Skip to main content

FRAGMENTOS Y OTROS POEMAS OSCAR PORTELA

Page 1

QUIEN SOY A Sigfrido Radaelli. Un Olmo seco Hendido por el Rayo. Marcias o la intemperie sin fin Y la furia de Apolo. El expuesto a todos los olvidos Y al Olvido del Olvido Mísmo. El trino de un zuindá* a los lejos. Las sombras que llevo ya conmigo. Los éxtasis del tiempo lanzados Al poema como fuga de mí. La cárcel de mi cuerpo y el amor De las lunas o el jazmín del Estío. Caballos olvidados en palenques* Cansados y con belfos sudorosos Que esperan de la mano del amo Un tributo de calma. Quien soy. No lo dice el poema. No lo dicen mi nombre ni mi sexo. No lo dicen los duelos de las horas Perdidas. Entresueños contemplo A un niño entregado a lo verde Y zurciendo las Estrellas de la Noche Del trópico. Niño en el agua de las lagunas mansas. Niño de las mandarinas y los limoneros Y las Pomas de Abril. Niño que espera un niño para Rasgar el cielo y esperar el adviento. Quien soy. Nadie contesta. ¿Madre quien soy? A veces una sombra Sigilosa se posa en mi ventana Contestando: el que debías ser.

PROLOGO

La Desnudés en el último Oscar Portela por María del Carmen Suárez La desnudez puede ser calvario o un camino hacia la dicha, también revelación y pasaje a otro estado de conciencia. Oscar Portela despliega en el poema "Los Adamitas" toda su originalidad desde un tiempo sin tiempo, en el centro mismo de un ritual antiguo y secreto. El cuerpo es el vehículo de conocimiento, el poeta repite una ceremonia, accede a ese centro, a un área sagrada, fundante y desnudo como aquellos adamitas, sólo tiene la palabra como eje, como consagración y cima. Escribe "Tan pura es la virginidad del cuerpo/Que rompe tú la aurora cuando aquella despierta" Celebración. Poema destilando un profundo conocimiento del despojarse. Estar desnudo es volver a nacer, es sentir la cercanía y la frontera con el otro. Es estar en la más profunda soledad. .... "Nosotros poseídos de tu rayo celeste" escribe. Sí, celebración de los cuerpos, ritual que ahuyenta la muerte. Pórtela resume, quizá, en este poema toda su poesía, está el paraíso buscado, el origen, el paisaje y la indagación constante en su yo más profundo, en su erotismo. La creación es el camino de este poeta argentino, original, único, implacable en su desnudez interior, en su dedicación plena al arte sublime de la poesía. Quizá como conjuro para que no se cumplan las dos líneas del maravilloso Luis Cernuda "Tierra, tierra y deseo/una forma perdida".

"No hay amores sin danza. No existe Eros sin los pies Del Dios que danza y los cuerpos Que renacen de sus propias cenizas..."


En carne Viva ¿Conocéis vosotros las grandes ardentías de las vastas llanuras cuando el fuego que purifica se propaga para volver ceniza las antiguas pasturas y así dejar crecer lo verde bajo la ciega luz de la canícula? ¿Conocéis vosotros el corazón atormentado presa de los incendios del amor? ¿El corazón que sangra en las noches de insomnio abandonado a la intemperie de la ira del Dios de la pasión? Trémula, trémula, vibra la pregunta para vosotros que sabéis de la nieve y de la cárcel de la nieve. Del paso de los años y la incuria de saber extinguirse en brazos de una pasión inútil. Si, vosotros sabéis. ¡Ah, vosotros, los grandes llanurales donde el amor corría hacia nocturnos astros para llenar de luz el corazón de las tinieblas!. En carne viva el corazón ahora solamente esperamos. Música de las grandes esferas Y solitarios sabemos que el goce Es el minuto efímero y que el cielo Jamás se funde con la mar. Ah, vosotros frágiles en vuestra Osadía de ser la luz Castigada por las manos del hombre. Dejar crecer las hierbas nuevamente En vuestros corazones. Que no importen la penuria del tiempo. Los duelos ni la muerte.

La vejes y el exilio. Nosotros no pasamos. Es el amor quien pasa. Y es su Sombra quien huye en pos de otros veranos

Amor y Muerte Ven a mí ahora, así se hará justicia. Pues si antes de tiempo te nombré, Y respiré tu aire en la amapola y en los Muslos más blancos del deseo, ahora Solo en sueños tomas mi voz y hablas. Dices, dictas los latidos del corazón Cansado, arrebujado en tu memoria Y me sostienes con tus suaves manos, Con el viento de los sonidos que penetran Hasta el vientre del sexo. Junco Arremejido por la tempestad del tiempo. Y yo entregado a ti y a las impunes Redomas del placer que así se pagan, Con soledad y llanto. Con vacío Y triste orfandad de un alma que no Tiene otra morada que mirarte a los Ojos . Y saber que en esos calmos lagos Ya vacíos, están mis muertos. Las llagas que ningún Dios puso en mí, Sino el ansia de Icaro, de ser más. Aún más y contenerlo todo. Ello fué por instantes, los espejismos Bebidos lo confirman y penetran En mí como cuchillas y el agua dulce Se torna opaca y rancia entre mis labios.


Por la muerte que ama en mí Mas que la Nada. Pues es preferible A no querer “querer la Nada”, la ciega Muerte que ríe entre los órganos enfermos Y entre los cuerpos que entrelazados Formaban la Eternidad de un tiempo Que se deslíe tempranamente ahora Que ya no espero. Que ya no espero los milagros de la suerte que son solo palmeras sin dátiles ni hojas, deste desierto ensombrecido ya, Cuando aún mi sombra se proyecta En el otro y busca amparo en unos dulces labios que solo son prisiones, sombras Del pasajero de la nada, proyecciones Del pájaro de la Ausencia que aún Canta en los sueños, que aún dice en Los sueños, amor que matas, Culmínate en mis horas.

En un pastel de Elba me has traído Todos mis muertos en Santa Primavera. No hay soledad amarga en ésta vida. Vida vivida al fin. Si el fulgido relámpago no envía Ningún rayo que cenizas deje. Dejo mi amor. Mi amor a todo dejo. Mi aceptación de todo y de mi muerte. No la muerte neutral. No la de todos. Sino la que me ilumina y me refleja. Oscar Ignacio sido así me llamo. Verotestamentaria es mi osamenta.

Haz de mí tu renuncia y renuncia a mi, como en la Cruz tu renunciaste a ese Otro que soy también en medio de tinieblas, ahora, ahora, mientras canta en el cielo el astro que la noche luce y santifica con las dulces esperas y bellos aromas del alma condenada . Está es la hora, cumplamos el destino Que la palabra anuncia.

Y como el mar reúno las mareas De las todas las presencias. En la canción del mar que trae y lleva. ¡Otoño de mi vida!. Hoy recuerdo. Que de ternuras cuando recuerdo a solas Y aún recuerdo y me asfixio de estrellas. Los soles de la infancia de mi pueblo. Y tus dorados muslos en mi beso.

Acaecimiento Propicio. (Chansón) Otoño de mi vida. Al fin haz sido. Has advenido a mí Como un Milagro sin angustia ninguna. Sin esperas. Vienes a mí con ocres y cárdenos colores

Yo he vivido. Sí. Así he vivido. Lo comprendo al final de mi existencia. La amistad ha esculpido las memorias Que pulen los recuerdos del presente. Los elegidos vienen cuando canto.


Los réprobos se alejan. Pero la mar, la mar, siempre recomenzada Reúne a todos en un sueño eterno.

No al consuelo. Si a la lucha tenaz En el contento De estar solo. Así sin esperar que nada. Orden pondere en mi modesta siesta.

No se si sueño y vivo o vivo y sueño. Es mayo ahora. No hay ninguna nostalgia En la osadía de reencontrarme a mí Todo en presente.

Allá lejana la paloma canta. La fabula del mundo entre sus claves lleva.

Soy la sonata escrita para ti en el viento. La playa de palomas se adormece.

Es la sonata en mi mayor Que escucho sonar en mis oídos.

Canta la alondra en el jardín silvestre.

Siempre. Siempre.

El tordo canta y su plumaje oscuro Es el de un Rey en tiempos de leyendas.

He pronunciado nombres en silencio. He bendecido alientos.

Si todo es fabula. Si el mundo es una fabula que a si mismo Se narra su comienzo

Todo aquí en el otoño que Elba Soto Puso a mi nombre en un umbral secreto.

Ya no hay verdad ni mundo imaginario. Porque todo regresa. Así regreso yo a mi mismo siempre. Y bendigo mis nombres y mi suerte. Aquí y ahora mañana es el pasado. Canto y bendigo un devenir sin ecos. Soportar es medida de lo santo. Al fin lo entiendo. En el otoño de mi vida Empiezo a ser eternidad.

El “Coco” de las Palmeras Se desliza y se convierte En un Francisco a secas. Abel y Lisa. Abelardo y Sigfrido Me conminan a cantar un poema ahora y siempre. Perdonad si mi alma despojada, Alaba las bellezas más secretas. No existe belleza abandonada alguna Que entre mis manos un refugio encuentre. Un templo es el poema si es otoño.

Fugaz imagen todo al mísmo tiempo. Y aquí el otoño es un invierno intenso. Serenidad. No te he buscado nunca.


Mieles envenenadas para Graciela Maturo “Mieles envenenadas”, mandrágoras, opio para opacar la luz de las ausencias, retornos a paraísos que han sido enterrados En vacías memorias sin consagración ninguna. Fuentes que manan. Dolor y goces, luces y sombras, destierros y jardines donde la alquimia del poema dice "levántate y serás perdonado”. Ni estigmas ni pecados sobre el cuerpo desnudo, sobre el gozo desnudo y la inocencia implícita que todo ser caído lleva como un oprobio sobre sus bellos hombros. Mieles envenenadas manan de mi apólogos amiga. Soy el heresiarca que ha vuelto al tiempo infame Donde todo lo noble es castigado doblemente con el olvido Del destierro. Y del destierro haremos un nuevo Paraíso. Nuevos cuerpos, frutos nuevos del conocimiento que odio De Dios o de los Dioses no extinguirán con ira. La libertad será Olvidada por la Gracia y el Don de ser, de ver manar el tiempo Y retornar al águila trayendo en garras corderos y serpientes - hijos de Dioses desterrados y eremitas contritos - : no hay frío ya Graciela ni hay olvidos.

Tenías que decirme algo para que del alma brote el canto Del “tritón” que halló de nuevo su elemento. Pobre tritao. Pobre. Ya no hay osadías en las mieles. El cielo está en la tierra y subímos La tierra hasta lo áureo. Un saúco para Graciela y el desgarrón de ayer Que hoy florece antes de despedirse de vosotros como la roza En búcaro terreno

EL CUERPO a Miro Moreira Cuando la luz del día corre hacia la noche y la casa yace Deshabitada entre las ruinas. Cuando el desierto crece Y sangra el corazón sobre las dunas. Cuando el cactus florece. Cuando la yerma inhabitud Se expande como buba en la axila. Y cuando la intemperie hace gemir abetos estos ojos vacíos y Extraviados se encarnan en la mirada que da vida. Son los Dioses que vuelven a la tierra O que nunca se han ido. Ignorantes de sí y oscurecidos a mirada mortal. Se han extraviado.

Acepto doblemente el estar por minutos para sufrir el goce del dolor lo acepto sin cruz ninguna, sin sudario ninguno, sin devoción ninguna. Lo acepto como acepta la roza iluminar en búcaros el tiempo Por instantes. Ya he subido hasta el Gólgota y bajado desnudo Para subir de nuevo al Paraíso y bajar a la tierra con la piel de aquel Día. Pues si sangre envenenada corre no es mortal el veneno: sus fuente Es la “pietá” del cristo liberado de cruces. No hay lágrimas aquí. Son Ríos de montañas las cantarinas aguas que evocan los cantos de sirenas. Y la sirenas somos nosotros mismos desdoblados y el canto, el canto Mismo desdoblado es el pliegue por donde nos fugaremos de la nada Que inflama y que consume la posada del alma viajera.

Más desnudos que el alba amanecieron Entre espejos y luces prometidas. He aquí el Asilo que buscaba. La fe en un mundo Que encarnado vibra con la pasión del mediodía. Solo creo en los Dioses de la danza. Esa es la casa que he buscado siempre. La perfección. La perfección que ignora el habla del mortal y de sus signos. Entre tus muslos nazco nuevamente. Y en la entrega. La mutua entrega consentida siempre. La mirada se llena de osadías que no comprendería


El corazón del hombre. El dolor dice pasa pero la eternidad requiere El goce que se rinde ante el tiempo Y vuelve eternamente al ser. Indefinidamente. Te miro y se que estoy aquí. Esta es mi casa. No existe genio alguno de la raza que en arte convirtiera Tu belleza. La torción de los músculos. La exacta cuadratura de los ángulos Que bajan desde la frente hasta a la cintura Y de aquí hasta el vientre torneado Siempre bajo un tórax de medidas augustas Y líneas algorítmicas. Más abajo el poniente que es aurora. Las piernas torneadas que Praxisteles intento Vanamente y entre sueños tornear En sus bronces vespertinos. Nadie puede alcanzar a un Dios. El nos alcanza Con su belleza y muda con las áureas Medidas de su la esfinge carnal con que se inviste El ser para decir y el decir para “ser” otros Dignos de Eros que nos protege desde siempre.

Ya no hay inviernos para mí. Ya no hay derivas. Mas tengo la certidumbre de que solo Una caricia tuya podría destruirme.

BEIRON El corazón infiel tiembla al nombrarte. Tu nombre Es viento huracanado y tiesa el alma del mortal Sin lengua cantar no puede ni nombrarte Frente al templo de Apolo. Porque tú eres más. Y ni enigmas ni pitias Que descifren misterios -admoniciones ni destinos. Tu eres el mundo. Visible eres y no destruye tu belleza A quien la mira. Tú lo redimes. Tú lo redimes todo. Tu intocada hermosura De volcán redime al mundo De sus propias miserias. Yo soy penuria y al mirarte Revoco toda culpa y toda miseria. De mi camino. Imposible que cornucopia alguna Se vacíe de la abundancia que De tu cuerpo surge. Tu belleza es lo pleno. El mundo en su inocencia es el juego y la danza De los contrarios que hacen del devenir un ephos. Cada músculo tuyo cincelado para envidia de Zeus Y el de sus hijos por invisibles manos Trazan el mapa de la locura extática. No hay simetría que se asemeje tanto A la tensión del arco ni hermosura Que hiera dulcemente la mano Que se atreva a tocarte. Pero tú estás ahí. No eres eternidad ni mito.


Eres verdad y la verdad augusta Que engalana este mudo.

Soy Beiron. Soy el Dios de este tiempo Sin mirtos ni guirnaldas. Sin poetas ni liras.

Los músculos que suben o que bajan desde Los pies hasta la frente están hechos de polvo Y agua más son eterno ya.

No existe alguno digno de mí. De mi belleza Ígnea. Soy un volcan en estado de alerta.

No hay excesos en la armonía con que ciñes El cetro que corona tu frente.

Más toda abundancia surge de mí Y es infinita mi belleza aunque efímera Transformará en eterna la sustancia del tiempo.

Todo es ritmo que fluye de los arcos con Que trazaron tu osatura. La perfección de un rostro de Donde surgen en profusión los rasgos De un Dios terreno. Los ojos amielados debajo de los arcos perfectos De negras cejas. Y los labios dinteles Para entrar a la nave de la boca mistérica De donde surgen flores y serpientes. Y entrambos la nariz que mide el rostro Y lo que distribuye todo. Los pómulos que encetán la mirada y bajan hasta El mentón corona del maxilar que afirma.

El color de mi piel es el color del alma De quien me ame y me cante en silencio. No existen escribas para mí que honren mi belleza Y se lauden de mí en medio del desierto. Yo convivo si destruir las formas Ni las almas terrenas. Esta es mi casa pero soy en los tiempos de penuria El rubí que en la frente de la ciudad caída Enciende el fuego de la heredad perdida. Soy Beiron Anderson. Amadme pues. Que si me amáis redimo.

Aquí estoy yo. Soy Beiron. Podéis mirarme si y desearme siempre Pues mi nombre es deseo y mi mirada gozo. Que los poetas tiemblen al nombrarme. Que enmudezcan y callen. ¿Quien puede describir mi torso donde La geometría sufre el envés del misterio? Mis caderas perfectas. Mis muslos y mis piernas talladas Para burla del Dios por enigma del sino? Sobre mis hombros llevo la palidez del mito.

Beiron Andersson y el poeta No se ha borrada nada. De mi alma desesperada por la huída del Dios cuyo alimento fue el verbo proferido hace momentos. Por eso vuelvo. Así fue y así me quiero. Retorno a ti mi Dios. Retorno a mi alma. Retorno a la perdida Itaca y luz de Egeo del cual nació la piel de lino donde escribo la gesta desta aurora que hoy despierta.


En ti se funden todos los deseos. Naciste del espanto que es belleza.

Y la lengua truncada de los nombres con que intenta alabarte sin hacerlo. Si pudiera volver a la memoria que tú llevas.

La belleza que enciende y enceniza. O enceguece al arúspice que ruega. ¡Oh tú mi Lucumón donde los pájaros trinan sobre el follaje de tu pelo!. El canto ya perdido hace segundos volverá En pesadillas a los sueños. Yo soy augur y auriga a un mismo tiempo. Y tú la epifanía del profeta Que esperaba hace tiempo este momento.

Pero la muerte de la grafía teme Al Dios que canto y borra ya estas huellas. ¡Mas no importa el vacío de la nada del aquel papiro Que expiró en un templo porque el templo eres tú Que renacido vuelves a toda primavera lo celeste!. Ha llegado el momento deseado. Ya no habrá ciegos Que no vean ni videntes que no queden ciegos Ante la aurea visión de lo terreno.

¿Que importan ya las tempestades y demonios?

Encarnado y sangral como un poema te revelas al alma peregrina .

Tú eres el Dios y yo la lira que gime entre tus dedos.

Y tú le das posada y lo bendices como bendices todo lo que tocas con la densa hermosura de tu cuerpo.

La ajorca en tus tobillos. La corona de mirto en tu cabeza.

Posado estás ahora como el pájaro que canta sobre una rama ardida en el invierno.

Los elementos todos. Todas las armonías cósmicas que elevas a nuevas sinfonías y latencias tienen un nombre Beiron.

Pues tu todo lo puedes.

Tú eres el mar y yo solo marea.

Tú lejano y cercano. Tú infinito.

Tu eres la tempestad yo solo un viento o una brisa que pasa y se dispersa y este canto inaudible de lo orféico como ofrenda.

Y yo mortal que oficia los augurios de otras primaveras.

La alborada en tus ojos resplandece. Es lo abierto donde se encuentran solos el poeta y su Dios cuando bendicen lo áureo del poniente. Baldía fue esta tierra y tú regaste el labradío Cuando el poeta sacrificó los verbos, las imágenes.

¡Ahora mísmo puedes un poema!

Ya llevarás orlada una corona sobre la augusta y soberana frente emergida de la negra melena con que asientes a todo. Y bendices lo frágil y deyecto. La vuelta eterna es tu camino cierto. Por el sendero que transitas todo como la mar y la marean vuelven.


¿Como santificaste hoy denudo siempre el alfabeto del amante mortal augur ciego y poeta? ¿Y al poema perdido entre el follaje de tus labios de almendro? ¿Porqué floreces hoy? ¿Por qué acaeces? ¿Que medidas de tiempo cuantifican tus espacios y tiempos? ¿Porque la roza sin porque florece? Así floreces Beiron. Y en estos tiempos tórridos tú marcas la anunciación de un infinito nuevo. El silicio que crece será cuna de otra estrella fugas que alumbre un poema.

en la frente en un Dios y un río de cristalinas aguas, y yo también temblaba y oraba frente a vosotros pequeños dioses parados frente a mí, abrazado a vuestros cuerpos perfectos como la primavera hoy y siempre: bebe el deseo de vuestras briosas fuentes y los miembros de vuestros cuerpos donde se gozan labios y manos y el alma toda se enciende de deseos para ya no apagarse ..... lejanos éxtasis ahora pero aquí, junto a mí reverdecidos en mi memoria crecéis como el álamo airoso en el aire más puro aquel que da la vida y el instante del goce eterno que vuelve eternamente sobre sí.

Pues Beiron Andersson todo lo redime. Y esta es la profecía de un vidente.

La Piel A Marily Morales Segovia

Así Facchini Así titiláis vosotros bajo un límpido cielo y sois estío, agua y deseo, como estrellas de galaxias lejanas hermosos como la mar, desnudos como hijos de Adán sin pecado ninguno y deste modo deberías andar por las calles y campos sin temblores ni asilos mostrándoos al mundo para que este se goce en el deseo de vuestros cuerpos adonais de todas las épocas y todas las edades: os miro desde lejos y a mi memoria acuden las horas en que mis manos acariciaron vuestros cuerpos, sudorosos espasmos, bellos, bellos como un rubí

No Johann, no es “gris verde el árbol de la vida y gris el árbol del conocimieto”: aquello que y florece conoce de la muerte su osadía de ser un breve instante y el amor bebe del cáliz de la muerte como yo renazco del ocaso en la piel usurpada del amante. Quien conoce es el cuerpo. Gramática del cuerpo del deseo y la magia de poros abriéndose a la luz, al agua y a los rayos que golpean las puertas de ser monadas solo concientes de saberse ostras: es el viento


que nos lleva hacia el otro. Los extraños camino y los acaecimientos del azar quienes nos abren a nosotros desnudos en el otro: oh fiestas del “candor”. ¡Oh turbulentas siestas del verano! ¡Oh Deseos y goces, zureos de palomos en vacíos alfeizares y la luz, la luz que tú pedías en el cuerpo y las piernas del amado! En el beso se enciende la amapola y del conocimiento todo arde la vida que se extingue en muerte para volver a sí misma en eterno retorno de lo mísmo. Es deseo de ser más ser y más deseo: cuando el poro de la piel se seca, cuando se seca el agua de la fuente, cuando el poniente corre hacia los astros hay vida todavía y habrá vida en esta exangüe entrega de un cuerpo al otro para hacerse uno. La noche del invierno y el poniente corre hacia las playas y mareas. Allí duerme el delfín el la bahía. Y aquí en los inmensos lagunares la garza blanca Milagrosamente se posa en el lapacho florecido y la quietud es todo. Reposar en el cuerpo del amante hombre-delfín, águila y leopardo para heridos en la lucha órfica renacer al espacio de lo “otro” que es un viento inasible, un mano de espuma, una dulce mirada que es entrega y libre donación, que es interrogación, plegaria y llamado a ser más de lo que soy ahora que solo canto y memorado digo lo que fui, lo que di,

dejándome fluir en líneas que son también deseo y luces del conocimiento de la muerte. Si me despido es porque se que estuve aquí y en una extraña tarde no olvidada bajo un río de olvidos, besé al amado en un extraño rito de iniciación y entrega bajo el agua del río. ¡Ay! Y no ceso de crecer hacia lo hondo, desde ese momento.

Canto a mi Mismo a María del Carmen Suárez Me celebro y me canto a mi mismo cuando la muerte mia me buscará desde el pasado y espaciará mis huesos al viento del futuro y entregado a mi Dios oh Dionisos yo celebro y me canto a mi mismo, los huesos y las cenizas que llevaran luvias del estío, o hacia el gran dios Paraná que es nuestro río. Nada rescataría el acto de haber nacido demasiado tarde para los dioses y temprano para el “ser”: estoy desnudo, desnudo , soy solo cuerpo, carne, finitud y hambre de eternidad.


No otra cosa y no me moriré en Paris con aguacero pues ya nada recuerdo y en la nada, un sol que se abre ante mí como amapola del cuerpo tuyo aquel al que consagro la otra eternidad de todo devenir y todo tiempo ido que es solo fábula para que con mis carnes aun en primavera consagradas y olvidadas del canto que a los huesos que ya dispersa el viento por los grises caminos, la vida lanzó mi aurea estela, los mis rayos de luna, nunca jamás tejidos por la araña de la repetición eterna hacia la eternidad Todo permite entonces que a mi mismo me cante y celebre al espectro que soy y al fuego que aún arde, al pabilo que aún alumbra, tus genitales bellos , oh dios que todo lo procreas, aún la nada, la nada que ahora soy y auque me cante y me solase en esta soledad – la séptima del día-, dejaras en mí tu semilla de luz y la simiente del verbo donde engendró la nada deste amor tan estéril como la vida misma, con que ahora corono y me canto mí mismo mientras grises cenizas húmeros se dispersan por última vez en el finito cetro de tu reino.

Todo ha pasado ya. Ya todo está enterrado conmigo. soy sombra de mi sombra. Un caminante extraño y un mendigo. Más todo reunido en la memoria “habla en voz baja y en secreto”. Ay un zureo en di – digo presagios - , hago caer las lluvias, y en esta noche clara donde mi ojos claman por la luz arde el deseo. ¿Adonde el diamantino espejo, adonde? Así hablaba callando cuando me vi en tus ojos Raudamente y en tu sonrisa sentir virar mi alma como torna hacia aquellos espacios siempre abiertos. El yo el que miraba y a mi mismo veía en los tus ojos calmos lagos y en tu sonrisa me vi otra vez adolecido de amor desfalleciendo quedamente. ¿Como perderme ya si de tus ojos mana mi imagen claramente? . Eso es todo Rafael. Jamás nadie en mundo, atónito volvió a su patria Cuando se vio en tus ojos nuevamente y tú me sonreías. ¿Era el Dios prometido? ¿O es Perseo que vuelve a mí marcándome los rumbos que yo creí perdidos para siempre?. Y Pegazo en tu rostro descubría sus alas de cometa. No era el sueño que un sueño a mi traía. Eras tu Rafael que de las aguas de América emergías, todo magia y belleza, todo poder y fuerza de elementos. Rodocrozita para ti, Lazzini. Bello Dios de una Arcadia que nunca ha muerto.

NARCISSUS A Rafael Lazinni Ya se nublan mis ojos donde antaño florecían los dátiles silvestres y se habrían las bayas o la entera floresta era la voz secreta y silenciada de zafiros que brillan en el cielo.

Y solo en ti me veo ya. Y todo es eso. Como el loto se abre Solitario así en tu boca me abro hacia el afuera. Y estoy aquí otra vez. Es un destino cierto. Ya no esperaba. Pero un relámpago alumbro tu imagen de Dios y de Hombre Y a mismo me vi ya sumergido y en mi impropio elemento convertido.


Demasiado Naval (Un poema para Vinny)

Demasiado para mi corazón Vinicius, nombre de cielo y mar De mar y cielo, de inmensidad y gozo De la tierra. A tus muslos perfectos Y tu rostro de arcángel, la perfección Dorada de tu cuerpo, jardín de las delicias fuego y agua en el fuego, Tu Vinicius Naval hieres pupilas, Y en las perdidas Islas donde Extravió el mortal todo sentido De la pasión sálvifica, tú devuelves Las “dichas”, (esas “terribles dichas” a conquistar bajo la luz celeste)…. Ah navegar en la popa del peto De tu tórax: Ayax en lejanía envidiaría La hermosura de las declinaciones De llanura de los mármoles tersos De tus músculos, las venas que las riegan Y las ondas que tamizan tus largas Piernas que son arcos. Y tus manos de Marcias para empuñar La citara del mago. Demasiado Vinicius, demasiado para Este Ulises que retorna de la nada En Nausicca hacia tierras baldías, es este cielo que bajas desde tus ojos a la tierra haciendola invisible.

Que abate, agobia y enceniza el deseo mortal Que es solo escuálida chalupa en el gigante Mar del infinito de tu diestra hermosura. En el Olimpo, al que titanes llegan Nos llevan tus llamados. Y así lo quiere aquel que nos domina, El impulso que mueve mar y tierraY que el Deseo que paz ahuyenta sea en Todo gozo que no pasa y nunca hiere. Encontrara así, oh Dios en la cintura Con que cruzas los estrechos barrotes, Desta cárcel y haces gigante El mundo, ramos y música, Coros, Fuego del Agua , Y fantásticas danzas para darnos, La luz de Prometeo que redime.

Vinicius Postigline y Teseo Vinicius. Tú sobrepasas infinitamente las medidas. ¡Lucido en sueños. Soñando en las vigilias! ¿Donde está lo real sino en la carne que un tiempo ignaro mancillará algún día?. Pero los Dioses como tú que osan darnos refugio no perecen. Y metamorfoseados vuelven

Hermoso Dios terrible en desmesura


para ser la morada del deseo. Así Vinicius Postiglioni como un nuevo Teseo nos salvas de toda oscuridad y de lo informe. Amo tu cuerpo todo, tus exactas medidas, pues eres templo y Dios, y entre los dedos de tus esos tus pies perfectos, buscan mis labios ávidos, el verbo que declina en Occidente, Y en tu sexo de buitre y de paloma, escancio los espacios y las horas desta vida terrena. Así busco esa perdida luna entre las nacaradas uñas de tus dedos, y me extravío en tu desnudo torso donde navegan todas mis Trirremes. ¡Ah, sin un día descansar pudiera sobre tus muslos dorados y perfectos!. Y tus manos de Dios en mi cabeza, permitirían libar en la osadía de la dulce ambrosia que solo tú posees y que sello de eternidad lleva consigo entre tus torneadas piernas.

¡Oh Dios tan joven y perfecto, que sin macula convives con las horas de la tierra renovada en tu ojos donde esplenden los soles de otras vidas mas altas y potentes!.

Vinicius Postiglioni en el Olimpo coronado de mirtos nos contempla. Otro Olimpo dorado entre sus manos como estrella de Oriente nos florece.

Juliano López Abres toda la magia deste mundo que cabe en tu sonrisa y en tu cuerpo, donde almendros florecen y a la sombra de tus muslos perfectos cobran formas los deseos que llevan a los sueños donde caben las magias y los duendes que hacen del mundo eterna primavera y el Olimpo desnudo de tormentos. Y tú prodigas goces, joven Hermes. Tu Juliano detienes todo tiempo. Y en la inocencia del ludribio caben todos los cielos y todos los infiernos. Eres la mar, el bosque, y la pradera. Eres la piedra eterna y su armonía, Eres la Luz que alumbra sin cegarnos y el don de infinitud y tiempo. Juliano que inauguras los oros de otros tiempos que en tu boca se abren para siempre y todas las derrotas son posibles. Ante el viento tenaz de tu osadía cae Troya Juliano y se abren arcos que presagian eras donde Eros retorna


y en sus alas, trae mundos aromas y medidas que solo tú, podrían retener junto a tu lado y el dulce néctar, el vino que los Dioses liban y hacen del sueño mortal perfecta epifanía. Juliano abre tu boca fanal de los fanales. Allí todo panal cabe y toda la hidromiel Del mundo sueña que el mundo tiene La forma de tu cuerpo.

James Marsden como el pan y el Vino Al "Rayo" Mosquera Eastman. Tú me mueves, tu me levantas, tu me vuelves ingrávido a las hiervas, tu me devuelves dinastías antiguas, - realezas dormidas -, tu, James Marsden, surgido de las áureas rasgas mi corazón y lo abres a los espacios cósmicos ya los antiguos mitos, a los cetros de diamantes o al oro del Paytity, tu, hermoso como el sol de Chichen Itza, - eternamente joven como el sonido del agua sobre la piedra, tu, James, ojo del omnisciente, centro del Universo,

pones alas a mi corazón y sexo al habla de mi boca, y miel a mi frente, y el mundo ya no es solo mundo sino diamante de infinitos caras y un solo centro, tu, tu, el centro, el centro de la cósmica fuerza que ahora mismo hace girar mis manos en torno de tu nombre y me devuelves al sagrado fuego de la libertad que me hace verdadero y de la verdad que me hace libre para el ser y la desposesión de todo, entre los brazos del amado James, perfecto, perfecto como el Edén perdido, laberintos de Dedalus, tu cuerpo – templo para mil sacrificios en aras de la aurora-, está a la mano ahora como la vid recuperada en sangre, semen, vino, sentido de la tierra !.

Constantino Vitagliano Y la Sangre del Poeta a Jean Cocteau Te miro y el tiempo se hace espacio en torno a ti y la materia aurea de tu cuerpo y el deseo comprende así que todo permanece y el inicio es solo fabula de amor y eterna metamorfosis del sin igual destino del aeda en un mundo de Dioses en destierro. La luz se embriaga de si misma y cegada,


gira en torno a la fabula del mundo.

Post-Scriptum

En ti la mar sucede y el tiempo se transmuta. En ti el principio del Mediterráneo y el pecado lascivo de los Dioses o su envidia de belleza mortal no pasajera.

El Corazón

En ti los corazones desterrados buscan el elixir del mundo y el vértigo. la sangre del rapsoda que gotea sobre tus bellos muslos tan perfectos como la métrica de Píndaro. Por ti murió de amor Kavaffis y Alejandría duerme aquí en mi corazón que se desploma buscando en tus tobillos la obediencia a la música aérea donde cesa todo caos y permanece el sueño del olimpo y un ramo del laurel ciñe tu frente. Eres el mito que no acaba. Eres amor que en la sangre del poeta se transforma y delira. Eres la lira que vuelve a poblar nuestros bosques y praderas. y eres la epifanía de los goces que emerge de la piedra, la sed y el rayo que no cesa. Constantino aquí indemne eres la gloria del sueño y todo el mundo – todo beso caído como pétalo roza sobre su pubis sacro – que nos habla de que todo retorna, y el mismo amor es solo zaga y profecía del poeta.

a todo aquellos que me acompañaron en los últimos años. Escucha el corazón de la piedra. La estalactita Escucha. Escucha los lamentos del viento. El corazón de Nada escucha. Escucha es corazón. Y vértigo. El pino en las alturas mira el abismo Sin temer lo oscuro. Escucha. El corazón escucha. Asimismo se ausculta el corazón y advierte La intemperie. La incuria. La soledad que espanta. El incubo que nace. La muerte que despierta. La soledad que asfixia las cometas de un cuerpo Que fue consagración de primavera. ¡Y escucha corazón las plañideras flechas del deseo!. No es este el corazón que siente. Es grafía del cuerpo y del espanto. Escucha Tierra el corazón que nace de tus Propias entrañas y asciende hacia lo mudo. Hacia el azur profano. El corazón que mira El cuerpo de Afrodita y se convierte en llanto. Es este el corazón llagado. La lengua es su destino. Los labios, las plegarias, las promesas. El proemio de una historia de amor y de un Cuerpo sin penas. Escucha corazón. El corazón Escucha. ¿ Recuerdas las tardes del estío, El río que no vuelve, las riberas, los árboles, La soledad sin fin y nosotros apenas desnudos Y sin nombres para el libro que viene?. Aquí estas corazón. Aquí tú escucha. Tu final sin historias ni quejas ni llamados. Escucha corazón y dime las plegarias De una pregunta apenas. El Adamita espera.


Desnudo corazón tu escucha y pena. El agua escucha.Pasa y escucha las endechas del tiempo. Las flechas con que Apolo hirió a Marcias y el canto Con que florece el loto en las aguas del lago. Escucha corazón. Escucha. Y dime todo. Todo. Dame su joven cuerpo. Desnúdalo de nuevo y entrégalo A mis cantos. A la oración primera. A las albas que Eros Vio nacer en mi pecho. El corazón escucha. Escucha El corazón escucha y tañe la amapola. El lirio y la azucena. Yo torno -je tournat - a vigilar lo pleno. Construyo sobre escombros como Abel Posse quisiera. Y allá en la luz astral de otro sangral poniente Lisa sonríe a solas ya para siempre. Escucho corazón. Yo escucho. Soy tuyo aún. Aun soy primavera. Escucha en la sonata de la luna Que llama a todos y aún espera. Espera La vigilia de un hombre que está solo y espera.

El Vuelo Vertical de Oscar Portela por Edna Pozzi Entonces, Oscar, mientras tus poemas inician su vuelo vertical (¿a qué extrañas alturas?), yo miro las excesivas hojas caídas de este otoño y pienso que cuando escribo soy apenas una pluma de quetzal, con esos pequeños círculos dorados que con el tiempo se van apagando, toman un color de sangre seca, de inevitable melancolía. Claro que me dijeron que el poeta "hace palabras" y por eso tan y tan alta es la dignidad de la poesía. Pero hay otros "saberes", así de misteriosos y secretos, que irrumpen en el mar del lenguaje y tornan ilusorio cualquier intento de aproximación. En ese borde peligroso estamos escribiendo y a veces siento el vértigo de la caída. ¿Cuándo y de qué manera la certeza de la exactitud, el encuentro que no es meramente la nostalgia de lo perdido?

Estoy dándote las gracias por tus palabras y la calidez de tu amistad. Siempre tus poemas me con-mueven de un sitio para el otro, como el mar. Estás "sucediendo", Oscar, haciéndote de a ratos inacabable, fluyendo sobre una meseta de dura soledad. Ahí te estoy acompañando, si me lo permitís. Va un abrazo, un recado para el poeta amigo. Edna Pozzi.-


Turn static files into dynamic content formats.

Create a flipbook
FRAGMENTOS Y OTROS POEMAS OSCAR PORTELA by Vera Laporta - Issuu