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El tiempo no pasa

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El tiempo no pasa, aunque todas las cosas se desvanecen en el tiempo


El tiempo no pasa, aunque todas las cosas se desvanecen en el tiempo Gundula Schulze Eldowy, una fotógrafa alemana que ha expuesto su obra alrededor del mundo, llegó al Perú a finales del 2000. Jorge Villacorta, el director de turno de la Galería “Francisco Miró Quesada” de la Municipalidad de Miraflores, Lima montó en marzo del mismo año la exposición de su serie de fotografías blanco y negro “Berlín en una noche de perros”. La exposición resultó –con más de 17,000 visitantes– un enorme éxito. Enseguida Gundula Schulze Eldowy recorrió el Perú y Bolivia, gracias a una beca de la Fundación Konrad Adenauer y una carta de recomendación de la Embajada Alemana en Lima. Ahora la artista nos presenta su última serie “El rostro inconcebible”. Las fotografías a color van, como las de “Berlín en una noche de perros” acompañadas de cuentos cortos de la fotógrafa. (Traducción: Claudia Lüthi) Las fotografías fueron tomadas en diferentes lugares del Perú y de Bolivia –desde Lambayeque, pasando por Trujillo, Casma, Lima, Marcahuasi, Nasca, Cusco, hasta Tiahuanaco. Más de 20 museos públicos y privados ayudaron a Gundula en su propósito. En cuanto al contenido de las imágenes se dejó inspirar por el arte precolombino En el trayecto fue descubriendo con sorpresa en las diferentes representaciones de las culturas preincaicas miles de rostros. En consecuencia, la artista profundizó más en el significado del rostro, detectando una indecible variedad. El contemplador desprevenido tiene la sensación de hallarse en una especie de galería de la naturaleza, donde las más extrañas apariencias van mostrándole su rostro. Gundula Schulze Eldowy nos secuestra al mundo de lo oculto. Ahí están, por un lado, los rostros de gigantes petrificados en los Andes. No fueron creados por mano humana. No son esculturas. O los rostros en el desierto de Nasca – algunos totalmente desconocidos. O los rostros en las texturas de la madera, que gustan especialmente ocultarse en árboles añosos. “Un rostro es la expresión del alma viva”, dice Gundula. “La impresión del alma no se pierde, aún cuando el cuerpo se ha descompuesto por completo”. Esto es válido tanto para el hombre –todavía podemos reconocer sus rasgos después de milenios en las mias– así como para cualquier ser viviente. Lo que más sorprende, finalmente, es la semejanza que estos rostros conservan aún en medio de la enorme variedad. El rostro en un raigón se parece al de una anciana en Cusco, o los rostros de los huacos moche encuentran su pareja en los rostros de los pobladores actuales. Todos parecen tener una especie de código central, según el cual fueron creados. En Tiahuanaco, al final de su viaje, la fotógrafa entra en una antigua galería de templo, donde están a la vista 175 rostros esculpidos en piedra que representan todos los tipos humanos de la tierra. “¿Cómo pudo producirse semejante sincronización?, se pregunta Gundula, al descubrir en los rostros del templo a su propia obra. Coloca las fotos que había tomado en sus recorridos por Perú y Bolivia al lado de los rostros de piedra. De pronto, las distancias quedan suspendidas. El tiempo ha dejado de existir, como si fuera un círculo en el que todo vuelve y se repite. Sincronicidad, círculo y memoria –en esto radica el carácter enigmático del tiempo.


Perú es un país con una historia muy antigua y muchos enigmas que lamentablemente muy pocos consideran. Para decir un ejemplo: las incontables pirámides de la cultura Moche en el norte del Perú. Alguna vez estuvieron pintadas de rojo y deben haberse vistas esplendorosas en medio del verde de los campos. La lluvia y el viento, así como por obra de los humanos, éstas se han ido deteriorando hasta no quedar de ellos más que muñones. Sus formas insólitas parecen creaciones oníricas –como si se tratase de los restos de un mundo sumergido. Lo que nos queda es el recuerdo. Pues ya los antiguos decían: “El tiempo no pasa, aunque todas las cosas se desvanecen en el tiempo”. Agradecimientos especiales van a: Pedro Mujica, Museo de Oro Lima, Museo de Oro, La Paz, Christian Mesia Montenegro, Manuel F. Merino Jiménez, Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, Lima, Winfried Weck,Lothar Kraft, Fundación Konrad-Adenauer, Embajada de la República Federal de Alemania Lima, Carlos Westor la Torre, Museo Archeológico Nacional Bruening de Lambayeque, Cecilia Bákula, Museo Banca Central de Reserva del Perú, Lima, Giuseppe Orefici, Museo de Antonioni, Nasca, Huaca de la Luna, Campiña de Moche, Santiago Uceda, Museo Arqueológico UNT, Trujillo, Régulo Franco Jordán, Huaca “El Brujo”, Trujillo, Museo Cassinelli, Trujillo, Museo Arqueologico Regional de Huaraz-Ancash, Monumento Arqueológico Chavin de Huantar, Museo Kuntur Wasi, Jorge Cox Denegri, Museo Chiclin, Sr. Velásquez, Museo Tiahuanaco, La Paz, INC, Cusco, Eusebio Diaz, Museo de la Historia Natural, Lima, Museo de la Historia Natural, Cusco, Margarete Kraft, Isabel Rith-Magni, Edición de la Revista“Humboldt” Juan Miguel Bákula, Jorge Villacorta, Roberto Huarcaya, Claudia Lüthi, Adriana Doig Mannucci, Javier A. Garcia Vasquez y su familia, Rodolfo Garcia Vasquez, Lucio Sánchez Ferrer Barriga, Nacho Alva, Ana-Maria Cogorno, Vicente Tello, Jose Teijeiro, Ana Maria Gálvez, Victor A. Rodríguez Suy Suy, Gladis Maritza Calderon, José Antonio del Busto Duthurburu, Dietrich Schulze, Marianne Schulze, Mónica Luza-Windolph, Jorge Morales, Rafael E. Valdez Velásquez, José Lancho, Federico Kaufmann Doig, Javier Cabrera Darquea, Benigna Lizarbe, Rafael Ferrer Jiménez, Enrique Sanchez Maura, INC Trujillo, Hannah Köppel, Pixel Grain, Berlin, Barbara Thiel, C-Print, Berlin


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El tiempo no pasa by Horst Ziegenfusz - Issuu