbón (apenas se ven) hacia la Alcarama. Pero no verás Magaña porque “engaña”, según el diccionario, aunque está, claro que está. Unas “revueltas” más abajo y tendrás a tus dos lados parte de los dos barrios que lo forman. Detente por un momento y espera al viajero que acaso venga de San Pedro Manrique y, al bajar por las revueltas de San Miguel y ver el castillo, se anime a entrar en el pueblo. O tal vez proceda de Zaragoza y el Moncayo y por Matalebreras, Castilruiz y Trévago haya llegado hasta el “Cantincao” y se sienta, como tú, engañado por no divisar el pueblo de destino. A poco que persevere habrá llegado a las faldas del cerro del castillo y habrá visto el cartel indicador: Magaña. Viajero, has cambiado las imponentes vistas del Moncayo-desde Villarraso o


1.1 Para situar al lector.

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Fotografía 1.2: El cerro rocoso del Castillo sería buen testigo de la labor de desgaste que en millones de años han hecho el río Alhama y sus afluentes. Las tierras altas -con cultivos- en línea con la “llana de San Felices” contrastan con las hondonadas por cuyo lecho discurre el río. El río arañó y transportó los materiales que “faltan” hasta el Ebro y, con éste, hasta el Mediterráneo.

Valdelalosa o el “Cantincao” mirando atrás- por la de un señorial y llamativo castillo de un pueblo, entre ríos, a decir de todos, pintoresco. Lo expresa Saturnino, mi tío, en verso: El pueblo tiene dos ríos y un castillo abandonado el que escalé muchas veces cuando sólo era un muchacho. Pero antes de entrar lee y piensa conmigo.


Vamos a Magaña. Un poco de geografía, patrimonio e historia.

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Fotografía 1.3: En la foto puedes ver los dos barrios del pueblo con sus dos ríos y el barranco del Reajo.

Algo de toponimia. Este maestro de escuela jubilado que te sirve de guía se ha preguntado muchas veces por el topónimo “Magaña”. A mi primo Alfredo Zamora le han dicho que es vascuence y que significa “bajo el cerro”. Así están ubicados ambos barrios, bajo cerros. Curioseando mapas de Navarra y Guipúzcoa he podido comprobar la abundancia de topónimos terminados en “ain”, “aina”, “aña”, con un significado relacionado con alto, cerro o así. Como ya te he dicho, para el diccionario, magaña -con minúscula, derivado del italiano “magagna”- es engaño; y tal ocurre por su topografía y la ubicación del caserío. Para otros ese engaño habría podido ser una emboscada en la Reconquista, de la que no hay noticia. Sin embargo, Pancracio Celdrán, en su “Diccionario de topónimos españoles y sus gentilicios” (Espasa) explica el topónimo “Magaña” - explicación en la que incluye, como Madoz, un pequeño error geográfico: “dividida en dos por el río Alhama”-como originado en el sintagma latino “Magnus Amnis”, muchas o abundantes aguas. De camino,


1.1 Para situar al lector.

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lector, lo habrás visto; y ahora, ya en el pueblo, lo puedes comprobar: dos ríos y muchos barrancos. De “Magnus Anna” a “Maganna” y “Magaña” hay algunos pasos que, con el tiempo, los hablantes han recorrido. A mi juicio es la explicación acertada. He visto el término “Maganna” -y “Maganniella”- en el libro “Fuentes medievales sorianas” -Ágreda I y II-, de la Diputación Provincial de Soria, donde se transcriben actas de transacción de tierras en la primera mitad del siglo XIV. Por ejemplo, en Ágreda II:“Diego Gomes de Maganna e un su fiio” se ven envueltos en un pleito, con vino de por medio en una taberna de Trévago, acusados de robar un rocín “e que gelo levaron contra Maganna” (nº 167). O en el nº 639 es testigo en Ágreda de un pago Alfons Ferrans, fiio de Diego Garçes de Mahanna. (Aquí hay la única variante del nombre ). Sería cuestión de bucear en fuentes más antiguas y... He visto el apellido Magaña en Soria y Zaragoza. Y en Despeñaperros hay un río Magaña que permite fantasear sobre si no sería algún trashumante magañés quien llevase el nombre hasta allí. Incluso tal vez fuese en el río Magaña donde Cervantes hizo recrearse a don Quijote en sus aventuras por Sierra Morena... José Mª Marín me hizo saber que hasta en la Gomera hay un lugar llamado Magaña...

Clima, vegetación, flora y fauna. Te encuentras en Castilla, a más de 900 m de altitud, lo que quiere decir que sufrirías fríos inviernos e irregulares y cortas primaveras; disfrutarías de un corto y no en exceso caluroso verano y de un más largo y suave otoño. En las últimas décadas parece que las no muy abundantes lluvias y nieves se han visto reducidas de modo que ríos, fuentes y pilones han sufrido severos estiajes o se han secado. Como puedes comprobar, la vegetación escasea, más todavía en las solanas y laderas otrora roturadas, lo que no quiere decir que no puedas observar toda una rica flora, como te expongo más adelante. En fin, todo cambia de los altos a las solanas y hondonadas, en las que en los años 50 del pasado siglo se cultivaban los frutales , bien es verdad que con claras limitaciones como muestra esta estrofa de mi tío Saturnino: ... Y así en año y vez, que es como entonces le llamaban, el árbol aún no muy grande buen melocotón nos daba. El llamado año y vez es


Vamos a Magaña. Un poco de geografía, patrimonio e historia.

8 que el frutal en producción un año te da la fruta pero al siguiente NO.

Testimonios documentales hay sobre el cultivo generalizado de la vid en pasados siglos... Durante el camino, habrás observado, lector, además, el paisaje y alguna que otra ave... Te informaré brevemente sobre la flora y fauna del lugar. En las solanas, muy abrigadas y soleadas, hay y había abundantes aliagas, tomillos variados y romerales, base éstos de una magnífica miel -pues las plantas no eran tratadas con insecticidas, herbicidas...-. En las umbrías verás robles en el monte público comunal, en lo que llaman la Dehesa, y encinas en los montes privados de Peñaraje y el Vedado. Puedes añadir sabinas y enebros, espinos, “escalambrujos”, endrinos, gayubos, etc. y, sobre todo, muchas “estrepas” en las tierras altas. La belladona, el helecho macho o dentabrón, la planta digital y otras podrías ver por las riberas del río si buscases cuidadosamente - como me recuerda Nuria, mi hermana-. Y también aquellos “panecillos” que nos gustaba “comer” de chiquillos, o, como me dice José-Luis Gómez, “el secretario”, las “cerealbas”, un tanto amargas, o el “amugue” y la “cascarria”, que él recuerda como una especie de bulbos, que de chicos él y sus colegas buscaban alegremente por el cerro de la Horca o por la Dehesa. Entre los animales grandes tal vez tengas la suerte de ver jabalíes, ciervos y corzos en horas del atardecer, ahora muy abundantes tal vez por la extensión y espesura de los bosques y arbustos, por la despoblación humana y por la reducción de cultivos en las peores tierras. Sigue habiendo, pero menos, el conejo y también la liebre, así como zorros, fuinas, comadrejas, topos, etc. Entre las aves, en 1950 veíamos llegar las grullas, pararse en las almenas del castillo con un estrépito de “cru-cru” y marcharse a la mañana siguiente; parece que esto ocurre en la actualidad. Seguirán cantando las codornices, las cardelinas, de las bonitas y de las feas, -también llamadas jilgueros en otros lugares; y pajarillas y turis en Soria, cuya captura en los cardos de una zona concreta dio lugar al nombre ahora conocido como “Los Pajaritos”-. Se siguen cazando las palomas torcaces, que rinden ciertos beneficios al pueblo. También venían, y siguen viniendo, los abejarucos, que tanto dañaban a los colmenares, pero que tan vistosos eran por su rapidez y colorido. Año tras año vuelven los “ocetes” -vencejos o aviones-, los “culiblancos” y las golondrinas: éstas seguirán parándose en el tendido eléctrico en los días lluviosos de primavera, como los ocetes seguirán volando en bandadas, tan rápidos e ince-


1.1 Para situar al lector.

Fotografía 1.4: En la foto puedes ver los que fueron romerales, quemados, sobre el cauce seco del Alhama.

Fotografía 1.5: Y en esta otra foto puedes observar la curva del río en el Molimanco y la Isla y los encinares del Vedado.

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Vamos a Magaña. Un poco de geografía, patrimonio e historia.

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santes, con sus característicos ruidos -“brrriiii, brrriiii” y su acercarse a la pared de la iglesia. Supongo que quedarán alcotanes, aguiluchos, cernícalos, cogujadas, “culalbas”, “pitorriales”, martinetes y tantos otros, claro que bastantes de estas aves sólo se ven en temporada por ser migratorias. Seguirá anidando el buitre en Peñaraje, aunque ahora tenga la competencia de los centenares de buitres del cercano Valdelavilla. La caza -perdiz, conejo, ciervo y corzo, jabalí, etc.-, que hace de Magaña un lugar de privilegio, ya se cita en documentos de anteriores tiempos, como podrás comprobar si lees alguno de los apartados posteriores. Pero ahora parece ser menos abundante. En fin, ahora podría haber más víboras y culebras al no tener tantos perseguidores (siempre intentábamos matarlas) y mucha más maleza. Parece que ahora hay menos peces que en aquellos tiempos. Y es que apenas hay agua... Y supongo que seguirá habiendo ranas y cucharetas como entonces, así como “juanachos”, pues así llamábamos a los sapos, aquellos que hacían “cucu” por las noches y que perseguíamos al levantar las losas de algunas calles... Del mundo de los insectos recuerdo los tábanos, que nos producían aquellos “habones” visibles en nuestras piernas desnudas. En aquellos tiempos había una serie de alimañas por las que en ocasiones el Ayuntamiento daba dineros: zorros, picarazas, etc. Alimañas y conejos, liebres o perdices se cazaban sigilosamente con cepos, lazos y losas. Y así dice Saturnino en la estrofa: ... Los topos, ratas y liebres dejan marcada carrera en ella se pone el cepo y al pasar en él se quedan.

En el pueblo. Llegado al pueblo puedes descubrir dos barrios, el de abajo y el de arriba, con sus respectivos ríos, Montes y Alhama, que confluyen bajo el cerro del castillo. En el barrio de arriba hallarás iglesia, escuelas y tienda-bar, así como el caserío más extenso, y el castillo. Desde el único bar puedes observar el barrio abajo y el río Montes, que desciende desde Valtajeros y su sierra, tal vez con poca o nada de agua. Si te acercas al atrio de la iglesia se ofrecerá a tu vista todo el barrio de arriba y a sus pies el Alhama, que procede de Suellacabras y la sierra del Almuerzo -que tú has visto, lector-, ocultos tras esas montañas que aquí llamamos las Laderas.


1.1 Para situar al lector.

Fotografía 1.6: Panorámica del barrio de arriba desde la carrera.

Fotografía 1.7: El barrio de abajo en 1980.

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Vamos a Magaña. Un poco de geografía, patrimonio e historia.

Fotografía 1.8: El barrio de abajo en nuestros días.

Las tierras laborables las has podido ver en los altos por donde has pasado. Ahora no ves otra cosa que cerros y laderas que en los años 50 fueron “rozas”, tierras roturadas. Y en el fondo, junto al río, algunos huertos, ahora tal vez abandonados. Aciertas si imaginas que tantos cerros, cuestas y peñascos, barrancos y ríos, generaron gentes duras, laboriosas, resignadas, austeras, tal vez desconfiadas y... ahorradoras. Y sigues acertando si imaginas, lector, -tal vez lo “veas”- que la escasa fertilidad de esas laderas se escapó, en paralelo con las gentes más jóvenes, con las sangrantes tormentas, por torrenteras y barrancos, al río Alhama, hacia el Ebro riojano, navarro, aragonés y aún catalán. Y no tierras, pero sí hombres y mujeres, siguieron el camino opuesto hacia poniente: Soria, Madrid..., como en otros tiempos sus antepasados seguían los caminos que llevaban a los molinos de aceite de Andalucía y, acaso, a los pastos de trashumancia.


1.1 Para situar al lector.

FotografĂ­a 1.9: Las rozas otrora cultivadas (foto de 1973) y ahora abandonadas.

FotografĂ­a 1.10: El pueblo y, en los altos, los cultivos.

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Vamos a Magaña. Un poco de geografía, patrimonio e historia.

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Fotografía 1.11: Los cultivos en los altos.

Un castillo señorial. Pero... no te conformes con mirar desde el pueblo, pues tienes una atalaya mejor. Sin mucho esfuerzo puedes subir al castillo por suaves escaleras y corta rampa. No tengas demasiado miedo al precipicio, da la vuelta a casi toda la muralla exterior y ve observando el paisaje, también hacia Levante: por el puente, que no es uno sino dos, de Barruso; San Miguel, la Rastra y la Fuente del Cepo, el Vedado... Pasa ahora al recinto interior. Esa torre, del homenaje, pudo emparentarse con las torres fortaleza de Trévago y Ólvega, y las de cabecera del Rituerto (¿conoces los vídeos “Soria paso a paso” o los del Románico de Peridis?), siglos IX al XI. Y luego, engrandecida y ya en el siglo XV, sería acompañada del resto de la construcción. No lo mires desdentado, privado de sus mejores piedras; imagínalo total, pleno, con techumbres, viviendas, aljibe, algún vigilante haciendo la ronda; gritos, caballos... Vuelto a la realidad, verás que no hace mucho tiempo han restaurado algo. Tuvieron que “matar” la hiedra que lo adornaba hacia saliente pero que lo deterioraba abriendo sus muros. En el patio de armas te asomarás al aljibe, ahora limpio y cerrado. ¿O no es un aljibe y en realidad, con su apariencia, oculta un


1.1 Para situar al lector.

FotografĂ­a 1.12: Diversas fotos del castillo: desde San Miguel, en 1984.

FotografĂ­a 1.13: Desde las Hiruelas, en 1984.

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Vamos a Magaña. Un poco de geografía, patrimonio e historia.

Fotografía 1.14: Desde el barrio de abajo, hacia 2002.

Fotografía 1.15: Desde las eras, en 2004.


1.1 Para situar al lector.

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Fotografía 1.16: Desde los altos de San Cristóbal, en 2000.

pasadizo que llevaba al río? Eso se decía... La torre fue escalada por un maestro que hubo en el pueblo, don Rufino, quien colocó la cruz todavía visible. Una cosa más te contaré. De críos nos asíamos a unas piedras salientes de la pared de la hiedra y por un hueco o ventanal que ves y unas escaleras que tú no ves, subíamos a la muralla. La recorríamos y por otro hueco, éste ya en la torre del homenaje, nos metíamos en la “sala honda”. Las paredes de ese vano, hueco o ventana que ves ahí mismo están grabadas con los nombres de casi todos los que un día fueron niños y entraron en la “sala honda”. Una reflexión en torno al castillo y a “la Magaña” de los siglos XV y XVI. ¿Te imaginas, magañés, o afín, o curioso viajero o lector, el frenético ritmo, la incesante actividad, el continuo movimiento de gentes y animales por las calles y caminos de Magaña en aquellos siglos (hace 600 años)? La Magaña que levantara el puente viejo -tal vez lo primero de todo- y el castillo -primero ampliando la torre del homenaje y luego construyendo el doble recinto que todos conocemos-; la Magaña, posterior, que edificase la nueva iglesia, la de San Martín, tal vez a finales de siglo o en el siguiente? ¿Imaginas los cientos de obreros a lo largo de cientos de días y aun meses y docenas de años? Seguro que vinieron trabajadores y especialistas de muchos lugares y algunos legarían sus apellidos a la posteridad. Algún


Vamos a Magaña. Un poco de geografía, patrimonio e historia.

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autor cita la posible cifra de 500 vecinos-acaso 2000 personas- en la Magaña de 1416. ¿Imaginas los barrios, las calles, las casas, con gentes y más gentes? Voy a atreverme a poner palabras a mis pensamientos. Canteras con canteros especialistas y picapedreros; caleras con caleros y aguadores; tejeras con tejeros y aguadores; madereros, leñadores-buenos hacheros-; transportistas, es decir, burreros y muleros que portasen la piedra, la cal, las tejas, las maderas, el agua en los puntos de obras-para éstas y para sus andamios extraordinarios-; arquitectos e ingenieros de la época, albañiles especialistas, carpinteros, herreros, pintores, decoradores, tejedores, tintoreros, ... Y los agricultores, viticultores, ganaderos, tenderos, clérigos...Y seguro que Magaña fue punto de interés para muchas personas de fuera, pudientes claro, que viniesen a compartir con los señores marqueses el proceso de las obras y las posteriores fiestas de inauguración: músicos, bailarines, payasos, artistas de la más variada especie...

La iglesia. Dedicada al patrón, San Martín de Tours, el de la capa: “San Martín caballero (tres veces) danos salud, tranquilidad, paz, trabajo y dinero” nos hacía repetir nuestra madre a mi hermana y a mí de chiquitines antes de acostarnos. Su fiesta se celebraba -y se celebra- el 11 de noviembre; ahora, al parecer, con una buena sardinada. La iglesia sustituyó a otra antigua, de Sta. María, románica, de la que puedes ver algún vestigio desde la plaza. Tiene algo de gótica, acaso ya del s. XV aunque concluida en el siglo XVI; de una nave con ábside poligonal, capillas laterales, coro, bóveda de crucería, estrellada en su cabecera. Su retablo mayor, de Francisco Berchán, de la escuela de Logroño, 1584, es bien valorado por cuantos estudiosos se han ocupado del conocimiento de nuestro pueblo: Blasco, Martínez, Pérez Rioja, Rabal, entre otros. 1 Tiene también una torre camuflada aunque antes fue, y es, espadaña. En su interior tiene también varias imágenes de vírgenes: la de Verducea, que procede de la antigua iglesia del mismo nombre, situada en el Reajo, cerca de la fuente; y la de Monasterios, traída en los comienzos del siglo 1

Es Alfredo Zamora, mi primo, quien aporta datos curiosos fiables sobre su realización: se encarga en 1582; se paga en este año y en 1584 -38.182 y 35.564 maravedís-; se coloca en 1588. Es de nogal. Lo dora y pinta Agustín de Leonardo, de Tarazona, quien cobra en tres plazos de 2365, 200 y 215 reales en los años 1608, 1611 y 1615. El escultor Andrés de Cabredo, de Nájera, colabora y cobra 100 reales. El finiquito es de 1621.


1.1 Para situar al lector.

FotografĂ­a 1.17: Foto actual de la iglesia y su espadaĂąa.

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Fotografía 1.18: Foto de la parte visible de la antigua iglesia románica de Santa María, con detalles de cruces ¿templarias?.

XIX a la iglesia de San Martín. Ambas puedes verlas fotografiadas ahí al lado. Y hay una tercera sobre la que me asegura José-Luis Gómez H. que fue la patrona de Magaña; imagen barroca sobre fondo neoclásico no parece que sea la imagen de Santa María, la que daría nombre a la antigua iglesia de ese nombre, quizá la principal del pueblo en su día... Y ahora te contaré tres cosas que tú, viajero, probablemente no harás. De chiquillos subíamos por la escalera de caracol hasta la torre a “bandiar” las campanas, la pequeña y la grande, según edades; eso sí, con el señor cura o con su “bendición”. Otras veces, desde el “caracol” comprobábamos lo difícil que era andar sobre la bóveda y llegar a donde, en la semana santa, algunos hombres se colocaban para tirar de las sogas al montar el “monumento”: eran hombres bajitos, como el tío Tadeo. ¡La de Verducea! ¡La del Rosario! y soltaban la cuerda correspondiente. Una tercera cosa te quería contar: si rodeas el ábside verás unos “estribos” en y entre los contrafuertes que lo protegen y ornamentan, como a un metro o poco más de altura, por los que pasábamos a los ocho o nueve


1.1 Para situar al lector.

FotografĂ­a 1.19: El retablo de la Iglesia de San MartĂ­n.

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Fotografía 1.20: San Martín, no caballero sino obispo, del siglo XVI. Fotografía 1.21: (drcha.) Virgen del Rosario, ¿antigua patrona?

Fotografía 1.22: Virgen de Monasterios, traída a S. Martín hacia 1800. Fotografía 1.23: (drcha.) Virgen de Verducea traída hace ¿225? años.


1.1 Para situar al lector.

FotografĂ­a 1.24: Foto de los estribos que pasĂĄbamos en la infancia.

FotografĂ­a 1.25: Dos tramos del coro de yeso, reducido en parte al remodelar la puerta de entrada.

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Fotografía 1.26: Pila bautismal de piedra de una sola pieza.

años. Otras cosas te contaré más tarde en relación con la vida en la iglesia.

Las Escuelas, un don de Buenaventura. El tercer edificio destacado es el de las escuelas, que fueron nuevas cuando don Buenaventura Herrero donó el dinero para su construcción, tras expropiar majada y corral de Indalecio Pascual y Estefanía Gómez. Puedes leer algo en la piedra al ver el busto del benefactor en la fachada. Fueron inauguradas como alumnos por Justino, Félix, Prudencio y demás magañeses de su época. A los de mi tiempo nos tocó asistir a ellas en los años 40-50; a mi hermana y a mí, desde 1949 a 1954. Un día desaparecieron los niños (¿ne-


1.1 Para situar al lector.

Fotografía 1.27: Fotografía actual de las escuelas, hoy Ayuntamiento y centro de otros usos. Hermoso edificio ¿verdad?

Fotografía 1.28: La ermita, desde San Miguel.

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cesitaba Hamelín niños para Barcelona, Madrid, Zaragoza, Soria...?) y la escuela se cerró. En la planta alta del edificio se ubica ahora el ayuntamiento y un espacio para ocio en la planta baja.

Otros edificios y construcciones. Al este del castillo tal vez hayas visto un edificio, en la ladera, próximo a la carretera y al puente. Se trata de la ermita. Puedes ir allá por la “carrera” y volver por la carretera. Tiene alguna piedra que denota trabajo en siglos remotos (autores hay que citan una iglesia en el barrio de Barruso) y acoge a la patrona, la Virgen de Barruso. Algún cuadro desapareció en 1938 y otras piezas fueron defendidas por los magañeses en 1960. De Barruso te digo algo en otro lugar. Otro edificio, sin interés arquitéctónico, de cierta relevancia en la historia del pueblo, es el antiguo ayuntamiento, junto a la iglesia y el juego de pelota, cuya planta inferior es la casa concejo, lugar de juegos, bailes y encuentros. Fue a la par construido como ayuntamiento y como escuelas. De casas de vecinos, esas casas señoriales con escudos, aleros, gárgolas y esas cosas, no podemos presumir en mi pueblo (ni la de los Córdovas); eran y son tierras y hombres humildes. De todos modos observarás que algunas han crecido “o se han remozado” en los últimos años; y hasta han brotado algunas nuevas... También puedes ver numerosos pajares, algunos en ruinas tal vez, con sus paredes de tapia de otros tiempos y sus puertas acaso de enebro. Y en los desniveles, entre paredes, calles y casas, observarás espacios ahora llenos de zarzas o de brozas y arbustos, que en mi tiempo eran “pajueros”, es decir, pajuceros donde la paja esperaba pacientemente su putrefacción y transformación en “ciemo”. Algunas majadas pueden verse quizá en en el casco del pueblo, aunque las más se hallan en las proximidades -pocas- y alejadas, en todos los puntos cardinales -muchas-, probablemente ya en ruinas. Otras iglesias y ermitas hubo en pasados tiempos. Quedan piedras y nombres: San Salvador, San Miguel, acaso San Juan, Monasterios y Verducea. Sus gentes desaparecieron: ¿por la peste? ¿trasladados a los actuales barrios? ¿o acaso repoblaron Ágreda y edificaron la muralla de su barrio y su iglesia “Nuestra Señora de Magaña”? Hay también un puente antiguo, el de Barruso, probablemente de inicios del siglo XV, junto a otro de principios del siglo pasado. Y muy cerca hubo otro, que fue “nuevo” y “grande”, y que un día, herido, fue derribado y no restaurado: de piedra caliza azulada y labrada, compuesto de dos ojos, uno gigante sobre el


1.1 Para situar al lector.

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Fotografía 1.29: La ermita: su acceso y espadaña

río y un camino de la orilla derecha; y otro ojo, menor, sobre la acequia y el camino del molino. Y arriba, con un vistoso pretil, perforado por dos huecos, a su vez con un pivote en medio, en cada uno de los dos lados. La carretera de Castilruiz a Villanueva de Cameros, o de Matalebreras a San Pedro, pasaba por allí. Unos treinta años atrás fue sustituido por un tubo metálico y mucha tierra, algo tal vez funcional pero nada bello. R.I.P. Desde la residencia de ancianos donde se encontraba me contaba Agapita Pascual, mi tía, cómo hacia 1930 vino el Sr. Gobernador Civil a presidir su inauguración, siendo alcalde “el tio M.”, y escuchó unos ripios que Benigno Pascual había compuesto y que, entre otros, decían: “A un kilómetro del pueblo tenemos la carretera, a Su Excelencia pedimos que nos


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Vamos a Magaña. Un poco de geografía, patrimonio e historia.

Fotografía 1.30: Algunos pajares sobreviven a los tiempos. Observa sus “cimientos” de roca, su inicio de piedra y su continuidad en tapia: mortero de barro, paja y ripio menudo. Y el enebro que perdura.

Fotografía 1.31: Ruinas románicas del ábside de la iglesia de San Salvador.


1.2 Algo de historia.

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la empalmen siquiera.” Y estaba el puente adornado y la gente tenía miedo a que el viento o la tormenta estropeasen la fiesta. Y otra anécdota recuerdo en relación con la carretera que esperaban en aquellos años. La contaba mi tío Julio y se reía con ella. La refería “al Carlos” que cuando leía el “papel” comentó esto: “CARRETERA PARA MAGAÑA” cuando tendría que haber leído “CARTELERA PARA MAÑANA”, pues era la sección de cine la que estaba mirando, eso sí, con precipitación y por encima, pues no entendáis mal, que no había por Magaña la especie de analfabetos jóvenes.

Fotografía 1.32: Los dos puentes de Barruso sobre el Alhama, medieval y de comienzos del siglo XX.Foto año 1984.

1.2.

Algo de historia.

Un trabajo. “Magaña, toda una historia” es un trabajo de Eduardo A. H., descendiente del pueblo, para el ayuntamiento, en el que se resumen datos históricos y de los


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Vamos a Magaña. Un poco de geografía, patrimonio e historia.

edificios antes citados, que te recomiendo leer si estás interesado. Podrás ver ahí que Alfonso VIII estuvo aquí el 14 de junio de 1181; que Magaña constituyó una pequeña Comunidad de Villa y Tierra, con varios pueblos próximos; o que gentes de Magaña participaron en la repoblación de Ágreda, como has leído antes; que mediado el siglo XV el señorío de Magaña pertenecía al condestable don Álvaro de Luna; en fin, que el castillo perteneció después al marqués de Vadillo (como me contaba mi padre hace 50 años) y luego a los Alba (lo que yo nunca oí de niño y luego he leído en diferentes trabajos, entre ellos el citado). Y si quieres bucear de modo más extenso te animo a leer el apartado que sigue y a que tú mismo consultes las fuentes que en el mismo te cito. Pero antes permíteme, lector, que te diga que la villa de Magaña perdió su seña de identidad, digamos su emblema: su rollo o picota. La tuvo que tener. Y a este respecto recuerdo el “rodillo” sobre el que nos resbalábamos de chiquillos y que consistía en un cilindro de piedra, arenisca creo; lo veíamos por las inmediaciones de la iglesia, sobre todo en la plaza, y ha desaparecido. Después de pensar en la posibilidad de que fuese parte del citado rollo, me confirma esa realidad José-Luis G.H. y me refiere que estuvo situado junto a la casa de su tío Isidoro. En otro tiempo estaría en el cerro de la Horca, probablemente junto al camino de Villarraso, Pobar y Soria.

Una aproximación a la historia de Magaña. Aunque desborda mi primera intención que era recordar mis vivencias de infancia en Magaña, acompañarlas de unos sucintos datos generales de introducción sobre la geografía y la historia del pueblo, así como exponer unas reflexiones sobre el paisanaje, sus costumbres, nombres, lengua..., resulta que conforme voy escribiendo lo previsto me voy animando y ampliando los primeros objetivos. Tal puede ocurrirme con el habla y con la historia del pueblo. Al encontrame en Soria y disponer de tiempo libre, me he acercado por la Casa de Cultura de Soria, he accedido a la sala que llaman de Investigación y de Información Provincial (o Local) y he tomado contacto con libros que alumbran información de la que yo tenía escasas referencias y que es interesante. Y tengo en mente consultar documentos en al Ayuntamiento y en el Archivo Histórico Provincial de Soria, pero sólo “un poco”. De ahí que incluya los apartados que siguen referidos a hechos relacionados con la historia de la que fue Comunidad de Villa y Tierra.


1.2 Algo de historia.

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Relación de títulos y autores consultados y breve síntesis de los aspectos referidos a Magaña. 1. Censo del marqués de la Ensenada. Años 1756 y 1759. En el segundo refiere datos sobre número de nobles, jornaleros, pecheros o no, con y sin oficio. 2. Censo de Floridablanca. Año 1787. Da datos de Categoría, Autoridad, Jurisdicción, Intendencia, Partido, Población en número de vecinos (familias). 3. Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar. 1845-1850. Pascual Madoz. Cita Magaña como Ayuntamiento, part. judic. de Ágreda, Audiencia Territ. de Burgos, diócesis de Calahorra; dos barrios separados por el Alhama (error que repite P. Celdrán); escuela de instrucción pública dotada con 930 reales y ubicada en la casa consistorial;100 casas; iglesia de San Martín Turonense , matriz de las de Cerbón, Fuentes y Valtajeros; tiene 1 cura, 8 beneficiarios y 1 sacristán que es presbítero; 1 castillo; 1 puente; caminos a los pueblos próximos; correo balijario (sic) a Soria; produce centeno, cebada, arbejas, algo de cáñamo, patatas y verduras; hay leñas y los pastos son buenos; 4 molinos harineros y algunos telares de lienzo ordinario; en invierno muchos emigran a Andalucía y Extremadura de pastores y a los molinos de aceite. Venden frutas, ganado y lana; compran lo necesario. 94 vecinos y 130 almas (¿ no son pocas?) 4. Historia de Soria. Nicolás Rabal. Año 1889. Da generalidades referidas a los pueblos de la Sierra y cita el castillo, del marqués de Vadillo a quien se paga tributo (feudo), y la migración temporal a Andalucía. 5. Historia de Soria. Vol. II. J.A. Pérez Rioja y otros. Año 1985. Hace referencia a muy diferentes tiempos y temas. Aporta varios refranes, alude a la importancia que debió tener Magaña en la transición del Medievo al Renacimiento; a Enrique II, los Luna, Villena, etc.; a los tintes del s. XVIII; la trashumancia de 3125 ovejas de un ganadero de Ágreda-Magaña, del conde de Villaurquina, creo que en el s. XVIII; al retablo de Fco. Berchán de 1584; a la incorporación de Magaña en 1834 a Ágreda, una de las cinco jurisdicciones en las que se dividió Soria. 6. Las Comunidades de Villa y Tierra de la Extremadura Castellana. Gonzalo Martínez. Año 1983. Es uno de los que más información aporta. Comunidad


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Vamos a Magaña. Un poco de geografía, patrimonio e historia. nº 3, Magaña. 85,78 km cuadrados; al ser la menor tiene escasa documentación; cuenca del Ebro, diócesis de Calahorra; posibles orígenes cristianos en el s. X; documentos de 1181 (Alfonso VIII), 1188 (bula de Clemente III), 1192 ( bula de Celestino III); 1195 cuando Blasco de Magaña vende tierra al prior del Cabildo de Calahorra; enumeración de las aldeas componentes de la Tierra de Magaña (por deducción de documentos de otras comunidades); límites de la C. de V y T. de Magaña; referencia al Condestable Luna quien en el s. XV recibe señorío sobre nuestra Comunidad, con el añadido de más aldeas; refiere cómo con Floridablanca esas aldeas se reparten en cuatro partidos, Magaña para Villena (con Cerbón, Fuesas y Villarraso); habla sobre tres despoblados: Los Casales, Los Castellares y la Mora, y otro más junto a Valdelaguna que podría ser parte de los Castellares; cita seis parroquias en Magaña: Sta. María, San Salvador, San Miguel, Sta. María de la Vega, Sta. María de Verducea y Sta. María de Barruso. 7. Nomenclátor histórico, geográfico, estadístico y descriptivo de la provincia de Soria. Manuel Blasco, J. Año 1880. Aporta también mucha información. 600 habitantes; dos barrios, la Vega y la Solana; Audiencia Territ. de Burgos; Capitanía Gral. de Zaragoza; iglesia de San Martín, con balaustrada del coro-yeso- de tres estilos y con altar mayor de excelente talla; parroquia matriz de las de Cerbón, Fuentes y Valtajeros; escuelas completas de niños y niñas dotadas con 625 reales, casa y retribuciones; 1 profesor-médico, 1 tienda de coloniales, 2 de comestibles y bebidas, 3 molinos harineros; cita tres lugares de jurisdicción; alcalde mayor nombrado por el marqués de Vadillo a quien pagan feudo; supone a Magaña pueblo descendiente de lejanos pueblos en el tiempo, que sufriría la Reconquista y las luchas entre Aragón, Navarra y Castilla (La Rioja era soriana); cita el castillo y los límites; nombra el convento de Monasterios, activo a principios del siglo XIX y refiere el traslado posterior de la virgen a la iglesia de San Martín; vuelve la vista atrás para situarnos en 1416, año en que fecha un documento -que no precisa- en el que cita la existencia de tres iglesias y cinco barrios: Hiruelas, San Miguel, San Salvador, Santa María de la Vega y la Solana, así como la existencia de 500 vecinos (que no habitantes) y de mercado semanal; contrasta luego esa población con la de su tiempo -1880- que era de 134 vecinos; habla de una cueva de 200 metros en las Hiruelas y de una sima en Malbalbao, por Peñacuervos y Peñamelera; cita los montes, la dehesa


1.2 Algo de historia.

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boyal. Y añade algo que a mí me parece muy curioso y que me obliga a replantearme el momento al que me refiero en el apartado “TOPONIMIA”, paraje VALDECUBEROS, sobre el posible origen de esa palabra. Se trata del VIÑEDO. Supone que tiempo atrás- ¿siglos XV, XVI, XVII...?- el viñedo tuvo importancia en Magaña ya que, según un documento, que no cita, se pagaba un diezmo de 500 arrobas de vino; añade después cómo a principios del siglo XVIII un magañés, Juan Ángel Izquierdo, quiso reintroducir el cultivo en el pueblo sin conseguirlo; y cómo en el siglo XIX -1870- el cura don Antonio del Pueyo y don Esteban Córdoba lo intentaron de nuevo, fracasando por la filoxera. Para terminar alude a esa falta de fortuna en paralelo a la falta de comunicaciones -caminos de herradura- que impiden exportar las nueces y otros productos del pueblo. 8. Por los pueblos de Soria. Miguel Moreno y Moreno. Año 1957. Muestra conocimiento del pueblo pero no añade nada nuevo. Y sigue llamando la Vega y la Solana a los dos barrios que nosotros llamábamos de Arriba y de Abajo. 9. Por los pueblos de Soria. Goig Soler. Año 1995. Cita el pago de piso, mozo y vecino; el antiguo bibitoque(sic) o almendreque; el artaguitón(sic) y el mostillo; las “Aleluyas” del Sábado Santo y la procesión del Encuentro en la Pascua de Resurrección; cita, por fin, varias fuentes (manantiales) en Magaña y Suellacabras. 10. Soria a través de sus pueblos. Diario de Soria. Año 1998. Cita un castro de la 1ª edad del Hierro y la sardinada de San Martín, como aspectos más relevantes. 11. Catastro del Marqués de la Ensenada. (Último en ser consultado, primero en antigüedad). Entre los muchos datos que aporta y, tras una lectura ultrarrápida, trataré de resumir los que me han parecido más significativos. Apellidos: Abad, Alcalde, Anguiano, Ballejo, Blanco, Córdoba, Carrascosa, Gómez, Herrero, Izquierdo, Jiménez, La Seca, Las Heras, Martínez, Montes, Pascual, Recio, Sanz, Valer, Zamora. (Puede haber otros). Empleos, funciones, oficios: 1 gobernador, 2 regidores, 1 procurador, 1 alguacil, 3 artesanos de molinos (en 2 molinos), 1 artesano de batán, varios pastores, 2 albañiles,


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Vamos a Magaña. Un poco de geografía, patrimonio e historia. 1 perayre, 3 jornaleros, hiladores de paño basto, 3 sacerdotes y 1 beneficiado de la Iglesia, además, vacante, 4 pobres de solemnidad (1 viuda)... Diezmos: un tercio para el Cabildo catedralicio de Calahorra y dos tercios para los Beneficiados de la iglesia de San Martín. No pagaba diezmo algún terreno próximo a Cigudosa o Valdelagua que pertenecía al Real Monasterio Cisterciense de Fitero (Navarra). Establecimientos: 1 casa de Juntas de Ayuntamiento y Concejo, 1 batán, varias cavas, varios colmenares, 2 molinos harineros, 1 tienda abacería; no hay tabernas, panaderías, abasto, hospital, cambista, mercader... Puentes: uno de cal y canto y otro de madera (éste junto a La Vega, barrio abajo, subida al barrio de la iglesia). Topónimos de los parajes: se leen casi todos los actuales. Expongo algunos que figuran en el Catastro y yo no he recogido en la relación. Parajes: Cerrillo Agudo, Cerrillo de la Vega, Corral del Cerezo, Corral de Juan, Corral de la Señora, Corral del Tundidor, El Asperal, El Calderero, El Nocedillo, La Cerrada de la Cucha, La Peña del Ahorcado, La Cruz de las Troias, Las Zorreras, Los Serbales (Herbales), Verrocaleras. Vecinos: 68, incluidos los 3 beneficiados, el sacristán, los 3 molineros, el batanero, 8 viudas (1 pobre de solemnidad) y los otros tres pobres de solemnidad. Habitaban en 58 casas habitables y había otras tres inhabitables y tres más arruinadas.

Intento de presentación cronológica de hechos relacionados con la historia de Magaña, más o menos documentados. (Aceptando como buenos los datos aportados por los estudiosos citados). Siglo VI a. de C. Castro celta en el Castellar (Castellares). Otros, castros o aldeas, podrían descubrirse... castillo, Barruso, S. Miguel... Siglo IX Torre-fortaleza árabe en el cerro del castillo, emparentada con las del entorno del Moncayo. Siglo X Se suponen repobladores cristianos que perdurarían a pesar de Almanzor.(Las Comun. de V. y T. de la Extre. Castellana. Gonzalo Martínez). El autor, al exponer la historia de la Comunidad de San Pedro M., alude a un documento albeldense donde se señala la presencia cristiana en Cornago y Cervera. Y dada la proximidad de Magaña a ellas parece lógica la suposición antes enunciada. Perduraría la torre del cerro del castillo.


1.2 Algo de historia.

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Siglo XII Posible origen de la Comun. de V. y T. de Magaña, con Alfonso VII. (Mismo libro anterior). Su antecesor organizaba sus tierras y poblaciones en tenencias -en 1127 Alfonso I el B. nombró un “tenente” en San Pedro Manrique- . Cabe pensar que a mediados de siglo se estructurasen las Comunidades de San Pedro, Magaña y otras. Siglo probable de repoblación por magañeses de un barrio de Ágreda. 1181, 14 de junio Documento expedido en Magaña por Alfonso VIII (Varios de los citados). 1188, 17 de marzo Bula de Clemente III. Se enumeran parroquias de la diócesis de Calahorra, entre ellas la de Magaña. (Gonzalo M.) 1192, 17 de abril Bula de Celestino III. Ídem anterior. (Mismo autor). 1195 Blasco de Magaña vende campo a prior Cabildo Calahorra. (Mismo autor). Posibles aldeas de la Comun. de V. y T. de Magaña: Cerbón, Fuentes de M., Las Fuesas, Torretarranclo y Valtajeros. (No hay documentos; se deduce por exclusión de otras comunidades.)(Mismo autor). Siglo XIII. 1270 Padrón soriano. Se deducirían las aldeas que al no pertenecer a Soria serían de Magaña. (Ídem). Siglos XIV-XV Magaña sería una de las principales villas sorianas en el tránsito Medievo-Renacimiento y Reconquista- Oro de América. (Historia de Soria. Rioja y otros.) 1315 En las Cortes de Castilla el representante de la Comun. de San Pedro es acompañado por representantes de las Comunidades de Vea, “Carnago” y Maganna, de ésta Diego Martínez y Diego Gil. Siglo XV. 1416 Documento en el que constarían 3 iglesias, 5 barrios (Hiruelas, San Miguel, San Salvador, Sta. María de la Vega y la Solana); 500 vecinos y mercado semanal. (Nomenclátor, Blasco). Podría pensarse en la construcción del puente más viejo y del nuevo castillo. ¿?

El Condestable recibe señorío sobre Comun. de V. y T. de Magaña, con 5 aldeas y el añadido de otras 7. (Las Comun. de V. y T. de la Extr. Cast. Gonzalo M.)


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Vamos a Magaña. Un poco de geografía, patrimonio e historia.

1459 Don Juan, sobrino del Condestable, se enfrenta al rey Enrique II, es derrotado y desterrado y Magaña pasará al marqués de Villena. (Mismo anterior). ¿?

Previsible construcción de la iglesia de San Martín si bien el retablo se hará en el XVI. (Varios).

Siglos XV y sucesivos Posible gran importancia del viñedo en Magaña, según un antiguo documento del que no da datos ¿será la iglesia? Blasco en su Nomenclátor. ¿Sería entonces cuando se crease el topónimo Valdecuberos? Siglo XVI. 1584 Francisco Berchán, de la escuela de Logroño, esculpe el retablo de la iglesia de San Martín (es bastante valorado por diferentes autores). (Varios autores). Siglo XVII Dorado y pintura del retablo. (Fotocopia de transcripción de antiguo documento aportada por A. Zamora). Siglo XVIII “Tanerías”, tintes en Magaña. (Hª de Soria. Rioja y otros). Cierto florecimiento del textil en Magaña, tal vez con lanas de otras provincias. (Ídem). Inicios del siglo El magañés Juan Ángel Izquierdo reintroduce, sin éxito, la vid. 1752-1754 (Ver Catastro de la Ensenada, apartado anterior). 1759 Datos del censo de Ensenada. 31 pecheros sin oficio; 23 con oficio; 3 jornaleros pecheros.(menos que en Suellacabras y Fuentes de M.). (Censo del marqués de la Ensenada). 1787 Ciertos datos del censo de Floridablanca, entre otros: 107 vecinos. (Censo de Floridablanca). ¿?

Las aldeas de la Comun. de V. y T. de Magaña formarían parte de 4 partidos: Magaña, de Villena; Fuentes de M., del marqués de San Miguel; Suellacabras, del duque de Alba; Valtajeros, del duque de Santisteban. (Gonzalo Martínez)

¿?

Magaña y Castilfrío son las principales villas de la parte meridional de la Sierra. (Hª de Soria. Rabal)


1.2 Algo de historia.

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Siglo XIX. 1834 La provincia de Soria dividida en 5 jurisdicciones y Magaña incorporada a la de Ágreda. 1845-1850 Pascual Madoz, en su Diccionario aporta datos: dos barrios, 94 vecinos y 130 almas; 1 escuela en la casa consistorial, dotada con 930 reales; 1 iglesia con 1 cura, 7 beneficiarios y 1 sacristán presbítero; 1 castillo, caminos, producciones que vende y lo que compra; 4 molinos y algunos telares; pastores y jornaleros a Andalucía y Extremadura. 1870 El cura don Antonio del Pueyo y don Esteban Córdoba fracasan, por la filoxera, en su intento de reintroducir el viñedo en Magaña. (Nomenclátor, Blasco) 1880 Blasco, en su Nomenclátor, da muchos datos del momento. 600 habit.; 2 barrios: Vega y Solana; Audien. Territo. de Burgos; Capit. Gral. de Zaragoza; iglesia de San Martín, con coro y retablo, matriz de las de Cerbón, Fuentes y Valtajeros; escuelas completas de niños y niñas, dotadas con 625 reales, casa y retribuciones; 1 profesor-médico, 1 tienda de coloniales, 2 de comidas y bebidas; 3 molinos harineros situados en ambos ríos; cabeza de partido con 3 lugares de jurisdicción; alcalde mayor que nombra el marqués de Vadillo, al que se paga feudo; castillo en el barrio de la Solana; ruinas de un convento-Monasterios- que alcanzó hasta principios del siglo XIX y cuya virgen fue llevada a la iglesia de San Martín; 134 vecinos; una cueva de 200 m. en las Hiruelas y una sima en Malbalbao, junto a Peñacuervos y Peñamelera; montañas de las estribaciones del Madero con perdiz, conejo, venado, etc.; costumbres modestas, con emigración temporal a Andalucía (muchos) y a Aragón y Navarra (menos); agricultura: cereales, hortalizas, remolacha, nueces, frutas; pastos, ovejas; datos sobre viñedo, que no precisa. (Blasco, Nomenclátor) 1889 N. Rabal, en su Historia de Soria, da datos generales de la Sierra, trashumancia, aceituna, etc. Siglo XX. Primer tercio A falta de documentarlo podría afirmarse que este periodo fue de prosperidad para el pueblo pues se construyeron puentes y carreteras, lo que significaría jornales para bastantes magañeses y hospedaje, “vinos” y demás para cierto número de forasteros que dejarían buenos


Vamos a Magaña. Un poco de geografía, patrimonio e historia.

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dineros en algunas tiendas. Y así me contaba Rafael Herrero cómo veía muchos hombres trabajando en la carretera, quienes, a falta de retretes, dejaban algunas fincas estercoladas...-un beneficio añadido inesperado-... Sin referirse a un tiempo concreto J.A. Pérez Rioja y otros citan el traje regional soriano incluyendo Magaña en su uso; dan cuatro refranes: Hombre magañés vale por tres. Del puente Barriuso (sic) para abajo, ni carneros fiar ni hijos casar. Pascua Martina, hambre canina. Si quieres poner granero pon antes estercolero. 1957 Miguel Moreno y Moreno en su libro “Por los pueblos de Soria” no aporta nada nuevo. Sigue llamando la Vega y la Solana a los dos barrios que para nosotros eran de Arriba y de Abajo. 1995 Las hermanas Goig Soler en su libro “Por los pueblos de Soria” exponen costumbres: pagar piso, mozo y vecino; tomar el bibitoque(sic); comer artaguitón (sic) y mostillo; rezo de las “aleluyas” y procesión del “Encuentro”; fuente de las “heridas”. 1998 El Diario de Soria, en su libro “Soria a través de sus pueblos”, refleja la Sardinada de San Martín y la existencia de un castro de la 1ª edad del Hierro. Cronología sobre población, barrios e iglesias En la Tabla 1.1 se muestra una aproximación cronológica de los datos sobre población, barrios e iglesias de Magaña, de acuerdo con las referencias citadas2 en bibliografía.

El siglo XX. La actividad humana. La población en los años 50 era de unos 530 habitantes. Mi tío Saturnino cita para 1920-1936 unos 1000, cifra que no parece excesiva (se construrían la carrete2

Es probablemente preciso realizar una mayor aclaración de los mismos, posiblemente en los archivos parroquiales.


1.2 Algo de historia.

39 Tabla 1.1

1416(2)

(3) ˙ SigXV-XVI

Siglo XVII 1787(4)

1845-1850(5)

1880(6)

Población

Barrios(1)

Iglesias(1) (parroquias)

500 vecinos 2000-2500 hab.

Hiruelas La Solana (arriba) San Miguel San Salvador Sta. María de la Vega (abajo) (y El Castellar)

3 iglesias (no nombradas) ¿Sta. María? ¿San Miguel? ¿San Salvador? ... (y Monasterios)

¿Similar a 1416?

(no cita los barrios) ¿La Solana? ¿San Miguel? ¿San Salvador? ¿Hiruelas-Barruso? ¿La Vega? (abajo) ¿Verducea? (y El Castellar)

S. Martín (antigua Sta. María) San Miguel San Salvador Sta. María de Barruso Sta. María de la Vega (abajo) Sta. María de Verducea (y Monasterios)

(no he hallado datos) 107 vecinos 450-500 hab.

¿...?

¿...? (sigue Monasterios)

94 vecinos 130 almas ¿pocas?

2 barrios (no cita)

San Martín Turonense (desaparecido Monasterios)

134 vecinos 600 hab.

La Solana La Vega

San Martín

(1)

¿Por qué tantos/as? Topografía, ríos caudalosos, ausencia de puentes y religiosidad. El “Nomenclátor ...” de Blasco cita nº de vecinos y tres iglesias, sin nombrarlas. Pérez-Rioja y otros aluden a una época esplendorosa de Magaña ya desde el siglo XIV que seguiría en los siguientes siglos. (3) No tendrían que sorprendernos las seis iglesias que Gonzalo Martínez enumera en su libro “Las Comunidades...” refiréndose a tiempos anteriores (que podrían situarse en esos siglos). Sin embargo Gonzalo Martínez no cita los barrios. (4) El Censo corregido de Floridablanca sólo cita los vecinos. (5) La cifra de 130 almas para 94 vecinos parece muy reducida. (6) Cabe suponer que tras la construcción de San Martín, y paralelamente al descenso de población que se aprecia por los datos citados, fuesen desapareciendo las restantes parroquias quedando sus iglesias como simples ermitas o en ruinas. ¿O se aprovechó alguna para otras funciones? Estoy pensando en la pared del juego de pelota del barrio de abajo y la posible antigua iglesia de Sta. Mª de la Vega. (2)

ra, el puente nuevo, el enlace de Barruso al cruce del pueblo y las escuelas). Según información de José-Luis G.H., en 1930 nacieron 30 niños y en 1936, 36 niños... En cualquier caso la sangría ha sido terrible, pues en la actualidad se contabilizan


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Vamos a Magaña. Un poco de geografía, patrimonio e historia.

unos 100 censados -unos 40 residentes, la mitad de ellos relacionados con la Fundación Hogares de Magaña.-.Hubo buena cabaña ovina, en parte trashumante. En los años 50, recuerdo que había entre 6000 y 7000 ovejas churras; ahora no llegan a 300. La agricultura no parecía muy próspera, aunque habría familias aceptablemente situadas. Algunos hombres emigraban temporalmente, pues bien recuerdo cómo mi padre, Enrique, nos contaba que iba con el suyo, el abuelo Pepe, a Pozoblanco (Córdoba) año tras año, a un molino de aceite, en el primer tercio del pasado siglo. E incluso el pequeño de la casa, “el Saturnino”, les acompañó tres años. No iban solos, que otros les acompañaban hasta separarse en destino: Puentegenil, Cerro Muriano, etc. Y otros preferían destinos más cercanos, tales Borja, Fuendejalón, que tenían “trujales”. Así nos lo contaban el tío Valentín y otros. Y en mis tiempos de chiquillo, mozos había que bajaban a “vendemar” a Cenicero o al trujal de Calahorra... Y si no que pregunten a Paco “el Carolo” y otros más. Mi tío Saturnino era propietario de unos huertecillos llamados “La Tanería”, palabra explicable porque ya sabemos que en anteriores tiempos hubo tenerías en actividad. Hacia 1950 funcionaban 4 molinos: el del Felipillo, el del Valentín, el del Rafael y el del Marre; o el primero, el segundo, el tercero y el cuarto. Restos quedaban de otros, como el del “cometa” y un nombre evocador, el del “Molimanco”... Trabajar las tierras, “piezas” y huertos, y pastorear fueron las principales actividades en el pasado y lo eran hacia 1950. Pero había otras ocupaciones. A los molineros citados se añadían: un cestero, un zapatero, durante algunos años un panadero, dos hornos comunales a cargo de mujeres del pueblo, uno en cada barrio; tres tiendas-tabernas, dos apicultores (actividad secundaria), un sastre, dos camineros, un guarda, un cabrero, un alguacil-pregonero, albañiles (actividad secundaria), un secretario de ayuntamiento, un cura, un maestro y una maestra, un médico. Y además el “tio Salaberri” que capaba los cerdos; o la tía Úrsula que tenía el “varraco”... Y de fuera venían segadores probablemente murcianos, esquiladores tal vez de Fuentes o del Moncayo, albañiles de Suellacabras, un carnicero y un zapatero de Trévago, los fruteros de Aguilar del Río Alhama, un cacharrero, el Plácido de Soria y Vicente Ruiz de Almarza que vendían telas; a veces llegaban pescaderos con sardinas y chicharros o fruteros con naranjas y uvas de temporada, titiriteros y comediantes. Y los músicos para ambas fiestas patronales, y el Piturro de Fuentes, y Pablo de Trévago, aceitero; o alpargateros, alambreros y caldereros; o los “gordos” de Fuentestrún, que eran nuestros vinateros. Y, ocasionalmente, vinieron carboneros de la zona del Moncayo y electricistas de Electra Concordia. Casi todos los años llegaba algún afilador, tal vez de Orense. Y con frecuencia


1.2 Algo de historia.

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algunos pobres, la mejor la “Pobra Buena”, (que se alojaban en las Hiruelas o en la falda del castillo). ¿Falta alguien por venir? Sí, gitanos, cochineros, hueveros, compradores de miel y cera de Navajún o Brea de Aragón... (Podríamos elucubrar sobre las razones por las que los magañeses parecían ser menos emprendedores que sus vecinos de Cerbón, Valdelagua, Trévago..., que tenían camiones y venían a vendernos productos sin que nosotros saliéramos en igual grado a sus lugares...)

Fotografía 1.33: De Trévago venían carnicero, aceitero, etc. Vista de su iglesia- fortaleza.

Y los “cerboneros” y “el Jacinto” de Valdelagua, que traían en sus camiones carga por encargo. Y años antes decían que venían los “delegados”, temidos porque podían multar y decomisar. Y siempre la Guardia Civil de Matalebreras. Y hasta el obispo se acercó por allí alguna vez. Y algún inspector de educación... Y en las fiestas patronales de mayo y septiembre venían los emigrados del pueblo con sus cónyuges e hijos. Y muchos forasteros que eran muy bien acogidos sin que nadie se quedase sin comer o cenar.


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Vamos a Magaña. Un poco de geografía, patrimonio e historia.

Años de postguerra. Por el imperio hacia Dios. Amable lector, si he conseguido situarte en el lugar y en el tiempo, trataré de transmitirte, si tienes la paciencia de leerme, cómo era la vida o cómo la percibía yo, o cómo recuerdo ahora lo que yo veía entonces, diferente, seguro, a lo que otros coetáneos viesen, viviesen o recuerden ahora, y, sin duda también, muy parecido, referido todo a unos años, de 1943 a 1960, que van desde mi nacimiento a mis inicios como docente, ya en tierras lejanas. Pero antes, permíteme, sobre todo si eres joven, que trate de transmitirte unas pinceladas sobre la idea que tengo yo de lo que fue la posguerra en Magaña, es decir, el ambiente en el que se desenvolvieron mis primeros años de vida en la mitad del siglo pasado. La secular división entre españoles trajo la guerra “incivil”, de 1936 a 1939, y el triunfo de la dictadura de Franco con serias consecuencias: muchos muertos en los frentes, fusilados por ambos bandos, exiliados; presos en las cárceles y también en Cuelgamuros forzados a la construcción del valle de los Caídos; desterrados y confinados; escondidos y silenciados durante años... Y la pérdida de libertades. Frente a esto el Movimiento Nacional, de partido único, los sindicatos verticales “únicos”, prensa y radio controlados por el Gobierno, etc. Y la obligatoriedad, de hecho, de ser nacional-católicos, salvar el alma en el seno de la santa madre iglesia católica: bautismo, confirmación, confesión, comunión, matrimonio. Todo el mundo seguía ese camino y pocos lo eludían. ¿Y todo esto se vivía así en Magaña? Por fortuna, Magaña no fue un pueblo en el que los enfrentamientos entre “las dos Españas” fuesen muy virulentos. Sí hubo algún muerto en los frentes; sí hubo, al menos, un fusilamiento en Soria, Valcorba; y otro, el del Carbonero, al otro lado de la sierra, como se puede oir en la película “El cielo gira”. Sí había habido una lista, como nos contaba nuestro padre a mi hermana y a mí, de magañeses para ser fusilados en esos años, pero alguien, con sentido común y alguna influencia, consiguió anularla. Sé que alguien se fue a Francia pero tal vez no fue exilio. La subsistencia, el “racionamiento” (consecuencia de la autarquía económica en los primeros años de postguerra) eran prioritarios. La falta de libertades era secundaria. Yo, que nací, como te he dicho, en 1943, tenía 7 años en 1950. Eran 11 años de postguerra. Sí recuerdo las cartillas o cupones de racionamiento: aceite, azúcar, arroz... Sí percibía confusión en mí cuando don José Escorza, el cura, me llamó para ser monaguillo a los 7 años, y yo veía que mi padre jamás iba a la iglesia. O cuando los hombres “entraban de ayuntamiento”, concejales, y mi padre no.


1.2 Algo de historia.

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O cuando ciertos señores recibían camisas, pantalones, botas de aquellos colores enteros, serios y proletarios... pero mi padre no, aunque tampoco los hubiese aceptado. Ya unos años después, hacia 1958, pasábamos a casa de los vecinos a escuchar la “Radio España Independiente, Estación Pirenaica”, todavía de modo oculto, pero conscientes de la “transgresión”. De modo que luces y sombras se confundían en mi mente infantil, que me llevaban a soñar con obispos delgados y secos como sarmientos que no permitían sueños apacibles. También recuerdo que nos asustaban con los “maquis”, para nosotros similares al “sacamantecas”, como cualquier ogro, monstruo u “hombre del saco”. Como también sé, por haberla vivido en los siguientes años, la extraordinaria influencia de la iglesia en la vida diaria, pues, de algún modo, el año se organizaba tanto en función de las estaciones meteorológicas y las tareas correspondientes como por los ciclos litúrgicos o el curso escolar, éste con sus himnos, consignas, lecturas y celebraciones patrióticas a las que se añadían las lecturas bíblicas, la memorización del catecismo, los trabajos sobre el Evangelio, las recitaciones del mes de María, las colectas para “el santísimo”, etc. Pasados más de 50 años puedo hacer un rápido balance de la influencia de la iglesia en mi vida en aquella Magaña de 1950 y en mis ideas y comportamientos posteriores. Fue magnífico conocer al Cristo del Sermón de la

Fotografía 1.34: El Sermón del Monte, de aquella Historia Sagrada que tanto nos gustaba.


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Vamos a Magaña. Un poco de geografía, patrimonio e historia.

Montaña con las bienaventuranzas, o el que invitaba a poner la otra mejilla, o el que exponía aquellas bellas parábolas, o el que sugería dar al César y a Dios lo que les correspondía. Y también a aquel Jesús, capaz de enfrentarse a su tiempo y aceptar a su lado a todos los débiles, marginados o despreciados: samaritanos o extranjeros=inmigrantes, niños, mujeres, publicanos como Mateo, ricos como Zaqueo, prostitutas como María de Magdala, etc. Como también entiendo que era bueno seguir a la iglesia en sus ejemplos de respeto, piedad, amor, etc. Sin embargo, no puedo estar más en desacuerdo con su imposición de misterios y dogmas revelados así como con normas y mandatos de la propia iglesia que entonces se nos presentaban o entendíamos permanentes y que luego ha ido acomodando en función de los tiempos. Ni con tanta intransigencia e interferencia en “lo sexual”. La iglesia no me ayudó a pensar, buscar y decidir mi camino como creyente. Cuando pensé por mi cuenta decidí seguir el camino de mi conciencia, mis principios y mis compromisos... En cuanto al Movimiento, es decir, Falange, era muy grande la presión sobre los maestros -y, en ciertos pueblos, sobre los alcaldes como jefes locales- para los cánticos, consignas y manifestaciones patrióticas no ya en la escuela sino en los espacios públicos. Pero en mis tiempos de alumno esa “formación del espíritu nacional” tuvo como único ámbito el de la escuela, con bastante intensidad, desde luego; supongo que el maestro se veía obligado por su propia supervivencia. Esa presión nacional sindicalista no tenía continuidad en nuestra vida de chiquillos en el pueblo, afortunadamente. Años más tarde, ya como maestro, todavía viví un acto escolar de ese signo pero en público. Fue la última vez porque ya se abolió la costumbre. Esa influencia fue diluyéndose poco a poco hasta desaparecer; sí se dejó sentir en mi vida hasta el advenimiento de la democracia..., pero por lo que supuso de falta de derechos y libertades así como por la ausencia de hábitos de participación, situación ésta que no se ha remediado todavía...


Parte 2

Vivencias y recuerdos de Magaña en 1950. 2.1.

Recuerdos de familia.

Las sucintas referencias a mis recuerdos personales, familiares y de mi más próximo entorno de la infancia obedecen al hecho de entender que ayudarán al lector a hacerse una idea de cómo se vivía en el pueblo en aquellos años, realidad que yo percibía desde mi infantil perspectiva personal, pero que, pienso, sería coincidente en muchísimos aspectos con la realidad que mis paisanos percibiesen. Sin embargo, también habría diferencias. Pertenecí a una familia de modestos recursos económicos: unas hectáreas para cereal, unos huertos, algo de monte, la yegua, cerdos, cabras y gallinas; y, en lo que nos diferenciábamos del resto, unas sesenta colmenas. Añadamos una vivienda humilde a tenor con las demás. Mi padre tuvo la capacidad y la voluntad de aprender conocimientos ajenos a los comunes en el medio rústico y así conocía álgebra, trigonometría y geología, así como era lector infatigable de la revista agrícola a la que estaba suscrito y de cuanto papel cayera en sus manos. Montó unos colmenares que algunos años nos proporcionaron un complemento económico apreciable. Mi madre, emigrada en su adolescencia, regresó veinte años después para casarse, cambiando su bagaje de experiencias variadas -desde la Barcelona señorial a la fabril reivindicativa- por las bien distintas que ofrecía el pueblo. Nacidos dos mellizos, hermano y hermana, nos criamos en un ambiente de cariño y respeto, menos severo quizá que el promedio. Por la generosidad y el cariño de los tíos y tías emigrados disfrutamos de juguetes y lecturas, muy poco


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Vivencias y recuerdos de Magaña en 1950.

comunes en las familias de aquellos años.

Fotografía 2.1: Foto de casi toda la familia. La madre y los mellizos. Año 1945.

El agnosticismo practicante de mi padre y su pacífico y firme rechazo del franquismo se compensaban en nosotros, los niños, con la práctica religiosa católica de mi madre y las posteriores influencias de escuela, iglesia y ambiente de postguerra que se respiraron largos años. En mi caso personal recuerdo mis pesadillas, fruto sin duda de la confusión originada por tamañas experiencias contradictorias. En lo religioso triunfó durante años el nacionalcatolicismo imperante pero mantuve siempre mis distancias respecto al régimen dictatorial. Cumplidos los once años mis padres tomaron una gran decisión: nos enviaron a Soria a estudiar. Cuando lo normal era seguir el camino de agostero, criado y pastor, o, en las chicas, el servicio doméstico -entonces criadas-, es decir, exigir de todos la máxima aportación económica a la casa, mis padres afrontaron


2.2 Primeras luces y recuerdos.

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unos gastos fuera de nuestras posibilidades -comprobamos la generosidad de los familiares- y unos sacrificios y renuncias duraderos. Me queda la pena de que mi padre, en su corta vida, no pudiese obtener compensación a su esfuerzo. En los siguientes años fueron muchos los magañeses que enviaron a sus hijos a estudiar.

Fotografía 2.2: Foto de 1973: la casa del centro ya no existe; en ella nacimos mi hermana y yo.

2.2.

Primeras luces y recuerdos.

Nebulosa y palabras. De mis primeros recuerdos: un pelele, un moisés de mimbres, un carromato con ruedas macizas y grandes hechas de madera, acaso; el abuelo Pepe, los tíos y tías, el primo y las primas, sobre todo Maribel y Vi, y todos los vecinos. De estos últimos procedería y a alguno de ellos iría dirigida una de mis primeras frases -tendría de dos a tres años-, sintácticamente impecable y semánticamente contundente: “Si basio, si basio, os capo a toros, a toros”, dicha desde la ventanilla


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Vivencias y recuerdos de Magaña en 1950.

del somero, lugar seguro por si acaso. Porque eran algunos de esos vecinos los que siempre decían a los chiquillos como yo: “Déjamelo, que lo capo”.

El miedo. Hacia los tres años supongo que ya habría conocido el miedo, si bien es seguro que hubo algún tiempo en que recuerdo que no lo conocía. Se presentó una noche, tal vez de improviso, al apagarse la luz del candil, en el somero, y a la vez maullar y saltar el gato con tal estrépito... que nos asustó. Eran tiempos de candil y de candela, la lumbre del hogar, de aquellas llamas cambiantes y juguetonas que brotaban de ardientes aliagas y “estrepas”, proyectando sombras sobre las paredes de la estancia, sombras a veces siniestras.

La luz. El “tio Felipillo” dio luz a Magaña a partir del año 1923, según expone mi tío Saturnino en unos trabajos en verso de hace unos diez años. Después sería “el Valentín”, uno de los hijos de “el Felipillo”, quien tomase el relevo y desde su molino, el segundo, produjese y enviase electricidad a Magaña, envidia de los pueblos del entorno, carentes de ella. Bien puede decir Saturnino en la copla: Que Magaña con la luz tuvo su gran privilegio pues fue sólo para él y no para cercanos pueblos. Sería cuando yo tuviese casi cuatro años, entre 1946-47, cuando ya fui consciente del fenómeno : al anochecer se enrojecía el filamento de la bombilla, marca “OSRAM”, vacilaba si ponerse o no incandescente, iba, venía... Así descubrimos la luz eléctrica, sólo en la cocina-comedor, que no eliminó el candil, necesario para ir al resto de las dependencias. La cosa mejoró cuando los tíos vendieron el negocio a “Electra Concordia”: cambiaron totalmente la instalación y la luz era mejor, pero sólo una en toda la casa, pues es lo que permitía el limitador que habíamos contratado. Pero esto último tal vez fue algo más tarde, con anécdota incluida: estando en nuestra casa uno de los jefes de “Electra Concordia” pasó largo rato hablando con mis tíos y padres. Mi hermana y yo, cuando estábamos


2.2 Primeras luces y recuerdos.

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cansados, retozando bajo la mesilla, tuvimos la idea de quejarnos y lo hicimos así “Dice la Nuri que cuánto casca este hombre”. Y la conversación acabó pronto.

Los juegos. Tendría cuatro o cinco años cuando aprendí a hacer “pozas” tras la tormenta, en la calle, aprovechando los “canciles” -líneas de piedras que cortaban oblicuamente la calle, refrenando el ímpetu de las aguas en la pendiente- y algo de tierra, paja y piedrecillas, que detenían el agua. Fue sin duda un vecino, “el Quetín” quien me dio las primeras lecciones. Por entonces entraría ya en relación y amistad con mi vecino y amigo “el Pris”, con quien empezaríamos a manejar el aro y a hacer carros con latas de sardinas o simplemente a correr...

Emociones. Quedan algunos recuerdos emocionantes de entonces, antes de ir a la escuela: un perdiganillo y una ramita de pino que mi padre nos trajo en sendas ocasiones, imagino que superando su gran respeto por la naturaleza. No había pinos en el pueblo, por lo que acaso lo trajo del barranco de las Huertas, cerca de Valdelagua. Para entonces ya habíamos conocido el “cochino”, tanto el que se engordaba a lo largo del año y se mataba al comenzar el invierno, como al pequeñito que se iba a comprar un lunes en el mercado de San Pedro. Veíamos cómo se les alimentaba cociendo patatas, patacas, remolacha forrajera, berzas..., todo mezclado con afrecho -harina de cebada-. Claro que también podían añadirse ortigas, mielgas, etc. Veamos cómo nos lo relata el tío Satur: Lo de cebar a los cerdos bastante bien se me daba ya con coco y bellotas y las pequeñas patatas; cucos, guijas y centeno y la harina de cebada; qué bien que se lo comían y lo mucho que engordaban. También por entonces empezamos a emocionarnos con los cabritillos que traía el cabrero, “el Lauterio”, ya de noche. A la emoción por los chivillos, con su ter-


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Vivencias y recuerdos de Magaña en 1950.

nura, sus balidos, sus juegos, se añadía el regusto de asociarlos con los calostros y las sopas de leche, deseadas sustitutas de las de ajo. Y qué decir de la yegua, caminando hacia el molino o los colmenares, metidos los dos mellizos en los senos del serón... Ilusión que se perdió pocos años después al enajenar la yegua y adquirir una burra a unos gitanos, nombrada por ende “la gitana”, arisca y esquiva. Y los cacareos, y el col, col, col, colé, colé, de las gallinas al poner el huevo; o las “lluecas” incubando los huevos. ¿Y aquel “huevo” de yeso, que mi padre les ponía en el nidal para estimularlas? -¡Pitas, pitas!-, las llamaba mi madre al echarles de comer grano, granzas, etc. Eran aves de corral y de calle, más que de gallinero, libres. También conocimos las inseparables moscas, presurosas libadoras del pan con vino y azúcar veraniego o con miel, más habitual en septiembre. ¿Y aquellas repugnantes cintas colgantes, pegajosas, llenas de víctimas hasta el final de la temporada? O los simpáticos ratoncillos que a veces se veían deambular por el somero..., con permiso del gato, que siempre hubo alguno en casa que acompañaba tus sueños en tu cama hasta que, encariñados con su docilidad y su ronroneo, un buen día, sin saber por qué, el pobrecillo moría y abundantes lágrimas afluían a nuestros ojos, afectados por tan dolorosa pérdida... En casa no había ganado y no se cazaba, de modo que no había perro. Nunca lo hubiera habido, desde que mi padre, de soltero, sufrió las graves secuelas de un quiste hidatídico, casi fatal.

Más familia. Paso a paso fuimos ampliando nuestras experiencias. Pronto fuimos conscientes de la familia en sentido amplio, los tíos, las tías, primos y primas, las más próximas, por la edad, Vi y Maribel, con quienes compartíamos las matanzas y, en ellas, los juegos y cuentos con el abuelo Pepe. Y de modo destacado el “columbio” que éste nos preparaba con dos cuerdas y una manta, pendientes de aquella madera en la majada o de la rama de aquel árbol... De Barcelona venían otros tíos y tías y otro primo, Carlos, que años más tarde traería otro hermanito, José Luis. O los tíos de Alcalá y las primas Carmen y Dori, que traían bolsitas y cajitas de almendras garrapiñadas, y tarjetas postales con la fachada de la universidad. Y de Barcelona, con el tío Damián, en la camioneta, los turrones, duro, blando y mazapán; y acaso alguna botella de curaçao, anís del mono o jerez-quina. Y chocolatinas, anisetes... Y cuentos, lo mejor, con los juguetes: aquel tren de madera de colores rojo, amarillo y azul; aquel “corralito” con ovejas, corderillo, perro y pastorcillo para el belén, que apareció milagrosamente


2.2 Primeras luces y recuerdos.

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Fotografía 2.3: El primo Carlitos con los mellizos.

en el alféizar de la ventana el día de Reyes adonde sólo con la escalera de la luz se podía ascender... O aquella escopeta que disparaba un corcho sujeto con una cuerda. O los pelotones, que todavía no eran balones; y los muñecos y muñecas, todavía duros, capaces de romperte de un golpe el tabique de la nariz. Y entre los cuentos, Caperucita y el Lobo Feroz, o aquel titulado “Te voy a contar más cuentos...”, de un autor llamado J. Demuro y una editorial, recuerdo, de Ciudad Lineal, Madrid.


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Vivencias y recuerdos de Magaña en 1950.

Fotografía 2.4: Portada de un libro de cuentos de los cinco años felizmente recuperado.

El molino. Y ahora, vente conmigo hasta el molino. Mi pensamiento me lleva ahora hasta el molino de mis tíos Valentín y Lucía, donde vivimos múltiples, diferentes, ricas sensaciones y emociones. Aquel macho tranquilo, pacífico, dócil, fiable, acariciable: el “Castaño”. Las numerosas gallinas y gallos, pollitos y patos (bien se veía que abundaban los piensos o harinas...), que ofrecían espectáculo de frenética algarabía cuando la tía les echaba de comer o entraba al palomar ¡qué revoloteo! O la llegada de las ovejas que traía “el Joselito” a la contigua majada, con sus corderillos y sus agudos balidos. O la ávida búsqueda de los huevos de pato en las orillas del río, aguas abajo del molino (búsqueda que rivalizaba con la que hacían furtivamente los chicos mayores). O cuando la tía Lucía batía aquellos enormes huevos de pato, para hacernos un ponche bien azucarado. O los numerosos dulces, pestiños, crestas de gallo, sobadillos, rosquillos que la tía tenía siempre a punto. O el escuchar el estrépito del agua de la balsa al caer en el cárcavo y mover toda aquella misteriosa maquinaria. O el miedo inculcado y la cautela con la que ob-


2.2 Primeras luces y recuerdos.

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servábamos, sin acercarnos mucho, la balsa del molino, llena y amenazadora, o vacía y sorprendentemente llena también, pero de elevadas colinas de barro y profundos barrancos y arroyuelos. Maravilla era escuchar la radio “Pilot” y en ella las canciones dedicadas de “Aquí radio Andorra”... o de Radio Zaragoza EAJ101. Y ver gentes, muchas gentes que pasaban a las huertas de la Cerradilla, el Berral o el Molimanco, o se quedaban a moler las talegas de trigo y cebada, pagando la maquila. O la pareja de la Guardia Civil, con sus armas, capas y llamativos tricornios, siempre bien acogida por los tíos. En fin, el molino permitía juegos, a veces con los otros sobrinos de los tíos, “Pipín”, “Tolín” y “Pablín”, con quienes lo pasábamos bien y estábamos a gusto por su bondad y afectividad. Y yo, a veces, jugaba en el sobradero con molinillos de juncos que los mayores nos hacían, para que girasen incesantemente impulsados por el agua saltarina. Años después aprendí a hacerlos por mí mismo. También compartimos algunas situaciones con el primo Carlos. Recuerdo habernos comido una bolsa entera de caramelos. Y aquella vez en que nos comimos todos los sobadillos que la tía guardaba en una lata grande de tapa redonda, y que echó en falta en la siguiente tarde, cuando quiso obsequiar a los guardias ¡qué sonrojo! Pobre tía. Y nosotros... ¡qué vergüenza! Pero, acaso, uno de los recuerdos imborrables, por el verismo que dieron a la “representación”, tuvo lugar un día de Reyes, no sé si en compañía de los sobrinos antes citados. Dormimos inquietos, como es obligado, y nos despertaron temprano -¡Que han venido los Reyes, en camello! Mirad, mirad la huerta, fijaos en las pisadas-. Desde la ventana, junto al cárcavo, vimos con asombro la huerta, entonces sin cultivos, las huellas de los camellos, profundas, numerosas. No podían ser del Castaño, tenían que ser de camello. Y además estaban los juguetes. ¡Qué ilusión! Cuántas veces hemos agradecido a los tíos y a los sobrinos mayores haber satisfecho así nuestra ilusión. En el molino hice yo uno de mis primeros descubrimientos “científicos”. Yo, como todos los niños, siempre hice muchas preguntas por lo que mis padres solían decirme “Preguntas más que “el tio Preguntas” (persona del pueblo entonces ya fallecida)”. Me había yo preguntado, y preguntado a otros, por qué se movía el aire, sin obtener respuesta. La percibí un día desde el molino al observar moverse una picaraza entre las ramas de un chopo y coincidir con una ráfaga de viento que las movió; ahí estaba el secreto, en las alas de los pájaros. (Entonces no había TV que nos explicase lo de la “B” y la “A”...). Y desde el molino iniciamos con la tía Lucía la excursión en busca de manzanilla, a la Cañada o así, que nos proporcionó otro interesante descubrimiento: el Moncayo. Ocurría que de niño estabas en el pueblo con sus limitados horizontes y desconocías la otra di-


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Vivencias y recuerdos de Magaña en 1950.

mensión, la de los altos: las tierras de cultivo, la dehesa, los pueblos del entorno, y... el Moncayo, imponente, mayestático, simétrico... Sí, fue un descubrimiento.

Fotografía 2.5: El Moncayo desde Villarraso.

El banco de carpintero. De nuevo en el pueblo, en la primera casa, en la que nacimos, que en tiempos del abuelo “Coleta”, Nicolás, fue taberna. Estuvo ésta en un cuartito con puerta independiente a la calle. Os contaré una anécdota ocurrida allá por 1924 o así, que tiene relación con la taberna de mi abuelo, protagonizada por mi tío Julio (lo veréis en una foto de familia como un inocente niño y en otra como aficionado del C.D.Numancia) cuando tendría 8 ó 10 años y que nos contaba a sus 70 o más de edad. El “tio Melguizo” pasaba por la calle y desde su macho pedía al Nicolás un vaso de vino; el niño inocente, Julito, tenía media guindilla en la mano y


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aprovechó para, a escondidas, meterle a la caballería la punta por donde imagináis, que es por donde más puede picar, al parecer; el animal dio tales saltos y patadas que dio con “el Melguizo” en el suelo haciéndose éste una piquera. La gente después se preguntaba qué le habría podido ocurrir a la caballería, tan mansa y dócil, para reaccionar con tal violencia. Y Julio, al contarlo y repetirlo a los 70 y 80 y 90, seguía riéndose como un niño. El muy puñetero... En los años 50 mis padres utilizaban ese espacio para guardar las cabras por la noche y para taller de carpintería por el día. Mi padre tenía allí un banco y las herramientas más imprescindibles: garlopa, cepillo, serrucho, azuela, escoplos, limas, martillo, machimbre... y un berbiquí a última hora. Allí, en los días invernales, mi padre hacía las cajas para colmenas, las alzas y los cuadros; o, incluso, puertas y muebles para la casa. Acudían allí otros hombres, amigos de mi padre, que, además de observar los trabajos, charlaban amistosamente de sus cosas y de sus ideas.

Las cabras y las ovejas. Nunca tuvimos “ganado”, sólo dos o tres cabras. Por la mañana oíamos el toque del cuerno, que daba “el Lauterio”, Eleuterio, desde el atrio de la iglesia, y soltábamos las cabras que, solas, enfilaban al punto de reunión. Por la noche volvían, normalmente sin buscarlas, pues no hay ninguna duda que la cabra es un animal listo donde los haya. La ilusión y la alegría se desbordaban la noche en que el cabrero traía en el zurrón o bajo el brazo el cabritillo. Como ya te he dicho, curioso lector, se sumaban varios motivos de alegría: cabritillo, calostros y luego leche para una temporada. ¡Qué animal la cabra! Distintas eran las ovejas. En casa no teníamos, así que la única experiencia mía era verlas pasar en invierno por la calle, todas en grupo, “aborregadas”, como tontas. Eso sí, más alegría y vivacidad transmitían los corderillos, blancos y tiernos, de los vecinos o de mis tíos del barrio de abajo. Y, de lejos, era llamativo ver ganados por la ladera de enfrente del pueblo, con los pastores a veces protegidos con su manta a cuadros y siempre asistidos por aquellos perros, listos y cascarrabias, que no permitían licencias en pastos prohibidos a ninguna de aquellas reses. Más cerca las teníamos cuando “el Joselito” las encerraba en la majada de enfrente del molino. En fin, algunos recuerdos quedan de verlas esquilar por esquiladores venidos de fuera, con las tijeras, los vellones, el “moreno”...


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La víbora. No te asustes, pero... Una noche se oyó algo de movimiento por la cuadra y la yegua mostró en días sucesivos inquietud y molestias. La noche siguiente nos despertamos todos ante los maullidos extraños del gato, que advertían de algún raro suceso. Muy pronto se hizo el silencio. A la mañana siguiente, apareció en el portal una víbora muerta partida en dos. Probablemente mi padre la había traído entre la esparceta y había picado a la yegua. En otras casas sucedió, en otros momentos, algo parecido: “la Luisa” y la tía Segunda fueron mordidas por sendas víboras cuando preparaban berzas para los cerdos. ¡Qué fácil era traer y tener una víbora en casa...!

La matanza. La introduciré con esta estrofa de Saturnino: De esta manera se iba preparando la matanza y la familia tres días de gran fiesta disfrutaba. Así era, tres días de festiva reunión familiar. Recuerdo bien las matanzas en nuestra casa y en la de los tíos en el barrio de abajo. La ilusión se despertaba ya el día anterior, cuando mi padre cortaba, con la garlopa, el pan para las morcillas. ¡Qué alegría! Veíamos al tío Federico con un gancho curvo de hierro con el que enganchaba al cerdo. Con ayuda de mi primo Alfredo, el abuelo y mi padre lo subían al banco y lo sujetaban con firmeza. Era el tío Federico quien le clavaba un tremendo cuchillo e inmediatamente la sangre salía a borbotones para ir llenando un terrizo preparado al efecto. Con aliagas socarraban la piel del animal, le echaban agua muy caliente y frotaban fuertemente su piel con una rascadera rugosa, creo que de hierro. Lo abrían y sacaban los “menudos”, que la prima Nieves y las mujeres limpiaban en el río, a pesar del frío invernal. Cortaban algunas partes y lo colgaban del techo del portal. Los críos jugábamos dirigidos y animados por el abuelo Pepe que, además, nos montaba un columpio. Luego venían las chichorras, que otros llaman chicharrones, la manteca y las morcillas. El segundo día, bien oreado el cerdo, lo troceaban cuidadosamente, separaban las partes y algunas de ellas eran puestas en ajo y sal. Era lo que luego oíamos llamar “enajos”. El


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tercer día, picada la carne con el tocino correspondiente, se embutía en forma de chorizos: buenos, y “güeños”, de peor calidad. Comíamos el picadillo. Tal vez mi tío te lo diga mejor con sus versos: ...Si tenía mucho magro lo habías de separar picarlo con maquinilla pimiento y ajo adobar. Después unas veinte horas lo dejabas reposar en hoja de col asarlo y el picadillo probar. No faltaba la prueba que se enviaba al veterinario para inspección. Lo que yo no sabía entonces es que, como me cuenta Juana Jiménez, se diese caldo de cocer las morcillas, acompañado de alguna otra cosilla, a algunas de las personas más pobres del pueblo; o que el Ayuntamiento exigiese un tributo relacionado con el peso del cerdo que se sacrificaba... Claro que esto sucedería en tiempos anteriores.

Fotografía 2.6: Cajón para cochinillos en los años 50. Foto del mercado tradicional de San Pedro. Año 2001.


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Una reflexión de mayor: el cochino. Lo que significaba el cerdo, allí llamado cochino, en aquellas economías cerradas y pobres, de subsistencia... Era esencial; de él nada se perdía. Era el rey y se criaba en “la corte”, en otros sitios pocilga o cochinera. Con qué atención se hacía y conservaba todo el cerdo: exquisitos chorizos, por la calidad del magro y por la correcta mezcla de grasa, sal y pimentón; o el lomo y las costillas, conservados en manteca. Y qué decir del jamón. Cuenta nuestro tío Saturnino en unas coplillas de su creación cómo se curaba el jamón en Magaña en sus años jóvenes y en su casa: pinchar y salar; prensar; ahumar con humo de leña de encina; lavar en el río; secar; poner pimiento y ajo; poner en ceniza de encina durante tres o más años; volver a lavar en el río; consumir... Algo parecido observé que hacían en los años 60 en los pueblos del puerto de Oncala. Como es natural, la calidad del jamón era excelente. Leamos lo que Saturnino dice: Primero se pincha bien para que la sal penetre; no ha de ser poca ni mucha según gusto del cliente. Con más de trescientos kilos luego han de ser prensados, operación que se hace para después bien ahumarlos. El ahumado debe hacerse en antiguas chimeneas; de encina ha de ser el humo y no humo de otras leñas. Luego se llevan al río y el humo lejos largamos; después que se sequen bien se les da pimiento y ajo. Luego en ceniza se meten a ser posible de encina que les da gusto especial y ganan sabor y vida. Un tiempo de cuatro años por lo menos así estaban


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y al sacarlos nuevamente hasta el río se llevaban. Otra vez muy bien lavados, ya ceniza no quedaba, se procedía a hacer trozos esos que se llaman magras.

La nieve. Una mañana despertabas e intuías que algo era diferente. La nieve cubría calles, tejados, y cerros. De pequeño permanecías en casa y de escolar no salías al recreo. Los hombres cogían palas y hacían veredas en las calles. Los ganaderos se movían afanosos para atender a ovejas y corderos. Los más jóvenes se divertían con bolas y muñecos de nieve, o con “esbaradizos”. Por la tarde las madres preparaban patatas asadas en los rescoldos mortecinos de la que había sido lumbre. Empezaban a formarse “chupones” pendientes de las canales del tejado, chupones que a la siguiente mañana podían alcanzar un tamaño considerable. En ocasiones era el viento temible el que levantaba y transportaba en “úrguras” la nieve en polvo helada hasta formar ventisqueros. Era la “cillisca”. Noches de calorífero y calentador. Y el agua helada en los cántaros. Otra mañana, tras haber soñado con las gratas sensaciones que la nieve generaba, despertabas y recibías la desagradable sorpresa de que había desaparecido... toda. ¡Qué disgusto!

El abuelo. Ahora voy a presentarte a todo un personaje. El abuelo Pepe, para nosotros el abuelo, pues no conocimos al materno. Más bien alto, espigado, nariz grande pero poco permeable para respirar, siempre con “mormera”, tocado con su boina, como casi todos los hombres entonces; con una ortopedia para su hernia y una faja de dos o tres vueltas a la cintura. Buen amigo del vino tinto que, en la taberna, bebía en “campanos”. Repartía el año entre sus cuatro hijos en periodos de tres meses. De Alcalá nos traía las almendras garrapiñadas. Y para Reyes nos obsequiaba con alguna barrita de guirlache, unas alpargatas y, siempre, una pesetilla rubia. El abuelo nos contaba cuentos, como “Las tres naranjitas de las hadas”, o cantaba villancicos, recitaba, o nos contaba cosas de Andalucía. A veces nos hacía


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columpios. Vivió más que mi padre, su hijo mayor. Ahora, su casa, reformada por nuestros primos, luce un rótulo expresivo: “Casa del abuelo Pepe”.

Fotografía 2.7: Grupo de mozos en 1958. El más veterano, el abuelo Pepe, a los 83 años.

Comidas y meriendas. En una familia de modestos recursos económicos la comida solía ser suficiente dentro de la austeridad y sobriedad. Patatas, legumbres, verduras, peras, manzanas, ciruelas, fresas, hortalizas varias, todo cosechado en nuestros huertos. La carne se reducía al cerdo mientras durase; y mi padre, a veces, cuando enfermaba, comía algo de carne de cordero que mi madre compraba “al Agustín de Trévago”. No teníamos ganado, así que el cordero no lo veíamos. Criábamos algún cabritillo, más veces para vender que para comer. Alguna vez pollo o gallina. En Cuaresma, hartaguitón, que en casa se hacía con huevo y miga de pan, con algo de aceite o grasa, en la sartén, añadiendo agua para “crecer”. Había huevos y eran bien frescos. En nuestra casa comíamos en platos individuales salvo las ensaladas, pero recuerdo haber visto que en ciertas casas comían de la misma olla,


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perola o cazuela todos los miembros de la familia. Otra costumbre que recuerdo, sobre todo de mi padre, era la de usar la navajilla, no sólo en el campo, para cortar, preferentemente sobre el pan, el chorizo, tocino o pieza de que se tratase (igualito que los celtíberos dos mil años atrás). Lo más apetecible para mí eran los dulces, en los que mi madre era experta: arroz con leche, flan, natilla (se decía en singular), mermelada de ciruela claudia, carne de membrillo. Y luego la miel, de la que éramos cosecheros. La merienda tenía como base el pan: con vino y azúcar en verano, con miel y nueces en otoño e invierno, a veces con nata y miel o azúcar. En ocasiones carne de membrillo y, tras la matanza, chichorras y algo de cerdo. En septiembre, al sacar la miel, comíamos “mostillo”, que otros llaman arrope, pues teníamos y vendíamos abundante aguamiel, base allí del mostillo. Como anécdota recuerdo: habas para comer, allá en junio-julio, todos los días -No quiero habas. -Pues no hay otra cosa. -Pues yo no como. Por la noche tenía las mismas habas. Y al mediodía siguiente. Así que comíamos habas y a callar. De muy niños, ocho años, con mi hermana Nuri, esta anécdota (con curiosa paronomasia cacofónica, que diría E.C.): -Chicho de Plos, alubias de P2, pues no como. ¿Tú, Nuri, comes?No, yo no como. -Pues yo tampoco.(Se socarraba y frotaba bien la piel del cerdo en la matanza, pero en el “chicho” se veía el nacimiento de las cerdas o pelos). O aquella otra situación. Vino invitada una familia de Murcia de vida y educación diferentes. Había ensalada ilustrada. Nuestra indiscreción de críos convirtió el “bonito” -que no había- en “ chicharro” -que es lo que había-. Dejando aparte nuestra impertinencia, la anécdota reflejaría la modestia con la que se vivía y la imposibilidad de atender a invitados del modo deseable.

El pan. No revestía la importancia del cerdo ¿o sí? Era también transcendente. Cuando tocaba amasar se pasaba la levadura de casa en casa o se guardaba en alguna de ellas: harina, sal, agua, levadura. Todo bien amasado: palmadas, puñetazos, vueltas... La masa bien cubierta, con una manta, en la artesa, toda la noche. Se hacen hogazas, con algún pequeño corte marcado arriba. Y alguna torta, más plana y con unos hoyitos y un poco de aceite untado encima; y con anís, huevos y azúcar para los “santos”, es decir, cumpleaños. Para jueves lardero y en otras ocasiones un “torto”, con chorizo dentro. Y raras veces “cenceña”, pan creo que sin levadura, delgado, más compacto y duro, plano, extraño. Solía hacerlo la tía Lucía. Cada barrio tenía su horno y sus horneras: Marta y Gabriela en el barrio de arriba, el


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nuestro. Para las fiestas patronales, o por algún motivo relevante, se horneaban también “pastas”: sobadillos, galletas con forma estrellada o estriada, bizcochos... Los rosquillos, fritos, se hacían en casa. Hubo un par de familias de panaderos que sucesivamente duraron muy pocos años.

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Las luces de la razón. Mis vivencias entre 6 y 12 años: 1949-1955.

El año escolar. La escuela. Supongo que el 22 de marzo de 1949 mi hermana y yo iríamos a nuestra respectiva escuela, con don Félix y doña Paz, pues era normal escolarizarse al cumplir los seis años, y no, como ahora, en septiembre. El edificio a mí me parecía grande. La escuela de niños estaba en la planta de abajo. Puerta exterior, un vestíbulo embaldosado, otro entarimado, con perchas y acceso a la biblioteca -en la que se guardaban cuerpos geométricos, medidas varias, mapas, tizas, tinta... y los libros- y el aula de clase. Ya en el aula, tres ventanales amplios protegidos con tela metálica exterior. De frente, dos “encerados”, uno giratorio en la izquierda y otro fijo en la derecha; en medio de ambos la mesa del maestro, con carpeta, escribanía, etc. Crucifijo, cuadros del generalísimo y la inmaculada. En la pared derecha, junto a la chimenea, otro encerado pequeño y una puerta que daba acceso a los retretes y a la leñera. Y las mesas, tres filas de pupitres clásicos: una estructura completa de madera con la tabla inclinada -con dos ranuritas y dos agujeros redondos para las plumas y los tinteros, respectivamente-; otra tabla menor e inferior para los libros; la tabla de respaldo, el asiento abatible, y la rejilla inferior también de madera para apoyar los pies. Todo este tinglado teníamos que retirar y recolocar cuando era necesario barrer, con serrín mojado, normalmente por turno. De las cuatro primeras escuelas de mi magisterio, sólo una se le podía equiparar en edificio y en dotación, por lo que puedo afirmar que las escuelas de Magaña eran unas buenas escuelas, donadas, como ya sabemos, por don Buenaventura Herrero.


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Fotografía 2.8: Escolares con el maestro, don Félix y el sacerdote, don José. Hacia 1951.

Fotografía 2.9: Las niñas con su maestra. Hacia 1951.

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El maestro. Era don Félix y le teníamos miedo. Y respeto. Y también aprecio. Tenía mujer y sus hijos eran nuestros compañeros de clase, y de juegos, salvo en el verano. Era muy trabajador, muy exigente con los alumnos y consigo mismo. En aquellos años lo de “la letra con sangre entra” era algo asumido, aceptado, recomendado, celebrado y aplaudido por todos: maestro, padres, niños, sociedad... Gran error, pues no tengo duda de que los excesos originarían rechazos, odios, rencores... que son incompatibles con la educación. Pero al menos el maestro tenía autoridad... El maestro, pues, pegaba capones, bofetadas que te coloreaban y marcaban los dedos en las mejillas; golpecitos, y más, con el borde redondeado de la pizarra en la cabeza... Y esto no por portarnos mal o ser maleducados, no, sólo por no saber, por no poder aprender la división, la regla de tres o aquello de “eso no me lo preguntéis a mí, que soy ignorante, doctores tiene la santa madre iglesia que os sabrán responder”. Presenciamos situaciones muy duras, y hasta humillantes, sufridas por algunos compañeros. En justicia diré que trataba a sus hijos con igual dureza. Ahora, desde la distancia, ya jubilado tras más de cuarenta años de docencia, me permito hacer balance: pese a la tremenda dureza del maestro, valoro mucho más lo que nos dio; los alumnos salíamos preparados. Y si no, juzga, lector, mi experiencia: a los 11 años y medio fuimos mi hermana y yo a estudiar a Soria, a recibir una “lección particular”. En mayo habíamos aprobado ingreso y primer curso de bachillerato. Yo, en septiembre, había superado segundo. Era normal dedicar un año para cada uno de esos estudios. Sin una preparación sólida en la escuela no creo que aquellos éxitos hubieran sido posibles. El pueblo, más tarde, reconoció sus méritos, y puso su nombre a una calle. Yo lo recuerdo con mucha gratitud. Las clases. Antes de entrar llamabas y decías el “ábrete, sésamo”: -“Ave María purísima”. -“Sin pecado concebida”. Eran las escuelas de Franco: familia, municipio y sindicato; banderas, consignas, himnos y saludos de Falange; días del Caudillo, la Raza y Falange en octubre; del Dolor en noviembre; del Estudiante Caído en febrero; de la Canción o la Victoria,


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Fotografía 2.10: Así eran los pupitres -nuestras mesas- bipersonales.

más la Unificación en abril; de San Fernando en mayo; crucifijo, oración, catecismo, mes de María, y evangelio los sábados; petición para el santísimo por las casas, en íntima relación escuela-iglesia. Y petición a finales de octubre para el DOMUND. Una escuela más, supongo, en la que maestro y alumnos trabajábamos con dureza. Y en la que a veces entraba también el sacerdote a dar algunas clases. Cuando entrabas al aula ya veías la lección que el maestro había resumido esquemáticamente en la pizarra. Era un maestro que preparaba las clases. Comenzábamos la escolarización con la cartilla “Rayas”, para primeras letras y


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“palotes”. Seguía el libro “El lenguaje en la escuela”, un libro de lectura comprensiva, bueno además para la expresión oral ( era de la Real Academia o de don Heliodoro Carpintero, inspector de educación, intelectual erudito, buen escritor, que Franco había desterrado de Alicante y confinado en Soria). Pasábamos a las enciclopedias, con sus dibujos y recapitulaciones: “Hijos de Santiago Rodríquez”, Burgos. El maestro nos leía textos en libros como: “Hemos visto al Señor”, “Un regalo de Dios”; y nosotros leíamos “Lecturas de oro”, “España es así”, “Héroes” y otros. El autor de varios de ellos era Agustín Serrano de Haro, y la editorial Hijos de Ezequiel Solana. Aunque lo recuerdo muy poco sé que leíamos pasajes del Quijote. En Aritmética (entonces no decíamos Matemáticas) empezábamos con la pizarra y el pizarrín para todo tipo de cuentas y primeros problemas. Al pasar a cuaderno, teníamos en sus tapas las tablas de multiplicación o división, tablas que intentábamos memorizar. Cuando nos enfrentábamos con la Regla de tres -¿era directa o inversa?-, teníamos dificultades, pues a menudo nos faltaba madurez. En aquella sección destacaba Crescencio -“el Cres”-, alumno muy inteligente y maduro. Él solía ser el primero en hacerla y presentársela al maestro. Recuerdo que yo actuaba a veces con cierta picardía: si el Cres la había hecho directa y el maestro le reñía, yo la presentaba inversa (truco desleal propio de la edad y del miedo, que ahora no usaría). En la misma pizarra hacíamos los resúmenes de lecturas y lecciones... Aprendimos muy bien a resumir, sintetizar; pero no recuerdo que aprendiéramos a imaginar y crear, con la redacción. ¿Y el dibujo? Cómo dibujaba y coloreaba el Vitorino, y alguno más... Aquel corazón de Jesús colorado (no usábamos la palabra rojo para este color) o aquellos belenes o Reyes Magos de la Navidad... Nos disgustaba la Gramática -con el adverbio y la preposición, y aquellos análisis...y, supongo, tampoco la Geometría nos subyugaba: podían gustarnos los cuerpos geométricos, pero aquello de los perímetros y áreas laterales... Más nos gustaban las recitaciones “Oigo, España, tu aflicción y escucho el triste concierto...”, “Las huestes de don Rodrigo desmayaban y huían...”, o aquella “Zagala divina, bella labradora, boca de rubíes, ojos de paloma”. Sin duda preferíamos aquellas lecturas de “España es así” o “Héroes” y, de más pequeños, “Lecturas de Oro”. O escuchar en La Historia Sagrada las peripecias de Moisés, José, Josué, Sansón. (Quién nos iba a decir que Sansón y los filisteos iban a ser los israelitas y los palestinos de ahora). En fin, yo guardo muchos recuerdos del catecismo; pero ahora me molesta recordar que tuve que memorizar tantas y tantas


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Fotografía 2.11: Con hucha de DOMUND incluida.

Fotografía 2.12: Así era la escribanía del maestro. Foto de una exposición en Utebo de mobiliario y material escolar procedente de un museo de Huesca.

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Fotografía 2.13: (izq.) Portada de la primera enciclopedia. Fotografía 2.14: (drcha.) Una página de Aritmética. No eran fáciles los quebrados o fracciones.

preguntas y respuestas, desde mi punto de vista tan absurdas en su mayor parte. Y, como he dicho antes, los sábados por la tarde el Evangelio: “La palabra de Dios es como el sembrador...” o la parábola del grano de mostaza y tantas otras... Los recreos y otros aspectos No teníamos patio, ni era necesario. Disponíamos del juego de pelota y la plazoleta contigua. Nos dedicábamos sobre todo a correr y, conforme crecíamos, a jugar a la pelota. Y si llovía o había nieve, jugábamos en los vestíbulos al “oso” o juegos parecidos. Para el frío quemábamos leña en la chimenea. Se calentaban más los mayores, pero de críos pocas veces teníamos frío. Cuando llegaba el mes de julio, había jornada única. Y ya se percibía el final de curso, porque se empezaba a llevar la comida a los padres hasta las piezas. A mí me entraba cierta tristeza... tal vez porque el verano significaba un poco la dispersión de amigos y compañeros.


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Fotografía 2.15: Dos libros conocidos, uno de lectura individual y el segundo de escuchar al maestro.

Fotografía 2.16: No era la gramática lo que más nos gustaba...

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Fotografía 2.17: (izq.) El prisma se “veía” pero su perímetro y área lateral eran otra cosa... Fotografía 2.18: (drcha.) Aprender y dibujar las costas no lo encontrábamos tan difícil...

Las clases de adultos. De niño yo veía que también los mozos iban a la escuela: eran las clases de adultos. Luego he sabido que en 1955, por ejemplo, asistían de 20 a 30 alumnos adultos. Queda constancia en la revista pedagógica “ Mundo Escolar”, de Madrid, de una crónica de Miguel Moreno, con ocasión de una visita de Inspección, en la que se pondera el alto grado de asistencia y aprovechamiento de los adultos, uno de ellos mi primo Alfredo, que acababa de volver de la mili en la que había hecho unos veinte saltos en paracaídas, por lo que era un tanto protagonista del titular.

El año litúrgico. Ya te he dicho, lector amigo, que en mi opinión la iglesia tuvo una influencia relevante en la vida de los españoles de postguerra, y aún hoy la tiene. También la tuvo en la vida de los magañeses de los años 50. Aunque el año litúrgico comenzaba en adviento, si no recuerdo mal, mis recuerdos empezarán con el otoño, ya acabadas las fiestas de la patrona.


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Fotografía 2.19: Nos faltaba espacio para colocar tantos productos y animales...

El sacerdote.

Recuerdo nombres de varios sacerdotes, pero el que coincidió con mi época de escolar y monaguillo fue don José Escorza Villodas, persona que en aquellos años y en mí, desde luego, dejó un gratísimo recuerdo. Don José Escorza provenía de Calahorra, a cuya diócesis pertenecía la parroquia de Magaña. Era un cura que atendía a todo el mundo, mayores, mozos, chiquillos. De mí te diré, lector, que apenas aprendí a leer, me requirió con mi amigo “el Pris” para monaguillo.


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Fotografía 2.20: La enciclopedia tenía mapas plegables de color: uno era el de España.

Fotografía 2.21: Otro mapa de color: Europa.


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Fotografía 2.22: (izq.) Para las Ciencias don Félix nos leía de ese libro “Un regalo de Dios”. Fotografía 2.23: (drcha.) Después de Viriato venía Numancia.

Latines Como pudimos, aprendimos el “cartón”. ¿Recuerdas, amigo Pris? -In nomini Patris... Introibo ad altare... - Ad Deum qui letificat yuventutem meam - Yudica me Deus... - Quia tu es, Deus, fortitudo mea, ¿cuare me repulisti, et cuare tristis incedo, dum affligit me inimicus? - Emitte lucem tuam... - Et introibo ad altare Dei, ad Deum qui... Gloria Patri... Confiteor Deo Omni... Suscipiat Dominus sacrificium de manibus tuis at laudem et gloriam nóminis sui, ad utilitatem cuoque nóstram tociusque Ecclesie sue sancte. - Per omnia saecula saeculorum - Amen.

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Fotografía 2.24: Lo de Rómulo, Remo y la loba nos gustaba.

Ocasión recuerdo... de querer pasar el atril con el pesado misal, al lado del Evangelio, y caérsenos por encima de la cabeza, tal era nuestra estatura frente al altar... Verdad es que nos tomábamos nuestras dosis de vino de celebrar y también de hostias -obleas-, así como recibíamos propinillas en determinadas misas y oficios, sobre todo en caso de entierros, bautizos, bodas y misas mayores y aplicadas a difuntos. Don José nos organizaba alguna chocolatada con los monaguillos mayores y a veces con los mozos que participaban en comedias. También recuerdo su despacho con la estufa de serrín y libros, en un cuarto de la casa de la tía Delfina y del tío Zacarías, en realidad la casa del cura. En la escuela nos explicaba temas de religión, año litúrgico, celebraciones. Utilizaba una serie de láminas que a los pequeños nos costaba entender. Comedias. Con los mozos preparó don José una serie de comedias y sainetes en los que rivalizaba el acierto de las caracterizaciones y atuendos e instrumental con las carcajadas que arrancaban algunos intérpretes, por ejemplo, “el Pedrito” y otros en los sainetes. Todavía recuerdo a Mefistófeles y a Fistilomek, y la figura de


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Fotografía 2.25: (izq.) No recuerdo si dibujamos alguna vez al Cid. Sería tarea difícil. Fotografía 2.26: (drcha.) Portada del libro de Historia Sagrada.

Fotografía 2.27: (izq.) José soñaba y, al contarlo, irritaba a sus hermanos. Fotografía 2.28: (drcha.) Simpático personaje Sansón, ganador. No así los filisteos-palestinos... perdedores.

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Fotografía 2.29: (izq.) También David pecó y lo pagó su hijo Absalón. Fotografía 2.30: (drcha.) El Buen Pastor sugería paz, bondad, felicidad...

un “general” -para siempre así llamado-. Y aquella otra de romanos “A orillas del Ródano la sangre corría...”. Estas comedias sustituían con ventaja, pues eran nuestras, de la gente del pueblo, a las de aquellos comediantes que en años anteriores se pregonaban, con aquellas palabras finales: “y el que quiera estar más cómodo que se traiga su butaca”. Un cura muy humano. Don José atendía también a los mayores. Yo lo recuerdo visitando a mi padre cuando, con frecuencia, enfermaba, pese a que, como te cuento por ahí, lector, mi padre nunca iba a misa. Se respetaban y charlaban cordialmente, como personas de buena voluntad. El Santísimo. Recuerda mi hermana Nuria cómo las niñas iban a pedir por las casas para el Santísimo los domingos de Cuaresma: dinero, huevos, etc. Y así cantaban del


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Fotografía 2.31: Maestro y comediantes.

Fotografía 2.32: Niños y niñas a la entrada de la iglesia. Año 1951 ó 1952.

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siguiente modo: Danos limosna señora dánosla por compasión que sabe nuestro Señor que tienes buen corazón. Y como había quien no daba le decían: Danos limosna señora no seas alicantinas que sabe nuestro Señor que te ponen las gallinas. Día del patrón y domingos. En otoño se celebraba mucho el domingo del Rosario, primer domingo de octubre; era un día que revestía cierta solemnidad y que incluía procesión hasta la era larga -lo que me recuerda Consuelo -. También el día de San Martín, 11 de noviembre, por ser patrón del pueblo, del que en lo religioso nada especial recuerdo. En lo profano sí, y me lo refresca Juana, el vivitoque. Desde luego, la misa dominical se entendía obligatoria. Los trabajos en domingo, prohibidos bajo multa. Así llegaba el Adviento, que anunciaba la llegada del Señor, la Navidad. La Navidad. Así como en la escuela los Evangelios y las lecturas de Adviento y los dibujos del Belén y los Reyes Magos anunciaban la Navidad, hacia el día 22 de diciembre, ya en vacaciones escolares, el cura nos requería para ayudarle a montar el belén. Teníamos que buscar musgo y ayudar a montar aquel “escenario” con tablas y algún encerado de la escuela, con aquellas montañas cubiertas de musgo y nieve, riachuelos de agua plateada, líquida, de verdad, y un surtidor; procedía todo de un aparato de irrigación puesto en lo alto, con tubo de goma y su cánula. Y las figurillas y casas, el palacio de Herodes, etc. Eran días de misa solemne y luces, volteo de campanas, adoración del niño y villancicos. Era muy bonito, fuente de ilusiones y emociones. Pero también se acababa, y la iglesia volvía a


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quedar solitaria, oscura y triste, con aquellas luces mortecinas; y media docena de respetables beatas en las misas de diario y algunas menos y cuatro chiquillos en los rosarios de anochecer o noche cerrada. Y pasaban San Blas y las Candelas, con pocos recuerdos de algún ritual de velas encendidas...

Ceniza y Cuaresma. Los críos esperábamos el miércoles de Ceniza porque nos imponían la ceniza en la frente con aquellas palabras “Polvo eres y en polvo te convertirás”. Entonces se acababa “lo bueno”. Tras la celebración no litúrgica del carnaval, venía la Cuaresma. Todos aprendimos lo del ayuno y la abstinencia, y también lo de la bula, que era baratita. Quedaba prohibido el baile dominical. Era tiempo de penitencia, oración, preparación para la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Llegaban ciertos días de predicación, a veces con algún cura forastero que ayudaba en las confesiones. “Perdona a tu pueblo, Señor... no estés eternamente enojado...” Y así llegaban unos días de sucesivos acontecimientos que para los críos eran atrayentes. En la semana llamada de Pasión se montaba en la iglesia “El Monumento”.

El Monumento. En el presbiterio, de lado a lado y desde arriba hasta abajo, varios hombres montaban el Monumento: una estructura de varias piezas de tablas y lienzos pintados reflejando aspectos de la pasión, como Cristo, apóstoles, soldados, etc. Se guardaba bajo el coro y junto a la escalera. Ese día, tal vez el martes santo, el tío Tadeo y otros gateaban por la bóveda y soltaban y recogían sogas por cada uno de los tres agujeros para que otros hombres ataran y desataran desde abajo para ir elevando y superponiendo hasta encajar las diferentes piezas. Suelta la del rosario o tira de la de verducea... En el centro, en el suelo, quedaba un espacio para el altar. El Monumento era grandioso y muy llamativo para nosotros. Semanas atrás he visto las piezas del monumento que montaban en la capilla lateral del Nazareno en la iglesia de Cerbón; su tamaño es notablemente menor que el gigante que se montaba en Magaña. Nunca, hasta ahora, había pensado en las dificultades para montar tamaña estructura. Los “monumentos” que yo vi después en Soria eran simples aunque grandes telas.


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Ramos. El Domingo de Ramos se bendecían ramas de romero en flor que se llevaban a las casas. Las campanas tañían al ritmo del volteo por los mozos, rivalizando los de la grande con los de la pequeña, hasta enmudecer cuando el ritmo era tan rápido que el badajo no llegaba a golpear la campana.

Fotografía 2.33: De romero, siempre en flor, se hacían los ramos que se bendecían y llevaban a las casas.

La “carracla”. El Jueves Santo el sacerdote lavaba los pies a doce niños. El Viernes Santo había procesión: “Jesús cae por primera vez”...; rosarios, letanías, meditaciones, explicaciones. De rodillas en la calle, a veces charcos... Y a velar al Cristo muerto, por turnos. Las campanas habían enmudecido y era el turno de las que llamábamos carraclas, de rueda dentada y lengüeta giratoria o de martillo, y aún otras... pues creo que había restos de una matraca en la iglesia... El Viernes Santo no había misa pero sí oficios; el cura, de negro, tendido por el suelo... El Sábado Santo se bendecía el agua -entre oraciones, cánticos de gloria, toque de campanas y luces de velas y cirios-, agua que se llevaba a las casas para esparcirla o guardarla y que surtiese sus benéficos efectos.


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La Resurrección. Y llegaba la resurrección, momento de sacar a Cristo y a su madre, de negro, en Magaña la Virgen de Verducea, para que, tras dar la vuelta a la iglesia una parte de los fieles, en el momento del encuentro una moza de “la quinta” le quitara el manto del luto y se lo cambiase por otro de gloria. (Estos “versos” me los facilitó Juana Jiménez P.) Silencio pido, señores, al presenciar el encuentro de María con su hijo el cordero manso y bueno. ... A la que ha quitado el manto a la Virgen del Rosario Dios le dé mucha salud, se lo quite muchos años. Y en un momento que en mi recuerdo no puedo situar llegaba la quema del “judas”, un muñeco preparado con sacos rotos y paja del que se hacía algún tipo de burla para luego quemarlo. Así quedaban vengadores de la inconcebible traición. El milagro. Las campanas volteaban cuando la procesión del “Encuentro” -Resurrecciónacababa de pasar por la “calleja”, justo bajo el campanario. Y el badajo que se desprende, cae, rebota... y no toca a nadie, ni siquiera a “la Florencia”, que bien cerca estaba... Pascua Florida. La gente había cumplido con Pascua Florida, es decir, había hecho su “cumplimiento”, el precepto de confesar y comulgar por Pascual Florida. Bien entendido que había personas que habían cumplido y personas que habían aparentado cumplir. En momentos de exaltación y fervor cristiano se empezaban a hacer los “nueve primeros viernes de mes”, con salvación asegurada... Al menos, ya se podía reanudar el baile.


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Fotografía 2.34: El campanario y las campanas que un día perdieron un badajo.

La bendición de los campos. Era el día 3 de mayo, día de la Cruz. Dejábamos la escuela para ir a la Cruz de Villarraso o a la otra, alternativa, por el Vallejo arriba. El cura, con su roquete... y el hisopo y rezando, todos, la Letanía. Pater de Coelis Deus -Miserere nobis Sancta Virgo Virginum -Ora pro nobis Mater Intemerata -Ora pro nobis Virgo Veneranda -Ora pro nobis Speculum Justitiae -Ora pro nobis Salus Infirmorum -Ora pro nobis Regina Confesorum -Ora pro nobis ... Una vez en el lugar unos hisopazos y bendiciones sobre los campos verdes, mecidos a veces por un viento suave y fresco; y a casa, con la sensación de haber hecho algo necesario para asegurar la cosecha, en su día crecida y granada; eso sí, sometida a las imprevisibles tormentas, pero eso ya sería otra cosa.


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Fotografía 2.35: La Virgen de Barruso, sin rosquillas, ¿románico tardío,s.XIII o réplica posterior?

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La Virgen de Barruso. Antes de acercarte al “mes de María” o “de las flores” y la fiesta patronal de la Pascua de Pentecostés, te diré que en Magaña tenemos una pequeña ermita tras el castillo, coqueta, muy cuidada por las mayordomas, bajo la advocación de la Virgen de Barruso. (Siguen cánticos que me facilitó Juana). Según tradición piadosa os vinisteis de Antequera a Magaña que os venera como Madre cariñosa Al miraros tan graciosa de virtudes adornada... Si en otro lugar he querido reflexionar sobre este nombre, ahora quiero hacerlo sobre la tradición contenida en los cánticos dedicados a la Virgen. Se dice en ellos: “... que viniste de Antequera, Virgen Santa de Barruso...”. Antequera está muy lejos en una llanada entre el río Guadalhorce y el Torcal, allá en la provincia de Málaga, limítrofe con la de Córdoba. ¿Por qué vino de allí? Como yo no quiero creer en milagros de apariciones, sí puedo, sin embargo, aceptar que la imagen fuese traída por alguien. Y entonces me pregunto: ¿tiene relación con las informaciones de algún antiguo trashumante? ¿O acaso con alguno de aquellos temporeros de aceite, como mi abuelo y tantos otros, pero de anteriores siglos? O, lo que yo más bien creo, se debe a que tras la reconquista de Antequera éste fue un lugar de gran prestigio para la cristiandad, del que irradiarían fe y fervor, adonde se asentaron órdenes religiosas que crearon monasterios, conventos, parroquias, de modo que la ciudad alcanzó nombre en el universo cristiano. Era el siglo XV, y sucesivos. Y al parecer Magaña tuvo desde principio de ese siglo gran desarrollo económico y de población. Sin embargo, he leído en unos escritos de Juana Jiménez P. que la trajeron hace 225 años; para otros la imagen sería del siglo XIII... Otros piensan que puede ser réplica posterior...Doctores... Primera comunión. Cuarenta días después de la Pascua de Resurrección llegaba la Ascensión. Tras una concienzuda preparación en la escuela y en la iglesia, los críos hacíamos la primera comunión: preferentemente de blanco ellas o de marinerito ellos, con


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diademas, rosarios y el librito blanco, con algo de nácar... Algún banquete podía haber y “retrato” que nos solía hacer “el Vitoriano”, el de la tienda, en alguno de los arbolitos del atrio, o en la plaza, mirando hacia el castillo...

Fotografía 2.36: (izq.) Así vestíamos para la primera comunión. Fotografía 2.37: (drcha.) Un “altar” del día del Corpus, esta vez con niños de comunión.

Con flores a María. Todo el mes de mayo era “el mes de las flores”. “Venid y vamos todos, con flores a María...”. En la escuela, imágenes y flores en una mesa como en un altarcito y recitaciones diarias, en rotación, de fragmentos de composiciones conocidas. A veces el fragmento que te asignaba el maestro era raro, difícil y había que recitarlo delante de todos. No era fácil. En la iglesia también había flores, cánticos, salves, etc.


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Pentecostés. En pleno mes de las flores llegaba la Pascua de Pentecostés, fiesta patronal: tres curas, incienso, homilía o sermón, repique y bandeo de campanas, himnos a María (la Salve), a la Virgen de Barruso “Virgen Santa de Barruso, sed siempre nuestra abogada”, que vino de Antequera... Solemne procesión, estandarte, cirios, cohetes a veces, y a traer la Virgen desde la ermita a la iglesia para hacerlo al revés en septiembre. Oíamos contar que en otros tiempos se bailaba “el ramo”, costumbre que tuvo por último protagonista “al tio Isidoro” en los finales 40, según cuenta José-Luis, y a “la Aurín”, según me dice Juana. Cuenta ésta que antes de la misa se iba con el ramo -adornado con flores, ramas, telas- a buscar al señor alcalde para ir en procesión a la ermita. Mover con “aire” el ramo requería dotes de habilidad poco comunes. SALVE REGINA, mater misericordie: Vita, dulcédo, et spes nostra, salve. Ad te clamamus exsules filii Hevae. Ad te suspiramus, gementes et flentes in hac lacrimarum valle. Eia ergo, Advocata nostra, illos tuos misericordes oculos ad nos converte. Et Jesum, benedictum fructum ventris tui nobis post hoc exsitlium ostende. O clemens: O pia, O dulcis Virgo María. Corpus Christi. No muchos días después, en junio, llegaba uno de los tres relumbrantes días del año, el Corpus Christi. Recuerdo la procesión, algún “altar” en el itinerario, uno debajo de mi casa, con flores y colchas llamativas; y con uno o más niños que habrían sido bautizados poco tiempo antes... niños de verdad. Y una especie


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de guirnaldas hechas con pañuelos vistosos tendidos entre las casas “del tio Eulogio” y la de mi familia (como me recuerda Juana). Y estandartes y canciones y campanas. Verano. Las celebraciones no se suspendían por la llegada del largo y tórrido verano. El año litúrgico todavía nos llamaba para San Pedro y San Pablo, para Santiago y la Asunción. Y también a la misa dominical, en verano reforzada por otra para madrugadores, cazadores o labradores. Llegado el primer domingo de septiembre de nuevo las fiestas patronales, para llevar a la Virgen en procesión a su residencia habitual, la ermita. Bautizos, bodas y entierros. Casi he olvidado el ritual de bodas tras las tres amonestaciones. Una curiosa anécdota te cuento más adelante. Del bautizo recuerdo el “cocharrón” de agua que le echaban al chiquillo en la pila bautismal. En lo profano, lo de “bautizo meao...” si no quedábamos satisfechos con lo que nos “echaban”... Algo mejor me acuerdo de los entierros, de triste solemnidad: el cura de negro, hisopo, misal de difuntos; el féretro negro, entre los bancos delanteros laterales, la familia, la cruz... Y el señor cura: “Dies irae, dies irae, calamitatis... la tremenda...” “Requiescant in pace” -Amen. Y aquello de “la tremenda” se nos grababa en las mentes, porque nos sonaba fuerte, y porque en el pueblo había una mujer a quien llamaban “la tia Tremenda”. En fin, el acompañamiento en procesión al camposanto, por la carrera, con responsos en ese lugar, en la ermita y en el propio cementerio, y la fosa, las cuerdas, las paladas de tierra, lloros, una cruz y placa de recuerdo... Y el hecho de ser los familiares varones quienes portaban el féretro...y no los de la funeraria... “Cuando vayamos -nos lleven- la carrera alante...”, se decía aludiendo a la muerte. (Juana). La Extremaunción y el Viático. Ocurría de vez en cuando y no recuerdo si acompañábamos o no al sacerdote, tal vez sí los monaguillos mayores tocando la campanilla. Era la extremaunción que se administraba a enfermos muy graves o a ancianos. Sí ayudábamos en la


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preparación previa de los santos óleos y también en la del viático. Todo aquello nos infundía respeto y nos atemorizaba a los pequeños. Mi confusión. Ya he citado que en aquellos años comencé a sentir ciertas preocupaciones porque algo me confundía. Mi maestro era muy buena persona y era también muy religioso. El sacerdote exactamente igual. Y yo tenía gran confianza y aprecio hacia ellos. Pero yo veía que mi padre, buena persona, no iba nunca a la iglesia, ni a misas ni a los entierros ni a las confesiones ni comuniones... y sin embargo charlaba amistosamente con el cura cuando éste lo visitaba en sus días de enfermedad. He dicho que yo soñaba, pesadillas, con obispos y demás.

El trabajo en el año. Mi trabajo. Como niño, marchado del pueblo a los 12 años, pocas experiencias viví de lo que era el trabajo en el campo, el monte, el ganado, la era, la casa... Por otra parte, la escasa hacienda de la familia - por la frágil salud de mi padre pusimos la tierra a medias y luego a renta-no me exigió tanto esfuerzo como sí les fue exigido a la mayor parte de los chicos (Goíto, Domi, Fernando, Alberto, etc.) y chicas de mi edad y la de mi hermana. Hablaré por tanto de mis escasas experiencias y también de mis observaciones a lo largo de las estaciones del año. En mi casa. Desde niños nuestra madre nos traía “a raya”, digamos, en las cosas menores: ordenar nuestras cosas, ayudar a hacer la cama, limpiar el calzado, si procedía; barrer el corral y su empedrado, o el portal... Y también dar agua a la yegua, o a la burra después. (Una vez desobedecí a mi padre y en lugar de dar agua a la yegua me fui con mi amigo Pris a comer cerezas a su huerto de las Canales; se rompió la rama, caí, y me hice una piquera en la cabeza; no me curaron hasta que llevé la yegua a abrevar a San Juan). Llevar el almuerzo o la comida a la pieza, traer sacos de paja, sacar la corte y ayudar con el “ciemo”, etc. Y pequeñas tareas en los huertos: regar, excavar y limpiar algunas hierbas, coger las nueces en otoño y las peras en verano, o las berzas, etc.


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Fuera de mi casa. Nunca fui a labrar. Aprendí poco a segar, acarreé algún verano yo solo sin cargar yo la caballería, colaboré en la trilla y a “ablentar”; llevé mantadas de paja al pajar y “ciemo” a alguno de los huertos. Desconozco los trabajos del ganadero. Sí supe lo que era manejar el hacha o el tronzador allá en el Vedado, pero muy poco.

Las colmenas. En lo que más me tocó participar fue en el colmenar, sobre todo a la hora de “sacar la miel”. En septiembre nos poníamos un mono, calcetines gordos, careta y guantes, que entonces eran de cuero y luego de plástico, esto ya hacia 1959-1960. Mi padre manipulaba la colmena -cámara y alzas- y yo bajaba éstas a la caseta, “moscas” incluidas. Las abejas se metían en la caseta y las picadas eran inevitables, sobre todo al manipular las colmenas más fuertes: hubo años en que eran terroríficas y al olor de un aguijón, tan característico, acudían docenas que también clavaban, a veces hasta traspasar monos, guantes, calcetines. A tal punto era dura la situación que mi padre decidió en ocasiones añadirle al humo tradicional unas sales, creo que cloruro amónico, que las inmovilizaba, con la consiguiente ventaja de no recibir picazos, pero con la desventaja de causar muchas muertes. De cualquier modo al cabo del día acababas con media docena de picazos al menos. A la hora de sacar la miel colaboraba también mi madre en el extractor y demás tareas. Y años hubo en que los tíos Federico, Félix, Tadeo, Miguel... nos echaron una mano, sobre todo en el transporte de las latas de miel hasta el pueblo. Después, ya en casa, venía la venta kilo a kilo a los vecinos, la cera, el aguamiel...

El trabajo de los magañeses. Pese a lo dicho, no dejo de tener una idea de los trabajos de mis coetáneos, niños y mayores, en aquellos duros años 50.

Huertos. Te hablaré de los huertos, en realidad huertecillos. Exigía sudor el cavar, preparar los “canteros” y las “eras”, sembrar unos productos y plantar otros, regar, excavar, limpiar. Recoger la producción de los huertos era bastante llevadero, si bien sacar las patatas, por ejemplo, obligaba a agacharse y cavar...


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El cereal. En cuanto a la tierra de cereal y leguminosas baste decir que en Magaña no había maquinaria, no sé si por la estrechez y la dificultad de los caminos, o por la superficie reducida de muchas fincas o por las dificultades económicas, o acaso por la rutina que resiste a la innovación. Sin embargo, bastaba realizar un viaje a Trévago a casa de “la tia Barrena” para ver las máquinas segadoras en aquellos campos... En fin, que los riñones y las costillas lo sufrían. Para labrar y sembrar se usaba arado casi romano y, a veces, vertedera. Había que romper y binar y esperar tempero para el abonado y la sementera. A primeros de otoño se sembraba trigo, centeno, cebada temprana, algunas leguminosas; más tarde llegaban la avena y otros. Y a esperar el paso del tiempo, la lluvia, la nieve y el hielo para que la germinación y el enraizamiento fueran apropiados y luego, en primavera, bendecidos ya los campos, apartar el ballico, la cencerra, los cardos, las ababollas, es decir, escardar, etc. No me resisto, lector, a ilustrar estas tareas por boca de nuestro poeta: Se ha de arar bien, contando con tractor o vertedera o con arado romano según en qué era vivieras. Ya todo bien preparado se esperaba que lloviera y así de esta forma hacías una buena sementera. Así llegaba San Pedro, la temporada de la siega de la cebada temprana y poco a poco unos trigos y demás hasta la avena. En fin, todo con la hoz y la zoqueta, a base de costillas y riñones; cortar, hacer gavillas, atar con los vencejos y el garrotillo, hacer “fascales”... Lo ilustran estos versos de nuestro poeta: En la izquierda una zoqueta derecha hoz afilada lo que cada año se hacía antes de empezar a usarla. Así día tras día desde el amanecer hasta el anochecer. A veces, o en ciertas casas, ocurría que el hombre iba de madrugada a segar y a media mañana iba la mujer con un macho y dos críos metidos en el serón a llevar la comida del día y


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a quedarse a segar dejando los chiquillos a la sombra que se preparaba con unos palos y un lenzuelo... Y en los primeros años de mi recuerdo pasaban segadores acaso de Murcia, que, supongo, trabajaban y descansaban en condiciones muy precarias, hoy diríamos bastante miserables. Y luego vendría el acarreo, que no era tal, pues carros no había y se hacía con caballerías: baste y sogas, cargar los seis u ocho fajos, atar bien, acarrearlo hasta la era, descargar y más tarde tal vez hacinar. Y no faltaban los cánticos, sobre todo, las jotas, que se oían por doquier.

Fotografía 2.38: Mercado tradicional de San Pedro. Un carro de los que en Magaña no hubo.

Los chiquillos esperábamos la trilla ávidos de emociones: tender la mies seca, disponer la yunta con los aperos, atar el tiro del trillo -aquel trillo de piedras afiladas y pequeñas ruedecitas y más tarde el de cilindros-. Vuelta y vuelta, al cerco y a la mies, y la yunta que se iba si no la dominabas bien (porque en esta tarea sí participábamos los chiquillos, tirando de la yunta con firmeza, presumiendo de que no se saliera de la parva...). Llegada la tarde acababa la trilla, se recogía la parva y se barría. Y ahora tocaba esperar a que el “gallego” o el “solano” soplasen favorablemente (no era igual en todas las eras) para “ablentar” o aventar: horcas, mies trillada al aire, palas, más aire; aquí el grano, ahí la paja y más allá el tamo.


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Fotografía 2.39: Así se trillaba hacia 1950.

Fotografía 2.40: Horcas, palas, medias, trillos, rastrillos...


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Era la hora de las cribas y las granzas, las talegas, etc. Y las mantas -aquellas lonas o lenzuelos para llevar a “mantadas” la paja al pajar, si éste estaba separado de la era-. Y las talegas de grano se llevaban a las casas, generalmente por la puerta de arriba, casi a nivel del somero, para terminar en los “atrojes”. Pero a veces llegaba la tormenta, o las tormentas, que estorbaban un día y otro las tareas. (Recuerdo aquí una anécdota, mejor picardía, que me contaba mi tío Julio: siendo niño le extendió sin permiso la mies al tío Pedrillo; éste la tuvo que recoger rápidamente porque venía tormenta; al ver al Julio cerca de la era, salió persiguiéndolo con la horca diciendo “dejáimelo, que lo voy a reprendel”). Las tormentas se aceptaban resignadamente siempre que para el primer domingo de septiembre, fiestas patronales, se hubiera recogido toda la cosecha. Conviene decir que todas estas tareas se hacían bajo un sol pleno, de justicia, de ese que derretía el plomo... En la pieza acaso tuvieses una encinilla que te regalaba con su sombra y te permitía colocar el botijo y dejar el sombrero, de paja y ala, al lado, comer y descabezar unos minutos de sueño. En la era, el botijo, a la sombra, mitigaba un poco la sed, el sudor y el cansancio. Y a las dificultades se sumaba el control que ejercía el Ayuntamiento sobre el grano recogido, para recaudar fondos, pues era un Ayuntamiento pobre. Es algo que yo no recordaba y Juana Jiménez me hizo saber. Hoy, siglo XXI, las circunstancias son otras y nuestros paisanos, ya muy pocos, manejan el tractor y la cosechadora con ambiente más o menos climatizado y acaso amenizado con música dedicada o discos CD. Todo lo de antes queda muy lejano. Enhorabuena, paisanos. ¿O no es para tanto?

Los pastores. Poco sé de otras tareas como la del ganado. Sí recuerdo el paso por mi calle de pastores, ovejas y corderos, en época invernal, creo: traerlas, llevarlas, darles agua, echarles de comer, a veces ramón. El ganado exigía de un pastor o pagar a uno de ellos, junto a otros propietarios, a veces. Ya sabes, ir de pastor: garrote, zurrón y manta, todo imprescindible. Claro que recuerdo aquellos pastores con su ganado y su perro por los ribazos enfrente del pueblo, protegidos del frío y del cierzo con su manta, increpando al perro para que azuzase a aquellas ovejas retrasadas o metidas en lo prohibido... O cuando la tormenta descargaba sin hallar abrigo. ¡Qué “manta” de agua ha “caido”! (Supongo que se diría así por el peso de la manta empapada, que medía la magnitud de la lluvia). Y llegaban los corderos que el pastor, como el cabrero con los chivillos, tenía que cargar hasta la majada o la casa, en la hora de cerrar, si no había dejado a la oveja paridera en


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la majada... También recuerdo aquellas bolas de sal sobre piedras, junto a las majadas, numerosas entonces. Y aquellas extrañas redes para, al parecer, aprovechar el sirle en la misma finca. E igualmente aquellas ovejas modorras... y los buitres que merodeaban por Peñaraje o “Peñaquemá” sobrevolando hasta caer sobre la oveja muerta. Y el sesteo del ganado en los calurosos días del verano, cuando los pastores venían a sus casas a reponerse del madrugón.

Fotografía 2.41: Del mercado de San Pedro de agosto de 2001. El pastor: zurrón, manta y garrote.

En fin, llegaba mayo y venían los esquiladores “Te vas a poner como el chiquillo ´el esquilador”. ¿De dónde venían, pues en Magaña no había esquiladores? Tal vez de Fuentes o del Moncayo, o acaso de Teruel... Ataban las reses para que el esquilador metiese la tijera; de vez en cuando pedía “moreno”. Y así una res y otra, y otra. Y buena comida, al parecer, esos días: guiso de cordero y copas... El monte. Aunque algo supe de la dureza del trabajo en el monte (en Magaña el monte era el bosque de encinas y robles) estoy muy lejos de conocerlo muy bien porque la leña y la madera era algo propio de los hombres. Para el tipo de cocina común en el pueblo, hogar con chimenea, se traían aliagas y “estrepas”


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para encender y empezar; ramas de roble y encina para calentar y durar más; y algún “rimador” (¿arrimador, tal vez?) de rama ya gruesa o tronco no excesivamente grueso, de encina o roble, para uno o más días. Con esa leña y las brasas resultantes podías calentarte de frente, calentar el agua en el caldero pendiente de los lares, o hacer la comida en los pucheros de barro o porcelana; en fin, asar las patatas en los rescoldos y cenizas finales, preferentemente a la hora de salir de la escuela. Sin olvidar que aquel humo de gitanos ahumaba y curaba jamones y chorizos y otras piezas del sagrado cochino, pendientes como estaban de unas varas colgadas por allí, aunque no siempre. A veces el hollín caía o ardía... o el viento era desfavorable y revocaba... Otra cosa era el cisco y el carbón. Sólo una vez participé en una y otra tarea. Para hacer cisco utilizábamos leña de ramaje ligero de encina; fuego y un poco de agua que redujese y frenase las llamas. Para el carbón hicimos una carbonera. La leña, también de encina, mucho más gruesa que la de cisco, se apiñaba, cónica, en orden, cortada en trozos, dejando un tiro de ventilación; se cubría con ramaje y tierra; se prendía fuego y se dejaba “cocer” varios días, no sé cuántos. (En la película Tasio, de M. Armendáriz, se ve una enorme carbonera, imponente, allá por los montes de Navarra). Con ocasión de un carboneo dice mi tío en su estrofa: ... Pero que los carboneros las lindes no comprobaron el caso fue que ocho encinas de mi padre carbonearon. También recuerdo unos años de “carboneo” en Magaña. Vinieron carboneros al pueblo, tal vez de las tierras del Moncayo, con “el Carbora” de Matalebreras. No sé cómo contrataban con los propietarios, pero “carboniaban” los montes. Trajeron un chiquillo en edad escolar que daba la impresión de no haber estado nunca escolarizado. Era el “Quió”, de quien hablo en otro lugar. A veces se cortaban y acarreaban chopos y algún nogal, que reportaban beneficios añadidos... Referente a la madera quizá poco haya que hablar pero no puede olvidarse la que produce el nogal. Ya que en las tiendas de muebles siempre que vas a comprar


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Vivencias y recuerdos de Magaña en 1950. cuando te resultan caros dicen que son de nogal.

Otras tareas. Éstos, probablemente, fueran los trabajos más comunes y más duros de la vida en aquella Magaña de los años 1950. Pero había más, y también duros. Albañiles y peones que edificaban y reparaban: adobes de tierra, paja y agua; ladrillos, bien mojados; piedra, ripio, barro o cemento con arena; plomada y nivel, gamella, paleta y llana; martillo o pico...Y los tejados, madera y tablas, barro; y en el techo cañizo, yeso; los ríos fuera, las soleras dentro... Había albañiles en el pueblo, los Charrines, pero otros venían de fuera, de Suellacabras, por ejemplo. Los veías en los andamios, y pedían el material a los peones, que lo elevaban disciplinadamente, con su brazo o con una carrucha. O aquellas tareas de reo vecino para contribuir a trabajos para la comunidad, por ejemplo limpiar caminos. ¿Terminaban éstos con una especie de vivitoque a veces? Muy vistosa era la tarea del herrero, con “el tio Cigones” en la fragua de arriba o “el Juan” más tarde, en la fragua nueva. Herraduras, barrones, clavos, rejas... Aquel fuelle, el yunque, las chispas..., los golpes, todo nos llamaba la atención. Recuerdo también a los dos camineros, “el Canene” y “el Mingo”, con sus azadas especiales y sus rastrillos. Y trabajo a tiempo total era el del carpintero con su llamativo taller, en casa y en la cochera; ruido de máquinas y sierras, olor a madera, serrín y virutas. Armarios, puertas, féretros (se decía cajas de muertos) y listones para nuestras reglas escolares. A él le pedíamos el serrín para limpiar la clase. Era “el tio Gabriel” y después también su hijo Victoriano, de quien luego he conocido su faceta de gran escultor. Tareas menores, caseras, algunas de hombres, otras de mujeres: traer leña y hacer el bardal; extender, secar y limpiar las judías, garbanzos, etc; pelar tomates y meterlos en conserva (en botellas entonces). Hacer las mermeladas, la carne de membrillo, pastas y rosquillos, amasar el pan; colgar o guardar en el trigo ciertas frutas, peras, manzanas, ciruelas. No había frigoríficos, pero sí modos de conserva ancestrales, eficaces, baratos y ecológicos. Y las tareas que daban los animales, con los cerdos a la cabeza, para los que se buscaban ortigas; y con la limpieza de cuadras, corrales, cortes, etc. O quienes tenían conejos, que buscaban mielgas. Y aquella otra tarea de echarse al suelo para limpiarlo, pues la españolísima fregona todavía no existía. En nuestra casa estaba el asunto de la miel: pasarla a bidones o latas de 25 kilos, más manejables; hacer y vender el aguamiel para el mostillo; fundir la cera para venderla en forma de torta. Durante algunos años vimos hacer


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cestas al tio “Cestero”. Tenía las mimbres cortadas en haces metidos en el agua del río para luego, en su casa, entretejerlas y hacer cestas, cestos, banastas... A mi padre le vi también manejar el soldador; calentarlo y aplicarlo al estaño sobre la cazuela agujereada, previamente bien limpia; o, a veces, sobre una pieza de latón añadida si el agujero era considerable. Pero solían venir estañadores o caldereros de fuera. Y las horneras que cocían el pan que cada mujer amasaba en su casa. A las mujeres veíamos coser, bordar y hacer encaje de bolillos. De pequeños también vimos a las mujeres ancianas cardar la lana con el huso, la rueca y los cardadores. Y la, durísima en invierno, tarea de lavar en el río, con las manos amoratadas... y tantas otras. Muchas otras actividades pueden quedar pendientes: remendar la ropa, como culeras y rodilleras en los pantalones, coser los “tomates” de los calcetines con un huevo de madera. Hacer calcetines a punto de media, con cuatro agujas. O llevar la cochina al “varraco”. O el simple hecho de traer el agua del río, cosa habitual de las mujeres, con anécdota que me cuenta Juana de mi propia madre, quien el día anterior a dar a luz traía un balde y un cántaro de agua desde el río en San Juan.

Ocio: juegos, entretenimientos, bailes, fiestas... Consideraciones previas. Englobo todo cuanto significaba distracción y fiesta. A lo largo del año había una serie de festividades muy señaladas además de los domingos y, desde luego, las fiestas patronales. Del mismo modo practicábamos una serie de juegos que solían repetirse estacionalmente, de chicos, de chicas, de grupo, de pareja, etc. Los mayores tenían como distracción más habitual, solamente los domingos, el juego de pelota, la taberna con los juegos de cartas y el baile. Añadiré también los entretenimientos con que los niños llenábamos el día a día: nidos, el castillo, exploraciones, etc. Los domingos y San Martín. La misa dominical era una práctica de asistencia generalizada de significado religioso pero también social, donde se entonaban cánticos, se participaba del llamativo ritual -latines, sermones, incienso...-, se veía a las mujeres y chicas, sonaban las campanas... Tras la misa venía la hora del vermut, con naipe para los


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mayores y cuatro juegos y carreras para los chiquillos. Por la tarde solía jugarse, en el buen tiempo, a la pelota, normalmente dos equipos de tres jugadores, en el frontón sin paredes laterales con aquella cancha de tierra dura y polvorienta, esperando que la pelota se “picase” en el altorrelieve de la línea de piedras que delimitaba la falta, y en los laterales. Buenos partidos, atracción imprescindible. ¿Habrían podido competir con los pelotaris de Añavieja o los de pinares de Alto Duero? No lo sé, pero sí recuerdo buenos sobaquillazos, machetes, tantos reñidos, cortes, zurdazos... Otras personas, a la vez, y antes o después, se distraían en las tabernas con las cartas, al mus y al guiñote. Para mí, de niño, el mus era llamativo e indescifrable: sí, no, paso, llevo, no, sí, envido... Era un misterio con cierto atractivo enigmático. ¡Qué sagacidad la de algunos! ¡Qué faroles! El guiñote, aunque dependa de las cartas, también es un juego interesante y de saberlo jugar. Y a ello se aplicaban por parejas para jugarse el porrón de vino o de cerveza con gaseosa, más unos cacahuetes y poco más. Después llegaba el baile, habitualmente en la casa-concejo y a veces en la plaza. Allí veías “al Tinda” y “al tio Hipólito”, hijo y padre, dando al clarinete y al tambor, prolongando la nota y a veces “encanándose”; y a las parejas, pudorosamente separadas y con el brazo bien salido, marcando los ritmos, con preferencia el pasodoble. Y allí los chicos requerían a las chicas para bailar (No, que soy hija de María. -Y yo de Vitoria) e ir acercándose y pedirles relaciones... Y los chiquillos a correr, a perseguirse, a bailar a veces, a estorbar y a observar a los mayores. En estas tardes de domingo, sin más alternativas que las citadas, no era extraño algún exceso etílico y alguna consiguiente discusión o pelea. Pero, lector, ya te he dicho que al llegar la Cuaresma el baile se prohibía, tajantemente. Podía ser “pecado”, y la madre iglesia velaba por la salud espiritual de sus jóvenes hijos... como mejor sabía hacerlo: prohibiendo. Qué tiempos... aquéllos... Un domingo especial era el del Rosario, primer domingo de octubre, con vino y orejones en cantidad en todas las cuadrillas de mozos y chavales. Y también era día especial el 11 de noviembre, día del patrón, San Martín de Tours, el del caballo, la capa y la espada, con el pobre al lado. Pero yo no recuerdo nada especial en este día, salvo alguna vez que hablaban del vivitoque (lo escribo con uve por entender que se refería al aviso vivo con las campanas para tomar el vino y los frutos secos). En las mañanas y tardes de los domingos invernales era frecuente jugar a la tanguilla, en el atrio de la iglesia o en la carrera. Y así llegaba San Antón, con hogueras de mozos y de niños, aportando leña propia y, a ser posible, o casi por obligación, ajena... Todavía en aquellos años vi celebrarse el carnaval, acaso ya languideciente por prohibido.


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Mozos y mozas, éstas menos, disfrazados pedían por las casas “pastas” y copas a la vez que hacían gracias alusivas, supongo, a la condición de su disfraz. Otras veces veíamos a los chicos mayores, a los mozos, poner un bote sobre un hoyo en la tierra, echar agua o mearse... Era el carburo: carburo, agua y fuego. Las fiestas patronales. Tenían lugar para Pentecostés, en mayo, y el primer domingo de septiembre, ambas muy esperadas y concurridas. Las mujeres, sobre todo en verano, habían procurado blanquear, incluso con “azulete”,( comprar la cal, diluirla bien en agua caliente, añadir azulete) las partes principales de la casa y “abrillantado” el suelo con saúco, en ciertos casos. Desde luego, habían preparado rosquillos, sobadillos, pastas... Las campanas volteaban y ya anunciaban la fiesta de la patrona la víspera. Había que procesionar a la ermita y traer la virgen a la iglesia en mayo, y viceversa en septiembre. Los músicos incorporaban en la ceremonia religiosa algún ritmo que le daba solemnidad. Por las mañanas te despertaban, al son de un pasacalles en hora de diana, los músicos, acompañados de críos y jóvenes. Tras la misa venía el vermut y el baile en la plaza. El balcón de las escuelas se llenaba con los músicos y sus instrumentos: trompeta, saxofón, tuba, trombón y percusión; y con aquellos soportes y aquellos atriles metálicos donde sujetaban las partituras. Y allí veía subir a los mozos con porrones de dorada y espumosa cerveza con gaseosa que, a esa edad, veía hermosos, con ojos de curiosidad. (A alguna niña no le gustaba que una parte de la escuela fuese utilizada para esos menesteres...) Entretanto “el Piturro”, un fuenterreño listo, había montado su tinglado para divertirnos y sacarnos las perrillas. Carabinas que disparaban flechas a las dianas o a las cintas, a veces poco tensas para dificultar su rotura y el consiguiente premio. Y las baratijas: gafas de papel de color, chiflos, golosinas, “mixtos”... que eran la debilidad de los críos. La sesión acababa con un baile más movido y variado, seguramente una jota y la escoba. Siempre había mozos y mozas que te agachaban a escobazos si no habías estado atento a la música. Solía haber comida suculenta, al menos mejor que de ordinario. Y acaso familiares o invitados. Y nadie, ningún forastero, podía quedarse sin ser invitado a alguna casa a comer o a cenar. Y los músicos, que solían venir de Ablitas y repetían año tras año, eran agasajados con generoso voluntarismo y confianza, en principio rotando por las casas de los mozos según algún orden que desconozco, tanto en las comidas como en el dormir. Era una honra y un orgullo para los mozos alojar a sus músicos. Para éstos se-


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guro que al fin no resultaba cómodo... Una de las tres tardes festivas, la última, se sorteaban las rosquillas, bendecidas y llevadas en procesión con la Virgen. En anteriores tiempos ésas se subastaban y los más humildes no las podían conseguir. Entretenimientos de niños. Aparte de la participación en las fiestas y domingos citados, los chiquillos, bien en pareja o en grupo, con los amigos más próximos, ya en edad escolar y avanzados cualitativamente en nuestro proceso socializador, nos divertíamos con pequeñas cosas a lo largo del año. Así: subir al castillo, imagino que desde los 7 años; explorarlo y, un buen día, atrevernos a superar la dificultad de subir a la muralla más alta y meternos en la “sala honda”, que era la meta más lejana, para, una vez allí, grabar nuestros nombres en el yeso de su ventana principal; o, en la primera muralla, la exterior, recorrer buena parte de lo que podía ser el paseo de ronda y acomodarnos una y otra vez en todos y cada uno de los cubos que nosotros llamábamos tambores, mirar al pueblo con sus dos barrios, los dos ríos y cuantos barrancos, cerros, montes y piezas se ofrecían a nuestra vista. Creciendo en años, algunos de esos paseos y escaladas se hacían con las chicas o al menos pensando en ellas y en mil fantasías. Otras veces nos dedicábamos a coger “cañiguerra” y lanzarla como una flecha, pues eso parecía; o a correr por las sendas sin pensar ni mirar los precipicios tan próximos; o a lanzar papeles agujereados con piedras para hacer caer los “ocetes” a la huerta de las ánimas... Actividad preferida en primavera, pese a las lecciones morales del maestro, era buscar nidos: ponernos al acecho, vigilar la llegada y salida del macho y la hembra, observar si estaban construyendo el nido o habían puesto ya los huevos o el grado de desarrollo de las crías, pelo malo, pelo bueno... escapadillos; todo esto con sumo cuidado para evitar, al menos al principio, que lo aborrecieran. Y así, en el mismo castillo, había un nido de “calderero” en la puerta de entrada al patio de armas; otro de abubilla en la pared de enfrente... A veces nos íbamos a los muros de la carretera entre San Miguel y Peñaquemá, encima del molino segundo, para ver aquellos nidos de chillón y uno de aguilucho, éste con uno o dos huevos más grandes. O en los zarzales en el río y junto a los huertos, nidos de ruiseñor; o en los chopos, de picaraza entre las ramas y de “pitorrial” en su tronco: en el río de la Vega nos asustamos una vez en uno de éstos, al meter la mano, chillar los pájaros, ya crecidos, y pensar nosotros que había una culebra... En fin, diferente era, ya en el verano, con los padres en las piezas, descubrir los nidos de “codujada” o cogujada y también los


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de codorniz; o, en el camino, bajo una “estrepa” o un romero, el nido de perdiz con doce o quince huevos... Igualmente nos gustaba recorrer todo, explorar los lugares. Por ejemplo, las eras, los pajares, los “pajueros”, algún huerto y algún frutal -con fruta aún verde pero ya merecedora de visita-; o ir a los “casutos” de los pobres como el que había junto al pueblo bajo las rocas del castillo, o aquel otro de las Hiruelas. (Estos casutos sustituían al alojamiento por turno obligatorio que los vecinos daban a los pobres pocos años antes, hasta que, creo, uno de ellos quemó una majada y luego escapó de su encierro en el Ayuntamiento descolgándose con su manta troceada, según me hizo saber Juana Jiménez).¿Recordáis la “pobra buena”, que tan bien acogida era entre nosotros, y a la que, mi hermana y sus amigas daban hasta la merienda? O, allí mismo, encima de las Hiruelas, aquellas piedras coloreadas, verdeazuladas, de lo que llamábamos una mina, donde se veía que habían extraído material, acaso pirita de cobre. O recorrer el río, tirar piedras a los pozos “capando” el agua y tratando de matar las numerosas culebras. O ver a las mujeres lavar o a los hombres cavar o regar los huertos; o coger moras en los zarzales o “limoncillos” en aquel tipo de espino que en un huerto de Las Pozas tenía “el Pris”. ¡Cómo disfrutábamos en el Reajo!, cientos de cucharetas, las hermosas pozas que hacíamos... O, simplemente, nos divertía pasar los estribos en el ábside de la iglesia, o desplazar el rodillo subidos en él, o jugarnos al frontón una sacarina que nos tomábamos con agua de la fuente del Reajo en una botella que nos prestaba “la Pilar”... A veces ocurría que nos metíamos en casa y jugábamos con los juguetes, que no abundaban; o leíamos recitaciones, cuentos, adivinanzas..., o buscábamos en el hule de la mesa los nombres de lugares de España: Zafra, Tudela... En fin, alguna vez nos atrevíamos a explorar lo lejano y yo recuerdo llegar a Bajocil, Valdecuberos, Peñaraje, La Dehesa... Y cuando avanzaba el verano y los “pajueros” estaban llenos de paja ¿cuántos ratos no habremos pasado, en grupo numeroso, lanzándonos a lo loco sobre aquella mullida paja, en los pajueros “del tio Pezola” y en tantos otros?. ¿Y aquel hinque? Entretenimientos de niñas. En numerosos casos chicos y chicas participábamos de los mismos juegos, canciones y entretenimientos. No obstante, había actividades específicas para cada sexo. Enumero, con la colaboración de mi hermana Nuria, algunos de los entretenimientos o juegos más repetidos. Acericos y alfileres; A la una anda mi mula; Bolos; Comba; Corroncho la patata; Flores o colores; Lotería, parchís, oca, etc.;


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Paquetes; Pasimisí; Pita; Ratón y gato; Tabas; Zapato´el abadejo; Villancicos... Algunos de los juegos los explico en la parte de chicos. Otros los describiré a continuación. A la una anda mi mula. Desde el poyo del atrio de la iglesia muchas chicas saltaban sobre otra a la vez que cantaban: A la 1 anda mi mula a las 2 tira la coz a las 3 el burro de San Andrés a las 4 el bizcocho a las 5 el buen brinco a las 6 tente burro que te caes a las 7 el pirulete a las 8 planto el corcho (se le ponía algún objeto) a las 9 lo recojo a las 10 el tentempié a las 11 llama el conde a las 12 le responde a las 13 a poner las anganillas a las 14 a recogerlas a las 15 a correr los enanitos (y salían todas corriendo finalizando el juego). Bolos. Éste era un juego entre amigas muy próximas para jugar en el entorno de la casa. Teníamos una bolera de madera con los correspondientes bolos y bolas. Comba.

Dando a la soga se entonaba alguna canción:

Soy la reina de los mares ustedes lo van a ver tiro mi pañuelo al suelo y lo vuelvo a recoger. Pañuelito, pañuelito, quién te pudiera encontrar, guardadito en el bolsillo


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con la virgen del Pilar. Que una, que dos y que tres, salta niña que vas a perder. Al pasar la barca me dijo el barquero las niñas bonitas no pagan dinero. Yo no soy bonita ni lo quiero ser arriba la barca una, dos y tres Flores o colores. Una niña sentada en el poyo adjudicaba nombres de flores o colores a las participantes. Otra apoyaba su cabeza en el halda de la primera sin poder ver. La primera iba llamando: que salga el rojo, o la rosa, etc.; la aludida salía y daba una palmadita en el trasero de la segunda, que tenía que adivinar de quién se trataba. Tabas. Con huesos de rótula de cordero, creo, y un pitón o canica. La jugadora de turno echaba el pitón al alto y trataba de colocar las tabas en las posiciones sucesivas de güitos, culitos, correas y chichas. Perdía si no las ponía en las jugadas acordadas o si su pitón caía al suelo. Canciones y villancicos varios. Fuentecita del arroyo... Adiós campos de mi tierra... Estaba el señor don gato... Que llueva, que llueva... A la jota jota... Mambrú se fue a la guerra... En la noche de San Juan... Al juego chirimbolo... Qué haces “ai”, mozo viejo... ... Corre, corre al portalito... Vamos pastores vamos... Ay del chiquirritín... San José al niño Jesús... En el portal de Belén... Juegos. Las cuarenta o escondite. Mientras un jugador contaba cuarenta sin poder mirar hacia los demás, éstos se escondían tras las esquinas; al término del cómputo trataba de localizar, reconocer y decir el nombre del que había visto. Si alguno se


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anticipaba a llegar al punto de referencia del que la quedaba, todos eran liberados y se repetía el juego. En caso contrario el primero en ser localizado sería el siguiente perdedor. El oso Ya lo he citado al hablar de la escuela. Lo practicábamos en días de mal tiempo en el vestíbulo de aquélla: un niño se arrodillaba en el centro y otro de pie le tocaba el hombro; los demás participantes intentaban golpear a ambos en la espalda, pero si eran tocados por el que estaba de pie tenían que pasar a ocupar el puesto del arrodillado. Por ti. Era el más elemental, correr persiguiendo a los otros para tocar a uno y pasarle la vez. Propio de críos pequeños, hasta 7 u 8 años, supongo. El nivel o rescate. Era algo más complejo: había que capturar, tocando, a los participantes e ir colocándolos a partir de una línea en fila, uniendo sus manos con los brazos en cruz, vigilando bien al último capturado, en el extremo de la fila, porque si alguno de los participantes libres conseguía tocarlo quedaban todos rescatados. El tino. El tino era también fácil: se lanzaba una pelota, habitualmente de lana, contra la pared, pudiendo correr y alejarse todos en tanto que el que la quedaba cogía la pelota; si alguien desplazaba entonces sus pies o la pelota que se lanzaba tocaba su cuerpo, perdía y pasaba a ocupar su puesto. La piola. Era un continuo salto sobre los participantes que doblaban su espalda y agachaban la cabeza, en sentido transversal a la marcha, pudiendo introducirse algún añadido como palmadas, palabras, frases, etc. La cuncunilla pico o taina. Palabra y expresión que desconozco y que no sé si se escribe así. En otros lugares se dice “churro va”. Un chico se sentaba en el banco de la casa-concejo o poyo del atrio; sobre sus muslos colocaba su cabeza el primero de los componentes de uno de los dos grupos participantes y en sucesión los demás se agachaban con la cabeza entre las piernas del anterior. (Como conejos, de cuniculum, cunil,...) Los del segundo grupo saltaban de uno en uno


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sobre los primeros, de modo que cupiesen todos y no tocasen el suelo; ya montados todos, el primero ponía su dedo hacia arriba o hacia abajo, a la vista del niño sentado y decía: “a la cuncunilla pico o taina”. Si el de abajo acertaba cambiaban los papeles y si no a continuar saltando. La pelota. Jugábamos a la pelota en un frontis sin paredes laterales, poniendo a veces como falta el “cancil” de piedras que la delimitaban y esperando que la pelota, de lana con gomín, botase adecuadamente y pudiésemos devolverla de un sobaquillazo o de machete o con la “cucha”, sin que saliera tampoco de las líneas laterales. No solíamos tener pelotas de forro. A veces utilizábamos algún gomín muy vivo y jugábamos a “zurrías”, cogerlo y soltarlo sin darle con la mano. Se contabilizaba tanto cuando se tenía el saque. El fútbol. No conocíamos entonces el fútbol y jugábamos con pelotones de goma, más grandes que la pelota, a dar patadas contra la pared. ¿Sería 1950? Tendría yo 6 ó 7 años cuando vi por vez primera que los mozos daban patadas a un balón de cuero -con una cámara inflable y un pitorro, bien metidos en el cuero- que se cerraba con unas cuerdas... Supongo que lo del balón fue iniciativa del señor cura. Poco después empecé a oír que España jugaba contra Turquía y otros equipos: era el fútbol, poca cosa para nosotros entonces. Las gallaras. Era un tipo de guá. De cierto tipo de robles se cogían unas bolitas amarillentas y duras que permitían sustituir a lo que en otros lugares llamaban canicas o boliches, éstos de vidrio o cerámica... para golpearlos y apartar a los contrincantes e introducir tu gallara en el hoyo. La garza. Jugábamos con monedas de cobre y las llamábamos “perras negras” por su color oscuro. Dibujabas un cuadro en la tierra y ponías las monedas apostadas en montón o dispersas pero en orden. Con un turno, ganado, golpeabas tu perra negra en una piedra plana de la pared tratando de acercarla al cuadro y desde el punto en que quedase intentabas golpear a las monedas y sacarlas fuera para ganártelas. Las rayas. En la plazoleta delante de la casa-concejo hay un empedrado singular, vistoso. Una piedra central con un hoyo en su centro, de la que parten 12


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radios de piedras más elevadas que las del suelo empedrado intermedio. Se trataba de golpear tu moneda sobre la pared y que se acercase al centro del empedrado, al hoyo. Tenía más mérito si caía en el hoyo, o en la piedra central, o en las de los radios, y en éstos si se mantenía sin tocar el suelo. Me cuenta mi primo Alfredo que se puntuaba máximo de 9 puntos. Y José-Luis afirma que ésta era la puntuación: 1 punto para la mayor aproximación a la raya; 2 si la moneda toca la raya; 3 si toca la piedra central; 4 si monta limpiamente la raya; 5 si toca raya y piedra; 6 si cae sobre la piedra central; 7 si está sobre piedra y raya; 8 si se posa sobre el hoyo.

Fotografía 2.42: Foto del empedrado reconstruido del juego de Rayas.

El bote botero. Solía ser en las noches de verano. Un bote lleno de piedras machacado en su boca. Por ser el último o por sorteo uno de los jugadores veía cómo le lanzaban el bote lejos y los participantes se escondían en tanto él lo recogía y volvía a dejarlo en el punto de partida. Tenía que salir -los miedosos no se arriesgaban- y localizar a los demás, identificarlos y llegar al bote para declararlos cogidos. Si alguno no era visto y cogía el bote, se jugaba otra partida con el mismo perdedor.


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La banda ´el villador. Era juego también de noches de buen tiempo y se hacían dos grupos con los participantes. Se ampliaba el campo de acción a todo el barrio, buscando y persiguiendo unos a los otros, escondidos en rincones, corrales, pajares, etc. En realidad el juego se diluía un poco al prolongarse la búsqueda. El coto. Teníamos un “marro” o palo de 30 ó 40 centímetros y el “coto”, otro de unos 10-12 centímetros, éste aguzado en ambos extremos. El jugador o jugadora, pues las chicas también jugaban, echaba el coto al suelo y lo golpeaba con el marro en uno de sus extremos para elevarlo, golpearlo en el aire y lanzarlo lo más lejos posible. Con el marro se medía la distancia. La pita o el tejo, o lo que otros llaman calderón. Lo jugaban más las chicas, en la entrada de la iglesia, donde había unas losas planas, siete de las cuales eran nombradas de lunes a domingo. Por turno, y a la pata coja ibas pasando la pita -una piedra o trozo de teja plano- de una losa a otra, sin que se quedase entre ellas o saliese. Empezabas por el lunes y cumplido el ciclo continuabas luego por el martes, etc. hasta completar los siete ciclos. Impedías a los demás pisar las casillas ganadas. La tanguilla. Era juego de mayores pero también jugábamos los niños cuando alcanzábamos los diez ú once años. Sobre un cilindro hueco metálico colocábamos las monedas que poníamos en juego. Desde cierta distancia lanzábamos los tangos, (dos discos planos de metal o dos ruedas de aquellos trillos de entonces) para derribar la tanguilla y conseguir que las monedas quedasen más próximas a cualquiera de los dos tangos. Los acericos. Pequeñas almohadas de papel que plegábamos de modo que pudiésemos pinchar alfileres y agujas con los que luego jugábamos, montando nuestros alfileres sobre los contrarios. El aro. El aro era un juego que acaso dejábamos ya a los 10 años o así. Nos valíamos del aro de baldes en desuso y de una anilla o alambre en forma de “U” en uno de los extremos. Llevábamos el aro libre o frenado, es decir, controlado, según empujásemos simplemente o trabando la anilla.


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La peonza. La solíamos llamar trompa y requería cierta habilidad para lanzarla. Había que enrollar con acierto y firmeza la cuerda y saberla soltar con habilidad para transmitir a la trompa la fuerza que la mantuviese girando con firmeza, seguridad y tiempo. En ocasiones y lugares el juego se complicaba al exigirse anular la peonza de los otros participantes e, incluso, desplazar y ganar monedas en el suelo. Las últimas peonzas que he podidio ver en las escuelas eran mucho más grandes y poderosas que las de nuestro tiempo.

2.4.

Mis reflexiones y recuerdos del río Alhama en Magaña.

Unas consideraciones previas. Antecedentes. En mis tradicionales vacaciones de verano en Soria suelo comprar algunos libros que sobre temas sorianos se vienen publicando año tras año. No hace muchos -1995- vi uno titulado “Por los ríos de Soria” en el que diversos autores glosaban diferentes ríos de nuestra geografía provincial. De inmediato lo adquirí y busqué el río Alhama. Un autor hacía un relato muy ameno y bien construido en el que desde Suellacabras nos trasladaba, junto a un simpático inglés -de ahí su título “The Alhama River”-, a Magaña, donde compartía unas migas con alguien del pueblo. Continuaban en coche hasta Cigudosa donde finalizaban el periplo. Dejando a un lado los valores literarios de la narración, yo me quedé disconforme porque allí no se reflejaban mis experiencias en el río. Esa misma tarde escribí un par de folios resumiendo los aspectos que a mí me parecían imprescindibles si tuviera que hacer un trabajo sobre “mi” Alhama. Nostalgias del río. Por el río llegaban los aguilaruchos con sus banastas de frutas y su plantel de tomates, pimientos y cebollas. Los caminos del río recorrió mi abuelo Nicolás para traer al pueblo el vino y el aceite que luego vendía en la taberna. Por algún pueblo de allí abajo llegó a tener un olivar en canje por una deuda. Por el río, más o menos, venían las grullas a reposar en las almenas del castillo. Por el río se


2.4 Mis reflexiones y recuerdos del río Alhama en Magaña.

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acercaba la niebla del Ebro, asomada unas veces, velando todo Magaña otras. Por el río podían subir las jotas del Ebro navarro y aragonés, aunque otras vinieran del Moncayo. Por el río iban y venían ilusiones pues allá abajo había pueblos y ciudades y en ellos gentes , hijos emigrados de Magaña que tenían hijas monísimas que participaban en las fiestas del pueblo. Por el río se iban las tierras arrancadas por las tormentas que engullían laderas roturadas. Por el río se desangraría el pueblo pues a muchos de los lugares de sus riberas y de las del Ebro- La Rioja, Navarra, Aragón- marchaban nuestros jóvenes en la mejor edad para todo. Curiosamente por el río sólo había malos caminos pues las carreteras se alejaron de sus rutas. Nos contaba nuestro padre que un día estuvo a punto de decidirse que el ferrocarril Soria-Castejón circulase por su cuenca pero que el proyecto cedió ante la fuerza de las minas de Ólvega. Río abajo y río arriba caminábamos en días de septiembre hacia los colmenares con la ilusión de ver algo diferente, sobre todo, de saborear la miel. En fin, un río tan modesto como sugerente para quien lo ha vivido y sentido... Y una decepción final. 12:00 horas del día 4 de julio de 2005: por el puente de Barruso se ve llegar un hilito de agua que desaparece bajo el mismo. No podríamos ahora bañarnos en el pozo del Zapato ni en la Rastra; no podrían ahora lavar las mujeres con aquella alegría que podía dar el agua abundante; no vi peces en el pozo semivacío junto al puente... A las 17:00 horas de ese mismo día, por el puente de media luna que da acceso a las huertas de Cigudosa, deleito mis ojos y mi espíritu contemplando un hermoso caudal que salta en humilde cascada por el tomadero contiguo. ¿De dónde viene ese caudal? Acaso del barranco de las Huertas de Valdelagua; tal vez de Manadizos o del barranco de Valdeprado... Un lugareño me aseguró que el río allí en Cigudosa llevaba menos agua que otros años... Al menos vi el río vivo. Y qué decir del otro río, el Montes, afluente... Pues que es el río de la biografía de mi padre y de toda su familia, que de sus beneficios disfrutaron y sus avenidas sufrieron... hasta en su propia vivienda. Que era un humilde río que nos permitía captar sus aguas para regar los tomates y hortalizas próximas y que, allá por el mes de julio, se secaba justamente en el tramo del barrio de abajo, lo que permitió a mi tío Saturnino rimar los siguientes versos: Que al estilo del Guadiana en algún lugar se ocultase y no al pasar por el pueblo que es donde más falta hace.


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Vivencias y recuerdos de Magaña en 1950.

Generalidades y concreciones. Generalidades. Algunas informaciones tienes ya sobre el río Alhama. La palabra, árabe, alude a aguas termales, probablemente las de Fitero; pero también puede referirse a montañas... y no lejos existe un lugar “Alhama”... Nace junto al pueblo de Suellacabras, en el derrame nororiental de la Sierra del Almuerzo. Recorre parte de los términos de Suellacabras, Pobar y Villarraso; todo el de Magaña y Cidugosa; limita San Felices con Aguilar antes de dejar Soria; sigue por Aguilar y Cervera en La Rioja; Fitero, Cintruénigo y Corella en Navarra; y Alfaro, otra vez en La Rioja, donde desemboca en el Ebro. Su principal afluente es el Linares que, en realidad, sería el río principal al nacer a mayor altitud (Oncala) y aportar mayor caudal, según creo. El Alhama aporta al Ebro 135 hectómetros cúbicos por año, lo que equivale a llenar dos veces la presa de Búbal en el valle de Tena o vez y media el pantano de la Tranquera, en el río Piedra. Es río de montaña hasta el mismo pueblo de Magaña, iniciando aquí un tramo de curvas y acumulación de guijarros que le llevan a perder su caudal visible en verano a partir del llamado “molino primero”. Excepcionalmente, hacia 1995, al parecer, se secó a su paso por el pueblo. Desde unos 150 años atrás nunca había ocurrido o, al menos, nunca tuvimos noticia de ello, pues así lo manifestaban las personas de más edad (mi madre, nacida en 1904, así lo afirmaba). Hecho que parece volver a suceder en este verano de 2005... A continuación pasaré a exponer algunos aspectos de la “vida” del río, en el río, o con el río, al menos mis experiencias y observaciones. Parajes del río. El río entra en el término de Magaña en el paraje de “Monasterios” y “El Castellar”, lugares ya alejados del pueblo, que siglos atrás estuvieron poblados -tal vez fueron castros- Marcaban también el límite máximo de nuestras tardes infantiles de pesca. Cerca recibía el aporte de los barrancos de Valdelespino y Valdelaguna. “Peñaraje”, entre encinares umbríos y romerales soleados, éstos con majadas y colmenar, puede deber su nombre a una gran pared rocosa donde anidaba el buitre. En la solana, junto al colmenar, buscábamos los “cantalobos”, pequeños cubos negros de un centímetro cúbico, o poco más, de hierro oxidado en su superficie (pirita). En “El Gollete” hay un estrechamiento en el lecho rocoso, con llamativas formaciones, una de las que da nombre al lugar (cuello). Se forma un pozo más


2.4 Mis reflexiones y recuerdos del río Alhama en Magaña.

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profundo que los de la zona.

Fotografía 2.43: Discurrir del río con Magaña al fondo.

“Las Pozas”, “La Alberca” y “El Prado” aluden a unas zonas de huertas regables, evocando el segundo de ellos reminiscencias árabes. Junto al pueblo están “San Juan” -con un puente- y “Frentelpueblo”. “La Castellana”:en la curva que se forma bajo el cerro del castillo se halla el pozo de ese nombre; pasaba por ser el más profundo y en el que había más grande “bichera”, es decir, grieta metida en el peñascal que servía de refugio de los peces gordos, capturables sobre todo en la hora de la represa. ¿Por qué el nombre de “Castellana”? ¿Cogían allí el agua para la señora del castillo? ¿Bajaba allí la señora a solazarse? ¿O acaso allí tenía la salida el legendario pasadizo que, se fantaseaba, partía del aljibe, como en tantos otros castillos? Junto a “La Cueva”, un abrigo en la roca bajo el castillo, estaba “El Zapato”, pozo de esa forma donde nos bañábamos los chiquillos en las tardes de verano. Atraviesa luego el río la zona de “Barruso”, con un doble puente, uno antiguo y otro de principios del pasado siglo. Allí aporta sus caudales el Montes, río que tras nacer en la sierra de Valtajeros y pasar por “Bazancao”, “Bajocil”,


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“El río de la Vega” y “Las Cerradas” lame el barrio de abajo, donde recoge las riadas del Reajo, y “Cascarita”, pasado el cual se une a su hermano mayor. Juntos, tras recibir al barranco de los Reajos, recorren “la Rastra” -lugar de baños apartado donde escondíamos nuestra desnudez al aprender a nadar-; “Las Canales”, el “Molino Segundo”, “La Cerradilla”y “El Berral” (fuente con berros), “El Molimanco” (¿?...), “La Isla”, “La Bejera o Abejera”, el “Molino Tercero”, “Las Majadas del Río” y también “Manadizos”, el “Molino del Marre”, “Peñacuervos”, “La Vega”..., lugares ya muy alejados y para mí poco conocidos. En la Vega, que se llama de Cerbón, dejaba el término de Magaña y pasaba el río al de Cidugosa. Tomaderos y canales. En Magaña los tomaderos eran pequeñas elevaciones del nivel de agua del río, hechas con troncos o ramas de árbol, piedras, tierra, etc., para derivar esta agua por acequias a los molinos y al regadío. La acequia precisaba a veces de alguna canal de tablas o metálica o bien algún tubo que salvase peñascales o cruzase a la orilla opuesta del río. También para este apartado tiene mi tío Saturnino una estrofa que podría resultar apropiada: ... Y a treinta metros del puente hay también un tomadero que es el que lleva el agua hasta el molino primero.

Los molinos Aguas arriba del pueblo había, al menos, dos molinos, en los términos de Pobar y Villarraso, y tal vez dos en Suellacabras. Lo sabíamos por la represa que a media mañana animaba el caudal del río para lavar, pescar, etc. Aguas abajo había: el molino primero o de “los Felipillos”, el segundo o “del Valentín”, el tercero o “del Rafael el Soberano”, el cuarto o “del Marre”. Hubo incluso alguno más. Todos tenían vida en 1950, si bien era el segundo el más próspero en aquellos años. Llamaba la atención su balsa llena, tan impresionante para unos chiquillos como cuando se veía vacía -parecía que se hubiese desnudado- formando montañas, valles y ríos. Era llamativa la maquinaria: la “gayata” de hierro para soltar el agua


2.4 Mis reflexiones y recuerdos del río Alhama en Magaña.

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Fotografía 2.44: El río en la curva de San Juan. Obsérvese una canal. Año 1973.

y empezar a moler, la tolva, las piedras, las salidas de la harina y el salvado, etc. Era un estrépito sin duda molesto. Si era al atardecer también producía electricidad para el pueblo. En fin, el polvo, el ruido, las talegas, las maquilas... Y por debajo el cárvavo, lóbrego lugar al que no osábamos acercarnos... Por arriba, la acequia que aportaba el agua tenía un sobradero anterior a la balsa; había otro menor ya en la balsa, cuyo caudal nos permitía jugar con molinillos de juncos. El molino era fuente de emociones y de experiencias, de mucha vida: huertas, corrales con animales, gentes a moler, visitantes, guardias civiles... A pescar. En aquellos años, a mí me parecía así, había muchos peces: no eran truchas ni creo que fuesen barbos, al menos no como los de Soria. No alcanzaban gran tamaño ni peso, acaso un cuarto de kilo los más grandes. Eran muy finos de comer. Expondré una relación de formas de pescar que se practicaban entonces y, como verás, lector, unas eran más respetuosas, ecológicas y sostenibles que otras. A mano.. Era la que hacíamos mi amigo “el Pris” y yo, aunque en realidad


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era él el pescador. Descalzos y con el pantalón corto remangado íbamos aguas arriba del río en las tardes de julio y agosto. “El Pris” era un artista: en aguas poco profundas veíamos un pez quietecito; se acercaba, aproximaba ambas manos con los dedos algo encogidos, una hacia la cabeza, la otra hacia la cola, lento, lento...; y de pronto ¡zas! ya lo había agarrado. Lo echaba en las piedras de la orilla y yo, el ayudante, lo ensartaba por boca y agalla en un junco con un nudo en su parte gruesa. Cuando llegábamos a la zona de Peñaraje o al barranco de Valdelaguna era normal hacer balance y regresar: nos repartíamos equitativamente los peces y contentábamos a las madres con un apetitoso bocado. Mi amigo era muy generoso y, como mucho, podía empezar el reparto por el pez más gordo para él. A veces capturábamos ranas y también alguna culebra bajo las piedras. Respetuosa era también la pesca con “brotino” (creo que le dicen en Aragón “botrino”). Así pescaban mi padre y amigos o familiares, como Tadeo o Alfredo. El brotino tenía dos redes sustentadas en dos aros de mimbre, de mayor a menor tamaño en ambos casos, de modo que los peces entraban por la parte ancha de la red mayor y penetraban en la menor, de la que no tenían salida excepto los pequeños. Se colocaba a la salida de algún pozo, entre una pequeña barrera formada por piedras, ramitas, césped, tierra, etc. Hurgabas con un palo en la grieta de la roca, removías el agua y procurabas que los peces se acercasen a la salida del pozo. La caña era también muy respetuosa con el medio. Había personas mayores con cañas y aparejos decentes. Pero nosotros usábamos poco más que un palo o trozo de caña con una cuerda y un trozo de nylon y un anzuelo, no siempre apropiado en tamaño. Conocíamos como casi único cebo la lombriz. Tardamos algún tiempo en ser conscientes de que el momento más favorable para pescar con caña era el de la “reprisa” o represa, pues al incrementarse el caudal y la turbiedad de las aguas y también el número de insectos y el alimento, los peces, incluso los gordos, al parecer, mostraban mayor avidez. Entre los procedimientos nocivos, “insostenibles”, algunos utilizaban un martillo gordo o mazo para golpear sobre las piedras donde suponían o veían que se habían refugiado los peces, matando grandes y pequeños. Otras personas arrojaban hierbas, eso decían, aunque ahora podemos pensar en la lejía... En ocasiones “escortaban” los pozos. En el verano, eligiendo ciertos pozos más a propósito, desviaban el escaso caudal por una pequeña regacha anterior al pozo elegido y lo vaciaban con calderos hasta poder coger los peces, faltos ya probablemente de oxígeno. Considero que podían hacer daño a los peces pequeños o incluso coger éstos. En aquellos tiempos no había vigilancia y la pesca era una actividad recrea-


2.4 Mis reflexiones y recuerdos del río Alhama en Magaña.

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tiva totalmente libre. La “reprisa”. Así llamábamos a la represa o cubada, es decir, al aumento de caudal del río al bajar el agua desembalsada de los molinos. Momento propicio para pescar con caña. Los riegos. El río Montes y los pequeños barrancos sufrían severo estiaje y sólo permitían el riego a principio de verano o mediante pozas con paciente espera, a veces en turno. Por suerte no faltaba agua en el río Alhama para regar los huertos, al menos hasta la zona del puente Barruso. Por los tomaderos o azudes se derivaba suficiente agua a las acequias de riego. A veces tenías que esperar a que terminase el regante del momento, pero era poco rato, pues los huertos no eran muy grandes y el agua abundaba, al menos en el río Alhama, en lugares como la Alberca, San Juan, Frentelpueblo. El huerto estaba preparado en forma de “canteros” y “eras”, más anchas y planas. Era un gozo regar con aquellas facilidades. A nadar. Tendría nueve o diez años cuando empezamos a nadar. En el verano, no mucho rato después de haber comido, nos íbamos a nadar, siempre en grupo: intentos de chapoteo, en el pozo “del Zapato” o en el de “La Rastra”. Nos lanzábamos de “capucete” hacia lo más profundo, que no sería más de un metro, y movíamos brazos y piernas. Así aprendíamos a sostenernos y a familiarizarnos con el agua. Ya de mayor, de quince a veinte años, aprovechaba algún descanso en la recogida de la cosecha de miel en “Peñaraje” para, ya con bañador, refrescarme en un pozo algo más capaz y con aguas más limpias, bajo el colmenar. Como anécdota: de niños no contábamos con el beneplácito de nuestros padres para ir a nadar, por lo que tras la remojada espolvoreábamos arena por las piernas para disimular... Las riadas: la yasa. La configuración topográfica del término de mi pueblo hace que tras la tormenta, de inmediato, tal vez en media hora, llegue la riada. “Ha salido el río”,


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decíamos. En Magaña la llamábamos la “yasa”. !Qué yasa baja!, se oía. Esta palabra sólo la he visto, muchos años después, en carteles de la autopista AP-68, en lugares en torno al río Alhama de La Rioja y Navarra, con el sentido, según parece, de cauce, barranco, río que casi siempre se ve por allí vacío: “Yasa tal...”. En mi pueblo, con esa palabra nos referíamos al caudal torrencial, rojo oscuro por las tierras ferruginosas moradas que arrastraba, procedentes de las tierras altas. No creo que nadie se refiriese al cauce. La riada era algo, para un niño, impresionante. Desde la ventana de nuestra primera casa veíamos de niños por la curva de San Juan la “punta de la yasa” y cómo el río crecía y crecía. Oíamos el ruido. Anecdóticamente yo de muy niño asociaba los troncos y árboles arrastrados con una barca y ésta con la de “borja”, que era el nombre de un señor del pueblo. Así me forjé la idea de que el río se llevaba “al tio Borja”... Con más edad nos acercábamos a los puentes de San Juan o de Barruso o del mismo barrio de abajo, a ver los remolinos, ramas, troncos y el color oscuro de las aguas; a sentir su fuerza y también el aire frío que la acompañaba, pues muchas veces había granizado; escuchábamos el estruendo de las piedras que arrastraba, y veíamos cómo se unía la riada de algún barranco a la del río, o cómo se juntaban las del Alhama y del Montes. En los días siguientes los hombres sabían si se había llevado alguno de los tomaderos o la pared de alguna canal, con ésta incluida, o si los zaragatos habían protegido suficientemente las paredes de algún huerto... A veces tenían que hacer trabajos de recuperación. Esos días tocaba bajar a por agua a la fuente del Reajo pues las aguas del río pasaban del chocolate al limón y hasta el tercer día no podían beberse. El tío Valentín, por ejemplo, también sufría los destrozos y tenía que cortar dos árboles y rehacer la “pasadera” correspondiente cerca del molino. En mi estancia actual en Zaragoza he podido conocer otro tipo de riadas, las del Ebro. El contraste es total. De la riada que irrumpe a la media hora de la tormenta, repentina, arrolladora y violenta, que así eran aquellas de la infancia en el pueblo, pasamos a otra, lenta, anunciada y previsible, que llega a Zaragoza a los tres, cuatro o siete días después de haberse producido las lluvias “por arriba”. Es igualmente incontenible y destructiva, duradera, creciente, milímetro a milímetro, hasta subir tres, cuatro o cinco metros por encima del nivel habitual del río. Nos refería mi padre, nacido en 1902, que la mayor riada que él conoció se dio en la primavera de 1936, tras varios días sin dejar de llover, cuando alcanzó a la muy antigua fragua e inundó algunos huertos de los de enfrente del pueblo. Tuvo consecuencias dramáticas para una familia de Pobar a la que la riada arrastró la yunta. Otra fuerte ha habido no hace muchos años cuyo protagonista fue


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el debilucho barranco del Reajo: un día 9 de agosto arrastró dos remolques de tractor... A beber. Para las personas cogíamos agua “de boca” en el pozo de San Juan, con baldes, cántaros, botijos... Abrevábamos las caballerías en una acequia contigua a ese pozo. En el barrio de abajo tenían el río Montes y, en el estío, la fuente del Reajo. A lavar. Tarea tradicional de la mujer. A ellas les tocaba lavar las ropas, a la orilla del río, en invierno o en verano. Una piedra plana grande era la “lavadera”; a veces una especie de cajón para arrodillarse sobre él; las rodillas sobre un trapo enrollado, la “rodilla”. Y a enjabonar, frotar y aclarar, con las manos en invierno amoratadas; y a restregar otro poco, y más jabón y más aclarado. Sólo tenían un consuelo o alivio: la animada charla. Las mujeres del barrio de abajo, y a veces de arriba, iban a la fuente de Cascarita, sobre todo en invierno, pues sus aguas resultaban incomparablemente cálidas. El lavado de la ropa en el barrio de arriba nos afectaba a los chiquillos porque en esa zona ni había tantos peces ni se les cogía tan fácilmente. Puentes. En 1950 había sobre el río Alhama en Magaña los puentes de San Juan, Barruso y Nuevo. El de Barruso no es uno sino doble, uno medieval -de inicios del siglo XV, probablemente- y otro que fue nuevo a principios del siglo XX: tienen una curiosa fotografía. A ese que fue nuevo a principios del siglo XX lo llamaban en tiempos el “mozo” y al viejo el “abuelo”, así dice Saturnino. El que llamábamos puente Nuevo data del año 1936. Estaba entonces unos 100 metros aguas abajo del anterior y permitía el paso de la carretera de Castilruiz a Villanueva de Cameros (o de Matalebreras a San Pedro). Era elegante y vistoso: piedra caliza azulada y labrada; dos arcos, uno esbelto y grande, que salvaba el río; y otro, el menor, sobre la acequia del primer molino. Su barandilla era hermosa, con dos vanos a cada lado y un pivote en medio de ellos. Hacia 1973 lo consideraron ruinoso, lo derribaron y lo sustituyeron por un gran tubo metálico y mucha tierra apisonada


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formando una gran curva, probablemente funcional pero nada ornamental. Ya sé, lector, que estas frases las has leído antes, pero he querido repetirlas en recuerdo del que fue hermoso puente...

Fotografía 2.45: El puente de Barruso: dos en uno. Allí tributa sus aguas el Montes. Año 2005.

En el río Montes el barrio de abajo se comunicaba con dos puentes de bardas hasta que en ¿1947? una considerable riada se los llevó e hicieron uno nuevo que se terminó en ¿1948?. Tengo el recuerdo de las motobombas extrayendo el agua para hacer las pilastras de lo que es el actual puente. El otro pequeño, también de bardas, tuvo que ser rehecho en más de una ocasión hasta que hace pocos años se hizo otro, también pequeño, pero firme. Para acercarse al molino segundo ponían dos árboles unidos y unos palos o tablas a su través, como “pasadera” que duraba entre una riada y la siguiente. No sé si subsiste en nuestros tiempos una pasadera similar. Las riberas. Los huertos abundaron en las cercanías de los pueblos -Magaña y Cigudosa-. Lo más frecuente es ver choperas a lo largo de todo el curso del río, sobre todo


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aguas abajo de Magaña. Se veían, y siguen viéndose, algunos nogales.Y de tanto en tanto aparecen mimbreras y zaragatos que protegen las orillas y los huertos más próximos. Sotos, huertos y zarzales eran refugio de múltiples especies de aves entre las que picarazas, “pitorriales”, ruiseñores, andarríos, martinetes... podían llamar más nuestra atención.



Parte 3

Costumbres y aspectos diversos. Salud y enfermedad. Remedios e higiene. En la niñez todos pasábamos las típicas enfermedades: tos ferina, paperas, sarampión, gripes, catarros y, algunos, anginas. Nos vacunábamos contra la viruela y algunas cosas más. A algunas personas mayores les ocurrían otras cosas: cáncer, pulmonía, pleura, tuberculosis, bronquitis, asma, fiebres maltas... Hubo un caso de cáncer muy doloroso y recuerdo otro de sífilis que mi madre me ponía como ejemplo -Hijo, no vayas con mujeres malas...-. De tifus, en aquellos años, no recuerdo ningún caso (la guerra ya había pasado). El médico era don Jaime Polo, un aragonés bonachón que llegaba con su cartera -termómetro y fonendo- y te recetaba jarabes, piramidón, cibazol, pomadas... En ocasiones le sustituía don Abel, médico de Fuentes de Magaña, toda una institución. El médico, como el veterinario, cobraba mediante una iguala, es decir, una cantidad mensual o anual fijada para cada vecino. El cobro se efectuaba casa por casa, creo que por el alguacil... Por aquellos años se construyó en Soria un gigantesco sanatorio antituberculoso, hoy hospital. Poco antes de 1950 llegó a Magaña la penicilina. Recuerdo que se la aplicaron a mi hermana Nuri por una grave infección consecuente a una herida en la cabeza, a los cuatro o cinco años de edad. Yo asocio la idea de que fue el tío Valentín a buscarla a Soria y que la guardaban en alguna de las fuentes de agua fría próximas al molino. Tal vez fuera ésta la primera aplicación de la penicilina en el pueblo. Aparte de los medicamentos de entonces la gente recurría a remedios caseros ancestrales: manzanilla para la tripa y el estómago, aceite de ricino y lavativas


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para las purgas del vientre, emplastos y cataplasmas varias, vahos de diferentes plantas. Hubo un tiempo en que se puso de moda un hongo que era bueno para todo... También vi aplicar, y tal vez nos las aplicaron a nosotros, unas ventosas: en unos vasos ponían algodón con alcohol al que prendían fuego; los pegaban en el pecho y en la espalda, con lo que, extraído el aire, veías abombarse la piel. Decían que era bueno para quitar el enfriamiento. La tintura de yodo la aplicábamos en los sabañones, sobre todo en los dedos de los pies. Por supuesto se aplicaban alcohol y agua oxigenada para las heridas, si bien no se conocía la mercromina. A mi hermana y a mí, al ser mellizos, hacia 1945-1948, Auxilio Social nos proporcionaba “calcigenol irradiado”, es decir, calcio para los huesos. Hubo varios nacimientos de niños con algunas taras: en los labios, un caso de falta de las dos piernas a partir de las rodillas, un caso de niño manco, y otro caso, más grave, con profundas deficiencias psíquicas y orgánicas, que nunca llegó a andar y murió muy pronto. Entonces no sabíamos nada de la talidomida, pero tal vez se estuviese tomando alguna medicina similar... Creo que había algún caso de bocio pero de menor importancia. En cuanto a (la falta de) higiene, no había tal higiene, era absolutamente insuficiente. En las casas no solía haber cuarto de aseo, retrete, bañera o ducha. Las necesidades se hacían en la cuadra, corral o campo. Para el lavado de cara, cabeza, cuello y manos estaba la “palancana”. Tal vez en alguna casa hubiese aquel mueble con espejo y palangana, cubo y jarrón. El jabón se hacía en casa y rara vez se disponía de “jabón de olor”, aunque al que se hacía en casa podía añadírsele en su fase final colonia. Juana me da la fórmula que ella utilizaba: por cada cinco kilos de grasa añadía cinco litros de agua, uno de sosa y otro de resina (para la “bromada”, me dijo); se hervía, se agitaba hacia la derecha siempre; en el último hervor se echaba sal y colonia. Se vertía en un cajón, se cortaba en trozos con un alambre y se le daba vuelta para que se secara también por el fondo. Para el lavado semanal, más profundo, se usaba un balde de mayores dimensiones. Supongo que nuestro olor corporal quedaba disimulado por el de cuadras, cortes, corrales, animales, calles, pajueros, majadas... En cuanto a la boca, al menos en mi casa, apenas usábamos alguna vez el “perborol” o perborato sódico.


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El Ayuntamiento. El edificio del Ayuntamiento albergaba la casa concejo y la vivienda del secretario. La planta media, del Ayuntamiento, estaba entarimada y dividida en dos espacios, abierto el primero y con mobiliario y objetos de escritorio el segundo. Imagino que presidiría la estancia el correspondiente cuadro del Jefe del Estado. En aquellos años no había elecciones democráticas y el alcalde y concejales tendrían que ser afectos, aunque no necesariamente de Falange, al régimen político. El alcalde era propuesto por el pueblo y nombrado por el Jefe Provincial del Movimiento -que era el Gobernador Civil-. Los concejales se elegían, teóricamente, por tres tercios o grupos: familiar, de la Hermandad de Labradores y Ganaderos (o similares) y culturales. Los vecinos solían elegir los del primer grupo.En los otros casos eran nombrados por las autoridades del Movimiento. Recuerdo como alcaldes “al tio Eugenio” y “al tio Miguelete”, que disfrutaban del privilegio de llevar las ovejas a pastar al castillo. Los hombres “de ayuntamiento” fueron muchos, aunque yo poco recuerdo de todo esto. Además del Ayuntamiento, allí se gestionaban las competencias de la Hermandad de Labradores y Ganaderos, el S.O.V.I., etc. El alguacil se elegía por los vecinos en reunión. El juez de paz era propuesto por el Ayuntamiento y ratificado por el Juzgado de Instrucción y la Audiencia Provincial. El secretario propietario venía designado por la Dirección General de Administración Local. En otro caso el Ayuntamiento proponía uno habilitado que sería ratificado por el Gobernador Civil. Como todos los pueblos excepto los grandes y los de pinares, que se anticiparon, todavía Magaña tardaría a tener servicios como el agua corriente, aguas residuales y alcantarillado, basuras, teléfono, etc.

El luto. El luto externo era algo establecido en aquella sociedad tradicional por la costumbre, las creencias, la iglesia, la presión social... No tengo duda de que era expresión de un luto interior sentido por respeto a la muerte y por dolor del ausente. Pero la manifestación externa creo que era excesiva en el caso de las mujeres. Si bien las ya ancianas vestían siempre de negro, era normal que las mujeres no tan mayores llevaran el color del luto tres, cuatro o más años. Como también era normal que chicas jóvenes, mozas, renunciasen a ciertas salidas y diversiones durante varios años. Sin duda, chicas habría que perdieran oportunidad de relacionarse con los chicos. Y más si un luto iba enlazado con otro... Que todo esto era excesivo no


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ofrece duda si valoramos la anécdota que refiere Juana Jiménez: mujer había que en plena siega de un tórrido verano paseaba por los rastrojos sus piernas cubiertas con medias de lana gruesa negra... En los chicos y hombres el negro era más discreto. En la ropa de diario no lo recuerdo y en la de festivos podía haber un botón forrado de tela negra en el ojal de la solapa o un brazalete en la chaqueta... Junto al luto había el rezo en misas y rosarios pues la Iglesia mantenía y mantiene que, por la comunión de los santos, los rezos de los fieles alivian las penas del purgatorio de los difuntos. En nuestros días el luto externo casi ha desaparecido.

El peinado. Las palabras utilizadas muy frecuentemente entonces eran paine, painar y painado. Las niñas pasaban de los tirabuzones a la coleta, más larga cada año que pasaba. Las mozas o señoras jóvenes podían hacerse “la permanente”. Y las abuelas o mujeres ya maduras solían peinar moño. Recuerdo aquellas peinas, ya citadas, anchas y con púas prietas por ambos lados para, pienso, eliminar los piojos... Los niños llevábamos el pelo corto, en verano casi al cero. Había una orden del Jefe Provincial de Sanidad, de 13 de marzo de 1942, que, para evitar parásitos, exigía llevar a las escuelas el pelo corto, máximo al 2. Nos dejaban una “tufa” en la frente para no quedar “mochos”. Nos peinábamos a raya. De mozos era frecuente echarse el pelo para atrás. Los hombres solían tener menos pelo y llevaban una boina negra.

El sexo en la Magaña de 1950. ¿Sexo? ¿Qué era el sexo? La respuesta la encontrábamos los chiquillos en cuanto empezábamos a manejar el diccionario en la escuela y buscábamos esas palabras que todos conocéis. El resultado era menos satisfactorio del esperado. En la España de 1950 no podía haber sexo, lo prohibía el sexto mandamiento ¿o no? No podías pensar, mirar, oler, desear, saborear, palpar... porque todo era pecado. El sexo era tabú. Había mucho pudor y recato y también mucha ñoñería y mucha represión... muchas ganas contenidas. Estaba la confesión: -¿De qué te acusas? -He pecado contra el sexto mandamiento -¿Sólo o con alguien? -... -¿Cuántas veces? -... - Pues reza... rosarios, avemarías... El infierno estaba allí esperándote. Tendríamos que habernos declarado “objetores de ñoñería” a cierta edad. Pero no, sólo en el matrimonio estaba permitido el sexo pero... ¡ojito! con


125 la única finalidad de procrear hijos para el cielo. Los hombres se enteraban algo al hacer la mili. Hombres y mujeres podían, normalmente, llegar vírgenes al matrimonio. ¿Y si no te casabas? ¿Virgen siempre? Pues sí, hijo, sí. La castidad era un mérito, todos monjas o cartujos. “Mitad monje, mitad soldado”. Y nada del pecado solitario, fuente de enfermedades. De niños, la cuestión no nos afectaba, aunque también el pensamiento nos preocupaba. Pero cuando nos hicimos mayores y seguimos la doctrina de la Iglesia fuimos comprendiendo que esa era una conducta que podía seguirse o no. ¿No había entonces, en Magaña, contactos sexuales? Como la cuestión no tiene enmienda, la respuesta es clara. Se rumoreaba, se decía, se sabía...viudos, casados, viudas...novios; felices parejas aquellas que, con respetuoso acuerdo, “pecaban” contra el sexto mandamiento. Se supo de una persona que murió de sífilis tras terribles sufrimientos. ¿ Y la homosexualidad? De eso no se hablaba. Yo nunca tuve noticia de ese tema. En aquellos tiempos de represión intensa no sería fácil que se manifestase la tendencia homosexual, gay o lesbiana. ( ¿Los esfuerzos para sobrevivir impedían determinados apetitos? En Soria tuve noticia de algún caso conocido. Pero hasta mi estancia en Canarias a partir de 1969 no tuve pruebas visuales públicas de esa realidad). Sin duda el autocontrol y la disciplina fortalecían la voluntad. Nos decían: No vayáis con mujeres malas. O: No hagáis cosas feas... Hubiera sido mejor que nos hubieran informado más y mejor, en la edad adecuada, del sexo responsablemente aceptado, haciendo normal lo que tendría que haber sido normal.

El vestido. Los magañeses vivíamos con austeridad y también así vestíamos. De críos, tras el pelele, nos ponían un pantalón corto con tirantes, abierto por el trasero... hasta dominar los esfínteres... cuatro o cinco años. No usábamos calzoncillos y aún tardaríamos algún año. Yo llevé el pantalón largo, llamado de “gol”, probablemente “golf”(bombachos), al estudiar en Soria. De otro modo, el pantalón largo llegaba a los 14 años, más o menos. Camiseta, camisa, jersey; y un gabán, en invierno, pero pequeño, porque de niños sentíamos poco frío. Las chicas siempre con falda o vestido. Las mujeres y abuelas, sayas, refajos, visos, medias, etc. Y un pañuelo negro a la cabeza. Y en la Iglesia, todas con velo. Algunas llevaban a veces mantón. Los hombres usaban la pana para pantalón y chaqueta. Algunos llevaban chaleco, y siempre faja y boina. El calzado era pobre: alpargatas, sandalias y albarcas. Zapatos para los domingos. Las culeras y las rodilleras no se han


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Costumbres y aspectos diversos.

inventado ahora con los vaqueros, pues ya eran usuales y obligadas entonces. Se apuraba mucho tanto la ropa como el calzado. Los abuelos y abuelas necesitaban bastón, es decir, gayata.

La calle. Ambos barrios del pueblo se ubican en sendas solanas, siendo más extenso y poblado el de arriba. En éste hay cuatro calles principales y algunas menores orientadas de este a oeste siguiendo aproximadamente las curvas de nivel. Están cortadas más o menos oblicuamente por tramos irregulares descendentes hacia el río. El empedrado era en 1950 bastante irregular, con los canciles ya señalados. En el barrio de abajo hay una explanada junto al río en la que se ubican las casas y el juego de pelota; una calle paralela más elevada se une a la explanada o su prolongación por sendos tramos perpendiculares descendentes. Una casa próxima quedaba aislada, si bien ahora son tres: dos entre ambos barrios y otra entre el río Montes y el barranco del Reajo. En el barrio de arriba se da más claramente el tipo de casa con entradas en dos niveles de altura, quedando la de arriba a veces en alto, por lo que cuenta con unas escalerillas (Imagen 3.1). Esto y unas losas que a veces protegían la parte alta y umbrosa de las casas a nivel de la calle, daban una configuración especial a ciertos tramos de calles. Bajo esas losas encontrábamos y perseguíamos de chiquillos a los sapos que llamábamos “juanachos”. Por las calles pasaba la gente hacia las tiendas, la iglesia, el Ayuntamiento, a los puntos de encuentro. O con las caballerías, cabras y ovejas; o los vendedores y el pregonero, o el afilador... En los rellanos de las calles se reunían las mujeres a coser o jugar a las cartas. A las calles se salía en las noches de verano a tomar el fresco y a ver las estrellas fugaces, pues la luz eléctrica no estorbaba. Y los chicos jugábamos al bote botero. Por las calles corríamos el aro y en ellas jugábamos al coto, etc. etc. Los espacios abiertos del juego de pelota y su entorno, en ambos barrios, y del atrio de la iglesia en el de arriba acogían los principales eventos: fiestas, bailes, partidos de pelota, vendedores de telas, frutas, pescado, saltimbanquis y tantos otros.


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Fotografía 3.1: Entrada de atrás, en un nivel más elevado que el de la entrada principal. En esta casa las escalerillas son pronunciadas.

La camioneta. Medios de transporte y comunicaciones. Así llamábamos al coche de línea, según los años un Reo Speed Wagon o un Ford o un Studebaker... La conducía el tío Damián y le ayudaba “el Cayo”, hijo del pueblo, que se ocupaba de los billetes, los pasajeros y la carga de la baca. Ambos vivían en Fuentes y ambos compartían los encargos que los del pueblo les hacían en ocasiones. A los dos les tocaba darle a la manivela cuando el auto no quería arrancar, y otras veces, junto a varios hombres, tenían que tirar de pala para retirar la nieve y el hielo en el zigzag, ahora desaparecido. La camioneta partía desde Fuentes de Magaña, por lo que los viajeros de Magaña podíamos sentarnos cerca del conductor y observar con curiosidad cómo se conducía un automóvil. Yo lo trataba de comparar con lo que mi padre me contaba sobre la conducción de la máquina de vapor en el tren. El coche continuaba por Villarraso, Pobar, Carrascosa de la Sierra, pasado el cual recibía a días viajeros de Castilfrío y Aldealices. Por Aldealseñor y Cirujales se llegaba a Almajano, con parada y copichuela. Reunidos con el coche de Trévago, que más tarde se extendió a Aguilar del Río Alhama, por Renieblas, Ventosilla y Velilla alcanzábamos el puente sobre el Duero y el palacio


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Costumbres y aspectos diversos.

Fotografía 3.2: Esta “cambioneta” es más grande y moderna que las que conocimos en Magaña. Fotografía tomada en el Mercado Tradicional de San Pedro.

de los condes de Gómara, frente al que tenía la parada y dentro del cual había un despachito de billetes. Años más tarde la parada se desplazaría a la plaza del Carmen. Ocasionalmente la camioneta llevaba bancos para asientos de viajeros en la baca. Y siempre resultaba curioso observar “al Cayo” subir y bajar la escalera de la baca con las maletas, bolsas y cajas. En fin, la camioneta traía y llevaba ilusiones: venía la familia de Barcelona y otros sitios; venían los turrones navideños, en nuestro caso; los forasteros, o el maestro y su familia el 13 de septiembre, o los soldados de la mili... Y claro, al revés, caras tristes y lágrimas en el momento de la marcha. La camioneta formaba parte de la vida del pueblo. Era el cordón umbilical que nos unía con la ciudad y el mundo. Años más tarde se ensayó el funcionamiento de otra línea de pasajeros, entre San Pedro y Matalebreras-Tarazona. El intento era razonable dada la vinculación de estos pueblos con el entorno del Moncayo y las tierras del Ebro. Tenía el inconveniente de tener que andar hasta el puente nuevo. No duró muchos años. En comunicaciones, muy mal. Ni teléfono, ni telégrafo, ni móviles, ni televisión, ni taxi, ni coches particulares... era otro tiempo. La única comunicación


129 era por carta a través del Servicio de Correos, del que en Magaña se encargaba “la Correílla”, chica joven entonces aunque luego sería “el tio Mariano”. El servicio de correos recurría entonces a la camioneta y era “el Cayo” quien llevaba la correspondencia al Espolón en Soria. Mucho peor era en tiempos anteriores... En cuanto a transportes no había camiones en el pueblo y venían los de Cerbón (Aguado) y Valdelagua (Jacinto). Traían por encargo ciertas mercancías. “El Adolfo” solía traer el mineral. No había carros, coches, motos... Sólo la camioneta citada y unas bicicletas que tuvo el tío Valentín y más tarde José-Luis el secretario. Los desplazamientos se hacían a caballería o andando. El médico, Tello, ya fuera del pueblo, trajo un Renault 4-4. Y don Jaime Polo, el nuevo médico, apareció un día con una moto Iso.

La casa. Buen número de edificios eran de mampostería, piedra irregular no trabajada, con barro como argamasa. Los había también, más antiguos, de adobe, tapia y mixtos. Unas pocas casas estaban revestidas y encaladas. Su orientación era hacia el sol de mediodía. El emplazamiento del pueblo, ambos barrios en sendas laderas, pero más llano el de abajo, permitía en bastantes casos tener dos entradas, la principal en el sur, en la calle de nivel inferior, con acceso de animales y personas por la misma puerta, en la que hallamos cuadras, cortes y aperos, situados a veces en el portal, a veces en las cuadras. Importante era en la planta baja el corral, aunque no todas las casas lo tenían; solía tener una parte cubierta con la leña del bardal y otra contigua abierta; podía servir de retrete y de espacio para las gallinas cuando éstas salían del gallinero pero no a la calle. Cuando la casa estaba precedida por el corral, la pared exterior de éste se cubría de una “barda”, generalmente ramas de enebro, bien aplastadas con barro o algo así. En la primera planta había cocina, que a veces era también comedor, y dormitorios. En la cocina, un hogar con plancha lisa horizontal en la que se hacía la lumbre, y otra casi vertical, en relieve, llamada la tosca o trasfuego, y los lares, trébedes, tentemozos, badila, tenazas, recogedor de cenizas, calderos, pucheros... A los lados unas posibles arcas o bancos y banquillos; y cerca tinajas, cantareras, fregadera, etc. Más tarde en algunas casas el hogar se sustituyó por la cocina llamada económica. Algún armario, vasar, etc., mesa y sillas, éstas frecuentemente de anea, completaban el mobiliario. A veces había también unas varas colgantes de las que pendían piezas de la matanza. También podía existir por allí o en el


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Costumbres y aspectos diversos.

FotografĂ­a 3.3: Un bardal de los pocos que, probablemente, quedan.


131 comedor, si lo había, algún cuadro de la última cena. Los dormitorios acogían lo elemental, cama de hierro, madera o niquelada y muelles, jergón, colchón de lana; colchas o cubiertas de puntillas diversas, malla, etc.; un armario, a veces de “luna”, y alguna silla. Si había algún cuadro sería de tema religioso. Ligeramente más elevada estaba la puerta de salida de la calle de arriba, a nivel diferente generalmente, por lo que solía haber algún escalón, que con otros interiores nos llevaban al somero, donde, con no excesivo esfuerzo, se depositaban los sacos y talegas de cereal y otros productos, en los trojes, no lejos de la fresquera y de numerosos trastos. La luz de la casa se resolvió primero con el candil y sus variantes -quinqué, petromás, carburo- y después con la electricidad, cuyo consumo se controlaba con un limitador y, en ciertas casas o más tarde, con un contador. Se hacía un blanqueo anual (del que ya he hablado). Y una anécdota que protagonizarían casas y calles en curiosa asociación acaso en los años setenta: un jabalí llegó desorientado a las calles del pueblo y fácilmente saltó al tejado de una de las casas por la parte o calle de arriba; lo recorrió y pasó a otros tejados hasta dar un salto de diez o más metros en vertical sobre la calle de nivel inferior. Aunque aturdido, consiguió escapar hacia el río...

La emigración. Siempre hubo emigrantes. Desde muy niño recuerdo magañeses fuera del pueblo en Córdoba y Sevilla, Orihuela y Murcia, Madrid y Alcalá; Extremadura, Galicia, Zaragoza y Barcelona; Soria, Navarra, La Rioja y el Norte. Y hasta en Argentina y algún otro lugar de América. En Estados Unidos hizo fortuna Buenaventura Herrero. De América vino el tío Manuel “el americano”, pregonero del pueblo en mis primeros años de vida... Y para el verano y las fiestas venían los hijos pródigos a compartir unas semanas con sus familiares y paisanos. Lector, ya te he dicho cómo en el caso de mi familia, de Barcelona nos llegaban los turrones, los juguetes y los cuentos. Y también los tíos y tías, y un primo que luego fueron dos. Y así ocurría con muchas otras familias. En los años 50 hubo una notable salida de mozos “a los palos”, pues tras haberse preparado en un poste plantado a la entrada del barrio de arriba y ensayado a subir a él, ayudados con un cinturón de cuero ancho y fuerte y unas espuelas bien afiladas, conseguían superar las pruebas oportunas y pasar a ser “de teléfonos” en Soria, Madrid, Zaragoza, Gerona, Barcelona, Navarra, el País Vasco y otros destinos.


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Fotografía 3.4: Éstas, magañeses, ¡ay dolor!, ruinas que veis ahora, fueron antaño morada de familias que se fueron para siempre.

Pero fue a partir de 1960 cuando la emigración se acrecentó, tanto que puede calificarse de sangría, pues de los 530 habitantes de 1950 la población decreció progresivamente hasta los 30 ó 40 de la actualidad. Yo estaba ya fuera del pueblo y no viví en directo ese proceso pero José-Luis me ha contado el desgarro sentimental que significaba: llegaba un camioncillo, cargaban los escasos y pobres muebles y el pueblo entero salía a despedir a la familia. Todo el mundo lloraba. Pasado algún tiempo era normal el regreso vacacional de alguno de sus miembros a casa de algún familiar que quedase en el pueblo. Pero ha habido casos de familias que nunca más han vuelto... y las ruinas de las casas presiden el paisaje de alguna parte del pueblo. Y ahora bastantes, pero no todos, vuelven a disfrutar de unas semanas en agosto, en cuyo tercio final se celebran anticipadas las fiestras patronales. Gentes acostumbradas al esfuerzo intenso y a la austeridad, los magañeses que emigraron supieron adaptarse a las nuevas condiciones de destino, adquirieron en propiedad sus viviendas, dieron educación a sus hijos y ahora tienen hijos o nietos universitarios navarros, riojanos, aragoneses, catalanes, madrileños, etc. y hasta alemanes.


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Fotografía 3.5: Historia de una familia magañesa. Los abuelos Casimiro y Lucía murieron en el pueblo. Felicia, arriba izq: sus descendientes viven en Gijón. Nicolás, mi abuelo, 2º arriba izq.: sus descendientes viven en Zaragoza y Barcelona. Pedro, “el Pelitos”, guardia: sus descendientes viven en Barcelona. María, más alta dcha.: sus descendientes viven en Barcelona y Zaragoza. Juana, junto a los abuelos: sus nietos y biznietos viven en Madrid. El niño, tendría 2-3 años. Julio murió en Barcelona en 2004. Lo veréis de aficionado numantino en otra foto a sus 90 años. Todos los que aparecen en la foto están ya fallecidos y ninguno de sus descendientes vive en el pueblo.

¿Habrá vuelta atrás? No lo parece, me atrevo a pensar.

Las campanas. Había en 1950, y hay ahora, dos campanas, una de ellas más grande y de sonido más grave. Yo las recuerdo con aquellos yugos de madera y sus herrajes. ¿Sería hacia 1950 cuando las dotaron con yugos de metal? Una vez la menor se


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Costumbres y aspectos diversos.

Fotografía 3.6: (izq.) El tío Julio, aficionado del Numancia, a los 90 años. Emigrado a Barcelona. Fotografía 3.7: (drcha.) El tío “Pelitos”, Pedro, hacia 1915, que lució tricornio en Aldealpozo, Soria, Logroño y Barcelona.

Fotografía 3.8: El tío Saturnino, emigrante en Alcalá, visita su parcela, concentrada, en 1996. Le acompañan sus hijas Carmen y Dori, y los sobrinos Alfredo y Nuria.


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Fotografía 3.9: Reloj nuevo (23-08-01) y campanas en la espadaña.

rompió y tuvieron que desmontarla y bajarla hasta un montón de leña para llevarla a fundir. ¡Qué espectáculo! Oíamos las campanas por la mañana para la misa y en el momento solemne de la consagración, y por la tarde para el rosario con sus tres toques habituales. En los días festivos y sus vísperas oíamos y observábamos su volteo por los mozos y monaguillos mayores y deseábamos ser nosotros los protagonistas de esas hazañas. No era poco conseguir que en el bandeo se perdiesen toques por la rapidez... Al mediodía, exactamente, era habitual oír el toque del ángelus, pausado y corto. Diferente era oir doblar las campananas, señal de muerte de algún adulto; o el toque del campanillo si el fallecido era niño, lo que ocurría pocas veces. Eran toques sosegados, lentos y solemnes. Algunas veces oímos tocar a rebato, era un repiqueteo rápido, agitado y nervioso que convocaba a apagar el fuego... Y creo recordar el aviso del vivitoque, pero no estoy muy seguro...porque cuando lo había todo el mundo lo sabía, supongo.


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Costumbres y aspectos diversos.

Los andares. Los “andares” de las gentes “de pueblo” en aquellos años eran muy diferentes a los de “la capital”. No se andaba a pasos, se andaba a zancadas y no iban derechos, erguidos, sino curvados hacia adelante. Era una forma “afanosa” de andar. Desde mi punto de vista era un andar práctico, funcional, en aquellas calles mal empedradas y en cuesta, y en los caminos de suelo rocoso e irregular o con piedras, de bajadas y subidas muy pronunciadas... Era, creo, un andar adecuado con el que se sacaba partido de las dificultades del terreno. Y todavía más en el caso de los pastores, que andaban constantemente por los ribazos.

Los bailes y las canciones. Desde niño vimos bailar y oímos cantar las jotas, la raspa, la conga del Jalisco, la tarara y ciertos pasodobles... Era corriente ver los domingos, en la plaza o en la casa concejo, “al tío Hipólito” y “al Tinda”, con su tambor y su clarinete amenizando la tarde con sus ritmos y sus sones; y a la gente bailando alegremente. Las chicas podían sentarse en aquellos bancos corridos -que eran de piedra en la plaza y de madera en la casa concejo- esperando ser sacadas a bailar por los chicos y mozos, pero era más frecuente que entre ellas formasen pareja y practicasen el baile. Por lo que a mí toca, tímido y torpe, nunca se me dio bien el baile, tal vez por no escuchar o no oir bien los ritmos. Reconozco tener un mal oído. Cuando de niños escuchábamos la letra de las canciones, sobre todo jotas navarras y aragonesas, que se bailaban y cantaban en la casa concejo y en la plaza, y, desde luego, cuando íbamos al campo y al molino, etc., yo, en muchas de ellas no entendía o entendía mal y, según yo creía oir a los amigos y a los mozos, también a ellos les ocurría. Pondré varios ejemplos: En “Doce cascabeles...” se decía aquello de “mi romera” y “la carreta”. ¿Qué imaginaba y “veía” yo? Veía una carreta -un carro o galera- cargado de mieses o talegas, tirado por una yegua o mula a la que llamaban mi “Romera”. Ya de mayor, con más mundo, comprendes que la canción se refería a la romería del Rocío en Almonte (Huelva) a la que iban entonces y van ahora en carretas, pero no de carga o con carga, sino acompañados de


137 su “romera”, es decir, de su chica, novia o mujer, que va a la romería y por ello es romera, con un par de claveles prendidos en su pelo. O cuando Pepe Blanco y Carmen Morell en sus jotas de picadillo se lanzaban aquello de “tú no me la das con queso...” -“No vengas con desimulo... porque a mí no me rifriegas por la cara los citulos...”. Yo no entendía nada. No sabía a qué se refería con lo de “rifriega” ni con los “citulos”... Me quedaba en blanco. O en aquella jota que decía “Y voy por la carretera,... cojo la vara y mi carro...” ¿Qué oía yo? Yo oía “cojolaba”, “cojo del haba”, coño. Otro ejemplo. En la canción “Me lo dijo Adela”, cuando dice que el doctor tenía... “un magnífico tablón”, yo me quedaba sin entender qué relación tenía el “tablón” con sacarle o no la muela. O la otra jota que “cantó Raimundo Lanas”, de quien yo entendía “Rey mundolanas”... En las fiestas cantábamos aquello de “Salí de la Habana un día...”. Pues yo entendía “salí de la Banaundía” y me preguntaba muchas veces qué sería eso de la Banaundía o la Varaundía... un lugar, un pueblo, una cueva o qué, puesto que de salir se trataba. De las numerosas canciones -entre las que ocupaban un lugar preponderante las jotas tanto del Ebro como del Moncayo- que podíamos recordar de aquellos años citaré algunas estrofas (que recuerdo por ser las más conocidas y por haberlas vuelto a escuchar en estos últimos años en soporte de tecnología actual) de las siguientes, enumeradas en cierto orden cronológico. Años 1945 y 1950. RASCAYÚ Rascayú, cuando mueras qué harás tú tú serás un cadáver nada más,... ... y la gente murmuraba con misterio es un cuerpo escapado de la fosa.


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Costumbres y aspectos diversos.

LOS CUATRO MULEROS. ... Tiene cerco la luna... la luna tiene cerco... Ay de los cuatro muleros, somos cuatro muleros, de los cuatro muleros (repetir), ay mamita, que van al río, y el de la mula torda, el de la mula torda ay, mamita mía, es mi marío... MI CASITA DE PAPEL. Encima de la montaña tengo un nido, encima de la montaña viviremos el día que tú seas mi mujer... ... qué felices seremos los dos... ... viviendo en mi casita de papel. SE VA EL CAIMÁN. Se va el caimán, se va el caimán, se va para Barranquilla. Voy a empezar mi relato con la alegría... (y nosotros decíamos: se va el Germán...) AY TANI, TANI. Y a la Alhambra que hay en Graná... ... ay Tani, Tani, mi Tani ay Tani, Tani morena, que corre en tus venas la sangre real... CON EL PIPIRIPIPIPÍ. A mí me gusta el pipiripipipí de la bota empinar... ... Cuando yo me muera ya tengo dispuesto en el testamento...


139 ANGELITOS NEGROS. Pintor nacido en mi tierra con el pincel extranjero. Pintor que sigues el rumbo de tantos pintores viejos, aunque la Virgen sea blanca píntame angelitos negros TANTO TIENES TANTO VALES. Tanto tienes tanto vales, esa es la pura verdad; si no tienes nada vales, esa es la realidad. Maldito el dinero, lo digo yo... MADRID. Cuando llegues a Madrid, chulona mía, voy a hacerte emperatriz de Lavapiés, y a adornarte con claveles la Gran Vía, y a bañarte con vinillo de Jerez. Madrid, Madrid, Madrid pedazo de la España en que nací... MIRA QUE ERES LINDA. Mira que eres linda,... ... qué preciosa eres, verdad que no he visto en mi vida muñeca más linda que tú... BARCELONA. ¡Qué bonita es Barcelona!,... ... perla del Mediterráneo, qué bonito es el color de tu pelo tan azul en invierno y en verano...


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Costumbres y aspectos diversos.

CINTA NEGRA. Cinta negra pelo negro como el de aquella morena que ... dejó sin sangre mis venas. ESPAÑA. ... No hay más que una. España no hay más que una, ya lo puede Vd. decir, el que quiera convencerse, ay, que se venga aquí a vivir... ... LA LUZ CREPUSCULAR. Bajo el palio de la luz crepuscular ... ni una blanca gaviota sobre el mar ... bajo el palio sonrosado de la luz crepuscular ... soñé que estabas junto a mí... LUNA LUNITA CASCABELERA. Dicen que tienes la luna lunita cascabelera. ... Dicen que la luna tiene amores con un calé, ... ay qué guapa está la luna con su cara enamorá... NO VENGAS CON DISIMULO. Pues va Vd. a saber señor lo que es la jota en mi tierra, ... -Tú no me la das con queso aunque te vistas de artista, ... yo sé que si me dejara me ibas a manchar de yeso. ...-No vengas con disimulo, me estás queriendo con rabia, no vengas con disimulo porque a mí no me “rifriegas” por la cara los citulos...


141 Años 1950-1955. GUAPA, GUAPA Y GUAPA. Estás que arrebatas preciosa, estás de lo más resalada, estás tan bonita y airosa que luces... Cuando me miras morena de adentro del alma un grito se escapa para decirte muy fuerte Guapa, Guapa y Guapa... ... estás imponente... MÉJICO. En esta tierra mejicana ... brilla la noche americana la luna lejana del cielo español. Y vive Dios, que como Méjico no hay dos, donde hay valor... Méjico... MARÍA CRISTINA ME QUIERE GOBERNAR. María Cristina me quiere gobernar y yo le sigo le sigo la corriente porque no quiero que diga la gente María Cristina me quiere gobernar. PENA MORA. ...Pena mora, pena mora, que es martillo de tormento en mi sien a todas horas. Pena mora, pena mora, que me quema a fuego lento desde la noche hasta la aurora...


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Costumbres y aspectos diversos.

ESTABA LA RANA. Estaba la rana, la rana sentada debajo del agua, cuando la rana se puso a cantar vino la mosca y la hizo callar. (rana,mosca,araña,ratón,gato, perro, hombre,suegra, mi amigo el diablo) DOCE CASCABELES. Doce cascabeles lleva mi caballo por la carretera; y un par de claveles al pelo tendido lleva mi romera. Y la carreta que va delante mil campanillas lleva sonando; y hasta las ruedas... EL AGUA DEL AVELLANO. Qué fresquita baja ¡ay! el agua del avellano. ... En Granada... ... al pie del Generalife ... hay una fuente famosa, la fuente del avellano. Que baja como la nieve el agua... OLÉ TORERO. Olé torero... (cantaba Luis Mariano en francés) MANOLO MÍO. Entre notas de guitarra, de canción y castañuela, ... Manolo mío, Manolo de mis amores, tú eres mi vida...


143 NO TE PUEDO QUERER. No te puedo querer porque no sientes lo que yo siento, no te puedo querer, apártame de tu pensamiento. Un día te quise y al verme llorando tú te reías de mi parecer... DOS CRUCES. Están clavadas dos cruces en el monte del olvido por dos amores que han muerto sin haberse comprendido. Están clavadas dos cruces... EL BAIÓN. Ya viene el negro zumbón bailando alegre el baión, repica la zambomba y llama a su mujer. Tengo ganas de bailar el nuevo compás gritan todos cuando me ven pasar. Chica ¿dónde vas? Me voy a bailar... el baión... ME GUSTAS TÚ. Que se quede el infinito sin estrellas ... Si perdiera el arco iris su belleza y las flores su perfume y su color ... no sería tan inmensa mi tristeza como... Me gustas tú y tú y tú y sólamente tú... Ojos negros, piel canela...


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Costumbres y aspectos diversos.

EL PASODOBLE. Con una guitarra y un par de palillos nació el pasodoble flamenco y cañí; y dice la historia... Pasodoble te quiero... SUAVE QUE ME ESTÁS MATANDO. Suave que me estás matando que estás acabando con mi juventud. Yo quisiera haberte sido infiel y pagarte con una traición... EL CORDÓN DE MI CORPIÑO. Si quieres que yo te dé lo que no te puedo dar: el cordón de mi corpiño, mi niño, que no lo puedo cortar. Ay, sol y luna, ay luna y cielo, ¿dónde estuviste(s) anoche... ME DEBES UN BESO. ...Me debes un beso, no te lo perdono, me debes un beso, me lo cobraré... -Di lo que te debo, en el acto pagaré...


145 Años 1955-1960 A LO LOCO. A lo loco es una frase que está de moda, que está de moda; y se escucha en todas partes y a todas horas y a todas horas. Hala, hala, a lo loco. Hay que ver cómo vive fulano, a lo loco, a lo loco ... cómo gasta el dinero mengano... EL CAMINO VERDE. Hoy he vuelto a pasar por aquel camino verde que por el valle se pierde con mi triste soledad. Hoy he vuelto a rezar... ME LO DIJO ADELA. Me lo dijo Adela (cuatro veces),tururá, doctor, mañana no me saca Vd. la muela aunque me muera de dolor. ¿Por qué? Porque dicen que anoche lo vieron con un magnífico tablón. ¿Quién te lo dijo nene? Me lo dijo Adela... LA CAMPANERA. ¿Por qué ha pintao tus ojeras la flor de lirio real? Por qué te has puesto de seda ay, campanera, por qué será...


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Costumbres y aspectos diversos.

Otras canciones. VAYA CON DIOS MI VIDA... OVEJITA LUCERA... LA CASITA EN CANADÁ... CANASTOS... LA DOLORES... Jotas, preferentemente navarras. EL TERCIO. Tengo un hermano en el Tercio, tengo un hermano en el Tercio y otro tengo en Regulares; y el hermano más pequeño preso en Alcalá de Henares, preso en Alcalá de Henares. Tengo un hermano en el Tercio. Y VOY POR LA CARRETERA. Y voy por la carretera. Cojo la vara y mi carro y voy por la carretera; no hay venta en que no me pare ni moza que no me quiera, ni moza que no me quiera. Cojo la vara y mi carro. ES EL MÁS LINDO QUERER. Es el más lindo querer, el querer sin esperanza; es el más lindo querer: yo te quiero y nada espero, mira si te quiero bien, mira si te quiero bien. El querer sin esperanza.


147 LA MEJANA. Que llevan, que llevan las tudelanas; qué delan, qué delantal más tirano; que llevan, que llevan las tudelanas; por la ma, por la mañana temprano; cuando van, cuando van a la Mejana. LA ROSA. Una rosa del Moncayo, una rosa del Moncayo, ay qué rosa, hecha de nieve y de fuego, he de darte vida mía el día que nos casemos, el día que nos casemos. Una rosa, una rosa del Moncayo. PAMPLONA. Cantan los mozos y mozas, Pamplona siete de julio, cantan los mozos y mozas; los de la montaña en vasco, los de la ribera en jotas, los de la ribera en jotas. Pamplona siete de julio. GAYARRE. Algo misterioso y grande la jota navarra tiene, la jota navarra tiene, desde que fue la oración con que rezaba Gayarre, con que rezaba Gayarre. La jota navarra tiene.


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Costumbres y aspectos diversos.

LAGUNERA. Una noche lagunera, una noche lagunera, ay qué noche; noche de nieve y de frío. La calle de mi morena no era calle, no era calle, que era un río; no era calle, que era un río. Una noche, una noche lagunera. BARDENAS. A través de las Bardenas aunque nevaba y llovía; a través, a través de las Bardenas; que cuando te iba a ver me pareció, me pareció primavera, me pareció primavera. Aunque nevaba y llovía. CORAZÓN. Corazón, corazón, corazón de qué te quejas; corazón, corazón, corazón de qué te quejas; si te ves, si te ves, si te ves triste y temblando. Más de cien, más de cien, más de cien ya te dijeron que el amor, que el amor, que el amor da desengaños. Corazón, corazón, corazón de qué te quejas.


149 DICE QUE ME HA DE MATAR. Un majo de una estocada dice que me ha de matar, un majo de una estocada. Yo le perdono la vida si me la da cara a cara, si me la da cara a cara. Dice que me ha de matar. LA FUENTE. A la fuente voy y bebo, a la fuente voy y bebo, y el agua no la aminoro porque yo la restituyo con las lรกgrimas que lloro, con las lรกgrimas que lloro. A la fuente voy y bebo. LA HIEDRA. Quisiera, quisiera, quisiera volverme yedra; quisiera, quisiera, quisiera volverme yedra; y subir y subir y subir por las paredes; y entrar en y entrar en y entrar en tu habitaciรณn; por ver el, por ver el, por ver el dormir que tienes; por ver el, por ver el dormir que tienes. Quisiera, quisiera, quisiera volverme yedra. LA CARDELINA. Canta tu bella canciรณn, canta cardelina canta, canta tu bella canciรณn; que no quiero que se entere que no puedo cantarle yo, que no puedo cantarle yo, que no puedo cantarle yo.


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Costumbres y aspectos diversos.

EL ARGA. Las golondrinas cantaban en las orillas del Arga; las golondrinas cantaban y en sus trinos repetían qué maja tierra es mi Navarra; y en sus trinos repetían qué maja tierra es mi Navarra. LOS SEGADORES. De segar de los Monegros ya vienen los segadores, de segar de los Monegros; sólo por venirte a ver, niña de los ojos negros, niña de los ojos negros. Ya vienen los segadores. LOS LABRADORES. Que cuando vienen del campo vienen cantando. ¿Por qué vienen tan contentos los labradores? Que cuando vuelven del campo vienen cantando. Se va ya acercando el fruto de sus sudores, porque las espigas de oro ya van granando, porque las espigas de oro ya van granando. ¿Por qué vienen tan contentos los labradores? CARRICO. Carrico, carrico de cuatro ruedas, vas por la calle temprano; despierta a esa doncellica, carrico, despierta a esa doncellica que tiene el sueño pesado, que tiene el sueño pesado. Carrico.


151 EL ROMERAL. Que la, que la atrae, al romeral como, como la tormenta brava; que la, que la atrae al romeral; igual, igual me atraes morena; cuando, cuando por la calle vas; cuando, cuando por la calle vas; como, como la tormenta brava. AL QUE ES NAVARRO. Al que es navarro, de pronto le hace despertar cuando la jota se oye de noche en la calle; al que es navarro, de pronto le hace despertar. Porque la jota ha sido y será siempre brava; la más valiente Navarra, guerrera y leal, la más valiente Navarra, guerrera y leal. Cuando la jota se oye de noche en la calle. TENGO PLANTADA UNA FLOR. Tengo plantada una flor, en los montes de Navarra, tengo plantada una flor; el aire la bambolea, desde aquí siento el olor, desde aquí siento el olor. En los montes de Navarra.


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Costumbres y aspectos diversos.

EL MONCAYO. Altos picos del Moncayo a cuántos pueblos mantienes; a unos con cargas de trigo y a otros con copos de nieve. Y otras jotas más... A ORILLAS DE LA MEJANA. EL CALOR DE MI PATRIA. UN NAVARRO EN LA ESCUELA. GAYARRE CON SU GARGANTA. DIJE QUE NO TE QUERÍA. DE UN VALOR INCALCULABLE. LA QUE EN NAVARRA SE CANTA. EN UN JARDÍN DE PAMPLONA. LAS CADENAS DE NAVARRA. TAFALLA. LOS FUEROS. LAS CADENAS.

Los cotilleos. Cito el plural por entender que también ellos cotilleaban, o algo parecido. Los hombres se reunían en el entorno de la taberna y el juego de pelota o en el atrio de la iglesia. Pero también, que yo recuerde, en la fragua antigua -junto a la casa concejo-, o en el taller de carpintería de nuestra primera vivienda...Los del barrio de abajo se juntaban en “el barrio”,o sea, la explanada del juego de pelota de abajo. ¿Y de qué hablaban? Imagino que del ganado, la cosecha, la tierra, el tempero, los sucesos, las mozas, etc. Yo recuerdo con doce o quince años oir hablar a mi padre y a un grupo de hombres amigos y afines en sus ideas de lo bien que iban las cosas en Rusia: los Sputniks y las cápsulas espaciales reflejaban su adelanto sobre los Estados Unidos. (Desconocían la otra realidad de Stalin, la de los campos de concentración y “gulags” de Siberia ...). Los más jóvenes añadían el tema de las mozas, claro. Las mujeres procuraban juntarse al traer el balde y el cántaro de agua de San Juan o del Reajo o al lavar la ropa en ambos ríos; o se sentaban en


153 los rellanos de las calles a coser o jugar; o hablaban lo suyo en los hornos o al ir a la plaza o al “barrio” a comprar a algún vendedor ambulante, de los de carro o vehículo automóvil, según los años. Otras hallaban la ocasión de hablar al limpiar la iglesia o la ermita. Y cabe pensar que hablarían de todo, como es natural. Y se rumorearía de lo que tocase en el momento.

Los forasteros, chicos y chicas. Recuerdo que en el verano, algo entristecido por la dispersión de los compañeros de clase, hallaba cierta ilusión cuando llegaban algunos niños hijos de magañeses emigrados. Así, “El Andaluz”, Antonio, primo de Miguelín, a quien decíamos “Andaluz Fulero”, gracioso por su ceceo y por alguna evidente exageración y otras que nosotros le atribuiríamos. O “El Muete”, supongo que “Mocete” allá en Cintruénigo, de donde venía a casa “del tio Quincallero” y del que muy poco puedo recordar sino que era muy bien recibido. O “El Paquito”, nieto del tio Charrín, que venía de Barcelona y nos hablaba tranquilamente del condón, lo que para nosotros era algo desconocido y prohibido. Algo menor de edad era el sobrino de nuestras vecinas María y Epi, “El Juani”, sevillano, buen cantante de la “Campanera”, con un habla muy graciosa. No necesariamente en verano sino en cualquier época del año venía Marianito, “el cojito”, de Agreda, hijo de la Amada y “El Chinchano” y nieto de la tía Petrón y el tío Laureano. Era uno más en el pueblo y asistía temporalmente a la escuela de niños. Recuerdo que lo subían a “anjón”, es decir, en los hombros, pues sus piernas terminaban en los muñones de las rodillas. Destacaba su viveza y simpatía y también su agilidad y fuerza en sus brazos y manos. La ortopedia le permitió andar, conducir, vivir con normalidad. Hace unos años falleció. A Mariano le acompañaba a veces su hermano Miguel, “El bolicas”, -por las canicas y gallaras-, muy agredeño en su modo de hablar y entender la vida (en Agreda se era más de “la raya” del Moncayo hacia el Ebro; por ejemplo, decían “acarreal, calgal y malchal”). Algunos niños más venían de cuando en cuando pero no eran de mi edad ni de mi vecindad, por lo que los recuerdo menos. Y también venía nuestro primo Carlos, de Barcelona, de quien digo algo en otro lugar. Entre las chicas recuerdo “la Susi”, de Barcelona, hija de Inés y Luis y nieta del tio carpintero, chica que entonces nos parecía muy atrevida en su lenguaje y costumbres, lo que demostraba únicamente la distancia de una a otra sociedad. Alguna vez venía Cristina, de Novallas, prima de mi amigo Pris; de Tudela llega-


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Costumbres y aspectos diversos.

ban las hijas de Ramiro... Por supuesto, venían también nuestras primas de Alcalá, Carmen y Dori, con gran satisfacción, en especial para mi hermana y las primas Vi y Maribel. Probablemente viniesen otras chicas que yo no recuerdo. Y hubo una temporada un chiquillo que acompañaba a unos carboneros -“el Quió”- que entraba a todas las provocaciones promovidas por los chicos del pueblo, sobre todo por los mayores. Cabe suponer que nunca había ido a la escuela. A mí me infundía un raro sentimiento mezcla de desconfianza, temor, pena...

Los quintos. Los mozos y las mozas. Las bodas. Cuando se conocía en Magaña el resultado del sorteo de los destinos de los quintos en su servicio militar, solía haber bastantes lágrimas en las madres magañesas...¡Le ha tocado a Africa! Y Africa estaba tan lejos...Había temor: los Regulares, los moros “paisa”, Ceuta, Melilla, más tarde Sidi Ifni... Tampoco gustaba que los mandaran a Jaca: la montaña, la nieve, a esquiar, los maquis... Después todo resultaba llevadero y volvían “hechos unos hombres”. Entre los quintos se establecía una unión especial, eran compañeros de muchos eventos: la escuela y los juegos, la confirmación y la comunión; las relaciones con las chicas y los bailes...Y al fin, la mili. Casi cada año los quintos marcaban su mensaje o sello en la pared del juego de pelota (lo de frontón o frontis no se solía decir): “VIVAN LOS MACHOS DEL 52 ”... Yo sabía que eso de “machos” se refería a los quintos y mozos, pero así como lo de machotes era muy frecuente decirlo, lo de machos me sonaba extraño, como animal. Los mozos en aquellos años iban cogidos por los hombros, actitud que ahora suscitaría recelos... En nuestra quinta fuimos cinco varones : Alberto, Alejandro, Pepe (el autor), Victorino y Miguel. Fueron cuatro chicas: Florencia, Eloísa, Nuria y Mariví. Los mozos adquirían la condición de tales después de “entrar mozos”, lo que ocurría tras pagar una buena invitación y asumir que cumplirían unas obligaciones, como servir de alguacil de los mozos -lo que conllevaba, por ejemplo, efectuar los cobros a los mozos para pagar la música y otros gastos-. Y, si había un alguacil, también había un alcalde de los mozos, que actuaba, al parecer, con bastante arbitrariedad a la hora de decidir cuándo un mozo entraba como tal, qué cantidad tenía que aportar y qué mozos participaban del convite. .. Quizá también influyese que nosotros ingresamos


155 en la Sociedad de Mozos que antes no nos dejaron. Pero que al ser ya mayores se tenía que ingresar pagando una buena cuota y de alguacil actuar. (De este modo refiere Saturnino las desavenencias de su cuadrilla con otra de mayores, allá por los primeros años treinta, y su retrasada entrada de mozos). Desde niños aprendían a ayudar y a hacer las tareas agrícolas y ganaderas. En ciertos casos se ajustaban de “agosteros” o de criados por todo el año, desde bien jóvenes. Había algunos que bajaban a “vendemar” o al “trujal”, generalmente a la Rioja. En los años 50 empezaron a desfilar casi masivamente “a los palos”, es decir, a teléfonos o a la policía y otros empleos fuera del pueblo, en muy diversas ciudades de la geografía de España. En sus relaciones con las chicas, los mozos tenían que tomar la iniciativa: sacaban a bailar a las chicas, les pedían relaciones, solicitaban “entrar en casa” de ellas y, con sus padres, “pedían” en matrimonio a la chica, ya novia. Yo no lo recuerdo porque nunca lo vi, pero Juana me dice que hubo un tiempo en el que los mozos pegaban una hoja de las revistas de entonces en la puerta de la moza preferida de cada uno y pasaban luego cantando canciones. Ya había pasado la costumbre de la ronda, así que era una forma de continuarla. En cuanto a las mujeres, todas tenían que trabajar en todo lo que tocara, excepto labrar, pastorear y hacer leña, salvo alguna extraña excepción. (Al otro lado de la sierra de Valtajeros, en los años 60, vi labrar a la mujeres, pues los hombres estaban en el Sur con las merinas). Además de colaborar en las tareas agrícolas las chicas colaboraban en las tareas de la casa y en el cuidado de los hermanos y en el de los animales. Especial dedicación prestaban a las labores- bordados, ganchillos, bolillos ...- y a preparar el ajuar para su eventual previsible boda. Tras las tres amonestaciones en misa de domingo, como era de rigor, llegaban las celebraciones previas y la boda. Fue curioso y celebrado un Sí del hombre a la mujer: “Sí la quiero, la requetequiero y hasta con delirio”. Venían invitados forasteros, familiares y amistades; se invitaba al juez al banquete; se acomodaban en la casa de los padres como podían, pues podía haber muchos invitados...60 ...; se mataban gallinas, conejos, cabritos, corderos...; se pedían platos y cubiertos a la vecindad...Había baile casi toda la noche de modo que los novios no tenían ocasión de dormir. Alguien del pueblo


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Costumbres y aspectos diversos.

se encargaba de componer unas coplillas acomodadas a los contrayentes ( a veces “la tia Estefanía”). El padrino obsequiaba con puros. La madrina lo hacía con azucarillos y, tal vez, chocolate a la mañana siguiente. Esto y más cosas me cuenta Juana, como que para su boda con Paco, y la de Vidal con Nieves, el Estado les dio una prestación de nupcialdad de 30000 pesetas. (Yo entonces ya estaba fuera del pueblo).

Reciclaje frente a despilfarro. En los años 50 en Magaña no se tiraba nada, se aprovechaba todo. Pondré, lector, ejemplos. La ropa se cosía y remendaba toda: culeras, rodilleras, zurcidos... eran normales. “Remendé mi sayo y pasé un año, lo volví a remendar y lo volví a pasar”, es un dicho que recuerda Mariví y que atribuye a través de su madre a alguna abuela... Si algo sobraba en la mesa ya se encargarían los cochinos, gallinas, gatos o perros de comerlo. Las escasas latas vacías de sardinas -las rectangulares y hondas sobre todo- las utilizábamos los chiquillos para hacernos “carros”. Añadíamos las ruedas que sacábamos al recortar suela de alpargatas viejas. La lana vieja la utilizábamos para hacer pelotas sin forro. De las grasas viejas se obtenía jabón. (Ya te he hablado de ello). El aguamiel servía para hacer mostillo. La bellota se comía o, más normal, era para los cerdos. Los tomates, ciruelas, etc, que no se consumían en la temporada se embotaban. En el caso de las ciruelas se colgaban para transformarlas en pasas y en el de las manzanas, ciertas peras y otros se envejecían y arrugaban en el grano. Los aros de los baldes en desuso nos servían para el juego del aro. Y las ruedas de los trillos antiguos podían servir como “tangos” en el juego de la tanguilla. La parte de calle y el empedrado contiguo a los corrales se barrían con una especie de tomillos grandes. Las escobas se fabricaban directamente con las hierbas de su nombre. De las bellotas, aparte de comerlas o echarlas a los cerdos, hacíamos “pirindolas” y de las cáscaras de nuez las “chincharras”, similares a las zambombas. De ciertos robles cogíamos las gallaras como sucedáneo de las canicas, pitos o boliches... Los hierros y trapos hubo un tiempo que se cambiaban por frutas de temporada, pervivencia de la ya superada economía de trueque... Las pieles de algunos animales se vendían a ciertos compradores que venían periódicamente al pueblo. Con crines de caballería se hacían unos “lazos” para capturar perdices. Para los conejos y también perdices utilizaban las losas. Con papeles de periódico o similar se hacían los acericos. Con el carburo sobrante de ciertos quinqués se jugaba a provocar una explosión


157 y elevar un bote varios metros en el aire. De un palo sacabas el marro y el coto para jugar. Y con otro palo en forma de horquilla y dos tiras de goma y un trozo de badana nos hacíamos un tiragomas. Para jugar a la pita cogíamos una piedra o trozo de teja planas. Y de un hueso de albaricoque obteníamos por frotamiento un chiflo; o de rama de higuera o nogal. ¿Y la cerbatana?

Rubias, reales y perrillas. Los chiquillos conocíamos algunas monedas y veíamos de vez en cuando billetes, más los marrones de peseta y los verdes de duro que los morados de veinticinco, pero siempre para pagar en la tienda la compra encargada por la madre. La peseta rubia era la deseada pero no siempre la teníamos: cumpleaños, aguinaldos navideños, propinas en algunas misas... Y su destino solía ser la hucha, eterna prometida y nunca conseguida. El real, aquella moneda perforada en el centro, de 25 céntimos de valor, la manejamos unos años y luego fue sustituida por la de dos reales, más pequeña y prolongada en el tiempo. Pero la más familiar para nosotros fue la perra gorda, más que la chica, con la que pagábamos la sacarina apostada en el frontón y endulzábamos la botella de agua de la fuente del Reajo; con ella jugábamos a menudo a las rayas , a la garza, etc. Aunque, en realidad, en esos juegos eran las monedas de cobre las reinas. El llamado duro, como moneda, poco recuerdo haberlo manejado, acaso por su valor. Sin embargo, hombres recuerdo, tal vez tratantes, que, lejos de contabilizar en pesetas, hablaban de reales y duros: veinte mil reales o mil duros, pero no decían cinco mil pesetas... Más difícil sería para mí recordar el precio de las cosas en aquellos años: un sacapuntas, un cuaderno, un pizarrín, unos cacahuetes, las chucherías del Piturro...

Sustos y conmociones. Pocos años teníamos cuando percibimos el sentimiento de las personas mayores ante la muerte de un niño en un accidente de automóvil; todo el pueblo se volcó con aquella familia. Fue en la cuesta de subida al pueblo. No recuerdo más detalles. Pero mi tía Agapita lo recuerda bien: Godofredo Valencia, “Godito”. Sus padres quisieron conocer un pueblo más, aquel día en fiestas; cogieron su coche y fueron a Magaña. Estacionaron el coche en el cruce de la carretera y la cuesta; los mayores subieron a la plaza y la taberna y los pequeños se quedaron atendidos por


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Costumbres y aspectos diversos.

una joven. Manipularían probablemente los frenos o algo y el coche se deslizó por el precipicio. Despedido y aplastado, Godito murió. Se suspendió música y fiesta de ese día y del siguiente hasta después del entierro. Su cadáver quedó en la zona de niños, al entrar, arriba a la izquierda de nuestro cementerio. Tendría yo cuatro o cinco años cuando mi hermana cayó muy enferma. La agitación de todos en casa me hizo ser consciente de que algo grave ocurría. Parece que el tío Valentín fue de propio a Soria a comprar penicilina que, creo, guardaban o en el molino o en una fuente fría próxima. Dicen que fue la primera ocasión -o una de las primeras- de uso en el pueblo de la salvadora penicilina. Poco más o menos a esa edad un día se oyeron gritos y se vieron carreras de hombres y mujeres: se había hundido el piso en casa de “la tia mujerona” y ella estaba herida. Hombres frenéticos llevaban en un colchón a la sufriente señora, imagino que a algún vehículo que la trasladase a la capital. Tal vez algún año más tarde la gente hablaba de los maquis y hasta, a veces, nos asustaban con ellos. No llegarían a Magaña pero a nosotros el asunto nos preocupaba. Un día de un año indeterminado metieron a un mozo - el R.- en el calabozo, creo que en el cuartucho que hay bajo la escalera de subida al antiguo Ayuntamiento. Era algo extraño y llamó nuestra atención. De vez en cuando moría alguna caballería y se veían caras tristes con lágrimas y se oían gritos. Era una pérdida muy gravosa para cualquier economía de entonces y afectaba a todos. Luego se arrojaba el cadáver en el barranco de Peñaquemá, a servir de carroña para buitres y demás. Una noche corrió la noticia: el guarda de la Vega había matado a una persona, al parecer de un disparo. ¿Se trataba de un ladrón o de un enfrentamiento personal? Como el hecho había ocurrido en el término municipal de Magaña tuvieron que intervenir las autoridades, y la Guardia Civil se lo llevó, pero, creo, el cadáver pasaría la noche en el pueblo. Los chiquillos sentiríamos miedo unas cuantas noches... Otra noche llegó una terrible noticia de algo ocurrido en Soria, en jueves, día de mercado. Rumores... Muerto. Los críos tuvimos mucho miedo esa y muchas más noches... porque el ánima del difunto podía aparecérsenos en cualquier rincón o en la oscuridad de la iglesia en hora del rosario... En los días inmediatos y durante bastante tiempo pude percibir el sufrimiento de mi compañero de clase, en ese momento huérfano de padre y madre. Cuando fui, poco después, a estudiar a Soria, supe un poco lo que era estar meses alejado de los padres (y eso que


159 conmigo estaban mi hermana y mis tíos). Qué no habría significado su pérdida... Cierta conmoción nos ocasionaban, al menos a mí, algunas disputas que a veces llegaban a peleas violentas entre los mozos, probablemente excitados por el exceso de vino.Y en dos ocasiones en que vi a mi madre discutir... Nunca he sido yo capaz de participar en esas situaciones...

Tabernas-Tiendas. En los años 50 eran tres. La de “la tia Cervera”, luego del cerbonero Dionisio, era además estanco y recuerdo que vendía artículos de racionamiento. La de Rafael y Julia tuvo su continuidad en Ángel y Esther. La “del tio Tiburcio” y su hijo “el Cele”-quien ensayó sin éxito con un camión- pasó luego a Victoriano y Pilar y continúa como moderno y digno bar que regentan Pili y Amadeo. Las tiendas olían a ...escobas, hoces, azadas, velas, mecheros(de mecha), cerillas, azúcar, arroz, aceite, latas de sardinas, albarcas, alpargatas, cuadernos, pizarras y pizarrines, lapiceros, zotal, cintas para moscas, etc. Y las tabernas- en el mismo espacio, con cuatro mesas y bancos alargados-, ofrecían vino y cerveza, arenques y cacahuetes; y a veces, coñac, anís o vermú. Y sabían a guiñote o mus, y a jotas, entre trago y trago del porrón, en ocasiones de cerveza con gaseosa.

Titiriteros y comediantes. Periódicamente acudían por el pueblo “húngaros”, gentes que deambulaban, al parecer, de uno a otro lugar ganándose el sustento con su ingenio, por ejemplo, con la cabra que trepaba a la mesa o la silla, o no recuerdo dónde. O los comediantes que pregonaban su comedia: título, hora, lugar y precio; y terminaban con aquella frase ya citada de “Y el que quiera estar más cómodo que se lleve su butaca”. Sería en invierno porque recuerdo comer aquellas naranjas “sanguinas” en alguna de las funciones. Con la llegada de don Félix y don José el pueblo organizaba sus propias comedias. Alguna vez llegó una pareja que simulaba algo que llamaban el toreo: uno de ellos mantenía una tabla con una especie de cuernos y el otro le daba unos pases. Al no haber en el pueblo vacas ni toros nosotros no teníamos ni idea de aquel mundo y nada sabíamos de un tal Manolete, torero entonces relevante. De modo que el espectáculo despertaba en nosotros moderado interés.


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Costumbres y aspectos diversos.

Vecinos, parientes, amigos. La vinculación afectiva entre vecinos podía superar a la existente con parientes en segundo grado. Proximidad, inmediatez, disposición desinteresada a ayudar, etc., solían estrechar las relaciones de vecindad. ¿Quién te pasaba la levadura, o tenía en brazos uno de los mellizos mientras el otro mamaba? ¿Con quién jugabas al julepe o ibas al río a por agua, o tomabas el fresco en las noches de verano, etc., etc.? En el caso de niños ¿con quién compartías los primeros juegos? Recuerdo buena relación familiar con Epi-María, Isidra-José, o, en el barrio de abajo, con los hermanos Gómez Heras. Y de niños llegaría a establecer entrañable amistad con Pris y compartí ratos de juego con Nicolás -aunque terminásemos indefectiblemente a pedradas por las esquinas-. También había familias con las que estabas “a bien y aparte”. No sé si sería aplicable el refrán de Juana “Echa la llave y alaba a la vecina”... El parentesco de segundo grado quedaba algo diluido en la proximidad, quintos, compañeros de clase, pandillas, bailes, juegos... Fue José-Mª Montes quien, a mis diez años, me hizo saber que éramos primos. Entonces supe por qué la relación con ciertas familias era tan buena. Pero como todos eran “tios”... La amistad podía tener su génesis en la vecindad o en el hecho de ser quintos y compartir la escolaridad-comunión-confirmación, o los juegos, exploraciones, bailes, etc. Yo recuerdo especial buena relación con toda la quinta y, además, con Cres en la escuela, con Arsenio después, con todos los vecinos, primero de abajo y luego de arriba. Y también con familias amigas, como Ofelia o los sastres. Y con otras muchas y muchos más.


Parte 4

El habla en Magaña en 1950. Apellidos y nombres. Consideraciones sobre apellidos y nombres. Es llamativa la variedad y riqueza de los nombres, en contraste con el reducido número de apellidos. Es lo normal, pues es el nombre el que identifica realmente, y cuando éste se repetía se recurría a variantes del mismo, por ejemplo Pedro, Pedrillo, Pedrito, Pedrín, Pedrolas, Perico, Periquín, Pericuelas... No puede sorprendernos que se repitan en distintas familias los mismos apellidos: Gómez Heras; Marín Herrero; Pascual Herrero; Virto Sanz; Zamora Pascual... La variedad y rareza de nombres obedece a la influencia de la costumbre y de la Iglesia, que aportaba los nombres del santoral. Aunque imagino que en ciertos casos la familia los elegía raros a propósito: Anastasio, Isaac, Ovidio, Eutimio, Arsenio y otros en una misma familia; Silvina, Obdulia, Afrodisia, Florencio y Priscilio en otra. O especialmente piadosos como son Salvador, Anunciación, Cielo... O repetitivos, como Juliana, Julia y Julio. Debo aclarar que algún apellido no corresponde a magañeses sino a funcionarios y personas residentes entonces allí. Alguno de los nombres puede ser de magañeses entonces fuera del pueblo; o de cónyuge de magañés-a. Es curioso observar también la abundancia de un mismo nombre para el varón y la mujer: Amelio-a, Emiliano-a, y así al menos hasta unos 40 hombres y 40 mujeres. En cuanto a la corrección en su uso había de todo: no siempre se dijo Eulogio, Eutimio, Eugenio... paro casi siempre Benino y Beninillo; o Rafel...


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El habla en Magaña en 1950.

Listado. En la Tabla 4.1 se muestran los apellidos típicos existentes en la época en el pueblo, mientras que en la Tabla 4.2 aparecen los nombres. Tabla 4.1: Apellidos típicos en la Magaña de 1950. A Albo Aguirre Artigas B Barranco Barrio, del C Callejo Carrascosa Casado Casas Castellano Castillo, del Córdova D Delgado Delso

Domínguez Duro E Escorza (cura) G Gómez H Heras Hernández Herrero I Indiano Izquierdo J Jiménez L Laseca León

Lorea Lorenzo M Marco Marín Marqués Martínez Matute Mínguez Montes Moreno P Palomar Pascual Pérez Pinilla Polo R

Recio Redondo Ruiz S Sanz T Tello V Valdecantos Valer Vicente Virto Z Zamora Zapata

Tabla 4.2: Nombres encontrados en Magaña hacia 1950.

A Abel Adoración Agustín Alejo (cura)

Adela Afrodisia Alberto Alfonso

Adelina Agapita Alejandra Alfredo

Adolfo Águeda Alejandro Alicia

(continúa en la página siguiente)


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Álvaro Amelio Anacleto Ángela Antonio Ascensión Auxiliadora

Amada Amparo Anastasio Aniana Araceli Asunción Azucena

Amador Ana Andresa Anselmo Arsenio Áurea

Amelia Ana María Ángel Antonia Arturo Aurora

B Baltasar Basilisa Benita Blanca Brígida

Baltasara Belisario Benito Blas Buenaventura

Barrusa Benicio Bienvenida Bonifacio

Basilia Benigno Bienvenido Borja

C Camila Carmen Celestino Cirilo Concepción Corona

Candelas Caya César Clara Consolación Crescencio

Carlos Cayo Cielo Claudio Constancio Cristóbal

Carmelo Celedonio Cirila Clemente Constantino

D Damián Demetria Domingo

David Desiderio Dorotea

Delfina Dionisio

Delia Dominga

E Elisa Emiliano

Eloy Emilio

Emilia Eleuteria

Emiliana Eleuterio

(continúa en la página siguiente)


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El habla en Magaña en 1950.

Eloísa Epifanio Estrella Eusebio

Elvira Esteban Eugenio Eutimio

Enrique Estefanía Eulalia Evaristo

Epifanía Esther Eulogio

F Faustina Felicidad Felisa Fernando Florencia Francisco

Fe Felicitas Félix Fidel Florencio Fredesvinda

Federico Felipa Fermín Filomena Florentina

Felicia Felipe Fermina Flora Florentino

G Gabriel Gloria Gumersindo

Gabriela Gonzalo

Gaspar Gregoria

Germán Gregorio

H Hermenegilda Honorio

Herminia

Hilario

Hipólito

I Ignacio Inmaculada Isabel

Ildefonso Inocenta Isidoro

Iluminada Inocente Isidra

Inés Isaac Isidro

J Jacinta Jesús Jose Luis

Jacinto Jaime Joaquín -cura- Jorge José María Josefa

Javier José Juan

(continúa en la página siguiente)


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Juan Antonio/Carlos Julio

Juana Julián

Juana Matías Juliana

Julia Justino

L Lázaro Librada Lucía Luz

Leandro Lidia Lucila

Leonor Lorenza Luis

Liborio Lucas Luisa

M Manuel Marcial Mariana Marta Melchor Moisés

Manuela Marcos Mariano Martín Micaela Montserrat

Marcela Margarita Maribel Matías Miguel

Marcelino María/Cruz Marina Matilde Milagros

N Narcisa Neftalí Nieves

Narciso Nelfo Nuria

Natalia Nélida

Natividad Nicolás

O O, María de la Olga

Obdulia Ovidio

Octavio

Ofelia

P Pablo Paz Pío Prudencio

Palmira Pedro Primitivo Purificación

Paula Petra Primor

Paulino Pilar Priscilio

(continúa en la página siguiente)


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El habla en Magaña en 1950.

R Rafael Regino Román Rubén

Ramiro Ricardo Rosa Rufino

Ramón Roberto Rosalía Rufo

Raquel Rogel Rosario

S Salvador Santiago Sebastián Serapia Silvina Sofía

Salvadora Santos Sebastiana Sergio Sira Soledad

Salvo Sara Segunda Severina Sixto Susana

Samuel Saturnino Serafín Severino Socorro

Teodora Tiburcio

Teodoro Tomás

Teodosia Tomasa

T Tadeo Teresa Toribio U Urbano V Valentín Vicente Victorino Visitación Z Zacarías

Úrsula

Valentina Victoria Vidal

Valeriano Venerando Victoriana Victoriano Villar Virginio


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Apodos, motes, sobrenombres. Consideraciones. Por respeto, para evitar que alguien pudiera sentirse ofendido, pensé no citar los apodos que recuerdo. Posteriormente, al comentar mi decisión con varios magañeses, en diferentes ámbitos, me han hecho reflexionar, pensar que han pasado cincuenta años para casi la totalidad de los motes o sobrenombres y rectificar e incluir un listado en el que incluyo también varios apodos recogidos de la libreta de Juana J. P. Haré, además, unas consideraciones un tanto lingüísticas sobre algunos de ellos y sus características. Pido disculpas a quien pueda molestar. Algunos de los citados no son tales motes sino simples variantes familiares o infantiles del nombre, tales Pipín por Felipín, Miguelete por Miguel, Macule por Inmaculada, etc. No todos corresponden a habitantes de los años cincuenta, pues hay algunos de tiempos anteriores y otros de posteriores. Otros corresponden a personas de fuera del pueblo pero vinculadas al mismo por diversas razones, p. ej. Piturro, Sordillo, Zurdo, etc. Es evidente que algunos nombres son tan singulares que difícilmente necesitaban ir acompañados de sobrenombre o mote. Por ejemplo: Arsenio, Fredesvinda, Priscilio, Silvina, Teodosia, Venerando, Zacarías... Y aún así, a algunos se les añadía algún mote. Era bastante frecuente usar sobrenombre o mote en el habla magañesa. En pocos lugares donde he residido he hallado tantos. Apelativos por oficio. Caminero, Carpintero, Cartera, Cestero, Criadillo, Gaitero, Herrero, Molinera/o, Sastre, Secretario, Zapatero... Gentilicios. Agredeña, Cervera, Fuenterreño, Navarro, Pobareño, Sampedrano, Valdelagüesa. Nombres reducidos o simplificados. Anastasio - Sio, Celestino - Tino, Florencio - Floren, Fredesvinda - Fredes, Gumersindo - Sindo, Neftalí -Talí, Nicolás - Colás, Sebastiana - Chana, Victoria - Vi, Zacarías- Cari, etc. Aumentativos, diminutivos, familiares. Por ejemplo Pedro, Pedrillo, Pedrín, Pedrolas, Perico, Pericuelas, Periquín, Petra, Petrín, Petrón, Petruca. Pepe, Pepito, Peporras. Miguel, Miguelín, Miguelete. Motes por características corporales o carácter. por la envergadura - con ironía o sin ella-... por el color de la piel de la cara, pelo, etc.


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El habla en Magaña en 1950. por defecto o malformación en ojos, nariz, orejas, labios, espalda, piernas, brazos por no tener pelo por los gestos, tics o actitudes: rascarse, chupar, mirar...

De todos estos, unos eran, creo, perfectamente asumidos por las personas afectadas. Otros eran ofensivos, sin ninguna duda. Motes o sobrenombres por el nombre o apodo del padre extendido a toda la familia. Así Tadeo, Tadea, Tadeílla, Tadeíllo. Cachán, Cacheta, Cacheto, Cachetilla. Motes muy extraños, llamativos, acaso simpáticos. Canene, Chalón, Churza, Culipinto. Farragullas. Malinis, Mendiola. Palila, Pilatos. Pirri. Renchifortas. Listado Agoñote, Agredeña, Alicantinas, Amante, Asterio, Avaricia. Babas, Bajilla (Vajilla), Baldomas, Bambú, Barrado, Barranco, Berruguillas, Bobo, Boche, Bombilla, Borja, Borrega, Bota, Boti, Botones, Bú. Cabezón, Cabra, Cabrillas, Cachán, Cacheto, Calvo, Can, Cana, Canales, Canene, Canilla, Cano, Cantera, Carbonero, Carolo, Casimiras, Castigador, Catano, Cavila, Cayote, Cerrojones,Cipote, Chacolí, Chalón, Chana, Chanchán, Chano, Charrines, Charro, Chata, Chichurro, Chin, Chinchano, Chino, Chota, Churri, Chufa, Chuli, Chupín, Chupina, Chupón, Churza, Churripi, Chusco, Celoso, Cerbonero, Cervera, Cigones, Ciruela, Cochejas, Cochochos, Colchones, Coleta, Colín, Concho, Conejo, Coñe, Córdovas (Córdobas), Criadillo, Cuca-o, Cucho, Cuenco, Culalba, Culipinto, Culón. Dominicas, Dios. Elías, Equis, Espinaca. Faíco, Faros, Farragullas, Farrucos, Felipillos, Figueras, Flaca, Fu, Fuenterreño, Fuñas, Fustillo. Gaita, Gaitero, Gallina mojada, Gapo, Garras, Gato, General, Gitanilla-o, Gorda, Grullo, Guay, Güina, Guirri, Gurri. Hormiga. Jabonera, Janina, Jaulas, Joselines, Juanitilla. Lanzaera, Larga, Legañoso, Lela, Lince, Loba, Lobito.


169 Macaco, Maco, Malinis, Malmira, Mangano, Manitas, Manolillo, Manolona, Manquillo, Manso, Marcil, Marichu (Mariucha), Marre, Marto, Matuta, Maúro, Mazacuenco, Mazantini, Mazapanes, Memé, Mengue, Merino, Micho, Miguelete, Mimoso, Minas, Ministro, Miñarra, Miracielos, Molinero, Mollón, Morcilla, Morena, Morgas, Moro, Morrales, Morreta-e, Mosqui, Muda, Mujerona, Mujer y media. Narrillos, Navarro-illo, Negra-o, Negro Zumbón, Niña, Nonea. Ñoño. Pacho, Pacucha, Pajarillo, Palila, Palizas, Palomares, Papelitos, Pardillo, Patascortas, Patatillas, Pedorra, Pedrolas, Pegada, Penca, Peporras, Pericuelas, Petrín, Petruca, Pezola, Pezolilla, Pía, Picarazo, Pichones, Pilatos, Pingüinos. Pinilla, Pin-pin, Pipín, Piquete, Pirolo, Pirri, Pistolo, Pitones, Piturro, Po, Poa, Pobareño, Poeta, Poitas, Polilla, Pólito, Polla, Preguntas, Puf. Quetín, Quique, Quirico. Rana, Rehierbas, Revives, Riruela, Risas, Rito, Roso, Rompetejas, Rubia-o, Rufos, Rumbas, Ruperta. Sabanazas, Salaberri, Sampedrano, Sangüeso (Sabueso), Sapa, Sastre, Seca, Señorito, Soberano, Sopas, Sopillas, Sordo, Sordillo, Supermán. Talego, Taletanto, Tanga, Tenazas, Tente, Tinda, Toinas, Tomate, Topa, Torongón, Tortas, Trucho, Tuerto, Tunini. Urso. Valdelagüesa, Valtajeros, Vero, Verruga-illa, Villarrasa, Viruntena, Viruta, Vitorieja, Vivillo. Zaborra, Zafio, Zamarra, Zampao, Zapata, Zapatona, Zaraguto, Zoqueta, Zorrillo, Zuri.

Algunos topónimos magañeses. Consideraciones. Mi afición hacia la lengua y la lingüística me llevan a reflexionar sobre los términos con los que reconocemos algunos parajes del término municipal. Carezco de la preparación necesaria para hacer un estudio más profundo y espero que algún magañés o afín, o, simplemente, lector curioso, más formado que yo en la materia, añada, aclare o rectifique lo que yo, en mi osadía, exponga aquí. He recogido algunos términos, no todos, tal vez por más conocidos o llamativos,


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El habla en Magaña en 1950.

para intentar acercarme a su posible origen y significación. En algunos casos me he apoyado en los contenidos de obras de autores preparados como Moliner, Celdrán, Carracedo o la R.A.E. De algunos de ellos he aprendido, en mi descargo, las dificultades para explicar ciertos topónimos.En todo caso puede comprenderse que el valor de este trabajo no rebase el nivel de divagaciones o elucubraciones... más o menos fundadas. En realidad, sólo me hago preguntas... Listado. A continuación se expone un listado de parajes y topónimos de Magaña. Aguilillos. Relacionado con crestas y picos o con águilas. Alameda. Curiosamente se hablaba de chopos y no de álamos... Acaso tiempo atrás... Alberca. Del árabe, poza para el riego y para remojo de fibras de plantas, como cáñamo. Aldegüelas. Aldehuelas. ¿Hubo aldeas? No está distante del despoblado de La Mora. Es una de las “hojas” en que se dividen los cultivos para alternar con barbechos. Alhama. Del árabe, alude a aguas calientes, termas (las hay en Fitero y algunas otras menores). Y también montaña, y un despoblado. Alnuzaras. Del árabe ¿almuzara?, acaso campos de cultivo. Bajocil. No tengo ni idea... Hay paraje en el río y cerro, compartido con Cerbón, creo. Parece que hubo un despoblado próximo. Barrancondo. Barranco hondo. Barruso. Acaso de “Barrio de Suso” “Barriosuso” “Barriuso” “Barruso” = barrio de arriba. Aunque tal vez no se pudiese referir al actual sino al que en tiempos pasados hubo en Barruso y que podría ser “el de arriba” en relación a otros más bajos, al menos aguas abajo, de Las Hiruelas y San Salvador. O tal vez signifique que está en las afueras. O en el arrabal. O quizá que está cerca del muro o de rocas. Cuestión de investigar y documentarlo... Fue también iglesia, segun algún autor.


171 Bazancao. ¿Vazancao? ¿Zancado? Ni idea. “Bejera”. Abejera, pues había colmenas en el romeral. Berducea. Verducea o Verduceda, puede aludir a las zarzas, juncos, hierbas, arbustos que crecen en el arroyo del Reajo, desde la fuente. Hubo barrio e iglesia -parroquia- que luego fue ermita. Berral. Hay una fuente de berros. Calaverón. Se ve una relación, pero... Caleruela. Habría hornos de cal, al menos cuando hicieron el castillo y la iglesia... Cámara, cerro de la. Probablemente por su forma curvada visto desde el pueblo. No creo que hubiese ningún nevero o construcción con bóveda. Canalejas. Puede aludir a pequeños canales o arroyos. Cantincao. Canto hincado, hito, señal o mojón que aún hoy se ve junto a la carretera. Cañada, Cañaílla. Es parte más baja y podía servir de camino al ganado. Allí cogíamos manzanilla. Cardegal. Alude a los cardos. Carrascal. Encinar, chaparral. Cascarita. Acaso del latín “cuasicare” = romper o quebrar, como muy quebrada es y mucho cascajo hay en la zona entre el cerro del castillo y Peñagatos. Castellar. Hubo alguna construcción - castros-, entre el barranco de Valdelaguna y Monasterios. Charquilla. Hay un manantial con pequeña charca. Cirujera. Se supone que habría ciruelos silvestres.


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El habla en Magaña en 1950. Cruz. Se bendecían los campos, con la señal de la cruz. Cuerdas. Fincas muy estrechas. “Estrepales”. Por abundar las “estrepas”, estepas o jaras. Fuentelcepo. ¿Pusieron cepos alguna vez? Fuentesecilla. Tal vez fuente sequilla o de poca agua. Fuentesomera. Por ser superficial o somera. Fuentevecinos. ¿A qué vecinos se refiere? ¿A los más próximos de San Salvador o San Miguel, o a los del pueblo? Tal vez no pagasen tributo a los señores del castillo por usarla. (Se pagó feudo al M. de Vadillo). Gallego. Puede ser un antropónimo o tal vez corra allí bien el aire “gallego”. Gollete. De cuello, estrechamiento. El lecho de roca del río se estrecha y forma un pozo más profundo que los próximos. Granja. Hubo una granja allí propiedad de una orden religiosa, acaso benedictinos. Hiruelas. Porque había eras pequeñas. Algunos historiadores sitúan allí un barrio en 1416. Horca-Horcajo. Parece que por los barrancos y el río, que confluyen con forma de ganchos. O por la horca de la justicia... Hoya. Por ser una parte más baja o hundida que el entorno. Isla. Peninsulita junto al Molimanco, donde mis abuelos tenían una viña, oí decir. Juncar. Por abundar los juncos, ya que hay humedad. Llardosa-Hoya ardosa. Tal vez por su color, o acaso por el calor. Llano Redondo. Podría ser por su forma, o tal vez por el apellido (Redondo).


173 Magaña. “Magnus annis” “Maganna” Magaña. Significa abundantes aguas. Para otros sería “bajo el cerro”. Para otros, engaño, emboscada... Y hay una Maghania o Maghnia, población árabe de Argelia... Majadas, del río y otras. Corral y tejado para guardar ganados, en muchas partes del pueblo. Malbalbao. Lo desconozco. Paraje citado en Nomenclátor..., de Blasco, en el que habría una sima. Manadizos. Manantiales. Marrero. En Magaña el “marro” era el palo para golpear el “coto” o tala... Martimuñas. Puede ser patronímico de Martín y Muños, o Núñez, Muñecas... Mingarrana. No lo sé. La mingrana es palabra antigua que significa granado. Acaso por el color granate oscuro del terreno. Mirantes. Palabra muy antigua que significa cabezo o cerro. Mojones. Hitos, límites o señales. Molino-Molimanco. Hubo varios, conocidos por los nombres de sus propietarios. Moli-manco... Montero. En Magaña monte era bosque, de encinas y robles sobre todo. Muñocanto. Tal vez patronímico, con el añadido de piedras o peñascos. Nocedillo. Habría un pequeño nogal. Pajarero. Sin duda alude a pájaros. Palaciano Lo desconozco. Podría ser un antropónimo, nombre de persona. Palomares. Porque probablemente los hubo en tiempos pasados. Otra de las “hojas” barbecho-cultivo. Peñacuervos. Porque allí se posan o crían los cuervos.


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El habla en Magaña en 1950. Peñaquemá. Peña quemada. Allí arrojaban los animales muertos. Peñas de Adrián. Parece referido a un nombre propio. En el Madero, cerca de Valdegeña, hay ruinas de un antiguo convento, acaso de Templarios, llamado de San Adrián. ¿Hay relación? Polandera. ... No creo que se refiera a puebla o pola. Pozuelo. Por ser zona deprimida, baja y de escasas dimensiones. Proancho=Pravancho, Promalo. Prado ancho, prado malo. Quemado. Porque se quemaría en otro tiempo. ...Que si pensamos un poco y fuese de verdad quemado no sería por ser bueno que sería por ser malo. (Así reza la estrofa de Saturnino). Rastra. ¿Acaso por ser muy pendiente? Reajo. Regajo, pequeño regato, arroyo. También lo hay en San Pedro M. y en otros lugares. Ribazazo. Se trata de un ribazo muy pendiente y prolongado. Río de la Vega. Paraje con algún regadío próximo al barrio de abajo. El topónimo podría ser una reminiscencia del antiguo nombre, al parecer, del barrio de abajo -barrio de la Vega-. Rituerta. Puede ser antropónimo femenino. Río torcido... Robleos. Robledos. Hay o hubo robles en abundancia. Es otra “hoja” para barbecho o cultivo. Romeral. Porque abunda el romero por ser solana. Sardón. Es monte bajo de encina, chaparro o similares.


175 Sabinar. Porque hay o hubo sabinas. San Cristóbal, San Juan, San Miguel. Son nombres de santos en los que en algunos casos hubo poblados. Solana Casas. Tal vez por ser de la familia Casas o por estar próxima a las casas del pueblo. Tajero, cerro. A 1342 metros de altitud, el más alto del pueblo, como la Atalaya Tajero o Valtajeros, acaso por lo áspero y recortado de esas zonas. Podría ser deformación de Tejero - tejas-, ya que pudo la tierra de esos parajes ser apropiada para ello y hay un lugar, Tejera, próximo a él. Y, además, he leído en algún libro histórico el nombre “Valdeteieros”, por Valtajeros... Tejera. Hubo fabricación de tejas en el entorno. Troyas. Tal vez por ser malas tierras... En una leyenda que don Florentino Zamora Lucas (Leyendas de Soria) localiza en Suellacabras, nombra La entrada de Troya, un pórtico en la ermita de San Caprasio de ese pueblo. Angel Almazán de Gracia, en su libro “Templarios, Sanjuanistas y Calatravos en Soria” cita otra leyenda según la cual San Caprasio vendría de Grecia... Grecia, Troya, Troyas... Es la cuarta “hoja” barbecho-cultivo. Y nos vamos del sector que llamamos de las Troyas y vamos a la Aldegüela que es donde toca ahora. (Estrofa de Saturnino). Valdecuberos. Posiblemente porque hubo un tiempo en que hacían cubas de roble para el vino. Puede tener relación con la venida de viticultores franceses a España, ante la ruina de sus viñedos, por la gran demanda de roble. Cerca de Valdecuberos está la dehesa del pueblo, precisamente monte de robles. Posteriormente a la redacción de esta posible explicación he leído en un libro, que cito por ahí, que en tiempos anteriores al siglo XVIII el viñedo tuvo gran importancia en Magaña (se pagaba un diezmo de 500 arrobas luego se cosecharían muchos litros...). No sería por tanto una explicación muy descabellada. ...


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El habla en Magaña en 1950. Valdelalar. Por el tipo de vegetación que hubiese, tal vez zarzas y similares. Valdejiminillo. Tal vez sea un antropónimo. Valdepelecha. Probablemente porque hay o hubo encinas. Valderrando. Antropónimo referido a Fernando, Ferrando, Hernando, Herrando... Vedado. Prohibido de caza. Vega. A menos de 800 metros de altitud, la zona más baja de Magaña. Regable. Verguillas. Tal vez relacionado con pequeñas varas o ramas. Zamarra. Puede corresponder a un antropónimo por el mote o apodo de alquien. Tal vez alguien perdió la zamarra...

Algunas palabras y dichos usuales. Consideraciones. Esta es una selección de algunas palabras que, por su sentido diferente al que se da en otros lugares, por su uso erróneo según las normas, por algún aspecto especial, me han llamado la atención. Incluyo algunas expresiones que recuerdo de las muchas que, seguro, se dirían (recuperarlas llevaría larga y laboriosa tarea). Es posible que algunas de esas palabras y dichos seleccionados no fuesen de uso generalizado en todo el pueblo, sino en el ámbito familiar y de los vecinos más próximos. De igual modo otras y otros han podido quedarse fuera, en el olvido. Es muy notable la vinculación de nuestra habla -entonación, léxico, sintaxis, etc.con la del entorno próximo del Ebro (La Rioja, Navarra, Aragón) y del Moncayo (Aragón y “Tierrágreda”). Específicamente he contrastado algunas identidades y similitudes así como diferencias del habla que recojo de Magaña con lo expuesto por Fernando Lázaro Carreter en su primer libro, de 1945, “El habla de Magallón”, población próxima al Moncayo. También he contrastado nuestra habla con la recogida en el libro “Vocabulario de Aragón”, de Juan Moneva y Puyol. Coincidencias: acacharse, ansias, braguero, cangrena, cucha y muchas más. Diferencias:


177 cocharrón en Magaña es agua que se cae de la jarra, balde, etc.; en Magallón significa curioso. Coto en Magaña es un juego de niños y en Magallón es duro. Morreras en mi pueblo es infección en los labios y en Magallón son los morros del cordero. Varraco en Magaña es el cerdo o semental y en Magallón es llorón. Y así sucesivamente. No he incluido sino algunos términos más vulgares y posiblemente más generalizados: cuál o cuála, p´arriba, mucho grande, grandismo (más corriente en otros pueblos próximos), sus vais o visus, trunfo, sarrampión, tamién. Tampoco hago un estudio ligüístico riguroso, para el que no estoy debidamente preparado. Listado de palabras. Por orden alfabético:

A Ababolla. Amapola, en Aragón ababol. Ablentar. Aventar la parva, echar al viento. Aborrecer. Lo decíamos cuando los pájaros abandonaban el nido, a veces al acercarnos nosotros. Abstinencia. Se practicaba en la Cuaresma, nada de carne ni caldo de carne, salvo que hubiese sacado la Bula, lo que era muy general por ser barata. Con Bula la abstinencia se reducía a los viernes y días santos de la Semana Santa. Abubilla. Nos gustaba verla volar pero no nos gustaba su mal olor ni el de sus nidos, por otra parte en lugares de difícil acceso. Acachar. Agachar. Acechar. A los pájaros los observábamos para descubrir sus nidos, principalmente en paredes y zarzales. Algunos decían afechar. Acerarse. Lo decían algunas madres de los dulces o tortas, cuando por la elaboración o fuego inadecuados quedaban de color y textura como la cera. Acerico. Almohadilla de papel plegado para poner alfileres. Achicoria. Se usaba como sucedáneo del café. También la malta. Adobe. Vimos hacer adobes con agua, tierra y paja, todo amasado y metido en un molde para luego secarse y hacer pared. Aeroplano. Entonces se usaba más que avión. Afilador. Los afiladores solían venir generalmente de Orense caminando con


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su rueda para afilar. Aguacil. Alguacil, y generalmente también pregonero. Aguilucho. Rapaz falcónido que hacía su nido en el muro de la carretera más arriba de San Miguel y en otros puntos. Aguilando. Aguinaldo. Lo daban algunos funcionarios y algunos tenderos para Navidad. Aineso. Ahí, ahí en ese sitio. Ajustar. Concertaban ponerse a trabajar para alguien, pastor o en la tierra, etc. Albarca. Abarca, calzado hecho con goma de rueda de coche. Muy rústico y barato, bastante propio para labrar y para los huertos. Albeldrío. Albedrío, libertad. Alberca. Era un paraje de regadío, que en su tiempo tendría una poza. Alcabala. Tributo que el Ayuntamento imponía a los vendedores ambulantes. Alcalde de los mozos. Los mozos tenían su alcalde y su alguacil. Alcanfor. Así llamamos a la naftalina. Alcol. Alcohol. Alcotán. Otro falcónido. Aldaba. En puertas y ventanas, para cerrar. No se usaba como llamador. Alforjas. Se usaban mucho entonces las alforjas, nuevas cuando ibas a San Pedro, Trévago o Soria, y las viejas si ibas al campo. Alicates. Se usaban sobre todo en plural. Allegar. Comer toda la carne del hueso, dejándolo bien limpio. Almanaque. Se usaba más que calendario. Almendruco. Se decía más que almendra. Almidez. Almirez. Para machacar ajo, perejil. Almóndiga. Albóndiga. Almorzar. Se hacía a media mañana. En otros lugares se refiere a la comida de mediodía. Alparcero. Aparcero. Juntaban dos caballerías para hacer yunta y compartían trabajos. Alpargata. Muy usada entonces. Suela de goma y pieza de tela con cintas para atar. Alpino. Marca de lápices de colores. Amedrantar. Amedrentar. Amolar. Molestar o hacer daño. Amonestaciones. Eran los tres avisos previos a la boda.


179 Amoto. Moto. Poco antes de 1950 vi yo la primera moto. Amurcar. Acometer, los moruecos o boques, machos de oveja y cabra. Anca. Se comían las ancas de rana, como ahora. Andas. Tablero y dos varas para llevar una imagen de virgen o santo. Andé, andara. Anduve, anduviera. Andosca. Oveja de dos años. Anganilla. Angarilla. Tipo de aparejo rígido para llevar cántaros, latas y otras cargas en la caballería. Ansa. Asa. Ansias. Náuseas. Antojo. A veces se usaba como repugnancia. Anublar. Nublar. Añudar. Había quien lo decía en lugar de anudar. Aparejo. Lo distinguíamos del baste, angarillas, etc. y se refería a la pieza que poníamos cuando íbamos a montar la caballería o poner encima las alforjas o un serón. Aparente. Apropiado. Apearse. Se usaba tanto o más que bajarse. Arguellado. Desmejorado, delgado, desmedrado. Arraclán. Alacrán. Arradio. Radio. Arrañar. Arañar. Había quien lo decía así. Arrascarse. Rascarse. Arre. Grito para arrear a las caballerías. Arropar. Se usaba tanto o más que abrigar. Artesa. Pieza hecha de tablas para amasar. Artaguitón. Ver Hartaguitón. Ascla. Astilla. Asperón. No faltaba en la fregadera. Atrochar. Ir por la trocha o camino más corto. Atrio. Patio de la iglesia. Azulete. Cuando blanqueaban la casa, sobre todo para las fiestas de septiembre, a veces se echaba azulete para pintar ciertas partes, por influencia musulmana.

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Baca. La de la camioneta, a veces con asientos para viajeros. Baldragas. Hombre flojo, sin energías. Ballarte. Artefacto de madera para llevar la carga entre dos. Ballico. Hierba mala para el trigo, pero creo que buena para el ganado. Balsa. La de los molinos nos daba miedo a los críos. Bancos. Los había en todas las cocinas, bien alargados o bien unipersonales pequeños. Barbero. Se usaba más que peluquero y se iba a la barbería. Barda, bardal. Las bardas se hacían con ramas de enebro y otros sobre pared y a veces tierra y así se protegía el corral o la majada. Con la leña se formaba el bardal, que solía cubrir parte del corral. Barreno. Veíamos la huella de los barrenos, en forma de tubo, en los peñascos junto a la carretera. Barruntar. Presentir algo por alguna señal, por ejemplo el tiempo que va a hacer. Bayón. Un baile de los años 1950. Bellota. Se recogía para comer y para los cerdos y hacíamos “pirindolas”. Berza, berzas. No se decía col. Un berzas era un chico tal vez tonto. Binar. Segunda labor de arado. Blanquiar. Blanquear la casa antes de las fiestas de septiembre. Blincar. Brincar. Bola. Mentira. Bonete. Lo llevaba el cura, gorro con cuatro picos. Boque. Macho cabrío, semental. Braguero. Las ubres de las ovejas, cabras... Bula. Para librarse del ayuno y de la abstinencia. Burra. Te salía en la mano al manejar el hacha, etc.

C Cabrada. La formaban las cuatrocientas o quinientas cabras del pueblo. Cacharreros. Venían de fuera con loza: pucheros, tazones, cazuelas, botijos, cántaros, tinajas y hasta juguetes. Cacho. Pedazo o trozo, porción. Cado. Madriguera del conejo. Cagarrutas. De ovejas y cabras.


181 Calabazas. Las había de 30 kilos. También se las daban las mozas y mozos, en sentido figurado. Calcar. Así copiábamos los dibujos en la escuela, con papel calcante. Calentura. Fiebre. En plural, morreras. Calostros. Al cortarse la primera leche de la cabra los comíamos con azúcar añadido. Calorífero. De barro o metal, para calentar la cama con agua caliente. Cambión, cambioneta. Camión, camioneta. Camelar. Convencer al chico o la chica. Campano. Vaso grande para vino, de forma acampanada. Camioneta. Era el coche de línea. Campanillo. Había en la iglesia y en la ermita. Camposanto. Se usaba tanto o más que cementerio. Cancil. Hilera de piedras alargadas y resaltadas que cortaban oblicuamente las calles y caminos reteniendo el agua de las tormentas. Candela. Lumbre del hogar. Candil. Vasija para iluminar con aceite e hilo (la deshila). Cangrena. Gangrena. Canillas. Pantorrillas delgadas. Canso. Cansado. Cantalobos. Trocitos de pirita de hierro cúbicos, oxidados, negros, que cogíamos en el Romeral de Peñaraje para jugar. Cantarera. Soporte de madera para poner los cántaros en la cocina o cerca de ella. Cantarral, canterral. Pedregal, normalmente en laderas bajo pañascales. Caparra. Así decíamos a un bicho que se adhería a la piel. Capucete. Tirarnos de cabeza al pozo en el río. Caramba. Una exclamación bastante usual. Carajones. Cagajones de las caballerías. También he oído cadajones. Carboniar. Carbonear. Hacer carbón. Carbunclo. Carbunco. Enfermedad del ganado y del hombre. Ántrax. Cardelina. Pajarilla migratoria. La cardelina de las bonitas era muy coloreada y era la “pajarilla” de Soria. La cardelina de las feas era el “turis” de Soria, donde los cogían en los cardos que había en la zona que hoy se llama Los Pajaritos. Jilguero. Cardenillo. Se formaba en los objetos de cobre y era venenoso.


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Carne de membrillo. Dulce de membrillo. Carracla. Carraca, instrumento de madera para tocar en Semana Santa, sustituyendo a las campanas. De rueda dentada y lengüeta giratoria o de martillo. También había habido matracas. Cascar. Hablar mucho. Y también pegar. Ceazo. Cedazo, cernedor o criba muy fina. Celemín. Medida de grano. Cenaco. Cenago que se forma en el agua sobre todo si se estanca. Lo aplicábamos a las hierbas (serían algas) de muy diferentes colores. Algunas culebras se mimetizaban y tomaban su color. Cenceña. Tipo de pan, plano y más duro, sin levadura. Ciambrera. Fiambrera. Ciemo. Estiércol, que otros llaman cieno o fiemo. Cillisca. Cellisca que se formaba en tiempo invernal con viento y nieve. Cincha. Correa o cinta para aparejar la caballería. Cirio. Vela de cera muy gruesa y alta. Chicho. Tocino, torreznillo o torresnillo. Chichorras. Chicharrones que quedan después de fundir y separar la manteca. Chincharra. Chicharra. Instrumento navideño que hacíamos con cáscara de nuez. Chorrete. Así llamábamos al órgano sexual femenino. Choto. Cabrito. Y también enfadados: “Pues ahora me enchoto y me voy al moro”, se decía. Chupones. Chuzos largos y puntiagudos de hielo pendientes de las canales del tejado. Cocharrón. Al mover violentamente el balde caía algo de agua. Coger. Se usaba en el sentido de caber. Coleta. Peinado de niñas con el pelo trenzado. Cólico. Cualquier malestar del vientre con vómitos, diarreas, etc. Colilla. El pene de los niños. “Colillas” de cigarros que “el Tunini” el zapatero cogía del suelo. Colorado. No se solía decir rojo. Columbio. Columpio. Convidar. Se empleaba más que invitar. Confite. Dulce, golosina, normalmente en bolitas o similares. Congrio. Solía venderse seco y salado, y a veces fresco.


183 Comparanza. Comparación. Lo decía “el tio Quincallero”. Cortar el pelo al cero. Rapar totalmente, pero se dejaba una tufa para no quedar mocho. Corral. Lo había en muchas casas y majadas. Con bardal en muchas de las casas y bardas en las majadas. Servía de retrete. Correo. Se decía más que cartero. Corrusca. Corrusco, pedazo de pan con bastante corteza. Cosera. Señal o mojón de piedra para fijar las lindes de fincas divididas o contiguas. Costilla. Cepo para capturar pájaros. Coto. Juego con coto y marro. Otros lo llaman tala. Cuartos. Se refería al dinero. “¡Mira que te saco los cuartos!” Es decir, que podían llevarte al ayuntamiento y multarte. Cucha, -o. Equivalía a mano izquierda . Zurdo. Cuchareta. Larva de rana. Abundaban en el Reajo. Culalba. Collalba, pájaro de cuello blanco. Culiblanco. Migratoria como el ocete o la golondrina. Cuneta. Niña adoptada.

D Dar agua. Abrevar caballerías. Dar calabazas. Rechazar las relaciones o pretensiones del chico o chica. Dar manta. Despertar y hacer levantar de la cama a horas inapropiadas, broma de juventud. Desa. Dehesa. Delegados. De Abastecimientos, vigilaban el contrabando y se les temía, sobre todo los molineros.

E Echar mentiras. Hacer chasquidos con los dedos de las manos. El tió, la tiá. Así se reconocía a todas las personas mayores. Empachar. Hartarse, con indigestión. Enajos. Los huesos del cerdo puestos en ajo y sal. En ca´l fulano. En casa de ...


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Encanarse. Quedarse pasmado por la risa o el lloro. Encerado. Pizarra grande en la escuela. Enconar. Inflamarse la herida. Enguerar. Yo nunca la había oído. Pero la oyó José-Luis G.H., como secretario del Ayuntamiento, cuando un vecino presentaba esta queja o denuncia: “Vengo porque me han enguerado el pajar”. Al señor le habían ocupado un pajar de su propiedad sin que le diera ningún permiso. Engüerar. Incubar los huevos. Enhuerar. Ensobinarse. Quedarse inmóvil más o menos tripa arriba, un animal o una persona borracha. Entrar en casa. Se decía del novio cuando ganaba la confianza de la familia de la novia. Entrar mozo. A cierta edad los chicos entraban mozos y adquirían ciertas obligaciones. Envasador. Era el embudo. Esbarar. Resbalar en la nieve, aplastada para ello, en el “esbaradizo”. Escapadillo. Pajarillo a punto de salir o ya salido del nido. Antes había echado pelo malo y pelo bueno. Escardar. Quitar cardos y otras hierbas de los sembrados. Escoscarse. Librarse de tarea o pago. Escote. Pagar a escote: pagar por partes iguales. Esmorritarse. Sangrar por la nariz. Espabilar. Despabilar, actuar con viveza, como cuando al candil le quitabas el pábilo y daba más luz. Esparatrapo. Esparadrapo. Espigar. Se recogían espigas en los caminos y fincas ya cosechadas. Yo mismo lo hice. Esquilo. Acción de esquilar las ovejas. Estandarte. Se sacaban en las procesiones y a veces habían sido regalados por alguien generoso. Estañar. Soldar con estaño y un soldador. Estar bueno. Tener aspecto lucido y gordo. Estraperlo. En la postguerra, comercio ilegal. Estrego. En lugar de estriego, similar a frego por friego. Estuche. Plumier escolar, a veces de “dos pisos”, para guardar lápices, gomas, pizarrín, etc.


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F Faja. En los hombres la faja daba dos o tres veces la vuelta a la cintura y protegía vientre y riñones. Farinetas. Hormigos, gachas. Con harina, agua, sal y grasa, y a veces leche. Fascal. Montón ordenado de fajos de mies en la pieza. Festejar. Mantener la relación verbal el novio y la novia. Follar. Practicar sexo con penetración. Era lo primero que buscábamos en el diccionario escolar. Forro. Badana para la pelota. Frego. En lugar de friego. Fresquera. Linterna o dispositivo parecido a una “jaula” con tela metálica muy fina que permitía ventilarse bien para conservar ciertos alimentos.

G Gabán. Abrigo. Galera. Carro con dos ejes, de ruedas más pequeñas en el primero de ellos. En Magaña no había ni carros ni galeras. Pero venía alguna de fuera. Gallara. Agalla o bola que criaba el roble y que utilizábamos en un juego. No es el gallarón. Gallina. Cobarde. Gamella. Caja de madera con paredes inclinadas para amasar el yeso o cemento. Garbancera. Un tipo de alubia. Gargarilla. A la gargarilla se tomaba y tragaba alimento sin masticar ni insalivar, deprisa. Garras. Piernas largas. Garrotillo. No era un garrote pequeño sino una pieza corta de madera, afilada, para poder atar el fajo. Gavilla. Manojo de mies. Gayuba. Fruto comestible de un tipo de planta rastrera que suele haber por la dehesa. Gomín. Núcleo muy elástico de la pelota. Güeño. Chorizo de peor calidad.


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Güesque. Grito para arrear las caballerías. Güina. Fuina o garduña. Guinda. Fruto silvestre del guindo. No dulce sino agrio. Guto. Cochino o cerdo. En Navarra cuto. En Aragón tocino. Guzco. Que se entrometía, que husmeaba.

H Hacina. Como el fascal y en la era. Haiga. Haya (verbo haber). Coche lujoso. Hartaguitón. En Cuaresma, el día de abstinencia, se comía algo hecho con huevo y pan, creo. Hartabobos. Hojas. Las cuatro zonas para alternar cultivos y barbechos: Aldehuelas, Palomares, Robleos y Troyas. Hollín. Lo había en las chimeneas y a veces ardía. Husmiar. Husmear, tratar de enterarse de lo que no le compete a uno.

I Iguala. Cantidad que cada vecino igualado pagaba a veterinario y médico. I hecho. La he hecho, “la i hecho”, “la i errao”. Irrigación. Lavativa. Agua templada para ayudar a defecar. Se introducía por el ano.

J Jabalines. Jabalíes. Jobar, jolines. Sustituían a otras palabras menos aceptadas. Juanacho. Sapo. Juego de pelota. Se refería al lugar: plaza o frontón. Jumera. Humareda, “humarera”.

K L


187 La francia. Nube hacia el nordeste que si salía podía o no haber tormentas (se lo oí al Paco “el Carolo”). Lamparones. Manchas de grasa o aceite. Lares. Llares, cadenas para colgar los calderos en el hogar. Lapicero. Así llamábamos al lápiz. Lavativa. Irrigación. Lazo. Se hacía con crines para cazar perdices. Lentes. Gafas. Lenzuelo. Lienzo fuerte para llevar paja, una mantada de paja. Limaco. Babosa. Linimento. Con ese líquido se frotaba la piel si había un golpe. Limitador. Limitaba el número de luces encendidas. Linterna. Podía llamarse así la fresquera. Llevar a anjón. Era llevar a uno en los hombros. Llueca. Clueca. Losa. Para cazar perdices y, tal vez, conejos. Lución. Decíamos que era una culebra pero no lo es. “Si la lución viera y la víbora oyera...”. Luego. No significaba de inmediato, sino después, más tarde.

M Machete. Golpe a la pelota de arriba a abajo. Macho, machote. Se decía de los muchachos y los mozos. Machorra. Oveja que no paría. Malta. Sucedáneo del café, de cebada tostada. Maltas. Fiebres duraderas, por las cabras y su leche. Manivela. Para que arrancaran los coches. Manta de agua. La que soportaban los pastores al haber llovido mucho, la manta empapada y cargar con todo el peso... Marro. Palo para jugar al coto. Mayar. Maullar. Mecagüenlaba. Una exclamación malsonante. Mecagüendiez, mecagüensandiez. Sustituían a otras palabras que podéis imaginar. Media. Mitad de la fanega y de la yugada.


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Medicamento. Medicina. Menear. Se empleaba tanto o más que mover. Menudo. Los intestinos del cerdo que las mujeres limpiaban en el río el día de la matanza. Meter en casa. Asustar a otro, poderle o amenazarle. Miaja. Migaja, un poquito. Michino. Gatito. Mielga. Hierba gramínea para los conejos. Mineral. Abono mineral, nitrato y otros. Mixtos. Petardos débiles, para niños. Mocho. Pelado o rapado, sin tufa. Monaguillo. Acólito, ayudante del cura. Moña. Muñeca. Moñiga. Boñiga. Moquero. Pañuelo para los mocos. Moreno. Sustancia para las heridas de las ovejas en el esquilo. Mormera. Catarro de nariz. Morrera. Infección en los labios. Morreta, morrete. Con el labio defectuoso. Morros. Labios. Morueco. Macho de la oveja. Mostillo. Se hacía con aguamiel, harina y nueces. Otros lo llaman arrope. Mostrenco. Torpe, pesado, cabezón... Mote. Apodo. En Canarias, nombrete. Muleto. Mulo joven que todavía no ha sido domado.

N O Ocete. Vencejo, avión, de largas alas. Olmada. Almohada. Ordeñar. Se hacía con las cabras en la temporada de leche. Orear. Secar. Ox ox. Así se espantaban las gallinas.


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P Pachasco. Para chasco, decepción o burla. Paine. En lugar de peine. Pajar. Edificio para guardar la paja. Pajuero. Pajucero. Lugar abierto donde se echaba la paja para hacer ciemo. Palancana. Palangana. Palos. Irse a los palos. En los años 1950 era irse “a teléfonos”. Pántano. Algunos lo usaban en lugar de pantano. Papel. El periódico. Parir. Se usaba mucho más que dar a luz. Pasaderas. Pasarelas de piedras o maderos. Pastas. Galletas o dulces. Pataca. Tubérculo parecido a la patata, de planta más alta, alimento para animales. Pedir el piso. A los forasteros que pretendían a una chica del pueblo se les pedía dinero para una invitación. Pedir las rosquillas. Los jóvenes iban de casa en casa en las fiestas patronales o en el carnaval haciendo juerga y pidiendo pastas y copas, con música incluida. Pedir relaciones. Intentar un noviazgo. Peina. Peine muy prieto y ancho, con púas en los dos lados para sacar mejor los piojos y chinches. Pelele. Prenda infantil que cubría torso y vientre. Pelo malo, pelo bueno, pelechando. Proceso de crecimiento de los pajarillos en el nido hasta ser escapadillos. Pelotón. Pelota grande que golpeábamos contra la pared. No conocimos el fútbol y el balón hasta más tarde. Péndice. Apéndice. Pendón. Lo portaba Anselmo, hombre alto y fuerte, en las procesiones. Permanente. Peinado rizado, duradero, que se hacían algunas mujeres. Pestiño. Dulce que recuerdo más duro y largo que el buñuelo. Pía. Piedra o cuña de madera para fijar el coche o camión en pendiente. Picú. Pick up. Tipo de antiguo tocadiscos. Sustituyó “al Tinda” y “al tío Hipólito”, que tocaban el clarinete y el tambor. Pieza. Finca de cereal. Pilón. Para que abrevasen las caballerías. Había en el barrio de abajo y en


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varios caminos. Su agua, a veces salada, era apreciada por las caballerías. Pirindola. Perinola, antigua pirinola. Más rústica e infantil que la peonza. La hacíamos con media bellota y un palillo, creo. Pita. Era un juego, también llamado tejo o calderón. Pita, pita. Así llamaban a las gallinas. Piti. Así nombraban algunos al pene o colilla. Pitorrial. Pito real, un tipo de pico carpintero. Pitorro. La abertura pequeña del botijo. Chupón. Piturro. Un señor de Fuentes de Magaña, listo, que sacaba el dinero y daba diversión a los magañeses en las fiestas patronales. Pizarra. Cada alumno escribía en su pizarra con el pizarrín. Plancha. La de planchar se llenaba de brasas. La del hogar eran dos placas metálicas, una sobre la pared, con relieves que llaman la tosca, y otra lisa sobre el suelo, en la que se hacía la lumbre. Plaza hueca. Se decía de la de Fuentes de Magaña porque corría un arroyo por debajo. Plazoleta. La placilla entre las escuelas y la tienda. Plexiglas. Primer tipo de plástico que conocimos. Aún pasaron varios años hasta conocerse el plástico actual. Poyo. Asiento normalmente de piedra a la entrada de algunas casas. Pregón. Bando del ayuntamiento o anuncio de vendedores, comediantes, etc. Se avisaba a toque de gaita. Lo hizo el “tio Manuel el Americano”, “el tio Blas”, etc. Preñar. Se usaba tanto o más que quedar embarazada. Presinarse Persignarse, signarse o hacer la señal de la cruz. Promalo. Prado malo. Pues. ¿Qué pasa pues? ¿Ande vas pues? Pulmonía. Enfermedad relativamente frecuente y grave por enfriamiento fuerte del pecho.

Q Quebrado. Tipo de número, fracción. Hombre que tenía hernia en el escroto, en los testículos. Quedré. Querré. Y así todo el futuro y el condicional. Quera. Carcoma.


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R Racionamiento. Control por el Estado de ciertos productos de alimentación por medio de una cartilla y cupones. Rallo. Botijo cuya boca ancha tenía agujeritos. Botijo normal. Ramón. Ramas de árboles, incluso de encinas, para alimento de cabras y ovejas en días de nieve. RAYAS. Cartilla de primeras letras. Reajo. Regajo o regato. Arroyo en el barrio de abajo. Hay otro en plural. Recular. Retroceder. Regalar. Fundirse la nieve y el hielo. Remojón. Se hacía con vino, azúcar y melocotón en orejones. Cada cuadrilla hacía el suyo. Reo vecino. Turno rotatorio para arreglar caminos y hacer otras tareas vecinales. Reprisa. Represa, cubada, caudal crecido del río al llegar el agua desembalsada en los molinos de arriba. Retorcijón. Dolor agudo del vientre. Retrato. No se solía decir foto. Retrete. No los había, únicamente en la escuela. Tal vez hubiera alguno en alguna casa particular. Revocar. El viento volvía atrás el humo de la chimenea. Revueltas. Las curvas de la carretera, tan repetidas. Ricino. De él se hacía un aceite purgante. Rimador. Madero de roble o encina que ardía arrimado en el lateral del hogar. Ringar. Derrengarse, hundirse en ciertas sillas de muelles. Ringlera. Hilera. Ripio. Cascajo para uso en la construcción. Rita, rita. Grito para arrear las ovejas. Rodilla. Trapo enrollado para proteger la cabeza bajo el balde o cántaro y las rodillas al lavar en el río o fregar los suelos. Rodillo. Cilindro grande de piedra sobre el que nos desplazábamos resbalando los pies. Sería resto del antiguo rollo, símbolo de la villa. Romana. Balanza de origen romano. Romper. Hacer la primera labor de arado.


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Roña. Suciedad muy adherida. Sarna en las ovejas. Roñoso era mezquino. Roza. Pieza roturada. He leído que Primo de Rivera autorizó o estimuló la roturación.

S Sabañón. Por congelación picaba la piel de las orejas y de los dedos de los pies, sobre todo al entrar en calor. Sacamantecas. Para asustar a los críos. Sacar los cuartos. Llevar a juicio y poder multarle. Salvado. En la molienda del trigo se obtenía la harina y el salvado, éste de la cáscara. Sanguina. Naranja con pulpa muy roja. Santos. Cumpleaños. Y las ilustraciones en los libros. Sarna. La piel se ponía roja y picaba. Faltaba higiene. Saya. Prenda de las abuelas. Sentón. Banco o asiento. Ser de Ayuntamiento. No se usaba concejal. Sirle. Abono de excremento de ovejas y cabras. Soooo. Para detener las caballerías. Sobadillos. Dulces, pastas, con manteca, bien amasados. Sobaquillo. Golpe a la pelota con el brazo pegado al cuerpo. Somero. Desván, pieza más alta de la casa. Sufruto. Usufructo. Sin ser propietario recibías el beneficio temporalmente.

T Taberna. Bar y tienda juntos. Tallarse. En el Ayuntamiento medían la talla a los mozos de 20 años. Tambores. Cubos de forma cilíndrica en la muralla del castillo. Tamo. Paja fina que queda al aventar. Tanería. Tenería, en tiempos pasados. Tapabocas. Pequeña manta para la siesta o parecido. Tapia. Pared de barro y paja con entramado. Tarre. Ataharre, correa para el tiro de maderas, carro, trillo, etc. Tempero. Humedad y situación de la tierra apta para el trabajo.


193 Temporal. Era más duradero que la tormenta. Témporas. Se aludía al tiempo que hacía en un solsticio o equinoccio del que se podía deducir cómo iba a ser el tiempo en los siguientes. Tierra ancha. Se decía de “tierra Ágreda”, más llana y productiva que la de Magaña. Tierrágreda, Tierrasampedro, Tierrasoria. Pueblos de esas zonas, reminiscencia de las Comunidades de V. y T. Timón. Del arado. Tinaja. De barro, para agua, etc. Tiña. Miseria, mezquindad. Tirabuzones. Peinado de las niñas pequeñas. Tirantes. Hubo unos años que se usaron mucho. Después se generalizó el cinturón. Toballa. Toalla. Tordillo. Macho del color del tordo, casi negro. Tordo. Los tordos anidaban en el tejado de la escuela. Cada año se limpiaba éste y se cogían pájaros de los nidos, pues había excesivos. Torta. Se hacía plana y untada de aceite. Y para el santo se añadía huevo, anís y azúcar. Torto. Era estrecho, largo y más gordo. Se le solía meter un chorizo para Jueves Lardero. Torresnillo. Torrezno, tocino frito. Tranco. Para trancar la puerta del corral o la casa. Trampal. Pieza metálica o de tablas para cortar el paso del agua en la acequiadel molino ú otras- y derivarla al sobradero ú otra acequia. Yo lo veía, en el molino segundo, bajado cuando la balsa estaba llena o si el tío quería hacer alguna labor de limpieza en ella. Trasquilar. Cortar mal el pelo. Trato. Los tratantes se dedicaban al trato o compraventa, sobre todo de cerdos y caballerías. Trébedes. Trípode de hierro en el hogar. Trenzas. Peinado de las niñas, coletas. Tripa. Se usaba más que vientre o barriga. Troncho. Tallo de las berzas y similares. Trosquil. Trozo grande de pan, preferentemente en la merienda. Trujal. Molino de aceite o lagar de uva.


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Tufa. Se dejaba algo de pelo en la frente al cortar el pelo al cero. En caso contrario era “mocho”. Tuso, tuso. Se decía para alejar a un pero.

U Úrguras. En temporal de nieve y viento, las oleadas de nieve en polvo.

V Varear. Sacudir los nogales, encinas, con varas largas. Y mullir la lana para el colchón. Varraco. Verraco, cerdo macho semental. Vasar. Lugar para poner vasos, como una hornacina en la cocina o cerca de ella. Vencejo. Mies larga de centeno para atar los fajos. Velo. Siempre lo usaban las mujeres en la iglesia. Vendemar. Ir a vendimiar. Ventosas. Vasos en los que se ponía algodón ardiendo con alcohol para hacer el vacío sobre el pecho o la espalda y sacarte el enfriamiento. Vereda. Era un camino estrecho. No se solía usar senda. Vivitoque. Creo que tocaban las campanas con vivo ritmo para avisar de la posibilidad de beber vino y tomar unas nueces o almendras con motivo de una fiesta, del patrón ú otras. Otros escriben bibitoque, de beber. Vutarda. Avutarda.

X Y Yasa. Riada. En La Rioja y Navarra, cerca del río Alhama, alude al cauce. Yuncir. Uncir la yunta.

Z Zagones. Zahones, piezas anchas de cuero para proteger el pantalón, etc.


195 Zaque. Se refería a un buen chaparrón. Zaragatos. Son de la familia de las mimbreras, sauces, etc. Protegían la orilla del río. Zurra. Azote. Zurriaga. Se usaba en la trilla, etc. Zurrías. En el frontón cogíamos la pelota y la lanzábamos sin golpearla con la mano. Listado de dichos Algunos dichos que recuerdo, varios ya citados en el Vocabulario. Ajustarse de pastor. Acordaban las condiciones para ello. Ande vas pues. Se empleaba bastante el “pues”, pero no tanto como en Aragón y Navarra. Bajar la yasa. Bajaba la riada tras la tormenta o el temporal. Caer una manta de agua. Llovía mucho. Cobardiar. Sentirse flojo, débil. O asustado. Dar la serenata. Creo que se daba a los viudos si volvían a casarse. Dar manta. Se despertaba a la gente a horas intempestivas, en broma. Dar una somanta de palos. Dar una paliza. Echar mentiras. Dar chasquidos con los dedos de las manos. Entrar en casa. El novio accedía a la casa de la novia con los parabienes de la familia. Entrar mozo. A cierta edad y cuando lo decidía el alcalde de los mozos pagabas una invitación o cantidad y adquirías obligaciones y derechos de mozo. Estar al albeldrío. Con mucha libertad. Estar arguellao. Desmejorado, delgado. Estar baldao. Dolido y desmejorado por fiebre, enfriamiento, etc. Estar buenaø. Tener buen aspecto, gordaø. Hay cillisca. Con la nieve y el viento hay cellisca y se forman ventisqueros. Hay úrguras. Las oleadas de nieve en polvo de la cellisca. Irse a los palos. En los años 50 irse a teléfonos. Irse a vendemar. Ir a la campaña de la vendimia a la Rioja. Los dos hacen un pión. Se decía de dos hermanos que a los ¿12? años segaban en conjunto como un peón adulto. Meter en casa. Tener más poder o fuerza y obligar al otro a ceder.


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No hacer hacienda. Por debilidad o vagancia no trabajaba. Pa´ Cascarita. Morir y llevarlo al cementerio, que está en ese lugar. Pagar el piso. Se le exigía al mozo forastero que avanzaba en el noviazgo con chica del pueblo (chantaje). Pagar por ser vecino. En alguna ocasión el forastero que se instalaba en el pueblo invitaba. Pedir las rosquillas. El tercer día de la fiesta las piden los mozos y mozas casa por casa con canciones y juerga -copas- incluidas. Pedir relaciones. Iniciativa de los chicos hacia las chicas. Se supone que ya habría alguna complicidad. Por la carrera pa’lante. Lo llevarían al cementerio, pues ése era el camino. (Me lo dijo Juana). Sacar los cuartos. Posibilidad de que el Ayuntamiento o el Juez multen a uno por denuncia de otro que se siente agraviado o perjudicado. Salir el río. Bajar riada tras la tormenta o temporal. Salir “la francia”. Nube del nordeste que indicaba o no posible tormenta. Ser de Ayuntamiento. Ser concejal. Ser falso. Que es poco valiente, aunque no lo parezca; que trabaja poco... Tener galbana. Poca gana de trabajar. Tocar reo vecino. Le toca trabajar para el pueblo. Tomar el fresco. En las noches de buen tiempo, de verano, si no tenías que madrugar, pasabas un rato al sereno con la vecindad. Trabajar a destajo. Acordar una tarea y su pago. Volverse el aire o la tormenta. Cambiar de dirección, lo que es muy frecuente en tormentas. Vaya zaque. Cuánto ha llovido o llueve.

Los refranes de Juana y otras expresiones. Juana Jiménez Pascual, frisando los setenta años, decidió que no era suficiente tener una extraordinaria memoria y recordar multitud de datos de multitud de cosas. Y las escribió. Y lo hizo para mantener su memoria fresca y su mente despierta, pero también para ejercitar los músculos y otras piezas de sus ojos amenazados seriamente. Y así, en los últimos años, anotó hechos relevantes de la vida nacional y aquellos otros del pueblo que sólo lo son para Magaña y los magañeses. Y, junto a ellos, también anotó series interminables de “cuentas” escolares de


197 dividir, multiplicar, restar y sumar; y esto lo hizo ejercitándose en la dificultad: de abajo arriba, de arriba abajo, de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. Y listas larguísimas con los apellidos -los dos- de todas las gentes del pueblo, según edades y lugares adonde emigraron o donde viven hoy día. Yo había decidido, antes de saber todo eso, escucharla a ella y a Paco, su marido, sobre las costumbres de aquella Magaña de 1950, ya perdida, pero que perdura en la memoria de personas como este matrimonio, que ha permanecido siempre en Magaña. Cuando me habló de estas cosas y de que tenía muchos refranes en su libreta, le pedí que me permitiera leerlos e, incluso, incorporarlos al trabajo que yo estaba preparando en torno a mis recuerdos, reflexiones y búsqueda somera del pasado magañés. Se mostró de acuerdo y ésta es la razón por la que aparecen en este trabajo los sesenta y tantos refranes que Juana guardaba en su libreta y otros muchos más que ella creía tener y que en larga conversación evocamos Paco, Juana, mi buen amigo José María y yo, en todo caso usados tradicionalmente en Magaña. Refranes (o frases y dichos). A macho regalao no le mires el diente. A mal tiempo buena cara. A mal tiempo mala cara.(Insiste en que ambas expresiones son válidas). A quien madruga Dios le ayuda, con buen fin. A rey muerto, rey puesto. A todo peñal, caer en un peñascal. (Alude a la precipitación). Al mal entendedor con pocas palabras le basta.(Sería inútil). (Al buen entendedor con pocas palabras le basta). Al mal gesto buena cara. Al perro flaco todo se le vuelven pulgas. Antes se coge al mentiroso que al cojo. Año ruin mal porvenir. Bien querido poco agradecido. Casa compuesta, la muerte en la puerta. Con buenos cimientos también se caen los templos. Cuanto más cariño más amor. Cuanto más das peor pago te dan. Cuanto más odio más rencor. De molinero cambiarás pero de ladrón no escaparás.


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El habla en Magaña en 1950. Echa la llave y alaba a la vecina. El buen paño en el arca se vende. El buen pastor da la vida por sus ovejas. El comer y el rascar, todo es empezar. El hombre pierde el diente pero no la simiente. El hombre propone, Dios dispone y la mujer lo descompone. El lobo se come al rebaño. El muerto al hoyo y el vivo al bollo. El que da la herencia antes de la muerte merece que le den con un canto en la frente. El que da lo que tiene no está obligado a más. El que de joven no trotea de viejo galopea. El que lo dice no la hace. El que mal anda mal acaba. El que parte y bien reparte se queda con la mejor parte. El que se lo come a las diez no tiene para las once. El que trabaja por la noche es poco inteligente. El tonto espabila al listo. En abril, aguas mil. En boca cerrada no entran moscas. En cada casa se cuecen habas y en la nuestra (tuya) a calderadas. En el país de los ciegos el tuerto es el rey. Entre col y col, lechuga. Gato escaldado, del agua fría huye. Hablas con quien y no digas a quien. Hacer de tripas corazón. Hay quien da mucho y no le es agradecido. Haz bien y no sepas a quien. Hijos criaus duelos doblaus. Hombre hablador poco mordedor. La letra con sangre entra. La mancha de mora negra con otra verde se quita. La tempestad trae la calma. Las aguas mil, por donde vienen se han de volver a ir. Lo barato es caro. Lo que no va en vino va en lágrimas y suspiros.


199 Lo que se han de comer los gusanos que se lo coman los sanos. Los trapos sucios se lavan en casa. Madre e hija caben en la misma camisa. Marzo ventoso y abril lluvioso traen a mayo florido y hermoso. Me guardarás el secreto, amigo, mejor si no te lo digo. No hay mal que por bien no venga. No por mucho madrugar amanece más temprano. Pan para hoy hambre para mañana. Para llorar yo, lloras tú antes. Para no haber paz que no haya guerra. Perro ladrador poco mordedor. Quien bien ama bien se quiere. Quien mal anda mal acaba. Salí de mi casa y avergoncéme; volví a mi casa y remediéme. Según hagas te harán. Si bien das bien recibes. Si no hubiera mes de abril no habría año ruin. Si te hacen un mal devuelve un bien. Si tiras la paciencia la tienes que volver a coger. Trabajo a burros pagado a coces. Tres hijas y la madre la perdición de un padre. Un buen vecino mejor que un mal familiar. Un necesitado sabe más que cien abogados. Un niño travieso, un hombre de provecho. Lista de refranes y dichos evocados en animada conversación, algunos muy comunes y otros menos en el habla de los magañeses. A buena hambre no hay pan duro. A Dios rogando y con el mazo dando. A falta de pan buenas son tortas. A la vejez, viruelas. A las diez en la cama estés. A otro perro con ese hueso. A palabras necias, oídos sordos. A pan de quince días hambre de tres semanas. A río revuelto ganancia de pescadores.


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El habla en Magaña en 1950. A tu tierra grulla, aunque sea con una pata. Agosto, frío en rostro. Agua pasada no mueve molino. Ahí me las den todas. Al burro muerto la cebada al rabo. Allí donde fueres haz lo que vieres. Amor con amor se paga. Antes de cien años todos calvos. Año de nieves, año de bienes. Arrieros somos y en el camino nos encontraremos. Bien merece quien a los suyos parece. Bien vengas, mal, si vienes solo. Buey suelto bien se lame. Cada loco con su tema. Cada oveja con su pareja. Cada uno en su casa y Dios en la de todos. Cada uno habla de la feria según le va en ella. Caracol, col, col, sala los cuernos al sol... Casa con dos puertas, mala es de guardar. Comido por servido. Como agua de mayo. Como el pez en el agua. Como quien no quiere la cosa. Como uña y carne. Cría cuervos y te sacarán los ojos. Cuando seas padre comerás huevo. Cuando vieres las barbas de tu vecino pelar, echa las tuyas a remojar. Cuanto más se tiene, más se quiere. De aquellos polvos vienen estos lodos. De cabo a rabo. De casta le viene al galgo. De mis amigos me guarde Dios que de los otros me guardo yo. De noche todos los gatos son pardos. Del dicho al hecho hay un trecho. Del enemigo el consejo. Del puente Barruso para abajo, ni carneros fiar ni hijos casar.(H. de


201 Soria, J.A.P. Rioja y otros). Donde las dan las toman. Donde menos se piensa salta la liebre. Echar el resto. Echar lágrimas de cocodrilo. El miedo guarda la viña. El perro del hortelano, ni comerlo ni dejarlo. El pez grande se come al chico. El que no sabe es como el que no ve. El que se pica ajos come. El que tiene boca se equivoca y el que tiene c... sopla. El saber no ocupa lugar. El tiempo cura todos los males. (o todo lo cura). En casa del herrero cuchillo de palo. En el castigo lleva la penitencia. En el país de los ciegos el tuerto es el rey. En febrero, un día malo y otro bueno. Éramos pocos (muchos) y parió la abuela. Es más el ruido que las nueces. Es para mearse de risa (y no echar gota). Es pedir peras al olmo. Es predicar en el desierto. Eso son habas contadas. Gana buena fama y échate a dormir. Hablando de Roma, por la puerta asoma. Hablando se entiende la gente. Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo. Hay más días que morcillas. Hecha la ley, hecha la trampa. Hierba mala pronto nace/nunca muere. Hombre prevenido vale por dos. Hombre magañés vale por tres.(En Historia de Soria, J.A.P. Rioja y otros). Ir de mal en peor. Ir por lana y salir trasquilado. La avaricia rompe el saco.


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El habla en Magaña en 1950. La ensalada, salada, poco vinagre y bien aceitada. La soga (o la cuerda) se rompe por lo más delgado. Las verdades amargan. Lo que no quieras para ti no lo quieras para otro. Lo que sea sonará. Lo uno por lo otro. Los dineros del sacristán, cantando se vienen cantando se van. (Aportado por Mariví Z.P.). Los duelos (o las penas) con pan son menos. Los gatos tienen siete vidas. Los niños y los locos dicen las verdades. Llueve sobre mojado. Malo vendrá que bueno te hará. Manos frías, corazón caliente. Más da el duro que el desnudo. Más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena. Más vale maña que fuerza. Más vale malo conocido que bueno por conocer. Más vale pájaro en mano que ciento volando. Más vale que sobre que no que falte. Más vale tarde que nunca. Más ven cuatro ojos que dos. Mejor solo que mal acompañado. Meterse como piojo en costura. (No sólo por lo apretados, también por entrometerse sigilosamente). Muchos son los amigos, pocos los escogidos. Nadie diga de esta agua no beberé. Nadie se meta donde no le llamen. Nadie tira piedras sobre su propio tejado. Ni sirvas a quien sirvió ni pidas a quien pidió. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. No eres de donde naces sino de donde paces. No es oro todo lo que reluce. No es por el huevo sino por el fuero. No es tan fiero el león como lo pintan. No hay atajo sin trabajo.


203 No hay mal que cien años dure. No hay peor sordo que el que no quiere oir. No hay regla sin excepción. No se hizo la miel para la boca del asno. No se puede repicar y estar en la procesión. Nuestro gozo en un pozo. Obras son amores que no buenas razones. Ojos que no ven corazón que no siente. Otro que tal baila. Otro vendrá que bueno me hará. Oveja que bala bocado que pierde. Pagar el pato. Pagar justos por pecadores. Pagar tarde, mal y nunca. Palabra y piedra suelta, no tienen vuelta. Pan para hoy y hambre para mañana. Para cada cerdo hay su San Martín. Pascua Martina, hambre canina.(H. de Soria, J.A.P. Rioja y otros). Piensa el ladrón que todos son de su condición. Poco a poco hila la vieja el copo. Por dinero baila el perro. Por el hilo se saca el ovillo. Por la boca muere el pez. Por los Santos, la nieve por los altos; y por San Andrés, la nieve por los pies. Por un oído le entra y por otro le sale. Prometer el oro y el moro. Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija. Quien calla, otorga. Quien canta, sus males espanta. Quien espera desespera. Quien hace un cesto hace ciento. Quien mucho abarca poco aprieta. Quien mucho habla mucho yerra. Quien pregunta lo que no debe, oye lo que no quiere. Quien quiera peces que se moje el c...


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El habla en Magaña en 1950. Quien roba a un ladrón, merece cien años de perdón. Quien siembra vientos recoge tempestades. Quien (no) te conozca te compre. Quien tuvo y retuvo, guardó para más adelante. Quitar a un santo para poner otro. Remendé mi sayo y pasé un año; lo volví a remendar y lo volví a pasar. (Mariví Z. P.). Sabe dónde le aprieta el zapato. Sabe más el diablo por viejo que por diablo. Sé bien de qué pie cojeas. Según come el mulo caga el c... Setiembre o seca las fuentes o se lleva las (los) puentes. Si no anduviera viento no haría mal tiempo. Si quieres poner granero pon antes estercolero.(H.de Soria, J.A.P. Rioja y otros). Si te vi no me acuerdo. Sobre gustos no hay nada escrito. Tan claro como el agua. Tanto tienes tanto vales. Tanto va el cántaro a la fuente que al fin se rompe. Tirar la piedra y esconder la mano. Todo tiene remedio menos la muerte. Un huevo para tres y vete al Marrero. Una golondrina no hace verano. Vaya lo comido por lo servido. Vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro. Ver las orejas al lobo.


Parte 5

Del pasado al presente y al ¿futuro? Para terminar. Estamos llegando al final del camino y yo agradezco al lector que me haya seguido hasta aquí. Y espero que ahora tenga, si no es magañés o afín, un conocimiento aproximado de lo que fue Magaña en los años cincuenta, y antes, y ya no es en la actualidad. Ojalá algún día pudiera el autor oir que este libro, con los textos y las fotografías, los recuerdos y las reflexiones, los datos y las elucubraciones, con todo ello, nos haya ayudado a todos a mantener la memoria de algo que, como poco, ha cambiado mucho. Y ojalá igualmente que este esfuerzo nuestro: del autor y de quienes con él han trabajado; y del lector que pacientemente le ha seguido, sea la simiente de un trabajo futuro de equipo más ambicioso, riguroso y completo sobre Magaña, tal y como sugerí al principio del que he llamado camino. Sólo me queda pedirte que leas mis últimas reflexiones sobre lo que fue y y ahora es el pueblo y sobre algunas sorpresas que me han llamado la atención.

Algunos datos referidos a Magaña hacia 1950, o al momento en que se produjo el hecho. En la tabla siguiente te presento algunos datos estadísticos históricos sobre el pueblo, entre 1950 y la actualidad.


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Del pasado al presente y al ¿futuro? Tabla 5.1 Habitantes Vecinos (cabezas de familia) Niños en la escuela Niñas ídem Nº de bodas Nº de nacimientos Nº de defunciones Año último matrimonio Íd. último nacimiento Escuela mixta Cierre escuela Hectáreas de cereal Toneladas grano Nº de caballerías Asnos Cabras Ovejas Perros Cerdos Gallinas Colmenas Año electricidad Año teléfono Año televisión Año pavimentación calles Año agua corriente Año aguas residuales Año posibilidad internet

530 130 30-35 30-35 unas 6 de 6-7 a más de 15 de 5 a 10 mediados los 70 próximo a 1980 y en el siglo XXI hacia 1970 hacia 1985 1000 3000 unas 200 unos 30 unas 400 unas 7000 unos 30 300-400 ¿Unas diez por familia? 120 1923 y 1950 1960 antes de 1970 1974 1972 1972 2005

La viña convertida en era. Los escolares de Magaña de los años 50 conocimos “Lecturas de Oro”, un libro en el que una de las lecturas tenía el título citado. Refería la ruina de una familia por vagancia y mala administración de su hacienda de modo que cuando sus miembros pasaban junto a la viña decían “Esta viña era nuestra”... La era convertida en huerto. En estos primeros años 2000 podemos comprobar en el pueblo un fenómeno inverso. Rafael, tras decir adiós a sus ovejas al acercarse a los 90 años, decidió comprar una era próxima a la casa de sus padres y cavarla a base de azada y riñones hasta convertirla en un floreciente huerto que causa sorpresa, sobre todo a


207 quienes recordamos los huertos a la orilla del río. Afirmaría yo que las hermosas patatas y los erguidos ajos que vi allí en junio de 2005 no son más que justa recompensa a la fertilidad que a esa tierra le ha dado el sudor de Rafael y Petra.

Fotografía 5.1: Rafael y Petra en el huerto que riegan, también, con su sudor.

Raíces profundas. Miguel, “el Miguelete”, encabeza por edad el grupo de magañeses que se ven por el pueblo si bien en su caso sólo en verano. Pero es un caso llamativo por cuanto a sus 93 o más años lo ves subiendo la cuesta para dar la vuelta al castillo, o por la carretera de Soria subir por encima de las antiguas eras y bajar -con lo duro que es- hasta el punto de partida. Y no falla ningún año, ni él ni sus hijos Miguel, Puri, etc. Y Petra y Rafael, o “el Cacheto” y “la Petrín”, son los primeros, por edad, de los magañeses que, lejos de emigrar, decidieron echar raíces profundas en Magaña pese a las dificultades. También Emiliana, Benicio o Justino y Bienvenida. Y más jóvenes, Paco y Juana, o Crescencio y Matilde, Alberto y Florencia, o Juan José y Arturo junto a su madre Lucila. Casi siempre han estado


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Del pasado al presente y al ¿futuro?

José-Luis y Consuelo o Sandalio y Felisa. Y hay otros muchos que van al pueblo con extraordinaria frecuencia y han mejorado sus casas o construido nuevas porque disfrutan allí los fines de semana o esperan disfrutar temporalmente de su jubilación, si no la disfrutan ya. Son tantos que renuncio a enumerarlos por no olvidar alguno. Y otra familia más, la de Pili que con su marido regenta la tienda recibida de sus ascendientes, tienda-bar que tanto contribuye al encuentro de magañeses y visitantes. ¿Qué sería un pueblo, Magaña, sin bar? Yo, magañés de la diáspora, quiero mostrar mi respeto a todos los magañeses que un día decidieron, como yo mismo, buscar otros horizontes. Pero como mis raíces son bien claras quiero expresaros, todavía con más fuerza, a los que habéis permanecido en el pueblo, mi reconocimiento por vuestra contribución al hecho de que Magaña sobreviva.

¿Seguirá floreciendo este árbol? Magaña no se extingue. Antonio Machado cantó en el primer cuarto del siglo XX al olmo seco que había junto a la iglesia del Espino y el cementerio de Soria porque, pese a su decrepitud, había florecido en una de sus ramas. Yo recuerdo haber visto reverdecer esa rama hasta los años 70... Y me pregunto si el esfuerzo de los magañeses que estáis y de los que vienen con frecuencia, o el aportado por otras personas -Fundación Hogares de Magaña, instituciones, alguna familia que se ha establecido en el pueblo, trabajos de un pintor que amablemente me mostraron en la casa-concejo, etc.,- será suficiente para revitalizar el pueblo de modo que renazca y no sólo cada primavera, o tal vez cada verano... Mediado el mes de julio de 2005 he podido ver “gente nueva” por las calles de Magaña; jóvenes scouts que se alojan en la que fue escuela de niños y limpian y adecentan con diligencia los alrededores de la iglesia. Hay familias de fuera del pueblo que habitan de modo estable casas conocidas. Y alguna de ellas con niños en edad escolar, dos incluso nacidos en el pueblo. He visto máquinas y trabajadores por las calles. Hay una hermosa casa en el entorno de las eras... Hay noticias sobre la próxima construcción de viviendas adosadas en las eras, probablemente futuros alojamientos rurales de los que tanto necesitan el pueblo y la comarca. Y está en construcción -por la Fundación Hogares de Magaña- una granja escuela que en su día recibirá sin duda alumnos de diferentes colegios de pueblos y ciudades que disfrutarán de las delicias del pueblo. Hace años que hay cabras y cabrero.


209 ¿Estará cambiando algo en las negras expectativas previsibles para el pueblo? ¿Adquirirá valor algún día el silencio, la Naturaleza, el espacio libre...? ¿Tendrá pujanza el turismo rural para mantener un determinado número de negocios y puestos de tabajo? ¿Tendrá valor una ruta turística de Tierras Altas que aglutine una serie de reclamos: naturaleza, espacios, silencio, despoblados, icnitas, castillos, románico, etc., etc? ¿Podrán recuperarse ciertas actividades tradicionales con fines turísticos y culturales, como un museo vivo, vehículo de pervivencia de determinados núcleos rurales? ¿Podremos esperar algún apoyo, más decidido, de la Unión Europea para evitar la despoblación total de tantos pueblos en peligro de extinción? ¿Habrá sorianos emprendedores que monten pequeñas empresas y dinamicen la economía y la vida de la comarca? ¿O la suerte está echada y el declive del pueblo, como el de casi toda Soria, es inevitable? Se perciben aires de cambio. Mientras los actuales residentes y los descendientes y afines, así como las iniciativas reseñadas, permanezcan o sigan acudiendo cabe pensar que el pueblo siga en pie. Magaña no se extingue. Tal vez estemos viendo alumbrar la Magaña del tercer milenio.



Bibliografía.

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213 Sobre vocabulario LÁZARO CARRETER, Fernando, El habla de Magallón (edición facsímil). Magallón. 2005. MOLINER, María, Diccionario de uso del español.Gredos. Madrid, 1984. MONEVA Y PUJOL, Juan, Vocabulario de Aragón.(Edición y estudio de J.L.Aliaga). Zaragoza, 2004. Real Academia de la Lengua Española, Diccionario de la L.E.. Madrid, 2001.

Sobre libros escolares reproducidos en parte PÉREZ DE URBEL, Fray Justo, Historia Sagrada tercer grado, Hijos de Santiago Rodríguez, Burgos, 1940. Editorial Hijos de Santiago Rodríguez, Nueva enciclopedia escolar grado primero, Burgos, 1952. SOLANA, Ezequiel, Lecturas de Oro, Editorial Escuela Española, Madrid. SERRANO DE HARO, Agustín, Un regalo de Dios, Editorial Escuela Española, Madrid, 1943.