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RUBÉN AGUIRRE FUENTES
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BELINDA EN SALTILLO
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PATY LOMELÍ
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CUANDO INTENTARON DERRIBAR LA IGLESIA DE SAN ESTEBAN
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LOS ANIVERSARIOS DE SALTILLO
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LAS FANEGAS DE CAL Y EL PLEITO
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EL RELOJ DE LA CATEDRAL
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MOLINO LA COLMENA
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DON GILBERTO Y LA PRESIÓN DEL AGUA
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HOTEL URDIÑOLA
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EFEMÉRIDES
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AVISOS DE OCASIÓN
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YO TAMBIÉN SOY DE SALTILLO
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SOPA DE LETRAS SARAPERA
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CUPONERA
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DIRECTORIO
Francisco Tobias Hernández Director Editorial
Arq. Carlos Roldán Ilustraciones
Prof. Juan Campos Rodríguez Corrección Ortográfica
Victoria López García Diseño Gráfico y Fotografía Editorial
Vol. 4 Edición N.º 58, Mayo 2026
Yo Soy de Saltillo - La Revista Publicación mensual
MAYO 2026
Impresa en México en los talleres gráficos de Impresos Rivera
DERECHOS RESERVADOS

En esta ocasión te platico de quien con seguridad fue el Saltillense más visto por televisión durante los 70´s, 80´s y principios de los 90´s, me refiero a Rubén Aguirre Fuentes, mejor conocido como “el Profesor Jirafales”.
Nacido en el mero Barrio de Santa Anita en esta hermosa ciudad de Saltillo el 15 de junio de 1934, en casa de sus padres, Rubén Aguirre Flores y Victoria Fuentes.
De niño partió rumbo a Torreón, ciudad en la que radicó hasta que decidió estudiar agronomía en Cd. Juárez, en la Escuela Superior de Agricultura Hermanos Escobar. Al terminar con sus estudios superiores regresó a esta hermosa ciudad de Saltillo. Lugar en el cual inició su éxito carrera artística y de medios de comunicación.
Su primer trabajo fue en la radio,
precisamente en la XESJ, estación donde le ofrecieron y por supuesto que aceptó, un programa nocturno, muy noche, en el cual la idea era que transmitiera música, Rubén tan inquieto al poco tiempo empezó a inventar cosas, personas y hasta la improvisación de una radionovela, la cual cierto día dejó de transmitirla pensando que por la hora en que la narraba nadie lo escuchaba. A los pocos días el propietario de la estación le mandó llamar al joven Rubén, para preguntarle sobre la radionovela, de la cual en la administración de la radio nada se sabía, solicitándole que de manera inmediata regresará la invención, improvisación y transmisión de la dichosa radio novela.
Cuando le dieron un horario más temprano, en su programa inventó el personaje de un changuito, llamado el changuito caramelo, otra vez
lo hizo sin dar aviso, a los días el dueño de la radiodifusora le mandó llamar, para preguntarle el motivo por el cual los niños de Saltillo estaban enviando dulces para un changuito de la estación.
Contrajo nupcias con María Asunción del Consuelo de los Reyes Medellín, con quien tuvo 7 hijos; Victoria, los cuates Rubén y Consuelo, por supuesto en honor al matrimonio, después llegó Gerardo, luego Arturo, Verónica y al final Carmen. Gran aficionado a los toros, tanto así que cuando nació su sexta hija, Rubén, le dijo a su esposa que escogiera entre dos nombres taurinos uno era Verónica y el otro Chicuelina. Déjeme explicarle estimada y estimado Saltillense que la chicuelina se trata de un lance de capa en el toreo, inventada por el diestro Manuel Jiménez Moreno "Chicuelo"; mientras que la Verónica es una suerte de la fiesta brava la cual se efectúa sujetando el capote con ambas manos. Para suerte de la recién nacida Consuelo, la madre escogió Verónica.
Saltillense de mucha cultura, deportista pues entre otros deportes practicaba el florete, un tipo de esgrima; además era buen jinete de caballo, de hecho, tenía un caballo llamado “El Rival”, mientras su esposa tenía una yegua llamada “La yegua negra”,
animales que tenían en un ranchito ubicado en un pueblito llamado Tepetlaoxtoc, lugar donde además tenían árboles frutales, vacas y hasta alfalfa.
Ya de adulto aprendió a tocar el trombón de vara, primero lo compró y después acudió con un maestro, instrumento que aprendió a tocar en la Ciudad de México, ya casado y ya participando como el Profesor Jirafales en el Chavo del 8.
Como padre, me asegura su hijo Rubén que era un amor que, a diferencia del personaje del Profesor Jirafales, nunca se desesperaba. Que era un padre ocupado en la educación de sus hijos, quien siempre les enseñó a hablar de manera correcta, generoso en amor. Su hijo Rubén, quien se llama igual que su padre y que su abuelo me dijo que el mejor recuerdo de su padre es que fue una persona que siempre hacia reír y hacer sentir bien a la gente que estaba a su alrededor, contrastando enormemente con el personaje del profesor, pues no reflejaba su verdadera ternura.
Más allá del personaje de maestro estricto y eterno enamora de Doña Florinda, era realmente un profesor, pues a pesar de no tener un título como tal, contaba con una cultura increíble, en su casa abunda-
ban los libros, su acervo cultural era tan grande que bien podía hablar de política, de cultura, de historia, de arte. Seguramente de aquí el motivo de su gran agilidad mental para improvisar. El 17 de junio del 2016 el Creador requirió de sus servicios
en el cielo, tal vez necesitaba de un Profesor que le gritará a sus ángeles y arcángeles un “Ta, ta, ta, ta” o bien a un ser genial humano que siendo Saltillense nunca olvido sus raíces y eso es algo que vale la pena presumir.


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En esta ocasión te platico de una historia que me compartieron desde un baúl de tesoros que tenemos en nuestra hermosa ciudad de Saltillo, ese cofre es el archivo general del estado.
La historia sucedió en 1885 cuando una periodista de nombre Belinda, cuyo apellido, y ahorita le digo porque es en singular, no aparece por ningún lado, ella era corresponsal de un periódico o revista llamada “Anteojo” de Galveston, Texas. Por cierto, déjeme decirle estimada y estimado Saltillense que varios Saltillenses aprovecharon “la ley coahuiltejana” conocida como la ley del 6 de abril y en su artículo 7º, dl año de 1830, la cual establecía que: el gobierno apoyaría a las familias que poblaran Galveston, con 20 pesos mensuales, dos arados, dos azadones, dos palas de hierro, dos hachas y una azuela, un escoplo, un machete y una barra. Pero volvamos a la historia de Belinda cuyo apellido no conocemos.
Belinda describió a nuestra hermosa ciudad de Saltillo como un lugar agradable, tanto que dejó plasmado con tinta en papel que resentía mucho dejar esta ciudad con un espectacular clima templado asegurando y cito textual: "casi siempre era necesario dormir con cobija".
Belinda la periodista norteamericana aseguró que Saltillo era el mejor sitio para pasar el verano, en su crónica de la visita a nuestra ciudad aseguró que los Saltillenses éramos, “bueno seguimos siendo”, bien educados, que las mujeres de estos lares eran además de hermosas finas. Seguramente aquel pequeño Saltillo con menos de 20 mil habitantes dejó gratamente impresionada a Belinda, pues se impresionó de la parroquia, hoy nuestra catedral. Visitó el palacio de gobierno lugar donde le mostraron una bandera francesa que había sido capturada en durante la intervención de aquel país en suelo mexicano.
Según lo que pude investigar la
corresponsal periodística visitó el edificio, en aquel momento recién inaugurada penitenciaría, lugar del que dijo que se encontraba "todo limpio y arreglado". Para señas saraperas más actuales esta cárcel estaba ubicada donde hoy se encuentra la secretaría de finanzas en el cruce de las calles de Castelar y General Cepeda, esa prisión fue demolida en los años 70´s del siglo pasado, por cierto, fue en ese preciso lugar donde se llevó a cabo el último fusilamiento militar de nuestro México.
Por supuesto que visitó nuestra Alameda de la cual aseguro que era una plaza tan bella que era digna de estar en la ciudad de Nueva York, yo en lo personal le hubiera dicho que el Central Park es tan bonito que debe-
ría de estar en nuestra hermosa ciudad de Saltillo, pero bueno pues no la conocí, sin embargo, ella afortunadamente conoció a nuestra hermosa ciudad de Saltillo y queda maravillada, siendo esto algo que vale la pena presumir. Al principio de la historia que les platico comenté que no hemos encontrado el apellido, en singular de Belinda, y es que ella al ser norteamericana, vaya costumbre anglosajona, sólo utilizan en apellido paterno.
No quiero concluir esta “Cápsula Sarapera” sin antes darle las gracias a mi amigo Iván Vartán por ayudarme en conseguir más historias de nuestra hermosa ciudad de Saltillo y así poder compartirlas.


En esta ocasión te platico de una historia que se está escribiendo, de una historia cuya protagonista es una Saltillense que está escribiendo su historia, y la historia de muchas mujeres con sabores, olores, calificaciones, pero sobre todo logrando tanto igualdad como equidad y eso es algo que vale la pena conocer.
Me refiero a Patricia Lomelí Dávila, quien nació en esta hermosa ciudad de Saltillo un 25 de junio, hija del matrimonio conformado por José Lomelí García y María del Consuelo de Lomelí, la mayor de 5 hermanos. Paty al igual que sus hermanos pasó su infancia y juventud en la Granja “San Enrique”, ubicada en lo que era la carretera rumbo a Torreón, en aquellos años no tan lejanos, donde hoy se encuentra el Fracc. San Rafael, durante esa etapa y en ese lugar vivió entre toros de engorda, toros de lidia, cabritos, gallinas, caballos, borregos y la leche por
supuesto era de vaca lechera. Estudiante del Colegio La Paz y la prepa la cursó en el Colegio Zaragoza, por las tardes al regresar a la granja, Paty me comentó que los ponían a elaborar cuajadas con cubetas de 30 litros llenas de leche. Su formación universitaria fue en la UANE donde se tituló de Licenciada de Recursos Humanos, profesión que desempeño por cerca de 8 años, hasta que se encontró con su verdadera vocación, al establecer un negocio de comidas llamado “Paty pollo”.
Paty, la Saltillense, sin saber de su habilidad o “Don” en la elaboración de comidas, pasó por un canal de televisión donde cocinaba en vivo, siendo después maestra y directora de una escuela de artes culinarias, hasta que cierto día, llegó un reto, un reto que cambiaría su vida e incluso las reglas del juego. En el 2011, recibió una invitación desde Piedras Negras, para participar
como juez gastronómico en el “Ribeye Fest” de aquella ciudad, llamada antes, mucho antes, “Ciudad Porfirio Díaz”. El reto no era menor, pues sería no la primera vez en que Paty fuera a participar “jueceando una parrillada”, sino que sería la primera mujer de todo México en ser juez de un festival gastronómico. En una sociedad donde las carnes asadas, son literalmente pan de todos los días y espacios exclusivos para los hombres, Paty en muy poco tiempo logró lo impensable en ser un referente del jueceo de torneos, competencias y festivales de carne asada.
Participando no sólo en Piedras Negras, sino también en Agualeguas, Sabinas, San Juan de Sabinas, Veracruz, Monterrey, Cali Colombia y por supuesto en nuestra hermosa ciudad de Saltillo. Su participación como juez y coordinadora de jueces le han abierto las puertas de la televisión como lo fue en Mul-
timedios Monterrey con el “Reality Show El Rey del Asador”, participando junto al campeón mundial de BBQ Luis Rivas; Rafael Villarreal, mejor conocido como “el más salsa” y Luis Garza quien es el “backyard” de la asociación mexicana de parrilleros.
Aquí en Saltillo tenemos grandes mujeres, como Paty, quien ha logrado romper paradigmas en su quehacer, logrando superar barreras de género, alcanzando incluso reconocimientos únicos como ser la única mujer en ser “Leyenda Regia del Asador”. Decía José Vasconcelos, quien por cierto me cae muy mal: “La cultura termina donde empiezan las carnes asadas”, yo le contestaría: “que aquí donde empiezan las carnes asadas empieza la cultura de la igualdad y equidad”; y por supuesto que la Saltillense Paty Lomelí es el mejor ejemplo que tenemos en todo México y es algo que vale la pena presumir.


En esta ocasión te platico una historia del templo, “aunque mi tocayo Paco de la Peña dice que no”, del templo más antiguo que tenemos en nuestra hermosa ciudad de Saltillo.
Con una historia y vida de más de 430 años el Templo de San Esteban, conocido anteriormente como “la Iglesia de los Indios”, además de ser una pieza arquitectónica de nuestra hermosa ciudad de Saltillo es sin duda un referente, una edificación que ha visto pasar guerras, invasiones, uniones de poblados, epidemias y mucho más. Sin embargo, en el lejano año de 1732 atravesó por una situación que puso en peligro su existencia.
En aquellos años, cuando Saltillo aún no era Saltillo, sino dos poblados distintos, divididos por un riachuelo y que en cuyo oriente estaba la Villa de Santiago del Saltillo y en el poniente el Pueblo de San
Esteban de la Nueva Tlaxcala, el párroco de la Iglesia de San Esteban, la cual está ubicada, por supuesto del lado de donde estaba el Pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala, para señas más actuales sobre la calle de Victoria pasando la de Allende, que por cierto el riachuelo ese del que les hablé estaba ubicado precisamente en lo que hoy es la calle de Allende pero volvamos a la historia, a la historia del cuando intentaron derrumbar el Templo de San Esteban.
El sacerdote, quien era el guardián del templo, aseguraba que la edificación religiosa estaba en muy mal estado, maltratada, tal pareciera que casi casi estaba en ruinas, por lo que el jefe religioso buscaba demoler el templo para después reconstruirlo, pero, aquí está el, pero, había un problema y no era pequeño pues no se contaba con materiales para su reedificación.
Mes de abril, día 7, para ser precisos de aquel lejano año de 1732 hubo manifestaciones, los habitantes del Pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala mostraron su inconformidad, “los sanestebaneros”, no llegaron solos, se hicieron acompañar de su “Capitán Protector”, quien era el responsable por parte de la corona española para velar por los derechos de los nativos, ese cargo lo desempeñaba Antonio de Guzmán.
La manifestación no sólo fue en el Pueblo, los inconformes fueron a la Villa de Santiago del Saltillo para pedir el apoyo del Alcalde Mayor, quien puso manos a la obra pidiendo de manera atenta al sacerdote que no arruinase el templo, que si la edificación podía seguir dando el servicio religioso así lo hiciere hasta que los habitantes del Pueblo juntaran todo el material para la reconstrucción del templo.
En los años 80´s del siglo pasado asistíamos domingo a domingo a la iglesia de San Esteban, por supuesto que ya no era San Esteban de a Nueva Tlaxcala, como vivíamos en la calle de Victoria era el templo católico más cercano, cierto domingo al concluir la misa el sacerdote dio un aviso y no de ocasión, sino de esos avisos parroquiales, donde daba aviso, valga la redundancia, que se iniciaba una colecta económica ya
que el templo se estaba hundiendo. Al salir de misa, ya caminando rumbo a mi casa, recuerdo que le dije a mi mamá: “Mamá ya no podemos venir a misa, pues un día que estemos adentro e la iglesia se puede hundir y nos vamos a morir”, mi mamá sonrió y me explicó que el templo se hundía centímetros tal vez milímetros cada año. Por lo que el domingo siguiente volvimos a misa, yo la verdad aún con el temor de que se hundiera, pero esa es otra historia, de esas miles de historias que seguramente hay en lo que es, “aunque mi tocayo diga que no”, la iglesia más antigua que tenemos en nuestra hermosa ciudad de Saltillo.
Por cierto, “los habitantes del Pueblo del San Esteban de la Nueva Tlaxcala no juntaron los materiales y el sacerdote, guardián del tempo, no la derrumbó y ¿qué cómo lo sé?
Pues sencillo la iglesia de San Esteban sigue de pie, aunque un poco más hundida cada vez”.

En esta ocasión te platico de los distintos aniversarios de nuestra hermosa ciudad de Saltillo. Sí nuestra ciudad, aunque tiene una sola fundación, que en realidad deben de ser dos, tiene además 4 aniversarios más.
Más allá del debate sobre la fecha real de la fundación de la Villa de Santiago del Saltillo, la cual dicen que fue el 25 de julio de 1577; aunque el día y el mes seguramente coinciden con la realidad, el año no lo es, pero esa es otra historia. Volvamos a la historia a la historia de los aniversarios, pues el primer aniversario de lo que hoy es Saltillo, corresponde a la fundación de la Villa de Santiago del Saltillo.
Nuestra actual ciudad de Saltillo es una amalgama de distintas culturas, tradiciones y hasta diferentes orígenes, el segundo aniversario de nuestra hermosa ciudad debería de ser el
13 de septiembre, y no precisamente por la gesta de los “Niños Héroes”, sino por el hecho de que el 13 de septiembre de 1591, fecha real y exacta, se fundó el Pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala, ubicada al poniente de la Villa de Santiago, divididos ambos poblados por un arroyo que hoy es nuestra calle de Allende. Estimada y estimado Saltillense Usted podría preguntarse qué tanto es nuestro actual Saltillo del Pueblo de San Esteban pues bastaría con decirle que los tlaxcaltecas trajeron el pan de pulque, los matachines y el sarape, los tres símbolos más tradicionales de lo que hoy es Saltillo.
El tercer y cuarto aniversario de Saltillo, son el mismo día, sí por increíble que parezca, pues fue el 5 de noviembre de 1827, cuando formábamos parte del estado de Coahuila y Tejas que las autoridades con la finalidad de enaltecer y
fomentar los valores patrios de la nueva nación, la Villa de Santiago del Saltillo fue elevada a Ciudad con el nombre de Leona Vicario, siendo el tercer aniversario, el cuarto es referente al cambio de nombre del Pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala por el de Villalongín, en honor al héroe Manuel Villalongín. Por cierto, en esa ocasión, nos salvamos de que nuestra ciudad se llamará Ciudad Indalecio.
Por si fueran pocos aniversarios de nuestro Saltillo, el quinto, sí el quinto aniversario sería el 31 de octubre, ya que ese día, pero del año de 1831 en el decreto 170 del tercer congreso constituyente en el artículo primero señala de manera textual: “El pueblo de Villalongín por su localidad y situación se halla en la actualidad unido cercanamente a la Capital del Estado, formará con ella una sola población bajo el nombre de Ciudad de Saltillo, quedando derogado el decreto número 29 del 5 de noviembre de 1827”, vaya letra, fantástica con la que está escrito el
documento, pareciera que no escribe sino dibujaban. Ya, por último, por lo menos hasta este momento tenemos el sexto aniversario de nuestra hermosa ciudad de Saltillo, siendo este el 4 de marzo de 1834, momento en el cual el, otra vez, el congreso de Coahuila y Tejas señala que el Pueblo de Villalongín y la Ciudad de Leona Vicario, poblaciones que ya se habían unido en una sola para ser llamada Saltillo, se volvieran a unir para llamarse, ¿cómo cree? pues Saltillo.
Así que si quiere tener fiesta por el aniversario de Saltillo tiene la oportunidad de hacerlo en 6 ocasiones cada una con 6 fechas durante el año: 25 julio, 13 septiembre, dobles los días 5 de noviembre y 4 de marzo.
Pareciera que, por desconocer la fecha exacta de la fundación de la Villa de Santiago del Saltillo, el destino, el tiempo y la historia nos ha dado hasta 6 aniversarios y eso es algo que sólo sucede en nuestra hermosa ciudad de Saltillo y que vale la pena presumir.



En esta ocasión te platico una historia que sucedió aquí en nuestra hermosa ciudad de Saltillo, en la cual participaron Venancio, Ramón junto a sus hermanos y padre, además de varios vecinos de lo que era la Villa de Santiago del Saltillo.
Esto sucedió en el año de 1816, en mes de marzo, día 31 para ser precisos, cuando Venancio le vendió 20 fanegas de cal a Ramón Ruiz, pero antes de continuar déjeme explicarle estimada y estimado Saltillense que “una fanega es una antigua medida española para medir ciertos productos como los granos y la cal, una fanega de cal equivale a casi 50 kilos de ese producto”; ahora si volvamos a la historia. Pues Venancio le vendió a Ramón casi una tonelada de cal, empezaron a llevarla a pesar cuando apareció Germán, quien era hermano de Ramón.
Germán hermano mayor que
Ramón empezó de la nada a hacerse de palabras con su hermano, y en un santiamén ya estaban trenzados a golpes, Venancio, el vendedor, intentó separarlos, quiso calmar los ánimos hasta que en cierto momento Ramón empezó a vociferar en su contra, “sin deberla ni temerla” el vendedor empezó a ser ofendido.
Y como Venancio “no estaba manco” que se la va encima con golpes a Germán, quien de manera rápida y cobarde se refugió en su casa, a los minutos salió acompañado de su padre y otro hermano, quien estaba más grande y fuerte. Germán se sintió tan envalentonado que empezó a amenazar de muerte al Venancio, los tres es decir Germán, su papá y su otro hermano se le fueron encima. Los buenos vecinos al ver la desigualdad e injusticia decidieron participar apoyando y dando auxilio al tal Venancio, quien encontró refugió, Germán quería
pleito, bronca, pelea por lo que le grito al vendedor y citó textual: “Debes de agradecer que hay muchos de tu parte, pero habré de encontrarte para matarte”.
Ese mismo día el afectado, quien había sido insultado, ultrajado y amenazado por intentar separar a unos hermanos, después de venderle a uno de ellos cal, se apersonó con el alcalde de nuestra hermosa ciudad de Saltillo, que aún no era ciudad y era llamada la Villa de Santiago del Saltillo para sentar un precedente, pidiendo que sobre Germán cayera todo el peso de la ley contra aquellos que infamen, denigren y desafíen públicamente.
Estuve investigando sobre el fin de esta historia Saltillense, podría Usted pensar que estaba buscando para saber el final del pleito, pero más allá de saber quién ganó, o si Germán terminó en la cárcel, incluso para saber el motivo del porque los hermanos empezaron a pelear, quiero saber, ¿qué sucedió con las 20 fanegas de cal?, ¿las pagaron?, ¿se pesaron?, ¿se entregaron?
Pero en fin esta es una historia que sucedió en Saltillo cuando aún no se llamaba Saltillo, una historia de un pleito entre dos hermanos, que cuando uno quiso comprar cal terminó “embarrando en la bronca” al vendedor.

En esta ocasión te platico una historia de un objeto emblemático de nuestra hermosa ciudad de Saltillo, de un objeto que a pesar de estar ubicado en una construcción más emblemática aún, tiene sus historias. Me refiero al reloj que está en nuestra catedral de Santiago.
A pesar de que la catedral de Santiago empezó a construirse entre los lejanos años de 1745 y 1746, la construcción de la torre principal, que por cierto mide 81 metros, terminó de construirse hasta casi siglo y medio después, año de 1897 para ser precisos. De hecho, déjeme decirle estimada y estimado Saltillense que, en las primeras fotografías tomadas en nuestra hermosa ciudad, allá por el año de 1847, se puede ver la torre a medio construir.
Hoy muchos de nosotros vemos la hora exacta gracias a la tecnología, al internet y a los satélites artificiales, sin embargo, no siempre fue así
incluso antes del siglo XVII, los Saltillenses de aquella época sabían la hora por la posición del sol. Fue hasta 1800 año en el cual colocaron el primer reloj mecánico. Y lo más asombroso de esto es que para sincronizar la hora de ese reloj mecánico se talló un reloj solar, el cual puedes todavía ver en la entrada a la Capilla del Santo Cristo.
El reloj mecánico, ajustado por relojeros que utilizaban un reloj solar, estuvo en funcionamiento cerca de un siglo, hasta que el Soldado de la Nación, el General Porfirio Díaz siendo presidente de México envió para los Saltillenses un nuevo reloj, el cual era de origen francés y que fue vendido por la joyería “La Esmeralda de Hauser y Zivy”, allá en la Ciudad de México, que por cierto cuyo edificio en estos días alberga el museo del estanquillo.
Durante casi 60 años ese reloj estuvo funcionando hasta que en
1960 dejó de hacer su “tic – tac”, los Saltillenses se organizaron, principalmente por medio del Club Rotario, hicieron una colecta para la reparación del reloj, por medio de una campaña llamada “Marcha de las Horas”. Se juntó el dinero, donaron los ciudadanos, los empresarios y hasta los gobernantes. Lo más lógico y sencillo, al parecer, era ir directamente a la joyería La Esmeralda, y así sucedió, el Sr. Eloy Dewey Saavedra, quien era el presidente del Club Rotario de Saltillo, se trasladó hasta la ciudad de los palacios, llegó a la famosa joyería y al preguntar por las piezas que le faltaban a nuestro reloj, la respuesta lo debió de haber dejado congelado, sin palabra alguna, con un sentimiento de impotencia, como si su corazón se hubiera parado al igual que el reloj, pues desde hacía años esas piezas ya no las fabricaban.
Para fortuna del Sr. Eloy y de los Saltillenses, un trabajador de la joyería le recomendó buscar a un relojero europeo, radicado en la misma Ciudad de México, de nombre “Ernesto Imm Kemnitz”, quien probablemente podría darle solución al problema del reloj de nuestra catedral. Este mismo relojero había instalado y reparado otros relojes a los largo y ancho del país, como lo fue el de Guamúchil, Sinaloa en 1941
Ese mismo día el emisario de esta hermosa ciudad encontró al relojero quien hizo el compromiso de venir a Saltillo para revisar el reloj.
A los pocos días el relojero Ernesto Imm vino a nuestra hermosa ciudad de Saltillo, revisó el reloj y aseguró que en menos de un mes tendría listas las piezas dañadas para que el reloj volviera a funcionar. Para nuestra enorme fortuna el relojero cumplió en forma y tiempo, y no vaya a creer que haya dudado de la capacidad y honorabilidad del europeo, sino que en la investigación que hice me pude dar cuenta que este, nuestro reloj, fue el último que reparó pues a menos de un año el relojero falleció.
Esta es una historia de las tantas y tantas que existen no tan sólo en la catedral que engalana a nuestra ciudad, sino es una de esas historias que sólo ocurren aquí en la hermosa ciudad de Saltillo y eso es algo que vale la pena presumir.

En esta ocasión te platico la historia de un lugar que hoy está en ruinas, de un lugar que llegó a contar con el molino de trigo más grande del norte de México, me refiero al molino “La Colmena”.
Arrancó operaciones en el lejano año de 1856, moliendo trigo para producir entre otras harinas, y es que más allá de que fue en estas tierras donde hoy se encuentra nuestra hermosa ciudad de Saltillo el lugar donde se presume que fue uno de los primeros espacios de América donde se sembró cereal. De manera rápida el Molino La Colmena se convirtió en una empresa de importancia para la región durante la segunda mitad del siglo XIX y siglo XX.
Ubicada en lo que hoy es el cruce de la Calzada Emilio Carranza y la calle de Pérez Treviño, llegado antes que su vecino, el Santuario de Guadalupe, una construcción de ladrillo café, que hoy bien pareciera la imagen de una batalla de la segunda guerra mundial. Una edificación que cuenta
con más de 80 ventanales, con 20 silos; déjeme explicarle estimada y estimado Saltillense que “los silos son esas estructuras cilíndricas y verticales en las cuales se resguarda o almacenan productos agrícolas a granel”, con sus tres pisos en la nave inicial, un predio de 400 metros cuadrados enclavado en el centro histórico de nuestra hermosa ciudad de Saltillo que tiene una historia maravillosa que contar y no podemos olvidar.
Una empresa que, con la maquinaria más moderna de aquella época, importada desde Francia lograban producir hasta más de 80 toneladas de harina al día, convirtiéndose el Molino La Colmena, en una de las empresas más grandes e importantes de México, llegando a estar en las recetas diarias no sólo de los Saltillenses sino de muchísimos hogares mexicanos, en cuyas cocinas no podía faltar la harina “El Diluvio”. Incluso existe una historia, no confirmada, que tanta, tanta era la demanda de la harina producida por
La Colmena que, en una ocasión, tuvieron que adquirir harina de otro costal, es decir de otros molinos para meterla en sacos de la harina “El Diluvio”.
Para el anecdotario queda el doble beneficio que se tenía al comprar los sacos de harina elaborados en “La Colmena” y posteriormente en la harinera Saltillo, ya que después de utilizar la harina en la cocina, los sacos eran usados para elaborar pantalones o bien calzones los cuales previamente tenían que vivir todo un proceso para retirar completamente la harina con tal de no sufrir las consecuencias de unos calzones duros por almidonados, así mismo no terminar con las nalgas blancas, blancas como el color de aquella harina de trigo de los costales.

Fundada en 1856, vendida por primera vez en 1906, adquirida por los hermanos Genaro y José De La Fuente; por causas desconocidas incendiada en 1925, vendida por segunda vez en 1934 cambiando de nombre a Harinera de Saltillo, empezando así la producción de la harina marca “El Diluvio”, un molino de trigo que incluso contaba con su propia espuela de ferrocarril, una empresa orgullosamente Saltillense que fue adquirida por Grupo GRUMA, un molino que fue ejemplo de productividad, una historia que no podemos olvidar, una historia que debemos de evitar que caiga ladrillo por ladrillo como su construcción, una historia Saltillense que vale la pena conocer.

¿En qué año hubo un incendió en la Villa de Santiago del Saltillo, cuyo fuego arrasó con las casas reales, perdiendo así el primer archivo de esta hermosa ciudad de Saltillo?
Respuesta a la trivia de abril 2026: A inicios del siglo XX, aproximadamente entre 1890 y 1910, durante la expansión urbana de la Ciudad de México.

En esta ocasión te platico una historia del agua, que me contaron en Nueva Rosita, pero que se trata del agua de nuestra hermosa ciudad. Bueno, aunque más que del agua se trata de la presión del agua y de quien era el gerente de JAAPAS allá por los 70´s del siglo pasado.
Antes de continuar estimada y estimado Saltillense déjeme decirle que en aquellos años la dependencia que se encargaba de la distribución del agua en Saltillo era la Junta de Administración de Agua Potable y Alcantarillado de Saltillo, JAAPAS le llamábamos.
Hace algunos días estuve platicando con el Ing. Enrique Salazar, Saltillense, quien sin temor a equivocarme es una de las personas más capacitadas y preparadas de todo el estado de Coahuila en el asunto del agua y drenaje. Me platicó de sus inicios y de algunos de sus jefes con
los que le ha tocado trabajar. Pues bien, uno de ellos fue Don Gilberto Recio de León, quien además de ser gasolinero se desempeñó en el servicio público como el mandamás, el jefe, el gerente de JAAPAS.
El Sr. Recio, quien era por cierto fue pionero en la industria gasolinera de nuestra ciudad era un caballero, bajo de estatura, colorado, quien todos los días laborales vestía de traje y siempre cargaba un portafolio de piel color negro. Acostumbraba a llegar de manera puntual a las 8 de la mañana a su oficina, la cual estaba ubicada a espaldas de lo que era el Edificio Coahuila en General Cepeda y De la Fuente.
Al entrar a las oficinas de JAAPAS cruzaba un pasillo alrededor del cual se encontraban los escritorios de colaboradores y secretarias a quien saludaba de manera amable con varios “¡Buenos días!”,
mientras se dirigía al fondo, lugar donde se encontraba su oficina, al entrar en ella colocaba su portafolio sobre una mesa redonda, alrededor de la cual había 5 sillas, para después como lo hacía día a día, de manera diaria, de forma religiosa se acercaba a la cocineta, que tenía en el interior de su propia oficina, abría la llave del grifo, observaba la presión con la que salía el agua. Si había buena presión afirmaba de manera categórica con un “Ya chingamos” que sería un buen día, para después pedir su café y encender su cigarro marca “More”; en caso contrario cuando la presión no era buena la reacción del gerente de JAAPAS venía acompañada de un “Ahora sí, ahora habrá problemas” para después de todos modos pedir su café y encender su cigarro.
Hombre comprometido con la sociedad, activista social, y ejemplo de ello era su participación en el Club Rotario, motivo por el cual todos los martes, semana tras semana, su agenda a la 1 del medio día estaba ocupada con la sesión rotaria que se realizaba en el Hotel San Jorge del “merito” centro de nuestra hermosa ciudad de Saltillo.
Hombre que día a día aprendía, hasta de sus hijos, como lo fue el caso de su hijo Javier, quien cierta mañana llegó corriendo con su papá quien se estaba rasurando, el pequeño le preguntó: “Papá, papá, ¿es cierto que tú eres el del agua?”, Don Gilberto de manera orgullosa dijo: “Sí hijo, soy yo”; a los que el menor le reviró: “entonces por qué tienes la llave abierta”, desde ese instante el Sr. Recio de León nunca más se rasuro desperdiciando ni una sola gota de agua.
Esta es parte de la historia del agua en nuestra hermosa ciudad de Saltillo, así como del gerente de JAAPAS a quien en la radio haciendo uso de su nombre le armaron un tipo acróstico al decir: “Que no se haga Gilberto con el agua, que sea Recio contras las fugas, porque para cobrar es un León”.


Huevitos al gusto, guisos tortillas de harina y maíz café refill y ¡Mucho más! / WestRockersSal tillo @westrockers

¡Aquí siempre estarás en casa!



En esta ocasión te platico sobre un establecimiento, ya emblemático, que se encuentra en nuestra emblemática calle de Victoria aquí en nuestra hermosa ciudad de Saltillo me refiero al Hotel Urdiñola.
Negocio 100 por ciento Saltillense que ha logrado vencer a la globalización, incluso pareciera que le va ganando la batalla a la modernidad y al tiempo, para mantenerse activo, enclavado en el mero corazón del centro histórico de nuestra hermosa ciudad.
Su inauguración se menciona, sin poder asegurar, que fue en 1943, sobre la de Victoria entre llantas y carros, pero no precisamente es que estuviera rodando ni el hotel ni los coches pues estaba flanqueada de la importadora de autos Pontiac y Buick, de su lado derecho y del izquierdo la tienda de llantas General Euzkadi, por si fuera poco, el siguiente negocio a su izquierda era
la agencia de autos Chevrolet. Con una arquitectura novohispana, con influencia barroca, con su fachada simétrica, con un arco central y con su balcón central, ha visto la transformación de Saltillo, por casi 80 años. Al interior con su patio central, tan Saltillense; rodeado de las 55 habitaciones con las cuales cuenta el hotel.
Al ingresar por la puerta principal, sobre la calle de Victoria, se encuentra una escalera que puede ser descrita como imperial, sí de esas escaleras que sólo hay en los palacios europeos, la cual tiene un arranque único partiendo desde el vestíbulo, marginada por sus enormes barandales, para llegar a la doble bifurcación, ante un vitral colorido, el cual por cierto engalana al patio central.
Lleva su nombre en honor de aquel español, que tanto le debemos los Saltillenses y poco le reconocemos,
siendo junto con Alberto del Canto, diría el poeta Raymundo de la Cruz, con quien se disputa los primeros latidos de Saltillo.
Espacio de descanso para muchos agentes viajeros, lugar de reposo para aquellos que sólo cruzan por nuestra ciudad, un hotel que cuando empezó a dar servicio a los turistas no requería de aire acondicionado, ya que con tan sólo abrir la ventana era necesario el uso cobijas de lana. Un establecimiento Saltillense que
ha sido propiedad de varias familias, un establecimiento Saltillense que ha logrado vencer el tiempo, que de manera discreta pero elegante se hizo presente en el Saltillo del ayer y en se hace presente en el Saltillo de hoy. Un espacio que pareciera ser el escenario de novelas románticas, un escenario que hoy en día nos transporta al pasado, haciéndonos recordar que en nuestra hermosa ciudad tenemos muchas historias que valen la pena recordar.
1 de mayo de 1806
4 de mayo de 1687
8 de mayo de 1951
15 de mayo de 1862
19 de mayo de 1786
20 de mayo de 1905
P RE S EN T A D A S P O R :
El Cabildo de la Villa de Santiago del Saltillo acuerda motivar a vecinos del barrio del Andrajo para que prestasen su cooperación para construir una pila en ese rumbo.
En la Villa de Santiago del Saltillo, el Capitán Luis de Palma y Mesa, ordena que “después de pronunciado el Ave María nadie salga armado”.
Se funda en Saltillo la Sociedad de Artistas Coahuilenses, siendo su primer Presidente el pintor Miguel Santana Pérez.
El Ayuntamiento de Saltillo expide “reglamento para los serenos”. Les confía la tarea de encender las farolas de la ciudad y de la vigilancia de calles y barrios. El cuerpo constaba de 1 cabo y 10 serenos para toda la población. Su horario era de las 10 de la noche a las 4 de la mañana. Cada 60 minutos había que gritar la hora y, si no había novedad, seguida de la frase “y todo sereno”.
Ante el Cabildo de la Villa de Santiago del Saltillo se presenta Juan Casado, con 2 nombramientos expedidos a su favor: como “Comisario Honorario de las Rentas de Pólvora y Naipes” y como “Teniente del Real Tribunal”.
En Saltillo, Coahuila, se inicia la construcción de la casa propiedad del empresario británico Guillermo Purcell y diseñada por Henri E. Guindon y Alfred Giles.
20 de mayo de 1907
22 de mayo de 1876
22 de mayo de 1914
25 de mayo de 1959
26 de mayo de 1957
30 de mayo de 1952
Concluye la construcción en Saltillo de la casa propiedad del empresario británico Guillermo Purcell y diseñada por Henri E. Guindon. Actualmente es conocida como “Casa Purcell”, un ícono de la capital Coahuilense.
Tras haber derrotado a Porfirio Díaz y los rebeldes del Plan de Tuxtepec en Icamole, Nuevo León, llega a Saltillo, Coahuila, el General Carlos Fuero.
Encontrándose en Saltillo, Coahuila, tras enterarse de que había aún soldados federales en la ciudad, Francisco Villa recibe la orden de Don Venustiano Carranza de capturarlos y ejecutarlos.
Fallece Don Isidro López Zertuche, empresario e impulsor de la industria en Coahuila. Fundador del Grupo Industrial Saltillo. Un bulevar en la capital Coahuilense le honra al llevar su nombre.
Se produce en Saltillo la primera motocicleta manufacturada en America Latina, con el nombre de ISLO (por Don Isidro López Zertuche).
Se corona como campeón nacional de peso mosca, el boxeador Otilio “Zurdo” Galván Rosales, originario de Saltillo, Coahuila.






¿Sabías que si ves la Alameda de arriba tiene forma de la República Mexicana?















Ejemplar de cortesía
Todo buen Saltillense debe saber...



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