Issuu on Google+

revista de arte y otros desmadres / número uno / año uno/ mayo 2012

SOPORtarte Arte Contemporáneo: ¿Sigue siendo arte? / El control de los medios de comunicación. Noam Chomsky “Sin cambio, el arte no tiene impacto”: Eloy Tarcisio Miguel Ángel Ceballos / Mar de historias Cristina Pacheco


Director/ Héctor Fuentes Vargas haguilarc@nexos.com.m x

Directorio

Edición / César Blanco/ cblanco@nexos.com.mx Kathya Millares / kmillares@nexos.com.mx César Silva Gamboa / csilva@nexos.com.mx Diseño / Angélica Musalem Achcar amusalem@nexos.com.mx Subdirector /

Héctor de Mauleón/ demauleon@nexos.com.mx Administración / Bernardo Ortigoza / bortigoza@nexo s.com.mx

Publicidad / Martha Elba Gallegos /mgallegos@nexos.com. mx publicidad@nexos.com.mx Producción / Leonel Trejo Mendoza / edicion@nexos.co m.mx Comité editorial

José Antonio Aguilar, Rosa Beltrán, Sabina Berman , María Amparo Casar, Jorge G. Castañeda, Álvaro Enrigue, Luis Gonzále z de Alba, Soledad Loaeza, Denise Maerker, Ángeles Mastretta, Luis Rubio, Jesús Silva-Herzog Márquez, Enrique Serna, Xavier Velasco, José Woldenberg, Leo Zuckerm an

Consejeros/ Colaboradores

Adrián Acosta Silva, Solange Alberro, Ignacio Almada Bay, Lourdes Arizpe, José Joaquín Blanco, Francisco Bolívar Zapata, Arturo Borja, Roberto Bouzas, Antonio Camou, Rolando Cordera, Arnaldo Córdoba , Tomás Eloy Martínez, Fernando Escalante Gonzalbo, Héctor Manuel Falcón, Fátima Fernández Christlieb, Julio Frenk, Rubem Fonseca, Carlos Fuentes, Adolfo Gilly, Juan Goytisolo, Gilberto Guevara Niebla, Julio Labastida, Cinna Lomnitz, Daniel López Acuña, Casio Luiselli, Claudio Magris, Luis Maira, Adolfo Martínez Palomo, Mauricio Merino, Jean Meyer, Silvia Molina, Alejandr a Moreno Toscano, María Novaro, Roberto Diego Ortega, José María Pérez Gay, Ruy Pérez Tamayo, Jacqueline Peschard, Nélida Piñón, Julián Ríos, Teresa Rojas Rabiela, Jorge Javier Romero, Rüdiger Safranski, Luis Salazar, Sergio Sarmiento, Guy Scarpeta, Rafael Segovia, Carlos Tello, Carlos Tello Díaz, Raúl Trejo Delarbre, Juan Villoro, José Warman

3

Gabriela Gorches

perfiles

Índice

5

ensayo

Arte Contemporáneo: ¿Sigue siendo arte?

7

Teresa del Conde, un talento para la historia

Mario Raúl García

de fondo

El control de los medios de comunicació n

Noam Chomsky entrevista

9 “Sin cambio, el arte no tiene impacto”: Eloy Tarcisio Miguel Ángel Ceballos

11Bienal Tamayo 2010 galería

hasta a tras

Mar de Historias

Cristina Pacheco


ensayo / SOPORtarte 3

Arte Contemporáneo:

sea que estemos o no de acuerdo con el rumbo que ha to¿Sigue siendo arte? Yamado, es evidente que el concepto de arte es otro desde aquel día Gabriela Gorches

El arte contemporáneo pone de manifiesto el poder que tiene esa imaginería global para fabricar una sensibilidad colectiva, reduciendo así al ser humano al estado de masa,

Y

no tan lejano en que el mingitorio de Marcel Duchamp demostró que cualquier objeto fuera de su contexto puede ser percibido de manera distinta.

a sea que estemos o no de acuerdo con el rumbo que ha tomado, es evidente que el concepto de arte es otro desde aquel día no tan lejano en que el mingitorio de Marcel Duchamp demostró que cualquier objeto fuera de su contexto puede ser percibido de manera distinta. Por su parte, la posibilidad de reproducir en serie la calidad de una obra artística, y la de registrar cualquier fragmento de vida en una secuencia fotográfica o en formatos audiovisuales, han continuado con la labor de mutación a nivel sensorial; la percepción se ha adecuado a la presencia masiva –e invasora– de todo tipo de estímulos. Paso a paso, de una manera natural, el lenguaje y los recursos del arte, los medios y la publicidad se han ido mezclando. Sin embargo, el hombre transformado, el artista que se gestó a raíz de todos estos cambios, parece seguir siendo el mismo: su quehacer está relacionado con romper paradigmas, con el uso y fabricación de nuevas formas de comunicar. No cabe duda que la imaginación creadora es producto de su entorno, por ello cada época gesta sus propios artistas.

Pero también la tecnología pertenece a un momento específico, y es de la combinación de estos dos factores, artífices y recursos materiales disponibles, de donde provienen el tipo de representaciones características de cada tiempo. Hoy, a nuestro entorno abunda en imágenes (ya sean visuales, sonoras y/o audiovisuales), sugestivas, convincentes, muchas veces violentas; es su presencia lo que define a la sociedad actual. El arte contemporáneo pone de manifiesto el poder que tiene esa imaginería global para fabricar una sensibilidad colectiva, reduciendo así al ser humano al estado de masa, sustituyendo en su inteligencia la aspiración a la autonomía por la de una satisfacción que nace de la pertenencia a través de los sentidos, pero que, de acuerdo a su naturaleza, es ilusoria. El problema es que, para llevar a cabo su denuncia, a los autores no les queda sino valerse del mismo medio que critican. Por otro lado, los temas recurrentes en la producción son las fronteras, la manipulación de los sistemas de poder, lo estandarizado, la paradoja de la globalización;


ensayo / SOPORtarte

mismo que el del público. En realidad lo ha sido siempre; a lo largo de todas las épocas de la historia del arte, creadores y espectadores han compartido un mismo universo, la diferencia es que la preocupación de los primeros solía ser sublimarlo para que fuera habitable, mientras que ahora lo hacen surgir en forma de propuesta a participar en un exorcismo que es ya inminente.

4

Álvaro Marín Vieco Acrílico sobre tela de 100 x 50 cm

El arte de hoy rompe además con los paradigmas que antes lo definían. No sólo ya no se divide en disciplinas, pues una pieza puede resultar, por ejemplo, de la escultura, video y grabado, sino que a veces nada más transforma o altera para luego repetir mil veces el “original” que ha obtenido; es decir, ya no inventa nada. En algunos casos ni siquiera se manifiesta en un objeto o algún tipo de pieza, sino que consiste únicamente en un video que documenta el proceso.

También los varios ámbitos en los que incursionan los artistas son más que nunca actuales: sociología, urbanismo, ecología, política; parecería que el universo del autor es el mismo que el del público.

las propuestas expresan sobre todo una conciencia incómoda en relación con los límites (local/ globalizado, personal/de la sociedad, tradicional/moderno, sensual/ intelectual); esos linderos constituyen la inquietud, y son las mismas zonas de conflicto en las que el resto de la sociedad vive y sufre todos los días. También los varios ámbitos en los que incursionan los artistas son más que nunca actuales: sociología, urbanismo, ecología, política; parecería que el universo del autor es el

Nadie lo niega; no es fácil apreciar la producción artística de nuestro tiempo. Para el propio autor constituye más que nunca un reto al ingenio, a sus capacidades que deben incluir un amplio conocimiento de las técnicas y los materiales existentes. Además de cómo y con qué expresarse, parte de su quehacer es concebir de qué manera presentar, curar, nombrar, plantear su obra de forma que le llegue al público. Este último, por su parte, juega el papel que siempre ha mantenido en esta relación artífice-testigo: su actitud es desconfiada, se resiste a aceptar las propuestas, el nuevo lenguaje, el modo operativo. Y eso que él es el único que podría dar fe de la presencia del arte en la obra, pues, si acaso es real, se manifestaría como un cambio muy sutil en el interior del espectador, quizá el punto de arranque de una transformación que incluso tal vez ni siquiera suceda. En suma, a veces parece arriesgado afirmar la validez de la producción artística contemporánea, aunque por otro lado suscita reacciones que difícilmente corresponden a una ausencia, y si tales reacciones surgen en contra de, es quizá porque el arte, fiel a su esencia, sigue siendo profético.


perfiles / SOPORtarte Teodoro Badillo Zamarron Acrílico sobre tela de 100 x 50

5

Teresa del Conde, un talento para la historia Mario Raúl García

Cuando conocí de vista a la doctora del Conde fue con motivo de la exhibición temporal La magna Grecia, instalada en la sala de exposiciones internacionales del Museo Nacional de Antropología e Historia; aproximadamente, en 2000.

C

uando conocí de vista a la doctora del Conde fue con motivo de la exhibición temporal La magna Grecia, instalada en la sala de exposiciones internacionales del Museo Nacional de Antropología e Historia; aproximadamente, en 2000. Se trataba de un ciclo de charlas sobre el arte helénico asentado en el sur de Italia y Sicilia, impartidas en el auditorio de la institución, con gran lucimiento de la disertadora. Doña Teresa apareció muy puntual de entre bastidores y sola en el proscenio. Debido a esta razón, los asistentes tuvimos el tiempo suficiente para observar su porte elegante; tanto así, que a distancia y desde mi asiento, me pareció ser una dama muy alta, poseedora de una locución vivaz ante el público y, llamativamente, de un timbre de voz bajo. En suma,

su talante resuelto y a la vez sereno, me sedujo. Lejos estaba yo de suponer que esta personalidad del ambiente cultural nuestro habría de ser mi profesora un año más tarde en el postgrado de historia del arte de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, durante trece semestres ininterrumpidos y a raíz de su regreso a la docencia, una vez concluida su gestión al frente de un organismo cultural. Esta condición me ha permitido entablar un contacto académico y amistoso de lo más feliz, pese al trabajo intelectual que representa el desarrollo de los objetivos humanistas que ella se fija alcanzar en cada seminario. Así, el acto de reunirnos con doña Teresa los miércoles, de las dieciocho a las veinte horas en el salón 04 del ala de postgrado del colegio de historia, se ha vuelto ya -para algunos de nosotros- una costum-


Gloria Amparo Ibarra Grabado al acido sobre tela de 100 x 50 cm

perfiles / SOPORtarte 6

bre atávica. Por principio de cuentas, los estudiantes seleccionamos las materias por cursar de acuerdo con el proyecto de tesis de cada quien y, hasta cierto punto, según el nombre de los titulares de las mismas. En lo relativo al arte contemporáneo, el prestigio de la doctora Del Conde causa un entusiasmo seguido, interés que de alguna manera baja conforme el semestre avanza y la tenacidad de muchos decrece, al encontrarse delante de una profesora exigente y adolecer, al mismo tiempo, de un bagaje cultural óptimo. Empero, cualquier esfuerzo es ampliamente gratificado, ya que su conducción se funda en una experiencia boyante de investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, de sus ministerios culturales realizados en la Dirección de Artes Plásticas y en el Museo de Arte Moderno del INBA, y de sus intervenciones múltiples como periodista. Erudición que todavía comparte con algunos de nosotros en proyectos editoriales como Voces de artistas (2005), y uno más en gestación. La percepción de la doctora respecto a los fenómenos estéticos y teóricos son, a su vez, fruto de criterios adquiridos de una pléyade de mentores como Justino Fernández (1901-72), Edmundo O´Gorman (1906-95), Adolfo Sánchez Vázquez (1915-), Jorge Alberto Manrique (1924-), y nada menos que de E. H. Gombrich (1909-2001), por mencionar sólo algunas firmas de historiadores y filósofos connotados que han forjado la historiografía de la historia del arte vigente, en la que doña Teresa maneja un enfoque psicológico relativo a la obra de arte y

psicoanalista, en relación con la vida de los artistas; tal como habrán sido sus pláticas con Gombrich, cuando lo visitaba en su casa de Hampstead Heath repetidas veces, en el norte de la ciudad de Londres; un barrio eximio del mayor enclave cultural del mundo. A pesar del cuadro descriptivo anterior, Teresa del Conde convive también con nosotros dentro y fuera del horario de clase, no sólo cuando le pedimos su ayuda respecto a algún tema escolar que nos preocupa –por lo cual la visitamos más tarde en su cubículo del IIE–, sino también cuando la mayoría del grupo se reúne en jolgorio alrededor de una fecha tradicional y lejos del ámbito universitario. No está de más decir que en estas ocasiones, ella alterna como cualquiera de los presentes; entonces, su visión docta de las cosas y, de vez en cuando snob, se torna cálida y expugnable. Es, sencillamente, una universitaria más entre sus alumnos. Tal eventualidad no debería sorprendernos, ya que en comunión con su herencia solar de capricornio, puede asimismo darnos la impresión de ser una persona estable, cuando al interior de su compostura flemática le suceden uno y mil cambios de ánimo, hasta alojar –dicho sea de paso– un humor fino y juguetón. La doctora Teresa ha sido una mujer de metas, en cuanto que siempre ha buscado la excelencia mediante la obtención de una seguridad, respeto y posición; es dueña al mismo tiempo –como historiadora del arte– de una sensibilidad e imaginación de buen gusto. Gracias a estos recursos, ha logrado reunir varias miras en su vida profesional, cuya base podemos fácilmente entender, si acudimos a nuestro legado filosófico griego, aquel que versa sobre el principio del ser o essere, el que mismamente se acompaña de un anexo de índole epistemológica: el actuar o agere . De esta manera, el corolario que se desprende dice que sólo en virtud de que hay un ser hay un obrar; no hay, pues, un puro actuar previo al ser. La máxima reza: agere sequitur esse. Correlativamente, en la misma consonancia y medida en que el actuar u obrar es un llegar a ser o devenir: fieri , se desglosa una tercera consecuencia lógica: fieri sequitur esse. Es decir, el llegar a ser o devenir, sigue también al ser. De esta suerte, nuestra querida maestra Teresa del Conde constituye una referencia – entrañable e ineludible– para todos nosotros, que reconocemos con mucha gratitud y compromiso.


de comunicación

Noam Chomsky El papel de los medios de comunicación en la política con-

temporánea nos obliga a preguntar por el tipo de mundo y de sociedad en los que queremos vivir, y qué modelo de democracia queremos para esta sociedad. Permítaseme empezar contraponiendo dos conceptos distintos de democracia.

E

l papel de los medios de comunicación en la política contemporánea nos obliga a preguntar por el tipo de mundo y de sociedad en los que queremos vivir, y qué modelo de democracia queremos para esta sociedad. Permítaseme empezar contraponiendo dos conceptos distintos de democracia. Uno es el que nos lleva a afirmar que en una sociedad democrática, por un lado, la gente tiene a su alcance los recursos para participar de manera significativa en la gestión de sus asuntos particulares, y, por otro, los medios de información son libres e imparciales. Si se busca la palabra democracia en el diccionario se encuentra una definición bastante parecida a lo que acabo de formular. Una idea alternativa de democracia es la de que no debe permitirse que la gente se haga cargo de sus propios asuntos, a la vez que los medios de información deben estar fuerte y rígidamente controlados. Quizás esto suene como una concepción anticuada de democracia, pero es importante entender que, en todo caso, es la idea predominante. De hecho lo ha sido durante mucho tiempo, no sólo en la práctica sino incluso en el plano teórico. No olvidemos además que tenemos una larga historia, que se remonta a las revoluciones democráticas modernas de la Inglaterra del siglo XVII, que en su mayor parte expresa este punto de vista. En cualquier caso voy a ceñirme simplemente al período moderno y acerca de la forma en que se desarrolla la noción de democracia, y sobre el modo y el porqué el problema de los medios de comunicación y la desinformación se ubican en este contexto.

de fondo / SOPORtarte

El control de los medios

7


de fondo / SOPORtarte 8

Primeros apuntes históricos de la propaganda Empecemos con la primera operación moderna de propaganda llevada a cabo por un gobierno. Ocurrió bajo el mandato de Woodrow Wilson. Este fue elegido presidente en 1916 como líder de la plataforma electoral Paz sin victoria, cuando se cruzaba el ecuador de la Primera Guerra Mundial. La población era muy pacifista y no veía ninguna razón para involucrarse en una guerra europea; sin embargo, la administración Wilson había decidido que el país tomaría parte en el conflicto. Había por tanto que hacer algo para inducir en la sociedad la idea de la obligación de participar en la guerra. Y se creó una comisión de propaganda gubernamental, conocida con el nombre de Comisión Creel, que, en seis meses, logró convertir una población pacífica en otra histérica y belicista que quería ir a la guerra y destruir todo lo que oliera a alemán, despedazar a todos los alemanes, y salvar así al mundo. Se alcanzó un éxito extraordinario que conduciría a otro mayor todavía: precisamente en aquella época y después de la guerra se utilizaron las mismas técnicas para avivar lo que se conocía como Miedo rojo. Ello permitió la destrucción de sindicatos y la eliminación de problemas tan peligrosos como la libertad de prensa o de pensamiento político. El poder financiero y empresarial y los medios de comunicación fomentaron y prestaron un gran apoyo a esta operación, de la que, a su vez, obtuvieron todo tipo de provechos. Entre los que participaron activa y entusiásticamente en la guerra de Wilson estaban los intelectuales progresistas, gente del círculo de John Dewey Estos se mostraban muy orgullosos, como se deduce al leer sus escritos de la época, por haber demostrado que lo que ellos llamaban los miembros más inteligentes de la comunidad, es decir, ellos mismos, eran capaces de convencer a una población reticente de que había que ir a una guerra mediante el sistema de aterrorizarla y suscitar en ella un fanatismo patriotero. Los medios utilizados fueron muy amplios. Por ejemplo, se fabricaron montones de atrocidades supuestamente cometidas por

los alemanes, en las que se incluían niños belgas con los miembros arrancados y todo tipo de cosas horribles que todavía se pueden leer en los libros de historia, buena parte de lo cual fue inventado por el Ministerio británico de propaganda, cuyo auténtico propósito en aquel momento —tal como queda reflejado en sus deliberaciones secretas— era el de dirigir el pensamiento de la mayor parte del mundo. Pero la cuestión clave era la de controlar el pensamiento de los miembros más inteligentes de la sociedad americana, quienes, a su vez, diseminarían la propaganda que estaba siendo elaborada y llevarían al pacífico país a la histeria propia de los tiempos de guerra. Y funcionó muy bien, al tiempo que nos enseñaba algo importante: cuando la propaganda que dimana del estado recibe el apoyo de las clases de un nivel cultural elevado y no se permite ninguna desviación en su contenido, el efecto puede ser enorme. Fue una lección que ya había aprendido Hitler y muchos otros, y cuya influencia ha llegado a nuestros días. La democracia del espectador Otro grupo que quedó directamente marcado por estos éxitos fue el formado por teóricos liberales y figuras destacadas de los medios de comunicación, como Walter Lippmann, que era el decano de los periodistas americanos, un importante analista político —tanto de asuntos domésticos como internacionales— así como un extraordinario teórico de la democracia liberal. Si se echa un vistazo a sus ensayos, se observará que están subtitulados con algo así como Una teoría progresista sobre el pensamiento democrático liberal. Lippmann estuvo vinculado a estas comisiones de propaganda y admitió los logros alcanzados, al tiempo que sostenía que lo que él llamaba revolución en el arte de la democracia podía utilizarse para fabricar consenso, es decir, para producir en la población, mediante las nuevas técnicas de propaganda, la aceptación de algo inicialmente no deseado.


entrevista / SOPORtarte

Vicente Amaro del Toro Acrílico sobre tela de 100 x 50 cm

9

“Sin cambio, el arte no tiene impacto”: Eloy Tarcisio Miguel Ángel Ceballos

Con más de 30 años de trayectoria, el artista visual Eloy Tarcisio (DF, 1955) tiene miedo de no ser entendido. Por eso investiga, explora, se cuestiona, experimenta y arriesga. Sus obsesiones son el arte y encontrar la forma de decir las cosas siempre de una manera diferente.

“No niego mi origen de pintor. Siempre he tratado de vincular la pintura a ese proceso de adaptación del lenguaje. Podría decirse que hago una especie de transformación de lo que quiero decir a través del proceso expresivo de los ajustes de la vida cotidiana”

C

on más de 30 años de trayectoria, el artista visual Eloy Tarcisio (DF, 1955) tiene miedo de no ser entendido. Por eso investiga, explora, se cuestiona, experimenta y arriesga. Sus obsesiones son el arte y encontrar la forma de decir las cosas siempre de una manera diferente. Eloy Tarcisio López Cortés es el menos convencional de los artistas mexicanos. Su trabajo transita del dibujo y la pintura a la obra de naturaleza material, así como de la obra de cualidades cósicas al arte acción o performance. Sus más recientes piezas, por ejemplo, son lienzos de gran formato en los que en lugar de óleo utilizó sandías, papayas y mangos, y los trazos no fueron realizados con brochas, sino con los cuerpos desnudos de dos mujeres. Es un antipintor, un antiescultor y hasta un antimúsico: se aleja de las reglas establecidas. “No niego mi origen de pintor. Siempre he tratado de vincular la pintura a ese proceso de adaptación del lenguaje. Podría decirse que hago una especie de transformación de lo que quiero decir a través del proceso expresivo de los ajustes de la vida cotidiana”, señala en entrevista concedida en su casa de Coyoacán. La obra de Tarcisio se ha ido construyendo con todas las formas de expresión que ha encontrado en su camino, con una mirada en el pasado y un vistazo al futuro siempre con la hipótesis que le planteó su maestro Carlos Cunte: “La pintura como medio de expresión ya no es”, luego entonces, se pregunta, ¿qué es?


Amado Carrillo Acrílico sobre tela de 90 x 50 cm

10

después de 20 años, siguen haciendo surrealismo, cubismo, impresionismo y todos los ismos que se han dado en la historia del arte. La moda está en las ferias de arte, pero adelante de esa moda están los nuevos lenguajes, las nuevas formas y los encuentros con el espectador. Ahí estoy yo, investigando los nuevos encuentros con el público. Para mí, el arte se divide en tres facetas: el que es historia y va a los museos, es decir, aquello que ya sucedió y el museo lo jala porque está comprobado; el arte que va a las galerías, que es el arte comercial, que se debe a sus compradores y siempre está preocupado por lo que ya vendió y quiere vender, y el arte abierto, que es el que siempre he promulgado desde que fundé Ex Teresa y el Festival de Performance, porque es el que está en la calle en busca de nuevas formas de decir las cosas y de nuevos planteamientos. Las instituciones están apostando a aquello que ya está confirmado y no a lo que está en constante ejercicio de laboratorio. Veo cosas que ya son historia. No se están arriesgando. El Laboratorio de Arte Alameda, por ejemplo, tiene un buen nombre que podría permitir que sucedieran muchas cosas nuevas, que la gente entrara a ver qué va a pasar en el futuro. Las vanguardias pensaban en el futuro. Los economistas ahorita están diseñando lo que va a ser la economía dentro de 10 años. Los artistas deberían de estar pensando en qué va a ser del arte en 10 años. Muchos sí. Aquellos que están experimentando, pero no están considerados en la plataforma oficial de vitrinas de arte. Lo veo abandonado. Por lo menos mi idea de Ex Teresa era que fuera el centro de arte más importante de México y de toda América. Lamentablemente le quitaron su patio, su presupuesto y por lo tanto las formas de poder hacerlo. Mi idea era que se relacionara con la iniciativa privada. En ese entonces, la gente que podía no estaba interesada en darle dinero al arte contemporáneo, pero ahora todo el mundo quiere dar recursos al arte contemporáneo, todos los museos están tratando de hacer cosas con arte contemporáneo y Ex Teresa, que debería ser la punta de eso, está muy rezagado, no tiene los medios para poder hacerlo. Hay empresas de la iniciativa privada que han desarrollado dentro de ese caudal cosas más importantes que el Ex Teresa. Dejaron ese espacio como un lugar de muestreo y hasta han expuesto pintura del jardín del arte prácticamente. Y lo paradójico es que a pesar de que fui el creador de ese lugar, no piden mi opinión. En la exposición vamos a ver que los mangos, la sandía y la papaya no están puestos en el contexto del lienzo de una manera tradicional. Las modelos trabajaron en el lienzo a través de su cuerpo y estoy seguro que el resultado sorprenderá a los asistentes. Esta exposición permanecerá hasta el 7 de junio en la Galería Casa de Luna (Ortega 23, esquina Carrillo Puerto, en Coyoacán).

Amado Carrillo Acrílico sobre tela de 90 x 50 cm

entrevista / SOPORtarte

A que todo cambia constantemente. Tenemos nuevos medios electrónicos de comunicación. Ahora está de moda el art street, el sticker, la plantilla, nuevos medios que son muy usados por diseñadores, adolescentes, jóvenes inquietos que pretenden decir lo que piensan, y esto modifica el espectro del arte, así como lo hizo el video, la foto digital, el celular. El arte cambia porque pierde su capacidad de decir algo. Si yo veo una pintura figurativa tal vez al principio me cuestiona, pero con el tiempo se va deslavando de esa crítica, entonces el artista tiene que buscar una nueva forma de decir las cosas para que vuelvan a recuperar el impacto del mensaje. En ese proceso es en el que siempre me encuentro: buscar la forma de decir el mensaje deslavado de otra manera para volver a atrapar al espectador. Sí me considero un investigador. Me interesa llegar a la gente que no va a museos y galerías, los que están en la calle. Mi reflexión es: ¿cómo puedo relacionar a ellos que no están interesados en el arte con los que producimos arte? El arte siempre ha tenido algo de moda. La moda se liga mucho al comercio porque lo que se vende es lo que está de moda. La gente se influye a nivel del comercio a través de lo que ya está aceptado. Desde mi punto de vista hay artistas que son creadores, que están en la punta de la investigación del arte y artistas que siguen esos hallazgos y los vuelven moda. El comercio ayuda a que eso suceda porque es lo que da para que vivan galerías y artistas, aunque no todos los artistas vivan en ese contexto. Pero aún hay otros que están más atrás, que son los que en el eco,


galería / SOPORtarte

Bienal Tamayo2010

11

Idaid Rodríguez Oleo sobre tela de 130 x 50 cm.

Daniel Monroy Acrílico sobre tela de 100 x 50 cm.

Oscar Cueto Acrílico sobre tela de 130 x 50 cm.


galeria / SOPORtarte 12

Idaid Rodríguez Acrílico sobre tela de 130 x 50 cm.

Daniel Villagas Omar Felipe Acrílico sobre tela de 120 x 60 cm.

Marcela Armas de la O Oleo sobre tela de 130 x 50 cm.


Mar de Historias CRISTINA PACHECO

No estoy muy segura de que ella me hubiera dado oportunidad de hacerlo. La última vez que lo intenté, al verme, sólo me dijo: “¿Cómo te atreves?”, dio media vuelta y se fue, dejándome a mitad de la sala llena de gente. Estábamos reunidos para celebrar que Lucio hubiera terminado sus estudios de computación.

Jose Limón de los Santos Acrílico sobre tela de 90 x 50 cm

N

o tiene caso que me ponga a pensar si hice mal. El resultado es que hoy perdí la oportunidad de explicarme con Marcia. La tuve a unos pasos de mí. Habría bastado con recorrerlos para alcanzarla y decirle por qué me equivoqué de una manera tan terrible. No estoy muy segura de que ella me hubiera dado oportunidad de hacerlo. La última vez que lo intenté, al verme, sólo me dijo: “¿Cómo te atreves?”, dio media vuelta y se fue, dejándome a mitad de la sala llena de gente. Estábamos reunidos para celebrar que Lucio hubiera terminado sus estudios de computación. Sus padres, antiguos vecinos, me invitaron a la cena. Acepté con gusto, sobre todo cuando me dijeron que también asistiría mi hermana Marcia. Me pareció que el hecho de vernos en un ambiente ajeno al familiar era ideal para que habláramos sin la presencia de parientes que terminarían metiendo su cuchara. No sé cómo se enteraron de que Marcia y yo estamos distanciadas. Cada vez que de casualidad me encuentro con alguno de mis tíos me pregunta si he visto a Marcia. “No”. Sonríen: “¡Qué raro! Ustedes eran inseparables. ¿Qué pasó? ¿Tuvieron alguna dificultad?” Lo niego y miento: si he dejado de frecuentar a Marcia es porque las dos estamos siempre ocupadísimas. No me creen y tampoco cambian de tema. Al contrario, me aconsejan que al menos llame por teléfono a mi hermana. No tengo por qué explicarles que lo he intentado muchas veces, pero Marcia cuelga en cuanto reconoce mi voz. La última vez me solté llorando. Claudio se enfureció. Mi marido pensó que mi hermana no tenía por qué humillarme de ese modo y me prohibió que volviera a llamarla. Según él, con el tiempo se aclararán las cosas. Puede ser, pero mientras tanto sufro al pen-

hasta a tras/ SOPORtarte

Ambigüedades gramaticales

13


hasta a tras/ SOPORTarte 14

Lo encontré atestado y tardé mucho tiempo en volver a la fábrica. Iba a entregarle los documentos a mi jefe cuando me abordó Ana Laura, una de las trabajadoras eventuales que a todos nos hablaba de usted: “La llamó una señora de nombre Juliana. sar que Marcia siga considerándome una desalmada porque no asistí al velorio ni al entierro de Gerardo, nuestro hermano mayor, a quien tanto quise. II Gerardo estuvo casado 11 años con Juliana. Nunca tuvieron hijos. Quiero pensar que ese fue el motivo de su inesperada ruptura. En vano la familia procuró disuadirlos. Marcia y yo lo intentamos por separado. Cuando me reuní con Juliana ella me dijo que ansiaba el divorcio y perder todo contacto con Gerardo. Le pregunté qué sería de su vida. “Por lo pronto me voy a vivir a la casa de uno de mis hermanos”. Tiene muchos y quise saber con cuál de todos. Se negó a decírmelo, indicio de que también planeaba alejarse de nuestra familia. Meses después Gerardo se mudó a Puebla para trabajar en una fábrica de hilados y tejidos. Los domingos por la tarde se comunicaba con nosotras. A ninguna de las dos nos dijo que padecía del corazón, tal vez ni él lo supiera. Lamento que en sus últimas horas lo hayan asistido personas ajenas, pero me consuela saber que al menos Marcia estuvo presente en su entierro. Yo no pude asistir debido a una confusión que nunca dejaré de lamentar y que hasta a mí me parece increíble. Espero que un

día mi hermana me dé oportunidad de explicarle cómo sucedieron las cosas. Confío en que me crea, pero dudo que nuestra relación vuelva a ser la de antes. III Era noviembre. Se acercaba la Navidad. En la fábrica todos estábamos atareadísimos en surtir los pedidos de esferas y en revisar los envíos a Estados Unidos, donde tenemos nuestros mejores clientes. Aquel viernes el licenciado López, el gerente, me mandó a verificar un depósito en el banco. Lo encontré atestado y tardé mucho tiempo en volver a la fábrica. Iba a entregarle los documentos a mi jefe cuando me abordó Ana Laura, una de las trabajadoras eventuales que a todos nos hablaba de usted: “La llamó una señora de nombre Juliana. Dijo que había estado marcando el teléfono de su casa, pero nadie contestó. Por eso habló aquí para decirle que hoy en la mañana trasladaron a su hermano al hospital”. Goyo, el mensajero, se acercó a decirme que el gerente le había preguntado muchas veces por mí y que estaba de pésimo humor. Corrí a explicarle al licenciado López que teníamos problemas con el depósito y se enfureció. Nos pasamos el resto del día haciendo llamadas a San Diego, revisando papeles para ver quién había cometido el error y acabó por despedir a Alicia Duarte, la contadora. Fue una escena espantosa: Alicia reiteró su lealtad a la empresa y acabó por implorarle al licenciado López que la dejara en su puesto. Nunca olvidaré su tono desesperado al decir: “Tengo dos hijos, todavía están chicos…” El gerente permaneció irreductible. Terminé odiándolo y con un horrible dolor de cabeza. Él notó mi malestar y me autorizó a irme. Aclaró que si me necesitaba llamaría a mi casa.


El lunes salí muy tarde de la oficina. No toleraba esperar más y fui a la casa de mi hermana. Sólo había luz en el zaguán. Estuve tocando hasta que Ernesto apareció en la puerta. Su aspecto era fatal y su actitud hacia mí muy fría. Quise pasar, pero él me lo impidió: “Es mejor que te vayas. Marcia no quiere hablar contigo”. Desconcertada, le pregunté el motivo. Antes de que él pudiera responderme, mi hermana salió hecha una furia: “¡Cínica! ¿A qué vienes?” Le dije la verdad: a verla. Estaba preocupada por no haber logrado comunicarme con ella y por su silencio de tres días. Mi inocencia colmó su irritación: “Estuve en Puebla. Fui a ver a Gerardo al hospital. Ayer lo enterramos”. La mala noticia me dejó muda hasta que logré aclararle que yo no sabía nada. “¡Mientes! Juliana me dijo que te había dejado mensajes avisándote que tu hermano estaba enfermo y luego de su muerte. Pero no te importó. Eres una mierda, ¡lárgate!” Le pedí que a Ernesto que al menos él me dejara explicarle mi confusión: cuando Ana Laura me dio el primer mensaje: “Le habló una señora… Llamó para decirle que hoy en la mañana trasladaron a su hermano al hospital”. Y después, cuando leí el segundo: “… Habló otra vez para informarle que su hermano murió anoche y que hoy lo entierran” pensé que Juliana se refería a su propio hermano, el que le dio alojamiento a raíz del divorcio, y no al mío: Gerardo. El terrible desencuentro se debió a que Ana Laura, una de nuestras eventuales el año pasado, tenía la costumbre de hablarnos a todos de usted. El licenciado López está en lo cierto al decir que las equivocaciones siempre salen muy caras. Ahora sé que también las ambigüedades gramaticales pueden causarnos dolores muy grandes.

hasta a tras/ SOPORtarte

No lo dudé. Lo hace con frecuencia y sólo para mantenernos bajo su control. Por eso cancelé mi celular. Así sólo tengo que protegerme en un frente. En cuanto llegué casa me di un baño y me tiré en la cama. Necesitaba cerrar los ojos, olvidarme de lo sucedido con Alicia. Claudio me encontró en condiciones lamentables. Se lo conté todo, incluida la amenaza de que mi jefe me llamara. Como respuesta, mi marido desconectó el teléfono. Dormí mal. Por la mañana la cabeza me pesaba y tuve que hacer grandes esfuerzos para levantarme. Claudio me llevó a la fábrica y me deseó un día menos difícil. Fue todo lo contrario. Para empezar, descubrí a Alicia junto al reloj marcador. Llorando, me pidió que intercediera por ella con López. Le prometí hacerlo enseguida, aunque sabía que iba a ser inútil, y le sugerí que regresara a su casa. Le aseguré que iba a mantenerla al tanto de cualquier noticia. En ese momento recordé que no había vuelto a conectar el teléfono de mi casa. Fui derecho a la gerencia. El licenciado López adivinó lo que iba a pedirle y, con la mirada fija en su computadora, justificó indirectamente su actitud hacia Alicia: “Este negocio es pequeño. La situación está cada día más difícil y no podemos permitirnos el lujo de cometer errores, porque pueden salirnos muy caros. Ya lo vimos ayer: perdí un cliente”. Cuando acabó de darme instrucciones fui a mi oficina. Sobre el escritorio encontré un recado: “Habló otra vez la señora Juliana para informarle que su hermano murió anoche y que hoy lo entierran”. Me pareció una amabilidad de mi ex cuñada el hecho de que me hubiera informado de la pérdida en su familia y pensé en llamarla por la tarde para darle el pésame. No tenía el teléfono de Juliana, pero tal vez Marcia sí. Marqué el número de su casa. Nadie me contestó. Insistí hasta que en la noche logré comunicarme. Respondió mi sobrino Benito. Le pedí que me pasara a su mamá. Noté que tapaba la bocina y luego me dijo: “No está”. “¿Sabes a qué horas regresa?” Benito colgó. Últimamente mi hermana y mi cuñado Ernesto han tenido problemas. Ella me ha dicho que discuten cada vez con más frecuencia. Imaginé que tal vez mi llamada había sido inoportuna y, para no inmiscuirme, decidí esperar hasta que Marcia me buscara. IV

15



soportarte