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Esteban Dublín

Preludios,

Interludios &

Minificciones

RELATOS E IMAGINARIOS PARA DIGERIR EN 5 ACTOS


Preludios,

Interludios

&

Minificciones

RELATOS

E IMAGINARIOS PARA DIGERIR EN

5 ACTOS

Dirección Editorial Edición y Diseño Producción General Impresión y Pre-prensa

Carlos Daniel Rueda Pérez Adéer Lyinad Ediciones www.corporacionarte.org

Fabricca Contacto Gráfico Ltda Bogotá, Colombia

Textos

Daniel Frini

Ilustraciones Portada

Jonathan Camilo Durán

Mínimas Inconexas

María Carolina Ramírez

Mortales Legendarios

Diego Agudelo —Tierraboca

Breves Intertextuales

Jonathan Camilo Durán

Zonas Anónimas Microscópicas Copyright©2010 Adéer Lyinad Ediciones Adéer Lyinad Ediciones es una marca de la Corporación Adéer Lyinad

Gustavo Ortega Julián Palma


Índice

Prólogo

Daniel Frini

pág.

5

Mínimas Inconexas

pág.

8

Segundo Acto

Mortales Legendarios

pág. 30

Tercer Acto

Breves Intertextuales

pág. 52

Cuarto Acto

Zonas Anónimas

pág. 74

Microscópicas

pág. 96

La inédita Historia de Adéer Lyinad

pág. 119

Primer Acto

Acto Final Cierre


Prólogo

L

a microficción es, para qué negarlo, la expresión literaria que refleja más acabadamente el ritmo de nuestra vida en estos extraordinarios años de principio de siglo. La velocidad con que aparecen nuevos adelantos tecnológicos (viejos ya, antes de que nos enteremos de su existencia) y con la que se producen las mudanzas sociales, cambiaron no sólo a la literatura, sino a los mismos lectores. La microficción logra llevar a su punto más alto la relación entre el escritor y el lector, exigiéndole a este último apartarse de la pasividad que puede mostrar en el cuento o en la novela y una intervención mucho más activa en la historia narrada: quien lee es el encargado de completar el relato, a su arbitrio. Y el escritor debe ser sumamente preciso en lo que desea transmitir. En este sentido, hay un ejemplo clásico que me gusta citar: es un cuento del belga Frank Roger que tiene la friolera de… cero palabras. Se llama El día que cayeron las bombas borradoras de textos. Una joyita. ¿Se puede decir tanto sin nada? Por supuesto, y así se demuestra la fuerza de las ficciones mínimas.

Raúl Brasca afirmó, en una entrevista en 2007, que para escribir una microficción hay que «tener una idea acabada de lo que se quiere decir. Renunciar a descripciones, renunciar también a la composición psicológica del personaje —lo que implica que éste tiene que actuar en diferentes situaciones para que el lector pueda entender cómo es—. Prestar mucha atención al sonido. Pero todo el efecto que puede tener una microficción está sustentado en lo que no se dice. En la elipsis. El final de la microficción generalmente no es un final fáctico como lo es en los cuentos; sino que sugiere, dispara, más de una posibilidad. Y una vez que ya sabemos lo que vamos a decir y lo que no, hay que fijarse muy bien el orden en que se lo va a escribir. Eso también forma parte de la estrategia para lograr lo que uno quiere”. Claro está y en referencia al párrafo anterior, Esteban es un eximio microcuentista; y en las páginas que siguen verás por qué lo digo. Estos noventa y cinco cuentos son magníficos ejemplos de ello, y lo ubican en la cresta de la ola de esta tan actual y necesaria forma de literatura. Tal como señala Ana María Shua que debe ser, Esteban trabaja sus materiales con desparpajo, apuntando al cruce y, al desmantelamiento de los géneros, al «todo es posible». Estos noventa y cinco cuentos son, en definitiva y si tú lo quieres, tan extensos como noventa y cinco novelas. Sólo tienes que dejar libre tu imaginación. Pequeño desafío.

Daniel Frini CUENTISTA ARGENTINO PREMIO LA OVEJA NEGRA 2009


Agradezco infinitamente la generosidad de Sergio Gaut vel Hartman. Sin él, Preludios, Interludios y Minificciones no habría sido más que una idea lanzada al vacío. A Fabricca, por su paciencia y extraordinaria gestión. A los cinco talentosos ilustradores que se sumaron al proyecto y a Daniel Rueda, por creer desde el principio en él. Y por supuesto, a mis padres, a quienes las palabras de agradecimiento por todo lo que me han dado no alcanzan ni alcanzarán.


A ti, princesa. A mis hermanos. A Santi, por lanzarme al mar. Y a Majo, por llegar.


« Imaginación no es algo que surge

Esteban Dublín

de forma lógica. No se elige como un producto de supermercado. Simplemente aparece, cómplice del azar »

Mínimas

Inconexas


Abordaje

No crean, para mí tampoco fue fácil. Verla tan hermosa y llorando, como suplicándome un minuto más. Al menos un abrazo más. Se iba a España y sabrá Dios si algún día vuelva. Tal vez nunca la vea de nuevo. Sollozaba, como si no hubiera remedio posible, y yo, claro, yo que no soy de palo, pues me quebré. Porque tal vez muchos crean que soy un insensible, pero no, soy un hombre de carne y hueso. Nadie sabe lo que sufro yo en momentos como esos. “Siga, señorita”, fue lo último que le dije mientras le devolvía el pasaporte para atender al siguiente pasajero. 11


Ocupado

“Discúlpeme, de verdad, me muero de vergüenza con usted, pero en este momento, en este mismo instante, me es imposible atenderlo. No quiero ofenderlo, pero creo que su visita es un poco inoportuna. Justo ahora tengo un montón de cosas por resolver en mi trabajo, algunos negocios pendientes y varios asuntos atrasados desde hace varias semanas. Créame, me encantaría tener tiempo para escucharlo, pero con tantas cosas qué hacer me queda supremamente difícil. Déjeme su número y yo lo llamo a ver en qué momento quedo libre para que charlemos, ¿le parece?”. Entonces, triste y cabizbajo, el amor se dio vuelta y se fue.


Hábito Aquí estuvo el dueño de este abdomen, escribía Karim Rotz sobre el cuerpo de su novia. Por esta piel se derritió mi saliva y mi lengua encontró destino sobre estas curvas. Mis dientes fueron testigos presenciales de los deseos de estas cumbres y sobre estos pezones rojos y tiesos mis labios resucitaron durante once noches seguidas. Alrededor de este ombligo caí hipnotizado, y aquí, justo aquí al lado de esta coma, Odín se apoderó de esta cueva que le cumplió más de tres, más de cuatro, más de quince caprichos. Estas caderas están selladas con mi rabia, esta espalda con mis yemas, este cuello con mi fuego. “No lo hagas más difícil, por favor”, le dijo ella. “Ya casi termino, Lucía”, replicó Karim con la voz quebrada sin soltar el marcador. “Si me dejas para entregarte a Dios, de algún modo debo asegurarme de que conozca tu pasado”. 13


Negación

Mi mujer cambió de un momento a otro. Ya no me mira, no me habla. Decidí llamar a sus padres a ver si me dicen qué sucede, pero con ellos pasa exactamente lo mismo. Cuando terminan de conversar con ella, sólo atinan a darme ánimos. Hablé con su mejor amiga, con sus compañeros de trabajo, con sus ex novios, pero a ellos, increíblemente, tampoco les habla. Todos se ven tan extrañados como yo. Hoy, después de todo, llamé al cura que ella tanto quiere a ver si le saca algo, pero aún con todas las bendiciones que le dio y todos los aceites que le puso, tampoco pronunció palabra.


Mariposa Real El nacimiento de la mariposa no es como me habías contado. Lo que he descubierto es que cuando viene al mundo, una oruga pequeñísima quiebra un huevo diminuto que se encontraba gestándose desde tiempo atrás. Una vez que el animalito sale, empieza a crecer mientras cambia de color. Poco a poco, las células de su cuerpo se disuelven para crear unas alas brillantes. Luego, después de un extrañísimo proceso de transformación, la horrible larva se transforma en una hermosa princesa alada que, sin haber aprendido a volar, empieza a elevarse casi instantáneamente. “Estás absolutamente loco, Esteban”, me dice mi padre luego de contarle mi teoría. Su comentario me quiebra, pero me repongo rápidamente de su veneno. Pienso que, a la larga, ya está demasiado mayor para creer en cuentos de hadas. 15


Gourmet

El mesero trajo de vuelta a la cocina el Pollo al Oporto adornado con zanahorias finamente picadas y con hongos de pino. El exigente chef se sintió ofendido: jamás había sufrido semejante desplante por parte de un cliente. Furioso, le arrebató el plato al camarero, echó su cabeza para atrás, emitió un crujido seco con el pecho y de su boca salió el toque de sal que, según el comensal, le faltaba a la receta.


Secreto

Por ningún motivo podía dejar que los niños se enteraran de qué había en el sótano. Siempre esperaba a que estuvieran lejos, sacaba el plato de lentejas y lo bajaba sigilosamente. Me aseguraba de que no entraran cerrando con seguro y colgándome las llaves como collar. En todo caso, a pesar de las precauciones, la curiosidad fue más fuerte y un día me siguieron. Cuando descubrieron lo que pasaba, no tuve más remedio que dejarlos ahí con su padre. 17


Sentencia

El asesino saca su arma del bolsillo, revisa que está funcionando bien con un par de movimientos y apunta directamente a su objetivo. Una vez acabe con el líder comunitario, ya no tendrá opositor alguno en su plan de desalojar a los campesinos para construir un amplio complejo destinado a la producción de cocaína. El asesinato del revolucionario será tan sólo el comienzo de una seguidilla de crímenes contra los que se subleven como él. Cuando termina de firmar la orden, el delincuente deja su bolígrafo sobre el escritorio y se dirige a su reunión en el Congreso.


Doble

Apenas se levanta, un joven se dirige lentamente hacia el baño y se mira al espejo. En otro espacio, exactamente en el mismo instante, otro muchacho se ubica al frente al cristal de su lavabo. Ambos, curiosamente, creen que el que está al otro lado no es más que su reflejo. 19


De Otro Mundo

En esta casa, definitivamente, pasan cosas extrañas. El miedo ya no me deja dormir y desde que escucho esos sonidos perdí la paz por completo. Durante el día no hay mayor actividad, pero en las noches, ¡Dios bendito! Todo el tiempo escucho taconeos en los pasillos, golpeteos en las ventanas, gritos de niños en las habitaciones y, lo que más me aterra, gemidos en el cuarto principal. En todo caso, me niego a irme de aquí. A la larga, los intrusos son ellos y soy yo, el dueño de esta casa, el fantasma.


Oración

La piadosa mujer rezaba, elevaba sus súplicas como tratando de purgar una pena ajena. Sostenía su camándula en la tercera decena, susurraba para ella misma un avemaría y contemplaba distraídamente el misterio doloroso de La Coronación de Espinas. La imagen de la Virgen, ligeramente iluminada por un gran número de velones escarlatas, parecía escucharla, porque de repente, una lágrima transparente le cayó del rostro deslizándose suavemente por sus mejillas de porcelana. La mujer la vio y, sorprendida, soltó su camándula. Tuvo ganas de correr a avisar el milagro, pero algo la detuvo. Tal vez ese incómodo pensamiento que le decía que su hijo, fallecido tres días atrás, ya había realizado su primera maldad en el Reino de los Cielos. 21


Naturaleza Profesional

El auditorio completo estalló en ovaciones, gritos y aplausos cuando finalizó la obra. A pesar del júbilo generalizado, la soprano sabía que la admiración del público no era para ella. Lo sabía porque desde uno de los balcones del teatro, con envidia y frustración, ella también aplaudía.


Trastorno

El pastor no lograba explicarse por qué siempre después de las noches de luna llena desaparecía una de sus ovejas y, menos aún, la razón por la que amanecía desnudo, empapado en sangre y cubierto de huesos en medio del rebaño. 23


Honor El General miró el reloj con el ojo derecho —el otro lo había perdido en un enfrentamiento militar en el que hubiera preferido morir combatiendo—, se levantó de la silla y se acomodó el tercer sol sobre el pecho. Sacó la escopeta de caza y apuntó a una gaviota posada a unos cuantos metros de la ventana. Su esposa, sorda hacía varios años, acostumbraba llamarlo a almorzar tocando tres veces la puerta. Esa tarde, justo antes de tocar la segunda, la mujer vio por el ventanal de la sala una gaviota que salía volando y, asomándose por debajo de la puerta, un diminuto río escarlata manchando su sandalia.


Izquierda

¿Por qué hay tanta gente, mamá? ¿Y por eso tienen que gritar así? ¿Por qué estamos en la plaza? ¿Mamá, por qué tienen así al maestro Tuttendon? ¿Cómo? ¿Cómo que no es un maestro? ¿Y todo lo que me enseñó qué es? ¿Y por qué lo arrastran así? ¿Un qué? ¿Qué es un opositor? ¿Y el de negro quién es, mamá? ¿Un verdugo…? 25


Guardián Aunque cueste creerlo, en medio de las figuras celestiales, existe un ángel que vela porque se respete el uso correcto de las palabras. Sin duda, su trabajo es arduo y basta conocer las labores que realiza para entender por qué. El ángel no sólo debe vigilar que la gente use correctamente la palabra desde la gramática, fonética u ortografía, sino que debe estar pendiente de que se honre el valor moral de cada vocablo. Cuando alguien viola alguna de estas normas, el ángel marca el “pecado” del mortal en el cielo y con la suma de fallas determina el futuro estado de su alma. Si alguien les echara un vistazo a las marcas del ángel, fácilmente se daría cuenta de que los publicistas están condenados al Limbo; los periodistas, al Purgatorio y los políticos, al Infierno.


Milenaria

En Perú, los incas usaban un sistema nemotécnico de contabilidad que funcionaba a través de cuerdas anudadas, denominado quipu. Algunos especialistas, sin embargo, consideran que el quipu no sólo era usado para determinar estadísticas, sino también para contar historias. El instrumento se compone de una cuerda principal de la que se desprenden otras que pueden, o no, tener nudos. A su vez, cada sirga puede estar hilada desde cuerdas secundarias y así sucesivamente hasta llegar a más de mil ramificaciones. Hoy, precisamente, una mujer comprendió el modo de interpretar un quipu. Al leerlo, descubrió que su biografía está escrita desde hace siglos, como si fuera una leyenda inca. No obstante, un viento frío sube vertiginosamente por su cuerpo. La última de las últimas cuerdas del quipu —piensa ella— está narrando ese mismo instante. 27


Una historia que se quedó sin título por empezar sin avisar

Esta historia, esta que en este preciso momento usted está leyendo, está intranquila. Era su momento de gloria y las cosas no están saliendo como lo había planeado. El personaje principal no ha llegado, y sin protagonista no puede haber historia, o eso, al menos, es lo que dicen los cánones. “¿Por qué no llega?”, se pregunta. “No me puede hacer esto”, piensa irritada (se supone que los lectores no pueden ver estos pensamientos y menos que la situación se está saliendo de control. Por eso este fragmento está entre paréntesis). Lo más delicado es que esta historia ya va para su novena línea y aún no ha pasado nada interesante. “¿Qué hago?”, piensa. Es muy tarde. Ya ha quedado expuesta al público y lo peor es que el final está muy cerca. “¡Estoy acabada!”, dice. Tiene razón.


Desenlace

El autor escribía con tal pasión su novela que, sin notarlo, se había sumergido en ella. Miró a su alrededor y se percató de que caminaba por entre sus capítulos. Escarbaba entre sus letras tratando de hallar una salida. Años después, todavía se abre paso en medio de las frases, buscando –sin éxito- un final para esa historia. 29


« Normal es el único adjetivo que jamás se le

Esteban Dublín

debería atribuir a un ser humano. Y aunque aparentemente es el más pertinente, es preferible creer que cada hombre es un universo infinito de posibilidades y que, a pesar de su condición de mortal, se puede convertir en leyenda. »

Mortales

Legendarios


Réplica Irina Vasky suele encontrarse consigo misma. Y no precisamente en el sentido espiritual. En varias ocasiones se ha visto a su edad, idéntica y vestida tal cual está, pero también se ha encontrado de niña, jugando con muñecas o lanzándose de los rodaderos de los parques. En una ocasión, incluso, se vio más vieja, arrugada y con un pequeño que parecía ser su nieto agarrándola del brazo. Sus réplicas, en todo caso, se han manifestado de maneras aún más extrañas. Contraviniendo cualquier explicación lógica, se ha visto fundida en porcelanas y retratada en pinturas o fotografías. Al borde de la locura, Irina no soporta verse a sí misma de nuevo. Desesperada, agarra una navaja y arremete con furia sobre la primera copia nueva que encuentra. Justo cuando le clava el puñal en el centro del pecho, la réplica deja de ser una y se convierte en dos. 33


'Kid' Badillo Era su vigésima séptima defensa del título. Asalto 9. Su rival, un hombre negro como el carbón y con más hambre que un niño de la calle, lo tenía al borde del nocaut. 'Kid' Badillo, semiciego por los golpes, se movía como borracho por el cuadrilátero. Todos coincidían en que su verdadera virtud era su enorme orgullo: que, aún después de recibir los golpes más certeros, se levantaba movido por una inmodestia particular y gracias a esa vanagloria derrotaba al rival que se le atravesara. Sin embargo, la edad le pasaba factura en este combate y parecía que la agilidad se transformara en torpeza con cada campanazo. Un derechazo más en el mentón lo tiró al suelo por segunda vez. Lentamente se dirigió a las cuerdas y, apoyándose en ellas, se levantó tambaleante. Con el último leñazo, junto con el protector bucal, su mayor virtud salió por los aires.


Seudónimo

Cada vez soy menos yo y más mi álter ego. Y debo decir que me incomoda. Soy yo el que escribe las canciones y él quien se lleva el crédito. Soy yo el que dedica largas noches a cada letra y él quien se queda con los reconocimientos. Soy yo el que se esfuerza en componer y él a quien llaman a entrevistar. —¡Bernardo, a comer! —grita una mujer en la cocina. No atiendo. No es conmigo. 35


Amor Eterno

Orledys Cáqueza ha bebido una pócima que le ha dado la vida eterna. En un principio le pareció fabulosa la idea de vencer a la muerte, pero con el paso de los años, cuando vio a su marido partir, y a sus hijos, y a sus nietos, y a sus bisnietos, y a sus tataranietos, llegó al límite de la paciencia, porque aún cuando la pócima evitaba la parca, no sorteaba el envejecimiento. Después de doscientos diecinueve años, la piel de Orledys es un arrume de piel colgante manchada por doquier, un acumulado de grasa al que la gravedad tiene dominado. Perdió la vista y sus ojos son par de vidrios blancos. Sus huesos están destruidos y su capacidad de movimiento se desvaneció por completo. No come ni habla. Sólo duerme como esperando que la utopía de su muerte la encuentre descansando. A pesar de que Orledys es un desafío a la Naturaleza y parece un bulto pesado y pestilente, hoy un hombre la ha visto en el ancianato donde reside. Y se ha enamorado de ella.


Cálculo Visual

Mariángeles Salgueiro ha descubierto que tiene una poderosísima pero aterradora habilidad. Con sólo mirar a los ojos de una persona, es capaz de conocer, a través de cálculos específicos, todos los sucesos de su vida: pasado, presente y futuro. Su edad actual, el año que perdió su primer diente, su número de identidad, la hora a la que se levanta diariamente e, incluso, la fecha y el modo exacto de su defunción. Precisamente, por la exactitud de los pronósticos, decidió exiliarse en la selva con el fin de evitar la visualización de las tragedias. Aún así, lejos de la civilización, Mariángeles avistó de nuevo la fatalidad. Esta vez, la desventura más terrible que jamás había observado. Sin advertir, eso sí, que los ojos que divisó ese día correspondían a su reflejo. 37


Ipso Facto

Desde muy niña, Omaida Kulaj descubrió la extraordinaria habilidad que poseía. Si quería algo, sólo debía cerrar sus ojos, pensar en ello y cuando los abría, aquello que pensaba aparecía como arte de magia. Quería un postre de limón, y surgía de la nada. Deseaba un coche de lujo, y lo tenía al instante. Anhelaba una casa de colina con puertas de plata, y la obtenía inmediatamente. Todo se hacía tangible con el poder de sus pensamientos y muy pronto descubrió que su don era capaz de trasgredir los terrenos materiales. Entonces empezó a ansiar amor, estabilidad, tranquilidad. Y lo tuvo todo. Un día, inevitablemente, pensó en la muerte.


Vocación

Peter Dreyler ya no soportaba que su mano derecha no descansara de la escritura ni un instante. Si no estaba redactando un artículo, escribía un poema. Y si no realizaba una novela, componía un cuento, o una crónica, o un ensayo. Tal autonomía lo llevó a tomar la desesperada decisión. Una noche, harto de la rebeldía de su extremidad, tomó un hacha con la zurda y de un impacto decidido y doloroso, cortó a la caprichosa de la que había perdido el control. Arrastrándose, la mano se movió por última vez y con la sangre que quedó en el suelo escribió, agonizante, la historia que usted acaba de leer. 39


Omnipresencia Carmelo Serrano posee el magnífico don de la ubicuidad. Y gracias a su habilidad ha podido desarrollar un sinnúmero de conquistas en espacios distintos y tiempos exactos. Con el paso del tiempo, a pesar de eso, Carmelo se ha enamorado de Jimena, una de sus tantas mujeres, y poco a poco ha ido deshaciéndose del resto. Pese a todo, él mismo se ha convertido en su principal enemigo, porque cuando, estando en un lugar, sabe que Jimena está con otro de sí mismo, unos celos enfermizos se apoderan de él sacándolo de sus cabales. Es entonces cuando el orgullo masculino se desborda y la lucha entre todos los Carmelo Serrano por el amor de Jimena deriva en una sangrienta guerra sin cuartel en la que no hay espacio para la tregua ni la compasión. Mañana se celebrarán catorce exequias simultáneas.


Babel

La vida de Melina Tororó se ha convertido en una torre de Babel. Curiosamente, su capacidad lingüística le permite hablar en castellano, pensar en euskera y escribir en sajón. Pero esa, en definitiva, es la parte sencilla. El verdadero lío es que su conocimiento filológico ha influido directamente en sus maneras de actuar. Melina sonríe en bretón, baila en cantonés, juega en oriya, razona en hebreo, se enferma en guaraní, se alegra en kazajo, se indispone en moldavo, se emociona en portugués y llora en checo, sólo para poner algunos ejemplos. En todo caso, su virtud muy pronto se ha vuelto una confusión insoportable, cosa que la ha llevado a cortar con el problema de raíz. Hoy su lengua se subasta en Christie's. 41


Capítulo 19 ...Magnolio Tristán se dirige a su puesto de trabajo, se sienta frente a su ordenador y comienza el análisis financiero. Justo cuando va por la mitad, queda inmóvil, petrificado como una estatua. Aunque hace todos los intentos posibles por continuar su labor, algo más grande que él lo detiene haciendo que permanezca suspendido. Y aunque sepa que debe terminar el análisis antes de que su jefe se lo solicite, o salir a comprar las pastas que le encargó su esposa para la cena de esa noche, Magnolio no podrá moverse hasta que el novelista se decida a retomarlo en el capítulo veinte...


Perfecto

Milagros Ampudia tiene la posibilidad de forjar al hombre perfecto. Lo hace trigueño, de pelo castaño liso y con cejas finas como un pincelazo. Diseña el color de sus ojos pardo como una tarde de domingo y su boca como un trozo de carne rojo, grueso y jugoso. Crea firmes y ligeramente musculosos sus pectorales, el miembro al tamaño justo de su satisfacción y firmes y cuadriculados sus abdominales. Además, desea que no hable, que cocine, que lave, que planche, que cosa y que barra. Una vez lo concibe a su total complacencia, disfruta con él como juguete nuevo. Sin embargo, ante tanta perfección, no le ha quedado más alternativa que dejarlo por otro. 43


Última Melodía Camille, un cantautor en auge, ha descubierto una terrible verdad: cada vez que toca su canción más popular, una persona fallece instantáneamente. Al principio no le pareció más que una extraña coincidencia, pero cuando llegaron a sus oídos todas las víctimas que había cobrado en sus conciertos, realmente se percató del peligro de su música. Camille, por supuesto, ha optado por no tocar su melodía de nuevo, pero eso, a la larga, no sirve de nada. La gente pide tanto la canción que las líneas telefónicas radiales han colapsado. Igual que las de las funerarias.


Atrapalabras

Ismael Beliqua goza de un privilegio fascinante: cada vez que alguien pronuncia una palabra, él es capaz de atraparla para siempre. La agarra en el aire como si fuera una mariposa y la guarda ceremoniosamente en un cofre de cristal. El verdadero problema es que su obsesión por guardar vocablos se le ha salido de control y ya no le cabe ni uno solo en el cofre. Sin embargo, Ismael no aguanta las ganas de coleccionar, al menos, uno más. Sin saber que será la última vez, cuando abre el arcón transparente, una explosión descomunal e inimaginable de palabras forma un Big-Bang en el universo. En ese momento, y no en otro, se hizo la luz. 45


Espejo El reflejo de Dubán Merker hace todo lo contrario que él. Si Dubán levanta el brazo derecho, este levanta el izquierdo y si uno se agacha, el otro se empina. El lío es que no sólo contradice sus movimientos, sino también sus acciones, porque cuando el hombre actúa de buena fe, su reflejo lo contradice por completo. El caos ha llegado a niveles insospechados, porque con la firme intención de remediar las maldades de su otro yo, Dubán ha realizado actos de humanidad y generosidad a gran escala que han derivado en guerras y hambrunas. En medio de la anarquía, Dubán se ubica frente a su espejo y de una pedrada cargada de rabia destruye el cristal en un instante. Poco a poco observa cómo, al tiempo que su reflejo se despedaza, él mismo se va multiplicando.


Entrega Total

Así como algunos poemas de Neruda tienen una clara posición política y los cuentos de Cortázar un halo inconfundible de imaginación, las cartas de amor de Fulgencio Viatri también tienen un sello especial. Y no se trata de su extraña tipografía ni que escriba en desorden de arriba abajo y menos aún de su exceso de adjetivación. Antes de escribir una epístola, Viatri se abre cuidadosamente el pecho con las manos y gritando del dolor, en un rito que podría ser el espejo de la tortura, se saca el corazón, lo toma y lo posa al lado de una hoja en blanco. Enseguida toma su pluma y la empapa para escribirle a su musa con la sangre que funciona como tinta. 47


Señales de Humo Cuando Margarita Petrus exhala una bocanada de su cigarro, las volutas de humo forman figuras extraordinarias. No se trata de las típicas imágenes que realiza un fumador promedio, sino de unas siluetas que, aparte de alcanzar una altísima perfección estética, predicen el futuro. El vaho ha profetizado viajes, matrimonios y oportunidades laborales. Y todo, sin excepción, con una precisión absoluta. Días atrás, sin embargo, una figura llenó a Margarita de miedo. Se trataba de un hombre que sostenía una daga dispuesto a asesinarla. Antes de ver cómo seguía, esparció el humo y desvaneció el dibujo. Desde ese momento, ha dejado de fumar. No precisamente por una advertencia médica, sino porque teme conocer el desenlace de su vaticinio.


Retratos

El talento de Apolinar Manzano ha trasgredido el terreno de lo artístico. Sin que él lo sepa, sus dibujos cobran vida escapándose de sus cuadros. Una mañana, cuando fue a ver el caballo que había pintado, descubrió que ya no estaba en el lienzo. Le pareció extraño, pero en ese momento pensó que tal vez había dejado su dibujo en medio de sus otras obras, perdido entre su característico desorden. No obstante, cuando no encontró el retrato del niño en el árbol, ni el de la mujer semidesnuda, ni el del ángel empuñando un sable de plata, Apolinar pensó que estaba al borde de la locura. En un arrebato de inspiración, pintó un autorretrato referido a su estado mental en el que se sumergía en el mar. Cuando despertó, sintió un roce húmedo en la piel y, aún preso del letargo, divisó una gigantesca ola elevándose sobre él. 49


Laberinto

No ha pasado media hora cuando Tiago Carter se percata de que la película que está observando es, nada más ni nada menos, la de su propia vida. El guion del filme es una adaptación exacta de su existencia, una esmerada reproducción biográfica desde su infancia. Justo al final comprende que la secuencia que está viendo es exactamente la que está viviendo: él, en medio de un teatro, viéndose a sí mismo en una película. La historia del Carter actor y espectador paralelos se repite una y otra vez. Sin advertirlo, ha quedado atrapado en una cinta interminable, protagonista de una película única, cíclica, infinita.


Memorias

Gregorio Polidori vive del recuerdo. Asegura que vivió lo suficiente y que sus remembranzas están seguras habitando en su memoria. Recuerda el día en que conoció a Victoria, sus besos, sus caricias, sus salidas al parque, sus noches de amor desenfrenado. Gregorio evoca todo con gran detalle y es capaz de especificar hasta la más insignificante minucia de su historia. En su memoria aparece una reminiscencia del día en que se despidió de ella, obligado a ir a la guerra. Recuerda los balazos, las explosiones, las noches inclementes de frío y lluvia. Rememora también el disparo que recibió en un enfrentamiento. Y cuando sigue escudriñando entre sus pensamientos, Gregorio descubre aterrado que su obsesión con los recuerdos se debe, precisamente, a que él también es uno. 51


« Es posible llegar a cualquier lugar

Esteban Dublín

cuando se viaja con el pasaje de la imaginación. Es ahí, cuando espacios aparentemente ficticios aparecen como bengalas de celebración a través de arquitecturas de ensueño. »

Zonas

Anónimas


Atemporal

Adentrándose en el valle de Anduriamenia, muy cerca del río Guapí, hay un lugar enigmático. Generalmente, todo el que llega hasta allí se sienta en una enorme piedra, encuentra unos viejos manuscritos aparentemente extraviados y movido por la curiosidad les echa un vistazo. Lo que sucede a continuación no tiene explicación alguna: mientras el caminante los va leyendo, el tiempo se va lentificando. Misteriosamente, los segundos se convierten en minutos; los minutos, en horas; las horas, en días; los días, en meses; los meses, en años y los años, en siglos. La devoción por la historia obnubila al peregrino y cuanto más desea apresurarse a conocer el final del documento, más despacio corre el reloj. Atrapado, en una confabulación del tiempo, como pagando un impuesto por visitar el lugar, el ansioso viajero se queda leyendo la misma historia por toda la eternidad. 55


Si caminas por los bosques de Parama abierto a la imaginación,

Casa Palabra

es muy posible que cerca de los pinos encuentres una casa construida con palabras. Si la ves bien, podrás darte cuenta de que su arquitectura desafía la sensatez y que su recubrimiento, en lugar de cemento y ladrillos, es de sustantivos sostenidos entre sí que se leen a medida que recorres las habitaciones. Las puertas y las ventanas están compuestas de preposiciones, que hacen las veces de antesala. A su vez, cada elemento decorativo es un pronombre que mágicamente deja de ser posesivo cuando los visitantes comprenden que las cosas pertenecen a quien las valora y no a quien se las quiera llevar. Y si te detienes a ver los muebles, podrás ver que las sillas, los sofás, las mesas de centro y el comedor, son adjetivos que cambian según el estado de ánimo del invitado. Para entrar, sólo se ha establecido una condición: dejar a la entrada un verbo en infinitivo que luego se pueda convertir en un deseo. El mío fue soñar.


El Piano de Furanji

El conde de Furanji, un dandi que cada noche estrenaba amante, era un hombre bello, rico y poderoso. En sus sábanas se derretían desde prostitutas hasta condesas, pero lo curioso de Furanji no era el público femenino que desfilaba por sus pasillos, sino el misterioso piano de su palacio. Cada vez que la pasión ardía en la habitación del conde, el instrumento, sin intérprete alguno, evocaba una melodía que encendía el calor de los amantes. Sin que nadie tocara las teclas ni ejecutara nota alguna, el piano recogía ese ardor sexual y emitía una música bellísima, melancólica tal vez, pero llena de una pasión incontenible. Solitario, intentaba capturar para sí ese amor que impregnaba el castillo, ese mismo que le sobraba a su dueño. 57


Alejado del bullicio mundano, existía un lugar magnífico y

Dolasia

espléndido. De sus colinas se desplegaban cascadas que dejaban a su paso millones de plantas creciendo al ritmo que imponía la Naturaleza. Ni una sola nube se asomaba sobre su cielo y por eso el firmamento se divisaba nítido, como en ningún otro lugar en el mundo. La armonía entre el lugar y sus habitantes era increíblemente inspiradora. Los leopardos conversaban durante largas horas con los geranios, así como los manatíes se entretenían con las estrellas de mar. De sus árboles crecían limarios, guayales, plenutes y anoros, todos frutos enormes, exquisitos y desconocidos. En Dolasia las aves volaban en círculos, como reconociendo que no había un mejor lugar adónde migrar. Su aire era el más fresco y curativo de la Tierra y sus manantiales eran tan puros que brillaban como diamantes. De día se sentía un delicioso olor a vainilla y en la noche era fácil percibir el aroma a chocolate. Un día llegó el hombre.


Incógnito

En el pueblo de Quiretá habita un misterio aterrador. El problema es que el secreto está celosamente guardado por sus objetos inanimados. Los muros se comunican con las avenidas, los caminos pedregosos hablan con las puertas, los jardines se susurran con los postes, las calles se secretean con las ventanas y los basurales murmuran con las lápidas. Entre las cosas se ha desarrollado un nivel de comunicación superior, tanto así que una vez la persona descubre el escalofriante enigma, idean una persecución colectiva y organizada para silenciarlo. De todos modos, yo he logrado escapar de las trampas que me han puesto en el camino y he llegado hasta aquí para develar el misterio. Se trata de 59


—¡Hola, amigo!

Terelí

—Buenos días, señor, bienvenido a Terelí. —Gracias, amigo. Es usted muy amable. ¡Cómo estaban todos de equivocados! —Discúlpeme, señor, ¿por qué lo dice? —Habladurías, amigo… Dicen que es un pueblo tenebroso… —¿Tenebroso? ¿Eso dicen de Terelí…? —Sí, pero desde que llegué he visto todo lo contrario. Aquí todos son muy cordiales y no veo nada de lo que tanto dicen… —Discúlpeme ser tan insistente, ¿pero qué es lo que tanto dicen? —Ah, no me haga caso, amigo, chismes de la gente. Dicen que a este pueblo sólo llegan los muertos… —¿Muertos…? Ah, bueno, si es por eso, no tiene de qué preocuparse… —Eso veo, amigo, eso veo… —No me malinterprete, señor. Lo que le digo es que con respecto a eso tienen toda la razón.


Profundidad Hace mucho tiempo, las riberas de Petrelia era uno de los lugares de mayor proyección turística en el mundo. Para ir, se debía reservar con varios meses de anterioridad y no había un solo día en el año que no estuviera colmado de gente. Su apogeo, en todo caso, era más que lógico. La persona que se sumergía en sus mares y nadaba hasta el fondo de ellos podía encontrar una idea. Los turistas entraban una y otra vez y sacaban ideas originales que luego usaban en su vida personal, profesional o artística. Como era de esperarse, fue un éxito comercial apabullante. Con el paso de los años, sin embargo, el número de ideas que quedaba en el fondo de los mares de Petrelia fue disminuyendo y, del mismo modo, el de visitantes. Lo que todos desconocen es que en un nivel todavía no explorado, el mar se extiende millones de millones de kilómetros con ideas que habitan intocadas en sus profundidades. 61


Captura Cuando Teresa Maltus compró su cámara, nunca imaginó las consecuencias que producirían sus fotografías. Cada vez que obturaba, la persona, el animal o la cosa que cubría el campo de imagen desaparecía instantáneamente, como si, por un efecto mágico, quedara archivado en el aparato. La primera vez que le sucedió pensó que tan sólo era una ilusión óptica, pero al ver el monumento nacional sin el busto del prócer, y al niño caminando sin torso, y al firmamento con un cuadrado transparente en el medio, se dio cuenta de que no era un mero espejismo. Entonces, desesperada por el caos provocado, obturó a diestra y siniestra haciendo desaparecer todo lo que la rodeaba. Y allí quedó, con su cámara llena de unos recuerdos que no se atrevía a contemplar, llorando en medio de un infinito desierto traslúcido.


Condena En Fátrema, a unos cuantos kilómetros del pueblo de Castella, habitaba un escritor que se había hecho famoso por dedicar su vida y obra a averiguar y publicar los secretos más inconfesables de sus coterráneos. Las verdades costaron matrimonios, amistades y hasta vidas. Fue por eso que los fatremacences idearon un plan de venganza espeluznante para silenciarlo: un día, una turbamulta enardecida irrumpió en su casa y, luego de meterlo en un costal, lo condujeron hasta una cueva donde no había luz, ni agua, ni aire, abandonándolo sin piedad a una muerte lenta. Hoy los textos del escritor han sido galardonados en un importante festival literario y los medios han acudido hasta Fátrema para conocer el pueblo que lo inspiró. Todos, orgullosos, quieren dar testimonio. Argumentan que fueron precisamente ellos los que vivieron aquellas –que él hizo- ahora tan buenas historias. 63


Amor Caribe El Mar Caribe se enamoró de Lía desde la primera vez que ella eligió sus costas para descansar. Cuando llegaba la muchacha, subía la marea como manifestando su alegría de verla. Un día apareció en la playa con un apuesto moreno, a quien amó a plena vista del atardecer. El mar enfureció y enceguecido por los celos lanzó una ola descomunal que arrastró a los amantes hacia los arrecifes. Luego les envió sus rompientes más terribles y los llevó a las profundidades donde terminaron siendo cena de tiburones. Desde ese día el turismo en el Caribe ha disminuido dramáticamente. Los entendidos dicen que dejó de ser el destino de antes y que por una razón inexplicable perdió su tradicional alegría tropical.


Discordia

Existe un punto en la Tierra; mínimo, irrepetible y exacto; con una característica increíble: quien llega hasta allí y se para sobre él durante siete minutos con los ojos cerrados y bajo la más absoluta concentración tendrá revelados todos los misterios del universo. Desde el más elemental hasta el más complejo y debatible. Encabezada por representantes del G8, se ha enviado la Answer Mission, una genial expedición comandada por expertos científicos con el único objetivo de hallar el punto escondido. La buena noticia es que lo han encontrado. La mala, que la lucha por poseerlo ha desatado la Tercera Guerra Mundial. 65


Cambio Climático A unos cuantos kilómetros de las colinas de Túmperda se encontraba el pueblo de Dalimá. Hubiera sido un municipio como cualquier otro si no fuera por la particularidad de uno de sus habitantes. Se trataba de Rubén Vinicio, un hombre con la increíble capacidad de modificar el clima de su pueblo según su estado de ánimo. Cuando estaba feliz, el cielo estaba completamente despejado y el sol brillaba como diamante, pero en sus días más difíciles, el aire se tornaba denso, pesado y grisáceo. Si estaba tranquilo, reinaba un ambiente armonioso donde los gorriones cantaban, pero si, en cambio, sentía angustia, los chubascos aparecían con amagos inminentes de lluvia. Lo último que se supo de Rubén fue que la mujer que amaba lo dejó por otro y huyó del pueblo. Días después, Dalimá fue sepultado por un diluvio.


Justicia Pues en de pronto usté no cree, ¿no? Pero yo sí le digo una cosa, pueblo así de justo como este no va a encontrar. Eso no es sino que vaya onde usté quiera y verá que le hablo la purita verdá. Aquí ladrón que encontramos es cristiano que vai parar a manos nuestras. No le niego que a veces somos un tricitito violentos, pero usté sabe que con las ratas no se puede jugar. Hay que ajusticialos como es, o si no siguen haciendo de las suyas. Aquí no hay necesidá de que traigan policía, porque las cosas funcionan de otra forma. Fíjese, ahí no más el otro día agarramos un guambitico lo más chiquitico dizque robándole las naranjas a doña Josefina. Ahí se armó la grande, patrón. Lo llevamos a la plaza y le dimos piedra ventiá. Luego el marido de la Josefina lo encendió a puño. Nadien hizo nada. Sólo la mamá que estaba ahí no más se ofreció en lugar de su guámbito, pero hasta ella sabía que nada iba a evitar que le enviaran el chinito a mejor vida. Se puso a chillar, claro, pero eso sí quién la manda a no educar la prole. ¿Esos que vienen ahí? Son los hermanos Montero, patrón, los encargados de agarrar a los pillos. ¡Compadres, vengan no más los relaciono! ¿Qué pasa? ¿Qué hacen, compadres? ¿A dónde me llevan? ¿Qué pasa, pendejos? ¡Suéltenme, vergajos! ¡Suéltenme! 67


Isla de la Fe A 28 grados, 46 minutos y 9 segundos latitud sur, se encuentra Tupac Aidé, una isla que sólo aparece esporádicamente, tal cual como lo hacen las ballenas cuando se sienten seguras para salir a la superficie. La mayoría del tiempo se encuentra sumergida en el agua. Únicamente cuando una persona desterrada de las pasiones materiales en una búsqueda exclusivamente espiritual se acerca hacia ella, Tupac Aidé emerge del océano y muestra sus playas níveas, vegetaciones exóticas y maravillas tropicales. Millones de viajeros se han dado a la tarea de visitarla, pero para su sorpresa, la caprichosa isla se queda enterrada en el océano, y se niega a mostrar todo aquello que la hace irrepetible. Nadie, en millones de siglos, la ha visto aún.


Babilenia Entre Babilenia y sus nativos hay un conflicto permanente. Cada vez que los babileniences duermen, el pueblo se levanta, desprende sus estructuras del piso y huye de sus aldeanos en búsqueda de mejores habitantes. Las razones del lugar para irse son muchas: está cansado de la superpoblación debido a la falta de planificación, no soporta a las solteronas que denigran de su arquitectura y no aguanta más que las obras de reparación siempre queden a medio armar por las sospechosas contrataciones del alcalde. Ante el problema, los habitantes han ideado un plan para que el lugar no escape contratando un vigilante con el propósito de que les avise a los ciudadanos cada vez que el pueblo esté huyendo y así puedan seguirlo a donde vaya. Después de varias fugas fallidas, Babilenia ha comprendido que está condenado a ser habitado por personas que, según él, no lo merecen, pero que, al menos, nunca lo dejarán solo. 69


Caídos En Iryda no existe ley de gravedad. Las calles, las avenidas y las edificaciones están sostenidas en el cielo, suspendidas como un salto interminable. Cuando una persona debe dirigirse de un lugar a otro, lo hace planeando, extendiendo sus manos y recibiendo el aire fresco en el rostro. Y cuando necesita recorrer grandes distancias, toma unos buses volantes que hacen recorridos diarios y puntuales. La gente estudia, trabaja y se divierte como en cualquier lugar con la única y magnífica diferencia de que lo hace volando. Sin embargo, Iryda castiga de manera irremediable a los habitantes que traicionan la pureza de su pueblo. Si alguien llega a mentir, sin intermediario alguno y sin importar el nivel de engaño, Iryda expulsa al que falta a su palabra y lo hace descender sin contemplaciones. Los que caen llegan a la Tierra.


Rincón Circular Basta pasar por los altos de Villarrica para conocer una pequeña choza que gana en turistas día a día. Rápidamente se ha convertido en una especie de nido al que la gente acude para deleitarse con magníficas historias. La única regla es que antes de ingresar, cada asistente debe desprenderse de sus preocupaciones, tal cual como si se quitara la angustia en lugar de los zapatos. Una vez que la persona entra, debe relajarse y esperar a que el lugar narre la historia que se le ha preparado. Todos, sin excepción hasta ahora conocida, han quedado prendados del escondrijo como si se tratara de un imán literario. Los visitantes quedan estupefactos, encantados con las narraciones. Lo que los individuos desconocen es que el relato que escuchan es, precisamente, uno inspirado en su propia tribulación, la misma que abandonaron en la puerta justo antes de entrar. 71


Viudas Lo que le digo, en este pueblo somos todas viudas. ¡Tremendo! Claro que sí. Porque sumercé sabe, una puede ser una mujer correcta, que le guarde luto al marido, pero una cosa es tener principios y otra muy distinta, ser cuerpo glorioso. No hay mujer que aguante semejante sequía, sumercé. Aunque fíjese que Merceditas, la viuda de Domínguez, el mes pasado llegó a los veintiocho años sin hombre. Y Amelita, la viuda de Guzmán, completó dieciocho. Claro, como en todo hay excepciones. La viuda de López, por ejemplo, no aguantó más, le ganó la gana y a los ocho años se fue pa' otro pueblo. Allá conoció macho. ¡Bendita ella! ¿Qué dice, perdón? ¡Ah! La lluvia, sí. Aquí llueven maridos, sumercé. Cada dos o tres semanas llueven maridos. Pero no duran, ¿no ve? Con la fuerza que caen se vuelven pedacitos. Vea ahí no más un bracito. ¡Comadre, la escoba!


Misterio de Carreteras —¡Discúlpeme, señor! —grita una mujer asomándose por la ventana de su carro mientras lo va orillando—. Estoy buscando el pueblito ese donde la gente no tiene nombre… —Claro, mi doña —replica el viejo acercándose para escucharla—. ¿Qué quiere saber? —Todo… —sentencia ansiosa la mujer. —Pues todo, todo, no lo sé —interrumpe el viejo—. Pero le puedo decir lo que he oído.

—Eso tengo que verlo —dice sonriendo la mujer—. ¿Cómo llego?

—Por favor…

—¿Cómo que cómo llega?

—Imagínese que allá la gente se llama por lo que hace. El

—Sí, señor —dice ofuscada—. ¿Cómo llego

alcalde actual, por ejemplo, es 'el alcalde que es hijo del

hasta allá?

senador' para diferenciarlo del anterior. El mejor

—Usted es igual que el resto —replica molesto

panadero es 'el de la panadería de la tercera calle a la

el viejo—. ¿Cómo quiere llegar a un pueblo si

izquierda desde la plaza', diferente al de la competencia,

ni siquiera sabe cómo se llama?

que es 'el señor de la panadería barata'. ¿Me entiende?

—¿Y cómo se llama?

—¿Y todos se llaman así? —pregunta incrédula.

—¿Qué cosa, mi doña?

—Claro, mi doña —interrumpe el viejo—. No es tan difícil

—El pueblo ese…

como parece…

—Ese tampoco tiene nombre. 73


« Es imposible pagar el legado Esteban Dublín

del arte y la ciencia. Ante la utopía, no queda más que realizar una venia, un homenaje a través de la ficción. »

Breves

Intertextuales


Nunca Jamás

El anciano se levantó a tientas de su cama, arrastró los pies por el suelo y, a pesar del hedor que expelía, se dirigió lentamente hacia el baño. Puso sus manos sobre el lavabo y se miró al espejo. Luego de observar las hebras blancas que adornaban su calva y sus arrugas de acordeón pintándole la piel, se tomó la cabeza. “Carajo, Wendy”, sollozó. “¡Cómo he crecido!”. 77


Añoranza

Cervantes, manco; Borges, ciego; Beethoven, sordo; tú, lejos y yo, aquí, inmóvil, completo e incapaz.


Descontrol

Por algo que no es aún capaz de explicar, el personaje siente que no está trabajando del todo bien. Su impresión toma fuerza cuando sabe que debe llegar urgentemente hasta el castillo para salvar a la doncella, pero termina sumergido en un túnel, guardándose un dinero que ha encontrado de casualidad. Por más que está empeñado en cumplir su épica labor, algo mucho más grande que él le impide moverse del modo que desea. La situación llega al extremo cuando sin razón alguna queda suspendido en el aire justo después de un salto casi mortal. Al otro lado, en un espacio que el héroe ni siquiera imagina, un niño le ha puesto pausa a su Gameboy. 79


Efecto Mariposa

Me dijiste que no querías volver a verme jamás, me dejaste y te fuiste. Ahora tengo en mis manos esta mariposa, pero por más que muevo sus alas y vuelvo al día de tu advertencia, tu discurso no cambia. Sólo tu rostro.


Suerte

Gracias por liberarme de la lĂĄmpara, buen hombre. ÂżYa puedo pedir mis tres deseos?

81


Sobreviviente

Una explosi贸n ha finiquitado la raza humana. En medio de la humareda, Gregorio Samsa todav铆a camina entre los escombros.


Casa Encuentada Si entra, le puede pasar cualquier cosa, así que ingrese con cuidado. Es verdad que es una casa llena de sorpresas, pero no siempre son tan agradables. En la habitación principal, por ejemplo, se encuentra El armario viejo de Dickens, pero así como puede salirle el astuto e inofensivo Gato con botas de Perrault, también puede encontrar, de frente con puñal en mano, al Hombre de la esquina rosada de Borges. Camine con cautela, porque Los huéspedes de Saki son bastante quisquillosos y, con tal de ahuyentarlo, se atreverían a enviarle a La abeja reina de los hermanos Grimm para que le den un pinchazo mortal. En medio de la sala, podrá encontrar El regalo de Rabindranath Tagore, pero debo advertirle que si lo abre, se quedará para siempre con su contenido. Así que piénselo bien antes de abrirlo, porque es verdad que podría encontrar a La princesa de las azucenas rojas de Jean Lorrain, pero también es posible que salga El miedo de Maupassant y termine muerto del pánico. ¿Ve? Se lo advertí. Le dije que si entraba cualquier cosa le podía pasar. Hasta convertirse en lo que quedó: La Sombra de Edgar Allan Poe. 83


Igualdad de Condiciones

“Quiero una pelea limpia, señores, así que venga para acá esa honda, muchachito. Y usted, Goliat, deje de reírse”.


El Hada que Amaba a un Mortal

Después de mucho discutirlo, por fin llegué a un trato con mi Hada Madrina. Ella me deja llegar después de las doce con la fantasía intacta y yo le concedo su deseo.

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Ausencia

El monstruo devastó la ciudad, destruyó cuanta edificación se abrió a su paso y la dejó en llamas. Devoró ancianos y niños e incluso estrujó con sus manos a la mujer más hermosa de la metrópoli. El superhéroe nunca llegó.


Complejo de Escher

Cuando el hombre miró la bola de cristal, se vio a sí mismo mirándose en otra bola de cristal, donde él mismo se miraba en otra bola de cristal. El futuro —piensa por última vez— es tremendamente cruel.

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Poscuento

Luego de engañar a su novia y sufrir por su abandono, el muchacho acudió a su padre para que le fabricara un corazón de madera, resistente a las penas de amor. Sin embargo, el tiempo que llevaba sin visitarlo le había hecho olvidar lo viejo que estaba. Ahora sufría de párkinson, razón por la que había estado obligado a dejar la carpintería. Y lo peor, el joven mentiroso ya no contaba con grillos ni con hadas madrinas que pudieran ayudarlo a remediar su dolor.


Alzheimer

Por más que lo intento, no logro recordar qué es un hada. Aún así, mi hija me sigue mostrando los dibujos de su cuaderno. Este de aquí es un Pegaso, me señala. Este otro es un Fauno, me muestra entusiasmada. Yo pienso, algo se me viene a la cabeza, pero no logro evocar con claridad ninguno de sus dibujos. Con todo y eso, y a pesar de que no veo más que mamarrachos, le digo que sus ilustraciones son buenas y precisas. La niña toma sus crayolas y vuelve a pintar. Y yo me quedó ahí, devanándome los sesos tratando de recordar cómo era mi vida antes de despertar a su madre con un beso en aquel reino lejano. 89


Curiosidad Yo estaba petrificada. Mi marido llegó corriendo, preocupado como no lo había visto en años, mirando de un lado para otro y gritando que teníamos que salir de allí. Le pregunté qué pasaba, pero él sólo injuriaba, decía que no podía creer tanta maldad y luego me advertía que debíamos irnos lo más pronto posible. Que alistara mis cosas, que tomara sólo lo necesario, que les dijera a los niños lo mismo y que nos fuéramos inmediatamente, pero no era fácil para mí abandonar el lugar en el que habíamos vivido durante tanto tiempo sin exigir una explicación. Y con eso de que no mirara hacia atrás me tenía bastante cansada. De todas formas, si le hubiera hecho caso a Lot, estaría con él y no convertida en esta puta estatua de sal.


Las Maravillas en el País de Alicia Mientras el conejo blanco escarbaba en su madriguera, divisó a una chiquilla de largo vestido azul celeste corriendo apresurada por los prados del lugar. La curiosidad lo asaltó y la siguió sin dudar hasta su casa. Una vez entró sigiloso, el asombro del animal no podía ser más grande. En medio de la sala descubrió un naipe rectangular con cartas arrojadas al azar sin movimiento alguno. Se acercó al patio trasero y encontró un equipo de críquet que, increíblemente, constaba de bates y pelotas hechos en madera. El conejo subió uno de los pisos y encontró un pequeño gato gris, pero cuando le habló, este apenas correspondió con un maullido. Mientras husmeaba en la habitación de la chiquilla, la vio. Se acercaba peligrosamente a él y lo tomaba de las orejas para juguetearle. Asustado aún, el animal despertó de su sueño aliviado al comprender que sólo se trataba de una pesadilla. 91


Gravedad

Mientras pensaba, le cayĂł un Newton. Aplastada, la manzana jamĂĄs pudo revelar su teorĂ­a.


Real El oso se lanzó furioso atacando a la pequeña rubia. Ella, que no entendía lo que sucedía, cayó al suelo haciendo crujir la madera como una nota desafinada de violín. El animal abrió su hocico logrando que retumbara la habitación con un violento bramido y luego, sin dejar de gruñir, le mostró la extensión de sus gigantes colmillos. La niña, al borde del desmayo, empezó a gritar pidiendo auxilio. Pasmada, miró alrededor del cuarto con el rabillo del ojo en busca de una salida. La fiera se paró en dos patas con instinto asesino y de un salto llegó hasta la criatura. Sacó sus garras afiladas como navajas y de un golpe certero envió a la niña contra una de las paredes. Tembló. La bestia emprendió una nueva carrera contra ella y arañó sus vestiduras. Mientras su atuendo se rasgaba, tres hilos finos de sangre brotaban como ríos hacia el suelo. Aturdida y muerta de miedo, Ricitos comprendió que no estaba en un cuento. 93


Realismo Trágico

Después de cien años en Macondo, me cansé de vivir. Me voy a Comala.


Hambre Antes de lanzarse sobre Madame Bovary, Cómell Litreas siente un incontenible deseo de ir al baño. Se pone de pie y sale de la sala de lectura. En cuanto lo ve irse, el libro cobra vida y se mueve tembloroso en busca de un refugio. Crimen y castigo, otra de las obras esparramadas sobre el escritorio, se arroja al suelo y se esconde detrás de una repisa. Ficciones de Borges se apresura a escapar y de un salto se escabulle por la ventana, Lolita de Navokov, Los viajes de Gulliver de Swift, un compilado de cuentos de Poe y cientos de ejemplares más empiezan a huir aterrorizados, a sabiendas de lo que les espera. Cuando el hombre vuelve del baño, los libros que no alcanzaron a huir quedan inmóviles de nuevo. Cómell se sienta frente a su escritorio, se relame y, como acostumbra a hacer a la hora de la cena, devora el primer texto que encuentra sobre la mesa. 95


Esteban Dublín

«Vendo zapatos de bebé sin usar» —Ernest Hemingway

Microscópicas


La Creación

(…) Y amó Dios a la mujer, y la mujer dio a luz.

99


Héroe

Cansado de injusticias, ideó una revolución, pero al querer desenvainar su espada, el mármol que lo cubría de pies a cabeza lo detuvo en seco.


Pedido

Le regal茅 una estrella. Me concedi贸 el deseo.

101


Venganza

Todos los hombres estรกn cortados con la misma tijera, esa que siempre uso cuando los encuentro con otra.


Necesidad

Para conservar su empleo como profeta, no le qued贸 m谩s alternativa que hacer un free lance como sicario.

103


Tiempo

—¿Qué haces aquí? —preguntó la muerte. —Me cansé de esperarte —respondió el anciano—. Vengo por ti.


Pesadilla

Vivía el sueño americano. Despertaba en su país.

105


Azul

El Rey Ovidio IV ha fallecido esta mañana. El parte médico informó que fue imposible encontrar un donante con su tipo de sangre.


Trágica

—¡Cantadme! —pidió el mortal. —Encantada —murmulló la sirena.

107


Soledad

Tic. ¿Dónde estará? Tac.


Vampiro en el Espejo

109


Pérdida Triunfal

La belleza de Poa me cegó. Qué bueno que no necesito los ojos para disfrutar sus besos.


La historia del hombre que apostó al 16 negro en la ruleta la casa, el carro, los ahorros de veintitrés años y el reloj

—¡Jueputa!

111


Consagración

“La vida es breve”, escribió el microrrelatista. Y murió.


Desespero

Su vida pend铆a de un hilo. Cuando no aguant贸 m谩s, dej贸 el circo.

113


Media Naranja

Esperando su otra mitad, se pudri贸.


Nitidez

Luego de acomodarse mejor, abrazar al que tenía al lado y sonreír como se lo habían pedido, el fantasma no entendió por qué no había salido en la foto.

115


Promesa de Conversión

—¡Inocente! —gritó el juez —Gracias, Dios —pensó el culpable.


Mito

—¡Cuántas veces tengo que decirle que las sirenas no existen, niño! —¡Pero, papá! —replicó el pequeño unicornio—. ¡Juraría que acabo de ver una!

117


La Inédita Historia de Adéer Lyinad Adéer Lyinad, un enorme y barbado viajero de cien mil años, cruzó el pacífico hasta la sala de mi casa -Buenos días, de donde viene usted? Relamía en el interior de su boca los sabores de una larga aventura mientras movía sus ojos de lado a lado como quien repasa un álbum -Bienvenido, está en su casa. Su vestuario inabarcable de túnicas olía a recuerdos. Se inclinó cuidadosamente para atravesar la entrada y ahí estaba él, como un baúl frente a mí intentando acomodarse en mi sillón observándolo todo y sin palabras. Su arrugada y puntual mirada lo absorbía todo. Sus párpados pesados marronesanaranjoideos y brillantes se extendían hasta las sienes donde se ramificaban en surcos de piel por toda la cara. No me quedó más que vivir su silencio y aprovechar ese momento así. Hacía tiempo no disfrutaba del viejo sofá ni digería el espacio con tanta calma. Su sonido se limitaba al incesable procesar del aire y con cada exhalación el ambiente se transformaba en una atmósfera relajada e interesante. Cuando pude notarlo había echado todo el peso de mi cabeza sobre mi codo y estaba en cualquier lugar menos allí. Imaginaba vívidamente en duotonos envejecidos y silenciosos transportado sin moverme a lo largo de algo que ya conocía, me era familiar y se presentaba ahora provocando tal fascinación que se había tornado irreconocible. Desperté sin querer y había transcurrido una cantidad de tiempo que no me interesaba calcular. Sólo tenía claro que había hecho un viaje profundo. Al fin se inmutó, arrastró su trasero hasta la orilla del sillón, recostó sus codos en las rodillas y mirándome sorprendido, rompió el silencio «qué valiosa historia, ha sido un placer» y procedió a partir —El placer es mío, Hasta pronto.


Este libro termin贸 de imprimirse en los talleres de Contacto Gr谩fico Ltda. www.contactografico.co

Bogot谩, Colombia

Este Libro se hizo realidad gracias a la gesti贸n de



Preludios, Interludios y Minificciones