YO SOY DE SALTILLO NOVIEMBRE

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NOVIEMBRE 2025 FRANCISCO TOBIAS HERNÁNDEZ

AGRADECEMOS A:

Contenido NOVIEMBRE 2025

TIRAJE DE 2,000 EJEMPLARES

PANCHO VILLA EN SALTILLO

Página 4

EL EDITORIAL

Página 6

VILLA Y LOS SACERDOTES EN SALTILLO

Página 8

ROQUE GONZÁLEZ GARZA

Página 10

DON RAYMUNDO DE LA CRUZ LÓPEZ

Página 12

OBREGÓN LA SILLA Y EL CABRITO

Página 14

LAS ANÉCDOTAS DE MI

GENERAL COSS

Página 16

LA FUGA DEL GENERAL EULALIO GUTIÉRREZ

Página 20

FÉLIZ U. GÓMEZ

Página 22

TRIVIA SALTILLENSE

Página 25

EL BORRACHO Y LA REVOLUCIÓN

Página 2

EFEMÉRIDES

Página 28

YO TAMBIÉN SOY DE SALTILLO

Página 30

AVISOS DE OCASIÓN

Página 32

CRUCIGRAMA SARAPERO

Página 36

CUPONERA

Página 38

DIRECTORIO

Francisco Tobias Hernández

Director Editorial

Arq. Carlos Roldán Ilustraciones

Prof. Juan Campos Rodríguez Corrección Ortográfica

Victoria López García Diseño Gráfico y Fotografía Editorial

Yo Soy de Saltillo - La Revista Publicación mensual NOVIEMBRE 2025

Impresa en México en los talleres gráficos de Impresos Rivera

DERECHOS RESERVADOS

PANCHO VILLA

EN SALTILLO

En esta ocasión te comento que el 21 de mayo de 1914, Saltillo estaba de fiesta, pues mi General Francisco Villa llegó a esta bella ciudad a las 7 y media de la tarde, seguido de sus “Dorados”, venía de tomar Paredón, ese día el General Villa dio un discurso improvisado en el Hotel Coahuila, que estaba ubicado en lo que hoy es la calle de Allende entre Juárez y Victoria. Esa noche hablaron Villa, Roque González y Raúl Madero.

El día 22 Pancho Villa repartió dinero como era costumbre después de ganar una batalla o tomar una ciudad, hubo fotos con los generales, para dejar testimonio del triunfo.

Pancho se enteró que había soldados federales en Saltillo, contactó a Carranza quien dio la orden de fusilar a los prisioneros y dar ese mismo trato a cualquier federal que fuese capturado.

Dicen que, por esos días, antes de que Villa llegará a esta hermosa

ciudad, en Saltillo se presentaba un circo, al cual se le escapó su león, comentan que los federales lo capturaron y lo encerraron en la cárcel, donde estuvo por 3 días; el león hambriento rugía, dicen que el león desapareció, y no faltaron lenguas exageradas que afirmaban que el pobre león había sido cenado por los villistas.

Aquí en Saltillo se reunieron dos ejércitos el de Villa y el de Pablo González, la división del norte y la del noreste, aquí, los dos generales discutieron, la discusión comenzó por un reclamo de Pancho sobre Pablo, ya que este no le había ayudado en las tomas de Torreón, San Pedro y Paredón, cuentan a punto estuvieron de sacar sus pistolas, si no fuera por la intervención de Antonio Villarreal quien calmo los ánimos.

Esa noche más calmados los generales cenaron juntos y se pusieron de acuerdo para decidir hacía donde partiría cada uno de los ejércitos.

Nunca hubo amistad nuevamente entre ellos.

El general Francisco Coss dijo: “A Villa y a mí nos gustaba bailar mucho y no lo hacíamos tan mal, pues en Saltillo nos abrían salas y todas las muchachas andaban atrás de los Panchos”. Se organizó un baile para festejar el triunfo, ahí donde está la Benemérita Escuela

Normal del Estado, testigos dicen

que la pista de baile se vaciaba para ver bailar a los dos generales, cuentan que parecían competencias de a ver quién bailaba más y mejor entre los dos Franciscos.

Aquí en Saltillo no solo estuvo Villa, no solo bailó en la Normal, también las malas lenguas dicen que mi General Francisco Villa, aquí en Saltillo se cenó un León.

EL EDITORIAL

Por Victoria Anaid López García

Para Ozcar

Si caminabas por la calle de Hidalgo por las tardes, muy seguramente te topaste con Ozcar Castañeda. Con su paso ligero, su risa lista para estallar, y esa mirada que siempre parecía estar analizando el siguiente acto de la vida. Casi siempre iba rumbo a la Casa de la Cultura, a ensayar, a dirigir, o simplemente a habitar el teatro como quien vuelve al hogar.

Con más de 35 años de experiencia, Ozcar era —y seguirá siendo— una figura entrañable del teatro coahuilense. Nació en Monclova, pero su talento y su amor por las tablas echaron raíces profundas en Saltillo. Fue actor, director, maestro, y un provocador en el mejor sentido de la palabra. En escena o detrás de ella, siempre estaba construyendo algo: una historia, un personaje, una reflexión o una carcajada. Formó parte de obras memorables como De la calle, Winterreise y El Horla, piezas que no solo desafiaban al público, sino que lo invitaban a

sentir, a pensar, a desacomodarse. Tuve el privilegio de que fuera mi director en Cosas que no gozas, y trabajar de la mano en la compañía de Calaverita de Azúcar de Efrén Estrada como compañero de escena y como un gran apoyo en la producción y asistencia de dirección, cuando me enseñaba a respirar, a calentar moviéndonos como “monigotes” como si nuestros cuerpos no tuvieran peso.

Puedo decir que trabajar con él era vivir dentro de un laboratorio de emociones. Siempre nos llamaba sus “mijas y mijos” a quienes habíamos comenzado cerca de él en el mundo de la escena, y para nosotros era nuestra “Amá”, Ozcar tenía una manera única de llevarte al límite sin que te dieras cuenta, con humor ágil, con ironía fina. Podía convertir el cansancio de un ensayo en risa, y la risa en aprendizaje. Además de ser una persona que escuchaba con atención a sus amigos, siempre con la mirada entrecerrada y la boca

apretada como quien tiene la palabra exacta en el momento exacto. Era un hombre de teatro en toda la extensión del término: apasionado, irreverente, y profundamente humano. Le gustaba decir que el teatro era una forma de resistencia, una manera de mantener viva la curiosidad, de mirar el mundo con otros ojos. Y eso hacía él, mirar distinto. En cada gesto, en cada palabra, en cada escena que dirigía, en cada taller que daba, sobre todo con sus “chamacos traviesos”.

Sus amigos más cercanos, como Homero Craig y Pepe Palacios, lo describían como un alma generosa, siempre dispuesto a escuchar, a compartir una anécdota absurda o a lanzar una broma en el momento exacto para desactivar la solemnidad del mundo. Este octubre el teatro de Coahuila se llenó de luto, pero también de gratitud, porque Oz no solo dejó obras, dejó huellas. En sus alumnos, en sus compañeros, en quienes tuvimos la fortuna de aprender de él y compartir no solo la escena sino también “tertulias”, tardes y noches de risas.

Querido Oz, ya no estás presente físicamente pero como dice Julia en Pacamambo de Wajdi Mouawad: “¡Muerte yo la mando a freír espá rragos!”. Y así siempre vivirás en los

recuerdos de quienes orgullosamente te pudimos nombrar amigo.

Para Oz terminó la función aquí, pero como Rafael Hernández, gran amigo y colega mencionó en sus redes al dedicarle a Ozcar un mensaje: “¡Yo no deseo que descanses en paz! Yo deseo que dónde estés sigas haciendo TEATRO!”

A veces el teatro se siente como una casa que puede explotar en cualquier momento, una casa de dinamita. Así era Ozcar: energía pura, creatividad a punto de estallar, emoción contenida entre las manos. Y aunque el telón haya caído, su voz sigue ahí, entre los ecos del escenario, recordándonos que actuar —como vivir— es una forma de amar.

VILLA Y LOS SACERDOTES EN SALTILLO

En esta ocasión te platico una historia poco conocida, de una historia que conocí hace poco, gracias a un libro llamado “Diocesis Saltillo 1891 – 1991” que por cierto le obsequiaron a Don Francisco de la Peña, y que tiene que ver con la estancia de mi General Francisco Villa en esta hermosa ciudad de Saltillo.

Pancho Villa acababa de tomar la ciudad de Torreón, había ganado la batalla de San Pedro, la revolución estaba triunfando, y el jueves 21 de mayo del que pareciera ya lejano año de 1914, Villa montado en su caballo “7 leguas”, que no era caballo sino yegua, llegó a Saltillo, y de manera inmediata pidió que se reunieran los sacerdotes que había en nuestra ciudad. Los ministros religiosos llegaron más asustados y preocupados que con gusto, pues sabían que, en San Pedro de las Colonias, el jefe de los dorados había fusilado al padre Alberto

Gutiérrez. Con voz firme y segura, Villa fue claro y contundente: “ustedes padrecitos no saldrán de aquí hasta que me entreguen la cantidad de un millón de pesos para continuar con nuestra lucha”. Con temor, pero de manera veloz los seminaristas José Ávila, Román Blanco y Fidel Domínguez organizaron un comité de colecta a favor, por supuesto de la vida y libertad de los sacerdotes.

La feligresía católica logró juntar la cantidad de 14 mil pesos plata además de una buena cantidad de dinero que se llamó “bilimbique” el cual era emitido por el gobierno de Don Venustiano Carranza, y pues dicho dinero no sirvió de nada ya que de manera instantánea se devaluó quedando como papel sin valor alguno. Pero volvamos a la historia e imaginemos a mi General Villa contando peso por peso, “bilimbique por bilimbique”, momento en el cual dijo: “Y decían los padrecitos que no tenían”.

Un total de 14 sacerdotes fueron tomados “prisioneros” y cuando pensaron que la habían librado, los revolucionarios les jugaron una broma, pues se los llevaron a una vivienda situada en el callejón que hoy lleva el nombre de Ildefonso Vázquez, a un costado de donde se hospedo mi General Villa, ya en el interior, los metían uno por uno a un cuarto o habitación en la cual al sacerdote en turno le lesionaban el cuello, cual si lo hubieran horcado, hasta que se desmayara, ya en el piso, los soldados daban un tiro al aire, después lo sacaban a rastras de la habitación, frente al resto de los sacerdotes quienes pensaban que sus minutos de vida estaban contados. El general Fierro, después de reírse de

ellos y en sus caras, los amenazó, asegurándoles que, si decían algo de la bromita, los ejecutaría ahora si de verdad.

Ya para ese domingo 24, el General Francisco Villa dio autorización para que se celebrará una misa, eso sí con los sacerdotes más que asustados, pero sin tener que contar los minutos de vida que les quedaban.

Esta es una historia, que estaba muy escondida, una historia del General Francisco Villa, una historia de curas, una historia de un secuestro y de una broma muy pesada que sucedió aquí en nuestra hermosa ciudad de Saltillo.

ROQUE GONZÁLEZ GARZA

En esta ocasión te platico sobre Roque González Garza, quien fuera presidente de la República en 1915. Don Roque nació en esta bella ciudad de Saltillo el 23 de marzo de 1885. Realizó sus estudios en el Ateneo Fuente y concluyó la carrera comercial en la Ciudad de México.

Roque, a la edad de 23 años, comenzó su oposición al régimen porfirista. En su juventud se hizo amigo de Francisco I. Madero, incluso acompañó al Apóstol de la Democracia durante su campaña presidencial en 1910.

En un mitin de la campaña presidencial de Don Francisco I. Madero, organizado en Monterrey, acusó al gobierno porfirista de no respetar el sufragio popular, además de señalarlo como opresor de los mexicanos. La policía de aquella ciudad recibió órdenes de aprehenderlo, pero Don Roque logró escapar. Al inicio de nuestra Revolución

participó en la toma de Ciudad Juárez y después fue integrante del Estado Mayor del presidente Madero. Estuvo-

lazo, incorporándose a las fuerzas de mi General Francisco Villa, a quien acompañó durante toda la campaña contra el usurpador Huerta.

Cabe señalar que Don Roque González fue el representante personal de Villa en la Convención de Aguascalientes y el impulsor de la reunión del 4 de diciembre de 1915, en Xochimilco, entre Villa y Zapata.

La Soberana Convención Revolucionaria, conocida como la Convención de Aguascalientes, había nombrado como presidente al coahuilense General Eulalio Gutiérrez, y al dejar el cargo la misma Convención designa a otro coahuilense, al saltillense Roque González Garza, como presidente de la República. Se convirtió, así, en el segundo presidente más joven que ha tenido nuestro país. Al ser derrotadas

las fuerzas de Villa se exilió en los Estados Unidos para regresar a México en 1920, colaborando en los gobiernos de Manuel Ávila Camacho y Adolfo Ruiz Cortines. Escribió junto a Ramos Romero y Pérez Rul el libro “La Batalla de Torreón, Apuntes para la Historia”.

Don Roque murió en la Ciudad de México el 11 de noviembre de 1965, 50 años después de haber concluido su mandato como presidente de la República.

Un personaje más de esta tierra hermosa llamada Saltillo, tierra de mujeres y hombres ilustres y valerosos, que hasta un presidente ha dado a la nación. Don Roque es un saltillense de esos que valen la pena presumir.

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Nación Norteña

DON RAYMUNDO DE LA CRUZ

LÓPEZ

En esta ocasión te platico de un insigne abogado, profesor, académico, locutor de radio y televisión, funcionario público, notario público, poeta, declamador, escritor de verso, prosa, novela, poesía romántica, poesía evocativa, poesía cívica y hasta revolucionaria, me refiero al Saltillense Raymundo de la Cruz López.

El mismísimo que escribió “para cantar unos versos a mi ciudad de Saltillo, busco las voces del pueblo que modulen el corrido”, el poema Mi Saltillo.

Don Raymundo nació en esta hermosa ciudad de Saltillo el 14 de marzo de 1921, curso sus estudios de secundaria y bachillerato en el glorioso Ateneo Fuente, ya para el año de 1939 cursaba sus estudios de abogacía en la ciudad de México, estudios que logró sufragar, trabajando de locutor junto con Don José Rodríguez Garza, quien era el

orador y locutor de “La Hora Nacional”. Durante se formación académica profesional, fue contemporáneo de los Lic. Jesús Reyes Heroles, José de las Fuentes Rodríguez y José López Portillo.

Regresó a esta hermosa ciudad en el año de 1945, para trabajar como agente del ministerio público, un año después es nombrado juez mixto, y a la postre defensor de oficio. Cargos que no le impidieron participar como maestro de declamación en la Escuela Normal del Estado de Coahuila.

Fundador de la Asociación de Escritores y Periodistas de Saltillo en 1949

En el año de 1950, se ganó a pulso y con respeto, el título de “El Poeta de la Revolución”, gracias a los poemas dedicados a este hecho social de nuestro país, no hay un héroe o acontecimiento revolucionario que

el maestro de la Cruz no haya dedicado versos o prosas.

Para 1955, busca nuevos rumbos en la ciudad de Torreón, donde se desempeñó como maestro de civismo, director de la Preparatoria

Venustiano Carranza, la famosa

PVC, maestro de historia en el Colegio Mijares y en la hoy Facultad de Contaduría y Administración Pública de la UAC, fundador del Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos.

OBREGÓN, LA SILLA Y EL CABRITO

En esta ocasión te platico de una anécdota, bueno de dos que sucedieron el día en el que el General Álvaro Obregón estuvo en Saltillo.

Era el año de 1920, mes de marzo para ser más precisos, aunque pareciera según fotografías fechadas pudiera ser el 14 de enero de ese año, cuando el candidato a la presidencia de México, Álvaro Obregón, arribó a esta hermosa ciudad de Saltillo, acompañado del Gral. Roberto Cruz, quien era oriundo del estado de Chihuahua, siendo el responsable de la seguridad del “Manco de Celaya”.

Ese día en su visita por esta ciudad fue una excelente oportunidad para reunirse, conversar y platicar del proyecto, que tenía para nuestro país, con sus amigos revolucionarios, compañeros de armas, que vivían aquí mismo, motivo por el

cual los hermanos Luis, quien ocupaba la gubernatura de Coahuila por segunda ocasión y Eulalio, presidente de México de 1914 a 1915 y era candidato a Senador en ese momento, ambos generales decidieron ofrecerle una comida. La cita fue en la casa del General Luis, ahí frente a la Alameda Zaragoza, para señas actuales, donde se ubica la librería Monsiváis, en esa casa elegante, que contaba con dos comedores, uno de diario y otro que fue utilizado ese día, pues era el que su usaba cuando había visitas.

Cuando todos pasaron al comedor de visitas, el General Luis Gutiérrez invita al candidato a sentarse en la cabecera, diciéndole: “Obregón tú en la cabecera para que presidas la comida”, a lo que el manco de Celaya le respondió: “Yo presido sin importar donde me siente”. El mensaje era claro, el jefe máximo de la revolu-

ción y de la patria era él, el General Álvaro Obregón y no quería sentarse en la cabecera.

Al concluir la plática previa a la comida, cuando sirvieron el platillo principal, que fue cabrito por cierto, el entonces candidato a presidente de la república, con un sola mano, la derecha, pues era la única que tenía, zarandeaba el plato, lo movía de una lado a otro, lo inclinaba, lo enderezaba y volvía a moverlo, con inquietud el General Cruz le dijo: “Ya revise la comida Álvaro, puedes comer con tranquilidad, de hecho ya la probé pero si quieres te cambio el plato”, Obregón llamado también el general invicto, quien perdiera su

brazo derecho en contra de Francisco Villa le respondió sin dejar de ver ni mover el plato: “No, sólo me queda claro que en esta vida el pez grande se come al pez pequeño”. Una vez más dio el mensaje que el jefe máximo de la revolución y de la patria era él y que él era más grande que un cabrito.

Así es estimada y estimado Saltillense, un general sonorense, que fue conocido como el General Invicto, que fue presidente de México, dio muestra aquí en nuestra hermosa ciudad de Saltillo que, aunque perdió el brazo en Celaya no perdió su sentido del humor y se dijo cabrito en grande.

LAS ANÉCDOTAS

DE MI GENERAL COSS

En esta ocasión te platico sobre tres hechos anecdóticos en los cuales el personaje principal fue mi General Francisco Coss, sí el mismo que lazó una ametralladora de los federales en la plaza de la independencia, esa que hoy conocemos como la plaza de armas, aquí en esta hermosa ciudad de Saltillo. De hecho, estas anécdotas no son revolucionarias, dos son algo así como gastronómicas y uno geográfico.

En el año de 1923 tras el fracaso de la rebelión delahuertista, mi general Francisco Coss, tuvo que dejar el país, exiliándose en los Estados Unidos, país en el cual con mucho esfuerzo y trabajo, pudo sobrevivir y la manera en la cual lograba hacerse de dinero, era mediante la venta de chorizo que él mismo elaboraba, y que vendía a las familias acomodadas del estado de Texas, después de algún tiempo, para ser precisos en el

año de 1942 ya con el arribo de Lázaro Cárdenas a Palacio Nacional, Don Pancho, regresó a México, ya estando en Saltillo, donde tenía ciertas propiedades, le preguntaron su opinión sobre la pérdida del territorio nacional en manos de los norteamericanos, a los que el oriundo de Ramos Arizpe, sentenció con esa voz fuerte y pausada que le caracterizaba: “Desgraciados gringos, se llevaron todo lo pavimentado”.

En otra ocasión al ingresar a una salchichería cuyos propietarios eran los integrantes de una familia alemana, le ofrecieron en venta queso de puerco, a lo que mi general Coss, el mismo que había tenido lo que pareciera una competencia de baile con mi general Villa en la Normal del Estado de Coahuila, ya por la tarde en una reunión con compañeros de armas, les dijo:

“canijos alemanes, aprovechan todo del marrano hasta ordeñan a las marranas para hacer queso”. El siguiente comentario, fue de un compañero de armas, quien presumió que casi llegando a Sabinas, Coahuila preparan queso de Aura, pues alguien le había ofrecido enviarle este producto lácteo, a lo que el general cuestionó: ¿cómo le harán para ordeñar esos pájaros?, pues ya que los zopilotes son conocidos como auras, sin embargo el otro militar se refería a la población de San José del Aura, donde por cierto hacen un queso delicioso. Estos son acontecimientos anecdóticos no revolucionarios de un revolucionario que aprendió de geogra-

fía y hasta de alimentos, después de haber dejado las armas, con las cuales buscó y logró junto con más Saltillenses, coahuilenses y mexicanos, un mejor país. Y que por cierto era conocido como “Pancho Patadas”, pero esa, esa historia es para otra Cápsula Sarapera.

LA FUGA DEL GENERAL EULALIO GUTIÉRREZ

En esta ocasión te platico una historia que sucedió en esta hermosa ciudad de Saltillo y le sucedió a un revolucionario quien ya había sido Presidente Municipal de Concha del Oro, Gobernador de San Luis Potosí, Senador y hasta presidente de la República, me refiero al General Eulalio Gutiérrez Ortiz.

Tras el asesinato del Gral. Álvaro

Obregón el coahuilense Eulalio Gutiérrez se sumó la revolución escobarista, contra el Maximato de Plutarco Elías Calles, acción en la cual muchos revolucionarios tras ser derrotados tuvieron abandonar el país, el Gral. Gutiérrez se exilió en San Antonio, Texas, dejando a su esposa Petrita y a sus hijos en Saltillo, quienes vivián frente a donde hoy está el lago de nuestra Alameda Zaragoza, sobre la calle de Ramos Arizpe esquina con la de Salazar, contra esquina donde hoy está la Anexa a la Normal, que por cierto en aquellos años ahí se albergaba la guarnición militar.

El General Gutiérrez viviendo en Texas, no podía pisar tierra mexicana pues de hacerlo sería pasado por las armas frente a un paredón. Sin embargo, su responsabilidad como padre y cariño por su familia lo alentaron en diversas ocasiones a jugarse la vida por tan sólo ver a su esposa e hijos, convivir con ellos y disfrutar de su compañía.

En una de esas ocasiones, por el año de 1930, el General Eulalio llegó a Saltillo, como pudo, llegó a su casa envuelto en un sarape y con un sombrero, pues tenía que ocultar su identidad. Un soldado que estaba en la guardia de la guarnición lo reconoció, dando alerta a sus superiores, asegurando que había visto entrar a su casa al General Gutiérrez. Se alista de manera inmediata un pelotón, encabezado por el comandante de la guarnición, cruzaron la calle de la de Salazar, para forzar la puerta principal de la casa de la Familia Gutiérrez Treviño, entraron súbita-

mente para buscar al general revolucionario, quien al percatarse de lo sucedido escaló la barda que dividía su propiedad con la casa de la familia Harlan La roche, escapando. Una vez más, como lo había hecho desde los 19 años Eulalio Gutiérrez Ortiz volvió a jugarse la vida.

Los soldados empezaron a buscar y a husmear al interior de la vivienda, cuando uno de ellos señaló con el dedo índice de su mano izquierda, gritándole al comandante, ahí está la caja del sombrero del general, aquí debe de estar el general. Por supuesto que era la caja del sombrero del General Eulalio Gutiérrez, ante ello con valentía, aplomo y astucia, la esposa del General, Petrita, afirmó con voz seca: “Cuando Eulalio se pone el sombrero no se lo pone con todo y caja”.

Los militares siguieron buscando y rebuscando en la casa, hasta llegar al

corral trasero de donde hurtaron la vaca, Doña Petrita trato de impedírselos y les dijo: “se están llevando la vaca de cuya leche alimento a mis 7 hijos”, hecho que nunca perdonaría el General.

Pasarían 3 años más para que el General Eulalio Gutiérrez Ortiz pudiera regresar a su patria y a esta hermosa ciudad de Saltillo, con todas las garantías, pero esa es otra historia que les platicaré en otra Cápsula Sarapera. La casa, la puerta siguen estando ahí, de pie, esa misma casa que visitaron en muchas ocasiones los Generales Álvaro Obregón, Lázaro Cárdenas y hasta el historiador Vito Alessio Robles.

Al regresar a su casa, la familia seguiría creciendo hasta llegar a 10 hijos, sin la vaca ni la leche de esa vaca, pero siempre con el cariño y cuidado de sus padres Petrita y Eulalio.

FÉLIX U. GÓMEZ

En esta ocasión te platico sobre un oriundo de la Congregación Gómez Farías de nuestra hermosa ciudad de Saltillo, de niño por razones imprecisas se trasladó a Concepción del Oro, ahí estudió y después se hizo minero hasta el año de 1910 cuando se sumó a las fuerzas maderistas para derrocar al dictador Porfirio Díaz, me refiero a mi General Félix Urestí Gómez, “el héroe del Carrizal”.

Nacido el 1 de julio de 1887, y para 1913 participó junto a Don Venustiano Carranza en la campaña contra el usurpador Victoriano Huerta, en la que obtuvo el grado de General, por sus servicios a la revolución.

Asistió a la Soberana Convención Revolucionaria de Aguascalientes, donde se eligió al Gral. Eulalio Gutiérrez como presidente de la

Nación, a pesar de las divisiones entre los revolucionarios, Félix siempre fue leal a Carranza y a los ideales del Plan de Guadalupe, firmados en la ciudad vecina de Ramos Arizpe.

En 1916 fue comisionado por el mismo Carranza para defender el suelo nacional cuando las fuerzas norteamericanas, que venían encabezadas por del General John Pershing ingresaron al territorio de la república, en busca del Centauro del Norte, mi Gral. Francisco Villa.

La tarea principal del general Saltillense era evitar el paso de los norteamericanos y mantenerlos a raya ya que se les había fijado un límite geográfico en el cual podían ingresar para la búsqueda de Francisco Villa por su incursión a Columbus Nuevo México.

Al percatarse de que las fuerzas

norteamericanas avanzaron más de lo permitido, en la comunidad de El Carrizal, Félix U. Gómez le solicito a los capitanes norteamericanos Boyd y Morell que no avanzaran más sobre el territorio del “águila azteca”, a lo cual el mando norteamericano, se negó y Boyd sentenció “que para morir eran los hombres” a lo que contestó el General Saltillense con valor y sin temor alguno, “los soldados mexicanos sabemos morir y si quieren pasar inténtelo”.

La Batalla del Carrizal había comenzado, 3 horas duró la refriega el extranjero fue vencido, pero duran-

te el encontronazo Félix U. Gómez fue herido, perdiendo la vida por la patria. Las bajas estadounidenses fueron de 50 soldados muertos, 27 prisioneros, además de que se capturaron 22 caballos y numerosas municiones. México perdió 27 patriotas y dejó 39 heridos.

El General Félix U. Gómez combatió a quien con sus plantas osó pisar tierra Nacional y pasó a la historia como el “Héroe del Carrizal”, un héroe nacional, un Saltillense más que tenemos y que vale pena presumir.

Medicina General
Ozonoterapia
Medicina Estética
Mariano Matamoros 373, Zona Centro
¿Único Saltillense que ha dado el grito de la independencia desde el Balcón del Palacio de Gobierno en 7 ocasiones?

Respuesta a la trivia de octubre 2025: Hotel Hidalgo

EL BORRACHO Y LA REVOLUCIÓN

En esta ocasión te platico de una historia casi casi revolucionaria que sucedió en esta hermosa ciudad de Saltillo en el año de 1929, día 15 de abril para ser precisos.

Ese día el Saltillense de nombre Blas Jacobo había estado bebiendo hasta pasarse de copas, tal vez con ese valor que toman algunas personas al tomar bebidas espirituosas decidió con gran valentía y fervor patrio ir a casa de Don Ramón Parra no ha pedirle más bebidas embriagantes sino para exigirle armas para iniciar una nueva revolución.

Crédito: Eugenio Galán de la Peña

El señor Parra para evitarse discusión o problema alguno con el beodo decidió entregarle de inmediato, sin queja, una vieja carabina. Blas, el borracho, tomó el arma y siguió su camino tambaleante, pero con la seguridad que se subiría al caballo de una nueva revolución.

Pero el fervor revolucionario de Blas duró muy poco, de hecho, le duró el mismo tiempo que su borrachera pues al día siguiente con cruda

y todo fue de nuevo a casa de Don Ramón para devolverle la carabina vieja, disculpándose por su comportamiento inadecuado. Además, ofreció entregarse a las autoridades por los desmanes que había ocasionado en la borrachera. Bueno pues tal vez la carabina que Don Ramón le prestó a Blas era como la carabina de Ambrosio, cuya historia es sensacional y bien vale la pena conocer o tal vez le hizo falta algo más de vino para incorporarse a las filas de la revolución, o a lo mejor llegó muy tomado con todo y carabina a su casa y su esposa lo puso en su lugar.

Esta es la historia de una nueva revolución que estuvo a punto de iniciar aquí en esta hermosa ciudad de Saltillo, cuando Blas el borracho decidió tomar las armas para incorporarse a una revolución que ya había terminado.

Si el vino que tomó Blas le dio tanto valor para ir a la revolución no le dio tanto como para hacerle frente a su esposa.

P RE S EN T A D A S P O R :

Las efemerides de noviembre en Saltillo

1 de noviembre de 1776

4 de noviembre de 1841

5 de noviembre de 1827

5 de noviembre de 1827

8 de noviembre de 1856

15 de noviembre de 1925

15 de noviembre de 1993

15 de noviembre de 2019

El Cabildo de la Villa de Santiago del Saltillo ordena se alistasen tropas para enfrentar treinta hombres armados que habían llegado capitaneados por Pedro Lucas de Quintana.

La Comisión designada por el Ayuntamiento de Saltillo, Coahuila, para seleccionar el lugar en donde se debería establecer la plaza permanente de toros, dictamina que fuese en el terreno conocido como “casas consistoriales del pueblo”.

El Congreso del Estado de Coahuila y Tejas expide decreto que eleva a Saltillo a la categoría de Ciudad con el nombre de “Leona Vicario”, mismo que prevalecería hasta 1832.

El Congreso del Estado de Coahuila y Tejas cambia el nombre a San Esteban de la Nueva Tlaxcala por el de “Villalongín”, en honor a Manuel Villalongín, héroe de la Independencia Nacional. 5 años más tarde se uniría a Saltillo como una sola población.

En Saltillo, Coahuila, el Palacio de Gobierno sufre un incendio ocasionado por la gran cantidad de pólvora que ahí se almacenaba. El siniestro causa la muerte de muchas personas.

Un incendio consume el Mercado “Juárez” de Saltillo, Coahuila.

En Saltillo, Coahuila, el Gobernador Eliseo Mendoza Berrueto inaugura el Museo de las Aves de México.

Se registra sismo con magnitud de 4.2 grados con epicentro localizado 68 kilómetros al sureste de Parras, Coahuila. No se reportan víctimas, ni daños materiales.

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El Cabildo de la Villa de Santiago del Saltillo da fe escrita de las aportaciones de los habitantes de la Villa para el establecimiento de un convento de frailes franciscanos. La suma recaudada ascendía a 600 pesos, así como una casa y un solar que al efecto había donado Pedro Guzmán.

Nace en Saltillo, Coahuila, Bibiano Berlanga Castro, abogado que sería Presidente Municipal Interino de su ciudad natal en 1993.

El Papa Francisco designa a Monseñor Hilario González García como Obispo de Linares, Nuevo León. En 2020 el Pontífice lo nombraría Obispo de Saltillo, Coahuila.

El Cabildo de la Villa de Santiago del Saltillo dispone que un albañil y 5 ayudantes iniciaran la reparación, calle por calle, de todas las casas de la Villa que necesitasen arreglo, corriendo el costo por cuenta de los propietarios de las fincas.

En la antigua plaza de toros “Guadalupe”, se efectúa la primera pelea de box profesional en Saltillo, Coahuila, entre Ignacio Cerecero y Humberto Cid González “El Relámpago”, quien resultó vencedor.

El Presidente de la República, Ernesto Zedillo, y el Gobernador de Coahuila, Rogelio Montemayor, inauguran en Saltillo el Museo del Desierto.

Se registra sismo de magnitud 4.1, con epicentro localizado 19 kilómetros al suroeste de Saltillo, Coahuila. No se reportan víctimas, ni daños materiales.

Llega a Saltillo, Coahuila, Ángela Peralta, “el Ruiseñor Mexicano”, en donde es recibida con gran júbilo.

Se registra sismo de magnitud 4.0, con epicentro localizado 12 kilómetros al noroeste de Saltillo, Coahuila. No se reportan víctimas, ni daños materiales.

Tribus de Kikapoo y Phoatium pasan por Saltillo, Coahuila, en su viaje a la ciudad de México para entrevistarse con Maximiliano y solicitarle seguridad e la posesión de sus tierras. En la población reciben apoyo por parte del Prefecto Ignacio Lozano.

DETENIDA POR REVOLUCIONARIA Y

POR AMOR.

En esta ocasión te platico de un hecho de policías y ladrones, más bien pareciera un episodio de una película de espías, o hasta se asemeja a una novela de amor, y es que resulta que, en plena revolución, la dama María Guadalupe Pérez, estuvo detenida en los separos de la cárcel de esta hermosa ciudad de Saltillo, por lo menos dos meses. ¿De qué se la acusaba?, se le acusaba de sediciosa y hasta de revolucionaria, ¿las pruebas? sus petacas, es decir en sus maletas, y es que ese artículo de viaje le fueron encontrados diversos objetos que daban señales de tener nexos con grupos revolucionarios.

La dama, fue detenida en la estación de ferrocarril, sí la misma de las que les platiqué anteriormente, y que se había incendiado, pero volvamos a esta historia, el arresto fue en enero del año de 1914, además fue detenido José Santos, quien pudo salir libre. María Guadalupe le envió una carta al alcalde de Saltillo, señalando su inconformidad, afirmando y repito

textual: “Es cierto que traía algunos objetos que me hicieron sospechosa, pero en realidad son sólo prendas que guardaba como recuerdos de gratitud del hombre que me sacó de mi tierra”.

Estimada y estimado Saltillense, si Usted tiene la incógnita de que artículos se trataban, déjeme decirle que se quedará con la duda, al igual que su servidor, ya que no encontré registro de ellos, incluso tampoco localicé la información de cuando salió la supuesta revolucionaria.

Esta es una historia de esas que están muy escondidas, en la cual María Guadalupe fue detenida por al parecer tener nexos con la revolución, que, si le encontraron armas, municiones, o documentación importante no lo sabemos, pero tal vez hasta se trató del uniforme de quien fuera su primer amor, definitivamente una historia de la revolución, de espías y hasta de amor, que sucedió en esta hermosa ciudad de Saltillo.

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