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Relatos de Peña Trevinca

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Relatos de Peña Trevinca Coordinador Daniel Boyano Sotillo

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CRÉDITOS:

ASOCIACIÓN CRYOSANABRIA: http://cryosanabria.blogspot.com

Coordinador editorial, diseño y maquetación : Daniel Boyano Sotillo. Fotografías de: Daniel Boyano Sotillo. Tradución senabrés: María José Zurrón del Estal Todos los textos son responsabilidad de sus autores o autoras. Primera edición: Puebla de Sanabria, 27 de junio de 2017. COPYLEFT 2017 (sin derecho de copia o sin derecho de autoría). Publicación libre y gratuita. En caso de publicar y compartir, citar la autoría del documento. ASOCIACIÓN CRYOSANABRIA Plaza del Castillo Nº2 Puebla de Sanabria CP 49300 TeIéfono.:669905458 E-mail: danielboyanosotillo@gmail.com

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INDICE

Pág. 12

PRÓLOGO………………………………………………………….……Daniel Boyano Sotillo

2127 emociones………………………………………Marta Mª Sesma Berhó

16

Aventuras de una gaviota……………………………….M.J. Ferrero

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Caminando

por

Trevinca

entre

nubes

de

31

pensamiento………………………………………………Cruz de Morgana Como en cualquier Libro de Aventura..........……………..ELSOPLO

39

Un sueño llamado Peña Trevinca…….Valentín E. Sesma Berhó

51

Dia Internacional da Montanha - Ascenção Peña Trevinca

58

(Portugués)…………………………………………………….Diogo Almeida Día

Internacional de la Montaña – Ascensión a Peña

Trevinca(Castellano)…………………………………….…Diogo Almeida

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Cuando quiero contar mi historia, Trevinca es lo que cuento.

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……………………………………………………………... Daniel Boyano Sotillo Mi tramo en la Transtrevinca…………………………….I.Camaro S.

84

Asina foi a primeira Transtrevinca…………Daniel Boyano Sotillo

87

Así fue la primera Transtrevinca…………….Daniel Boyano Sotillo

92

Trevinca…………………………………………………………..... Paqui Otero

96

Cazando

99

nubes

en

Peña

Trevinca......................................Lorena Martínez Gutiérrez

Mi experiencia en la Transtrevinca………………….… Estrella A.B.

104

Las voces de la montaña. La montaña une……..Ricardo Muñoz

110

Subimos a Peña Trevinca a contar nubes………Andrés Calderón

118

Experiencias en Peña Trevinca…………………………..…Eva del Río

124

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Árbores e píntegas…………………………………………………Rubén Gil

130

Leyendas de Tierras Altas………………..Gonzalo Alarcos Izquierdo

142

O dia em que te conheci…………………………………….... Sara Pinto

151

Una marcha inolvidable…………………………….Víctor Calonge Paz

158

Cumpliendo promesas no olvidadas……..Mercedes Andre Veiga

165

Peña

169

Trevinca:

durmiendo

entre

estrellas…………………………………………..Xavi Sánchez Lombardero Pena

Trevinca:

durmindo

entre

as

173

estrelas……………………………………………Xavi Sánchez Lombardero

Por las fuentes del Tera…………………………….. Juan Alonso Ruiz

176

Mis huellas ya están en Sanabria……Alina Noé, alma basandere

181

Ciento veinticinco mil pasos…………………..Daniel Boyano Sotillo

186

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I.

PRÓLOGO

Esti yie un trabayu autoconstruído nel que se demuestra que cun a voluntad, ilusión y ganas de mostrarnos el sou sentimiento pur Peiña Trevinca d´un pequeiño grupo de presonas, puede facerse muito. Hay que recordar que nun tenemus nengún apoyu púbrico nin privado para esta pubricación a pesar d´haberlu pescudado. Trevinca, puntu d´encontro das sierras de Segundeira y Cabreira, forma parte del nueso patrimonio ñatural y cultural, y mediante esti tipo de pubricaciones queremus revalorizarlu. Tenemus el deber de recuperar el contactu cun a naturaleza y reconocer a esta muntaña, ya quei ¿cúmu puedese cunservar lu que nun se conoce? Lu que nun se quier, lu que nun se participa d´eillo. Esti yie unu d´os últimus reductos onde as presonas de Senabria y alredores pueden alcontrar cun gran intensidad esa conexión moral, equilibrada y placentera, cun espacios ñaturales salvajes. Siguru que todas as presonas que participamos na elaboración de Rellatus de Trevinca hemos recuperado recuerdos que nus han feitu disfrutar al tecrear as insensibres tecras de nueso ordenador. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 12 -


Para escrebir nueso texto hemus vueltu a sentir fríu, vientu y us cheirumes d´aquel die, y siempre respetando nuesa llingua materna, senabrés, gallegu, portugués u castellanu, purque Trevinca yie un cruz de culturas.

PRÓLOGO (Castellano)

Este es un trabajo autoconstruido en el que se demuestra que con la voluntad, ilusión y ganas de mostrarnos su sentimiento por Peña Trevinca de un pequeño grupo de personas se puede hacer mucho. Hay que recordar que no tenemos ningún apoyo público ni privado para esta publicación a pesar de haberlo solicitado. Trevinca, punto de encuentro de las sierras de Segundeira y Cabreira, forma parte de nuestro patrimonio natural y cultural, y mediante este tipo de publicaciones queremos revalorizarlo. Debemos recuperar el contacto con la naturaleza y reconocer a esta montaña, ya que ¿cómo se puede conservar lo que no se conoce? lo que no se quiere, lo que no se participa de ello. Este es uno de los últimos reductos donde las personas de Sanabria y

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alrededores pueden encontrar con gran intensidad esa conexión moral, equilibrada y placentera, con espacios naturales salvajes. Seguro que todas las personas que participamos en la elaboración de Relatos de Trevinca hemos recuperado recuerdos que nos han hecho disfrutar al teclear las insensibles teclas de nuestro ordenador. Para escribir nuestro texto hemos vuelto a sentir el frío, viento y los olores de aquel día, y siempre respetando nuestra lengua materna, senabrés, gallego, portugués o castellano, porque Trevinca es cruce de culturas.

Daniel Boyano Sotillo ONG Guías de Espeleología y Montaña, Asociación Cryosanabria Club de Montañismo Sanabria, El Huerto del Pozo RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 14 -


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2127 emociones

Marta Mª Sesma Berhó

Un último paso y estás arriba. Cierras los ojos y respiras profundamente. Miras tratando de grabar todas las imágenes en tú cabeza: los colores, los escasos sonidos, el vuelo lento de un águila a lo lejos... Guardas todos estos momentos especiales, te ayudarán en los momentos bajos. 2127 metros, el pico de mayor altitud de Galicia y de la provincia de Zamora. Para algunos puede parecer un paseo pero para tí ha supuesto un gran esfuerzo. Llegar a la cima no es lo más importante del camino pero hay algo especial en la ascensión que te lleva a seguir adelante...

No sé por qué pero Peña Trevinca siempre ha ejercido una atracción especial para mí, quizá por la pasión con la que desde hace años he oído hablar de ella.

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Me gusta la gente que tiene pasión por algo y la comparte y lo hace con tanta energía que sólo de oírles hablar te contagia las ganas de intentar cosas nuevas.

Este invierno ha sido especialmente duro con nevadas fuertes y por eso a pesar de estar casi en verano, desde el principio nos encontramos el terreno encharcado y eso te hace dudar de cómo estarán las cosas más adelante. Atravesamos prados donde unas vacas pastan ajenas a nuestro caminar. Aprovechas para hacer algunas fotos. Esta zona está especialmente bonita en primavera con esos colores amarillos y morados.

El mundo necesita disfrutar de la belleza que ofrece cada día la naturaleza, y por supuesto yo también. Me encanta contemplar una puesta de sol, una noche estrellada, las montañas nevadas, la fuerza del agua que discurre por su cauce… creo que ejerce una mezcla de asombro y relajación y me reconcilia con el mundo saber que tenemos cerca sitios tan especiales.

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Vais ganando altura poco a poco pero Peña Trevinca todavía no se deja ver. Seguís el camino hasta que pronto el paisaje cambia, al fondo aparece humilde vuestro objetivo con el Tera que parece querer guiar vuestros pasos. Caminar en la montaña cuando ya tienes el objetivo a la vista te ayuda, puedes calibrar tu esfuerzo, te vas aproximando aunque también te preguntas si no será demasiado para tí.

Creo que caminar por una montaña, y en este caso subir a una tan especial para mí, como Peña Trevinca es bastante parecido a la vida. Habrá subidas y bajadas, habrá momentos difíciles y otros preciosos y seguro te sorprenderá en muchas ocasiones. El camino lo vamos haciendo día a día y aunque en ocasiones creemos tener todo perfectamente organizado, en cualquier momento la vida te sorprende y te hace cambiar de rumbo.

Ahora que la tienes enfrente de ti, te parece todavía más alta. Antes de cruzar el Tera decidís descansar un poco. Necesitarás fuerzas para el ascenso, llegar a la cima es sólo una parte del

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recorrido. Comenzáis a subir por el valle del Tera y cruzáis un puente para superar el río. Piensas en cómo se formaría este valle, cómo ha cambiado con el tiempo y te sientes pequeño al contemplar todo lo que tienes alrededor. La naturaleza es poderosa y a pesar de la intervención en muchos casos negativa del hombre, aquí parece resistir en todo su esplendor.

En la montaña me siento un poco ajena a lo que ocurre en el resto del mundo. Es fácil desconectar de la rutina diaria y dejar los problemas a un lado cuando estás allí. Desde pequeña oí hablar en muchas ocasiones de Peña Trevinca, esa cima icónica para los zamoranos, quizá por lo que de atractivo puede tener el ser el punto más alto de Zamora. Y eso, mezclado con el cariño heredado de mis padres por esas tierras sanabresas, hace que sienta algo especial por esta montaña.

Varios hitos a lo largo del camino te van marcando la dirección a seguir, y piensas en la cantidad de gente que habrá

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hecho esta ruta antes que tú. Cada uno la habréis vivido de forma muy distinta y para cada uno tendrá un significado diferente. Guardas en tu cabeza esa silueta rocosa, aparece imponente ante tí pero la ves tan cerca ya, que eso te anima a seguir adelante.

Para cada uno de nosotros nuestra vida es única. A ojos de los demás puede parecer que llevamos vidas parecidas, y que lo que nos sucede ya lo han vivido otros antes que nosotros. Pero creo que cada uno lo siente de una forma muy particular. Y que las mismas sensaciones de amor, pena, ira, cariño, miedo...se sienten de distinta forma.

Un esfuerzo más y ya estarás arriba. Miras atrás para ver todo el camino recorrido, no habría sido posible sin la ayuda de tus compañeros, ellos conocen la montaña, su belleza y también sus peligros y te sientes segura caminando con ellos.

Como en la montaña a veces también miro atrás y mi cabeza se llena de recuerdos. Y a pesar de momentos muy duros que hubiera preferido no tener que vivir, también está lleno de otros RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 20 -


preciosos… así que a pesar de todo la vida es bella. Y no sería lo mismo, desde luego, sin toda la gente que voy encontrando en mi camino.

Has preparado una pequeña nota para dejar en el buzón situado en la cima. Cuando la escribiste no pudiste evitar acordarte de la gente a la quieres y ya no está aquí, de lo que hubieran disfrutado de las cosas que haces y de la importancia de las pequeñas cosas. Aquí no pareces necesitar demasiado.

Además de tú mensaje, dejas estas estrofas de un poema que te ha acompañado últimamente. Quizás puedan ayudar a algún caminante en su necesidad de seguir adelante, de comenzar cosas nuevas, en la importancia de levantarse después de una caída...

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“De todo quedaron tres cosas: la certeza de que estaba siempre comenzando, la certeza de que había que seguir la certeza de que sería interrumpido antes de terminar.

Hacer de la interrupción un camino nuevo, hacer de la caída un paso de danza, del miedo, una escalera, del sueño, un puente, de la búsqueda...un encuentro”.

Como decía la estrofa de una canción: “Uno solo conserva lo que no amarra”, y es verdad. Parece que si tenemos más cosas estaremos más seguros y nos obsesionamos por tener todo bien atado: nuestras pertenencias, nuestra gente... en definitiva, nuestra vida. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 22 -


Pero la montaña te da esa mezcla de aventura, de belleza, de libertad y donde todo lo superfluo sobra. No necesitas nada más. El tramo final tiene bastante pendiente para ti. La roca está húmeda y un poco resbaladiza así que te ayudas de las manos en algunos tramos para evitar resbalar. Habéis tenido suerte con el tiempo así que nada te impedirá disfrutar de las vistas cuando llegues arriba...

Un último paso y estoy arriba. Cierro los ojos y respiro profundamente. Miro tratando de grabar todas las imágenes en mi cabeza: los colores, los escasos sonidos, el vuelo lento de un águila a lo lejos... Guardo todos estos momentos especiales, me ayudarán en los momentos bajos.

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Aventuras de una gaviota M.J. Ferrero

Recuerdo aquel día como si fuese ayer. El tiempo estaba un poco alocado y frío, y aún siendo las últimas primaveras un tanto peculiares, se respiraba un aire distinto. Me lancé desde el acantilado,como tantas otras mañanas, en busca de un fresco pececillo para saciar el ayuno nocturno. Fue en ese momento cuando las rachas de viento del norte empezaban a soplar más fuerte. El mar estaba encrespado casi inaccesible. Decidí volar hacia la ría, donde esperaba estar algo más amparada de los fuertes vientos. Cual fue mi sorpresa cuando al llegar a su entrada todo se precipitó en un fuerte pasillo de viento que me arrastro ría adentro y me empezó a elevar cada vez más en un mar de nubes negras. Tan espesas y cargadas que rodaba y chocaba contra ellas como si una ola me hubiese atrapado. Salve los golpes con mucho esfuerzo y bastante pericia, ganada a base de batallar en el mar, y al fin tras un tiempo que se me antojó eterno llegó algo de calma. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 24 -


Los vientos se suavizaron y pude planear sobre una suaves y esponjosas nubes. No tenía muy claro dónde estaba así que las crucé para tomar referencias. Una sucesión de afilados picos y pronunciados Valles apareció ante mi. La nieve caída suave y cubría ese fantástico paisaje, del que en alguna ocasión había oído hablar a otros viajeros en los descansos de sus rutas a norte o sur. Entonces lo tuve claro. Yo también quería conocer más allá, tierras lejanas. Siempre escuchaba aquellas historias con el anhelo de vivirlas y la suerte o el destino me había empujado a comenzar mi viaje. Una osa con sus dos oseznos pescaba en la orilla de un río y mi estómago me recordó que con tanto trajín aún no había desayunado. No me resultó difícil saciar mi apetito y decidí no entretenerme mucho puesto que los pequeños parecían bastante interesados en usarme como juguete y yo ya había tenido bastante batalla para un día.

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Remonte el vuelo hacia el sur. Durante un tiempo volaba sobre las nubes para evitar el temporal que bajo ellas había. Pero el viaje hay que disfrutarlo y mi alma joven y ansiosa de ver y conocer me hizo volver bajo ellas. Por momentos resultaba difícil y cansado, pero las vistas compensaban el esfuerzo y poco a poco me fui haciendo experta en sortear rachas y aprovecharlas en mi planear entre las nieves que caían y algún que otro estallido eléctrico. Los picos se fueron redondeando en mi avanzar. Los bosques cubrían gran parte del paisaje. Me entristecía ver como los humanos rompían esa belleza con sus gigantes caminos negros, dando enormes bocados en las laderas de los montes o con sus chimeneas humeantes y malolientes. Seguía una línea de crestas a mi derecha, que dejaba la izquierda un terreno que poco a poco se iba allanando cada vez más. A lo lejos se veían sucesivas charcas con muros que las contenían. Yo volaba hacia ellas y decidí ir hacia el nacimiento de las mismas. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 26 -


Un tren silbaba en la orilla izquierda, pase junto a un castillo vigilante a sus orillas y seguí río arriba en una selva infinita de robles que empezaban a brotar. Pequeñas aldeas sé camuflaban entre sus ramas. El día iba llegando a su fin, el sol enrojecía y yo disfrutaba de tan bello paisaje cuando me vi sorprendida por un precioso lago. Reflejaba los rojos del cielo te invitaba al descanso después de un ajetreado día. Los montes en que se amparaba estaban blanquecinos. Era un lugar asombroso y baje el vuelo para hacer noche entre las rocas de sus orillas. Fue fácil encontrar alimento para recuperar tanta energía como había gastado. Me dormí rendida por el esfuerzo y feliz de que aquella corriente me hubiese arrastrado a tan bello lugar. A la mañana siguiente desperté desorientada. ¿Dónde estaba?¿Qué había pasado? ¿Y el mar? Poco a poco me hice consciente y recordé el día anterior. Entonces una alegría me lleno de nuevo. Revolotee un rato, me di varios chapuzón es en las aguas dulces del lago, planeé sobre él y aunque el cansancio por el viaje se hacía presente en mi, también la euforia de la aventura me cargaba de energía. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 27 -


Decidí quedarme por esa zona para descansar al menos unos días y así conocer los rincones que escondía. No era un día muy claro. El viento cogía fuerza y poco a poco fue llegando la nieve que me había acompañado en la jornada anterior. Me desconcertaba un poco pero ya me había hecho a volar entre los copos. Rodee todo el contorno del lago y vi el río que había seguido la tarde anterior. En su entrada había un pueblo en el que apenas se veía movimiento y tras este una garganta de paredes profundas, como los acantilados en los que yo había vivido, encauzaban las aguas cristalinas. Volé hacia el cañón para así seguir con mi objetivo de encontrar el nacimiento. Era espectacular, los saltos de agua entre las rocas y las pequeñas pozas que se iban sucediendo. Cada rincón era aún más bello. Me posaba a disfrutar en todas partes.A darme pequeños antojos comiendo alguna truchilla a cada paso. Buscaba en los recovecos de cada lugar como un pajarillo de rivera. En una ladera vi unos tejos verdes oscuros casi negros. Como los que había visto en alguna ermita por mis tierras. Tan mágicos... Una nutria almorzaba panza arriba en el agua. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 28 -


Seguí subiendo siguiendo el cauce que por momentos desaparecía entre las rocas. Yo pensaba entonces que ya había completado el camino, pero seguía sorprendiéndome una vez más. El cañón se fue abriendo levemente y llegué a un muro como aquellos que había visto conteniendo aguas sólo que éste estaba roto y abandonado. Ay.... estos humanos que creen que pueden contener a la naturaleza... A partir de ahí el valle se fue ensanchando y el día se empezó aclarar también. El sol se asomaba tímido entre los nubarrones y les ganaba terreno poco a poco. Las praderas aun tapadas de nieve se iban descubriendo con las pequeñas flores dándoles color. Aquí el río ya se había transformado en arroyo y zigzagueaba juguetón buscando su camino. Poco me faltaba ya para llegar al origen cuando levanté la vista y vi un pico, como una pirámide casi perfecto, cubierto de nieve reluciente con un rayo de sol como un foco iluminándolo. Acentuando su belleza. Coronando el valle del río que me había llevado él. Con sus rocas grises y la nieve blanca que me

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recordaban mi plumaje. Me fascinó y decidí volar a él. Trevinca lo llamaban. Pase largo rato posada en un crucero que allí descansaba. Disfrutando de las vistas, saboreando vientos y templando mis plumas al sol que se esforzaba por dominar el temporal. Cerca encontré el nacimiento del río que se alimentaba de las laderas heladas de Trevinca y los que la rodeaban. Desde el oeste me venían colores a mar desde algún lejano lugar. Me recordaron mi viaje, la aventura emprendida, El deseo de seguir conociendo nuevos lugares y marcaron con certeza ese lugar como uno muy especial que siempre permanecerá en mi corazón y alma voladores.

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Caminando por Trevinca entre nubes de pensamiento

Cruz de Morgana

Desde aquí no puedo ver el mar, mis ojos chocan con las montañas de Peña Trevinca, esas que se dibujan en el horizonte bajando de una en una hacia los barrancos, aquellos que se hicieron con el paso de los años y por las fuertes lluvias de antaño. En contraste con el recuerdo de las avenas secas de mi tierra, el verdeo de tu flora y maravillosa fauna me

sigue

impresionando.Me apasionan tus paisajes: todo está tan verde, hay tanta agua por todos sitios, tu naturaleza es tan pura, tus atardeceres son tan impresionantes. Los disfruto como una niña pequeña cada vez que tengo ocasión de contemplar cómo poco a poco va oscureciendo y el sol va cayendo suavemente por el horizonte de una de tus montañas; cómo el cielo va ganando en esos colores cálidos que me eclipsan la mirada. En el camino de hoy no hay ninguna nube, el azul del cielo va perdiendo su intenso color y se va tornando en uno cada vez más claro. Disfruto mirando más allá de donde el sol se pone. Tras estas RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 31 -


montañas solitarias, antes había caminos siempre polvorientos por el paso de tantos caminantes que surcaban los senderos. Hoy, están ya casi borrados por el transcurso de los años y la desidia; pero cada vez que marcho, junto a mis compañeros de ruta, vuelven a llenarse de vida. Soy de las que les gusta caminar descalza por el monte, soy la única que lo hace, nadie me dice ya nada. Me siento tan bien al hacerlo que mientras lo hago voy mirando sin mirar y notando cómo la tierra me transmite su fuerza, me va dando energía y me va acariciando el alma. Así, me evado y quedo absorta en mis pensamientos que me llevan de un lado a otro. Noto cómo el viento mueve los matorrales, el mismo cuya suave brisa me da en la cara, el mismo que envuelve las olas. Es entonces cuando imagino el mar, ese mar tan lejano que al cerrar mis ojos puedo casi tocar. Ese mar que no oigo, pero que me imagino oír, aunque lo que sí puedo oír mientras camino es un riachuelo. El mar que sé que está, pero no está; el que quiero ver y sentir cerca, pero no puedo. Aun así, en mi cabeza, resuena el rumor de las olas al chocar en la playa y el devenir de una tras otra.

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Al caminar, voy sintiendo todas esas sensaciones que, como las olas, me vienen y se me van a cada paso. Esas olas que, mientras yo a veces extraño, otros sí están percibiendo sin darle ninguna importancia. Mientras recorro mi camino, me pregunto qué haría si estuviera allí. Cada vez más, me rindo en la agonía de la melancolía, dulce pero sin color; tan transparente que casi la vislumbro cuando llega, pero ni la noto cuando se va. Desde ya hace algún tiempo, parece que siempre está a mi lado, no tanto en los momentos alegres sino también en los tristes. Tal vez sea porque cuando la noto, me doy cuenta de lo lejos que estoy, tan lejos como del mar, tan lejos como de la ciudad. Descalza por los caminos voy sintiendo la tierra. Me ilusiono de nuevo con esa imaginaria presencia de mi otro yo en ese otro lugar al que me traslado cuando camino entre este mar de montañas. Entretanto, echo de menos esas tardes que podría haber pasado junto a la playa, mirando ese cielo azul cruzado del atardecer; contemplando esos colores que se difuminan cuando la puesta de sol empieza a dibujarse en el horizonte.

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Sigo mi camino, respirando este aire fresco con olor a tierra mojada. Ya no me preocupa si no puedo sentir cerca ese olor a mar o el sonido de la ciudad. Será que ya me he acostumbrado a disfrutar del lago, sentada en una roca me relaja mirar cómo un sin fin de montañas me saludan; esas que ya conozco y a lo lejos aquellas otras que me gustaría llegar a conocer. Traspasando los ríos, veo como las ramitas no se cansan de jugar con las rocas que bordean las orillas y dibujan en mi mente miles de historias. Ya de vuelta a casa, tras una larga caminata, salgo al balcón cargada de energía a pesar del cansancio. En ese momento noto cómo va llegando el sonido de la noche. Me recuerda tanto a cuando de pequeña me pasaba las tardes esperando a que llegara el atardecer, apoyada en la ventana de mi habitación, con la mirada perdida entre los cerros de almendros en flor en primavera y las avenas secas en verano. Evoco como planeando, muy despacio, desaparecían las golondrinas en el horizonte, con ese sonido ensordecedor que ahora desearía oír, pero que antes no soportaba porque no me dejaban dormir al amanecer. No me cansa recorrer los caminos de Trevinca, esos que me llevan, una y otra vez, de nuevo a los de mi infancia. Sigo RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 34 -


esperando paciente que caiga la noche, que pase este día, que llegue mañana, para volver a andar otros caminos. Hubo un tiempo en el que no andaba y los días me parecían todos iguales. Pero eso ya no importa mucho, ya casi no me importa. Ahora, cuando recorro tus senderos, mi tiempo va muy despacio, tanto que se detiene y alarga mi vuelta a esas paredes donde las horas agonizan. Ya no son los mismos muros de cuando era niña, ahora son de piedra y no puedo imaginar mil formas graciosas en la cal resquebrajada. Todo y nada ha cambiado en mí, sigo teniendo esa pequeña dentro pero más agazapada. Su energía se va desvaneciendo cuando no salgo a recorrer estos caminos. Aunque no quiera, todo seguirá su rumbo, como agua que se desliza del manantial pasando por el río o el estanque hasta llegar al mar. La melancolía, el olvido, todo quedará atrás. Sé que volveré a recorrer tus caminos en mi memoria, pero ya no será igual que vivirlos. Ensimismada, sigo percibiendo cómo va oscureciendo y van apareciendo las primeras estrellas; las cazo en mi retina y hago dibujos con ellas. Sigo jugando con estas igual que cuando era niña,

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esperando con impaciencia ver la luna, esa que me encantaría tener como lámpara una noche más en la montaña. Entonces recuerdo aquella historia de la luna, esa que cuenta que cuando está llena, si nos fijamos bien, podemos ver que dentro de ella hay un hombre cargando un haz de leña. Se cuenta que un día fue a buscar leña y, cansado de la vida, pidió que la luna bajara y se lo tragará. Y así fue. Desde entonces quedó perdido en ella. Pero ¿cómo estuvo ese hombre para desear tal cosa?, ¿cuál fue su error? Esa historia siempre me pareció tan real, que aún hoy al mirarla no puedo dejar de imaginarme su figura: delgado, de tez pálida, de lento caminar, con su enorme haz de leña cargado en su cansada espalda. Siento tanta empatía por ese pobre infeliz, por su terrible cansancio. Me pregunto qué hizo para merecer tal castigo: tener que vagar solo, cada noche de luna llena, tan lejos de casa y de sus seres queridos; entretanto, la luna creía que le hacía un favor. Con esta mezcla de pensamientos –entre la niñez y el presente, y un inminente futuro- otra vez he pensado en tus montañas. Quizás no he dejado de hacerlo en toda la tarde RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 36 -


mientras esperaba la noche, ibas y venías como las olas. Por que sé que un día, tarde o temprano, me alejaré de vosotras, del frío, de la lluvia. No sé cómo ni cuándo, pero todo hará que vuelva. No sé cuánto tiempo, ni cuándo llegará el momento de mi marcha, ni quiero saberlo, ni ponerle fecha. Solo sé que ahora estáis ahí y que os disfrutaré con largos recorridos. No sé si os volveré a ver pronto, pero sí que algún día nos encontraremos de nuevo esta tierra y yo. Entonces, sabré que vuelvo a mis raíces. Uno realmente no es de donde nace, sino que es de donde echa raíces. Y yo eché aquí un par de ellas muy profundas. Seguro que solo necesitaré sentir lo mismo que ahora siento al recordar el mar. Será entonces cuando desde el otro lado de la nostalgia, os note cerca aunque lejos. Será entonces cuando con solo cerrar los ojos podré respirar tu aire, ese aire de Sanabria y de sus montañas. Solo necesitaré evadirme percibiendo el sonido de la noche; solo precisaré pensar que de nuevo estoy contigo en ese silencio tan de aquí, tan de mí. Ya noto el frío. Bajo este mismo cielo, en este mismo instante, alguien está viendo lo mismo que yo desde la distancia. Cada vez que pueda, me asomaré a mi ventana, allá donde esté, y RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 37 -


miraré al cielo. Aunque aún no lo creáis, mis queridos compañeros de viaje, quizás vosotros desde la cima, en ese momento, también lo hagáis. Será entonces cuando estaré de nuevo de vuelta, con vosotros, aún sin estarlo. Hasta entonces yo seguiré cada tarde asomándome a una de mis ventanas, para tratar de haceros llegar mi espíritu. Así, un día, nos encontremos: vosotros allí y yo aquí, con mis recuerdos, con vuestros recuerdos. Solo espero que, llegado el día, mis pensamientos atraigan esa energía del universo, para que me acerquen de nuevo a mi camino de hoy y, aunque en la distancia, pueda vivir en el cielo que yo quiera.

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Como en cualquier Libro de Aventuras

ELSOPLO

Y como en cualquier Libro de Aventuras, éste pudo ser el inicio de esta Historia. […] “Con un soplo hizo volar la tierra naranja contenida en su mano y alzó la voz invocando en alto: -Sabed que sobre vosotros ha caído una maldición. Viajareis a través del tiempo por tierras de Zamora, a parajes extraordinarios, a tiempos pretéritos y futuros, y os pondréis enfrente de peligros inciertos, y de maravillosos lugares y grandes personas; sólo cuando alcancéis Peña Trevinca será el momento de venir a contarlo, aunque dudo que lo lleguéis a contar –entre risas, la vieja señora se fue retirando mientras la masa de una nube negra se abalanzó sobre nuestros amigos, que ante los inútiles intentos de escapar e implorar ayuda, fueron engullidos por un remolino….” RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 39 -


Y como en cualquier Libro de Aventuras, éste pudo ser el inicio. Pero no te entretengo más, te voy a contar lo que después sucedió. En un lugar de la geografía española es donde aparecimos, llenos de magulladuras y arañazos, pues el aterrizaje se produjo entre zarzas. Equis y Zeta, los personajes masculinos de este relato, se levantaron con prontitud. Mis aletas de un “Pez Soplo” ralentizaron mis movimientos de incorporación a la Historia. Sí, es un Pez quien está delante de ti y el que narra esta aventura, no creo que nadie pueda entender algo como imposible ni que sea tan mayor para haber dejado de ser niño, ¿no crees?. Prosigo entonces. La que se quejaba al fondo era Ygri, la chica de esta Historia, no por la situación en la que se encontraban, su preocupación era el pelo, esa humedad le era perjudicial. Unos ojos me miraban fijamente, ahí estabas tú mi querido lector, me guiñaste un ojo, era señal que habías aceptado leer este relato del Trevinca, y sonreímos. Tu semblante marcaba cierta desorientación, como la de los “protas”. Lo entiendo, pero estate tranquilo, nada pasa por casualidad en esta vida. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 40 -


Apenas nos dio tiempo a situarnos, pues enseguida una neblina con olor a comida envolvió nuestras siluetas. Alrededor de la misma danzaban, corrían, cantaban un sinfín de trovadores, saltimbanquis, acróbatas y charlatanes. La gente animaba con sus palmas y las risas y los cánticos se dejaban oír por doquier. Sin duda, se trataba de uno de esos mercados medievales que se montan en las fiestas de los pueblos. Zeta miró a Equis, y con voz entrecortada le señaló sus ropas, iban como todo el mundo, ¡con vestimentas medievales!. La noche acechaba, la niebla daba paso a unas gélidas temperaturas y las diferentes fogatas alumbraban el entorno. Me dirigí a Equis que tenía cierta cara de preocupación. Aún no era consciente que habían viajado en el tiempo y en el espacio, se encontraban en un pequeño paraje a los pies de Peña Trevinca, la cumbre más alta de Zamora. Ygri propuso entre tanto desconcierto comer alguna cosa, ese mercadillo medieval prometía -¡que la mente sólo funciona con la barriga llena! –con medio enfado gritó.

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Al poco tiempo Zeta regresó con unos pinchos morunos y una hogaza de pan, el del puesto le había comentado que los platos de ese mercadillo procedían de la gastronomía zamorana, creo recordar que mencionó la población de “Puebla de Sanabria” Poco duró este momento, porque Equis, siempre tan afín a las relaciones, había entablado conversación con un lugareño de la zona. Un hombre de largas barbas blancas, tela a modo de saco en el costado y un largo bastón que usaba para apoyar sus lentos pero seguros pasos. -Me llamo Daniel, podéis llamarme Dani. ¿qué os hace por aquí? Nos miramos, y no dijimos nada. No se iba a creer ni una palabra si empezaba por “érase una vez la maldición de una bruja”; bueno sí, Zeta creo se inventó una historia poco creíble, tan poco creíble que ni la recuerdo a la hora de escribir esta Historia. Terminó con un Carpe Diem que le salvó un poco de la quema. Dani era un pastor de Puebla de Sanabria, el mismo lugar que le mencionó el hombre del mercadillo. Durante un par de horas, se celebró una gran velada a los pies de un Pico que todos nombraban con respeto, y eso no se me olvida, era Peña Trevinca. Una velada RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 42 -


llena de Historias que no se cuentan, de palabras que no se dicen, de pequeños detalles que posiblemente obvies y de cosas cotidianas que será necesario recordarte. Sin embargo, ésta es una Historia que debe ser contada en otra ocasión, en los próximos “Relatos de Trevinca”. Y lo que no te he contado aún, y necesito que sepas, porque aquel pastor puso mucho hincapié, es que existía una leyenda sobre un lago de origen glaciar, el más grande de la Península Ibérica, el Lago de Sanabria. Todavía no se me -¡Acercaros a la hoguera! -alzó la voz Daniel-, creo que debéis escuchar esta “Historia” antes de iniciar la subida al Peña Trevinca. Como Pez romántico que soy, le tendí una manta a Ygri. En ese momento Zeta aprovechó el inciso para pegarse a la bella protagonista, y Equis volcó más leña, cada vez hacía más frío. Y se dispusieron a escuchar aquella leyenda, bueno, Equis le seguía llamando Historia. Todo se debe a que Equis estaba escribiendo un Libro, concretamente de Historias, pero nunca mejor dicho es una Historia que debe ser contada en otra ocasión. El silencio se hizo, y así comenzó Daniel:

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-Hoy es noche de hogueras, es noche de contaros una leyenda –Y así comenzó-: “Había una vez”… Y absorbidos durante una hora por las palabras del pastor, conocimos que un peregrino, que resultó ser el mismo Jesucristo, llegó un día pidiendo limosna a un pueblo, y ante la falta de caridad lo inundó, y al único panadero que le prestó ayuda, le multiplicó el bollo de pan lo suficiente hasta que alguna barca pudiera rescatar a su familia y así poder comer. Nos quedamos atónitos con la leyenda -¿Y eso es cierto? -preguntó Equis. -¡Y qué pasó con los habitantes! -inquirió Zeta. -¡qué horror! -exclamó Ygri -Es una leyenda y como todas las leyendas las puedes creer o no La hoguera llegaba a su fin, la niebla nos envolvió como una manta helada, les recordé a los “protas” de esta Historia que si queríamos escapar de la maldición habría que coronar la cumbre más alta de Zamora, también te lo recordé a ti amigo lector y aventurero. Zeta tomó en ese momento el mando. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 44 -


–Mañana subiremos a Peña Trevinca. Tal como nos contó el pastor parece que se trata de una de las rutas más espectaculares y atractivas de montaña que se pueden realizar por el Parque Natural de Sanabria, atravesando el maravilloso Valle del río Teramientras gritaba. ¡a descansar amigos!. Nos dirigimos a los sacos. Antes de acostarse en sus lechos, Ygri no pensó en otra cosa que irse de compras por los puestecitos de aquel mercado medieval, cosas de mujeres. Allí encontró un manuscrito cuyo título le captó, “Como en cualquier Libro de Aventuras”, y describía la subida a Peña Trevinca. No dudó en adquirirlo, podría serles de ayuda. Arropados entre sacos y mantas, Ygri leyó todo el manuscrito, una especie de guía para conocer el extraordinario paraje de la comarca. Aquella noche, no hubo nadie que no llegara a soñar. A la mañana siguiente, Zeta nos levantó uno a uno, aún remolones en el interior de aquellos cálidos sacos. A la media hora comenzamos la ascensión, desde el punto que nos había indicado Daniel. Al poco tiempo, Ygri se hizo notar: –¡Mirad chicos! -añadió-, ¡una laguna!, ¡una laguna llena de peces!. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 45 -


Y tenía razón, una especie de lago invadido por peces de todos los colores cuyas brazadas se cruzaban en todos las direcciones creando un armonioso espectáculo. -En el manuscrito de anoche se explicaba algo similar –dijo Equis. – ¡¿pero quién se iba a creer eso!? –concluyó Zeta. Entramos en una gran meseta glaciar, bordeamos un circo que forjaron los hielos cuaternarios. Llegamos a “Peña cabrita”, y seguimos el camino dejando a la izquierda “Laguna ventosa”, descendiendo hacia el valle, justamente hasta el embalse de Vegadeconde. Continuamos hacía adelante, yo intenté ver el horizonte para asegurarme del camino que debíamos tomar. Pero soy un Pez, por tanto, de escasa altura, y Zeta tuvo que alzar la vista para visualizar los hitos y mojones que marcaban la subida y, con suerte, el final de esta maldición, que la verdad, empezaba a tener cierto gusto. Al pasar una pequeña cabaña que debía de servir de refugio a pastores de la zona, Equis leyó an alto: -Refugio del Rio Pedro –gritando a continuación-: ¡Mirar allí en todo lo alto!. Tiene que ser el Peña Trevinca. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 46 -


Y ahí comenzó una vereda para ascender de manera ya lineal hacia la cumbre, la marca del Gr84 era nuestra guía, así nos lo explicó Daniel. Cruzando puentes y pasando descalzos ríos de aguas polares, el grupo fue progresando paulatinamente. Las sombras que reflejaban las montañas se mostraban a nuestros pies, era señal que el destino estaba más cerca. El valle era muy brillante, la montaña de Peña Trevinca era como su lingote de oro. La llegada de los neveros y los 2000 metros por encima del nivel del mar mostraban el camino final mientras el paisaje nos dejaba sin aliento. Nuestras caras eran de asombro ante la magnitud del entorno. Últimas zancadas, últimos pasos, últimos momentos de esta ascensión. -¡Aquí está Peña Trevinca! -dijo emocionada Ygri-. Ya os dije que lo conseguiríamos, 2.127 metros desde aquí hacia abajo. -¡Braaavooooooo! -lleno de júbilo se expresó Equis agarrándose a sus amigos y otros lugareños que allí se encontraban estupefactos antes las reacciones-. ¡Ahora sí que saldremos de aquí!

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El silencio se hizo eterno. ¿dónde estaba aquella señora?. Tenía que cumplir lo prometido, habían coronado la cumbre más alta de Zamora. Nuestras miradas se cruzaron. Nada pasaba. Nada. Pero en ese mismo instante, unos soplos de aire fresco, que removían la tierra naranja casi volcánica de la zona, nos envolvieron en una corriente confusa que giraba y giraba, y giramos y giramos. –¡Esto es obra de la maldita bruja! –gritaba Zeta mientras daba vueltas-. Nunca debimos confiar en ella, nunca saldremos de esta maldición. […] Llamaron enérgicamente a la puerta. Equis residía en un pueblo de Zamora, Granja de Moreruela, estaba en medio del salón con la mano apoyada en un mapa, miraba un país que había redondeado con un color naranja chillón. Os puedo adelantar que se trataba de Perú. –¡Paciencia, paciencia, que ya voy! -quiso tranquilizar Equis. Al abrir la puerta sus ojos se llenaron de asombro, de júbilo, de respeto, de susto, nunca tuve claro esa expresión. - ¡Vaya Zeta ¡ ¡Qué sorpresa! ¡Cuánto tiempo! -habían pasado 2 años desde la última vez que se vieron tras coronar Peña RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 48 -


Trevinca, y regresar al mundo real, aquel mundo que nos correspondía según nuestra fecha de nacimiento. -Hola Equis –con cierta preocupación Zeta le saludó-, tenemos que hablar - No sé si quiero que me lo cuentes - Nos tenemos que ir, ha vuelto

Pudo existir un espacio de tiempo en el que el silencio imperó, no sería capaz de definirlo, pero sí puedo contarte que tras ese espacio, y sorprendiendo a lectores, amigos y hasta este narrador, el semblante de sus caras giró 180 grados, sus miradas se cruzaron también con la tuya, y una sonrisa les volvió a unir, una sonrisa que se tradujo en unas largas carcajadas. -¡Vamos a por el grupo! - gritó con energía Equis. Yo casi ni me acordaba de aquellos extraños relatos de Trevinca, pero si la intención era reunir al grupo, sabía que el siguiente tendría nombre de Pez, así que empecé a vestirme de color naranja comos eiempre. Después iríamos a por ti. No sin antes reunir a Ygri, la chica de este relato.

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Y como cualquier Libro de Aventuras, éste pudo ser el inicio de esta Historia, una historia que a fuerza de repetirse 52 veces se convirtió al final en un Libro llamado “Subiendo España”, pero esta es otra historia y debe contarse en otro momento.

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Un sueño llamado Peña Trevinca

Valentín Estanislao Sesma Berhó

Habíamos hablado durante mucho tiempo de esta montaña, aunque ninguno de nosotros había estado en ella nunca. De hecho sólo la habíamos visto en alguna fotografía de algún libro. Los días anteriores estuvimos en el camping de El Folgoso, descansando y bañándonos en el Lago de Sanabria todos los días. Poco a poco se iba acercando el día de nuestra ruta de montaña. La tarde anterior a la “expedición” estuvimos revisando todas las cosas para tenerlas bien ordenadas en la mochila. La noche fue de nervios por ir a un lugar desconocido, inexplorado para nosotros. Cuando al día siguiente nos despertamos, hicimos los últimos preparativos para comenzar nuestra ruta hacia Peña Trevinca. Las mochilas pesaban muchísimo, pues llevábamos de todo: comida que nos había sobrado en latas, un camping gas muy pesado, cazuelas, platos, ropa, y también una tienda de campaña tipo “canadiense” que repartimos entre algunos de nosotros. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 51 -


La subida por el Cañón del Forcadura se nos hizo eterna, debido al calor y al peso que llevábamos. Con mucho esfuerzo llegamos a la Laguna de los Peces, donde paramos a comer e investigar por dónde continuar nuestra ruta. Con ayuda de la brújula y de un mapa íbamos tomando referencias, en un día con un calor agotador. Desde un pequeño mirador observamos en la lejanía una montaña misteriosa, que identificamos rápidamente (mirando fotos de un libro que llevábamos) con Peña Trevinca. Cuando la vimos por primera vez sentimos algo extraño, una imagen que nunca se nos olvidaría: al verla tan lejos y saber que debíamos ir hacia allí nos asaltaron muchas dudas: ¿ llegaremos ? ¿ será fácil ? Pero lo que sí teníamos era sobre todo la ilusión al menos por intentarlo. Continuamos hacia el embalse de Vega de Conde, y poco después llegamos al Valle del Tera.

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Teníamos que parar a menudo debido al gran peso que llevábamos en la mochila y también para orientarnos y no perder el rumbo. Una vez en el valle comenzamos a remontar el Tera hasta que divisamos ya al fondo la impresionante montaña de Peña Trevinca. Ninguno de nosotros la había visto nunca tan de cerca. Al estar en ese lugar mágico tuvimos sentimientos encontrados: alegría por estar allí pero sabiendo que iba a ser muy difícil (casi imposible) que subiésemos en esa ocasión, pues al día siguiente teníamos que estar en el Lago de Sanabria, y bajar el Cañón del Tera era algo también desconocido para nosotros. Al llegar allí estaba ya atardeciendo. Estábamos agotados, y necesitábamos cenar y descansar. Allí nos encontramos con un pastor, que nos indicó que tuviésemos cuidado y no nos picásemos con las “gatunas” o “gatinas” al sentarnos. Mientras cenábamos mirábamos de vez en cuando hacia Trevinca, imaginando lo que se vería desde la cima, sabiendo que en aquella ocasión no subiríamos.

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Poco a poco se fue haciendo de noche, durmiendo al lado de nuestra montaña, con las estrellas sobre nosotros. La verdad es que tardamos muy poco en dormirnos porque estábamos cansadísimos. Además al día siguiente tendríamos que bajar todo el Cañón del Tera. Cuando nos despertamos comenzamos a recoger todo y, a pesar de tener unas ganas enormes de subir, éramos conscientes de que no podía ser. Poco a poco llegó el momento de emprender el regreso. ¡ Cuánto pesaban las mochilas esa mañana ! Desde Majada Trevinca fuimos caminando hacia Vega de Conde, Vega de Tera, la Cueva de San Martín o la Poza de las Ninfas. Un día entero para ir desde la falda de Peña Trevinca hasta el Lago, y de nuevo por un lugar totalmente inexplorado y desconocido para nosotros. Recuerdo que cuando nos alejábamos de la montaña cada poco volvíamos la vista atrás y pensábamos: algún día subiremos a Peña Trevinca.

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A pesar de no poder conseguirlo ese día, lo pasamos fenomenal en un ambiente montañero, ayudándonos en lo que podíamos, y siempre con la idea de disfrutar de forma sana de la montaña. Desde entonces para nosotros fue un objetivo que teníamos presente. Tuvieron que pasar varios años para que lográsemos subir por primera

vez

Peña

Trevinca,

recordando

aquella

primera

“expedición” fallida en la que nos quedamos tan cerca. También me acuerdo de otras ocasiones en las que he estado en esta montaña, como la ruta desde Porto, pasando por la Lagoa da Serpe en Otoño, con el recuerdo de ir comiendo muchos arándanos que nos aportaban tanta energía para subir a Peña Trevinca desde Galicia. También otra ocasión especial en la que, durmiendo en el refugio de Riopedro, se quedó un cielo totalmente despejado en el que pudimos disfrutar de millones de estrellas bajo el cielo de Sanabria, al lado de Peña Trevinca.

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O más recientemente subiendo desde la Laguna de los Peces para, después de hacer cima, volver por las lagunas de Piatorta y bajar el hasta el Lago en un fantástico día primaveral con la montaña colorida por el morado del brezo en todo su esplendor. Y siempre disfrutando, además de un bello paisaje, de una magnífica compañía, para poder sentir mejor la montaña y recordarla para siempre. Os propongo un pequeño juego. Cerrad los ojos e imaginad que váis caminando en primavera, con las montañas llenas de color morado y amarillo por los brezos y piornos, con el río Tera al lado, recorriendo los pequeños meandros que forma por esa zona. A lo lejos se escucha croar a las ranas. Poco más adelante nos detenemos a ver una ranita de San Antonio. Y de repente, tras un pequeño giro, vemos al fondo la montaña de Sanabria: Peña Trevinca. El desnivel a salvar es importante, pero una vez arriba las sensaciones son indescriptibles. No paras de subir, descansando cada poco para coger aire y contemplar el paisaje. Sigues ascendiendo y de repente te das cuenta de que has llegado. Estás en la cima. Allí unos abrazos con los que están. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 56 -


También aprovechas para sentarte a comer y beber un poco. Y también para pensar en las personas que no han podido estar allí, y que seguro te estarán viendo desde algún lugar. Un instante para dejar una nota en el buzón, y también estar un rato mirando al infinito a través del Valle del Tera, hacia el Lago de Sanabria. Un lugar único. Unos instantes mágicos. Un sueño llamado Peña Trevinca.

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Dia Internacional da Montanha - Ascenção Peña Trevinca (Portugués)

Diogo Almeida

Confesso que aguardava por este fim-de-semana com enorme expectativa. Pela primeira vez íamos viajar pela montanha de uma forma que não estamos habituados, a caminhar. Além disso íamos ter a possibilidade de pernoitar na Montanha, levando a um novo nível a nossa capacidade de autonomia! Ao longo de vários meses fui planeando esta ida ao Parque Natural Lago de Sanabria, com o Daniel Boyano Sotillo do Club de Montañismo Sanabria. Por sugestão dele, acertamos que iríamos aproveitar o dia Internacional da Montanha como mote para este evento. O grande objetivo era a subida ao ponto mais alto do Parque, que é simultânea teto da Galiza e da província de Zamora em Castilla y León. Chegamos a Puebla de Sanabria na sexta-feira à noite, a tempo de ouvir a parte final da apresentação do Daniel sobre a sua ida aos Andes onde fez parte do projecto de investigação CryoPeru, uma RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 58 -


iniciativa de estudo e conservação dos Glaciares da Cordilheira dos Andes. No final da mesma, após um pequena confraternização fomos para San Martin de Castañeda, onde pernoitamos no Albergue de San Bernardo, uma excelente opção para quem quiser explorar esta região. O dia amanheceu como esperávamos, bastante frio, mas as vistas magníficas para o Lago de Sanabria era um excelente indicativo para o que iríamos encontrar. Metemo-nos no carro e subimos Montanha acima até a Laguna de los Peces, ponto de encontro e local de início desta aventura. Ao todo seríamos 14 Montanheiros. Para nossa surpresa não eramos os únicos Portugueses. Foi curioso ter ido à Sanabria conhecer a Helena, a Márcia e o Joaquim, do grupo Caminhantes. Um grupo que seguimos no facebook e que “criou” por exemplo o percurso que realizamos na nossa incursão ao Alvão… O dia estava fantástico, a temperatura era baixa, mas o sol estava radioso e no céu, apenas vislumbrávamos azul. Visibilidade perfeita, para contemplar a Montanha no seu esplendor. Partimos do parque de estacionamento da Laguna de los Peces e seguimos pelo percurso do GR-84. Contornamos lentamente a RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 59 -


lagoa, havia alguns blocos de gelo, a superfície estava serena e o reflexo da Montanha do lago era mágico. Seguíamos na direcção da Laguna de las Yeguas, eu procurava sentir-me confortável, estava a ser tudo novidade para mim, caminhar a ritmos baixos, calçar botas, andar de mochila e ainda por cima carregada. Não foi preciso muito tempo para retirar quase todas as camadas de roupa que trazia. Mas o desconforto que sentia, ia sendo em larga medida recompensado, pela magnífica envolvência que tínhamos. Tudo era motivo para ser fotografado. Chegamos à Lagoa de Yeguas e o contraste de cores era sublime. O azul do lago, o reflexo da Montanha, as cores verde, castanho e amarelo da vegetação… e dizia o Daniel que esta é a altura em que a Montanha está menos bonita! No final da lagoa, existia um refúgio de Montanha, um dos muitos existentes neste parque Natural, que podem ser usados livremente por todos. O grupo aproveitou este local para uma primeira paragem. Tinham passados apenas 5 km, mas o grupo aproveitou para reabastecer, fiquei impressionado com a

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quantidade de comida que traziam e com a quantidade que ingeriram. Nós ficamos por uns frutos secos! Continuamos a seguir as marcações do GR-84, começamos a avistar um maciço à nossa frente e finalmente tivemos contacto visual com o grande objectivo desta aventura. Peña Trevinca. Começamos a descer e avistamos a barragem de Venga de Conde e o imponente vale do Rio Tera, mesmo na base do Pico de Peña Trevinca. Este é um sítio que convida à contemplação, o serpentear do Tera ao longo do vale, os imponentes cumes que o formam e Peña Trevinca, mesmo ao centro. Imaginei como seria este quadro, num cenário de neve. Apesar de estarmos em Dezembro, o calor invulgar não tem possibilitado a queda de neve. Continuamos a descer e entramos no vale do Tera. Caminhamos até ao refúgio de Riopedro, onde montamos acampamento. Este seria um dos refúgios que ocuparíamos para passar a noite. Foi excelente pousar a mochila e aliviar um pouco as costas. A minha falta de treino como estes pesos estava a ser notória. Tínhamos feito pouco mais de 14k. Já levávamos mais de 4 horas de caminhada. O grupo mais uma vez aproveitou para reabastecer. Se no ponto de paragem anterior já tínhamos ficado surpresos, aqui RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 61 -


ficamos de boca aberta com o farnel que todos traziam. Refeições autênticas, já confeccionadas, levando à letra a expressão “paragem para almoço”. Nós, continuamos com os nossos frutos secos e com as nossas barras, mas devo admitir, já começava a sentir fome! Não sei se era de ver toda a gente a comer ou se caminhar nos dá mais fome, a verdade é que a barriga já estava a reclamar, por isso de bom grado, fomos aproveitando as ofertas que os nossos companheiros iam fazendo. A partilha dentro do grupo era fantástica. Terminada a paragem para almoço, partimos rumo ao cume. Seguimos praticamente sem trilho, em algumas zonas íamos encontrando caminhos de pé posto, noutros caminhávamos simplesmente pela vegetação. Fomos subindo lentamente pelo vale do Tera e fomos tomando consciência da enormidade deste local. Seguíamos umas marcações em estacas pintadas de azul que íamos ocasionalmente encontrando, mas o guia do grupo, o Daniel, caminhava com a determinação de quem conhece estas montanhas como a palma da sua mão. Confidenciou-me que nessa semana era já a 3ª vez que subida a Peña Trevinca. Já passavam

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largamente das 14:00 e apesar do Sol e do céu limpo ainda íamos encontrando gelo pelo caminho.

À medida que nos íamos aproximando da base de Peña Trevinca ia pensado para comigo mesmo, como seria fantástico estar ali equipado para correr e subir por ali acima. Será que conseguia ir a trote até lá a cima? Quanto tempo levaria? Mas ali e agora o modo era outro, por isso ia aproveitando para socializar e para registar cada ângulo e cada momento com uma fotografía. Começamos a subir por um single-track estreito, a pendente aumentou consideravelmente mas o caminho não era muito técnico. O trilho levava-nos pelo meio da vegetação, carqueija e zimbro. Eu continuava a contemplar e a fotografar este local majestoso. Com a subida o grupo partiu-se e cada um seguia no seu ritmo. A meio da subida, o single-track que seguíamos na vegetação terminou. Daqui para a frente a subida tornou-se simplesmente divinal, a partir daqui a progressão seria pela escarpa e em vários pontos tivemos de simplesmente fazer escalada!

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Diverti-me imenso nesta parte, bem técnico como gosto. O cume ia-se cada vez mais aproximando e a imponência de Peña Trevinca revelava-se a cada passo. Atingi o cume e senti aquela alegria, aquele disparo de adrenalina que sinto de cada vez que cruzo uma meta! Eu e o Daniel trocamos felicitações, imortalizamos o momento e paramos a contemplar a imensidão que tínhamos à nossa volta e fomos recebendo todos aqueles que iam chegando. A Natália chegou pouco depois. No cume de Peña Trevinca existem algumas particularidades, existe uma pequena caixa onde quem lá chega pode depositar mensagens em papel, logo ao lado existe um pequeno presépio, dentro de uma caixa de madeira, existe uma enorme cruz em cimento que infelizmente desabou e bem escondido e longe do olhar de quem conhece, existe um outro presépio numa fenda de uma pedra. Os nossos companheiros dos Caminhantes chegaram e tiramos uma fotografia todos juntos. Tivemos de esperar algum tempo até todo o grupo se reunir no cume. Com a chegada do último elemento o Daniel sacou de uma RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 64 -


garrafa de cerveja artesanal da Sanabria, que simbolicamente foi partilhada por todos. Tiramos finalmente a fotografia de grupo. Após uma curta conferência decidimos descer para o refugio por outro caminho. Íamos prosseguir pela escarpa sul e contornar todo o maciço que forma o vale do Tera. Começamos a descer, e podemos finalmente ver neve, embora fosse apenas um pequeno bloco com pouco mais de 2 metros. O sol ia baixando e a temperatura ia descendo. Por entre os maciços rochosos iam surgindo nuvens no nosso horizonte, pronunciando o mau tempo que estava previsto para o dia seguinte. Fomos contornando o vale e em pouco tempo as nuvens avançaram sobre a zona onde estávamos e começou a formar-se nevoeiro sobre o trilho que iríamos percorrer. Este conferiu uma aura de mistério a este local, e aproveitei para captar mais umas imagens de grande beleza. O nevoeiro cada vez descia mais sobre o nosso caminho, tivemos portanto que “atalhar” e descer para o vale. Seguimos o Daniel e descemos por uma encosta literalmente em azimute.

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Eu aproveitei para soltar as pernas e descer a trote. Um pouco mais a baixo tivemos de fazer corta-mato no meio da vegetação. Fomos literalmente engolidos pela vegetação e tivemos de nos orientar pelas vozes uns dos outros. Estávamos de novo no vale do Tera e no trilho que havíamos seguido desde o Refúgio de Riopedro. O nevoeiro avançava sobre Peña Trevinca e daí a pouco existia apenas uma pequena janela para visualizar o Cume. Se era era possível tornar aquele local ainda mais mágico, foi naquele momento! Chegamos ao refúgio e decidimos que naquele local pernoitariam aqueles que estavam mais atrasados. O resto do grupo desceu já de frontal na cabeça em direcção à barragem, até ao Refúgio de la Majada de Trefacio. Chegamos e estava livre. Era um espaço acolhedor, com colchões e suficientemente amplo para todos. Eu e a Natália partilhamos este refúgio com o Daniel, o Javi, a Paula e com os outros Portugueses, Joaquim, Helena e Márcia. Pousamos as nossas coisas e fomos à procura de lenha para acender a lareira, com o cair da noite a temperatura estava gélida. Eu e a Natália descemos até ao Rio para recolher água para RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 66 -


cozinhar. Estávamos esfomeados! Pouco tínhamos comido durante o dia. Fizemos uma sopa instantânea e foi a coisa mais reconfortante que possam imaginar. No meio daquele frio, aquela sopa quente, as labaredas da lareira que estavam a aquecer e o calor humano do nosso grupo foram o tónico que todos necessitávamos. É incrível como quando estamos na Montanha damos o real valor às coisas simples da vida e como é preciso tão pouco para nos sentirmos tão preenchidos. O jantar foi todo feito em partilha, ora sopa daqui, ora massa dali, provamos empanada e partilhamos pão. No relógio ainda era cedo, mas nos nossos corpos já parecia que estávamos a entrar pela madrugada a dentro. Ao jantar, seguiu-se um serão dedicado à diversão, jogamos Uno e bebemos licores que o Javi havia trazido. Não sei se era por serem bons, ou se era do frio, mas não tardaram muito a desaparecer! A animação reinava mas o cansaço não dava tréguas. Lá fora estava um frio cortante, mas a Lua Nova revelava um céu como nunca antes havia visto. A imensidão de estrelas fez-me sentir pequenino! Estava na hora de dormir, colocamos um colchão no chão, enchemo-nos de RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 67 -


roupa e entramos para dentro do saco-cama e para nosso espanto, não tivemos ponta de frio. No nosso hotel de 1000 estrelas, passamos uma noite bem melhor do que havíamos pensado. Acordei quente, mas com a cara gelada, eram já quase 8:00 e tínhamos de levantar. O panorama não era animador, estava muito nevoeiro e o tempo estava a piorar. O pior cenário concretizava-se, teríamos de descer para a Lagoa de los Peces. Tomamos o pequeno-almoço e arrumamos o equipamento. Lá fora o dia despertava carregado, mas mesmo neste quadro, a beleza era contagiante. À nossa frente, a água da albufeira da barragem estava literalmente congelada. O frio era gélido e resolvi vestir o impermeável. O grupo reuniu-se e partimos em direcção ao refúgio de Riopedro onde estava o resto do grupo. A meio do caminho encontramos os nossos companheiros e seguimos todos juntos. É incrível como no espaço de poucas horas o pano de fundo mudou radicalmente. À medida que íamos saindo do vale e íamos subindo o nevoeiro parecia vir ao nosso encontro.

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O vento que se fazia sentir tornava ainda mais agreste a temperatura já de si muito baixa. Voltamos ao ponto onde havíamos deixado o GR-84 e começamos a descer em direcção à lagoa. O vento e geada eram de tal ordem que as lentes dos meus óculos começaram a congelar. Os nossos gorros e as nossas luvas ficaram brancos com a geada e as nossas sobrancelhas começaram também a acumular gelo. O cenário mudara radicalmente e com ele novas cores e novas particularidades iam surgindo neste local e conferindo uma outra beleza. Não tardou muito para ficar tudo coberto de gelo. O nevoeiro não deixava ver onde estávamos, por isso foi com surpresa que passado pouco tempo avistamos o parque de estacionamento onde começou a aventura e onde esta iria terminar. Ali estava a meta da nossa aventura e em boa hora apareceu… já me doíam as mãos com tanto frio! O carro, foi a nossa meta, a alegria era grande, mas o frio impediu grandes comemorações. Terminei literalmente de alma cheia! Foi uma experiência extraordinária, partilhar a montanha com pessoas tão diversas e conhecedoras. Gostei muito desta abordagem à montanha, mais RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 69 -


calma e quem sabe mais contemplativa, mas continuo a preferir percorrê-la a correr e com uma mochila bem mais leve às costas. Foi uma grande experiência pernoitar em refúgio e sinto que pela primeira vez fui realmente autónomo na Montanha. A Sanabria e o seu parque Natural é um lugar mágico, com condições excelente para todo o tipo de actividades em Montanha. Vamos certamente voltar, o GR-84 é algo que queremos fazer e além disso, temos de voltar a subir a Penã Trevinca, desta vez a correr!. Um obrigado e um abraço

ao Club de Montañismo

Sanabria e a todo o grupo que partilhou connosco este fim-desemana inesquecível, em particular ao Daniel pelo apoio, incentivo e amizade!

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Día Internacional da Montanha - Ascenção Peña Trevinca (castellano)

Diogo Almeida

Confieso que estaba esperando esta semana fin de semana con enormes expectativas. Por primera vez, estábamos viajando alrededor de la montaña de una manera que no estamos acostumbrados a caminar. También nos gustaría ser capaz de pasar la noche en la montaña, lo que lleva a un nuevo nivel de nuestra capacidad de autonomía! Durante varios meses que estaba planeando este viaje al Parque Natural del Lago de Sanabria, con Daniel Boyano Sotillo Club de Montañismo de Sanabria. En su sugerencia, llegamos a aprovecharíamos del Día Internacional de las Montañas como lema para este evento. El objetivo final era subir al punto más alto del parque, que es al mismo tiempo el techo de Galicia y la provincia de Zamora en Castilla y León.

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Llegamos a Puebla de Sanabria en la noche del viernes, a tiempo para escuchar la parte final de la presentación de Daniel sobre su viaje a los Andes donde fue parte del proyecto de investigación CryoPeru, una iniciativa de estudio y la conservación de los glaciares de los Andes . Al final de la misma, después de un poco de socialización fuimos a San Martín de Castañeda, para pasar la noche en el albergue de San Bernardo, una excelente opción para aquellos que desean explorar esta región. El día comenzó como se esperaba, bastante frío, pero las magníficas vistas del Lago de Sanabria era un excelente objetivo para lo que encontraríamos. Nos metimos en el coche y subir a la montaña Laguna de los Peces, el punto y lugar de inicio de esta aventura reuniones. En total estaríamos 14 Montanheiros. Para nuestra sorpresa, no éramos la única portugués. Era curioso haber ido a conocer Sanabria Helena, Marcia y Joaquim, grupo de caminantes. Un grupo que siguió en Facebook y "creado" por ejemplo, la forma en que hacemos en nuestra incursión en Alvão ...

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El día fue fantástico, la temperatura era baja, pero el sol estaba radiante y en el cielo, sólo se vislumbra azul. perfecta visibilidad, para contemplar la montaña en todo su esplendor. Partimos del aparcamiento Laguna de los Peces y seguir el camino GR-84. lentamente bordeó la laguna, tenía algunos bloques de hielo, la superficie estaba en calma y la reflexión de la montaña del lago era mágico. Nos dirigimos hacia la Laguna de las Yeguas, traté de sentirse cómodo que iba a ser todo nuevo para mí, caminando a tasas bajas, botas de cuña, mochila a caballo y en la parte superior cargada. No pasó mucho tiempo para eliminar casi todas las capas de ropa que llevaban. Pero el malestar que sentía, sería en gran medida recompensado por el magnífico entorno que teníamos. Todo era motivo para ser fotografiados. Llegamos a la laguna de Yeguas y el contraste de color fue sublime. El azul del lago, la reflexión de la montaña, los colores verde, marrón y amarillo de la vegetación ... y dijo a Daniel que este es el momento en el que la montaña es menos bella! Al final del estanque, había un refugio de montaña, uno de los muchos en este parque natural, que puede ser utilizado libremente RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 73 -


por todos. El grupo que tomó lugar para una primera parada. Había pasado a sólo 5 km, pero el grupo tuvo la oportunidad de abastecerse de combustible, me quedé impresionado con la cantidad de comida que trajeron y la cantidad ingerida. Nos alojamos unas cuantas nueces! Continuamos siguiendo las marcas del GR-84, que comenzó un espectáculo masivo adelante y, finalmente, tuvo contacto visual con el objetivo principal de esta aventura. Peña Trevinca. Empezamos a bajar y vimos la presa del Conde Venga y el impresionante valle del río Tera, justo a los pies del pico de Peña Trevinca. Este es un lugar que invita a la contemplación, Tera de la serpiente a lo largo del valle, las crestas elevadas que se forman y Peña Trevinca, incluso el centro. Me imaginaba que sería como esta imagen, una escena de nieve. Aunque estamos en diciembre, el calor inusual no ha hecho posible nevadas. Seguimos a descender y entrar en el valle del Tera. Caminamos hasta el refugio de Riopedro donde acampamos. Este sería uno de los refugios que ocuparían para la noche. Fue muy bueno para aterrizar la mochila y aliviar un poco hacia atrás. Mi falta de formación como estos pesos estaba siendo notoria. Habíamos RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 74 -


hecho un poco más de 14k. Desde que asumimos más de 4 horas de caminata. El grupo tomó una vez más la oportunidad de abastecerse de combustible. Si ya había sido sorprendido el punto de parada anterior, aquí abrimos boca con la mochila cada uno trajo. comidas auténticas, ya realizados, lo que lleva a la letra la expresión "parada para el almuerzo." Continuamos con nuestra fruta seca y con nuestros bares, pero tengo que admitir, que estaba empezando a sentir hambre! No sé si fue a ver a todos a comer o caminar nos da más hambre, lo cierto es que el vientre ya se quejaba, con tan buena voluntad, que estaban tomando ventaja de las ofertas que nuestros compañeros estaban haciendo. Compartir dentro del grupo fue fantástico. Después de parar para el almuerzo, nos ponemos en marcha hacia la cumbre. Hemos seguido prácticamente ninguna ferroviario en algunas áreas que estaban encontrando caminos de pie conjunto, otros simplemente caminado por la vegetación. Estábamos subiendo lentamente por el valle del Tera y estábamos tomando conciencia de la enormidad de este sitio. Hemos seguido algunas marcas pintadas estacas azules que de vez en cuando para encontrar, pero la guía del grupo, Daniel, caminamos con la RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 75 -


determinación de quien sabe estas montañas como la palma de su mano. Me confió que esta semana fue la tercera hora de subir a la Peña Trevinca. Ya ha pasado en gran medida las 14:00 y a pesar del sol y cielos claros todavía nos encontrar hielo en la carretera. Ya que nos iban acercándose a base de Peña Trevinca se pensaba a mí mismo, cómo sería grande para ser allí equipado para correr y trepar hasta allí. Se podría ir al trote para entonces la parte superior? ¿Cuánto tiempo? Pero aquí y ahora lo que era otra, por lo que estaba tomando la oportunidad de socializar y registrar todos los ángulos y cada momento con una fotografía. Puesto en marcha una estrecha vía única, pendientes ha aumentado considerablemente, pero el camino no era muy técnico. El sendero nos llevó a través de la vegetación, carqueija y enebro. Seguí a contemplar y fotografiar este majestuoso sitio. Con el aumento del grupo se separó y cada uno siguió a su propio ritmo. El medio camino, la única pista que seguimos en la vegetación más. A partir de ahora la subida se hizo simplemente divina, de aquí la progresión sería la escarpa y en varios puntos tuvimos que ir subiendo!

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Me divertí en esta parte, así como el sabor técnica. La cumbre vez sería más cercana y la magnificencia de Peña Trevinca se presentó en cada paso. Llegué a la cumbre y sentí que la alegría, que disparó la adrenalina que siento cada vez que cruzo la meta! Daniel y yo intercambiamos felicitaciones, imortalizamos el tiempo y se detuvo a contemplar la inmensidad que teníamos a nuestro alrededor y nos iban a dar a todos los que llegaban. La Natalia llegó poco después. En Peña Trevinca canto hay algunas peculiaridades, hay una pequeña caja donde quién llega puede depositar mensajes en papel, al lado hay una pequeña cuna, dentro de una caja de madera,

hay

una

enorme

cruz

en

el

cemento

que,

desgraciadamente, se derrumbó y bien escondido y lejos de los ojos de los que saben, hay otra cuna en una hendidura de una roca. Nuestros compañeros de caminantes llegaron y tomaron una foto juntos. Tuvimos que esperar algún tiempo antes de que todo el grupo se reúnen en la cumbre. Con la llegada del último elemento de Daniel sacó una botella de cerveza artesanal Sanabria, que RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 77 -


simbólicamente era compartida por todos. finalmente tomó una foto de grupo. Después de una conferencia corta decidió bajar al refugio para otro lado. Íbamos a seguir en la ladera sur y alrededor de todo el macizo que forma el valle del Tera. Empezamos a bajar, y por fin podemos ver la nieve, aunque sólo un pequeño bloque con poco más de dos metros. El sol se bajó y la temperatura bajó. Entre la roca masas estaban surgiendo en nuestros nubes horizonte, pronunciando el mal tiempo se prevé para el día siguiente. Estábamos bordeando el valle y pronto las nubes movía por la zona en la que estábamos y comenzó a formarse la niebla en el camino iríamos. Esto dio un aura de misterio a este sitio, y decidió capturar algunas imágenes más de gran belleza. La niebla desciende cada vez más en nuestro camino, así que tuvimos que "interrumpir" y abajo el valle. Seguimos Daniel y descender por una pendiente, literalmente, azimut.

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Tomé para aflojar las piernas y bajar el trote. Un poco más abajo que tuvimos que hacer a través del país en medio de la vegetación. Estábamos literalmente tragado por la vegetación y tuvimos que nos guía a través de las voces de los demás. Estábamos de nuevo en el valle del Tera y el camino que habíamos seguido desde el Refugio Riopedro. La niebla se estaba avanzando en Peña Trevinca y después de un tiempo sólo había una pequeña ventana para ver la Cumbre. Si se trataba de que era posible hacer que el lugar aún más mágico, que era en ese momento! Llegamos al refugio y decidimos que ese lugar pernoitariam los que estaban más adelante. El resto del grupo se redujo la parte delantera ya se dirigen hacia la presa, al refugio de la Majada Trefacio. Llegamos y era gratis. Era una habitación acogedora con colchones y lo suficientemente grande para todos. I y Natalia compartir esta escapada con Daniel, Javi, Paula y la otra Joaquim portugués, Helena y Marcia. Aterrizamos nuestras cosas y fuimos a buscar leña para encender un fuego con caer la noche la temperatura era fría. I y Natalia bajé al río para recoger el agua para cocinar. Estábamos hambrientos! Habíamos comido poco durante el día. Hicimos una sopa instantánea y fue lo RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 79 -


más reconfortante que se pueda imaginar. En medio de la, una sopa caliente en frío, el fuego de las llamas que estaban calientes y el calor de nuestro grupo fueron la tónica que todos necesitamos. Es increíble cómo cuando estamos en la montaña dan el valor real de las cosas simples de la vida y la forma en que se necesita tan poco para sentirse tan cumplido. La cena fue hecho en acciones, a veces sopa aquí, ahora existe la masa, se prueba empanada y compartimos el pan. El reloj todavía era temprano, pero en nuestros cuerpos ya parecía que estábamos entrando en la madrugada el interior. Cena, seguida de una velada dedicada a la diversión, jugamos Uno y bebidas licores que Javi había traído. No sé si era para ser bueno, o si era el frío, pero no tardaron mucho en desaparecer! La animación reinaba pero el cansancio no le dio tregua. Fuera hacía un poco de frío, pero la Luna Nueva reveló un cielo como nunca antes se había visto. La inmensidad estrellas me hizo sentir pequeña! Ya era hora de dormir, poner un colchón en el suelo, estamos llenos de ropa y se metió en el saco de dormir y para nuestra sorpresa, hemos tenido punta fría. En nuestro hotel 1000 estrellas, pasamos una noche mejor de lo que pensábamos. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 80 -


Me desperté caliente, pero con el rostro frío, era casi 08:00 y tuvimos que levantarse. El panorama no es alentador, que era mucha niebla y el tiempo estaba empeorando. El peor de los casos se hizo realidad, tendríamos que bajar a la Laguna de los Peces. Tomamos el desayuno y empacamos el equipo. Afuera el día en que despertó cargado, pero incluso en este contexto, la belleza era contagiosa. Por delante de la presa del embalse de agua se congela, literalmente. El frío era frío y decidió ponerse a prueba de agua. El grupo se reunió y se fue hacia el retiro Riopedro donde el resto del grupo. En el camino nos encontramos con nuestros compañeros y todos juntos. Es increíble cómo en pocas horas el escenario ha cambiado radicalmente. Como estábamos dejando el valle y subimos por la niebla parecía venir a nuestro encuentro. El viento que se respiraba hace aún más duras temperatura ya muy bajo. Volvemos al punto en el que había dejado el GR-84 y empezar a descender hacia el estanque. El viento y las heladas eran tales que las lentes de las gafas comenzaron a congelarse. Nuestros

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sombreros y los guantes eran blanco con las heladas y las cejas también comenzaron a acumularse hielo. El escenario cambió radicalmente y con él nuevos colores y nuevas características fueron surgiendo en este lugar y dando otra belleza. No mucho tiempo a estar todos cubiertos con hielo. La niebla no deja ver dónde estábamos, así que fue con sorpresa que después de un tiempo vimos el estacionamiento donde se inició y donde esta aventura terminaría. Ese era el objetivo de nuestra aventura y en el momento adecuado vino ... me duele mis manos tan frío! El coche era nuestro objetivo, la alegría fue grande, pero el frío impidió grandes celebraciones Terminado literalmente llena el alma! Fue una experiencia extraordinaria, comparte la montaña con gente tan diversa y bien informado. Me gustó mucho este acercamiento a la montaña, más silencioso y tal vez más contemplativo, pero yo prefiero caminar y que se ejecute con una mochila mucho más ligero. Fue una gran experiencia de pasar la noche en el refugio y se siente como la primera vez que estaba realmente autónoma en la montaña. El Sanabria y su Parque Natural es un lugar mágico, con excelentes RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 82 -


condiciones para todo tipo de actividades de montaña. Sin duda volveremos, el GR-84 es algo que queremos hacer y, además, tenemos que volver a subir la Peña Trevinca, esta vez para correr! Un Gracias y un abrazo del Club de Montañismo Sanabria y todo el grupo que compartió con nosotros este fin de semana inolvidable semana, sobre todo a Daniel por el apoyo, el estímulo y la amistad!.

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Cuando quiero contar mi historia, Trevinca es lo que cuento.

Daniel Boyano Sotillo

Dicen que una misma montaña, en este caso Peña Trevinca, puede ser tan distinta como las diferentes formas de observarla por las personas que la ascienden. Así la aventura no solo consiste en descubrir nuevos lugares, si no en mirarlos con distintos ojos y vivirlos con distinta gente, cambiándonos así la perspectiva totalmente. Esto se debe a que la Trevinca es un almacén de sensaciones al que puedes ascender aunque no estés físicamente en ella al ser las vivencias limitadas mientras que los recuerdos de las mismas son infinitas. Dentro de algunos de estos recuerdos aparecen los paisajes de mayo donde lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. En esta época del año el blanco invierno se resiste a despedirse y a abandonar las cumbres, mientras que la primavera en el valle renace llena de color recordándonos que las flores, como aparatos sexuales que son, siempre han constituido historias de amor, historias de intimidad en el valle del Tera solo vigilado por RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 84 -


la pirámide de peña Trevinca, punto más elevado, después ya solo queda cielo. Así, Trevinca es el límite exterior de Sanabria, un mundo dentro de nuestro mundo, además representa un límite personal, ya que siempre buscamos nuestra montaña interior y nuestra montaña exterior.

Las montañas que hay que mover están en nuestra

mente. Movamos nuestra mente para movernos por la montaña. Poro otro lado, los recuerdos invernales se tiñen de un blanco pulcro y casi impoluto. Ascensiones en solitario, y alguna acompañado, en la que sentía la energía que se dejan todas las personas que la ascienden. En ocasiones no se podía acceder a la cima debido a las condiciones meteorológicas que incrementaba el peligro, pero la cima solo es la guinda, lo importante y el disfrute está en la aproximación, es decir en comerse la tarta. En condiciones invernales en esta montaña exprimes la vida al máximo y obtienes todo su jugo, tanto el dulce como el amargo. Siempre debemos tener una serie de precauciones para que nuestros recuerdos sean dulces y no tenemos que olvidarnos que en estas montañas contemplar equivale a escuchar y que a lo que llamamos problemas en realidad son lecciones. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 85 -


En los meses centrales del invierno Trevinca no cesa de contarnos historias en medio del silencio, solo hay que cerrar los ojos para ver y escuchar todo. Es necesario perderse en esta montaña para encontrarse con uno mismo. En estos momentos te das cuenta que hay que vaciarse de pasado para perder peso y poder moverte en el presente y llegar al ideal de vida que consiste en conjugar la excelencia con la humildad y la discreción. De cualquier modo al día siguiente de visitar Trevinca siempre me encuentro lleno de energía, sentimientos y recuerdos que permanecen al igual que la humedad de la ropa colgada en casa y que no se termina de secar. Así parece que Trevinca quiere continuar contigo, tanto desde el plano material como el sentimental.

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Mi tramo en la transtrevinca

I.Camaro S.

Que no habría de ser un Sábado cualquiera ya lo sabía yo desde el momento que me convenció para unirme a la Transtrevinca. Caminar es algo que hago con frecuencia, aunque no de modo competitivo. Desde mi accidente con fractura de muñeca por una caída de la bici, el ejercicio lo limité a caminar. Mayor estoy yo para una ruta como esa, le dije.- No es preciso hacer todo el recorrido dijo él, lo que te parezca conveniente, mi madre también irá. Eso me convenció, más luego no fue así y allí me encontré caminando con gente joven que para ellos cada paso es un metro. Más de uno pensaría que hacer los tramos en el horario previsto sería imposible, también lo pensé yo. El tramo que me propuse hacer es solo de cinco kilómetros desde Puebla de Sanabria a El Puente de Sanabria serpenteando el camino que bordea el río Tera hasta las majadas del Puente que va a unirse en el coto de Sampil llegando al viejo puente de piedra en El Puente como punto final. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 87 -


Conozco ese camino y cuanto hay en él desde mis años de la niñez y mucho ha cambiado todo en el recorrido, desde entonces. Dos nuevos puentes sobre el cauce del río fueron construidos en años recientes pero mis ojos buscaban entre la vegetación un molino al que más de una vez mis padres me mandaron a moler el grano para hacer pan. En ese molino cernían la harina y quedaba más fina, no como en los nuestros que quedaba con la cascara del centeno, a eso hoy lo llaman pan de harina integral. Recordé como se desarrollaba el día esperando mi turno, jugando con los hijos del molinero (Patarrines) así le llamaban, pero no supe su verdadero nombre. Jugábamos a tirar trozos de pizarras al río y ver como planeaban sobre el agua y yo olvidaba o desobedecía los consejos de mi madre que me decía que estuviera atenta a la “maquila” (cantidad de grano) por el que se cobra el molinero su trabajo. No tengo palabras que puedan definir lo que sentí al ver las ruinas de lo que queda del molino, apenas a un kilómetro está el que algunos han votado como el pueblo más bonito de España… Tenía que animarme y el camino bajo la inmensa vegetación lo conseguía, el canto de los diferentes pájaros y el intenso olor del

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bosque en primavera unido al murmullo del río superaba cualquier atisbo de tristeza por el viejo molino. Más adelante se encuentra un molino convertido en un alojamiento en un hermoso paraje del río Tera, sus aguas allí se vuelven silenciosas pero un poco más adelante se encuentra Peña La Olla con abundantes torrentes de primavera. El agua desprendía vapor de amanecer y por un instante me pareció oír la algarabía de los niños que trepaban a la peña seguidos de Troy y uno a uno se tiraban a la olla antes de ser modificado el río. Que tardes tan hermosas aquellas…Peña La Olla es mi Trevinca alcanzable, la verdadera es solo un sueño. Seguimos andando y poco después llegamos al Puente de Sanabria, el fin de mi tramo.

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Asina foi a primeira Transtrevinca

Daniel Boyano Sotillo

“Recomiendo chevar pouca cumida purque tenemus coche d´apoyo y amás llobu cun fame camina más rápidu”, después de dicir esta frase y una vez reunido el grupu de tres presonas, cumenzamusa a caminar cuando a lluz del sol oufrecía una tímida claridá nel horizonte pero enllenar us espacius fríus q´oucupaba a nueite entre rocas y as fullascas dos árboles. El primeiro dos tramos foi pur caminos tradicionales, entre interesantes y sigilosas falas, y después de que se nos cruzaran dous corzos, a lluz da mañana cumenzaba a gubernar sobre a escuridá apenas sin darnos cuenta. Asimesmo, habíamos avanzado varius kilómetros y estábamos a puntu d´alcontrarnos cun un cumpañeiru que nus aguardaba en Vigo de Senabria. Ampliadu el grupu cumenzamus a chubir el Cañón del Furcadura. Al final del mismu hubimus una baja inesperada y foi trasladado a la Puebra de Senabria sin nengún probrema. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 90 -


Pur outra parte outras presonas del Crub se unían en a Llagona dos Peces para afrontar a chubida a muntaña mais alta de Senabria y Galicia. On nus faltaba a metá del recorrido pur facer peru as fuerzas cuntinuaban firmes pur lu que siguimos as marchas pur un recorridu

d´alta

muntaña

primaveral

espectacular,

onde

mezclábase el morado da urz flurida, cun un cielu azul radiante, el brancu sepulcral da nieve, el amariellu das frores das escobas y el verdor da vegetación exhuberante debido al ascenso das temperaturas y el augua que currié pur todus us rincones. Destacaba el serpenteante y el nuevo riu Tera cun us sous meandros que nun cesaban en serpentear pur el fondu del valle bajo la atenta mirada de Peiña Trevinca. Sin puder sobrepunernos de tan bello paisaje presentouse a nuesa muntaña, Peiña Trevinca, impotente, marcando a fronteira entr´el cielu y a tierra, el llugar onde en algún mumento aliniaronse us pranetas. Descendimos al fondu del valle que recorrimus durante una hora aproximadamente cumenzou el últimu, pero duru ascensu pur as paredes del mayor macizo senabrés.

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Finalmente lu logramus, ficimus cima cumpartiéndolo cun un grupu de muntañeiras y muntañeirus gallegus cun lus que emprendimus el descensu y a vuelta a casa.

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Así fue la primera Transtrevinca

Daniel Boyano Sotillo

“Recomiendo llevar poca comida este día porque tenemos coche de apoyo y además lobo hambriento camina más rápido” después de decir esta frase y una vez reunido el grupo de tres personas, comenzamos a caminar cuando la iluminación del sol ofrecía una tímida claridad en el horizonte pero sobre nuestras cabezas todavía predominada la oscuridad de la noche. La luz comenzaba a rellenar los espacios fríos que ocupaba la noche entre rocas y las hojas de los árboles. El primer tramo transcurrió por caminos tradicionales, entre interesantes y sigilosas conversaciones, y después de que se nos cruzaran dos corzos, la luz de la mañana comenzaba a gobernar sobre la oscuridad, apenas sin darnos cuenta. Asimismo, habíamos avanzado varios kilómetros y estábamos a punto de encontrarnos con un compañero que nos esperaba en Vigo de Sanabria. Ampliado el grupo comenzamos a subir el Cañón del Forcadura. Al RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 93 -


final de mismo tuvimos una baja inesperada y fue trasladado a Puebla de Sanabria sin ningún problema. Por otra parte otras personas del Club se unían en la Laguna de Peces para afrontar la subida a la montaña más alta de Sanabria y Galicia. Aún nos faltaba la mitad del recorrido por realizar pero las fuerzas continuaban firmes por lo que continuamos las marcha por un recorrido de alta montaña primaveral espectacular, donde se mezclaba el morado de la urz (brezo) florida, con un cielo azul radiante, el blanco sepulcral de la nieve, el amarillo de las flores de las xestas (escobas) y el verdor de la vegetación exuberante debido al ascenso de las temperaturas y el agua que corría por todos los rincones. Destacaba el serpenteante y joven río Tera con sus meandros que no cesaban en serpentear por el fondo del valle bajo la atenta mirada de Peña Trevinca. Sin poder sobreponernos de tan bello paisaje se presentó nuestra montaña, Peña Trevinca, imponente, marcando la frontera entre el cielo y la tierra, el lugar donde en algún momento se alinearon los planetas.

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Descendimos al fondo del valle que recorrimos durante una hora aproximadamente y comenzó el último, pero duro ascenso por las paredes del mayor macizo sanabrés. Finalmente lo logramos, hicimos cima compartiéndolo con un grupo de montañeras y montañeros gallegos con los que emprendimos el descenso y la vuelta a casa.

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Trevinca

Paqi Otero

Era de noche, de madrugada, la luna blanca, llena, helada, nos iluminó en nuestra caminata. No había silencios que despejaran, sólo un crujido de nieve blanda y un dormir quieto y, sin almohada, con mucho frío y calor de almas. Con dos amigos subí callada, preparé bultos, viaje y etapas y con ilusión, -e ilusionada- caminé esa noche y la mañana. Un arroyito que con su agua fría y amable, me despertaba. Una mochila que te calienta, cuando caminas, sobre tu espalda. Un claro día, la nieve clara hace el camino, casi te atrapa. A cada paso, esfuerzo y ganas, de llegar alto y ante la falda de una montaña quieta y sagrada, que no se mueve, pero te arrastra. Es Trevinca frontera entre las aguas, es savia nueva, una quimera que crees que abrazas, tiene lenguas que se asemejan cuando se hablan, son sus gentes de un lado y otro, las que la

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ensalzan, por ser ella esencia misma de la mirada, de aquel que quiere tocar un cielo, noche estrellada. Galicia a un lado, a otro Sanabria, podemos desde la cima mirar a ambas, desde la altura toda la tierra es una, sin nombres, sin distinción, sin distancias, no hay límites, no hay banderas, la tierra es nuestra, somos como ella, somos montaña. Llegas arriba, el sol te baña y en esa vista, todo lo alcanzas, eres cometa, eres estrella, eres bengala.. un viento frío te cubre al alba y sientes algo que no declaras: un calor hondo, ¡estás en casa! Y cuando bajas no echas de menos lo que allí pasa, porque sabes, casi segura, que aquella estampa se irá contigo, se irá constante, por donde vayas. Cuando regresas una vez y otra a una montaña, vuelves a ver lo mismo y lo que falta. No hay dos caminos que se parezcan en casi nada, en cada cima, en cada roca, en cada agua, encuentras algo que no sabías y que esperabas. Con seña inquieta otros amigos nos avisaban, la niebla densa con su cortina nos inundaba, y a ritmo rápido avanzas torpe sin ver apenas por donde avanzas.

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Cuando llegamos aquella noche de nuevo a casa, sentimos algo que sólo sientes en las montañas, hay un latido lento, callado y de añoranza que sólo sabe el que ha subido una montaña.

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Cazando nubes en Peña Trevinca

Lorena Martínez Gutiérrez

He tenido la suerte de encontrar las personas adecuadas para trazar mi camino hacia el techo de Zamora, y aunque yo sea zamorana y leonesa este sería un lugar mágico donde unir mis dos raíces ya que su cima con 2127m es zona limítrofe entre estas provincias y la de Orense. Si bien he conseguido llegar a la cima en dos ocasiones, estas se desarrollaron desde dos vertientes distintas. La primera desde Porto de Sanabria y la segunda desde la Laguna de los Peces. A continuación voy a trasmitir mis vivencias durante estas dos jornadas. Era mi primera vez por las tierras de Porto de Sanabria. Fue un día de

Noviembre con temperatura agradable y sol brillante

creando bonitos reflejos de color. Accedimos por un valle siguiendo el transcurso del río Bibey y Xares, disfrutando de una numerosa compañía gallega y sanabresa, estos últimos fueron grandes RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 99 -


maestros sobre el terreno que pisaba, con claras explicaciones que me han ayudado a entender el amplio macizo. La subida fue constante pero de forma leve hasta casi el final. Allí arriba la panorámica era sorprendente, divisando picos como El Moncalvo, El Picón, Peña Negra, Peña Surbia… respirar y sentir el aire que me hacía pensar en que cada vez estoy más cerca de las nubes. Mucha información que almacenar y repasar para la siguiente ocasión. Entre las curiosidades que me esperaban en la cima estaban el belén en miniatura que no podéis dejar de ver, la cruz de hormigón caída que tiene su propia historia y os aconsejo que preguntéis a los ciudadanos del entorno y el buzón donde dejar un mensaje, este posiblemente no llegue a ningún sitio pero dicen que si pides algo en la cima de Trevinca se cumple así que siempre hay que llevar preparadas unas bonitas palabras en busca de cumplir nuestros sueños, enviar agradecimientos para las personas especiales que nos hacen felices y no olvidarnos de aquellos que ya no están con nosotros pero que nos ven desde lo alto, esta vez estaríamos más cerca de ellos. Una vez arriba nos contagiamos de su magia y no faltó la música, el baile y un brindis por muchos momentos así. La vuelta nos llevó a visitar la Laguna de la Serpe, un RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 100 -


oasis en el camino, pero no se confíen, cuenta la leyenda que en ella habita una serpiente y durante las noches de luna llena esta se convertía en una hermosa doncella. Para romper el encantamiento algún joven debía de escupir dentro de su boca. Dicen que tras conseguirlo la laguna se enojó con el pueblo y quien tome agua se muere y quien se mete es arrastrado hacia el fondo. Una vez finalizada la ruta me propuse el siguiente objetivo, subir Peña Trevinca desde la empinada ladera que se divisa desde la cima con el valle del río Tera al fondo. Tras unos meses recorriendo los rincones de Sanabria, elegimos el mes de Mayo porque el colorido del valle es espectacular, entre tonos verdes, morados y amarillos. Con una maravillosa compañía en pequeño grupo, comenzamos en la Laguna de los Peces, muy cerca de allí las ranas de San Antón nos avisaban de su existencia, haciéndonos compañía en gran parte del recorrido. A lo largo de este, llaman mi atención los refugios y chozos de montaña como ejemplo El Refugio de la Majada de Trefacio, situado en el Embalse de Vega de Conde, en el corazón del Valle del Tera. Paramos en el camino, porque todo no va a ser andar, también hay que contemplar todo lo que nos rodea y disfrutar de los pequeños RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 101 -


detalles, pues nos dan información y pistas acerca del entorno. Nos embarcamos en un tranquilo paseo por el valle, siguiendo el transcurso del Tera río arriba con el objetivo puesto en la cima, la cual divisamos al fondo con su inconfundible silueta. Un gran momento que inmortalizar, una imagen irrepetible, pues por muchas veces que realices el mismo camino este nunca es igual, existen tantas variables como la compañía, las sensaciones, el momento del día, palabras, gestos, miradas, el tiempo, la época del año…

siempre está bien plasmar los recuerdos, aunque los

mejores momentos queden grabados en nuestro interior. Y llega el momento de atacar la montaña, cada uno a su ritmo, paso a paso conseguiremos llegar arriba. El miedo a no llegar, no aguantar está presente. Son muchos los que me decían que la subida es dura pero la constancia, perseverancia y el entusiasmo de llegar me hace fuerte. Pequeños pasos, paradas, miradas atrás para ver el avance, miradas arriba en busca del objetivo y un último tramo subiendo en cuatro apoyos, aferrándome a la roca con fuerza. Y una vez más, vistas prodigiosas que te hacen sentir bien, donde encuentras la satisfacción que estabas buscando y la calma en un

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abrazo. Muy pronto volveré a repetir la ruta en la Transtrevinca seguro que nuevos detalles aparecen. Finalizar diciendo que ya tengo puesta la mirada en la próxima subida desde un tercer punto de vista. Un gran conocedor de la montaña me la ha mencionado y según él es hay un cresteo muy bonito. Es desde Vilanova da Veiga, pasando por el Maluro y el Lombo de Rocin. Así que espero con entusiasmo el momento para seguir disfrutando de nuevas aventuras con el objetivo de cazar nubes en Peña Trevinca.

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Mi experiencia en la Transtrevinca

Estrella A.B.

Todo isto que vou contar leva un ano cismando na miña cachola dende que o curso pasado coñecín a Dani nunha actividade programada do Centro de Adultos. Dende ese momento abríronseme as fiestras para poder coñecer, en persoa, a beleza e fermosura de Trevinca. O 20 de abril, aproveitando outra actividade de Dani cos nosos alumn@s, avísame que xa podo facer realidade ese soño. Tan axiña como puiden, póñome a cumplimentar a inscrición telemáticamente. Ese día tan esperado xa estaba a un intre de facerse realidade. Unha semana da cita prevista xa nos meus miolos estaba a percorrer todo ese camiño que me levaría a conquistala. Miraba e remiraba en Internet todas as opinións de xente que no seu día percorreran a tan esperada andaina. A semana anterior xa os meus alumn@s eran partícipes e sabedores do que ía lograr ese sábado 3 de xuño do 2017. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 104 -


Os nervios afloraban de xeito máis inminente e xa non había volta cara atrás. O venres pola tarde ollaba o meu reloxo e dicía: “xa queda menos para que dé comezo esta marabillosa aventura”. E na vida como nada é predicible, esa mesma tardiña unha vaca que se pon de parto. A situación non pintaba da mellor maneira, como así resultou. Dúas da madrugada e parto provocado. Un ser diferente e sen posibilidade de sobrevivir saía de aquel animal que levaba sufrindo tantas horas atrás. A cousa non comezaba nada ben, sería un mal presaxio? Non creo nos presaxios, son meras circunstancias. Nada se ía antepoñer no meu paso firme e convincente a explorar a cima de Trevinca. Unhas bolboretas de mil cores voaban no meu estómago. O insomnio apoderábase da miña mente, revolucionando as miñas neuronas. Por fin chegou o día, xa non había volta atrás, xa nada podía impedir o meu soño. Almorzo repousado, ducha enérxica e todo listo para comezar.

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Dispóñome a tomar un café no Chiviteiro e como se levara unha mensaxe na frente, Jesús saúdame dicindo:”unha que vai ir a Trevinca”. Os meus ollos delataban o que ían lograr horas despois. Xa

no

aparcadoiro

da

Llagona

de

Vigo,

os

nervios

intensificábanse a medida que se ía acercando a hora prevista da saída. Segundo iamos avanzando, a paisaxe non podía ser máis bela, un manto de frores engalanaba ese relevo caprichoso. Lucía con todo o seu esplendor. Xa despois dun bo anaco de tempo camiñando e parolando con uns e con outros, chegamos a un punto de referencia na ruta, a fonte da Cuchilla. Foto para inmortalizar o encontro, uns minutiños de acougo e a seguir co entusiamo no corpo. Sobre todo, cando Dani nos presenta a tan esperada Trevinca. Alí estaba agochadiña baixo unha néboa consistente. De seguido, fotos e máis fotos para dar fe daquel val amplo, verde, exuberante, que nos encamiñaría ao noso destino. Especial ilusión me fixo adentrarme no refuxio de Riopedro aínda que con certa desilusión ao comprobar o mal uso que fai del o ser humano. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 106 -


Cada vez Trevinca íase mostrando máis segura de sí deixándose ver e permitindo que foramos achegándonos a ela. Chegaba o momento desafiante de afrontar a subida que nos levaría a tocar o ceo. Con paso curto e firme ía adaptando o meu ritmo cardiaco a aquela nova situación que estaba a ser bastante incómoda. Pero esa constancia e perseverancia no que me propoño non me podía xogar malas pasadas. Nun momento de flaxidez, tomo a decisión de acougar un intre e dispóñome a tomar un plátano. Se Nadal recupera a base del, o meu corpo non ía ser menos. O resultado foi positivo e pasiño a pasiño seguíamos avanzando. Que envexa ver ese grupiño que subía e subía como se tal cousa. Xa se sabe, “andando se aprende”. Nos meus adentros repetía “veña ánimo que aínda tes folgos para sacar”. Xa non sabía se mirar para abaixo ou cara riba, aquilo parecía non ter fin. Último tramo e xa o tes Estrella. Pero ese último tramo non tiña desperdicio. Subida pronunciada engadindo tramos de roca lisa, agora xa non faltaba de nada para completar esa dura ascensión.

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Por fin teño a un tris a esa xente que berra animándonos que xa o temos. CONSEGUIDO!!! Estou en Trevinca e iso é o único que me importa. Non sinto nada máis que ledicia que brota por todo o meu corpo. O esgotamento deixou paso a unha enchenta de boas enerxías. Fotos e máis fotos, había que inmortalizar ese momento tan esperado. E como non, deixar constancia de que ese día estaba a ser un día especial. De seguido, a néboa voltou facer acto de presenza. Avisándonos de que tiñamos que abandonala, que ese lugar estaba só destinada a ela e a ninguén máis. Ou tal vez fora un preludio para dicirme que tería que voltar se quería alvistar a súa vertiente máis galega?. Pois claro que voltarei, e non vas poder agocharme os teus segredos. Tocaba agora desandar o andado e non era do máis sinxelo para os meus xeonllos algo doloridos. O tramo ao longo do val estaba

a ser moi terapéutico e

relaxante. Pasada a fonte da Cuchilla, aquilo xa estaba a resultar moi pesado. O aparcadoiro non se ollaba por ningures. Tiven a

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sensación de que desaparecera para sempre. Se non fora porque fun atopando máis xente, pensaría que estaba desubicada. Por fin chegamos a ver os coches!!! Pero iso non foi suficiente. Tiñamos por diante un tramo complicado, de camiño pedregoso, no que as miñas pernas xa non respondían. Xa ía por inercia. Que alegría cando me sae a recibir Jose, que non puidendo acompañarme por problemas de saúde, atópoo uns metros antes de pechar o percorrido.Agora era o momento de recuperar folgos onde xa estivera pola mañá. Grazas Jesús por ese chocolatiño rico rico. E, sobre todo, grazas a toda esa xente que sen coñecer o coñecendo me acompañastes cas vosas conversas.

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Las voces de la montaña. La montaña une.

Ricardo Muñoz

No se lo que es, pero Trevinca me llama algunas noches. Cada vez que contemplo el Valle del Tera desde su cumbre es como si nunca hubiera estado, me sigue sorprendiendo y me genera un sentimiento de libertad absoluta. Algo tendrá. La serpiente que forma el río Tera desde su nacimiento en el macizo hasta la presa de Vega de Conde es como un animal hambriento que se mueve en libertar, corre y se ensancha cuando come en primavera, y adelgaza y ralentiza cuando con los calores y sequía del verano. Fue hace casi 30 años cuando descubrí Peña Trevinca, antes no conocía su existencia, perdón por mi ignorancia, pero si no eres de Zamora u Orense pasa desapercibida, no es un referente comparable con otras famosas montañas peninsulares de Pirineos, Picos de Europa, Guadarrama, Gredos, León o Granada. Pero cuando la descubres en los mapas del tiempo, cuando ves sus fotos RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 110 -


desde cualquier punto de referencia, dices... ¡ tengo que subir allí !. Eso me pasó la primera vez que fui a Sanabria y me sigue pasando hoy en día. Recuerdo esa primera ascensión en solitario, sin móvil, ni GPS, solo con mi mapa del Servicio Geográfico del Ejército. Me puse en marcha en la Laguna de los Peces, caminando rumbo a la esa montaña misteriosa, atravesando rigueiros, lagunallos, prados, pastos con vacas y mastines, yeguas y caballos, poco a poco te acercas y desde Río Pedro la admiras, abajo Vega de Conde, un poco más arriba Lacillo, y al fondo del Valle, está Trevinca. Continuas el camino y cuando por fin te encuentras frente a ella la reconoces descubriendo toda su grandeza e inmensidad. Sirve de cierre al valle de origen glaciar del río Tera que en unos kilómetros te lleva hasta su base. Trevinca es única aunque tenga muchas máscaras que se quita y pone en cada estación del año y a cada momento del día. Desde aquella primera vez que te deja coronarla con esfuerzo, ya solo piensas en el día que volverás. Que suerte tienen los habitantes de la zona afortunados de tenerla tan cerca. En estos 30 años he subido en distintas estaciones, y todas acompañado de RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 111 -


familiares, amigos y desconocidos (excepto en la primera en solitario). En cada trayecto encuentras MOMENTOS únicos, en los que siempre descubres algo nuevo y conoces a alguna persona que te sorprende, diferente, y que ya estará en tu pensamiento y pasará a formar parte de tu vida. Cada viaje es una recargar de pilas hasta el siguiente. No hay 2 veces que repita la misma máscara, unas veces con nieve, blanca, otras veces con flores, amarillos, blancos y rosas, combinando el verde y el marrón, azules de sus aguas, y grises de sus piedras y sus nubes, no hay color que no aparezca en el camino y en el horizonte. Su figura cambia dependiendo del lugar donde la mires. aparece y desaparece en el horizonte. Muchas han sido las veces que la he coronado, y muchos los compañeros de viaje desde la primera vez en solitario que ya no repetí. Cuales son los motivos para volver y repetir ? No lo sé, quizás la sensación de libertad que supone estar tan alejado de las grandes ciudades. Siempre te enseña algo diferente, personas de otros lugares que se vuelven tus compañeros inseparables, cada uno con su historia y con una vida muy diferente, pero todos con la misma RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 112 -


pasión por la montaña, con la libertad, la solidaridad y la sostenibilidad del Medio Ambiente como bandera.

Recuerdo aquella vez que subí con mi amigo Chema y mi inolvidable perrita y compañera llamada Dulce. Llegamos a la cima, un fresco día de Agosto. Llevábamos los trofeos de un buen cocido, su panceta, su choricito, su morcilla, su tocino…, la bota de vino, y zasca, buscando la hogaza de pan de Mombuey en la mochila, resulta que el pan no estaba, se había quedado olvidado encima de la mesa de casa (Murias). Las prisas de la mañana y del madrugón. Que disgusto. No nos olvidaremos de aquella vez. Hasta mi perra se quedó extrañada. Recuerdo la bajada y cómo Dulce (mi perrra) se adelantaba a nosotros buscando agua y sombra donde tumbarse para sobrellevar el calor de Agosto. Recuerdo aquella otra vez que subí con familiares y amigos, y con un chico alemán que le faltaba el aliento, y no volvería a ver. Recuerdo subir con una panda de jóvenes muriatos y deslizarnos como críos por los neveros superiores en pleno mes de Agosto. Ninguno de ellos había subido nunca, los más deportistas RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 113 -


casi subían corriendo y los menos con mucho esfuerzo y paradas para tomar aliento en ese último tramo que no tiene tregua. Que risas resbalando por un nevero, corriendo y jugando como críos. Que calor pasamos a la vuelta, buscando regazos del río para meter la cabeza y enfriar la nuca. Como pega el Sol en el Valle al mediodía en pleno verano. Recuerdo también aquella ocasión, con nuevos compañeros desconocidos hasta ese momento y que dejaron de serlo para siempre al terminar. Bajamos casi desde la cima corriendo, gritando y saltando sobre la nieve semidura con mis amigos de El Soplo, aquel mes de Abril, en lo que supuso su Etapa 1 de "Subiendo España a un libro", el arranque de una aventura que duraría 1 año. Descalzarnos para cruzar el arroyo que baja de Lacillo con una agua helada y procurando no resbalar. En pocos segundos dejabas de sentir los pies por la baja temperatura del agua. Fue un gran día que terminó con un Pulpo a la Sanabresa en La Terraza de San Martin de Castañeda, de los mejores pulpos que se pueden tomar. Gracias Oscar. Recuerdo al año siguiente volver a subir, esta vez desde Vilanova (Orense) la Etapa 52 de la misma aventura del año RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 114 -


anterior que suponía el cierre de la primera parte del reto de subir en 1 año la cumbre más alta de cada provincia española. Sergio y Fernando que grandes sois, zamoranos. Lo lograsteis no sin dificultades y a contrarreloj durante 1 año. Dejasteis buenos amigos que siguieron pendientes de vuestras posteriores aventuras, Himalaya, Islandia y Siberia entre otras. Recuerdo las subidas desde Porto, con Urkitos y su especial forma de organizar todos los años la ya clásica subida de Semana Santa a Trevinca desde Porto. Aquel año con nieve primavera en las que todos nos hundíamos en la nieve, los más pesados como yo, a veces hasta la cintura. Aunque no fue la más larga, fue la más cansada por las condiciones del terreno. Que bien nos hubieran venido unas raquetas de nieve. Mi perra Dulce subió conmigo varias veces, era incansable, un cruce de pastor/mastin de 42 kg. que recogí abandonada en una gasolinera de Toledo y será imposible encontrar a una compañera fiel y cariñosa como ella. Durante 12 años me acompaño en todas mis aventuras montañeras, casi hasta el final de sus días. Ahora sé que cuando subo me sigue acompañando su aliento y jadeo continuo detrás de mí y no dejo de escucharla. Leí en sus ojos la RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 115 -


última vez que subimos a Trevinca, que era el sitio donde deseaba descansar para siempre. Y así lo hice. Aquella subida de la Etapa 52 con El Soplo y con compañeros del Club de Montaña de Sanabria llevé conmigo sus cenizas, que pude esparcir desde la cumbre de Trevinca, y dejar que el viento las alejara y sembrara por todo el valle del Tera. Allí duerme su “karma”, allí reposan sus restos, y allí me recibe cada vez que vuelvo a subir y la siento y la escucho. Algún día también mis cenizas reposarán allí. Algún día terminaremos juntos de nuevo. Ese es mi deseo desde la primera vez que subí Trevinca. Así lo conocen mis personas más queridas, y ahora por primera vez lo dejo por escrito. Este relato también servirá de declaración de últimas voluntades, para que mis amigos y compañeros lo sepan. Allí podréis buscarme algún día, mi espíritu os vigilará y empujará hasta la cumbre cada vez que volváis a Trevinca. Y como no,

Recuerdo la ya clásica TRANSTREVINCA que

comienza en Braganza: 90 Km., 21 horas, y 125.000 pasos, sólo al alcance de personas especiales como Dani, alma de montañero, corazón de Sanabrés, de Zamorano, y sobre todo de ciudadano del mundo que siempre nos sorprende con ideas, propuestas y RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 116 -


aventuras nuevas. Algunos solo podemos hacer alguna de sus etapas, en concreto los últimos 24 Km. que en 8 horas y con sus 1.000 m. de desnivel acumulado desde Peces (ida y vuelta) suben a Trevinca. El Club de Montañismo de Sanabria y CryoSanabria, con Dani, Suso, Luciano, Valentin, María José, Sergio y otros muchos compañeros está consiguiendo poner a Sanabria y Trevinca donde se merece. Después de este pequeño relato de vivencias, el mensaje está claro, la MONTAÑA UNE, no separa como nos decía de pequeños....al estudiar geografía. El macizo Trevinca UNE provincias, Orense, Zamora y León, UNE regiones, UNE comarcas, UNE países, y sobre todo, lo más importante.....UNE PERSONAS para siempre. TREVINCA UNE.

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Subimos a Peña Trevinca a contar nubes

Andrés Calderón

Me tropiezo con una foto y me acuerdo de todo. Es por eso, que aprovechando un rincón de tiempo, de los que viven en los domingos que se visten de nubes y lluvias, me siento con la nostalgia como guía y evocaciones en las puntas de los dedos… y con algunas notas que señalan el camino, escribo. Érase que se eran, unos pocos caminantes elegidos por el caprichoso destino en un sábado soleado del año 95. Teníamos tiempo, y sobraban ganas. Además de un mapa, un camino, mochilas cargadas y 30 años en la mirada. Todo en contra de un destino esperaba a 23 Km, entre sube y bajas, aristas y cuestas que separan la Laguna de los Peces del risco de Peña Trevinca. Los detalles de aquellos años van y vienen en oleadas. A veces tenues y otras intensos como si no hubiese pasado casi tiempo. No soy de anotarlo todo en diarios, pero son muy sensible a las miradas que me tienden desde las fotos del pasado. Son 2 minutos

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mirando una foto y hasta con demasiada nitidez, se obstina mi mente en rememorarlo todo. Éramos y por suerte para mi, muchos siguen siendo, buenos amigos de los que se conocen de poco tiempo y ya comparten mucho. Nuestras rutinas en el día a día eran de lo más diverso, pero nos juntábamos casi todos los días, cuando el trabajo nos dejaba y casi ningún buen motivo nos acercaban los pasos de cada uno para estar juntos. La excusa, que sé yo, un bar, un partido, “el búho”, un paseo, otro bar, un bañito en Los Enanos, una parrillada, y con suerte un “finde” bien aprovechado, todo junto y revuelto, que para eso éramos lo jóvenes que fuimos. No había fórmulas para quedar, ni hora, ni sitio (ni por supuesto whatsapp), ni escusa ni petición en concreto. Éramos amigos y estábamos allí. Luego ya sí, luego cambiaron las cosas para algunos pues carantoñas y amoríos se abrieron paso para algunos de los que fuimos compañeros de mochila. Pero de aquellas, entre algunos, costaba algo más que se hablaran… no todos somos igual de sociales. Aun así, tal y como pasa a veces cuando se juntan sendas y caminos, la falta de conversaciones previas cuando se sazonan con respeto al otro, no provocaba incomodidad, más bien RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 119 -


resultaba relajante y agradable. Además de compartir silencios y trinos, arroyos y vientos entre las ramas, se buscan entre las experiencias vividas puntos de encuentro y aficiones compartidas. Dejamos el coche, encasquetamos gorros, apretamos cinchas y miramos al norte. Allá vamos peña…cuando empezamos las primeras cuestas de un feliz día de un sábado cualquiera, se hacía con frases cortas y gentiles primero (recelosas del camino que faltaba por hacer) y con conversaciones más fluidas según se iba desentrañando la senda. Todas valían, todas enriquecen amistades y todas son, a su manera eran significativas. Aquí creo necesario mencionar que empezó la ruta con un ritmo demasiado alto, debido creo, a los nervios de emprender la ruta, además del engaño que proporciona el fuerte desayuno a la hora de medir las fuerzas y de que pensábamos, que si subíamos aquellas cuestas que parten de la Laguna de los Peces ya tendríamos mucha pendiente subida que no tendríamos que volver a bajar…. ¡Ilusos!. Pero se pasó, se pasaron esa y otras cuestas, se bajó, se paró sólo a veces y poco tiempo y otras veces se paró de verdad y se llenó la panza y entre chistes y comentarios se acercaba el gigante sigiloso hasta ponerse justo delante. Ya está aquí, ya llegamos, ya RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 120 -


te tenemos cogida la medida amigo y sin más preámbulos… allá vamos. En lo peor de los últimas desniveles, y no nos preguntéis por qué, lo echamos todo a quemar, no nos quedamos nada. Lo poco o mucho que teníamos se nos fue en las últimas cuestas. Y es que…, ahora me acuerdo… cuando habíamos pasado los 2.000m. con el sinsentido que respalda la más tonta jactancia masculina se oye, “…a que subimos a ritmo?...” que soltó un zamorano de Zamora… y le contestó un “por supuesto” un vasco medio sanabrés y todos a una, aceleramos el paso… “la primera nube colgada la cuento yo”…, …y de repente las conversaciones cesaron, las vistas a lo lejos se cambiaron por mirar por donde se pisa y poco más. Poco a poco nos racionaron el aire como si hubiera poco, y aquello se convirtió por último, en un verdadero ejercicio de autosuperación. Nos dimos ánimo unos a otros mientras aún nos veíamos, aunque no fue siempre así, pues se alargó la fila de sofocados hasta que ya en la cima, el primero tuvo que esperar 20 minutos a que asomara el último. Teníamos claro que el mucho tiempo dedicado a subir a este monte normalmente, calvario hoy, el engañoso sol de abril, la RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 121 -


siempre poca agua, el mucho esfuerzo que fue y que recuerdas en forma de agujetas, se verían superados por la recompensa de un horizonte que hablaba alto y claro en vasco, gallego, sanabrés y cazurro. En el mirador de nubes colgadas que es Peña Trevinca nuestros ojos son mezcla de cansancio, sed, hambre y más fatiga de la que nos gustaría admitir….pero aún y así, la vista desde allí era sobre todo serena. Justo de ese tipo de serenidad que da el agotamiento. Apenas se oían ya cuando posábamos, los acompasados jadeos de las últimas cuestas y ya vestíamos todos como uniforme oficial de la hazaña superada, una sonrisa en las caras que ocupaba todo el rostro. 22 Años han pasado… el vasco (Juan Carlos) ya se fue a contar nubes a su tierra que es justo de punta a punta, la otra esquina del espinazo cantábrico, del que los montes de Sanabria y Carballeda son su comienzo. Se esparcieron por Zamora los muchos zamoranos que allí subieron. Los casados, casados siguen (Marcial y Adela) aunque ahora que tienen ya una moza universitaria (Marina) y son segovianos de adopción. Otro zamorano (David) apasionado de remar piraguas en el lago de Sanabria encontró RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 122 -


trabajo en Valladolid y sin quererlo, tropezó luego con amoríos zamoranos por lo que va y viene ese camino, cual golondrina al río cuando hace el nido…incansable. Un ciclista (Lucas) de los que disfrutaban de las revueltas carreteras sanabresas, está ahora en la capital añorando con llano golpe de pedal, estas cuestas que huelen a brezo y piorno. Otro más, zamorano (Óscar) un primo zamorano también (Toño) el primero ha venido por placer (rutas y bares) y por trabajo (a esto vino más serio) una y mil veces y espero allende estos meses, aún lo veamos por aquí de nuevo, el segundo (primo zamorano de Óscar) se volvió a la capital a casarse, volverse un padrazo y dedicar la poca energía que le dejan sus hijos animar al Zamora C.F. A Salamanca volvió, la que de allí era (Carmen) y ahora viaja a Galicia por encontrarse allí con su meloso acento, a un gallego de Santiago que la invitó a un buen ribeiro. Y no me olvido de Ana, que era y es Sanabresa día a día y que se sacrificó por inmortalizar el momento de llegar a esta peña llamada Trevinca. Por cierto, el conteo de nubes… fácil, ¿verdad?.

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Experiencias en Peña Trevinca

Eva del Río

Todos reunidos al inicio y al final. Así nos encontramos los nativos de nuestra tierra, Sanabria. La apreciábamos pero no sabíamos hasta qué punto es inabarcable. Trevinca es nuestro referente vertical, el que nos ha unido en varias ocasiones ya, que saboreamos, que permite que nos conozcamos, siempre prominente, vigilante, observadora de tres delimitaciones: Galicia, nuestra Sanabria y León, pues a lo lejos, en un punto, también nos invita a vislumbrar Las Médulas, otro referente cercano e inigualable, cargado también de historia, como la tierra que pisamos… La primera vez que coronamos su cima sentimos lo más bello de la zona, el compañerismo. Todos caminando hacia un mismo fin, la cima. Mujeres, hombres, chicos y chicas, niños y algún animal de compañía que siempre hace más grato el caminar. Sonaba una fina melodía, como suele ser habitual, en el ensordecedor ruido del paso al caminar. Cada paso individual marca el compás del grupo. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 124 -


Se escuchan suspiros, pájaros y de fondo se oye a la gente cantar, y por qué no, improvisar. Español, inglés y entre risas y entusiasmo saboreamos de la misma manera la lengua de nuestra tierra, palabras, palabros, al fin y al cabo, nuestra identidad. (Los idiomas nos unen como siempre) ¡Qué bello poder compartirlo! Y qué bello ver un mundo igual… En esa primera ocasión, recibimos a los más bienaventurados en la Laguna de Peces. Caras sonrientes, sofocadas, abrasadas por qué no, después de 12 horas que llegaban ya selladas en sus rostros por cada paso nocturno revitalizado al recibir el sol. Era mediodía, los momentos vacuos quedaban atrás. Las nuevas caras, las chicas alemanas, el almuerzo, el pastel de chocolate y el agua, mucha agua. Pura vida. Y reposar, para poder avanzar (que no se nos olvide). Nos dimos los buenos días y la nueva horda empezó a caminar con un objetivo común: disfrutar. Llegar antes o después qué más da, lo importante es participar, compartir, hablar y caminar… cuántas risas, pues uno comprende en los momentos de esfuerzo cuán necesaria se hace la clave de humor, y de sol, para acompañar la melodía. Paso firme. Silencio. Soledad. A tu paso siempre hay vida, y en la sierra de Sanabria, más. Tenemos caballos RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 125 -


sin bridas, derrochan elegancia por cierto y una bravura sin igual. ¿Quién los doma? Parece que te quieren hablar. Hay terneros con sus mamás, vaya estampas, parecen cuadros pintados por Millet o Caillebout. Dulces pero bravos nos regalaron un momento a todo trote y galope. ¡Ay si nos pillan al pasar! enfurecidos se vieron por Toby, uno de nuestros perros y como es normal también X se unió al juego. X se hizo amigo de Toby ambos fueron los pequeños compañeros de la horda. Y enemigos de las vacas y terneros, todo hay que decirlo. Por un segundo no salieron volando por los aires los perritos de una coz, pues fueron a buscarla agarrados a las patas de los bravos pero dulces animales de la sierra. El episodio tuvo un final feliz. Feliz iba la horda, ya dispersa, cuyos extremos empezaban a distar. Una que se quedaba atrás, que si estaba cansada y no podía… ¡yo la oía cantar! Eso es que yo también iba atrás, suelo ser una rezagada, al ritmo de mi compás. Al cabo de pocos minutos muchos otros quedaban atrás. Esto debe ser así, el tiempo es relativo. Unas veces se corre mucho y otras veces ni se ve a la gente pasar. Pero que no se nos olvide, levantar la cabeza siempre hace disfrutar. Vistas hacia Trevinca pero con la rosa de los vientos RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 126 -


por delante y por detrás ¿Hacia dónde avanzar? Adelante, adelante que hay que llegar… Cuatro puntos cardinales, tres fronteras y muchos pasos que se empiezan a quebrar. Al fondo, la tercera laguna, la de Yeguas nos había dado ya el impulso para cambiar el ritmo, la tercera nos hacía ahora saltar. El culmen se veía más cercano, venga ya casi lo podemos tocar. Ja, decían unos pocos, eso mismo sucede siempre cuanto más cercano se presenta más lejos parece que está. Será igual que antes cuestión de relatividad. Un tropiezo, otro tropiezo, ¡hay que esperar! Somos un grupo que se creó al azar y no somos pocos al final. Mientras unos se toman un kit-kat otros aprovechan para adelantar y así sigue la horda cuyos extremos ya se unen con la mirada. El camino es largo, para algunos lo es mucho más. Largas horas…

amenas,

divertidas,

ansiogénicas,

entusiastas,

prometedoras, compañeras, discontinuas pero eficaces. Un grupo y unos niños que aprenden que lo que puedan hacer juntos en esta marcha podrán quizás hacerlo solos en el futuro. Y que nadie deja a un compañero para alcanzar la cima solo. Eso lo sabíamos bien todos los que participábamos en la marcha, eso creemos. Esperar, todos esperamos porque el día pasaba sin prisa, pero sin mucha RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 127 -


pausa, pues había que volver antes de que se pusiera el sol. Los tiempos iban controlados, como debe de ser en la montaña. Otro bocado, pausa, agua. No nos olvidemos del agua, ni de las risas. Pues ya hemos llegado, todos. Los perretes también, contentos. Toca volver. De nuevo risas, hasta de lo malo se ríe uno, pues un caminante quiso saltar a las rocas gelatinosas cubiertas de ova y liquen. Mira, mira, voy a saltar…¡pam! Menos mal que rió en vez de romper a llorar. Las risas se propagan, son propensas a la expansión y todos los que lo vimos tampoco lo pudimos evitar ja, ja, ja. Seguimos, el sol se empezaba a enfriar. ¡Ay mamá! Otro tropezón pero no más. Somos todos campeones y planeamos una pronta vuelta a la cima de Sanabria. Y al año que viene, más. Más fruta, frutos secos y plátano con chocolate, también pan. El pan de nuestra tierra nos sabe a mar. Esperamos a todos y a cada uno del resto, los nombres ya nos resultan familiares, es lo que tiene el compañerismo, poner un nombre a la identidad. Todos somos amigos y nos volveremos a juntar. Al final. Suenan las trompetas, llega el Chiri en furgoneta y las cervezas nos esperan en el bar. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 128 -


Cuán grata fue la experiencia, cuántos pasos unidos al ritmo de mi compás. Gracias compañeros, al año que viene volveremos a juntarnos, para andar…

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Árbores e píntegas

Rubén Gil

Breogán mirou á esquerda, á dereita, mirou cara atrás e sentiu que o ía acadar, que agardaba un longo camiño por diante pero que o importante era marcarse un obxectivo, e isto era un obxectivo asumible, unha decisión acertada. Anxo comezou a dar brincos como querendo amosar a súa alma ceibe e irredutible. A discusión no curuto lle deixara certo desasosego, mais tamén unha necesidade de amosar que as súas crenzas eran fortes como as súas pernas, e que podía baixar ata o val como o rapaz que foi ata hai ben pouco.

O vento xa calara, semellaba ter fuxido entre os ocos de luz roxa que as nubes comezaban a amosar. Camiño do val a calma era densa pero era calma. Os ceos grises e anubrados, a frondosa néboa e a humidade, tamén escaparan da man do vento. Nas costas aínda os cumios facían brancos entre escuro, coma antítese dos lombos das vacas pintas que viran medrar a Anxo. Era RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 130 -


maio e o desxeo chegaba para acompañar aos iniciáticos montañeiros.

Roi ía no medio, el era o máis namorado para con estes plans, e del fora a idea de facer a camiñada. Despois de tantos anos de amizade, manterse xuntos unha fin de semana o enchía de estima, e os 40 anos de Breogán ben o merecían. Gustábanlle as escapadas conxuntas e sentíase na necesidade de estar, de facer de medianeiro entre os tres, de amortecer as colisións entre os polos opostos. Ao fin e ao cabo el era o maior, e tres meses máis de vida dan habelencia de temperanza, e moito aquel.

Agradeceron o descenso coma un bo galano do anfitrión que foran visitar. Un detalle para quen sae do lado confortábel e se arrisca a maniotas xa case antes de partir. Xa non precisaban abrigos, chuvasqueiros nin capuchas, e cara arriba as pupilas pechábanse pola luz que xa reflectía viva e penetrante. Cando rematou a empedrada e inclinada baixada, Anxo agardou polos outros dous cun leve sorriso e a vaidade de quen se sinte máis forte. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 131 -


Mirar! –exclamou colléndoos polos ombreiros– agora vese perfectamente. Os tres ergueron os peitos e contemplaron fixamente o curuto, agarrándoo na retina para levalo alén dos anos. Vinte mil decímetros de terra e rocha erguíanse con xactancia. Vinte hectómetros. Algo máis de seis mil cincocentos pés anglosaxóns. –Incríbel, fermosísimo, mágoa non telo visto pola mañá –lamentou Breogán. –Ben, non creas, así tamén tivo misterio, esa incerteza de ir descubrindo o noso fado, o destino silencioso que non sabiamos se ía chegar –filosofou Roi. –E vos que non queriades vir –dixo Anxo en ton de eu xa volo dicía. –Vai de aí, non te botes a medrar, que ao final foi un pouco decisión de todos –dixo Breogán. –Xa, falou o que quería ir ver a lagoa –replicou Anxo. –Non é unha lagoa, é un lago. –Pois, ven sendo o mesmo non? –É o mesmo para ti, que cando queres todo che da igual. Ou tocar os collóns ou pasar de todo. –Vaiche boa,,, falou o profundo, o dono do intelecto colectivo. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 132 -


–Profundo non, pero é verdade. –Canto mide? –cuestionou Roi coma interesado, escollendo sempre o momento axeitado de deterlles a carraxe. –Alto está, que ben nos custou, que xa me estaba esmirrando – dixo Breogán. –Si ho, case quedamos sen osixeno interferiu Anxo con certa burla.

Roi botou man á mochila e fixo un aceno que xa os demais coñecían ben. Fixera un curso uns meses atrás, peor aínda, déraselle por mercar unha cámara nova e máis completa, e cunha disimulada fachenda do que nunca tivo un porco e agora ten un porquiño, alimentaba sen parar a súa ansiedade de imaxes. –Es un pouco pesadiño con tanta foto non? –recriminou Breogán. –As fotos substitúen a túa falla de memoria, logo ben que as estimas –sentenciou Roi–, veña, déixame o móbil así xa lla enviamos a Sonia e a Lú. –E toda esa cámara de especialista, non ten conexión vía satélite? –dixo Breogán con ironía–, porque aquí non hai cobertura, e ademais, non trouxen o móbil.

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–Á retranca xa estamos afeitos, pero da mentira facía tempo que non se sabía –chimpou Anxo–, ¿como que non o trouxeches?, se antes andabas con el. –Deixeino na cima. –Carallo! pois vai buscalo. –Non me fai falta. Teño outro. –Outro? –Si. –Home, era unha merda, pero os contactos? Os números todos da xente? Ou metíchelos xa no maxín por orde alfabética? –Que números! –interviu Roi– non ves que iso contamina, non se pode deixar por aí. Ademais, non escoitaches falar do coltán ou que? –Xa o collerá mañá o primeiro que suba, non te preocupes, deixeino dentro dunha caixiña, e os números que preciso xa os teño anotados –respondeu Breogán a dúas bandas. –Estás ti moi raro dende que baixamos –dixo Anxo–, a ver se foi a falta de osixeno. –E preguntou con retórica– ¿non sufrirías unha desas apneas?

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Breogán fixo ouvidos xordos, no cumio sentira que completaba un punto de inflexión, sentira que nada ía ser coma antes, porque agora xa acadara o cume. Roi non quixo saber máis, mostrouse desta vez pouco decidido a intervir e xa botara andar. Uns metros por

diante

dos

seus

amigos

erguía

a

vista

buscando

descubrimentos que as condicións atmosféricas e meteorolóxicas da ida non permitiran. –Ei! vede que fervenza tan xeitosa! Pola marxe dereita do val o río formaba chimpos entre pequechas pozas que suxerían regueiros e contos pasados. Pensaba Anxo na etimoloxía de Fervenza, e se tería que ver co ferver da vida, con esa forza ancestral e desafiante que nos da pulo, pero que sempre de maneira recta ou curva se encamiña sen pausa cara a fin do río. Rodeaban os seus pés outras vidas, minúsculas, que case non percibía, de beleza efémera. Gotas enriba da herba, pintiñas augacentas provocaban un deserto húmido de grans mollados que, coa subida da temperatura, ían fuxindo para sempre sen máis acariñar.

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Os enrabechados amigos apresuráronse a ollar o descubrimento, sorteando regatos entre rochas molladas e escorrentas, inda sen pegadas durante todo o día. As inclemencias non animaran a ninguén máis ese sábado, ou, se cadra, os tres precisaban unha intimidade perdida xa hai tempo.

–Merda, fódase! –Anxo atopou coa vida–, unha das fochancas que aínda batuxaban o chan encheuno de auga por riba do nocello, agora que parecía que o húmido pasado non ía retornar. Mais era maio, antes do corenta, e aínda o inverno andaba preto. –Se trouxeras os paus xa estaba –dixo Roi con aires de experimentado. –Si,,, o pau do teu carallo. Moita trangallada necesitades vós para un paseo polas nubes do ceo – deixou caer Breogán con aire poético. –Mira, vai ser verdade que as novas tecnoloxías atrancan o enxeño. Foi deixar o aparello e xa Rosalía de Castro e Murguía teñen descendencia –riuse Anxo. –Pois xa sabes, xa podedes desfacervos de todas as vosas chilindradas. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 136 -


–O do teléfono é unha brincadeira non? –mostrouse agora curioso Roi. –Non, xa non o preciso, vou marchar. –Eu que pensei que ías quedar aquí cos lobos –dixo Anxo. –Seguro que me daban mellor noite ca ti langrán. Mellor os seus ouvidos que os teus ronquidos de paquidermo –dixo Breogán sen moita inquira. –Xa, mellor dos cervos e dos cornos non falamos –dixo Anxo con ton descendente, como sen querer dicilo, e escoitou Breogán vagamente como sen querer escoitalo. –Logo Breo, onde vas? –proseguía Roi con curiosidade. De forma inmediata, coma quen leva tempo agardando, respondeu Breogán decidido, –A Xenebra, a traballar. Chamáronme dunha oferta, fixen un par de entrevistas por skype, fai dúas semanas fixen outra en Madrid, e colléronme. Empezo o día un, xa busquei aloxamento, vou para un proxecto de tres anos, primeiro na sede central, e logo, xa veremos–.

–Non vai en serio –dixo Roi. –Vai vai, non ves o raro que está –clarexou Anxo. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 137 -


–E Sonia? –dixo Roi. –Sonia que? –dixo Breogán. –Que di? vai ir contigo? –Non sei, xa se verá. –Xa se verá… que quere dicir? –E para que empresa é? –interferiu agora Anxo apresurado– que vas facer?. –Chámase Greenluckiest, dedícase a xestións medio ambientais, traballa moito en Brasil, por iso precisaban alguén que falase portugués, e eu co galego, pois apañei –explicou Breogán. –Pero esa non é a do proxecto do Amazonas? –dixo Roi asombrado. –Que proxecto? –Si, converten a masa forestal en biomasa a gran escala, e logo quéimana en centrais térmicas construídas á beira dos ríos. Lin nalgún sitio que ademais atrancan e desprazan as vidas de moitas comunidades. –Non sei, pode ser, eu só vou facer traballos de administración e financiamento para as provisións do proxecto. –Foder, pero vas colaborar –dixo Anxo indignado. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 138 -


–Oes, vou traballar nunha oficina xestionando letras e préstamos. Igual os coches que fabricades vós non contaminan.. –Non compares Breo, eu tamén o lin, sabes cantas millóns de árbores pretenden cortar? –insistiu Anxo. –Veña, vaste poñer agora así por unhas árbores? Mira aquí, mira… mira! Mira ao teu arredor! Cantas árbores hai? Ves algunha? Nin unha fodida árbore,,, e pasa algo? Non! viñemos igual, porque é fermoso non? Pois iso, cada sitio ten o seu encanto e sen árbores tamén se vive. Xa hai árbores noutros lados. –Non falarás en serio? Aquí non hai polas condicións do medio, pero na Amazonía… –Xa cho dixen antes, ti ben que celebraches que a cruz estivese tirada alá arriba, e non vin que te preocupases polos sentimentos e crenzas da comunidade, nin polo aire, nin polo medio, nin o entorno, nin rabo de gaitas. Non vos gusta, tirades a cruz e listo. –As cruces pouco osixeno dan.

Roi deu un paso ao lado e proseguiu coa mirada ao fronte. O cruzar dos regueiros en estrita fileira de tres convertérase agora en saltos por vieiros paralelos. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 139 -


As acumulacións de xeo e neve xa comezaban a amosar a súa rendición fronte a primavera, e as augas claras permitían novos camiños. Anxo introduciuse entre toxos que lembraban á súa terra, se cadra porque esta tamén o era, ou se cadra porque os toxos non saben de fronteiras. ´Despois duns minutos enxordecido, detívose, viu cara atrás, e ao fondo, na liña das montañas, imaxinou a súa amizade magna e visíbel coma nunca, pero cada vez máis afastada. Pensou na natureza da súa unión e na natureza que o rodeaba, e non parecía querer renunciar a ningunha delas. Paseniño, devagar, comezou un camiñar de pisadas diagonais ata interferir nos pasos de Breogán... –Cando marchas? –Xa veremos, primeiro hai que chegar á cabana, e logo ir ver o lago.

Anxo botoulle a man polos ombros, os azuis das súas roupas eran agora un só, coma un traxe de siameses. Aclarou a voz, abrandou a mirada, e tentou comezar de novo. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 140 -


–Valo pensar? –dixo en ton agarimoso. – Vin a túa candidatura no proceso de selección –dixo Breogán. – Por se che quitaba o posto e non marchabas –sorriu Anxo.

Baixo os seus pés, unha parella de píntegas, apresuradas, bulían carreiro abaixo.

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Leyendas de Tierras Altas

Gonzalo Alarcos Izquierdo

Una fría tarde de invierno, no hace tanto, me dejé caer por una humilde taberna en un pueblo en las cercanías de la Carballeda. Ya era de noche, pues el sol en esta época del año se acuesta pronto; reacio a hacer lo mismo seguí dando vueltas por el campo. Cuando fui vencido por el frío que se instaló en mi cuerpo busqué una taza de algo caliente en alguna posada y así poder entablar conversación tras haber estado caminando todo el día solo. Cuando entré no encontré más luz que en la calle a excepción de un pequeño destello que brotaba de un rincón. Estaba solo como cliente, y me acerqué a la estufilla de esas que llaman salamandra. De ella salía la parca luz que permitía darme una idea de los objetos de la habitación. Cerca de la estufa yacía un pequeño bulto en una silla. Cuando me acerqué frotando las manos para entrar en calor, el bulto se movió. De la parte media saltó un gato negro y del resto, la sonrisa de una viejecilla me saludó. Yo diría que por lo menos aquella mujer tenía unos 300 o mil años. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 142 -


Devolví el saludo y, le pregunté amablemente si tenía un consomé, sopa o caldo calentito. Ella, con movimientos ágiles y con una flexibilidad asombrosa para la edad que había estimado, me trajo un caldo con aromas de lo más variopintos. Desde mi rincón a la vera de la estufa había estado observado disimuladamente cómo la mujer mezclaba cosillas y las añadía a un supuesto caldo que calentaba en una cocina de las económicas. ¿Una bruja? Me pregunté. Cuando se acercó a mi lado y me ofreció el caldo, se lo agradecí con la mirada y al momento volví a fijarla a la pequeña llama de la estufa. Ella, por su parte, se volvió a acurrucar en la silla. El gato se volvió a subir en su regazo. Al cabo de un rato, tras saborear el silencio, el caldo y la calma serena que rezumaba por doquier, la ancianita con una voz dulce y sin dejar de mirar la llama me abrazó con la siguiente historia. Leí una vez, en las muescas y huellas del tronco del tejo más viejo de las altas tierras, en un lugar que hoy en día los hombres llaman el Tejedelo, que hace muchos, muchos años, en los albores de la humanidad, cuando la magia brotaba de todos los rincones de

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la tierra y cuando todavía no había sido adulterada por el hombre, vivían en concordia todos los seres de la naturaleza. De ellos nacía y se transmitía la magia y energía y cada ser tenía su parte mágica. Imaginaos, si hoy en día la oropéndola nos sorprende con sus plumas de oro, el ruiseñor con su canto o la rosa con su olor, cómo deberían ser en aquella era esos colores, sonidos y aromas. Hablo de aquel tiempo en los que los árboles hablaban con voz ronca o cuando todavía era fácil observar dulces y bellas ninfas salpicándose en las fuentes o riachuelos hermosos. Cuando los duendes traviesos robaban algún mendrugo de pan o gastaban bromillas a los viajeros despistados que merodeaban por sus bosques, y ordeñaban y galopaban sobre las cabras y ovejas de sorprendidos e incrédulos pastorcillos. Hoy apenas si existen pedazos de aquel ayer. En aquella época todos los seres del bosque vivían en armonía, jugaban, hacían fiestas, merendaban y sólo cuando había necesidad unos se comían a otros. Pero todos sabían que era la ley de la naturaleza y que donde hay vida hay muerte y donde hay muerte hay vida. Había sido siempre así. Todos eran felices salvo una rata de agua y un topo. La rata era presumida, vanidosa, RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 144 -


chulesca, altanera y siempre quería ser la mejor. A su vez, el topo era también presumido, vanidoso, chulo, altanero y siempre quería ser el mejor. Al principio sus discusiones eran inocentes e incluso divertidas. Por ejemplo, cuando comían, en vez de disfrutar de los sabores de los manjares, se picaban entre ellos: El topo decía: -Yo me he comido antes mis 10 lombrices que nadie. Soy el más rápido ¡Hala! A lo que la rata respondía: Perdona, pero yo me he terminado mis hierbas antes que tú y que todo el bosque juntos. Por lo tanto, soy la vencedora. El resto del bosque se miraba sin entender que era eso de ser mejor o peor, vencedor o perdedor. Esas palabras no existían, ya que se disfrutaba de hacer las cosas bien y bonitas. Al principio les dejaban hablar pero pasaron los días, las semanas, los meses y los años y los dos animalillos seguían con las mismas. Aquellos rifirrafes del principio se hicieron grandes y al mismo tiempo más aburridos y como verás más peligrosos para los demás. Los días de jugar al escondite la rata decía: -Yo he pasado 15 días escondida en mi guarida sin que nadie me encontrara. A lo que el topo respondía:- Uuuuuuyyy…Pero qué RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 145 -


poco, amiga mía, creo que te he ganado, he estado 8 meses escondido bajo tierra y nadie me ha encontrado hasta hoy, que he salido por que he querido. Te he ganado, ¡hala! Y se cabreaban entre ellos. Estaban tan interesados en ganar a todos que no se daban cuenta que el juego había terminado hacía meses; y que lo divertido era estar con los amigos y hacer cosas juntos. El resto del bosque ya no contaba para ellos. O como aquel día que se fueron a dar un paseo a la orilla de un río llamado Tera con el hada reina del bosque y durante la sobremesa de la merienda decidieron jugar a cavar y hacer castillos. El topo empezó a cavar con tal ímpetu que creó un agujero tan, tan, tan grande que toda la tierra que salió del agujero la acumuló en un lugar. Se encaramó en aquel montículo y dio tres brincos de alegría por saber que había hecho el montón de tierra más grande jamás visto. Este lugar se llama ahora Peña Trevinca. Por su parte la rata comenzó a cavar, cavar y cavar y creó tal sistema de canales que aquel agujero tan grande que había hecho el topo lo rellenó de agua, lo que ahora conocéis como el Lago de Sanabria. La rata pues, en ese ímpetu, creó tal canalización que hoy perdura como RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 146 -


los ríos y lagunas que hoy conocemos. Os parecerá una exageración pero en aquella época la magia fluía por todos los seres vivos, y todos los seres tenían una fuerza y poder que ahora nos cuesta imaginar. Pero con este hecho, el topo y la rata, en su ímpetu de ganar habían sepultado a numerosos amigos, duendes, árboles y otros seres. Los cuales solo pudieron salir de aquel montón y lago gracias a la magia de la reina del bosque. A la reina no le gustó nada hasta donde había llegado la avaricia de aquellos seres del bosque a los cuales no les importaban sus amigos con tal de ser los primeros, los que tuvieran el objeto más grande o ser lo más de lo más. Harta de ver día y noche los desaires de aquella pareja hacia los demás, decidió enseñarles a disfrutar de jugar, compartir y hacer cosas sin competir y de saborear el no llegar el primero a cualquier precio. Preparó una carrera para todo el bosque. Pero cuando dio la salida, con su magia inmovilizó los pies del topo y la rata para que otros llegaran antes que ellos. No obstante, eran tantas las ganas de ser los primeros, que la magia consiguió disolver. De tanta energía acumulada, por haber sido inmovilizados, salieron como RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 147 -


flechas adelantando a todos los demás seres del bosque. Pero cuando llegaron al destino chocaron a la vez con tanta fuerza entre ellos dos, que salió una nube de polvo enorme con una curiosa forma de champiñón. Junto al polvo salió toda la maldad, la avaricia, el ansia, los complejos, la rabia y demás nefastos adjetivos que se extendieron por los bosques, prados y montañas. Tal fue dicha fuerza, que hasta los bosques enmudecieron y aquellos árboles que antaño con ronca voz hablaban, lento, pero hablaban, solo lo hicieron mediante formas y huellas en su corteza. Dichos desperdicios que contaminaban el alma del topo y la rata se extendieron hasta llegar a la morada de los hombres, donde encontraron buen cobijo y se quedaron allí hasta nuestros días. De aquél fuerte golpe, tras 7 días y 7 noches, no se observó ningún rastro de la rata y el topo. Sin embargo se empezó a ver en los bosques un ser tímido, alegre y bondadoso, que a su vez era un poco raro y curioso. Tenía pelo y cola de rata pero el morro, patas y dientes de topo, además podía nadar. La rata y el topo se habían fundido en uno. Desde aquel mismo instante, aquel nuevo ser fue acogido por los demás, que recibieron sus diferencias con alegría y RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 148 -


respeto. ¡Qué aburrido sería si todos fuésemos iguales! Este nuevo ser se dedicó a cuidar de los ríos, a mantenerlo limpio para todos los demás. Tanto es así que no veréis un desmán en un río sucio o contaminado. La reina decidió, a partir de entonces, llamarlo desmán, que significa desprecio. Por un lado para no olvidar esta historia, (lo negativo de ser egoísta y caprichoso), así como, aportar armonía y equilibrio al nuevo ser y compensar de esta manera la gran bondad que ahora rezumaba. Sabed que tanto por defecto como por exceso todas las virtudes pueden ser negativas. De repente me desperté, ya había entrado en calor, posé la taza sobre la añeja y tosca mesa de castaño y salí, guiado por un embriagador silencio. Mientras me cubría para no dejar salir el calor y al respirar el frío de la noche me di cuenta de la felicidad que me invadía. Dentro de la posada la anciana que había dejado atrás era consciente de mi felicidad y poco a poco, con la misma sonrisa que me había perseguido, se envolvió en tenue haz de luz azulada y se fue transformando en una muchachilla joven. Con el tiempo y lejos de aquellas tierras me di cuenta que esta criatura se alimentaba RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 149 -


transmitiendo bondad y felicidad a seres receptivos eliminando los atisbos de maldad, egoísmo, avaricia, etc. que habitaba en ellos. Características que una vez se instalaron en la humanidad cuando se creó el desmán. También me hizo pensar en lo que poco que hoy en día escuchamos a los demás. La infinidad de arrugas que surcaban por aquella ancianita posiblemente indicaban que había pasado mucho, mucho tiempo en encontrar a una persona capaz de escucharla y poder realizar su cometido. Sin duda alguna, ésta era una de aquellas maravillosas y fascinantes criaturas que poblaban en otras eras nuestros bosques y que nunca, nunca olvidaré.

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O dia em que te conheci

Sara Pinto

Para escrever sobre ti tenho que recuar alguns anos, numa altura em que só te observava à distância. A primeira vez que me aproximei de ti foi em Rio de Onor, aldeia intensamente sonhada e idealizada por mim durante toda a minha juventude. À semelhança de muitas outras pessoas que por lá passaram, no dia em que conheci Rio de Onor senti-me em casa. Fui regressando, ano após ano, atraída pela fauna que habita os seus montes, pela frescura do seu rio, pelo calor das suas gentes que, com pequenos gestos discretos sempre me comoveram e me fizeram sentir parte deste lugar. Com o tempo observei que a bondade das pessoas, a pureza das águas e a vida selvagem desconhecem fronteiras e que as aldeias de toda esta região partilhavam a autenticidade e os valores mais profundos. Sempre que me deslocava a Rio de Onor no Inverno, observava as montanhas nevadas a Norte e não podia deixar de imaginar como seria aquela paisagem e os animais que a habitavam. Quanto RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 151 -


fascínio poderia estar contido no seguimento de um rasto de lobo na neve, que nos conduz pelos segredos do seu quotidiano? Quanta vida poderia existir na observação de uma águia-real pousada numa escarpa? Quanta alegria poderia haver no trote ligeiro e despreocupado de uma raposa num habitat mágico? Difícil de quantificar, mas muito fácil de sonhar. Os anos foram passando e, imensamente grata pelas diferentes oportunidades de retornar a Rio de Onor por motivos profissionais, crescia cada vez mais em mim a vontade de conhecer a montanha que contemplava como cenário de fundo, ao nascer e ao pôr-desol, a beleza da brama incansável dos veados e as brincadeiras tão puras nas famílias dos lobos. Como o tempo passa demasiado depressa sempre que nos ocupamos daquilo que mais estimamos e com os dias sempre contados por outras obrigações profissionais, nunca consegui visitar-te. Mas nunca me esqueci de ti. Tínhamos encontro marcado.

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Já vivo em Rio de Onor.

E que alegria foi poder chamar casa ao lugar que, tal como animal bravio, apenas visitava de vez em quando para satisfazer os meus mais primitivos instintos: a emoção e o contacto próximo com a magia da natureza. Cá estava. Um sonho realizado. Amigos feitos. Outros novos. E a beleza de perceber que, tal como as cordilheiras, também iria estender, mais cedo ou mais tarde, o alcance dos meus passos mais além. Estava tão feliz. Uma nova aventura, uma nova vida. Há dias em que por alguma feliz coincidência do acaso, conhecemos a pessoa certa, no momento certo. Assim aconteceu e finalmente chegaria o dia em que te iria visitar. Ia-se tornar realidade! Com um amável convite para participar na quinta edição da Transtrevinca, começaram os planos, as expectativas e as imagens a sobrevoar a minha mente. Que caminhos iria testemunhar? Que habitats iria pisar? Que boa gente iria conhecer e quantos amigos iria fazer? E a ti montanha, quão doce seria o sabor de finalmente te encontrar? Confesso que poderia ter feito mil e uma buscas de RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 153 -


relatos de diferentes companheiros passados de ascensões ao teu cume, de diferentes rotas, mas preferi não o fazer. Sabia que naquele dia, me irias contar uma história, mas era apenas de ti que a iria querer ouvir. E nunca esquecer.

Esperei. Esperei entre lobos e veados. Esperei entre seres vivos que tanto nos ensinam sobre o que é viajar no monte, sobre o que é resistir no monte e o que pode ser, no final, experienciar a mais pura alegria e euforia. Entre riachos, caminhos e florestas fui contando os dias, as horas e os passos que me separavam de ti. Contei, contei, contei…. O espaço era o mesmo, o tempo já não. Faltava pouco.

O dia em que te conheci, bela Montanha.

Acordei em Rio de Onor. Acordei e não pude deixar de me lembrar dos companheiros de viagem (já longa) que durante a madrugada, homenagearam as ligações entre países irmãos.

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Pensei na História e nas histórias testemunhadas por Castanheiros e Carvalhos seculares, por trilhos calcados pelo tempo, por gerações, que agora eram percorridos num só fôlego, entre Bragança e Penha Trevinca. Emocionada com o espírito desta caminhada, fui brindada à chegada com a observação de um macho e uma fêmea de uma espécie de ave de rapina, o tartaranhão-caçador (Circus pygargus). Esta ave, com estatuto de conservação “Vulnerável” em Espanha e “Em Perigo” em Portugal, é também uma grande viajante, nidifica na Península Ibérica no período estival e migra para África durante o Inverno. Além do valor estético na observação de um animal que possui um voo tão elegante, não pude deixar de pensar que os animais não-humanos e a Natureza podem inspirar-nos e elevarnos aos mais belos princípios. Em tempos tão duros para a Humanidade, onde os muros e as barreiras se constroem com mais urgência do que os caminhos, cada passo dado num percurso idealizado entre dois países é uma afirmação de esperança num Mundo

melhor.

Um

Mundo

solidário

entre

pessoas

de

proveniências distintas, capazes de valorizar e apreciar os espaços naturais e tudo o que os constitui. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 155 -


Juntei-me aos companheiros do percurso.

Assim que iniciámos a caminhada reparei que todas as manadas de vacas se encontravam acompanhas por cães-de-gado, atentos, vigilantes, protectores. A presença destes cães num ambiente montanhoso remete-nos imediatamente para a presença de um dos predadores mais emblemáticos da nossa Ibéria, o lobo. Costuma-se dizer que as espécies de fauna e flora selvagens são património natural de todos nós. Eu prefiro pensar que não são património de ninguém e que o seu direito a existir e a cumprir a sua função na Natureza deve ser inalienável e independente das vontades e interesses humanos. Como escreveu um dos fundadores da ecologia moderna, Aldo Leopold, apenas a montanha viveu o tempo suficiente para ouvir objectivamente o uivo do lobo. Num espaço absolutamente mágico, a pulsar de vida e de cor, esta frase ainda ganha mais sentido. Os ecossistemas que se vêm desprovidos desta espécieRELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 156 -


chave sofrem consequências a médio ou longo-prazo. O desprezo pelo valor que reside em cada individuo, compensada por uma aparente saúde populacional, terá repercussões que dificilmente conseguiremos remediar se a gestão letal desta espécie persistir. Mas à semelhança do bonito espírito desta caminhada, também eu serei sempre positiva e tenho a forte convicção que a sociedade espanhola já não tolerará este tipo de acções nos anos vindouros. A caminhada prosseguiu entre novos amigos, com muita conversa e boa disposição.

Até que o mais belo vale se revelou. Uma visão que dificilmente esquecerei e onde gostaria de ter permanecido a explorar os seus recantos e as suas espécies. No entanto, o tempo estava contado e a luz recordou-me que teria de continuar se queria chegar ao cume. A última subida, entre nuvens e rochas, conduziu-me a uma enorme alegria. Chegar àquela altitude, num esforço partilhado entre pessoas das mais variadas origens e faixas etárias reforçou o meu optimismo num futuro sustentável e solidário, onde há tempo e lugar para respeitar a natureza e os outros. Foi uma verdadeira RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 157 -


celebração da Vida, esta caminhada transfronteiriça até Penha Trevinca, que exalta a cultura de cada lugar e acolhe todos sem excepção. A descida pelo mesmo vale levou-me a momentos de grande introspecção e reflexão, como só os espaços naturais nos conseguem proporcionar. A caminhada terminou entre amigos e muitas gargalhadas, que disfarçaram a tristeza da rápida passagem do meu tempo naquela montanha. No regresso a casa pensei porque demorei tanto tempo para te conhecer. Não tenho resposta. Mas afinal saber esperar, de forma paciente e constante, traz a mais doce recompensa.

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Una marcha inolvidable

Víctor Calonge Paz

La V Transtrevinca para mí empezó mucho antes del 3 de junio. Empezó en el mes de marzo cuando, a su llegada de la India, Dani ya me avisó de este gran evento. Y como si el destino quisiese participar también, la semana obligatoria de vacaciones en el trabajo coincidió justo con el fin de semana que se iba a celebrar. Así pues el viernes, un poco antes de las 5 de la tarde, junto a un amigo, partí en mi coche desde Madrid a tierras zamoranas. Llegué a las 9 a Puebla de Sanabria, lugar desde que momentos más tarde nos llevarían en coche a Bragança. Mientras llegaba la hora pude disfrutar de un breve paseo por Puebla y gozar de su exquisita gastronomía. A las 12 de la noche llegamos al aeródromo de Bragança, lugar del que arrancamos la aventura. Con nuestros focos en la cabeza y bajo una noche nublada empezamos a caminar con gran sentido

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del humor, escuchando historias de las desventuras por las que ha pasado Dani en sus viajes alrededor del mundo. Nuestra primera parada fue sobre las 3 de la mañana en Río de Onor, pueblo que hace de frontera entre España y Portugal. Fue aquí donde nos llevamos la primera alegría y un subidón de ánimo, ya que colgado de una farola, Sara, una amiga de Dani, nos había dejado un cartel animándonos a continuar y unas bolsas de frutos secos que gustosamente nos comimos compartiendo. Fue un subidón de energía en unas horas en las que el cansancio empezaba a aparecer. Pero enseguida reanudamos la marcha por una carretera que no perdonaba con largos tramos cuesta arriba. En este tramo, hasta llegar al pueblo de Ungilde, se fue despejando el cielo y la luna también quiso hacer acto de presencia mostrándonos un cielo estrellado espectacular. Los que desgraciadamente vivimos en la ciudad tenemos que aprovechar días como este para volver a apreciar la grandiosidad del cielo estrellado. Aproximadamente a las 5 y media comenzamos un tramo cuesta abajo, que ya necesitábamos un descansito, nos acercamos a Ungilde mientras la noche aclaraba y la temperatura bajaba a los RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 160 -


10ºC. Llegados al pueblo de Ungilde recibimos una llamada de la gente que se incorporaba a la compañía en Puebla de Sanabria. Fue otro subidón de moral ver que la gente madrugaba para acompañarnos en la travesía hasta Peña Trevinca. A las 6:30 de la mañana llegamos al punto en que 9 horas antes había dejado el coche para la aventura. Estaba amaneciendo pero había gente esperando con las botas puestas y la mochila al hombro para unirse a nuestra travesía. Hicimos un pequeño paréntesis mientras terminaba de llegar la gente y entramos a la panadería de Puebla de Sanabria, donde compré unas magdalenas de chocolate que sabían a gloria. Sin más miramientos continuamos la marcha dejando atrás la carretera y emprendiendo el camino por un precioso bosque. El camino era estrecho y los árboles limitaban el camino; por fin empezábamos a disfrutar de la belleza del paisaje. Con los primeros rayos de luz, junto al camino, aparecían esplendorosos boletus, que más de uno se echó a la cesta. A la salida del bosque llegamos al pueblo de El Puente, donde la marcha se agrandó de personal. Todo esto, a pesar del cansancio, no hacía más que aumentar la moral. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 161 -


Continuamos la marcha por el bosque en busca del siguiente pueblo, Galende. Tras casi 9 horas a pie el sueño empezaba a hacer acto de presencia y solo las conversaciones entre zamoranos y sanabreses, con sus pequeñas diferencias que acababan siempre en risas, hacían que me mantuviese despierto. El camino seguía siendo precioso ya que los rayos del sol se metían entre las ramas de los árboles formando sombras increíbles por el camino. A las 9 de la mañana llegamos a Galende, pueblo en el que tuvimos la primera baja. Marcos, un chico que había comenzado el camino en Bragança se tenía que parar porque las rozaduras habían podido con él. Aun así teníamos que continuar dirección a Peña Trevinca, eso sí, animados por los paisanos que salían a la puerta de sus casas a saludarnos y animarnos. A partir de aquí el camino por el bosque comenzaba a empinarse, ralentizando el ritmo y separando el grupo. Pero justo cuando el cansancio hacía más acto de presencia llegamos al pequeño, pero bonito, pueblo de Vigo de Sanabria. En este municipio nos recibieron con los brazos abiertos como a auténticos héroes de guerra. Nos prepararon unas mesas con un desayuno espectacular. No paraban de sacar café, rosquillas, palmeras… Fue RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 162 -


una sensación agradable, que después de 10 horas de caminata la gente del lugar te recibiera de esa manera. Además, el pueblo estaba en fiestas, por lo que al terminar el desayuno, alguno continuó la marcha con las máscaras típicas de los ancestros del municipio. Era lo menos que se podía hacer para agradecer el recibimiento que nos habían dado. Vigo de Sanabria fue el último pueblo que vimos en la marcha y durante su recorrido nos acompañaron dos Visparros, mascarada típica de esta localidad sanabresa. La siguiente parada estaba a más de 400 metros de altitud de donde nos encontrábamos; la Laguna de Peces. El camino que cogimos al salir de Vigo era bastante empinado, con muchas rocas y con gran presencia de vegetación por lo que solo podíamos caminar en fila de uno. Se unieron a nosotros un grupo de paisanos, de edad considerable pero de físico considerable, que nos pusieron en aprietos a los más jóvenes en la subida, marcando un ritmo frenético. Esto no hizo que no disfrutara del paisaje y de las vistas. Subíamos junto al cañón del río y las vistas del barranco, de la ladera de la montaña de enfrente y la vegetación eran grandiosas. Después de una subida escarpada, RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 163 -


con grandes piedras, cruzamos el río por una gran piedra que hacía las veces de puente. Al cruzar el camino se suavizó, dejando las piedras a un lado y caminando por una verde pradera con algún piorno. En este tramo empezamos a encontrarnos con tramos de turba traicionera que a más de uno nos hizo meter la pierna hasta casi la rodilla en el fango, pero lejos de desanimarnos, poníamos buena cara y continuábamos animándonos unos a otros. Después de una larga subida y casi 13 horas a pie conseguimos llegar a la preciosa Laguna de Peces, lugar donde se unió gran cantidad de gente para llegar a Peña Trevinca. En este punto llevábamos casi 65 kilómetros encima y el cansancio volvía a las piernas. Tras un pequeño descanso, donde cambiamos zapatillas por botas, comenzamos más de 50 personas la última etapa, llegar a la cima de Peña Trevinca. El camino comenzaba con una pequeña llanura llena de vacas y terneros y una empinada subida por un camino lleno de piedras. Las piernas ya empezaban a flaquear, pero la ilusión de llegar a Trevinca hacía olvidar el dolor de pies. Tras la subida, comenzamos RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 164 -


una bajada hacia un precioso valle. Las vistas eran majestuosas, con un valle magnífico coronado en el horizonte con Peña Trevinca. Era una sensación indescriptible, me maravillaban los colores de la montaña y la vegetación. Rojos, amarillos, verdes intensos… Llevar casi 13 horas andando había merecido la pena. Al bajar al valle las piernas dijeron basta. Llevaba 73 kilómetros caminando y Peña Trevinca estaba a solo 7 pero mi cuerpo no podía más. Me quedé en el puente del río admirando la belleza del paisaje, escuchando el agua circular con una sensación de paz y tranquilidad y observando embelesado la montaña por la que 13 horas antes había empezado a caminar. Esta vez la montaña ganó la partida, pero estoy seguro de que el año que viene conseguiré llegar a Peña Trevinca y volver a disfrutar de sus paisajes y sobre todo de su gente.

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Cumpliendo promesas no olvidadas

Mercedes Andre Veiga

Allí estábamos de nuevo, preparados para una subida más en nuestras vidas. Por fin se nos presentó el momento adecuado con un grupo adorable de caminantes dispuestos a compartir la subida a Peña Trevinca con nosotros. Desde la mochila de Mariajo, Larouco y Moura miraban, en dirección contraria al resto, por donde pasaban ambos felices por estar de nuevo en movimiento. Pero antes de adelantarme en los acontecimientos de aquel día, diré que salimos con rumbo a las alturas después de nuestros churros y chocolate. Subimos cada cual a su coche y de allí nos dirigimos a la base desde donde empezaríamos a andar. Había ambiente de tranquilidad y sensación de bien estar por el hecho de compartir un día especial con amigos y desconocidos que no lo serian por mucho tiempo. Al salir del coche nos dio en la cara ese vientecillo fresco de la montaña y la niebla que merodeaba por todos lados y cubría el espacio entre monte y monte. El camino era amplio y nos RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 166 -


pusimos en marcha hacia una aventura nueva, desconocida. Nada más subir el primer repecho, un espeso manto de flores silvestres adornaba los lados de nuestro camino. Llegando a lo alto del primer repecho, parecía que el camino se hundía en la nada. Se vislumbraba una gran laguna de niebla que según bajábamos iba desvaneciéndose, ofreciéndonos como un regalo, una vista que hasta entonces estaba escondida a nuestros ojos. Empezamos a ver el impresionante valle por el que corría el rio Tera formando meandros en su pasar, al fondo las Trevincas, ¡que montes más bellos en su conjunto! Pequeños mantos de nieve adornaban lo más alto. Presidiendo el grupo de montes estaba Peña Trevinca allí, preciosa en todo su esplendor aunque algo escondida y tímida entre la niebla. Las sensaciones se entremezclan entre sorpresa por la belleza inesperada, altura imponente con su respeto correspondiente y sobre todo por la compañía de mis compañeros de caminata. Con otra perspectiva Larouco y Moura, ¡estaba más felices que dos enamorados en luna de miel! Se dejaban llevar lentamente en la espalda de alguien que ellos ni conocían y que todos los días que salían era la misma espalda. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 167 -


Fue un día magnifico en un lugar maravilloso y mágico traído de tiempos inmemorables a nuestros días para que nosotros lo viéramos, formáramos parte de esta pequeña parte de un universo gigante lleno de espacios increíbles que está ahí para descubrir. Poco a poco la hilera de gente nos iba absorbiendo, ahora era diferente el caminar. Todos tenían caras de determinación, querían llegar a lo alto, allí donde la niebla se asentaba y esperaba su llegada. Llegaron todos ellos, yo no, pero puedo asegurar que fue un día especial, que me sentí feliz y quien sabe, un día subiré si así mi destino lo requiere. La sensación de belleza inunda mi memoria. Todo estaba tan bello que boquiabierta lo goce sin ninguna vergüenza de tener mi boca abierta...

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Pena trevinca: durmiendo entre las estrellas

Xavi Sánchez Lombardero

Alguien dijo alguna vez que el paisaje es memoria, pues es capaz de sostener las huellas del pasado, de reconstruir los recuerdos de quien los disfrutó, eso intentaré hacer en las próximas líneas, recordar como fue nuestra ascensión a Pena Trevinca con la gente del Club de Montañismo de Sanabria. Por ubicarnos, el Macizo de Trevinca, que da nombre al techo de Galicia, surge donde confluyen las sierras de O Eixe, Calva y Segundeira y sirve de frontera natural con la comarca de Sanabria. La ruta nos permitió conocer un paisaje con lagunas glaciares y sin apenas rastro del ser humano, aunque cada vez notan más su huellas y se quejan con el retroceso de sus lenguas heladas. De hecho, al ir desde Puebla de Sanabria pudimos caminar por una de esos antiguos glaciares, pues iniciamos la ruta en la Laguna de Los Peces, para posteriormente entrar al Valle del Tera y, finalmente, encarar el tramo final de ascenso. Durante el recorrido, en pleno RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 169 -


mes de Diciembre, pero sin apenas nieve, no encontramos a nadie, salvo nuestros pensamientos y, por qué no decirlo, nuestros jadeos constantes, pues algunos íbamos menos en forma de lo que debiéramos. El camino fue espectacular, acompañados por un sol primaveral, aunque lo mejor estaba por llegar. Al hacer noche en uno de los refugios de montaña, una vez habíamos descendido del pico y tras haber repuesto fuerzas con una cena donde cada uno sacó lo mejor que traía en su mochila, pudimos disfrutar de un cielo lleno de estrellas hasta donde podías alcanzar a ver. No había ni un solo hueco en el cielo que no estuviese iluminado por una estrella, la vía láctea se reflejaba a la perfección y estuvimos un buen rato disfrutando del espectáculo e intentando plasmarlo en fotos pero, sin duda en estos casos, la mejor foto es la que se queda en tu retina y en tus recuerdos. Decía José Saramago que el fin de un viaje es sólo el inicio de otro, y no puedo estar más de acuerdo. Cuando afrontas un ascensión a un pico, siempre tienes que estar preparado para dar marcha atrás y no verlo como un fracaso sino como una nueva oportunidad para seguir disfrutando de la montaña. Tal vez sea la RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 170 -


ilusión que llega cuando el camino recorrido ha dado la confianza necesaria para creer que tal aspiración es posible, que no fue fácil llegar ante el último resalte que nos separa de la cumbre y de una nueva conquista colectiva, pues nunca el éxito es exclusivo sino del grupo. En este caso nosotros compartíamos la caminata con gente que conocía muy bien la zona y que nos pudo sacar de la espesa niebla con la que amanecimos y que impedía ver nada en el camino de regreso desde el refugio a donde habíamos dejado los coches. Algo sucede cuando caminas,

y más si lo haces entre

montañas y nubes, no se muy bien cómo explicarlo, quizás sea bueno para aprender, para reflexionar y meditar, para encontrarse con uno mismo. Pero ¿qué es aprender? Aprender es, bien al contrario de lo que se piensa, aprender a desobedecer. Como hicieron los maquis en estos montes en plena posguerra, desobedecer y rebelarse ante la infamia de un régimen franquista que era capaz de sepultar libertades, al mismo tiempo que esperanzas. Quizás por eso en sus caminos, aun puedes respirar la infinita libertad que esta gente defendía, desde el corazón de los montes, para oponerse a la sinrazón y la

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En definitiva, sigamos caminando y que la realidad vaya diciendo por dónde ir. Como dice el maestro Eduardo Galeano, nosotras y nosotros somos infinitos mientras andamos y esta caminata nuestra, será infinita mientras duremos, que así sea. Es decir, hay que volver a los pasos ya dados, para repetirlos y para trazar caminos nuevos a su lado. Hay que comenzar de nuevo el viaje. Siempre. El viajero vuelve al camino, eso haremos algún día cuando volvamos a Pena Trevinca.

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Pena trevinca: durmindo entre estrelas

Xavi Sánchez Lombardero

Alguén dixo algunha vez que a paisaxe é memoria, pois é capaz de soster as pegadas do pasado, de reconstruír os recordos de quen os gozou. Iso tentarei facer nas próximas liñas, lembrar como foi nosa ascensión a Pena Trevinca coa xente do Club de Montañismo de Sanabria. Por situarnos, o Macizo de Trevinca, que dá nome ao teito de Galicia, xorde onde conflúen as serras de O Eixe, Calva e Segundeira e serve de fronteira natural coa comarca de Sanabria. A ruta permitiunos coñecer unha paisaxe con lagoas glaciares e sen apenas rastro do ser humano, aínda que cada vez notanse máis as súas pegadas e quéixanse as súas linguas xeadas co retroceso das mesmas. De feito, ao ir desde Puebla de Sanabria puidemos camiñar por unha deses antigos glaciares, pois iniciamos a ruta na Laguna de los Peces/Lagoa dos Peixes, para posteriormente entrar ao Val do Tera e, finalmente, encarar o RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 173 -


tramo final de ascenso. Durante o percorrido, en pleno mes de Decembro, pero sen apenas neve, non atopamos a ninguén, salvo os nosos pensamentos e, por que non dicilo, os nosos jadeos constantes, pois algúns iamos menos en forma do que debésemos. O camiño foi espectacular, acompañados por un sol primaveral, aínda que o mellor estaba por chegar. Ao facer noite nun dos refuxios de montaña, unha vez descenderamos do pico e tras repoñer forzas cunha cea onde cada un sacou o mellor que traía na súa mochila, puidemos gozar dun ceo cheo de estrelas ata onde podías alcanzar a ver. Non había nin un só oco no ceo que non estivese iluminado por unha estrela, a vía láctea reflectíase á perfección e estivemos un bo intre gozando do espectáculo e tentando plasmalo en fotos. Mais, sen dúbida nestes casos, a mellor foto é a que queda na túa retina e nos teus recordos. Dicía José Saramago que a fin dunha viaxe é só o inicio doutra, e non podo estar máis de acordo. Cando afrontas un ascensión a unha cume, sempre tes que estar preparado para dar marcha atrás e non velo como un fracaso, senón como unha nova oportunidade para seguir gozando da montaña. Talvez sexa a ilusión que chega cando o camiño percorrido deu a confianza RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 174 -


necesaria para crer que tal aspiración é posible, que non foi fácil chegar ante a derradeira reviravolta do monte que nos separa do cume e dunha nova conquista colectiva, pois nunca o éxito é exclusivo, senón do grupo. Neste caso nós compartiamos a camiñada con xente que coñecía moi ben a zona e que nos puido sacar da espesa néboa coa que amencemos e que impedía ver nada no camiño de regreso desde o refuxio ata onde deixaramos os coches.

Algo acontece cando camiñas,

e máis se o fas entre

montañas e nubes, non se moi ben como explicalo, quizais sexa bó para aprender, para reflexionar e meditar, para atoparse cun mesmo. Pero que é aprender? Aprender é, ben ao contrario do que se pensa, aprender a desobedecer. Como fixeron os maquis nestes montes en plena posguerra, desobedecer e rebelarse ante a infamia dun réxime franquista que era capaz de sepultar liberdades, ao mesmo tempo que esperanzas. Quizais por iso, nos seus camiños aínda podes respirar a infinita liberdade que esta xente defendía, desde o corazón dos montes, para opoñerse ao despropósito da represión do réxime. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 175 -


En definitiva, sigamos camiñando e que a realidade vaia dicindo por onde ir. Como di o mestre Eduardo Galeano, somos infinitos mentres andamos e esta camiñada nosa, será infinita mentres duremos, que así sexa. É dicir, hai que volver aos pasos xa dados, para repetilos e para trazar camiños novos ao seu lado. Hai que comezar de novo a viaxe. Sempre. O viaxeiro volve ao camiño, iso faremos algún día cando volvamos a Pena Trevinca.

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Por las fuentes del Tera

Juan Alonso Ruiz

He perdido la cuenta de las veces que he descansado encima de esa cruz. Ese montón de acero y hormigón, hito que marca la cumbre más alta de dos provincias y divisor de tres. Mirador del valle que el Tera ha ido desgranando durante miles de años. Hoy quiero relatar mi primera vez, como un niño que descubre que los pájaros vuelan. No recuerdo bien la fecha pero si mantengo en mi memoria ese momento. Salimos de Ponferrada hacía Casaio, todavía apenas había claridad y una densa niebla nos cubría. En menos de una hora el autobús abrió sus puertas, dejándonos al pié de las ruinas de lo que en su día fue un sueño, la primera estación invernal de Galicia. De aquello apenas quedaban cuatro muros y cientos de escombros, el hueco era anormalmente gigante y la naturaleza comenzaba a recuperar lo que antes era suyo.

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La niebla todavía nos envolvía pero los rayos del sol comenzaban a abatir ese humo blanco. Por la pista encharcada cruzaban corzos por ambos lados, huyendo de nuestras voces y pasos. Poco a poco íbamos cogiendo altura, al mismo tiempo que la niebla se había esfumado y el sol nos iba calentando. De repente la pista desapareció para convertirse en una pequeña senda. A nuestra izquierda el todavía virgen de máquinas y explosivos, el lago de la Baña. Que maravilla de cascadas, litros y litros de agua que terminan en una cubeta rodeada de frondosos árboles al abrigo de ese profundo valle, que pena que la pizarra sea tan valiosa. Pronto la senda comenzaba a empinarse para llegar al límite de provincias, un montón de bloques de granito nos marcaba esa línea artificial. Ya teníamos el Surbia enfrente, y a sus pies, a nuestra derecha una pequeña laguna, no recuerdo su nombre pero era preciosa, brillante. Al cabo de un rato ya estábamos en la cuenca del Tera, la senda comenzaba a descender hacía las fuentes que forman su nacimiento, esta se perdía entre grandes bloques de granito pero era fácil, siempre había que seguir al primero, ese hombre de bien y tenaz, como un líder al que nunca hay que RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 178 -


abandonar. Al fondo, el Peña Trevinca. Ya sólo nos separaba de su cumbre una altiva pendiente. La senda de pronto se convirtió en un canal de agua, agua que llegaba de aquellos neveros que todavía se mantenían luchando contra el calor y la gravedad. En el grupo íbamos perdiendo unidades, cada uno se marcaba su ritmo pues la pendiente cada vez se hacía mayor, no teníamos prisa y todos sabíamos que llegaríamos. Después de un rato ya estábamos en la cuerda del Trevinca, ya lo teníamos a tiro de piedra. Los primeros decidimos esperar por el resto, teníamos que llegar todos juntos. Una vez reunidos seguimos hacia la última pendiente, en menos de veinte minutos ya estábamos en la cumbre, en el techo de Galicia, habíamos llegado. A quien se le había ocurrido construir una cruz. Que felicidad, otra cumbre para este grupo de chavales y chavalas guiados por un gran hombre y mejor persona. Todos estábamos muy contentos, felices y a la vez algo cansados. De nuestras mochilas cogimos el almuerzo, algo de embutido, pan y agua. Después de agradecer el dejarnos llegar hasta allí, decidimos comenzar de nuevo la ruta, por dónde bajar, por la misma cuerda RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 179 -


hacia el Tera o por nuestra derecha, por ese valle, pequeña cubeta glaciar que todavía se mantenía con nieve, el Maseirón. Aunque tenía mucha pendiente fue fácil para todo el grupo, éramos muy jóvenes y estamos muy fuertes. Al llegar al valle, al mirar hacía atrás, ahí sí, ahí nos dimos cuenta de la magnitud de ese pico, que maravilla, que preciosa pirámide, nos encantó. La vega del Tera estaba encharcada, al pisar sobre la hierba nos hundíamos en el barro, pero poco a poco íbamos avanzando al igual que lo hacía el río. Pronto nos topamos con el primer embalse, Vega de Conde y volvíamos a la naturaleza humanizada, una buena pista de tierra nos hacía avanzar mucho más rápido. En el muro de la presa había un pequeño edificio dónde decidimos parar a comer y admirar ese amplio valle. Continuamos descendiendo por esa pista, en breve nos topamos con otro embalse, aquel que un día inundó Ribadelago. Su muro partido nos impactó y aún más su historia. En su margen derecha un edificio dónde pasaríamos la noche, que gran terraza con vistas a lo que en su día fue el embalse de Vega de Tera, ahora una herida en su parte más alta lo hacía fantasmal.

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Reunidos en torno al fuego, la noche nos cubrió de estrellas, que gran grupo formábamos un montón de chicas y chicos hablando de la gesta del día y de otras muchas que nuestras mochilas habían ido guardando, y en la oscuridad, debajo de aquel serval nos observaba en silencio aquel hombre, aquel que debíamos muchas aventuras y sobre todo algo que nunca olvidaré, el amor por las montañas y la naturaleza. Ese hombre que de muy niño tuvo que abandonar su aldea, Vigo de Sanabria, huyendo de la miseria y el hambre, José Antonio Prada, allá dónde estés muchas gracias, este relato es por ti, gracias.

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Mis huellas ya están en Sanabria

Alina Noé, alma basandere.

Me llegó la información de la V Transtrevinca y la mirada se me encendió. Los ojos me brillaban. Me parecía una iniciativa llena de sentido y ¡lo más lindo!... tenía muchas ganas de reencontrarme con mi amigo Dani, gran aventurero de la vida, caminante de montañas. Se lo propuse a mi compañero Alejandro, a quien también le brillaron los ojillos por realizar la aventura. Decidimos unirnos a las ocho de la mañana en “El Puente”. Tenía muchas dudas y ciertos nervios: ¡ay! ¡espero no dormirme! ¿y si no los encontramos? ¿Y si no soy capaz de realizar todo el trayecto?... Pero no nos dormimos… allí estuvimos puntuales y bien despiertos para comenzar la aventura. En plena sincronización, apenas llegamos al puente antiguo nos encontramos con los caminantes nocturnos que venían de Bragança. Llegaban con rostros cansados pero sonrientes de caminar la noche: mientras nosotros estuvimos durmiendo ellos habían caminado los sueños. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 182 -


Nos unimos a los pasos del grupo y me sentía feliz. Nunca había estado en la zona, no conocía nada. Y la verdad, desde el principio, fue un precioso viaje lleno de descubrimiento. La ruta enlazaba la vegetación mediterránea y atlántica. A través de la diversidad florar nos llegaba la hermandad de las comunidades vegetales y la bella expresión de su capacidad de adaptación y resistencia. Robledales abrazados por brezos y con la ¡gran sorpresa! de descubrir setas de diferentes tipos boletus, amanitas, rúsulas… en una época calurosa y poco común para estas formas de vida amantes de la lluvia y las temperaturas suaves. Mientras avanzábamos ibas conociendo a los caminantes. Pequeñas

conversaciones

o

simplemente

una

natural

comunicación a través de la miradas y las sonrisas… Algunos dejaban el camino y otros se unían y unos pocos realizaron todo el trayecto: los casi 100 kilómetros de ruta y aventura que enlazaban España y Portugal. Era la sensación de ser una ráfaga de viento llena de colores que atraviesa los pueblos, valles, montañas. Una ráfaga formada por un montón de vientitos que vienen y van, cada uno aportando su singularidad en el camino, su chispa, su grandeza. Mientras avanzábamos, todos estábamos en observación RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 183 -


de la belleza… en el gozo y el placer de caminar atravesando pueblos y naturaleza viva. Conociendo sus tradiciones, sus expresiones locales, su lengua, dando sentido a la verdadera comunidad de la tierra. Llegamos a Llagona de Peces, donde comenzaba el ascenso a Peña Trevinca. Esa parte del camino fue como deslizarse por un manto de colores… el amarillo de las retamas, el fucsia de los brezos, y algunas otras flores nos acompañaron casi todo el trayecto por el valle glaciar. ¡Una maravilla! Y siempre, en estos andares, una tiene tiempo para estar acompañada y a solas, para escuchar el silencio, el latido del corazón, dejar volar los pensamientos, limpiar la emoción y a la vez, sentir el abrazo de los compañeros, las risas y las conversaciones de cada una de las personas que estábamos allí. El tramo final, hacia la cima fue lento, pausado, buscando la respiración que más se acomodaba a la fuerza de los músculos que deseaba llegar al punto más alto de la montaña. De pronto, me sentía una tortuguita casi tocando las nubes. A veces cerraba los ojos y sentía como si me crecieran alas: eran las plumitas de las aves lugareñas, a punto de lanzarme al vuelo. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 184 -


En la cima, tras un rato de contemplación y celebración, desplegamos las pancartas. En ese momento todo guardaba un sentido casi de oración: Caminantes juntos por la justicia ambiental y social. Caminantes peregrinando por la protección de nuestras tierras, de nuestros valles y montañas, de nuestra diversidad cultural y natural. Fue un momento de esperanza, de complicidad, de nutrir la ilusión para luchar por la vida, para dar verdadera significación a nuestro camino vital. Ahora, mientras escribo estas líneas, cierro un momento los ojos y me vienen imágenes de aquel precioso día, y de pronto es como si me llegara un susurro, una canción, una plegaria del viento libre… Somos comunidad, la tierra es nuestro hogar que no entiende de fronteras. Cuidemos la madre tierra, agradezcamos su infinita generosidad y sostén. Oremos por alcanzar el equilibrio justo y sano entre ser solos y ser comunidad.

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Ciento veinticinco mil pasos

Daniel Boyano Sotillo

“En algunas ocasiones el precio de la aventura es la soledad, en la Transtrevinca es todo lo contrario, ya que esta no solo consiste en descubrir nuevos lugares, si no en mirarlos con distintos ojos y vivirlos con distinta gente”.

Podía haber sido un sueño de un sábado cualquiera pero no, esta vez era real, esa noche no tocaba dormir, esta noche tocaba caminar, porque todas las grandes ideas se han concebido caminando. Todo comenzó el primer sábado de junio de 2017, una noche agradable que anticipaba la llegada del buen tiempo en las montañas del noroeste ibérico lo que incitaba a caminar, a cruzar fronteras, a beber de la vida a grandes tragos.

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Con los primeros 2.000 pasos las luces de Bragança comenzaban a quedar atrás y pequeñas aldeas como Varge o Rio de Onor nos recibían con el frescor de sus ríos y el olor de sus flores. En esta última localidad abandonábamos Portugal, Tras os Montes y el Parque Natural de Montesinhos para adentrarnos en la Sierra de la Culebra sanabresa, donde los sonidos de autillo, chotacabras y cárabos continuaban ininterrumpidamente en una noche donde las estrellas y la vía láctea nos indicaban la dirección a seguir. En la frontera una bolsa llena de frutos secos y chocolate colgada de un árbol y un cartel nos animaban a seguir caminando informándonos que ¡solo nos quedaban 70 km! y eso que ya habíamos dado 25.000 pasos. Subimos al alto de la Falgueira a un ritmo ligero, recuperando altitud rápidamente después de atravesar el punto más bajo de Sanabria. En este alto la luz de la mañana parecía que le iba a ganar la batalla a la noche, más aun cuando llegamos a Ungilde con más de 40.000 pasos caminados. Ya en la bella estación de ferrocarril de Puebla de Sanabria la claridad del día se manifestaba con intensidad mientras algunas RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 187 -


personas viajeras esperaban en el andén correspondiente a su tren. A unos minutos de allí, en el Pilón de Puebla parte del equipo terminaba su marcha y otras la empezaban, de esta forma comenzaban nuevas conversaciones con nueva gente. También cambiaba el camino a seguir al adentrándonos ahora por un sendero por el bosque y paralelos al río Tera. Este río lo cruzamos por el puente romano del pueblo homónimo “Puente de Sanabria” donde igualmente que en puebla y en el resto de puntos de la Transtrevinca, unas personas se unirían y otras abandonarían hasta el próximo año. En el camino hacia Galende aparecían muchas setas a nuestro paso debido a las lluvias de la semana anterior, lo mismo ocurrió en el tramo a Pedrazales y en su continuación a Vigo. En este último pueblo nos esperaba un desayuno al cual nos invitaron Javi y Conchi, merecido después de los 65.000 pasos que habíamos dado hasta este punto. A pesar de ello, nos dispusimos a ponernos la carantroña y el traje de Visparro para recorrer los 2 km de este largo y hermoso pueblo de montaña que en este día se encontraba en fiestas. El vecindario nos acompañó hasta el pontón situado en la mitad del Cañón del Forcadura, contagiándonos de esta manera su alegría y fuerza para afrontar el resto de la marcha. RELATOS DE PEÑA TREVINCA Página - 188 -


Así llegamos a la Laguna de Peces o Llagona de Vigo en un instante. En este punto nos esperaba el grueso de personas participantes, ahora si éramos una marea rumbo hacia la cima de Trevinca. El grupo se empezaba a dividir en subgrupos según los diferentes ritmos de las personas participantes, pero siempre iban controlados por algún miembro del Club Montañismo Sanabria que se comunicaban entre sí para mantener una información fluida de cada situación. Llegados al último puente que cruza el río Tera intentamos hacer una reunificación grupal para afrontar el avance por el fondo del valle y la ascensión final. En el puente ya habíamos caminado 85.000 pasos, no estaba mal. El valle del Tera es largo y nos hundíamos continuamente en las zonas con mayor humedad, una dificultad más en la marcha unidas al sueño, a las paradas y a los diferentes ritmos que íbamos adquiriendo a los que era complicado adaptarse. A pesar de ello alcanzamos la base de la pirámide de Trevinca que aparecía y desaparecía entre las nubes que parecían un telón de un inmenso teatro.

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Comenzaba la fuerte pendiente y la roca. Los esquistos brillaban como la plata efectuando sobre el grupo un efecto de atracción que hacía que no nos pudiéramos parar. Sin darnos cuenta, estábamos en la cima, 105.000 pasos tenían la culpa que en ese momento nuestro único punto de apoyo sobre la Tierra estuviera en esta cima mágica, nuestra cima, Peña Trevinca, el lugar más cercano al cielo de Sanabria. Era el momento de felicitar a las compañeras y compañeros que habían llegado, celebrar el día del Medio Ambiente, hacer nuestros pequeños rituales que cada uno realiza al llegar a este punto y saludar a los compañeros del Club de Montaña O Trisquel que después de ascender por la cara gallega nos esperaban para compartir este momento especial. Desde la cima casi se podía observar el nacimiento del Tera. Que suerte tuvo el río, yo también quisiera haber nacido en este paraje. Los ríos afluentes que se unían al Tera eran una metáfora de nuestra andaina desde Bragança en la cual se iban uniendo personas hasta formar una gran corriente. No podíamos perder mucho tiempo, porque todavía nos quedaban más de 13 km. hasta el final de la marcha, a pesar de

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que en esta ocasión no se podía aplicar la frase de que la cima es solo la mitad del camino. Empezamos el descenso con precaución y con unas vistas extraordinarias de los valles del Tera y el Maseirón despidiéndonos así de la montaña. Había que asegurar cada paso, pero la marcha no se paraba, ya no quedaba comida ni agua, y ya se sabe que lobo hambriento camina más rápido. Subimos a ritmo constante la cuchilla en la cual volvimos a recuperar altura para volver a descender hasta el aparcamiento de la Llagona de Vigo o Laguna de Peces. Ahora sí, habíamos terminado después de 125.000 pasos, 90 km recorridos y 2.500 metros de desnivel acumulado, todo ello en 20 horas sin descanso ni tregua. Ya solo quedaban abrazos, felicitaciones y una taza de chocolate en el Chiviteiro de San Martín de Castañeda. También mi mente agradeció a mi cuerpo su buen comportamiento en este día, ya que no fue demasiado exigente como en otras ocasiones que no para de pedir y de ser exigente, tengo hambre, tengo sed, quiero descansar, tengo frío…

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En un tiempo inferior al que tarda la Tierra en girar sobre si misma habíamos logrado hacer la Treanstrevinca por quinta vez consecutiva, en esta ocasión desde Bragança. Ahora entendía la perogrullada que cuentan los libros de bilogía al definir ser vivo como individuo que vive, que intenta ser.

*Este relato está basado en sueños reales…y el resto creo que también.

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RELATOS DE PEร A TREVINCA Pรกgina - 193 -


RELATOS DE PEร A TREVINCA Pรกgina - 194 -


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