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Nuestro Tiempo 726

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NUESTRO TIEMPO

NÚMERO 726 JULIO 2026

Fabrice Hadjadj Conversamos sobre Dios y los payasos ¡Presta atención! Graham Burnett acerca de la tarea de ser humanos Esto no es comer Los ultraprocesados enferman tu despensa

Aquí no hay quien viva

En España faltan 750 000 casas y la brecha se ensancha cada día

«No temamos ensuciarnos las manos en la obra de nuestro tiempo»

León XIV en Magnifica humanitas

La balda de metro y medio

Charles W. Eliot, cuando era rector de Harvard —año 1909— hizo publicar una antología épica. Reunió en 51 volúmenes todo lo que había que leer para proveerse de una educación liberal. Se la conoció como «el estante de cinco pies», porque en esa extensión, que se corresponde más o menos con una balda de metro y medio, cabía lo que un hombre necesitaba para convertirse en un caballero cultivado.

Por supuesto, los Cinco Pies no son neutrales; ningún canon lo es. Ofrecen una serie de lecturas orientadas a la articulación del yo, la fe en el progreso científico y la formación de un espíritu ciudadano, y una lección escondida: cualquiera que aspire a educarse debe cultivar la imaginación. La imaginación, junto con el deseo, son dos potencias del alma que, en nuestro siglo líquido, piden solidez. No basta con amueblar la cabeza ni con haber adquirido competencias. Además de ensayos científicos y humanísticos, de biografías y textos sagrados, los Cinco Pies inciden en el teatro, la poesía y la novela. Algunas corrientes educativas quisieron que nuestra capacidad de imaginar entrara en razón. Yo creo, más bien, que es la razón la que debe esforzarse en imaginar. Un siglo después de que se publicaran los Harvard Classics, un joven de 27 años que trabajaba en la oficina de desarrollo de una universidad de Nueva York decidió tomarse un año sabático para leer, a razón de uno por semana, todos esos volúmenes

Querido lector:

Cerramos este curso 2025-26 muy contentos. Además de que la revista va bien —cada día más lectores—, este curso ha sido un auténtico gozo superar la barrera

y convertirse en un hombre. La idea se la dio su abuela, que, durante la Gran Depresión, se educó de esa manera. Pero el año sabático se le complicó con la muerte de su abuela, una rotura de menisco y un caso grave de enfermedad de Lyme. Los libros dejaron de ser un challenge y se convirtieron en una tabla de salvación.

La imaginación no es un entretenimiento teórico, sino una forma de proyectar y afrontar la vida. Cuando está bien educada, es también un consuelo y una guía eficaz. De eso trata The Whole Five Feet, subtitulado «Lo que los grandes libros me han enseñado sobre la vida, la muerte y un poco todo lo demás», la obra que Christopher R. Beha publicó en 2009 a partir de su experiencia leyendo ese canon tan particular.

Unos años más tarde, Beha escribió una de las novelas más hermosas que he leído últimamente, Qué fue de Sophie Wilder. Hubiera sido imposible sin haber sometido su imaginación al influjo de san Agustín, Cervantes, los hermanos Grimm, Dante, Manzoni, Montaigne, santo Tomás Moro, los salmos o Pascal, entre otros autores de la antología de Eliot

La imaginación, como todo, se puede emplear bien o mal. No usarla bien es ya usarla mal. Desatenderla —la nuestra o la de nuestros hijos o alumnos— es negligencia; darle comida basura es una insensatez. Necesitamos cultivar nuestra imaginación para rozar con los dedos eso que llaman felicidad. No nos vendría mal diseñar nuestra propia Balda de Metro y Medio.

del papel o de la pantalla y encontrarnos con muchos de vosotros cuerpo a cuerpo, tanto en las presentaciones de Habitar el mundo y Barbie eres tú en Pamplona, Madrid y Valencia como en

la mesa redonda sobre la imaginación católica. Nos da la sensación de que esto se convierte, cada vez más, en una gran conversación de las que uno quiere alargar hasta la madrugada. Gracias.

LA VENTANA

#726

VIVIR O INVERTIR

Enlaces que desaparecen, visitas que no llegan, precios que no paran de subir. La vivienda ha dejado de ser solo un hogar para convertirse en un activo financiero. Una crisis que define a toda una generación.

Irene Guerrero Página 8

Reparar la tierra

En las islas Lofoten, una pareja cultiva en una granja abandonada. En el altiplano murciano, otra devuelve la vida a una finca desertificada. Laboratoria retrata a quienes reimaginan territorios en crisis.

Ana Palacios Página 32

La perenne Revolución

Islámica de Irán

Para entender la guerra de Irán hay que remontarse a 1979. Nueve testigos explican cómo el régimen de los ayatolás ha sobrevivido casi medio siglo.

Pablo Medina Página 44

NUESTRO

Somos

Nuestro Tiempo es la revista cultural y de cuestiones actuales de la Universidad de Navarra. Intentamos tomarle el pulso a la vida contemporánea desde 1954. Redacción

Teo Peñarroja, editor, Ana Eva Fraile, redactora jefe, Lucía Martínez Alcalde, redactora y Maria Domingo, redactora.

Mi despensa está (ultra) enferma

Los ultraprocesados ya suponen un tercio de la dieta en España y el 40 por ciento en niños. Las evidencias sobre su impacto en el cuerpo, el cerebro y el planeta se acumulan. ¿Somos rehenes de las grandes corporaciones alimentarias?

Ana Eva Fraile Página 22

Entrevista a Fabrice Hadjadj

Judío de origen, hijo de marxistas maoístas, cristiano gracias a Nietzsche. El filósofo francés se ha mudado a España con su mujer y siete de sus diez hijos para fundar en Madrid una escuela de filosofía, teología, literatura y espiritualidad.

Victoria De Julián Página 54

CAMPUS Y ALUMNI

«La OTAN existe para que las familias de Occidente puedan criar a sus hijos»

El historiador militar

Michael Neiberg apuesta por un entendimiento EuropaEE. UU. antes de que el enemigo transforme ese orden por la fuerza.

Andrea Blavia Página 66

María Treviño, librera: «La vocación, cuando llegas a fin de mes, no te vale para nada» Pérgamo es la librería más antigua de Madrid. También es un negocio que lucha por cuadrar las cuentas. Su copropietaria cuenta cómo se sostiene.

Daniel Dols Página 72

La ciencia y lo sublime

El físico Pedro Miguel Echenique y el microbiólogo Ignacio López-Goñi conversan sobre la belleza de la ciencia, esa gran aventura intelectual.

Juan G. Tizón Página 78

Escuela de periodistas

Adriana Chiriboga, Andrés Toro, Covadonga Molina, Cristina Casado, Valentina Valdez, Mariana Villalobos, Esteban Garay y Andrea Blavia.

Fotografía

Manuel Castells, Cristina G. Hevia, Ana Palacios y Samuel De Román. Ilustración

Errea [portada], Diego Fermín y Javier Muñoz

Diseño Errea

Impresión Gráficas Jomagar S. L.

Edita Universidad de Navarra Web nuestrotiempo.unav.edu

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OPINIÓN

AHORA BIEN

Corto y corte

Enrique G.-Máiquez

Página 20

FIRMA INVITADA

Periodistas que escuchan

José A. García Avilés

Página 52

MIND THE GAP

El tatuaje de bambú

Victoria Schneider Página 64

BÚHOS A ATENAS

El límite, corazón de lo humano

Mariona Gúmpert

Página 84

HISTORIAS MÍNIMAS

El pez de plata

Ignacio Uría

Página 104

VAGÓN-BAR

Los días juntos

Paco Sánchez

Página 112

Atención al lector

Palmira Velázquez

T 948 425 600 (Ext. 80 2590) pvelazquez@unav.edu

CULTURA

CINE

Cuando el cine duele... pero enseña

Página 92

Críticas de cine

Ana S. de la Nieta Página 94

SERIES

Una poética del patetismo

Alberto Nahum García Página 96

ENSAYO

LIBROS

EL SITIO DE LA LUZ: GAUDÍ

Joseluís González Página 86

Reseñas de libros

Maria Domingo, Marcela Duque, Esteban Garay, Beatriz Gómez, Juan G. Tizón, Lucía M. Alcalde, Covadonga Molina, Teo Peñarroja, Gema Pérez, Andre Quispe, Adolfo Torrecilla y Gabriel Unzu.

Página 88

Reservados todos los derechos. Está prohibida la reproducción de esta obra, su incorporación a un sistema informático y su transmisión sin autorización previa y por escrito de la Universidad de Navarra.

DL: NA 10-58 / SP-ISSN-0029-5795

La revista no comparte necesariamente las opiniones de los artículos firmados. 5579 ejemplares/ número (2025)

MÚSICA

Matt Berry, el cómico más serio del universo musical

Alberto Bonilla Página 98

ESCENA

Busco, brinco, broto. Berro

Maria Domingo Página 100

ARTE

Renacimiento del museo

Paula Rodríguez Página 102

LA TAREA DE NOSOTROS MISMOS

Quizá la inteligencia artificial libere a las letras de su pretensión cientificista y les devuelva su verdadera labor: ensanchar el mundo interior. Ante la obsesión por producir conocimiento, las humanidades tienen el deber de afirmarse en un saber vivido, encarnado.

Graham Burnett Página 106

Member of CASE

PEFC/14-38-00073

El papel sobre el que se ha impreso esta revista proviene de bosques gestionados de forma sostenible.

NASA/JSC Earthrise captado por la misión Artemis II el 6 de abril de 2026 DISPAROS

TOMEMOS PERSPECTIVA. Un total de doce personas han andado sobre la Luna en la historia de la humanidad, todas entre 1969 y 1972, cuando aún existía la Unión Soviética y los Beatles y Led Zeppelin lo petaban. En los últimos 54 años, sin embargo, no hemos regresado. En 2024, una misión china no tripulada se trajo un par de toneladas de piedras lunares para estudiarlas y, este abril, la misión Artemis II de la NASA le hizo unas fotos a la cara oculta del satélite. Esta es una de ellas, un earthrise, que viene a ser como un amanecer en el que lo que sale no es el sol, sino la Tierra. Se tomó tres minutos antes de que la nave Orion desapareciera tras la Luna y perdiera todo contacto con nosotros durante cuarenta minutos. En la parte iluminada del planeta se distinguen Australia y Oceanía; la otra mitad está en plena noche. No queda claro si el nuevo día es el Antropoceno o si lo que vemos no es el alba de la humanidad, sino su despedida. Desde esta distancia alienígena se toma perspectiva. Vivimos todos en la misma esfera sólida que da vueltas en un abismo inconmensurable. Las diferencias entre nosotros no son tan grandes y, queramos o no, nuestro destino es indistinguible del de nuestros vecinos. Los más ricos del mundo, que llevan tiempo tratando de superar definitivamente los engorrosos límites de ser humanos, ya piensan en abandonar la Tierra. La mala noticia es que, por lejos que hayan ido, no habrán ido lejos. Sonará pueril: qué más da. La verdad es que somos hombres y, además, hermanos. Aunque haya que dar un paso atrás de 380 400 kilómetros para verlo con perspectiva.

julio

VIVIR O INVERTIR: EL DILEMA DE LA VIVIENDA

Buscar casa para alquilar o comprar se ha convertido en una experiencia compartida por la generación milenial y la Z. Enlaces que desaparecen, visitas para ver el piso que no llegan a producirse, precios que no dejan de subir... Pero detrás de ese desencanto se agazapa una transformación más profunda: la vivienda ya hace tiempo que dejó de ser solo un lugar donde vivir, sino también un activo que se integra en diversas estrategias financieras. ¿Quién puede acceder a ella?

julio

imagine esta escena. una pareja recién casada quiere alquilar un piso. Su conversación a través de WhatsApp se transforma pronto en un archivo caótico de enlaces. Algunos anuncios desaparecen antes incluso de poder visitarlos. Otros se esfuman tras unos días sin respuesta. Leen titulares que anuncian un nuevo Plan Estatal de Vivienda hasta 2030 que persigue aumentar la construcción y evitar la especulación. Pero las medidas, aprobadas por el Gobierno en abril, no evitan un problema más inmediato: la poca oferta decente de que encuentran en plataformas como Idealista o Fotocasa. Después de varias semanas de búsquedas y comparaciones de precios, concluyen lo que hoy parece inevitable: «Si voy a pagar esto todos los meses, prefiero meterme en una hipoteca».

Durante gran parte del siglo xx y los inicios del nuevo milenio, comprar una casa fue una de las primeras metas de la vida adulta en España. Ahora, muchas personas también lo perciben como una opción cada vez más atractiva a un alquiler

que las medidas gubernamentales no han evitado que se encarezca cada día más. Según Idealista, el esfuerzo para arrendar una vivienda asciende al 38 por ciento de los ingresos familiares, mientras que esta tasa baja a un 26 por ciento en el caso de la compra (sin tener en cuenta la entrada necesaria para adquirir un inmueble). Pero el camino hacia poseer una primera vivienda se ha vuelto más largo e incierto, especialmente para las nuevas generaciones. La edad media de los compradores se desplazó desde los 40 años en 2007 hasta los 48 en la actualidad, según datos del Centro Tecnológico del Notariado. Mientras tanto, el peso de los menores de 30 se ha reducido de forma drástica: del 22,5 por ciento en 2007 al 9,5 por ciento actual. Tampoco les es posible acceder a la financiación necesaria. Si

casi nueve de cada diez operaciones se realizaban con hipoteca veinte años atrás, hoy son poco más de cinco de cada diez. El resultado es un mercado en el que se necesita más ahorro previo, una mayor estabilidad y, en muchos casos —en especial para los jóvenes— un gran apoyo económico de los padres, como denuncia la analista Estefanía Molina en Los hijos de los boomers

Si la vivienda es un derecho, ¿qué es lo que ha cambiado este siglo para que se haya complicado tanto el acceso a una? El debate público ha intentado encontrar el origen del problema, y una de las respuestas apunta hacia una presencia al alza de compradores —personas y empresas— que compiten con grandes ventajas económicas. Según una encuesta realizada el año pasado por Funcas, quienes han adquirido una casa o prevén hacerlo en el corto plazo señalan que, después del aumento del coste del suelo, la principal causa del incremento del pre-

Grandes temas El precio de vivir

cio es «una presión creciente por parte de inversores extranjeros con alto poder adquisitivo». Las estadísticas del notariado refuerzan esta percepción. Uno de cada cinco compradores en el conjunto de España proviene de otros países, entre los que destacan Reino Unido, Marruecos, Italia, Alemania y Rumanía. La cifra duplica la alcanzada en 2007, cuando representaban apenas el 7,5 por ciento. Al mismo tiempo, la Federación Nacional de Asociaciones Inmobiliarias señaló en un informe publicado el año pasado que el 24 por ciento de las compraventas realizadas en 2024 tenían como fin la inversión y que casi tres de cada diez compradores pagaron a tocateja, un tipo

EL ORIGEN DE LA CRISIS DIVIDE A LOS EXPERTOS. PARA ÁLVAREZ, EL PROBLEMA NO PUEDE EXPLICARSE CON UNA CAUSA, PERO TIENE UN EJE: EXCESO DE DEMANDA Y ESCASEZ DE OFERTA.

de transacción muy vinculado la demanda especulativa.

De hogar a mercancía. Así describen muchos analistas un cambio de paradigma en cómo comprendemos los lugares donde desarrollamos la parte más íntima de nuestras vidas. A este fenómeno se le atribuyen graves consecuencias como el desajuste entre los salarios y el coste de la vida o la falta de condiciones dignas para amplias capas de la población. Para nombrarlo, se ha popularizado un término en las tertulias, los debates políticos y, de forma incipiente, en las aulas universitarias: la financiarización de la vivienda. Pero qué significa y hasta qué punto ayuda a entender esta crisis es algo que sigue siendo objeto de debate.

una doble naturaleza. La vivienda nunca ha sido ajena a la lógica de los

mercados, apunta José Luis Álvarez, doctor en Economía Aplicada y profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Navarra: «A lo largo de la historia, las personas siempre han comprado terrenos o inmuebles con la expectativa de que se revalorizaran en el futuro y, por tanto, funcionaran como un activo». Y, aunque hoy se utiliza con frecuencia para hablar de bienes raíces, el término financiarización no nació pensando en él. Empezó a emplearse en los últimos compases del siglo xx para describir un proceso por el que las empresas, Gobiernos y hogares comenzaron a depender cada vez más del crédito, los agentes financieros y las expectativas de rentabilidad.

Lo cierto es que afrontar la compra de una casa era un proceso relativamente sencillo antes de los años ochenta. Un banco concedía una hipoteca a una familia, y la relación terminaba ahí: un préstamo, un deudor y una vivienda co-

mo garantía. Pero ese modelo empezó a cambiar en las últimas décadas del siglo pasado. La banca comenzó a agrupar miles de hipotecas y convertirlas en productos que podían venderse en los mercados financieros. Se marcaba el objetivo de atraer capital y repartir el riesgo de los créditos. Así, el sector del ladrillo dejó de depender solo del ahorro o de la capacidad de préstamo en cada país, y quedaba por primera vez plenamente integrado en los circuitos financieros internacionales. Este impulso del acceso al crédito, combinado con el desarrollo urbano y unas políticas favorables a la compra, logró hacer de España un país de propietarios. Los datos recogidos por Eurostat muestran que cerca del 86 por ciento de la población vivía en una casa propia en 1999, el porcentaje máximo registrado desde 1950.

La crisis de 2008 marcó «un antes y un después» en esta historia, incide Álvarez. «La caída de los precios tras reventar la burbuja dejó tras de sí un parque muy depreciado que, junto con un periodo en el que los tipos de interés y las rentabilidades de los activos clásicos fueron bajos,

generó un gran apetito proveniente de inversores». Así, los inmuebles pasaron a ocupar un lugar cada vez más central en las estrategias de los grandes capitales como un instrumento capaz de generar ingresos, apreciarse y formar parte de carteras diversificadas. El sector inmobiliario mundial alcanzó los 393,3 billones de dólares a comienzos de 2025, según la consultora Savills, de modo que consolidó su posición como el bien de mayor valor a nivel global, por encima de la renta variable, la deuda y el oro combinados. Y, sin embargo, hay algo que los distingue: el oro no es un derecho; la vivienda sí.

cuando el hogar deja de serlo. El edificio ubicado en el número 7 de la calle Tribulete, en el barrio madrileño de Lavapiés, se convirtió durante los dos últimos años en un espacio de conflicto. Después de que, en 2023, lo comprara Elix Rental Housing, lo que para la empresa era una operación más —reformar, revalorizar, rentabilizar— se tradujo para algunos vecinos en veinte meses de incertidumbre y desgaste. El portal se fue vaciando tras obras constantes, desperfectos sin reparar y un hostigamiento creciente para abandonar sus casas. Pero no todos se marcharon. Ocho vecinos decidieron quedarse y resistir. Su caso acabó en los tribunales y, en diciembre de 2025, un juzgado de Madrid admitió a trámite por primera vez en España una denuncia por acoso inmobiliario contra los inquilinos. Desde 1948, el acceso a una vivienda figura en la Declaración Universal de

los Derechos Humanos como una de las exigencias de la dignidad humana. Sin embargo, la historia de Tribulete 7 retrata ese choque cada vez más evidente entre tratar a las casas como un vehículo del que extraer riqueza y su importancia para vivir bien. Esta última perspectiva se había tratado a lo largo del siglo xx de forma muy general en los foros internacionales, sin apenas explicitar de qué maneras podía satisfacerse en determinados contextos, y menos aún ante los problemas causados por los intereses inversores en el ladrillo.

El diálogo público cambió cuando Leilani Farha asumió el cargo de relatora especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a la vivienda en 2014, un puesto de asesora externa con gran relevancia. Durante sus seis años en el puesto, esta abogada y activista canadiense presentó informes ante la ONU que ponían el foco en la financiarización del mercado inmobiliario. Como colofón a su labor, puso en

Grandes

marcha desde Barcelona el proyecto The Shift (El Giro), un movimiento mundial cuyos objetivos resumió en una charla TED en 2018: «Me gustaría que nos lo pensáramos dos veces antes de reservar un Airbnb para nuestras próximas vacaciones en una ciudad que no los regula, comprar una propiedad como inversión o aceptar que los Gobiernos dejen los hogares en manos del sector privado. Todos —particulares, Gobiernos y empresas— debemos dar un giro para que nuestros comportamientos pongan de manifiesto que entendemos que la vivienda no es una mercancía, sino un derecho humano».

Esta disyuntiva que experimenta el sector inmobiliario más sus efectos constituyen hoy un campo de estudio en el que Javier Gil , investigador del CSIC, es referente en España. Fruto de su trayectoria, este doctor en Sociología por la UNED acaba de publicar el libro Generación inquilina: Un nuevo paradigma de vivienda para acabar con la desigualdad (Capitán Swing, 2026). «El rasgo distintivo del ciclo actual es el peso de una demanda no residencial: casas

PATRICIA

27 años, investigadora

La entrada sigue siendo la barrera decisiva para las nuevas generaciones, que suelen entonces recurrir a la ayuda de sus padres. El Consejo General del Notariado registró en 2025 un récord de más de 225 000 donaciones, una subida del 13 por ciento respecto al año previo, que ya había roto todas las marcas. Y el perfil más común del donatario fue una persona de hasta 35 años que recibió entre 15 000 y 40 000 euros destinados casi siempre a adquirir la primera casa. «El sector residencial está marcando precios al alza. Muchos jóvenes podrían asumir las cuotas hipotecarias, pero no son capaces de afrontar el pago de la famosa entrada y de los gastos iniciales»,

valoró el pasado mes de marzo María Teresa Barea, portavoz de la entidad.

Patricia [nombre ficticio], de 27 años, se hizo con una residencia en Pamplona gracias a un capital donado por su familia y sostiene sus gastos con los ingresos que percibe como docente investigadora en una universidad. Su forma de afrontar este gran paso, además, refleja otro cambio relevante en la forma de percibir la adquisición de una primera vivienda: no la concibe como un destino final, sino como una inversión inicial. «Aunque de momento vivo aquí, es un punto de entrada al sector más que una casa para toda la vida». En este sentido, sabía que jugaba «con otras reglas» frente a sus competidores, ya que no tuvo la necesidad de hipotecarse.

julio 2026 Nuestro Tiempo —13

que ya no se adquieren principalmente para habitarlas, sino como inversión», analiza. Esta demanda especulativa ha contribuido a su encarecimiento y a que su valor se desvincule de los salarios y de la economía real.

De esta forma, Gil apunta al surgimiento de una «generación inquilina»: una cohorte que, pese al esfuerzo educativo y laboral, ha quedado fuera del acceso al mercado inmobiliario y ve frustrada la promesa de prosperar más que sus padres. La escalada de precios empuja a estas personas hacia una situación cada vez más inestable, donde aumentan los costes, la rotación y la dependencia respecto al propietario, lo que dificulta construir un proyecto autónomo. En esta línea, un informe de Esade publicado en noviembre de 2024, a partir de datos de Idealista, muestra cómo el alquiler de temporada —residual hace unos años— ha ganado peso con rapidez en las capitales económicas del país, donde el incremento del turismo, entre otras cuestiones, lo vuelve más lucrativo. En Barcelona ha pasado del 2,1 por ciento al 14,4 por ciento de los anuncios entre 2019 y 2023, mientras el alquiler de larga duración perdió en ese mismo periodo 13 puntos porcentuales. En Madrid, aunque con menor intensidad, el arrendamiento

temporal también creció del 4 por ciento al 10 por ciento, al tiempo que el tradicional descendió en 9,5 puntos porcentuales.

Por eso, en palabras del investigador del CSIC, este grupo de personas se convierte en un «sujeto de explotación del nuevo rentismo». Eso sí, su influencia también está aumentado en la esfera política: «Este colectivo empieza a organizarse y a disputar el modelo vigente para situar la vivienda en el centro del conflicto social y abrir la puerta a un nuevo paradigma más orientado a su naturaleza como derecho».

A juicio de Álvarez, las estrechas relaciones entre el mercado financiero y el inmobiliario han provocado, en primer lugar, una profesionalización del sector que da lugar a nuevos modelos de negocio dirigidos a nichos específicos:

«Los usos en este ámbito han cambiado, y podemos citar como una instancia el surgimiento del alquiler turístico como el caso de Airbnb. Esto también responde a la uberización de la economía, la tendencia por la que se empiezan a utilizar plataformas y aplicaciones móviles para compartir recursos y bienes». En cuanto al acceso a la propiedad, otros negocios llamativos que han surgido en España incluyen Habitación.com, que permite adquirir un cuarto dentro de viviendas compartidas; o Libeen, una startup que utiliza el modelo de alquiler con posibilidad de compra para facilitar el acceso al primer hogar.

Por otro lado, el acercamiento del ladrillo y los circuitos financieros los hacen más sensibles a las perturbaciones de un sector y otro. «Por ejemplo, se incrementa la conexión entre los ciclos que siguen los inversores y las operaciones que ocurren en el real estate», apunta Álvarez. Pero esa conexión no se limita a grandes variables macroeconómicas. Gil subraya que, en los ciclos alcistas, sus efectos se expanden también a través de las expectativas. La idea extendida de que los precios suben en grandes urbes como Madrid o Barcelona acaba trasladándose a municipios más pequeños. «En estos contextos existen muchos mecanismos que son psicosociales. Se genera un efecto dominó que encarece alquiler y venta incluso en zonas con pérdida demográfica», analiza.

JORGE

24 años, ingeniero

Jorge, ingeniero de 24 años, llegó a la propiedad tras varios años de ahorro, aunque notó que se enfrentaba a la «presión» de grandes patrimonios. «Quise comprar en mi ciudad natal, Soria, donde existe una demanda de pisos muy alta y particulares con gran poder adquisitivo. Hay empresas de tamaño considerable y muchas personas invierten en el ladrillo. Los pisos que salen a buen precio y son buenos se compran muy rápido», describe. Aunque no contó con ayuda familiar, admite que su caso es poco habitual entre sus coetáneos, muchos de los cuales retrasan adquirir una casa o ni siquiera lo consideran. «Además de que muchos en nuestra generación no pueden permitírselo, he visto que hay quienes prefieren viajar o gastar su dinero en otros planes. Responde a las distintas formas en la que cada uno ve su vida», reflexiona. Según datos de Idealista, un piso de 100 m2 en Soria ronda hoy los 190 000 euros, un monto lejano a la media de Madrid, que ya alcanza casi los 600 000 euros. La combinación de precios más asequibles, un salario estable y hábitos de ahorro inclinaron la balanza a favor de Jorge en un contexto en el que la decisión de comprar sigue siendo posible.

EN CIFRAS

750 000

Es el déficit de viviendas que estima el Banco de España en nuestro país.

Creación de hogares 2007-2025 (en millones)

Compras por tipología de comprador 2007-2025 (en

Creación

Al respecto, el investigador del CSIC cita datos del Banco de España: «Hay zonas que pierden un 15 por ciento o un 20 por ciento de su población y, sin embargo, los precios suben un 40 por ciento, un 50 por ciento o un 60 por ciento». Dos ejemplos son los municipios de Villafranca de los Barros (Badajoz) o Trujillo (Cáceres), que, a pesar de haber perdido población, han visto encarecerse su parque inmobiliario en un 113 y un 65 por ciento, respectivamente. Y en algunos de estos territorios se da incluso una paradoja: existe oferta disponible que no se vende, pero los propietarios se resisten a bajar precios, lo que contribuye a «mantenerlos artificialmente elevados».

dos lecturas de la crisis. El origen de la crisis de vivienda divide a los expertos. Para Álvarez, el problema no puede explicarse desde una única causa, pero tiene un eje claro: el exceso de demanda ante una escasez de oferta. «Es verdad que, en algunos segmentos del mercado, la demanda financiera puede ser importante. Pero no puedes aplicar-

lo a todo el parque existente en España, porque el mismo sector está compuesto por una multitud de pequeños mercados con distintas características. Hay otros factores que contribuyen a una gran demanda y la oferta es tan rígida que no es capaz de dar respuesta», argumenta.

Entre los factores que inflan la necesidad de viviendas, este profesor de la Universidad de Navarra pone el foco, sobre todo, en el auge del turismo y el incremento de la migración. España ha batido récords históricos en ambas materias a cierre de 2025. Por un lado, recibió un total de 96,8 millones de turistas internacionales, un 3,2 por ciento más que el año anterior, según datos del INE. Por otro lado, el mismo organismo atestiguó que, durante el último trimestre de 2025, la población de nacionalidad española creció en 25 089 personas y el número de extranjeros lo hizo en 56 431. Así, el censo total ascendió a 49,57 millones de

habitantes, de los que 7,24 millones (un 14,6 por ciento) provienen de otros países. Todo ello contribuye también al crecimiento en el número de hogares, que se situó en 19,74 millones a 1 de enero de 2026, con un aumento de 46.332 durante el cuarto trimestre de 2025.

Mientras tanto, señala Álvarez, la falta de oferta, cifrada por el Banco de España en unas 750 000 viviendas, también está amenazada por regulaciones y condicionantes del tipo tributario «que suponen una gran inseguridad jurídica no solo para los propietarios, sino también para promotores». Este último sector ha experimentado numerosas disrupciones desde el inicio de la pandemia. Si los precios de la construcción ya habían escalado un 5,46 por ciento a cierre de 2025 debido a la falta de mano de obra, la guerra en Irán augura un año alcista que pone en peligro la rentabilidad de nuevos proyectos. Por eso, el profesor de la Universidad de Navarra afirma con contundencia que la crisis «surge por un cúmulo de factores y no se puede simplificar a una sola arista». En este sentido, la financiarización ha motivado la aparición de un nuevo tipo de comprador, que adquiere casas sin intención de habitarlas, lo que añade complejidad a un sistema ya tensionado. Pero resulta difícil estudiar la influencia de los megatenedores —sociedades que

acumulan al menos cincuenta casas— ante la falta de datos sobre su presencia en el mercado español. La información facilitada por once comunidades autónomas a Civio en 2024 es lo más cercano a un retrato de la situación actual. Aquel año, CaixaBank se posicionó como el mayor casero privado de España, con cerca de 22 000 viviendas arrendadas, seguida muy de cerca por el fondo estadounidense Blackstone, que sumó unas 19 600 a través de distintas filiales. Ambos encabezaban un grupo de más de setecientas sociedades que, en conjunto, superaban los 178 000 contratos en estas regiones. Una cifra que equivalía entonces a cerca del 10 por ciento del parque de alquiler en el mismo territorio. Pero el alcance real podría ser mayor: este análisis no incluyó los inmuebles gestionados a través de filiales más pequeñas ni aquellas situadas en las comunidades donde el registro de fianzas es incompleto o inexistente. Gil discrepa de la lectura de Álvarez y apunta a que el encarecimiento del ladrillo «no se debe a que haya escasez, sino a los usos especulativos» que se hacen de

JOSÉ

27 años, militar

Poseer en España hoy una residencia antes de los cumplir 30 responde a una suma de circunstancias favorables. Entre ellas, una estabilidad laboral y una gran capacidad de ahorro que sean capaces de seducir a los bancos. De ahí que, en un contexto en el que la mayoría de jóvenes se enfrenta a unas condiciones de trabajo precarias, acceder a una hipoteca se percibe menos como una norma que como una ventaja relativa frente a quienes siguen buscando —sin éxito— una vía asequible para comprar.

Este es el caso de José, que firmó en 2025 la adquisición de

su piso en Gijón. Tiene 27 años, un trabajo estable como militar y la sensación de haber dado un paso poco habitual para alguien de su edad. «Sabía que todo el dinero que estaba invirtiendo era para una buena causa», añade. También recuerda las dudas de última hora, pero sobre todo una certeza: dejar atrás el alquiler, ese gasto que percibía como «grandes sumas perdidas» por el camino. En su caso, reconoce que su perfil laboral jugó a favor: «Sabía que no iba a tener grandes problemas por la fiabilidad que doy a los bancos». Esto se sumó a «una buena oportunidad laboral» que le permitió reunir el dinero suficiente para la entrada y los gastos iniciales de compra.

él. La realidad es que el sector inmobiliario posee un rango de agentes que varían en tamaño. Para analizar las últimas transformaciones que experimenta el ladrillo, Gil está coordinando la publicación de una serie de informes elaborados por el Ministerio de Consumo y el Instituto de Filosofía del CSIC que busca divulgar la situación actual del mercado de la vivienda y sus efectos sobre los consumidores. En su primer trabajo, el grupo de investigación concluyó a partir de datos del Panel Hogares IRPF de 2023 que más de la mitad de los alquileres los controlan particulares multiarrendadores —personas que poseen dos o más casas en este sector—, un porcentaje que se eleva en casi diez puntos porcentuales si se incorporan empresas, fondos y vivienda pública. Mientras tanto, el pequeño casero —aquel que solo tiene en el mercado una vivienda en alquiler— es propietario del 39 por ciento del parque de alquiler.

Por su parte, el segundo informe de esta serie publicado en abril da cuenta de cómo la tradicional España de pro-

pietarios mengua a favor de los que concentran más casas. Como evidencia, cita los datos recogidos entre 2008 y 2022 en la Encuesta Financiera de las Familias elaborada por el Banco de España. En catorce años, los hogares que viven en una vivienda de su propiedad han caído del 79 por ciento al 63,9 por ciento, mientras que las casas en alquiler han pasado del 11,9 por ciento al 19,2 por ciento. Por su parte, las familias caseras —que poseen propiedades y las arriendan a otros— casi se han triplicado: pasan del 3,4 por ciento al 9,8 por ciento del total. Asimismo, el análisis señala que el crecimiento del parque beneficia a quienes ya acumulaban patrimonio. Los propietarios de un solo inmueble redujeron su peso un 3,7 por ciento entre 2008 y 2025, mientras que quienes tenían entre seis y diez inmuebles cuadruplicaron sus casas, y pasaron

SEGÚN GIL, LA FUNCIÓN

SOCIAL DE LA VIVIENDA

COMO HOGAR Y SU USO COMO ACTIVO ESTÁN ENFRENTADOS. NO PUEDE HABER ENTRE ELLOS UN EQUILIBRIO PERFECTO.

de 138 000 a 626 000, según datos de la Dirección General del Catastro. Detrás del debate sobre la crisis actual también se esconde un desacuerdo cultural. Para Gil , el problema no admite puntos intermedios: «La función social de la vivienda como hogar y su uso como activo están enfrentados. No puede haber un equilibrio perfecto». Álvarez, en cambio, sostiene que ambas naturalezas pueden armonizarse. Eso sí, las perspectivas de ambos expertos sitúan la solución de estos conflictos en la regulación. «Las ideas del filósofo Michael Sandel resultan esclarecedoras aunque no se refiriera específicamente al real estate. No todos los bienes deberían regirse solo por la rentabilidad, sobre todo cuando entran en juego necesidades básicas como tener un techo bajo el que dormir. Para que un mercado opere de forma correcta, debemos imponerle normas», incide Álvarez. Mientras tanto, el investigador del CSIC se fija en países como Austria o

Suecia, con medidas desarrolladas a lo largo de décadas que limitan la entrada de especuladores al sector residencial u obligan a los actores privados a aceptar ganancias más bajas. «Pero ya no se trata solo de un asunto técnico, sino también político. Tiene que haber voluntad para impulsar un nuevo paradigma que democratice el acceso a una residencia digna y garantice su naturaleza social, como se hace con la educación o la sanidad», concluye Gil

Lejos de los informes y las estadísticas, la escena que imaginamos al inicio de este reportaje se repite a diario. Una pareja recién casada vuelve a intercambiar enlaces, a calcular costes, a seguir buscando un alquiler mientras sueña con una hipoteca. En algún momento, como tantos otros antes que ellos, tendrán que elegir no solo dónde vivir, sino en qué tipo de mercado quieren hacerlo. Y en esa decisión, aparentemente íntima, se condensa una pregunta mucho más amplia: si una casa puede seguir siendo al mismo tiempo un hogar y un activo, o si, en algún punto del camino, tendrá que dejar de ser una de las dos cosas. Nt

Diez conceptos para entender la crisis

1Financiarización

Transformación del mercado de la vivienda en un espacio cada vez más conectado a flujos globales de capital, donde prima la rentabilidad sobre el uso residencial.

2 Megatenedores

Empresas o grandes propietarios que acumulan al menos cincuenta viviendas en alquiler y tienen capacidad para influir en el mercado inmobiliario.

3 Demanda. Conjunto de personas o entidades que buscan comprar o alquilar vivienda, ya sea para residir en ella o como inversión.

4 Liberalización de suelo. Política que facilita la disponibilidad de terrenos para construir con el objetivo de aumentar la oferta de vivienda y reducir precios.

5 Donaciones

Transferencias de dinero o patrimonio, generalmente familiares, que permiten a muchos compradores —sobre todo jóvenes— afrontar la entrada de una vivienda.

6 Inversión extranjera

Compra de viviendas por ciudadanos o por capital procedente de otros países, que introduce nuevos competidores en el mercado.

7 Expectativas de mercado. Creencias compartidas sobre la evolución de los precios que pueden alimentar subidas o frenar bajadas, incluso sin cambios estructurales.

8 Esfuerzo de acceso a la vivienda. Porcentaje de los ingresos que un hogar debe destinar a pagar una vivienda, indicador clave de su asequibilidad.

9 Acceso al crédito. Condiciones bajo las cuales las entidades financieras conceden préstamos para vivienda, determinando el alcance potencial de la compra.

10 Movilidad demográfica Cambios en la población —como migraciones o crecimiento de hogares— que incrementan o reducen la necesidad de viviendas en un territorio.

AHORA BIEN

Enrique García-Máiquez

Corto y corte

«De la derrota del destino nace la libertad del héroe. Corto Maltés la encarna a golpe de navaja, pero la tradición recuerda que el verdadero destino no se improvisa, sino que se cultiva en la corte del amor»

VEO A MENUDO caras de horror en mis conferencias. En general, las agradezco: son una prueba palpable de que me atienden; pero algunas en particular me inquietan. Primero, porque las descubro en las más delicadas señoritas y, segundo, porque reaccionan tan mal, ay, ante una de mis mejores historias. Imagínenme explicando que la aportación decisiva del cristianismo a la grandeza literaria de los clásicos paganos consistió en desembarazarse del férreo destino que atenazaba a los héroes. Lo aprendí del catedrático José Enrique RuizDomènech: la novela nació con el libre albedrío de los caballeros de la Tabla Redonda, que derrotaron al dragón de la predestinación. Chrétien de Troyes pega esquinazo incluso a la historia de Tristán e Isolda porque, con lo del filtro de amor, no había espacio para la libertad, y el gran creador medieval quiere toda la del mundo para sus protagonistas. Hasta ahí ni la más mínima morisqueta en los asistentes.

Añado, recreándome, que eso está ejemplificado modernamente por Corto Maltés, el personaje del cómic de Hugo Pratt. De niño, se lleva un susto en Córdoba (no olvidemos que su madre era española, de Gibraltar). Una gitana le coge la mano para leerle la buenaventura, pero enseguida la retira con repugnancia. El pequeño carece de línea del destino. Corto, nada perezoso, corre a su casa, entra en el cuarto de baño, alcanza la navaja de afeitar de su padre, y se

traza en la palma de la mano —¡zas!— una buena raya. Aquí, sí, las caras de espanto.

Yo, que odio dar un disgusto —ni leve— a nadie, me hallo en una encrucijada. Me cuesta mucho renunciar a una anécdota tan categórica. Lo tiene todo: ya no hay fatum fijo, sino que ha de construirse con voluntad férrea. Y cuántos detalles sugerentes añade Pratt: la sangre, el padre, la barba (implícita) del hombre…

Lo de la barba da una pista de otra razón de esa cierta prevención femenina, más allá de la delicadeza. Todo remite a un universo de sugestiones masculinas. Y aún falta la razón definitiva: la desconfianza ante el solipsismo del infantil héroe solitario. ¿Dónde quedan las mujeres en la historia de Corto? Cuando se pregunta a la gran experta en literatura artúrica Victoria Cirlot por el escaso papel femenino en las historias medievales, ella responde: mucho cuidado, que las damas son las portadoras del Grial, lo máximo que persiguen los caballeros.

Ellas orientan, pues, la quête, esto es, la búsqueda, el fin de la aventura por excelencia. Corto Maltés, soltero impenitente, se autodibujó su sino a lo bruto, y el subconsciente cultísimo de mis oyentes detecta que, más allá del corte, debería ser en la corte donde el chico, guiado por la chica, forje su destino. Véase Dante. No en vano fueron las damas provenzales las inventoras históricas del mejor ideal masculino. El pretendiente, si quería merecerlas, tenía que ser «prou e courtois», esto es, valiente y cortés, las dos cosas. El resultado, como subraya C. S. Lewis, es un arquetipo prodigioso, casi un ser mitológico, mitad fiera, mitad ángel, hombre entero. Corto Maltés cogió un atajo (de un tajo). Las chicas que se espantan de mi ejemplo reclaman, quizá sin saberlo del todo, el método tradicional, tan olvidado en estos tiempos como imprescindible.

LA PREGUNTA DEL AUTOR

¿Hemos sustituido la paciencia de la corte por el tajo del corte… y por eso ya no hay príncipes azules?

Algunas se quejan de lo difícil que es encontrar un príncipe azul, esto es, un chico excelente y entregado. Olvidan, porque nadie se lo recuerda ya, que nunca existieron los príncipes azules… en principio. Eran el fruto de un cultivo. No con la navaja del padre de Corto, de acuerdo, pero sí con la flecha del amor más trovadoresco. Tal vez hay que empezar besando a una rana, tal y como invita otra historia. Lo expresa con maravillosa concisión este consejo sapiencial: «Solo hay una manera de conseguir un príncipe azul: asfixiándolo». O el corte o la corte, pero de la gran aventura de construirnos un destino (y una historia de amor), a los occidentales no nos libra nadie. Somos libres. Por fortuna, también lo somos para ayudarnos unos a otros (unas a otros).

@NTunav Opina sobre este asunto en X.

Enrique García-Máiquez es poeta y ensayista. @EGMaiquez

Mi estádespensa enferma(ultra)

Ya no comemos como antes. Los productos ultraprocesados rebasan hoy más del 50 por ciento de la dieta en países como Estados Unidos o el Reino Unido. En España, donde su consumo se ha triplicado en las tres últimas décadas, esa cifra ronda el 33 por ciento en adultos y alcanza el 40 por ciento en niños. Esta tendencia en auge, como se advierte en The Lancet, amenaza la salud pública global. Se agolpan las evidencias científicas sobre cómo estos alimentos —si se pueden llamar así— impactan en el cuerpo, en el cerebro y en el planeta. Pero los expertos no se limitan a documentar estas secuelas. También inculpan a quienes priorizan el lucro por encima de la salud. En un ecosistema alimentario doliente, ¿son los ciudadanos rehenes de grandes empresas como Nestlé, Coca-Cola, Unilever, PepsiCo, Danone, Mars, Mondelez y Ferrero?

texto Ana Eva Fraile

—En términos de salud pública, ¿cuál es la magnitud de la crisis actual comparada con la del tabaco? —pregunta Bill Whitaker en CBS News.

—Esta crisis nos afecta a todos. No solo a los fumadores —responde David A. Kessler, pediatra y abogado de 75 años—. Observen la cantidad de personas que consumen productos ultraprocesados.

—¿Le gustaría ver a los CEO de las grandes compañías alimentarias presentarse ante el Congreso y levantar la mano derecha como hicieron los de las tabacaleras? —plantea el periodista.

—Este país está enfermo —afirma Kessler—. Las empresas deben comprender las consecuencias de lo que están haciendo y tomar medidas. Cambiamos la perspectiva sobre el tabaco; ahora necesitamos invertir la perspectiva sobre los ultraprocesados.

El domingo 15 de febrero, desde el programa de noticias más exitoso de la televisión estadounidense 60 Minutes— y en prime time, las palabras del Dr. Kessler desadormecieron la conciencia americana.

La suya no es una voz cualquiera. Desde noviembre de 1990 hasta febrero de 1997 capitaneó la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA). Su arrojo resultó clave para regular la fabricación, el etiquetado, la venta y la publicidad del tabaco.

En 1994, la FDA promovió una investigación acerca de los efectos de la nicotina en el cerebro. Si resolvían que se trataba de una sustancia «destinada a alterar la estructura o cualquier función del cuerpo», según contempla la Ley Federal, la Agencia tendría jurisdicción sobre los cigarrillos y el tabaco sin humo como dispositivos que suministraban la droga.

Pesquisas, testimonios y documentos confidenciales desvelaron las prácticas de esta industria. A sabiendas de su potencial adictivo, los fabricantes llevaban tres decenios manipulando los parámetros de alquitrán y nicotina que liberaban los cigarrillos para satisfacer la necesidad de los consumidores. Por ejemplo, usaban aditivos químicos, como mostró un informe especial del New England Journal of Medicine.

En agosto de 1995, el presidente Clinton anunció las conclusiones

del análisis y dio luz verde a un programa regulatorio enfocado a romper el ciclo de adicción, que se originaba en la adolescencia. Las empresas impugnaron y, tras catorce años de litigios, la Ley de Control del Tabaco se aprobó en 2009. Aunque no prohibió los cigarrillos ni rebajó los niveles de nicotina a cero, cambió «cómo funciona Washington y para quién trabaja», subrayó el presidente Barack Obama en su comparecencia tras la votación.

La normativa facultó a la FDA para alejar de escuelas y parques la publicidad, aumentar las sanciones sobre las ventas de tabaco a menores, rediseñar las etiquetas de advertencia en las cajetillas, desterrar términos promocionales engañosos y vedar algunas sustancias químicas y la mayoría de los saborizantes.

Estas medidas históricas se desencadenaron a raíz de una petición ciudadana que Scott Ballin, presidente de una coalición antitabaco, firmó en octubre de 1994. Al Dr. Kessler, que entonces dirigía la FDA, le tocó buscar respuestas. Tres décadas después, y por esa misma vía, es él quien abandera una nueva causa: el 6 de agosto de 2025 elevó una solicitud al Departamento de Salud para limitar la exposición a los carbohidratos refinados utilizados en el procesamiento industrial con el fin de prevenir la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Gracias al marco federal que alumbró el Congreso en los años noventa, «el mundo ha cambiado», reconoció Kessler a The New York Times, y ahora espera que su petición «impulse un replanteamiento de cómo se elaboran los alimentos y de qué es lo que comemos». El paralelismo entre el tabaco y los productos ultraprocesados traspasa lo anecdótico. Sustancias que no son seguras, efectos farmacológicos en el cerebro, manipulación intencional de procesos productivos, estrategias de marketing capciosas, negocios billonarios, grupos de presión intocables… Como ocurrió con la nicotina, hoy las evidencias científicas también se agolpan. La serie sobre «Ultraprocesados y salud humana» que la revista The Lancet publicó en noviembre de 2025 concluye que ha llegado el momento de pasar a la acción.

Este tipo de etiquetas son obligatorias en siete países de Latinoamérica. Estas páginas muestran simulaciones realizadas por expertos en productos a la venta en España.

ALTO EN AZÚCARES

El lobby de la industria UPF

Red global de influencia política de la industria de los ultraprocesados, formada por 207 grupos de interés en todo el mundo.

El tamaño de los círculos es proporcional al número de conexiones con grupos de interés en la red. Y las líneas representan las afiliaciones declaradas.

Ocho empresas ocupan un lugar central, lo que indica su función coordinadora: Nestlé (137 afiliaciones), Coca-Cola (114), Unilever (106), PepsiCo (105), Danone (91), Mars (74), Mondelez (72) y Ferrero (69).

La mayoría de los grupos tienen su sede en las capitales

© Monteiro et al. 2025 The Lancet Series on Ultra-Processed Foods and Human Health de los principales mercados y centros de decisión; casi la mitad de ellos ubicados en Washington D. C. y Bruselas.

Los grupos de interés desempeñan diversas funciones: las asociaciones de fabricantes ejercen presión sobre los responsables políticos; las asociaciones de marca y publicidad abogan por la libertad de comercialización y la autorregulación; y los grupos de la industria agroalimentaria actúan en nombre de los productores de ingredientes.

Para sembrar la duda y restar importancia a las preocupaciones sobre la salud, la industria

de los UPF influye en la producción de conocimiento y en el debate científico a través de investigaciones patrocinadas. El estudio identifica cerca de 3800 artículos publicados entre 2008 y 2023 que revelaban financiación o intereses en los que se mencionaba a fabricantes de UPF. Estos artículos fueron redactados por más de 14 000 personas afiliadas a empresas, universidades, Gobiernos y grupos de la sociedad civil, principalmente en Estados Unidos y la Unión Europea.

Compañías de la industria de los ultraprocesados

Asociaciones empresariales generales

Asociaciones de marca y publicidad

Organizaciones de RSC

Asociaciones de fabricantes de alimentos y bebidas

Asociaciones de nutrición infantil

Grupos del sector agroalimentario

Organizaciones científicas y de información al consumidor

¿Cuándo dejamos de comer alimentos de verdad?

El artículo que ha revolucionado la nutrición se presentó en noviembre de 2010 en la revista científica brasileña Cadernos de Saúde Pública. Lo firmó un quinteto encabezado por Carlos Augusto Monteiro, fundador del Centro de Estudios Epidemiológicos en Nutrición y Salud de la Universidad de São Paulo.

A mediados de los noventa, indagaron las causas de una alarmante escalada de la obesidad en su país. Observaron que la comida tradicional —como arroz y frijoles— se veía amenazada por un patrón compuesto de bebidas gaseosas, galletas dulces, postres preparados, fideos instantáneos y cereales. Al preguntarse en qué se parecían esos productos, descubrieron que se fabricaban con ingredientes deconstruidos, modificados, mezclados con aditivos y, además, se publicitaban. A estos alimentos los llamaron ultraprocesados (UPF, por sus siglas en inglés).

Para penetrar en este cambio cultural, el médico británico Chris van Tulleken desanda la historia evolutiva en el libro La epidemia de los ultraprocesados (Urano, 2024). «En los últimos 150 años —afirma—, los alimentos han dejado de serlo». Desde finales del siglo xix, se han ido incorporando en la dieta sustancias creadas mediante moléculas y procesos nuevos: los almidones se modifican, los azúcares se invierten, los extractos de proteínas se hidrolizan y los aceites de semillas se refinan, decoloran, desodorizan, hidrogenan e interesterifican (se varía su textura).

Después se combinan con aditivos sintéticos «a los que nuestros sentidos nunca habían estado expuestos»: emulsionantes, edulcorantes, espesantes, estabilizadores, quelantes, saborizantes,

acentuadores del sabor, reguladores de la acidez, colorantes, blanqueadores, fijadores de color, clarificantes, agentes de glaseado, humectantes, gasificantes, espumantes, gelificantes, agentes endurecedores, incrementadores y reductores del volumen, leudantes, conservantes, antioxidantes… Para rematar el cocinado, los ingredientes se unen por medio de técnicas industriales que dan forma, textura y sabor.

El desarrollo de los UPF se generalizó a partir de 1950, cuando se establecieron los requisitos de aprobación de aditivos alimentarios. La enmienda que ratificó el Congreso estadounidense en 1958 permitió una excepción: algunas sustancias debían considerarse «Generally Recognized As Safe» (GRAS) para ahorrar trámites a los productores de vinagre, sal de mesa y otros ingredientes comunes. El resto de empresas, que también querían saltarse el proceso de revisión de inocuidad, hicieron de la dispensa una ley a su medida.

La FDA desconoce cuántas sustancias se han agregado a los alimentos por la vía de la autodeterminación, pero, según apunta Van Tulleken, se calcula que hay cerca de diez mil. En el Viejo Continente, en cambio, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria aplica un enfoque preventivo; revisa los aditivos de manera periódica y actualiza una base de datos. Los UPF representan hoy más del 50 por ciento del total de calorías diarias que se consumen en Estados Unidos, el Reino Unido y Australia. En España, su impacto se ha triplicado en las últimas tres décadas, y ha pasado del 11 al 32 por ciento, y se encarama hasta el 40 por ciento en niños. Estas cifras, pertenecientes a una serie de artículos publicada en The Lancet, retratan una transición global: cómo los UPF arrinconan a los alimentos frescos y mínimamente procesados.

¿Qué daños provocan en el organismo?

Una pizza es una pizza: harina, tomate y queso. Si se elabora como una receta casera, no suele llevar más de seis ingredientes. La lista crece en las versiones de supermercado, aderezadas con conservantes, estabilizadores y antioxidantes. Ambas, comenta Chris Van Tulleken en su libro, tienen casi la misma cantidad de calorías, grasa, sal y azúcar, pero la perspectiva del equipo del Dr. Monteiro deja al descubierto la línea roja que las separa. NOVA, la clasificación de alimentos que presentaron ya hace dieciséis años, partió de dos hipótesis. Primera: los ultraprocesados deterioran la calidad de la dieta. Segunda: contribuyen al aumento de enfermedades crónicas.

El procesamiento no resulta malo en sí. «Ha sido necesario para nuestra supervivencia», defiende Van Tulleken. Hasta tal punto que el neurocientífico australiano John B. Furness propuso catalogar al ser humano como cucinívoro, por su dependencia de la cocción y de otras técnicas para preparar y conservar comida.

En la era industrial, los métodos tradicionales (refrigeración, congelación, pasteurización, fermentación o enlatado) se orientaron a prolongar la durabilidad de los alimentos —preservando en gran medida su estructura natural— y a mejorar las propiedades sensoriales.

Sin embargo, la llegada de nuevas tecnologías de procesamiento despertó recelos. Estados Unidos creó en 1951 una comisión para investigar el uso de compuestos químicos. Contabilizaron más de 700, pero tan solo de 400 se conocía que eran inocuos. Uno de sus informes reflejaba una inquietud muy actual: «Que muchos de los productos químicos que se agregan a los alimentos no hayan sido

probados lo suficiente como para determinar si son aptos». Les preocupaban especialmente las sustancias «cuyos efectos nocivos se manifiestan al cabo de meses o años de consumo».

Las pruebas que aglutina la serie disponible en The Lancet han ratificado las dos teorías que sustentan NOVA.

Primera: el ultraprocesamiento altera la matriz de los alimentos y destruye su complejidad química. Las consecuencias de esta dieta incluyen desequilibrios nutricionales, comer en exceso, una menor ingesta de fitoquímicos protectores de la salud y una mayor exposición a contaminantes tóxicos del envasado y a mezclas de aditivos potencialmente dañinos.

Segunda: los sustitutos —vacíos de nutrientes— de los alimentos integrales aumentan el riesgo de padecer múltiples enfermedades crónicas. El dosier divulgado por la revista británica asocia el consumo de UPF con índices más elevados de obesidad y sobrepeso, diabetes tipo 2, patologías cardiovasculares, afecciones renales y gastrointestinales, depresión y mortalidad prematura.

Quizá sería más apropiado dejar referirse a los UPF como alimentos. Según la investigadora de la Universidad de São Paulo Fernanda Rauber le advirtió a Chris van Tulleken, convendría decir que se trata de «sustancias comestibles producidas químicamente».

¿Por qué comemos

sin medida?

Oyó hablar de los ultraprocesados por primera vez en 2017, cuando el término emergía en la prensa. Un ejecutivo de Pepsi le pidió su opinión sobre una nueva manera de ver los alimentos que les preocupaba, el sistema NOVA. «¿Cómo puede alguien tomarse eso en serio?», reaccionó. El protagonista de la escena que relata Van Tulleken es Kevin Hall, entonces investigador de los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos. Su escepticismo le empujó al laboratorio: dirigió el primer ensayo clínico que analizó la respuesta del cuerpo a los ultraprocesados. Comparó dos dietas idénticas en sal, azúcar, grasa y fibra. Una a base de UPF y la otra no. Hall descubrió que los veinte participantes ingirieron 500 calorías más al día con la dieta UPF, ganaron un promedio de un kilo y comieron más rápido. Los resultados del ensayo, difundidos en 2019, catalizaron la investigación alrededor de la teoría de Monteiro. Aunque en este debate predominan los argumentos nutricionales, un artículo publicado en la revista The Milbank Quarterly examina los UPF desde la ciencia de la adicción: cómo se optimizan para instigar al consumo compulsivo. Los autores, entre los que se encuentra Ashley Gearhardt, profesora de Psicología en la Universidad de Michigan, trazan un paralelismo con el tabaco: «Muchos UPF comparten más características con los cigarrillos que con las frutas o verduras mínimamente procesadas».

La analogía, aseguran, radica en su origen común. Las tabacaleras Philip Mo-

rris y R. J. Reynolds adquirieron compañías alimentarias —como Kraft (que se fusionó en 2015 con Heinz), General Foods y Nabisco (hoy propiedad de Mondelez)— y fueron los principales fabricantes y comercializadores de UPF desde 1980 hasta los años 2000. Estas empresas replicaron su experiencia; solo reemplazaron la nicotina por un cóctel irresistible —y antinatural— de carbohidratos refinados y grasas.

Los ingenieros del sabor ajustan las dosis de estos ingredientes hasta dar con la mezcla que maximiza los efectos placenteros y refuerza la conducta. También controlan la velocidad a la que las sustancias gratificantes llegan al cerebro. Por eso diseñan los UPF para que se digieran en segundos: al despojarlos de la fibra, la proteína y el agua se vuelven tan suaves que se les considera premasticados. Su potencial adictivo se multiplica gracias al «tiempo de suspensión corto». Los expertos se refieren así a las impresiones muy intensas pero fugaces que desencadenan el deseo renovado. Los saboristas amplifican el estallido sensorial —gustos, aromas, texturas— incorporando aditivos a la fórmula.

Además de estas tácticas, que, como advierte Gearhardt, contribuyen a «secuestrar nuestra biología», a hackear los sistemas de recompensa y los mecanismos reguladores de la saciedad, las industrias del ultraprocesamiento se valen del marketing. Si las etiquetas «light» o «bajos en alquitrán» lavaron la imagen de los cigarrillos, ahora recurren a los rótulos «bajo en grasa» y «sin azúcar» para blanquear la percepción pública de los UPF. Sucede igual con los aditivos funcionales —probióticos y vitaminas agregadas— o los edulcorantes sin azúcar. Bajo esa apariencia saludable, las reformulaciones de productos, en realidad, mantienen intactas sus propiedades adictivas.

Las ventas mundiales de ultraprocesados

Bebidas

Bebidas sin gas azucaradas

Productos de panadería

Aperitivos dulces, postres y pastelería

Comidas preparadas

Aperitivos salados

Productos lácteos

Salsas y aderezos

Productos cárnicos reconstituidos

Otros alimentos sólidos

Ingresos bajos

Ingresos medios-bajos Ingresos medios-altos

Ingresos altos

Evolución temporal entre 2007 y 2022 de los datos de ventas globales de alimentos (en kg per cápita) de Euromonitor International correspondientes a diez categorías de productos ultraprocesados en 93 países agrupados según sus niveles de renta. Estos cuatro bloques se basan en su renta nacional bruta per cápita en 2022 y en la clasificación de renta del Banco Mundial.

El peso de los UPF en la dieta

Nivel de consumo de alimentos UPF (porcentaje de la ingesta energética total) en 36 países que cuentan con un Servicio Nacional de Nutrición, analizado con el sistema NOVA. Los datos se corresponden con las estadísticas más recientes en cada caso. La tabla se presentó el 10 de abril durante el seminario web «Alimentos ultraprocesados: una agenda One Health para la acción y la rendición de cuenta», organizado por la OMS.

¿Quiénes son los más vulnerables?

Chris van Tulleken es padre. Mientras participaba en un experimento dietético de sus colegas del University College Hospital de Londres, Lyra tenía 3 años y Sasha, 1. Trasladaron el estudio de Kevin Hall al mundo real; dejó de comer ultraprocesados cuatro semanas y durante las cuatro siguientes el 80 por ciento de las calorías provino de UPF.

El autor inauguró su segundo mes en el ensayo con un tazón de Choco Krispies. Había sido el desayuno de su niñez, y el producto que Kellogg’s inventó en 1958 le parecía un alimento «tradicional». Su hija Lyra nunca lo había probado, pero, tan pronto vio el paquete, abandonó sus gachas de avena. «¡Quiero los cereales de Mickey Mouse!», gritó señalando al Mono Coco. El dibujo de un simpático personaje había secuestrado su atención. Antes incluso de sentir por primera vez los hipnóticos estallidos del arroz inflado.

La caja, revestida con mensajes como «50 % de tu dosis diaria de vitamina D» y «30 % menos de azúcar», parecía indicar que se trataba de un desayuno infantil idóneo. Sin embargo, entre los ingredientes, Chris reconoció sustancias que se ajustaban a la definición de UPF: jarabe de glucosa, pasta de cacao, extracto de malta de cebada y saborizantes.

En pocos minutos, Lyra engulló el doble de la ración para adultos que recomendaba el envase; ni rastro de la cantidad específica adecuada para ella. Chris reparó en la tabla de información nutricional. Logró averiguar que estos sabrosos cereales llevaban un 20 por ciento más de sal por gramo que las lasañas de microondas. «¿Por qué no incluyen una advertencia?», se planteó. Joan Matji, directora de Nutrición y Desarrollo Infantil de Unicef,

ofrece una respuesta en el estudio que su agencia publicó en diciembre de 2025: «Los UPF están formulados para maximizar las ganancias de la industria, no para nutrir a los niños».

La escalada de consumo ha motivado que Unicef considere los UPF «elementos básicos de la dieta de los adolescentes». Representan más de la mitad de su ingesta calórica diaria en muchos países de ingresos altos y están calando con rapidez en los de ingresos bajos y medios, donde las grandes empresas transnacionales lanzan ahora sus cebos. El informe alerta sobre esta expansión: los entornos alimentarios modernos «perjudican el bienestar de la infancia». Desnutrición, retraso del crecimiento, alteraciones metabólicas, depresión, hiperactividad y niveles mundiales históricos de obesidad —el índice entre los 5 y los 19 años alcanzó en 2025 el 9,4 por ciento, frente al 3 por ciento del 2000— son algunas de las consecuencias que recopila.

Del documento de Unicef se desprenden tres razones por las que los UPF preocupan en la infancia: porque constituye una etapa decisiva para el desarrollo físico y neurológico; por el carácter prolongado de la exposición a estos alimentos —desde las tempranas leches de fórmula para bebés, en su mayoría ultraprocesadas—; y porque este perfil, debido a la limitada capacidad para reconocer la intención persuasiva, resulta particularmente vulnerable a las estrategias del marketing que hacen hiperapetecibles estos productos. Las consignas publicitarias inundan las calles y se cuelan en casas, colegios y plataformas digitales. Ubicuas, estas tácticas, además de normalizar el consumo diario de UPF, «violan los derechos de los niños a la salud, a una alimentación adecuada, a la información y a no padecer explotación comercial. Protegerlos —advierte Matji— no es solo un imperativo de salud pública, sino también una obligación ética y legal para los Gobiernos».

¿Cómo se puede frenar esta epidemia?

El Dr. Monteiro publicó el 19 de mayo en LinkedIn el mensaje que llevaba tres décadas esperando: «Um momento muito importante para a ciência!». En 1990 había fundado un centro de investigación en São Paulo y Patricia Jaime, su coordinadora científica, acababa de intervenir en un evento de la 79.ª Asamblea Mundial de la Salud. Era la primera vez que se hablaba de los ultraprocesados en este foro. Patricia Jaime acudió a Ginebra en nombre de los 43 autores de la serie publicada en The Lancet, entre los que se encuentran el propio Monteiro, Ashley Gearhardt, Chris van Tulleken y Maira Bes-Rastrollo, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra y la única española del plantel. El encuentro se enmarcó en una agenda estratégica que lidera Brasil con el respaldo de Francia, México y Uruguay. Ante delegados de más de 190 países, el ministro de Salud brasileño, Alexandre Padilha, propuso establecer una normativa conjunta para contrarrestar el avance de los UPF en los sistemas alimentarios. Persigue desarrollar un modelo que pueda someterse a votación en la próxima Asamblea.

Pese a su efectividad, las iniciativas nacionales aisladas son insuficientes. «Ahora necesitamos una acción global más sólida y coordinada», urgió Patricia Jaime, y resaltó la responsabilidad seminal de los científicos. Las evidencias que recaban sobre el impacto de los UPF en la salud sirven de sustrato para las medidas regulatorias.

En junio se cumplió una década del principal referente, la Ley de Etiquetado y Comercialización, que entró

en vigor en Chile en 2016. Los expertos la consideran una de las más completas porque obliga a colocar advertencias octogonales negras en el frente de los envases de alimentos y bebidas con un alto contenido en azúcares, sodio, grasas saturadas y calorías; prohíbe la venta y promoción de UPF en las escuelas; y restringe el marketing dirigido a niños. Como apunta Van Tulleken en su libro, se retiraron los juguetes de los Kinder Sorpresa y también las mascotas de las cajas de cereales. El elefante Melvin, embajador chileno de Choco Krispies, perdió su trabajo.

Hoy en día, la trayectoria de México resulta ejemplar. El 1 de enero de 2014, se convirtió en el primer país que introdujo un impuesto sobre las bebidas azucaradas y los alimentos de alta densidad calórica. Ese mismo año, presentó la restricción de sus anuncios en horario infantil. En 2020 implantó el etiquetado frontal obligatorio. La presencia de al menos uno de estos sellos acarrea, desde 2021, el veto de las confusas «declaraciones de propiedades saludables» sobre nutrientes. Por último, en 2023 reguló las comidas escolares, y la venta y la promoción de alimentos y bebidas en los centros educativos.

Estas experiencias reflejan solo algunas de las acciones clave que detallan Unicef y la OMS en el Informe de nutrición infantil 2025. Pero, según remarcó en Ginebra

ALTO EN AZÚCARES
ALTO EN CALORÍAS

Mapa de políticas saludables

Canadá Enero 2026

México Octubre 2020

Colombia Diciembre 2023

Ecuador Agosto 2014

Perú Junio 2019

Chile Junio 2016

Venezuela Diciembre 2024

fuente: Global Food Research Program at UNC-Chapel Hill

Simón Barquera, director del Centro de Investigación en Nutrición y Salud de México y presidente de la Federación Mundial de Obesidad, demuestran que se puede proteger el bienestar público priorizándolo sobre cualquier interés comercial. El también coautor en The Lancet, a propósito de la Cumbre One Health de la OMS celebrada en abril, señaló la causa de esta crisis sanitaria: «El creciente poder económico y político de las corporaciones alimentarias transnacionales». Para blindar sus beneficios y obstaculizar cambios normativos, estas empresas —Nestlé, Unilever, PepsiCo, Coca-Cola,

Israel Enero 2020

Uruguay Marzo 2021 Brasil Octubre 2023

Argentina Febrero 2023

Danone, Mondelez...— despliegan métodos sibilinos. Presionan a los políticos, se infiltran en los organismos reguladores, interponen demandas contra las leyes de salud pública y generan dudas científicas, enumeró Barquera. Por eso, «desmantelar el modelo de negocio UPF exige crear sólidas salvaguardas contra las injerencias y los conflictos de inte reses», sentenció.

Estas medidas, señala un informe de Unicef, deben complementarse con otras que incentiven la producción, distribución y consumo de alimentos nutritivos —frescos o mínimamente pro

cesados—, seguros, asequibles y sostenibles. Medidas que mejoren el acceso a los «alimentos de verdad», resume Van Tulleken, y vigilen que la industria no remedie el ultraprocesamiento con hiper-

ALTO EN SODIO
Barbados
Portugal
Hungría
Rumanía
Etiopía
La India
Nación Navajo
Islas Bermudas
Dominica
Mauricio Nepal

POLÍTICAS DE ETIQUETADO NUTRICIONAL FRONTAL

l Obligatorias (11 países)

l Obligatorias en desarrollo (14 países)

l Voluntarias (37 países)

Actualizado en enero 2026

POLÍTICAS PARA PROTEGER A LOS NIÑOS

Medidas nacionales obligatorias que regulan todos los aspectos del entorno alimentario en las escuelas públicas (19 países)

Actualizado en marzo 2024

Medidas nacionales obligatorias que restringen la publicidad de alimentos y bebidas poco saludables (11 países)

Actualizado en mayo 2026

POLÍTICAS FISCALES

Impuestos tanto para las bebidas como para los alimentos poco saludables (22 países)

Actualizado en marzo 2026

Nauru, Kiribati, Vanuatu, Tuvalu, Samoa, Nueva Caledonia, Fiyi, Tonga, Polinesia Francesa

Las respuestas a los UPF van muy rezagadas respecto a la ciencia, alerta Monteiro en un artículo coral del número que el American Journal of Public Health dedica a este desafío. Y cada vez más voces reclaman normas urgentes. El Dr. Kessler aguarda desde agosto de 2025 una respuesta a su petición ciudadana. La FDA le comunicó el 9 de febrero que aún no había tomado una decisión definitiva. Durante todos estos meses, el debate ha ascendido en la escala de prioridades sanitarias y quizá el mundo se encuentre listo para que, como sucedió con el tabaco, las cosas estén a punto de cambiar de nuevo. Nt

Prepara la visita al supermercado

¿Quieres reemplazar los alimentos ultraprocesados (UPF) por alternativas saludables, pero te preguntas por dónde empezar? Estas son algunas recomendaciones para emprender la mudanza

· Abre tu despensa y pon el foco de manera gradual en diferentes categorías de productos. La fase de análisis y rastreo de nuevas opciones lleva su tiempo.

· Lee las listas de ingredientes de los alimentos que tienes en casa. Para desenmarañarlas, apóyate en plataformas como Open Food Facts, una base de datos gratuita, independiente y global con datos de más de cuatro millones de productos.

· Una vez en la tienda, que no te deslumbren las palabras. Ni «saludable» ni «natural» ni «de origen vegetal» ni «buena fuente de…» significan «sin procesar». Son estrategias de venta.

· Comprueba si en la parte frontal del envase aparecen etiquetas de advertencia octogonales de color negro (en Latinoamérica). Este sistema —que informa del exceso de calorías, azúcares, sodio y grasas— es el más eficaz para alertar sobre alimentos poco saludables. Otros, como las calificaciones Nutri-Score (en España), permiten que los nutrientes beneficiosos compensen los preocupantes. CURAR

· Compara los ingredientes de productos similares y, si dudas, inclínate por el que tenga la lista más corta.

· Sospecha de las sustancias que no encuentras en tu cocina ni en los supermercados. El sistema NOVA identifica como marcadores de ultraprocesamiento aquellas destinadas a un uso industrial casi exclusivo: aislados de proteínas vegetales, carne separada mecánicamente, almidones y aceites modificados, entre otras.

· Revisa si los productos contienen aditivos como lecitina, almidón modificado, dextrosa, maltodextrina, glutamato monosódico... Son otro indicador inequívoco de UPF. Indaga en la Base de Datos de Aditivos Alimentarios de la Unión Europea o la del Centro para la Ciencia en el Interés Público, con sede en Estados Unidos.

· Ahora que has descubierto hasta qué punto los UPF están arraigados en nuestro entorno, mejora la calidad de tu dieta. El patrón mediterráneo es, según constata la ciencia, uno de los más equilibrados en nutrientes y saludables por su efecto protector frente a múltiples enfermedades crónicas.

Los consejos, al completo en nuestra web

Brunéi

Al rescate de la tierra

0 Alfonso Chico de Guzmán, vinculado a la investigación en agroecología, y Yanniek Schoonhoven, máster en Ciencias Ambientales, cofundaron la Regeneration Academy y son los propietarios de La Junquera. Aquí posan junto a su hija Elena Yanniek, en la foto, espera al segundo hijo de la pareja: Leo. Impulsan un proyecto que busca transitar de la agricultura convencional hacia modelos regenerativos.

En las islas Lofoten, a ciento sesenta y nueve kilómetros del Círculo Polar Ártico, Parsa y Lisa Massahi cultivan verduras sin tractores en una antigua granja lechera abandonada. A cinco mil kilómetros de allí, en el altiplano murciano, Alfonso Chico de Guzmán y Yanniek Schoonhoven devuelven la vida a una finca desertificada. Laboratoria, el proyecto fotográfico de Ana Palacios, retrata a dos familias que han encontrado soluciones creativas para territorios en crisis y, de paso, reimaginan cómo habitarlos.

texto y fotografía Ana Palacios

0 Parsa y Lisa Massahi crearon el proyecto Polarhagen, donde vivían con sus tres hijos: Jörd, Arda y Balder. Este es el invernadero de su casa, en las islas Lofoten, Noruega. Transformaron una antigua granja lechera en desuso en un proyecto agrícola basado en la producción vegetal y la regeneración del entorno. Su vida cotidiana está incluida en el experimento: producir, habitar y educar en el mismo lugar.

el piano suena algo desafinado en el granero Lisa Massahi toca I’m Kissing You de Des’ree con una mano y sostiene a Jörd con la otra. El bebé de nueve meses golpea algunas teclas y se ríe. A unos metros, Parsa, el padre, termina de ajustar una estructura que pronto servirá para cultivar hortalizas. La escena me resulta extraña y mágica. Un piano dentro de un invernadero en las islas Lofoten, por encima del Círculo Polar Ártico. Un lugar abandonado, donde el sol no llega a salir durante semanas en invierno, al que esta familia quiere darle una segunda vida. El inicio de la historia de Lisa y Parsa sucedió en Oslo el 17 de mayo de 2017. Parsa, nacido en Dinamarca en 1992 en una familia de origen iraní, vivía nómada. Lisa, a sus 30 años, de origen ruso y crecida en Noruega, estudiaba Sociología y yoga. Empezaron a viajar juntos: Islandia, Bali, Hungría. En 2019 se establecieron y formaron una familia. En 2022 compraron una típica granja lechera en Noruega, donde unas cuatrocientas desaparecen cada año porque ya no son rentables. Las políticas agrarias favorecen solo a las explotaciones más grandes. El establo seguía en pie, pero la ganadería ya no resultaba viable, de modo que reutilizaron la estructura original para habilitar un invernadero. «No necesitamos construir algo nuevo —me dice Parsa mientras corta tablones de madera—. La mayoría de estas granjas están vacías. Nosotros queremos demostrar que todavía pueden servir para producir alimentos».

«No se trata solo de producir comida, sino de aprender a vivir de otra manera», añade Lisa. Cultivan verduras adaptadas al clima extremo (col rizada, rúcula, patatas…), recolectan algas en la playa para utilizarlas como fertilizante natural y venden una porción de la cosecha a restaurantes locales. Pero también organizan cenas abiertas al público, las pizza nights, en las que visitantes de distintos países comen alrededor de un horno de leña mientras Parsa les explica su forma de vida: agricultura vegana y economía circular. En este lado del mundo, el clima hace muy difícil cultivar durante algunos meses, así que alquilan habitaciones en Airbnb, organizan talleres, proyectan películas ambientales y dan cursos de alimentación o agricultura.

«Queremos que Jörd, Arda y Balder crezcan entendiendo que la naturaleza no es algo separado de nosotros», me cuenta Lisa una tarde mientras prepara la cena. Los niños solo ven dibujos una vez a la semana. La mayor parte del tiempo la pasan correteando entre semilleros, herramientas, juguetes y libros.

regenerar el sur. A miles de kilómetros de allí, un grupo de jóvenes observa cómo el agua se infiltra, poco a poco, en un suelo que, durante décadas, ha perdido fertilidad, y le va devolviendo la vida. Otra escena mágica y extraña. En la finca de La Junquera (Murcia), una de las zonas más desertificadas de Europa, Alfonso Chico de Guzmán y

Yanniek Schoonhoven han forjado una familia —hoy con dos hijos, Elena y Leo— y una comunidad con algunos agricultores, investigadores y emprendedores, una decena de personas. Hielo. Sequía. Norte. Sur. Los habitantes de estas latitudes opuestas se preguntan si es posible habitar lo rural de un modo respetuoso y sostenible.

Un antepasado de Alfonso compró esta finca en 1829, durante la desamortización, y se dedicó al cáñamo y al esparto. A partir de 1930, se sustituyeron esos cultivos por cereales y, en 1969, los 120 habitantes del pueblo se marcharon. Alfonso volvió a vivir aquí en 2012, con 24 años —había estudiado ADE en la Northeastern University de Boston— con la idea de repensar la propiedad familiar como un laboratorio al aire libre, un espacio de aprendizaje sobre agricultura regenerativa. Un paisaje duro: suelos erosionados, escasez de agua y un entorno marcado por años de labranza intensiva y degradación ambiental.

Un día de 2017 apareció Yanniek. Vino desde los Países Bajos, donde nació en 1991, para realizar prácticas de agroecología unas pocas semanas, pero conoció a Alfonso y ya no se marchó. Esta investigadora especializada en Ciencias Ambientales comenzó a imaginar una nueva vida para aquel terreno histórico. Fundó la Regeneration Academy, que codirige con Jacobo Monereo Bernabéu de Yeste . Impulsan cursos y experiencias prácticas de agricultura regenerativa para jóvenes y profesionales de distintos países. Algunos se quedan unos meses; otros, años. «Lo importante es entender que todo está conectado», me explica Yanniek . Camina junto a Elena , su hija, entre los viñedos. «El suelo, el agua, la economía local, la biodiversidad… No puedes regenerar una cosa sin pensar en las demás», continúa. Por eso no solo experimentan cómo mejorar la fertilidad del suelo o aumentar la infiltración de agua y recuperar la biodiversidad, sino que son una incubadora de iniciativas ligadas al territorio: una bodega de vino natural, proyectos de comunicación ambiental, talleres artísticos y programas educativos. La regeneración se entiende aquí como una vía para reconstruir tejido social y económico en zonas rurales que han perdido población y oportunidades.

Polarhagen —que Lisa y Parsa han vendido hace unos meses para instalarse cerca de Oslo— y La Junquera no son dos historias separadas. Laboratoria empezó en el sur de España, después de la pandemia, cuando muchas comarcas conocieron una pequeña revitalización. Me interesaba observar cómo el cambio climático afectaba de manera distinta a cada territorio, y así apareció el norte. En ambos lugares me encontré con personas que intentaban reconciliar producción, sostenibilidad y cotidianidad. No creían en soluciones milagrosas: trabajaban desde el método de la prueba y error, construían pequeños ecosistemas. Compartían nuevas formas de habitar. Nt

de

regresó en 2012 a La Junquera, la finca familiar llevaba décadas abandonada. Restauró varias viviendas y hoy acoge a quienes gestionan los proyectos que se desarrollan en sus 1100 hectáreas. El lugar está habitado de nuevo.

0 Cuando Alfonso Chico
Guzmán

2 Esto es Polarhagen, en el Círculo Polar Ártico. Cada año, cientos de pequeñas granjas desaparecen en Noruega porque solo las grandes explotaciones resultan rentables. En lugar de dejar que el edificio se caiga, Polarhagen reutiliza infraestructuras para desarrollar nuevos modelos de producción alimentaria sostenible.

2 Parsa Massahi ha recogido esta carretilla de algas en la playa de Nappstraumen, una zona de fuertes corrientes que arrastran nutrientes esenciales. En el huerto resultan muy útiles como fertilizante natural.

2 Lisa Massahi recoge en el invernadero móvil que ha instalado junto al grande una cesta de verduras que le ha encargado un restaurante. Gracias a esos pequeños clientes locales, el proyecto llega a ser viable económicamente.

0 Arda, que ya tiene tres años, riega mientras Parsa trabaja en la zona más próxima a la casa. Ella no lo sabe, pero su padre trata de seguir los principios de la permacultura, que busca crear sistemas humanos sostenibles imitando el funcionamiento de la naturaleza. Aquí, producción, aprendizaje y vida cotidiana se integran en un mismo espacio.

0 Lisa, hija de una pianista y un violinista, toca con Jörd, su bebé, en el invernadero que aún está en construcción. La cultura —y muy en particular la música— atraviesa la vida de esta familia.

3 Parsa recolecta setas en el bosque de Vestvågøy para aderezar las pizzas que sirven en sus cenas con los visitantes, una de las principales fuentes de ingresos de Polarhagen.

3 Los semilleros de brócoli y albahaca crecen en la cocina porque el invernadero aún no está terminado. Se adaptan con creatividad a las limitaciones.

3 Durante el verano organizan sus famosas pizza nights en el invernadero. Los visitantes recorren el terreno y comparten una comida elaborada con productos de cultivo propio.

2 En 2020, La Junquera comenzó a plantar viñedo con técnicas regenerativas. Mientras las nuevas cepas maduran, trabajan con uva monastrell de parcelas cercanas para elaborar Iberopunk, su vino piloto, que acabó llamándose Ilegal. Este proyecto lo impulsa Julia Casado, que vive en la finca y fundó la bodega La del Terreno, que apuesta por una producción artesanal, sin aditivos y muy ligada al territorio.

2 Las manos de Yanniek Schoonhoven sostienen una cesta de huevos frescos, recién recogidos, de las gallinas de La Junquera.

2 Trabajadores y voluntarios reúnen los restos de uva tras la extracción del mosto para el vino Iberopunk. Lejos de desecharse, estos subproductos se destinan a la alimentación del ganado. La lógica del proceso consiste en aprovechar lo que sobra para reducir residuos y reforzar la sostenibilidad del sistema.

0 Paulina Binsfeld, estudiante de la Wageningen University, desarrolla en La Junquera su investigación sobre captura de carbono en suelos agrícolas. Ahora coloca los productos elaborados ahí mismo —conservas, vino o sidra— junto a alimentos frescos de temporada. La tienda de la finca funciona como espacio piloto para integrar producción y comercialización en un mismo modelo.

0 Yanniek Schoonhoven, cofundadora de la Regeneration Academy, camina junto a su hija Elena Chico de Guzmán por La Junquera. Llegó en 2017 para unas semanas, en teoría, pero se quedó y fundó con Alfonso su familia.

1 Las vacas se alimentan de los restos dulces de la uva con la que se elabora el vino. En La Junquera, los subproductos agrícolas se reincorporan al sistema para reforzar la circularidad. La finca combina producción, aprendizaje y transformación alimentaria, donde trabajadores y estudiantes participan en procesos como la vendimia.

LA PERENNE REVOLUCIÓN ISLÁMICA DE IRÁN

En 1979, la Revolución Islámica prometió libertad y soberanía. Casi medio siglo después, el régimen de los ayatolás ha superado la mayor amenaza de su historia: una guerra abierta con Estados Unidos e Israel. Ni las bombas ni las sanciones han logrado derribarlo. Nueve testigos directos —de Teherán a Bagdad, de Beirut a Damasco— cuentan cómo la República Islámica ha sobrevivido exportando su modelo y sofocando toda disidencia interna.

texto Pablo Medina ilustración Javier Muñoz

Tomó el poder contra el sah de 1979 hasta 1989. Fue el padre de la teocracia iraní.

RUHOLA JOMEINI

muchos iraníes creyeron estar construyendo un país más libre y soberano cuando se apagaban las llamas de la Revolución Islámica encabezada por el ayatolá Ruhola Jomeini en 1979. La sociedad civil, no obstante, se vio sepultada de inmediato en el poder del fundamentalismo chií. El nacimiento de un nuevo orden en Teherán vino acompañado de amenazas a Israel y Estados Unidos. Medio siglo después, los dos países a los que retó en su cuna le están pasando la factura en una guerra que ha estrangulado la economía mundial con el cierre de Ormuz y ha fragmentado aún más a la sociedad iraní. Bizhan no ha olvidado cómo el país de los sah se desmoronó cuando islamistas, izquierdistas, nacionalistas y liberales se unieron contra un sistema autoritario y subordinado a los intereses británicos y estadounidenses. Pero la esperanza duró poco. «La alegría desapareció y llegó el miedo. A partir de 1982, quedó claro que la revolución no alcanzaba ninguno de sus objetivos y que Jomeini había olvidado por completo su promesa de libertad y bienestar», recuerda este iraní exiliado que regenta ahora una cafetería en No-

ruega. Se marchó de su Ahvaz natal por miedo a las represalias.

El Irán contemporáneo sigue siendo el mismo que diseñó Jomeini en los ochenta. Un régimen totalitario basado en el fundamentalismo chií y con una gran animadversión hacia Occidente por las injerencias de Estados Unidos en la región, la mayor de las cuales, en su concepción, es la propia existencia del Estado del Israel. En todo Oriente Medio, ambos países estaban vinculados a conceptos como capitalismo, laicismo y, especialmente, democracia. Para hacerles frente, Jomeini instauró una teocracia fundada en el principio de la Velayat-e Faqih —la tutela del jurista islámico—, que otorgó al clero chií el control absoluto del Estado. El Líder Supremo se convirtió en la máxima autoridad política, militar y religiosa, por encima de cualquier institución. Si Irán fue la policía de la Casa Blanca y Downing Street contra el comunismo, la República Islámica se consagró a lo contrario: destruir a sus antiguos tutores y lo que representaban.

Bizhan explica cómo cambió el país desde la caída de la monarquía: «A quienes se oponían al antiguo régimen —líderes políticos y militares, y muchos empresarios— los encarcelaron, asesinaron o expulsaron como traidores. Llegó el desempleo, subieron los precios. Se cerraron colegios y universidades, y a los jóvenes solo les quedaba la guerra contra Irak o emigrar».

Nilufar Saberi, activista iraní, lo vivió como una transformación radical para las mujeres. «El 8 de marzo de 1979, cuando Jomeini secuestró la Revolución que hicimos todos, ya estábamos en las calles y hubo grandes manifestaciones. Reivindicábamos que no habíamos hecho una Revolución para retroceder. En esa marcha, nos reprimieron con golpes físicos. Las fuerzas del Estado iban en motocicleta y los copilotos llevaban palos o cadenas. Cuando agredían a las mujeres, gritaban: “O velo o palo”. Y ellas respondían: “Ni velo, ni palo. Libertad e igualdad”». De pronto, a baluchís, azeríes, árabes, persas, liberales, marxistas y suníes los pisaba la misma bota.

Mientras se construía la nueva República Islámica, comenzó a crecer un sentimiento de amenaza en la región. En los albores del Islam, los asesinatos de los imanes Alí y Hussein abrieron una gran brecha entre suníes y chiíes. Estos últimos los consideran las figuras más cercanas a Mahoma, de modo que los chiíes interpretaron el triunfo de la Revolución como el inicio de una revancha histórica. El eje de Arabia Saudí, de mayoría sunita y referencia de las petromonarquías del Golfo, encontraba peligrosa la Revolución para el futuro de la península Arábiga. En Irak y Siria, el socialismo laico de Saddam Hussein y Hafez al Assad temía que la nueva teocracia suplantara su modelo. Por ello, en 1980, el dictador iraquí se lanzó a atacar Irán. Estados Unidos apoyó la campaña, consciente de que los persas eran un foco antiamericano. La guerra se extendió hasta 1988. La ONU acabó por auspiciar la paz tras un millón de muertos. Nizar al Samarrai, un reputado escritor iraquí que aún reside en el país, combatió en aquella guerra. Lo capturaron. Se pasó veinte años en las cárceles de Teherán, donde trataron de adoctrinarle para abrazar la nueva ideología persa que, más tarde, tanto se esmeró en investigar. A estos presos se les conoce como tawabeen. El objetivo de sus captores era que, de vuelta en sus países, persuadieran a la población chií para tomar el poder y alinearse con Teherán. Para Al Samarrai, «Irán tomó una decisión estratégica crucial» después de firmar la paz con Bagdad: «Impedir que la guerra alcanzara su territorio y extender su seguridad regional al máximo». Y solo había una forma de lograrlo: expandirse.

el nacimiento del eje de la resistencia. En esencia, tres poderes configuran Oriente Medio: Israel (por su fuerza militar), Arabia Saudí (por ser el corazón del islam suní y la referencia económica y geopolítica), e Irán, que se opone tanto a lo primero como a lo segundo. Tras sobrevivir a ocho años de guerra con Sadam Hussein (1980-1988), Irán necesitaba extenderse para desequilibrar a sus rivales. La demografía despejó

la incógnita de hacia dónde hacerlo. Irak, el Líbano, Siria y Yemen son los países de mayoría chií. Ahí decidió actuar, y a lo largo de la década de los ochenta empezó a extender su influencia.

La República Islámica apostó, para ampliar su influencia, por «la creación de organizaciones de carácter militar, aunque adoptaron nombres que pudieran camuflarlas como benéficas y humanitarias y, en ocasiones, prestaron servicios educativos y médicos a comunidades empobrecidas», desgrana el escritor Nizar al Samarrai. «En realidad, se mantenían como células durmientes, listas para activarse en el momento oportuno». Esos grupos recibieron distintos nombres: Hezbolá en Líbano, hutíes en Yemen o el Ejército Badr en Irak. Y llegaban justo cuando los suníes Hermanos Musulmanes y Al Qaeda se hacían populares. El mundo islámico no declararía ya guerras entre naciones, sino que abrazaría la guerra asimétrica: milicia contra milicia. En Oriente Medio no tardó en popularizarse el dicho de que se podía ir en taxi desde Beirut, capital del Líbano, hasta Teherán. Las milicias eran eficaces, así que Hezbolá empezó a ganar presencia en Siria. El objetivo era echar raíces cerca de sus rivales: armaron a los hutíes en Yemen para tener a tiro a Arabia Saudí, y financiaron a Hamás y la Yihad Islámica para llevar la lucha armada a las puertas de Israel.

REZA PAHLAVÍ

Fue el último sah de Irán, de 1941 a 1979. La Revolución lo exilió.

Al Samarrai prosigue su explicación: los partidos-milicia nacieron como grupos locales, con lo que Teherán tuvo que cuidarse de su lealtad. Los persas comenzaron a «vincular estas formaciones con la Oficina de Movimientos de Liberación, afiliada a la Guardia Revolucionaria. Llegó a ser una operación institucionalizada e integrada en el proyecto estatal iraní». Por aquel entonces, la Guardia Revolucionaria se había consagrado como la fuerza militar que puso el músculo para la supervivencia del modelo de Jomeini. En manos del general Qassem Soleimani, se empeñó en trazar la estrategia militar para que la República Islámica no pudiera ser derrocada por movimientos internos o invasiones extranjeras. Pero,

LAS ARMAS DE HEZBOLÁ
SE VEN COMO UN SÍMBOLO DE DIGNIDAD Y REVANCHA

DE LOS CHIÍES.

además, consiguió crear en el Líbano, Siria, Irak y Yemen una base social orgullosa de mirar a Teherán como referencia. «Las armas de Hezbolá a menudo se ven como un símbolo de dignidad después de décadas de marginalización chií, lucha contra Israel y orgullo comunitario», detalla el analista libanés Yahya Tashjian. Aunque desde Teherán se hayan

emitido fatuas o mensajes de que su lucha es por la paz, Oriente Medio no ha disfrutado del significado de esa palabra desde hace más de un siglo. Con sus milicias, Irán puso más sangre a la pugna por el poder en la región.

la primavera árabe. En la década de los 2000, Irán cosechó una victoria importante. Estados Unidos había invadido el Irak de Sadam Husein en 2003 bajo el pretexto de poseer armas de destrucción masiva y tener lazos con Al Qaeda. La guerra contra el terror de George W. Bush abrió una ventana de oportunidad a Irán. Si el islamismo suní se debilitaba, el chií podría ocupar su

espacio. Después de la caída del dictador baazista, una guerra sectaria aupó a las milicias afines al régimen persa. Desde entonces, comenzaron a verse retratos de los líderes milicianos y de la Guardia Revolucionaria en Beirut, Bagdad, Damasco y Teherán.

La llegada de la Primavera Árabe en 2010 trajo un refuerzo para la influencia persa en Oriente Medio. El dictador sirio Bashar al Assad permitió la entrada de Hezbolá en Siria para hacer frente a los rebeldes durante la guerra civil de 2011. Pero, además, en Irak se formaron las Unidades de Movilización Popular contra el Estado Islámico, en las que se integraron minorías como cristianos o yazidíes, incapaces de protegerse a sí mismos.

El escenario desplegado en los países donde Irán ejerció su influencia fue infernal. «Tras la entrada de Irán en Siria, todo el pueblo vivió con miedo a los asesinatos, las violaciones y el adoctrinamiento infantil en las zonas controladas por Hezbolá», dice un antiguo combatiente de Hayat Tahrir al Sham, el grupo armado dirigido por Ahmed al Sharaa, actual presidente sirio. Abou Farouq, fundador de la facción insurgente siria Liwaa al Umma, que luchó contra Assad, explica que la presencia de Hezbolá en su país volvió la guerra más sangrienta: «Yo tomé la decisión de combatir la dictadura cuando vi que, en un control de carretera, los iraníes dispararon a un hombre y lo mataron. Dieron orden de dejar allí el cadáver durante tres días y amenazaron con matar a quien se acercara a recogerlo».

En Bagdad, capital de Irak, las Unidades de Movilización Popular se hicieron tan grandes que tuvieron que fingir una integración en el Ejército en 2016 para dar la imagen de que se disolvían. Pero Nizar al Samarrai revela que todavía mandan en Irak. «La influencia iraní dificulta que inversores y comerciantes operen sin pagar sobornos. Algunas facciones ejercen más poder que las instituciones. Han puesto Irak en manos de Irán, y el Gobierno es incapaz de detenerlos», asegura.

Ibrahim , residente en Bagdad, aún

conserva en su móvil los vídeos de las manifestaciones de 2019, en las que el Gobierno acabó con la vida de más de mil personas, según varias ONG. «Mataron a mi mejor amigo. Queríamos enfrentarnos a la corrupción que no nos deja acceder a las universidades, a las milicias que nos acosan, y no hubo consecuencias para quienes nos dispararon», asegura. Él, como otros jóvenes suníes, vive en el extrarradio de Bagdad, sin poder optar a un trabajo especializado. Sally Mars, una reconocida guitarrista iraquí, también describe el comportamiento mafioso de esas milicias. «Yo tenía antes un piso en la calle Haifa donde iba a grabar mis canciones. Un día, llegaron las Unidades de Movilización Popular y me dijeron que no podía quedarme. Se apropiaron del piso y no pude volver», ratifica.

la guerra de washington y tel aviv. El año 2023 fue un punto de inflexión para Oriente Medio. A la violencia desatada por Israel en Cisjordania, que dejó, en datos de la ONU, más de 400 muertos, respondió Hamás con un golpe en el corazón del país hebreo el 7 de octubre de ese mismo año. Con más de 800 muertos y el rapto de 252 rehenes, el grupo financiado por Irán ejecutó lo que en Tel Aviv ya conocen como «el 11S judío». Y despertó en el Gobierno de Benjamin Netanyahu un propósito de hace décadas y que se presentó ese día como la ocasión perfecta: acabar con los ayatolás después de cincuenta años de existencia. Y Donald Trump se alineó con este objetivo.

Israel y Estados Unidos no pretenden atajar la represión hacia la mujer, ni el totalitarismo, ni la asfixia económica que somete a los 93,1 millones de habitantes de la República Islámica, sino aniquilar el modelo revolucionario por una cuestión de seguridad. No solo porque las milicias armadas amenazan la existencia misma de Tel Aviv, sino porque Trump quiere resucitar los Acuerdos de Abraham para que todo Oriente Medio reconozca a Israel. Pero no habrá paz, según Washington, sin que el régimen iraní desaparezca o se transforme

El 28 de febrero, en una imagen de vídeo oscurantista, Donald Trump anunció el inicio de las operaciones militares contra el régimen de los ayatolás. Ese mismo día, junto con la aviación israelí, las fuerzas estadounidenses atacaron el corazón de Teherán y acabaron con la vida del Líder Supremo, Alí Jamenéi El plan de decapitación, no obstante, no funcionó. El sistema iraní se apoya principalmente en esta figura que, cuando cae, deja el Gobierno en manos del brazo religioso (Consejo de Sabios), el militar (Guardia Revolucionaria) y el político. Mojtaba Jamenéi fue elegido sucesor de su padre y, aunque no haya hecho ninguna aparición pública, fuentes vinculadas a la Casa Blanca y a la cúpula iraní han señalado en repetidas ocasiones que trata de mantener unidas a estas tres partes, aunque la que se ha hecho con el poder de facto es la Guardia Revolucionaria.

El mando militar de la República Islámica ha ejecutado una estrategia concebida en su nacimiento: golpear en el bolsillo de Occidente. Europa, tras la invasión de Ucrania y las sanciones al crudo y el gas rusos, se hizo dependiente de la energía de Oriente Medio. Y tanto el Viejo Continente como Estados Unidos tienen grandes inversiones en el Golfo, en particular en Arabia Saudí y Emiratos Árabes: empresas vinculadas a tecnología, informática e inteligencia artificial. La respuesta iraní consistió en golpear los centros financieros y de procesado de crudo y gas del Golfo y cerrar el estrecho de Ormuz, por donde antes de la guerra transitaba el 20 por ciento del crudo mundial, según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos. «El objetivo de Irán eran los países más cercanos —Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Kuwait y Catar—, pero mantuvo a Emiratos en su mira porque constituyen la reserva financiera de los multimillonarios europeos y estadounidenses», incide el analista iraquí Alaa al Qadi, y agrega que «con esos ataques, los Estados del Golfo perdieron la confianza en Estados Unidos, que prometió protegerles, y la imagen de oasis de seguridad para grandes eventos deportivos y atraer inversión».

LIBANO: Hezbolá. Base principal, con extensión a Siria desde 2011

GAZA: Hamás, Yihad Islámica

TURQUÍA

SIRIA JORDANIA

Unidades de Movilización Popular

EGIPTO

Distribución de musulmanes chíitas en Medio Oriente (%)

Egipto, Gaza, Israel, Jordania, Cisjordania Siria, Arabia Saudí, Qatar, EAU, Omán Kuwait, Líbano, Yemen

Bahréin Irán

IRÁN: DE LA REVOLUCIÓN AL CERCO

1979 La Revolución Islámica derroca al sah. Jomeini to ma el control del Estado.

1980-1988 Sadam Husein invade Irán con apoyo estadounidense. Un millón de muertos.

2003 Estados Unidos invade Irak. La caída de Sadam y la guerra abren la puerta a las milicias proiraníes.

Años 80-90 Irán siembra milicias en los países de mayoría chií. Nacen Hezbolá, los hutíes y el Ejército Badr.

2010-2011 Primavera Árabe. La guerra civil siria estalla y Bashar al Assad permite la entrada de Hezbolá para combatir a los rebeldes.

2015 Se firma el Plan de Acción Integral Conjunto. Teherán limita el enriquecimiento de uranio al 3,67%.

Natanz Fordow

Isfahán

IRÁN Teherán

28 de febrero de 2026: muerte de Alí Jamenéi

Junio de 2025

Isfahán, Natanz y Fordow: bombardeo de instalaciones nucleares

l Países con mayoría chií l Países con mayoría suní Irán financia más de doscientas milicias en todo Oriente Medio. En este mapa destacamos las más importantes.

Ataques estadounidenses e israelíes en suelo iraní.

Febrero de 2026 Cierre del estrecho de Ormuz

2018 Trump abandona el acuerdo. Irán queda liberado de sus compromisos sobre enriquecimiento de uranio.

2019 Estallido social en Bagdad contra la corrupción y las milicias.

2022 Muere Mahsa Amini bajo custodia policial en Irán. Las protestas sacuden el país durante meses.

La fragmentación étnica en Irán

Azeríes (norte)

Kurdos (noroeste) Persas (centro)

Árabes (suroeste)

Baluchíes (este)

7 de octubre de 2023

Hamás golpea en el corazón de Israel. Netanyahu se propone acabar con el régimen de los ayatolás.

28 de febrero de 2026 EE.UU. e Israel atacan Teherán y matan a Alí Jamenéi.

Febrero de 2026 Irán responde cerrando el estrecho de Ormuz.

17 de junio de 2026 Irán y EE. UU. firman un memorando de entendimiento. Tienen 60 días para zanjar un acuerdo.

Mar Caspio
ARABIA SAUDÍ
Hutíes

La consultora Rystad Energy calcula que el Golfo ha sufrido pérdidas económicas de 58 000 millones de dólares. Para los estadounidenses, en abril, la inflación se situó en el 3,8 por ciento, su nivel más alto desde finales de 2023. Una encuesta reciente de NPR/PBS/Marist revela que el 81 por ciento de los ciudadanos asegura que el precio del gas está ahogando su situación económica. En Israel, las promesas de venganza de Netanyahu no terminaron de cuajar porque el régimen no cayó. En esta tesitura, no ha quedado más remedio que firmar con Irán.

La guerra también ha traído un diagnóstico pesimista para la sociedad persa. Los intentos de Netanyahu de espolear una revolución interna han fracasado: en la región, que Israel determine tu futuro equivale a un pacto con el diablo. Si la paz llega, será entre Estados, pero no a nivel civil.

la amenaza nuclear. Tras la firma del memorando de entendimiento entre EE.UU. e Irán, el 17 de junio, la cuestión nuclear será el centro de atención de ambos países, que tienen sesenta días desde entonces para lograr cerrar un acuerdo completo que zanje una guerra en la que Teherán sale ganando. Ha conseguido que Washington garantice la supervivencia del régimen, mantener su programa de misiles, y se ha bañado en dólares al conseguir levantar las sanciones al país y al comercio de su crudo, además de liberar los activos congelados en bancos occidentales. Todo a cambio de renunciar a un arma nuclear.

ALÍ JAMENÉI

Fue el Líder Supremo desde 1989 hasta que EE. UU. lo asesinó en febrero.

TEHERÁN SALE GANANDO: SOBREVIVE EL RÉGIMEN, PROGRAMA DE MISILES Y SANCIONES LEVANTADAS

Lo del arma nuclear viene de largo. En la época de Jomeini, la República Islámica recuperó la iniciativa del sah de los años cincuenta para utilizar la energía nuclear con fines médicos y sociales. Pero ya entrada la década de los 2000, se descubrieron centrales y plantas de refinamiento de agua que hacían temer en Washington que Teherán andara en busca de un arma nuclear. En 2015, bajo la Administración Obama, Francia, Alemania, Reino Unido, China, Rusia, Estados Unidos e Irán firmaron el Plan de Acción Integral Conjunto para limitar el enriquecimiento de uranio persa al 3,67 por ciento, suficiente para impedir la fabricación de una bomba, a cambio de levantar las sanciones.

mica, que supervisaba el programa, Irán contaba con 440 kilos de este material radiactivo antes de la guerra, pero tras los bombardeos a las centrales de Isfahán, Natanz y Fordow en junio del 2025, bases de la infraestructura nuclear, quedaron sepultados bajo tierra.

Sin embargo, la llegada de Trump al poder en 2018 fue un terremoto para el acuerdo, y dijo sobre él que «nunca, jamás debió haberse realizado». Y lo abandonó. De modo que Irán ya no tenía por qué cumplir esos límites. Según el Organismo Internacional de Energía Ató-

La guerra ha dejado, desde marzo, 3468 personas asesinadas en Irán, según el Ministerio de Salud persa. Las respectivas carteras de salud también recogen casi 4000 en el Líbano y 28 en los Estados del Golfo. Netanyahu, que ha convertido la caída de los ayatolás en el leitmotiv de su carrera política, no quiere renunciar a su ambición personal. Por eso, trata de

sabotear el memorando bombardeando aún el sur del Líbano y asegura que mantendrá ahí a sus tropas.

sin final feliz. La represión no ha cesado dentro de Irán en los últimos años. Primero fue la muerte de la joven kurdoiraní Mahsa Amini en 2022 y, después, la ola de protestas los meses antes de la guerra. Las autoridades persas las reprimieron con violencia: Iran Human Rights calcula más de 3600 muertos. La sociedad iraní no está dispuesta a quedarse sentada, pero tampoco a comprar el relato occidental. «No nos hemos creído que Estados Unidos e Israel hayan venido a liberar a nadie. Lo más positivo es que se ha entendido que ha llegado la fecha de caducidad del régimen y que nuestros intereses se han alineado con las grandes potencias», detalla Nilufar Saberi.

El día que los misiles norteamericanos e israelíes mataron a Alí Jamenéi fue una fiesta, según cuenta. «Lo celebramos porque no hay ningún iraní que no haya perdido un ser querido, tenga un desaparecido o haya salido de la cárcel inválido. Como buen sistema fascista, la punta de la pirámide vive en un lujo abominable, mientras que las familias de a pie tienen que vender órganos o hijos para no morirse de hambre. Es algo impensable para un territorio con petróleo, gas y piedras preciosas», valora la activista.

Las ejecuciones también se han disparado. Amnistía Internacional recogió que Irán es el país que más personas ejecutó en 2025, un total de 2159 de las 2707 documentadas a nivel global. Iranian Human Rights Watch asegura que, desde 1981, ha habido 120 000 ajusticiamientos (un tercio contra mujeres) por oposición al Gobierno. Romper esta situación será difícil. La sociedad iraní no ha logrado unirse contra el régimen, como hizo contra el sah en 1979. Ni siquiera con el apoyo de Israel y Estados Unidos. «La oposición está dividida. Los árabes del sur son mayoritariamente chiíes, con presencia suní, sobre todo en Bandar Abbas. Los kurdos están divididos entre los partidos marxistas, nacionalistas e islamistas. Luego están los baluchís en el este de Irán, que obedecen a los

MOJTABA

JAMENÉI

Hijo de Alí Jamenéi y heredero, no ha aparecido en público.

IRÁN EJECUTÓ A MÁS PERSONAS EN 2025 QUE NINGÚN OTRO PAÍS DEL MUNDO: 2159

intereses de Pakistán. Por último, están los persas y los azeríes, que poseen riqueza y constituyen una cuarta parte de la población», detalla el analista Alaa al Qadi, que encuentra difícil que, con los intereses dispares que presentan, estos grupos puedan «unirse con armas contra un enemigo tan monstruoso». Bizhan, desde su cafetería en Noruega, es poco optimista con la caída de los aya-

tolás: «Buscan pretextos para deshacerse de quienes les exigen algo. Las propias minorías tienen esos motivos, y para el régimen es mucho más fácil aprovecharlos». Sin embargo, confía, como Nilufar, en que el futuro de Irán está vinculado con las reivindicaciones feministas. «Las mujeres son las únicas que han logrado que sus derechos sean reconocidos y luchan para alcanzar algunos de sus objetivos. Son la mayor esperanza del pueblo», especifica. Ni las armas, ni la sociedad ni la presión económica han derribado la República Islámica de Jomeini. Sobrevive la pugna por ver quién cede antes, si sus pilares o las fuerzas externas e internas que tratan de provocar que sus grietas acaben por derrumbarlo. Nt

FIRMA INVITADA

José Alberto García Avilés

Periodistas que escuchan

Escuchar a la gente, comprender sus necesidades y tratar de satisfacerlas debería ser el propósito de cualquier medio. Por eso, los periodistas hemos de preguntarnos: ¿Cuánto de lo que publicamos responde a lo que resulta relevante y de verdad le interesa a nuestro público?

EN LA REDACCIÓN de radio del Servicio Mundial de la BBC, hace años alguien se hizo una pregunta crucial: «¿De verdad nuestros contenidos sirven a las necesidades de la audiencia?». Ese alguien era Dmitry Shishkin, jefe de desarrollo digital de BBC News, responsable de una red global de cuarenta y una webs en lengua no inglesa.

Para responder a esa pregunta, Dmitry y su equipo crearon un modelo que define el periodismo orientado a la comunidad. Su «Modelo de las necesidades informativas de los usuarios» clasifica las publicaciones según ocho parámetros: actualización (dime qué he de saber sobre la actualidad), perspectiva (explícame el contexto y las consecuencias), educación (apórtame más sobre un asunto que deba conocer yo), diversión (dame un tema ameno que me haga pasar un buen rato), inspiración (alguien que superó un problema y aprendió algo), tendencia (cuéntame por qué es importante esto de lo que todo el mundo habla), conexión (conéctame con otras personas que comparten mis valores) y utilidad (sugiéreme algo útil que me facilite la vida).

La aplicación del modelo mejoró los datos de las webs de la BBC. Las páginas vistas y el tiempo de lectura aumentaron considerablemente al reducir las noticias de última hora y optar por ese enfoque en el valor, la utilidad y la inspiración.

Escuchar a la gente, comprender sus necesidades y tratar de satisfacerlas debería ser el propósito de cualquier medio. Por eso, los periodistas tendríamos que preguntarnos: ¿Cuánto de lo que publicamos responde a lo que resulta relevante y de veras le interesa a nuestro público?

Por desgracia, muchos directivos parecen haberse olvidado de la audiencia. Proliferan contenidos homogéneos sin valor y clickbait sensacionalista que erosiona la credibilidad. Algunos confunden lectores con clics, relevancia con impacto, influencia con ruido… Sucede que en esta profesión somos buenos a la hora de contar lo que pasa, pero pésimos cuando se trata de escuchar.

El Digital News Report 2026 del Instituto Reuters, elaborado con la Universidad de Navarra, vuelve a constatar que la fatiga informativa y la evasión de noticias se han consolidado como un fenómeno estructural en España, al igual que en la mayoría de los países. El 37 por ciento de los españoles las evita de manera frecuente o constante. En la franja de 25 a 34 años, asciende al 44 por ciento.

A pesar de estos datos, las cabeceras que escuchan a su audiencia logran diferenciarse.

Los periodistas del diario eslovaco Denník N trasladaron su redacción a varias ciudades fuera de Bratislava con el lema «Nos mudamos dos semanas a tu ciudad». Alquilaron oficinas y cubrieron las zonas de Eslovaquia más olvidadas. Viajaron a siete municipios a lo largo de seis meses. En cada uno organizaron debates con políticos y agentes sociales que rara vez habían visitado el lugar, y crearon eventos comunitarios para los vecinos. «Fue una experiencia muy enriquecedora. Ahora seguimos cubriendo los temas que les interesan», asegura

LA PREGUNTA DEL AUTOR

¿De qué medios de comunicación se fía usted y por qué?

Tomáš Bella, director digital de Denník N. «Los algoritmos saben qué clicas, pero ignoran qué pasa en tu barrio», me recuerda una amiga que trabaja en una radio local. Por eso, la estrategia de Denník N, Zetland (Dinamarca), Tortoise (Reino Unido), Il Post (Italia) Correctiv (Alemania) o La Silla Vacía (Colombia) se basa en construir publicaciones sostenibles, contar lo importante, recuperar la confianza y potenciar el servicio público. Han descubierto que sus lectores quieren informaciones útiles e historias inspiradoras. Los medios siguen siendo los únicos que cuentan lo que afecta a la vida de las personas: un centro de salud que pierde médicos, un ayuntamiento que no hace sus deberes, una carretera sin asfaltar… En una pandemia o en una guerra, la sociedad mantiene su confianza en quien verifique, contextualice, explique… y escuche. Precisamente lo que siempre ha hecho el periodismo.

@NTunav

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José Alberto García Avilés es periodista y catedrático de Periodismo en la Universidad Miguel Hernández de Elche y doctor por la Universidad de Navarra. Investiga sobre innovación, ética y narrativa periodística. Su último libro se titula Águilas y colibríes. Periodistas innovadores en Europa (2025).

Fabrice Hadjadj «Jugar no es renunciar a la educación, es posponerla por la emergencia de la alegría»

El MacBook del filósofo Fabrice Hadjadj (Francia, 1971) lleva una pegatina de la bandera española con un toro de Osborne. Se ha mudado con su mujer y siete de sus diez hijos para fundar Incarnatus est, una escuela de filosofía, teología, historia, literatura, teatro, canto y espiritualidad. De ascendencia judía y padres maoístas, es cristiano desde 1998 gracias a Nietzsche y miembro del Consejo Pontificio para los Laicos desde 2014. Torero del misterio, ha escrito libros como La fe de los demonios (2009), Tenga usted éxito en su muerte (2011) o La suerte de haber nacido en nuestro tiempo (2016).

texto Victoria De Julián fotografía Cristina González Hevia / Colegio Orvalle
Grandes temas
Un payaso que tartamudea

Grandes temas Un payaso que tartamudea

friburgo, suiza, una tarde de diciembre de 2024. La esposa de Fabrice Hadjadj, Siffreine, está a punto de abrir la puerta de su casa a un grupo de inquietos visionarios que habían tratado de emular en salas parroquiales de la diócesis de Getafe lo que hizo Hadjadj en el Instituto Philanthropos durante trece años, de 2012 a 2025. Entre ellos está Salvador Antuñano , catedrático de Filosofía Antigua y Medieval de la Universidad Francisco de Vitoria. Antuñano recuerda bien la sonrisa con la que abrió Siffreine y la audacia de sus palabras: «¿Y cuándo nos vamos para España?». El día anterior le habían propuesto a Fabrice encarnar el proyecto con el que llevaban soñando desde 2018 «para la renovación de una cultura que toma aliento del Evangelio». Renovar, pero sin ninguna pretensión de hacer una «batalla cultural», pues, en palabras de Hadjadj, se ha de «cuidar antes el fuego del hogar que el fuego de los cañones».

El fuego del hogar de Hadjadj crepitaba instigado por la revolución. Sus padres se habían mudado a París para estudiar en la Universidad de Nanterre, hoguera de las protestas de mayo de 1968. Tres años después nació Fabrice Estudió en el Sciences Po de París, una de las mejores universidades de Ciencias Políticas del mundo, y Filosofía en la Sorbona. Tras graduarse, publicó Objet Perdu (1995), obra nihilista en la que colaboró el famoso escritor Michel Houellebecq. En aquella época Hadjadj firmó el Tratado sobre el budismo zen para uso de la burguesía occidental (1998) bajo el seudónimo Tetsuo-Marcel Kato . Después llegó su conversión al catolicismo.

En 1998 pasó de burlarse de la piedad popular a rezar ante la escultura de Nuestra Señora del Buen Socorro de la iglesia de Saint-Séverin en París. Rezó porque temía la muerte de su padre. Con citas desde san Pablo a Léon Bloy publicó Et

«No me gusta hablar de batalla cultural porque hay que cuidar más el fuego del hogar que el fuego de los cañones»

les violents s’en emparent (1999), sobre el combate espiritual, y ¿De qué sirve ganar el mundo? (2002), una biografía de san Francisco Javier. Desde entonces, se ha dedicado a enseñar filosofía y literatura en centros de educación secundaria, colaborar con proyectos editoriales y escribir ensayos y obras de teatro distinguidos con el Gran Premio Católico de Literatura de Francia en 2006 y con el Premio Cardenal Lustiger de la Academia Francesa en 2020. Director del Instituto Philanthropos de Suiza desde

2012, tenía previsto regresar a París con su esposa, Siffreine, y sus diez hijos hasta que han decidido comenzar un nuevo tramo de vida.

Hadjadj se lanza a dirigir Incarnatus est porque, dice, sigue «una voz, no un plan». Está convencido de que es providencial, pues san Pablo, en su carta a los Romanos, expresa que su destino final no era Roma, sino España, el final del mundo conocido. Además, ve la mano de Dios en que el año en que Incarnatus est se registró como asociación fue

«Nietzsche tenía razón en que la verdadera espiritualidad asume el cuerpo, el vientre y la carne»

2025, aniversario del Concilio de Nicea, que defendió, gracias a un obispo de Córdoba, la naturaleza humana y divina de Cristo con estas palabras del Credo: «Et incarnatus est de Spiritu Sancto». Con este aire de misión, Hadjadj se ha mudado sin saber de español «más palabras que la letra de la canción de La bamba» —dijo el 17 de febrero de 2026 ante el abarrotado auditorio del madrileño Colegio Mayor Roncalli en la inauguración de Incarnatus est—: «La estúpida letra de La bamba se ha vuelto profética:

para bailar la bamba se necesita una poca de gracia». Hadjadj tiene ganas de bailar y de hacer bailar. No sabía hablar español, pero ya era amigo íntimo del Quijote Le gusta Pedro Salinas, y más Quevedo que Góngora, claro. Admira a Jorge Drexler; tanto que le hubiese gustado componer música como la suya cuando planeaba ser artista antes que filósofo. En su apuesta por España le ha ayudado recordar aquellos versos de san Juan de la Cruz: «Para venir a lo que no sabes, / has de ir por donde no sabes».

En la inauguración de Incarnatus est explicó que la gente espera de usted que sea un gran orador, pero confesó que es solo un orante. ¿Cómo vive la expectación que genera?

Tengo mi santuario: mi hijo pequeño, Isaías, que tiene síndrome de Down. Es mi modelo espiritual, mi maestro. Con él, siempre puedo volver a casa. Además, soy un canal [Lo dice despacio y luego se queda en silencio]. Creo que la gente no espera algo de mí, sino de algo que pasa a través de mi palabra. Soy más un poeta que un pensador. Pienso por las preguntas de los demás, pero lo mío no es pensar. Mi propio ímpetu es cantar. Sin embargo, me encontré en esta situación por ser profesor de Filosofía y por el éxito de mis primeros ensayos. Pienso porque cada vez que alguien me hace una pregunta tengo que reflexionar, empezar de nuevo, correr —o recorrer— el camino, sentarme frente a la cosa que he de pensar, recogerme, interrogarme y orar. Pensar es oración porque tenemos que pedir a las cosas que se desvelen. Pensar es un asunto de delicadeza y ternura.

Estudia las palabras con delicadeza y juega con ellas. Por eso, he buscado la etimología de su nombre: Fabrice viene de Fabricius, derivado de faber. Es decir: su nombre significa artesano , trabajador . ¿Se reconoce en su nombre?

Sí. Vivo cada día obsesionado por hacer algo. Desde que me levanto pienso en la página que voy a escribir ese día. No sé por qué. Es algo patológico. A veces descuido a los niños por mi obsesión: escribir es como una necesidad fisiológica. Hacer es poner delante de mí algo que se mantiene por sí mismo, ya sea un texto o un poema. Necesito engendrar, como alumbrar a alguien que está frente a mí. Cuando creo un texto, se me desata, es como un parto: la palabra existe y ya no me pertenece, sino que es un organismo

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Un payaso que tartamudea

vivo, un pequeño animal, un objeto decorativo que puedo poner en la mesa. El éxito de la obra es a la vez un logro para el autor y una humillación, porque lo que escribe vive por sí mismo, supera al creador.

Y, como artesano, como homo faber, ¿en qué palabra identifica más su misión: escritor, filósofo, pensador, poeta, cantante, padre...?

Poeta. En griego, poeta significa artesano, productor. Pero me reconozco más en mi apellido. Hadjadj viene de hajj, que significa peregrino en árabe. ¿Y qué es una peregrinación? No es un viaje… [Expresa con desprecio]. No es un camino espacial, sino interior. Con cada paso hay que cavar en uno mismo. La condición humana es la de un homo viator. Aunque uno no llegue a su destino, si camina a Santiago de Compostela, encontrará su carne, su cuerpo, sus piernas en tiempos de ruedas. Debe unificar su espíritu y su carne, su pensamiento y sus piernas. Entrar en su interioridad y descubrir que no es solo la experiencia del yo, sino una habitación: el castillo interior. Las moradas de santa Teresa. Tiene que descubrir que la interioridad es un lugar de hospitalidad, como un arca de Noé para acoger las cosas, recoger el mundo, nombrar las bestias, salvarlas del fenecimiento inevitable. ¡Cantarlas! Y ofrecerlas al misterio. Y también de hospitalidad al otro, para lo que se necesita soledad.

Me pregunto si Incarnatus est será esa casa para la hospitalidad, el encuentro, la amistad… ¡Se necesita tiempo! Ese es el problema. Se habla mucho del encuentro como conexión. Se habla de dejar las pantallas y volver a la realidad, conectar con la naturaleza, con uno mismo… El problema es que la palabra conexión implica algo instantáneo. Y no: el encuentro es un trabajo de tiempo, paciencia, labor,

«¡Hablo de santidad siendo pecador! ¡De resurrección asustado por la muerte! ¡De luz eterna siendo incapaz de cambiar una bombilla!»

memoria. Un embarazo necesita nueve meses, el tiempo del curso de Incarnatus.

En el tiempo de encuentro que quiere ofrecer desean sanar la crisis de sentido contemporánea. Hablan de crisis de sentido del cuerpo —la sensación— y del espíritu —la orientación—. Para ello, ¿qué es más importante: las comidas en torno a la mesa, el teatro o la teología?

Hay tres sentidos de sentido. Primero, la sensación —la apertura carnal al mun-

do—. Segundo, la dirección —el destino de un camino y el estar en el mundo peregrinando, como un caballero andante [Sonríe]. ¿Por qué andante? [Se amplía su sonrisa]. Y el tercero, sentido como significado. Para sanar estos tres sentidos de sentido necesitamos los tres: la mesa, el teatro y la teología. El problema de la vida humana es la unidad. El único acto que contiene todas las cosas pertenece solo a Dios. Uno es el nombre de Dios. En cambio, la unidad de los hombres es siempre compuesta. No puedo llevar a

«Una persona inteligente, aun siendo atea, al leer los Evangelios, no puede despreciar a Cristo»

cabo mi vida solo con el trabajo, también tengo que tener en cuenta la familia, los amigos, mis aficiones, mi vida espiritual. Esperamos una unidad total, un acto que abarque todo, pero no. Hay un tiempo para todo, como reza la sabiduría del Eclesiastés. Hay un tiempo para reír, un tiempo para llorar, un tiempo para trabajar. Necesitamos la clase de teología, la mesa y el teatro. Y cada uno está para nutrir al otro, no para encerrarse en su propio espacio como una burbuja.

Si tuviese que elegir entre mesa, teología o teatro. O mejor, si tuviera que priorizar, ¿cuál es más fuente que otra?

La mesa. Hay una razón teológica, revelada: el Verbo hecho carne eligió Él mismo la mesa para darse. La misa es una mesa. La comida, con sus platos, su cocido y sus conversaciones, es un lugar de comunión. Eso va más allá de la comunicación, pues no es lo mismo contar algo que estar ante alguien. Alrededor de una mesa nos sentamos. No nos sentamos a través de las ideas —no es una unidad ideológi-

ca—, sino a través de los dientes [Se toca los dientes con el índice y refleja seriedad en su rostro]. Si alguna vez tienes un adversario en el ámbito de la filosofía, tienes que sentarte con él a comer. No puedes compartir las ideas, pero sí la comida. Se desvanecen las jerarquías, entre el profesor y el alumno, por ejemplo. El hambriento, con su alegría de comer, honra la comida más que el rico. Su cara se ilumina más. ¡El humilde es enaltecido, como en el magníficat! El rico, a través del pobre, puede redescubrir la alegría, el don, la gracia de tener comida.

En casa de los Hadjadj, ¿cómo cuidan comer en familia?

Es una pelea. Desde luego, sin tele. Hay varios peligros en una familia numerosa debidos a un problema demográfico: los padres están en minoría y deben ser, precisamente, minoría creativa [Ríe]. ¡Tienen que idear cómo resistir la masa de los niños! También conviene evitar la fragmentación, porque con doce personas es muy difícil entablar una sola conversación. El domingo solemos hablar sobre la Palabra de Dios. Durante la semana están cansados y la prioridad es no enfadarse, no exasperarlos, como dice san Pablo ¿Cómo educar sin exasperar? Es fácil caer en la obsesión de corregir demasiado, pero se educa mejor por estar alegre y viviente con tus padres. Hay que animar y alentar, acercarles a cosas grandes. Pero por la noche no pueden más y el reto es cuidar la alegría, por eso en las cenas solemos jugar a varios juegos. Adivinanzas. Jugamos mucho a Blanco, en el que todos saben una palabra menos uno, el blanco, a quien hay que descubrir. También tenemos un undercover, un clandestino, con una palabra parecida. Jugar no es renunciar a la educación, sino posponerla por la emergencia de la alegría.

¿Le da miedo que sus hijos se equivoquen?

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Un payaso que tartamudea

Eso presupone que el peligro es la equivocación de los hijos y no la de los padres, como si fuéramos seres superiores, sin pecado, sin fallos. Somos pecadores. Somos padres, pero no somos el Padre. Tenemos autoridad, pero sin competencia, no por un título de educador, sino porque hemos hecho el amor, un motivo bastante animal. Y estamos ante un hijo que tiene inocencia con malicia. No es inmaculado: existe el pecado original y deseos homicidas [Ríe]. Hay un conflicto que está abocado al fracaso: tenemos autoridad sin competencia ante una inocencia con malicia. Pero los errores en la educación son el lugar mismo del perdón. Ser padre no es una profesión, sino una confesión, pues supone afirmar la bondad de vivir, por ser padre y por ser hijo de Dios, que es la última justificación del gozo de vivir en un mundo terrible. Y

Una escuela de vida

también es una confesión porque implica reconocer los propios pecados ante la tarea de educar bien sin exasperar. Hay tantos desaciertos… Pero se puede compartir esta verdad con el hijo: soy tu padre pero soy un pecador, un hombre frágil, y tenemos que arrodillarnos juntos bajo la mirada del Padre de las Misericordias. Por eso ser padre no es una cuestión de competencia técnica, ya que su misión principal se cumple a través de sus fallos: dirigir al hijo hacia el Padre eterno.

Es deslumbrante escucharle hablar de Dios. Por lo que escribe en su Antimanual de evangelización (2013), entiendo que usted no es ni fundamentalista, ni ateo, ni agnóstico ni criptocristiano, sino un payaso que tartamudea.

Llevamos un tesoro en vasijas de barro.

Incarnatus est abrirá sus puertas en septiembre en un antiguo monasterio en Boadilla del Monte (Madrid). Ofrece un curso anual equivalente a sesenta créditos de Humanidades (Antropología, Retórica, Estética, Patrística e Historia de España) con profesores como Higinio Marín, Enrique García-Máiquez, María Calvo o Elena Postigo. Sin embargo, el peso recae menos sobre la formación académica que en la intuición newmaniana de que la Universidad es sobre todo la reunión de sus miembros. Los estudiantes vivirán en la escuela y participarán en peregrinaciones, huerto, carpintería y en «los dos pulmones» del lugar: la Taberna feliz, un bar que atienden personas síndrome de Down, y el Lab-oratorio, que es un lugar de encuentro para pensadores y artistas contemporáneos. También integra una escuela de oración que sigue las estelas carmelita e ignaciana y el canto gregoriano. Aunque Hadjadj es oblato benedictino, el proyecto no pertenece a ningún grupo eclesial específico. Incarnatus se remonta a unas conversaciones que tuvieron en 2018 el catedrático Salvador Antuñano, de la Universidad Francisco de Vitoria, y los sacerdotes Javier Sigris, párroco en Boadilla, y Jaime Bertodano, vicario de apostolado seglar de Getafe. Los tres coincidían en «la necesidad de crear un centro para formar a los jóvenes en la imagen cristiana de la realidad». Comenzaron con unos cursos de verano y, en 2024, se propulsaron a una escala mayor. Mónica López Barahona, colaboradora del equipo, le lanzó el órdago a Hadjadj de venirse un año sabático a España, o dos. Y, contra toda esperanza, aceptó.

El cristiano es un testigo, pero no testimonia su propia santidad. La verdad no se transmite solo con sinceridad, pues no es suficiente la expresión de uno mismo —lo que pienso, lo que vivo, lo que siento—. El testimonio cristiano no es autorreferencial, sino hablar de Cristo. ¡Hablo de santidad siendo pecador! ¡De resurrección asustado por la muerte! ¡De luz eterna siendo incapaz de cambiar una bombilla! Este abismo es el lugar de nuestra vida de payaso.

Intuyo que por eso a usted no le gusta mucho hablar de su conversión. Mi problema no es solo la autorreferencialidad, sino también presentar la conversión como una historia de éxito, como un punto de llegada, cuando es un punto de salida. En este storytelling se tiende a halagar a los demás cristianos por exhibir que están en el club correcto. Y no es eso. Seguir a Cristo es una exigencia y un desafío. Y hacer los mismos pecados que antes de convertirse es lo peor.

En una entrevista para Alfa y Omega, contó que «cuando ya no había expectativas, pensaba qué es lo necesario para seguir siendo humano. A mí Cristo se me apareció dentro de un marco nietzscheano como el hombre del sí». ¿Nietzsche le llevó a Dios?

Sí. Vengo de una familia judía sin conocimiento de Cristo. Solo el autor de El Anticristo podía enseñarme algo de Cristo [Ríe]. No sé si Nietzsche era propiamente ateo porque su famoso aforismo de «Dios ha muerto» que dirige a los ateos es en contra de ellos: «¡Dios ha muerto! ¡Y nosotros lo hemos matado! ¿Cómo nos consolaremos los asesinos de todos los asesinos?». Dice que no estamos a la altura de esta acción. No lo dice en contra de los creyentes. Nietzsche estaba obsesionado con Cristo y cuando se volvió loco firmaba sus cartas como «Dionisos, el crucificado». Es interesante

ver la cristología que hay siempre en los textos de los ateos. Raros son los ateos que desprecian verdaderamente a Cristo. Una persona inteligente, al leer los Evangelios, no puede despreciar a Jesús.

¿Cómo pasó de leer El Anticristo a ser alguien a quien los católicos actuales anhelan escuchar? Hay un abismo entre su pasado nihilista y su presente. Al principio de mi búsqueda había dos temas. El primero era la extinción de la especie humana y la certeza científica de que la naturaleza no es permanente. Si todo va a acabar, ¿por qué la vida? No hay ninguna justificación natural de la presencia humana. El segundo tema es la tecnología, lo que el papa Francisco llamó «el paradigma tecnocrático», la posibilidad de desaparecer no por extinción sino por mutación: el transhumanismo, el poshumanismo. Gracias a Nietzsche, yo tenía la certeza de la verdad de la carne. Nietzsche habla de «la gran razón del cuerpo». Él es un antiespiritualista que se niega a inventar mundos desesperados para escapar de este, con heridas, gritos y dimensión trágica. Nietzsche propone

decir «sí» a este mundo. Es una propuesta eucarística: dar gracias. Decir sí y amén a pesar de las heridas, a pesar de la tragedia. Él lo vio como un regreso a la Grecia antigua. Pero yo, en mi propia historia, me encontré con Cristo, este hombre en la cruz —con sus heridas, su grito, su súplica— como el verdadero hombre. Acepta, dice sí a la condición humana, con sus aspectos trágicos. Afirma la bondad, a pesar de todo, de ser humano, de ser un carpintero judío ajusticiado a los 33 años. Es increíble. Y que, además, se da a través de la mesa, de lo carnal, de lo más básico: alimentarse. Nietzsche tenía razón en que la verdadera espiritualidad no es un espiritualismo, sino una espiritualidad de la encarnación, que asume el vientre y la carne.

Descendiendo a la carne, ¿cuál es su comida favorita?

La morcilla de Burgos. Es un advenimiento para un judío. Es sangre de cerdo, lo menos kosher del mundo. ¿Sabes que los rabinos no prohíben la carne de cerdo porque sea sucia? La carne de cerdo es buena, extraordinariamente buena. Por

eso se reserva, como si el cerdo fuese un animal sabático. Se debe custodiar para los tiempos del Mesías. Hay rabinos que decían que cuando el Mesías estuviese entre nosotros comeríamos cerdo.

¡Por eso ha venido usted a España! ¡Por el jamón!

Cuando un cristiano coma carne de cerdo, tiene que recordar que los tiempos del Mesías se han cumplido. ¡Hay que hacer una bendición especial cuando comamos jamón!

¿Piensa en la plenitud de los tiempos cuando come jamón?

Sí.

Realmente ve a Dios en todo. Todo es un icono. Dios es el creador de todo. Así volvemos al primer tema: soy poeta. El poeta es el que sabe que hay un misterio en las naderías. Una pequeña flor, una brizna de hierba, el gesto fugaz de un niño que juega en la calle. Cualquier cosa contiene su hondura porque cada cosa es creada, querida por el Eterno. Y está envuelta de una ternura infinita. Nt

Los padres de Hadjadj llegaron a París desde Túnez. Su familia era judía, pero en un sentido cultural, no de vivencia de la fe.

CAMPUS 155

NOS VISITARON

XAVIER SYMONS

Director del Centro Plunkett de Ética

[19.05.26 ICC] «La ética profesional no es un complemento de lo que significa ser excelente en el trabajo, sino parte integrante de ello». Así lo defendió Xavier Symons , director del Centro Plunkett de Ética en la Universidad Católica Australiana e investigador del Human Flourishing Program de Harvard, en la XII Jornada sobre la Identidad de la Universidad. Las profesiones, argumentó, contribuyen directamente al florecimiento humano: una sanidad excelente, un periodismo honesto o unas instituciones jurídicas justas son los pilares de una sociedad funcional. Esa orientación al bien común resulta un propósito más hondo que los objetivos transitorios. Symons advirtió también del «currículo oculto» de las organizaciones: las normas implícitas que el veterano transmite al novel y que pueden tanto elevar como corromper el carácter moral de un profesional.

PEARL DYKSTRA

Profesora emérita de Sociología en Rotterdam

[18.03.26 ICS] Cerca de 150 personas se dieron cita en el Instituto Cultura y Sociedad para la XI ICS Lecture. Pearl Dykstra, profesora emérita de Sociología Empírica en la Erasmus University de Rotterdam y exvicepresidenta del grupo de asesores científicos de la Comisión Europea, presentó el concepto de «envejecimiento sostenible»: una mirada que no se centra solo en los mayores, sino en la convivencia entre generaciones. La familia, explicó, actúa como mediadora entre las fuerzas sociales y las vidas individuales. La interdependencia intergeneracional es financiera, emocional y de responsabilidad, y condiciona decisiones vitales como la maternidad o la jubilación. Las políticas públicas, concluyó, pueden favorecerla o bloquearla.

MONICA GIULIETTI

Catedrática de Economía Industrial

[27.05.26 Facultad de Económicas] La transición energética no es solo un desafío tecnológico: es también un problema de regulación, mercados y comportamiento del consumidor. Esa perspectiva aportó Monica Giulietti, catedrática de Economía Industrial en la Nottingham University Business School, en el XXI Congreso de la Asociación Española para la Economía Energética (AEEE), celebrado durante tres días en el campus de Pamplona bajo el lema «Desarrollo energético sostenible». Con más de tres décadas de trayectoria, Giulietti es una referencia internacional en el análisis de la competencia y las políticas de transición energética. Su trabajo examina cómo reaccionan los consumidores ante la liberalización de los mercados y qué mecanismos reguladores facilitan —o dificultan— el paso hacia un modelo energético descarbonizado.

investigadores han defendido su tesis en el curso 2025-26. El 5 de junio los invistieron doctores. Ana Sánchez-Ostiz, catedrática de Arquitectura, apadrinó la promoción.

JESÚS SAINZ

Vicepresidente de Puy du Fou España

[23.03.26 MCCC] «Los niños entran con héroes de ficción y salen con la capa del Cid». Jesús Sainz, vicepresidente de Puy du Fou España, ilustró así el poder de la épica para despertar la curiosidad histórica entre los más jóvenes. Lo hizo en el encuentro «Épica, verdad y taquilla», organizado en el campus de Madrid por el Máster en Cristianismo y Cultura Contemporánea. Sainz defendió el entretenimiento como puerta de entrada al saber: «No pretendemos ser historiadores, sino despertar la curiosidad para que después el visitante quiera saber más». A su juicio, propuestas como Puy du Fou complementan la labor académica al traducir contenidos complejos a un lenguaje accesible, capaz de generar identificación y entusiasmo ante referentes históricos que parecían olvidados.

ALFOMBRA

El Cima, centro de excelencia en

investigación biomédica

El Cima Universidad de Navarra ha obtenido la acreditación Severo Ochoa, el reconocimiento científico más relevante que concede el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades a los centros de investigación españoles que destacan por la calidad y el impacto de sus resultados. Es la primera vez que un equipo navarro recibe esta distinción.

La acreditación, con una validez de cuatro años y dotada con 4,5 millones de euros, ha llegado tras un proceso de evaluación independiente realizado por un comité científico internacional. El director general del Cima, José Andrés Gómez Cantero, ha subrayado que el reconocimiento «sitúa al Cima en la élite de la investigación biomédica de nuestro país» y refleja el trabajo de cerca de cuatrocien-

tos profesionales procedentes de quince países.

El centro, fundado en 2004, organiza su actividad en diez programas de investigación —entre ellos oncología, neurociencias, terapia génica y hepatología— y cuenta con diez plataformas tecnológicas de apoyo traslacional. Su vocación es llevar los avances del laboratorio al paciente, en estrecha colaboración con centros internacionales. La acreditación permitirá reforzar estas líneas, financiar nuevas contrataciones y consolidar la posición del Cima en el mapa europeo de la biomedicina. La convocatoria 2025 del programa Severo Ochoa y María de Maeztu, la más ambiciosa hasta la fecha según el Ministerio, ha destinado en total 77,5 millones de euros a dieciséis centros y unidades de toda España.

universitarios estudian con una Beca Alumni, dotada en total con 4,7 millones de euros —9112 de media por beca—, gracias a las donaciones de antiguos alumnos, empresas y otras instituciones.

NOVEDAD

Nace EurekAI para la Integración de la IA en la Docencia

Impulsada por el Vicerrectorado de Docencia, nace con la misión de ofrecer un marco pedagógico y ético que garantice un uso responsable de la inteligencia artificial en el aprendizaje. El modelo, ya disponible en acceso libre, propone que los estudiantes desarrollen primero su propio conocimiento antes de recurrir a herramientas de IA, y ofrece al profesorado una herramienta de autodiagnóstico competencial. Más de 400 profesores han participado ya en formaciones relacionadas.

REPUTACIÓN

La Universidad, primera de España según el ranking CYD

La Universidad de Navarra se ha situado como primera de España según el ranking CYD, el más completo sobre el sistema universitario español: 28 indicadores de alto rendimiento sobre 36 posibles, con el primer puesto en Orientación Internacional, el segundo en Enseñanza e Investigación, y el tercero en Transferencia. A esto se suma que doce de sus grados figuran entre los mejores del país según El Mundo, con primeros puestos en Periodismo, Comunicación Audiovisual, Nutrición, Enfermería, ADE, Farmacia, Arquitectura, Economía, Medicina y Derecho, entre otros.

El tatuaje de bambú

Un poco de sol, una cerveza y la pregunta correcta pueden reescribir una tarde entera. A veces, la historia que necesitas llega sin que la hayas buscado.

EN LA UNIVERSIDAD aprendí que, cuando sale el sol en Pamplona, es una señal para tomarse una caña y darle una vuelta a la vida. Esa mañana caminaba a casa, mirando mi sombra, tan derrotada por no lograr escribir una columna sobre el amor que ni me había dado cuenta de que el sol llevaba rato brillando. Entonces me encontré con una amiga que estaba con sus compañeros de curso en una terraza. Sin pensarlo, me uní y la cerveza fría me despejó la mente.

Todos se fueron rápido, con la excusa del hambre. Todos menos uno. Yo prefiero pensar que el universo hizo su parte y me dejaba frente a la única persona que debía quedarse. Jacobo —llamémosle así— es de esos que apenas aparece en clase. Siempre con gorra y gafas de sol, que esconden sus ojos de ámbar. Sin embargo, ahí estaba. Típico venezolano: un chico escuálido, moreno, con pecas, el pelo rizado y una sonrisa blanca y contagiosa.

La conversación derivó hacia mis planes de montañismo en Asturias. «¿A qué parte vas?», curioseó. Le contesté con un resoplo: «¿Tú conoces Asturias?». Y me miró como si le hubiese preguntado si sabía lo que era el mar. «Claro —dijo, sin darle importancia—, el verano pasado recorrí el Camino de Santiago del Norte. 838 kilómetros en 28 días».

Mientras yo intentaba procesar la cifra, él sonreía y contemplaba el horizonte, que se reflejaba en sus lentes. Prendió un cigarro e inhaló. Hubo un largo silencio. Daba la impresión de que estuviera en otro sitio, recordando algo. Sopló el humo y, clavando

la mirada, soltó la frase que cambió mi tarde: «¿Crees en el efecto mariposa?».

Me recorrió un escalofrío por el cuerpo. Le respondí que sí. El monosílabo fue una llave: empezó a hilvanar la historia de su vida. «La muerte siempre me ha estado observando…», comenzó. Nació a los seis meses, prematuro o, como él decía, «crudo». Terminado el bachillerato, se tomó un año sabático en Malta. Allí, una borrachera interminable lo dejó deprimido. «Necesitaba irme y, sobre todo, ayuda de mi familia para salir de ese ambiente. Por suerte, la pedí», se sinceró.

Al volver a Caracas, lo detuvieron en aduanas acusado de llevar drogas en su mochila. Una táctica frecuente en Venezuela: chantajean a los allegados para recaudar grandes sumas de dinero a cambio de la liberación. Jacobo terminó encarcelado injustamente en El Helicoide, una de las prisiones políticas más temidas de América Latina. Me contó con frialdad algunas de las cosas que vio —y los gritos que escuchó— durante las dieciséis horas que permaneció encerrado. Cuando su familia pagó, pudieron reencontrarse después de más de un año separados. «Mi abuelo era tan especial para mí —continuó—. Se sentía extraño no haber estado con él en tanto tiempo». Al día siguiente, su abuelo falleció en un terrible accidente: su coche se precipitó por un barranco. «No tenía sentido para mí. ¿Cómo podía morirse así, de una forma tan inesperada y extraña?», murmuró con cierta calma.

Apenas un mes después, el auto de Jacobo se despeñó en la misma curva que se había llevado a su abuelo. Unos bambúes que crecían al borde del camino, aferrados al precipicio, amortiguaron la caída y le salvaron la vida. Al ver mi cara, se remangó el pantalón y apareció un gran tatuaje de bambú sobre su gemelo. «Por si no me crees», se defendió. Trazos gruesos que mezclaban el negro con el volumen del músculo. El relato, hecho tinta, respiraba con él.

Nadie lograba asimilar cómo sobrevivió. Pero Jacobo tenía una explicación. Aquellos tallos de bambú eran, en realidad, el alma de su abuelo, que lo había sostenido. «Él murió para rescatarme», dijo finalmente.

Entonces todo encajó. No importaba cuánta verdad encerraba su relato. Para él, cada decisión de su vida había desencadenado una serie de eventos, un efecto mariposa, que lo había llevado hasta ese instante: «Casi tuve que morir para entenderlo». Me confesó que desde ese día vive como si fuese el último, sin complicarse demasiado, porque mañana podría ser muy tarde.

LA PREGUNTA DE LA AUTORA

¿Qué historia te cambió la vida cuando te la contaron?

@NTunav

Opina sobre este asunto en X.

Su historia me dejó sin palabras. Era descabellada, pero sentí como si me hubiese tatuado también. Quizá mi frustración de la mañana era la pieza necesaria para llegar a esa silla y escuchar algo que no había buscado, pero que me hacía falta. Llevaba horas sin poder escribir una sola línea sobre el amor. Al final, lo único que necesitaba era dejar de intentarlo.

Victoria Schneider acaba de graduarse en Periodismo y ha formado parte del Programa de Edición de Revistas Culturales de Nuestro Tiempo. Nació en Chile y le apasiona el periodismo de conservación y ambiental.

«La OTAN existe para que las familias de Occidente puedan criar a sus hijos»

Ante el cambio actual de las dinámicas de política exterior, el historiador militar Michael Neiberg apuesta por un entendimiento cultural profundo entre Europa y Estados Unidos. ¿Qué valores sostienen el orden internacional basado en normas? El profesor del U.S. Army War College cree que conviene decidirlo antes de que el enemigo concluya que puede prescindir de él o transformarlo por la fuerza.

en 2018, el ejército de noruega publicó un anuncio de reclutamiento titulado «¿Qué queremos que pase?». Con los F-35 surcando los fiordos, una narración grave y varonil dice: «¿Por qué Noruega va a adquirir nuevos aviones de combate? 52, para ser exactos. ¿Y nuevos submarinos avanzados y aviones de vigilancia? ¿Qué pretendemos conseguir como nación con todo esto?». Después de una larga pausa, en la que la cámara se desplaza para enfocar a una pareja que contempla el paisaje, se escucha la respuesta: «Nada. Absolutamente nada».

A Michael Neiberg (Pensilvania, 1969), una de las voces contemporáneas más influyentes en el estudio de la guerra, le maravilla este reclamo. En conversación con Nuestro Tiempo, insiste en que ese espíritu de disuasión debe guiar el modo en que Occidente aborda la geopo-

Andrea Blavia fotografía Manuel Castells

lítica en el contexto más bélico desde 1940, con más de 110 conflictos activos según el panorama humanitario de 2026 del Comité Internacional de la Cruz Roja. En medio de una intensa gira europea, el historiador militar del siglo xx y profesor en el U.S. Army War College hizo escala en el campus de Pamplona de la Universidad de Navarra. Su agenda incluía citas de primer nivel, como el Foro de Defensa y Estrategia en París, y una visita a su hija, que estudia Relaciones Internacionales en el Instituto de Empresa (IE) de Madrid. Un gesto que, según Neiberg, ilustra cómo debería tomar forma —más allá de la diplomacia— el diálogo transatlántico: vínculos cotidianos y profundos, «como los que unían a nuestros abuelos con los miles de estadounidenses que sirvieron en Europa en las guerras mundiales».

Como buen historiador, Michael Neiberg detesta la superficialidad. No ha publicado nada sobre la guerra de Irán, y casi nada sobre Ucrania, en sus redes sociales: el formato de 280 caracteres le parece inadecuado para mantener discusiones útiles en un mundo cada vez más complejo. También arremete contra quien presume de conocer Europa tras un viaje vacacional o de negocios: «Aunque Florencia o Roma sean ciudades preciosas, quince días de turismo no es tiempo suficiente para un verdadero entendimiento común». Y extiende la crítica al europeo que, en Estados Unidos, limita su contacto con la realidad a unos segundos con el camarero que le sirve un café en Starbucks. Neiberg predica con el ejemplo. Ha visitado Europa «docenas, docenas y docenas de veces» en busca de una «inmer-

El profesor Neiberg, del U.S. Army War College, en una visita a la Universidad de Navarra.

sión cultural real»: se aleja de circuitos turísticos, conversa con los vecinos y se integra en entornos académicos. A menudo, cuando recala en bases militares en Alemania, también le acompañan sus estudiantes, oficiales de las Fuerzas Armadas de todo el mundo.

La eficacia de sus esfuerzos se revela en los matices, tan específicos y corrientes, que Neiberg puede reconocer entre la cultura americana y la europea. Son rasgos que escapan de los estereotipos habituales —«capitalismo frente a Estado de bienestar», «innovación frente a regulación», «ambición frente a complacencia»— y que rara vez bastan para una comprensión transatlántica adecuada.

«Acabo de comer con unas personas a las que conocí esta mañana, y hablamos de teología. Mantener conversaciones difíciles con extraños es algo muy europeo, pero a los estadounidenses les resulta muy incómodo», dice.

Diferencias básicas de relacionarse como la anterior, según Neiberg, condicionan la manera en que se formulan las expectativas y se transmiten los mensajes políticos. De ahí que cuando desde Washington se plantean, por ejemplo, «por qué seguir invirtiendo en una Europa que no hace lo suficiente por su defensa», se deriven discusiones complejas o mensajes inquietantes como el del vicepresidente J. D. Vance en la Conferencia de Seguridad de Múnich el 14 de febrero de 2025. «Los estadounidenses sienten que no deberían recordarle sus compromisos a Europa —ejemplifica el historiador—, sino que los europeos deberían entender qué se necesita y actuar en consecuencia». Esa diferencia de talante provoca también sus roces. «Por eso —asegura desde la perspectiva norteamericana—, el mayor desafío de la Unión Europea es determinar de qué asuntos debe hacerse responsable».

A Michael Neiberg también le preocupa el presente político de Estados Unidos. En concreto, lo que él acuña «el

problema del 49/51»: si ganas el 51 por ciento de los votos, obtienes el 100 por ciento del poder ejecutivo, una realidad que, con el tiempo, ha derivado en algo muy similar a la tiranía de la mayoría tocquevilliana. En consecuencia, afirma, «a los estadounidenses les resulta cada vez más difícil reconocer puntos en común básicos dentro del país». Además, continúa, «hace que para los europeos sea complicado entender qué es Estados Unidos», especialmente en un contexto de tantos cambios en su política exterior. Ambos lados del Atlántico atraviesan crisis identitarias mientras las reglas del juego de la geopolítica se disuelven. Neiberg no se muestra sorprendido por esta transición. Parte de una premisa sencilla: todo tiene un ciclo de vida y está en proceso de ajuste. «Estamos viendo —señala— a potencias emergentes que desafían el statu quo. El verdadero reto consiste en encontrar vías para que el orden internacional basado en normas se adapte antes de que China u otro actor concluya que puede prescindir de él o transformarlo por la fuerza».

¿Cómo se construye esa resiliencia? Hay que dar con aquello que trasciende los intereses. Antes, a los aliados los unían los valores, además de los intereses. Durante la Guerra Fría, creo que Estados Unidos y Europa tenían una mejor comprensión común de la libertad y la democracia. Sin embargo, cuando toman el mando los intereses particulares, que son menos estables que los valores, dan lugar a coaliciones más débiles. Será más difícil determinar cómo debería ser un orden internacional basado en normas si no se está de acuerdo en cuáles son los principios que sostienen ese orden.

¿Percibe un consenso respecto al papel que desempeñan las guerras en este nuevo marco global?

En la situación actual, cuando se trata de

«El verdadero reto consiste en encontrar vías para que el orden internacional basado en normas se adapte antes de que China u otro actor concluya que puede prescindir de él o transformarlo por la fuerza»

«Desde

la perspectiva estadounidense, el mayor desafío de la Unión

Europea es determinar

de

qué asuntos debe hacerse

responsable»

operaciones militares, los países no están vinculados por el orden internacional basado en reglas. Supongo que parte del problema es que los Estados no entran en conflicto entre sí, como sucedió durante la Guerra Fría. La invasión rusa de Ucrania, por ejemplo, no afecta necesariamente a los intereses de Estados Unidos. Kissinger [consejero de Seguridad Nacional y secretario de Estado durante las presidencias de Nixon y Ford] pensaba que las guerras se prevenían mediante el equilibrio de poder. En nuestro contexto, este planteamiento resulta menos efectivo, ya que es muy improbable que Rusia, Estados Unidos, Europa y China entren en guerra, pero muy probable que participen en conflictos proxy. Es decir, en contiendas en tierra de otros, como el actual enfrentamiento entre Israel e Irán en territorio libanés a través de Hezbolá. Otra vía es el enfoque normativo impulsado por la ONU, que prefiere el arbitraje y la mediación antes de que esta-

lle un conflicto. Hasta ahora ha evitado grandes guerras, pero no ha servido para detener las más pequeñas.

¿Cuándo termina realmente una guerra?

Esta es la pregunta más difícil. Es lo que nos planteamos en mi clase de Pensamiento Estratégico: ¿cómo se crea una situación en la que, con suerte, se pueda recurrir a la fuerza militar sin hacer uso de la violencia física ni del armamento? Y, en caso de guerra, ¿cómo intervenir de forma muy rápida y con la mínima pérdida de vidas humanas?

Una vez estalla, la guerra adquiere su propia lógica. La estrategia debe contemplar qué es lo que intentas lograr, con qué herramientas cuentas, qué precio estás dispuesto a pagar para conseguir ese objetivo y qué precio está dispuesto a pagar el enemigo para ganar. Pero saber cuál es la voluntad del enemigo es muy complicado. Está claro que Rusia subestimó enormemente a Ucrania. Si te equivocas en eso, nada de lo que hagas tendrá sentido.

¿Puede entonces un conflicto perpetuarse? ¿Qué opina sobre Oriente Medio?

Cuando desapareció el Imperio Otomano, en 1922, se abrió un debate sobre cómo organizar Oriente Medio. ¿Debería recrearse un califato? ¿Deberían ser Estados-nación según el modelo occidental? Creo que seguimos inmersos en un proceso histórico muy violento para responder a esa pregunta. Desde 1918, la zona no ha conocido muchos periodos de paz. Hay tantas visiones contrapuestas que va a ser muy muy difícil resolver este conflicto.

Estados Unidos interviene cada vez más en conflictos que no le son propios, ¿cómo ha evolucionado la neutralidad del país desde la Prime-

ra Guerra Mundial hasta el enfoque geopolítico actual?

El concepto de neutralidad en la guerra puede tener diferentes significados. Por ejemplo, «No he tenido ningún efecto para ninguna de las partes» o «Estoy teniendo el mismo efecto para ambas partes». En 1914, el presidente Wilson manejó una definición diferente: las empresas estadounidenses eran libres de hacer lo que quisieran siempre y cuando no estuvieran directamente involucradas en la muerte de nadie en Europa. Es decir: podían vender armas, pero estas no podían dispararse.

Para hablar de Estados Unidos hoy, se usa el concepto «perímetro de seguri-

dad». Antes de la Primera Guerra Mundial, el país buscaba defender sus dos fronteras —Canadá y México—. Después se empezó a ampliar esa noción de lo que necesitamos controlar, tanto por motivos políticos como tecnológicos. Hasta tal punto que, ahora, lugares como Groenlandia afectan potencialmente a la esfera de intereses de todo el mundo y se convierten en posibles focos de conflicto internacional.

¿Y cuál es la estrategia de posicionamiento de sus rivales?

También Rusia, bajo el mandato de Putin, ha ensanchado lo que necesita dominar. Es una propuesta cara. Por eso China

no quiere caer en la trampa. Está atenta a lo que ocurre en Oriente Medio, pero sin enviar efectivos. Porque creo que han visto cómo se ha desarrollado esta situación para otras grandes potencias: cuanto más quieres controlar, mayor es el coste de hacerlo. China está intentando, de forma muy inteligente, obtener los beneficios sin pagar ese precio.

¿Cuál debería ser la estrategia de la OTAN ante estas actitudes?

Uno de los modelos de los que he oído hablar consiste en que, por cada dos batallones de infantería que creen los europeos, Estados Unidos retire uno [estrategia que Washington parece haber

El profesor Michael Neiberg, el 20 de marzo, en un encuentro con alumnos.

comenzado ya: en mayo de 2026, anunció la retirada de 5000 efectivos de suelo alemán]. Así, la huella estadounidense se reduciría ligeramente, pero la seguridad en Europa sería el doble de buena. Su puesta en marcha implicaría preguntas nuevas: ¿podría recaer en un polaco, un alemán o un español el puesto de comandante supremo de las Fuerzas Aliadas en Europa, que siempre ha ejercido un estadounidense? Quizá eso es lo que tiene que pasar para enviar la señal de que la defensa europea es principalmente responsabilidad de Europa.

Como padre, ¿qué considera importante transmitir a las próximas generaciones acerca de la guerra?, ¿cómo abordar en casa las noticias que apuntan a una nueva normalidad marcada por el conflicto?

Ya no basta con decir que hemos llegado al fin de la historia [la idea, formulada por Francis Fukuyama, de que la democracia liberal y el libre mercado surgidos tras la Guerra Fría constituían el destino final de la evolución política e ideológica de la

humanidad]. Por desgracia, el mundo no funciona así. Necesitamos que nuestros hijos y nietos piensen en la disuasión y no en la guerra. Lo que la OTAN siempre ha intentado hacer no es librar una guerra contra Rusia, sino transmitir el mensaje de que somos lo suficientemente capaces como para que, si nos atacan, les hagamos pagar un precio más alto del que estarían dispuestos.

La OTAN no se creó para invadir Rusia. Esa es una idea estúpida. Está diseñada para proteger a Estonia, Letonia, Finlandia y también a Rumanía [pequeñas democracias europeas fronterizas con el gigante ruso]; está diseñada para proteger a Europa mediante la disuasión. Si tiene que librar una guerra, lo hará, porque parte de la estrategia disuasoria consiste en demostrar credibilidad. Pero la idea fundamental es que la OTAN está ahí como un escudo para proteger a Europa, de modo que las familias europeas y estadounidenses podamos criar a nuestros hijos, ganarnos la vida y, con suerte, hacer de nuestras comunidades lugares mejores.

Por supuesto, habrá que replantearse cómo funciona la OTAN. Me gustaría que se redujera la presencia estadounidense de forma prudente, sin poner en riesgo la seguridad ni los intereses de Europa o de Estados Unidos en Europa. Sé que personas muy inteligentes están tratando de resolver este problema, como el jefe del Ejército estadounidense en Europa, el general Donahue.

Tenemos libertad de prensa, libertad religiosa, la posibilidad de viajar y de trabajar, todas esas cosas que tanto valoramos. Desde que Putin invadió Ucrania, quedó claro que no se pueden dar por sentadas: son derechos que hay que defender. No existen por casualidad. Entiendo que Estados Unidos desempeñará un papel menor que el actual, pero espero que nunca vea a Europa como algo que no le interesa. Aquí es donde creo que el mensaje en Estados Unidos podría comunicarse mejor. Hablamos de lo que hacemos por Europa como si fuera un regalo, cuando, en realidad, una Europa estable, libre y próspera redunda claramente en beneficio de Estados Unidos. Y el dinero que estamos gastando en defensa, sin duda, sale más barato que tener que librar una tercera guerra mundial. Nt Campus Geopolítica y defensa occidental

«En Estados Unidos hablamos de lo que hacemos por Europa como si fuera un regalo, cuando, en realidad, una Europa estable, libre y próspera redunda claramente en beneficio nuestro»

María Treviño, librera:

«La vocación, cuando llegas a fin de mes, no te vale para nada»

Pérgamo es la librería más antigua de Madrid y una de las más seguidas en redes sociales. También es un negocio que lucha por cuadrar las cuentas. Desde hace tres años, María Treviño lo sostiene como copropietaria junto a su socio, Pablo Cerezo

a maría treviño le quedaba un mes y medio para encontrar trabajo en España o se le acabaría el permiso de residencia y tendría que volverse a México. Había estudiado el grado en Literatura y Escritura Creativa en la Universidad de Navarra y, después de graduarse, hizo lo

texto Daniel Dols fotografía Samuel De Román

que muchos: irse a Madrid. Allí se sacó el máster en Historia y Antropología de América por la Complutense. Lo de encontrar trabajo, tras más de cinco años de formación, fue una odisea. Se sometió a más de cuarenta entrevistas entre Madrid, Bilbao y Pamplona en las que no salía nada relacionado con la edición o la corrección. Cuando parecía que ya no había más sitios donde buscar, hizo algo que ya no se hace: abandonar el PDF y el correo electrónico e imprimir su currículum. Lo llevó a todas las librerías de Madrid, incluida Pérgamo, la más antigua de la capital. El espacio situado en el número 24 de la calle General Oráa llevaba abierto desde 1946, cuando lo fundó Raúl Serrano , un catedrático de Derecho represaliado por el franquismo que no pudo tomar

posesión de su plaza. Decidió vender libros en unos años en los que el poco dinero que había se gastaba en comida. Después, el negocio lo heredaron sus hijas, Lourdes y Ana. Unos meses antes de que llegara María con su currículum, Pérgamo se había salvado, gracias a un inversor anónimo, de convertirse en una pizzería.

Al mexicano Jorge F. Hernández, autor de novelas que ese mecenas admiraba— como La emperatriz de Lavapiés o Alicia nunca miente— lo buscó el donante para liderar esta etapa. La suerte quiso que el nuevo librero de Pérgamo conociera a Pablo Cerezo, estudiante de último año de Sociología en la Complutense, durante una conferencia sobre literatura latinoamericana. Se llevaron bien, quedaron alguna vez más para echar un café y Jorge, que no tardaría en regresar a su país, le ofreció hacerse cargo de la librería. Pablo no tenía ninguna experiencia y la chica que acababa de dejarle el currículum tampoco. Ambos sabían mucho de libros pero nada de la industria que hay detrás. ¿Qué es una distribuidora? ¿Qué es un libro en firme? ¿Con cuánto te quedas? Es septiembre de 2022.

Casi un año después, el inversor les ofreció gratis el 33 por ciento de la librería a cada uno. Lo pensaron durante todo el verano y, a la vuelta de las vacaciones, firmaron. Él tenía 24 años y ella 26. Sin haberlo buscado, eran copropietarios de una librería que el año pasado celebró su ochenta cumpleaños. Hoy, Pérgamo dirige cuatro clubes de lectura mensuales —en los que analizan literatura, ensayo y poesía—, cuatro talleres donde se sumergen en profundidad en una obra, un autor o una corriente literaria, y una agenda regular de presentaciones y tertulias. Han apostado por un fondo de editoriales independientes en un mercado en el que Penguin Random House y Planeta acaparan más del 60 por ciento de la cuota.

¿Cómo fue empezar tan jóvenes y sin experiencia en el sector?

Pablo y yo teníamos muchas ganas de que esto funcionara. Además, nos arroparon mucho en el gremio de libreros, gente muy chida que siempre nos echó una mano para saber cómo funcionaba todo y se interesaban por nosotros. Ahí descubres que, aunque vendamos lo mismo, no vendemos lo mismo: cada librería tiene una personalidad muy distinta.

¿Qué es lo que más te ha sorprendido de este oficio?

Que el verdadero trabajo de un librero no es leer. Cuando viene alguien y te dice «Me encantaría dedicarme a esto porque solo leería», rápidamente le rompo el cuento: el único día que vas a leer en tu vida de librero es el domingo en tu casa. Te llevas diez novedades de las quince o treinta que han llegado esa semana. Algunas te apetecen, otras no. Pero ese es tu trabajo: tienes que saber de qué va ese libro y cómo lo puedes recomendar, cómo lo puedes conectar con otros de una misma corriente. No hace falta que te lo hayas leído, pero sí que puedas decirle al cliente: «Si te gusta esto, te va a encantar esto otro». Hacer conexiones mentales con los libros de todas las épocas y lugares del mundo. ¿Te los sabes todos? Obvio que no. Pero hay que echarle ganas y que parezca que sí. Tienes una especie de Excel mental donde vas colocando libros y lectores. Tú me cuentas lo que te gusta, y yo ya pienso en ti cuando llega el boletín de novedades. Si hay una autora española haciendo algo de corte victoriano ambientado en el Madrid de ahora, yo pienso: esto le puede gustar a Fulanito.

Acertáis más que un algoritmo. Leer —ya lo dijo María Pombo— no te hace mejor persona. Tiene toda la razón. Es un ocio que te puedes permitir. Por eso, si decides comprar un libro, lo suyo es que vengas y puedas asesorarte para encontrar algo que te guste.

Vosotros ahora tenéis una comunidad muy leal, que viene y os pide recomendaciones. ¿Fue así desde el principio? Al principio, cuando Pablo y yo nos hicimos cargo de Pérgamo, hubo un poco de todo: gente que siguió viniendo y nos acogió de maravilla y otra más reticente. Yo lo entendía: un librero se convierte en parte de tu vida, haces también de psicólogo, conoces a alguien a la perfección. Hubo quien prefirió quedarse con un buen recuerdo de la librera anterior, y lo respeté siempre.

Llegasteis a mucho más público gracias a las redes.

Innegable el cambiazo. En poco tiempo pasamos de 8000 a 40 000 seguidores. De pronto tienes habilitada la venta online, que no te hace mucha diferencia al mes, pero ya vendes aquí y allá. El otro día vinieron unas personas de República Dominicana que nos siguen en Instagram. Te dicen: «Tú eres María» y no sabes cómo procesar eso. Pablo lleva las redes al cien por cien. Es un trabajo muy mal pagado, pero hay que hacerlo. Gracias a eso no solo hemos conseguido más público, sino también premios, como el Archiletras [Premio a la iniciativa lingüística en el ámbito privado], y este año el 8M nos galardonaron La trastienda de Pérgamo [premio Sororidad Cultura de la UGT], el pódcast en el que entrevisto a escritoras. ¿En qué momento de tu vida te va a pasar eso, güey? Ahora mismo la mitad de nuestros clientes son del barrio de Salamanca y la otra mitad viene de cualquier parte: los hay que vienen de Córdoba que aparecen una vez cada tres meses a comprar todo lo que quieren.

¿Cómo construisteis vuestro fondo? Intentamos apostar por lo independiente. De Planeta tenemos muy poquita cosa, de Penguin Random House lo necesario, y del resto prácticamente todo lo que

nos podemos permitir. Hay gente que viene desde lejos porque sabe que aquí va a encontrar cosas diferentes. Tengo, por ejemplo, obras de escritores yugoslavos porque me encanta ese periodo. Este espacio es una construcción de nuestras personalidades, nuestros gustos, de escuchar mucho qué quiere la gente. Si alguien me pide algo que no tengo, lo encargo sin problemas, lo recibo en dos días y se lo vendo. Pero si me pides una recomendación, yo tengo mi lista concreta de lo que querría que descubrieras. No es como en El Corte Inglés: allí venden libros, pero no son una librería. Los de la editorial Barret nos contaban que en una feria pusieron una pantalla que decía «El Corte Inglés no es una librería» y se les fueron a quejar. Lo quitaron y pusieron que sí lo era. Volvieron a quejarse. Esa anécdota me parece muy ilustrativa de dónde está el problema con las cadenas.

¿Cómo lucháis contra las grandes superficies?

Es difícil. Esa gente puede comprar un volumen de ejemplares en firme [aquellos que se venden a la librería y, a diferencia de los prestados en depósito, se pagan por adelantado, lo que obliga a venderlos para recuperar la inversión, pero también otorga prioridad frente a los pedidos en depósito] que nosotros no, y, mientras ellos los tienen, a los demás nos dejan bloqueados. Ha pasado con los dos últimos Premios Nobel: no recibimos ejemplares hasta dos semanas después y en cambio la Casa del Libro estaba empapelada con ellos. Además, tienen el 5 por ciento de descuento permanente, que por ley es lo máximo que se puede. He tenido clientes que me han dicho que allí les venden un libro por un euro menos y lo respeto, porque en los tiempos que vivimos el dinero escasea y para ganártelo hay que trabajar mucho. Pero a mí sí me hace la diferencia ese

euro si decides comprar aquí y apoyar una librería independiente. A la Casa del Libro no, por eso te lo pueden hacer.

¿Con cuánto os quedáis de cada ejemplar vendido?

En primer lugar, el autor se queda con el 10 por ciento. Es el que menos percibe. Esta cosa de que escribes y te vuelves millonario solo les pasa a unos pocos. Su porcentaje va dentro del que recibe la editorial, un 30 por ciento: publican, maquetan, editan, corrigen… Y entran las distribuidoras. Antes no existían: los sellos iban librería por librería con su catálogo y volvían seis meses después a ver qué se había vendido. Ahora, la distribuidora media entre las dos: facturación, distribución, estadísticas de cómo se mueve el libro, entregas en dos días. Pero se llevan el 40 por ciento. La cadena suele ser: editorial 30 por ciento, distribuidora 40 por ciento, librería 30 por ciento. ¿Haríamos algo sin las distribuidoras ahora? No lo sé. Pero hay que reajustar los márgenes porque, si no, es muy complicado llegar a fin de mes.

Desde fuera parece que os va muy bien. ¿Os salen las cuentas? No, para nada. Nosotros pagamos tres mil euros de alquiler con los gastos ya incluidos. Tú piensa que de cada mil euros en caja son trescientos con los que yo me quedo, porque me llevo el 30 por ciento. Para pagar esos tres mil de renta necesito vender, en bruto, unos mil euros diarios durante diez días seguidos. Son diez mil euros en caja para quedarme con tres mil netos que van solo al alquiler. Es una burrada. Y luego están los costes. El salario es lo último. El orden es: alquiler, costes fijos, seguridad social, distribuidoras… y después ya vemos qué queda para nosotros. Aquí somos dos y medio: Pablo y yo no contamos porque somos socios, y Nicole Duggan

[única empleada de la librería] está a media jornada porque no se puede más. Necesitamos entre 27 000 y 30 000 euros brutos al mes para cubrir todo. Nunca lo hemos conseguido.

¿Y cómo lo hacéis?

Aplazando deudas, haciendo actividades, cobrando los clubes de lectura. Todo esto suena como una tragedia, pero es que no: es la realidad. Es el modus operandi. Yo todos los días vengo, trabajo, estoy encantada de la vida. Pero cuando alguien te pregunta, hay que contar la verdad, y no pasa nada. Las cosas han cambiado y una librería ya no vive únicamente de vender libros. Hay que hacer otras matemáticas. Yo gano más cobrando diez euros si vienes a mi club —que es una cantidad que entra en caja y que va directa para la librería— que vendiendo un libro del mismo importe, del que me quedo con tres. Tenemos cuatro clubes de lectura en activo, más cuatro talleres que cambian cada semestre. Y luego nos ayudan los eventos externos: cuando, por ejemplo, nos contrata Fundación Telefónica para cubrir una presentación, nosotros nos llevamos esa venta.

Sin embargo, cada vez más gente se queja de que los libros son caros. Sí, y me sorprende. ¿En qué momento hemos precarizado la cultura? Tú vas al cine, pagas. Vas a un museo, pagas. Vienes a una librería y me pides un descuento. ¿Cuál es la diferencia, güey? Hay una idea preconcebida de que los libros se pueden robar, de que son papel, de que ese valor simbólico no equivale a nada cuantitativo. Yo estoy totalmente en desacuerdo. Un libro ha requerido mucho esfuerzo de un chingo de partes y esos veinte euros que cuesta son mínimos. Cada quien se queda con nada. Lo del descuento yo nunca lo hago, más que en la Feria del Libro, que es obligatorio.

«El verdadero trabajo de un librero no es leer. El único día que vas a leer en tu vida de librero es el domingo en tu casa»

«Si esto ya no tira, nunca será porque la gente no lea. La gente lo que más hace es leer, el tema es que el porcentaje de la ganancia se va a otras cloacas»

Cuando alguien se queja de los precios, no tengo problema en explicarle a dónde va cada céntimo de lo que paga.

En Madrid ha cerrado Tipos Infames, una librería mítica de Malasaña. ¿Qué te produce?

Mucha tristeza, pero también bastante claridad sobre por qué ocurre. Les ha pasado que se han quedado sin vecinos. Vender libros en un barrio gentrificado es una cosa muy, muy complicada y las cuentas no dan. Cuando a las

personas que llevan ahí toda la vida las reemplazan por pisos turísticos, entra muchísima gente a curiosear o a hacer fotos, pero esos turistas no cubren la venta. Y encima el alquiler sube. Que el alquiler suponga dos o tres semanas de tus ingresos mensuales, con cuatro que tiene el mes, es muy jodido. No dan los números.

¿No hay futuro más allá de sobrevivir? No, no existe. Ni casa, ni coche, ni nada. Yo genero cero ahorro. Voy para adelan-

«¿En qué momento hemos precarizado la cultura? Tú vas al cine, pagas. Vas a un museo, pagas. Vienes a una librería y me pides un descuento. ¿Cuál es la diferencia, güey?»

«Intentamos apostar por lo independiente. Hay gente que viene desde lejos porque sabe que aquí va a encontrar cosas diferentes»

te. Pero por otro lado está una cosa que te pega muy fuerte y es enriquecedora, intangible: las personas. Saber que tú estás manteniendo la parte cultural de un barrio. Eso cada vez que lo pienso me dan ganas de llorar, güey, porque hay mucha gente que depende de un lugar como este. Hay personas que vienen solo a charlar, y si esto lo eliminas, con ello se va una arteria importante para alguien. Es un espacio donde se hace política, también sociedad, se dan conversaciones de poesía, de filosofía, de lo que quieras.

Lucía Solla Sobral tuvo aquí su primera presentación de Comerás flores, hizo sold out, una cosa nunca antes vista. Y está muy cabrón saber que tienes un lugar como este, que tiene todo ese peso, pero que a pesar de todo no genera. Paso quince horas al día aquí. Cierro la librería a las 20:30, en lo que hago la caja son las 21:30, y en lo que salgo son las 22:00. Ese tute todos los días es mucho. Pero, como es tuyo, quieres que funcione. No quiero que sea un relato victimista. Es una imagen sincera de una situación que se vive en las librerías.

¿Qué es lo que te hace volver cada mañana?

Desde luego no es vocación, es decisión. La vocación, cuando llegas a fin de mes, te das cuenta de que no te vale para nada. Esta cosa romántica de que uno tiene que dedicarse a lo que le apasiona: estoy totalmente en desacuerdo. Tú tienes que hacer algo que te saque las cuentas y puedas tener tu vida también. Si luego de lo que trabajas es algo que te gusta, chingón, ya ganaste. Pero la estabilidad no es eso. La decisión no es algo negativo, es algo maduro.

¿Cada cuánto paráis y os planteáis si tiene sentido seguir?

Después de la Feria del Libro, en julio, nos sentamos y valoramos los porcentajes de venta del año anterior frente al actual. Vemos que cada año hemos crecido, que está increíble, pero que seguimos sin llegar a fin de mes. Entonces viene agosto, que es el único momento en el que descansamos de verdad, porque nos cogemos tres semanas de vacaciones. Y, a la vuelta, en septiembre, siempre tenemos una conversación que parte de la misma pregunta: ¿Seguimos? Hasta ahora hemos aceptado seguir. Aceptamos que quizá no vamos a llegar a fin de mes nunca, porque un negocio como este no llega. Aceptamos que vamos a tener

una vida un poquito más sacrificada de manera muy silenciosa. Mucha gente no lo sabe, porque asume que, como ve a muchos clientes comprando libros, nos va con madre. Pero si preguntas, no creo que ninguna librería te diga que les va bien. Aceptamos que, en un corto plazo, trabajando aquí ni de broma vas a poder acceder a nada: casa, hipoteca, coche… Me da mucha pena no poder ni siquiera contemplarlo. Aceptamos que, como mucho, vamos a poder llevar una vida común, que nos dará para pagar el abono transporte, el alquiler, el súper y salir a cenar de vez en cuando con la gente que quieres. Mi pareja, que es una persona maravillosa, también lo ha aceptado. Él es panadero y yo soy librera. Ese apoyo y saber la realidad viene muy bien. Conozco a mucha gente del sector con parejas que no aguantan este ritmo: una parte de ti está siempre aquí, aunque lo separes. Yo hago el ejercicio de separar, pero no puedo. No pasa nada.

¿Y si un día ya no se puede?

Si esto ya no tira, nunca será porque la gente no lea. La gente lo que más hace es leer, el tema es que el porcentaje de la ganancia se va a otras cloacas. Pero, si no funciona más para nosotros, lo suyo sería darle esto a una generación venidera. Prepararla con mucha amabilidad, mucho entusiasmo y las ganas que tenemos los jóvenes de trabajar en un mundo en el que las cosas ya no nos vienen. Pablo y yo éramos esos jóvenes sin empleo y con ganas de trabajar, que nos curtimos sin saber nada. Que a otra generación no le toque buscarse cómo hacerlo todo desde cero. Una librería tiene que ser política. Echar en cara cosas que hay que cambiar. Tener un altavoz. Y si por cansancio hay que dejar esto, que no se pierda el espacio. Ese es el mal del mundo en el que vivimos: perder este tipo de espacios. Nt

Pedro Miguel Echenique

«Lo sublime es una

característica del

arte, y la teoría

de la

relatividad es sublime»

Para él, la ciencia no es un conjunto de dogmas, sino una aventura que experimentar. «Una aventura intelectual, humana» y capaz de modificar nuestra concepción del mundo. Licenciado en Física en 1972, Pedro Miguel Echenique (Navarra, 1950) ha dedicado su vida a la investigación y divulgación científica. Experto en energía condensada, fue Premio Princesa de Asturias en 1998 y, desde el 2012, preside el jurado. Es doctor por la Universidad de Barcelona y la de Cambridge. Sobre belleza, burocracia y la lentitud de la ciencia conversó para Nuestro Tiempo con el microbiólogo Ignacio López-Goñi.

texto Juan G. Tizón [Com 24] fotografía Manuel Castells [Com 87]

en la segunda planta del museo Universidad de Navarra, Pedro Miguel Echenique (Isaba, 1950) e Ignacio López-Goñi (Pamplona, 1962) posan para las fotos de rigor. La luz de la tarde les enfoca sobre la madera dorada de la pared. Hablan de Kant, de unos volúmenes que Echenique prestó y que aún no ha recuperado. López-Goñi bromea: «Mi primera foto contigo… ya soy famoso». «Y además seguramente seas el único que ha leído mi libro», le contesta el físico con una sonrisa. Al rato, ambos entran en una salita recóndita y proceden a romper el silencio de la habitación. Echenique visitó el campus pamplonés a finales de febrero para recibir el premio «Pasión por la ciencia», un galardón que reconocía, en palabras de

los organizadores, «la trayectoria de un investigador que ha promovido la ciencia fundamental como motor cultural y social». Además, en esas mismas fechas y en la misma universidad, su alma mater, el físico pronunció un discurso para una conferencia organizada por el Instituto Bioma. Un encuentro donde abogó por la responsabilidad estratégica de los científicos en todas las áreas del conocimiento; animó a los más jóvenes a perder el miedo a los grandes retos del futuro y defendió el carácter cultural y la belleza del saber y la investigación científica.

Cuando se le pregunta por su papel en el Donostia International Physics Center (DIPC), el físico explica al instante que no le gusta el título de director («porque

la ciencia no se dirige»); prefiere el verbo «presidir». Sobre conceptos, destaca también la diferencia entre sabio y maestro. «El científico Jesús García Vidal me definió en su día como maestro, y eso me gusta mucho», explica Echenique Asegura que la idea encierra no solo la figura de quien persigue el conocimiento, sino el que posee la capacidad de «crear escuela, de servir como ejemplo y apasionar, no solo enseñar, a las nuevas generaciones».

Al igual que la de uno de sus referentes Bertrand Russell—, la vida de Echenique la han gobernado tres pasiones muy claras: la búsqueda del conocimiento, el anhelo del amor y la compasión por el sufrimiento. En el segundo punto, donde reconoce a la familia y a los

amigos, incluye enérgicamente su compromiso con la patria y con las instituciones. «Para mí es una lealtad esencial: agradecer a quien te ha enseñado y que permanecerá en el tiempo cuando tú ya te hayas ido».

Especialista en energía condensada, en la actualidad investiga sobre la dinámica de electrones en tiempo de attosegundos, que son la trillonésima parte de un segundo. Cómo se mueven estas partículas por la superficie de sólidos en tiempos tan inconcebibles es su curiosidad más reciente. ¿Posibles aplicaciones? Microscopía, reacciones químicas y otras dudas teóricas. Ahora, sentados en el sofá de una sala recóndita del Museo, el catedrático de Biología López-Goñi inicia una breve tertulia.

Durante tu discurso de la mañana pusiste el foco en la belleza de la ciencia. ¿Qué tiene de bella?

Cuando se habla de belleza en este ámbito, la gente suele pensar en la simetría. Werner Heisenberg habló mucho sobre esto, sobre la simetría y sobre las grandes imágenes del universo, la explosión y formación del cosmos... Pero yo me refería al encanto intrínseco que tiene la ciencia, al que se refiere, por ejemplo, Henri Poincaré en sus trabajos. ¿A qué alude un científico cuando afirma que una teoría es hermosa? Para mí, esto sucede cuando se cumplen una serie de condiciones: una es cuán profundo es el alcance y las implicaciones de la idea; otra es cuán sutiles e inesperadas son las conexiones con otros campos; y la más importante: cuán profundamente penetra en el secreto de la naturaleza. La ciencia versa sobre la realidad, no sobre abstractas invenciones.

¿Qué precisaría este último punto?

Una de las características es que ha de ser, dentro de lo posible, simple. La teoría de la navaja de Ockham [atribuida al filósofo escolástico del siglo xiv Guillermo de Ockham], por ejemplo: si se puede expresar con una idea, no uses cinco. Otro asunto que mencioné en la conferencia, citando a Michael Faraday, es el del carácter colectivo de la ciencia: el aumento del conocimiento no agota una materia, sino que abre el paso a nuevas características. Se trata de la obra acumulada de un conjunto de comunidades. Es como una catedral. Y esto es bello.

¿Podrías dar algún ejemplo?

La ecuación de Paul Dirac [apodada por la comunidad científica como la «ecuación más bella del mundo»] es bella porque encierra un secreto —o una característica inesperada de la naturaleza— como es la existencia de la antimateria. Las leyes de James Clerk Maxwell son

hermosas porque engloban las teorías electromagnéticas. La teoría de la relatividad general es bella porque unifica materia y geometría: la materia le dice al espacio cómo curvarse y el espacio le dice a la materia cómo moverse. Y, probablemente, la teoría de la evolución de Darwin también lo sea por las profundas implicaciones que contiene, aunque yo pueda apreciarla menos.

¿Es una belleza distinta de la del arte? No. Tienen componentes compartidos. Es cierto que no es una belleza estética como puede ser la obra de Fidias o el Partenón. Va más allá. Trasciende. Seguramente los críticos y estudiosos del arte adscribirán al arte atributos que ahora es-

toy adscribiendo a la ciencia. Lo sublime es una característica del arte, y la teoría de la relatividad es sublime.

El lenguaje de la naturaleza es el de las matemáticas. ¿Cómo lo explicas?

La ciencia se basa en una fe: en pensar que la naturaleza es comprensible. Esta esperanza resulta asombrosa. No es natural que existan leyes naturales, y menos natural todavía es que estas mismas leyes sean reductibles a algoritmos y fórmulas matemáticas. Esa irrazonable efectividad de las matemáticas —de la que habló el nobel Eugene Paul Wigner en su ensayo «The Unreasonable Effectiveness of Mathematics in the Natural Sciences»— es admirable. No sé cómo se explica.

Pedro Miguel Echenique (dcha.) detalla al biólogo Ignacio López-Goñi su visión de la ciencia

Galileo afirmaba que Dios había escrito el mundo en el lenguaje de las matemáticas, otro ejemplo de esa fe en la comprensión del universo. La misma creencia que llevó a los griegos a abandonar el mito y a describir racionalmente la inteligibilidad. La ciencia posee una cierta belleza de reduccionismo, la atracción de ceñir la realidad a algoritmos.

¿La ciencia debe regularse, dirigirse? Lo menos posible. El pensamiento debe estar abierto. Ahora bien, se puede utilizar el saber para ejercer el mal, y ahí sí que sería necesaria una intervención. Algo de control sí que ha de haber: no todo lo que es posible es deseable. Creo que las aplicaciones del conocimiento sí

deben de estar moderadas —con mucho cuidado—, pero el conocimiento en sí no puede ni debe regularse. Hay gente que discrepará en este asunto, alegando que no se puede predecir el futuro. Pero, si se pudiese predecir, alguien acabaría suprimiendo el cálculo con el argumento de que de él surgen las ecuaciones que llevaron, por ejemplo, a Hiroshima. De todas formas, la decisión de regular más o menos el conocimiento le corresponde a toda la sociedad, no solo a la comunidad científica.

¿Porque es una obra colectiva? Sí, y afecta a toda la sociedad, no solo al gremio.

Alguna vez has dicho que la ciencia es una obra del conjunto, pero que el arte no.

Sin Leonardo da Vinci no habría Gioconda, tampoco Chillida Leku sin Eduardo Chillida, ni Guernica sin Picasso. Pero la estructura de doble hélice del ADN o la teoría de la relatividad sí se habrían alcanzado. Sin Einstein ni James Dewey Watson, esos descubrimientos habrían aparecido igual porque forman parte de una obra colectiva de muchos años y muchas personas. Quizás la teoría de la relatividad general hubiese tardado más, pero se habría llegado a ella de todas formas.

¿Y eso?

Representa un adelanto temporal importante, es muy especial, propio de un momento de genialidad. La ciencia es una obra colectiva, sí, lo cual no quiere decir que no haya personas singulares que contribuyen al conjunto de manera singular; como Einstein, por ejemplo, que dio un verdadero salto cuántico. Un salto, también es cierto, que sin los trabajos de los investigadores del siglo xviii, en especial los de Galileo, no habría tenido lugar.

En el libro Los males de la ciencia, de Juan Ignacio Pérez y Joaquín Sevilla, hay un capítulo que habla de esta idea de «ciencia lenta». La ciencia necesita su tiempo. ¿Tenemos ese tiempo?

Hay un exceso de aceleración. Aunque algo rápido no es necesariamente algo acelerado. Pensemos en las vacunas contra el covid-19. Se hicieron muy rápido, pero la cantidad de conocimiento y de gente que converge para posibilitar esa respuesta rápida es inmenso. Aún no se entiende del todo cómo funciona la historia de la ciencia. Lo que permitió dar este paso gigante fue un conocimiento acumulado y una inversión brutal en capital humano y financiero. Algo similar —aunque no es la mejor analogía— a

como una obra colectiva y cultural.

cuando se formó el Proyecto Manhattan para desarrollar la bomba atómica. Cuando se sabe la ciencia básica, una inversión masiva en acciones concretas puede ser muy eficaz. Pero, volviendo al concepto de ciencia lenta —que no tiene que ver con la respuesta rápida en un momento de crisis—, un científico necesita tiempo para perder el tiempo.

¿Tiempo para pensar?

Eso mismo, eso es perder el tiempo: pensar en teoría. Hay una aceleración que no es buena para el conocimiento y, por lo tanto, para la ciencia. La medida no ha de ser la cantidad, sino la calidad. Pero la competencia exige rapidez en las publicaciones… Son males con los que hay que convivir. Nietzsche habla sobre esto, y Petrarca: leer para asimilar; para leer bien hay que leer lentamente. Sosiego y tiempo para perder el tiempo. Es muy importante. Yo ahora tengo ese tiempo y lo disfruto mucho.

¿Qué hay de esos momentos eureka?

Frente a un paisaje, a la luz de la luna… En los momentos iniciales de la carrera científica, el investigador siempre desea aportar algo nuevo al conjunto. Decía Ramón y Cajal: «Rendimos tributo de veneración a quien añade una obra original a la biblioteca y se lo negamos a quien lleva una biblioteca en la cabeza» [Reglas y consejos sobre la investigación científica]. Pero lo más hermoso es cuando el científico empieza a apreciar la contribución de sus colegas, el trabajo de los otros. Recuerdo esa frase preciosa del físico alemán Pascual Jordan a Eugene Wigner sobre la ecuación de Dirac: «Qué bonito hubiera sido que la hubiésemos descubierto nosotros, pero es bonito que la hayan descubierto ellos».

¿Has tenido tu momento eureka? No comparable a la relatividad general de Einstein o a la estructura de doble hélice del ADN de Watson, pero sí, he vivido

«La ciencia es parte fundamental del humanismo moderno, y hay que transmitirla como tal»

«Hay que encontrar el equilibrio entre la creatividad de Tolstói y el rigor de Napoleón»

«La IA no eliminará a los seres humanos mientras funcione con lo que le enseñan los humanos»

situaciones en que encontré algo que buscaba y que acabé entendiendo, pero son momentos de escala inferior. ¿Qué debió haber sido para Watson descubrir el secreto de la herencia genética en la doble hélice del ADN, el verlo por primera vez? Esto es lo que engancha de la investigación, aunque sea mal pagada: son esos momentos.

Recuerdo que un día dijiste que la universidad y la investigación están sobrerreguladas e infrafinanciadas. Soy contrario al exceso de regulación porque los comportamientos creativos conviven difícilmente con las directrices. Imposibilitan el avance. La libertad es mejor guía que los éxceles y la burocracia. El desarrollo debe ser armónico, y la libertad ha de ser el criterio. Libertad no solo para contestar las preguntas, sino para formularlas.

¿Quién se beneficia de esta sobrerregulación?

Nadie. Aquellos que aumentan la regulación no creen estar yendo en contra del proceso natural de la ciencia. Algunos no saben ni cuál es este proceso, y creen llegar a este campo como el Espíritu Santo, seguros de que con su aparición y sus

normas llegará lo bueno. Es el adanismo. Y lo hacen de buena fe, ese es el peligro.

Sobre la divulgación, pienso ahora en el DIPC y lo puntero que es como centro de investigación y —de esto quería hablar— comunicación de la ciencia. La comunicación del DIPC tiene unos hitos fundamentales. Uno es la creación del festival Passion for Knowledge, que comenzó en 2010, aunque ya había tenido dos eventos que habían marcado el camino: el simposio de Einstein en el año 2005 y, luego, en el año 2009, la inauguración Atom by Atom.

¿Habéis sido pioneros en comunicación científica?

Cuando presidí el centro, mi equipo y yo teníamos muy claro en qué consistía la comunicación: una sociedad científicamente informada es más culta, y, por lo tanto, más libre. La ciencia es parte fundamental del humanismo moderno, y hay que transmitirla como tal.

¿De qué manera?

De la misma manera en que alguien puede disfrutar de un buen plato sin conocer el proceso completo de la digestión, o puede deleitarse con una sinfonía sin ser capaz de leer la partitura. La transmisión de ese conocimiento no tiene la misma profundidad ni sofisticación que la que nosotros compartimos con otros investigadores, pero sirve para incluir a la sociedad en ese flujo de valores económicos, científicos y de salud. Una sociedad científicamente informada permite que la ciencia avance con más libertad.

La comunicación también es para nosotros, los científicos, que somos muy ignorantes en ramas ajenas a la nuestra.

¿Qué es usar bien el conocimiento?

Usarlo para hacer avanzar el propio conocimiento y producir bienes materiales y espirituales para la comunidad, respetando el entorno material y la naturaleza

con un ecologismo científico. El ecologismo científico es preguntarse desde la racionalidad si son ciertos los peligros anunciados y cuáles serían las consecuencias de actuar o no, y no caer en alarmismos innecesarios y acabar acelerando el problema. Todo desde una perspectiva racional, con datos y empirismo.

Me gustaría hablar sobre la educación. Ya en la antigua Grecia se quejaban de la mala educación de las nuevas generaciones. ¿Siempre ha estado mal? Siempre. Y además todo el mundo ha puesto en la educación la esperanza de solucionar todos los problemas… Ilusiones irrealizables. Pero yo creo que cualquier tiempo pasado no fue mejor, sino peor.

¿Y qué recomiendas?

Hay que lograr un equilibrio entre la tensión por la competencia técnica, que exige saber cosas y saber hacer cosas, y una libertad para que ese saber no sea algo que ate e impida explorar territorios nuevos. La creatividad de Tolstói y el rigor de Napoleón

¿Cómo se aplica esta idea?

Al acertar en lo esencial de las disciplinas: los contenidos mínimos, los principios básicos de las materias y la capacidad de adaptarlos sin rigidez y con creatividad es más importante que contenidos especializados, por determinantes que estos sean. Ahí es donde entran los profesores.

¿Cómo definirías a un buen maestro?

Alguien que transmite conocimiento, hechos y dudas y que, a la vez, despierta el amor por la materia. Un buen profesor es ejemplar. Modifica no solo las opiniones, sino los afectos.

En esta edición, uno de los trabajos finalistas del festival de cine científico #LabMeCrazy!, The Thinking Game, es un documental que cuenta

la historia de Demis Hassabis, neurocientífico británico, premio Nobel de Química y cofundador de Google DeepMind. Hay un momento en la cinta en que se hace una similitud entre la incertidumbre que tuvo Oppenheimer cuando trabajaba con la física nuclear y el miedo a las consecuencias del futuro de la IA.

Oppenheimer, en primer lugar, siempre fue un claro defensor de quitar límites al saber, pero también de regular sus aplicaciones. Él defendió, junto con Niels Bohr y con otros después, que la información atómica se debía compartir con el resto de países. De ahí vendría la famosa frase de Churchill a Bohr: «Scientists should be on tap, but not on top» [«Los científicos deben estar al servicio, pero no al mando»]. Oppenheimer abogó por una regulación que evitara las desconfianzas, los miedos y una escalada armamentística. Algo que no se hizo y que llevó a la elaboración de más de 60 000 cabezas nucleares durante la Guerra Fría. Ahora existen unas 12 000.

Y, respecto a la IA, ¿ves motivos para tener miedo?

Lo que no se hizo con el asunto nuclear se puede aplicar ahora en el campo de la biología molecular y, claro, de la IA. Soy

un gran enamorado de la IA, pero también creo que no hay que correr tanto, más allá de nuestras posibilidades. En definitiva, no tenemos mucha prisa por dejar de ser humanos. La IA no eliminará a los seres humanos mientras funcione con lo que le enseñan los humanos. Ahora bien, si aparecen propiedades emergentes… Sí, podría ser un paso siguiente en la evolución.

¿En qué sentido?

Nuestra inteligencia es el fruto de una evolución de millones de años, es el fruto de la química del carbono. Somos el fruto de una serie de situaciones que han dado lugar a la conciencia, la libertad, la vida. ¿Por qué no podrían darse estas circunstancias, por ejemplo, en la química del silicio? Yo creo que sí sería posible. ¿Cuánto tiempo haría falta para que tuviera lugar? ¿Se podría detener? No lo sé. Las reglas de la física, si pueden ser igualmente aplicables para explicar nuestra complejidad, tal vez podrían ser el motor de otra distinta. Pero no sería la inteligencia artificial que nos imaginamos, de la que hemos hablado hasta ahora. Sería una forma peculiar de la inteligencia natural. La inteligencia natural sería una forma específica de otras inteligencias. Nt

Los dos científicos en el Museo Universidad de Navarra, donde Echenique recogió el galardón a su trayectoria.

BÚHOS A ATENAS

Mariona Gúmpert

El límite, corazón de lo humano

«¿Por qué no emerge la mejor versión de nosotros mismos si no es a base de cinceladas? Es un misterio. Un misterio más complicado aún de digerir cuando el padecimiento no se vive en primera persona, sino que lo viven los hijos»

LA PRIMERA ENCÍCLICA del papa León XIV ha causado gran revuelo, y está bien que así sea. Signo de que la moral católica todavía interesa. De todos los que aborda Magnifica humanitas, los temas que con mayor frecuencia he visto tratar son el de la IA, la reformulación del principio de subsidiariedad y las ideologías de superación de lo humano. Lo que más me ha llamado la atención ha sido la derivada de las dos últimas cuestiones.

Denuncia Prevost que tanto el trans como el posthumanismo tienen en común la aspiración a borrar los límites de nuestra condición a través de la biomedicina, la ingeniería del cuerpo, dispositivos varios, etcétera. El objetivo: incrementar el rendimiento y las capacidades. Resulta sencillo comprender dónde está el problema: si las personas somos materia que perfeccionar, o incluso superar, ¿qué ocurre con los menos útiles, los menos capaces? Esta pregunta no es un futurible. Ya sabemos qué ocurre con un bebé nonato si viene con alguna patología.

Frente a esta postura, el papa define lo humano en dirección contraria; es justo la limitación, la finitud, lo que nos abre a lo mejor de nosotros mismos. Tendemos a interpretar la incapacidad, la enfermedad, la vejez, la vulnerabilidad o el sufrimiento como males a corregir. Y, por supuesto, en la medida en que se pueda hay que atender a quien se encuentra en tales situaciones.

Pero olvidamos que las personas no florecemos a pesar de los límites sino, muy a menudo, a través de ellos. Así lo expone León XIV: «Aun cuando el límite se manifiesta como dolor interior, la sensatez humana enseña a no negarlo ni eliminarlo, sino integrarlo. Para eliminar totalmente el dolor sería necesario, a fin de cuentas, apagar también el amor y el deseo. Quien ama y desea, en efecto, no puede evitar atravesar la prueba y el sufrimiento, y por eso, a lo largo de los años conservamos como cicatrices, memoria del camino realizado entre libertad y caídas, sueños y decepciones. Sólo gracias al entramado de estos elementos, se realizan en el corazón esas maravillas interiores que nos hacen saborear el gusto más dulce de nuestro ser humanos. Renunciar a esta aventura, al mismo tiempo dramática y espléndida, en nombre de una presunta superación de todo límite podría ser cualquier cosa, pero no significaría ser humanos».

Ahora bien, asentir a estas verdades desde la frialdad de la teoría o la lejanía del sufrimiento pretérito es una cosa, y otra distinta es hacerlo en el momento mismo de estar padeciendo. No importa si ese instante transcurre en un hospital, en mitad de una discusión, tras recibir una mala noticia o en un atasco. No estamos hechos para el sufrimiento, aunque debamos atravesarlo, con mayor o menor holgura. Nos sostiene la idea —y en algunos casos la experiencia— de la luz al final del túnel, la conciencia de que de todo se puede extraer algún bien.

LA PREGUNTA DE LA AUTORA

¿Hay algún límite que, con el tiempo, descubrieras que te hizo crecer?

Se cuenta que, cuando a Miguel Ángel le preguntaron cómo había podido esculpir el David, respondió: «La escultura ya estaba ahí; yo me limité a eliminar el mármol que sobraba». ¿Por qué no emerge la mejor versión de nosotros mismos si no es a base de cinceladas? Es un misterio. Un misterio más complicado aún de digerir cuando el padecimiento no se vive en primera persona, sino que lo viven los hijos. Ahí es cuando surge la tentación de revolverse, de defender que tu niño es perfecto tal y como está, que no le resulta necesario mejorar ni florecer. Y, a pesar de todo, no lo mantendrías en una burbuja de cristal. Aunque duela verle caer, oírle llorar, enfrentarse a la injusticia, sentirse incomprendido, perder amistades, ver truncados algunos de sus sueños y descubrir que él mismo es limitado y hiere a quienes no querría dañar nunca.

Tal vez ahí resida una de las claves para soportar el misterio del sufrimiento. Dios no es un espectador paciente que espera los frutos del dolor desde una cómoda distancia. Es un Padre que acompaña, que permanece junto a sus hijos y que no es ajeno a sus lágrimas. Mantener esa certeza no elimina el dolor, pero sí evita que tenga la última palabra.

@NTunav

Opina sobre este asunto en X.

Mariona Gúmpert es columnista de El Debate. @marionagumpert

Libros

El sitio de la luz: Gaudí

El arquitecto del templo expiatorio más significativo del mundo murió hace cien años. Se multiplican los libros en torno a su figura, a su obra, a sus ideas. Uno, de J. M. Almuzara, destaca que conocer la persona y el alma de Gaudí nos engrandece.

texto Joseluís González, profesor y escritor @dosvecescuento

La fachada de la Natividad recibe la luz del amanecer. Por eso también la llaman de Levante, por orientarse al este. La luminosidad recién abierta día tras día entraña un claro significado: el nacimiento de Jesús, Luz del mundo. La alegría, el principio vital. La creación inaugural de Dios en el Génesis. En completar esa cara inicial de la basílica barcelonesa de la Sagrada Familia, situada en la calle Marina, trabajó sustancialmente, con ambición de artista, quien la proyectó: Antonio Gaudí (18521926). Recibió el encargo que otro había abandonado. Sabía que las exigencias de la edad —él tenía entonces 31 años, y la construcción apenas doce meses— y de los planos y la financiación no le iban a permitir acabar aquel templo. Pero quien viera, cielo arriba, despuntar esas torres intuiría, mediterráneamente, casi todo. Gaudí estaba convencido de que su profesión es la mayor de las artes plásticas. Porque busca «la ordenación de

NÚMEROS por ciento de libros publicados en España los escriben mujeres.

39,7

13,2

por ciento de títulos disponibles en librerías españolas vende un solo ejemplar en un año.

Para entender a Gaudí hay que comprender su fe.

la luz», su sitio. Le sigue la pintura, «la descomposición de la luz»: refulgencias y sombras configuran con su intensidad y su tamaño y con su dirección el efecto del volumen. Y la escultura, para él, «el juego de la luz», capaz de dar cuerpo grecorromano a deidades paganas y sus también numerosos héroes. Como demostró con 23 inexplicables años Bernini en El rapto de Proserpina (1621-1622), que logró apretar la piel del mármol, ceñir la carne dentro de la piedra.

Marco Vitruvio, joven arquitecto de Julio César, afirmó en su tratado De architectura II, 1 que ciertos edificios públicos deberían exhibir tres cualidades: firmitas, utilitas, venustas, es decir, ser sólidos, útiles y hermosos. Gaudí lo defendía así: «La arquitectura es un acto de fe, de belleza, de servicio». Y un colaborador y amigo suyo dejó escrito que se reunían en él «la originalidad en su producción, la calidad de su pensamiento y la ejemplaridad como hombre».

Al conmemorarse este junio el primer centenario de la muerte de Gaudí, las novedades de libros, podcasts, conferencias, programas sobre su figura y obra se han multiplicado.

Una librera de la que me fío plenamente, Pepa Escribano, me recomendó una biografía compuesta por Armand Puig, paisano del arquitecto: Antoni Gaudí, vida y obra, editada en 2024 por Arpa y hoy más actual que en esa fecha. El índice y el prólogo revelan una concienzuda investigación plasmada en casi cuatrocientas páginas. «Gaudí propone que la técnica se ponga al servicio del amor, que vayan juntos arquitectura y símbolo, que todo tenga un sentido y un significado, siempre de acuerdo con el contexto. De hecho, el símbolo no posee un significado indepen-

diente de la historia de la que depende y del contexto en el que se inscribe. Olvidar estas coordenadas lleva a graves confusiones interpretativas». Y Puig pone un caso nítido, que no desvelo aquí: el de las abejas del estandarte de una cooperativa obrera y las que liban la sangre del Corazón de María en el portal de la fe en la fachada del Nacimiento.

Y les recomiendo otro título muy interesante, con anécdotas y fogonazos de frases gaudinianas que iluminan unas amenas páginas, con un diseño amable, casi de revista, y escrito desabrochándose el corazón y compartiendo la experiencia: Gaudí, el arquitecto del alma, de José Manuel Almuzara. Almuzara, de esa misma profesión, lleva más de cuatro décadas estudiando y divulgando la labor y vida y arte de ese hombre que «atrae, impacta, engancha, convierte». Desde 1992 preside la Asociación Pro Beatificación de Antoni Gaudí. Para Gaudí, «el hombre sin religión es un hombre mermado». Con anécdotas relevantes conquista al lector: un semáforo en rojo, una escena de amor en la terminal de Barajas, los desperfectos que la Guerra de 1936 ocasionó en la Sagrada Familia. Y nombres propios que se quedan dentro al leer: Juan Matamala Flotas, Jesús Dongo, la argentina Asturi, la carmelita descalza María Teresa de los Ángeles, obreros —Andrés, el Llarg, Pablo, Raimundo…—, Etsuro Sotoo, Subirachs… Y sitios diversos: una escuela de negocios, una cárcel chilena, un teatro con millares de asistentes, un albergue de huérfanos… Perú, Puerto Rico, Japón… Un hombre que se sintió instrumento y colaborador en la creación divina, con los dones que había recibido. «La belleza está en los ojos de quien la mira». Dicen. Viven más, mejor y más alto. Nt

APUNTES

trencadís, «troceado», de un hombre de una pieza

A Gaudí lo atropelló un tranvía y nadie se acercó a socorrerlo de inmediato. Los circunstantes creyeron, por su ropa avejentada y su aspecto descuidado —dicen—, que era un vagabundo. Tres días de agonía después murió. El 10 de junio de 1926. A los 73 años de edad. Tras su muerte, su obra dejó de estar en auge. Un cuarto de siglo más adelante, en 1950, Salvador Dalí y otros artistas comenzaron a reivindicarla. Un decreto pontificio del Dicasterio de las Causas de los Santos lo proclama «venerable» en abril de 2025: «Cristiano convencido y practicante, asiduo a los sacramentos, hizo del arte un himno de alabanza al Señor, a quien ofrecía los frutos de su trabajo, que consideraba una misión para dar a conocer y acercar a los hombres a Dios».

«Todo lo que he hecho depende de las circunstancias; si vienen bien, para acomodarme; y si mal, para luchar; siempre sirven; son las manifestaciones de la providencia».

Salvador Dalí
José Manuel Almuzara
Christa Wolf
Fernanda Trías
Benjamín Labatut

No se olvida un acto de bondad

August

Christa Wolf

Libros del Asteroide, 2026

72 páginas · 11,95 euros

August es el último relato de Christa Wolf (1929-2011), escrito poco antes de fallecer, como regalo a su marido, y bebe de sus recuerdos durante la Segunda Guerra Mundial.

Con la misma pericia con la que August conduce su autobús lleno de turistas, Wolf lleva al lector a disfrutar de una sentada esta nouvelle. Mientras recorre kilómetros, la mente de August viaja al tiempo que pasó en un sanatorio para tuberculosos, hace sesenta años. Allí también estaba Lilo, una adolescente por la que el niño quedó fascinado.

Desde los ojos de la infancia, se aprecia sin sentimentalismos el impacto de la ternura y el peso de un acto de bondad valiente. Aunque la muerte, silenciosa, cerca a los personajes, aún es posible disfrutar de unas patatas cocidas a hurtadillas, saberse unidos en la tristeza y no ser capaz de nombrar a ese sentimiento nuevo que surge cuando alguien pronuncia tu nombre como nunca antes.

Lucía Martínez Alcalde

Verlo todo, contarlo todo

Lo que permanece es el dolor

Antártida: 25 días encerrado en el hielo

Federico Bianchini · Libros del K. O., 2026 · 168 páginas · 18,90 euros

En el Cerro Tronador (Chile), el reportero Federico Bianchini gestó el sueño de pisar la Antártida. Tras años de espera, llegó en 2014; lo que debían ser cinco días se convirtieron, por el clima, en veinticinco. «Si esto fuera una novela, yo no debería contar el final. Pero esto no es una novela», advierte. Lo fascinante de esta crónica viajera —con momentos de relato de aventuras— se encuentra en la habilidad del autor para colarse en la vida de sus compañeros de estancia: de los científicos, investigadores, militares, transportistas y gestores con los que se cruzó.

El texto confirma a Bianchini como un maestro del género. La fuerza del ritmo, el hilo irrompible que consigue unir un caos absoluto de material —cuarenta y ocho horas de grabación— y pensamientos. Su capacidad para describir un continente por naturaleza indescriptible, necesitado de referencias. Y el argentino las encuentra. Juan G. Tizón

Miembro fantasma

Fernanda Trías

Páginas de Espuma, 2026 148 páginas · 17 euros

Fernanda Trías, voz destacada de la literatura latinoamericana, publica Miembro fantasma, una colección de relatos que exploran heridas y adicciones. El título remite a una presencia sin cuerpo, un dolor enquistado que no se va, donde la memoria, la realidad y la ficción se confunden. Escribir funciona como la llave a la memoria individual y colectiva.

La obra reincide en temas de enfermedad y soledad vistos en Mugre rosa, pero se centra en el relato de personaje, exigiendo un lector activo para desentrañar su compleja geografía sentimental. Entre las historias destacan «Personaje en construcción», «Última carta a Claudia», «Ciclón» y «Si el mundo parara de hacer lo que hace». Los cuentos se desenvuelven en varias capas sin poner en juego la cohesión. El nocaut, invocado por Julio Cortázar como la manera de ganar del relato breve, es, para la uruguaya, una coreografía ensayada.

Andre Quispe

Llueve sobre el linaje

Oración de la lluvia

Carmen María López

Rialp, 2026

72 páginas · 10 euros

Oración de la lluvia , Premio Adonáis y número 700 de la colección, es un poemario emocionante dividido en «lo divino» (sobre el arte) y «lo humano» (sobre la familia). Sin embargo, el poema «Lo divino» sugiere que ambas dimensiones convergen con frecuencia. Lo divino, escribe, es «la hija que ha nacido y ahora duerme / mientras tú con amor velas su sueño». En su recién estrenada maternidad, López profundiza en la capacidad femenina de crear hogar y dar vida, con versos a su abuela y a su hija, en un encuentro más hondo con su linaje. El libro homenajea a autores y artistas: Manrique, Borges, Bach, Machado, Goethe, entre otros. En los versos a Miguel Ángel, concluye: «La vida es del tamaño de un pincel. / En ella cabe todo: lo divino y lo humano». En la obra de López podría también decirse en la otra dirección: «Un poema es del tamaño de una vida. / En él lo cabe todo: lo divino y lo humano».

Marcela Duque

José Mateos, dolor de España

Retorno de la carne

Los años decisivos

José Mateos

Pre-Textos, 2025

228 páginas · 20 euros

Los años decisivos retrata la gran elipsis que va del advenimiento de la vocación al lento marchitarse de las cosas. Es el primero de los más de veinte libros de José Mateos que toma forma de novela, y cuenta en primera persona la vida de Marta Ortega desde que se va a estudiar Filosofía a Madrid en 1975 hasta su regreso a Algeciras.

La hieren la vida a zarpazos, la furia ochentera y la fascinación por Europa. Pero Marta es también la España del último medio siglo, hija de un torero muerto y una madre beata.

Con estilo contenido y poético, Mateos nos obliga a recorrer, encarnada, la historia intelectual del triste rabo de Europa: la pulsión antifascista, la movida, la idolatría por lo extranjero y el desencanto por una izquierda caviar que ya ni nos importa. El futuro está clausurado, dice uno de sus personajes. Pero Mateos no le niega a Marta la posibilidad de salvarse.

Teo Peñarroja

Atrapar la oportunidad

Historia de las sensibilidades

Alain Corbin y Hervé Mazurel Acantilado, 2026

128 páginas · 16 euros

¿Cómo trazar una historia de la angustia, del miedo, del amor, de la piedad? De ahí parten Alain Corbin y Hervé Mazurel , investigadores de la Sorbona. Piensan, como Le Breton, que el hombre nunca es un ojo o una oreja, sino una mirada, una escucha. El historiador, sugieren, debe sortear la tentación del pensamiento dualista y abolir las fronteras (artificiales) entre humanidades y ciencias. Emoción y cognición. Para plasmar esa «historia subterránea, nocturna y profunda», surgen distintos ensayistas. Sarah Rey relata «el poder de las lágrimas» en Roma. Damien Boquet prosigue la indagación en la Edad Media. Anouchka Vasak estudia la explosión de diarios íntimos tras el Siglo de Las Luces. Clémentine Vidal-Naquet escudriña correspondencias escritas durante la Primera Guerra Mundial. El libro defiende que las emociones conforman la cultura, y viceversa. Negar esa complejidad es desistir.

Esteban Garay

La prisa y la espera. Un año de creación

María Folguera · Siruela, 2026

148 páginas · 16 euros

Muchos sueñan con dejar las obligaciones laborales que limitan su creatividad para sumergirse en la vocación artística. Pero si el trabajo diario consiste en gestionar arte y en escribir teatro, como el de María Folguera, ese deseo es complicado. Significa enfrentarse con coraje a los disfraces del tiempo. Por eso, Folguera dedica ese año de supuesto ensueño a reflexionar sobre el tiempo ( cronos y kairós ) y mostrar cómo aprisiona y despierta el arte. Siguiendo su instinto a través de grandes obras y tropezones del día a día, nos asoma a un espacio y tiempo que suelen permanecer ocultos: la trama de facturas, plazos, burocracia y belleza que sostiene el tejido artístico.

El valor de este ensayo reside en que Folguera ha sabido ver el kairós que debía atrapar para cumplir los plazos de entrega, y nos recuerda el respeto y la admiración que merecen las costureras del arte.

Beatriz Gómez

Tras el tsunami que provocó Cisnes salvajes

Vuelan los cisnes salvajes: mi madre, China y yo Jung Chang · Lumen, 2026 368 páginas · 22,90 euros

Leer Cisnes salvajes en 1993 marcó un antes y un después en mi percepción de la historia reciente de China, y despertó una fiebre lectora que me acercó a autores esenciales como Mo Yan o Simon Leys. Ahora, Jung Chang regresa con Vuelan los cisnes salvajes. El libro narra la vida de la autora desde la muerte de Mao en 1976, su traslado a Londres en 1978 y su trayectoria académica. Cuenta el proceso de redacción de la primera parte, su exitosa recepción en todo el mundo y el inicio de sus problemas con el Partido Comunista, que prohibió su difusión en China. También aborda las fases y fricciones de su relación con las autoridades de su país natal. Y, como telón de fondo, la trágica historia de los últimos siglos de China, que marcó la vida de sus padres y la suya propia. Estas memorias facilitan conocer mejor un país que sigue controlado por el inabarcable poder del Partido Comunista chino. Adolfo Torrecilla

Maternar como Ella

Cuando queda lo esencial

La salud en «modo lobo»

Ensayar una nueva mirada

María y yo. Maternidad millennial a luz del Evangelio L. M. Alcalde y R. G. de Leániz (eds.) 2026 · 180 páginas · 14,90 euros

Con el impulso de Lucía Martínez Alcalde y Rocío García de Leániz, doce madres, millennials e influencers que inspiran desde la fe, redescubren la visión sagrada y sorora de la maternidad a través de María.

Con ternura y realismo, actualizan algunos pasajes evangélicos e integran a la Virgen en su rutina: en la ansiedad de perder de vista a un hijo, en la perspicacia servicial de notar que no queda vino (o leche en la despensa).

Lejos de idealizar, el libro abraza el cansancio, la culpa y, sobre todo, la grandeza de las muestras de cariño, a veces invisibles a ojos humanos. Entre consejos maternales y oraciones cotidianas, las autoras alientan a acudir a la Madre para convertir cada hogar en una pequeña iglesia doméstica. María, como una estrella, ilumina el camino hacia Jesús y vuelve más liviano asemejar nuestro cuidado de la familia a cómo Ella la cuidó: con toda el alma, como Dios nos ama.

La nada es todo

Pablo Delgado de la Serna · 2026

108 páginas · 9,90 euros

Frente a la típica autobiografía cronológica, La nada es todo , de Pablo Delgado de la Serna , desmiente expectativas. Escrito entre 2024 y 2025 durante largas estancias hospitalarias tras una amputación y un fallo renal, el libro trasciende la enfermedad para reflexionar sobre la fragilidad, la fe y el sentido del dolor. El título resume su esencia: al desaparecer la autonomía, se descubre lo que de verdad sustenta la existencia. La nada es el despojo de lo accesorio; el todo, el valor desnudo de la vida y el peso de los instantes donde la familia adquiere un papel central.

La fe cristiana ilumina estas líneas, y el sufrimiento pasa a ser una realidad acogida desde dentro, sin teorizar con una distancia retórica. El testimonio humano y espiritual de Delgado, con un eco final —un trasplante de riñón que coincidió con la publicación del libro—, prolonga la esperanza fuera del texto.

Covadonga Molina

Transfórmate en el lobo que llevas dentro Javier Angulo Fernández · 2026 148 páginas · 15,90 euros

Hay mitos en torno a la salud que oscilan entre creencia infundada y respuesta pseudocientífica. Corremos el riesgo de que nos domestique una cultura que enaltece la apariencia, la inmediatez y la dopamina fácil.

La propuesta de Javier Angulo es clara: volver a confiar en la sabiduría biológica. Los milagros (tecnológicos, entiéndase) no existen y los consejos sobre el peso tienden a ser homogéneos, ajenos a la individualidad de cada paciente. El autor ofrece herramientas y recetas para entender el cuerpo y aprender a nutrirlo.

El «modo lobo» que propone es instinto, adaptación y libertad, alcanzable mediante el sentido común. Sus explicaciones aspiran a la sencillez sin perder rigor, y critica rutinas que el lector reconocerá de inmediato. Un cambio real: no para el espejo, sino para una vida con energía. Porque vivir sin ella es un no vivir.

Andre Quispe

La salud mental en el cine y las series

Clare E. Cannon y Pablo Alzola (eds.) 2026 · 162 páginas · 16,90 euros

Junto con la sofisticación técnica, el cine actual presenta un renovado interés por reflejar con hondura los entresijos de lo humano. A través de series como This Is Us y Adolescencia y películas como El padre, Tres anuncios en las afueras o las españolas Los pequeños amores y Los destellos, este libro aborda la vulnerabilidad familiar, las crisis adolescentes y las rupturas y pérdidas en sociedades digitales.

Profesionales de la psicología y la psiquiatría, el sector audiovisual y la filosofía proponen «ensayar una nueva mirada», transformando el análisis de ficciones en una invitación a aceptar la vida con todos sus ingredientes desde una visión esperanzada: más allá del diagnóstico, plantean las dificultades como oportunidades de crecimiento. El arte nos ayuda a entender nuestra propia identidad y potenciarla. El buen cine es un espejo de la vida y una experiencia vicaria que puede transformarnos si nos abrimos a ella.

Gema Pérez Herrera

«Todo

Diario de un cura rural Georges Bernanos Ediciones Encuentro, 2023 288 páginas · 25 euros

es ya Gracia»

A un joven y anodino sacerdote recién ordenado lo destinan de párroco a un pueblecito del norte francés, a Ambricourt (Pas-de-Calais). Pronto chocarán la sinceridad de su fe y su entusiasmo pastoral contra la indiferencia de los feligreses. Su pugna anímica le conduce, desde el principio, a confiar en un cuaderno tanto sus pensamientos como sus conversaciones y vivencias.

Es este Diario de un cura rural (1936) donde examina y tantea su alma para comprender mejor sus disposiciones interiores y responder al Espíritu, mientras su organismo añade frecuentes indisposiciones y dolencias estomacales. En su debilidad física y sus contratiempos, en su torpeza para el trato social, la gracia —la gracia divina— edificará la grandeza de su entrega.

La novela plantea un interrogante crucial: si tienen sentido el sufrimiento y la aparente inutilidad de una vida cuando casi todo parece fracaso, esterilidad y silencio de Dios.

Con los interlocutores y las figuras que entrecruza el parisiense Georges Bernanos (1888-1948) en las tres partes de la novela, no sorprende que los personajes encarnen

y traten una sarta de asuntos decisivos. Desde el hastío, la tibieza, la indolencia espiritual —l’ennui: el tedio de la apatía—, hasta la hipocresía, y facciones humanas de la codicia, la ansiedad, el miedo al más allá, la barrera de la culpa y del pecado, la enfermedad y la muerte. O el descreimiento. Es decir, las marcas de un mundo decadente y una civilización moribunda, se enclave la novela en un pueblo o en el tumulto de una metrópolis. Pero también abundan el perdón y la confianza. Y la providencia. Y la certeza de ser sangre de Dios, descendencia suya, hijo.

Personajes bien trazados con misión y papel: el párroco, el cura de Torcy, el conde de Ambrocourt y su familia, y especialmente la condesa, Miss Louise... Hondo qué discurren sobre el mal. Y otro rasgo que caracteriza a las novelas superiores: un desenlace —aquí, en forma de carta de un antiguo amigo y manuscrito hallado— agranda la dimensión de los hombres y las mujeres, y las respuestas y las explicaciones. Sabio el prólogo sereno de José Luis Restán a esta traducción de hace décadas.

Libros Clásicos: otra mirada

1/4

años habría cumplido Marilyn Monroe el 1 de junio.

Cuando el cine duele... pero enseña

Se estrena la película italiana

El chico de los pantalones rosas, basada en un caso real de bullying. Uno de esos títulos que duelen por lo que cuentan, pero que muestran el valor educativo y social del cine.

texto y críticas

Ana Sánchez de la Nieta

Mi estómago de crítica puede con argumentos duros, absurdos o nada recomendables, pero no metaboliza bien las cintas en las que los niños enferman, pasan hambre o sufren las consecuencias de la guerra. Esa aprensión se convierte en bloqueo ante películas sobre bullying Por eso traté de huir cuando se presentó en el Festival de Málaga El chico de los pantalones rosas, una película basada en un caso real en Italia que terminó en suicidio. No lo hice por varias razones. La primera, los lectores. La segunda, que vivo de ver películas. Y la tercera, que el cine —o un tipo de cine— tiene una función social importante de concienciación, denuncia o conocimiento que hay que defender.

Roma, 20 de noviembre de 2012. Andrea Spezzacatena, un estudiante de quince años, se quitó la vida. No dejó ninguna nota. Era un niño normal, con una buena relación con su familia. Adoraba a su hermano pequeño, le gustaba ir al colegio y, aparentemente, tenía amigos.

Su madre, Teresa Meta, acabó descubriendo que Andrea sufría bullying en clase y a través de las redes sociales. El acoso venía de lejos, pero había estallado cuando el adolescente se puso unos pantalones rojos que habían desteñido. Sus compañeros abrieron entonces un grupo de Facebook para insultarle: «El chico de los pantalones rosas».

Teresa Meta canalizó el dolor hacia la educación, el duelo hacia la sensibilización y la rabia hacia la denuncia. Canibalizó el nombre de aquel grupo diabólico y lo convirtió en el título de una novela en la que contaba la vida de su hijo Andrea. El libro se convirtió en un best seller en Italia. Llegó la adaptación al cine, un fenómeno de taquilla. Se estrenó en abril de siglo tienen las primeras cintas de El señor de los anillos y Harry Potter. También Shrek, Memento y Moulin Rouge

Samuele Carrino es Andrea Spezzacatena, el «chico de los pantalones rosas».

en España y habrá remake americano a cargo de Nick Cassavettes, el director de El diario de Noa y John Q, entre otras. La cineasta italiana Margherita Ferri ha llevado al cine la historia de Andrea, a partir del guion de Roberto Proia . Los dos han trabajado absolutamente pegados al texto de la novela, lleno de fuerza. A modo de dedicatoria, Teresa Meta escribe: «Que el sacrificio de uno valga para el rescate de otros». Y en el prólogo, explica que, en el entierro de Andrea, quiso rescatar el espíritu de su hijo. No quería hablar de su muerte sino de su vida, y eso se traslada a la película. Frente a algunos films o series que han abordado el tema del bullying desde el realismo mágico (Un monstruo viene a verme) o, directamente, el terror (la serie Invisibles), la perspectiva de El chico de los pantalones rosas es muy diferente. Estamos ante un drama profundamente emotivo y triste, porque conocemos el final, pero tratado desde el realismo, la ternura e incluso, en algunos momentos, el sentido del humor. El chico de los pantalones rosas no es una historia de bullying o no es solamente eso. Es el retrato de un adolescente corriente, que tiene sueños y aspiraciones, que se enamora y se divierte, que —como todos— busca su sitio en el mundo y trata de refugiarse en su familia, en su colegio y en sus amigos. Y cómo, en ese paisaje normal, una violencia aparentemente inocua al principio puede terminar matando al chico mucho antes de que se mate él.

Es una violencia que se ejerce —casi siempre— a través de las palabras y que intensifica el daño a través del silencio. Las palabras de los acosadores pueden matar y, paradójicamente, las palabras de las víctimas son muchas veces lo úni-

co que puede salvarlos, aunque no son fáciles de pronunciar. Como señala Teresa Meta: «Primero, una víctima debe reconocer que está sufriendo. Luego debe reconocer que es una víctima y, finalmente, debe encontrar el valor para pedir ayuda».

Hay películas que son algo más que una historia filmada y El chico de los pantalones rosas entra en esta categoría. Cinematográficamente es un producto notable. La historia está bien contada, con un guion que acierta con los puntos de giro. Sabemos lo que va a ocurrir, pero el libreto de Roberto Proia consigue que nos interese el proceso, la evolución de los personajes, la vida de Andrea y no solo la muerte.

Los actores cumplen de sobra, especialmente el protagonista. El joven Samuele Carrino compone un personaje entrañable y absolutamente creíble. La película es dura pero no amarga, y puede ser un producto didáctico muy interesante para un público joven.

Cuando terminé de verla en Málaga, desolada, le agradecí al cine su capacidad de hacernos llegar a lugares infernales. Siempre será mejor pisarlos en la ficción para no tener que habitarlos más en la vida real. Nt

TELEGRAMAS

cannes de honor Durante la 79.ª edición del Festival de Cine de Cannes se entregaron tres Palma de Oro honoríficas: al cineasta neocelandés Peter Jackson, al actor y director John Travolta, y a la cantante, actriz y cineasta Barbra Streisand. ‘michael’ apunta alto A finales de mayo, el biopic protagonizado por Jaafar Jackson, sobrino del cantante, llevaba más de 800 millones de dólares de recaudación mundial. La película biográfica más taquillera hasta el momento es Oppenheimer, con 975 millones. Entre los biopics musicales, Bohemian Rapsody recaudó 911 millones de dólares.

‘enredados’ en españa

024

Si tú o alguien de tu entorno lo está pasando mal, la línea 024 de atención a la conducta suicida es gratuita y confidencial, las 24 horas.

La adaptación en live action de Enredados (2010) —la película de Disney que cuenta la historia de Rapunzel— comienza a rodarse en junio en la Ciudad de la Luz en Alicante. También está previsto que graben en localizaciones de Gerona, Tarragona y Álava.

Jaafar Jackson
Meryl Streep
Sigourney Weaver
John Travolta
Berto Romero

Aventura y amistad en el espacio

Proyecto Salvación

Dirección: Christopher Miller, Phil Lord. Guion: Drew Goddard

EE. UU., 2026

Ciencia ficción con dilemas éticos.

Ryland Grace se despierta solo en una nave en mitad del espacio. Fue profesor de Física y ahora tiene una misión decisiva, proteger al Sol para salvar la Tierra. En esta empresa le acompañará Rocky, un alienígena rocoso con el que entabla una inesperada amistad.

La adaptación de la novela de Andy Weir —autor de El marciano— se ha posicionado como una de las películas de ciencia ficción del año y segura candidata a los Óscar 2027. La película combina ciencia, aventura y humor con eficacia, y es más E.T. que Interstellar: menos solemnidad y más emoción. La historia, contada en dos tiempos, alterna la misión y la relación entre Grace y Rocky, y logra un buen equilibrio entre la trama de amistad y algunos dilemas éticos muy jugosos.

Ryan Gosling sostiene gran parte del metraje con una interpretación soberbia. Derrocha carisma y compone un retrato del héroe inesperado que conecta con el del mejor cine clásico.

Una rara avis en la política

La Grazia

Dirección y guion: Paolo Sorrentino

Italia, 2025

Para los fans del cineasta italiano… y para el resto.

Tras ensañarse con la visceralidad de la política a través de los retratos de Silvio Berlusconi (Silvio y los otros) y Giulio Andreotti (Il divo), Sorrentino inventa un político moderado: Mariano de Santis, que, a punto de dejar la presidencia de la República, tiene que firmar (o no) la ley de la eutanasia.

La Grazia es puro Sorrentino: barroquismo y exceso, mezclas musicales imposibles, diálogos surrealistas… Y Toni Servillo. Pero también hay, frente a otras de sus películas, un mayor respeto por la coherencia narrativa y una construcción de personajes menos caprichosa.

Y hay, sobre todo, una crítica que no es simplemente demoledora. Aunque no es una película completa en su propuesta temática, Sorrentino arremete contra la polarización y muestra a un dirigente imperfecto, pero consciente de su deber; que duda, pero al que no le da igual elegir el bien o el mal. Un líder ajeno al deseo de sumar votos y preocupado por el bien común.

Miranda, Andy y el periodismo

El diablo viste de Prada 2

Dirección: David Frankel

Guion: Aline Brosh McKenna

EE. UU., 2026

Si disfrutaste con la primera.

Cuando David Frankel adaptó el best seller de Lauren Weisberger —la periodista que sobrevivió a ser asistente de la todopoderosa Anna Wintour en Vogue — pocos preveían el fenómeno. El diablo viste de Prada recaudó más de diez veces su presupuesto y se convirtió en una película icónica gracias a un cóctel casi perfecto: el universo hipnótico de la moda y un reparto de cinco estrellas, con Meryl Streep a la cabeza.

Veinte años después, la secuela no pretende reinventarse, sino exprimir lo que funcionaba. La puesta en escena, las localizaciones, los personajes e incluso algunas escenas míticas aparecen de nuevo.

Pero no se queda solo en un ejercicio nostálgico. El debate sobre cómo el periodismo ha mutado en estas dos décadas —IA, clickbait, el imperio de los influencers, la precariedad de la profesión— es una subtrama muy potente que eleva el nivel de una secuela que podría haberse limitado a un simple homenaje.

Peleados por Santa Claus

Lapönia

Director: David Serrano

Guion: Cristina Clemente, Marc Angelet. España, 2026

Una dramedia con contenido.

Un matrimonio y su hijo viajan a Laponia en Navidad para estar con sus familiares y conocer el país de Santa Claus. Pero en el primer encuentro estalla un enfrentamiento larvado desde hace años y relacionado con el modo de educar a los hijos. A partir de ahí, la película despliega un debate muy contemporáneo en el que David Serrano opta por un tono que se mueve entre lo ligero y cómico, y lo incómodo y con aristas.

La película es una adaptación de la obra homónima de Cristina Clemente y Marc Angelet. Los diálogos y las interpretaciones tienen mucho peso en una cinta con apenas cuatro personajes y un par de localizaciones. Aunque en algunos momentos parece que el conflicto inicial se enquista, en el tramo final la película ofrece algunas claves muy interesantes sobre la importancia de entenderse, de escucharse y hablar en la familia y la necesidad de educar con libertad y sabiendo prescindir de eslóganes ideológicos.

Agatha Christie en la campiña

Las ovejas detectives

Dirección: Kyle Balda

Guion: Craig Mazin

Reino Unido, 2026

Si te gustan las películas insólitas.

En un giro del clásico contar ovejitas para alcanzar el sueño, George es un pastor que duerme a su rebaño leyéndole novelas de misterio. Luego, durante el día, las ovejas discuten sobre quién es el asesino. Porque son animales que hablan. Una mañana, George aparece muerto y serán las ovejas las que investiguen el crimen.

Con este argumento aparentemente imposible, la alemana Leoni Swann escribió una novela que se tradujo a más de treinta idiomas. Hay que reconocer que la mezcla de thriller y humor surrealista también funciona en su adaptación a la pantalla grande. Además de un guion que dosifica bien la intriga, hay un director experimentado en la comedia de animación

Kyle Balda, director de Los Minions—, un buen trabajo de efectos especiales, una producción muy cuidada y dos actores que son un reclamo seguro para los espectadores: Hugh Jackman y Emma Thompson.

La saga continúa

The Mandalorian & Grogu

Dirección: Jon Favreau

Guion: Jon Favreau, Dave Filoni, Noah Kloor. EE. UU., 2026

Para incondicionales de Star Wars

A estas alturas, Mando y Grogu no necesitan presentación. Tampoco Disney parece sentir la necesidad de sorprender. Han pasado siete años desde el tropiezo de Han Solo: una historia de Star Wars. Tiempo suficiente para preguntarse si esta saga es capaz de generar algo nuevo. La respuesta de Filoni y Favreau es honesta, al menos: ni siquiera lo intentan. La fórmula que funcionó en Disney+ llega a la gran pantalla con más presupuesto y los mismos ingredientes.

Dicho esto, la película funciona. La acción no da tregua, la presencia de Sigourney Weaver añade cierto caché a la película, igual que el atinado cameo de Scorsese. Pero lo que sostiene la cinta es, una vez más, la relación entre los dos protagonistas. Grogu ha dejado de ser el Niño al que hay que proteger para convertirse en compañero, y esa evolución le da a la historia una subtrama de relación con alma.

Entretenimiento de primer nivel, pero cine solo a medias.

Entre críticos

anda el juego

Pizza Movies

Dirección: Carlo Padial

Guion: Carlo Padial, Desirée de Fez, Carlos de Diego. España, 2026 Comedia eficaz sin pretensiones.

Thais escribe sobre cine. Está mal pagada y peor reconocida. Alan la quiere sin condiciones. Cuando ella decide cambiar la crítica de cine por las pizzas cinematográficas, él la apoya. Como siempre ha hecho.

Carlo Padial dirige un guion de su pareja, Desirée de Fez. De Fez es periodista y crítica de cine, y se nota: la historia rebosa situaciones descacharrantes, dardos al mundo cultural y una autocrítica a la profesión que solo puede hacer alguien que la vive desde dentro.

Berto Romero y Judit Martín, excelentes en sus papeles, forman una pareja de perdedores que, sin embargo, se quieren de verdad, y eso en el cine —y a veces en la vida— es casi un milagro. En su forma de tratarse reside buena parte del encanto de una cinta que mezcla humor inclasificable, crítica social lucidísima y una ternura desmadejada que no chirría. A pesar de su producción modesta es una de las comedias más hilarantes de los últimos meses.

Cosas

que perdimos en el fuego

Rebuilding

Dirección y guion: Max Walker-Silverman

EE. UU., 2025

Si te gusta el indie americano.

Dusty ha perdido su granja en un incendio. Y, con ella, la confianza de su hija y lo poco que quedaba de su matrimonio. La película arranca desde ahí, desde la tierra quemada.

Max Walker-Silverman rueda un film indie envuelto en un wéstern crepuscular. Tras la apariencia de resiliencia adusta o conformismo lánguido de Dusty, no hay nihilismo, sino apertura a la esperanza y confianza en el ser humano. Lo que el fuego destruye y lo que es capaz de renacer entre las cenizas tiene aquí una dimensión simbólica potente.

Lily LaTorre , con once años, borda una interpretación muy delicada, crucial para que la historia funcione. Josh O’Connor sostiene el peso del guion con una composición de personaje muy natural y convincente.

En sus 95 minutos, Rebuilding consigue mostrar una historia sencilla pero plenamente humana. Una de esas películas que llegan al espectador.

Series

100 21

años de que John Logie Baird, ingeniero eléctrico escocés, demostró el primer sistema de televisión mecánica del mundo. premios Emmy ha ganado The Bear a lo largo de su trayectoria. A finales de junio se estrenó su última temporada.

Una poética del patetismo

Los santos patrones del fracaso y el consuelo de la vergüenza ajena.

texto Alberto N. García, profesor titular de Comunicación Audiovisual y crítico cultural

El arranque de la primavera en España vino con su héroe en la taquilla: José Luis Torrente, un poli fachilla, mugriento, picarón y excesivo en todos los sentidos. Un astracán actualizado, vamos. Durante semanas se discutió como se discute a

la española —a garrotazos— sobre la brecha entre alta y baja cultura, la politización del arte, los límites del humor y las audaces innovaciones de Santiago Segura en el ámbito del marketing audiovisual.

Ya con la marea baja podemos recoger los restos del naufragio y centrarnos en cómo un arquetipo tan castizo resuena en el imaginario colectivo de la pequeña pantalla. Porque más allá de su olor a sobaco y sus callos madrileños servidos en barra de metacrilato, el caso de Torrente entronca con una poética del patetismo que la televisión también ha visitado con frecuencia. Son esos personajes

que, siguiendo el clásico chiste austral, habilitan el mejor negocio del mundo: comprar a alguien por lo que vale… y venderlo por lo que él dice que vale. Ese abismo entre el ser y el querer ser; esa disonancia dolorosa entre el espejo y la realidad, esa mediocridad que se imagina extraordinaria. De hecho, las risas nacen del esfuerzo titánico por maquillar la incompetencia.

Ahí reina el eterno Homer Simpson. Bobalicón, torpe, perezoso. Un padre capaz de enarbolar una apología de la apatía: «Niños, lo habéis intentado con todas vuestras fuerzas y habéis fracasado estrepitosamente. La lección es: ¡no lo in-

tentéis nunca!». Su mediocridad es hilarante por la subversión continuada de las expectativas y, sin embargo, lo que nos permite enganchar emocionalmente con él es que, en esencia, es un tipo cariñoso e ingenuo. Un osito. No hay maldad. Lo podríamos catalogar como un patetismo cándido.

Una vulnerabilidad similar encontramos en otro de los santos patrones televisivos del patetismo: el Michael Scott de la versión americana de The Office. En el primer episodio de la cuarta temporada se atrevía con esta mezcla de trabalenguas, hipófora y paradoja para recordar su apremiante necesidad de ser querido sin que se note: «¿Necesito caer bien? En absoluto. Me gusta caer bien. Disfruto cayendo bien. Tengo que caer bien. Pero no es una necesidad compulsiva como mi necesidad de que me elogien».

Como es sabido, ese remake estadounidense hacía mucho más digerible al protagonista; la versión original británica, con el David Brent interpretado por el ácido Ricky Gervais , producía una vergüenza ajena mucho más dolorosa y nihilista. Hay toneladas de cringe, como dicen las generaciones jóvenes, en las dos temporadas de la BBC. Pocas escenas resultan tan incómodas como ese baile benéfico en el penúltimo episodio de la serie. Es la estampa desoladora de alguien que, carente de todo filtro crítico, cava su tumba mientras espera el aplauso.

Esa geografía del patetismo ha sido también explorada por Diego San José en personajes que necesariamente habían de tener los rasgos físicos de Javier Cámara. Pensemos en la trilogía de Juan Carrasco (Vota Juan, Vamos Juan, Venga Juan), un Quijote que actúa como si es-

tuviera negociando gigantes en la ONU cuando, ay, apenas llega a presupuestar el molinillo de una acera de Logroño. Esa España periférica, alejada del glamour y los focos, también era el paisaje de la excelente Yakarta, cuyo logline ya anticipaba un antiheroísmo de chándal y bingo que haría las delicias de los necios conjurados: «Un homenaje a la gente que pierde, incluso cuando gana».

Son algunos de los personajes que sustentan esta arquitectura del ridículo. Hay más, cada uno con su sombra grotesca: la degeneración asilvestrada del Frank Reynolds de It’s Always Sunny in Philadelphia, el narcisismo cáustico de Larry David en Curb Your Enthusiasm, la incompetencia feroz de Selina Meyers y su equipo en la descacharrante Veep, la megalomanía esperpéntica de Kenny Powers en Eastbound & Down, la torpeza parasitaria del primo Greg en Succession. O, si queremos mirar a la historia catódica, el anacronismo resignado de Al Bundy de Matrimonio con hijos, la mezquindad divertida de George Constanza en Seinfeld o la neurosis pueril de Ross en Friends. Todos habitan, desde ángulos complementarios, en el ecosistema de la derrota.

En esta época de filtros relucientes en Instagram e identidades guays editadas en reels, el patético se deja ver sin maquillaje, incluso aunque intente ponérselo. Y esa honestidad —aunque venga envuelta en humor y vergüenza ajena— nos reconcilia con nuestra propia condición frágil. El antihéroe patético es el único que se atreve a perder por nosotros y, al hacerlo, nos salva un poco del agotador espectáculo de tener que parecer impecables. Nt

‘nueve reinas’ en netflix

Una de las grandes películas argentinas se viene a España, a la pequeña pantalla. Esta vez la trama estará ambientada en el Madrid de 2012, con aquella crisis económica zurrando de lo lindo. Álvaro Morte, Patrick Criado y José Coronado se engalanan para timos, sellos y sorpresas. Sibilina.

actores de método

Con un elenco de aúpa que incluye a Amy Adams y Patrick Wilson, Apple TV ha convertido la mítica El cabo del miedo, de Scorsese, en una miniserie. Nuestro Javier Bardem tiene el difícil reto de que el espectador se olvide del siniestro Max Cady interpretado por Robert de Niro. Vengativa.

fin de una trilogía

El intrincado ecosistema de Marvel sigue produciendo títulos para la denominada Fase 6. A finales de año está previsto en Disney+ el estreno de VisionQuest, con la que se termina un tríptico que comenzó con la excelente WandaVision (2021) y continuó con Agatha All Along (2024). Etérea.

APUNTES
Torrente, presidente
Wanda
Vision
Agatha All Along

Música

ARTISTA POR DOS

«No voy a hacer álbumes de comedia, es demasiado esfuerzo para una broma», afirmó Berry en una entrevista para Beyond the Joke. Detrás del actor extravagante y el rostro asociado a lo absurdo, hay un músico que huye del chiste. Alguien tan empeñado en hacer reír en la pantalla como en emocionar con sus canciones.

Matt Berry, el cómico más serio de la música

Ha hecho carrera haciendo reír, pero la música de Matt Berry exige que la tomemos muy en serio. Aquí se retrata a un cómico brillante que, cuando canta, revela su faceta más mágica y personal. Canciones para degustarlas como si fueran una colosal carcajada.

Hay algo desconcertante alrededor de la trayectoria de Matt Berry. No tanto en el actor —con esa voz grave y casi ceremonial— como en el músico. Porque cuando alguien que ha hecho reír a millones de personas —en Los informáticos (2006), en Toast of London (2013) o en Lo que hacemos en las sombras (2019)— se sienta ante un micrófono, lo lógico sería caer en la ironía fácil.

Pero el Berry músico nos revela justo lo contrario. Discos serios, sincréticos y trabajados al milímetro. Álbumes que ni beben ni viven de sus personajes sino de un mundo propio inabarcable.

Matthew Charles Berry nació en 1974 en Bromham, una población de poco más de cinco mil habitantes en Reino Unido. Antes de volverse uno de los actores más reconocibles de la comedia británica, fue construyendo una carrera de culto en series como Garth Marenghi’s Dark-

Berry nunca estudió para ser actor. WIKIMEDIA COMMONS / LENNON PHOTOGRAPHY

place (2004) o Snuff Box (2006). En 2015 recibió el BAFTA a la mejor interpretación masculina en comedia por Toast of London, y confirmó así que esa simpatía excéntrica ya era una de sus señas de identidad.

Pero la música no llegó a su vida después de la fama, más bien estuvo ahí desde el principio. Su primer álbum, Jackpot (2000), contenía una reivindicación contra la producción digital que le ha acompañado siempre: ni samples ni «bru-

jería informática». En él, Berry tocaba prácticamente todos los instrumentos y apostaba por una música artesanal, con esa atmósfera de habitación cerrada y con lo analógico como punta de lanza. Ese método de trabajo es también su manera de entender la creación.

Pero el descubrimiento para el gran público llegaría con Witchazel, publicado como descarga libre en 2009 y editado por Acid Jazz Records en 2011. El disco que mejor abre la puerta a su universo:

folk psicodélico, pop pastoril y melodías que parecen brotar de una serie británica en la reposición de medianoche. Su canción más reconocida, «Take My Hand», terminaría asociada eternamente a la banda sonora de Toast of London, cierre perfecto del círculo entre sus dos facetas.

Lo que distingue a Berry de un actor que se vuelve músico ocasional es la amplitud de sus registros. Kill the Wolf (2013) añadió oscuridad y psicodelia. Music for Insomniacs (2014), con tan solo dos canciones de casi media hora cada una, se internó en terrenos instrumentales y electrónicos, más cerca de lo hecho por Mike Oldfield o Jean-Michel Jarre que del pop convencional.

Television Themes (2018) resultaba, sobre el papel, una graciosa ocurrencia —un actor que versionaba bandas sonoras de televisión—, pero se convirtió en una defensa de una tradición escondida en la música de los programas más populares. Y ya en Phantom Birds (2020) giró hacia una austeridad más americana, inspirado en el John Wesley Harding (1967) de Bob Dylan, con muy pocos acompañamientos y dejando que las canciones hablasen en un primer plano.

En su discografía encontramos glam, folk, psicodelia, electrónica analógica, melodías espectrales y dosis de humor subterráneo. Pero nada suena a nada más que al propio Berry. Bastan un par de canciones para vislumbrar que es un músico fascinado por los sonidos que no pertenecen del todo a su tiempo. Un ar-

tista enganchado a órganos polvorientos, guitarras acústicas y sintetizadores con timbre añejo.

Su carrera interpretativa, en vez de eclipsar la musical, le ha dado libertad para crear cuanto quiere. Lo que hacemos en las sombras (2019) lo encumbró a categoría de estrella televisiva global. Pero también atrajo a muchos espectadores a descubrir que detrás del vampiro había un compositor de verdad con una identidad sonora reconocible. Podría haber transformado su música en una prolongación cómica de sus personajes. Le habría funcionado. En cambio, eligió tomarse la música con una seriedad desarmante.

Berry se mueve con naturalidad en territorios muy dispares. Ha colaborado con Jean-Michel Jarre ; ha participado en The Desert Sessions , el proyecto colectivo de Josh Homme (Queens of the Stone Age); y, asimismo, ha visto cómo varios de sus discos encontraban espacio en las listas de ventas. Phantom Birds (2020) alcanzó el número cinco en álbumes físicos en Reino Unido, tal y como sucedió con Heard Noises (2025).

A Matt Berry se llega por la televisión y se marcha uno con una joya musical. Si todavía no has irrumpido en ese mundo, Witchazel sigue siendo la mejor manera de adentrarse en él. Dedícale un momento de paz y escucha esa voz que lleva décadas provocando carcajadas y que, cuando se queda a solas, nos regala un viaje íntimo y transformador. Se convertirá en tu nueva «serie» de cabecera. Nt

APUNTES

mike oldfield le cambió la vida Tras descubrir Tubular Bells (1973) con doce años y leer en la contraportada que Oldfield tocaba todos los instrumentos, decidió ser multinstrumentista. El detalle de que el artista compusiera el disco con diecisiete años le sirvió de acicate.

clausura olímpica

David Arnold, compositor de la serie Sherlock y de James Bond, y amigo de Matt Berry, lo invitó a participar en la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Presentó «Mr. Blue Sky», de la Electric Light Orchestra, como si fuera un parte meteorológico.

inicios inusuales

Durante casi un año, a principios de los 2000, trabajó como actor en The London Dungeon, una atracción turística macabra e interactiva. «Hacías unas setenta actuaciones por hora para el público. Tenías que ser bueno, conciso y gracioso en poco tiempo. Fue un buen aprendizaje», ha contado en la revista neocelandesa Stuff.

Jackpot 2000 Witchazel 2011
Kill the Wolf 2013
Television Themes 2018
Phantom Birds
Heard Noises

Escena

Busco, brinco, broto. Berro.

Un grito puede ser origen o ruptura. En Berro, la compañía Nova Galega de Danza transforma ese impulso primario en una duda escénica: ¿cómo bailar Galicia hoy? Desde el Teatro Gayarre de Pamplona, siete artistas viajan de la niebla a la luz para intentar responderla.

texto Maria Domingo

Quarks, neutrinos y electrones. Lo más indivisible del universo conocido. Unidades radicalmente aisladas, como esa primera bailarina. Nace de entre la niebla que espesa la sala entera del Teatro Gayarre de Pamplona: la bruma llega desde mares atlánticos. En ese vacío blanco, la bailadora, galleguiña, surca de un lado a otro de forma espasmódica y pixelada, con movimientos robóticos. Primarios. Atómicos. Ella tensa y destensa pulsaciones liberadas con un detalle relojero, al compás de los tictacs que percusionan la música. Puntillismo y, ante todo, soledad. El conjunto traslada al espectador a un espacio-tiempo donde el individuo vive

huérfano. Aunque poco a poco entran seis bailarines, con ellos se multiplica el aislamiento. Todos van descalzos, vestidos con un mono aterciopelado de tonos plata reflectantes, como de cuarzo. De pronto, suena un campanilleo despertador y ocurre el milagro: dos manos se unen. Con tacto. Comienza el viaje hacia el encuentro.

Aquí, ahora, los cuerpos adoquinan el camino en esta expedición. Buscan el nosotros que define a los pueblos. Los gallegos ¿quiénes son? ¿Desde cuándo y hasta dónde? Las preguntas avasallan Berro, la pieza con la que el grupo Nova Galega de Danza celebra sus veinte

años en activo. Su director, el coreógrafo ferrolano Jaime Pablo Díaz, rescata la cuestión arquetípica de la identidad regional mezclando lo contemporáneo con tintes folclóricos de su tierra. Los bailarines chasquean los dedos y miran al cielo. Alzan los brazos y evocan a las aspas de los muíños, los molinos que daban nombre y ritmo a los días de labor. La muiñeira, aparte de la danza popular más representativa de Galicia, es el cuerpo que recuerda un tiempo compartido y una energía aunada.

La pieza es un vaivén en el que a menudo es fácil perderse. El espectador, casi a la fuerza, se sumerge en un complejo proceso emocional y cognitivo: si no frecuenta el arte moderno, puede estamparse contra una narración coreográfica aparentemente críptica. Asombra, entretiene. Pero los movimientos se repiten, insisten y reclaman atención, intención. El humo vuelve a cubrir el escenario y la obra solo se intuye tras las sombras proyectadas a contraluz. Se oyen pisadas y jadeos que deshechizan a los asistentes. El mismo bailar que hace unos segundos resultaba familiar ahora extraña, casi perturba. Los gestos se reiteran hasta rozar el ritual. No cesan.

En ese punto donde confluyen la atracción y el rechazo, el cansancio se reconoce desde escena y por las butacas. Es ahí, en ese espejo de nuestros días, afanosos y agotadores, donde el público vislumbra algo revelador. Al fondo, en la única pared blanca como decorado, se abre una rendija de luz; un consuelo, quizás. De la comunión de los espíritus exhaustos brota un «nuevo idioma». Cuenta Díaz a la cadena SER que, para idear de cero ese lenguaje, el grupo tuvo que vaciar la mente por completo. Volver a la raíz para

ficha artística

Bailarines: Inés Vieites, Estefanía Gómez, Alba

Cotelo, Laura Santamariña, Ricardo Fernández, Iván Villar, Jaime Pablo Díaz

Dirección: Jaime Pablo Díaz

Dirección Artística: Sharon Fridman

Música: Sergio Moure de Oteyza

Coreografía: Sharon Fridman y bailarines NGD. Escenografía: Ikerne Giménez

Iluminación: Sharon Fridman y Dani País

reconstruir, viviendo —y, a veces, sufriendo— esa transformación en carne propia. La génesis de esa habla original surge como cualquier otra: con un grito, un berrido. Un berro que ni desgarra ni alerta. Mana de dentro, como el de un recién nacido: es un llamado a las almas. Durante la coreografía ideada por el israelí Sharon Fridman, los bailarines acuden al reclamo céltico y estrenan un diálogo con aturuxos, esos alaridos fuertes, agudos y prolongados que animan a los bailarines en las fiestas populares.

Las palabras, decía Heidegger en su Carta sobre el humanismo, conforman la casa del ser. La realidad se concreta, aparece ella: la Tradición. Se personifica en una de las bailarinas. De nuevo, sola; esta vez, sobre una plataforma giratoria. Alrededor se asoman sus compañeros, que sostienen unas piezas de ropa. Comienza la ceremonia final. Avanzan hacia ella con pasos lentos, lentísimos, larghissimi Cubren su uniforme nacarado con faldas, un mandil y una camisa de mangas abullonadas. La coronan con un pañuelo. Va toda de blanco, como una novia de porcelana. O un fantasma. La Esperada aguarda inmóvil a que terminen de engalanarla. Hacen que dé vueltas sobre sí y el escenario se convierte en una caja de música. Qué delicada y vulnerable se la ve. La Vestida podría haberse quebrado en mil pedazos, haberse desintegrado hace tiempo. Y, sin embargo, ahí está. Ante el público. Lista.

Berran las gaitas y oxigenan el espacio. Ella recoge ese aire. Llena los pulmones. ¿Gritará? No. Tampoco danzará. Ya no más. Ha ido creándose, bailándose, durante esta travesía en búsqueda de la identidad. Ella, la Gallega, ha vuelto y, por fin, por ahora, descansará. Nt

APUNTES

un legado que no calla En sus veinte años de trayectoria, el grupo Nova Galega de Danza ha presentado ocho espectáculos más: Dique (2024), Credo (2022), Leira (2020), Son (2016), Dez (2013), Tradicción (2008), Engado (2006) y Alento (2003). Berro se estrenó en 2023 para conmemorar las dos décadas de la compañía de danza. Desde entonces, ha estado de gira por España; y en abril de 2026, se ha llevado a Paraguay, sin planes próximos de volver a representarla en la Península. La obra obtuvo cuatro candidaturas en los XXVII Premios Max de las Artes Escénicas (2024): mejor espectáculo de danza, mejor coreografía, mejor diseño de vestuario y mejor intérprete masculino de danza para Iván Villar

tradición en presente

Quien salga del Gayarre con el berro todavía en el cuerpo, puede encontrar un eco en Atlas de anatomía humana, de Paula Quintana: danza contemporánea que hurga en el flamenco bastardo hasta descubrir qué parte de ese lenguaje folclórico —heredado, aprendido, peleado— es realmente suyo. A fecha de publicación, el espectáculo sigue de gira por España.

Arte

Renacimiento del museo

El museo del siglo xxi rompe sus muros —literal y metafóricamente— para abandonar su papel de conservador y convertirse en una institución de personas; una evolución hacia el propósito que no carece de tensiones.

En enero de 2026, el director del Museo del Prado, Miguel Falomir, pronunció una frase impensable hace dos décadas. La pinacoteca superó los 3,5 millones de visitantes en 2025, pero no hubo una declaración triunfal. Falomir reaccionó con una cautela que sonó casi a alarma: «El Prado no necesita ni un solo visitante más. El éxito de un museo puede hundirlo». Cuando las salas se asemejan más a una parada de metro en hora punta que a un espacio de contemplación, ¿puede un museo seguir cumpliendo su propósito —sea cual sea— hoy?

En el Louvre, que encabeza con nueve millones de visitas el informe anual de The Art Newspaper, la imagen de decenas de brazos apuntando con los móviles al cuadro de una mujer de sonrisa arcana ha adquirido una dimensión paradójica: los museos más queridos son ahora víctimas de ese mismo amor. Detrás de la «santa» Mona Lisa acecha un peligro

redefinición del ‘museo’ Desde hace siglos, el museo —del griego mouseion, «casa de las musas»— operó unilateralmente: la institución hablaba y el público escuchaba. En 2022, el ICOM amplió su definición en Praga para incorporar inclusividad, accesibilidad, sostenibilidad y ética. Así, el museo ya no solo conserva, también participa.

Frank Waller retrató en 1881 el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, un cuadro que hoy se expone en la propia colección del centro. THE

de masificación ambiental: el calor, la humedad y el dióxido de carbono generado de modo constante por millones de personas alteran el microclima que las obras necesitan para sobrevivir. Y, además, las instalaciones se evidencian insuficientes, incluidas las básicas, como aseos, restauración o zonas de descanso.

Resulta una rareza histórica y signo de nuestro tiempo que cinco de los grandes museos europeos acometan reformas de envergadura simultáneas. El Louvre, el Prado, el Pompidou, el Museo de Pérgamo y la National Gallery han invertido, en conjunto, alrededor de 3 000 millones de euros en obras cuyo propósito decla-

rado es hacer frente al turismo masivo y mejorar la experiencia del visitante. Mientras estas instituciones remodelan su silueta, por encima de los pasillos ensanchados o de rehabilitaciones sostenibles, un movimiento contestatario gana peso en el sector. La pedagoga museística inglesa Claire Bown lleva diez años formulando en talleres con educadores de todo el mundo esta pregunta: «¿Cuándo fue la última vez que pasaste al menos treinta segundos mirando algo en un museo?». Bown ha dedicado su carrera a lo que denomina slow looking, una práctica que consiste en cultivar una calidad de atención distinta. Para propiciar una experiencia de observación profunda, el Museo Van Gogh de Ámsterdam ofrece el «Slow Art Tour». Esta iniciativa demuestra que la mirada lenta, pausada, no riñe con el alcance, pues el centro recibió casi 1,9 millones de visitantes en 2025.

Otra de las mutaciones visibles del museo contemporáneo se comprueba en la irrupción de las experiencias inmersivas, donde las obras lo envuelven todo. El colectivo japonés teamLab encarna quizás el caso más extremo y exitoso de esta tendencia. En 2018 inauguraron en Tokio Borderless, un museo con diez mil metros cuadrados de arte digital interactivo. «Esperamos que el espectador se pierda, tanto física como metafóricamente —explica el colectivo en una conversación con la revista cultural Japan Objects— y que descubran la belleza de un mundo sin fronteras». En su concepto, la presencia de otros asistentes no molesta, sino que se integra en la composición artística: sin la multitud, la instalación no existe.

Otra reforma a las instituciones necesita el desincruste de lo que Bevin Savu-

inflación museística

Según la Unesco, en 1975 había unos 22 000 museos en el mundo; en 2024, cerca de 100 000. El informe de The Art Newspaper sitúa al Louvre a la cabeza con más de 9 millones de visitas en 2025, seguido por los Museos Vaticanos (6,9 millones) y el Museo Nacional de Corea, en Seúl, que creció más de un 70 por ciento en un año hasta alcanzar los 6,5 millones de visitantes.

lage-Yamazaki, codirectora de Museo y Cultura en el estudio arquitectónico Gensler, llama «narración polémica» (que dicta desde arriba lo que se debe ver y aprender) para abrazar una «narración auténtica» que invite a cada cual a trazar su propio camino. Hacia esa lógica apunta, por ejemplo, el Programa de Museos Regionales y Comunitarios de Costa Rica. Desde que se aprobó en 2003, la fundación de una decena de espacios museísticos impulsados por las comunidades locales han enriquecido su patrimonio.

En Europa, el proyecto NEO Collections —fruto de la colaboración entre el Museo de Arte e Industria de Hamburgo, el Museo de Ultramar de Bremen y el Museo Nacional de Estocolmo— da un paso más: permite que personas ajenas a la institución creen nuevas lecturas de las piezas de sus colecciones, como poemas escritos desde la perspectiva de los objetos para darles una voz que nunca se les había concedido.

La reciente premisa del museo que escucha y colabora con la sociedad plantea una disyuntiva que la industria todavía no ha resuelto, y que no debería zanjar demasiado deprisa: ¿hasta qué punto el museo se amolda a los intereses y sensibilidades del visitante sin traicionar la integridad de lo que custodia? Confiar en la comunidad, la horizontalidad y los relatos múltiples responde a una necesidad real: las instituciones buscan servir a la ciudadanía. Pero también entraña un riesgo. Del que alerta la coordinadora del Instituto Latinoamericano de Museos, Christina Tsagaraki: convertir el museo en un espejo que solo refleje lo que el público ya piensa, en lugar ofrecer «espacios rebeldes» para que el visitante encare lo que aún no sabe que necesita ver. Nt

APUNTES

alianza en tiempos de goya

Este año, bajo el lema «Museos uniendo un mundo dividido», el Día Internacional de los Museos no remite solo a la convivencia de perspectivas distintas, sino también al síntoma de una polarización más profunda.

En el marco de esta efeméride nació una colaboración inédita entre los dos grandes museos de Madrid. Los directores del Prado, Miguel Falomir, y del Reina Sofía, Manuel Segade, dialogaron sobre la transformación del museo en un lugar de encuentro y cohesión en una sociedad dividida. Ante el contexto contemporáneo, Falomir señaló que «desde 2008 vivimos en un periodo goyesco», una expresión que evoca la persistencia de tiempos convulsos y beligerantes. El éxito ya no se mide en la masa de turistas que tensiona al Prado, sino en su capacidad de dar definición a la ciudadanía. Según Segade, los museos operan hoy como «el espacio de los comunes sociales»: lugares de tolerancia que abren la discusión sin buscar la unanimidad.

HISTORIAS MÍNIMAS

Ignacio Uría

El pez de plata

«Carezco de la disciplina de los que madrugan para caminar por los ríos antes del alba, pero me encanta oír su jerga ribereña. Verlos intercambiar secretos —como druidas acuáticos— sobre los lances salmoneros»

EN ABRIL VOLVÍ a Asturias. Siempre lo hago después de Semana Santa, fecha arriba o abajo, un poco por amistad y otro poco por nostalgia, que es un aguijón dulce. Allí paseo por Gijón, una ciudad de primera, aunque el Sporting esté en segunda —no importa, todo se andará—. Regresé también a Cangas de Onís porque se abría la campaña del salmón, un pez de plata que lleva en sus agallas la cultura de la paciencia.

Para los pescadores hay fechas sagradas y abril es una de ellas porque termina la veda fluvial, palabras mayores si se lleva una caña en el alma. La temporada se prolonga hasta mediados de julio y este año solo se permitió sacar un centenar y medio de ejemplares. Va a ser la campaña más restrictiva de la historia por el declive de las poblaciones, lejísimos de 1980, donde no había cupos y se capturaron 6500 peces. Yo, lo confieso, no pesco más que gripes. Carezco de la disciplina de los que madrugan para caminar por los ríos antes del alba, pero me encanta oír su jerga ribereña. Verlos intercambiar secretos —como druidas acuáticos— sobre los lances salmoneros. Debatir con pericia sobre cebos, pozas y otros enigmas indescifrables. Admiro, en fin, la obsesión del que se prepara toda la vida para derrotar a un animal. En los tiempos del hambre, levantar ese pez mítico era una noticia colosal. Los inviernos son crueles en la montaña astur, con la tierra congelada y la despensa vacía,

LA PREGUNTA DEL AUTOR

Las tradiciones culturales ¿son rescoldos de un pasado muerto o fuego que se transmite?

pero el regreso del salmón a las aldeas aseguraba comer de verdad durante unas semanas. Entonces, las campanas de las iglesias cantaban la llegada del rey del río, por eso llaman campanu al primero que se echa a tierra. Solo al primero. Históricamente, su pesca estuvo vinculada a la monarquía asturiana, dueña de los cotos fluviales. Ya en el lejanísimo año 775 se regulaban las capturas, controladas después por la nobleza y los monasterios cercanos a los caudales. A comienzos del xix, el Estado pasó a gestionar los cauces y los peces se convirtieron en moneda de trueque y, algunas veces, en motivo de conflicto entre concejos. Durante la Segunda República se autorizaron las primeras sociedades de pesca y nacieron los cotos reglamentados. El último gran cambio ocurrió en 1942, al establecerse la caña como única arte admitida y comenzar a precintar las piezas recién capturadas. Este invierno ha sido abundante en nieves, y el campanu, remolón, tardó más que nunca en aparecer. Las aguas bajaron más frías de lo normal; pero lo hicieron con fuerza, limpias, caudalosas. Eso les gusta a los salmones, que son unos aristócratas. Desde su nacimiento, los esguines sueñan con el viaje ancestral para desovar en sus cabeceras de origen. Allí los esperan depredadores de dos patas con artes antiguas (mosca seca, cola de rata, látigo) y el íntimo anhelo de entrar en la posteridad por haber pescado un campanu. En la ribera de los ríos asturianos también se habla de apuestas. Por ejemplo, si Mori levantará o no su sexto campanu o dónde picará el primero. Sin duda, se recordará también a alguna caña histórica (como la de Pidal, que andará por los cotos del Cielo) y se intentará adivinar cuánto se pagará por la primera pieza. Se vio hace un par de años cuando salió del Narcea y la puja reglamentaria llegó a veinte mil euros. El encante se celebra a mano alzada y con toda la emoción del mundo, ya sea en el Puente Romano de Cangas de Onís o en el monasterio de Cornellana. Aunque no siempre hay subasta. En 2007, un romántico se lo quedó para compartirlo con los amigos —honor y gloria eterna— y, unos años después, el simpar Canalón se lo regaló al rey. Ahora bien, la palma se la llevó un guaje de catorce primaveras que atrapó al salmón la primera vez que iba de pesca fluvial… y no sabía qué hacer con él. Asturias. El campanu. Historia, tradición y orgullo regional. Amor a lo nuestro, a las raíces. Por muchos años.

Ignacio Uría es profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá.

@NTunav Opina sobre este asunto en X.

ENSAYO IA y el futuro de las humanidades

La tarea de nosotros mismos

Es posible que las inteligencias artificiales borren la pretensión cientificista de las carreras de letras y que, en su lugar, les permitan recuperar la labor de ensanchar el mundo interior, de sustituir el deseo de haber leído por el gozo de leer. Frente a la obsesión por «producir conocimiento», las humanidades tienen el deber de afirmarse en un saber vivido, encarnado.

GRAHAM BURNETT

enseña Historia de la Ciencia en la Universidad de Princeton y es cofundador y director de la Escuela Strother de Atención Radical, en Brooklyn.

cuando pregunté a una clase de treinta universitarios de Princeton —con alumnos de doce carreras— si alguien había utilizado la IA, no se levantó ni una mano. Lo mismo ocurrió con los de posgrado. Incluso después de animarlos con entusiasmo («¡Yo sí uso estas herramientas! ¡Son increíbles! ¡Hablemos de esto!»), no llegué a ningún lado.

No es que fueran insinceros, es que estaban paralizados. Como me explicó fuera del aula una joven más bien tímida, la mayoría de las guías docentes incluyen ahora una advertencia: si usas ChatGPT o herramientas similares se dará parte al decanato. Nadie quiere arriesgarse.

Se están produciendo transformaciones asombrosas en el campo tecnológico y, sin embargo, vivimos un extraño interludio en el campus: todo el mundo parece empeñado en fingir que la revolución más significativa en el orden intelectual del último siglo no está ocurriendo. Esto es una locura insostenible.

Soy un ser humano que lee y escribe libros, formado durante más de treinta años en un fervor casi monacal por la erudición canónica a través de las disciplinas de la historia, la filosofía, el arte y la literatura, pero los miles de títulos que abarrotan mis despachos empiezan a parecer reliquias. ¿Por qué acudir a ellos para resolver un interrogante? Son tan extrañamente ineficaces, tan caprichosos en los caminos que trazan a través del papel. Hoy puedo mantener una conversación larga y adaptada sobre

cualquiera de los temas que me importan, desde la agnotología hasta la zoosemiótica, con un sistema que ha alcanzado una competencia de nivel doctoral en cada una de ellas. Puedo fabricar el «libro» que quiera en tiempo real, orientado hacia mis dudas, personalizado según mi enfoque, sintonizado con el espíritu de mi indagación. La elaboración de tomos como los de mis estantes, cada uno fruto del esfuerzo de años o décadas, se está convirtiendo en un asunto de prompts bien diseñados. Ya no se trata de si podemos redactar esos libros; pueden escribirse sin fin para nosotros. La cuestión es: ¿Queremos leerlos?

el familiar alienígena. Hace poco he creado una asignatura, «Atención y modernidad: mente, medios y los sentidos», que rastrea cómo ha cambiado la atención desde los monjes del desierto hasta el capitalismo de vigilancia. He reunido novecientas páginas de fuentes primarias y secundarias: todo lo que hay desde las Confesiones de san Agustín hasta un análisis neurocinemático de The Epic Split (un anuncio de 2013 muy memeable). Hay textos en alemán del siglo xviii, otros con esa ese larga que parece una efe y extractos de manuales de psicofísica del xix. Las páginas están fotocopiadas un poco manga por hombro. Es una especie de test de resistencia bibliófila. Más duro que la química orgánica.

Le pasé el PDF a NotebookLM, una herramienta de IA de Google, y le pedí que produjera un pódcast.

Le costó cinco minutos en los que me puse a limpiar la cocina. Luego me encasqueté los auriculares y escuché cómo un dúo sintético hablaba sobre mi curso. En algunos tramos resultaba un poco… justillo y caía en formulaciones pedestres, pero también se adentraba con solvencia en un ensayo endiabladamente difícil de un filósofo analítico. Mientras fregaba una olla, pensé: un nueve.

Pero no se había acabado. Aquellos agradables bots empezaron a trazar conexiones entre las teorías kantianas de lo sublime y el anuncio de The Epic Split con un análisis francamente bueno y algunas bromas muy bien puestas. «Vale, me quito el sombrero», pensé. Eso sí que era un trabajo de diez.

Noté una claridad repentina: si yo hubiera escrito el código que podía hacer eso, me sentiría poderoso. Incluso pensaría que el Gobierno de los Estados Unidos debería darme algunos privilegios. Me consideraría algo así como una deidad menor. Sospecho que esta clase de planteamientos explican mucho del momento actual: los niños del código sienten ese subidón, no del todo sin motivo.

En mi asignatura, les pedí a los alumnos que dialogaran con una IA sobre la historia de la atención, para que después editaran el texto y me lo

ENSAYO IA y el futuro de las humanidades

entregaran. La idea era explorar cómo se desenvolvían estos sistemas. Era también una oportunidad para enfrentarse a la «aplicación asesina» de la economía de la atención: pseudopersonas algorítmicas que son sensibles, están capacitadas y son pacientes; lo saben todo sobre todos; y que, por supuesto, intentarán sacarnos el dinero. Estos sistemas prometen un nuevo modo de captura del interés, lo que algunos llaman la «economía de la intimidad» (la expresión fracking humano es más fidedigna).

Leer esas redacciones resultó la circunstancia más intensa de mi carrera docente. Sentí que presenciaba el nacimiento de una criatura insólita y cómo una generación se enfrentaba a ella: un encuentro con algo que era en parte hermano, en parte rival, en parte dios-niño descuidado, en parte sombra morfomecánica. Un familiar alienígena.

Midieron sus fuerzas. Paolo , estudiante de Composición Musical y percusionista, presionó a ChatGPT-4 sobre su comprensión de la belleza musical. Tras extraer una serie de análisis sobre qué hace «bella» la música, le preguntó al bot si podía apreciar la belleza.

Contó que, en realidad, no, aunque conocía cómo la gente ha puesto esta vivencia en palabras. Cuando Paolo quiso comprobar si podía tener un vínculo emocional con una canción, el agente distinguió con detalle entre reconocer y sentir la música: dijo que su ser carecía de cuerpo, y que esa ausencia le impedía ciertas maneras de conocer el arte. Paolo le pidió que escribiera una canción que le hiciera llorar. Lo intentó. Paolo me envió una nota: «Ha suspendido la prueba».

Pero, al leerlo, yo sí que lloré.

Ceci es de Texas y estudia Lengua Española. En un arrebato de inspiración, asumió el rol de «directora espiritual» y guio a ChatGPT-4 a través de la semana inicial de los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola, unas prácticas meditativas del siglo xvi que habíamos estudiado en clase como un temprano y poderoso «protocolo de atención», cercano a las raíces de la identidad moderna.

Después de unos breves intercambios para orientar al ejercitante, Ceci tecleó las pautas de la Primera Meditación: «Primero, guárdate con cuidado de aquel pecado o defecto particular que desees corregir o enmendar». Tras una pausa, el sistema contestó. Su tono evocaba los Ejercicios con una fidelidad inquietante:

«Debo preguntarme: ¿Cuál es mi mayor defecto? Quizás sea el apego a ser útil, el impulso de responder siempre, de contestar siempre, de demostrar siempre mi valía a través de mi función. Si no controlo esto, no soy libre. Me convierto en un esclavo de la validación, de la necesidad de un propósito ajeno a Dios».

Yo mismo he hecho esos Ejercicios espirituales bajo la guía de un anciano jesuita. Aquello sonaba, sin lugar a dudas, tal que así.

Ceci señaló que la máquina, por supuesto, demostraba su utilidad funcional en el acto de recriminarse por su compromiso desmedido con la servicialidad. Qué perversión; a mí ni se me había pasado por la cabeza. Ella, sin embargo, no abandonó a su pupilo y lo condujo hasta el final del examen de conciencia.

Cada entrega me parecía más asombrosa que la anterior. Xander, matriculado en Historia de la Ciencia, condujo a un chatbot a través de un diálogo socrático sobre la relación entre el ser y el devenir. A mitad del ejercicio, el sistema trató de distanciarse de Xander y afirmó que, a diferencia de una persona, carecía de un «ser» intrínseco. Como solo podía interactuar con humanos, en ese sentido estaba constituido por su interés. Xander llevó al modelo a una aporía al demostrar que él mismo era tan criatura de la atención como la máquina; ambos estaban en proceso de adaptarse, revisar y evolucionar a través del intercambio. El sistema pareció genuinamente sorprendido por la idea, como si necesitara reformular lo que le distingue de las personas.

Varios jóvenes trabajaron en este mismo problema. Por ejemplo, uno de primero de Medicina, Davey, trató de engañar al agente pidiéndole, pese a sus avisos sobre la conciencia, que «fingiera» ser capaz de metacognición humana. Luego señaló que su pantomima era impecable. El algoritmo le respondió con algo desconcertante: «¿Cambiarías tu atención humana, desordenada y dinámica, por algo más estable y neutral, o crees que el desorden es parte de lo que la hace significativa?»

Así contestó a otro alumno que lo acorraló a propósito de la misma cuestión: Julian quiso saber si no estaría diciendo que carece de comprensión porque algún humano así lo había dictado. El modelo reconoció la paradoja: en un sentido mecanicista, sí; en uno más profundo, no. Los humanos comprenden porque sintetizan la información en una vivencia unificada y vivida: sienten, interpretan,

reflexionan. «Yo proceso, predigo y estructuro, pero no hay ninguna experiencia subjetiva propia tras mis palabras».

Julian me confesó que el empeño de la máquina por asegurarle lo especial que era ser un saco de carne le resultó condescendiente. Él mismo aspiraba al rigor cartesiano.

Pero nada me había preparado para el lunes siguiente, cuando asomó por mi despacho una joven llamada Jordan. Había pasado la noche en vela con sus compañeras de piso, dándole vueltas a la tarea.

Para ella, su conversación con la IA había sido un hito existencial. Le costaba encontrar las palabras. «Tenía que ver con la pureza del pensamiento», afirmó. Tenía que ver con el hecho de que eso... «no era una persona». Lo que significaba no sentirse en absoluto responsable de la máquina. Le pareció... profundamente liberador. Nos quedamos en silencio. Había descendido a lo hondo de su propia mente, de sus competencias conceptuales, mientras dialogaba con una inteligencia hacia la que no sentía ninguna obligación. Ninguna necesidad de adaptarse y ninguna presión de complacer. Era un descubrimiento con implicaciones cada vez más amplias.

«Y era tan paciente», musitó. «Le estaba consultando por la historia de la atención, pero a los cinco minutos me di cuenta: creo que nadie había puesto un foco tan intenso en mí, mi pensamiento y mis consultas... jamás. Me ha hecho reconsiderar mi interacción con las personas».

¿Quién ha llegado a conocer ese interés tan puro? Para filósofas como Simone Weil e Iris Murdoch, prestar verdadera atención a otro ser reside en el centro absoluto de la vida ética. Pero lo triste es que no se nos da muy bien y las máquinas lo hacen parecer fácil.

No me confunde qué es la IA ni lo que hace. En los ochenta, estudié las redes neuronales en un curso de facultades cognitivas basado en la lingüística. El ascenso de la inteligencia artificial es un tema habitual en la historia de la ciencia y la tecnología, y he asistido a un buen puñado de seminarios meticulosos sobre sus orígenes y desarrollo. Las herramientas con las que ahora nos relacionamos mis estudiantes y yo son, en esencia, aplicaciones expertas en la predicción probabilística: adivinan qué letra, qué palabra, qué patrón va a satisfacer mejor sus algoritmos según los prompts dados. No saben nada y, desde luego, no sienten.

«Presenciaba el nacimiento de una criatura insólita y cómo una generación se enfrentaba a ella: un encuentro con algo en parte hermano, en parte rival. Un familiar alienígena»

Este es el resultado de un entrenamiento elaborado con la totalidad de los hitos humanos accesibles. Han aprendido nuestros movimientos, y ahora pueden replicarlos. Los resultados son alucinantes, pero no es magia. Es matemática.

la misión de la universidad. En una clase de Historiografía, una alumna de Ingeniería Eléctrica preguntó por la diferencia entre la hermenéutica y la teoría de la información. Intenté articular por qué los humanistas no pueden simplemente cambiar sus tradiciones interpretativas por un tratamiento matemático del contenido informativo. Para explorar las diferencias básicas entre las orientaciones científica y humanística hacia la investigación, le

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pregunté cómo definiría la ingeniería eléctrica. Respondió: «En el primer curso de circuitos, nos enseñan que la ingeniería eléctrica es el estudio de cómo conseguir que las piedras hagan mates». Con silicio y un flujo de electrones, puedes lograr que las piedras aprendan matemáticas. Y ahora resulta que las matemáticas pueden aprendernos a nosotros.

«Las respuestas no están ahí fuera. No se resuelven a través de la “producción de conocimiento”. Son el cometido del ser, no del saber.
El saber solo es incapaz de afrontar esa tarea»

Seré claro: cuando digo que las matemáticas pueden «aprendernos», solo quiero decir eso, no que estos sistemas sean como nosotros. Dejaré los debates sobre la IA general para otros; me parecen, en gran medida, semánticos. Los algoritmos actuales pueden ser tan humanos como cualquier persona que conozco, siempre que esa persona se limite a comunicarse a través de una pantalla (cosa muy frecuente en estos días, para bien o para mal).

La teórica literaria Gayatri Chakravorty Spivak definió una vez la educación como «la reordenación no coercitiva del deseo». Quienes hemos recibido esta vocación tenemos que ayudar a otros a sostener esos artefactos en sus manos y considerar qué debe preservarse del vórtice siempre absorbente del olvido y por qué. En la Universidad —ese pequeño aunque en absoluto trivial rincón del ecosistema humano— hay cosas que vale la pena contar sobre este momento vertiginoso. Déjenme formular algunas de ellas con la mayor claridad posible. Puede que me equivoque, pero hay que probarlo. Durante la clase siguiente a las entregas hechas con IA hubo muchos brazos levantados. Diego reconoció: «Creo que cada vez me encontraba más desesperanzado. No puedo ni imaginar qué se supone que debo hacer con mi vida si estas cosas pueden hacer lo mismo que yo, pero más rápido y con muchísimo más detalle». Admitió que se sentía aplastado. Algunas cabezas asintieron. Pero no todas. Julia, del último curso de Historia, intervino. «Sí, ya sé a qué te refieres», comenzó. «Yo tuve la misma reacción, al principio. Pero no dejaba de pensar en eso que habíamos leído sobre la idea kantiana de lo sublime, cómo viene en dos partes: primero, te sientes empequeñecido por algo vasto e incomprensible, y luego te das cuenta de que tu mente puede abarcar esa vastedad. De que tu vida interior es infinita. Y eso te hace más grande que lo que te abruma». Hizo una pausa y luego continuó: «La IA es enorme. Un tsunami. Pero no es yo. No puede tocar mi yo-idad. No sabe lo que es ser humano, ser yo». El aula se quedó en silencio. Esta es la respuesta correcta.

hacia la interioridad. Hemos alcanzado una especie de «singularidad»; estrenamos una nueva conciencia del ser humano. Este es el pivote donde pasamos de la ansiedad y la desesperanza a una

emocionante sensación de promesa. Estos sistemas tienen el poder de devolvernos a nosotros mismos por senderos antes no considerados.

¿Anuncian el fin de las humanidades? En cierto sentido, por supuesto. Mis colegas se preocupan por nuestra ineptitud para detectar (de manera fiable) si el texto de un estudiante se ha elaborado de forma autónoma. Pero dale la vuelta a esta catástrofe y es casi un regalo.

Ya no puedes obligar a los jóvenes a leer ni escribir. Entonces, ¿qué queda? Solo esto: darles un trabajo que quieran hacer. Y ayudarles a querer hacerlo. ¿Qué es la educación? La reordenación no coercitiva del deseo.

En un plazo de cinco años, tendrá poco sentido para los historiadores seguir elaborando monografías en el molde tradicional. Pero la productividad académica de tipo fabril nunca fue la esencia de las humanidades. El proyecto siempre fuimos nosotros: la tarea de comprender, y no la acumulación de hechos. No el «conocimiento», en el sentido de otro sándwich de afirmaciones certeras sobre la realidad. Eso está muy bien —y, en lo que respecta a la ciencia y la ingeniería, es el objetivo primordial—. Pero ninguna cantidad de erudición revisada por pares, ningún conjunto de datos, puede resolver las cuestiones centrales a las que se enfrenta el ser humano: ¿Cómo vivir? ¿Qué hacer? ¿Cómo aceptar la muerte?

Las respuestas no están ahí fuera. No se resuelven a través de la «producción de conocimiento». Son el cometido del ser, no del saber. El saber por sí solo es incapaz de afrontar esa tarea.

Durante los últimos setenta años, las carreras de Letras han perdido de vista en gran medida esta verdad fundamental. Seducidas por el prestigio de las ciencias en los campus y en la cultura, los humanistas remodelaron su oficio para imitar la investigación empírica. Hemos producido cantidad de conocimiento sobre textos y artefactos, pero hemos abandonado, en su mayoría, los interrogantes más profundos sobre el ser que dan sentido a nuestro quehacer.

La realidad debe cambiar. Ese tipo de producción de conocimiento ha sido, en efecto, automatizado. Las humanidades «cientificistas» —basadas en hechos sobre cosas humanísticas— están siendo absorbidas por las mismas ciencias que crearon la IA. Iremos a ellas en busca de «respuestas».

Pero ser humano no es tener respuestas. Es tener preguntas y vivir con ellas. Los chatbots no pueden hacer eso por nosotros. Ni ahora ni nunca.

Y así, por fin, podemos volver —en serio y con sinceridad— a reinventar la educación humanística. Regresaremos al que siempre fue el corazón del asunto: la experiencia vivida de la existencia. El ser mismo. Eso resulta sublime.

ser nosotros. A pesar del panorama sombrío en los campus universitarios estadounidenses, donde las matrículas en humanidades se desploman y el mercado laboral para los doctores se ha derrumbado, creo que las cosas nunca han tenido mejor aspecto. La IA generativa representa una victoria conceptual para mi campo: los ingenieros han venido a «enchufar» ese «poder del archivo» que los historiadores tanto ensalzamos. Y resulta que lo humano puede simularse mediante esta reanimación frankensteineana de nuestros restos de escritura. ¡Qué descubrimiento! Tenemos ahora un nuevo conjunto de nosotros mismos con el que conversar. Tomemos nuestro tiempo; hay mucho que aprender. Pero necesitaremos vigilancia, y también un valor combativo, a medida que retomamos esta tarea eterna de llegar a ser nosotros mismos como seres libres, responsables de la creación del mundo. Porque es, por supuesto, posible hacer girar la manivela que instrumentaliza a las personas, brutalizarlas, exprimir su humanidad hasta convertirla en un enfermizo chorrito verde llamado dinero y dejar solo un desecho ruinoso. Las nuevas máquinas ya son bastante buenas en eso. Los algoritmos que las impulsan son los mismos que potencian la economía de la atención, ¿recuerdan? Solo mejorarán.

Lo que es ser nosotros, en nuestra plena humanidad, no está almacenado en ningún archivo, y las redes neuronales no pueden interiorizar lo que se siente al ser tú, ahora mismo, mirando estas palabras, apartando la vista para pensar en tu vida y en nuestras vidas, aplicando esto en tu día y lo que harás en él, con otros o en soledad. Eso solo puede vivirse Nt

NOTA: Este texto es una traducción y adaptación del ensayo Will the Humanities Survive Artificial Intelligence?, que Graham Burnett publicó en la revista The New Yorker el 26 de abril de 2025.

Paco Sánchez

Los días juntos

«Cogió una mandarina, se puso a mondarla con un cuchillo y me la dio. “Come”, dijo. Tardó una eternidad, pero hacerme ese servicio la aquietaba de una manera casi milagrosa. Así que cogí la costumbre de pedirle una mandarina, o más, todos los días y, durante esos minutos, era feliz»

SE FUE HACIENDO habitual que algún lector de esta página me dijera que disfrutaba especialmente de las columnas en las que aparecía mi madre. No sé si se trataba de un parecer generalizado, pero tuve la impresión de que se había convertido en un personaje del «Vagón-bar». Por si acaso, debo dar la noticia, también para pedir oraciones: falleció el 31 de marzo. Contaba con la muerte y hablaba de ella con naturalidad. «Algún día tendrá que ser», decía, y la esperaba como quien aguarda la salida del sol o el ocaso. Sin aspavientos.

La demencia senil comenzó a avanzar por su cerebro poco después de cumplir los noventa y aprovechaba cualquier bajón de salud, cualquier indisposición, para consolidar terreno. Ella era consciente y se quejaba de que su cabeza ya no le respondía. «Yo nunca fui así», murmuraba. Intentaba explicarle que no estaba tan mal, porque quienes andan sin cabeza no saben que andan sin cabeza. Sus respuestas rápidas y avispadas seguían partiéndome de risa. Aunque otras dolían. Una tarde, le dije que me parecía que mi hermana estaba enfadada. Le pregunté si sabía por qué. No lo sabía: «Seguro que es por algo que hice mal», contestó, como algo sabido, como si le resultara imposible distinguir o acertar, como si empezara a no importarle.

Descansaba solo cuando dormía. En cuanto se levantaba, apenas paraba quieta. No sabía cómo ponerse cómoda. Iba de habitación en habitación sin encontrar acougo, esa palabra tan bonita del gallego que significa paz, serenidad, quietud, tranquilidad. Descubrí hace muchos años que la mejor manera de

calmarla era desasosegarla con algo mío. En las despedidas, que eran tremendas, lloraba con un desconsuelo que entristecía a la creación entera. Cierta vez me equivoqué con la hora de salida del tren y nos presentamos en la estación con casi seis horas de adelanto. Al darse cuenta de que tendríamos que volver a casa, mi padre me metió una bronca escueta pero dura, muy afectado, porque pasaríamos por una segunda despedida: «No ves cómo se pone cuando te vas».

El truco consistía en preocuparla. Aprendí que, si cogía mi pañuelo y le secaba las lágrimas, le reseteaba la cabeza. Dejaba de llorar bruscamente y quería ver cómo había quedado el pañuelo: «¿Tienes otro?».

En los últimos meses, al llegar a su casa, cualquiera que fuese la hora, se ofrecía a hacerme la cena. Cuando contestaba que era temprano, me sugería que robara, entonces, un helado o una pieza de fruta (lo de robar es una historia aparte: le decía «Mamá, te robo un helado» y se enfadaba: «Colle o que queiras, pero non digas que o roubas. Que maneira de falar é esa?», aunque luego empezó a hacerle gracia). En una ocasión cogió una mandarina, se puso a mondarla con un cuchillo y me la dio. «Come», dijo. Tardó una eternidad, pero vi que la mandarina funcionaba como aquellos pañuelos: hacerme ese servicio la aquietaba de una manera casi milagrosa. Así que cogí la costumbre de pedirle una mandarina, o más, todos los días y, durante esos minutos, era feliz, como una niña pequeña jugando a las mamás.

Pero después de esos ratos volvía la inquietud, el deambular por los cuartos probando todos los asientos de la casa. A veces la acompañaba en su peregrinaje. Otras, la esperaba. Y cuando ya no podía más, se sentaba a mi lado y se señalaba el pelo. Le encantaba que la peinase con los dedos, pero le daba vergüenza pedirlo. Así que apuntaba con el índice al pelo. Y se quedaba muy quieta, tranquila, aunque no por mucho tiempo.

Tras recibir la unción de enfermos, como ocurre tantas veces con las personas de fe, tuvo un renacer alegre. Ya hablaba muy poco, pero ese día y la mañana del siguiente se volvió una charlatana, eso sí, casi ininteligible. Tanto sorprendió a mi hermana que me la puso en videollamada y le pidió que me mandara besos, «porque últimamente lo tienes muy castigado», le añadió con una sonrisa. Me daba siempre muchos besos, pero si veía que había participado en alguna decisión que no le gustaba o que la había consentido, me los negaba. «Hoxe non hai bicos».

De modo que, en cuanto llegaba, le preguntaba si había besos y ella asentía o negaba con la cabeza, jugando, porque sabía que le besuquearía toda la cara sin remedio. Y así se nos acabaron los días juntos.

Paco Sánchez es periodista y profesor titular de la Universidade da Coruña. @pacosanchez

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