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Ensayo

Inmanente Realidad


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Ensayo


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Juan Carlos Brown Gonzรกlez


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Preámbulo Este ensayo, tiene por objeto, reactualizar un tema que ha sido motivo de profundas controversias, que en estos tiempos se agudiza, dado los serios conflictos materiales en que se debate la humanidad. La necesidad de este ensayo radica en acercar al hombre a Dios y viceversa, de ubicar a este último en nuestra realidad actual, de hacerlo inteligible, aceptado como parte integral de nuestra vivencia diaria y de nuestra existencia terrenal. Este ensayo es primordialmente realista, antidogmático y antisectario, su objetivo es eminentemente científico, y su meta es demostrar científicamente, la irrefutabilidad de Dios, Ser Supremo, Primera Inteligencia, Motor Inmóvil, Gran Arquitecto, etc, etc., como quiera llamársele, el nombre no interesa. La tesis planteada es la ingerencia de un Ser Supremo, en lo que ha sido, es y será, nuestro desarrollo como especie mineral, animal y humana en esta parte del universo y también por qué no decirlo, en el resto del universo que aún no se conoce. Muchos serán los calificativos que se me endilguen; pequeño burgués idealista, marxista embozado, cristiano marxista, arrepentido de última hora, etc., nada de esto me preocupa, mis principios ideológicos son firmes y monolíticos; mi quehacer, lo tengo perfectamente claro, mi conciencia está tranquila, más ahora, en esta hora presente, en que aflora mi espiritualidad y que ha hecho posible este ensayo, cuyo


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único fin es demostrar la compatibilidad manifiesta, entre la acción de Dios y la acción del hombre, en las múltiples alternativas del quehacer cotidiano. No es irreconciliable la creencia en Dios con lo que cada uno haga. Más adelante mostraremos en detalle la factibilidad de lo aquí expuesto. Por último, nadie hasta ahora, ha demostrado científicamente que un Ser Superior no ha tenido participación en la gestación de lo actual, por lo tanto no están cerradas las puertas, para quienquiera que desee demostrar lo contrario, y no con grandes recursos literarios o científicos, sino con lo que ha sido capaz de entregar, la reflexión y la meditación y por qué no decirlo, también la práctica ideológica. Vamos entonces, a desmenuzar subtítulos, el desarrollo de este tema.

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I.- EL UNIVERSO Sin pretender dar cátedra sobre cosmología, o Astrología, enunciaremos algunos principios que son básicos y de conocimiento público. Tenemos un sistema solar, una galaxia y una vía láctea. En lo que se refiere a lo nuestro, la Tierra, nuestro planeta, uno de los más pequeños, gira alrededor del sol, y la luna que gira alrededor de la tierra. Esta tiene dos movimientos, de traslación y rotación, estos movimientos permiten el perfecto equilibrio en nuestro planeta. También los otros planetas de nuestro sistema solar se mueven, giran, se trasladan. Miles de estrellas han sido descubiertas y se siguen descubriendo, todo se mueve, gira, se traslada, pero con un orden, con una precisión, una sincronización perfecta. Unos dicen que es efecto de una fuerza magnética que produce los principios de atracción y repulsión, otros dicen que es efecto de la mecánica que producen los principios de acción y reacción, pero ¿Quién controla?, ¿Quién dirige?, ¿Quién se preocupa de que este sistema no falle?. Dejo planteadas estas interrogantes, para que cada uno de ustedes le dé una respuesta satisfactoria. Yo ya le dí respuesta en el preámbulo de este ensayo.


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II.- LA CREACIÓN Los grandes Textos Religiosos(la Biblia, la Thorá, el Corán) dicen que Dios creó el universo en siete días, y que además formó al hombre de barro y que le dio vida a través de un soplo divino. Ahora bien, hubo una época en que se interpretaron de esta forma, los textos, y que aún se siguen interpretando, tratando de imponer de manera textual lo que se enuncia anteriormente, también llegó el momento en que este tema se tratará con mayor serenidad y con mayor razonamiento. Los racionalistas puros y ortodoxos “parten” diciendo que el universo se creó por efecto de un fenómeno químico, en el que metales, metaloides y gases se fundieron, solidificaron, condensaron, etc., y dieron forma los planetas. Uno de estos, la Tierra era una ola incandescente que, también por un fenómeno químico, se enfrió, lo que produjo grietas y cavidades y que por su proximidad al sol, se condensaron vapores que la rodeaban y dieron origen a los océanos y mares. Todas estas explicaciones son perfectas, obedecen a un esquema científico, yo estoy muy de acuerdo con ellas, las acepto íntegramente. Pero, he aquí un problema, ¿Quién dispuso que todo esto sucediera así?, ¿de dónde aparecieron los metales, metaloides y gases?, ¿Quién dispuso que los fenómenos químicos fueran los correctos?,¿Quién ubicó cada cosa en su lugar, los mares, la tierra, etc.,?.


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Respecto al hombre, que parta ser más exacto debería designarse para este efecto, como el primer principio de vida. ¿de qué dicen los Textos que fue hecho, o mejor dicho, constituido?, de barro, es decir de tierra y agua, lo único que existía en ese entonces. La tierra con sus componentes de sales minerales y el agua, con sus elementos de H y O, que más faltaba, el soplo divino, el aire, C, HO y N, para que así fuera posible el primer germen de vida, que habría sido un ser unicelular, una ameba o un protozoo, en fin, eso corresponde dilucidarlo a los biólogos. En lo que a nosotros concierne, la creación con sus elementos mineral, vegetal y animal está dada. El orden en que se generaron el primer lugar le correspondería al mineral, me parece que en eso no hay discusión, a continuación no me atrevería en realidad a afirmarlo, porque también podría haber sido generado el primer germen de vida a través de una espora, o un liquen, o un musgo, etc. Lo importante de todo esto es que, Alguien dispuso todos los elementos, de tal manera, que fue posible la creación, no en siete días de veinticuatro horas, sino a través de varias eras de tiempo, cada una compuesta de muchos años , y que aún en esto del tiempo hay una mano invisible, una inteligencia superior, que ajusta el tiempo al desarrollo exacto de las especies. Que mejor forma, que más sencillo y hermoso, explicar la creación como lo hacen los Textos. El Gran Hacedor del Universo y por su soplo divino crea al hombre, al primer principio de vida, a su imagen y


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semejanza, ese ser tan pequeño, microscópico quizás, que lleva en sí, el germen de la omnipotencia, de la sabiduría, de la verdad toda. Dependerá del medio ambiente en que se desarrolle, de su evolución futura, que mantenga o pierda esos dones.


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II.-LA EVOLUCION Es así como prosigue la Gran Obra, generado el primer germen comienza su desarrollo, muchos afirman que su primer medio ambiente fue el agua; el que haya sido. Alguien es responsable de que lo que debía permanecer en ese medio, así lo hiciese, por un período determinado o para siempre; lo que pertenece a la Tierra, allí en su lugar. Como las especies animales y vegetales, van cumpliendo determinadas funciones, y se extinguen después de un tiempo, dando paso a otras más perfectas, o más bien, más adaptables a lo que será el hábitat apto para las futuras especies que poblarán la Tierra, en forma casi definitiva. Y al fin aparece el hombre, con forma de tal, hembra y macho, sus antecesores, el hombre de Neandertal, el de Cromagnon, el de Pekin, etc., y antes el mono y sus variedades y antes los equinos y así, a través de muchas especies, a través del tiempo en el pasado, hasta llegar a la primera obra infinita y suprema, el primer germen de vida, todo dispuesto por el Primer Gran Científico en su laboratorio divino que es el Universo y su Aula Magna, la madre naturaleza.


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IV.- LA HISTORIA Refiriéndonos nuevamente a esa gran obra que también es histórica y que, si no me equivoco, es la primera que se conoce en su género, la Biblia, encontramos al hombre como tal, reproduciéndose y desarrollándose, tratando de arraigarse al suelo; cómo se nos habla en este texto de la Torre de Babel, de aquellos que no explicaban la obra grandiosa que veían a su alrededor, y y con su soberbia y orgullo pretendían alcanzar lo inalcanzable, en esa forma material, como ellos lo planearon, construyendo esa torre. Pero he ahí, que alguien las confunde en su lenguaje, todos hablan distinto, no se entienden. Retóricamente, esto fue narrado así. Ahora dándole una explicación científica, podemos apreciar que este hecho se refiere a las diversas nacionalidades, pueblos que se van gestando sobre la faz de la Tierra, con sus respectivos lenguajes y dialectos. Después se nos habla en este texto citado, de las doce tribus elegidas, cada una con su patriarca, de acuerdo a la estructura social que se iba dando, y que se instalan en diferentes puntos del planeta. Sabemos de un pueblo favorito, al que se ofrece la Tierra Prometida y este, vaga y vaga a través de los siglos y quizás aún esté vagando, esto dicho en sentido figurado, buscando aún la tierra prometida.


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Conocemos a un Dios implacable, violento, justiciero, magnánimo, que castiga y condena, que vela por su obra humana. Asola con la peste, la guerra y la muerte. Pone en manos del que Él llama su pueblo, la espada de la justicia y la venganza; contra la opresión, la tiranía, la corrupción, la idolatría; ejemplo es las siete plagas de Egipto, el castigo del desierto, a través de Moisés, la destrucción de Sodoma y Gomorra, etc. Cómo hizo posible, el Primer Gran Organizador y Conductor de Pueblos, el establecimiento del género humano en la Tierra, con un cierto orden, con leyes y mandatos.

A medida que hojeamos la historia, nos enteramos de las grandes invasiones de un pueblo a otro, que algunas llevan barbarie y destrucción, otras progreso; sus generales estrategas, Alejandro Magno, Carlomagno, Aníbal, Amilcar, Julio Cesar, etc., y sus imperios, y también los pueblos que tienen que soportar esos imperios. Pero también la mano de una Gran Inteligencia se deja notar y uno a uno, esos imperios opresores, injustos, van desapareciendo bajo el peso de sus propias contradicciones. Todo lo bueno y lo útil perdura y aporta al progreso de la humanidad. Nuevamente en otra etapa de la historia se pone en manos de guerreros, espadas justicieras y, En Su Nombre, desatan una guerra que la llaman Santa, pero que en el fondo fue por motivos de conquista, expansionismo y economicista, en el apogeo de una época medieval y feudal, cuna de reyes y tiranos, donde


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el esclavismo y la opresión se había hecho carne y semilla, es allí también donde se encontraba ese pueblo elegido, que emerge de los campos a la ciudad y dando forma a su grupo de trabajadores, artesanos y aprendices, que serán los llamados a cumplir el mandato divino de dar paso a una nueva era, destruyendo a aquella que fue signo de opresión y maldad. Este germen burgués (burgo=ciudad), es un mal necesario, pero un eslabón más en la cadena de la historia. Viene una nueva etapa de cambios bruscos, violentos, revoluciones sociales políticas y económicas que alteran y aceleran el curso de los acontecimientos, todo se sucede matemáticamente. Los iluminados conducen y organizan, aportan al progreso de los pueblos elegidos con su sabiduría y amor, los no gratos a los ojos de Dios, destructores y negativos, desaparecen, caen estrepitosamente, avasallados por sus propios males. Imaginémonos por un instante, que nada Superior es responsable de lo que hasta aquí ha acontecido, que el Imperio Romano no hubiera desaparecido; que la época feudal hubiera perdurado; que la revolución francesa hubiese fracasado; que la revolución industrial no hubiera aportado al progreso y los inventos que hizo, ¿no les parece, que por mucho que el hombre haya sido un genio, obra de Dios, por lo tanto tendría que haber habido un Rector Universal que supervisó todo lo acontecido hasta ahora?, ¿alguien lo podría negar?, ¿Por qué no aceptarlo y tranquilizar los espíritus?.


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Dando un salto hasta la era contemporánea y moderna, llegamos a la primera gran guerra mundial, donde se miden los colosos desarrollados hasta esa fecha; el provocador cae, es derrotado ¿y si hubiera vencido?. En el preludio de esa guerra, estallan nuevas revoluciones sociales y políticas. Allí están nuevamente los pueblos elegidos, luchando por su destino, tratando de ser consecuentes consigo mismos y con la ley divina; destruyendo al opresor, al tirano, al villano monarca ¿no es ésta obra de Dios?, ¿ no están aquellos buscando la tierra prometida?. Sigue el progreso en el mundo, pero también la maldad se incuba por los recovecos de alguna parte del hemisferio. Llegamos a la segunda guerra mundial, el gran provocador y sus secuaces, atentando contra la paz y seguridad de los pueblos, es golpeado con saña y derrotado implacablemente, pisoteado cual venenosa serpiente, por el pie libertario de los colosos de entonces. ¿se dan cuenta que todo lo que atenta contra la gran obra divina, desaparece, se destruye fieramente?, ¿Que explicación cabe ante este grandioso engranaje que calza con tanta perfección en el devenir del mundo?. Al término de esta conflagración, encontramos al mundo sostenido por dos columnas, al desafío de la historia, se lanza y de ahí a Occidente y Oriente, luchando en la paz y también la guerra para dar a la humanidad progreso, bienestar y dicha, entregarle, en fin, la tierra prometida al pueblo elegido. Triunfan los elegidos por Dios, perdura y se propaga su obra y su mensaje, son derrotados aquellos que con su soberbia y su orgullo desconocen o se olvidan de que hay alguien que está pendiente de nuestros actos y que a través de


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nuestras acciones, nos entrega su aprobación o rechazo a lo que hacemos. El Gran Juez Supremo, sabe quienes están actuando correctamente, Él juzga diariamente. No necesita de un trono de ministros ni una sala de justicia, Él sabe como castigar. Pone en manos de sus elegidos, la espada justiciera y la guadaña implacable arrasa con lo que no es grato a los ojos de Dios. El Tercer Mundo, América, Asia y África, cual pueblos elegidos, lucha y se desangra, en su rebelión permanente contra la injusticia y la opresión, la miseria y el hambre, la explotación y la muerte, Dios los pone a prueba, en la medida que sean capaces de sacarse el yugo, de elegir el camino correcto, de buscar sus propias soluciones a los problemas que los aquejan, en esa medida Él entrará en sus espíritus e impulsará su Obra que tendrá como culminación, la derrota definitiva de estos nuevos imperios que asolan los suelos de esta gran parte del pueblo elegido, América, Asia y África. Obra de Dios será el triunfo del amor, de la justicia, del bienestar, de la igualdad entre los hombres, del derecho inmaterial a la salud, educación y trabajo.


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V.- LA SOCIEDAD De acuerdo a su definición más generalizada, sociedad es un conjunto de individuos que se organizan mediante determinados sistemas de gobierno. Los gens y después las tribus y los clanes, son los primeros esbozos de sociedades primitivas, en un principio nómades y posteriormente sedentarias, la mayoría. Podemos apreciar, que en la gestación y desarrollo de estas sociedades, ha estado siempre presente la Idea de un Ser Superior, proyectado de diferentes formas y aspectos. En un principio, lo inexplicable era para ellos, Dios, ejemplo: el fuego, la lluvia, el trueno, el sol, la luna, etc. A medida que fueron adquiriendo conocimiento, fueron simplificando su idea teológica. Posteriormente sus necesidades, sus anhelos y deseos fueron para ellos su Deidad, ejemplo dios de la guerra, de la paz, de la abundancia, de la salud, etc., etc. Pero primordialmente para ellos, Dios era la naturaleza, inmensa, grandiosa, inexplicable en su orden y perfección. Comunidades campesinas, aldeas, villorrios, ciudades, naciones, imperios, jamás han desconocido al Ser Supremo, muchos lo combatieron, muchos también abusaron en su nombre. Siempre El los dejó hacer, por sus propios hechos fueron castigados, el boomerang de sus acciones, se volvió siempre contra aquellos prevaricadores.


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La sociedad humana y la sociedad divina es un todo integral. Aquellos que pretendieron desvincularlas, sucumbieron bajo el peso de su propio oscurantismo. Dios deja hacer a los hombres, se distancian entre ellos; adoptan sistemas de vida que los separa los unos a los otros; por su raza, su riqueza o su miseria. Unos pocos adoptan la guerra y su violencia como argumento preferido para subyugar a los más, que son débiles. Y es, en un momento determinado del desarrollo de estas sociedades humanas, cuando Él decide, poner coto a tanto odio y terror. Su creación divina(Jesús, hijo de María), hecho hombre, uno de entre tantos, El elegido, sobresale en este mundo de caos y convulsión y entrega el mensaje divino, que llama a la humanidad a deponer las armas en bien del amor entre los hombres, insiste en la justicia, la igualdad y la fraternidad. Preconiza una sociedad de hombres libres y limpios, de cuerpo y espíritu. Es torturado y asciende al Paraíso; abre los brazos para abarcar en su postrer adiós a su rebaño, a aquellos elegidos que tendrían la misión de desarrollar una nueva sociedad, que incubará también el bien y el mal, pero que al final de los tiempos, tendrá que triunfar en definitiva, el bien.


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VI.- LA CIENCIA Desde los primeros descubrimientos e inventos de carácter científico, el hombre ha escudriñado en la búsqueda del principio primario de las cosas y de los entes vivos. El fuego, la rueda, la pólvora, el vapor, la aerodinámica, en fin, la física, la química y todas sus ciencias anexas y derivadas, etc., todos estos recursos puestos en manos del hombre, como un desafío divino, a la genialidad y sabiduría del ser humano, reflejo indeleble del creador. La electricidad, la mecánica, los medios de comunicación, la física espacial, la cibernética, todo un cúmulo de peldaños que ascienden en esa pirámide materialista que pretende una vez más alcanzar lo inalcanzable. Toda la ciencia moderna, puesta al servicio de la humanidad, tanto para su destrucción gradual como también para el progreso de una parte de esta. Genios, sabios, superdotados, chocan estrepitosamente con lo inexplicable, no les está dado seguir más allá. Han declinado su soberbia y orgullo terrenal, para aceptar con el mutismo hermético y en algunos casos, con la aceptación verbal, el hecho de que tan solo son y han sido, instrumentos de alguien superior, el Primer Gran Sabio, el Primer Gran Científico.


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VII.- LA RELIGIÓN La religión es la satisfacción que cada pueblo, cada raza, cada grupo de individuos se ha dado, para interpretar y para orientar la forma práctica, el reconocimiento a la obra de Dios, propagar la verdad divina y transmitir sus mandamientos. Todas difieren en los métodos. Se diferencian unas a otras, cualitativa y cuantitativamente. Cada una de ellas, en el transcurso del tiempo, se han dado una organización y una ley, han partido de lo más simple, a los más complejo, pero en su esencia, todas persiguen el mismo objetivo. Sin embargo, el objeto de las religiones, ha permanecido atento, observando a todos aquellos que se esfuerzan por propagar su nombre y su verdad. Su rostro se contrae de ira, cuando muchos se desvían y sucumben en el pozo de las pasiones, del egoísmo, del odio, de la concupiscencia; vicios de los hombres y colocados a su alcance, como obstáculos que, la voluntad y la virtud de los elegidos, deben salvar exitosamente. Muchos caen, quedan en el camino y como ejemplo de que el mal nunca triunfa. Las sociedades y sus sistemas se apropian de la religión y viceversa. Como prevarican, tiranizan, explotan, sumen en la miseria y el hambre, a los pueblos desposeídos, humildes siervos de Dios. Como hinchan


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sus falquitreras y se encumbran en el poder con sus manos manchadas de sangre y envilecidas con el oro. No escatiman pólvora ni espada para justificar sus ambiciones y apetitos. Construyen suntuosos palacios, se erigen en Papas, reyes y tiranos y haciendo mal uso del nombre de Dios, asolan los pueblos, en una mascarada de descubrimiento, conquista y colonizaje. Pero así como para un cuerpo malsano y putrefacto, existe un antídoto inmunizante, así también del seno mismo de esta hecatombe religiosa que devasta el hemisferio, emerge la salvación del Ideal Divino y sus verdades. Lucha contra la degeneración, las desviaciones, los opresores y los dictadores, y restaura los valores entregados por Dios. Se pone al servicio de los desposeídos, de los humildes y explotados, todos siervos de Dios, elegidos para conquistar la tierra prometida. Hoy en día se erige como sociedad occidental, apropiándose de la religión y actuando en su nombre, pretendiendo defender y practicar con postulados del Ideario Divino. No se dan cuenta que han engañado por cientos de años y el resultado es que han anidado en el vientre de su sociedad, el germen de su propia destrucción. No avanzan victoriosos, retroceden derrotados. No basta postular teorías, hay que practicarlas, no frustrar en la fe y la esperanza, los preceptos de los Textos de: “amarás a tu hermano, como a ti mismo; darás de comer al hambriento y de beber al sediento”. A aquellos los esperan “sepulcros blanqueados”, “muchas agujas por


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donde, más fácil será que pase un camello” y al final serán echados del templo a latigazos. Son otros que, sin nombrar a Dios, cumplen con la Ley Divina. Muchas veces han negado a Dios, se han llamado ateos, oscurecidos pos las malas obras de esos que se han llamado sus representantes. No tienen culpa, no ha sido eliminado su espíritu aún, pero sólo Dios sabe, quienes son sus siervos predilectos.

Mientras tanto, hay hombres que luchan por conseguir el paraíso aquí en la Tierra, han perdido familia, honores y grandeza temporal, incluso su propia vida. Aquellos que lo consigan, habrán triunfado en esta gesta divina, serán felices en su tierra prometida y gratos a los ojos de Dios, morirán en paz y pasarán a la vida eterna, con la satisfacción del deber cumplido.


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VIII.-LA POLITICA Quizás sea este el capítulo mas álgido que tratemos en este ensayo. El desarrollo progresivo del hombre, de sus sociedades, los sistemas que han regido, en suma, el devenir de la historia, no habrían sido posible, si no hubiesen existido directrices, conductas, normas de acción social del hombre, Llámese a esto política; el arte de gobernar los pueblos, de conducirlos por el camino del progreso o la destrucción, de la libertad o de la opresión, de la abundancia o la miseria. Es el hombre, puesto sobre la faz de la Tierra, el artífice de su propio destino. Es así como cada pueblo, en determinados momentos, elige o se da, los gobiernos y políticas que se merece. Todo ha sido dispuesto así, nada ha sido olvidado. El hombre ha tenido y tiene, múltiples recursos espirituales y materiales para forjar su felicidad y la de su hermano. Intereses de toda índole, partiendo con los económicos, deviniendo los político-sociales, han dividido la especie humana en sectores o clases antagónicas e irreconciliables. Aquellos que desataron la violencia y el odio físico, en contra de los que pacíficamente pedían pan y un rincón donde cobijarse, tendrán que sufrir los efectos de su propia tempestad provocada.


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Es aquí donde las enseñanzas proféticas adquieren validez intrínseca, se subliman la antigua y la nueva ley, la de aquel duro, violento y justiciero, la de Él, su expresión terrenal, también duro y violento, pero esencialmente fraterno, inmensamente justo y libertario. A pesar de las profundas iniquidades humanas, Él reitera su apoyo a los débiles, a los desposeídos, a los explotados de siempre, para que un día, no muy lejano, construyan el paraíso terrenal, dando a cada uno según su necesidad y a cada cual de acuerdo a su capacidad. Esta verdad se desparrama sobre el hemisferio, en boca de apóstoles y mártires. En cada momento de la historia, cuando estos principios eran olvidados, emergían del seno del pueblo avasallado, gritos de rebelión que golpeaban duramente las conciencias y agitaban convulsivamente a las masas en sus intentos por alcanzar el poder o parte de el. Hace muchos años ya, que el mundo ha empezado a desentrañar los principios divinos y a aplicarlos intensamente. Han chocado con innumerables obstáculos, incluso han sido anatematizados por aquellos que investidos de apóstoles de Dios, se han olvidado de sus principios elementales. Este fue el motivo que en una época, se tachó a la religión como el opio de los pueblos, ¿por qué sucedió esto?, simplemente por culpa de esos falsos apóstoles que crearon la inquisición, las órdenes de los guerreros; por culpa de aquellos que en nombre de la Iglesia, se convirtieron en latifundistas, comerciantes y rentistas;


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por culpa de aquellos que privaban a los hijos del pueblo, del acceso a la educación, monopolizando ésta en beneficio de castas privilegiadas que posteriormente servían espléndidamente a los designios y ambiciones de poder de esos oscurecidos jerarcas apostólicos. Pero está visto que lo malo no perdura eternamente. Es así como del seno mismo de aquello que estaba corrupto, nace el germen de lo bueno y renovado, salvando una vez más esa nave que está destinada a servir fiel y lealmente los postulados para lo cual fue edificada. Pero el sistema político con el que hay que enfrentarse, se ha fortalecido en sus instituciones, se enraíza a través de múltiples organizaciones que detentan el poder político, económico y social. Nuevos y muchos mártires conoce esta causa justa de redimir al humilde, liberar al explotado, destruir al hombre y la miseria. Hay quienes pretenden amortiguar o eliminar la dura lucha que hay que desatar; predican el amor metafísico, la humildad indigna, la pasividad degradante. Olvidan que para conseguir lo anhelado, hay que sacrificarse, hay que ayudarse, porque sino Él no nos ayudará. Muchos pretenden mantener la división entre los que creen y los que no creen. Esta premisa es falsa. No hay nadie que no crea, incluso los que dicen que no creen. Todo aquel que practica el bien, la fraternidad, que se entrega a favor de los demás, que se esfuerza, se sacrifica, es mas creyente y está más cerca de Dios,


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que aquel que, después de limpiarse las manos, sucias con el orín del dinero y manchadas de sangre, pronuncia el nombre divino y se golpea el pecho. El problema no radica en discutir si hay Dios o no hay Dios. Esto, a mi entender está resuelto. Todo lo que existe a nuestro alrededor, es la evidencia que elimina cualquier discusión estéril. El problema está en cómo concluir, como terminar la gran misión divina encomendada. El paso del hombre por la Tierra tiene que ser fructífero, provechoso, deben manar los bienes , por obra del hombre que es instrumento divino. Mientras más sufre la humanidad, más fe y esperanza tiene. En los hogares más humildes, su jefe, el padre de la familia, trabajador o cesante, se esfuerza en llevar a la boca de su prole, aunque sea un miserable mendrugo de pan. En ningún hogar proletario, falta una imagen que represente lo divino. Cada mañana cuando se sale por un futuro incierto, se le pide a Dios que ayude, pero nadie se queda solamente en la contemplación o en la oración; debe ayudarse tesoneramente. Nadie que ha sido o ha pretendido ser un revolucionario, y que incluso ha dejado su vida en este intento, puede explicar o explicarse, porque llevaba una imagen junto a su cuerpo. No era ni es necesario. Si él le pidió a Dios que lo protegiese y lo guiara, antes de empuñar su fusil para triunfar en su justa causa y muchas veces triunfó, no va a ser más o menos hombre,


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sigue siendo el mismo, quizás más fortalecido que otro, en lo espiritual, para poder actuar con ecuanimidad, ponderación y consecuencia en el uso del poder que llega a sus manos y que pondrá al servicio del pueblo que Él tanto ama. Pero la división subsiste, mientras quedan intereses de carácter económico, no cesarán los intentos por crear falsas diferencias y distancias. Quizás no se congenie en los métodos. Quizás piensen muchos idealmente. Pero la fuerza de los hechos y el devenir de la historia enseña que la violencia engendra violencia y el odio engendra odio. Si bien hay que definir un método, no interesa tanto como el fin, el objetivo final y por supuesto, el camino más corto y preciso. Muchos han pretendido indicar el camino correcto, soslayando el inevitable enfrentamiento y olvidando la lucha de clases. Esos caminos se pierden en el infinito y llegan a cualquier parte, menos donde deben llegar. Incluso muchas veces han vuelto atrás, frustrando a aquellos, que cifraron sus esperanzas en esos seudodirigentes revolucionarios.


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CONCLUSIONES 1.- Dios es una realidad, en el sentido que se incorpora al hombre, cuando este alcanza capacidad racional, y no se explica lo inconmensurable del Universo, la Creación y la Historia, la grandiosidad y maravilla de la Naturaleza. 2.- Dios llena el vacío espiritual del hombre, que ansía explicarse lo inexplicable, del hombre intrínsicamente bueno, que busca la verdad, usando todos los recursos, buenos y malos, que permitan justificar su paso a través de la vida. 3.- Dios o la Idea de un Ser Superior, es la unión final entre los hombres, que les permitirá consumar el mandato divino de crear el paraíso terrenal y ser felices hasta el final de los siglos. 4.- La Idea de Dios se fortalece, en la medida que los hombres luchan contra el mundo materialista que los divide, Dios espíritu se inserta en cada ser humano y los impulsa, cada día más, a encontrar el camino verdadero, el camino correcto que los conduzca a la liberación total, material y espiritual. 5.- Cada individuo es libre de voluntad, por mandato divino, de creer o no, pero sus acciones correctas o incorrectas, estarán expuestas a Aquel que las juzgará en vida, avalando con el éxito o el fracaso, la sentencia de su quehacer terrenal.


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EPÍLOGO Con este ensayo se ha pretendido enfocar un tema en forma simple, acelerado en su exposición, apasionado en alguno de sus capítulos, comprometido en otros, pero inobjetablemente sincero en el deseo de aportar, no tanto al conocimiento de hechos conocidos, sino en la intensión de orientar a los creyentes y a los incrédulos. Este documento pretende unir a los hombres que tienen los mismos objetivos humanistas y científicos, frente a la sociedad y a sus cambios, y que han permanecido divididos por aquellos que detentan el poder y cuyos intereses individualistas no les ha impedido usar a Dios para dividir y seguir reinando. La Religión y la Política, puntales de la sociedad, no son incompatibles entre sí, en la medida que cada una cumpla con la misión que le corresponde, y ni una ni otra se inmiscuya o influya en sus tareas propias; la religión en lo espiritual y la política en lo material, aportando cada una, lo esencialmente requerido para la integralidad del hombre. Cumplidos los objetivos de este trabajo, sólo resta agradecer la paciencia e interés entregado en su lectura y esperar que su contenido sea provechoso en el quehacer diario de cada uno. El autor


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Nació en Potrerillos, región de Atacama, el 16 de Agosto de 1945 y es coquimbano por adopción desde 1950. Tiene 2 hijos, 6 nietos y una bisnieta. Fue gobernador departamental en Combarbalá y Vicuña entre 1970 y 1973. Preso político. Gestor y difusor cultural de artes, educación y turismo; escritor, actor de teatro y cronista de los periódicos “La semana Regional”, “Tiempo” y “El Día”.

"Dios y el Hombre  
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