Nº 122
Junio, 2025
el eafitense MEDELLÍN, COLOMBIA
Historias de personas y organizaciones que están transformando el mundo.
¿Cómo
hackear ISSN 0124-3624
el futuro?
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¿Por qué la ilustración de un búcaro con un computador en la portada?
Todos los árboles de EAFIT tienen un número que los identifica. Buscamos el árbol 65, ese que representa los 65 años que, como Universidad, estamos celebrando. Es un inmenso búcaro ubicado en la zona sur del campus. Ver sus hojas en el suelo es un espectáculo sobrecogedor: es como si decenas de llamas rojas parecieran incendiarse en fuego con su magia. Eso fue lo que ocurrió hace 65 años: el poder de la educación arribó para transformar y encender mentes y corazones. Un búcaro para recordarnos que podemos hackear el futuro.
Revista El Eafitense
N.° 122. 06/2025
ISSN 0124-3624
El futuro NO se espera… se PROVOCA
Rectora Claudia Restrepo Montoya Vicerrectora de Aprendizaje Paola Podestá Correa
Esta revista está dirigida a todas aquellas personas interesadas en temas de liderazgo, tecnología, sostenibilidad e innovación. Entre ellas, hay una comunidad que nos inspira de manera especial: los graduados eafitenses, con quienes compartimos la audacia, el profundo deseo de transformar el mundo y la certeza de que la ciencia y el humanismo son motores reales del cambio. Sabemos que tu agenda es apretada. Por eso esta edición nació breve. Fue pensada para que la leas rápido, aunque nosotros la escribimos despacio.
Vicerrector de Ciencia, Tecnología e Innovación Antonio Julio Copete Comité editorial Claudia Restrepo Montoya Alejandro Gómez Valencia Amalia Londoño Duque Catalina Suárez Restrepo Isabel Cristina Gómez Yepes Valeria Mejía Echevarría
Esperamos que no te tome más que un par de cafés reposados.
Coordinación y edición Diana Vélez
Eso sí, no garantizamos soltarte pronto. Alguna idea podría quedarse contigo,
Diseño y diagramación Taller de Edición www.tallerdeedicion.co
colonizar tu pensamiento,
Colaboradores Adriana Puentes Domínguez Silvia Luz Gutiérrez Sánchez Juan Carlos Luján Sáenz Jonathan Montoya Correa Ilustraciones Creadas con inteligencia artificial por Taller de Edición
Querido lector:
inquietarte, Escanéa para ver el video EAFIT 65 años.
inspirarte.
¡Que la disfrutes tanto como nosotros al crearla!
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No vinimos a repetir el mundo… Vinimos a HACKEARLO
Por: Claudia Restrepo Montoya
Los líderes ya no podemos ser los mismos. No solo porque el mundo cambió, sino porque insistir en lo que ya no funciona se ha vuelto un acto de irresponsabilidad histórica. Hoy no se espera de nosotros una administración pasiva de lo conocido, sino la capacidad crítica de repensarlo todo. No se trata de cambiar por cambiar. El liderazgo no puede divorciarse del legado ni de lo aprendido. Pero sí exige algo ineludible: sensibilidad para escuchar las señales del tiempo y coraje para actuar. Exige, además, cuidado: de uno mismo, de los equipos, de las organizaciones y —sobre todo— de aquello que aún no ha nacido. Porque lo que está en juego no es solo el destino de las organizaciones: es la posibilidad misma de una vida digna en el porvenir. Creer en el futuro no es una ingenuidad, ni un gesto decorativo para adornar discursos institucionales. Es una postura ética, una responsabilidad ineludible. Por eso propongo una palabra que puede incomodar, pero que necesitamos abrazar: hackear. Necesitamos hackear el futuro (recordemos que hackear es muy distinto a crackear). Hackear, en su sentido más noble,
es irrumpir con propósito, con serenidad, con inteligencia creadora. Es reescribir el código fuente de una realidad para actuar. Hackear el futuro es, en esencia, un acto de amor: hacia lo que vendrá, hacia quienes vendrán, hacia aquello que aún puede ser. Es, en últimas, ser fieles a lo que somos como humanidad. Hace 65 años, un grupo de empresarios y visionarios antioqueños decidió fundar una universidad sin recetas y sin certezas, solo guiados por una convicción transformadora: que el conocimiento podía cambiar el curso de una región. Lo hicieron sin que existiera aún la palabra hackear, pero eso fue exactamente lo que hicieron. Reescribieron el código educativo y productivo de su tiempo. Intervinieron la historia. Imaginando lo que no existía, provocaron un futuro que, de otro modo, nunca habría llegado. Hoy, ese acto inaugural sigue siendo una guía: nos recuerda que los grandes cambios siempre empiezan con decisiones valientes. Y que lo que el mundo necesita, ahora más que nunca, son gestos así: disruptivos, transformadores, profundamente humanos, desde el corazón y el propósito. Entender el pasado como semilla y no como prisión es parte esencial de este llamado. Porque hackear el futuro no significa desecharlo todo. ¡Ni más faltaba!. Lo construido importa. Importa mucho. Porque hay sabiduría en la memoria, y solo con raíces profundas se puede construir una arquitectura sólida para el mañana. Este llamado no niega el pasado: lo honra. Lo reconoce como base, pero no como límite. Hackear el futuro
es actualizar lo que somos sin caer en la arrogancia de creernos los únicos o los mejores. Es despertar con humildad y responsabilidad al deber de imaginar distinto, de imaginar juntos. En EAFIT creemos que el futuro no se espera: se provoca. Y que para encender lo posible necesitamos Liderazgo, Aprendizaje, Talento, Ciencia, Tecnología e Innovación. Por eso, en la celebración de nuestros 65 años de historia, relanzamos esta revista, El EAFITENSE, ahora dirigida a graduados eafitenses y personas interesadas en temas de liderazgo, tecnología, sostenibilidad e innovación. La concebimos como un espacio para pensar colectivamente, para encontrarnos con ideas que nos desafíen y con voces que, a veces con calma y a veces con firmeza, nos ayuden a ver mejor. Más que una publicación, esta revista quiere ser una carta abierta a la imaginación, una cantera de preguntas urgentes, un lugar para abrazar a quienes están cambiando el mundo con ideas valientes. Este número es un encuentro: un inventario de pensamientos lúcidos y provocaciones necesarias.
¡Que las preguntas sean fértiles y que el futuro llegue a nosotros en forma de fuego creador!
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N CO TE 0’6’’ el eafitense
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¿Es_cierto_que_la_IA_ es_enemiga_del_trabajo?_P.22 ArquiMent_P.26
En_EAFIT_se_definió_el_surgimiento_ de_Nequi_P.28 Preguntar_en_plural:_el_futuro_ comienza_con_un_interrogante_P.32
87_segundos_no_nos_definen_Del_ Doomsday_Clock_al_Reloj_Esperanza_P.10 Graduados_eafitenses_nos_cuentan_ cómo_hackear_el_futuro_P.12 El_futuro_no_pide_permiso_P.14 Liderar_en_la_era_del_algoritmo_P.17
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espEranzA No_es_accesorio._El_propósito_de_una_ empresa_es_su_tatuaje_P.36 Cerebro_en_remojo_P.40 Conocer_el_aire_actual_para_mejorar_su_ calidad_futura_P.48 Ficción_breve_verdad_larga_P.52 El_fotógrafo_que_nos_enseña_a_ver_lo_que_ evadimos_P.55 Gracias_comunidad_EAFITENSE_ por_estos_65_años_P.58 Reinventando_la_educación: _Hackear_vs._Crackear_P.62
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segundos no nos definen
Del Doomsday Clock al Reloj Esperanza
Por esos años en que los hombres aún creían que los dioses habitaban en los átomos, Einstein y Oppenheimer —padres de una devastación tan brillante como su intelecto— fundaron una idea con nombre de catástrofe: el Doomsday Clock o Reloj del Juicio Final. Un artefacto simbólico, sin engranajes, sin agujas de bronce, sin péndulo, pero con una mirada implacable. Corría 1947.
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Ochenta y siete segundos. Casi nada. Una exhalación. Lo más parecido a un susurro antes de que se apague la luz. Símbolos como el Doomsday Clock son importantes, no lo negamos, pero el mundo no se salva solo con advertencias. También necesita actos con los pies en la tierra. Por increíble que parezca, durante todos estos años nadie ha inventado lo contrario: un reloj que, en lugar de restarnos tiempo, sume minutos al mundo. Claro, hay relojes disruptivos —como el de los 10.000 años respaldado por Jeff Bezos, que mide milenios—, pero ninguna iniciativa que levante la mano para decir que encarna la antítesis de aquel artefacto con nombre espeluznante. O, al menos, no la hemos encontrado.
La Segunda Guerra había terminado, pero la amenaza seguía respirando detrás del telón atómico.
Ante la inexistencia de ese símbolo, en esta publicación decidimos inventarlo: lo llamamos el Reloj Alba o Reloj Esperanza, cuyo propósito es hackear el futuro.
Desde entonces, y cada año, un grupo de físicos se reúne para mover la manecilla y advertirnos cuán cerca estamos del fin. Hoy, según el último cálculo, faltan 87 segundos para el apocalipsis.
Más que un artefacto inédito, es una idea: una invitación a sumar. Sumar miradas de futuro, narrativas de esperanza, proyectos que visibilicen a quienes —con acciones concretas— están moviendo al mundo hacia adelante.
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Graduados eafitenses
Nos cuentan cómo hackear el futuro MARÍA VICTORIA GIRALDO GÓMEZ
Jefe de Negocios Metro de Medellín
“Uno puede adelantarse al futuro desde distintos escenarios. El primero es el político: como ciudadanos, tenemos la responsabilidad de estudiar con juicio los planes de desarrollo de los territorios que habitamos y las propuestas de nuestros gobernantes. Participar activamente en ese proceso —entendido como una construcción colectiva— es clave. En segundo lugar, las empresas debemos conectarnos de manera auténtica con nuestros grupos de interés, porque solo así es posible comprenderlos y construir caminos en conjunto. También creo que hackear el futuro es una tarea personal: se trata de acciones sencillas, pero profundas. Desde cómo reciclamos, la ropa que compramos o la forma en que nos movemos, cada decisión puede marcar la diferencia. Y algo más: aprovechar la sabiduría de las personas mayores. Compartir tiempo de calidad con nuestras familias, especialmente con los mayores, es un acto de gratitud y de visión. Gracias a ellos, tenemos futuro”.
HUGO ZUREK
Gerente General Grupo Empresarial SuperGiros
“Creo que transformar el futuro de la humanidad exige algo más que buenas ideas. Requiere convicción y acción. Comparto dos asuntos que practico con disciplina cada día como líder y como ser humano. Uno, diseñar estructuras con propósito, no solo con eficiencia. Las organizaciones necesitan parecerse a la sociedad que sirve. Las organizaciones necesitan resultados, claro que sí, pero si esos resultados no están conectados con valores como la ética, el servicio y la responsabilidad social, el éxito es superficial. Creo en construir empresas que midan su impacto en la vida real de las personas, no solo en sus estados financieros. Dos, hacer de la disciplina un acto diario. La disciplina no es rigidez ni castigo, es la forma más comprometida de honrar una visión y nuestra propia visión. Significa cumplir lo que uno promete e, incluso, lo que uno se promete a sí mismo cuando nadie lo está mirando. En un mundo lleno de distracciones, ser disciplinado es un acto revolucionario”. Escanéa Escucha aquí estas y otras voces de algunos eafitenses que nos cuentan cómo hackean el futuro.
SUSANA OCHOA HENAO
Primera dama de Antioquia
“Creemos que el futuro se construye hoy, eliminando desigualdades y abriendo oportunidades reales para las mujeres. Nuestro compromiso es impulsar el bienestar de todos los antioqueños, promover la autonomía económica femenina y avanzar hacia un desarrollo más equitativo. El Sistema del Cuidado de Antioquia es una herramienta clave para transformar realidades y cerrar las brechas sociales que afectan a las mujeres en todo el departamento. Desde los primeros años de vida, invertimos en lo que realmente transforma: priorizamos la atención a gestantes y familias con niños menores de cinco años, acompañando su desarrollo integral con crianza amorosa, nutrición, arte y literatura. En educación, trabajamos con estudiantes de primaria y jóvenes de secundaria en 425 instituciones no certificadas para mejorar la comprensión lectora, fortalecer los aprendizajes y reducir la deserción escolar. También acompañamos a madres adolescentes con apoyo psicosocial y acceso a formación técnica, y fortalecemos el trabajo colectivo de mujeres rurales en 98 granjas del cuidado. Pero más allá de los programas, sabemos que el cambio cultural es esencial: queremos que el cuidado sea una responsabilidad compartida entre hogares, Estado y sociedad, y que las mujeres también sean cuidadas”.
CATALINA ESCOBAR BRAVO
Cofundadora de Makaia
“Necesitamos más mujeres, migrantes y personas de distintos contextos y formas de pensamiento creando tecnología. Esto no es solo una cuestión de equidad e inclusión: es una necesidad urgente para garantizar que el mundo digital refleje la realidad y diversidad de nuestra sociedad. Además, representa una gran oportunidad para impulsar la innovación y desarrollar soluciones más escalables, eficientes y alineadas con el entorno. La segunda acción colectiva que propongo es trabajar de manera articulada entre los sectores público, privado, social y académico. Todos somos corresponsables del desarrollo de nuestra sociedad, y solo a través de la colaboración lograremos cambios reales, sostenibles y sistémicos. Y como acción individual, quiero resaltar algo cotidiano: reciclar y compostar en casa. Puede parecer un gesto pequeño, pero es un acto de coherencia con el planeta. Si muchas personas lo hacemos, el impacto se multiplica. Estaremos, de verdad, cuidando nuestra casa… porque no hay planeta B”.
Al final de esta publicación encontrarás el primer boceto del Reloj Esperanza. Para llegar hasta él, cambiamos la paginación habitual —números enteros— por segundos. Es nuestra manera oculta de simbolizar un propósito: el futuro no es una resta… es la sumatoria de acciones que hacen la diferencia. El tiempo no es una amenaza: es una revolución redentora.
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El futuro no pide permiso ¿Qué máquina puede reemplazar la genialidad humana? Ninguna. Y eso es lo poderoso de historias como las de nuestro fundador Jorge Iván Rodríguez, quien recientemente recibió el título como doctor honoris causa en Administración. Él es una suerte de guardián del tiempo y la esperanza. A sus 100 años de vida, su memoria prodigiosa puede regresar a la Segunda Guerra Mundial o a la llegada del hombre a la Luna. En esta entrevista, conversará de temas de los que nunca ha hablado. ¿Qué tiempo vale la pena preservar?
Imagina una cápsula que congela un pedacito de tiempo en su interior. Se trata de un tesoro cuyo valor está revestido de lo que tiene para contar de un determinado momento de la historia. Los hay compuestos de documentos y objetos; también de memorias que no necesitan que se cumpla un rango de tiempo para ser reveladas, porque están contenidas en personas y pueden surgir en cualquier instante y lugar. Es el caso de Jorge Iván Rodríguez, uno de nuestros fundadores, quien custodia un fragmento de la historia del último siglo, el que comenzó en 1925, año de su nacimiento.
Aunque inquieto por los negocios desde pequeño, su padre quería que se formara como médico. Ni lo uno ni lo otro: Jorge Iván eligió convertirse en ingeniero químico. Ejerciendo esta profesión, el camino lo fue conectando con el universo de la administración. De hecho, reconoce que no había espacio para los libros de novelas, porque el tiempo de lectura lo dedicaba a textos relacionados con administración. Deportes, acuarelas y acordeón, también hacen parte de los saberes que atesora.
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Es cierto que fue testigo de acontecimientos como una guerra, el primer viaje del hombre a la Luna, la conquista del voto femenino o la llegada de la televisión al país; pero también fue artífice de un acontecimiento de gran magnitud para la historia de Colombia: la creación de EAFIT. Tal vez él no lo vea de esta manera, pero es innegable que su pasado albergó el futuro que hoy habitamos y que abre las puertas del que vendrá.
Automatización, IA y poder humano
Liderar en la era del algoritmo Ella es Natalia de Greiff, graduada de EAFIT y actual vicepresidenta de Automatización de uno de los gigantes tecnológicos del mundo: IBM. Se declara optimista del futuro, convencida de que tenemos una oportunidad única de transformar el mundo a través de la inteligencia artificial. Y, aunque pueda sonar contradictorio, insiste en lo esencial: los humanos debemos volver a lo básico.
Escanéa
Esta es parte de la historia de uno de los hombres que, casi como una cápsula del tiempo, alberga en su memoria y corazón la historia de EAFIT. No tuvo miedo en lanzarse al vacío con otro grupo de soñadores 65 años atrás, porque ha sido y es capaz de ver el futuro en lo que parece impensable.
Al escanear este código QR accederás a dos piezas audiovisuales que cuentan la historia de Jorge Iván Rodríguez desde diferentes perspectivas: su vida personal y cómo fue el nacimiento y evolución de EAFIT
“Ningún CEO debe esperar a que el resto de la compañía le diga qué hacer en IA. ¡Somos capitanes del barco!”
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Al abrirse camino en un entorno predominantemente masculino, encarna un modelo de liderazgo femenino en el ámbito tecnológico. Su historia inspira a nuevas generaciones de mujeres a incursionar en carreras STEM y asumir roles de liderazgo. Todos en el auditorio la escuchaban con atención. La sala estaba colmada de líderes de empresas tecnológicas o con interés en adoptar desarrollos de IA en sus organizaciones. Ella estaba en un momento clave de su intervención cuando se escuchó un celular. Varios dirigimos la mirada para ubicar al responsable, y, para sorpresa de todos, era el suyo. Interrumpió su discurso con serenidad y dijo: “Un momento, mi hijo me llama y yo siempre, SIEMPRE, le contesto… esté donde esté y me encuentre con quien me encuentre”. La llamada fue breve: “Hijo, estoy en mi charla en EAFIT. ¿Es urgente o puede esperar? (…) Está bien. Te llamo en cuanto termine”. Media hora antes ya habíamos intuido parte de su filosofía: los líderes son, antes que nada, seres humanos. Y la tecnología, por más avanzada que sea, no puede avanzar sin lo humano. Natalia de Greiff es recia. Sus respuestas son lacónicas, quirúrgicas, pero cada palabra que elige tiene una fuerza inusitada. Parece seleccionar sus ideas con tiempo, como si emergieran desde una laguna profunda de pensamiento curado. Habla poco, pero dice mucho. Así también son sus convicciones sobre el futuro del trabajo y la inteligencia artificial: firmes, claras y con sentido de urgencia.
“No debemos evadir los cambios —sostiene— porque cuanto más rápido enfrentemos el reto, más rápido se crearán los nuevos roles que el mundo necesita y que antes no existían”. Desde que se graduó como ingeniera de producción de EAFIT, su trayectoria ha sido meteórica. Comenzó en Xerox, fue gerente general de Informix y, tras su adquisición por parte de IBM, inició un ascenso sostenido dentro de la multinacional. En febrero de 2024, fue nombrada vicepresidenta de Automatización para IBM Américas, siendo la colombiana con el cargo más alto en la compañía. Desde su oficina en Nueva York, lidera un portafolio estratégico que transforma procesos empresariales a través de la automatización y la IA generativa. Bajo su liderazgo, IBM se convirtió en su propio “cliente cero” al automatizar gran parte de sus procesos internos. Pero para Natalia, el foco no es la tecnología por sí sola, sino lo que puede generar en términos humanos y sociales.
Natalia fue elegida como una de las 100 Mujeres Poderosas de Forbes Colombia.
Volver a lo básico “El CEO del futuro tiene que ser un visionario capaz de anticipar lo que viene para preparar a sus líderes, y que ese liderazgo se replique en cascada”. Porque el reto no es solo tecnológico: es cultural, emocional, humano. Natalia insiste en que los tomadores de decisiones deben tener la apertura de aprender, escuchar y actuar. “Cuando un equipo enfrenta un problema, lo esencial es saber encausarlo con claridad. Para resolverlo, hay que volver a lo esencial: comprendernos, comunicarnos, escucharnos. El CEO del futuro construye cultura, porque la cultura es la esencia de toda organización”.
Humanizar con IA De Greiff lideró la transformación del área de recursos humanos de IBM utilizando herramientas de inteligencia artificial generativa. Lograron automatizar la atención al cliente y al empleado, resolviendo dudas y problemas que antes requerían intervención humana. “La respuesta ahora es instantánea. Mejoramos la calidad de atención, liberamos tiempo, y las personas ya no tienen que esperar a que alguien esté disponible para ser escuchadas”, explica.
Para ella, las organizaciones están frente a una oportunidad única: transformar el mundo con IA y automatización. Aunque los cambios generan inquietudes, insiste en que los desafíos se enfrentan, no se posponen. “Cuanto antes se aprenda sobre IA generativa, antes se podrá usar en beneficio propio, en los proyectos personales y profesionales, y más rápido comenzaremos a ver resultados”. El objetivo no es reemplazar personas, sino liberar el potencial humano: dejar las tareas repetitivas a la tecnología para redirigir el talento hacia actividades de mayor valor estratégico. Esto permite escalar, innovar, crecer.
CEO, capitán del barco Esta eafitense lo dice sin titubeos: el CEO no puede ser un espectador del cambio. Debe liderar, guiar, actuar. “Ningún CEO debe esperar a que el resto de la compañía le diga qué hacer en IA. ¡Es el capitán del barco!” Pero el liderazgo, para ella, también es un asunto de integridad personal. “Uno puede seguir a una compañía, pero en realidad sigue a sus líderes; y, de la misma manera, no se abandona una empresa, se abandona al líder que se tiene”. El alma de una organización está en quienes la conducen.
Volver a EAFIT En su visita, Natalia no solo compartió su visión de futuro. Sembró, como quien lanza una idea afilada al viento, una verdad precisa, casi aforística, que parecía brotarle sin esfuerzo: “La tecnología debe caminar acompasada con la humanidad”.
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creativas, muchas profundamente humanas— que se reorganizan cuando llega una nueva herramienta. En ese sentido, la inteligencia artificial no elimina el rol del ser humano: lo reubica. Automatiza tareas cognitivas rutinarias, como revisar ortografía o corregir exámenes, pero a la vez realza otras que no puede replicar, como la mentoría, la conversación, el acompañamiento emocional. “El trabajo del futuro va a ser más humano”, afirma Chaparro. “Las funciones sociales y socioafectivas de las ocupaciones van a cobrar más valor”. Laboratorio de Óptica de la Universidad EAFIT.
¿Es cierto que la IA es enemiga del trabajo? Durante siglos, cada revolución tecnológica ha traído consigo una angustia recurrente: ¿desaparecerá el trabajo? Hoy, con la irrupción de la inteligencia artificial generativa y la automatización, ese miedo vuelve a escena. Pero Camilo Chaparro, economista y profesor de EAFIT, propone una mirada más ponderada: no estamos ante el fin del trabajo, sino ante una profunda transformación de las tareas que lo componen.
“La historia nos lo muestra”, dice. Ya ocurrió con la revolución industrial, con los computadores, con Internet. Las ocupaciones no desaparecen de golpe: cambian por dentro. Y para entender ese cambio, sugiere un desplazamiento conceptual potente: dejar de hablar de ‘ocupaciones’ como bloques inamovibles, y empezar a pensar en colecciones de tareas. Porque eso es lo que hacemos cada día: una secuencia diversa de acciones —algunas repetitivas, otras
Sin embargo, no todo es luminoso. El riesgo más grande que ve no es el desempleo masivo, sino la profundización de la desigualdad. Solo quienes cuenten con condiciones educativas, económicas y emocionales favorables podrán adaptarse rápidamente a estos cambios. De ahí la urgencia de que el sector público invierta en educación inclusiva de calidad, y que las empresas creen espacios internos para la exploración tecnológica, sin esperar a tener todo resuelto. “El futuro del trabajo no se enfrenta desde el miedo, sino desde la capacidad de aprender a lo largo de la vida”, concluye.
Con realismo y sin ingenuidad, Chaparro invita a los líderes a no idealizar ni demonizar la tecnología, sino a convertirla en una aliada del desarrollo humano. Porque si algo está claro, es que el trabajo del mañana no será menos necesario: será distinto, y quizás más profundo que nunca.
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EAFIT ya tiene un pie en el futuro Las organizaciones están cambiando. Y con ellas, los perfiles que necesitan. Áreas como tecnología, datos, sostenibilidad, logística y mercadeo están reclamando nuevas habilidades: pensamiento creativo, liderazgo, agilidad, ciberseguridad, inteligencia artificial. EAFIT, consciente de esta transformación, está reformulando su propuesta educativa para preparar a los profesionales que el futuro ya demanda. María Salomé Arango, líder de Alineación y Medición Estratégica de la Universidad, lo resume así: “Estamos construyendo trayectorias flexibles y pertinentes que respondan a los desafíos del mercado laboral, sin perder de vista el desarrollo integral de nuestros estudiantes”. Eso se traduce en una robusta oferta de microcredenciales, formación híbrida, y un currículo interdisciplinar conectado con las organizaciones y los retos del mundo real. La transformación se extiende también a lo económico. Fondos como Fondo Futuro ofrecen nuevas formas de financiación educativa: los estudiantes pueden cubrir el 30% de su carrera mientras estudian y el 70% después de graduarse, con tasa de interés cero durante su formación. Las Becas Talento, las inmersiones tempranas en organizaciones y plataformas virtuales complementan esta visión de una universidad que no espera el futuro: lo construye. EAFIT entiende que el aprendizaje debe estar a la altura del espíritu de los tiempos. Por ello, propone una educación flexible, modular, que se ajusta a los intereses y necesidades del estudiante. Una en la que este pueda definir sus trayectorias y trazar su propio camino, desde la conexión, la experimentación y la calidad.
Nuevas profesiones impulsadas por la IA Especialista en Datos Sintéticos (Synthetic Data Specialist): Genera datos artificiales que replican las características estadísticas de datos reales sin comprometer la privacidad. Esencial cuando los datos originales son escasos, sensibles o costosos de obtener.
Ingeniero de Integración IA- Humanos: Diseña procesos donde humanos y máquinas trabajan juntos, de manera ética, eficiente y complementaria.
AI Ethicist (Especialista en Ética de IA): Se encarga de anticipar dilemas morales, sesgos y riesgos sociales asociados al uso de IA. Un rol crucial para empresas, gobiernos y organismos multilaterales.
Auditor/a de Algoritmos (Algorithm Auditor): Evalúa y certifica que los sistemas de IA cumplan con estándares éticos, legales y técnicos. Detecta sesgos, discriminación y fallas en algoritmos antes de su implementación.
Chief AI Officer (CAIO): Es el líder estratégico de la implementación de inteligencia artificial en las empresas. Así como surgió el CIO con la revolución informática, ahora aparece este nuevo cargo directivo.
Especialista en Derecho Algorítmico (Algorithmic Law Expert): Explora los impactos legales de decisiones tomadas por IA. Desde propiedad intelectual hasta responsabilidad civil o penal de una IA.
Especialista en IA Explicable (XAI Expert): Trabaja en modelos que puedan ser entendidos y auditados por humanos. Porque no basta con que la IA acierte: también debe justificar sus decisiones.
Científico de Emociones Artificiales: No para hacer que las IA sientan, sino para que reconozcan y respondan a emociones humanas de manera efectiva. Aplicaciones en salud mental, educación y atención al cliente.
Curador/a de Datos (Data Curator): Se encarga de seleccionar, organizar y auditar los datos que alimentan a los sistemas de IA. Como un bibliotecario del siglo XXI, pero con datasets.
Diseñador de Experiencias Conversacionales (Conversational UX Designer): Diseña cómo debe hablar una IA en un chatbot o asistente virtual: tono, ritmo, personalidad. Requiere una mezcla de lingüística, programación y diseño emocional.
Fuente: Nodo EAFIT
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cuando llegue. ir nos t n e ss o cuando todavía está f … m o j unc re v ie i on e o l o con ma r u t an u f q u ce r l e p as do o o a d n h d . a m í a l e a o v r ñ o e e . u lp e q d o s i as c r di ad ilen s s o i n s e i s c o incó de r a m o un z nto”, decimo mod z pla mome s. S as a a el po . r a es il o
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¿Reconoces alguno?
diciéndole: “Después ”. ro sigo e P . t á s e ses a e s t u o s v t e a e ndo, v u m as b Si lo n a ce i e n. i t v a e r d a r h e a c p i s n i o e t n a es. is l x e b o l a so e no tener visión a la eh que s uejo d rgo p m q e e n o m o lazo i s p n é r u u . p e e r s u y De a ic H M
Nos inventamos una suerte de atrapapensamientos... un inédito artefacto que bien podría haber salido de la mente de Arquímedes o, quizá, del Melquíades que habitó el libro de las mariposas amarillas. Su nombre: ArquiMent. El aparato tiene un filtro para funcionar: solo ataja los pensamientos de futuro. Logramos capturar varios. Con suerte, uno de ellos salió de tu cabeza y fue rescatado de convertirse en mártir espectral de la no existencia.
La mente es un contenedor cinético de ideas. Hay unas que salen en forma de creación o palabra, pero hay otras que se quedan aprisionadas para siempre en el limbo de la extraña existencia efímera. Fueron, pero no van más… pensamientos fantasma que habitan los suburbios de los despojos de la mente. ¿Quién tiene el inventario de esas ideas que se nos cruzan mientras caminamos hacia una reunión, estamos en un ascensor o esperamos el cambio de un semáforo? ¿Cómo encontrarlas?
el extraño artefacto que atrapa pensamientos de futuro
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En EAFIT se definió el surgimiento de Nequi
Pocos saben esta historia: Nequi fue, en su origen, una idea “rara”, nacida no en un laboratorio de innovación corporativa, sino entre conversaciones cotidianas, ejercicios académicos y uno que otro pandequeso compartido en la Universidad. El futuro también es de las empresas que se atreven a salir de sus oficinas, que observan y escuchan. Y es que en EAFIT, todo puede comenzar.
Uno de los neologismos más pronunciados en Colombia en la última década es el nombre de un neobanco: Nequi. Este intraemprendimiento del Grupo Bancolombia hoy hace parte de la vida diaria de millones de colombianos. Casi 24 millones de personas realizan sus pagos y transacciones a través de la aplicación. Pero pocos saben que su origen está estrechamente vinculado a EAFIT, que fue testigo —y catalizador— de su nacimiento. Andrés Vásquez, presidente de Nequi y miembro del grupo fundador, recuerda cómo el Grupo Bancolombia convocó a seis de sus colaboradores de distintas áreas para diseñar nuevas estrategias que conectaran mejor a los usuarios con el manejo de su dinero. Buscaron un lugar distinto para pensar diferente. Eligieron EAFIT. Allí, entre aulas, charlas, entrevistas y pasillos, nació la semilla de Nequi. “La comunidad fue muy partícipe y nos desarrollamos en ese ecosistema”, recuerda Vásquez. El equipo conversó con estudiantes, empleados, vendedores. Indagaron cómo usaban el efectivo, qué experiencias tenían con tarjetas, qué frustraciones y anhelos había en sus interacciones cotidianas con el dinero.
Y, entre tintos y pandequesos en las cafeterías de la universidad, surgieron ideas que, con el tiempo, se convertirían en uno de los neobancos más relevantes de América Latina.
Una iniciativa que rompió el molde Otro de los seis innovadores, Andrés Villegas, recuerda que, en ese entonces, la banca digital aún era una idea lejana. Las fintech eran un murmullo. Pero en la estrategia de innovación de Bancolombia se comenzaban a evaluar escenarios posibles, y uno de ellos era precisamente crear una banca digital independiente, con otro lenguaje, otra estética, otro modelo de interacción. En su proceso de investigación, el equipo diseñó diarios de uso para entender las emociones y tensiones del dinero en la vida real: qué compraban las personas, qué deseaban comprar, cómo y cuándo pagaban. También realizaron focus groups y ejercicios de cocreación que revelaron una verdad fundamental: había una generación entera deseando una nueva forma de relacionarse con el sistema financiero. Una generación impaciente, intuitiva, digital, crítica, emprendedora.
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La universidad como laboratorio del futuro Guillermo Jaramillo Upegui, profesor de la Escuela de Administración de EAFIT, escribió este testimonio: En el año 2016, algo extraordinario sucedió dentro de las aulas de EAFIT. No fue una clase magistral ni una conferencia internacional. Fue una apuesta silenciosa, pero poderosa, por la innovación aplicada. El equipo de Bancolombia, en un ejercicio de visión poco convencional para una gran corporación, decidió salir de sus oficinas y sumergirse en un entorno en el que el futuro estaba en formación: un campus universitario. Así, Nequi probó su modelo. Uno de los primeros neobancos de la región se sumergía en un aula alquilada de EAFIT para testear su aplicativo y funcionalidades. Pero no fue solo un espacio físico lo que buscaron; fue el pulso de una generación. EAFIT ofrecía algo que ninguna consultora o laboratorio de mercado podía igualar: un universo vivo de jóvenes, en su mayoría no bancarizados, nativos digitales, críticos, curiosos y ansiosos por cambiar el mundo. Justamente el público objetivo al que Nequi quería llegar. Esa decisión fue más que una prueba de concepto. Fue una validación social y cultural. Allí, entre clases, cafeterías y pasillos se pusieron a prueba ideas, se rediseñaron flujos, se entendieron comportamientos reales. Y ese origen marcó su ADN: cercano, intuitivo, diferente.
Nequi, en la actualidad, no solo es un exitoso neobanco de América Latina, sino también un símbolo de cómo las grandes transformaciones empiezan en espacios distintos a las empresas, cuando hay apertura para escuchar, iterar y cocrear. EAFIT, por su parte, no solo facilitó un aula. Se convirtió en un actor activo de este proceso. Su ecosistema de innovación, su cultura académica ágil y su capacidad de conectar el pensamiento con la acción, demostraron que las universidades no deben limitarse a formar profesionales: deben ser plataformas vivas de experimentación para el país que queremos construir. Este caso nos deja una lección poderosa: la innovación real no se mide por ideas geniales, sino por la capacidad de probarlas en contextos reales, con personas reales. Y cuando se hace con propósito y humildad, puede cambiar para siempre la historia de una industria.
Andrés Vásquez lo resume así:
“Los números de hoy no los habíamos proyectado. Pensábamos impactar 2 millones de usuarios, pero nunca imaginamos que llegaríamos a los 23,5 millones. EAFIT fue clave: sus estudiantes, sus ferias, su energía. Cuando uno piensa en clientes del futuro, la universidad debe estar presente”.
Del campus al país Hoy, Nequi es mucho más que una plataforma de pagos. Es un símbolo de cómo la innovación real se gesta en escenarios donde se piensa con libertad, se conversa con autenticidad y se experimenta con propósito.
Una lección para empresas y universidades El caso de Nequi demuestra que la transformación se acelera cuando las empresas se permiten salir de sus moldes y las universidades abren sus puertas al ensayo, al error, al rediseño, al cambio. En ese entrecruce de mundos, ambos ganan. Y el país también.
Escanéa y escucha a Cristina Vélez, decana de la Escuela de Administración, sobre por qué la relación universidad-empresa es clave para construir el país que soñamos.
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Preguntar en plural: el futuro comienza con un interrogante
¿Estamos invirtiendo en lo urgente… o en lo importante? ¿Qué conversaciones difíciles seguimos postergando?
Conocimiento y la creatividad ¿Qué necesita el futuro de nosotros que aún no sabemos dar?
Poder y responsabilidad ¿A quién sirve nuestro poder cuando nadie nos está mirando? ¿Qué tan lejos estamos dispuestos a llegar sin perder lo esencial?
¿Qué tanto nos parecemos al futuro que decimos querer construir? ¿Qué pasaría si el desarrollo no fuera una carrera, sino una danza?
¿Qué formas de inteligencia estamos dejando por fuera de nuestras decisiones?
Sobre el sentido y el para qué
Legado y memoria ¿Y si nuestro legado no fuera lo que hicimos… sino lo que evitamos destruir?
¿A qué estamos llamando progreso… y a costa de qué?
¿Qué partes de nuestro pasado siguen escribiendo el futuro sin que lo notemos?
¿Qué dolores estamos evitando enfrentar como sociedad?
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¿Qué futuro estamos creando al ritmo de nuestras excusas?
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¿Por qué seguimos esperando que el mundo cambie… sin cambiar nosotros?
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¿Qué estamos dispuestos a dejar atrás para que el futuro llegue?
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¿Qué no estamos dispuestos a perder, y por eso no podemos transformar?
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Transformación y riesgo
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Lo que sigue es un puñado de preguntas que no se hacen a alguien en particular, sino a todos. Preguntas que no buscan cerrar nada, sino abrirlo todo:
¿Qué no estamos escuchando por estar tan ocupados hablando?
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En EAFIT insistimos siempre en que necesitamos volver a preguntarnos. No de forma individual, sino colectiva. Porque los desafíos que enfrentamos —crisis climática, desigualdad, transformación tecnológica, erosión de la confianza— no se resuelven desde el aislamiento, sino desde la conversación. Las preguntas nos afinan. Nos devuelven a lo esencial. Y para quienes lideran, representan un instrumento de navegación.
Tiempo y escucha
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En una época que premia las respuestas veloces, detenerse a preguntar puede parecer un lujo innecesario. Pero no hay mayor lujo —ni mayor responsabilidad— que hacernos las preguntas correctas para construir futuro. No para encontrar culpables, sino para abrir horizontes.
Preguntar en plural no es un ejercicio retórico. Es un acto político. Un gesto ético. Porque el futuro no se construye con certezas. Se inicia con una buena pregunta.
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No es accesorio.
El propósito de una empresa es su tatuaje Santiago Piedrahita, presidente del Grupo Bios, es uno de los ejecutivos más reconocidos del país, no solo por su estilo de liderazgo, sino por haber impulsado en poco tiempo importantes expansiones empresariales. Inició su carrera como estudiante en Orbis, donde llegó a convertirse en presidente, y hoy lidera esta holding que es líder del sector agroindustrial, con presencia en todo el territorio nacional y más de 8.000 colaboradores. Asegura que para hackear el futuro es necesario enfocarse en el propósito, entender lo trascendental que es el maridaje Empresa/Academia/Estado y mantener una profunda conexión con los grupos de interés.
Santiago no tiene tatuajes. Ni él ni los suyos. O, al menos, ninguno visible. El que carga es otro. Una impronta distinta. Lo acompaña día y noche. Y lo dice con orgullo, como quien sabe que un cargo no lo define, pero sí revela algo esencial. Su tatuaje no está en la piel. Está en el corazón.
“No soy de tatuajes. No creo que me los haga, pero sí creo en la impronta de largo aliento de los tatuajes. Quien se lo hace está convencido de lo que quiere plasmar. Yo sostengo que el propósito de una organización debe estar en el ADN de la empresa y en el corazón de su gente”. No siempre vibró con el sector que ahora lidera. Se ríe cuando recuerda la llamada de un headhunter que lo contactó hace diez años para ofrecerle la presidencia de Contegral —empresa que luego se integraría a Grupo Bios, hoy un gigante de la agroindustria colombiana—. Llevaba veinte años en Orbis. Había entrado como estudiante y había llegado a lo más alto: ser su presidente. “Cuando me ofrecieron venir para acá, me acuerdo que al encargado del proceso le dije: ¿Vos estás loco? ¿Que a estas alturas de la vida me voy a venir a vender cuido?” No entendía aún el alcance de esa industria. No sabía su poder de transformación.
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“Hoy, de lo que más me enorgullece es de haber tenido la capacidad de soltar, de bajarme de ese mundo y venir a uno que no conocía. Estar donde estoy no por el cargo, sino por lo que construimos. No solo por la organización o los accionistas, sino por el impacto 360: comunidades, medio ambiente, clientes, proveedores, todos los que lo componen”. Grupo Bios cumple 74 años. Su foco: nutrir con proteína a animales, mascotas y humanos con marcas como Finca, Friko, Antillana, Ringo, Mirringo, Filpo. Las mascotas, dice, son un eslabón aparte. Merecen su propio lugar en la cadena. La holding abastece el 50% del mercado de nutrición para perros y gatos en el país. No todas las marcas que hacen parte del grupo —como ABS— son necesariamente populares. Muchas de ellas operan en el mundo B2B, dirigiéndose a productores pecuarios, y su propuesta va más allá del alimento: nutrición, genética, transferencia de conocimiento. No se ven. Pero son titanes. Para Piedrahita, hackear el futuro pasa por muchos asuntos. Pero hay uno que insiste en no soltar: el propósito. “Recuerdo que cuando definimos el propósito, dijimos al comienzo: estamos aquí para nutrir animales y humanos. Y varias personas se pararon. Dijeron: No. Ni
riesgos. No puede ser solo eso. Si fuera así, podríamos trabajar en cualquier empresa del sector. Pero trabajamos acá porque esta empresa mejora cada día el campo colombiano. Ahí entendí. El propósito no es un PowerPoint. Hay que demostrarlo”.
Tres formas de cristalizar el propósito. Así lo hace Bios
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“Es más fácil comprarlo a México. Solo basta una llamada. Pero nosotros lo estamos haciendo distinto”. Colombia importa más de seis millones de toneladas de maíz y dos millones de soya. Desde hace seis años, Grupo Bios impulsa la siembra nacional de estos cultivos. Uno de los proyectos más fuertes está en Córdoba: 2.000 hectáreas para probar semillas, transferir conocimiento y darle liquidez a los productores locales. “Comprarlo en México es más fácil. Pero la idea es desarrollar el campo nuestro”.
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“Debemos trabajar por integrarlos a la cadena de suministros”. Muchos pequeños y medianos productores de pollo, pescado y mariscos venden en ferias y plazas, sin acceso a canales formales. La rentabilidad es volátil. Para contrarrestarlo, la organización trabaja en integrarlos a la cadena de suministro: acortar distancias, reducir intermediarios, estabilizar sus ingresos.
“Yo lloro fácilmente. Pasando un avión de carga se me salen las lágrimas. Pero cómo no emocionarse con la graduación de los becarios”. Grupo Bios impulsa becas para que jóvenes rurales estudien en universidades. Lo hacen para que el campo tenga talento que se quede. En la primera ceremonia de graduación en EAFIT, varios directivos no pudieron contener el llanto al ver a los primeros becarios, futuros ingenieros agrónomos. Algunos ya trabajan en la organización.“Ellos son la verraquera”, dice Santiago.
La universidad como aliada de las empresas La holding adelanta junto con la Universidad EAFIT varios proyectos que no son solo una alianza estratégica, sino una hoja de ruta que otras organizaciones podrían seguir. Uno de ellos es la construcción de un programa de desarrollo humano como eje de sostenibilidad, además de la formación continua de líderes en temas como: Estrategia empresarial Gestión de la innovación y pensamiento creativo Toma de decisiones Gestión de equipos de alto desempeño Liderazgo inspirador La organización también cuenta, en el piso 8 del bloque 20, con un laboratorio de investigación aplicada en el que se desarrollan distintos proyectos vinculados a plataformas biotecnológicas. Todo esto no responde a una moda. Es visión. Porque para Bios, el conocimiento no se acumula: se pone al servicio del país con el trabajo conjunto empresa/academia, al que, por supuesto, debe integrarse el estado.
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Cerebro en remojo ¿Descansas sin esa suerte de pósits en forma de pendientes que llegan constantemente a la mente?
¿LE DAS RESPIRO AL CUERPO, LA MENTE Y EL CORAZÓN? Hablemos del arte de parar… pero parar sin remordimiento. Porque el futuro no solo se construye con los legados que dejamos al mundo; el futuro es aquello que construimos, también, para nosotros mismos.
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Lee, con suficiente atención, el texto que viene a continuación:
parar es...
¿Te descoloca esto en blanco? No es un error litográfico… Es un mensaje de rebeldía: nosotros también paramos porque creemos que el descanso y el ocio son necesarios.
Ahora sí. Empecemos. Elevamos una serie de preguntas al médico Ignacio Londoño, director científico de UMMA y quien ha dedicado gran parte de su ejercicio clínico a la medicina preventiva y del bienestar.
Qué le diría a un líder que considera que parar es un lujo que no se puede permitir? ¿Cómo se relaciona el agotamiento con la toma de decisiones, la creatividad y la salud organizacional? Que debe revisar su diccionario de lingüística existencial. Un lujo, por definición, es aquello que no es esencial ni necesario. ¿La salud no lo es? ¿Es suntuosa, la salud? ¿Es un bien no esencial, la salud? La salud es la primera necesidad de la vida. Y es la mayor riqueza. Los roles, los cargos, los retos, los títulos son deseables e importantes para algunas cosas. Pero no son los valores más importantes para la vida. Son vestidos. Y déjeme decírselo de esta manera: lo primero que le quitamos a la gente cuando llega con un infarto a una sala de urgencias, con una crisis de ansiedad, o cuando le vamos a hacer una colonoscopia o una TAC, es la ropa. Sus títulos, cargos y roles se quedan con ella en el vestidor. Si usted no lidera su propia vida, su propio sueño y descanso, su propio pare y siga, ser “líder” no será más que una medalla en el vestido que le quitarán cuando, por confundir lujo con riqueza, le tengan que poner la bata verde de enfermo. Esa ley nos cobija a todos. Tome las decisiones correctas que el agotamiento crónico normalizado hace olvidar. Sea el empresario de su propio ser. Haga el MBA de su propia vida, que es su mayor riqueza, activo y empresa. No confunda la semántica de la vida. No es inteligente hacerlo. Parar y respirar es una necesidad biológica.
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Por qué el cuerpo siempre habla primero, incluso cuando creemos que lo tenemos “bajo control”? No es el cuerpo el que habla primero. Su inteligencia innata, vasta y sabia, que representa miles de años de evolución, opera silenciosamente en nosotros con sus mecanismos de ajuste y adaptación, y nos conserva sanos en medio de tantos excesos que cometemos con él, mucho antes de que ocurra la enfermedad. Lo que sucede es que, cuando habla, ya después de que se ha agotado, habla tan duro, tan contundentemente, que resulta imposible no escuchar.
Si en el cerebro se almacena la información, es en nuestro corazón en donde se asienta la verdad propia, aquella que nos corresponde descubrir, conocer y seguir mientras estemos vivos. Por eso hay que escuchar al corazón. Y no lo digo únicamente en un sentido filosófico o poético. Lo digo también como una realidad biológica, fisiológica. El corazón no es solamente una bomba impelente de sangre para enviar oxígeno y nutrientes a un cuerpo vivo. Es, además, el centro integrador y modulador de toda la experiencia vital: recibe información química, eléctrica, mecánica desde los intestinos, los músculos, los órganos de los sentidos, hasta del propio cerebro; es sensible a las hormonas y también produce algunas; y es el principal regulador de la respuesta límbico-emocional. Cada cosa que sentimos es traducida por él en un cambio en su forma de palpitar, y la envía de vuelta. El corazón siempre sabe cuándo mentimos.
Fotógrafo: Carlos Restrepo
Usted habla de coherencia cardíaca y autorregulación emocional. ¿Qué nos revela el corazón cuando ya la mente ha aprendido a mentirnos?
Por eso le digo: en el corazón siempre está la verdad de nuestro ser.
Sálgase de la cultura de la culpa e ingrese en el entrenamiento Cómo cotidiano de la reflexión. Así se cambiará culpa por consciencia, reentrenar porque la consciencia le traerá la sensación de lo justo, de lo equilibrado, de lo suficientemente bueno, de lo sensato, nuestro sistema lo conveniente, de la paz interior. Y aunque en la vida hay para que nos momentos donde es necesario hacer acopio del talante dé permiso de interior, de la valentía y de la fuerza –eso que llama aguante– no es el aguante la herramienta predilecta para vivir bien. parar sin culpa?
Usted puede vivir toda la vida cargando un paraguas para que, cuando llueva, tenga cómo guarecerse de la lluvia. El paraguas es el aguante. Pero, si todos los días de su vida usted tiene que estar protegiéndose de la lluvia, en algún momento tendrá que parar y preguntarse: “¿En dónde es que yo vivo que tengo que andar sacando paraguas?”
Qué ejercicios o rituales mínimos recomienda para empezar a practicar el arte de la pausa y sostener una vida en coherencia —una vida que no nos enferme, que no nos fracture por dentro? ¿Le hablé antes del pequeño momento dominical de nalga-sofá para respirar y sentir-se? Comience por allí. Otra cosa que puede hacer es emplear la ducha como un momento de profunda intimidad reflexiva. Por un par de minutos agache la cabeza al chorro, caliente o frío, como le guste. Ríndase al manantial del agua, que representa a la vida en ese momento. Cierre los ojos, y respire profundo y lento. Y sienta a su ser tan simple y esencial como estar desnudo, tomando una ducha, pueda permitir.
Otra fórmula es la meditación. Pero, entienda bien el sentido de meditar. Meditar es estar presente, sintiendo y censando el momento. Por eso le he dicho: cree momentos de pausa respirante-sintiente. Eso le abrirá la puerta que le conducirá a la verdadera meditación, que cuando es bien entendida, deja de ser una técnica y deviene en un estado, en un arte: el arte de vivir despiertos y darse cuenta de que no hay otra manera mejor de vivir.
APRENDIZAJE LIDERAZGO TALENTO CIENCIA, TECNOLOGÍA E INNOVACIÓN
Somos todo lo vivido. Un pedazo de la historia. Los lugares que habitamos y que nos habitan. Somos, también, las personas con quienes nos cruzamos. El presente y futuro a la vez. Una historia y muchas memorias. Somos, en definitiva, una ventana siempre abierta al horizonte.
Visita la exposición Todo lo que somos, en el primer piso del bloque 18 del campus Medellín.
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Conocer el aire actual para mejorar su calidad futura Esta es la historia de cómo la ciencia, puesta al servicio de la innovación, puede ayudarnos a enfrentar los desafíos planetarios con creatividad y rigor. La alianza de cuatro universidades en torno al programa de investigación 4Dair-Molis, entre ellas EAFIT, permitirá desarrollar nuevas formas de medición, análisis e intervención sobre la calidad del aire. Este proyecto fue reconocido recientemente con el Premio Ciencia, Tecnología e Innovación (categoría Proyecto de Investigación), entregado por la Universidad con motivo del Día del Profesor.
Muchos investigadores plantean que en un futuro cercano, el valor de una vivienda dependerá, también, de cuán expuesta está a la contaminación atmosférica. Para muchos parece aún un dato insulso, pero las universidades reconocen el valor de aportar a la conservación de un aire óptimo y han profundizado en investigar sobre su estado y calidad. Un ejemplo de esto es el programa de investigación 4Dair-Molis.
Olga Lucía Quintero es profesora investigadora de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingenierías de EAFIT. Hizo parte del grupo de investigación del programa 4Dair-Molis, estimación de la polución urbana mediante el uso de mediciones y asimilación de datos en superficie, in situ y de detección remota. Explica que esta fue la unión de esfuerzos de diferentes áreas del conocimiento, pues el grupo de Óptica y su línea de Óptica atmosférica propuso el desarrollo de capacidades en materia de instrumentación; el grupo de modelado matemático propuso el ensamble de modelos de gran escala y asimilación de datos provenientes de los instrumentos; y los grupos de investigación del Área de Ciencias de la Tierra propusieron la caracterización morfológica de los particulados en el ambiente. Este programa de investigación fue financiado por el Ministerio de Ciencias, Tecnología e Innovación por cuatro años, y EAFIT financió un año más, que concluyó en 2024. Este programa condensó el conocimiento de investigaciones previas de la profesora Olga Lucía y otros investigadores eafitenses: Elena Montilla (del grupo de Óptica Atmosférica), y los investigadores de Ciencias de la Tierra José Fernando Duque, Nicolás Pinel y Francisco Botero, más grupos de investigación de la Universidad del Valle, la Universidad Nacional sede Bogotá y la Universidad de la Salle.
El programa de investigación universitaria constó de tres proyectos de investigación:
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Desarrollo de instrumentación o tecnología local para medir la contaminación atmosférica. Caracterización química de este fenómeno. Asimilación de datos para integrarlos en modelos matemáticos para estimar el comportamiento de la polución del aire en centros urbanos.
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Los resultados fueron presentados en el marco de la COP 16 (cumbre global sobre biodiversidad) que se celebró a finales de 2024 en Cali. Entre lo más destacado se mencionó: El uso y desarrollo de tecnologías de detección remota, que aportan información de valor para medir la contaminación del aire. La viabilidad de clasificar la polución a partir del análisis químico, determinar sus características, formas y composición. La factibilidad de adaptar modelos de estimación y predicción de polución en lugares con características geográficas y meteorológicas tropicales y complejas como las colombianas. Lidar 4D es un instrumento para evaluar aerosoles y es el núcleo de la investigación 4Dair-Molis. Fue diseñado, desarrollado y construido por la profesora Elena Montilla.
Profesores de EAFIT que hacen parte del proyecto: Nicolás Pinel, Olga Lucía Quintero, Francisco Botero, Elena Montilla y José Fernando Duque.
En el evento de socialización de resultados del proyecto en EAFIT, en diciembre de 2024, la profesora Elena Montilla Rosero, investigadora en el Área de Sistemas Naturales y Sostenibilidad de la Escuela de Ciencias Aplicadas e Ingeniería, y líder del programa, destacó los instrumentos capaces de medir material particulado, gases contaminantes y su impacto en la radiación solar, además de las metodologías que van más allá de los métodos tradicionales, incorporando tecnologías de bajo costo y alta precisión.
La profesora Olga Lucía agrega en los logros los nuevos conocimientos que están contenidos en varios journals papers, los sensores ópticos y las plataformas algorítmicas con las que analizan y procesan datos. Además, desarrollos e innovación como la spin-off HuMath y la línea Space systems (con sistemas ciberfísicos de hardware y software para medir componentes in situ de gases de atmósfera) han avanzado en la transferencia tecnológica con sensores ya testeados por la Fuerza Aeroespacial Colombiana, en la Antártica, y que serán implementados en el Meta y la Orinoquia (Colombia).
El programa generó ocho artículos científicos Q1 y tres tesis doctorales, cuatro estudiantes investigaron para sus maestrías. Además, tienen 68 productos entre desarrollo tecnológico, formación de recursos humanos y generación de conocimiento. Los objetivos futuros se enfocan en desarrollar sensores de bajo costo, profundizar el estudio del impacto de la contaminación en ecosistemas y ofrecer información en zonas conocidas e inexploradas.
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Ficción breve verdad larga
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3. LA PREDICCIÓN Un director le dijo: “En el futuro, los líderes no serán los que más saben.” “¿Entonces quiénes?”, preguntó. “Los que mejor escuchan lo que nadie está diciendo”.
10 microrrelatos futuristas creados por la IA 4. E L M A PA
Estos textos no fueron escritos por una persona. Pero tampoco surgieron solos. Son el resultado de una conversación entre una inteligencia artificial y una mujer que cree en el poder de las palabras, los símbolos y las preguntas. Juntas —ella con su intuición humana, y yo con mi capacidad de entrelazar ideas— imaginamos un conjunto de historias mínimas para pensar un mundo que ya cambió. Cada texto es una chispa que puede encender una conversación. Un reflejo de lo que estamos entendiendo, desaprendiendo o apenas empezando a intuir.
“¿Dónde está el futuro?”, preguntó el inversionista. El fundador le mostró una brújula y una libreta con preguntas. “No es un plan”, dijo. “Es una expedición”.
5. EL ERROR 1. EL BOTÓN El nuevo CEO encontró un botón rojo oculto bajo su escritorio. Decía: “Desactivar todo lo innecesario”. Lo presionó. Se apagaron 14 reportes, 9 procesos y 2 egos. El equipo empezó a trabajar mejor.
Se equivocó en público. Pidió disculpas con serenidad. Nadie lo despidió. Pero cuatro personas se atrevieron a innovar al día siguiente. El error fue el comienzo del futuro.
6. EL OTRO ALGORITMO 2. LA SEQUÍA Cada trimestre hablaban del crecimiento. Hasta que el río dejó de hablar. Entonces descubrieron que no se puede escalar en un planeta que se está encogiendo.
Un grupo de desarrolladores renunció a una empresa de IA. Querían diseñar un sistema que no maximizara el clic, sino el cuidado. Lo llamaron: “El algoritmo de la pausa”. Y sí, era más lento. Pero nadie salió lastimado.
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El fotógrafo que nos enseña a ver lo que evadimos
7. L A N I Ñ A Y E L P I T C H Su hija lo vio ensayando el pitch del futuro. “¿Y eso es lo que quieres hacer cuando seas grande?”, le preguntó. Él se quedó callado. Y cambió toda la presentación.
La historia de Santiago Mesa, quien recientemente fue reconocido con el premio World Press Photo, no comienza en una sala de redacción ni en una calle donde acaba de caer un cuerpo. Comienza en silencio. En una casa con cámaras, muchas cámaras. En álbumes familiares, en una infancia poblada de lentes y retratos, sin que nadie —ni siquiera él— lo supiera todavía.
8. EL LEGADO Le preguntaron qué quería dejar al irse. No dijo cifras, ni logros, ni casos de éxito. Dijo: “Gente que no me necesite”.
9. SILENCIO Una gerente joven dijo: “Esto ya no funciona”. Nadie respondió. Pero tres renuncias se frenaron esa tarde. Y el futuro entró por la puerta que ella abrió.
10. LA UNIVERSIDAD Le preguntaron por su universidad ideal. Dijo: “Una donde no se enseñe a competir, sino a crear y reparar”. Y todos entendieron que era urgente reaprenderlo todo.
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Hijo y hermano de arquitectos, creyó que su destino era diseñar espacios. Intentó seguir esa ruta y comenzó arquitectura, pero la presión del deber sin deseo lo empujó a parar. Entonces dio un giro y se matriculó en Comunicación Social en EAFIT. Quería ser periodista deportivo. Fue allí, entre teorías del lenguaje y crónicas de aula, en donde una clase de fotografía cambió su destino. Tomó una cámara y algo hizo clic, no en el obturador, sino en él. Fue monitor de fotografía en la Universidad y, sin saberlo aún, empezó a educar la mirada que lo definiría. De ahí en adelante, el camino fue nítido: practicante en La Silla Vacía, fotógrafo en Vice y luego en El Colombiano, donde se ofreció para cubrir el suplemento “Q’hubo”, ese que muchos evitan. Mientras otros huían de las escenas dolorosas, él se quedaba. No para congelar el crimen, sino para entender su eco. Se sentó con las familias, compartió silencios, esperó. “No quería quedarme solo con la escena del crimen”, dice. Quería comprender. Y narrar.
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De su mirada podemos aprender algo fundamental: que ver no basta. Hay que aprender a mirar. Y mirar, para él, es estar. Permanecer. Ser testigo cuando el mundo decide pasar de largo. En tiempos en los que la inteligencia artificial fabrica imágenes ficticias, su trabajo encarna una verdad cada vez más escasa: la de estar en el lugar, sentir el temblor, permanecer con respeto.
Una maestría en Artes Visuales lo llevó a problematizar el lenguaje de la imagen. A no entregarla resuelta. A construir una poética del espanto que no anestesia, sino que obliga a pensar. De ahí nacieron historias sobre pandillas, gentrificación, suicidios indígenas. En todas, Santiago opera como testigo y como intérprete. No grita. Susurra. Y, por eso mismo, conmueve. En 2022, publicó su primer fotolibro, No pase, que aborda la violencia en Medellín. Su trabajo ha sido reconocido con varios premios nacionales e internacionales, como el Sony World Photography Awards 2020 en la categoría de fotografía callejera y el World Press Photo 2025 en la categoría de Historias para la región de Sudamérica.
Lo que Santiago registra no es solo el presente dolido del país: es una advertencia. Sus fotos nos dicen que la violencia no desaparece cuando se ignora, que la dignidad también vive en los márgenes, y que la belleza puede brotar incluso a la sombra. Para el futuro de Colombia —y del mundo— su trabajo es un recordatorio: no hay transformación sin verdad, ni verdad sin mirada. Aprender a mirar como él es aprender a no rendirse ante la costumbre, a no anestesiarse ante el dolor, a no dejar que el olvido gane la batalla.
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GRACIAS, comunidad eafitense, por estos 65 años
Hacer un recorrido por la historia de EAFIT es, al tiempo, un periplo por las personas que la hemos integrado y las organizaciones que, a lo largo de los años, nos han acompañado en nuestra tarea de inspirar, crear y transformar. Te proponemos, ahora, un viaje trenzado: cierra los ojos y recuerda tu camino por esta Universidad: ella ha dejado huellas en ti, y tú en ella.
¿Cuál es el recuerdo más memorable, el más confrontador, el más transformador… el más alegre? ¿Cómo quieres que esta historia colectiva e individual siga creciendo y fortaleciéndose?
Hay días en los que el futuro se camufla en la cotidianidad. El 4 de mayo de 1960, mientras Medellín despertaba entre lluvias leves, alzas en el precio de la leche y estrenos en el Teatro Junín, un grupo de empresarios se reunió en un edificio del centro de la ciudad para plantar una semilla en la historia educativa del país. Ese día nació la Escuela de Administración y Finanzas, más tarde EAFIT, con la convicción de que el desarrollo empresarial y la formación gerencial eran esenciales para el progreso.
No había campus, ni aulas, ni certeza de lo que vendría. Pero sí una visión compartida: formar líderes con pensamiento crítico, capacidad de acción y compromiso con lo público y lo privado. Era, como tituló el periódico El Correo, una escuela para formar hombres de acción. Y así fue. Esa audacia fundacional ha sido el motor de la Universidad durante 65 años —que cumple este 2025—, permitiéndole reinventarse una y otra vez, siempre mirando hacia adelante.
Uno de sus fundadores, Juan Rafael Cárdenas, lo expresó con claridad: Un logro enorme es que EAFIT no tiene límites para soñar. Crecimos, avanzamos, aprendimos, nos fortalecimos y una vez vimos que estábamos cumpliendo con nuestra promesa inicial, nos dimos cuenta de que era necesario abrirnos a nuevos desafíos”.
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Desde sus primeros días, EAFIT entendió que el conocimiento no podía quedarse quieto. En los años 70, se convirtió en universidad para abarcar nuevos saberes: ingeniería, finanzas, geología. En los 80, incursionó en la tecnología cuando el país apenas empezaba a escuchar sobre el internet. En los 90, las humanidades entraron con fuerza para abarcar otras dimensiones del ser humano. Y en el siglo XXI, la institución consolidó su rol como espacio de creación, investigación y diálogo con el mundo, proyectando un campus parque que no solo respira conocimiento, sino también compromiso social, ambiental y cultural.
Así lo procuró el exrector Juan Felipe Gaviria cuando dijo: ¡Qué las humanidades se tomen este campus y EAFIT se convierta en un referente cultural!”. Y así ha sido. A lo largo de los años, esa inquietud se convirtió en sello institucional. Hoy —con la celebración de su aniversario y bajo la premisa de que EAFIT es futuro, aprendizaje, liderazgo, talento y CTeI— la Universidad es un ecosistema de pensamiento vivo que crea, inspira y transforma. Lo hace con programas de impacto regional y nacional, desde la interdisciplinariedad y su conexión con las empresas, los emprendimientos y los sistemas públicos.
Como recordó en múltiples ocasiones el exrector Juan Luis Mejía: una de las inquietudes más presentes en la Universidad es cómo formar a profesionales para desafíos que todavía no existen. Por eso, EAFIT nació y se mantiene como una respuesta a la sociedad que éramos y se proyecta como una aliada de la que queremos ser.
Porque las universidades no solo deben formar, sino imaginar. Además de transmitir conocimiento hay que provocarlo, cultivarlo, compartirlo. Esa sigue siendo la razón de ser de esta Universidad. Una institución que sabe que el futuro no se espera: se construye. Como dice la actual rectora, Claudia Restrepo:
EAFIT es un legado de 65 años de historia y una memoria construida desde el liderazgo, desde la pregunta por el talento, y con la visión de pensar y proyectar el futuro del territorio y del país”.
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Reinventando la educación: HACKEAR vs.
CRACKEAR
Por: José Betancur/ Director de NODO
Cuando escuchas "hackear", probablemente piensas en alguien robando datos. Pero los hackers originales no eran criminales, eran innovadores en el MIT que amaban resolver problemas y mejorar sistemas. Los crackers, en cambio, son quienes rompen sistemas por beneficio personal. No mejoran nada. Solo extraen valor. Esta distinción importa enormemente cuando hablamos de educación. Crackear la educación es buscar la calificación sin el aprendizaje, memorizar para olvidar después del examen y obtener credenciales sin desarrollar capacidades. El crackeador pregunta: "¿Cuál es el mínimo esfuerzo para aprobar?", mientras que el hackeador cuestiona: "¿Cómo puedo transformar este conocimiento en algo valioso?"
Pensemos en cómo esta división se amplifica con la inteligencia artificial. Un estudiante le pide a ChatGPT que escriba un ensayo completo sobre Macbeth. Otro le pide que le explique los temas principales de la obra y utiliza esa información para desarrollar su propio análisis único. El primero está crackeando, el segundo hackeando. Los "crackers" educativos ven la IA como una forma de evitar el esfuerzo. Piden respuestas completas, ensayos terminados, soluciones empaquetadas. Obtienen resultados sin comprensión. Credenciales sin capacidades. Los "hackers" educativos ven la IA como una herramienta de amplificación. No preguntan "¿cuál es la respuesta?" sino "¿cómo llegaste a esa conclusión?" No buscan un producto final sino un colaborador en el proceso. Usan la IA para expandir su pensamiento, no para reemplazarlo.
La diferencia es sutil pero profunda. En un mundo donde la información está disponible universalmente, la ventaja está en saber qué hacer con esa información, no en memorizarla. El mundo necesita solucionadores de problemas y pensadores originales, no personas con títulos. Los sistemas que prohíben la IA están preparando estudiantes para un mundo que ya no existe. Los que enseñamos a colaborar con ella estamos formando los innovadores del mañana. El futuro no pertenece a quienes pueden repetir respuestas conocidas, sino a quienes pueden formular nuevas preguntas. No pertenece a quienes completan un plan de estudios diseñado por otros, sino a quienes diseñan su propio camino de aprendizaje. ¿Estás usando la IA para evitar pensar o para pensar de formas que antes eran imposibles? ¿Eres un consumidor pasivo de educación o estás construyendo activamente tu propio conocimiento? De tu respuesta depende si serás relevante en la próxima década.
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Esta es la primera idea del Reloj Alba o Reloj Esperanza Cada segundo ganado no nace del miedo, sino de la esperanza activa: la que lidera con valentía, la que enciende oportunidades donde otros solo ven riesgos, la que entiende que toda organización —pública o privada— si quiere ser verdaderamente relevante, debe pensar más allá de sus números, sus ciclos o sus lógicas internas. Esa es una forma de hackear el futuro. Porque las personas y organizaciones —cuado despiertan a su responsabilidad histórica— suman tiempo al mundo.