políticos. La estrategia que usó el Inca para conquistar a la joven, hija del curaca, quedó en la memoria de los varones de la época, que no tardaron en imitar la acción, usando una vestimenta especial, parcialmente femenina. De acuerdo a información recogida por el antropólogo Manuel Ráez Retamozo (1993), el Wititi fue originalmente una danza guerrera prehispánica, en la que se enfrentaban ritualmente miembros de parcialidades opuestas, Urinsaya y Anansaya, similar en contenido a la danza del Tinku de la región del Cusco. Estaba entonces conformada por grupos de varones, cada uno bajo el mando de un “capitán”, que se enfrentaban con “waracas” u hondas lanzándose frutas aún no maduras y/o semillas grandes, con el afán de derribar al oponente, empezando por los capitanes y después los demás integrantes de cada grupo. Esta demostración de agresividad y resistencia daba preponderancia al varón ante un público femenino que observaba. Por tales motivos, la danza implicaba un alto grado de violencia física que provocaba heridos e incluso la muerte, por lo que fue prohibida hacia la década de 1960. Sea cual fuere su origen, lo que prevalece hoy es la representación de personajes disfrazados de mujer y con el uso de la “montera” a manera de máscara, que protegidos de esta forma y danzando, garantizan su reproducción cultural, social y política de los pueblos del Valle del Colca. El Wititi antiguamente tenía un acompañamiento musical con pinkullos, quenas y bombos, entre otros instrumentos. Hoy la música se ejecuta con trompetas, tarolas, platillos y cornetines, haciéndola más festiva y alegre. El Wititi se baila con atuendos especialmente vistosos, donde se hace gala del arte textil cayllomino.
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