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Diario de Centro América 9 de diciembre de 2014

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Guatemala, martes 9 de diciembre de 2014

Perfiles

Me encantaba la “pintura, pero me interesé en desarrollar la parte musical, aunque mis padres no estaban tan de acuerdo”.

Diario de Centro América

@diariodeca

Cristina Altamira

“La música tiene un gran poder” José Pelicó jose.pelico@dca.gob.gt fotos Juan Sisay

E

n sus venas corre sangre argentina, pero tiene acento guatemalteco. “Deme una semana en Buenos Aires y regreso hablando como porteña”, bromea. La caracterizan su sensibilidad, el ambiente ameno que le pone a la conversación y, especialmente, su pasión al hablar de Argentina. Vino a nuestra nación a comienzos de la década de los 80, procedente de Caracas, Venezuela, al conocer a Dieter Lehnhoff, un compositor, director de orquesta y musicólogo guatemalteco de ascendencia alemana, con quien contrajo nupcias. Nos reunimos en el salón de catedráticos de la Universidad Rafael Landívar, donde Cristina Altamira, maestra de música y canto, imparte cursos a estudiantes de Ciencias de la Comunicación. Durante esta conversación se muestra nostálgica y orgullosa por lo que hace. Desde chica se involucró en el arte de la pintura y la música. Desafiando a sus padres se inclinó por la segunda opción. “Mis progenitores querían que no descuidara el colegio, así que me gradué en Administración de Empresas”, relata. “Mi papá era cantante aficionado, pero me enseñó todos los trucos de ese oficio”, explica esta especialista en música del Renacimiento español, italiano, inglés y alemán. Viajó a Estados Unidos a estudiar la historia y la interpretación de la música hispanoamericana de la época del Barroco. “Después estudié Ciencias de la Comunicación, licenciatura en Periodismo y una maestría en Dirección de Medios de Comunicación”, indica. Ella combina la parte artística con la docencia: “Todo lo que he aprendido en modulación de voz y presencia escénica lo pongo en práctica en los cursos que imparto en la Universidad. Las dos carreras me han servido; son complementarias”.

No observa diferencias

Haber radicado en Venezuela, Estados Unidos y Guatemala ha sido su mejor ex-

Comunicadora

Altamira no esconde la emoción y el orgullo cuando se refiere a su trayectoria artística, la cual le ha dejado gratas experiencias en el norte, sur y centro de América.

periencia. “Es emocionante. No existe mucha diferencia entre un norteamericano y un chapín. Todos tenemos un lado humano”, refiere. Durante la conversación, Altamira se refiere a momentos especiales, entre ellos la ocasión cuando cantó ante 30 mil personas en Miami. “Eso me dio la sensación de que la música tiene un gran poder. A partir de ese momento empecé a interesarme en desarrollar más esa parte”, apunta. Tampoco

olvida su participación en el festival Barroco Tropical, en la mencionada ciudad, y la presentación, en este país, de la colección de discos para la historia general de Guatemala en los años 90. “Todo ha sido especial, como el día en que conocí a mi esposo y cuando nacieron mis hijos”, expresa. Menciona que tuvo una infancia feliz. “Me enseñaron y aprendí que Argentina es lo máximo”, relata orgullosa, pero lamenta que su país tenga una historia de represión.

Cristina Altamira es hija del tenor argentino Manuel Altamira. Estudió guitarra y danza folclórica. Dirigió la agrupación Alabanza, de Venezuela. En Guatemala se enfocó en la música del Renacimiento español, italiano, inglés y alemán, y conformó la agrupación Capella Antiqua. Ganó en 1985 el primer premio del Certamen Centroamericano Permanente 15 de Septiembre. Fundó aquí el Ensamble Millennium, junto a Dieter Lehnhoff, su esposo. Tiene una licenciatura y maestría en Ciencias de la Comunicación y transmite el programa Barroco de dos mundos en Radio Faro Cultural.

De Evita Perón expresa: “Ella no es la Evita que muestran en el musical de Andrew Lloyd Weber. Me indigna, porque no refleja lo que fue para el pueblo; era valiente, con virtudes”. Cristina ama el arte de la música, el canto y la docencia. Lo confirma al manifestar: “Si volviera a nacer haría lo mismo. Me encanta contribuir con mi trabajo, hacer algo bueno. Estoy agradecida. No cambiaría nada”.


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