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Revista Viernes 22092017

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Tragaluz

Guatemala, viernes 22 de septiembre de 2017

El artilugio del tiempo:

Fernando VII en Guate

En el zócalo del tablado que el alférez Antonio Juarros dedica a Fernando VII en diciembre de 1808, el regidor y cronista de la ciudad de Guatemala, Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, también aparece representado. La sombra de este personaje se proyecta sobre el pedestal de la columna, resaltando su figura. Ninel Valderrama Negrón*

l lado del cronista, en el centro de la composición, y sobre un zócalo, hay dos figuras que personifican el Tiempo y la Historia y con el personaje referido forman un grupo cerrado. En oposición a este conjunto, la envidia y la hidra aparecen detrás, sobre otra plataforma. A su vez, el emplazamiento de las tarimas establece una división entre dos espacios: el perteneciente al cronista, que es terrenal e histórico, y otro ocupado por las alegorías. Con la finalidad de que el pasado antiguo y la conquista de los reinos de Guatemala no caigan en el olvido, Fuentes y Guzmán, vestido con una fina casaca oscura, entrega su Historia de Guatemala a la personificación de la historia alada que se dispone a escribir su propio libro sobre el dorso del tiempo. La musa Clío, ataviada con una túnica que no cubre un hombro y el busto derecho, apoya sus anales sobre el tiempo; aunque anteriormente se apoyaba en la crónica franciscana de la evangelización de Guatemala, de fray Francisco Vázquez, en esta ocasión resultaba necesario completarla con la obra de Fuentes. El Tiempo, sostén de la Historia, se muestra como un anciano que yace encima del zócalo y está recostado sobre un tambor de columna destruido. En el suelo aparecen sus atributos clásicos: el reloj de arena, recuerdo del presente volátil, y la guadaña, que lo decapita todo.

Modelos académicos

Los modelos ilustrados están basados en tratados iconográficos de las alegorías y emblemas recurrentes en los ámbitos académicos. Así, el tratado de César Ripa cobró vigencia nuevamente en la edición inglesa de 1758, donde la envidia fue representada junto con la hidra, como sucede en la imagen guatemalteca. Otro tratado que continúa la línea seguida por Ripa fue la Iconología de Cochin y Gravelot de 1791, que fue convertida rápidamente en una fuente para la elaboración de imágenes de alegorías. El seguimiento de los tratados fue respaldado por los estudios académicos. Además, Pedro Garci-Aguirre (Cádiz, 1752-1809), arquitecto y grabador mayor de la Casa Real

“La fidelidad y ternura de la muy noble y muy leal ciudad de Guatemala erigió este monumento en medio del dolor, a su amado soberano el señor don Fernando VII, para perpetua memoria de su augusta proclamación en que alzó pendones el alférez real don Antonio de Juarros el día 12 de diciembre de 1808, año 284 de su fundación”.

de Moneda de Guatemala y maestro de los grabadores encargados de las láminas que nos ocupan, había estado inmerso en el ambiente cultural cercano a la Academia de San Fernando, antes de su llegada a América. Incluso, en 1794 Garci-Aguirre participó en un proyecto para crear una Sociedad Económica de Guatemala. El objetivo final del grabador era reunir fondos para el establecimiento de una Academia de las Tres Nobles Artes. De modo similar al caso de la Real Academia de San Carlos en la Nueva España, el grabador mayor buscaba el establecimiento de una institución del mismo tipo en el Reino de Guatemala. Aunque la propuesta no prosperó, Pedro Garci-Aguirre formó una escuela de grabadores, de la cual se desprenden los creadores de las láminas de Guatemala por Fernando Séptimo. José Casildo España Porras (Guatemala, 17781848), Francisco Cabrera (Guatemala, 17801846) y Manuel Portillo fueron los artífices de la reproducción del grabado sobre el tablado de la plaza central. Como refiere Manuel Rubio Sánchez: “Garci-Aguirre tuvo la cualidad no solo de ser un

buen maestro, sino de captar buenos discípulos […] entraron a trabajar dos personas que luego se distinguirían por décadas en el arte guatemalteco: José Casildo España, que pasó a ser oficial segundo, y el gran miniaturista Francisco Cabrera”. Así, el “maestro-director” pudo transmitir los cánones impartidos en San Fernando para la instrucción de los alumnos.

La Historia

En la decisión de consagrar el sotabanco del tablado al pasado de Guatemala podemos advertir una preocupación por la Historia. Precisamente, la Historia es un tópico común en el siglo XVIII y la preparación del tablado indica una preocupación por comprenderla en forma distinta. Desde el siglo XVII, uno de los rasgos distintivos de la narración del pasado fue su carácter ejemplarizante; es decir, debía tener fines didácticos. No obstante, dicha condición no es una novedad sino una continuidad que adquirió un nuevo cariz. De la narración de los hechos del pasado se desprendían ejemplos de virtud y de vileza que mostraban la manera en que


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