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Microrrelatos Paco Conde Ilustraciones de Alvaro Sobrino


Microrrelatos Paco Conde Ilustraciones de Alvaro Sobrino


Diseño: Herederos de Juan Palomo Edita: Blur Ediciones, S. L. Abtao, 25 Interior Nave C • 28007 Madrid • T 91 434 81 78 • F 91 434 10 27 © del texto: Paco Conde de las ilustraciones: Alvaro Sobrino © de la traducción: Inge Kooij © de la presente edición: Blur Ediciones, S. L. Imprime: Punto Verde ISBN: 978-84-612-3200-0 Depósito Legal:


Pis Pas Love Ella subió en Banco de España. Él la miró. Cuando llegaron a Sevilla se habían contado sus vacías vidas. De Sevilla a Sol hicieron el amor envueltos en las miradas del resto de los viajeros. Algunos decían que eran la pareja perfecta, otros que no durarían ni dos paradas. De Sol a Callao se casaron. Músicos peruanos amenizaron la ceremonia con charangos y zampoñas. Hicieron trasbordo y se fueron de luna de miel a la Línea 5. Entre Ópera y La Latina fueron las personas más felices del vagón. Próxima estación: Acacias. Era el destino de él, pero no el de ella.

One, Two, Love She got on the metro at the “Banco de España” stop. He looked up. When they arrived at “Sevilla” they had told each other about their empty lives. From “Sevilla” to “Sol” they made love wrapped in the eyes of the rest of the passengers. Some said they were the perfect match, or others said they wouldn’t last two stops. From “Sol” to “Callao” they married. Peruvian musicians enlivened the ceremony with “charangos” and “zampoñas”. They changed and went on a honeymoon to Line 5. Between “Ópera” and “La Latina” they were the happiest people in the carriage. Next stop: “Acacias”. It was his destination, but not her destiny.


KATAPOOOM Tu mirada es una afilada aguja que perfora sin piedad mis ojos. ¡¡¡Zasss, zasss, zasss!!! Tus besos son descargas eléctricas que sacuden salvajemente mi cuerpo. ¡¡¡Zzzi, zzzi, zzzi!!! Tus caricias son hierros incandescentes que dejan en carne viva mi piel. ¡¡¡Croggg, croggg, croggg!!! Tu amor es como tener un enjambre de mariposas carnívoras en el estómago. ¡¡¡Ñaaam, ñaaam, ñaaam!!! Tus lágrimas son gotas de ácido sulfúrico que se funden con mi alma. ¡¡¡Guaaxx, guaaxx, guaaxx!!! Tu ausencia fragmenta en tres mil trillones de pedazos mi corazón. ¡¡¡Climmk, climmk, climmk!!! Eres mi arma de destrucción masiva preferida. ¡¡¡Boom, boom, boom!!!

KATAPOOOM Your gaze is a sharp needle that mercilessly pierces my eyes. Zasss, zasss, zasss! Your kisses are electric shocks that wildly shock my body. Zzzi, zzzi, zzzi! Your caresses are incandescent irons leaving my skin raw. Croggg, croggg, croggg! Your love is like having a swarm of carnivorous butterflies in my stomach. Ñaaam, ñaaam, ñaaam! Your tears are droplets of sulphuric acid that melt my soul. Guaaxx, guaaxx, guaaxx! Your absence breaks my heart into three thousand trillion pieces. Climmk, climmk, climmk! You are my favourite weapon of mass destruction. Boom, boom, boom!


Conjuntados Sus ojos hacían juego con su camisa. Su camisa hacía juego con sus zapatos. Sus zapatos hacían juego con su bolso. Su bolso hacía juego con su falda. Su falda hacía juego con el cielo. El cielo hacía juego con su pelo. Su pelo hacía juego con el aire. El aire hacía juego con sus llaves. Sus llaves hacían juego con su casa. Su casa hacía juego con su sofá. Su sofá hacía juego con su jardín. Su jardín hacía juego con su camaleón. Su camaleón hacía juego con su nevera. Su nevera hacía juego con sus platos. Sus platos hacían juego con sus cubiertos. ¡¡¡Oops!!! El camaleón cambió de color.

Matched Her eyes matched his shirt. Her shirt matched her shoes. Her shoes matched her handbag. Her handbag matched her skirt. Her skirt matched the sky. The sky matched her hair. Her hair matched the air. The air matched her keys. The keys matched her house. Her house matched her sofa. Her sofa matched her garden. The garden matched her chameleon. The chameleon matched the refrigerator. Her refrigerator matched the dishes. Her plates matched the cutlery. Oops! The chameleon changed colour.


Paso a paso Estaba en el bar que hay debajo de mi casa junto a un montón de desayunos alineados en la barra. Con el número 1 tostada con ducados. Con el 2 pincho de tortilla con jugadores de futbolín. Una vez más se me hacía tarde así que me apresuré a pedir la cuenta para continuar mi camino al trabajo. La Gran Vía, como siempre a esa hora, estaba llena de gente sin nombre ni apellidos que me adelantaban. Con el número 37 el señor con sombrero en forma de escalera de caracol. Con el número 43 la señorita que saca a pasear al señor de orejas caídas. Eran las 8:30 e iba por el adoquín 10.312, por lo que me quedaban todavía 5.892 adoquines por recorrer hasta llegar a la Plaza de España. Cuando llegué a la altura de la boca de metro me encontré con la niña que tenía los rizos llenos de leones adiestrados que saltaban entre su pelo. –¡Qué bien hueles todas las mañanas, guapa!–, le dije mientras pasaba por la farola número 76. Había dado 974 pasos con mi pie izquierdo, uno más con el derecho, cuando me encontré con Facundo el policía municipal que dirigía el tráfico en la calle que estaba al lado de mi trabajo. Ese día todos los coches eran del color de las estrellas de mar porque era el día de los coches de color estrella de mar. –Facundo, hoy estás 4 pasos más a la izquierda que de costumbre–, le grité mientras me alejaba de él. Eran las 9:10 cuando llegó la chica con voz de protagonista de película en blanco y negro. –Dame un cupón para hoy acabado en 3–, me dijo ella. Cuando se lo entregué sus manos y las mías se hablaron tímidamente. Primero le deseé suerte a ella, después a mí.


Step by step I was in the bar beneath my house with lots of different breakfasts lined up on the bar. Number 1 toasted bread with “Ducados”. A piece of tortilla with 2 table football players. Once again I was late so I hastened to ask for the bill to continue my way to work. The Gran Via, as always, at that time, was full of people without name or surname who passed me by. There was number Mr 37 with a hat in the form of a spiral staircase. Girl 43 who takes the guy with the droopy ears for a walk. It was 8:30 and I was on cobblestone 10,312, which meant there were still 5,892 remaining before I would get to the “Plaza de España”. When I arrived at the height of the metro entrance, I met a girl whose locks of hair were full of jumping trained lions. –You smell wonderful every morning, beauty!–, I told her while passing streetlight number 76. I had taken 974 steps with my left foot, one more with the right, when I met Facundo the policeman who directed the traffic on the street that was next to my work. That day, all the cars were the colour of starfish because it was the day of the starfish coloured cars. –Facundo today you are 4 steps further to the left than usual–, I shouted as I walked away from him. It was 9:10 when the girl with the voice of a black and white film actress arrived. –Give me a lottery ticket ending in 3 for today–, she told me. When I handed her the ticket our hands spoke shyly. First they wished her luck, then they wished me luck.


Armoniosamente Cada vez que me preparaba una taza de té pensaba en ti. Cada vez que pensaba en ti, tú reías. Cada vez que tú reías el cielo, que es muy envidioso, derramaba sus lágrimas durante días para apagar tu felicidad. Tanta lluvia hacía que los ríos se desbordaran. Los peces se mezclaban con las personas y convivían amistosamente en los supermercados, en los parques, en los tiovivos: “¡buenos días, señor pez!”, “¡buenos días, señor Luís!”. Y como tú odiabas mojarte te quedabas en la cama abrazada a mí. Hasta que poco a poco el cielo volvía a calmase, las aguas regresaban a sus cauces y los peces se despedían de los hombres: “hasta pronto”. Poco a poco el ritmo de la ciudad volvía a la normalidad. Y entonces tú te levantabas, te ibas y me dejabas. “Me voy a ver el sol”, me decías. Y no volvías hasta que me preparaba otra taza de té.

Harmoneusly Every time I made myself a cup of tea I thought about you. Every time I thought of you, you laughed. Every time you laughed, heaven, which is very jealous, spilled her tears for days to extinguish your happiness. So much rain made rivers overflow. The fish mixed with people, and lived amicably in supermarkets, in parks, on the merry-go-rounds: “good morning, Mr fish!”, “good morning, Mr Luis”. And as you hate getting wet you would stay in bed locked in my embrace. You would stay until the sky gradually calmed, the waters returned to their riverbeds and fish said goodbye to men: “see you soon”. Little by little the pace of the city became normal again. And then you would get up, go, and leave me. “I am going to see the sun”, you said. And you would not come back until I prepared another cup of tea.


AKFAK Al despertar una mañana, la cucaracha se dio cuenta se había convertido en humano. Sorprendida, observó que sus innumerables patitas habían desaparecido. En su lugar se encontró con cuatro lentas, ridículas y horribles extremidades: dos brazos y dos piernas que ni de lejos tenían la movilidad de sus miembros originales. Sus recién estrenadas manos palparon su nuevo torso. La seguridad que le daba la rigidez de su caparazón había desaparecido. Su majestuosa concha, aquella por la que tantas hembras de su especie habían suspirado, ahora era una flácida masa de grasa cubierta de piel. Esta masa se hacía más voluminosa en la zona abdominal, hasta tal punto que no le permitía ver el final de sus extremidades inferiores cuando se ponía de pie. Lo único que la cucaracha conservaba de su antiguo estado de insecto era el pelo. Eso sí, en menor cantidad y sólo en la espalda, los pies y las orejas. Lo peor de todo era el fétido hedor que desprendían algunas zonas de su estrenado cuerpo, ni en la alcantarilla más sucia había olido algo parecido. De súbito, la puerta de la habitación donde la cucaracha había estado viviendo los últimos meses se abrió. Tan deprisa como su nueva fisonomía se lo permitió, corrió a esconderse al baño. Una vez allí el insecto con cuerpo de humano se miró al espejo. Al ver su reflejo una lágrima cayó por su porosa mejilla. Se había convertido en el ser más asqueroso del mundo.


AKFAK When he woke up one morning, the cockroach realized he had become a human. Surprised, it saw that its innumerable paws were missing. Instead it found four slow, horrible and ridiculous limbs: two arms and two legs that had nowhere near the mobility of its original members. His new hands touched his new torso. The safety of his rigid shell had disappeared. His majestic shell, that made so many females of their species yearn, now was a fat mass covered with flaccid skin. This mass became more voluminous in the abdominal area, to the point where he couldn’t see the end of his lower limbs when standing. The only thing that the cockroach retained from its former insect state was hair. But hair in smaller amounts and only on his back, on his feet and in his ears. Worst of all was the stench that certain parts of his body released, not even in the dirtiest sewer had he smelled anything like it. Suddenly, the door of the room where the cockroach had been living over the past few months opened. As fast as his new appearance allowed him, he ran to the bathroom to hide. Once there, the insect with human body looked in the mirror. On seeing his reflection, tears fell on his porous cheeks. It had become the most disgusting being in the world.


Babas Siempre me ha molestado el perro de mi vecina. Se llama Cano y cada vez que paso a su lado me ladra. Entre ladrido y ladrido su boca expulsa una viscosa flema que tiene como costumbre estamparse en mis zapatos nuevos. De hecho, siempre que estreno zapatos me encuentro al perro de mi vecina. Pensándolo bien, sólo cuando estreno zapatos me cruzo con el chucho. Quizá sea porque últimamente me ha dado por comprar muchos pares de zapatos. Cada semana me compro un par y es que he llegado a la conclusión de que cuando paso por un escaparate y veo expuesto un par de zapatos tengo que comprarlos. Me los imagino en los pies de otros, maltratados por cualquier bestia que los someta a tortuosos y encharcados caminos, limpiados con betún del malo y abandonados a la intemperie en cualquier armario oscuro de la casa. El sufrimiento de esos pobres zapatos produce en mi organismo un espasmo consumista que hace que al final acabe comprándolos. Porque me dan pena y porque el mes pasado me subieron el sueldo. Aunque no sé si hay suficiente dinero en el mundo que compense la tirria que tengo a mi trabajo. El color verde de las paredes, el olor a tragedia concentrada y para colmo, las batas que no favorecen ni a la chica que compró el último título de miss España. Y es que estudié medicina por herencia no por vocación. Mi padre fue médico al igual que mi abuelo. ¡Cómo odiaba a mi abuelo! Era igual que mi padre. De niño me pillaron jugando a los médicos con una niña que iba a mi colegio, mi padre me dio una paliza y me castigó sin salir durante una semana. Y cuando acabé el bachillerato estuvo a punto de echarme de casa porque le dije que no quería estudiar medicina. ¿En qué quedamos? ¡Ah, la vida! ¡Qué de vueltas da! Hoy estás aquí y mañana no tienes ni puta idea dónde vas a levantarte. El problema es que a mí tampoco me atrae viajar. No aguanto a esas personas que piensan que son tan cosmopolitas sólo porque han cogido un avión y han aterrizado en un país que la única diferencia que tiene con el nuestro es que la comida tiene más calorías. Porque a mí eso de que comer es un placer me parece una patraña. Joder, quién en su sano juicio puede afirmar que llenar la panza de apestoso pescado o carne grasienta se puede etiquetar como uno de los mayores placeres de la vida. Ni que la vida no tuviera cosas más interesantes que un puto filete con patatas. Como comprar un par de nuevos y relucientes zapatos y que un pulgoso chucho te los riegue con su baba.


Dribble My neighbour's dog always bothered me. It's called Cano and every time I pas it, it barks. Between barks his mouth releases sticky dribble that usually lands on my new shoes. Indeed, whenever I wear new shoes I walk into the neighbour’s dog. Come to think of it, only when I wear new shoes I cross mongrel. Maybe it's because lately I have been buying many pairs of shoes. Every week I bought a pair and I have come to the conclusion that when I pass a shop window and see a pair of shoes, I have to buy them. I imagine them on the feet of others, mistreated by any beast that uses them on muddy and tortuous roads, then cleans them with bad shoe-polish and abandons them in any dark cupboard in the house. The potential suffering of these poor shoes produces a consumerist spasm in my body that always makes me buy them in the end. This is because I feel sorry for them and because last month I got a raise. Although I do not know whether there is enough money in the world to compensate the resentment I feel for my job. The green colour of the walls, the smell of concentrated tragedy and on top of it all, the white-coats that wouldn’t even look good on the girl who bought the last miss Spain title. I studied medicine by inheritance rather than by calling. My father was a doctor like my grandfather. How I hated grandfather! He was just like my father. As a child I was caught playing doctors with a girl that went to my school, my father gave me a beating and I was under house arrest for a week. When I finished the secondary school I was nearly kicked out of the house because I said I did not want to study medicine. What will it be? Ah: Life taking us for a ride! Today you are here and you have no idea where you’ll get up tomorrow. The problem is that I do not like travel. Nor can I stand people who think they are terribly cosmopolitan just because they caught a plane and landed in a country that only differs from ours in that the food has more calories. To me that idea of -eating is a pleasureis nonsense. Fuck! Who in their right mind can say that filling your belly with greasy smelly fish or meat should be labelled as one of life’s greatest pleasures? As if life does not have more interesting things to offer than a fucking steak with potatoes. How to buy a pair of new and shiny shoes and get a stinky dog to water them with dribble.


Rutineando Y llegó el calor y todo el mundo se empezó a desnudar. Se quitaron la camisa, la blusa, los pantalones, la falda, la camiseta, la chaqueta, el chaleco, el chaquetón, la corbata, la piel, los labios, el alma, el intestino grueso, el intestino delgado, el bazo, los brazos, los abrazos, las pestañas, la sonrisa, la tristeza, el batín, el tanga, la tanga, las uñas, las mejillas, la vergüenza, el esternón, la rótula, los nudillos, el bíceps, el tríceps, el cuadríceps, el flequillo, la legaña, el tobillo, la rodilla... y así hasta que se fue el calor y llegó el frío. Y todo el mundo empezó a ponerse la camisa, la blusa, los pantalones, la falda, la camiseta, la chaqueta, el chaleco, el chaquetón, la corbata, la piel, los labios, el alma, el intestino grueso, el intestino delgado, el bazo, los brazos, los abrazos, las pestañas, la sonrisa, la tristeza, el batín, el tanga, la tanga, las uñas, las mejillas, la vergüenza, el esternón, la rótula, los nudillos, el bíceps, el tríceps, el cuadríceps, el flequillo, la legaña, el tobillo, la rodilla...

Rutineando And the heat came and the world began undressing. They removed shirt, blouse, pants, skirt, t-shirt, jacket, vest, short coat, tie, skin, lips, soul, large intestine, small intestine, spleen, arms, hugs, eye lashes, smile, sadness, dressing gowns, thong, nails, cheeks, shame, sternum, knee-caps, knuckles, biceps, triceps, quadriceps, fringe, sleep, ankle, knee... and so forth until the cold returned. And the whole world began to put on shirt, blouse, pants, skirt, t-shirt, jacket, vest, short coat, tie, skin, lips, soul, large intestine, small intestine, spleen, arms, hugs, eye lashes, a smile, sadness, dressing gown, thong, nails, cheeks, shame, sternum, knee-caps, knuckles, biceps, triceps, quadriceps, fringe, sleep, ankle, knee...


9 meses Y después de 27 años de embarazo, decidió que ya era hora de dar a luz. Durante todo ese tiempo había tenido 83.522 antojos, 67.890 náuseas y se había comido 257.345 pinchos de tortilla. El parto no tuvo ninguna complicación. El bebé pesaba 87 kilos, medía 1,85 y calzaba un 44 europeo, 10 y medio americano. Sus primeras palabras fueron las que cualquier joven de su edad diría: “¡¡¡JODER, QUÉ GANAS TENÍA DE SALIR!!!”.

9 months And after 27 years of pregnancy, she decided that it was time to give birth. Throughout that time she had 83,522 cravings, 67,890 morning sicknesses and had eaten 257,345 skewers of tortilla. There were no complications during delivery. The baby weighed 87 kilos was 1.85 cm. long and had shoe European size 44, American size 10 and a half. His first words were those of any boy his age: “FUCK, I WANTED TO GET OUT!”.


Tic, tac, tic, tac... Cuando te mueres una ambulancia cargada de imágenes aparca en tu cabeza. Una playa de aguas cristalinas baña tu vista. Cuando te mueres tu nariz es invadida por el ejército universal de olores exóticos. Tus oídos se llenan de melodías inquietas. La locura se convierte en tu amiga. Coges un resfriado por bailar bajo la lluvia. Cuando te mueres lo seguro se convierte en peligroso. Un adiós no duele tanto. Tienes un hijo. Cuando te mueres te dejas el pelo largo. Tu vida cabe en una maleta. Pierdes un tren. Cuando te mueres organizas una fiesta. Gritas de alegría. Pierdes la vergüenza. Cuando te mueres duermes menos. Sueñas más. Cuando te mueres ves todo lo que ha faltado a tu vida para poder llamarla vida.


Tic, tac, tic, tac... When you die an ambulance loaded with images parks in your head. A beach with crystal clear water bathes your view. When you die your nose is invaded by the universal army of exotic smells. Your ears fill with restless melodies. Madness becomes your friend. You catch a cold for dancing in the rain. When you die safe becomes dangerous. Farewell hurts no longer. You have a child. When you die You let your hair grow. Your life fits in a suitcase. You don’t catch that train. When you die You organize a party. You scream with joy, and lose shame. When you die you sleep less and dream more. When you die you see everything that was missing, And call it life.


Microrrelato cubista I ¿Cómo tú por aquí?, le preguntó el ojo a la nariz. Quiero ver lo que todos dicen que está frente a mí.

Cubist micro story I How come you are here?, asked the eye to the nose. I want to see what everyone says is right in front of me.


Microrrelato cubista II Desde aquí las cosas se ven de otra forma, le confesó el corazón al cerebro.

Cubist micro story II We see things from a different angle here, the heart confessed to the brain.

Microrrelato cubista III Siempre quise probar el sabor de sus besos, le dijo la oreja a la boca. Siempre quise saber cómo suena una canción de Dylan, le dijo la boca a la oreja.

Cubist micro story III I always wanted to taste the flavour of his kisses, the ear told the mouth. I always wanted to know what a Dylan song sounds like the mouth told the ear.


Love story Por más que frotaba y frotaba, los restos de besamel que se habían quedado pegados en la fuente de los canelones no se iban. Y no se fueron hasta aquella mañana gris y lluviosa en la que dijeron que iban a por tabaco y nunca más volvieron.

Love story Despite the endless rubbing, the bits of béchamel stuck in the cannelloni dish wouln’t go. Until a grey and rainy morning they said they were going out to by cigarettes and never returned.


Mutación El virus se extendía por el cuerpo de la mujer anuncio. Era la enfermedad más deseada del mundo.

Mutation The virus spread through the billboard’s woman's body. It was the most wanted disease in the world.


BELLEZA INTERIOR Una despiadada l谩grima cay贸 por la despiadada mejilla del despiadado asesino. Fue entonces cuando sinti贸 por todo su despiadado cuerpo un despiadado sentimiento que nunca antes hab铆a sentido en su despiadada vida.

INNER BEAUTY A merciless tear fell on the merciless cheek of a merciless murderer. He then felt a merciless sensation throughout his merciless body that he had never felt before in his merciless life.


Beso, atrevimiento o verdad Soy el hombre más transparente del mundo. Sólo con mirarme sabrás lo que pienso. Sólo con besarme sabrás si te amo. Sólo con tocarme sabrás si me excitas. Soy el hombre más solitario del mundo.

Kiss, daring or truth I am the most transparent man in the world. Just look to see what I think. Kiss me to know if I love you. Touch me to feel if you turn me on. I am the loneliest man in the world.


Yo + Él + Tú Entro en el ascensor y ahí estás. Mi cuerpo reflejado en un espejo y a su lado, como siempre, el tuyo. Tu mirada se encuentra con la mía. Me sonríes. Te confieso lo mucho que te he echado de menos desde la última vez. Me besas. Hacemos el amor elevado a la enésima potencia. Me lames. Te pido que no te vayas. “Quédate a mi lado para siempre”, grito. Me acaricias. Y entonces me doy cuenta de que nunca te podré acariciar con mis propias manos. Lamerte con mi propia lengua. Besarte con mis propios labios. Y rompo el espejo en los mismos pedazos que mi corazón se ha roto. ¿Cómo alguien puede estar tan cerca y a la vez tan lejos de lo que ama? ¿Cómo puede alguien tener celos de su propio reflejo?

Me + Him + You I enter the elevator and there you are. My body reflected in the mirror and you, as always, next to it. Your gaze meets mine. You smile. I confess how much I have missed you since the last time. You kiss me. We make love raised to the nth power. You lick me. I ask you not to go. "Stay with me forever," I shout. You caress me. And then I realize that I will never touch you with my own hands. Lick you with my own tongue. Kiss you with my own lips. And I break the mirror in the same pieces as my broken heart. How can someone be so close and yet so far from what he loves? How can anyone be so jealous of his own reflection?


El final que llegó antes que el comienzo Era el momento de la despedida. Ella luchaba con todas sus fuerzas para evitar derramar una sola lágrima que delatara sus verdaderos sentimientos. Él trataba de impedir que su boca escupiera las palabras que describían su profundo amor. Ella enfriaba su deseo flagelándose con imágenes desagradables. Él apagaba su pasión con manguerazos de malos recuerdos. Ella disimulaba su inconfesable secreto con esa mirada glaciar que tantas veces había ensayado frente al espejo. Él controlaba la situación tarareando mentalmente canciones que detestaba. Era el momento de la despedida. Ella dijo adiós. Él hasta siempre.

The end that came before the beginning It was time to bid farewell. She struggled with all their might to avoid shedding a single tear that could reveal their her true feelings. He tried to stop his mouth from spitting words describing his deep love. She cooled her desire flagellating herself with unpleasant images. He smothered his passion with buckets of bad memories. She concealed her unmentionable secret with a glacier gaze many times tested in front of the mirror. He controlled the situation by silently humming hated songs in his head. It was time to bid farewell. She said goodbye, he said farewell.


La nevera Fue mi amigo Luis el que me habló de la tienda. –Hazme caso. No hay nada más barato en todo Madrid–, me dijo. Y allí estaba yo, dispuesto a comprarme un frigorífico. Quién me iba a decir que una tienda que venden electrodomésticos con tara iba a cambiar el rumbo de mi vida. Frigoríficos, cocinas, hornos… todo con algún defecto que abaratase el precio e hiciera que el comprador se sintiera orgulloso de su destreza para ahorrarse unos duros. Una habilidad que yo había desarrollado durante muchos años de patearme la ciudad en busca de flashes que gritasen cada vez más fuerte mi nombre. Mi viejo frigorífico era una de las pocas cosas que conservaba de mi antiguo matrimonio. Cada vez que lo abría y sentía el frío me recordaba a todas las noches que había pasado con mi ex mujer. La vida acabó uniéndola con un mayorista de comida congelada. Para que luego digan que la naturaleza no es sabia. Era una de esas tardes oscuras del invierno madrileño. La tienda, o el megastore, que es como se autodenominan, estaba al lado de Plaza Castilla. Cuando entré supe que allí encontraría lo que buscaba. La dependienta y su piercing me llevaron hasta mi presa, una Zanussi de 1,90. –Frío, espacio y estilo por primera vez juntos–, según la chica. Mientras ella me vendía la moto yo la observaba detenidamente intentando


detectar cuál era su tara. Después de 10 minutos convenciéndome de que mi vida sería mucho más fácil y moderna si la compartía con este electrodoméstico, me dijo: –…Y tirada de precio por un error inapreciable. Al preguntarle cuál era ese error, me desafió: –¿A que no la encuentra? Por más que miraba y miraba no le encontraba ningún fallo al motivo de mi futura vida más feliz y moderna. Cuando se dio cuenta de que empezaba a perder la paciencia me soltó: –¿Ve el regulador de temperatura?–, después de dejarme tiempo para fijarme cuidadosamente en él, siguió diciendo: –Ahí la tiene. Del 2 pasa al 4. Es un frigorífico sin 3. Me fui a casa con nevera nueva y la sensación de haber hecho una gran compra. Pero eso fue sólo el principio. A la nevera sin 3 le siguieron una lámpara sin off, un cepillo de dientes con menos cerdas, una caja de aspirinas sin prospecto y una radio sin fm. Las taras me empezaron a atraer y no sólo las de objetos. Mi primera chica con tara fue Penélope. Le faltaban las piezas 14, 12 y 9 de su dentadura. Rompimos cuando decidió mejorar su sonrisa. La segunda fue Rosa, una enfermera que tenía nueve dedos en los pies y que acabó dejándome porque siempre le obligaba a llevar sandalias. Esa era mi vida. Iba saltando de flor en flor, siempre con algún pétalo de menos. Hasta que conocí a Sara. Sara era la cajera de mi banco. Llevaba siete años yendo a la misma oficina de Caja Madrid y nunca me había fijado en que le faltaba la mano izquierda. Su muñón era lo más bonito que había visto jamás. Era un muñón con clase. Discreto, pero llamativo al mismo tiempo, no como esos que te van pidiendo a gritos que los metas mano. Era como un delicioso y fino bombón francés con envoltorio dorado. Si Marilyn hubiera tenido un muñón así habría sido perfecta. Pero ese muñón era de Sara. Y Sara y su muñón tenían que ser míos. Después de cinco meses saliendo decidimos casarnos. La ceremonia la ofició el Padre Joan, un cura al que le visitó el diablo en forma de gangrena y le arrebató una de sus piernas cuando estaba de misionero en Guatemala. Sara estaba guapísima. Parecía que en algún lugar se había realizado un sorteo, el premio era una vida feliz y al parecer me había tocado a mí. La luna de miel decidimos pasarla en una pequeña isla perdida entre el Pacífico y ninguna parte. Después de 14 horas en un avión llegamos a la isla de Kanduma. Eran las 12 del medio día hora local, diez horas menos en todo mi cuerpo. Nos recibió un grupo de nativos ataviados con flores y empuñando


cócteles multicolores. Nos los ofrecían con una sonrisa en la boca, como si supieran por innumerables años de experiencia el efecto que esos brebajes frutales iban a producir en nuestros turísticos estómagos. Después de la ceremonia de bienvenida nos condujeron a nuestro bungalow. Nos esperaban 15 días, o lo que es lo mismo, 360 horas de placer extremo. La primera jornada de nuestro retiro sexual consistió en aprenderme de memoria el cuerpo de Sara. Su espalda infinita bañada en sus primeros kilómetros por un torrente de olas de ébano. Sus pechos acusadores y… ¡diablos! ¡El muñón ya no era un muñón! –¿Qué pasa, mi vida?–, me dijo asustada después de oír mi endemoniado berrido. –El… el… el muñón ha crecido–, contesté con torpeza. Sara, nerviosa, condujo sus ojos hacia donde yo tenía los míos y vio lo que yo acaba de descubrir, lo que antes era el muñón más deseado del mundo, el miss universo de los muñones ahora era la palma de una mano sin dedos. Su cuerpo había regenerado sin previo aviso la mano que Sara había perdido hace años. –¿Te duele? ¿Has sentido algo?–, le pregunté. –No, no he notado nada–, me respondió. El sobresalto me impidió concebir el sueño en casi toda la primera noche de nuestra luna de miel. Pero mi pesadilla no había hecho más que empezar. A la mañana siguiente, como si de una broma del mal gusto se tratase, a Sara le creció un dedo. Al siguiente día otro. Al otro uno más y así hasta completar cinco y convertirse en una mano completa con su dedo gordo, índice, corazón, anular y meñique. Estaban todos. No faltaba ni uno. Su mayor atractivo había desaparecido. Esa imperfección que la hacía perfecta se había convertido en una vulgar y simple mano. ¿Cómo era posible? ¿Qué extraña fuerza que habitaba en esa isla era la causante de mi desgracia? Pregunté al guía que nos había asignado la agencia de viajes. El chico se llamaba Arturo y me contó que el mar que baña esa isla tiene unas propiedades curativas increíbles. Según decía, el exceso de sal que arrastra el agua hace que las heridas se curen de un día para otro. –… Pero hablamos de heridas superficiales, cortes poco profundos en la piel y cosas así. Lo que usted dice que le ha pasado a su mujer es imposible. Me está tomando el pelo, ¿verdad?– Me dijo mientras se acariciaba sus rastas. Ojalá en el momento en que nacemos nos extirparan esa parte del cerebro que tiene como función almacenar los peores momentos de tu vida, así hubiera olvidado para siempre mi luna de miel. Cuando miraba a Sara veía a una mujer diferente. Era una suma de formas geométricas que no coincidían


con la original. No podía ser tan superficial como para casarme con alguien sólo porque me gustaba su físico. Había otras cosas. Sara era culta, agradable y tenía sentido del humor, ¿quién iba a echar de menos un muñón cuando todavía conservaba el resto de cualidades que habían hecho que yo la quisiera? Odié a mi amigo Luis por haberme hablado de esa tienda. Me arrepentí del día que se estropeó mi vieja nevera y tuve que comprar una nueva. Ese día fue el peor día de mi vida. Esa nevera hizo que la primera noche que pasábamos en Madrid a la vuelta de nuestro viaje me levantara de la cama mientras Sara dormía plácidamente. La oscuridad y el jet-lag eran mis aliados. Fui hacia la cocina. Abrí todos los cajones hasta que encontré lo que buscaba. El filo del hacha parecía la luna que corta la sábana negra de la noche. Me dirigí sin vacilar hacia nuestra habitación. Allí estaban esos minúsculos cinco dedos riéndose de mí. El corte fue limpio, la mano voló sin vida hasta la alfombra que nos dio como de regalo de boda mi tío Andrés. Han pasado ya quince años desde entonces. De Sara no he vuelto a saber nada, alguien me dijo que se había casado con un arquitecto. Ni ella, ni la policía entendieron lo sucedido como un acto de amor, sino como un intento de asesinato. Hace una hora que salí de la cárcel y en estos momentos estoy en la cocina de mi casa, delante de la nevera. La he conectado, pero no funciona. Mañana iré a comprar otra.


The fridge It was my friend Luis who told me about the store. –Take heed. There is nothing cheaper in Madrid–, he said. And there I was, ready to buy a refrigerator. Who would say that a shop selling household appliances with defects would change the course of my life? Refrigerators, stoves, and ovens… everything had a defect that lowered the price and made the buyer feel proud of his push to save a few pennies. It was a skill I had developed throughout the many years of walking around the city in search of signs that, ever more intensely, screamed my name. My old refrigerator was one of the few leftovers of my previous marriage. Every time I opened it I felt the cold, which reminded me of every night with my ex-wife. Life ultimately united her with the wholesale salesman of frozen food. Well, so much for those who deny the wisdom of nature. It was one of those dark winter evenings typical in Madrid. The shop, or megastore, which is what they call themselves, was close of to “Plaza Castilla”. On entering the store I knew I would find what I was looking for. The shop assistant and her piercing took me to my prey, a Zanussi 1,90. –Cold, space and style together for the first time–, the girl told me. While she won me over, I carefully scanned the fridge to discover its defect. After ten minutes of convincing me that my life would be much easier and more modern once sharing it with this appliance, she told me: –And all of this for a fraction of the price because of an invisible defect–. When I asked what exactly was wrong with the machine, She challenged me:


–I bet you won’t be able to discover it, can you?–. Although I looked and looked I could not detect what flawed in the machine that promised me a happier and modern future life. When she realized I began to lose patience, she reacted: –Do you see the thermostat?– She gave me a few seconds to look at it carefully, then she continued: –See it? It jumps from 2 to 4. It is a refrigerator without a 3. I went home with a new fridge and the feeling of a good buy. And that was only the beginning. The 3-less refrigerator was followed by a lamp without off, a toothbrush with a few bristles less, a box of aspirin without prospectus and a radio without fm. My attraction to defects extended beyond objects. My first girlfriend with defects was Penelope. She missed piece 14, 12 and 9 of her teeth. We broke up when she decided to improve her smile. The second was Rosa, a nurse with nine toes, our story ended because I forced her to always wear sandals. That was my life. Jumping from flower to flower, always with a few petals less. Then I met Sara. Sara was the cashier of my bank. I had been going to the same branch of “Caja Madrid” for seven years but never saw she missed her left hand. She had the most beautiful stump I had ever seen, a classy stump. It was discrete yet striking, not loud like others that scream for attention. It was like delicious and fine gold wrapped French 0, chocolate. Had Marilyn had a stump like this she would have been perfect. But this stump was Sara’s. And Sara and her stump had to be mine. After five months we decided to marry. The ceremony was presided by Father Joan, a priest visited by the devil in the form of gangrene who stole his legs when he was a missionary in Guatemala. Sara was beautiful. It felt as if I had won the lottery, and the prize was a happy life. We decided to spend our honeymoon in a place lost between the Pacific and nowhere. After 14 hours on a plane we arrived to an island called Kanduma. It was 12 noon, local time, and 10 hours earlier in my body. We were received by a dressed up group of natives holding flowers and multicoloured cocktails, which they offered us with a smile. It was as if they knew, through countless years of experience, what impact these fruity concoctions would have on our tourist stomachs. After the welcoming ceremony they led us to our bungalow. We had 15 days, or to put it another way, 360 hours of extreme pleasure ahead of us. The first day of our sexual retreat consisted in learning Sara's body by heart. Her endless back bathed in its first kilometres of a torrent of ebony waves. Her telltale breasts and… hell! The stump was no longer a stump! –What's going on, my dear?–, she said, frightened by my devilish screech. –The…, the… the stump has grown–, answered awkwardly. Sara, nervous, fixed her eyes on what I was staring at and saw what I just discovered, what was once the most desired stub in the world, Miss Universe of stumps was now the palm of a hand without fingers. Her body had, without notice, regenerated the hand that Sara had lost years ago. –Does it hurt? Did you notice anything?–, I asked her. –No, I haven’t noticed anything–, she replied. The shock kept me awake almost the entire first night of our honeymoon. But my nightmare


had only just begun. The next morning, as if someone was playing a bad trick on me, Sara grew a finger, the day after she grew one more. They grew and grew until she had five. She now had a hand complete with thumb, index, middle, ring and little finger. Every single one in place! Not one was missing. She lost her biggest attraction. The imperfection that had made perfect was a vulgar and simple hand. How was that possible? What strange forces that dwelled on the island were the cause of my misfortune? I asked the guide allocated to us by the travel agency. The boy was called Arthur and he told me that the sea that bathes the island has some incredible healing properties. According to him, the excess of salt in the water healed wounds from one day to the next. –… But we are talking about superficial wounds, simple cuts in the skin and things like that. What happened to your wife is impossible. You are pulling my hair, right?– he said while stroking his dreadlocks. I wish that at the time of our birth they would have removed that part of the brain that is responsible for storing the worst moments of our lives, that way I would have forgotten my honeymoon forever. When I watched Sara I saw a different woman. It was a sum of geometric forms that differed from the original. I could not be that superficial and marry a woman just because I liked her body. There were other things. Sara was educated, pleasant and had a sense of humour. Who would miss a stump when she still had the rest of the qualities that had made me love her? I hated my friend Luis for having spoken to me of this store. I regret the day that my old refrigerator broke down and I had to buy a new one. That day was the worst day of my life. That fridge made me go to the kitchen the first night back in Madrid after our trip. I got out of bed while Sara slept placidly. The darkness and the jet lag were my allies. I went into the kitchen. I opened all the drawers until I found what I was looking for. The edge of the axe looked like the moon that cuts the black blanket of the night. I went into our room without hesitation, five tiny fingers were laughing at me. The cut was clean, and the lifeless hand ended on the carpet, my uncle Andres’ wedding gift. It has been fifteen years since then. I don’t know anything about Sara. Someone told me she had married an architect. Neither she nor the police understood that what had happened was an act of love. Instead they took it for attempted murder. An hour ago I left prison and I am in the kitchen of my house, in front of the refrigerator. I connected it, but it does not work. Tomorrow I will go to buy another.


Este libro se termin贸 de imprimir en abril de 2008


El tipo Súper-Veloz de Joan Trochut (1920-1980), producido originalmente en plomo, en 1942, por la Fundición Tipográfica Iranzo (Barcelona), era una colección de piezas móviles, combinables entre sí, que constituían un completo sistema modular. La versatilidad de este sistema permitió a los impresores desarrollar alfabetos, diseñar logotipos, o marcas comerciales —e incluso crear ilustraciones— sin las limitaciones propias de los tipos de plomo y a unos costes de acuerdo con sus modestas economías. Las ilustraciones de este libro han sido realizadas partiendo de los diseños de aquellos módulos de plomo. (Más información en www.superveloz.net).



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