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Up Suping #38

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Ninguna luz dura para siempre excepto una. Pero, no siempre estará a tu entera disposición. ¿Porqué no apagarla y contemplar sus últimos instantes de luminosidad? En uno de los puntos de España donde la noche se asoma más tarde que el resto del país, puedes tener el privilegio de seguir su despedida en aguas del Océano Atlántico. Puede darte la impresión de que el atardecer es más rápido que el amanecer, pero no. Tras los últimos instantes en el que el sol comienza a dejarse ver, dejas de notar el efecto de su calor en el ambiente. Y en cuanto desaparece del horizonte, aún te regala minutos de claridad; con unos colores muy vivos que pasan a oscurecerse sin tregua. Entonces, antes de que todo esto ocurra, es cuando debes remar en busca de tu mejor visión de dicha despedida. Siéntate, levántate, habla, rema, grita, has piruetas. Quema esos últimos cartuchos de energía del día bien acompañado. Dicen que ¨las despedidas son amargas¨. El olor del mar, esa salitre pegada en tu tabla y la incógnita de saber que probablemente vas a volver a tocar tierra de noche, no puede amargarte absolutamente nada. Pero sí es cierto que, tras estar acostumbrado a muchas horas de luz durante el día y de repente todo comienza a oscurecer, tienes que estar atento a los movimientos del mar, ya que pierdes algo de concentración y visibilidad. ¿Y sabías que vivir un atardecer en SUP es una gran terapia? Cuando la cabeza y el corazón llevan tantas horas de trabajo psicológico, existe una conexión entre lo que se va y se queda de tu cuerpo. Se profundiza una calma, que te ayuda a optimizar mejor tu toma de decisiones. El sol se va, y te aseguro que con el muchas otras cosas…si le dejas. Al igual que en el amanecer, atesora cada minuto de los cambios de luces que genera el cielo. Porque hasta el día siguiente no lo volverás a ver, y un día es muy largo en esta vida.


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