la estación calabazarena. Entonces: ¿Por qué tanto espectáculo para contar una historia o que alguien la cuente? (en realidad no quieren que sea contada desde la otra visión, en ello les va su visible abuso policial u otros asuntos). Después del trágico desenlace, llueven los comentarios y publicaciones en Facebook los cuales, parecen sacados de un manual de cacería de brujas, sólo les falta gritar «Paredón» y salir bailando con esa conga mientras fusilan sin un juicio justo al señalado ciudadano, (como si nunca se hubiese superado esa jodida tendencia de alegrarse del mal ajeno). Civiles y otros no muy claros en su civilidad, casi que quisiesen aplastar de un cuajo a este muchacho, pero pocos se muestran ante las muy conocidas arbitrariedades policiales en calabazar, de lo cual existe un sinfín de vicisitudes locales. Salteados sucesos testimoniados por familiares: Yusniel se encontraba sentado en el parque de su localidad y fue arrestado con el característico trato policial de la dictadura, por no tener consigo el hoy requerido tapabocas para la pandemia, (hasta ahora no creo que este sistema comunista, que mal distribuye alimentos putrefactos y desaloja a sus ciudadanos en plena pandemia mundial, provea algún utensilio o reemplazos higiénicos para scon u población). En su liberación se le aplicó una multa muy típica del régimen « 3000 pesos « (esto tampoco es nada raro) y aconteció así el iracundo momento. Otros detalles son aún casi imposibles de obtener, por los impedimentos gubernamentales antes mencionados. Este muchacho proviene de una de las familias más pobres del pueblo, hijo de Yoya la gorda, (seudónimo con el cual todos la conocen), por ello pienso de cómo podría pagar esa multa. Aunque no comparto los comportamientos delictivos me pregunto: - ¿por qué la policía del régimen no cuenta esta versión y hostiga a quien quiere contarla? ¿por qué empeorar el panorama sobre algo que ya termina con tragedia? El hermano mayor de este muchacho, (conocido por Yohandry el gordo y con el cual Yusniel no compartía ideas, según sus amigos), era un reconocido y brutal represor en contra de activistas opositores a la dictadura, empleando sus artes marciales en contra de pobladores, acatando ordenes de sus superiores de iguales escrúpulos. Quien les escribe también fue asediado por ese sicario del régimen, por mi condición de activista en pro de los derechos civiles, pero, eso no quita que cuente la realidad de su hermano pequeño cuando de justa noticia y proximidad al periodismo límpido se trata. Soy Rubén A. de los Santos, escritor y poeta del pueblo Calabazar de La Habana.
N. Héctor Luis Valdés Cocho, influencers cubano, activista por los Derechos Humanos y Creador de la página de Alza 39 tu Voz Cuba.