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Café Tomarse un tinto, hacerlo, olerlo o invitar a alguien a compartirlo embeben a este acto en un síntoma sin duda de cercanía. Al interior de la cultura colombiana ¿el café realmente está tan arraigado a las prácticas sociales y culturales? Esta pregunta halla diferentes aristas en tanto los personajes escogidos develan un recuerdo de infancia, alguien cercano de sus familias que lo hacía, de una manera en que ellos viendo aprendieron. El artefacto como tal tiene una relación especial con cada personaje, uno de los testimonios que más me impactó, es como una relación amorosa de dos esposos tenía el acto de hacer y compartir café como lago esencial y ante la muerte del esposo Mery siente que su greca ya no es necesaria, que es exagerada y la archiva en su memoria como lo viene haciendo con su esposo que lleva año y medio de muerto. En contraste tenemos una mujer campesina Ángela a quien no le interesa ni siquiera el colador sencillo puesto que en su contexto ser prácticos frente alas dificultades de conseguir un objeto como cafetera, greca o filtros es casi una hazaña que debe solucionar en su día a día. Consuelo en cambio siente que es moderna, práctica al tener una cafetera eléctrica y que esto grantiza el sabor de su café, mientras Lisímaco sigue la tradición de su madre considerándola aún vigente y más cercana a sus necesidades e inquietudes frente a los otros objetos para la fabricación o procesamiento del café. Juana por ejemplo es uno d elos personajes que dista más d elos otros en este aspecto, pues para ella tomarlo es una delicia pero hacerlo es una “mamera”; en esta medida Lisímaco y Juana se encuentran en tanto, lo más desagradable de hacer café es botar el ripio del café, pero es también por su condición de búsqueda de aseo. El medio sin importar el nivel educativo sigue reforzando la práctica de compartir un tinto, el viejo slogan de “tomémonos un tinto seamos amigos” aún retumba al interior de esta práctica. Para todos es esencial que sea lo que sea que usen para colar café debe ser práctico, fácil de manejar y cumplir bien con al función que se le encomienda. La mayoría expresa que el instantáneo no sabe igual pero uno de ellos por un


golpe en su vida como es la muerte y la resignificación de las relaciones no sólo con los humanos sino con los objetos, genera nuevas miradas sobre el proceso mismo. No existe un único proceso, o una regla innefable que no deba quebrantarse. Todos menos Juana consideran que el café debe ser fresco, recién colado. Cuando a los personajes se les pregunta por el café todos consideran que siempre es bueno y necesario, unos para el frío y otros para energizarse. El paisaje que me entrega este ejercicio es un aprendizaje de los diferentes rastros de las personas que habitan el mundo y esto fue una línea en la construcción al interior de los perfiles. Puedo decir que una de las sugerencias o sueños que tiene es que sea de fácil aseo sobre todo los de ciudad, Lisimaco quien usa colador o cedazo sugiere revisar el mango del mismo, Consuelo y Juana les gustaría que no ocupe mucho espacio, que se pueda ver lo que ocurre dentro, el proceso. En sus oficinas todos tienen un pocillo de café que no les gusta que les usen otras personas, Ángela en cambio, no se preocupa por eso sino por poder tomar café. Todos se preocupan porque sea no sólo rápido, sino que garantice que el café o el agua no se recaliente. Dentro de la observación a ninguno de los personajes les gusta que se les choree el café, que la cafetera, olla o cedazo permita que eso pueda ocurrir y a 2 de 5 le ocurrió. Todos los personajes al hacer el café tienen cerca un trapo con el cual limpiar. Sólo Consuelo considera hervir el agua para echarla en la cafetera para que esté más tiempo caliente, esto fue algo que hizo desistir a Mery de usar la Greca era demasiada cantidad. Sólo Consuelo especificó el número ideal de pocillos por greca llena 6. Juana en cambio compró una personal pensando en ella pero al hacerlo en la oficina descubrió que debió ser más grande para


compartir. Lisímaco en cambio explica que el cedazo permite igual hacer para uno o para muchos, igual que la técnica de Ángela. Sólo Consuelo y Mery especifican que el tinto de oficina es mejor en pocillo pequeño ya que se toma en gran cantidad, mientras Lisímaco y Juana expresan la necesidad de tener pocillos grandes en la oficina. Para Ángela lo importante es tener en qué tomarlo aunque cree que el pocillo es mejor presentado. Tras esta breve comparación entre personajes y sus miradas sobre la elaboración del café vale la pena sintetizar qué: Las ollas y las cafeteras no son de uso exclusivo para el que fueron creado. Todos los personajes temen que se riegue el café. Es algo inminente. Todos preparan lo que van a utilizar y minimizan el tiempo de elaboración. Sugieren cafeteras que permitan ver el proceso, transparentes. Cafeteras y grecas que tengan fácil limpieza. Una revisión del mango de los coladores que es incómodo y poco portable. La manera en que se eliminan los residuos para algunos es desagradable. Alrededor del acto del café se fortalecen relaciones familiares y de oficina. No importa el estrato o el género para todos es importante tomar café. Tratan de enseñar a sus hijos ha colar el café, pero prefieren el instantáneo en la ciudad. Las edades (40 a 60 años)escogidas son afines a su gusto por el café y lo saben hacer. La concepción del tamaño del pocillo “tintero” para estos personajes no es muy relevante. Todos usan pocillo para tomar café. No usan desechables. La empatía lograda con los personajes fue más fácil alrededor de esta acción, fue natural que pasajes de su vida afloraran en la conversación. Me queda una inquietud frente al paisaje cafetero ¿será que son sólo los cultivos y montañas?¿Realmente tenemos allí una oportunidad para trabajar la memoria y dar luces sobre qué es ser Cafetero?


¿Están reconfigurándose los usuarios del café? ¿El café como tema que permita comprender la historia alrededor de cómo los objetos relacionados con el consumo de café llegaron a Colombia? Los personajes reconocen abiertamente las marcas que usan Sello rojo, Águila, La Bastilla y Quindío. Sólo 2 personajes son rigurosos en las cantidades de agua y café los otros 3 lo hacen como ellos dicen “a ojo”. El café instantáneo* es una realidad que deben contemplar los diseñadores e industria cafetera ya que puede estar cambiando el usuario, pues quiere menos trabajo y más rápido el proceso. Un personaje se pasó definitivamente al instantáneo y otro oscila entre los dos modos de preparación. * En relación a este punto realice una primera indagación con personas entre los 25 y 35 años hallando que todos hacen café instantáneo y no les interesa hacer café colado porque les quita tiempo. De estos eran 3 mujeres y 2 hombres. 1 hombre nunca tomaba café, 1 mujer esporádicamente y no sabía colar café. Los otros si saben pero no quieren perder tiempo en este proceso. 3 de ellos hierven el agua en el microondas. 3 personajes de 5 conocían el método de café sin colar. (referencia Ángela Rosa)


Personajes, reseña y proceso. Mery Arias Vargas 63 años. Viuda. Auxiliar contable. Vive con su hija Paula Andrea de 34 años. Vive en Manizales Casa de sus patrones, paga arriendo y tiene allí mismo su oficina. Tiene 2 perras raza puddle que son su adoración y compañía cuando sale a caminar “ pa no quedarse uno tan encerrado”.

Mery es una mujer cordial que a través de hechos de su vida ha ido modificando su manera de preparar café, pero también su relación con el mismo. Empezó a trabajar a los 17 años y desde entonces empezó una nueva relación con el café. En su casa ya que es la segunda de 9 hermanos el café era labor de su bisabuela que tenía claro que lo que ella hacia era aguacafé, pues era hecho en aguapanela y sin colar , “ era lleno de fruticas, lo hacía en una olla y todo el día había aguacafé para todo el que llegara a la casa. Así es el primer recuerdo del café para Mery. Recién casada vivía en Cali y como ella dice” en esos tiempos no había ni pensamiento de tener cafetera, hervía el agua en una olla y la echaba en el cedazo con el café y sale ahí mismo el café sin recalentar”. Luego vuelve a Manizales ya con su hija y esposo Antonio, que era conductor de buses


intermunicipales. Luego, empezó a trabajar como auxiliar contable con una familia, de eso hace 31 años. Su trabajo era en el centro de la ciudad allí manejaba una greca “cuando yo estaba en la oficina, uno le servía al jefe y uno se antojaba o convidaba a alguien a tomarse un café”. Ya en la casa, “no había plata para la eléctrica y compré una manualita, de las que trae el colador adentro… y de acuerdo a la cantidad de agua se le echaba el montoncito de café… uno veía hirviendo el café porque tenía tapita transparente.” Esta cafetera estuvo con ella hasta hace poco que alguien le dijo que no tenía y la regaló, es una cafetera para estufa que recuerda muy gratamente. “La eléctrica fue luego, compré una similar(haciendo referencia ala que ella llama manual), pero ya no veía como hervía”. Tras esta historia Mery cuenta que su esposo Antonio” era muy tintero, desde que amanecía ya tenía listo el café” y fue por esto que compraron “la moderna de 20 tintos, que es con colador, acá el agua, el café y tiene 2 llaves, era muy parecida a la de la oficina”. Lo que más extraña es el olor del centro en la mañana cuando llegaba a su oficina “usted no ha visto que cuando uno llega temprano el centro a qué huele… huele a café recién colao”. Sin embargo, el hecho de cambiar su lugar de trabajo hacía de su esposo el cómplice del tinto pues así juntos se tomaban hasta 6 tintos cada uno y escogían la vajilla para el tinto “esas chiquitas que son la dosis exacta”. Así fue como le pedí que me enseñara a hacer tinto y a tomarnos uno, pero allí en el lugar descubrí qué: La cafetera vive arrumada en un baño, la hija le ha ofrecido comprarle una pequeña “pero yo le digo que para qué”. Tras la muerte de su esposo hace año y medio siguió haciendo el café en la “cafetera moderna pero al llegar la noche tenía que botar, todo ese café… y mijita la situación o está pa tanto” Así fue como se fue alejando del café y “mi hija fue la que me enseñó a que este instantáneo no sepa tan maluco, ya ofrezco solo instantáneo”. Así escogió la olla sólo porque es la


cantidad precisa para ella y su hija, ya no escoge pocillos especiales para el café y aclara que “ ya tengo perecita de colar café y no me queda tan mal ya.” Así alista todo primero, echa en el pocillo el café y la leche en polvo, vierte el agua hervida y lo bate bien con la cuchara Mery asegura que “así sabe mejor” y se toma al día solamente 1 o 2 cafés.

De este personaje aprendí que el rastro que dejan las personas se evidencia en la transformación de sus comportamientos o cambio de costumbres y aunque es café instantáneo, hay una historia de vida tras su cambio a este tipo de café que tiene que ver con su esposo, su hija y el traslado de su oficina, ella aún espera que el café sea un escenario para brindar e invitar a alguien.


Juana Ramirez Castro 43 años Casada Comunicadora social, Maestra en Filosofía, Candidata a Doctora en Comunicación. Vive con su madre y su hijo de 10 meses, su esposo vive en Valencia, España. Vive en Manizales Vive en el apartamento de su madre. Su pasatiempo favorito es el parapentismo, leer aunque en la actualidad “estoy dedicada a vivir el día, estoy criando”. Juana es una docente de la Universidad de Manizales, cuyo desempeño es en el área teórica e investigativa y esto de hacer café le da “mamera”. En su casa la cafetera la compró su mamá y la de la oficina la compró ella “porque quien me la vendió necesitaba la plata”. Cuando niña vivía en Santa Ana en Bogotá con nana, varias empleadas así que siempre había café fresco y caliente en las jarras, y “ lo único que hacía era servir”. No le importa tomar café trasnochado y lo que no le gusta de hacer café es “la mierdita que hay que botar”. Juana es una mujer reservada, lacónica en sus respuestas y bastante cerrada en lo que respecta a su vida privada; sin embargo, sabe que para su esposo Robert “café es igual a Juana y Colombia porque es de España”. Juana no tiene método para hacer café dice que no mide el café “ al ojo como quede”, pero mantiene en su mano un trapito con lo que limpia todo, es una obsesiva de la limpieza. Con el café tiene “buenos y malos recuerdos” pero sabe que toma café cuando tiene frío. Lo que más le gusta del café ciertamente es el olor y por eso escoge cuidadosamente el que compra y para ella Café Quindío es el mejor. Pero lo que es mejor aún es cuando ya está listo, para ella el café es “símbolo de tranquilidad y trabajo, eso” así Juana contesta y trata de configurar su vida en torno del café. Ante la pregunta de cuándo toma café respondió “antes y después de que se me acabe el siguiente” Juana no sabe ni le nteresa llevar la cuenta de cuántos


tintos se toma al día, prefiere “el café solito” sin leche ni azúcar y piensa que “tengo que estar muy hastiada para rechazar uno”, no hay tinto malo parece su lema pero su ideal sería una cafetera transparente para poder observar todo el proceso y dice que lo que no escoge el pocillo para tomara café “el que caiga” pero se identifica con “la parte hueca de la taza porque tiene espacio”. El proceso fue sencillo, echó el café a ojo, el agua a ojo, limpió todo lo que se regaba, olió profundamente mientras estaba y empezaba a salir el vapor de la cafetera, luego sirvió primero para su compañero de oficina y luego para ella, lo probó y dijo “ve quedo hasta bueno”. Le encanta que el café esté caliente, hace poco se quemó la mano derecha al derramar un café caliente que sacó de una greca de la Universidad, pero esto no cambió su relación con el mismo “ me gusta bien caliente”. Al pedirle que lo preparara en la oficina su compañero dice que hacer café “hace menos aburridora la oficina” y fue claro a partir de brindar un café el espacio se volvió más cercano, más relajado y se paró por un instante la labor del trabajo.


Para este personaje lo importante es tener café siempre y aunque dice que no le gustó hacerlo se le ve el gusto al hacerlo y brindarlo, también como disfruta limpiando cada detalle de la cafetera y del lugar aunque eso sí el pocillo poco importa. Y refuerza el asunto de café de Colombia con la asociación


Angela Rosa Álvarez 55 años Casada Labores de cocina Esposa del agredado de la finca Borinquen Vereda Santágueda Manizales Tiene 4 hijos Adriana 30 años, Claudia 28 años, Esteban de 20 años y Mariana de 14 años. Todos viven con ella Clauida y Esteban están en la Universidad de Santa Rosa y Mariana en 9no grado del colegio. Angela es una mujer de mirada penetrante, ágil en su oficio y espontánea en sus respuestas. Vive en la finca con todos sus hijos y su esposo Jorge quien tiene a su cargo la finca. “Yo no he hecho café colao, yo veo que usan una taleguita pero no sé”. Así empezó nuestra charla. Su familia toma mucho café, a ella le encanta especialmente en las noches se toma “por ahí 5 pocillos”. Me tomo el tiempo para describir el proceso pues este es propio de la tradición que pudiésemos recibir del principio del café colao en Colombia. Lo primero que hizo Ángela es hacer aguapanela, luego cuando hierve le echa el café, lo apaga y le echa un traguito de agua fría para que se asiente el café, espera 3 minutos y sirve sin problema. La razón de este procedimiento la resuelve Ángela de la siguiente manera: “Es más fácil porque hay que ser prácticos, porque la bolsita en la finca no es fácil de conseguir”.


Así en su sencillez me explica que “en aguapanela es mejor porque el azúcar es mala”, sin dar más explicaciones me dice “lo importante es que no se cocine el café porque sabe maluco, se daña el café y además se riega”. Hacer café es algo que todos saben y hacen en su casa, el truco del agua fría es algo que aprendió viendo a otros. “el café se sirve en pocillo, mejor presentación, pienso yo” asegura Ángela mientras se queda pensando si la taza será un utensilio apropiado, ahí es cuando resuelve lo elegante del pocillo. Tiene experiencia haciendo café en fogón de leña y dice que es muy rico porque “sabe como a humito”, luego se queda silenciosa y dice con toda franqueza “ al que le gusta no le importa la clase de café sino tomarlo” pero eso sí aclara “muy maluco recalentar, mejor fresquito porque no es lo mimo. En su casa no queda café para recalentar todo se lo toman y no guardan para más tarde.


De este personaje podemos decir que su relación con los objetos es práctico, es decir, que tenga el menor número de artefactos y simplicidad en el proceso. Ángela, conserva esa viveza que da la explicación de lo que sabe hacer o en sus palabras “esta es una clase de montañeradas”. El contexto campestre de su casa cambia la relación con el café como aquello que se ofrece y reúne a la familia no tanto el cómo se hace.


Consuelo Arias Vargas 60 años Casada Contadora Pública, Especialista en Auditoria de sistemas, Revisoría Fiscal y Auditoria Externa, y Gerencia Hospitalaria. Vive en su casa con sus 2 hijas y una nieta. Su mascota es un puddle “Simón”que la sigue a todas partes. Consuelo es una mujer ejecutiva en sus respuestas y explicaciones, le preocupa su imagen, estar siempre bien puesta. Trabaja desde los 14 años que murió su padre Ezequiel. Recuerda de la adolescencia tiene claro que su bisabuela le daba el café en aguapanela y con ella aprendió. Recuerda que lo hacia su bisabuela a los 14 años “lo hacia en una olla y se le echaba agua pa que se asentara y uno lo sacaba con un pocillo, no había colador en esa época”. “Me encanta tomar después de las comidas” fue su primera respuesta. Luego a través de los recuerdos como “en los primeros años de trabajo salíamos a tomarlo con los compañeros de trabajo a una cafetería, pero ahora lo llevan al escritorio para optimizar el tiempo” Así fue como luego contó que le gusta tomar café en su tiempo libre y con sus compañeros de trabajo. Consuelo ama el aroma del café “que sea recién hecho no me gusta recalentado, me da energía como que me despierta, es como motor para trabajar” pero sobre todo lo energizante que resulta para ella es una de las razones que hace que lo consuma aunque no lo toma luego de las 3pm porque la desvela. La primera cafetera que compró no la recuerda, pero recuerda las de estufa y de colador metálico, luego la eléctrica “me encantaba porque estaba mas rápido el café y no necesitaba filtro, era plástico y luego vinieron las cafeteras de vidrio que si necesitan filtro y mejora el sabor del café.” Ahora tiene una cafetera que usa filtro de papel, le gusta el tinto solo con pandeyuca, aunque le ha dado a lo


largo de su vida otros usos a la cafetera eléctrica “lo usaba para hervir agua y como una especie de inhalador que dejaba prendido en las noche con eucalipto, yerbabuena…aromas”. El café “me gusta claro, recién hecho, con instacream, también me gusta helado café frío, el capuchino pero me encanta, me cae mal la leche” A la hora de comprar una greca se fija en “el tamaño, que sea fácil de manejar y de asear, que sea eléctrica”, si pudiese tener una greca ideal diría qué “no ocupe mucho espacio, que tenga capacidad para unos 6 cafés , que tenga filtro de papel”. Para consuelo el café sabe mejor gracias al filtro de papel y aunque ha intentado enseñar a sus hijas a hacer café ellas prefieren el instantáneo porque es más fácil y tiene sabores. La explicación del proceso fue pausada, detallada y haciendo especial énfasis en las medidas del agua y el café. Ella alista todo y endulza con Stevia, echa el agua, luego el café y enciende la cafetera, obviamente eléctrica.


Para Consuelo el café es un asunto serio que conjuga comodidad, aseo y buen sabor, para ella el café es energizante y aunque la desvela compartir un café en la oficina es siempre un momento grato. Es una mujer recursiva que no le importaba el daño del aparato con tal de que satisficiere la función ala cual o tenía pensado en momentos de crisis como ella lo expresaba


Lisimaco Alonso Alcalá 57 años Casado Ingeniero Agrícola Vive en Cali en casa de su Guruji Viaja los fines de semana para estar con su familia. Tiene 1 hija de 3 años. Lisimaco es un hombre pausado, que siempre tiene tiempo para un café. Trabaja en CIAT como asistente de investigación en CLAYUCA, uno de los inconvenientes de su trabajo es cuando viaja a lugares más bien recónditos o con dificultades para hallar un café. “El café significa, me da como energética, me dan ganas como de trabajar.” O cuando por jugar con su hija se le aplaza el café de la tarde. Relaciona el café con climas fríos donde uno quiere calentarse, con clamar la sed cuando se lo toma uno caliente, con quitarse el cansancio. Su mamá fue quien le enseñó a hacerlo y quien le inculcó el desayuno con café y pandebono. “Aprendí cuando estaba joven a los 18 años, me enseñó mi mamá. Lo hacía igual que yo con colador.” A diferencia de muchos no cambia el colador por nada, y es quien hace el café en su oficina en la greca, pero en su casa en Cali…el instantáneo ante la pereza es una buena opción. En resumen : En la oficina lo hace en greca, en Cali instantáneo y en Manizales colado Cuando hace el café revisa que tod esté muy limpio y en orden, luego pone a hervir el agua. Se fija que el agua esté casi hirviendo y el café no esté viejo, luego lo echa en el colador. Posteriormente tuerce el colador y bota el ripio, antes de sentarse a tomar su café con buena azúcar. Lo que mas le gsuta de hacer café es “Cuando le echo el agua caliente y sale el aroma es lo que más me gusta”.


Prefiere “el colador a la greca porque a veces tiene los conductos sucios y sale de mal sabor el café” y vuelve una y mil veces en afirmar que son difíciles de limpiar las grecas. El recuerdo de niño “cuando comía pandebono caliente con el café que mi mamá recién hacía”. Así repite todos sus días de Lunes a viernes el desayuno en su oficina y reconoce que “le gusta el águila roja porque era la marca que dominaba el valle en su juventud” y le cuesta ensayar nuevos. Lo que menos le gusta de la hecha del café es limpiar el colador, porque toca vaciarlo a un tarro de basura. Así describe su proceso de afán de café: “Yo llego y lo hago en la greca y me tomo un taza grande recién hecho con pandebono, ese es mi desayuno, luego tomo otro después de almuerzo si está frío tomo otro en la mañana. Es usual que en la oficina todos desayunen con café.” Abiertamente reconoce que qsi hace un café maluco “toca tomárselo”, pero si se lo ofrecen y está maluco “ lo deja a un lado con mucho disimulo”. Prefiere el colador ala greca porque es más fácil de lavar. “La greca de la oficina es complicado hacerle mantenimiento y mantiene residuos, mi greca ideal que tuviera los tubos con dispensador más ancho para poder hacerles limpieza más fácil, el colador es ideal así, no creo que tenga mejora así como está es perfecto” . luego e un rato de conversación sobre su trabajo dice: 2pero un mango más cómodo” eso haría que su relación con el colador fuese realmente perfecta. “ Generalmente uno siempre tiene el mismo pocillo para tomar café. No me gusta que me cojan el pocillo. El pocillo ideal es que tenga el fondo un poco más estrecho que la boca porque me gusta como se ve.” No toma café en la calle porque le preocupa el aseo de la gente que lo hace y que esté recalentado.


Es un hombre que perfectamente puede estar todo el dĂ­a tras el cafĂŠ y aunque intenta disminuir su cantidad diaria parece que sino lo hace no puede parpadear bien.

Café  

Etnografía ca

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