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LAS CARRERAS DE MESEROS
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AMARREN A SUS ANIMALES
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CLUB DE RADIOEXPERIMENTADORES DE SALTILLO
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EDWARD HOOPER EN SALTILLO
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LA OTRA DE LA ANGOSTURA
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QUIEREN CERRAR LA CANTINA Y LA PULQUERÍA
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RECOGIÓ SU BICICLETA
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DON RUPERTO Y SUS CARRETAS
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LA DECLARACIÓN DE GUERRA VS LA ALEMANIA NAZI
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SIN UN MINUTO DE LUZ
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EFEMÉRIDES
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AVISOS DE OCASIÓN
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YO TAMBIÉN SOY DE SALTILLO
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CRUCIGRAMA SARAPERO
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CUPONERA
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DIRECTORIO
Francisco Tobias Hernández Director Editorial
Arq. Carlos Roldán Ilustraciones
Prof. Juan Campos Rodríguez Corrección Ortográfica
Victoria López García Diseño Gráfico y Fotografía Editorial
Yo Soy de Saltillo - La Revista Publicación mensual
ABRIL 2026
Impresa en México en los talleres gráficos de Impresos Rivera
DERECHOS RESERVADOS

En esta ocasión te platico de una actividad algo distinta, diferente, en la cual participaban meseros, y era una carrera, sí estimada y estimado Saltillense una carrera de meseros, pero no crea que era cualquier cosa, durante esta carrera los meseros corrían con zapatos, pantalón de vestir negro, camisa blanca y moño oscuro. Pero no era todo, cargaban una charola de aluminio en la cual colocaban una servilleta, encima de esta un vaso lleno de agua, un caballito relleno de tequila y su botella correspondiente, así que además de llegar en primer lugar, para ganar tenían que llegar con la servilleta seca.
Estas carreras se realizaban en Chihuahua, Torreón, Ciudad Juárez, Ciudad Obregón, Tampico, Nuevo Laredo, Monterrey, Cd. Acuña, Gómez Palacio y por supuesto aquí en nuestra hermosa ciudad de Saltillo, esta justa deportiva se realizaba en la Alameda Zaragoza, la distancia a recorrer era de un kilómetro, es decir una vuelta completa. En otras ocasiones los meseros recorrían
corriendo con charola en alto las calles de Aldama o Allende.
Entre muchos meseros Saltillenses que participaron aquí y en otras ciudades están “Refugio Solís, Rosendo Alvarado, Concepción y Simón García Puente”, este último quien fuera mesero del Camino Real, llegó a ganar 61 trofeos, entre estos el llamado campeón de campeones que alzo victorioso en la Sultana del Norte, por dos años consecutivos, ganándose el mote del “mesero más rápido de México”.
Incluso Don Simón y muchos otros meseros fueron reconocidos por la Asociación de Atletismo del Estado de Coahuila, y realmente eran unos atletas, si de por sí correr por correr es complicado con tenis, short y playera, ahora imagínense hacerlo no sólo con zapatos sino con una charola a todo alto y como dijo una vez Don Simón: “la cuestión en estas carreras no es tanto llegar primero, sino llegar bien”.
Don Simón en realidad tenía “un arma secreta para ganar” y era que su esposa Doña Altagracia Delgado
siempre lo acompañó para darle ánimos y porras. De hecho, sus hijos y nietos fueron y son meseros, pues unas carreritas.
Don Simón siempre fue un ejemplo, dentro y fuera de los restaurantes, dentro y fuera de las carreras, incluso en la Colonia El Mirador, muy
cerquita del Cerro del Pueblo, es recordado con mucho aprecio y cariño por quienes fueron sus vecinos.
Pues ahora sí, como bien dijo José Alfredo Jiménez, “no hay que llegar primero sino saber llegar”, y para ellos con charola seca y limpia.



¡Aquí siempre estarás en casa!
Huevitos al gusto, guisos tortillas de harina y maíz café refill y ¡Mucho más! / WestRockersSal tillo @westrockers Plaza La Sierra, Av. 20 Fte al campo de golf Lourdes Wa. (842) 101 5911 T. (844) 418 0397







En esta ocasión te platico de una anécdota, que podemos conocer gracias al trabajo de investigación que realizó “Don J. de Jesús Dávila Aguirre” y que plasmó en su libro “en el Saltillo antiguo”.
La historia sucedió en esta hermosa ciudad de Saltillo, cuando no se llamaba todavía así, sino Ciudad
Leona Vicario, momento en el cual México nacía como nación, período en el cual las huellas de la guerra de la independencia eran recientes y podían verse en las calles, casas, plazas y lugares públicos de esta ciudad que había dejado de ser villa. El alcalde en aquellos años era Don Tiburcio, llamado de manera cariñosa como “Don Bucho”, hombre oriundo de esta tierra, era campesino, no tenía mucho conocimiento en el asunto de las letras y los números, sin embargo, tenía esa característica tan Saltillense, la característica de la inteligencia.
La plaza de armas, no era como la conocemos hoy en día, en realidad
era solo un solar entre el Palacio de Gobierno y la Catedral de Santiago, con una fuente en el centro y un farol, pero no contaba con bancas, ni banquetas, ni jardines, de hecho ni siquiera había árbol alguno que diera sombra, sobre esta plaza principal, todos los días se podían observar animales como marranos, caballo, mulas, burros, bueyes además de perros, que burlaban el intento de barda que se había construido para evitar el paso a estos animales. Un buen día, “Don Bucho”, se encontraba revisando papeles, pudo darse cuenta, que se planteaba el proyecto de remozar la plaza de armas, además de plantar árboles, flores y arbustos. A lo que el alcalde se opuso de manera inmediata, ya que sería inútil el embelleciendo de la plaza ya que los animales utilizarían las flores y arbustos como alimento, señalando que era necesario terminar y subir la barda, colocar puertas para el acceso único de los ciudadanos, por lo que el presupues-
to de la magna obra aumentaría. Encontrando la solución a este problema, dando la ordenanza que después de pedir cooperación económica para la obra, se daba el mandato, regla, orden que textualmente señalaba: “Y el que tenga caballos, burros, marranos, etc., que los amarre y el que no, que no los amarre”.
Al día siguiente, Don Antonio Elosúa, quien fungía como Gobernador citó a Don Bucho para darle un regaño por su orden tan mal redactada, ya que le hizo notar o saber que era hasta tonto decir o dar el mandato que el que no tuviera animales que
no los amarrara. A lo que el alcalde, quien efectivamente era de conocimientos escolares pobres pero que la escuela de la vida le había enseñado mucho, le dijo al Gobernador: “Si no lo aclaramos, la gente empezará a amarrar animalitos ajenos”. Esta es la historia de Don Bucho, quien fue alcalde de esta hermosa ciudad de Saltillo, quien salió “muy chucho”, para evitar robo de animales, y así iniciar las obras de remodelación o remozamiento de la hermosa plaza de armas que tenemos aún hoy en día y que definitivamente es un lugar que vale la pena presumir.

@nacionnortenaa Nación Norteña

En esta ocasión te platicó de un club, de cuyo tipo es el primero que se estableció en México y es orgullosamente Saltillense, me refiero al Club de Radio experimentadores de Saltillo.
Hace algunos días tuve la oportunidad de platicar con mis amigos, integrantes de club, quienes me hicieron saber que la capital de la radioafición en México, es precisamente esta hermosa ciudad de Saltillo.
Hace poco más de 86 años, el 21 de septiembre de 1933, para ser precisos, en la Escuela Saltillo, se instaló formalmente el club de radio experimentadores, cuyo fin principal pareciera que fuera el entretenimiento y diversión, pero uno de los fines principales de club, es el instalar bases de radio en cualquier lugar, sin importar las inclemencias del clima, para así poder ayudar en la comunicación y dar apoyo a la comunidad. Ya hace casi 9 décadas,
que los fundadores encabezados por Don Antonio de la Peña, iniciaron este gran proyecto con aparatos de bulbos, elaborados por ellos mismos.
Bajo el lema “comunicar es servir”, dan viva constancia de ello y ejemplo claro fue aquel fatídico día del “trenazo de Puente Moreno”, ya que fueron ellos quienes brindaron la comunicación desde el lugar del accidente a las instituciones de salud, de seguridad y a las familias afectadas.
Otro ejemplo de ello fue en septiembre de 1985, cuando sucedió el terremoto, siendo los integrantes, Alejandro Flores y Rogelio Villarreal, del club Saltillense los primeros en instalar una antena de radio comunicación en la Ciudad de México, específicamente en la azotea del edificio de la SCT, para así poder dar información a las familias de Saltillenses que tenía algún familiar la gran urbe que era
conocida como el DF. “La clave de radio para este club de radioaficionados es XE 2 RCS”.
Entre las anécdotas que me platicaron ese día que nos reunimos mi amigo Esparza y yo con los integrantes del club, gracias a la invitación de Don Jesús Esparza, llama la atención la del Ing. Anguiano, que bien podría iniciar su narración con la siguiente comunicación.
- “Hola este es XE2AVE, mencionó el Saltillense por la radio.
-Contestándole la contraparte con un: Yo soy EA0JC
-Respondiendo el Saltillense de manera automática: Buenos días, yo soy Enrique y transmito desde Saltillo en el norte de México.
-Buenas tardes desde España, tu señal es 5-9 (5-9 significa buena señal)
-Anguiano responde con un: Ok tu señal es igual 59, gracias por el contacto.
-Despidiéndose ambos en clave con un 7-3, algo así como saludos”.
A los días siguientes Enrique Anguiano envió la tarjeta de contacto a la dirección registrada en España, por el radioaficionado español, pasaron semanas, tal vez meses y vaya sorpresa que se llevó el Saltillense al recibir una carta del ministerio del exterior de España, agradeciéndole la comunicación que había tenido con el Rey de España, Juan Carlos. Sí había entablado comuni-
cación con el mismo Rey. Si usted estimada y estimado Saltillense se pregunta, ¿qué tan buenos son los integrantes del Club de Radio experimentadores? Pues déjeme decirle que hace poco más de 25 años desde la zona del silencio lograron hacer poco más de mil contactos, si en esa zona del desierto chihuahuense de la cual se dice que es imposible comunicarse por radio desde ese lugar o hacía este lugar, pues bien, los Saltillenses lograron vencer el mismísimo silencio.
Bien me dijeron mis amigos del club, cuando se cae el sistema, cuando se cae el Facebook, cuando se cae el WhatsApp, cuando no hay servicio para celulares, el radio y los radio experimentadores están listos para comunicar, aún sin energía eléctrica.
Muchas felicidades al club y a sus integrantes quienes han permanecido ya no con radios de bulbos, sino con microchips, y que han podido darle vida a lo que es la primera red social del mundo, definitivamente el club de radio experimentadores, así como sus integrantes de ayer, hoy y del mañana son algo muy Saltillense y que vale la pena presumir.

En esta ocasión te platico la historia de un norteamericano nacido en la pequeña ciudad de Nyack en el estado de Nueva York, en el año de 1882, 22 de julio para ser precisos, me refiero al pintor Edward Hooper quien quedó fascinado por la belleza de nuestra hermosa ciudad de Saltillo.
Edward Hooper fue un artista norteamericano quien se hizo famoso a nivel mundial por sus pinturas en las cuales expresaba la soledad de la vida norteamericana, incluso es considerado como uno de los máximos exponentes del realismo norteamericano. De personalidad fuerte, callado, alto, culto y muy reflexivo. Amante del cine, incluso afirmaba que cuando no tenía inspiración para pintar se pasaba semanas enteras en el cine.
Sí usted estimada o estimado Saltillense ha visto la película “psicosis” déjeme decirle que la inspiración de
Alfred Hitchcock fue precisamente una pintura de Hooper llamada “la casa junto al tren” que realizó en 1925.
En el año de 1924 se casó con la pintora estadounidense Josephine Verstille, quien por cierto fue la única modelo mujer que utilizaría, ya sea como ama de llaves o bien como prostituta. Junto a ella en el verano de 1930 rentó una cabaña en South Truro, ciudad costeña en el estado de Massachusetts de la unión americana, verano tras verano visitaban el mismo pueblo de hecho, en 1934 el matrimonio de pintores compró una cabaña en ese lugar. Para 1943 en plena Segunda Guerra Mundial, había temor en sus costas norteamericanas de que los submarinos nazis aparecieran, la gasolina escaseaba, ocasionando que durante el verano de ese año el matrimonio tomará un tren con el destino final de la Ciudad de México, sin embar-
go, el ruido, la contaminación visual y el bullicio ocasionaron que el pintor y su esposa se trasladaran en tren a la pequeña pero hermosa ciudad de Saltillo.
El matrimonio Hooper se hospedó en la casa de la familia Guajardo sobre nuestra emblemática calle de Victoria, y aquí en Saltillo pintó tres cuadros desde la azotea, estas obras son: Palmeras en Saltillo, Sierra Madre en Saltillo y la Mansión Saltillo, de hecho, esta última se encuentra expuesta en el Museo Metropolitano de Arte en Nueva York.
Tres años después regresó a Saltillo, pero ahora manejando un carro Buick año 39, y eso que al pintor no le gustaba viajar, hospedándose en esta ocasión en el Hotel Arizpe sobre la misma calle de Victoria, lugar en el cual el pintor solicitó que su habitación tuviera acceso a la azotea, realizando 5 cuadros más
sobre nuestra hermosa ciudad de Saltillo, siendo estas: La iglesia de San Esteban, Techos, Saltillo, Construcción en México y el Palacio, el cual por cierto no se trata del Palacio de Gobierno sino del Cine Palacio, pintura en la cual se puede ver que Hooper hasta pintó el anuncio de la fábrica de Sarapes que estaba frente al cine. 5 años después el matrimonio de pintores regresaría a Saltillo.
Sus únicas obras que realizó en acuarela y sin persona alguna en la imagen, fueron las que hizo durante su estancia en Saltillo, incluyendo una pintura de la catedral de Monterrey.
De 182 pinturas que realizó 8 fueron de nuestra ciudad, y sinceramente no lo culpo, ni por haber regresado a Saltillo, ni por haber venido a pintar paisajes de nuestra hermosa ciudad pues definitivamente Hooper se enamoró de Saltillo.


En esta ocasión te platico sobre una batalla poco conocida y que bien podríamos confundir con aquella que sucedió en 1847 cuando los gringos vencieron al ejército mexicano el cual estaba comandado por “Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón, conocido en los anales de la historia a secas como López de Santa Anna”. Pero no. Esta batalla de la cual te platico fue otra que sucedió en el mismo lugar, pero 18 años después, el 1 de junio de 1865 para ser precisos y no fue contra los norteamericanos sino contra los franceses.
El bando de los mexicanos, quienes buscaban y lograron defender a la república estaba comandada por el General Jerónimo Treviño, Francisco Naranjo quien por cierto después tuviera una casa de descanso en nuestra hermosa ciudad de Saltillo, ¿dónde? Donde está la Anexa a la normal y la Berrueto, ahí frete a la
alameda Zaragoza, pero esa es otra historia.
Todo empezó días antes, el 25 de mayo, cuando el entonces coronel francés “Pierre Jean Joseph Jeanningros” llegó a La Ventura, municipio de Saltillo, con mil quinientos soldados donde permaneció hasta el 31 de ese mes para arribar a San Juan de la Vaquería. Al día siguiente muy de temprano a las 7 de la mañana los franceses fueron atacados por pocos mexicanos, los invasores respondieron al ataque, los mexicanos dieron retirada, se replegaron hasta La Angostura, pareciera que los de esta tierra se habían equivocado, se regresaron a toda velocidad, pero todo iba conforme al plan, pues en ese mismo lugar se encontraban el resto de las fuerzas mexicanas, eso sí, bien escondidas entre árboles, matorrales y más.
Los defensores de la patria esperaban con ansías el que los invasores estuvieran cerca para disparar, cada
instante, cada segundo que transcurría ocasionaba que los nervios de los mexicanos aumentarán, sin embargo, el entonces coronel Jerónimo Treviño mantenía la calma esperando el momento adecuado para dar la orden de fuego, el enemigo se acercó a la distancia adecuada para que se diera la orden de: “fuego”. Los franceses fueron sorprendidos, empezaron a tener bajas cuando los de esta tierra con seguridad cantaban la estrofa: “masi osaré un extraño enemigo, profanar con sus plantas tu suelo, Piensa ¡oh Patria querida! que el cielo un soldado en cada hijo te dio”. Los invasores gritaban “retrait, retrait”, que en español significa retirada, retirada, siendo perseguidos por el mismo Treviño, hasta que los se escondieron en lo que hoy es el Ejido Santa Elena de esta hermosa ciudad de Saltillo. Andrés S. Viesca quien era Gobernador de Coahuila se encontraba en el campo de batalla, siendo testigo presencial de la
proeza mexicana, del triunfo de un ejército que ama a su tierra y que logró vencer con inteligencia al ejército más poderoso del mundo en ese momento. El mismo gobernador le envió un mensaje al jefe político de Saltillo a quien le escribió que las armas republicanas habían triunfado en La Angostura con la participación de los bravos coroneles Treviño, Pérez Castro y Naranjo”.
Siempre que escuchamos sobre la batalla de la Angostura, nuestra mente y memoria vuelan hacía la derrota que sufrimos en 1847, que a pesar de estar a punto de derrotar en ese lugar al ejército norteamericano
Santa Anna, villano favorito de la historia mexicana, prefirió regresarse a la ciudad de México, sin embargo, es más importante conocer y reconocer que aquí en nuestra hermosa ciudad de Saltillo 18 años después los mexicanos derrotamos al ejército francés.



En esta ocasión te platico de una petición que realizaron el 15 de enero de 1914 las vecinas de la cantina “El Puerto Arturo” y de otra cantina anónima, es decir que no tenía nombre y que en realidad era una pulquería.
Las vecinas muy molestas manifestaron que, en el Puerto Arturo, había muchos desmanes y ruido por los cantantes improvisados que llegaban, además textualmente dijeron: “Un mal ejemplo es que los jóvenes vean tan decadentes espectáculos”.
Las vecinas vivían en la calle de la 3ª de Xicoténcatl y 3ª de Victoria, quienes también afirmaron que no era posible soportar el canto cavernario del Puerto Arturo, imagínese estimada y estimado Saltillense, lo mal que cantaban los beodos. Y la mayor preocupación de las afectadas, eran sus hijas, quienes ya tenían edad para cortejos y los ejemplos de las cantinas pues se convertían en
un aliciente para los placeres mundanos. No vaya a creer que la manifestación o queja fue verbal, no de ninguna manera, fue escrita e incluso fue hasta firmada por las siete quejosas.
Y respecto a las quejosas de la pulquería, quienes se manifestaron en contra de este negocio eran las vecinas de los Col. Zarco, mujeres Saltillenses que tenían hasta por lema: “En bien de la moralidad” y por ello solicitaron el cierre de la pulquería ubicada en el cruce las Calles La llave y Democracia, cuyo dueño era el Sr. Plutarco Barrios, las buenas señoras afirmaron textualmente “ese establecimiento es un verdadero antro de vicio y prostitución”, señalando que quienes asistían a esa pulquería eran “soldaderas, trúhanes, vagos, malandrines, prostitutas, golfos” y que todos ellos cometían actos contra la moral.
Las Saltillenses que estaban en
contra de la pulquería, hasta investigaron al propietario y resulto que Plutarco Barrios no pagaba sus impuestos municipales.
Esto que les platico sucedió en esta bella ciudad de Saltillo, donde las mujeres se manifestaron contra una cantina que tenía por nombre “El Puerto Arturo” y una pulquería, cuyo dueño ni siquiera pagaba impuestos. Pero la verdad estoy casi seguro que la molestia no era por el canto cavernícola ni los actos inmorales que se realizaban en ambos lugares, ni la visita de mujeres de la


vida galante o bien de vividores, el verdadero problema es que los esposos de estas damas Saltillenses no salían de esos lugares de “sano esparcimiento”, ya que es raro, muy raro que en ninguna de las dos manifestaciones haya participado caballero alguno. Con seguridad las señoras lograron su cometido, cerraron la cantina y la pulquería cuyos dueños perdieron sus negocios, pero los esposos de las manifestantes perdieron definitivamente el lugar donde divertirse.
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En esta ocasión te platico de un hecho de un acontecimiento o de una anécdota que muestra como somos los Saltillenses, y esto que te platicaré sucedió hace más de 65 años, aquí en nuestra hermosa ciudad de Saltillo, específicamente entre el 21 y el 23 de abril de 1950. En aquellos años, en aquella pequeña pero hermosa ciudad de Saltillo, se publicaba un periódico llamado “El Diario de Saltillo”, incluso varios avisos de ocasión que he difundido en las Cápsulas Saraperas, son de dicha gaceta. Por aquella época, en la cual no existía el Facebook, ni el internet, incluso la televisión aun no llegaba a nuestro país, cuando algunos pocos se enteraban de las noticias, por medio del radio y la mayoría de los Saltillense lo hacían por medio del periódico, en aquellos tiempos, cuando la autoridad o el ciudadano, daba aviso de algo, generalmente lo hacía por medio de el periódico. Pues en aquellas fechas sucedió lo que te platicaré.
El viernes 21 de abril, al terminar sus labores como maestro peluquero Don Manuel Vicuña, al salir del establecimiento donde trabajaba, “cuando el astro rey ya se había escondido”, encontró una bicicleta al parecer abandonada, por lo que decidió llevarla personalmente al periódico, para así poderla hacerla llegar a su propietario que en ese momento se desconocía.
La nota se publicó al día siguiente el 22 de abril, sábado para ser precisos, día mismo en cual el propietario de la bicicleta se apersonó en las instalaciones del diario, para pedir que le entregaran su bici. El propietario según pude darme cuenta en el periódico impreso el 23 de abril, era el jovencito Jorge Eduardo Cavazos quien por cierto moraba atrás de la Catedral en el cruce de Juárez y Bravo, ahí por donde todas las noches pasa “la taconera”.
Jorge Eduardo, afirmó que el viernes había visitado a un amigo que vive por el rumbo de la peluque-
ría en la cual trabajaba Manuel Vicuña, y que se entretuvo jugando y charlando tanto con su amigo que olvido por completo que había llegado en su bicicleta.
El joven Cavazos, pidió al personal de redacción de “El Diario de Saltillo”, le hicieran llegar su agradecimiento al señor Manuel. Esta es la historia que aconteció en nuestra hermosa ciudad de Saltillo, en la cual un joven por andar jugando y charlando olvidó su bici, medio de transporte que fue recogido por un maestro peluquero, quien a la vez la dejó en el periódico “El Diario
de Saltillo”, gaceta que publicó un aviso sobre la bicicleta y que ese mismo día el propietario fue por ella.
Definitivamente esta historia, esta anécdota Saltillense muestra el valor de la honestidad y solidaridad que tenemos los Saltillenses, por cierto, por si las dudas, si llegan a ver al maestro peluquero Manuel o algún descendiente de él, les pido de favor que le den las gracias de parte de Jorge Eduardo

En esta ocasión te platico la historia de Don Ruperto de Peña Gauna, quien nació en 1880, aquí en nuestra hermosa ciudad de Saltillo, precisamente en la fábrica de la Aurora y sobre su fábrica de carretas. Contrajo matrimonio en Saltillo, desposándose con la Srita. María Flores Ruiz, con quien tuvo 23 hijos, sí estimada y estimado Saltillense escuchó bien, 23 hijos. Y si se asombró déjeme decirle que la hija de ellos de nombre quien tenía por nombre Amparo de Peña Flores tuvo 24 hijos, pero volvamos a la historia a la historia de Don Ruperto y sus carretas. Ya con su familia se trasladó para vivir en Derramadero, después se muda con todo y esposa e hijos a la Villa de General Cepeda para poner un negocio de talabartería. En algún momento del año de 1915 decide no sólo cambiar de residencia sino de hasta de negocio y oficio, para regresar a nuestra ciudad de Saltillo e instalar un taller dedicándose a la fabricación de carretas, expresitos,

guayines, arados y sus respectivas
La fábrica estaba ubicada en la calle de Abasolo Norte #505, esquina con Luis de Cepeda, según domicilio que presentó al realizar su tarjeta de identificación. Tan próspero fue el taller que en su interior se trabajaban las 24 horas del día. Logrando contar en el interior de la fábrica con una fundición para la elaboración de sus propios ejes y bujes. Los precios de las carretas eran, si se pagaba en efectivo y de contado 250 pesos oro y 300 pesos plata. Que tan en serio se tomaba su trabajo Don Ruperto que él personalmente escogía la madera con la cual fabricaba sus productos, en un aserradero ubicado en Montemorelos, N.L. El fabricante Saltillense de carretas tenía un secreto, aún más oculto que la receta del pollo o que formula del refresco de Cola, y es que su nieto Antonio, me asegura que, para evitar el apolillamiento de la madera, el árbol tenía que ser cortado en noche de luna llena.
En el interior del taller o de la fábrica había infinidad de herramientas y maquinaría como torno de alta bancada, torno regular, cinta-sierra, sierras de disco, canteadora, forjas, soldadoras, martillo mecánico el cual estaba propulsado por un motor diésel y todo esto importado directamente desde Alemania.
La fábrica tenía por nombre “La Fama”, su calidad de fabricación era tan buena que aún hay algunas de sus carretas, las cuales se podían diferenciar de la competencia por los colores usados, ya que Don Ruperto aseguraba que los rancheros preferían las carreteras de color azul y ruedas naranjas.
Hombre de una sola palabra, de una sola pieza, preocupado y ocupado por su comunidad, ejemplo de ello fue su participación en el inicio de nuestra revolución siendo integrante activo del partido antirreeleccio-
nista, el mismo que fundó Don Francisco I. Madero.
Tal vez el primer de Peña fue precisamente Don Ruperto, ya que sólo tal vez su nombre completo era Ruperto, con un segundo nombre iniciado con la letra D, la cual abreviaban solamente con una D punto.
Si llegáramos a preguntarnos cuando inició la vocación automotriz en esta hermosa ciudad de Saltillo, definitivamente deberíamos de pensar en la fábrica de carretas “La Fama” y en Don Ruperto, quien tuvo la necesidad de ir a entregar un pedido especial, una carreta color azul con ruedas naranjas, para uso personal del Creador, el 23 de noviembre de 1962.
Sirva esta historia para combatir con amor el olvido y definitivamente Don Ruperto y “La Fama” son algo muy de Saltillo y que valen la pena presumir.



¿En qué fecha se unieron por primera vez el Pueblo de Villalongín y la Ciudad de Leona Vicario?
Respuesta a la trivia de marzo 2026: Rubén Aguirre, el Profesor
Jirafales

En esta ocasión te platico que el mundo se encontraba en guerra, era el año de 1942, por un lado Japón atacó a los Estado Unidos, por el otro los países del eje, entre ellos la Alemania nazi seguían avanzando, por si fuera poco un submarino nazi, el 13 de mayo de ese año, hundió a una embarcación mexicana, llamada “Potrero del Llano”, que por cierto poco más de un año antes, se lo habíamos confiscado a los italianos, pero esa no es la historia de la que te quiero platicar, siete días después, el buque petrolero “La Faja de oro”, fue hundido por un torpedo nazi, por cierto también este navío fue incautado a Italia integrante de los países del eje, pero tampoco es la historia de la que te quiero platicar. El presidente de México, General Manuel Ávila Camacho, tomó la
decisión de declararle la guerra a las potencias del eje y así dejar de ser un país neutral en el conflicto mundial, no había tiempo para vacilaciones, no había espacios para regatearle el apoyo de todo México, de los estado de la república al Ejecutivo Federal, por ello sin titubeo alguno el señor presidente buscando el apoyo de todos los integrantes del pacto federal, al amparo de nuestra constitución específicamente en los artículos 73, 89 y 118, f, en razón del proceso legislativo para firmar un decreto con el cual declararía la guerra a las potencias del eje, giro instrucciones al ejército, para que la autoridad máxima de cada estado firmará el apoyo.
Tan rápido como una orden del comandante supremo de las fuerzas armadas, “un pelotón destacamenta-
do” aquí en esta hermosa ciudad de Saltillo, capital del estado, se dirigió a buscar al gobernador quien era el General Benecio López Padilla, sin embargo se encontraba en la capital del país, en aquellos años, en aquel tiempo que parece tan lejano, el localizar a una persona no era como ahora cuestión de instantes, en ocasiones hasta semanas se tardaban en localizarla, sólo imagínese estimada y estimado Saltillense, pocas líneas telefónicas, lo más rápido era el telegrama, celulares, ni en sueños aún, del internet mejor ni hablamos. Por ello al no está localizado el gobernador, el mismo pelotón, se dirigió a la presidencia municipal, ubicada en aquel entonces en Aldama e Hidalgo, para buscar al Sr. Ricardo Villarreal, quien fungía como Alcalde, pero no se encontraba en la ciudad, es más ni en el país, por lo que lo militares se dirigieron a la calle de Victoria y Padre Flores, para buscar al primer regidor, siendo este el doctor Rodolfo Garza, al tocar la puerta, les abrieron, el sargento al mando del pelotón preguntó por el primer regidor, sin decir el motivo, a lo que le contestaron que se encontraba realizando una curación en la vecina ciudad de Monterrey, por ello el militar preguntó por el segundo regidor, quien era el señor Antonio Flores Barajas, preguntando de inmediato la dirección, afirmándole que vivía
en la calle de Escobedo a un costado de la cantina , de manera inmediata cual relámpago, el pelotón se traslada cual pareciera en paso veloz. Llegan a casa de Antonio Flores Barajas, quien, al no encontrarse, ni el Gobernador de Coahuila, ni el Presidente Municipal de Saltillo, ni el primer regidor, sería considerado la autoridad máxima en la capital del estado. El sargento al mando del pelotón, toca con firmeza la puerta, le abre con asombro Don Antonio, le preguntan si es él, el segundo regidor, quien respondiendo con más miedo que seguridad, con un tímido “sí”, le piden de favor, más bien en orden militar que los acompañe, momento en el cual el Saltillense, sin saber para que lo buscaban, empezó a rezar, pensando en todo, hasta en un fusilamiento. Sin decirle a donde lo llevarían, lo escoltaron, hasta la presidencia municipal, abriendo con cierta violencia el despacho del Presidente Municipal, ordenándole que se sentará en la silla de la autoridad, momento en el cual el Sargento, le extendió una hoja, entregándole una pluma, solicitando de manera no tan amable que firmará, que era el consentimiento de Coahuila para que el presidente de la república le declarará la guerra a la Alemania nazi. Entregándole además un bando presidencial, ordenándole que lo leyera ahí mismo en la presi-
dencia municipal, ese día a las 8 de la noche, ese día, el 22 de mayo de 1942 el presidente de la república les declaró la guerra a los nazis.
Esta es la historia de un Saltillense, de Don Antonio Flores Barajas, que por ser la autoridad máxima preste en Saltillo, fue quien firmó el consentimiento de parte de los
coahuilense para que México le declarará la guerra a los nazis, y que, por cierto, no creo que nadie, en todo México, por ministerio de ley, recayeran sobre él los cargos de gobernador, presidente municipal, primer regidor y el cargo que ostentaba de segundo regidor de esta hermosa ciudad de Saltillo.

En esta ocasión te platico de una historia que sucedió a oscuras en esta hermosa ciudad de Saltillo el 14 de enero de 1945, de la cual me enteré gracias a unas fotografías que me compartió mi amigo Gerardo Covarrubias.
En aquel año, aquí en Saltillo, circulaba un periódico llamado “El Heraldo del Norte”, circulaba como un diario mañanero, y su slogan dictaba “consagrado a los intereses de Coahuila”. Ese día mientras dicho rotativo publicaba a ocho columnas la noticia de que un grupo de empresarios Saltillenses se reunirían con el Presidente de la República, además anunciaba en la misma portada que los alemanes, nazis, se daban a la fuga, de hecho la Segunda Guerra Mundial estaba por concluir con la derrota de los países del eje, al continuar con la lectura me di cuenta que un poco más abajo de esa noticia, se comunicaba a la comuni-
dad el hecho de que un grupo de Saltillenses se habían manifestado por la falta de energía eléctrica en su calle.
El encabezado, literal, de la noticia era: “Ni un minuto de luz para Calle de Rodríguez”, y en el cuerpo de la nota se explicaba que un grupo de vecinos de esa calle, que por cierto ya no lleva esté nombre, habían ido directamente al periódico con la firme, contundente, decisiva, tajante y categórica intención de avisar a la empresa que en aquellos años daba el servicio de energía eléctrica en nuestra hermosa ciudad de Saltillo, que desde hace varios días no contaban con el suministro de la energía eléctrica e incluso se inconformaban hasta de que ya tenían varios días realizando llamadas telefónicas a la compañía y ni siquiera les habían contestado. Los vecinos afectados pedían que por lo menos algunos días de
semana se les brindará el servicio eléctrico, como al resto de la calle de Rodríguez. Y déjeme decirle estimada y estimado Saltillense que en tuve que realizar una investigación intensa e intensiva para encontrar y saber cuál era esa “famosa” calle de Rodríguez, que en realidad era y sigue siendo una calle pequeña, comprendida por sólo dos cuadras, la cual se encuentra en el centro histórico de Saltillo, pues iniciaba e inicia en la calle de Acuña, pasa por la calle de Allende, de hecho este era el tramo en el cual los vecinos se quedaron literalmente sin luz, pasando Allende, ahí, espéreme que se me hizo agua la boca, pasando el restaurante El Principal, para llegar hasta la calle de Zaragoza. Una calle llamada de Rodríguez que en los
planos de Saltillo del año de 1948 aún se le llamaba de esa manera para posteriormente llamarla como hasta en nuestros días, Calle de Vito Alesio Robles, en honor al Saltillense quien fuera revolucionario, secretario particular de mi General Francisco Villa e historiador.
Esta calle que era llamada de Rodríguez, la cual en el año de 1940 seguía siendo de tierra, sólo tenía agua por medio de una llave comunitaria motivo por el cual los vecinos de la hoy calle de Vito Alesio Robles se ganó la fama de que sólo se bañaban los sábados. Esta es la historia de la mitad de la Calle de Rodríguez, la cual se quedó durante un tiempo sin luz, no tenía pavimento y el agua no llegaba a hasta sus casas.

1 de abril de 1611
2 de abril de 1831
3 de abril de 1834
5 de abril de 1617
Se levanta acta del Cabildo de Saltillo en la que se corrobora la fundación de Saltillo, el fundador y el primer Alcalde de la ciudad, siendo éste Alberto del Canto, originario de Azores, Portugal. En el acta de fundación de Saltillo se consignan los siguientes nombres: Alberto del Canto (portugués), Juan Alonso, Julián Gutiérrez, Rodrigo Pérez, Cristóbal de Sagastiberri (vasco), Agustín de Villa Sur, Santos Rojo (vasco), Miguel de Zitúa, Juan de Erbáez (vasco), Manuel de Mederos (portugués), Antonio Hernández Grimón, Baldo Cortés, Juan Navarro (portugués), Mateo de Barrasa, Juan Pérez Chocallo (portugués) y Ginés Hernández (portugués).
El Congreso del Estado de Coahuila y Tejas expide el Decreto 170 el cual dispone que el pueblo de Villalongín (antes San Esteban de la Nueva Tlaxcala) se uniese a “Leona Vicario” formando una sola población bajo el nombre de Ciudad de Saltillo.
El Cabildo de “Ciudad Leona Vicario” (hoy Saltillo) solicita al Congreso de Coahuila aumentar el número de diputados para el partido de esa ciudad, dado que su población, aunada a la de “Villalongín” y “Capellanía” (hoy, Ramos Arizpe) ascendía a 31,763 habitantes.
El Cabildo de la Villa de Santiago del Saltillo expresa que desde el primer reparto de tierras había quedado establecido que el sueldo del cura lo verificarían los hacendados y labradores de la Villa y el del cantor sacristán, los vecinos moradores.
11 de abril de 1737
16 de abril de 1914
19 de abril de 1783
22 de abril de 1784
24 de abril de 1774
29 de abril de 1615
29 de abril de 1909
30 de abril de 1766
El Cabildo de la Villa de Santiago del Saltillo ordena notificar a Juan Antonio De Casaferniza su designación como Capitán Protector del Pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala, “a fin de que no alegue ignorancia”.
Un fuerte incendio consume en el centro de Saltillo la ferretería Sieber, el banco Purcell y la librería Fornés, entre otros comercios. 4 personas pierden la vida al intentar sofocarlo.
El Cabildo de la Villa de Santiago del Saltillo aprueba reformar la partida de 25 hombres que constituían la milicia encargada de defender y proteger a la Villa y su jurisdicción.
El Cabildo de la Villa de Santiago del Saltillo acepta condiciones impuestas por el Regidor Juan Landín, quien le prestara al Ayuntamiento 500 pesos para terminar de construir la pila en la Plaza Real.
El Cabildo de la Villa de Santiago del Saltillo, ante la necesidad de “contener los pecados públicos y escándalos de borrachos”, acuerda castigos para los infractores.
El Cabildo de la Villa de Santiago del Saltillo ordena a Domingo de la Fuente iniciar la construcción de la cárcel o que mandase a terceros a hacerla a su costa.
Nace en Saltillo, Santiago Rodríguez Téllez, en donde destacaría como impulsor del comercio en la ciudad. En 1933 fundaría Botica Pasteur, primera de la capital Coahuilense.
El Cabildo de la Villa de Santiago del Saltillo acuerda que del fondo de propios se tomasen los recursos necesarios para enladrillar la sala de cabildo, ponerle un balcón y una puerta.















Ejemplar de cortesía
Todo buen Saltillense debe saber...



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