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Traducci贸 n de la poes铆a


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Índice de contenido Traducción de la poesía....................................................................................................................................................1 1Que es la poesía?............................................................................................................................3 2En que consiste la traducción?.......................................................................................................3 3Debe de traducirse la poesía?.........................................................................................................5 4Diferentes métodos utilizados para la traducción poética............................................................11 4.1. Algunos traductores y sus técnicas.....................................................................................11 5Traductores o poetas....................................................................................................................12 5.1. Ejemplos de poemas traducidos.........................................................................................14 6Bibliografía..................................................................................................................................15


Ensayo: Traducción de la poesía

1 Que es la poesía? Como dijo el poeta Fernando Pessoa “Un poema es una impresión intelectualizada, o una idea transformada en emoción, comunicada a los otros, por medio de un ritmo. Este ritmo es doble en uno solo, como los aspectos cóncavo y convexo del mismo arco: está compuesto de un ritmo verbal o musical y de un ritmo visual o imagen, que concurren interiormente en él. La traducción de un poema debería, por tanto, conformarse absolutamente a la idea o emoción que constituyen el poema, al ritmo verbal en que esa idea o emoción está expresada; debería conformarse relativamente al ritmo interior o visual, y si no es posible conservar el mismo tipo de imagen, ser fiel en todo lo posible a las propias imágenes originales.”

2 En que consiste la traducción? La actividad de traducir es ciencia y arte: surgió tan pronto como se pusieron en contacto seres de diversos grupos o códigos lingüísticos. El lenguaje gestual y el hablado fueron las primeras formas que debieron aprenderse y compartirse para lograr un nivel de comunicabilidad. Traducir presupone meditar, analizar, comparar, adaptar, elegir. Pero también, fundamentalmente, conocer a fondo ambas lenguas y el medio cultural en que se hablan. Esta doble exigencia es tanto más imperiosa cuando se traducen obras de marcado contenido regional. La traducción literaria requiere, así, por añadidura, capacidad e inspiración artística; la técnica, un empleo adecuado de la terminología e instinto de especialista. Pero en materia científica las diferencias culturales anotadas, y por tanto las dificultades, se amenguan o desaparecen, en virtud de la identidad conceptual y univocidad, o casi univocidad, del léxico científico. Allí no ocurre lo que se ha dado en llamar la "transvernaculación psicológica", por lo menos en forma sensible. Por eso es que la traducción automática es en altísima proporción factible en el ámbito de la ciencia. Nos recuerda Don Quijote en el Capítulo LXII de la Segunda Parte de la inmortal novela, que "el traducir de una lengua a otra es como quien mira los tapices flamencos por el revés: que aunque se ven las figuras, son llenas de hilos que las escurecen, y no se ven con la lisura y tez del haz ..." pero no por esto infiere "que no sea loable este ejercicio del traducir, porque en otras cosas peores se podría ocupar el hombre, y que menos provecho le trujesen ..." No obstante el matiz burlón de que aquí hace gala el eximio novelista, y alejándonos de estas cosas peores, entonces, advertimos que las variantes de esta actividad son múltiples. En prosa hay estilos, formas, especialidades, tecnicismos, que poseen particularidades propias; la poesía ofrece también las suyas. Mucho se ha debatido si para traducir poesía hay que ser poeta; si se puede o se debe traducir un poema en prosa o en verso; si conviene o no procurar conservar la rima, o si de no hacerlo se desvirtúa la tarea, etc.


4 Siglos hace que se contrapone la posibilidad de lo que se conoce como versión literal a lo que se alude como versión libre; que se discute si es o no factible la fidelidad (concepto variable, por otra parte, y a veces impreciso, por añadidura) en materia de traducción. ¿Hasta dónde tiene vigencia aquello de traduttore traditore? Sobre todo esto las respuestas varían y se renuevan constantemente. Ya decía Amyot en el siglo XVI, el mismo que vio nacer a Cervantes y a Shakespeare, que una traducción debe ser "clara", vale decir, que debe poder entenderse, dado que el traductor tiene como cometido entender y trasmitir lo entendido en forma comprensible a su vez. Aunque nos parezca sensata y aceptable esta posición respecto a lo general, no creemos que haya solución ideal y universal del problema que tome en cuenta todos sus componentes particulares. En virtud de la complejidad del caso, y tomando en cuenta básicamente al texto escrito, que tiende a fijar, tantas veces en forma a lo sumo parcial o defectuosa, lo que por esencia es vivo y cambiante, nos parece oportuno aquí distinguir la traducción del verso de la de la prosa. La poesía -que al decir de Antonio Machado "es una respuesta animada al contacto del mundo" y que en ciertos períodos desempeñó en las traducciones un importante papel en la evolución de las artes y las letras, desde que comenzó a escribirse- también se halla presente, junto con la prosa, en el nacimiento de las literaturas que nos son familiares, empezando por la castellana. Baste recordar aquí la labor de Alfonso el Sabio, o del Marqués de Santillana, entre otros, o la introducción del Renacimiento en las letras de España. La poesía, decimos, puede llegar a ser el género más difícil dentro de lo traducible. La traducción de un poema diríase es una aventura; es un tipo peculiar de interpretación, casi un ensayo a veces. Sea local como universal, tiene complejidades, heterogeneidades, elementos relevantes e irrelevantes. Cuando se traduce de una lengua a otra, se pasa a menudo de lo local y temporal a lo universal e intemporal, aunque esto, naturalmente, no es privativo de la poesía. En verso o en prosa, lo individual, lo particular, hace necesaria la traducción; lo general, lo universal, la hace posible. El escritor explora la realidad; el traductor contribuye a acrecer esa conciencia de la realidad y de lo posible. La obra literaria existe ya en una lengua concreta; posee su sentido, en un sistema particular de denotaciones y connotaciones; la traducción la hace tangible universalmente. Pero recordemos que en esta dimensión planetaria no ya el número importa sino, fundamentalmente, la selección de textos que merezcan traducirse. Mas la traducción en sí, en función de experiencias y pareceres disímiles, y no obstante su palpable realidad, no siempre o para todos se cree o ha creído posible; se ha argumentado, especialmente con referencia a la poesía, que a veces es sólo una entelequia, una batalla perdida, diríamos; otras opiniones no la presentan sino como una dificultad a superar, o pasible de superarse. T. H. Savory comentaba hace unas décadas, en una interesante publicación llamada "The Art of Translation", que la realidad nos ofrece numerosos ejemplos de sugerencias contrastivas para el traductor de poesía: una traducción debe ofrecer las palabras del original / las ideas del original; debe leerse como una obra original / debe leerse como una traducción; debe reflejar el estilo del autor / debe poseer el estilo del traductor; debe leerse como contemporánea del original / como contemporánea del traductor; puede agregar u omitir algo del original / no debe omitir ni agregar nada al original; si el original está en verso, así debe ser la traducción / si es un poema, deberá traducirse en prosa ...


Ensayo: Traducción de la poesía

3 Debe de traducirse la poesía? Aparte de las dificultades de orden puramente gramatical debidas a las particularidades y la estructura propias de cada lengua, la traducción de un texto de una lengua a otra ha dado lugar al surgimiento de preguntas de orden filosófico-estético, que han sido objeto de discusiones, de controversias y de especulaciones entre los pensadores a través de los tiempos. Ya, durante el período de la dominación romana, cuando el trasplante de la herencia espiritual y cultural griega hacía necesario el procedimiento de la traducción, los pensadores tuvieron que hacer frente a los problemas creados sobre la marcha por lo que podríamos llamar el “clima” especial, histórico y psicológico, de cada lengua que, como bien sabemos, difiere stricto sensu de sus posibilidades conceptuales o significativas. La controversia que dividía a los filósofos, con o sin reserva, en enemigos y en defensores de la traducción, existe a propósito de toda suerte de textos, pero ha sido particularmente aguda alrededor de textos sagrados en diversas religiones. La poesía ocupa en este campo un lugar de dominio no sólo porque en el curso de la historia de la humanidad ha estado ligada íntimamente con el “Verbo sagrado”, sino porque también utiliza con frecuencia la “palabra” fuera de su contorno significativo, como instrumento artístico, de una manera muy diferente comparada con la de la prosa. Sin lugar a dudas, a menos que un poema sea traducido, su mensaje (utilizo aquí la palabra “mensaje” en su acepción más amplia, que se extiende mucho más allá de la comunicación intelectual) estará necesariamente restringido al pequeño perímetro de la lengua en la cual ha sido inicialmente escrito. Es de notarse que no he utilizado la expresión “inicialmente concebido”. Lo que sigue esclarecerá, espero, este punto. Yo sostengo que toda forma de Arte tiene sus propias limitaciones para la llamada audiencia o para el público del cual dispone. Una cierta clase de música, por ejemplo, no alcanza a llevar su mensaje —lo que quiere decir —, a crear una experiencia estética, más allá de las fronteras del “lenguaje” musical mediante el cual una sensibilidad ha sido cultivada en cierta parte del mundo. Pensemos en la música china y en su eficacia estética para nuestros oídos occidentales no acostumbrados a sus gamas y a sus formas tradicionales. Las mismas observaciones son válidas para otras formas de Arte: la danza, la arquitectura y demás. Agreguemos que, en estos casos, la “traducción” no es posible y la barrera resulta más difícil de franquear. Desde luego, para esas formas de Arte existen otros medios aptos para ampliar su audiencia o su público, por ejemplo, la educación o el entrenamiento de los ojos o del oído, la familiarización con los sonidos de otro medio musical y con la forma de una concepción diferente de la armonía de las líneas, de las masas, y en general, la adaptación del gusto. Con todo, admitiremos fácilmente que esas vías, que conducen a objetivos más o menos difíciles de entender, exigen esfuerzos y tiempo considerables.


6 Por el contrario, la poesía —tiene esta ventaja— puede ser traducida. Pero, ¿esta posibilidad existe verdaderamente? La respuesta afirmativa a esta cuestión que en primer lugar se refiere a la traducción literal de textos poéticos de una lengua a otra, y contra la cual ya han sido formuladas varias objeciones basadas en argumentos de orden glosológico, histórico y psicológico, se vuelve aun más difícil y controvertible si tocamos el problema central de la carga emotiva o estética del texto poético. En ese contexto se ha formulado la tesis de que cualquier traducción, aun la mejor posible, es incapaz de aprehender y comunicar la belleza —o la verdad, como Platón hubiera llamado el original. Pero, ¿cuál original? ¿Hay alguna cosa que podamos calificar de “poema original”? Todo poeta confesará sin dificultad, que eso que los otros llaman “su poema” tan sólo es el pálido reflejo de una emoción o de un estado de ánimo que ha sentido o en el cual se ha encontrado, en ciertos momentos que se califican —de manera inexacta pero por razones históricas bien conocidas— como “momentos de inspiración”. Ese estado de ánimo, producido por un acontecimiento, por la contemplación de un paisaje o la vista de una escena cualquiera, esa vibración que se siente en lo profundo insondable del alma humana, busca expresarse mediante las palabras. Para alcanzar tal propósito, estas últimas, deben con frecuencia ir más allá del contenido o la significación literal que les asigna la convención social de la lengua. Este convenio tácito ha creado una correspondencia rígida y más o menos uniforme, para quienes se expresan en la misma lengua, entre el símbolo que constituye el sonido abstracto de la palabra, y la realidad concreta de la cosa, de la acción o de la idea que éste significa. Lo que constituye el “significado literal” de cada palabra. Mantengamos presente esta definición pues nos servirá más adelante. La experiencia estética, vista del lado del artista creador o de aquél que la siente en presencia de lo que llamamos la obra de arte, ha sido considerada desde los tiempos más lejanos como semejante, quizá idéntica, a la experiencia mística. Plotino lo dijo expresamente mientras que Hegel la califica como “presencia tangible de lo absoluto. El antiguo pueblo indio ha mantenido siempre esta creencia, a la cual el texto sagrado de la Taityria Upanishad ha dado expresión identificando totalmente y sin reserva la experiencia poética con la experiencia mística del Brahma y admitiendo que el arte en su conjunto se confunde con lo Absoluto. El poema —a decir verdad toda obra de arte—, según los filósofos Colingwood y Benedetto Croce, es una sensación interior, un acontecimiento de orden íntimo en el espíritu del artista. Así el poema traduce en primer lugar, esta sensación, este acontecimiento de naturaleza diferente, a palabras, esforzándose no sólo en describirlo, sino en recrearlo también por otros medios. Para comprender mejor mi tesis se puede recurrir a una “analogía” con lo que ocurre a lo largo de la incisión de un disco de música.


Ensayo: Traducción de la poesía El micrófono, colocado frente a la fuente del sonido, recibe las vibraciones, que son la música misma, y las transforma en modulaciones de la corriente eléctrica. Esto último es encaminado hacia el aparato de incisión que lo transforma a su vez en movimientos de su instrumento cortante. Estos movimientos son “inscritos” por este instrumento en los surcos del molde del disco, etc. En el momento de la reproducción, las inscripciones contenidas en el disco se transforman, por un proceso contrario, en movimientos de la aguja y de esa manera en modulaciones eléctricas, etc., hasta el final de la cadena que es el altoparlante, que imita el sonido original. Nos encontramos pues, aquí, en presencia de un procedimiento análogo de transposición de un acontecer “de cierta naturaleza” (vibraciones, impulsos eléctricos, incisión, etc.) a otro de naturaleza muy distinta. El mismo procedimiento se nota en el momento de la reproducción del sonido. Así —traigo este ejemplo de un texto adaptado para Francia por Yves Peres—, cuando el poeta suspira: “Dónde están las nieves de antaño”, no se pregunta verdaderamente por aquello en lo que se convirtieron las nieves. Es muy probable que ni siquiera piense en ellas. Podemos suponer — pero sólo el poeta mismo puede decírnoslo— que se esfuerza mediante estos versos por expresar una vaga nostalgia o una frustración e incluso otro estado de ánimo similar que nada tiene que ver con las nieves. En consecuencia, el texto del poema constituye una primera traducción del verbo silencioso de las emociones (del poeta) al lenguaje explícito de las palabras. Por razones de brevedad, evitaré abordar aquí la noción de “palabra” en tanto que unidad estética, que ha hecho, y hace todavía, correr ríos de tinta para no tocar más que un aspecto de ese procedimiento de traducción o de transposiciones consecutivas que es la esencia profunda y verdadera del fenómeno estético. Varios filósofos han formulado la tesis —a justo título— de que quien goza de la obra de arte —en nuestro caso el lector, o aquél que escucha un poema— crea de nuevo, por su propia cuenta, una experiencia, un acontecimiento interior, constituyendo una aproximación al original experimentado por el poeta, artista, creador. Para lograrlo, no solamente debe transformar las palabras del texto en emociones, debe, además, traducirlas a su propia lengua emotiva. Baste con subrayar, a propósito, que así como cada palabra tiene una significación “literal” o “gramatical”, la misma para todos aquellos que hablan la misma lengua, como venimos de señalarlo, tiene también una significación, una “carga” emotiva propia de cada persona y depende de diversos factores. Tomemos la palabra “sol”, por ejemplo. En virtud de su significación literal, denota el astro gigante del día. Es evidente, sin embargo, que para un hombre nórdico la carga emotiva es diferente de la de un habitante de los trópicos. En el primer caso la palabra “sol” tiene consonancias agradables mientras que en el segundo caso produce un efecto contrario. Las mismas observaciones pueden hacerse para la palabra “agua” según se trate de un marino o de un beréber del desierto y así sucesivamente. No puedo resistir la tentación de contarles aquí una experiencia personal que ilustra de manera evidente lo que acabo de afirmar.


8 En el curso de mi estadía en Argentina, un colega poeta me propuso traducir al español ciertos poemas míos. Entre ellos había uno muy corto que me permito citarles. Bajo el título “Venganza” yo escribía: La noche El viento del norte ha lastimado brutalmente al almendro en flor. Y éste que nunca había aprendido palabras amargas agachó la cabeza y murió.

Mi amigo no alcanzaba a comprender por qué el viento del norte había causado la muerte de ese almendro “tímido”. Ustedes comprenderán su dificultad solamente si se dan cuenta de que el viento del norte, en un país como Argentina que se encuentra en el hemisferio sur, no es un viento “malvado”, es al contrario un viento más o menos tibio y por añadidura el almendro es de género femenino en mi propia lengua. Sería necesario hablar entonces en la traducción dirigida a los argentinos, del viento del sur —que allá es frío y malvado— y si fuera posible cambiar el almendro masculino por un árbol femenino, o por lo menos delicado y tímido, en lengua española. El gusto —en cuanto término técnico— denota un goce estético que difiere de la comprensión que debe ser —y lo es— más o menos uniforme. Por el contrario, el gusto no es uniforme, y no puede serlo porque, de acuerdo al filósofo alemán Leibnitz, es “una percepción vaga y nebulosa” diferente en cada individuo. Si se acepta la teoría que me he esforzado en defender aquí, de que lo calificado como “poema original” no existe en realidad y no es el original verdadero sino ya una primera traducción, podemos avanzar con facilidad y no preguntarnos si la traducción de la poesía es posible, sino si es aceptable. Se acepta generalmente que el Arte —la poesía en este caso— es un proceso de transfusión de una experiencia estética del poeta —sujeto del Arte llamado activo— al lector — sujeto del Arte llamado pasivo El traductor, como lo haría exactamente un actor o un violinista, se pone en medio del creador original y el receptor-creador secundario. Su papel es el de comunicar a través de la lengua, al último, lo menos cambiado posible, el momento estético del primer creador. No sólo traduce la palabra, transplanta, transfusiona sobre todo una instigación estética de un “clima” a otro. Actuando de suerte que él mismo se vuelve un verdadero creador de Arte, con pleno derecho al título de artista, con sólo haber servido de puente. El traductor debe descifrar las palabras-símbolos utilizadas por el poeta, compartir su experiencia mística y después buscar y encontrar las palabras-símbolos propias para recrear en el receptor el mensaje que resplandecerá en experiencia estética. En consecuencia, está limitado en una parte de su tarea, la de la imitación, pero es libre, como todo artista, para ser original en la


Ensayo: Traducción de la poesía elección de los medios con los cuales cree poder alcanzar su finalidad. Espero que lo precedente explique por qué he dicho que la tarea del traductor es comunicar al receptor, a través de su lengua el momento estético. No “en su lengua” sino por intermedio de su lengua. Esto significa, aun más, que no basta que el traductor conozca perfectamente las dos lenguas. Es indispensable que posea experiencias interiores en las dos lenguas. Lo cual quiere decir que las palabras de esas dos lenguas deben tener para él una carga emotiva. No es necesario, como podría suponerse, que esa carga emotiva sea la misma desde el creador hasta el receptor final. Tampoco que eso sea totalmente imposible. El mundo interior de cada ser humano es como sus huellas digitales; ¡único! Pero dejando de lado estas consideraciones, es decir, igual si se considera el hecho de que el procedimiento interior —sendero que el mensaje debe seguir — es diferente en cada individuo, el resultado final —si, por supuesto, nos encontramos en presencia de Arte verdadero— será, en consecuencia, comunicación con la fuente. Esta constatación es válida en el caso que el receptor comprenda la lengua en la cual el poema ha sido escrito tanto como en el caso de aquél que utiliza por necesidad la traducción. Sin comunicación, mejor dicho, sin comunión, estaríamos frente a un monólogo, pero he aquí que el monólogo no pertenece al dominio del Arte. La lengua extranjera se erige como barrera infranqueable impidiéndonos penetrar al mundo interior al cual nos invita nuestro hermano-poeta que utiliza otros sonidos abstractos, otros símbolos significativos, distintos a los que nos son familiares. El traductor nos dará la llave de la puerta de ese interior. Solamente la llave. Él debe abstenerse cuidadosamente de guiarnos en ese interior. No debe explicar. Debe quedarse neutro en el umbral. Ésta es quizá la parte más difícil y más peligrosa de su tarea. Porque debe crear un sueño que no es el suyo, con sus propios medios, y no —como por desgracia ocurre a menudo— su propio sueño con los medios de otro. Para llegar allí debe conocer y poder colocarse en el entorno psicológico y social, es decir, en el “clima” histórico, cultural, social y religioso del poeta. De lo cual se colige que debe saber más y poder más que este último que debe moverse sólo en un “clima” que le es propio y familiar. El traductor debe, en primer lugar, intentar comunicarse estéticamente con el creador original, el poeta, y enseguida debe colocarse mental y psicológicamente en el “clima” histórico, cultural, social y religioso del receptor y repetir en este último clima el mensaje que debe transponer. Así, el traductor es un actor. Sólo que su papel queda eclipsado. En realidad el éxito de su esfuerzo se mide por el grado de su eclipsamiento. Es evidente que la necesidad de la traducción proviene del hecho de que a causa de la barrera de la lengua, un poema determinado no puede ser universalmente apreciado. Con todo, queremos tratar de demostrar aquí, que esta barrera de la lengua —en el caso de la poesía— existe no sólo entre personas que hablan lenguas diferentes sino por igual entre personas que hablan la misma lengua. En este último caso la barrera es subjetiva, mientras que en el primero es tanto subjetiva como objetiva. Es obvio que las posibilidades se multiplican conforme y a medida que se multiplican las barreras. Pero “dificultad” no significa “imposibilidad”. La equivalencia del ritmo, de la musicalidad de las palabras, de la rima, etc., depende de la habilidad del traductor y de ese hecho


10 puede adolecer en el curso de la traducción. Pero la “poesía” —si existe poesía— puede sobrevivir y sobrevivirá al procedimiento de una o varias traducciones, porque la traducción, tal como he querido demostrarlo, es parte integrante de la esencia misma de la creación poética. Hablando de ritmo y de rima, sería quizá útil tocar de pasada la cuestión de si el traductor está obligado a conservarlas o imitarlas. Mi respuesta a esta inquietud —válida para toda creación artística— es un no enfático. Siendo un verdadero artista, el traductor no puede y no debe estar limitado por nada en su creación, excepción hecha de las restricciones que derivan de su responsabilidad frente al oficio. Responsabilidad y libertad son dos preocupaciones mayores que están en eterno conflicto en el espíritu del traductor. Llegar a equilibrarlas constituye un gran éxito. A decir verdad se trata aquí de dos responsabilidades en combate perpetuo: su responsabilidad de cara al autor y aquella de cara al lector a quien no debe engañar. El árbitro de ese combate será su libertad. Con ella sopesará la importancia y el papel que juegan en el texto original los diversos elementos estilísticos —entre otros, el ritmo y la rima. En numerosos casos, están íntimamente ligados a la “magia” de cierta poesía. Entonces, es evidente que no pueden ser ignorados sin que una pérdida grave resulte. Sin embargo, ninguna regla absoluta puede ser adelantada en la materia. La sola máxima que se puede afirmar con certeza es que: la libertad no puede obedecer a reglas rígidas. Es claro que la traducción de un poema no es un trabajo mecánico. Una computadora jamás podrá lograr una traducción poética. Se precisa de un poeta para traducir un poema. La misma consideración se aplica —aunque en mínimo grado— al receptor, que, como hemos tratado de demostrarlo, actúa en su momento como su propio traductor en su lengua interior y emotiva. Para gozar un poema se precisa de un poeta. Si no se tiene poesía dentro de sí, no se podrá encontrar mucha en otra parte. Por supuesto, existen malas traducciones; pero existen malos poemas también, lo cual no ha sido considerado jamás como una razón válida para no escribir poesía.


Ensayo: Traducción de la poesía

4 Diferentes métodos utilizados para la traducción poética. 4.1. Algunos traductores y sus técnicas

Ilustración 1: Xavier Farré Ilustración 3: Jaime Siles (L’Espluga de Francolí, (Valencia, 1951) estudió en las Tarragona, 1971) es universidades de Salamanca, profesor y traductor. Fue Tubinga y Colonia. Ha sido lector en la Universidad catedrático de las universidades de Adam Mickiewicz de Poznan La Laguna y St. Gallen (Suiza), (Polonia), en la Universidad profesor invitado en las de Viena, de Ljubljana (Eslovenia) y Salzburgo, Graz, Turín, Bérgamo y actualmente trabaja en la Ginebra, así como en la de Universidad Jagiellonski de Madison (Wisconsin), y en la Cracovia. actualidad es catedrático de Filología Latina en la Universidad de Valencia. Tres de los traductores más importantes de nuestro país son Jaime Siles, Jordi Doce y Xavier. Farré. Ilustración 2: Jordi Doce (Gijón, 1967) es licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de Oviedo y doctor por la Universidad de Sheffield (Inglaterra).

Hace un tiempo les hicieron una entrevista la cual hablaban de la traducción de la poesía,las técnicas aplicadas por ellos y otras cuestiones relevantes. Aquí muestro un parte de esa entrevista: -En concreto, a la hora de traducir, ¿cómo se enfrenta a la métrica y a los problemas derivados de la semántica de la palabra? Jaime Siles: Ilustración 3La métrica es un problema porque el traductor debe entender la función de ese metro, esa sílaba, esa rima en el sistema lingüístico de la lengua de la que está traduciendo. Sólo si lo entiende allí es capaz de reproducirlo en la lengua receptora. La lengua receptora tiene un sistema distinto, pero la semántica de esa lengua más o menos se puede trasladar.


12 Aunque no todas las lenguas tienen la misma suerte. Por ejemplo, para el hexámetro clásico, griego y latino yo diría que es mejor el catalán que el castellano, mientras que el endecasílabo en la construcción que los barrocos llamaban la silva es la más fácil para traducir poemas largos al español. Ésa es al menos mi experiencia. Jordi Doce:Ilustración 2 Cuando traduzco poesía en lengua inglesa, trato de reproducir en la medida de lo posible el metro del original, o de encontrarle un equivalente plausible. Debe tenerse en cuenta que el verso libre inglés tiene, por su carácter acentual, un ritmo mucho más marcado que el español, fundado quiérase o no en patrones silábicos que previenen o dificultan ciertas sonoridades y combinaciones fónicas. De ahí que en ciertos casos (la poesía de Charles Simic, por ejemplo) haya recurrido a cierta regularidad métrica para traducir el verso libre inglés. En lo que toca a posibles polisemias o ambigüedades semánticas, remito al lector a mi respuesta a la pregunta 1.4. Dicho brevemente, unas veces es importante y otras no tanto; depende de si forma parte del «centro invariante» (Popovic) del poema. Xavier Farré: Ilustración 1 En cuanto a la métrica, siempre depende del texto a traducir, en cualquier caso siempre hay un intento de reproducirla, teniendo en cuenta la tradición de cada lengua. Considero que la tradición es uno de los aspectos más importantes a la hora de enfrentarse a una traducción. El uso de un metro determinado puede evocar en el lector unas lecturas ya determinadas, y ya representa toda una declaración de principios por parte del autor y del traductor. Con lo cual, el traductor tendría que analizar primero cuál es el significado simbólico de un metro determinado en la lengua de origen, y poder determinar si se puede realizar el mismo paso en la lengua de llegada. Esto, lógicamente, también es válido en el caso de que el autor utilice un tipo de verso que se aparta de las formas canónicas. No podemos obviar que la forma ya, intrínsecamente, está transmitiendo un mensaje, tiene un significado. No podemos obviar que la forma ya, intrínsecamente, está transmitiendo un mensaje, tiene un significado. (Xavier Farré) En cuanto a la semántica, también tenemos que tener en cuenta la naturaleza de cada lengua. Hay lenguas en que hay una diferencia importante entre los diferentes registros del lenguaje, sobre todo en la parte que atañe al léxico, mientras que en otras esta diferencia es mucho menor. El poeta utiliza siempre este recurso en su propia poesía, y se tendría que ver reflejado también en la traducción. No considero que tenga que haber una equivalencia exacta entre dos palabras que, pongamos por caso, puedan pertenecer a un registro literario o a un registro vulgar. Aquella palabra tiene una función en una sociedad concreta que puede no corresponderse en la lengua de llegada. Así es necesario no sólo tener en cuenta el lenguaje sino el contexto en el que éste viene siendo utilizado.

5 Traductores o poetas Aquí introduzco otra parte de la entrevista: -¿Ha de ser el traductor poeta, para poder transmitir lo mismo y en la misma intensidad que el original?


Ensayo: Traducción de la poesía J. S.: No sé si el poeta ha de ser un traductor o el traductor ha de ser un poeta, pero hay una cosa clave: la traducción más total que pueda existir es siempre la mejor lectura. La traducción más total que pueda existir es siempre la mejor lectura. (Jaime Siles) Yo diría que la única lectura. Un poeta puede ser un buen traductor o un mal traductor, porque en las traducciones hay dos tipos de autoridad: hay una autoridad filológico lingüística -la que da el conocimiento de la lengua de la que se traduce- pero hay también una autoridad poética que es la de la lengua a la que se traduce. Por ejemplo, Fray Luis de León es ejemplo de gran poeta y traductor. He visto que algunos anglistas dicen que es un desastre Cernuda raduciendo a Shakespeare... Pero yo creo que Valverde es un buen traductor, creo que Vicente Gaos también es un buen traductor y creo que Ángel Crespo es un buen traductor, por citar casos españoles. De cualquier forma, no se trata de que el traductor sea capaz de traducir la misma intensidad. La misma intensidad del original es imposible. Porque si ese texto original en verso en una lengua se pasase a prosa en la misma lengua ya no sería lo mismo. Yo creo que no es la intensidad lo que se ha de intentar traducir, aunque a veces sí se consiga (y hay que ser un muy buen traductor para eso). Lo que se traduce sobre todo es el espíritu, el tono del poeta, el clima del poeta en el mejor de los casos. Creo que casi nunca se es capaz de traducir la totalidad. Es más, la mayoría de los traductores -eso me pasa a mí, me imagino que a los demás también- optan siempre por una de las partes del poema, polarizando el sentido del texto sobre aquello con lo que más identificados están. Pero eso le pasa a todo lector. Un lector de un poema, tiende a coger un lápiz y señalar los versos que más le gustan. Al fin y al cabo la traducción sigue siendo una lectura. Ya decía Octavio Paz -y a mí me gusta mucho la frase- que todo acto es traducción. Sí es imperativo que el traductor se convierta en poeta a consecuencia de haber traducido poesía. (Jordi Doce) J. D.: Si no poeta originalmente, sí es imperativo se convierta en poeta a consecuencia de haber traducido poesía. En cualquier caso, debe tener un conocimiento íntimo de la tradición poética de su propia lengua y poseer una sensibilidad lingüística fuera de lo común. Por lo general, se trata de condiciones que definen en gran medida a un poeta. Otra cosa es que muchos que se dicen poetas estén lejos de cumplirlas. X. F.: En mi opinión, y aunque me encuentre en el grupo de los poetas traductores, no creo que sea necesario que el traductor tenga que ser poeta en el sentido canónico del término, pero sí que tendría que ser un gran lector de poesía (lo cual ya lo convierte en poeta). Y no solamente lector de su propia tradición poética sino de otras tradiciones, tanto en sus respectivas lenguas como en traducciones. Así creo que el traductor de poesía tiene que ser un lector multilingüe y a la vez un lector profundo de otras traducciones poéticas. En este sentido, opino que es casi indispensable que se disponga el texto original al lado de la traducción, para que así el lector pueda comprender o intuir las decisiones del traductor. Cuantas más tradiciones conozca y pueda ver las diferentes soluciones de las mismas en poesía, mejor podrá enfrentarse a los diferentes problemas que pueda plantear una traducción de poesía. Siguiendo con esta reflexión, considero que las tradiciones a las que tiene que tener acceso el traductor tienen que ser también diferentes. Por ejemplo, si nos centramos en las lenguas románicas, encontraremos muchas similitudes, fruto de una tradición que en numerosas ocasiones es común. Evidentemente, también podemos decir lo mismo de la tradición europea, pero la diferencia radica en la expresión a partir de una lengua determinada y con una estructura y soluciones concretas, y no únicamente en cuanto al ritmo y a la rima. Por otra parte, creo que el traductor, cuando es de poesía, tendría que traducir aquello que realmente le gusta.


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5.1. Ejemplos de poemas traducidos Aquí dejo dos poemas extraídos de una página web ( mirar bibliografía) tanto el original como la traducción: Man is in pain-Philip Lamantia (EEUU, 1927-2005) Man is in pain ten bright balls bat the air falling through the window on which his double leans a net the air made to catch the ten bright balls Man is a room where the malefic hand turns a knob on the unseen unknown double's door Man is in pain with his navel hook caught on a stone quarry where ten bright balls chose to land and where the malefic hand carves on gelatinous air the window to slam shut on his shadow's tail ten bright balls bounce into the unseen unknown double's net Man is a false window through which his double walks to the truth that falls as ten bright balls the malefic hand tossed into the air Man is in pain ten bright spikes nailed to the door

El hombre tiene dolor El hombre tiene dolor diez brillantes globos hienden el aire cayendo a través de la ventana sobre la cual su doble tiende una red de aire para apresar los diez brillantes globos. El hombre en un cuarto donde la mano maléfica hace girar el picaporte de la puerta del desconocido doble invisible. El hombre tiene dolor con el gancho de su ombligo prendido en una cantera de piedra donde diez brillantes globos se posaron y donde la mano maléfica talla en el aire gelatinoso la ventana que se cerrará sobre la sombra de su cola. Diez brillantes globos rebotan en la invisible red del doble desconocido. El hombre es una falsa ventana a través de la cual su doble camina hacia la verdad que cae como diez globos brillantes lanzados al aire por la mano maléfica. ¡El hombre tiene dolor diez clavos brillantes enclavados en la puerta!

Sunsets Richard Aldington (England, 1892-1962) The white body of the evening Is torn into scarlet, Slashed and gouged and seared Into crimson, And hung ironically With garlands of mist. And the wind Blowing over London from Flanders Has a bitter taste.

Puestas de sol El cuerpo blanco del atardecer se desgarra y se vuelve escarlata, tajeado y drenado y desecado hasta volverse carmesí, y cuelga irónicamente con guirnaldas de niebla. Y el viento soplando sobre Londres desde Flandres tiene un gusto agrio.


Ensayo: Traducción de la poesía

6 Bibliografía •

http://www.poesiadigital.es/index.php?cmd=documento&id=9

En esta página se habla sobre tres traductores especializados en la poesía que cuentan sus pasos y métodos que siguen para su traducción. •

http://ensayopessoa.blogspot.com/2007/09/la-traduccin-de-poesa.html

Esta es un página extraída de un “blog”. La encuentro importante porque hay una citación de Fernando Pessoa definiendo la palabra poesía, la cual sirve de base para el traductor propietario del “blog” para hacer sus trabajos. •

http://www.letralia.com/transletralia/vitsaxis/index.htm

La siguiente página es bastante relevante para mi ensayo porque explica la polémica y la dificultad que comporta la traducción poética. •

http://poemaseningles.blogspot.com/

He incluido este “blog” donde encontramos una gran lista de poemas ingleses traducidos al español. •

http://www.chasque.net/frontpage/relacion/9807/mundanalia.htm

Por último, esta página define ampliamente el concepto “traducir” y habla de la traducción literaria remarcando la poética. Mi bibliografía es escasa de enlaces porque hay poca información sobre el tema que he elegido.

Traducción e Interpretación  

Ensayo sobre la traducción de la poesía

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