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Gobierno de Venustiano Carranza.

Se integró a la vida política en 1887, cuando resultó electo presidente municipal de Cuatro Ciénagas; terminó renunciando a su cargo debido a su mala relación con el gobernador de la entidad José María Garza Galán. Meses más tarde, encabezó la oposición contra la relección fraudulenta del gobernador y logró que renunciara a su cargo; durante las negociaciones con el gobierno federal trabó amistad con el general Bernardo Reyes. Años más tarde volvió a aquel puesto, que en esta ocasión ocupó entre 1894 y 1898. Después su carrera política siguió en ascenso: fue diputado en la legislatura del estado, y senador suplente y senador en el Congreso de la Unión, en el cual llegó a ocupar dos veces la vicepresidencia del Senado y tuvo como compañeros de escaño a los más influyentes políticos del Porfiriato, como Emilio Rabasa, Rosendo Pineda y Enrique Creel. En 1908 llegó a ser gobernador interino de Coahuila del 25 de septiembre al 21 de noviembre por ausencia del titular Miguel Cárdenas, amigo y socio suyo desde la juventud. Quiso ser gobernador electo al año siguiente, y pese a que podía aglutinar a revistas, “científicos” y anti releccionistas de Coahuila, ya que contaba con el apoyo del propio Madero, por su simpatía hacia el general Reyes, fue sujeto de presiones para que renunciara a su candidatura y finalmente, fue derrotado a la mala por Jesús de Valle, quien disfrutaba de toda la fuerza de Porfirio Díaz y del grupo de los “científicos”


Este último acontecimiento lo condujo a militar en la oposición y aguardó el lanzamiento de la candidatura de Bernardo Reyes a la presidencia, y al no ocurrir éste, apoyó, algo tardíamente, a Francisco I. Madero. En noviembre de 1910 se unió a la junta revolucionaria en San Antonio Texas; el 5 de febrero de 1911, Madero nombró a Carranza gobernador provisional de Coahuila y jefe militar del noreste; después figuró como secretario de Guerra y Marina en el gabinete provisional de Ciudad Juárez. Al negociarse la paz, criticó acremente los acuerdos firmados por Madero porque, para él, significaban continuar el Porfiriato aunque sin Porfirio Díaz: “Revolución que transa, revolución que se suicida”, expresó Carranza parafraseando la frase de SaintJust: “Quien hace revoluciones a medias, cava su propia tumba”.

Al triunfo del maderismo fue nombrado por segunda vez, gobernador interino de su estado el 29 de mayo de 1911; durante este periodo, Carranza trató de restaurar el orden constitucional y la paz. El 17 de septiembre siguiente, tras dejar la gubernatura en manos de Reginaldo Cepeda y realizar una intensa campaña electoral a lo largo del estado, práctica política nunca antes vista en Coahuila, fue electo gobernador por votación popular.


Ya como gobernador constitucional, puso en práctica importantes reformas educativas, fiscales, laborales y políticas: incrementó el número de escuelas y creó las nocturnas para adultos, reformó los programas de estudio del Ateneo Fuente y de la Escuela Normal; sometió a revisión las exenciones y privilegios fiscales existentes, estableció nuevos impuestos a profesionistas e inversionistas financieros, y levantó una carta catastral para actualizar el pago de impuestos; expidió una ley de compensación por accidentes de trabajo, prohibió el trabajo de menores de 16 años, las tiendas de raya y el pago de salarios en cupones o crédito, apoyó la formación de sociedades mutualistas pero no las huelgas, e integró comisiones para mediar en los conflictos laborales; otorgó autonomía financiera y administrativa a los municipios para que tuvieran capacidad para cobrar el impuesto predial a las compañías mineras; intentó estimular las actividades industriales y mineras mediante exenciones fiscales y la expansión de la red ferrocarrilera; además promovió la reforma de la Constitución local, la cual no pudo ponerse en práctica por la instauración de la dictadura de Huerta. También se ocupó de los pobres por medio de campañas contra la prostitución, el alcoholismo, el opio y los juegos de azar; trató de mejorar las condiciones de salud mediante la vacunación masiva y de proteger a los campesinos contra los abusos de las tiendas de raya pero no intento reforma agraria alguna. En materia judicial hizo lo posible por reemplazar a jueces y funcionarios venales. Así llevó a la práctica sus ideas de un gobierno constitucional con un ejecutivo fuerte, capaz de recaudar impuestos, de actuar como árbitro en las relaciones laborales, de educar y moralizar al pueblo, así


como de promover la redistribución de la riqueza mediante las instituciones. Contra lo dispuesto por Madero, que confiaba plenamente en el ejército federal y deseaba que todo cuerpo armado se integrara a éste y estuviera al mando de oficiales federales de carrera, Carranza mantuvo en armas un grupo del ejército revolucionario, que hizo crecer cuando estalló la rebelión de Pascual Orozco; además, estableció un servicio militar obligatorio en las escuelas oficiales. A la derrota de los rebeldes, Carranza pretendió que la fuerza revolucionaria organizada contra Orozco se convirtiera en permanente, de lo cual no pudo convencer a Madero, a pesar de que José María Maytorena, gobernador de Sonora, opinaba en el mismo sentido que Carranza. Ante los diversos rumores de que se preparaba un golpe militar contra Madero, Carranza invitó a una cacería en las montañas de Coahuila a los gobernadores de Chihuahua, Aguascalientes, Sonora y San Luis Potosí. El propósito real de esta reunión fue tomar providencias en el caso de que se diera esta asonada u otras revueltas similares. Asimismo, en preparación de esta eventualidad, Carranza mantuvo comunicación directa con los comandantes que le habían sido leales.

Tras la renuncia obligada de Madero, que le permitió llegar a Victoriano Huerta a la presidencia de la República de manera “legal” pero ilegítima, Carranza desconoció al dictador e inició el movimiento constitucionalista, llamado así porque su fin era restaurar el orden constitucional interrumpido por el cuartelazo. Envió una circular a los gobernadores y jefes militares explicando la usurpación; pidió a los generales federales Mier, Trucy Aubert y Gerónimo Treviño no reconocieran a Huerta y fingió un


acercamiento con el secretario de gobernación de Huerta para ganar tiempo. Protestó ante el presidente norteamericano Taft por el virtual reconocimiento de Huerta y lanzó un manifiesto al pueblo estadounidense. Finalmente, convocó a la rebelión y ofreció el mando al general Treviño y al no tener más opción, encabezó la lucha respaldado por el decreto 1421 del Congreso de Coahuila que lo autorizó a desconocer al usurpador y facultó extraordinariamente a armar fuerzas para coadyuvar a restablecer el orden legal. Conforme a Luís Barrón (Carranza. El último reformista porfiriano): “Para Carranza, el reto no sólo era encontrar los hombres necesarios y la manera de financiar una revolución que, además, no destruyera al país; era evitar los errores que Madero había cometido: iniciar una rebelión que se había convertido en una revolución social para después traicionarla pactando con el régimen. Carranza no se había levantado en armas; el golpista era Victoriano Huerta. Por eso, esta vez, había que derrotar al ejército federal e iniciar una reforma profunda del sistema político, pero respetando el orden legal que la Constitución de 1857 representaba. “Escribe Héctor Aguilar Camín. "Carranza erigió dentro de sí la certeza de que era el único representante legítimo que quedaba en el país, mientras fuera el único en desconocer a Huerta. Y así se comportó desde entonces: como un gobernante, no como un rebelde ni como un simple jefe militar."


Tomó como bandera el Plan de Guadalupe que lanzó el 26 de marzo de 1913. En ese documento se desconoció a Huerta, a los Poderes Legislativo y Judicial, y demás gobiernos de los estados que reconocieran la presidencia de Huerta; se nombró a Carranza como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, quien sería el presidente interino al ocupar la ciudad de México, y desde este cargo, convocaría a nuevas elecciones. A la propuesta del general Múgica de que se incluyeran demandas sociales, Carranza señaló que eso podía provocar la división de las fuerzas revolucionarias y que las reivindicaciones sociales serían un tema pendiente a atenderse para después del triunfo. “La guerra será más breve mientras menos resistencia haya que vencer. Los terratenientes, el clero y los industriales son más fuertes y vigorosos que el gobierno usurpador; hay que acabar primero con este y atacar después los problemas que con justicia entusiasman a todos ustedes”… El Plan de Guadalupe escribirá Carranza en 1917, fue "el grito de guerra que lo más selecto de la juventud mexicana lanzó a los cuatro vientos del país contra la iniquidad triunfante, y ese grito no era más que la expresión vibrante y sonora de la conciencia nacional, expresión que reasumía el propósito firme, la voluntad deliberada del pueblo mexicano de no consentir más que el pretorianismo volviese a apoderarse de los destinos de la Nación (...) En tal virtud, con el Plan de Guadalupe quedó perfectamente planteada la cuestión de la legalidad contra la usurpación, del derecho contra la asonada, de las instituciones libres contra la dictadura militar".


Conforme al plan, Carranza asumió el mando del Ejército Constitucionalista y buscó que los principales grupos revolucionarios lo reconocieran como tal; para tener contacto personal con sus jefes viajó a Monclova y desde ahí emprendió un largo viaje hacia Nogales cruzando el desierto y la Sierra Madre, cuidando, como Juárez medio siglo antes, no salir del territorio nacional; a su paso se entrevistó con Tomás Urbina, Pánfilo Natera, Aguirre Benavides, José Isabel Robles, los hermanos Arrieta, Pastor Rouaix, Manuel Chao, Maclovio Herrera, Alejandro Vega, Álvaro Obregón, Ramón Iturbe, Felipe Riveros y José María Maytorena entre otros, e invitó a Francisco Villa y a Felipe Ángeles a integrarse, pero Villa no aceptó subordinarse a Obregón, por lo que Don Venustiano nombró a Villa general del Ejército Constitucionalista al mando de la División del Norte. Por su parte, Obregón no aceptó a Ángeles como Secretario de Guerra y Marina y éste se unió a Villa. Finalmente quedó constituido el gobierno constitucionalista en Hermosillo con ocho secretarías, entonces Carranza tuvo que ir más allá del Plan de Guadalupe para ganar apoyo popular y manifestar explícitamente su propósito de establecer la justicia y la igualdad, de remover todo y de crear una nueva Constitución. Así, a duras penas, Carranza pudo organizar el movimiento constitucionalista con un carácter plural, en el que si bien el carrancismo era la parte directiva, muchos constitucionalistas tenían diferencias ideológicas y políticas notables con Carranza y con los miembros de su grupo. Pese a esto logró


aglutinar las fuerzas revolucionarias para la lucha contra Huerta: en el norte los generales Álvaro Obregón (Ejército del Noroeste), Pablo González (Ejército del Noreste) y Pancho Villa; y en el sur, Emiliano Zapata, aunque el suriano actuaba de manera independiente, pues el plan carrancista se circunscribía al ámbito político e ignoraba las demandas campesinas. De cualquier manera, el plan de Guadalupe se ganó el apoyo de los grupos campesinos y clases medias del norte que estaban contra la dictadura y que temían el radicalismo de las masas campesinas.

En abril de 1914, cuando los marines norteamericanos se apoderaron de Veracruz para impedir el suministro bélico por los ingleses a Huerta, Carranza rechazó la intervención extranjera aunque le favorecía, pero también se negó a unir fuerzas con Huerta, prefirió iniciar pláticas con los invasores para el retiro de sus tropas una vez obtenido el triunfo constitucionalista.


Ese mismo año, tras la toma de Zacatecas, en la que quedó destruido casi todo el ejército federal, Carranza intentó destituir a Villa por haber atacado personalmente al frente de la División del Norte, en lugar de ayudar con sus efectivos a Pánfilo Natera para que, conforme a sus órdenes, éste se hiciera de ese baluarte federal. Ante el rechazo de los generales a esta destitución, el Primer Jefe cedió, pero emprendió la batalla política por quién recibiría la rendición de Huerta y tomaría la capital de la República, al efecto, dio instrucciones al general Pablo González de que avanzara a San Luís Potosí, lo mismo que a su hermano, Jesús Carranza; y apremió a Obregón para que tomara Guadalajara y la ciudad de México. Por otra parte, inmovilizó a las fuerzas de Villa al cortarle los embarques de carbón y de pertrechos. Además, promovió a Obregón y a Pablo González a generales de División y dejó a Villa como general Brigadier.

Sin embargo, ante el riesgo de que Villa marchara a la capital y se apoderara de ella, los generales carrancistas promovieron una conferencia en Torreón para salvar las diferencias entre Villa y Carranza; representantes de las


Divisiones del Norte y del Noroeste suscribieron el Pacto de Torreón, en el que se reconoció la autoridad de Carranza y se acordó que al triunfo, una convención integrada por representantes de los jefes del ejército constitucionalista determinaría la fecha de elecciones y el programa de gobierno que pondrían en marcha los funcionarios electos. Villa obtuvo su ascenso a Divisionario.

La victoria lograda en Zacatecas significó la derrota definitiva de Huerta, quien renunció tras año y medio de cruenta guerra civil. Firmados los tratados de Teleoyucan de rendición incondicional y disolución del ejército federal el 13 de agosto de 1914 por el general Obregón, el Primer Jefe Carranza entró triunfante a la ciudad de México el día 20 siguiente, una semana después.


Dada la heterogeneidad de los revolucionarios en cuanto a su origen social, intereses y demandas, al triunfo contra Huerta, los zapatistas insistieron a Carranza que se cumplieran “los tres grandes principios que consignaba el Plan de Ayala: expropiación de tierras por causa de utilidad pública, confiscación de bienes a los enemigos del pueblo y restitución de sus terrenos a los individuos y comunidades despojados”; mientras que los villistas le exigieron el cumplimiento del Plan de Guadalupe en cuanto al restablecimiento inmediato del orden constitucional por medio de un presidente provisional que convocara a elecciones, la implantación de reformas agrarias y desde luego, en primer lugar, su renuncia bajo la acusación de intentar perpetuarse en el poder.


Ante el riesgo de un rompimiento entre los grupos revolucionarios, algunos generales convocaron a una Convención para tratar de llegar a un entendimiento pacífico. Carranza cedió a la presión para convocar a una convención que fijara la fecha de las elecciones, pero como no había resuelto sus diferencias con Villa y Zapata, y Villa se negó a participar en la Convención, Carranza mandó a Chihuahua a Obregón a negociar con Villa, para convencerlo de que asistiera; Villa se resistió y ordenó fusilarlo; intercedió el general Chao y Obregón se salvó.


La Convención se inició el 1º de octubre de 1914, en la ciudad de México y ahí Carranza condenó a la "minoría indisciplinada" (Villa) y renunció a la presidencia y a la jefatura del ejército, pero la Convención no la aceptó. Finalmente, Villa accedió a asistir a un terreno neutral, en Aguascalientes. La Convención se trasladó allá, pero Zapata sólo envió una representación y Carranza declinó asistir, no obstante, aceptó renunciar siempre que hicieran lo mismo Villa y Zapata, y se estableciera “un Gobierno preconstitucional apoyado por el Ejército Constitucionalista, que se encargue de realizar las reformas sociales y políticas que necesita el país antes de que se restablezca un Gobierno plenamente constitucional”.

La Convención decidió que Eulalio Gutiérrez fuera el presidente interino y que Villa y Carranza renunciaran. Villa aceptó, pero Carranza insisti�� en que se respetaran sus condiciones ya expuestas, a saber: “PRIMERO. El C.


Venustiano Carranza entregará el Poder Ejecutivo de la Nación y la Jefatura del Ejército Constitucionalista, al presidente que la Junta de gobernadores y generales designe en definitiva para gobernar la República durante todo el período preconstitucional que sea necesario para llevar a cabo las reformas políticas y sociales que exige la Revolución. SEGUNDO. Dicha entrega se efectuará tan luego como el nuevo presidente tenga definidas sus funciones y haya recibido efectivamente el mando de la División del Norte y las oficinas públicas federales y locales de la región dominada ahora por dicha División. Lógicamente, la Convención ratificó sus decisiones y apoyó al presidente Eulalio Gutiérrez. Carranza, que había logrado el retiro de las tropas norteamericanas desde el 23 de noviembre, se trasladó a Veracruz para establecer su gobierno. Gran conocedor de la historia patria, emuló a Juárez: “Vengo a esta tierra hospitalaria, que sirvió de baluarte a Juárez y en donde hizo los cimientos de la Reforma, a buscar abrigo para formular los principios que sirvan de fundamento a las nuevas instituciones, que harán grane, poderosa y feliz a la Nación mexicana.” En el puerto pudo planear la ofensiva contra los convencionistas y recibir suministros bélicos. Ahí contaba con el apoyo del general Cándido Aguilar, su yerno, jefe del Ejército de Oriente que dominaba la región. Por su parte, Villa y Zapata avanzaron hacia la capital de la República y firmaron el Pacto de Xochimilco que reconoció el Plan de Ayala.


Militarmente, Carranza se encontraba en posición de debilidad frente a Villa; políticamente era más fuerte frente a sus enemigos que se mostraban incapaces de articular un programa nacional desde la capital de la República, más allá del Plan de Ayala dirigido a los campesinos sureños. A sugerencia de Obregón, quien por su origen social podía sentir mejor las causas populares, el 12 de diciembre de 1914, Carranza inició su ofensiva política mediante el decretó Adiciones al Plan de Guadalupe, entre las que se encuentran las siguientes: subsiste el Plan de Guadalupe “hasta el triunfo completo de la Revolución y, por consiguiente, el C. Venustiano Carranza continuará en su carácter de Primer Jefe de la Revolución Constitucionalista y como Encargado del Poder Ejecutivo de la Nación, hasta que vencido el enemigo quede restablecida la paz… (Carranza) expedirá y pondrá en vigor, durante la lucha, todas las leyes, disposiciones y medidas encaminadas a dar satisfacción a las necesidades económicas, sociales y políticas del país, efectuando las reformas que la opinión exige como indispensables para restablecer el régimen que garantice la igualdad de los mexicanos entre sí… para poder continuar la lucha y para poder llevar a cabo la obra de reformas a que se refiere el artículo anterior el Jefe de la Revolución, queda expresamente autorizado para convocar y organizar el Ejército Constitucionalista y dirigir las operaciones de la campaña”...


Con base en estas Adiciones, el 25 de diciembre de 1914, “considerando que durante largos años de tiranía sufrida por la República se ha pretendido sistemáticamente centralizar el Gobierno, desvirtuando la Institución Municipal”… Carranza decreta que “los estados adoptarán para su régimen interior la forma de gobierno republicano, representativo, popular, teniendo como base de su división territorial y de su organización política, el Municipio libre, administrado por ayuntamientos de elección popular directa y sin que haya autoridades intermedias entre éstos y el Gobierno del Estado”.


En enero de 1915, Carranza promulgó diversas normas y medidas para legitimarse: la Ley Agraria del 6 de enero de 1915, la legalización del divorcio, la sujeción de la explotación petrolera al control del Estado, el establecimiento de la independencia del Poder Judicial, además de decretar la jornada máxima de trabajo de ocho horas y el salario mínimo. “Las nuevas ideas sociales tendrán que imponerse en nuestras masas, y no sólo es repartir tierras, no es el sufragio efectivo, no es abrir más escuelas…es algo más grande y más sagrado: es establecer la justicia, es buscar la igualdad, es la desaparición de los poderosos para establecer el equilibrio en la conciencia nacional”. Así, a partir de entonces, los constitucionalistas se presentaron como los verdaderos “revolucionarios” que luchaban por el cambio hacia adelante, y etiquetaron como “reaccionarios” a los convencionistas, que pugnaban por el cambio hacia atrás.


Estas medidas permitieron a Carranza quitar demandas a los convencionistas y agregar nuevos apoyos como el de los obreros organizados, por medio de un pacto suscrito con la Casa del Obrero Mundial el 17 de febrero de 1915, en el que a cambio de la promesa de “mejorar, por medio de leyes apropiadas, la condición de los trabajadores, expidiendo durante la lucha todas las leyes que sean necesarias para cumplir aquella resolución…Los Obreros de la Casa del Obrero Mundial... hacen constar la resolución que han tomado de colaborar, de una manera efectiva y práctica, por el triunfo de la Revolución tomando las armas ya para guarnecer las poblaciones que están en poder del Gobierno constitucionalista, ya para combatir a la reacción”.

Así, con nuevos contingentes como los “batallones rojos”, el general Álvaro Obregón logró derrotar a Villa en el campo de batalla del Bajío, por lo que la causa constitucionalista resultó triunfante con las armas, y los carrancistas, comandados por Pablo González, recuperaron la capital de


la República en agosto de 1915. Esta victoria sobre el ejército de la Convención, la recuperación de la ciudad de México por los constitucionalistas y el inminente rompimiento de los Estados Unidos con Alemania, cuyos agentes promovían una nueva guerra México-norteamericana para impedir u obstaculizar la participación de los estadounidenses en la guerra que tenía lugar en Europa, le ganaron a Carranza el reconocimiento oficial del gobierno norteamericano el 19 de octubre siguiente, así como el embargo de armas para los convencionistas, lo que provocó la ira de Villa, en plena derrota y huída, quien respondió con el asaltó a la población de Columbus en enero de 1916, hecho que forzó a Carranza a aceptar el ingreso a territorio nacional de una “expedición punitiva” norteamericana que nunca lograría capturar al centauro del norte. Carranza resistió la invasión diplomáticamente y con las armas, y sus fuerzas detuvieron el avance de los estadounidenses en El Carrizal.

A diferencia de Villa y de Zapata, Carranza siempre asumió la representación nacional e incluso se negó a abandonar territorio mexicano y tuvo que realizar penosas cabalgatas para no pisar suelo norteamericano. Asimismo, rechazó toda injerencia internacional para resolver el conflicto interno entre las facciones revolucionarias. Esto fue fundamental para que Estados Unidos se decidiera a favor de Carranza, único que garantizaba un gobierno capaz de encauzar la rebelión campesina dentro de un régimen liberal capitalista.


También desde Veracruz, Carranza libró la lucha por la nacionalización de las riquezas naturales del país, que explotaban libremente las empresas extranjeras mineras y petroleras. Trató de igualarlas ante la ley con las empresas mexicanas, establecer impuestos justos y regular las concesiones de explotación, con el propósito de mantener la soberanía y el interés nacionales sobre los intereses particulares de los extranjeros.


En enero de 1916, Carranza trasladó su gobierno a Querétaro, donde ubicó la capital: “Al haberme fijado en Querétaro es porque en esta ciudad histórica, en donde casi se iniciara la Independencia, fue más tarde donde viniera a albergarse el gobierno de la República para llevar a efecto los Tratados, que si nos quitaban una parte del territorio, salvarían cuando menos la dignidad de la Nación; y fue también donde cuatro lustros después se desarrollarían los últimos acontecimientos de un efímero imperio al decidirse la suerte de la República triunfante después de una larga lucha. Aquí señores, se expedirán probablemente las últimas leyes, se darán los últimos decretos y tal vez hasta la última Constitución que México necesita para que pueda encauzarse, para que pueda mantener su independencia.”


En el mes de abril siguiente, entró nuevamente a la capital de la República. Entonces, la política de acercamiento con los sindicatos comenzó a convertirse en una política de represión, cuyo brazo ejecutor más relevante fue el general Pablo González. Los ferrocarrileros fueron militarizados, los “batallones rojos” disueltos , lo mismo que la Casa del Obrero Mundial y toda huelga o agitación obrera, como la de los electricistas, fue combatida con la ley marcial de 1º de agosto que implantaba la pena de muerte para los huelguistas. Por otro lado, reanudó la guerra de exterminio contra los zapatistas. Al mismo tiempo, reincorporó a la administración pública a los funcionarios y empleados porfiristas y huertistas, principalmente a los de Hacienda, para regularizar las actividades de su gobierno. El 16 de octubre de 1916, Carranza creó por decreto el Departamento de Establecimientos Fabriles y Aprovisionamientos Militares: "Hay que crear nuestras propias armas y municiones si no queremos que nuestros asuntos interiores los decidan los que nos las proporcionen". Rechazaba que los gobiernos estuvieran sujetos al embargo o desembargo de armas decidido por las potencias extranjeras.

Ese mismo año de 1916, Carranza convocó a un congreso constituyente en la ciudad de Querétaro, para que en dos meses decidiera las reformas a la Constitución y discutiera artículo por artículo el proyecto que el propio Carranza enviaría a dicho congreso.


Don Venustiano envió un proyecto de reformas a la Constitución de 1857, en el que se ratificaron y ampliaron muchas de las ya emprendidas o esbozadas el año anterior. Además, en su discurso de inauguración al congreso sentó las bases del presidencialismo mexicano: “¿qué es lo que se pretende con la tesis del Gobierno parlamentario? Se quiere, nada menos, que quitar al presidente sus facultades gubernamentales para que las ejerza el Congreso, mediante una comisión de su seno, denominada. En otros términos, se trata de que el presidente personal desaparezca, quedando de él una figura decorativa… ¿En dónde estaría entonces la fuerza del Gobierno? En el Parlamento. Y como éste, en su calidad de deliberante, es de ordinario inepto para la administración, el Gobierno caminaría siempre a tientas, temeroso a cada instante de ser censurado”… Asimismo abogó por la desaparición de la Vicepresidencia.


A pesar de que de antemano se excluyó a porfiristas, huertitas y convencionistas, entre los diputados se manifestaron diversas corrientes ideológicas que suscitaron acalorados debates. Frente a la posición conservadora de Carranza surgió una tendencia progresista respaldada por Obregón. El proyecto de Carranza fue modificado sustancialmente por los diputados, especialmente para satisfacer demandas sociales, de modo que en lugar de reformas constitucionales, una nueva Constitución fue promulgada el 5 de febrero de 1917. El resultado fue un estado interventor en la economía, en la educación y en la religión; un régimen presidencialista fuerte; la coexistencia de la propiedad privada, social y comunal, así como de la empresa pública y privada; y la protección de las clases campesinas y obreras. Su carácter nacionalista reflejó el propósito de acabar el neocolonialismo y rechazar intervenciones extranjeras, como las norteamericanas que se habían repetido recientemente.


Un día después de la promulgación, Carranza convocó a elecciones generales. Postulado por el Partido Liberal Constitucionalista, ganó con 797,305 votos las elecciones presidenciales para el periodo 1917-1920, asumiendo el cargo el 1º de mayo siguiente. Los otros candidatos fueron los generales Pablo González con 11,615 votos y Álvaro Obregón que sólo obtuvo 4008 votos.

En plena conflagración mundial, durante su gestión Carranza intentó, sin controlar amplias zonas del país, poner en vigor la nueva Constitución frente a poderosos e indisciplinados jefes militares; diversos grupos armados revolucionarios como los encabezados por Zapata en Morelos, los Cedillo en San Luís Potosí y José Isabel Chávez en Michoacán; rebeldes contrarrevolucionarios, como Manuel Peláez, aliado a las empresas petroleras, Félix Díaz en Veracruz y Puebla, y los “Mapaches” en Chiapas; y poderosos hacendados, empresarios extranjeros y clérigos, dentro de una realidad de autoritarismo y desorden, alejada de la democracia y de las instituciones.


En lo externo, mantuvo la neutralidad de México frente a la primera guerra mundial, su acercamiento a la Alemania del káiser en 1917, fue motivada por la búsqueda de aliados para contener las presiones norteamericanas. A pesar de la tentación del telegrama Zimmerman que ofrecía recuperar los territorios perdidos si se luchaba contra los Estados Unidos, ratificó el principio de no intervención en los asuntos internos de México y rechazó la Doctrina Monroe “puesto que establece, sin la voluntad de todos los pueblos de América, un criterio y una situación que no se les ha consultado y por lo mismo, esa Doctrina ataca la soberanía e independencia de México y constituirá sobre todas las naciones de América una tutela forzosa”. Sostuvo lo que llamó “Doctrina Carranza” por la cual los países fuertes estaban obligados a respetar los derechos de los débiles. Además, en ejercicio de la soberanía nacional y conforme a la nueva Constitución, decretó un impuesto a la exportación del petróleo, lo que para algunos, al enfrentarse a intereses


extranjeros muy poderosos, precipitó su caída y hasta su muerte, cuando con su triunfo en la Primera Guerra Mundial, los Estados Unidos ya no tuvieron que preocuparse en México por la actividad alemana, por los boicots posibles, o por las huelgas en la región petrolera que instigaba la Industrial Workers of the World. En la postguerra, las nuevas condiciones de negociación del gobierno mexicano con los norteamericanos, se volvieron desfavorables a Carranza. Así, como señala Álvaro Matute, en 1919 volvió a aparecer “el fantasma de la intervención”.

En lo interno, Carranza comenzó la institucionalización y la reconstrucción material y económica del país; comenzó tímidamente el reparto agrario de acuerdo con lo dispuesto por el artículo 27 constitucional, aunque devolvió algunas tierras a los latifundistas; propició la organización de los obreros mediante la fundación de la Confederación Regional Obrera Mexicana, CROM, el 1º de mayo de 1918; defendió los recursos energéticos ante la presión de las compañías extranjeras; expidió una nueva ley electoral; creó


la marina mercante el 1º de junio de 1917; fundó la Escuela Militar de Aviación y convirtió la Academia de Estado Mayor en el Colegio Militar; estableció que cada 1º de septiembre los presidentes informaran al congreso del estado de la administración pública. Por otra parte, intentó, sin éxito, reformar los artículos constitucionales 27, 123 y 130 para hacerlos menos lesivos a los poderosos intereses afectados, ya que los legisladores frecuentemente no aprobaban sus iniciativas (de 156 que presentó durante su gobierno constitucional, sólo fueron aprobadas 55; rechazadas 9 y sin resolver 92). En 1919, Carranza hizo pública su negativa a que México ingresara a la Liga de las Naciones porque “las bases que la sustentan no establecen una perfecta igualdad para las naciones y razas, y el gobierno mexicano ha proclamado como principios fundamentales de su política Internacional que todos los Estados del Globo deben tener los mismos derechos y…obligaciones, así como que ningún individuo dentro del Estado puede invocar situación o protección privilegiada a título de extranjería o cualquier otro”. De todos modos, no fue invitado a la Conferencia de Paz de París.

Carranza ejerció la autoridad de manera firme y hasta dura: buscó pacificar el país por todos los medios aun los más crueles como los empleados por Pablo González; continuó la lucha contra caudillos y caciques locales, como Saturnino Cedillo, Manuel Peláez y Félix Díaz; eliminó a sus opositores


como Zapata, quien fue asesinado mediante la traición, y Felipe Ángeles, quien fue fusilado tras un juicio sumario. Asimismo, fue extremadamente duro con los obreros, a cuyos dirigentes apresaba y hasta amenazaba con el fusilamiento, a pesar de su contribución con los “batallones rojos” a la derrota de Villa.

La pugna por la sucesión presidencial se inició 1919, con tres candidatos: Ignacio Bonillas, civil y poco conocido, apoyado por el Partido Nacional Democrático (a quien apodaron “Flor de Té” porque como decía la letra de esa canción en boga, nadie sabía de donde había venido y a dónde iba); el general Pablo González nominado por la Liga Democrática; y el grupo militar sonorense encabezado por Álvaro Obregón, que había sido derrotado en las elecciones de 1917. Carranza convocó a los gobernadores a vigilar el cumplimiento estricto de las leyes electorales, pero apoyó abiertamente al único candidato civil, a la vez que hostilizó a Obregón al grado de que éste tuvo que huir para salvarse de un tribunal que de antemano lo condenaría.


El intento de imposición generó un conflicto con los sonorenses, quienes, alegando intromisión del ejecutivo federal en los asuntos de Sonora –estado gobernado por Adolfo de la Huerta-, se levantaron en armas el 23 de abril de 1920 llevando como bandera el Plan de Agua Prieta. En menos de un mes, la mayoría de los jefes militares desconocieron a Carranza y hasta el grupo militar más importante con el que pudo haber contado don Venustiano, el de Pablo González, se sublevó también. Los zapatistas se les unieron porque seguían combatiendo a Carranza, quien había felicitado y premiado a los asesinos de su caudillo. Además, la CROM estalló varias huelgas y ante la represión declaró la guerra al gobierno. Prácticamente todo el territorio del país estaba en manos de los rebeldes. Los problemas arrastrados a lo largo del periodo presidencial hicieron crisis: los revolucionarios no derrotados se unieron a Obregón, lo mismo que los diputados y los gobernadores; las clases populares y propietarias no lo apoyaron porque no les satisficieron sus medidas; los Estados Unidos estaban disgustados por su política exterior; y su intención civilista fracasaba ante el poder de los militares que habían hecho la Revolución. El gobierno de Don Venustiano terminaba aislado y debilitado al máximo.


Carranza lanzó un manifiesto a la nación, el 5 de mayo siguiente, en el que lamentó la lucha política prematura y que existieran dos candidatos militares; condenó la propaganda subversiva obregonista a base de ataques a su gobierno y la ambigüedad de Pablo González al hacer campaña sin dejar el mando militar; denunció que en la sublevación Obregón estaba subordinado a De la Huerta; concluyó que el cuartelazo no debe ser medio ya para alcanzar el poder, que el conflicto tenía “caracteres exclusivamente militares” y que sólo entregaría el poder conforme a la ley. Dos días después Carranza salió de la capital para emprender la huída por ferrocarril hacia Veracruz con un inmenso convoy, en donde esperaba instalar su gobierno y desde ahí combatir y derrotar a Obregón. La marcha fue lenta por el continuo acoso de los rebeldes y después de varios días, tuvo que abandonar los trenes porque las vías habían sido voladas. Ya con pocos fieles acompañándolo, siguió a caballo, pero fue alcanzado en Tlaxcala tongo, Puebla, por fuerzas del general Rodolfo Herrero, quienes asesinaron al Varón de Cuatro Ciénegas la madrugada del 21 de mayo de 1920.


Carranza fue sepultado tres días después en el Panteón de Dolores de la ciudad de México, "en una tumba de tercera clase, donde se entierra a la gente pobre", conforme a los deseos expresados a sus hijas Virginia y Julia. Murió sin haber sido un hombre acaudalado, de acuerdo con su testamento sus propiedades tenían un valor de sólo $52, 910 pesos. Un gran número de personas de todas las clases sociales concurrió a su entierro. Una década después de su muerte, Luís Cabrera, quien acompañó a Carranza hasta sus últimos momentos, escribió al hacer un balance de la Revolución Mexicana: “Madero no alcanzó a ver los problemas sociales y económicos por estar contemplando los problemas democráticos. Era un soñador. Carranza fijó su atención en las reformas sociales y económicas de México y de su pueblo. Era un hombre práctico. Madero, el vidente, murió por no haber visto hacia abajo, por no fijar su atención en los hombres y en la tierra. Carranza, el prudente, murió por no haber visto hacia arriba.” El 5 de febrero de 1942, los restos de Carranza fueron exhumados con todos los honores y depositados en el Monumento a la Revolución.


Destaca Luís Barrón (Carranza) que Venustiano Carranza, a diferencia de los demás jefes revolucionarios que eran jóvenes, creció y maduró en el porfiriano, y al incorporarse al movimiento maderista ya era un político local reconocido, pero sin haber sido un porfirista incondicional como lo fueron los políticos más importantes de su tiempo, pero también, como ellos, sin haber buscado alguna vez la transformación revolucionaria política y social del país. Por eso, Luís Cabrera lo vio como el puente entre el pasado y el futuro que, como vicepresidente al lado de Madero, podía iniciar la transformación pacífica de México. Justamente estas capacidades que identificó en él Cabrera, le permitieron usar la política porfiriana en la que se había formado para dominar la revolución tras el asesinato de Madero. Por eso “Venustiano Carranza fue, sin lugar a dudas, la figura pública más importante en México durante esa violenta década de 1910-1920; el único de los protagonistas principales de la Revolución mexicana que vivió y sostuvo su influencia política durante toda la década, y el único líder que logró articular un movimiento militar con un proyecto político nacional.” http://portalacademico.cch.unam.mx/materiales/prof/matd idac/sitpro/hist/mex/mex2/HMII/Const1917-GobCarranza.


(Aspectos Económicos-Políticos Y Sociales)

Álvaro Obregón En 1920 Álvaro Obregón subió a la presidencia, dentro de su gobierno buscó la alianza con los trabajadores y con los antiguos zapatistas. Obregón luchó por tener el reconocimiento de su gobierno por parte de los Estados Unidos, y creyó que el problema consistía en que México aceptara pagar sus obligaciones financieras y reconquistar de esa manera el crédito internacional, un marcado contraste con las posturas de Carranza y De la Huerta. Sin embargo, lo limitaban la herencia nacionalista de Carranza y la negativa del gobierno provisional a recibir el reconocimiento a cambio de un Tratado de Amistad y


Comercio que garantizara los derechos adquiridos por extranjeros sobre la tierra y el petróleo. Por lo que su estrategia a seguir, por consejo de su secretario de Hacienda Adolfo Huerta, era llegar a acuerdos con las compañías petroleras y los banqueros y aun con el gobierno de los Estados Unidos, antes de firmar un tratado políticamente riesgoso que echaría por tierra los contenidos nacionalistas de la Constitución de Querétaro de 1917. Además, su gobierno tuvo varias dificultades para llegar a un acuerdo con la Iglesia, por lo que ocasionó varios choques entre los miembros de la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), una fuerte organización sindical apoyada por el Gobierno, y los miembros de la Acción católica de la Juventud Mexicana (ACJM). En 1921 De la Huerta definió la deuda nacional como el conjunto de obligaciones contratadas por los gobiernos legales precedentes y manifestó la disposición de la administración de Obregón de pagar todas sus deudas. Posteriormente llegó a México Thomas W. Lamont, un banquero norteamericano, y William Wiseman, un allegado al Banque de Paris et des Pays Bas (casa accionista importante del Banco Nacional de México) a la capital mexicana acompañado de Vicent W. Yorke, presidente de la Mexican Railway Ltd. Desde el 12 de enero hasta el 22 de marzo, Vicent y Wiseman exploraron el terreno y elaboraron informes favorables respecto a la situación mexicana. Pero Lamont rechazó el esquema obregonista de reanudación de los pagos de la deuda externa, pues para él era inaceptable que los ingresos fiscales petroleros sirvieran de palanca para normalizar los compromisos internacionales de México porque ello propiciaría un enfrentamiento entre banqueros y petroleros. Así que el secretario de Hacienda propuso entonces que fueran los banqueros quienes sometieran un nuevo plan, por lo que Lamont elaboró un


documento consistente en una serie de líneas generales que llamó ¿principios necesarios para el restablecimiento del crédito del gobierno mexicano en los mercados líderes de inversión del mundo¿ pero fue un fracaso debido a la insistencia de la Huerta en llevar adelante el programa de la compra de bonos de deuda con los petroleros. En 1922 Lamont siguió la línea estratégica de Washington de mantener un estrecho cerco financiero a México, por lo que bloqueó los créditos e impidió los contactos del gobierno obregonista con cualquier casa bancaria antes de la existencia de un arreglo global de la deuda. Su mayor éxito fue unirse a Speyer & Co, un accionista del Banco de Comercio e Industria. El secretario de Hacienda lo había invitado a México a acercarse a los petroleros para proponerles formar el sindicato comprador de los bonos por 80 millones de dólares, pero el plan se frustró. Ya convencido por Lamont, el Comité de los Ejecutivos Petroleros notificó el primero de diciembre al secretario De la Huerta que no estaba en la capacidad de sostener la cláusula de la compra de bonos. Ante tal rechazo, Adolfo de la Huerta emprendió caminos nuevos, pero Lamont reaccionó con aspereza ante la postura del secretario de Hacienda, y le advirtió que si realizaba la compra de obligaciones por medio de bancos locales, se daría al traste cualquier posibilidad de negociación, pues tal acto significaba un repudio de México a sus obligaciones financieras; pero De la Huerta lo tranquilizó asegurándole que lo recaudado en efectivo por impuestos petroleros permanecería sin tocarse. Así el 22 de mayo el presidente Álvaro Obregón autorizó al secretario De la Huerta negociar con los banqueros en Nueva York la consolidación de la deuda pública, así como la relacionada con los Ferrocarriles Nacionales y la Caja de Préstamos. Al final De la Huerta firmó un acuerdo


reconociendo la totalidad del capital original de las viejas deudas, así como una parte considerable de los intereses atrasados. Ya para 1923, el gobierno mexicano prometió utilizar los impuestos del petróleo para establecer un fondo de 30 millones de dólares que estarían destinados a la deuda. El acuerdo fue ratificado por el Congreso Nacional y durante dos años el gobierno mexicano envió pequeñas remesas de pesos en plata a Nueva York. Por otro lado, las dificultades con la Iglesia continuaban, en especial cuando el delegado apostólico del Vaticano, monseñor Ernesto Philipi, acudió a bendecir el Cerro del Cubilete (en Silao, Guanajuato) donde sería puesto el monumento a Cristo Rey. El gobierno del general Obregón interpretó aquel acto como un abierto desafío a la autoridad y un ataque a la Constitución, por lo que sancionó con el artículo 33 de la Constitución a Philipi, obligándolo a abandonar el país.


En cuanto a Villa, Álvaro Obregón tenía miedo de que con estos acontecimientos levantara una emboscada en armas durante la Rebelión de la huertista, así que decidió matarlo mediante una emboscada organizada por la policía secreta o por pistoleros a sueldo de familiares de antiguas víctimas de Villa.

En 1924 hubo una disminución en la producción de petróleo, pues la administración hacendaria mexicana no contaba con otros recursos que los impuestos petroleros para pagar sus deudas. Así la Secretaría de Hacienda se encontró imposibilitada para pagar a sus acreedores, por lo que la caída del ingreso del petróleo, junto con una serie de conflictos internos, obligó al presidente Obregón a anunciar en junio que el servicio de la deuda se suspendía. El Comité Internacional de Banqueros se las arregló con el nuevo ministro de finanzas mexicano, Alberto J. Pani, quien accedió a la solicitud del Comité con respecto a una futura privatización de los Ferrocarriles Nacionales, esperando que


esta iniciativa se adoptara en el lapso de un año. La lucha con la Iglesia sigue y en 1925 el gobierno ordenó que fueran aplicados los artículos 130, 27 y 3 constitucionales con todas sus consecuencias a 183 sacerdotes extranjeros que fueron encerrados en 74 conventos.

http://www.arts-history.mx


Pascual Orozco, revolucionario a quien Calles combatió en 1912. En 1911 Calles abrió un comercio en Agua Prieta donde distribuía semillas, granos, implementos agrícolas, petróleo, manteca, carne y piloncillo,20 con el que le iba regularmente bien. En septiembre de ese año su tío político,21 el gobernador José María Maytorena, lo nombró 2 comisario. Durante su cargo, Calles se encargó de mantener el orden, administrar justicia y de la aduana. «El Viejo»,22 como le decían sus amigos, se encargó de reorganizar la cárcel, asignó un edificio a la comisaría, creó un centro escolar e impartió sentencias a los rebeldes.2 Los cónsules del gobierno de Francisco I. Madero en Douglas lo acusaron ante Maytorena de conspirar contra el régimen, pero el gobernador continuó apoyándolo. En 1912 Calles enfrentó con éxito la rebelión encabezada por Pascual Orozco.23 Ante el golpe de Estado de Victoriano Huerta y el asesinato del presidente Madero, Calles envió un telegrama al gobernador Maytorena en el


que lo invitaba a levantarse en armas. Acto seguido, instaló a su esposa e hijos en Nogales y se dedicó al reclutamiento de voluntarios en Douglas.2 24 El 5 de marzo de 1913 Calles entró a México al mando de un pequeño grupo de soldados dispuestos a la lucha. Inmediatamente se relacionó con otros jefes revolucionarios, entre ellos: Manuel M. Diéguez, Pedro F. Bracamontes y Esteban Baca Calderón.2 Asimismo, participó en la redacción y firma del Plan de Nacozari firmado el 12 de marzo de ese año, donde se desconocía el gobierno de Huerta. ¡A las armas! Los ciudadanos que empuñamos las armas para lanzarnos llenos de ardor y rebosantes de indignación al campo de la lucha no venimos animados de ese espíritu de sistemática rebeldía que perdura por algún tiempo en los pueblos sacudidos formidablemente por una revolución como la de 1910; venimos a cumplir con un deber como patriotas, rescatando de la tierra de la opresión al pueblo al que de nuevo trata de encadenar la usurpación. Como ciudadanos, salvando las instituciones republicanas de un régimen absolutista como el militar. Como hombres, enjugando las lágrimas de los que sufren cuando ven ocultarse el sol radiante de las libertades humanas en un ocaso de regresión y de estancamiento. Venimos a protestar contra el régimen y a llevar al banquillo de los acusados al criminal y a sus cómplices; es decir, a los Huerta y los Blanquet, a los Díaz y a los Mondragón, a los De la Barra y a los Reyes y a tantos otros. Venimos a vengar el sangriento ultraje hecho a la ley, cuando asesinan al presidente de la República y a restituir a cañonazos el derecho de gentes conculcado; venimos a hacernos justicia, en representación de todo el pueblo mexicano, y a sentar la segunda piedra del Templo de Themis, derribado el 19 por la mano criminal de Félix Díaz, y el 23 de febrero […] pasado, por la criminal y traidora de Victoriano Huerta. Venimos, en fin, a luchar sin tregua y con tesón contra el mal y continuar con la revolución de 1910, a aportar nuestro contingente de sangre a la causa del pueblo, a sacrificarnos en aras de las


libertades públicas; a limpiar de traidores el país y a llevar a culatazos a la rendición, a los cobardes y a los indiferentes, a los serviles y a los acomodaticios; a los atrofiados de la conciencia y a los ociosos de la energía. A eso venimos y para eso empuñamos en 30-30.25 24 El mando general del ejército sonorense estaba a cargo de Álvaro Obregón. En el norte, el jefe de operaciones era Juan Cabral; en el centro, Salvador Alvarado y en el sur, Benjamín Hill. Calles fue ascendido a teniente coronel y el 16 de marzo emprende por su cuenta, y sin autorización de Obregón, la toma de Nacozari. La acción militar fracasó y Calles permanece en Nogales organizando el abastecimiento de armas. Tras la derrota; Obregón lo apodó “Plutarco Elías Corres”20 y se cuenta que comentó: Calles no se acerca al peligro, va a pedirle chiche a Arnulfo Gómez para que lo ayude.26 14 20

El Gobernador de Sonora José María Maytorena Tapia, tío político de Calles y a quien combatió. Se ausentó para pelear contra Victoriano Huerta y a su regreso reclamó la gubernatura y el mando militar. En febrero de 1913 el

gobernador José

María


Maytorena pidió licencia por seis meses al Congreso estatal para ausentarse e ir a combatir a Victoriano Huerta. Dejó en su lugar a Ignacio L. Pesqueira y marchó a Estados Unidos, donde conversó con el Secretario de Estado William Bryan acerca de su oposición a reconocer a Huerta como presidente. Casi al final de su licencia, regresó a Sonora y Venustiano Carranza le autorizó para que en agosto reasumiera la gubernatura del estado; Maytorena reclamó el mando militar y los jefes del movimiento se negaron. En los salones de la Presidencia Municipal de Cananea se reunieron Ignacio Bonillas, Calles, Ignacio Pesqueira, Manuel M. Diéguez y varios diputados locales para buscar la forma en que Maytorena no reasumiera la gubernatura.11 La conspiración se hizo saber y Maytorena detuvo a Pesqueira, destituyó a Calles como jefe de armas en Nogales y a Bonillas como prefecto de Arizpe. Calles se negó a dejar su cargo; Bonillas y Pesqueira se exiliaron en Estados Unidos.11 Diéguez fue reincorporado al ejército y Obregón estuvo al mando del mismo, mientras Maytorena fue aceptado como gobernador de Sonora bajo el entendimiento de que se desempeñaría como tal hasta el momento adecuado para prescindir de él.11 Carranza llegó a Sonora a mediados de septiembre de 1913. Para octubre, la relación entre Maytorena y Carranza parecía romperse. La ruptura definitiva se consolidó cuando Carranza nombró a Ignacio Pesqueira secretario de Guerra.24 El 1 de diciembre Calles fue ascendido a coronel; Carranza le tenía particular aprecio y confianza.2 En marzo de 1914 Calles fue designado comandante militar de la plaza de Hermosillo y jefe de las fuerzas fijas de Sonora, tiempo en el cual se dedicó a reducir el poder de Maytorena y éste, en reciprocidad, con el apoyo de jefes yaquis hostiliza a Calles hasta provocar su repliegue al norte del estado.2 En septiembre de 1914 Maytorena y su compadre Francisco Villa rompen relaciones con el gobierno de Venustiano


Carranza.2 A fines del mes, Calles regresó a Sonora y pasó por Agua Prieta, donde saludó por última vez a su padre, que murió tres años después.27 El 1 de octubre se inició en Nacozari el inminente enfrentamiento entre las tropas de Calles y Maytorena. Los maytorenistas, con 10 mil hombres y los yaquis peleando a su favor; sitiaron Nacozari por 107 días.28 Calles y Benjamín Hill resistieron con 800 hombres hasta que resultaron victoriosos. Calles, en ese entonces general brigadier, permanece en Agua Prieta adiestrando brigadas y vigilando las acciones de las tropas de Maytorena en 1915.2

El 4 de agosto de 1915 Carranza lo nombró gobernador interino de Sonora y comandante militar de su estado natal, desempeñándose como tal hasta el 16 de 11 mayo de 1916. Durante los diez meses de su interinato, Calles se dedicó simultáneamente a enfrentar a los jefes yaquis de Maytorena. El mismo día en que asumió el cargo de gobernador, Calles dio a conocer su Programa de Gobierno, el cual elaboró pensando en las “revolución de ideales y las reformas hacia el progreso que ahora presentaba al pueblo”.2 Durante su gubernatura se aseguró de hacer respetar las garantías individuales y las libertades políticas.2 Hizo reformas a la educación, abrió escuelas en todos los sitios de más de 500 habitantes, obligó a las compañías mineras o industriales a instalar centros escolares e instaurar sistemas de becas, bibliotecas, escuelas normales y para adultos. También promovió una nueva legislatura civil y penal, hizo reformas a la agricultura concediendo mejores sueldos a campesinos y la subdivisión de grandes fincas. Durante su mandato, se dio la creación de un banco agrícola oficial del estado de Sonora.2


Pancho Villa, revolucionario que atacó Agua Prieta en 1915, Calles lo combatió y triunfó con menos de la cuarta parte de soldados. El 1 de noviembre de 1915, Francisco Villa atacó Agua Prieta al mando de 18.000 hombres, pero Calles resistió y triunfó con menos de la cuarta parte de soldados, utilizando la misma estrategia de resistencia del sitio de Nacozari de 1914: los soldados de Villa se estrellaron contra un emplazamiento de minas, alambrados, fosas y trincheras dispuestas por Calles. Tras su derrota, días después, el 2 de diciembre, Villa asesinó en el pequeño poblado de San Pedro de la Cueva a todos los varones que lo habitaban (73 hombres), incluyendo al cura Andrés Avelino Flores.24 Asimismo, Calles abrió nuevos caminos, favoreció la competencia comercial en beneficio del consumidor, propuso un nuevo régimen fiscal y creó instituciones de beneficencia.2 Hizo que se inculcaran hábitos de limpieza mediante conferencias públicas y además, se encargó de impulsar el mutualismo entre los obreros. Cuatro días después


de su toma de posesión, emitió un decreto en el que prohibió la venta y fabricación de bebidas embriagantes, con pena de cárcel por cinco años a quien lo hiciera.2 Considerando que una de las causas de la decadencia de los pueblos es el uso de las bebidas embriagantes, que además de producir aniquilamiento físico y las perversión moral del individuo, es también uno de los principales factores del malestar económico; que es bien sabido que la criminalidad está en relación directa con el empleo de las bebidas alcohólicas y teniendo el gobierno constitucionalista la obligación de moralizar a los ciudadanos que están bajo su amparo y procurar su mejoramiento, no podría dejar de ocuparse de legislar inmediatamente sobre tan importante materia. Por lo tanto, he tenido que emitir el siguiente decreto: 1. Queda absolutamente prohibida en el Estado de Sonora la importación, venta y fabricación de bebidas embriagantes. 2. Se consideran como bebidas embriagantes aquellas que contengan alcohol en cualquier cantidad. 3. Las personas que infrinjan el artículo primero serán castigadas con cinco años de prisión que impondrá el Ejecutivo, mientras se restablece el Poder Judicial, haciendo constar el procedimiento en un acta donde se recibirá la declaración de los derechos responsables y las pruebas que hubieren e pro o en contra. A los cómplices y encubridores se les impondrá prisión de tres y dos años, respectivamente. 4. Los delitos de embriaguez se castigarán con las penas que ya tienen señaladas en el Código Penal, llevándose a cabo el mismo procedimiento sumario que se expresa en la primera parte del artículo tercero, entre tanto se restablecen los tribunales.29 24 Entre la gran cantidad de decretos aparecían algunos prohibiendo los juegos de azar, autorizando a la policía a arrestar a los organizadores, jugadores y espectadores de los mismos.24 Calles concedió amnistía a los seguidores de Francisco Villa y clausuró los sitios de tortura en las penitenciarías.2 En otro decreto, ordenó la transferencia al dominio público de los bienes de quienes hubieran apoyado moral o materialmente a Pascual Orozco, Victoriano


Huerta o al gobierno de la Convención de Aguascalientes. En mayo de 1916 ordenó la distribución entre los empleados públicos un cuestionario en el que se les intimida para declarar su lealtad al gobierno y confesar sus antiguas filiaciones pasadas.24 Como gobernador, ordenó la emisión de otros decretos referentes a la creación de escuelas, para el establecimiento del catastro, para la publicación de la Ley Orgánica de los Tribunales de Estado y donde fijaba el sueldo mínimo para jornaleros y peones. Durante su mandato, Calles atendió en un 22% a la educación pública. En mayo de 1916 fue asignado, por unos meses, a la Jefatura de Operaciones del Estado y Adolfo de la Huerta se convirtió en Gobernador Interino. Para el tiempo en que dejó la gubernatura, Calles había dictado 56 decretos, emitiendo seis por mes.2

Venustiano Carranza, mentor político de Elías Calles. El 25 de junio de 1917, Calles reasume la gubernatura constitucionalmente ostentándola hasta mayo de 1919, con una breve interrupción dejando en el poder a Cesáreo Soriano; periodo en el cual Calles es designado ministro de Industria, Comercio y Trabajo durante la administración de Venustiano Carranza. Durante sus últimos dos mandatos


como gobernador, Calles promulgó cinco leyes reglamentarias: la de Juntas de Conciliación y Arbitraje, la de Indemnizaciones, la de Administración Interior del Estado, la de Trabajo y Previsión Social y la Ley Agraria. A Soriano lo desaforó mediante el Congreso por permitir el establecimiento de una casa de juegos.24 2 Expulsó a varios simpatizantes de la liga anarquista IWW y ordenó el fusilamiento de Lázaro Gutiérrez de Lara. A los indios yaquis y a las compañías estadounidenses “Wheeler y Richardson”, que acaparaban tierras inactivas, se dedicó a combatirlos durante su gubernatura.24 2 De igual forma, Calles ordenó la expulsión de todos los sacerdotes católicos de Sonora. Inauguró la Escuela Normal para Profesores y organizó un congreso pedagógico, enenero y junio de 1916 respectivamente. Calles mandó abrir 127 escuelas primarias y las escuelas “Cruz Gálvez de Artes y Oficios” para los niños huérfanos de la Revolución.24 2 En agosto de 1917 Calles hizo circular un manifiesto titulado “Por la redención de la raza”, donde pedía la cooperación de la ciudadanía para construir dos grandes edificios (uno para varones y otro para mujeres) por medio de una convenio público.24 2 Hace menos de dos años, en 1915, fundé la Escuela de Artes y Oficios para Huérfanos […], impulsándome a ello a las repetidas observaciones que al correr los distintos puntos del estado pude recoger en cuanto el número verdaderamente crecido de niños huérfanos y abandonados que encontré en casi todos los lugares. […] Concebí así la idea de crear un asilo que, además de arrebatar a la indigencia y sin duda a la corrupción a aquellos seres infelices e inocentes, pudiera convertirlos en elementos de orden y progreso […], más tarde […], aptos para el trabajo y moralmente fuertes y sanos.30 24 2 En el decreto, Calles estableció que se protegería a todos los huérfanos sin distinción alguna. Para 1920, la institución contaba con instalaciones adecuadas: el de varones tenía 468 alumnos internos y el de mujeres, contaba con 396


alumnas; entre ellas las hijas del general Calles.2 La escuela tenía seis años de primaria y se daba enseñanza industrial. Los varones aprendían carpintería, agricultura y mecanografía. Las mujeres formaron una orquesta y los varones una banda de música. Todos los alumnos de la institución, al referirse al gobernador, lo llamaban «Papá Calles».2 Los éxitos y fracasos que tengan en las escuelas Cruz Gálvez los considero como míos, y gozaré con los primeros y sufriré con los segundos.31 2 La lucha por el poder

Artículo principal: Plan de Agua Prieta. En enero de 1920, Calles renunció a su puesto en el gabinete de Carranza para incorporarse a la campaña presidencial de Álvaro Obregón.2 Debido a las diferencias políticas entre Venustiano Carranza y Obregón, en abril de 1920 el "grupo de los sonorenses" integrado por Obregón, Calles y De la Huerta, proclamó el Plan de Agua Prieta que desconocía al gobierno carrancista. Con el asesinato de Carranza en Tlaxcalantongo, Puebla, Calles ocupó el cargo de secretario de Guerra y Marina durante el interinato de Adolfo de la Huerta y fue secretario de Gobernación en el gabinete del presidente Álvaro Obregón,23 el cual desempeñó durante casi todo el cuatrienio presidencial.


Plutarco Elías Calles fotografiado afuera del edificio de la Federación Estadounidense del Trabajo con los funcionarios de la misma; durante una visita que realizó meses antes de tomar posesión como presidente de México. Ahí fue recibido con honores y se le ofreció un banquete, presidido por Samuel Gompers, quien dirigió algunas palabras a Calles durante su visita el 31 de octubre de 1924. A Obregón y a Calles más que la simpatía o la amistad, la historia y la política mexicana los unieron. En el fondo, ambos sentían desprecio uno por el otro; sin embargo, siempre se necesitaron mutuamente y mantenían un trato cordial. A mediados de 1923 Calles se retiró a la hacienda de Soledad de la Mota, Nuevo León, propiedad de uno de sus hijos. Ahí inauguró una escuela y e impartió la primera lección de la clase. Para ese tiempo ya sabía que era el elegido para suceder a Obregón y se apartó para reflexionar sobre lo que haría en su gobierno.2


Plutarco Elías Calles con el presidente de AlemaniaFriedrich Ebert en agosto de 1924. En Sonora comenzaron a llamarlo «El 32 Turco». Entre agosto y octubre de1924, Calles viajó a Europa con parte de su numerosa familia. Uno de los propósitos del viaje es atenderse en el sanatorio Grunewald los dolores de su pierna dañada durante el sitio en Naco. Otro de sus objetivos era estudiar la organización política, económica y social de Europa; en particular la AlemaniaSocial 2 Demócrata, gobernada por Friedrich Ebert. En ese país se acercó a industrias cooperativas y solicitó copia de cada instrumento de trabajo. Sobre trabajo y organización industrial pidió estatutos, libretas de trabajo, talonarios, vales de todo tipo y obras literarias de interés general. En Hamburgo, Calles aprovechó para externar sus políticas de recibimiento a los inmigrantes europeos, incluidos los judíos. Su mensaje llegó hasta algunas ciudades polacas. De Alemania pasó a Francia, donde fue recibido con honores por el primer ministro Édouard Herriot. No pudo viajar a Inglaterra, entonces regida por el Primer Ministro Ramsay Mac Donald, pero se conformó con enterarse del movimiento laborista de este país.2 Por otro lado, entre ambos surgiría una simpatía mutua, pues años después, en una gran huelga en Inglaterra, el gobierno mexicano —por órdenes de Calles— le envió 200 mil dólares dirigidos a los mineros del carbón.2 Luego visitó al presidente de Estados


Unidos Calvin Coolidge y asistió a un banquete en su honor organizado por la Federación Estadounidense del Trabajo, donde dirigió unas palabras el reconocido líder Samuel Gompers.2 Mandato presidencial

Su cercanía hacia Álvaro Obregón era tal, que se decía que era el brazo derecho que éste había perdido en Celaya.1 Fue gracias a esta relación que, sin mucho esfuerzo, aunque si hubo de sofocar la rebelión encabezada por Adolfo de la Huerta y ganarle a su único contrincante Ángel Flores; que Calles ocupó la silla presidencial a los cuarenta y siete años de edad. Tomó posesión del cargo a las 12:00 horas del 1 de diciembre de 1924 en el flamante Stadium Nacional, como se le conocía antes al estadio construido en los terrenos del antiguo Panteón de la Piedad; en una ceremonia a la que asistieron más de cuarenta mil personas. Al acto le siguió una recepción que continuó toda la noche frente a la casa de Calles en la calle Marsella número 21.1 El nuevo mandatario era un político entre los militares que supo ganarse a los más importantes líderes de la época para que le permitieran continuar con la reconstrucción del país. Calles asentar��a su poder sobre cuatro pilares: 

 

El apoyo del general Álvaro Obregón, principal caudillo de la época. La profesionalización y descaudillización del ejército. La organización de las bases que lo llevarían a la creación del Partido Revolucionario Institucional. El acuerdo norteamericano con todo y renegociación de la deuda.33


La política de Calles durante su presidencia estaba enfocada en la reconstrucción nacional, mediante el establecimiento de un Estado fuerte, apoyado en la ideología populista y basada en el principio de conciliación de sectores. Con Calles se logró un ajuste económico y de instituir un nuevo orden político.35

General Joaquín Amaro Domínguez, se desempeñó como ministro de Guerra en las administraciones de Calles, Pascual Ortiz Rubio y Emilio Portes Gil. Calles le comisionó la reorganización del ejército. Por las rivalidades internas y las aspiraciones presidenciales de casi todos los jefes militares, el ejército se había convertido en un centro de insurrección, por lo que fue necesaria su reorganización; labor que Calles le asignó al secretario de Guerra Joaquín Amaro.35 Se restableció el antiguo Colegio Militar y se profesionalizó a los oficiales, despidiendo a los más revoltosos. Amaro se enfocó en acabar con la costumbre en la que los jefes de zona o de unidad formaban ejércitos privados que le rendían lealtad. El general Amaro dividió al país en 33 jefaturas que remplazaban a diez zonas, y cuando era necesario, las subdividía. Otro problema del ejército mexicano de ese tiempo era la falta de dinero para adquirir armamentos y el mal salario de los soldados, condiciones que mejoraron


cuando México mejoró relaciones diplomáticas con Estados Unidos.35

El proyecto de reconstrucción económica durante la administración de Calles fue de llamado “Nueva Política Económica”.35 El proyecto tenía como objetivo; 

   

La creación de una moneda estable, un presupuesto equilibrado y una Hacienda sana. La búsqueda de una correcta política financiera. La devolución de bienes a manos privadas. La creación del impuesto sobre la renta. La creación de instituciones y prácticas que respaldaran la política financiera.35

La misión de llevar a cabo las políticas financieras callistas fue encomendada a Alberto J. Pani. Su labor de saneamiento financiero consistió en la reducción de los sueldos de todas las secretarías, en suprimir varios departamentos en la de Hacienda; en reformar métodos de contabilidad nacional y presupuestos; asimismo Pani impuso drásticas reducciones monetarias a toda oficina de gobierno; se encargó de cancelar los subsidios y las partidas que se dedicaban a sostener las asociaciones culturales civiles de beneficencia; reducir las compras a Estados Unidos; organizar la Dirección General de Catastro aplicando métodos vanguardistas; diversificar las fuentes de ingreso federal por medio del establecimiento del Impuesto sobre la Renta y racionalizar el régimen fiscal mediante la organización de la Primera Convención Nacional, que se efectuó en la ciudad de México en agosto de 1925.35 A fines de diciembre de 1924, fueron creadas la Ley General de Instituciones de Crédito y Establecimientos Bancarios y la Comisión Nacional Bancaria, cuya función principal era vigilar que las instituciones de crédito cumplieras las disposiciones legales. El 7 de enero de 1925 fue expedida la Ley General de Instituciones de Crédito, la cual marcaba la


continuación del proceso evolutivo del sistema bancario mexicano, impulsado durante el Porfiriato e interrumpido con el derrumbe político de éste. Tanto era la continuación del régimen de Porfirio Díaz en la reorganización bancaria del gobierno de Calles que se mandó a llamar a Miguel S. Macedo, uno de los “Científicos” más allegado a José Yves Limantour, quien había sido ministro de Hacienda de Díaz y que ya había concebido las bases de una nueva estructuración del sistema bancario antes del inicio de la Revolución mexicana. La nueva legislación estableció la creación de un Banco único de emisión, que sería el Banco de México, inaugurado el 1 de septiembre de 1925; y era administrado por un consejo integrado por industriales, comerciantes, banqueros y políticos de peso en el país, y estaba presidido por Manuel Gómez Morín.35 El Banco de México, cuyo mayor accionista era el gobierno, se creó con el propósito de establecer un régimen bancario orientado a una economía social de base nacionalista. Estaba facultado para efectuar las siguientes funciones específicas:  

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Emisión de billetes. Regular la circulación monetaria en el país, los cambios sobre el exterior y la tasa de interés Redescontar documentos de carácter mercantil Hacerse cargo del servicio de tesorería del gobierno Con las limitaciones de la ley respectiva, efectuar las operaciones bancarias que competen a los bancos de depósito y descuentos.35


Manuel Gómez Morín, cofundador y primer presidente del Banco de México; gracias a su iniciativa, en 1926 se estableció el Banco de Crédito Agrícola para el fomento, reglamentación y vigilancia de los créditos regionales. Otra institución de crédito creada en el gobierno de Calles fue el Banco de Crédito Agrícola, inaugurado en febrero de 1926, cuyo proyecto se debió a Manuel Gómez Morín; el propósito de la fundación de este banco partía del supuesto de que en buena medida ya había sido realizada la reforma agraria, y se constituía para hacer préstamos de avío, refaccionarios o inmobiliarios. Además, Gómez Morín buscaba que esta institución sirviera para el fomento, reglamentación y vigilancia del funcionamiento de las sociedades de crédito regionales.35 Los trabajos que Pani hizo con la economía mexicana dieron buenos resultados. En medio año los depósitos aumentaron un 22% y, a finales de 1925, se logró un superávit de 21 millones de pesos, a pesar de que la creación del Banco de México requirió de la inversión de un poco más de 50 millones de pesos del ahorro estatal. Sin embargo, aquella situación de bonanza no prevaleció mucho tiempo. Las finanzas mexicanas dependían en gran medida de los impuestos del petróleo y cuando en 1926 se


conjugaron factores que provocaron la caída de los precios del crudo, la economía mexicana entró en una crisis de la que no se recuperaría hasta la época de la Segunda Guerra Mundial. Tal crisis se acentuó por la caída del precio de la plata, otra área que constituía las principales fuentes de riqueza de México. Al desastre económico se aunaron problemas de orden político y social: el regreso de Álvaro Obregón a la vida política y la Guerra Cristera. En 1927 renunció Pani como secretario de Hacienda y fue sustituido por Luis Montes de Oca, quien ejerció su cargo durante la reconciliación diplomática entre México y Estados Unidos y mantuvo un cordial y amistoso trato con el embajador Dwight Morrow.35 El gobierno de Calles fue el primero en invertir en infraestructura.36 Durante su gestión se creó la Dirección General de Caminos y la Comisión General de Irrigación; se comenzaron a construir carreteras, caminos, presas y canales.36 El Banco de México y la Secretaría de Hacienda, regida por Alberto J. Pani, conducían la economía y las finanzas del México en la segunda mitad de la década de 1920. En el rubro de la industria, para el año de 1925 en México se contaban con 130 fábricas de capital estadounidense (Palmolive y la Ford Motor Company) y de capital nacional (CEMEX, Grupo Modelo). En el mercado de valores, México alcanzó importantes niveles y los inversionistas obtuvieron ganancias.36 No obstante, el auge económico no duró mucho, pues en el periodo 1926-1932, la economía y las finanzas declinaron; también lo hicieron la demanda interna, las inversiones, las ganancias y la producción industrial. Esto trajo como repercusión el cierre de fábricas y el desempleo masivo. La economía de varios países entró en recesión y afrontaron una severa crisis durante la Gran Depresión. En México, a causa de la Guerra Cristera, muchos inversionistas desconfiaron del gobierno y se retiraron. Las exportaciones, durante este tiempo, se suspendieron y no había divisas. La Guerra Cristera afectó mucho al país en lo que respecta a la economía.36


En 1928 cuando se sabía ya que Calles seria candidato a la presidencia se busco un partido político que lo apoyara, de esta manera su candidatura fue lanzada por el Partido Comunista Mexicano, fundado el 24 de noviembre de 1919, y con quien hubo mayores coincidencias ideológicas, y el Partido Laborista Mexicano. Durante el gobierno de Calles se ratificaron sus principios de apoyar el reparto de la tierra y de organizar a los trabajadores agrícolas, lo que fue criticado por los granes hacendados y los latifundistas que aún quedaban en el país, durante el Callismo se repartió 62% de territorio a la comunidad agraria y se les otorgó créditos que les permitieran progresar y desarrollarse.

emblema del Partido Comunista Mexicano Asimismo la estricta política Callista de aplicar el artículo 27 de la constitución provocó la inmediata reacción del gobierno de Estados Unidos. El embajador estadounidense en México, James Rockwell Sheffield llamó a Calles comunista. Calles nunca se consideró a sí mismo como comunista, pero consideraba la revolución como una forma de gobernar más que una posición ideológica. La primera embajada de la Unión Soviética, nunca antes establecida, se instauró en México; ocasión en la que el embajador de dicha dependencia señaló que “ningún país muestra más similitudes que la Unión Soviética y México”. Después de esto, algunos miembros del gobierno de Estados Unidos,


comenzando por Sheffield, consideraron que México era el segundo país bolchevique en la Tierra; y comenzaron a referirse a él como “Soviet México”. Tiempo después Calles volvió a ser tildado de comunista por algunos jerarcas de la iglesia católica por su estricta política anticlerical, parecida a la que en un inicio había sido adoptada por la Unión Soviética, la ley Calles expulsó del país a los sacerdotes extranjeros y regulo la actividad de las Iglesias. Esta Ley efectivamente no solamente separaba Iglesia y Estado, sino que supeditaba la primera al segundo, el cual mediante ella adquiría "Carta blanca" legal para inmiscuirse a su antojo en los asuntos estrictamente internos de las Iglesias, la católica, en particular. Calles también apoyó la liberación económica de gran parte de la población campesina y obrera mejorando sus actividades laborales y organizando algunos sindicatos. Sin embargo Calles dio instrucciones a las Secretarías de Relaciones Exteriores y Gobernación para que impidieran la entrada de comunistas al país y su infiltración en la política mexicana, lo que fue bien visto por los Estados Unidos.

La deuda externa fue otro de los problemas importantes que Calles se enfocó en tratar. En octubre de 1925, cuando la reorganización bancaria de Pani había inspirado cierta confianza a los acreedores foráneos, se logró un nuevo convenio con Thomas Lamont que permitió refinanciar la deuda externa. Este convenio corregía el anterior, firmado por Adolfo de la Huerta y Thomas Lamont, en su aspecto fundamental; ya que liberaba al gobierno mexicano de pagar la deuda ferrocarrilera a manos privadas, por lo que el gobierno de Calles se quitaba los problemas económicos y laborales que aquejaban al sector ferrocarrilero. En la «Enmienda Pani», como se le llamó al convenio, se conservó la obligación de México de pagar capital e intereses de la deuda desde que fueran suspendidos los pagos en 1914, pero se logró que el comité de banqueros


prolongara el plazo de pagos hasta enero de 1928. Al separar la deuda de los ferrocarriles, la suma de la deuda disminuyó de 1 451 a 998 millones de pesos, sin embargo, como efecto de la crisis y de los conflictos políticos-sociales de 1926, Calles suspendió nuevamente el pago de la deuda exterior en 1927. La nueva situación de crisis económica por la que atravesaba México preocupó al embajador Morrow, y convenció a Calles de que realizara un estudio sobre las finanzas mexicanas por un grupo de expertos estadounidenses. Éstos recomendaron que fueran reducidos los gastos correspondientes a las obras públicas y los gastos militares, que en ese tiempo ocupaban una tercera parte del presupuesto, para canalizar esas reparticiones al servicio de la deuda.

En el gobierno de Calles se creó el Banco Nacional de Crédito Agrícola, la Comisión Nacional de Irrigación y la Comisión Nacional de Caminos. Estas instituciones fueron creadas con el fin de otorgar créditos para el campo y la construcción de presas, embalses, sistemas de riego, caminos y carreteras para favorecer a la agricultura y a la economía del país.36 El reparto de tierras no se realizaba debido a los intereses de latifundios mexicanos y extranjeros que tenían en su poder la mayor parte de tierras. Calles emitió la ley reglamentaria del artículo 27 de la Constitución donde estableció el derecho a la dotación o a la restitución de tierras y aguas, con el objetivo de solucionar el problema.36 Asimismo estableció que los mexicanos podían adquirir tierras y aguas en cualquier punto de la República; que los extranjeros no podían adquirir propiedades ni tener concesiones sobre minas, aguas e hidrocarburos a 100 kilómetros de las fronteras y a 50 kilómetros de las costas. Los extranjeros que pretendieran comprar u obtener concesiones debían renunciar al apoyo de sus países natales.36


Durante el gobierno de Calles, México seguía siendo un país donde gran parte de la población económicamente activa trabajaba en el campo y en su mayoría, estaba constituida por peones, aunque en menor proporción que antes de la Revolución mexicana. La población campesina se componía de comuneros, ejidatarios, pequeños propietarios aparceros y arrendatarios de hacienda, ranchos y ejidos. Incluía también a los trabajadores agrícolas migratorios.

Durante su administración, Elías Calles repartió 62% de territorio a la comunidad agrícola, doblando la cantidad de reparticiones que Álvaro Obregón hizo durante su administración. Para Calles, la situación del agro mexicano debía cambiar. A diferencia de Álvaro Obregón, Calles consideraba que el problema debía ser tratado no solo como un conflicto político, sino con una visión técnico-económica, bajo la dirección del Estado. La solución para tratar el problema agrícola consistió en lo que el presidente llamó «Solución Integral», que trataba la entrega de la tierra y daba la garantía de su producción, haciendo que el que la recibiera fuese dotado de semillas, aguas, implementos y créditos necesarios para el cultivo de sus tierras. Con base en la «Solución Integral», en 1925 Calles expidió la


“Ley Sobre Repartición de Tierras Ejidales y Constitución del Patrimonio Parcelario Ejidal”, cuyo propósito era sustituir el sistema de explotación colectiva por un sistema de explotación individual. El reparto agrario se realizó por medio de dos procedimientos: 

La restitución que se llevaba a efecto en caso de que un pueblo presentara sus títulos de propiedad y demostrara haber sido despojado. La dotación, donde se procedía cuando los títulos que presentaba un pueblo que había sido despojado de tierras tenían algún defecto que impidiera la restitución.35

Para 1928, los gobiernos revolucionarios habían entregado cerca de 5 millones 400 mil hectáreas; Venustiano Carranza había repartido el 4%, Adolfo de la Huerta el 3%, Obregón el 31% y Calles el 62%. Otro punto que el proyecto «Solución Integral» de Calles cumplió para el sector agrícola fue un intenso trabajo de irrigación, proyectado por Alberto J. Pani, cuya principal especialidad era la hidráulica, con base en estudios previamente efectuados sobre recursos acuíferos de México.35 A principios de enero de 1926 se empezó a poner en práctica la Ley Federal de Irrigación, que se publicó un mes antes, en la que se señalaban los tres propósitos de la obra de irrigación: 

Incrementar las áreas cultivadas para asegurar una mejor producción agrícola. Crear la pequeña propiedad mediante la parcelación de tierras irrigadas. Lograr la liberación económica de gran parte de la población campesina.35

Para el año de 1928 se habían realizado importantes obras de irrigación; principalmente en la zona norte de México, que tuvieron un costo de 20 millones de pesos en oro nacional. La presa "Don Martín", en Nuevo León, fue una de las más importantes; con capacidad de 1.400 millones de metros cúbicos que regarían 65 mil hectáreas de tierra árida.


Respecto a la producción agrícola en el periodo de Calles, destaca el notable crecimiento de la agricultura comercial en la región norte de la República, llegando a ser cinco veces mayor que la de 1907. En el sur y centro del país, se hizo un decrecimiento para 1928 principalmente por los disturbios del siglo. Por ende, la producción agrícola mexicana en el norte era moderna, altamente tecnificada; y en el centro y el sur, era de subsistencia y disminuían año con año las cosechas35

Los años de lucha armada no afectaron el comercio exterior mexicano. Para 1926, el valor de las exportaciones era casi tres veces mayor que en 1910, haciendo que la posición comercial de México resultara favorable. Los productos exportados eran materias primas, como minerales, petróleo y derivados, ganado y productos animales, y productos agrícolas: café, tomate, arroz,azúcar, vainilla, tabaco, heneq uén, algodón y chicle.36 La exportación de oro y plata decayó en 1927, a causa de una baja producción de oro y de la caída del precio internacional de la plata. Las exportaciones de productos agrícolas se duplicaron entre 1910 y 1927. La agricultura comercial de exportación fue un factor que ayudó a superar la crisis económica que padeció México a partir de julio de 1926; y de la que se comenzaría a recuperar hasta 1929, cuando estaba a punto de dar inicio la Gran Depresión.36


En la administración callista se implementaron políticas sobre las vías de transporte. Durante el régimen callista se rehabilitaron ferrocarriles, oprimidos por las deudas y los problemas laborales. Esto se pretendía desde el primer año de su gobierno, pero se logró en parte de 1925 cuando se devolvió la administración de los ferrocarriles a las compañías privadas. Éstas establecieron medidas de emergencia; sin embargo, no pudieron dar resolución a los problemas económicos ni a los laborales y en 1927 se vieron obligadas a suspender los pagos de su propia deuda externa.35 Se finalizó la obra de construcción del Ferrocarril Sud Pacífico que unía a Tepic con La Quemada, en Jalisco. Con ello, una sola vía enlazaba las ciudades de Nogales, Hermosillo, Guaymas, Mazatlán, Tepic y Guadal ajara; lo que permitió que la producción del noroeste llegara al resto del país y reduciendo la dependencia del sur de los Estados Unidos. Además se avanzó en la construcción de la vía de Tampico-México y se proyectó una ruta que uniera a Chihuahua-Novojoa-Yavaros con el propósito de conectar Sonora, Sinaloa y Chihuahua.35 Asimismo, el gobierno de Calles hizo que fueran ampliadas y mejoradas las carreteras, tarea encomendada a la Comisión Nacional de Caminos y cuyo objetivo era crear una competencia entre las vías ferrocarrileras y carreteras promoviendo el desarrollo turístico. Las carreteras construidas fueron las de México-Puebla, México-Pachuca y MéxicoAcapulco; además se continuaron con las labores de la carretera panamericana que debía vincular México con Nuevo Laredo hacia el norte y con Comitán, Chiapas,


hacia el sur. A nivel estado, se construyeron también caminos carreteros que unieron las principales poblaciones de tráfico comercial.

El gobierno de Calles se encargó de darle mayor impulso al rubro de la educación. Se dio la construcción de escuelas urbanas y rurales, se fundó el Instituto Técnico Industrial, la Escuela Nacional de Constructores y la Escuela de Ingenieros Mecánicos Electricistas; esos planteles serían los antecesores del Instituto Politécnico Nacional, creado durante la presidencia de Lázaro Cárdenas.36 Política exterior Estados Unidos

El presidente de Estados Unidos, Calvin Coolidge. Él y Calles llevaron una relación amistosa después de la resolución de las tensiones entre ambas naciones. Incluso, se instaló una línea telefónica entre ambos mandatarios. Uno de los principales puntos de discordia entre Estados Unidos y México era el petróleo. Calles rápidamente rechazó los Tratados de Bucareli de 1923, pactados entre Estados Unidos y México y signados durante la presidencia de Álvaro Obregón; y comenzó a redactar una nueva ley sobre el


petróleo que cumpliera estrictamente y con apego al artículo 27 de la Constitución.2 El problema del petróleo se deriva del artículo 27 de la Constitución Mexicana, que volvió a retomar una antigua ley novohispana donde se establece que todo lo que esté en tierras mexicanas es propiedad del Gobierno Federal. El lenguaje del artículo 27 trataba la posesión del petróleo de Estados Unidos y las compañías petroleras de Europa, especialmente si el artículo fuera aplicado retroactivamente. La Suprema Corte dictaminó que los campos de propiedad extranjera no pueden ser embargados, siempre y cuando estuvieran en funcionamiento antes de que la Constitución de 1917 entrara en vigor.2 Los Tratados de Bucareli establecieron que México estaría de acuerdo con respectar las decisiones de la Suprema Corte a cambio del reconocimiento oficial de Washington hacia la presidencia de Álvaro Obregón. La reacción del gobierno de Estados Unidos ante la intención de Calles de hacer aplicar el artículo 27, fue inmediata. El embajador estadounidense en México, James Rockwell Sheffield llamó a Calles comunista, y el Secretario de Estado Frank Billings Kellogg emitió una amenaza contra México el 12 de junio de 1925.2 Calles nunca se consideró asimismo como comunista, pero consideraba la revolución como una forma de gobernar más que una posición ideológica. La opinión pública en los Estados Unidos se tornó en contra de la política mexicana cuando la primera embajada de la Unión Soviética, nunca antes establecida, se instauró en México; ocasión en la que el embajador de dicha dependencia señaló que “ningún país muestra más similitudes que la Unión Soviética y México”. Después de esto, algunos miembros del gobierno de Estados Unidos, comenzando por Sheffield, consideraron que México era el segundo país bolchevique en la Tierra; y comenzaron a referirse a él como “Soviet México”.2 37 El debate sobre la nueva ley de petróleo ocurrió en 1925, con los intereses de Estados Unidos opuestos a todas las


iniciativas. En 1926, la nueva ley fue promulgada. En enero de 1927 el gobierno de Calles canceló los permisos de las compañías petroleras que no cumplieran y respetaran la ley. Habla sobre la guerra circulada por el presidente de Estados Unidos y en las páginas editoriales del New York Times.2 México consiguió evitar la guerra a través de una serie de maniobras diplomáticas. Poco después, una línea telefónica directa fue establecida entre Calles y el presidente Calvin Coolidge, y el embajador estadounidense en México, James Sheffield, fue remplazado por Dwight Morrow.2 Otra fuente de conflicto con los Estados Unidos era que México apoyó a los liberales en la guerra civil de Nicaragua, mientras ellos apoyaban al grupo conservador. Este conflicto finalizó cuando ambos países firmaron un tratado en el que se permite a cada uno apoyar al bando que consideren más democrático.2

Dwight Whitney Morrow fue un empresario, político y diplomático estadounidense que nació en Huntington, Virginia en 1873. Estudió para abogado y posteriormente se


asoció con J.P. Morgan & Co., la casa comercial más poderosa de su tiempo. En1925, Morrow es invitado por su condiscípulo del Amherst College, el presidente Calvin Coolidge, a formar parte de su gabinete. Morrow fue nombrado embajador estadounidense en México, cargo que desempeñó del 29 de octubre de 1927al 17 de septiembre de 1930. Luego fue electo Senador de los Estados Unidos, cargo al que sirvió hasta su muerte ocurrida en Nueva Jersey en1931. A mediados de 1927, el presidente Calvin Coolidge decidió remplazar al embajador James R. Sheffield por Dwight W. Morrow. El nuevo embajador, procuró presentar las demandas estadounidenses de tal manera que no atentaran contra los intereses mexicanos, lo que permitió arreglar el conflicto y reanudar el trato amistoso entre los dos países. Su más importante triunfo consistió en la modificación de la ley petrolera, de forma que los derechos adquiridos por las empresas antes de 1917 fueran reconocidos totalmente, suprimiendo además el límite de 50 años. Morrow aceptó que los títulos de propiedad fueran cambiados por concesiones, y respecto a materia agraria que afectaba las propiedades estadounidenses, Morrow no tuvo mucho problema porque Calles estaba interesado en destruir el latifundismo.38 De esta forma, los arreglos entre Calles y Morrow, aceptados por Washington, ponían final a los conflictos entre las dos naciones. El problema de la deuda se empezó a resolver y para 1928, las relaciones mexicano-estadounidenses se consolidaron. El conflicto religioso de la Guerra Cristera, en el que se mezcló el asunto del petróleo, fue también preocupación de Morrow y se ofreció de mediador, cooperando con la acción conciliadora de Álvaro Obregón.

A bordo del “Spirit of Saint Louis”, el aviador estadounidense Charles Augustus Lindbergh cruzó el Océano Atlántico, por primera vez en la historia de la aviación. Fue


recibido en las principales capitales de Europa por reyes y presidentes; quienes aplaudieron su audacia al salir solo a bordo de su aeroplano desde los Estados Unidos hasta Francia sin hacer escalas. Lindbergh se hizo muy amigo de Dwight Morrow, a quien conoció en la Casa Blanca en junio de 1927. A la sazón, Morrow era un rico abogado y empresario, asociado con la poderosa empresa J.P. Morgan & Co. En agosto de 1927, al ser nombrado Morrow embajador en México; Lindbergh le escribió para felicitarlo por su nombramiento y agregó en la misma carta que “si hay alguna oportunidad en la que pueda ser de ayuda para usted, por favor llámeme”. Morrow le respondió la carta de felicitación a Lindbergh donde además le decía que “Usted me habló alguna vez sobre la posibilidad que usted hiciera vuelos en Latinoamérica... sería bueno hablar de ello...”, y así lo hicieron antes de que Morrow saliera hacia México a finales de octubre de1927.39 El embajador Morrow percibió acertadamente que la fama de Lindbergh podría ser bien empleada en su misión en México, mediante un vuelo de “buena voluntad” al país, que se podría realizar para relajar un poco el ambiente de hostilidad que prevalecía en las relaciones mexicano-estadounidenses. El presidente Calles, encantado con la idea de tener a Lindbergh en México, envió a principios de diciembre de 1927extendió la invitación para traerlo a México, donde le prometía una recepción con “todo cariño”. Lindbergh aceptó y a bordo del “Spirit of Saint Louis”, despegó desde el Bolling Field de Washington, a las 12:25 horas del día 13 de diciembre del mismo año, llegando a Balbuena a las 3.40 pm del día siguiente. El vuelo, según Lindbergh, tuvo una duración total de 27 horas y 15 minutos. Después de sobrevolar Tampico, algo salió mal, lo que produjo una demora de una hora con quince minutos en relación al tiempo estimado de vuelo. El presidente Plutarco Elías Calles, el embajador Dwight Morrow, los altos dignatarios mexicanos y más de 200 mil


personas acudieron al aeródromo de Balbuena para darle la bienvenida a Lindbergh. Cuando se demoró el vuelo, se cuenta que Calles le dijo a Morrow: “Si se ha estrellado en el camino sería la mayor calamidad que haya caído sobre México”. El recorrido entre el aeródromo de Balbuena y la sede de la embajada de los Estados Unidos, situada en ese tiempo en un predio de la esquina que forman las calles de Niza y Londres, en la colonia Juárez, tomó más de una hora; en la cual millares de capitalinos aclamaron la llegada del célebre Lindbergh. Durante su estancia en la ciudad de México, Lindbergh se hospedó en la Embajada de Estados Unidos. El aviador se dedicó a asistir a homenajes, fiestas, actos y banquetes celebrados en su honor; y presidió inauguraciones de obras públicas, desfiles y jaripeos. Además aprovechó para visitar museos, los canales de Xochimilco, zonas arqueológicas y realizar el vuelo inaugural de la compañía Mexicana de Aviación. Entre los pasajeros, se encontraban Calles, que realizaba el primer vuelo de su vida; Álvaro Obregón y el embajador Dwight Morrow. “¡Quién no se siente seguro volando con el coronel Lindbergh!”, dijo Calles al descender en la pista. El piloto también asistiría a una corrida de toros y en su honor se dio el nombre al teatro al aire libre en el Parque México, en la colonia Condesa de la capital.40 Fue justamente durante esa visita al país que conoció y se enamoró de Anne Spencer Morrow, hija de su amigo el embajador, con la que terminaría casándose. .35


La reelección de Obregón y la formación de bloques hicieron más conflictiva la situación política del año de 1926. Al año siguiente se presentaron las candidaturas de Arnulfo R. Gómez y Francisco R. Serrano para la presidencia, pero, tal como lo había anticipado el primero de ellos, “Obregón precipitó los acontecimientos empujando a sus adversarios a la rebelión;41 y en calidad de rebeldes, Gómez y Serrano fueron aprehendidos y fusilados en octubre de 1927.

José de León Toral, asesino material del presidente electo de México, Álvaro Obregón, muerto el 17 de julio de 1928. Al fin logró imponerse la voluntad de Obregón, que también Calles compartía. El Congreso de la Unión aprobó las reformas a la Constitución Mexicana en el sentido de permitir la reelección al cargo de Presidente de México, siempre que no fuera para el periodo inmediato. Obregón aceptó su candidatura el 26 de junio de 1927 y poco después recorrió casi todo el país en su campaña política. El 10 de julio de 1928 se efectuaron las elecciones y Obregón resultó electo Presidente de la República.44

Sin embargo, Obregón, el candidato electo, no llegó a ocupar la presidencia por segunda ocasión. El 17 de julio de 1928, el general Obregón asistió a un banquete


realizado para celebrar su triunfo en el restaurante “La Bombilla” en San Ángel. Durante el convite, Obregón fue asesinado por el católico José de León Toral, que lo creía responsable del conflicto religioso. Por las circunstancias, no faltó quienes acusaron a Morones y a Calles de haber planeado su asesinato, pero nunca se han podido probar las acusaciones; el asesinato de Obregón cambió el rumbo de la política mexicana.

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El período comprendido entre los años 1928 y 1934 y conocido con el nombre de Maximato, por ser Plutarco Elías Calles la máxima figura, se caracteriza por una inestabilidad de la vida oficial. Tres presidentes se suceden en este tiempo: el primero es Emilio Portes Gil, de carácter provisional y llamado a convocar elecciones para el período constitucional que dejara vacío el asesinato de Álvaro Obregón, presidente electo; el segundo, Pascual Ortiz Rubio, presidente constitucional elegido por el Partido Nacional Revolucionario para el período de 1930 a 1934 y que solamente permanecerá en la presidencia dos años y meses; a su renuncia le sucede Abelardo Rodríguez, que gobernará hasta finalizar el período que correspondía a Ortiz Rubio. Durante el llamado Maximato, y sobre todo bajo la presidencia de Ortiz Rubio, la crisis política se hace permanente. En estos seis años se refleja con claridad la intención de Plutarco Elías Calles por manejar la situación política del país, cosa que logrará en la medida en que cada uno de los presidentes lo permita.


El 30 de noviembre de 1928, el licenciado Emilio Portes Gil rindió la protesta de ley como presidente provisional en el Estadio Nacional, en presencia de sesenta mil ciudadanos. En su libro quince años de política mexicana, Portes Gil destacaría que "el hecho de que llegara al poder un civil, sin arreos militares y sin las características de caudillo a que la nación se había ya acostumbrado, despertó en todos los sectores un hondo sentido de optimismo y de fe". Consecuente con las palabras pronunciadas en su discurso de toma de posesión, de no introducir grandes modificaciones en la política, no efectuó cambios notables en su gabinete. Portes Gil es tal vez quien tuvo mayor autonomía con respecto al Jefe Máximo, pues Calles permaneció en Europa siete meses de los catorce que duró su gestión. Sin embargo, el mismo Portes Gil reconocería que era un deber de amistad y lealtad informarle de los altos preparatorios a la toma de posesión y, desde luego, de las personas que integrarían su gabinete todas las cuales tendrían la aprobación de Calles. Posteriormente, ya en la presidencia, el jefe Máximo fue consultado por él en todo asunto de trascendencia. Portes Gil señaló que jamás creyó que fuera una falta aprovechar su larga experiencia y su colaboración militar en momentos difíciles, como, por ejemplo, en el caso de la rebelión escobarista. No obstante, el hecho es que Portes Gil fue el presidente que gobernó con mayor libertad.


Durante la presidencia de Emilio Portes Gil tuvo efecto uno de los acontecimientos políticos con mayor trascendencia: la fundación de un partido oficial, el Partido Nacional Revolucionario (P.N.R.) El 1 de septiembre de 1928, Calles leyó su último informe presidencial ante el congreso de la Unión, en el que proclamaba el fin del caudillismo para dar paso a la era de las instituciones. En el mismo mensaje declaró que no buscará la prolongación del mandato, pero que al mismo tiempo, según daba a entender, no quedaría como un simple espectador de los acontecimientos políticos de país. El mensaje de Calles aceleró la formación del nuevo partido. Correspondió a Portes Gil, como uno de los primeros actos de su gobierno, constituir el Partido Nacional Revolucionario en calidad de partido oficial. La idea de fundar este partido obedecería a varias razones. Entre todas la de fusionar en un solo partido a la mayoría de los elementos revolucionarios y, además, disciplinar las tendencias de los pequeños organismos regionales, ya que cada uno de ellos creía enarbolar la bandera de la revolución. Pero la principal función del Partido Nacional Revolucionario consistiría en organizar y llevar a cabo las elecciones, tarea que antes estaba encomendada a la secretaría de Gobernación. Con anterioridad a la formación del partido oficial, los desórdenes motivados a consecuencia de las campañas electorales eran muchos, puesto que cada grupo se atribuía siempre el triunfo electoral y esto terminaba, en la mayoría de los casos, en levantamientos armados. Portes Gil señaló que la idea de formar un partido le parecía excelente, ya que "salvaría a México de la serie de trastornos" que ocurrían ante cada elección presidencial. El P.N.R, instaló sus oficinas el 4 de diciembre de 1928. Su primer Comité Directivo estuvo integrado por Plutarco Elías Calles


como presidente, Luis L. León como secretario y Manuel Pérez Treviño en función de tesorero. El comité Directivo del Partido Nacional Revolucionario convocó el 5 de enero de 1929 a la gran convención que se efectuaría en la ciudad de Querétaro, a fin de discutir el programa y estatutos de dicha organización y designar al candidato presidencial. La convención se inauguró el 1 de marzo. Por decreto presidencial se dispuso que se descontara a todos los empleados públicos siete días de sueldo al año para mantenimiento del Partido y que estos empleados fueran considerados como miembros activos del mismo.

El 3 de diciembre de 1928, tres días después que el licenciado Portes Gil tomara posesión de la presidencia, la Confederación Regional Obrera Mexicana inauguró, en él Teatro Hidalgo, su IX Convención Nacional. En la sesión del día 4 se hallaba el ex presidente Plutarco Elías Calles muy identificado con la central obrera porque había una interdependencia de fuerzas. Calles necesitaba a la C.R.O.M. y ésta necesitaba de él. Durante la sesión ese día, Morones, líder de la central obrera, y sus compañeros atacaron fuertemente al presidente de la República culpándole de las percusiones sufridas por la confederación. Asimismo le presentaron varias exigencias y aprovecharon la convención para rechazar los cargos que contra los dirigentes del Partido Laboral se habían hecho en relación con el asesinato del general Obregón. Todo esto se dijo ante la presencia y el silencio de Calles.

Los convencionistas acordaron retirar a sus delegados de la convención Obrero Patronal que se llevaba a cabo paralelamente; decidieron igualmente que los miembros de


la C.R.O.M. que ocupasen puestos públicos renunciasen a ellos y, por último, abandonar el Teatro Hidalgo – por ser propiedad del gobierno – y continuar sus sesiones en el Tivoli de Elíseo.

Después de esta asamblea prevaleció en los circuitos políticos un clima de interdumbre, en tanto se esperaba la respuesta de Calles y de Portes Gil. En la sesión de las cámaras, del 7 del mismo mes, acordó que diputados y senadores fueran en masa a hacer patente su adhesión al ejecutivo. De todas partes de la República se recibieron muestras de apoyo al presidente. Aprovechando la agitación que produjo en el país el rompimiento con los líderes de la C.R.O.M., algunos elementos militares, descontentos con Calles desde tiempo atrás, trataron de provocar un rompimiento definitivo entre éste y el presidente. Portes Gil aseguró que, inclusive, se le llegó a manifestar que Morones, Calles y otros militares "estaban planeando la forma de derrocar al gobierno provisional por medio de un cuartelazo". La actitud de Calles y de Monroe fue examinada por la cámara en sesiones tan violentas que casi salieron a relucir las armas. El diputado Aurelio Menrique lanzó duros ataques en contra del general Calles y le acusó de estar de acuerdo con los líderes de los trabajadores para minar al gobierno de Portes Gil, suscitando con estos las disputas que eran de esperar. Calles, obligado a tomar una posición, declaró que nada tenía que ver con las opiniones expresadas en la convención de la C.R.O.M. y que se había hecho mal uso de su presencia en ella, puesto que en lugar de desarrollar temas sociales, se examinaron temas políticos, en los que no tomó participación. La prensa del 8 de diciembre de 1928 anunció que "Plutarco Elías Calles no volvería a ser ni intentará ser jamás un factor público en México". Y reprodujo parte de una entrevista concedida por


el jefe máximo en donde se afirmaba que "a pesar de sus grandes ideales de unir a la familia revolucionaria, haciendo un análisis de la situación producida en los últimos días, Calles encuentra que tal vez no sea el indicado para dar cima a esa obra y por ellos vuelve a la condición del más oscuro ciudadano de la República".

La jefatura del Partido Nacional Revolucionario fue asumida por el General Manuel Pérez Treviño en sustitución de Calles, quien renunció a ella después de las declaraciones citadas.

Otro acontecimiento importante que tuvo lugar durante la presidencia provisional de Portes Gil fue la Convención Obrero – Patronal, reunida para estudiar el proyecto del Código Federal del Trabajo y el seguro obrero. La convención empezó sus sesiones en noviembre de 1928, cuando Portes Gil era todavía secretario de Gobernación. A ella asistieron cerca de trescientos representantes y la otra de patronos, además de los técnicos nombrados por la secretaria de Industria, Comercio y Trabajo.

Emilio Portes Gil manifestó después que abrigaba "el propósito de iniciar por primera vez en México un ensayo de democracia funcional, tendiente a provocar una mejor comprensión... que debe nombrar a trabajadores y patronos en su lucha por el mejoramiento económico de las clases que representaban". En el transcurso de la convención, uno de los puntos que suscitó mayores debates fue el de "arbitraje forzoso", puesto que se estipuló que las juntas de arbitraje deberían contar, como elemento imparcial, con la


representación del gobierno. Esto fue un motivo de desconfianza para el pintor David Alfaro Siqueiros, que se demostró contra, y en desconfianza para Vicente Lombardo Toledano, quien estaba a favor. Cuando la convención terminó sus labores, se nombró una comisión mixta de obreros y patronos que tendrían por objeto formular el proyecto definitivo del Código de Trabajo que se enviaría a las cámaras para su aprobación. Dicha comisión estuvo instalada en las propias oficinas del Palacio Nacional y fue presidida por Portes Gil. El proyecto de Ley se terminaba en mayo del año de 1929.

La Ley Federal del Trabajo tivo vigencia hasta 1931. En ella se definía con detalle la duración de la jornada de trabajo y se hacía referencia al trabajo infantil y al de la mujer, estipulando que a igual trabajo correspondía igual salario. Por esta les se solucionaron una serie de demandas latente desde el inicio de la Revolución en el Congreso Constituyente de 1917.

El día 3 de marzo de 1929, paralelamente a la convención del Partido Nacional Revolucionario estalló un levantamiento armado en los estados de Veracruz, Sonora, Chihuahua, Nuevo León y Durango, encabezado por los generales José Gonzalo Escobar, Jesús M, Francisco R. Manzo, Fausto Topete, Marcelo Caraveo y otros militares. El jefe del movimiento fue le general Escobar. En su Plan de Hermosillo manifestaba que se desconocía a Portes Gil como presidente de la República y a todas las autoridades que no hubieran reconocido el movimiento. Asimismo se invitaba al pueblo mexicano para que secundara tal protesta armada,


"como la única forma de amputar los fatídico males que agobian a nuestra patria, lo hacemos con el conociendo de que se ha agotado toda esperanza de mejoría mientras Plutarco Elías Calles siga dirigiendo sin ningún derecho la nación" Los sublevados reconocían como su candidato presidencial al licenciado Gilberto Valenzuela. Caso todos los militares que participaron en dicho movimiento obraron con dolo, pues, al mismo tiempo que se levantaban en armas, enviaban mensajes a la presidencia en los que hacían patente su lealtad y acusaban, a su vez, a personas que no tenían participación alguna en el movimiento armado; tal fue el caso de Jesús M- Aguirre, que acusó de actos sediciosos a Adalberto Tejeda, gobernador de Veracruz.

Inmediatamente después de tenerse noticia del levantamiento, el presidente pidió a Calles que se presentara en las oficinas del Castillo de Chapultepec y se encargaría internamente de las secretarias de Guerra y Marina para combatir a los rebeldes. En titular de la secretaría era el general Joaquín Amaro, quien por motivos de enfermedad se encontraba ausente. En La Prensa del 4 de marzo de 1929, Portes Gil informó a la nación sobre los acontecimientos. Al explicar el motivo de la sublevación advirtió que "la falta de causas para este movimiento es absoluta, así como inconsistente el pretexto de imposición que se invoca". Ese mismo día, los gobernadores y jefes del ejército enviaron mensajes para manifestar su adhesión al presidente de la República. La revuelta duró cerca de tres meses. Se levantaron en armas un número aproximado de treinta mil hombres. El saldo fue más o menos de dos mil muertos, y los gastos en armamentos, destrucción de vías férreas, saqueos, etc., ascendieran a sumas consideraciones. Una vez sofocado el levantamiento, la, mayoría de los generales sublevados emigraron a los Estados Unidos, aunque el


gobierno fusiló a algunos de ellos. La figura del general Calles creció ante la opinión pública después de su participación como jefe del ejército leal al gobierno, pues la rápida solución del conflicto sería en parte atribuida a su actividad.

Cuando en agosto de 1928 Portes Gil se hizo cargo de la secretaría de Gobernación, en la primera entrevista que tuvo con el presidente Calles le habló de que el problema más urgente por solucionar era el religioso, pues de imperiosa necesidad era resolver el conflicto con el clero católico, ya que, como expresó en sus Quince años de política mexicana, "una lucha de carácter religioso... resultaba una lucha inconveniente para el país". Como secretario de Gobernación, Portes Gil comenzó a dar instrucciones a los gobernadores de los estados para que determinara con la arbitrariedades que se cometían en algunas entiendas con el pretexto de hacer cumplir las leyes. Ya en la presidencia de la República intervendría en el fin del proceso del asesino del general Obregón, José de León Toral, y en el de la madre Conchita. El primero fue sentenciado a la pena de muerte, y la segunda a veinte años de prisión. Los abogados defensores recurrieron a un último intento por salvar a León Toral y pidieron el indulto presidencial, el cual les fue negado. Producto de ello fue que le tren en que viajaban el presidente y su familia fueran dinamitado. La comitiva presidencial resultó ilesa, pero murió in individuo de la tripulación del tren. Los responsables fueron detenidos. José de León Toral fue ejecutado el 9 de febrero y el cadáver entregado a sus familias. Su entierro abrió la posibilidad de hacer a su costa una verdadera manifestación; la policía y


los bomberos tuvieron que intervenir porque se presentaron choques entre los dolientes y los policías, con un saldo de varias personas heridas y algunas aprehensiones. Este fue el único incidente provisional de Portes Gil, motivado por sus asuntos de carácter aparentemente religioso. Ya antes de 1929 se realizaron gestiones para dar fin a la difícil situación creada por el conflicto religioso y por el cierre de los templos. Algunos representantes del clero católico de los Estados Unidos se habían entrevistado con Calle y con Obregón; pero le tocó Portes Gil, como presidente de la República, poner fin a aquella situación. El 2 de mayo de 1929, el arzobispo Leopoldo Ruiz y Flores hizo a la prensa norteamericana declaraciones sobre la necesidad de revisar las leyes mexicanas para terminar con el conflicto religioso y del deber que tenían los católicos de obedecer a las autoridades civiles. Estas declaraciones hicieron que se realizaran arreglos para el regreso al país del obispo Pascual Díaz y del arzobispo Leopoldo Ruiz y flores, parece que autorizados por el Vaticano, para tratar oficialmente del asunto religioso con e presidente de México. En aquellos mismos días comenzó el regreso de varios prelados mexicanos. Las pláticas entre las dos partes se iniciaron muy amistosamente en el Castillos de Chapultepec. Los jerarcas eclesiásticos fueron entrevistados al salir de la primera sesión y, al decir de los periodistas, se negaron a hacer declaraciones. El 22 de junio, en declaraciones a la prensa nacional y extranjera, Portes Gil anunció que el conflicto entre el clero y el gobierno terminaba con decir para ambos. La reanudación de cultos fue anunciada para días después. La entrega de los templos se efectuó después por riguroso inventario y en ella intervino directamente la procuraduría general de la nación, que enervó a los representantes del clero católico las iglesias que podían abrirse al culto, ya que muchas de ellas se habían dedicado, por decreto presidencial, a otros usos d carácter social, como bibliotecas,


escuelas, etc. La primera misa se celebró en la basílica de Guadalupe el días 27 de junio de 1929. Después de terminados arreglos se amnistió a todos los que se encontraban todavía en rebeldía, principalmente en los estados de Jalisco, Michoacán, Colima, Durango, Guanajuato, Aguascalientes y Querétaro. Sin embargo, tales arreglos no dejaron satisfecho a nadie.

La autonomía universitaria de la Universidad de México, asunto revuelto y debatido desde que se reabriera en 1920, se alcanzó finalmente en 1929. A principios de ese año hubo un pequeño incidente de la Escuela Nacional de Jurisprudencia y Ciencias Sociales: la oposición contra el nuevo reglamento de exámenes ordenado por la Rectoría, pues habría tres exámenes escritos al año en lugar de uno oral. El problema cobró la facultades fueron a la huelga. Pronto comenzaron a suscitarse conflictos entre maestros y alumnos. En consecuencia, el rector, licenciado Antonio Castro Leal, dictó enérgicas medidas disciplinarias. El resultado fue que se unieran a la huelga todas las escuelas superiores de la ciudad de México, así como algunas de enseñanza media. En vista de que los actos de violencia entre estudiantes y autoridades fueron cada vez más frecuentes, el rector de la universidad se dirigió al titular de la secretaría de Educación Pública, Ezequiel Padilla, a fin de solicitar garantías para imponer el orden. El 25 de mayo, en declaraciones a la prensa, Portes Gil indicó que los edificios universitarios serían entregados a los estudiantes y les cursó una invitación para que llevaran ante él un pliego petitorio. El pliego constó de diez punto. Los cinco primeros estaban


dedicados a pedir las renuncias y sustituciones de autoridades de la secretaría de Educación Pública, de la universidad, gubernamentales y de la policía; los cinco restantes solicitaban la reestructuración del Consejo Universitario y de la forma de gobierno de facultades y escuelas. En vista de que algunas escuelas decidieron reanudar las clases cuando las fuerzas públicas abandonaron los edificios universitarios, el Comité de Huelga, encabezando por Alejandro Gómez Arias, quiso que se prosiguiera la huela hasta conseguir la autonomía. Por este motivo los estudiantes se posesionaron del edificio de la rectoría para afirmar su renuncia. Al no encontrarlo, retuvieron con ellos al secretario de la Universidad. En la sesión del 4 de junio se otorgó al Ejecutivo para dictar una ley que creara la autonomía universitaria. Ezequiel Padilla habló sobre la necesidad de concederla. El proyecto de Ley Orgánica de la Universidad, enviado al Congreso para su aprobación, estipulaba la forma de gobierno de la Universidad, el subsidio que se le otorgaría y el número de instituciones que la formaban. La ley fue expedida l 10 de julio de 1929 y el 31 de ese mes se instaló el Congreso Universitario, nombrándose como rector al licenciado Ignacio García Téllez. En realidad, la autonomía quedaba bastante registrada por la intervención del presidente de la República. Fue Abelardo Rodríguez quien decidió darle un autogobierno más completo y entregarle un patrimonio. La nueva ley Orgánica de la Universidad Autónoma de México se aprobó el 1 de octubre de 1933.


A fines de 1928 comienza la agitación por la designación del candidato presidencial. El primero en quien se pensó fue en el licenciado Aarón Sáenz, que había sido un destacado obregonista. Todo hacía suponer que era el hombre designado por Plutarco Elías Calles. Para diciembre de 1928, la candidatura de Sáenz, entonces gobernador de nuevo León, gozaba de fuertes apoyos entre revolucionarios y gran mayoría de organizaciones políticas, por ejemplo, Partido Nacional Agrarista, que lanzaba su candidatura. Sin embargo, el candidato debía ser postulado dentro del recién establecido Partido Nacional Revolucionario, del que el propio Sáenz fue miembro fundador. Mientras tanto, el ingeniero Pascual Ortiz Rubio, que había sido embajador de México en Brasil, fue llamado por Porte Gil para ocupar un puesto en su gabinete. Antes de entrar al territorio nacional, Ortiz Rubio fue entrevistado por un grupo de políticos que influyeron en él para aceptar su candidatura a la presidencia. Así, pues, a su llegada a México, se entrevistó primero con Portes Gil y después con Calles, en la ciudad de Cuernavaca. Posteriormente, Ortiz Rubio anunció al presidente que no podía aceptar el puesto que se le ofrecía en el gabinete por haber aceptado su postulado a la candidatura presidencial. En virtud de que tanto Ortiz Rubio como Aarón Sáenz era precandidatos del Partido Nacional Revolucionario, el 29 de febrero de 1929 se reunieron con Manuel Pérez Treviño, presidente del comité organizador del Partido y se comprometieron ante la República a respetara los acuerdos que tomaría la convención.

El respaldo de Calles a Sáenz era bastante conocido, pues detrás de varias de las agrupaciones que los apoyaban se


encontraba la figura del Jefe México. Sería grande la sorpresa de muchos al llegar a la convención y darse cuenta de que no sólo la actitud de Calles hacía la candidatura de Sáenz había cambiado de polo antes de la llegada de Ortiz Rubio a la convención existía una visible mayoría asentista; pero ya los líderes que apoyaban a Ortiz Rubio dejaban entrever que algunas delegaciones de Sáenz lo abandonarían. Por otro lado, el comité organizador estaba compuesto por Ortiz rubistas. Sáenz se retiró de la convención acusado al comité organizador de P.N.R. de falta de neutralidad y de haberle hecho una injusta oposición. En declaraciones a la prensa del 3 de marzo, Sáenz culpó a Pérez Treviño de haber ejercido una fuerte oposición. En declaraciones a la prensa del 3 de marzo, Sáenz culpó a Pérez Treviño de haber ejercido una fuerte presión sobre los delegados al advertirles que su candidatura no era grata a los elementos oficiales. También denunció que se estaba preparando una imposición peor que la de Bonillas. Pérez Treviño respondió que no se había violado la neutralidad, y que si Sáenz se retiraba era por falta de "espíritu cívico". La convención continuó lanzando fuerte ataques al candidato en desgracia, a quien tildó, entre otras cosas, de traidor. El 4 de marzo, después de ser elegido Pascual Ortiz Rubio como candidato a la presidencia, finaliza la convención. La candidatura de un personaje político poco conocido como Ortiz Rubio parecía ofrecer la posibilidad de que seguiría un nuevo político en el país. La oposición estuvo representada, sobre todo, por José Vasconcelos, quien hizo una brillante labor como secretario de Educación Pública durante la presidencia de Obregón. Posteriormente lanzaría su candidatura para ser gobernador del estado de Oaxaca; pero al ser derrotado se exilió voluntariamente del país. La candidatura de Vasconcelos fue apoyada por el Partido Nacional Anti releccionista, formado en su mayoría por veteranos de la revolución de


1910. Sus partidarios se unieron los descontentos de los círculos gobernantes; es decir, las fuerzas que se oponía la clase gobernante se agruparon en torno al candidato de la oposición. Sus partidarios fueron grupos de la clase media de las ciudades de empresa, intelectuales y estudiantes de la generación de 1929. Al atacar al candidato de la oposición los ideológicos del gobierno usaron la acusación socorrida. El mismo Vasconcelos, en sus intervenciones durante la gira electoral, daba mas importancia a la renovación ética del país, en palabras poco comprensibles para las masas populares. Al parecer carecía del sentido político indispensable para atraer a grandes contingentes de partidarios. Sus discursos se caracterizaban por un claro desconocimiento de la realidad nacional y nada decían que interesara a los campesinos o a los obreros. Por otro lado, entre sus colaboradores se contaba buen número de elementos reaccionarios. Vasconcelos inició su campaña electoral desde los Estados Unidos. Una vez en territorio nacional, lo haría en la ciudad de Nogales, en donde dirigió al pueblo mexicano su primer discurso como candidato a la presidencia. En algunos lugares tuvo numeroso público y los sectores antes mencionados se movieron a su favor. La gira por toda la República del candidato del Partido Nacional Anti releccionista tuvo ciertas contrariedades. En algunos lugares, como en Guadalajara, se registraron desagradables incidentes cuando sus partidarios fueron apedreados y encarcelados. EL problema más serio tuvo lugar en el jardín de San Fernando de la Ciudad de México, durante un mitin celebrado por los vasconcelistas. El mitin fue interrumpido por simpatizantes de Ortiz Rubio. Más tarde se produjo un choque entre los partidarios de los dos candidatos, del que resultó muerto el estudiante Germán del Ocampo y otra persona más, así como algunos heridos. En todos estos incidentes Portes Gil hizo declaraciones a la prensa, en las que condenaba los hechos, y en le caso de México, se


hicieron consignaciones. A principio de noviembre, Vasconcelos se trasladó a Mazatlán para esperar el resultado de las elecciones. Como se temía un atentado, se solicitó una escolta, que fue decretada por el presidente. El 2 de diciembre efectuadas las elecciones, el candidato cruzó la frontera para dirigirse a los Estados Unidos. El 10 de diciembre aparece el plan de guerra vasconcelistas, redactando en la ciudad, redactando e la ciudad de Guaymas, en el que invitaba al pueblo a levantarse en armas. Pero cosa curiosa en un revolucionario que invita al pueblo a levantarse en armas; el plan de guerra de Vasconcelos terminaba diciendo que el "presidente electo" se dirigía a los Estados Unidos para regresar en el momento en que hubiera un grupo de gente armada dispuesta a apoyarlo. El partido comunista también tuvo su propio candidato, el general Pedro Rodríguez Triana, quien pasó realmente inadvertido. El candidato que propusieron los escobaristas fue el Lic. Gilberto Valenzuela, antiguo ministro plenipotenciario en la Gran Bretaña. A su llegada a México, en diciembre de 1228, Portes Gil le ofreció un puesto en la Suprema Corte de Justicia, cargo que rechazaría para aceptar su candidatura a la presidencia. Los discursos de su campaña se caracterizaron por la dureza de sus ataques a Calles. No participó en las elecciones debido a su unión con los sublevados.


Las elecciones presidenciales se efectuaron el 17 de noviembre de 1929, registrándose en ellas algunos trágicos acontecimientos. En la ciudad de México hubo muertos y heridos. La documentación fue entregada por los jefes de casilla electorales al Congreso de la Unión, y el día 28 de diciembre se declaró presidente electo al Ingeniero Pascual Ortiz Rubio, quien tomó posesión de la presidencia el 5 de febrero de 1930 en el Estadio Nacional. En esta ocasión leyó un discurso en el que expresaba cuál sería su programa de gobierno. Antes de la toma de posesión circularon rumores de que le presidente sufriría un atentado, por lo cual el camino que discurría del Palacio Nacional al Estadio estuvo totalmente vigilado por policías y militares; sin embargo, durante la ceremonia no sucedió absolutamente nada. Ortiz Rubio regresó al palacio, donde tomó la protesta a los miembros del nuevo gabinete; en él figuraba Portes Gil como secretario de Gobernación. Cuando el presidente salía del palacio acompañado por su familia fue herido por un individuo llamado Daniel Flores, partidario de Vasconcelos a la Cruz Roja. El atentado hizo que en el futuro se tomara toda clase de precauciones. El ingeniero Ortiz Rubio, como ya se dijo antes, estuvo alejado del país durante años y no tenía no el conocimiento ni la personalidad suficiente para imponer su propia opinión. Durante su presidencia, la figura de Calles en la vida política fue definitiva; la claudicación del presidente ante el Jefe Máximo fue casi total. EL gabinete – palabra que el mismo Ortiz Rubio importó del Brasil – fue de imposición callista, y Calles mismo asistía a sus sesiones sin tener representación oficial alguna. Fue él quien impuso su punto de vista sobre la reforma agraria, en los senos de que ésta era un fracaso tal como se había entendido hasta entonces,


ya la que había que poner fin. Su argumento fue la necesidad de dar garantías al capital para terminar con la desconfianza existente. Ortiz Rubio tuvo que ceder y llegó incluso a decretar la detención de la reforma agraria en algunos estados. Uno de los hechos más interesantes ocurridos durante la gestión de Ortiz Rubio se dio en el ramo de relaciones exteriores. El 27 de septiembre de 1930 se publicó un documento en el que definía la oposición de México en materia de reconocimiento de gobiernos de otros países. Este documento es conocido como "Doctrina Estrada", porque su creador fue el secretario de Relaciones Exteriores, Genaro Estrada. La base de esta doctrina reside en que México no reconoce ni desconoce gobierno, sino que "se limita a mantener o reiterar, cuando lo crea procedente, a sus agente diplomáticos...". El nacimiento de esta doctrina fue consecuencia de algunos cambios de regímenes ocurridos en ciertos países de América del sur. Durante varios meses la autoridad del presidente fue casi nula y el malestar se percibía en todos los circuitos. La huelgas se sucedían unas a otras y en algunos estados hubo problemas con los campesinos. Incluso tuvo lugar un intento para resucitar el conflicto religioso. El gobierno dictaba las medidas más contradictorias de Estado. Las crisis políticas llegó también a alcanzar al Partido Nacional Revolucionario, pues durante el tiempo en que se mantuvo Pascual Ortiz Rubio en el poder hubo varios cambios de presidentes del partido. Fue en esa época, el 31 de enero de 1931 cuando Luis Cabrera dictó una conferencia en la Biblioteca Nacional sobre El balance de la Revolución, La consecuencia de tales palabras fue el obligado destierro del conferenciante. La permanente crisis política que caracterizaría al gobierno de Ortiz Rubio y las presiones desde distintas partes obligarías, el 2 de septiembre de 1932, a presentar su renuncia ante el Congreso de la Unión. Renuncia que fue un tanto ambigua, ya que no expresaba los verdaderos motivos que le llevaban


a tomar tal decisión. Sólo manifestó sus deseos de que no hubiera desunión entre los revolucionarios y adujo problemas de salud. En realidad, la salida de Ortiz Rubio de la presidencia demostró las contradicciones internas de la familia revolucionaria y puso de manifiesto la anormal situación creada por la intervención de Calles en todos los asuntos del Ejecutivo. No obstante, el presidente del Partido Nacional Revolucionario trató de presentar el problema como si únicamente fuera debido a la capacidad o incapacidad de una sola persona.

Inmediatamente después de la renuncia de Ortiz Rubio se convocó a reunión en la Cámara de Diputados a fin de designar al nuevo mandatario. Pérez Treviño acudió y a título de presidente del P.N.R. emitiría unas palabras sobre la necesidad de demostrar que México estaba preparando para democracia. A continuación dio los nombre de cuatro candidatos para la presidencia: Alberto Pani, Joaquín Amaro, Abelardo Rodríguez y Juan José Ríos.

En la tarde de aquel mismo días, 3 de septiembre, se reunieron los diputados y los senadores miembros del bloque, procediéndose a la elección. Resultó electo, por mayoría de votos, el general Abelardo Rodríguez, presidente interino hasta completar el período que correspondía a Ortiz rubio. Ese mismo días, en el recinto de la Cámara de diputados, tomó posesión de la presidencia. Con Abelardo Rodríguez como presidente, la situación política del país no


experimentaría ningún cambio fundamental. El general Calles continuó siendo el hombre fuerte. En el aspecto social y como consecuencia de las medidas dictadas por el régimen anterior, se agudizaron tanto los problemas en las centrales obreras u campesinas que en 1933 estallaron serios enfrentamientos de grupos de campesinos e los estados de Veracruz y Jalisco. Del mismo modo, en los centros fabriles las huelgas se hacían cada vez más frecuentes. El gobierno se vio obligado a dar algunos pasos conciliatorios, como, por ejemplo, establecer el salario mínimo industrial. No obstante, esto sólo aminoró los graves problemas económicos y sociales que afectaban al país. En cuanto a la educación cabe decir que en esos años hubo serios debates en torno a las reformas del artículo 3º de la Constitución. Narciso Bassols, ministro de Educación durante aquel tiempo, trató de implantar la "educación sexual", que no era más que una "higiene", en un sentido más amplio. Sin embargo, el nombre que se le dio ocasionaría a Bassols una gran impopularidad. Se organizaron manifestaciones de padres de familia en las que se acusó al secretario de Educación de "enemigo de los niño" y se pedía se renuncia, la cual presentó en 1934. Posteriormente, en los debates del primer Pan Sexenal, se discutiría sobre la orientación de la educación.

En un ambiente político de constante problemas surge la candidatura de Lázaro Cárdenas, secretario de Guerra con Abelardo Rodríguez, y cuya candidatura fue proclamada en la ciudad de Guadalajara por un grupo de políticos. No obstante, parece que en aquélla no era del todo del agrado de Calles. En el mes de mayo de 1933 se rumoreaba que los candidatos del Partido Nacional Revolucionario, o sea los de Calles, eran Manuel Pérez Treviño, Carlos Riva Palacio y


Lázaro Cárdenas. Sin embargo, cuando el hijo de Calles, Rodolfo, habló de la cámara de diputados de la candidatura de Cárdenas, la mayoría de los políticos supuso que era el hombre designado por el jefe máximo. Calles, al darse cuenta de la aceptación prodigada al General Cárdenas, dio en ese momento el silencio como respuesta. Posteriormente se eliminaron los otros candidatos y Calles se decidió por la candidatura de Lázaro Cárdenas. Con esta elección se agudizaron las contradicciones en el seno de los círculos gubernamentales y se evidenció la correlación de fuerzas existentes dentro del Partido, pues, aunque muchos seguían siendo partidarios de Calles, había ya elementos de oposición. Al decir de Shulgovski en su libro México en la encrucijada de su historia. "la candidatura de Cárdenas era prueba de una profunda crisis del régimen callista. Se trataba de un acuerdo obligado". A medida que se acercaba la convención del P.N.R., esta candidatura tenía mayores posibilidades, pues estaba apoyada por fuerzas que deseaban triunfar.

La segunda convención del Partido Nacional Revolucionario efectuada en la Ciudad de Querétaro tenía como finalidad postular al candidato para el período presidencial de 1934 – 1948 y formular un plan que sirviera como programa de gobierno al nuevo presidente, que, según las reformas hechas a la Constitución, duraría seis años en e ejercicio del poder. Lázaro Cárdenas fue electo como candidato. En el proyecto del primer Plan Sexenal hubo serias discusiones, sobre todo en los aspectos educativo y agrario. El Plan Sexenal fue sugerido por Calles; ser primer gran párrafo está


dedicado a exaltar la actitud política del Jefe Máximo. Sin embargo, ya en las discusiones del proyecto era evidente la presencia de algunos radicales que se salían del círculo callista. El Plan Sexenal era, más que un programa político, un plan de reformas económico – sociales; pero, en él estipulaba además la intervención del Estado en los renglones más importantes, como el agrario, el industrial, el sindical y el educativo. En el campo económico se orientaba principalmente hacia el nacionalismo. En las discusiones sobre política agraria la voz central fue la sostenida por Graciano Sánchez, quien hizo una dura crítica a la forma en que se había efectuado la reforma agraria. Sánchez señalaba las lamentables condiciones en que todavía se encontraba muchísimos campesinos, la forma en que gran número de revolucionarios se habían apropiado de haciendas. Las respuestas a estos ataques fue dada por Luis. L. León, que había sido secretario de Agricultura y el cual dijo desconocer los hechos observados. Al finalizar las discusiones se concluyó diciendo que la reforma agraria únicamente llegaría a su fin cuando se hubiera satisfecho completamente las demandas campesinas. Pero si en la discusión sobre materia agraria hubo políticos radicales, en la industrial alcanzaron conclusiones reformistas pues sólo se habló de impulsar una industria nacional junto a la extranjera ya existente. Al referirse al sindicalismo se habló de la organización de centrales obreras, cuya actuación estaría limitada por el Estado; lo cual no lo hacía representante real de los intereses de los trabajadores. Se proponía también la contratación colectiva tuvieron las reformas al artículo 3º constitucional. El concepto de educación laica fue rechazado y en su lugar se habló de la necesidad de crear una ideología que unificara a los mexicanos bajo intereses comunes y no individuales. Las reformas al artículo 3º fueron aprobadas por el Congreso. Con esto nacería la educación socialista, que, además de excluir toda doctrina religiosa,


organizaría la enseñanza de tal forma que la juventud tuviera un concepto exacto "del universo y de la vida social". Aun cuando el Plan Sexenal no tuviera uniformidad en su conjunto y resultaba utópico en virtud de la situación económica de México, habría de servir como plataforma para las reformas sociales del régimen de Cárdenas.


En 1913 se incorpora a la Revolución en Apatzingán, con las fuerzas del general Guillermo Garda. En 1914 era capitán y teniente coronel en 1915. Después de la Convención de Aguascalientes militó en el villismo, a las órdenes del general Federico Morales. En 1915 se une al constitucionalismo. General de brigada desde 1920, secundó el Plan de Agua Prieta (23 de abril. de 1920). El l8 de julio de 1920 se encargó del gobierno de Michoacán. Desde antes se había integrado a la generación sonorense, y relacionado con uno de sus jefes: Plutarco Elías Calles. Entre 1920 y 1930 jefe de operaciones en Michoacán, el Istmo, la Huasteca, donde conoció de cerca las actitudes de las compañías petroleras, y los problemas sociales y económicos derivados de dicha industria.


Durante la rebelión dela huertista, en 1923, la combatió; vencido por Rafael Buelna en Huejotitlán, en diciembre; prisionero del general Enrique Estrada, es liberado poco después. General de división en julio de 1925. Este año, fue electo gobernador de Michoacán, puesto que desempeñó, con breves ausencias, durante cuatro años. En septiembre de 1932 entregó el poder. Desde entonces se advirtieron sus preocupaciones fundamentales: educación, régimen agrario, la organización de obreros y campesinos, fomento del civismo, etc. A él se debe la erección de la estatua de Morelos en la isla de Janitzio, lago de Pátzcuaro. Fue secretario de Gobernación con el presidente Pascual Ortiz Rubio; y de Guerra en el gabinete de Abelardo L. Rodríguez. Antes fue presidente del Partido Nacional Revolucionario. Cuando en 1933 se planteó la sucesión presidencial, surgió su candidatura postulada por ese organismo y el 6 de diciembre fue designado su candidato. Se inició una interesante campaña: se preparó un Plan Sexenal, cuyas normas deberían regir su Gobierno. Tomó posesión el 1 de diciembre de 1934.


Al principio de su gobierno se auguraba que la influencia del general Plutarco Elías Calles persistiría; pero pronto comenzó a realizar su propia política: se organizaron las centrales obreras, dándoseles gran importancia a los sindicatos. Se produjeron huelgas, que alarmaron al sector patronal. El ala izquierda del Senado se fortaleció. Calles partió a Sinaloa, luego a California. Regresó en diciembre para convertirse en el foco de la oposición. Poco después fue expulsado del país. En el aspecto agrario se dieron los pasos más firmes en la reforma, y durante su administración se distribuyeron más tierras que en los regímenes revolucionarios anteriores. La política internacional tuvo aspectos definidos: se protestó ante la Liga de las Naciones, por la invasión de Etiopía por Italia; por la intervención de Hitler en Austria; y se dio apoyo al gobierno republicano español. El 18 de marzo de 1938 el presidente


Cárdenas decretó la expropiación de las compañías petroleras. Preocupado por el problema indígena, se organizó el Primer Congreso Indigenista Interamericano y se fundó el Departamento de Asuntos Indígenas. Se enfrentó ese mismo año a un intento de rebelión, encabezado por el general Saturnino Cedillo. Entregó la administración de los Ferrocarriles Nacionales a los obreros, que fueron remplazados por una gerencia nombrada por el gobierno.

Creó el 28 de agosto de 1938 la Confederación Nacional Campesina con la cooperación de Emilio Portes Gil, Graciano Sánchez y otros. Promotor del deporte, estableció los parques deportivos capitalinos "18 de Marzo", "20 de Noviembre" y "Plan Sexenal" e inició los desfiles deportivos que se celebran el 20 de noviembre de cada año. Creó el Departamento Autónomo de Educación Física. Nombrado en diciembre de 1941 comandante de la región militar del Pacífico. Secretario de la Defensa Nacional (1942-1945) durante la participación de México en la Guerra Mundial. Vocal ejecutivo de la Comisión del Tepalcatepec (julio 1947-agosto 1958). Vocal ejecutivo de la Comisión del Río Balsas desde 1961 hasta su muerte. Al constituirse (1 de julio de 1969) la empresa de participación estatal, Siderúrgica Las Truchas, SA., fue


nombrado presidente del Consejo de Administración. Formó parte (1966) del Tribunal Internacional organizado por Bertrand Russell contra la participación estadounidense en Vietnam y tomó parte en otras actividades internacionales similares. Condecorado (junio de 1954) por el emperador de Etiopía, Haile Selassie por su apoyo a ese país cuando fue invadido por Mussolini. Premio Stalin internacional de la Paz (1966). Miembro prominente de la Gran Logia Masónica Valle de México de la que fue Gran Maestre del Alto Cuerpo. Le sucedió en la presidencia de la República el general Manuel Ávila Camacho.

Cardenismo es el nombre de la corriente ideológica inaugurada por Cárdenas; pero también se le llama así a la etapa en la que gobernó México de 1934 a 1940, aunque algunos detractores prefieren el término "Cadete". La corriente política del Cardenismo, surge así: El ejército apoya el cardenismo y es leal a él, ya que le ha dado voz y voto y el poder presidencial que Lázaro Cárdenas llega a tener, no amenaza el poder militar, sino lo consolida, aunque a partir de Cárdenas el poder lo ostente la presidencia más que los generales. Con los trabajadores impulsó el tema de los derechos mediante una gran confederación de trabajadores


en donde todos estuvieron unidos al Estado y el Estado se comprometió a velar por los intereses de ellos. El sector campesino y el indígena apoyan a Lázaro Cárdenas porque se les ofrece y entrega la reforma agraria. A los empresarios les ofreció un proyecto económico viable. A la iglesia la incluyó en su proyecto.

Murió en la ciudad de México el 19 de octubre de 1970 y fue sepultado en el Monumento a la Revolución. http://www.bicentenario.gob.mx/index.php?option= com_content&view=article&id=140:lazaro-cardenasdel-rio-1895-1970&catid=85:biografias-revolucion http://es.wikipedia.org/wiki/L%C3%A1zaro_C%C3%A1r denas_del_R%C3%ADo



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