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El Santo Cristo de la Capilla

Enesta ocasión te platico de una imagen que arribó en el mes de marzo del ya muy lejano año de 1608 a esta hermosa ciudad de Saltillo, cuando aún no era ciudad sino era dos poblados la Villa de Santiago del Saltillo donde se colocó la imagen de la que te platico y el pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala.

Hago referencia a la imagen religiosa que hoy conocemos como, valga la redundancia, la imagen

del Santo Cristo de la Capilla, de la cual se desprende una leyenda algo enigmática, una leyenda que da vida a una historia real de tradición, fervor, fe y devoción.

La leyenda afirma que una mula al llegar frente a la plaza principal de la Villa de Santiago del Saltillo, se echó, motivo por el cual intentaron moverla sin tener éxito, sin embargo, se dieron cuenta que en su lomo el animal cargaba con una imagen de un Cristo crucificado, por lo que decidieron construirle una capilla.

La realidad es distinta aunque guarda un misterio enorme, Don Santos Rojo, fundador de la Villa de Santiago del Saltillo y autoridad que dio formalidad a la fundación del Pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala, era un español, hombre de negocios, comerciante, expedicionario y con gran capital económico, quien tenía su vivienda, justamente frente a la plaza principal de la Villa, esa plaza que hoy conocemos como la Plaza de Armas, de hecho la vivienda de Don Santos Rojo es con seguridad la construcción en pie más antigua que tenemos en esta hermosa ciudad y que está situada precisamente en la esquina del Callejón de Santos Rojo y la Calle de Hidalgo. Pues bien, este europeo compró la imagen, sí la misma que conocemos como la imagen del

Santo Cristo, para colocarla en su capilla la cual estaba dedicada a las Ánimas. El misterio de esta imagen radica en su origen ya que a pesar de saberse que esta elaborada con pasta de caña de maíz, se dice que fue comprada en la feria de Xalapa, lo cual es imposible pues la primera feria en ese poblado fue hasta el año de 1720, es decir 112 años después del arribo de la imagen religiosa a la Villa de Santiago del Saltillo. Hay quienes afirman que el Rey Español Carlos V la envió desde Europa, obsequio que parece difícil de creer pues al ser realizada con pasta de caña de maíz este insumo era cultivado solamente en América.

Si usted estimada y estimado Saltillense se hace la pregunta de por qué se festeja el 6 de agosto y no en el mes de marzo, siendo éste el mes de su llegada, déjeme aclararle que la fecha del festejo se debe a la fiesta católica conocida como la

transfiguración del Señor por lo que se festeja a lo grande con verbena, matachines, rosarios y misas el día 6 del octavo mes de cada año.

Sumamente milagrosa, la imagen del Santo Cristo, que según cálculos realizados cuenta con alrededor de 377 mil milagros, algo así como dos y medio milagros por día. Bueno que tan milagrosa es, que en la película “Los valientes también lloran” con el ídolo de México, Pedro Infante, su coprotagonista Blanca Estela Pavón tiene que venir a Saltillo para que la imagen le hiciera el milagro.

Aquí en Saltillo tenemos tradiciones y costumbres que año con año realizamos y festejamos una de ellas es el festejo del Santo Cristo, volviéndose una fiesta local, una verbena en la cual las familias de esta hermosa ciudad disfrutamos sin parar.

Helados Vallarta

En esta ocasión te platico de un lugar de sabores y tradición de nuestra hermosa ciudad de Saltillo, pero permítame tantito estimada y estimado Saltillense, que se me ha roto la hiel, con solo pensar en los deliciosos helados Vallarta, si esos cuya fábrica y tienda están ubicados en la Calle de Matamoros, casi casi frente a los Mofles “El Rayo”.

La historia de los helados Vallarta se remonta a los Helados Reyna, cuya propietaria era Justina García viuda de Mejía, madre de Lupita, la Chinaca, quien iniciara este negocio junto con su esposo Francisco, los Reyna estaban ubicados en la Calle de Zaragoza entre Aldama y Venustiano Carranza, calle que hoy conocemos como Pérez Treviño.

La Señorita María Guadalupe

Mejía y el joven Francisco Ávila contrajeron nupcias el noviembre 28 de 1964, en la Capilla de Santo Cristo. De 1966 al 69, la pareja fue socia de la mamá de María Guadalupe, siendo quien trabajaba Francisco. La primera nieve que elaboró don Francisco fue del sabor de vainilla.

En el 69 la suegra decide entregar la parte que les correspondía siendo esto 69 mil pesos, pero de aquellos, y con estas ganancias la joven pareja decidió mudarse a Guadalajara, para evitar así ser competencia de la misma familia, ya en la Perla Tapatía se establecieron en la Calle Herrera y Cairo #224, yéndoles allá como en feria, malísimamente mal, por lo que a finales de 1969, deciden regresar a esta hermosa ciudad de Saltillo para inaugurar su negocio de helados el día de 7 de febrero de 1970, en la calle de Zaragoza 464 antes de llegar a Lerdo. Siendo su primer cliente don Guillermo Möller, para su restaurante Muchoburguer.

Al inicio contaban con una flotilla de 31 carritos de paletas, era

tanto el trabajo que a las 5:30 a.m. Francisco tenía que levantarse de la cama debido a que los paleteros no querían quedarse sin carrito para vender paletas y helados.

Don Francisco me comentó con agrado y satisfacción que sus paletas heladas de limón son las que mayor preferencia tiene entre los Saltillenses.

El negocio hoy en día es administrado por Paco, segunda generación en la elaboración de nieve y paletas heladas, quien reconoce que el jefe sigue siendo su papá, don Francisco, de hecho, me tocó ver y escuchar como Humberto, cliente frecuente, tuvo que pagarle a don Francisco, aseverando que Paco le dijo que el pago tenía que ser con el jefe.

Cuando le pregunté a don Francisco, el motivo del nombre de Helados Vallarta, me contestó, que cuando ellos se casaron su viaje de bodas fue a Puerto Vallarta, en aquellos años cuando este centro turístico no contaba con infraestructura, y que camino de Guadalajara al puerto, trasladándose en Chevrolet Malibú 64, al llegar a Mascota,

Jalisco se dieron cuenta que ya no había carretera por lo que decidieron regresar a la capital de Jalisco para tomar un vuelo. Y estando en plena luna de miel, Lupita le preguntó a su esposo, “oye y si ponemos un negocio de helados aquí en Vallarta… no mejor donde lo pongamos le ponemos el nombre de Helados Vallarta”, y fue así como casi 6 años antes de tener su negocio propio de heladería, tenían ya el nombre con el cual lo bautizarían.

Si Usted desea probar un delicioso helado, elaborado con leche de vaca natural, con sabor a vainilla, chocolate, fresa, napolitano, pistache, mango, nutela, cookies and cream, snicker, nuez, pastel de queso, choco chips, o bien del tradicional sabor limón, o la que más me gusta a mí que es de sabor chicle no dude en visitar Helados Vallarta en la calle de Matamoros casi casi frente a los mofles “El Rayo”.

Definitivamente doña María Guadalupe, don Francisco, su familia, sus sabores, paletas y helados son algo muy tradicional de Saltillo y que valen la pena presumir.

Carlos Pereyra

En esta ocasión te platico de un Saltillense, nacido el día 3 de noviembre de 1872, me refiero a Carlos Hilario Pereyra Gómez, quien es conocido como el primer historiador de América, un hombre que dedicó su vida a la historia, al periodismo, a la academia, a la investigación y a la diplomacia. Sus estudios básicos los cursó, aquí en Saltillo, en el Colegio de San Juan, su bachillerato en el glorioso Ateneo Fuente y sus estudios universitarios de abogacía en la Universidad de México.

Como abogado hizo sus pininos como defensor de oficio en la Ciudad de México, también se desempeñó como Ministerio Público y regresó a esta hermosa ciudad de Saltillo para laborar como integrante de la comisión calificadora de Hacienda del estado de Coahuila. Compartía su tiempo además con actividades de articulista y periodista, llegando a dirigir el periódico “El Espectador” de Monterrey, colaborando en “El

Norte” de Chihuahua y en diversas revistas de la capital del país.

Fue maestro de historia y sociología, en la Escuela Nacional Preparatoria y en la Escuela Nacional de Jurisprudencia de la Universidad de México, además con el paso de los años, en España, fue fundador de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos con sede en Sevilla y de la Universidad Hispanoamericana de Santa María

de La Rábida en la ciudad portuaria de Huelva, en la misma península ibérica.

Como diplomático trabajó en la Embajada de México en los Estados Unidos, en la de Cuba, en la de Bélgica y Holanda, también trabajó en el Tribunal de arbitraje de La Haya. Por cierto, fue ministro plenipotenciario de México en el congreso que dio vida a lo que hoy conocemos como la Interpol. Se desempeñó como Secretario de Relaciones Exteriores de nuestro país en 1913.

Para el año de 1916 cambió su residencia a Madrid, España donde se dedicó al estudio de la historia de América, criticó de manera férrea la política expansionista de los Estados Unidos, afirmando que el amor estadounidense no era más que la mira amorosa de un conquistador sobre tierras ajenas, la mirada de una fiera hambrienta sobre su presa.

Su conocimiento le mereció el reconocimiento para pertenecer a la Academia Mexicana de la Lengua y a la Academia Mexicana de la Historia, dedicando parte de sus estudios históricos a esclarecer el papel de España en el nuevo continente.

Un gran Saltillense, llevo el nombre de Saltillo a lo más alto, reconocido en México y España, tanto que en Madrid, la capital ibérica una calle es engalanada con su nombre.

El Saltillense, el primer historiador de América, falleció el 29 de junio de 1942, sus restos descansan aquí en Saltillo en la Rotonda de los Coahuilenses Ilustres.

Así es amigos y amigas, don Carlos Hilario Pereyra Gómez es de los pocos mexicanos que pueden presumir que su nombre esta en algunas esquinas madrileñas y por supuesto un Saltillense como muchos que tenemos y que vale la pena presumir.

Los Sarapes de Saltillo a Real de Catorce

En esta ocasión te platico de una anécdota que sucedió en esta hermosa ciudad de Saltillo cuando aún no era ciudad ni se llamaba Saltillo, sino eran dos poblados divididos por un riachuelo en el oriente la Villa de Santiago del Saltillo y en el poniente el Pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala.

Si existe algún objeto, alguna tradición que sirviera para identificar a Saltillo, no solamente en México sino en el mundo entero, estaríamos de acuerdo estimada y estimado Saltillense que sería una prenda, el sarape. Pues bien, en el año de 1791 para ser precisos el 23 de mayo, doña María Maldonado tuvo que responder por su hijo, mal portado, de nombre José Ygnacio Flores.

Por aquellas fechas lejanas tanto en la villa como el pueblo existían muchas familias de artesanos, cuyo producto principal que elaboraban y comercializaban era el sarape, sí el mismo que acompañaría en un futuro a los insurgentes, chinacos y plateados; el mismo vistió a los patriotas en Ia guerra contra el invasor estadounidense o francés; que fue prenda de los liberales, pero también de los adeptos a la república, de los conservadores y hasta de los adictos al emperador. Sí me refiero al hermoso sarape que para los revolucionarios fue bandera, refugio en el campamento, sudario de los que caen en el campo de batalla. Símbolo de Ia mexicanidad cuando Ia reducción simplista es necesaria: con sólo

el sombrero y el sarape se define lo mexicano, dentro y fuera de nuestras fronteras.

Pues bien, te sigo contando, don Agustín Saénz era un artesano que elaboraba sarapes de alta calidad y belleza, según pude investigar, quien tenía pedidos por toda la región, incluso tenía clientes en otros estados como por ejemplo San Luis Potosí. En cierta ocasión un cliente oriundo de Real de Catorce, cuyo nombre era don Pedro de Valle, y quien era vendedor, le pidió varios sarapes para revenderlos en aquella tierra, donde servirían para abrigarse del frío que por las madrugadas ronda y pareciera que se mete hasta en los huesos de quienes duermen en aquel pueblo minero, se pactó el pago, 341 pesos 2 reales, cantidad de dinero que sería pagada contra la entrega.

Pasó un tiempo y la mercancía estaba lista para ser entregada, motivo por el cual don Agustín, le dio instrucciones a su trabajador José Ygancio Flores para que se trasladará a Real de Catorce y así

hacer entrega de los sarapes y por supuesto recoger el dinero de la venta. Pasaron unos días y José regreso a la Villa de Santiago del Saltillo, sorpresa que se llevó el artesano Agustín, pues el mensajero confesó que en el trayecto había vendido los sarapes y el dinero de la venta lo había perdido en juegos de azar.

Por supuesto que don Agustín puso el grito en el cielo, ya que se había quedado sin sarapes ni dinero, motivo por el cual la madre de José Ygnacio tuvo que entrar al quite ya que se comprometió en pagar los 341 pesos y 2 reales eso sí en pagos chiquitos y plazos enormes pues pidió 16 meses para cubrir el adeudo.

Estuve investigando si doña María hizo los pagos correspondientes a don Agustín por los sarapes que su hijo no entregó a don Pedro, no puedo asegurar de que haya pagado, pero de lo que si estoy seguro es que José Ygnacio se llevó la regañada de su vida.

Saltillo vs Nazis

En esta ocasión te platico que el mundo se encontraba en guerra, era el año de 1942, por un lado Japón atacó a los Estado Unidos, por el otro los países del eje, entre ellos la Alemania nazi seguían avanzando, por si fuera poco un submarino nazi, el 13 de mayo de ese año, hundió a una embarcación mexicana, llamada “Potrero del Llano”, que por cierto poco más de un año antes, se lo habiamos confiscado a los italianos, pero esa no es la historia de la que te quiero platicar, siete días después, el buque petrolero “La Faja de oro”, fue hundido por un torpedo nazi,

por cierto también este navío fue incautado a Italia integrante de los países del eje, pero tampoco es la historia de la que te quiero platicar.

El presidente de México, General Manuel Ávila Camacho, tomó la decisión de declararle la guerra a las potencias del eje y así dejar de ser un país neutral en el conflicto mundial, no había tiempo para vacilaciones, no había espacios para regatearle el apoyo de todo México, de los estados de la república al Ejecutivo Federal, por ello sin titubeo alguno el señor presidente buscando el

apoyo de todos los integrantes del pacto federal, al amparo de nuestra constitución específicamente en los artículos 73, 89 y 118, en razón del proceso legislativo para firmar un decreto con el cual declararía la guerra a las potencias del eje, giró instrucciones al ejército, para que la autoridad máxima de cada estado firmara el apoyo.

Tan rápido como una orden del comandante supremo de las fuerzas armadas, un pelotón destacamentado aquí en esta hermosa ciudad de Saltillo, capital del estado, se dirigió a buscar al gobernador quien era el General Benecio López Padilla, sin embargo se encontraba en la capital del país, en aquellos años, en aquel tiempo que parece tan lejano, el localizar a una persona no era como ahora cuestión de instantes, en ocasiones hasta semanas se tardaban en localizarla, sólo imagínese estimada y estimado Saltillense, pocas líneas telefónicas, lo más rápido era el telegrama, celulares, ni en sueños

aún, del internet mejor ni hablamos. Por ello al no estar localizado el gobernador, el mismo pelotón, se dirigió a la presidencia municipal, ubicada en aquel entonces en Aldama e Hidalgo, para buscar al Sr. Ricardo Villarreal, quien fungía como Alcalde, pero no se encontraba en la ciudad, es más ni en el país, por lo que lo militares se dirigieron a la calle de Victoria y Padre Flores, para buscar al primer regidor, siendo este el doctor Rodolfo Garza, al tocar la puerta, les abrieron, el sargento al mando del pelotón preguntó por el primer regidor, sin decir el motivo, a lo que le contestaron que se encontraba realizando una curación en la vecina ciudad de Monterrey, por ello el militar preguntó por el segundo regidor, quien era el señor Antonio Flores Barajas, preguntando de inmediato la dirección, afirmándole que vivía en la calle de Escobedo a un costado de la cantina, de manera inmediata cual relámpago, el pelotón se traslada cual pareciera en paso veloz.

Llegan a casa de Antonio Flores Barajas, quien al no encontrarse, ni el Gobernador de Coahuila, ni el Presidente Municipal de Saltillo, ni el primer regidor, sería considerado la autoridad máxima en la capital del estado. El sargento al mando del pelotón, toca con firmeza la puerta, le abre con asombro don Antonio, le preguntan si es él, el segundo regidor, quien respondiendo con más miedo que seguridad, con un timido “sí”, le piden de favor, más bien en orden militar que los acompañe, momento en el cual el Saltillense, sin saber para que lo buscaban, empezó a rezar, pensando en todo, hasta en un fusilamiento. Sin decirle a donde lo llevarían, lo

escoltaron, hasta la presidencia municipal, abriendo con cierta violencia el despacho del Presidente Municipal, ordenándole que se sentara en la silla de la autoridad, momento en el cual el Sargento, le extendió una hoja, entregándole una pluma, solicitando de manera no tan amable que firmara, que era el consentimiento de Coahuila para que el presidente de la república le declarará la guerra a la Alemania nazi. Entregándole además un bando presidencial, ordenándole que lo leyera ahí mismo en la presidencia municipal, ese día a las 8 de la noche, ese día, el 22 de mayo de 1942 el presidente de la república les declaró la guerra a los nazis.

Esta es la historia de un Saltillense, de don Antonio Flores Barajas, que, por ser la autoridad máxima presente en Saltillo, fue quien firmó el consentimiento de parte de los coahuilense para que México le declarara la guerra a los nazis. Tal vez, cuando Hitler vio que en la declaración de guerra por parte de México iba la firma de un Saltillense, fue en ese preciso momento cuando se percató que perdería la guerra.

Firma hecha por el segundo regidor de esta hermosa ciudad de Saltillo.

Los Tachos

En esta ocasión te platico la historia de una familia

Saltillense, los Cabello, quienes eran 8 hermanos, 2 damas, Rosita y Jovita, y 6 caballeros, Tacho, Jerónimo, Félix, Antonio, Juan y Gregorio el mayor.

Iniciaron un negocio, una abarrotería en la esquina sur de cruce de las calles de Morelos y Escobedo, en el no tan lejano año de 1940, con un horario de 6 de la mañana a 11 de la noche, como vivían enfrente, los hermanos se rolaban. En aquella época cuando los compradores del campo llegaban en carretas y éstas eran resguardas

en mesones, para que al día siguiente partieran rumbo a los ranchos y rancherías, ya sea con productos para revender o consumir. En aquellos años cuando todavía se hacían transacciones por medio del trueque.

Al paso de muy poco tiempo, la fama de los hermanos era tal, que se les conocia como los Cabello, los pachones o bien los güeros, o los Tachos, siendo ellos unos de los primeros mayoristas de esta hermosa ciudad de Saltillo.

Una tienda en la cual los Tachos te atendían personalmente detrás de un mostrador largo, de lado a lado de la tienda, con acceso del lado derecho, elaborado de madera maciza, debajo del mostrador estaba el maíz y frijol, y al extremo izquierdo una vitrina con pan de pulque. Estimada y estimado Saltillense, si se pregunta por la caja registradora, dejeme decirle que no había tal y que la caja fuerte era una caja de cigarros Raleigh.

Las dos hermanas, vendían leche bronca en su casa, aun costado de la

tienda a 5 centavos el litro, pues que tan buenos son para el comercio los Tachos que Antonio el más pequeño de los 8, hoy a la edad de 99 años, sigue vendiendo alimento para animales y alpiste a sus vecinos.

Hermanos honestos, organizados, tal vez al extremo como el caso de Jerónimo a quien le encantaba seleccionar las monedas, acomodarlas.

Tienda en la cual encontrabas, artículos de electricidad, como focos, además de mercería, frutas, carnes frías, siendo su fuerte, por supuesto los abarrotes, negocio que surtía harina, azúcar y manteca, eso si en bultos, bueno la manteca en sus cajas de 20 kgs a la mayoría de las panaderías de nuestra hermosa ciudad.

Primera tienda donde se vendieron paletas de hielo en Saltillo, lugar en donde se daba el pilón, pero el pilón original.

Familia trabajadora, que sabía que el negocio era cosa también de amigos, y ejemplo es cuando llegaban los furgones llenos de maíz y fríjol, y entre los tres comerciantes “grandes” de aquel Saltillo, Tacho, Lucio Alvarado y Juan Trejo lo compraban para obtener mejor precio.

Esta es la historia de una familia, muy de Saltillo, de esas familias como muchas que hay en esta hemosa ciudad, familia trabajadora, honesta, donde abunda el amor, el respeto y por supuesto los Tachos son algo muy de Saltillo y que vale la pena presumir.

La Aurora

En esta ocasión te platico sobre una comunidad de esta bella ciudad de Saltillo que tenía como límites las aguas de Juan Navarro y Santos Rojos, te hablo de una tierra que fue otorgada a los tlaxcaltecas por Francisco de Urdiñola, el 31 de octubre de 1591, ahí donde ahora se erige La Aurora.

En 1593 don Juan Navarro construye un molino, hecho que sirvió para llamar con ese nombre a lo que hoy conocemos como La Aurora.

Corría el año de 1840 cuando en ese poblado se estableció la primera industria textil del norte de México, llamada fábrica La Aurora, cuyo capital era de origen francés, por ello actualmente el poblado lleva ese nombre debido a esta fábrica de telas, en la cual se elaboraba una manta de gran calidad gracias a la mano de obra de los saltillenses, tal fue el auge de este producto que se construyó un ferrocarril desde allí hasta Bella Unión.

En 1887 La Aurora era una comunidad próspera y grande como lo muestra el censo realizado en aquel año, ya que la habitaban más de dos mil personas, muchos

oriundos del estado de San Luis Potosí.

Un incendio consumió a la fábrica en 1899, la cual fue reabierta el 15 de septiembre de 1900, hecho especial para la comunidad de La Aurora por lo que desde ese año el Grito de Independencia no solo se da en la Plaza de Armas de Saltillo, me permito comentarles que también los saltillenses lo gritamos en La Aurora.

Esta fábrica utilizaba un mecanismo moderno para aquellos años, pues los grandes caudales de agua eran aprovechados para producir energía por medio de una turbina, la cual sigue estando bajo las tierras de La Aurora, allí, donde se encontraba la fábrica textil.

La Aurora, fue un lugar donde abundaban los ojos de agua, el más grande de Saltillo estaba allí. Sus calles fueron trazadas al estilo europeo, gracias a la influencia de

los fundadores de la fábrica textil.

Esta empresa textil orgullo de nuestra bella ciudad de Saltillo, se caracterizaba por el trato igualitario a hombres y mujeres, ya que se ganaba la misma cantidad de salario, sin importar si usabas falda o pantalón.

La fábrica contaba con una banda de guerra integrada por los trabajadores de la misma y los hijos de estos formaban el equipo de Béisbol.

Lugar de membrillos, peras, nueces, granadas, abundantes frutos se daban en La Aurora a los costados de su acequia, el tiempo y el crecimiento de la ciudad han mermado su ecosistema, pero no su belleza. Los saltillenses que pudieron gozar de esa naturaleza y belleza afirman que el paraíso estaba aquí en Saltillo donde está La Aurora.

El

Curro

En esta ocasión te platico que hace unos días, encontré un cofre lleno de tesoros Saltillenses, un libro mágico, escrito por don Juan Marino Oyervides, en el cual relata anécdotas y leyendas de esta hermosa ciudad de Saltillo.

Una de estas anécdotas, que de manera magistral narra don Juan Marino, es la del Curro, y esta sucedió en el año de 1921, cuando una persona muy bien vestida, entró a la joyería Suiza, la misma tiene sus puertas abiertas desde 1886, y que está ubicada en donde antes estuvo la casa de Juan Navarro, por la calle

que en un principio se le conoció como el camino al pueblo, ya que era por donde se podía llegar al Pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala y que hoy esa calle lleva el nombre de Juárez.

En ese año, 1921, el propietario del establecimiento era Augusto Niklauss, quien de hecho atendió personalmente al cliente que llegó elegantemente vestido y con aires de ser europeo, quien además cargaba en su mano izquierda un obsequio envuelto con papel celofán y su respectivo moño. Esa persona no era de aquel pequeño Saltillo, debido a que todos se conocían, y nunca, nunca, lo habían visto por estos lares, con modos muy elegantes, el misterioso le pidió a don Augusto, que le mostrará la joya más cara que tenían en la joyería, ya que era un obsequio para su amada esposa, el joyero rápidamente le mostró gargantillas, pulseras, esclavas, anillos, diamantes, y demás joyas que tenía para la venta, el Curro, sí el elegante, dudaba y dudaba de lo que deseaba regalarle a su amada, cuando vio de reojo una piedra preciosa montada en un anillo de oro blanco, la señaló y dijo con un tono mesurado, que su esposa era muy devota y que siempre al visitar

una ciudad iba al templo principal, por lo que se encontraba a una cuadra, en la Catedral de Santiago de Saltillo, y quería llevarle la joya para mostrársela, por lo que pidió que algún trabajador de la joyería lo acompañara.

El propietario accedió, pidiéndole a un mozalbete que acompañará al catrín, al Curro, al señor elegante, quien seguía con el regalo en su mano izquierda.

Caminaron cruzaron la de Hidalgo y entraron por la puerta que da a la calle de Juárez, el catrín le dijo de manera amable al joven trabajador de la joyería, que quería darle la grata sorpresa a su esposa, por lo que pidió que le resguardará el regalo envuelto en celofán que no había soltado y le permitiera la joya. El joven accedió y de manera ágil, rápida el misterioso elegante se introdujo en nuestra catedral, quedándose parado con el regalo envuelto en celofán y su moño, durante un momento, momento que se convirtió en minutos, minutos interminables, por lo que decidió entrar a la catedral para buscar al Curro.

Entró al templo, y vio que los santos estaban solos, que no había nadie en oración, que no había fieles, observando, el joven trabajador que al fondo se encontraba el viejo sacristán haciendo limpieza, y a

quien le peguntó que si había visto a una pareja, el sacristán le respondió que ninguna mujer había entrado a la iglesia, que sólo un señor muy elegante, había entrado por la puerta de Juárez y de manera presurosa había salido por la sacristía, la que da a Bravo. Por instinto el joven corrió, se asomó a la calle y no vio a nadie, por lo que decidió regresar de manera presurosa a la joyería.

Llegó, le explicó, exaltado, lo sucedido a don Augusto, incrédulos del robo que les había cometido, voltearon al mismo tiempo a ver el regalo envuelto en celofán y con moño, que por cierto pesada bastantito, decidieron entonces abrirlo, al quitarle el celofán empezó a salir una tierra roja, para que un instante después se dieran cuenta que era un ladrillo de barro.

Esta es una anécdota que sucedió en nuestra hermosa ciudad de Saltillo, en la cual un Curro, con el pretexto de la oración de su esposa, se robó de la joyería la pieza más cara.

Los Músicos a la Zona

En esta ocasión te platico que el día 12 de julio de 1929, se armó el alboroto, entre las autoridades y los músicos de esta hermosa ciudad de Saltillo.

Siendo Presidente Municipal el Sr. José Pérez Treviño, dio la orden a los mandos policiales, para sancionar e infraccionar a los músicos, que estuvieran tocando o cantando en el centro de la ciudad, de aquella pequeña pero hermosa ciudad de Saltillo de la primera mitad del siglo pasado. La autoridad del municipio fue enfática, al señalar que los músicos sólo podían prestar sus servicios en la zona de tolerancia, bien dentro de alguna cantina o en la orilla de esta área, no más allá.

Pero déjeme explicarle o aclararle estimada y estimado Saltillense, que en aquellos años la zona de tolerancia no se econtraba donde esta actualmente, sino en los rumbos de lo que hoy es el mismísimo centro histórico, específicamente por la calle de General Cepeda y Venustiano Carranza, calle que al paso del tiempo le cambiaron el nombre por el de Gral. Manuel Pérez Treviño.

Pero volviendo a la historia y dejando de lado las ubicaciones que ha tenido ese lugar de entretenimiento y esparcimiento, para adultos, los músicos, no querían acatar la instrucción dada por las autoridades, ya que ellos, los hijos del Dios Apollo, quien es el Dios de la música en la mitología griega, afirmaban que contaban con permiso de música ambulante, y que en nuinguna parte de la ley o reglamento estaban estipuladas las multas.

Dicen que en realidad el problema era que al Señor Alcalde no estaba de acuerdo con la imagen que daban los músicos que deambulaban por todo Saltillo. Los músicos por su cuenta tuvieron que seguir cantando, eso sí evitando riesgos y peligros, tocando sus instrumentos musicales dentro de cualquier burdel y así ganar su sustento sin infraccionar la ley.

Las 100 Puñaladas

En esta ocasión te platico de un hecho atroz, lamentable, de un acontecimiento cobarde que perpetuó quien debería de cuidar de la víctima y es que el señor Agustín Moreno, asesinó a su esposa.

Juan Salazar, hemano de la difunta, quien se llamaba María Gertrudiz Salazar, llegó a la Villa de Santiago del Saltillo en el mes de noviembre del año de 1711, para denunciar civil y criminalmente, hasta en tres ocasiones a quien fuera su cuñado, y terminó asesinando a su hermana.

Este hecho cobarde, en el cual Agustín atravezó en cien ocasiones a su esposa con un puñal, y si, lo escuchó bien, cien puñaladas perpetuaron el cobarde de Agustín

contra quien le había jurado amor eterno. El asesinato se ejecutó en la ciudad de San Francisco Chamacuero, que pertenecia a Celaya, allá por el Bajío.

En el año de 1709, una sirviente del matrimonio, dio parte a la autoridad de lo que había encontrado, el cuerpo de su patrona atravezado en cien ocasiones con un puñal. Momento en el cual las autoridades de aquellos rumbos iniciaron la búsqueda de Moreno, por medio de “edictos y pregones”, durante más de dos años, sin encontrar paradero alguno del esposo asesino. Hasta que el hermano de la víctima, lo encontró en nuestra hermosa ciudad de Saltillo, cuando aún no era ciudad ni se llamaba Saltillo, sino la Villa de Santiago del Saltillo.

El día 18 de noviembre de 1711, el Alcalde de la Villa, se topó por la noche con el señor Moreno, para mayores señas el asesino, a quien le ordenó que se riendiera y entregara sus armas, Agustín, el cobarde, entregó espada y capa a la autoridad pero emprendió huída hacía una parroquía refugiándose a los amparos de un vicario católico, por lo que tanto la autoridad como Juan Salazar, tuvieron que esperar a que el asesino saliera del templo

para deternerlo y hacer justicia.

Si Usted se está preguntando, por qué se afirma que Agustín la asesinó, le diré lo que declaró en San Francisco de Chamacuero la sirviente del matrimonio, quien dijo textualmente: “la noche que la mató estuve con el matrimonio, hasta media noche, el primero en recogerse para dormirse fue Agustín, después Gertrudis, y a pesar de ser grande la casa, se escucharon murmullos y ruidos. Ya por la mañana al levantarme y buscar a la patrona, la encontré “toda cosida a puñaladas con cien estocadas que le dio””.

Dejeme decirle estimada y estimado Saltillense, que por más que estuve indagando sobre el juicio y castigo otorgado al asesino, no encontré dato, o referencia alguna.

Esta es la historia de un cobarde que asesinó a su esposa hace más de doscientos años, con cien puñaladas, asesinato perpetuado en la ciudad de San Francisco Chamacuero y que el asesino fue al parecer detenido en esta ciudad cuando aún no era ciudad, pero si hermosa y se llamaba Villa de Santiago del Saltillo.

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