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El ilusionista visionario por SERGIO RODRÍGUEZ Fundó Apple, lanzó el primer sistema operativo con interfaz gráfica, reinventó la animación a través de Pixar, cambió la industria de la música con el iPod, hizo que funcionasen los teléfonos táctiles con el iPhone y, antes de fallecer, hizo realidad el sueño de crear un ordenador con forma de tableta, el iPad. Steven Paul ‘Steve’ Jobs ha fallecido en California a los 56 años con un legado tan amplio en su faceta profesional como escaso en su vida pública y personal. A falta de que la biografía ‘oficial’ se ponga a la venta en noviembre, es el propio Jobs quien mejor describió un capítulo clave de su vida en un emocionante discurso durante la apertura del curso escolar del año 2005 en la Universidad de Stanford: su adopción. La madre biológica de Jobs decidió que entregaría a su hijo. Pero sólo a unos padres que tuviesen estudios universitarios. Sin embargo, la familia a la que estaba destinado el bebé decidió, en el último momento, que quería una niña. Así que el pequeño Steven fue a recalar en otra donde su madre no tenía titulación y su padre ni siquiera el bachillerato. Pero aseguraron que su hijo iría a la universidad, lo que convenció a su madre biológica. «Diecisiete años después llegué a la universidad», recuerda Jobs, «pero seis meses después no le veía propósito alguno, no sabía qué hacer con mi vida, de modo que decidí dejarlo y confiar en que las cosas saldrían bien». Decisión que fue, en sus propias palabras, «una de las mejores que nunca he tomado». Los trabajadores de Apple no califican a Jobs como impulsivo, pero lo que se cuenta sobre él muestra a alguien exigente, algo caprichoso, adicto al trabajo, controlador, amante del buen diseño, obsesionado con los pequeños detalles y, sobre todo, entusiasta y perfeccionista: «Creo que si haces algo y resulta que es muy bueno, lo siguiente que debes hacer es crear algo maravilloso, no recrearte demasiado en el pasado», declaró en 1996 a la NBC.

Hay quien dice que Jobs es el Leonardo da Vinci de nuestra época y es probable que la comparación sea, por ahora, una exageración. No lo es ponerle al nivel de emprendedores visi como Henry Ford o Thomas Edison, que alumbraron industrias al calor de su genio. El fundador de no sólo tenía la capacidad de acertar el momento justo para poner el futuro a la venta. También con su compañía en la segunda con mayor capitalización bursátil del mundo, con más de 50.000 millon dólares en caja.


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Desde que en 1976, junto a Steve Wozniak y Ronald Wayne, fundase Apple, Jobs se dedicó a crear, sobre todo, ilusiones. Desde el primer Macintosh hasta el iPad van más de 25 años de novedades e inventos que cambiaron la forma de entender el ocio a través de la ilusión de tocar el futuro. Lo hicieron ambos dispositivos pero también ‘ToyStory’, el iPod o la inclusión de todo el catálogo de The Beatles en iTunes. El hombre que pondría rostro a la manzana más famosa y cara del mundo nació en San Francisco, pero tras su adopción por Paul y Clara Jobs creció en Mountain View, junto a Silicon Valley. Desde joven se interesó por la tecnología


y no tardó en conocer a Steve Wozniak, figura clave para la puesta en marcha de Apple. Jobs no estudió en una gran universidad, sino que cursó un año en Redd, Portland —tras saltarse un año de instituto por su alto cociente intelectual—, pero lo dejó y sólo acudió a algunas clases sueltas. A cambio, en 1976, junto a Wozniak y tras regresar de un viaje a la India, puso en marcha desde un garaje una empresa que años después marcaría un buen número de hitos en la historia de la informática. Es la época en la que aparece en las fotos con barba y pelo largo. Un tiempo que Jobs no solía recordar en vida porque, según todos los libros que recogen dichos acontecimientos, el verdadero genio detrás de las innovaciones de Apple era su colega Wozniak —de quien se aprovechó cuando eran jóvenes al vender a Atari un desarrollo ‘robado’ a su colega— que, a cambio, carecía de carisma y sentido empresarial. Fueron un equipo que lideró las tres primeras versiones del ordenador del mismo nombre de la empresa y después el Macintosh —junto al mítico anuncio 1984—, el primer ordenador con interfaz gráfica y escritorio al que pronto llegó el ratón, una versión portátil y muchas otras mejoras. Cierto que en los años siguientes fue Bill Gates quien, con Microsoft y junto a IBM, conquistó el mercado con el PC, pero la pareja fundadora de Apple son los verdaderos inventores de las ‘ventanas’. Pero para entonces Jobs había dejado su empresa. Ocurrió en 1984 y fue despedido por John Sculley, ex CEO de Pepsi-Cola a quien el propio fundador de la compañía de la manzana había reclutado un año antes para el mismo puesto con una cita para la posteridad: «¿Quieres vender agua con azúcar el resto de tu vida o quieres venir a cambiar el mundo conmigo?». En aquella época los empleados de Apple consideraban que Jobs era demasiado temperamental y Sculley decidió retirarle de sus labores al frente de Macintosh.

La conquista del desierto Los doce años que Jobs tardó en regresar a Apple estuvieron lejos de ser una sequía, mucho menos un problema para alguien que no llegaba a los 30 años y tenía dinero de sobra para gastar. Tampoco fueron los mejores años de Apple, sino la época en que se convirtió en una compañía de culto para diseñadores y artistas gráficos, y sí los de Microsoft: conquistaron los escritorios con Windows 95 e Internet Explorer en ordenadores IBM.


NeXT fue la segunda aventura empresarial de Jobs. Una empresa que con el objetivo de hacer un producto excelente se ahogó antes de llegar a las masas. Queda para la galería de las anécdotas que Tim Berners-Lee diseñó Internet en uno de sus equipos. Aunque mantuvo NeXT, el exitoso treintañero de San

Francisco decidió, en 1986, centrarse en un nuevo juguete: TheGraphicsGroup, que después sería Pixar, una división de animación por ordenador que compró a Lucasfilm por 10 millones de dólares. Aunque en un primer momento Jobs trató de hacer lo que mejor sabía — vender ordenadores— se dio finalmente por vencido y cerró un contrato con Disney para cofinanciar y distribuir una serie de películas. Como es habitual en él, el fundador de Apple se rodeó de


estrellas como Tom Hanks o Tim Allen, puso al frente de la producción a John Lasseter y el resultado fue ‘ToyStory’ (1995). Un hito en la historia de la animación al que seguirían títulos inolvidables como ‘Mostruos S.A.’ o ‘Buscando a Nemo’, y que llevaría a Jobs a formar parte del Consejo de Administración de Disney después de que ésta adquiriese Pixar. Tres revoluciones en 15 años Con nuevos éxitos en el bolsillo y con su primera compañía en una situación delicada, Jobs movió sus fichas y regresó a Apple con la venta de NeXT en 1996. Un año después ejercía como primer ejecutivo al módico precio de un dólar e hizo lo prometido: dar por ganada la batalla del ordenador personal a Microsoft y centrarse en «el próximo gran invento». Lo consiguió al menos tres veces en los siguientes 15 años, aunque lo nieguen sus detractores y lo exageren sus partidarios. La primera, en 2001, con el iPod, que suma más de 300 millones de unidades vendidas y al que se agregó en 2003 la tienda de música iTunes, que revolucionó los precios y el catálogo de música en Internet. La segunda, en 2007, con el iPhone: «De vez en cuando aparece un producto

revolucionario que lo cambia todo», advirtió entonces, con razón, Jobs. La última, en 2010, con el iPad, que copa el 75% del mercado de las tabletas. Éxitos que además impulsaron un crecimiento del 23% en los ordenadores con manzana durante 2010. Victorias que han hecho de Apple una referencia mundial y un caso de estudio en las universidades de todo el mundo. Logros basados, sobre todo, en el lema de Apple: «Piensa diferente» (ThinkDifferent). Una máxima inconformista que Jobs ha seguido también en su vida personal y que le ha llevado a trabajar como máximo responsable de la empresa hasta agosto de 2011, dos meses antes de su fallecimiento. Ni siquiera un cáncer de páncreas diagnosticado en 2004 y un trasplante de hígado


en diciembre de 2009, que le supusieron graves complicaciones, alejaron al carismático líder de su empresa más de unos meses en cada ocasión. Steven Paul ‘Steve’ Jobs murió con las botas puestas. Fue fan de The Beatles, protagonista de películas y documentales, uno de los hombres más influyentes de su tiempo e incluso fue parodiado sin piedad por MattGroening en los Simpsons. También ejerció como marido de Laurene

Powell, con quien se casó por el rito budista y tuvo un hijo y dos hijas, y padre de Lisa Brennan-Jobs —aunque le costó reconocerla—, la mayor de sus cuatro vástagos. Poco dado a aparecer en la prensa o a dar discursos, Jobs tampoco fue gran amigo de largas reuniones o encuentros profesionales. Con Eric Schmidt, cuando era CEO de Google, se reunió en una cafetería. Con Mark Zuckerberg prefirió cenar en casa. Quizá sea porque, aunque disfrutó del dinero, nunca fue una obsesión para él: «Ser el hombre más rico del cementerio no es algo que me preocupe… irme a la cama cada noche pensando que he hecho algo maravilloso, eso es lo que me importa», aseguró en 1993 a ‘The Wall Street Journal’. Ni siquiera en el encuentro que mantuvo con el presidente de EEUU, Barack Obama, junto a un buen número de colegas se puso traje y corbata. Sus vaqueros, camiseta y jersey oscuros, con sus gafas de patilla fina, eran todos los adornos que este visionario ilusionista necesitaba para convertir un teléfono en una caja de magia repleta de sorprendentes trucos. El adiós a Steve Jobs en frases La empresa de tecnología Apple fue muy breve al

comunicar la muerte de su fundador: 

“Estamos profundamente entristecidos de anunciar que Steve Jobs falleció hoy. 

El brillo, la pasión y la energía de Steve fueron la fuente de innumerables innovaciones que enriquecen y mejoran la vida de todos. El mundo es incomparablemente mejor gracias a Steve”. Tras empresarios, expertos en tecnología y admiradores del fundador de Apple reaccionaron en todo el mundo rindiendo sus propios tributos. 

BBC Mundo le presenta una selección de algunas emotivas despedidas del “genio de la manzana”: 

“Apple ha perdido un visionario y un genio creativo y el mundo ha perdido a un ser humano increíble” 

Tim Cook,

Apple. 

“Steve era uno de los más grandes innovadores de EE.UU., lo suficientemente valiente como para pensar de manera diferente, lo suficientemente audaz para creer que podría cambiar el mundo y con talento suficiente para hacerlo. El mundo ha perdido un visionario” 

Barack Obama, presidente de EE.UU. 

“Steve y yo nos conocimos hace casi 30 años y fuimos colegas, competidores y amigos a lo largo de más de la mitad de nuestras vidas (...) Para aquellos que tuvimos la suerte de trabajar con él, fue un increíble gran honor. Te voy a extrañar muchísimo Steve” 

Bill Gates, Windows 

“Steve, gracias por ser un mentor y un amigo. Gracias por enseñarnos que lo que se construye puede cambiar el mundo. Te echaré de menos” 

Mark Zuckerberg, Facebook 

“A pesar de todo lo que logró, se siente como si apenas estuviera empezando. Con su muerte el mundo


Metal 4ta

Fecha domingo, 23 de octubre 2011 Lugar teatro metropol (calle 24 No 6 - 31)


Hora 09:00 路 AM Valor 2 kilos de comida no perecedera + $2000 Ciudad Bogot谩


Victoria fránces Artista española dedicada principalmente a la ilustración. Nació el 25 de octubre de 1982, y desde su niñez le fascinaba la belleza de los bosques gallegos, donde pasó gran parte de su infancia. Tras viajar a ciudades como Londres y París, quedó hipnotizada por los ambientes que dieron vida a obras literarias ya legendarias del género gótico. Sus ilustraciones y bocetos rememoran así el mundo onírico del romanticismo gótico.

Influida por la expresión de las pinturas prerrafaelitas, aborda temáticas que nos llevan a un mundo simbolista, mágico y ancestral. Todo el sufrimiento de los seres proscritos de este mundo se plasma en forma de castillos oscuros y mansiones de luces parpadeantes, donde


queda patente la influencia de Luis Royo, Goethe, Edgar Allan Poe, Baudelaire e incluso Bram Stoker. Licenciada en Bellas Artes por la Facultad de San Carlos de Valencia, nos muestra su faceta de ilustradora en diversos trabajos como portadas de libros y otras obras de encargo. “Favole”, su primera obra ilustrada, un recuerdo a través de tres ciudades, Verona y Génova, se convirtió en la obra revelación del Saló del Cómic de Barcelona de 2004, y ha cose-

chado éxito en todos los países donde se ha publicado. “Gélida Luz”, la tercera y última entrega de la serie “Favole”, ponen punto final a una historia inquietante. Cada una de sus imágenes muestra como Victoria Francés sumerge sus colores en las tinieblas de bosques y castillos abandonados de toda la claridad… Actualmente y después del éxito cosechado con su debut en el mundo de la ilustración, desvela lo que será la continuación de su carrera artística con el prólogo que hace referencia a su nuevo trabajo, “El Corazón de Arlene”


steve jobs  

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