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Revista Viernes Año I. No. 8

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Las tradiciones de

erdos re

estas fechas

ahora

se fusionan con las importadas de otras sociedades y cobran vida en una interpretación propia.

en el Siglo XIX. (Tomado de “La ciudad de Guatemala en 1870”, de Francis Polo, a través de dos

considerar, hasta qué punto su madre y su abuela disfrutarían el rezo, el chisme, la cocina, la altarería y todo lo que el Día de Santos y Difuntos conllevaba; además, no se interesó en el registro de la tradición oral de estas festividades, sentenciando la vida de personajes como La Catrina o la Dama del Cementerio, reinventada en la segunda mitad del siglo XX por el locutor y literato Héctor Gaitán, en sus recordados programas radiales: La calle donde tú vives. En la descripción, por medio de crónicas, otra versión muy interesante de las tradiciones de noviembre fue rescatada por el historiador Francis Polo, en su obra: La ciudad de Guatemala en 1870, por medio de dos pinturas de Augusto de Succa, publicada por el Instituto de Antropología e Historia (Idaeh) en 1981, en cuya página 23 figura una vista de la capital desde

el Cerrito del Carmen, en su parte sur. Esta pintura es contemporánea al libro de Ramón A. Salazar, y nos da otro punto de vista de su relato, y permite apreciar paseos al aire libre y animadas tertulias, mientras los niños juegan con barriletes al vuelo, haciendo evidente que noviembre era un mes en el que se disfrutaba, más allá de los rezos. En el análisis visual de recuerdos congelados en fotografías, no podemos dejar de lado otra colección contemporánea a la obra de Salazar y las pinturas de Succa; se trata de las fotos de Eadweard Muybridge, en las cuales también se aprecian iglesias muy hermosas, en tomas que las hacen lucir como mausoleos gigantes en una pequeña ciudad, las cuales contrastan con la vida activa de las fincas de café, donde hay mucha gente trabajando.

El mes de noviembre en la Guatemala del siglo XX En nuestra historia, la convergencia de los intereses del Estado y de la Iglesia Católica se expresaron a partir de la conmemoración del LXXV aniversario de vida independiente, que hizo retomar el rumbo de viejas tradiciones del país, muy influido por una versión formal de historia liberal, que no se ocupó formalmente de la oralidad hasta 1930, con la publicación del libro Leyendas de Guatemala, de Miguel Ángel Asturias. Esta obra visibilizó un patrimonio al que el mundo intelectual le daba poca importancia, a este libro se le unió, en el primer lustro de la década, Las Bellas Artes en Guatemala, de Víctor Miguel Díaz, reforzando la tradición oral de la nación, mientras se embellecía la urbe con edificios que mostraban la grandeza del liberalismo militar, que, además, se constituían en perfecto escenario para la realización de procesiones, desfiles y manifestaciones al aire libre. Mientras, al sur de la capital se desarrollaba la llamada: ciudad moderna, en donde noviembre adquirió un carácter cosmopolita, expresado en la visita al nuevo zoológico, situado en la antigua finca La Aurora, en cuya parte oeste se edificaron salones de exposición para una feria anual, que daba cierta continuidad a las antiguas Minervalias, pero con un toque más capitalista y menos académico, tratando de no calcar la imagen de los dictadores cafetaleros. En la feria de este mes se introdujeron los juegos mecánicos, los cuales se colocaron al este de la finca La Aurora, constituyendo otro atractivo para las nuevas generaciones, que se desligaban de la vida religiosa del ahora Centro Histórico y se introducían en la modernidad del siglo XX. En esta dualidad de tradición y modernismo, en el actual casco antiguo de la ciudad, contiguo al edificio de Correos, en la esquina opuesta al Club Guatemala, refulgía en los años treinta el Club Americano, donde comenzaron a cobrar vigencia en el ideario nacional, la incorporación de nuevas festividades como Halloween, que con sus curiosos disfraces, importados de la nación más desarrollada de la Tierra, comenzaron a impactar a nuestra sociedad y los fue incorporando a sus costumbres, mientras que el fiambre comenzó a ser degustado como un plato de gourmet internacional, en una eclosión de costumbres que se proyectó hacia la segunda mitad del siglo XX. Esta fusión se fue afianzando durante el conflicto armado interno, en la medida que se fueron desarrollando proyectos educativos con mucha influencia de países más desarrollados, los cuales planteaban la incorporación de los guatemaltecos a sus sociedades, y viceversa, mientras que los grupos alternos con menos capacidad de desarrollo simplemente imitan el comportamiento cultural de los más adelantados y se empieza a experimentar el sentimiento de las fiestas de un mundo más elevado. En este proceso de evolución cultural, no debemos dejar de lado el papel del sistema productivo, el cual apoya irrestrictamente la pervivencia de algunas tradiciones como la de comer el costoso plato de fiambre, en la medida que permite la agilización de venta de productos y su circulación en el mercado. Esta situación es evidente en la creación de mercancías únicas en el mundo, como puede ser el fiambre pack, que a la vez es contrarrestado por la venta de disfraces de fabricación china, distribuidos desde las tiendas más especializadas, en zonas exclusivas de la ciudad, hasta las piñaterías más tradicionales, en las cuales también pueden ordenarse versiones especiales de personajes locales. Es noviembre en Guatemala, un mes creativo, como somos los chapines, que a todo le hemos encontrado remedio o bien, lo hemos adoptado y adaptado a nuestra conveniencia para hacer otro paréntesis a nuestra realidad adversa, y enfrentarla siempre con una sonrisa y entusiasmo por vivir. *Doctor en historia del arte

Guatemala, JUEVES 31 de octubre de 2013

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