NUESTRO TIEMPO NÚMERO 725 MARZO 2026
Número 725 NUESTRO TIEMPO Marzo 2026
Política sin parlamento EE. UU. hacia la desinstitucionalización Lucía Solla Sobral Entrevista a la autora de Comerás flores ¿Giro católico? La religiosidad en el arte milenial
VENEZUELA DESPUÉS DE MADURO Caracas se pregunta si, tras el secuestro del dictador, volverá la democracia o se consolidará el madurismo.
«Donde deja de existir la esperanza, la moral no se sostiene» Fabrice Hadjadj en La suerte de haber nacido en nuestro tiempo.
LA PRIMERA Teo Peñarroja
Nota al pie El deseo es un impulso del pensamiento hacia el futuro. Un futuro que no encierra nada deseable es IMPOSIBLE. 1 Conviene detenerse un instante en esta breve anotación de los Cuadernos (19411942) de Simone Weil. Procede de El deseo, p 44 (Hermida Editores, 2024). El aforismo ofrece primero una definición: el deseo es un impulso, es decir, una fuerza que inicia un movimiento. Pertenece al reino del pensamiento, no al de la voluntad, como podría parecer. Se desea con la razón. El deseo no es, según este planteamiento, un impulso ciego anterior a todo raciocinio, sino una chispa que prende en el entendimiento. Se desea lo que se entiende que es bueno. Weil apunta también que ese movimiento se da hacia el futuro: el deseo se encamina a una posibilidad fuera del presente. La segunda mitad del texto es una reducción al absurdo resaltada incluso con el uso de las mayúsculas. El futuro es la posibilidad, pero la filósofa señala que cierta posibilidad es imposible, y esto es una contradicción en los términos. Por lo tanto, la forma positiva de la segunda mitad del razonamiento sería esta: «El futuro encierra por necesidad algo deseable». Este pensamiento, de apariencia ligera, encapsula una filosofía muy fina y una honda enseñanza educativa y política. Es posible que ese sea uno de los motivos por los que Simone Weil se lea tanto en pleno 2026, por los que Byung-Chul Han dedica
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LA VENTANA
Querido lector: Nos alegra mucho compartir que nuestro colaborador Fermín Torrano, reportero de guerra especializado en Ucrania, ha recibido hace unas semanas el premio
un libro a la hermenéutica de esta autora, por los que Rosalía imprime otra cita de Weil («El amor no es consuelo, es luz») en su celebrado disco: la cristiana «en el umbral de la Iglesia», la miliciana, la obrera, la mística, la tuberculosa, la pensadora, la joven muerta a los 34 años miraba el futuro con optimismo realista. En el futuro todavía hay algo deseable, y eso es mucho decir para las generaciones post-crisis, para quienes entraron en la vida adulta por la puerta del confinamiento y ven romperse bajo sus pies el viejo orden. La filosofía de Weil, sin obviar la precariedad ni las dificultades materiales del planeta y sus habitantes, no desconoce la hondura del misterio de Dios, ni tampoco el papel que juega el deseo en el desarrollo de una vida, de una generación, del mundo. Si alguien aspira de verdad a cambiarlo, debe tomarse en serio la cuestión del deseo. Educar la imaginación. Aprender a desear. Cuanto más nítida es la imaginación, cuanto más firme el deseo, mayor presencia cobra el futuro posible. En otro punto de sus Cahiers, Weil anota: «Debemos imitar el acto de crear, y hay dos posibles imitaciones —una real, la otra aparente—: conservar y destruir». O conservar o destruir, valiente dicotomía. El siglo xxi aspira a esta revolución: redactar una nota al pie.
Kurt Schork de periodismo freelance. Igual que resulta emocionante anunciar que Habitar el mundo, el tercer ensayo de nuestra colección, ya está en librerías. En este libro, la profesora Raquel
Cascales propone un recorrido filosófico por las estancias de una casa para comprender qué es la estética de lo cotidiano y cómo afecta a las grandes y pequeñas decisiones de nuestra vida. marzo 2026 Nuestro Tiempo —03
#725 GRANDES TEMAS
LA PROMESA ROTA DE OTRA VENEZUELA
La captura de Nicolás Maduro por parte de EE. UU. el 3 de enero ha supuesto un terremoto en la vida venezolana. Esta crónica explora desde el terreno la zozobra de una nación que no sabe qué pasará mañana. Virgilio González Briceño Página 8
Todos los fracasos que llevaron a Toy Story
Lasseter, Catmull y Jobs acabaron trabajando juntos por varios naufragios que propiciaron la existencia de la primera película tridimensional de animación. Toy Story cumple treinta años. Ignacio Laguía Página 30
Entrevista a Lucía Solla Sobral
Comerás flores, su novela debut, se ha convertido en un éxito editorial que ha sobrepasado todas las expectativas, especialmente las suyas. La forma de retratar el maltrato psicológico ha conectado con decenas de miles de personas. Daniel Dols Página 20
CAMPUS Y ALUMNI
«Somos sobrevivientes y ciudadanos activos»
Samer Yohanna, sacerdote iraquí, desgrana en esta entrevista la reconstrucción de las comunidades cristianas una década después del ISIS. Leire Escalada Página 68
La política estadounidense ya no se hace en el Congreso
El Congo se revela
El país que vio nacer la fotografía de denuncia en 1904 muestra en este fotorreportaje analógico en blanco y negro, como resistencia a la superabundancia de imágenes del sufrimiento, su rostro más esperanzador. Álvaro Hernández Página 40
NUESTRO TIEMPO 04—Nuestro Tiempo marzo 2026
Somos Nuestro Tiempo es la revista cultural y de cuestiones actuales de la Universidad de Navarra. Intentamos tomarle el pulso a la vida contemporánea desde 1954. Redacción Teo Peñarroja [Fia Com 19], editor. Ana Eva Fraile [Com 99], redactora jefe. Lucía Martínez Alcalde [Fia 12 Com 14] y Maria Domingo [Fia Com 25].
La política ha cambiado de manos y ahora son tribunales, think tanks y la calle misma quienes marcan la agenda. La anatomía de esta desinstitucionalización asoma también en España. Pablo Mariñoso Página 52
Entrevista a Sandra Ollo
La editora de Acantilado conversa con NT sobre el Nobel de Literatura, el arte de hacer libros, los meandros inesperados de la lectura y el secuestro de Zweig en un sótano de Barcelona. Juan González Tizón Página 78
Escuela de periodistas Adriana Chiriboga [Com 27], Andrés Toro [Fia Com 28], Covadonga Molina [Fia Com 30], Cristina Casado [Med 27], Valentina Valdez [Com 26], Mariana Villalobos [ISSA 27], Esteban Garay [Com 27], Andrea Blavia [PPE 26] y Lucía Boned [Com 26].
Fotografía Álvaro Hernández Blanco [Com 12], José Juan Rico Barceló, Manuel Castells [Com 87], Joan Tomás, Javier Naval y Samuel De Román. Ilustración Camila de la Fuente, portada; Leandro Alzate y Diego Fermín. Diseño Errea Impresión Gráficas Jomagar S. L.
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OPINIÓN
CULTURA
AHORA BIEN
CINE
MÚSICA
Incesante crecimiento Enrique G.-Máiquez
La voz de Hind, un cine que duele
LUX y el fin de la posmodernidad pop
FIRMA INVITADA
Críticas de cine Ana S. de la Nieta
Página 98
Página 18
Rodeos Laura Ferrero
Almudena C. Domper
Página 92
Página 94
Página 38
TIEMPO DE CIENCIA
ESCENA LIBROS
Wicked: antes del tornado
Joseluís González Página 86
Página 100
INMENSIDADES DE LA SOLEÁ
La tentación del infinito Álvaro Presno Página 60
DESDE LA REDACCIÓN
SERIES
Página 74
La revancha frente al algoritmo
MIND THE GAP
Página 96
Pedro y el pan Maria Domingo
Alberto Nahum
Sarajevo, amor imposible Andrés Toro
Reseñas de libros Ana Gil de Pareja, Nieves B. Jiménez, Teo Peñarroja, Maria Domingo, Rafael Casas, Álvaro Villagrán, Josean Pérez, Esteban Garay, David Cerdá, Lucía Boned, Pablo Mariñoso, Fernando García y Joel Eguíloz. Página 88
ARTE
Fernando Delapuente, un reencuentro con el color Clara González Página 102
ENSAYO
Página 84
EL GIRO
HISTORIAS MÍNIMAS
Pensar a contracorriente Ignacio Uría
Una generación lo tenía todo y descubrió que todo no valía nada. Y ahora, contra todo pronóstico, artistas milenials están haciendo algo impensable hace una década: preguntar por Dios. Muchos celebran un giro católico en la cultura. Se equivocan. Esto es otra cosa. Teo Peñarroja Página 106
Página 104
VAGÓN-BAR
Los cerdos sí nadan Paco Sánchez Página 112
Edita Universidad de Navarra Web nuestrotiempo.unav.edu Atención al lector Palmira Velázquez T 948 425 600 (Ext. 80 2590) pvelazquez@unav.edu
Maria Domingo
Reservados todos los derechos. Está prohibida la reproducción de esta obra, su incorporación a un sistema informático y su transmisión sin autorización previa y por escrito de la Universidad de Navarra. DL: NA 10-58 / SP-ISSN-0029-5795 La revista no comparte necesariamente las opiniones de los artículos firmados.
5579 ejemplares/ número (2025)
Member of CASE
PEFC/14-38-00073
El papel sobre el que se ha impreso esta revista proviene de bosques gestionados de forma sostenible. marzo 2026 Nuestro Tiempo —05
DISPAROS AL AIRE
ACABAR LAS COSAS. Se le quedó grabada a un jovencísimo
Alejandro Llano una respuesta que le dio Josemaría Escrivá a la pregunta «¿Cómo debo trabajar?». El santo le dijo: «Nuestro trabajo se distingue porque acabamos las cosas». El consejo es extremadamente sencillo, en teoría, aunque ponerlo en práctica requiere mucha virtud y capacidad técnica. Ser bueno. Bueno en lo suyo y bueno con los demás. Una mirada objetiva, cuantificable, certificará enseguida que España padece un momento crítico en su gestión, cuyo rostro más trágico y visible es el accidente letal de Adamuz: casi medio centenar de muertos por la falta de mantenimiento en las vías del tren. Se han repetido situaciones en las que un trabajo deficiente de sus responsables técnicos o políticos han desembocado en crisis o tragedias: Rodalies de Catalunya, la gestión de la riada de Valencia, el apagón. En las peluquerías y en los bares se repite que las cosas que funcionaban ya no funcionan. La vivienda, las pensiones, la inseguridad o las listas de espera en la sanidad pública son problemas muy complejos que requieren seriedad en el análisis y disciplina en la solución. A pesar de la dificultad que entrañan los grandes retos políticos y sociales de nuestro entorno, cabe recordarse, con el profesor Ricardo Piñero en Alfa y Omega, que «cuando los seres humanos nos ponemos a buscar soluciones, todavía podemos albergar cierta esperanza en que aún la vida buena es posible». Bastaría encargar esas tareas complejas e importantes a personas que se apliquen el consejo que impresionó a Llano. Gente capaz de acabar las cosas.
Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible Óscar Puente, ministro de Transportes del Gobierno de España; foto publicada en X (@oscar_puente) en enero de 2026
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marzo 2026 Nuestro Tiempo —07
Grandes temas ¿El fin del chavismo?
LA PROMESA ROTA DE OTRA VENEZUELA
La dictadura chavista, descabezada tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero, mantiene en su sillón a Delcy Rodríguez y al resto de sus figuras principales. Mientras tanto, María Corina Machado, la líder opositora que demostró el fraude electoral del que se valió Maduro para continuar en la presidencia, urge a su aliado norteamericano a que aumente la presión sobre el régimen bolivariano. En una situación en la que la república maniobra bajo las amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, las calles se reactivan con los clamores de los venezolanos que reivindican un cambio efectivo. texto Virgilio González Briceño [Com 20] ilustración Camila de la Fuente @camdelafu
08—Nuestro Tiempo marzo 2026
marzo 2026 Nuestro Tiempo —09
Grandes temas ¿El fin del chavismo?
E
mpieza en la madrugada. Estruendos como si la tierra se partiera por la mitad, uno seguido de otro, que hacen temblar el valle de Caracas. Y otro, y otro. A las dos de la mañana, varias columnas de fuego y humo ascienden dentro de la base aérea de la Carlota, ubicada en el este de la capital. Al mismo tiempo, varias explosiones sacuden el complejo militar de Fuerte Tiuna y destruyen las antenas de comunicación y radares en el Cerro Volcán de El Hatillo, así como el aeropuerto cercano a las playas de Higuerote, el punto más alejado de los otros objetivos. Al otro lado del cerro Ávila, que separa a Caracas de la playa, numerosos helicópteros de ataque Apache y de transporte Chinook despiertan a los residentes y lanzan misiles contra el puerto de la ciudad costera de La Guaira y el Círculo Militar de Mamo. Fernando, un hombre de mediana edad y bigote bien cuidado que declara con un pseudónimo para protegerse de represalias, se había levantado en medio de la noche para orinar. Iba a volver a acostarse cuando le atronó en los oídos el ruido de los proyectiles que impactaban contra la base aérea. «Yo creo que nadie durmió aquella noche», dice, recordando todas las llamadas de amigos y familiares que preguntaban por él, por los rumores y las ubicaciones atacadas. «No sabía qué iba a pasar: si eran soldados o nada más un bombardeo, pero nunca pensé que sería para llevarse a Maduro». Los caraqueños que se despiertan en la madrugada del 3 de enero telefonean, publican fotos y videos. Todavía retumba en el aire el sonido de los aviones y helicópteros estadounidenses que cumplen las amenazas de Donald Trump. La campaña en el Caribe, que desde agosto de 2025 hundió numerosas lanchas de supuestos narcotraficantes, había dejado más de 150 muertos en el mar. También bloqueaba el trayecto de los petroleros de la «flota negra», que buscaba transportar combustible a países sancionados por Estados Unidos como Irán y Cuba. En un edificio residencial de la ciudad de Higuerote, a 120 kilómetros al este de 10—Nuestro Tiempo marzo 2026
Caracas, Jonny salta de la cama cuando los bombarderos revientan el aeropuerto y hacen temblar todo el bloque de pisos. El cuarto del joven se ilumina con un fogonazo blanco. «Me encontré con los vecinos en el estacionamiento y algunos se fueron con sus familias y sus cosas», recuerda. «Mi familia y yo esperamos, nos quedamos. Pero, cuando escuchamos más aviones y disparos, decidimos resguardarnos en casa de unos parientes». En el tercer día de 2026, la lista de bajas sumó los nombres de 45 militares y cuatro civiles venezolanos. Una operación quirúrgica en la que murieron además 32 funcionarios cubanos que formaban parte de la guardia presidencial. Esta cifra prueba la infiltración del Gobierno isleño en el aparato estatal de represión, vigilancia y tortura, como lo señalan desde hace años numerosos reportes y testimonios. Todavía no ha salido el sol cuando un rumor empieza a circular entre las pantallas de los teléfonos. En momentos así, la desinformación corre libre y nadie sabe qué creer. Hará falta una publicación tres horas después en la red social Truth, propiedad de Trump, acompañada más tarde por una foto, para confirmar lo que muchos no se atreven a aceptar: un grupo de fuerzas especiales ha raptado a Nicolás Maduro, líder del Gobierno chavista, y a su esposa, Cilia Flores, para transportarlos hasta los Estados Unidos. la respuesta oficial. Mientras el júbilo se apodera del corazón de miles de venezolanos, la cúpula del régimen entra en pánico. La primera en aparecer como sustituta de Maduro es Delcy Rodríguez, que pasó de la vicepresidencia a juramentarse dos días después del ataque como presidenta interina en ausencia del mandatario secuestrado en una sesión de la Asamblea Nacional presidida por su hermano Jorge.
A las 6:35 de la mañana del bombardeo, los televisores muestran a Diosdado Cabello, ministro de Interior, Justicia y Paz, rodeado de militares y policías en una ubicación sin identificar. Cabello representa el nexo más cercano del chavismo con los servicios de inteligencia y la Policía. También dirige las acciones de los colectivos, grupos armados que han ejercido la defensa violenta y extrainstitucional del chavismo durante los episodios de represión más agresivosen los últimos diez años. Tras la captura de Maduro, Estados Unidos aumentó la recompensa que pesaba sobre la cabeza de Cabello hasta los veinticinco millones de dólares. En cambio, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, se ha retirado del frente público. Más allá de algunos mensajes institucionales, el general ha mantenido un perfil
UN GRUPO DE FUERZAS ESPECIALES HA RAPTADO A NICOLÁS MADURO, LÍDER DEL GOBIERNO CHAVISTA, Y SU ESPOSA, CILIA FLORES, PARA TRANSPORTARLOS HASTA LOS ESTADOS UNIDOS
MIENTRAS EL JÚBILO SE APODERA DEL CORAZÓN DE MILES DE VENEZOLANOS DENTRO Y FUERA DEL PAÍS, LA CÚPULA DEL RÉGIMEN ENTRA EN PÁNICO
marzo 2026 Nuestro Tiempo —11
Grandes temas ¿El fin del chavismo?
bajo hasta el punto de no tomar acciones para atender la crisis de las Fuerzas Armadas tras la humillación a las unidades antiaéreas y la guardia presidencial. Fuera de las fronteras venezolanas, la comunidad internacional entró en alerta. Apenas Israel y Argentina apoyaron en público la operación estadounidense, mientras que portavoces y mandatarios de Rusia, China, Corea del Norte, México, Brasil y España se pronunciaron en contra. Muchos se expresaron con más tibieza y destacaron tanto la ilegitimidad de la presidencia de Maduro como la necesidad del «respeto al derecho internacional» que esgrimieron los portavoces de Alemania, Italia y Finlandia. El clamor diplomático tuvo su contraparte siniestra: el silencio cubría Venezuela. Las amenazas seguían pesando sobre quienes soñaban con un país diferente. Como muchos, Fernando se sentía contento de que los norteamericanos se hubieran llevado a Maduro. «Pero las consecuencias fueron terribles. Andaba con una paranoia encima, llegaba temprano a casa por miedo a que la Policía me pidiera el teléfono», explica. Desde hace años decía que la única manera de salir del régimen era una intervención, aunque los primeros días temió que todo siguiera igual: «Menos mal que sí vemos cambios; pensé que esto iba a quedarse aquí, con la misma gente de siempre mandando». Es lo que pasó en julio de 2024. Las elecciones fraudulentas trajeron un
tiempo de manifestaciones… y también de represión y exilio. Aquel fantasma de hace dos años reapareció, aunque de forma atenuada, los días siguientes al 3 de enero. Donde los policías están ausentes, los colectivos se encargan de intimidar para impedir manifestaciones populares. Los paramilitares montan alcabalas —puestos de control— en algunas de las arterias viales más importantes de la capital y otras ciudades. Paran el tráfico,
LAS ACTAS ELECTORALES DECLARABAN COMO GANADOR AL CANDIDATO OPOSITOR, EDMUNDO GONZÁLEZ URRUTIA 12—Nuestro Tiempo marzo 2026
exigen a conductores y pasajeros que entreguen los teléfonos móviles, inspeccionan sus mensajes y detienen a los que han celebrado la captura de Maduro y Flores. Todo bajo el amparo de la declaración de conmoción externa firmada por Maduro en septiembre y ampliada por los Rodríguez en enero, un estado de excepción que criminaliza cualquier mensaje que pueda interpretarse como un apoyo a los Estados Unidos.
un régimen bajo presión. Desde su residencia en Mar a Lago, Florida, Trump anunció en una rueda de prensa, justo después de la captura de Maduro, que Estados Unidos «se haría cargo» de Venezuela. En ese preciso instante, la cúpula chavista inició una transformación interna diseñada para permanecer en el poder, mantener su estructura represiva y, simultáneamente, aparentar que acompañan la transición propuesta por un Gobierno extranjero. Mientras pasaban los días, los líderes del madurismo, ahora encabezados por Delcy, transformaron su tono combativo por uno más sereno, incluso pasivo. Anunciaron cambios en ministerios como los del Despacho de la Presidencia, de Transporte y el de Información y Comunicación al inicio de la tercera semana del año. También detuvieron al colombiano Alex Saab, testaferro de Maduro, que había sido liberado por Estados Unidos en un intercambio de presos y convertido en ministro de Industrias y Producción Nacional. Tarek William Saab, figura histórica del chavismo, renunció a su cargo como fiscal general. La llegada el 31 de enero de Laura Dogu, anteriormente embajadora en Honduras y Nicaragua y ahora encargada de negocios de Estados Unidos en Caracas, y la visita del secretario de Energía, Chris Wright, que apareció en medios con la presidenta interina, fueron gestos de un régimen que buscaba cumplir con ellos. Trump se había fijado como objetivo reducir la influencia de Rusia, China e Irán mucho antes de la operación del 3 de enero. Se trataba de un asunto de sumo interés en Washington para evitar escenarios como la crisis de los misiles de Cuba en 1962. El Ejecutivo estadounidense se arrogó de inmediato todas las decisiones respecto a la industria petrolera venezolana, y la primera que tomó fue minimizar el papel de sus rivales geopolíticos en el negocio del crudo. Los planes de reorganización de la infraestructura petrolera, que todavía se encuentra en una situación precaria, se dirigían al favorecimiento de Estados Unidos, con el cese
UNO DE LOS MOTIVOS PARA MANTENER AL CHAVISMO EN EL PODER, AUNQUE SEA TEMPORALMENTE, ES SU CONTROL DE LAS FUERZAS DE SEGURIDAD de las colaboraciones con sus enemigos y con cincuenta millones de barriles de petróleo, además del control de los ingresos, según declaraciones de Trump el 6 de enero, por mucho que repitiera que también beneficiaría a los venezolanos. A esto se orientaron el levantamiento de sanciones, la reforma de la Ley de Hidrocarburos a finales de enero para incentivar la inversión privada y la atracción del interés de petroleras occidentales. ¿Por qué, entonces, colabora la dictadura con la estrategia estadounidense? Varios analistas consultados (que han preferido no revelar sus identidades) creen que para ganar tiempo, retrasar el cumplimiento de compromisos y reforzar su control sobre el aparato estatal. Rememorar el Acuerdo de Barbados en 2023, cuando los chavistas prometieron garantizar elecciones justas a cambio de aliviar las sanciones de Estados Unidos, todavía pesa sobre la memoria colectiva. Según Benigno Alarcón, fundador del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello, la cúpula chavista «siempre ha sabido aprovechar las coyunturas para perpetuarse en el poder. Muchos actores cercanos al Estado y a sus recursos tienen la expectativa de que se mantenga el statu quo». el papel de maría corina machado. La opositora María Corina Machado, que desde 2024 ha sido la cara visible de la lucha contra Maduro, recibió en diciembre el premio Nobel de la Paz. A lo largo de los últimos meses, sin embargo, ha visto disminuido su protagonismo frente a los nuevos interlocutores chavistas. Después de escapar de un intento de secuestro en enero de 2025 en medio
de la debacle poselectoral, tras permanecer durante meses en la clandestinidad y salir de Venezuela por mar evadiendo los controles para recibir el galardón, Machado sigue en el exterior buscando el apoyo necesario para reivindicar los resultados de las elecciones de 2024. Las actas electorales recogidas y divulgadas por su plataforma política, el Comando Con Venezuela, declaraban como ganador al candidato opositor, Edmundo González Urrutia, frente al Consejo Nacional Electoral venezolano, que se negó a publicar sus propias actas. Pero la relación con el Ejecutivo norteamericano ha desplazado a Machado. Trump señaló en una rueda de prensa que «no tiene apoyo ni respeto dentro de su país», y su secretario de Estado, Marco Rubio, destacó que «la mayoría de la oposición no está presente ya dentro de Venezuela» para justificar su aval a Delcy como principal interlocutora. Con el propósito de recuperar la línea de comunicación directa con Trump, Machado le entregó su medalla del Nobel el 15 de enero, un reconocimiento que el mandatario deseaba. El gesto parece haber funcionado: tras reunirse con ambos políticos en Washington, María Corina declaró que «la transición a la democracia tendrá lugar» gracias al «respaldo de las democracias más importantes del mundo», señalando de modo particular a Trump y Rubio. Sin embargo, no logró persuadirles de que la prefieran a Delcy, quien, en palabras del presidente, ha «demostrado un liderazgo muy fuerte». Uno de los motivos para mantener el chavismo, aunque sea temporalmente, es su control de las fuerzas de seguridad y los cuerpos informales armados, sobre los cuales Machado no tiene influencia. «A los Estados Unidos siempre se les ha vendido que esto se va a convertir en Irak o en Afganistán si quita al Gobierno actual, y hay temores de que los colectivos, los militares o la Policía se vuelvan un peligro. Pero están sobredimensionados y marzo 2026 Nuestro Tiempo —13
Grandes temas ¿El fin del chavismo?
frenan el proceso de transición», explica el investigador Alarcón. Juan José Monsant, exembajador venezolano con una larga trayectoria en seguridad y defensa, admite que el interinato de Rodríguez podría ser «necesario para garantizar la gobernabilidad los primeros meses, aunque no puede prolongarse más allá». El riesgo, en caso de que permanezca la cúpula chavista, es el gatopardismo: que se perpetúe lo que Montsant califica de «un sistema de bandidos y violadores de los derechos humanos, un madurismo sin Maduro». La medida estrella de esta transición en curso ha sido la Ley de Amnistía aprobada el 20 de febrero. Sus disposiciones y la aparente arbitrariedad de su aplicación han sembrado dudas entre los venezolanos. Diego Casanova, miembro del Comité por la Libertad de los Presos Políticos de Venezuela (CLIPPVE), insiste en que el texto «deja a muchos presos políticos fuera», cerca de cuatrocientos. Considera que «el régimen cumplirá con la amnistía de forma discrecional para garantizar su propia impunidad, ganar tiempo y amenazar a la oposición para que no se movilicen». el frente de los presos políticos. En la tarde del 8 de enero, en la avenida Victoria, se reúne un pequeño grupo al que la Policía impide ascender por la cuesta asfaltada hasta la entrada del Helicoide, el centro de torturas más grande del país. El edificio, símbolo de los horrores de la dictadura, tiene una estructura de dos espirales que forman rampas y se elevan como una pirámide. Es un espacio adecuado para los diseños iniciales, de 1956: iba a ser un centro comercial. A la vereda van llegando cada vez más personas —activistas, familiares, periodistas— para esperar a que suelten a alguien, a quien sea. Jorge Rodríguez ha anunciado hoy que se liberará a «un número importante de presos». No ha especificado que se trate de los detenidos por motivaciones políticas, pero así lo han entendido los familiares que llevan esperando varios meses o hasta años. La opacidad del régimen impide un recuen14—Nuestro Tiempo marzo 2026
to exacto de quienes fueron encerrados después del pucherazo de las elecciones o en medio de las numerosas crisis y protestas que han marcado al país desde la llegada al poder de Hugo Chávez Frías, predecesor político de Maduro. Varios de los que aguardan dicen que sus allegados no cometieron delitos: algunos participaron en actividades políticas de la oposición, sin quebrantar la ley; otros ni siquiera estaban involucrados en política. Leticia es una de las que nunca ha tenido nada que ver con partidos ni elecciones. Sigue detenida tras ser condenada en 2025 por conspiración con Gobierno extranjero. Había ayudado a una colaboradora de Machado a cambiar su línea telefónica. María Virginia, su hermana, la buscó durante tres semanas, hasta que las autoridades revelaron su ubicación. Por eso no duda en hablar de una desaparición forzada. «Mis papás no saben que ella está presa, tienen la salud muy delicada y esta noticia sería fatal para ellos —dice—. Yo la voy a esperar; no me gustaría que saliera y no hubiese nadie aquí». El hermano de Diego Casanova había salido de la cárcel antes de 2026. Lo habían detenido en las manifestaciones poselectorales, acusado de terrorismo. Diego, de CLIPPVE, acude de todos modos al Helicoide para tratar de presionar al régimen con su presencia allí: «Nos cuentan los familiares que los maltratan, que no les dan comida, que los golpean por reclamar agua». Diego y los demás, que llevan horas esperando en las inmediaciones del Helicoide, reciben la noticia de que cinco presos españoles han sido repatriados. Los habían encerrado en circunstancias diversas y rocambolescas. Por ejemplo, a Andrés Martínez y José María Basoa los acusaron de pertenecer al CNI y urdir una conspiración para asesinar a Maduro. La detención se produjo en septiembre de 2024, cuando Margarita Robles, ministra de Defensa, dijo que Venezuela era una dictadura. También han excarcelado al activista político Biagio Pilieri y el excandidato presidencial Enrique Márquez. Los han transportado en unos
vehículos que han pasado al lado de los reunidos en la acera. Sin embargo, no cuentan con una libertad plena: quedan bajo medidas cautelares que les prohíben salir del país y los obligan a presentarse ante los tribunales todos los meses. Hasta el cierre de esta edición, y a pesar de la Ley de Amnistía, sigue habiendo 568 presos políticos, según la ONG Foro Penal. Otras organizaciones, como el partido Voluntad Popular, denuncian que son miles los no registrados como reclusos. En palabras de Casanova, el objetivo fundamental de quienes luchan a favor de los presos políticos es la libertad inmediata e incondicional de todos ellos, así como el desmantelamiento del aparato represivo. Las condiciones de la amnistía y los regímenes de los excarcelados han generado reticencias respecto a las intenciones de Delcy Rodríguez, que se refirió a un proceso de «reconciliación nacional». El texto de la nueva ley no amparará los delitos sobre violaciones a los derechos humanos, de lesa humanidad, homicidio, lesiones gravísimas, tráfico de drogas ni los previstos en la Ley contra la Corrupción. Una disposición que afecta a muchos que encarcelaron por protestar, por participar en actos y campañas políticas, por expresarse en contra del régimen… Casanova señala que «los que cometen crímenes de lesa humanidad han sido los funcionarios del Estado. A los que ellos acusan ahora de terrorismo los detuvieron en contextos de persecución política y los usaron como propaganda para el control social». Su organización, el CLIPPVE, sostiene que la ley debería asegurar la anulación de las medidas cautelares. Como no lo hace, algunos de los liberados lo han solicitado, aunque sin éxito, en los tribunales venezolanos. «Los expresos como mi hermano, que siguen siendo investigados, viven con el miedo de ser detenidos de nuevo si los jueces dicen que no se portan bien», advierte. Un abogado involucrado en casos de presos políticos comenta que el régimen controla el poder judicial desde hace más de veinte años. Escogen a dedo a los jueces y fiscales y castigan con severidad las
EL OBJETIVO FUNDAMENTAL DE QUIENES LUCHAN A FAVOR DE LOS PRESOS POLÍTICOS ES LA LIBERTAD INMEDIATA E INCONDICIONAL DE TODOS ELLOS
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Grandes temas ¿El fin del chavismo?
UNA MOVILIZACIÓN ASÍ NO SE VEÍA DESDE ANTES DE 2020, CUANDO CADA MANIFESTACIÓN SE ENFRENTABA A LA VIOLENCIA ESTATAL Y LA CENSURA
sentencias desfavorables, por lo que no pueden llevar a cabo una amnistía «que responda a las necesidades y exigencias de la sociedad». Y continúa: «La justicia no es autónoma; no tiene presupuesto ni recursos y se somete a los dictámenes del Gobierno. Hace falta una reestructuración del sistema, incluidos los fiscales y la Policía». Monsant es más tajante: «El chavismo presenta la ley de amnistía como un borrón y cuenta nueva porque saben que los persiguen inclusive en la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad y atentados contra los derechos humanos». La controversia no se despega de esta norma que promete en su texto «una amnistía general y plena de los delitos o faltas cometidos en el marco de los hechos y el ámbito temporal» de turbulencia política para poder «promover la paz social y la convivencia». María Corina Machado también criticó durante una intervención en el Hay Festival en Cartagena de Indias que esta ley «no es una decisión voluntaria del régimen», sino que «responde a una presión real de Estados Unidos». Según la líder opositora, «el aparato represivo del régimen» es lo único que lo sostiene, por lo que su desmantelamiento sería «el fin de la tiranía». Además mostró su apoyo a un futuro proceso electoral en el que, está convencida, será elegida presidenta. Así, la amnistía representa el frente más importante para los movimientos de oposición, la principal bandera en una nueva ola de manifestaciones y marchas de unas plataformas envalentonadas por la intervención de Estados Unidos. Una de las de mayor impacto fue la de Juan Pablo Guanipa, mano derecha de Machado, al que las fuerzas de seguridad secuestraron en mayo de 2025. Lo excarcelaron el 8 de febrero y tan pronto pisó la calle se unió a una caravana de motos para visitar los centros penitenciarios donde siguen encerrados otros presos políticos. 16—Nuestro Tiempo marzo 2026
Esa misma medianoche, varios hombres armados y vestidos de civiles lo secuestraron, y al cabo de casi 36 horas reapareció en su casa en Maracaibo bajo régimen de arresto domiciliario. Pero el impacto de su iniciativa, por breve que fuera, repercutió de inmediato en la oposición, que esperaba una señal así. El 12 de febrero, el Día de la Juventud, la Universidad Central de Venezuela, escenario de algunos de los episodios de protesta y represión más crudos de la última década, vuelve a ser el punto de partida del movimiento estudiantil, que levanta la voz a favor de la liberación de los presos. Las fotos y videos de años anteriores muestran cuerpos inertes y sangrantes, armas de fuego apuntadas contra jóvenes con piedras y escudos de cartón, motos de manifestantes que alejan de la concentración a los heridos y las de los policías que los secuestran. Afuera de la Universidad, la Policía bloquea el acceso desde Plaza Venezuela, y los empleados del centro no permiten el paso a los manifestantes por la entrada más próxima. Pero incluso los que pasan cerca pueden escuchar el clamor: «Todos son inocentes, ninguno es delincuente». En el asfalto de las calles que llevan al rectorado se pueden leer aún en pintura blanca los nombres de universitarios asesinados desde 2014: Robert Redman, Bassil Dacosta, Génesis Carmona y Orlando Figuera son algunos de los más de trescientos nombres dispuestos en doble columna, emborronados por el tiempo. Funcionan casi como una flecha que dirige desde la entrada hacia la masa de banderas y carteles de miles de personas que gritan a favor de un cambio.
Entre quienes los apoyan se encuentra Américo de Grazia, exdiputado de la Asamblea General por la Mesa de la Unidad Democrática, la coalición que encabeza María Corina Machado. Los protagonistas de este día no pueden ser los partidos, dice De Grazia, que fue excarcelado en agosto de 2025 después de pasar más de un año recluido tras su detención en las protestas de 2024. «Opino que la oposición tiene el liderazgo de Machado, pero le falta un centro de dirección política», expresa. Piensa que uno de los mayores obstáculos en el futuro será la superación de la «cultura antidemocrática» que ha marcado la historia del país y que permea incluso al liderazgo opositor, que «tiene que incorporar a los estudiantes, a los alcaldes, diputados, sindicatos y otros actores a los que no ha consultado antes» en vez de excluirlos. En una silla de ruedas, el periodista Ramón Centeno se refugia bajo la sombra de un árbol. En 2022 lo detuvieron mientras investigaba una trama de tráfico de drogas que involucraba a miembros de la Asamblea Nacional y salió de la cárcel hace un mes. Su madre murió el 27 de enero, apenas trece días tras haberse reunido con él. «Se está perdiendo el miedo que acumulamos después de la represión increíble que sufrimos», afirma Centeno. «Yo pasé cuatro años así, amarrado —dice, juntando las muñecas—. Ahora abro las manos, incluso para mis verdugos, porque tengo el pecho henchido de tristeza, pero también de la esperanza de que nos liberen a todos». Unos metros más allá, los universitarios chillan pidiendo la libertad de quienes siguen encerrados. La bandera tricolor ondea a lo largo de la calle que los saca del campus; una movilización así no se veía desde antes de 2020, cuando cada manifestación se enfrentaba a la violencia estatal y la censura. El sol cae sobre los muchachos, sobre los activistas, sobre los familiares de los presos políticos. Algunos salen a las calles como lo han hecho las últimas dos décadas; otros, por primera vez. Nt
UNO DE LOS MAYORES OBSTÁCULOS EN EL FUTURO ES LA SUPERACIÓN DE LA «CULTURA ANTIDEMOCRÁTICA» QUE HA MARCADO LA HISTORIA DEL PAÍS
marzo 2026 Nuestro Tiempo —17
AHORA BIEN Enrique García-Máiquez
Incesante crecimiento
Si él, que tan bien sabe escribir, cree que los columnistas católicos citamos demasiado a alguien, lo suyo es bajar él la media escribiendo columnas católicas en las que jamás se cite a Chesterton. Nombrarlo, siquiera para pedir que no se le nombre, es nombrarlo. Su eco sigue resonando. El propósito de escribir sin citarlo deviene más hacedero y fructífero. En segundo lugar, yo protestaría contra esta costumbre contemporánea tan extendida de protestar contra cualquier costumbre que se extiende. Soy muy aficionado al haiku, esta estrofa japonesa de tres versos blancos, que, por cierto, jamás practicó Chesterton. En España ha arraigado especialmente bien. En parte, porque los extremos se tocan, y del Extremo Oriente al Extremo Occidente existen una serie de curiosas afinidades que llamaron la atención del samurái Mishima, tan hidalgo de espíritu, por ejemplo. En nuestra propia tradición hay mucha base de poemas brevísimos, como la soleá. El caso es que enseguida, nada más escribirse apenas media docena de libros de haikus, ya empezó la gente a decir que se Cada vez se cita más a G. K. Chesterton, escribían demasiados haikus. ¿Cómo vamos a hacer una tradipero no es un tic ni caprichoso ni perezoso. ción y una escuela si todo lo que sea aprendizaje, repetición, humildad y veneración a los maestros rechina para este tiemSu crítica profetizó la posmodernidad y nos po de masas y tan fanático de la originalidad? Imaginemos lo dio las dos armas —humor y valor— para que habría pasado si, tras Garcilaso y Boscán, se hubiesen afrontarla. puesto pesados los críticos con que se escribían demasiados sonetos y que la moda itálica era una impostura. ¡Qué Siglo ENGO UNA GRAN SIMPATÍA hacia el periodista de Oro nos habríamos perdido! La repetición y el reconocimiento de unos referentes comunes cristalizan en grupos y Yago González. Por alumni —orgulloso de serlo, en corrientes que son indispensables en la construcción de como corresponde— y por atento a todo lo que se mueve en los medios con un punto de generosidad y un estilo y de una época. Aquí está, de nuevo, Chesterton. Al escritor inglés le pasa otro de exigencia. Eso no significa que comparta todo lo que concluye, como él, en justa correspondencomo a su personaje Domingo, de El hombre que fue Jueves. cia, no lo hace con lo mío. La admiración no es identificación, Cada vez que lo miramos es más grande, no en el sentido de sino reconocimiento del talento y de la honradez. los kilos (como él habría bromeado), sino en su talla intelecCon todo el talento del mundo y la honradez, Yago se equi- tual. Apenas hay problema de este tiempo que no viera venir. voca al protestar con rítmica frecuencia de que los columnisNo lo citamos para reírnos con sus cosas (no principalmentas católicos citemos de más a G. K. Chesterton. Por supues- te), sino porque nos advirtió de mucho de lo que se venía. Y to, no se equivoca al constatar que lo citamos. Y mucho. Yo, nos dio un modo de afrontarlo muy católico: que no rebaja la de hecho, le pido a la inteligencia artificial, verdad pero no pierde el humor. La lucidez solo cuando he acabado mi artículo, que me y la risa nos hacen tanta falta en esta época LA PREGUNTA DEL AUTOR dé consejos para acercarlo al estilo de Enrimoderada por los dos cabos: ni es valiente que García-Máiquez. Por lo general, opina ni es risueña. ¿Siente el lector católico que aún me falta para llegar al nivel de E.GLe doy la razón a Yago González en algo. que se habla demasiado M., lo que a la vez me halaga y me irrita, si Sería un signo esperanzador que pudiésede Chesterton? mos citar menos a Chesterton en los tiembien me halaga un poco más. Se ve que en pos venideros. Significaría que habría que conjunto estoy mejor que al detalle, y que combatirlos menos. Mi pronóstico, sin emde lejos gano, no solo en las fotos. Pero hay bargo, es que, estando las cosas como están, una cosa que la IA me pide invariablemente vamos a tener a Gilberto hasta en la sopa. que divertirá a Yago González. Si de verdad quiero acercarme al modo de Enrique GarEnrique García-Máiquez [Der 92] es poeta cía-Máiquez, incluye —me ordena— una y ensayista. @EGMaiquez cita de… Chesterton. O sea, que sí que lo cito muchísimo, @NTunav aunque no siempre. Con lo que no estoy Opina sobre este asunto en X. de acuerdo es con la protesta de Yago. Primero, porque la quejumbre es pasión inútil.
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Grandes temas Un éxito inesperado
Lucía Solla Sobral «Con urgencia no se puede construir una relación sana» Comerás flores, la novela debut de Lucía Solla Sobral, se ha convertido en un éxito editorial que ha sobrepasado todas las expectativas, especialmente las suyas. La forma de retratar el maltrato psicológico que sufre la protagonista ha conectado con decenas de miles de personas. texto Daniel Dols Bruno [His Com 19] fotografía Samuel De Román
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marzo 2026 Nuestro Tiempo —21
Grandes temas Un éxito inesperado
un taller de escritura. una mujer que escucha a otra a través de la pantalla de un ordenador. Un relato. Lucía Solla Sobral (Marín, Pontevedra, 1989) presenta lo que algún día quiere convertir en una novela desde el mismo cuarto donde teletrabaja para el departamento de marketing de una empresa. Al otro lado de la videollamada, Marta Jiménez Serrano, autora, entre otras obras, de Los nombres propios y Oxígeno, le habla de tipos de tramas, de estructuras, de personajes. Cuesta mucho, pero un día sale una escena. Después otra. Cuando ya hay un inicio, un nudo y un desenlace, manda el manuscrito a una editorial independiente: Libros del Asteroide. Llega una llamada del editor, hace cambios, luego otra llamada. Es 24 de enero de 2025. Quieren publicarlo. Piensa en su madre, en su difunto padre. Ilusión, nervios, dudas. Arrepentimiento. Quiere romper el contrato. Se han tenido que equivocar. Nadie va a entender a su protagonista. O quizá sí. Quizá dentro de diez años se agote la primera edición. Ese es el sueño: en diez años agotar una edición. Se publica en septiembre de 2025. En febrero de 2026 se anuncia la vigesimoprimera edición de Comerás flores. En esos cinco meses recibe dos reconocimientos: el Ojo Crítico de Narrativa y el Premio Cálamo. La protagonista de la historia, Marina, tiene veinticinco años y comparte 22—Nuestro Tiempo marzo 2026
Lucía Solla Sobral debutó en septiembre de 2025 con una novela sobre maltrato psicológico que ha llegado a más de cien mil lectores.
con su autora la muerte del padre. De repente aparece Jaime, un frankenstein elaborado a partir de experiencias de maltrato psicológico que tanto ella como sus amigas habían sufrido y de las que apenas habían hablado. En el libro se presenta como alguien veinte años mayor que Marina, seguro, protector. Al principio parece un refugio; el después ha conquistado a más de cien mil lectores. Para ser concretos, lectoras. Un boca a boca tan veloz y decidido que va más allá de cualquier lógica promocional y que solo surge cuando una historia recuerda, verbaliza y apela. Son muchas las mujeres que desde el primer día han escrito a Lucía para decirle que se identifican con el maltrato psicológico que sufre Marina, o con esa amiga obligada a verlo todo desde fuera, Diana. El camino hasta su deslumbrante debut habría que situarlo a los seis años. Lucía llenaba folios con cuentos que imaginaba y su madre, lejos de restarle importancia, los encuadernaba y les hacía portadas con Paint. Cuando venía gente a casa, su padre, al que le encantaba contar historias, le pedía que les leyera lo que había escrito. Ese primer impulso se difuminó en la adolescencia. La falta de referentes en la cultura pop se mezclaba con lecturas que dejaban poso, como Parpadeos, de Eloy Tizón, que en una cuadratura del círculo le dijo de su novela que estaba escrita rápido, «a buen ritmo, sin perder tiempo, con la boca llena de flores y la taquicardia de la juventud». En Santiago, mientras estudiaba Filosofía, reconectó de forma definitiva con esa pulsión. Años más tarde, ya instalada en su actual residencia, en Oviedo, y con ganas de conocer gente con gustos literarios similares al suyo, fundó el Club de Lectura de las Letras Salvajes, en la ya extinta sala de conciertos La Salvaje. Ahora no paran de invitarle de clubes de toda España. Incluso le han preguntado cuándo hará su propio taller de escritura.
¿Cómo está viviendo todo el éxito y la locura alrededor? Lo vivo casi desde fuera, como algo que le está pasando al libro, pero no a mí. No me siento yo la protagonista. Es la única forma que tengo de vivirlo porque, si no, sería un poco asfixiante por todo lo que ocurre alrededor de él. ¿Cuándo nace lo que ahora es Comerás flores? En 2021, un año antes del taller con Marta Jiménez Serrano. Por primera vez en mi vida, me había pedido más de cinco días de vacaciones y estaba leyendo En la casa de los sueños, de Carmen María Machado, que habla de una relación violenta entre dos mujeres. Me quedé muy rayada con eso y el modo en que me había impactado. Nunca me había parado a pensar que entre dos mujeres también podía darse la violencia. Me había sorprendido que se hablase de violencia física, pero también de la psicológica. Es de esas ideas que luego ya no salen de tu cabeza. El resto de las vacaciones leí otros libros, pero tenía este en mente. Siempre había querido escribir y había hecho mis intentos: newsletters, poemas, un poco como todos cuando empezamos, pero ese tema me pedía intentarlo en serio. Esa misma semana leí Los nombres propios, de Marta. Me encantó y escribí el relato del que luego salió Comerás flores. No era capaz de pensar en una estructura y se quedó ahí. Un año después, Marta anunció un taller online y pensé: «Esta es la mía». Presenté ese relato y ella misma me dijo: «Ahí tienes una novela, solo hay que saber tirar de los hilos y construir la trama». ¿A partir de ese momento empieza a tratar el relato como potencial novela? Me resistí al principio porque no me sentía capaz. Estuve dos meses entregando sinopsis porque tenía muy claro todo
lo que pasaba, pero lo concentraba en párrafos. No conseguía pensar escena a escena y me costaba mucho la acción. Para mí, y creo que suele pasar al revés, lo fácil era encontrar mi voz como narradora. Eso me salió desde el inicio, pero con esa voz construir una historia… imposible. Marta tuvo mucha paciencia y me iba explicando tipos de escenas: «De acción, de ambiente, de flashback…». Soy muy trabajadora y lo intenté hasta que saqué una escena donde por fin me concentraba solo en un hecho y ya tuve de dónde arrancar. Mientras tanto trabajaba. ¿En qué condiciones escribe el libro? Antes de saber qué iba a pasar, a mí ya me merecía la pena. No sé si es cursi o dramático, pero mis momentos felices eran escribiendo. Cuando me sentía de verdad plena y alineada con mi propósito era escribiendo. Lo compaginaba con los turnos de mi empresa, que eran de diez de la mañana a siete de la tarde o de tres de la tarde a once de la noche. Cuando
tenía tiempo para escribir estaba reventada, solo que me lo pasaba tan bien que me compensaba. Luego quería que mi entorno entendiera que me lo tomaba en serio, aunque no supiera hacia dónde iba. Todo el mundo sabe que un empleo tiene horarios que hay que cumplir, pero, cuando rechazas planes con amigas o ves menos a tu pareja porque quieres escribir, es más difícil. Estuve un año escribiendo en esas condiciones y en el curso con Marta. Luego me presenté a la residencia de la Cidade da Cultura Santiago de Compostela y, cuando fui una de las diez personas escogidas, pensé: «Vale, no es solo una cosa mía, le está gustando a más gente». ¿Presentó la novela a otros sellos antes que a Libros del Asteroide? Marta organizó un encuentro entre alumnos y editores al acabar el curso. Y uno de ellos me la pidió. Fue muy cariñoso y me motivó un montón, aunque nunca me contestó. Aun así, le estoy muy agradecida porque fue el primer editor
que vio algo. Para mí con eso ya había valido la pena tanto esfuerzo, tantas mañanas, tardes y noches escribiendo. A partir de ahí, dejé reposar durante el verano la novela y en octubre me volví a poner en serio. Se la envié a Libros del Asteroide y contactó conmigo Luis Solano, que es el editor. ¿Cómo es la conversación con Luis? Me pilló totalmente por sorpresa. Lo primero que pensé fue: «No estoy preparada para lo que sea que me diga». A la vez abrí una libreta y cogí un boli porque sabía que tenía que apuntar todo. Me contó lo que le gustaba y lo que debería modificar. Soltó una frase que me ayudó muchísimo y que voy a tener siempre presente: «No eres escritora de una sola historia, eres escritora de oficio». Y también: «¿Sabes que no vas a vivir nunca de esto?». Tras media hora hablando, colgué y le escribí a Marta: «Me llamó Asteroide, creo que no le gustó». Yo me quedé con lo malo, por supuesto [Ríe]. Y ella me dijo: «A nadie que no le interese tu novela va a marzo 2026 Nuestro Tiempo —23
Grandes temas Un éxito inesperado Lucía Solla Sobral, durante la presentación de su novela en Alicante. Para muchas lectoras, Comerás flores se ha convertido en un permiso para quitarse la culpa y contar lo que callaron.
24—Nuestro Tiempo marzo 2026
hacer el esfuerzo de estar tanto tiempo al teléfono diciéndote cómo mejorar el manuscrito y que puedas mandárselo a otra editorial». Me alivió. Entendí que no me había transmitido que no le gustaba, sino que requería un poco de trabajo. Cogí las vacaciones que me quedaban, me fui a Marín, a casa de mi madre, me encerré allí, la volví a enviar y ahí ya sí. ¿Le había dejado a más gente leer la novela? En el taller, ayudaba que Marta y mis compañeros fueran leyendo partes. Son doce personas que cada dos semanas te dan feedback. Sirve sobre todo para prepararte frente a lo que no gusta. Fuera de eso no, y me arrepiento; no sabía si se lo iban a tomar tan en serio como yo. Solo la leyó mi pareja. Le iba pasando cada escena y a él le encantaban, aunque, claro, su criterio es bastante subjetivo [Ríe]. La primera persona que la leyó entera fue Luis Solano y salió bien; aun así no recomiendo que los primeros comentarios sean de un editor porque puede ir muy mal. Luis me trató con cariño y además yo encajo muy bien lo negativo porque lo veo como una oportunidad para escribir mejor, pero podría haber sido mucho más bruto. En la novela hay dos personajes, Marina y Jaime, víctima y maltratador, que son imperfectos dentro de su rol. ¿Esa ambivalencia apareció de forma consciente? Empecé escribiendo el final y ahí está claro cada rol. Al ir hacia el comienzo los personajes cojeaban si no era honesta escribiéndolos. Marina no podía ser una persona perfecta todo el rato porque nadie lo es. Jaime no podía ser siempre malvado porque ni siquiera un maltratador lo es las veinticuatro horas del día. En el taller recuerdo que Marta me insistía siempre, sobre todo con Marina: «No puede ser perfecta. No puede ser perfecmarzo 2026 Nuestro Tiempo —25
Grandes temas Un éxito inesperado
ta». Yo tenía el gran prejuicio de pensar que Marina no era perfecta, precisamente, porque estaba con Jaime, como si fuera ese su defecto. Entendí que ese no podía ser su fallo y le metí cositas que la hacen menos angelical. Luis Solano me dijo de Jaime que tenía que ser más gris, porque era muy perfecto al empezar, para que te enamores como Marina, y muy malo al final, y eso no podía ser. En ese punto decidí trabajar con un psicólogo que me ayudó a comprender un poco los procesos de los maltratadores y que hay una ambivalencia emocional: no todo es malo, juegan a ese refuerzo intermitente. Al ir integrando todo y escuchar más voces, pude construirlos de forma más realista.
«El amor no puede solucionar los problemas, los tienes que solucionar tú»
«Estar tirados en un sofá, en pijama, viendo juntos una película es ¿Urgencia? amor» Con urgencia no se puede construir nada
«Si tu objetivo es tener ¿Le costó aceptar algunos ángulos pareja, es probable que le daba el psicólogo sobre un personaje que es un maltratador? que te saltes muchos Me costaba más entender por qué Marina iniciaba esa relación. Es un personaje que límites» en un momento dado pude ser yo, o mis amigas, y no te paras a pensar por qué caí aquí o por qué me gustó cierta persona. Con el psicólogo lo comprendí y me ayudó a sentirme más libre y a escribir esas primeras citas y diálogos de otra manera. Al principio los hacía incluso con vergüenza ajena. Pensaba: «Uf, esto no va a colar, nadie va a empatizar con Marina». Luego comprendí que estaba poniendo el foco en pedirle responsabilidades a ella y, cuando me liberé de esa carga, ya fluyó. Ha hablado del error que es poner el amor romántico como meta en la vida. ¿Lo opinaba antes de escribir el libro? No lo pensé hasta que empecé a dar entrevistas y hablar de la novela en voz alta. A mí me encanta el amor romántico y estoy muy a favor, pero a través de la historia de Marina y Jaime vemos que es perjudicial fijarlo como meta. Es una crítica a entenderlo mal, a construirlo de manera ya enferma de base. El amor tie26—Nuestro Tiempo marzo 2026
una vulnerabilidad, o la otra persona se adentra en una herida y crea desde ahí el vínculo. Para que la relación sea sana lo importante es la comunicación y la confianza. Cuando no te atreves a ser tú, o a decir ciertas cosas porque igual molesta, o a salir con tus amigas o amigos porque eso le puede parecer incómodo a la otra persona. Si hay algún gesto que te despierte miedo a su reacción o incomodidad, por ahí no es. Donde hay urgencia tampoco; tiene que ser siempre con tiempo.
ne que surgir, tienes que crearlo de forma sana, equilibrada, pero si te marcas como objetivo tener novio o novia, es muy probable que te saltes muchos límites por el camino para conseguirlo y que pases por alto cosas que no te gustan. Es lo que le sucede a Marina. En su caso, se le junta con un duelo que quiere cubrir con otra persona. Ella cree que el amor es la solución a todo, porque además su padre también se lo dijo. Y el amor no puede solucionar los problemas, los tienes que solucionar tú. Te puede ayudar la gente que te quiere a tu alrededor, pero no te va a salvar una persona en concreto. ¿Ha reflexionado sobre qué es una relación sana? Lo he pensado en negativo: por qué o cómo empieza a construirse mal una relación. Cuándo los cimientos ya están mal colocados o cuándo empiezas desde
de forma sana. Es imposible con prisas. Con tiempo para conocer a la otra persona a lo mejor pasan los meses y te das cuenta de que no es quien creías, y está genial que te hayas dado cuenta. Pero, si cuando lo descubres ya estáis viviendo juntos porque has corrido, o le has hecho promesas, o tu familia cree que es el amor de tu vida, es muchísimo más difícil deshacerlo. ¿Qué es un amigo? Alguien con quien puedes ser tú al cien por cien, con quien no tienes que esconder tus defectos para que te quieran. ¿Y el amor romántico? Estos meses lo estuve pensando mucho y creo que, en realidad, deben definirse igual, salvo que en el segundo hay un deseo y ganas de construir la vida de otra manera. Para mí el amor romántico de base comparte mucho con la amistad: es donde puedo sentirme como me siento con una amiga, donde puedo cantar y hacer el ridículo, donde puedo enfadarme por cualquier chorrada y que no pase nada, donde puedo estar triste, donde estoy cómoda siendo yo y donde también me sienta cómoda aceptando a esa otra persona. He hablado mucho con el psicólogo sobre cómo nos enseñan a esperar del
Durante un año, Lucía Solla Sobral compaginó la redacción de la novela con los turnos de trabajo en el departamento de marketing de una empresa.
amor siempre fuegos artificiales, mariposas y cosas muy exageradas y, cuando eso pasa, se acabó. Creo que, después de esa etapa, empieza a construirse de verdad el amor: estar tirado en un sofá en pijama viendo una película es amor, que te guste estar cerca de esa persona es amor. ¿Qué le ha sorprendido que le cuenten las lectoras? Lo presente que está el silencio en muchas relaciones. La diferencia es desde dónde se ejerce. Entre los hombres, suele ser más algo autoritario, ese comportamiento aprendido de «Se deja de hablar porque yo así lo decido». Entre ellas, es porque les enseñaron a no tratar los problemas, a intentar esconderlos o no remover lo que incomoda. Hay mujeres que me están diciendo que a ellas les enseñaron a callar y que, cuando algo les enfada, en vez de decirlo se encierran en sí mismas y no lo cuentan. Al final, la consecuencia, lamentablemente, sigue siendo la de cortar la comunicación y no arreglar lo que está pasando. Uno de sus miedos era que no se entendiese a Marina y ha pasado lo contrario. ¿Por qué cree que es? Hay muchísima más violencia en las relaciones de la que imaginamos. Quería abordar este tema porque sé que existe y que se trata poco, pero ni yo misma, que estuve trabajando durante un año con un psicólogo, leyendo ensayos y estadísticas, me imaginaba que hubiese tantísimas relaciones de maltrato. A diario recibo decenas y decenas de mensajes de mujeres que se identifican con Marina o Diana, pero que viven la violencia de una manera u otra. Me escriben hijas de padres violentos, hombres que vivieron relaciones de maltrato, sobre todo con otros hombres. Creo que hay una necesidad de que se ponga el maltrato psicológico sobre la mesa. Que, además de darle importancia al
físico, y especialmente al asesinato, hablemos de la antesala para identificarlo. Parte del boom del libro se debe a que está ayudando a quitarse la culpa. Las mujeres (digo de «mujeres» ya que son la mayoría) no lo suelen hablar por la vergüenza de haber estado en esa relación. Por cómo lidiamos con el tema nos hacen sentir responsables de que eso pasó porque tú quisiste o porque eres tan tonta que no lo viste venir. Hay gente que no lo pasó y que puede empatizar, pero, por desgracia, todos conocemos a alguien que estuvo ahí. ¿Cómo está llevando que tanta gente le cuente su historia? Al principio, mal. Estaba asumiendo que mi libro lo podía leer cualquiera, y eso ya me daba mucho pánico. De repente, se juntó con que recibía mensajes de mujeres con ataques de pánico, en cama, que acababan de romper con una pareja que la estaba acosando, o con un divorcio reciente... Supongo que les era más fácil contárselo a una desconocida que habló de este tema que contárselo a alguien que igual te va a juzgar. Pero no sabía qué hacer con esos mensajes. Tenía miedo a que, sea lo que sea lo yo que dijese, salie-
ra mal. Que por mi culpa volviesen con el agresor. Te encuentras con mensajes muy graves, llenos de un dolor que no sabes gestionar, al igual que el de tus amigas, por desgracia, porque no nos enseñaron a eso. Hay historias durísimas, mujeres que me dicen: «Voy a escribirlo para que mis hijos algún día sepan por qué me divorcié de su padre», algo que me parece dolorosísimo para ellos también. Uno de los últimos mensajes que me impactó era de una mujer que estaba leyendo el libro en el momento en el que su novio no le hablaba, y dijo: «Voy a hacer la maleta». Y para mí era como: «Ahora, depende de lo que diga, la hace o no la hace». Hasta que entendí que el libro acaba siendo un mensaje de esperanza, y que es lo que tengo que transmitir, se hizo duro. Ahora lo voy asumiendo, el psicólogo me ha ayudado y les voy poniendo cara. Cuando las conozco en persona veo eso, que para ellas es un soplo de «Oye, voy a poder volver a ser quien era. Voy a poder salir de aquí y no tengo la culpa». Emociona escucharlo. Lloro mucho con algunos mensajes. Ayer por la noche lloré en el sofá. Es una mezcla entre qué horror todo lo marzo 2026 Nuestro Tiempo —27
Grandes temas Un éxito inesperado
que está pasando y qué bonito que, al menos gracias a la literatura, se pueda hablar de esto. ¿Ha tenido síndrome del impostor? El otro día di una charla en el Ateneo de Madrid con Vanessa Springora [editora francesa y autora de El consentimiento, traducida a veinte idiomas] y se lo le dije a ella y a la organizadora. Lo que estoy haciendo, y que creo es bueno, es animarme a decir que sí a todo lo que me gusta y luego ver cómo lo trabajo para hacerlo bien. Lo mismo durante el proceso de escritura. Recuerdo a gente que se bloqueaba porque lo iba a leer su madre. Yo me preocupé de lo que tenía una vez escrito, pero si empiezas a hacerlo antes por algo que aún no sé si va a pasar, pierdes en la escritura. Puedo leer un montón, ir a clases, a la residencia de Santiago y que, al final, no me editen la novela. Que me publicaran era un sueño, no un objetivo. Verlo así quita muchísima presión y permite trabajar mejor. Cuando se puso a la venta fue igual: mi sueño era que algún día se agotara la primera edición. Por eso, no haber llegado a lograr estas cosas no me habría impedido disfrutar, porque no eran metas. ¿Se podría haber quedado la novela en un cajón y habría sido feliz? Escribía desde pequeñita, y me lo pasaba tan bien que… El hecho de ser capaz de hacer algo tan grande —sea mejor o peor—, que después de ese proceso haya una historia con un sentido, una trama y una estructura me parecía increíble. La cosa es que, si eso se hubiera quedado en el cajón, también me habría gustado. Todos, o casi todos, tenemos algo que es lo que nos hace estar más a gusto en la vida. Para algunos será cocinar y para mí es escribir. Si tú estás feliz con lo que has hecho, el compartirlo o no depende más de la ambición o el ego. Que funcione, evidentemente, es un regalo. 28—Nuestro Tiempo marzo 2026
«Mi sueño era que algún día se agotara la primera edición» «Lloro mucho con algunos mensajes. Ayer por la noche lloré en el sofá» «La novela se podría haber quedado en un cajón y, aun así, yo habría sido feliz»
¿Quiénes han sido sus referentes para la novela en concreto y la escritura en general? Para la novela leí En la casa de los sueños, que para mí fue fundamental. Después Bastarda, de Dorothy Allison, a la que menciono en el epígrafe de la novela. Cuando me llamó Asteroide, estaba leyendo a Maggie Smith, que escribe acerca de un proceso de divorcio y lo hace de forma muy bonita. Y luego La ciudad, de Lara Moreno… Un montón de libros en los que se habla de maltrato físico y también psicológico. Me ayudó bastante para saber qué se había escrito ya, cómo y qué no me interesaba repetir. La voz viene mucho por la poesía. Es lo que más leí en la facultad, y tengo como tres pilares, que son Cristina Peri Rosi, Vilariño y Alejandra Pizarnik. Lorca, sobre todo su teatro, donde escribe de
una forma brutal. Las greguerías de Gómez de la Serna también, porque hacía imágenes de cosas cotidianas increíbles y creo que eso me ayudó a luego no querer explicar nada con lugares comunes: Jaime es bajo y yo digo que es como un olivo; tú más o menos te puedes hacer una idea de que es un poco ancho y bajo, porque así es como me lo paso bien. Marina quiere ser periodista musical, que es algo que usted también soñaba. Nunca quise hacer Periodismo, pero siempre me encantó la música y fantaseaba con poder escribir en Rockdelux o alguna revista. Se me pasó pronto, pero la música me encanta y todos los grupos que aparecen por ahí son los que yo escucho. De hecho, algunos leyeron el libro, como Camellos, que mandaron un vinilo y una gorra. Es increíble. Al final, cuanto más en detalle entres en la personalidad de alguien y mejor sepas sus gustos, más universal se hace el personaje y mejor le conoces, aunque parezca lo contrario. Ha publicado su primera novela. ¿Es lo que se imaginaba? Es todavía mejor. Haber conocido antes de esto a escritores como Marta Jiménez Serrano o Javier Peña, e ir de la mano de una editorial independiente como Libros del Asteroide me ayuda mucho a ir entendiendo el sector. Y la acogida que ha tenido el libro, por supuesto. Supongo que no lo disfrutaría igual si la mayoría de críticas fuesen negativas, pero llegar a una librería y verla llena de gente dispuesta a hablar de tu libro es lo más. Le están pidiendo ya la segunda. Cada día que pasa siento más el peso de las expectativas ajenas… A ver cómo lo gestiono. Ahora mismo tengo mucho ruido en la cabeza. Estoy dispuesta a escribir otra vez, desde cero, sin pensar en todo lo que pasó. Creo que esto es imposible que se repita y quiero disfrutarlo. Nt
Grandes temas Buenos golpes de mala suerte
TODOS LOS FRACASOS QUE LLEVARON A TOY STORY Para que Pixar y Disney llegaran a ser los primeros en estrenar una película tridimensional tuvieron que sucederse algunos naufragios estrepitosos. John Lasseter, Ed Catmull y Steve Jobs, nombres que hoy se consideran leyenda, acabaron trabajando juntos por casualidad en Toy Story, un hito que ya ha cumplido treinta años. Los fiascos profesionales que les dejaron en la calle propiciaron una confluencia de técnica, talento y visión comercial que les llevaría a lo más alto del entretenimiento. texto Nacho Laguía [Com 20, PhD 25]
«john, estás despedido». John Lasseter (Los Ángeles, 1957) era un muchacho de California con mucha imaginación al que le encantaban los coches y los dibujos animados. Desde que, en su adolescencia, descubrió que había quien se ganaba la vida con la producción de películas de animación, se lanzó a cumplir un sueño: trabajar en Disney. Cosas del destino, en 1975, año 30—Nuestro Tiempo marzo 2026
en que terminó sus estudios escolares en el instituto, el California Institute of Arts (CalArts) inició un programa de animación de personajes. Allí enseñaban los grandes dibujantes del estudio de Walt Disney. Sin dudarlo, John envió su porfolio, y a las pocas semanas recibió una carta de admisión. Fue el segundo alumno matriculado, después de Jerry Rees (quien más tarde creó para Disney
los efectos visuales de películas como Tron). En CalArts compartió aulas con otros entusiastas que apenas estrenaban la vida y que, con el tiempo, se harían un nombre en el cine familiar: Tim Burton (Pesadilla antes de Navidad, Alicia en el País de las Maravillas, Charlie y la fábrica de chocolate), Brad Bird (El gigante de hierro, Los Increíbles, Ratatouille) o John Musker (La sirenita, Tiana y el sapo, Vaiana).
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Grandes temas Buenos golpes de mala suerte Alumnos y profesores pronto se dieron cuenta del talento y genio creativo del joven Lasseter. A su vez, John se reafirmó en su vocación de ilustrador de dibujos animados. Durante sus últimos meses de carrera, en 1977, acudió al estreno de un largometraje revolucionario, una especie de wéstern situado en el espacio exterior: Star Wars, de George Lucas. Nunca antes se habían visto unos efectos especiales como esos. Al mismo tiempo, en su mente se abría un universo al descubrir que las posibilidades de la animación no se limitaban al entretenimiento familiar, sino que la técnica ofrecía la posibilidad
En 1983, Disney cerró la puerta a la técnica de animación 3D, que más que una gallina de los huevos de oro parecía un experimento caro y lento. 32—Nuestro Tiempo marzo 2026
de crear mundos nuevos que inspiraran a audiencias de cualquier edad. En 1981, con su diploma de Bellas Artes bajo el brazo, Disney contrató a Lasseter como animador júnior. Sus peripecias, como las de los otros dos protagonistas de la historia de Pixar, están muy documentadas en el libro de Ana María Pérez Guerrero Pixar. Las claves del éxito. Con veintipocos años, Lasseter cumplió su sueño de trabajar en la productora de logros como Blancanieves y los siete enanitos, La cenicienta o La bella durmiente. A pesar de aquellos éxitos, la compañía atravesaba una crisis de creatividad desde 1966,
fecha en la que su fundador, fumador empedernido, falleció de forma inesperada de un cáncer de pulmón. Con el empuje y la ilusión de quien inicia una trayectoria laboral en un ambiente idílico, Lasseter puso sus ideas sobre la mesa para revitalizar a un grupo de animadores estancados y faltos de imaginación. Este ímpetu se acrecentó cuando vio un fragmento de una película que estaba produciéndose, Tron, que por primera vez en Disney incluía gráficos 3D para algunas escenas de acción. Lasseter enseguida entendió que el futuro de los dibujos animados debía seguir esa estela, y se puso a trabajar en un proyecto que implicaba el desarrollo de la animación tridimensional: La tostadora valiente. Envalentonado tras meses de actividad, presentó su propuesta a Ron W. Miller, CEO de la empresa y yerno de Walt, y a otros directivos de la compañía. A las pocas horas, Ed Hansen, vicepresidente de la productora, le llamó a su despacho para darle la noticia: «John, estás despedido». Disney cerraba la puerta a una técnica que más que una gallina de los huevos de oro parecía un experimento caro y lento. Con apenas veintiséis años, el sueño de Lasseter llegó a su fin de esa forma tan abrupta. george lucas se deshace de catmull y lasseter. Retrocedamos unos pocos años. Resulta que tras el éxito de La guerra de las galaxias en 1977, Georges Lucas creó una sección de Lucasfilms llamada Industrial Light & Magic. La componían un equipo de ingenieros, informáticos y artistas, y el objetivo era experimentar los efectos visuales de sus próximas películas. En su búsqueda de talento, en 1979 se topó con un joven ingeniero informático llamado Ed Catmull y le invitó a liderar aquel grupo incipiente de computación gráfica. Un lustro antes, en 1972, Catmull se había propuesto producir el primer cortometraje de animación 3D. Después de unas semanas muy intensas presentó una cinta de cuatro minutos que mostraba un modelo tridimensional de su mano izquierda en movimiento. Después de haber empezado a trabajar en ese proyecto, Catmull cayó poco a
poco en la cuenta de que su equipo estaba incompleto. Sus hombres y él dominaban la tecnología, pero necesitaban a alguien con conocimientos en narrativa y storytelling para desarrollar lo que Lucas les pedía. Y ahí entra John Lasseter en la ecuación. Un día de 1983, después de su despido en Disney, John asistió a una conferencia de computación gráfica para ocupar el tiempo mientras buscaba un nuevo empleo. En ella se encontró con Catmull, a quien había conocido años antes en una visita a los estudios de Lucas. Cuando el informático supo de la situación de aquel animador joven y talentoso, le ofreció trabajar con él. A las pocas semanas, Lasseter entró en la plantilla de Industrial Light & Magic. Ese encuentro fortuito a finales de 1983 significó el inicio de una larga amistad. Lasseter pasó página de sus frustraciones y pudo experimentar con la tecnología al servicio de las buenas historias. Uno de sus primeros proyectos fue el cortometraje Las aventuras de André y Wally B (1984). André —una especie de niño verdoso de formas muy simples— se despertaba por la mañana y se topaba con una abeja que le perseguía hasta conseguir clavarle su aguijón. A pesar del planteamiento tan sencillo, la breve película puso de manifiesto el potencial de la animación 3D. El propio Lasseter ha explicado en diversas ocasiones otro hito relevante: la producción de Luxo Jr. (1986), una creación hoy mundialmente conocida como el icono de Pixar, su flexo. De nuevo, el cortometraje era de gran sencillez. Una lamparita juega con una pelota hinchable bajo la atenta mirada de su progenitor, que no es otra cosa que un flexo más grande. La película se presentó en la convención Siggraph. Aquellos primeros espectadores quedaron muy sorprendidos por el avance. Al terminar, alguien se acercó a Lasseter para preguntarle: «¿La lámpara mayor es la madre o el padre?». Cuenta Catmull en su libro Creatividad S. A. Cómo llevar la inspiración hasta el infinito y más allá que, en aquel momento, Lasseter se percató de que no solo eran pioneros en esa técnica, sino sobre todo en su modo de contar buenas historias.
DIBUJO DE JOSEPH HENRY RANFT
JOHN LASSETER
Nacido en California en 1957, muchos comparan su figura con la de Walt Elias Disney, ambos pioneros del entretenimiento familiar, en épocas distintas. Lasseter considera al director de Studio Ghibli Hayao Miyazaki como uno de sus principales referentes. Desde 2019, Lasseter es jefe de animación de SkyDance Animation.
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Grandes temas Buenos golpes de mala suerte El cortometraje recibió la primera nominación al Óscar para una animación 3D. El logro demostraba la atracción creciente de la Academia y de los creadores por una técnica que daba sus primeros pasos y que podría ofrecer nuevas oportunidades al cine. Sin embargo, George Lucas estaba perdiendo el interés en lo que Catmull y Lasseter estaban haciendo. Los había contratado para mejorar los efectos visuales de sus películas, pero el trabajo del grupo iba por otros derroteros más ambiciosos: sus esfuerzos se focalizaban en elaborar historias originales. El revés definitivo llegó cuando la situación económica de Lucas empeoró a causa de las condiciones económicas pactadas en su divorcio. Así las cosas, Catmull y Lasseter vieron peligrar su investigación, faltos de un inversor capaz de hacer frente a un proyecto tan caro como poco rentable. jobs abandona apple en busca de nuevos proyectos. Y entra en escena Steve Jobs. Genio de gran talento e innovador, Jobs había fundado Apple en 1976. Al poco tiempo desarrolló la primera computadora personal fabricada a gran escala, Apple II. Entonces tenía veintisiete años. Su negocio era un éxito; su figura, reconocida a nivel global; y su personalidad, difícilmente gestionable. Jobs presentó en 1984 un nuevo modelo de ordenador: Apple Macintosh, el primero en funcionar con ratón. La historia es muy conocida: el producto no alcanzó las expectativas comerciales y la empresa ejecutó 1200 despidos. Entre ellos, el del propio Jobs, al que el Consejo de Administración expulsó de su empresa. Jobs encajó el revés. Salió a la calle con la fama del mejor emprendedor y empezó a buscar. Cuando se enteró de que George Lucas quería deshacerse de su área de computación gráfica, enseguida vio una oportunidad de negocio. Por diez millones de dólares, Jobs se hizo con aquel grupo de artistas e informáticos. De este modo, el 3 de febrero de 1986 nació Pixar. Mediante la adquisición, Jobs se convirtió en el presidente del consejo de administración, Catmull en el CEO y Lasseter en el máximo responsable creativo de los nuevos proyectos. 34—Nuestro Tiempo marzo 2026
En los siguientes años, tal y como se cuenta en el documental La historia de Pixar, de Leslie Iwerks, Pixar aumentó su equipo con la intención de cuajar cortometrajes que le sirvieran para experimentar con nuevas narrativas y técnicas visuales. Al principio, ganaron dinero aceptando encargos de anuncios publicitarios. En ellos ya se entrevé su estilo creativo tan característico. En 1991, por ejemplo, salió a la luz un comercial de la empresa Listerine, en el que, como harían en adelante en muchas otras ocasiones, dotan de sentimientos a objetos inanimados. En este caso, a un bote de enjuague bucal que boxea contra la cámara. Aquellos encargos funcionaban bien y eran rentables, pero su objetivo
primordial era otro, y muy nítido: ser los primeros en producir un largometraje en animación 3D. Un hecho decisivo de la corta vida del estudio sucedió en 1989, cuando se alzaron con el Óscar al mejor cortometraje de animación. La película ganadora, Tin Toy, narraba la historia de un hombre orquesta de juguete que huye despavorido de un bebé que le persigue para jugar con él. En la carrera, el niño se cae y llora, y, para consolarlo, el juguete, enternecido, sale de su escondite, dispuesto a sufrir los zarandeos y las babas del pequeño. Este premio selló el reconocimiento a una nueva técnica, el 3D, que, aunque todavía en estado primitivo, se vislumbraba como algo que podría cambiar la animación por completo. Es importante entender el contexto. A finales de los años ochenta, Disney, líder indiscutible del cine familiar durante decenios y autor de grandes clásicos durante varias generaciones, afrontaba
El cortometraje Luxo Jr., con la primera aparición del icónico flexo de Pixar, recibió la primera nominación al Óscar para una animación 3D.
una gran crisis de creatividad. Tanto el público como la crítica habían rechazado sus últimos largometrajes. Hasta el punto de que Taron y el caldero mágico (1985) había situado al estudio al borde del precipicio. Carentes de ideas novedosas, la distinción de la Academia al 3D ofreció a la compañía una posible solución para salir del agujero. De alguna manera también este fracaso de Disney propició que llegaran nuevos tiempos. Mientras contrataban a letristas y compositores de Broadway para acometer películas (lo que originaría a una década de triunfos como La sirenita, La bella y la bestia o El rey león), la productora se abría a entablar conversaciones con otras empresas para unir fuerzas. Fruto de estas negociaciones, Disney y Pixar firmaron un contrato en 1991 para la creación de tres películas: Toy Story, Bichos y Monstruos S.A. Según el acuerdo, el equipo de Lasseter y Catmull se encargaría de la producción, mientras que Disney se ocuparía de distribuir y comercializar el producto final. El éxito del cortometraje Tin Toy inspiró a los animadores y la premisa para la primera de las tres películas se concretó en «¿Qué pasaría si los juguetes de un niño cobran vida cuando nadie los observa?». el día en que disney casi se carga ‘toy story’. Las desavenencias entre ambos estudios se hicieron notar desde los comienzos. Disney disfrutaba de un gran prestigio con sus cuentos de hadas musicales, e instó a Pixar a que su película en común estuviera llena de canciones. Lasseter se negó. Quería distanciarse del estilo Disney. Como pionera y ópera prima de Pixar, marcaría un estilo de animación y de narrativa diferente. El cabreo de Disney creció a medida que los hombres de Lasseter comunicaban que tampoco habría un reino de fantasía, ni princesas, ni trama romántica. Por el contrario, iba a ser una historia de amistad y liderazgo, cuyos personajes apenas salían de la habitación de un joven que podría encontrarse en cualquier urbanización estadounidense. Steve Jobs también empezó a perder la paciencia con los suyos. Aquello se eternizaba, la corporación no obtenía beneficios y tres años después de firmar el contrato con Disney el dueño ya había
DIBUJO DE JOSEPH HENRY RANFT
ED CATMULL
Nacido en Virginia en 1945, se le considera uno de los padres de la animación 3D. Desde que en 1972 realizara el primer cortometraje en esa técnica de la historia, su trabajo ha hecho posible muchos de los avances tecnológicos que hoy en día se reflejan en la pantalla. En 2019 dejó Pixar para jubilarse.
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Grandes temas Buenos golpes de mala suerte puesto más de un millón de dólares de su bolsillo. Jobs llegó a tantear la venta de Pixar con posibles inversores. Microsoft, competencia de Apple, mostró interés por la compañía. Sin embargo, tal vez por orgullo, o tal vez por apego, Jobs nunca terminaba de desprenderse de su criatura. En 1994, Lasseter se presentó un día en los estudios Disney con un montón de papeles bajo el brazo. Habían pasado tres años de producción, y la defensa de sus avances no salió como esperaba. Los mandamases de Disney quedaron horrorizados. La película tenía por protagonista a Woody, un muñeco ventrílocuo insoportable, con mal genio y que trataba con desprecio a sus compañeros juguetes. Y lanzaron una advertencia: si querían que aquello saliera adelante, había que transformar por completo la historia. A contrarreloj, Lasseter y su equipo empezaron a reescribir, y en un tiempo récord presentaron a Disney un protagonista que casi nada tenía que ver con el primero. El vaquero Woody se había transformado en un líder carismático y amable cuyo estatus se ponía en riesgo con la llegada de un nuevo juguete, un muñeco espacial de última generación. El cambio de guion convenció a los directivos, y la película encaró la etapa final. Cuenta el libro de Catmull que, pocos meses antes de ver la luz, la situación económica del estudio era insostenible y Jobs estaba ya dispuesto a quitarse de encima Pixar. Pero un día cayó en sus manos un artículo de un importante medio americano —Catmull no especifica cuál— que hablaba de la primera película de Pixar como una cinta destinada a cosechar un éxito sin precedentes. De este modo, a pesar de sus reservas, decidió esperar al lanzamiento. y, por fin, el triunfo. Toy Story se estrenó el 22 de noviembre de 1995. Resultó el fin de semana de Acción de Gracias más multitudinario de la historia de las salas de cine de Estados Unidos, y eso que en esa fecha suelen estrenarse la mayor parte de películas familiares del país. El público estaba entusiasmado —solo ese fin de semana se llegó a proyectar en casi 2500 salas y recaudó 39 millones de 36—Nuestro Tiempo marzo 2026
De Toy Story a Toy Story 5 Tras el éxito de Toy Story en 1995, Pixar ha sacado partido de los personajes para crear su saga más extensa hasta la fecha. Cada película explora nuevos aspectos y nuevas crisis de los personajes. En 1998 salió a la luz Toy Story 2, que sitúa al héroe frente al miedo al abandono y a ser sustituido por juguetes nuevos. En 2010, quince años después de la primera parte, Pixar lanzó Toy Story 3. En esta ocasión, los muñecos de Andy abandonan el hogar para terminar en una guardería infantil. En la película alcanza un papel fundamental la nostalgia, ya que, al igual que sucede en la historia con el dueño de los
juguetes, los espectadores que vieron la primera película siendo niños abandonan el hogar familiar y dejan atrás su infancia para iniciar su etapa universitaria. Toy Story 4 se estrenó en 2019. Entonces, nuevos personajes y nuevos escenarios se reencontraron con viejos inquilinos del cuarto de Andy. Por último, se espera el estreno de la quinta entrega de la saga para el mes de junio de este año. Tal y como revelan los contenidos de promoción que Pixar ha ido mostrando, parece que el conflicto de los juguetes se centra en el combate por la atención de los niños frente a las nuevas tecnologías.
dólares—, y la crítica alabó la proeza de la tecnología más avanzada del momento. Sin embargo, lo que logró cautivar no eran los avances informáticos, sino una historia y unos personajes memorables. Lo corroboraba la reseña que publicó The New York Times: «Los niños disfrutarán de una nueva versión de la irresistible idea de los juguetes que cobran vida. Los adultos se maravillarán ante un guion lleno de ingenio y un antropomorfismo absolutamente brillante». Aquella película causó sorpresa porque era diferente. Para poner en contexto, el mismo año Disney había estrenado
Pocahontas. Y en el lustro anterior títulos como El rey león, Aladdín, La bella y la bestia y La sirenita habían hecho engrosar las arcas de la compañía. Todos aquellos mundos tenían varias notas comunes que los hacían reconocibles: una banda sonora llena de temas musicales interpretados por los protagonistas, localizaciones remotas y atemporales y un buen grado de fantasía. En cambio, en Toy Story no había nada de eso. La historia partía del dormitorio de un niño de clase media estadounidense, y los personajes eran un tropel de juguetes que hablaban, sentían rencores, envidias y miedos en un am-
biente cotidiano. La fantasía no venía de los hechizos de una bruja, sino más bien de la imaginación de un niño. Ante la apabullante acogida, Pixar y Disney renegociaron el contrato para ofrecer mejores condiciones a los creadores. Tras el acuerdo se firmaron otros, hasta que, en 2006, Disney adquirió la empresa de Lasseter por más de siete mil millones de dólares, una operación que Robert Iger cuenta en Lecciones de liderazgo creativo. Fruto de aquella compra han surgido títulos memorables para una generación. Monstruos S. A., Buscando a Nemo, Cars, Up, Del revés o Coco son algunas de las obras más famosas del estudio. La compañía acumula diez óscars a la mejor película de animación y ocho nominaciones. Un éxito sin precedentes cimentado sobre una sucesión de fracasos estrepitosos. Si Disney no hubiera despedido a Lasseter con tan solo veintisiete años… Si George Lucas no hubiera puesto a la venta aquella sección de efectos especiales tan poco rentable... Si no hubieran expulsado a Steve Jobs de su propia empresa... Entonces, lo más probable es que Toy Story nunca hubiera existido. Pero de aquel conjunto de fiascos, coincidencias y segundas oportunidades nació un modo de contar historias que ha mejorado la animación para siempre.
DIBUJO DE JOSEPH HENRY RANFT
STEVE JOBS
Posiblemente sea uno de los empresarios tecnológicos más importantes de la historia, creador del primer ordenador de uso personal. Fundó Apple y Pixar y fue el máximo accionista de The Walt Disney Company. Jobs falleció en 2011, después de siete años padeciendo un cáncer de páncreas.
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FIRMA INVITADA Laura Ferrero
Rodeos
quiera— responsabilizarse de su propia hija. En su monólogo interior se repiten, en bucle, la vergüenza, la pena, la desesperación. Todo eso, se dice, es inexpresable. Pero, cuando habla, las palabras que salen son otras: «No puedo soportar que ella no quiera ser mi hija». Es difícil transmitir la emoción que me produjo ese pasaje. Por alguna razón que aún desconozco, estas dos escenas me acompañan desde hace meses como una suerte de oráculo. Funcionan a modo de advertencias. No sobre el error o la tentativa, sino sobre el desfase entre lo que sentimos y lo que decimos. Hablamos —y escribimos— con la convicción de dirigirnos hacia un lugar, como si supiéramos qué queremos decir, cuando en realidad solo sabemos que queremos decir algo. Pero el qué, eso se nos escapa. La escena de la abuela lo muestra con una precisión casi cruel: está convencida de que va a hablar de vergüenza, de fracaso, de cansancio. Sin embargo, lo que emerge es otra cosa, «Lo no dicho conserva una energía que el más honda y menos domesticada. Dice lo que no habría querido pensar. El lenguaje no obedece: revela. El padre cineasta, lenguaje, al fijar, a veces agota. No todo se puede por su parte, entiende —demasiado tarde, o justo a tiempo, nombrar y por eso vivimos dando rodeos que eso queda abierto— que la obra no puede anticipar a la hija nos recuerdan que lo no resuelto permanece sin deformarla. No puede fijarla. La hija, al entrar, desplaza el disponible, aunque a menudo inaccesible» sentido. Lo corrige. Lo humaniza. Tal vez ahí esté el punto de contacto entre ambas escenas: S LA ESCENA de una película, Valor sentimental, de en la constatación de que el sentido no está nunca del todo Joachim Trier. Es, de hecho, la última escena, así fijado de antemano. Que decir y escribir no son actos de que trataré de no destripar demasiados detalles del traducción fiel, sino procesos en los que algo se mueve, se argumento. Una posible sinopsis del film sería esta: corrige, se revela a medias. Por eso, en ocasiones, el gesto más la historia de una familia que podría entenderse y no honesto no es avanzar, sino detenerse. No cerrar demasiado lo consigue, y que cuando intenta decirse las cosas pronto lo que aún está abierto. lo hace a través del arte, con todos los peligros que eso imWittgenstein afirmaba que la parte no escrita de su obra plica. Pero vayamos al desenlace. El padre, director de cine, era la más importante. Quizá porque sabía que lo no dicho logra que su hija —actriz— encarne el guion que ha escrito conserva una energía que el lenguaje, al fijar, a veces agota. O pensando en ella. Cuando por fin accede —al principio se porque no todo se puede nombrar y por eso vivimos dando niega—, el admirado cineasta se da cuenta de que, con la rodeos que nos recuerdan que lo no resuelto permanece disparticipación de la hija, el sentido de lo escrito muta. Camponible, aunque a menudo inaccesible. bia. La secuencia final que él había previsto hasta el último En un mundo que nos invita constantemente a explicar, a detalle se desmorona. Comprende entonconvertir toda experiencia en relato, resulta ces —también el espectador— que el arte interesante plegarnos, por un momento, LA PREGUNTA DE LA AUTORA suele adelantarse, propone caminos, ofrece a la falta de control, a la imposibilidad de el rodeo necesario. Y luego llega la vida —la comprenderlo todo. Lo dijo Tomas Trans¿Cómo sabremos qué hija— y los acomoda. trömer en unos versos: «Lo único que quieestábamos tratando de En segundo lugar, quisiera traer a colación ro decir / reluce fuera de alcance / como la escribir (y no escribimos)? otro episodio, esta vez de un libro: Amada y plata / en la casa de empeños». Aludía, creo, perdida, de la novelista y pintora Susie Boyt. a esa idea fundamental: existe siempre un La historia relata los estragos de la adicción punto necesario de oscuridad. Quizás no en el vínculo entre una abuela, su hija y la tengamos otra opción que rodearlo. hija de esta —su nieta—, de la que la abuela termina haciéndose cargo ante la incapaciLaura Ferrero [Fia Com 04] es escritora, periodista y guionista. Es autora de cinco libros de ficción y codad de su hija. En un momento del texto, guionista con Isabel Coixet de la película Un amor. la abuela asiste a una reunión de familiares @NTunav Escribe habitualmente en El País. de personas adictas y aguarda su turno para Opina sobre este asunto en X. hablar. Solo puede pensar en la desazón que le provoca que su hija no pueda —o no
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Grandes temas Del expolio a la esperanza
EL CONGO SE REVELA La fotografía nació con una promesa: hacer visible lo invisible, convertir el silencio en grito. Pero ciento veintiún años después de la primera imagen de denuncia del Congo colonial, ya no es el silencio lo que perpetúa la injusticia, sino el ruido. La abundancia de imágenes del sufrimiento nos ha anestesiado. Este fotorreportaje, realizado con una Leica analógica y la parsimonia de solo 36 disparos, persigue un retrato no de lo que el Congo ha sido sino lo de que todavía puede ser. texto y fotografía Álvaro Hernández Blanco [Com 12] @alvaro_h_blanco
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DEL BARRIO A LA NACIÓN Yal Le Kochbar es un músico urbano del barrio de Masanga Mbila, del municipio de Mont N’Gafula, a las afueras de Kinshasa. Nacido en Goma, al este del país, su infancia se vio marcada por la guerra. «Todavía hoy siento las cicatrices invisibles en mi familia», confiesa el joven de 29 años. Sus letras están llenas de llamadas a la responsabilidad individual y al despertar de una conciencia de país honrada y sacrificada. «Combino varios estilos porque soy más de mensajes que de géneros —dice el artista—. Claro que desde la música se puede cambiar un país. La cultura es la que define nuestra moralidad».
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Grandes temas Del expolio a la esperanza
es la imagen de un hombre que observa atónito la mano y el pie amputados de su hija: el primer fotoperiodismo de denuncia, Congo, 1904. A ese padre, semidesnudo, se le retuercen en su hombro cicatrices del temido chicote, el látigo de piel de hipopótamo con el que el rey Leopoldo II de Bélgica impuso su tiranía y comenzó el despiadado expolio de esta fértil región. La foto muestra el indecible sufrimiento de dos generaciones, apenas el atisbo de lo que estaba por ocurrir en esta tierra bendecida, y a la vez maldita, por la abundancia de riquezas naturales. Primero se saqueó el marfil, luego el caucho, más tarde el cobre y el uranio (el de Hiroshima salió del Congo), el estaño, y se añadió una feroz fiebre del oro en el caos que siguió a la muerte del dictador Mobutu Sese Seko a finales del siglo xx. En la actualidad es el coltán, ese mineral indispensable para nuestros smartphones, el que detona guerras tan anónimas como encarnizadas en los confines de la presente República Democrática del Congo. Esta historia de más de un siglo de violencia y expropiación podría justificar una desconfianza recelosa hacia quien viene de fuera con una cámara, acaso buscando documentar qué más rapiñar de las entrañas del país. Pero ¿se podría fotografiar otro Congo? Uno que no mirara las cicatrices, sino a un futuro de esperanza. Este fotorreportaje lo intenta con una Leica M6; un aparato ya de culto. Cuando salió al mercado en 1984, pocos imaginaban que este modelo sería el culmen de la mecánica más pura antes de adentrarse la fotografía en una era en la que priman los automatismos, la rapidez de ráfaga y la comodidad ergonómica. La Leica M6 es esencial, manual y analógica (salvo por su rudimentario fotómetro, alimentado con una pila de botón). Exige al fotógrafo compromiso, esmero, paciencia y convicción. La máquina que tomó estas imágenes perteneció a mi difunto abuelo, pero su único servicio fueron pruebas de luz desde un balcón del madrileño barrio de Aluche. Desde entonces estuvo 42—Nuestro Tiempo marzo 2026
acumulando polvo en un armario. Esa inocente, casi infantil ausencia de bagaje debería servirle para retratar sin juzgar y para ser honesta, sin doblez. Nada de elegir entre miles de archivos ni horas de edición. El resultado es lo que la lente ve, ni más ni menos. Un carrete finito de apenas 36 disparos amerita un ejercicio de observación pausada e introspección veraz que la era digital ha desterrado. Se reduce a una pregunta básica: «Lo que tengo delante ¿merece una fotografía?». Esa condición explica por qué la Leica ocupa un lugar central en la historia del fotoperiodismo. En manos de gigantes como Robert Capa o Henri CartierBresson, resultó una cámara justa y verdadera. Cartier-Bresson hablaba del famoso «instante decisivo», ese momento cándido, espontáneo y fugaz donde confluyen forma y sentido ante la lente atenta y el obturador presto. Lograr esos negativos no era tanto cuestión de velocidad como de atención, y también de saber cuándo no disparar. Hay un extraño valor en las imágenes no tomadas, también en este viaje al Congo. La anarquía de suciedad, crispación e indigencia que les da la bienvenida a los viajeros en Kinshasa evoca un término coloquial: pornomiseria. Un profesional sin escrúpulos salivaría ante ese festín de carreteras inundadas, tráfico denso y ruidoso, montones de basura ardiendo, casuchas destartaladas y el griterío generalizado de una población sometida por la tercera urbe más populosa de África. En Kinshasa, la miseria no hay que buscarla; simplemente, está ahí. El continente africano, con sus tierras rojizas y atuendos vibrantes, invita a una celebración fotográfica del color. Pero también interesan los grises: las luces que emergen de lo oscuro, la parquedad cromática que acentúa formas, texturas y quién sabe si incluso esencias inefables. En el blanco y negro y los carretes Ilford, como lienzos de 35 mm, quizá late cierto afán de continuidad con aquellas terribles instantáneas del Congo colonial. Cuando Alice Seeley Harris retrató a
Nsala ante la mano y el pie de su difunta hija, la fotografía se adentró por primera vez en el territorio de la denuncia. Alice era una misionera evangélica. Para ella, plasmar la fatídica escena no era arte ni documentación periodística. Sintió una obligación moral. Por primera vez, una imagen se replicaba por todo el globo para hacer de lo invisible algo evidente que no se podía eludir; el mundo ya no podía ignorar los insidiosos susurros llegados del Congo. La estampa rompía el silencio cómplice con un grito desgarrador. Sin embargo, en los ciento veintiún años que separan el disparo de Alice de este reportaje, la fotografía ha cambiado mucho en su relación con el sufrimiento. Se diría ahora que el silencio se debe no a la ausencia de imágenes sino a la abundancia. La eclosión del fotoperiodismo encierra una paradoja difícil de conciliar: nos abrió los ojos a injusticias inenarrables y, al mismo tiempo, nos acostumbró a que el sufrimiento humano se pudiera convertir en ruido, en una saturación abrumadora e inasumible, y, quizá lo peor de todo, en contenido. En la era del clickbait, las imágenes morbosas se ofrecen como una valiosa moneda. La pensadora estadounidense Susan Sontag, en su libro Ante el dolor de los demás (Farrar, Straus & Giroux, 2003), transmite bien esta tensión entre la cualidad necesaria de ciertas fotografías y el problema que presenta su sobreúso: «Las imágenes de sufrimiento no refuerzan necesariamente la conciencia ni la capacidad de compasión; también pueden deteriorarlas. Una vez que se ha visto esas imágenes, se entra en una espiral de ver más y más. Las imágenes nos hipnotizan. Las imágenes nos anestesian». Y, sin embargo, allí donde la miseria existe —y no se oculta—, también germinan risa, juventud y futuro. Las fotografías de estas páginas no buscan sacudir desde el horror sino evocar desde la posibilidad. No prometen salvación, pero recuerdan algo esencial: que, incluso en los lugares más maltrechos, el futuro no ha sido cancelado. El fotógrafo y ensa-
COSTUMBRISMO EN KINKWEMI A la sombra de majestuosos árboles de mango, unas aldeanas recorren el terroso camino que atraviesa la disgregada comunidad de Kinkwemi, al sur de Kinshasa. Mientras caminan sostienen sobre la cabeza grandes palanganas y recipientes, imagen que se repite a lo largo y ancho del continente africano.
yista Joan Fontcuberta, conocedor de la «avalancha icónica casi infinita» de la modernidad, ofrece sin embargo un perspicaz matiz en Imágenes latentes. La fotografía en transición (Dalpine, 2025): «De buscar refugio o consuelo en las imágenes hemos pasado a sentirnos atemorizados o asfixiados por ellas. Por eso nos alivian los reductos en que el azar y las zonas de oscuridad actúan de contrapoder testimonial frente a la abrumadora fuerza de la cartografía absoluta y del monitoreado indiscriminado [...]. Nos espolean, por lo tanto, las imágenes que no tenemos y que no podemos dejar de buscar». El Congo no puede ser presa de una cartografía pretérita, cínica e incompleta. A medida que progresa el país, su gente merece también una actualización de su imaginario frente al mundo.
Mirar al Congo desde la esperanza no es negar su historia ni maquillar sus heridas. Es atender también a hechos concretos que, aunque frágiles, apuntan hacia otro lado. En las últimas décadas ha aumentado la alfabetización hasta rondar el 80 por ciento, según la Unesco. La esperanza de vida ha superado los sesenta años, reflejo de mejoras lentas pero sostenidas en salud pública. La mortalidad infantil, explica Unicef, ha descendido de forma significativa con respecto a finales del siglo xx, cuando enfermedades como el sida o la malaria mermaban la población sistemáticamente. En el año 2000, la tasa de muertes de menores de cinco años era de 159,2 por cada 1000, frente al 73,2 registrado en 2023. Además, la sombra de la pobreza muestra, en los datos del Banco Mundial, una ligera tendencia
a la baja, del 65 al 56 por ciento en los últimos veinte años. Los brotes verdes no abruman, pero bastan para afirmar que el país no está detenido, sino demográficamente predispuesto a mirar al porvenir. La República Democrática del Congo posee un activo con el que Occidente casi ni puede soñar, y no es ninguna riqueza mineral atrapada en sus tierras. Los congoleños tienen una robusta pirámide poblacional —de pagoda, dicen los estadísticos—, en la que el 60 por ciento de la población tiene menos de 25 años, según el diario Expansión, una de las naciones más jóvenes del mundo. Allí donde hay aulas que funcionan, chavales que estudian y niños a los que no han expulsado del futuro, hay algo más que resistencia. Hay oportunidad. Nt
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Grandes temas Del expolio a la esperanza
MEDIO MILLAR DE HERMANOS En Mama Koko (Kinshasa), el orfanato más grande del país, conviven más de quinientos niños llegados de toda la geografía congoleña. Es Domingo de Ramos y cánticos de armonías robustas y alegres reverberan en la misa al aire libre. Los pequeños tan pronto bailan como juegan con sus cruces de palma, o se echan un sueñecito estratégico: la liturgia dura tres horas. El sacerdote traza una analogía con la Pasión de Jesucristo: el Congo aún padecerá grandes estragos antes de su salvación. Les pide a los huérfanos que sean fuertes y no se derrumben. Estas palabras de ánimo y confianza contrastan con las vidas pasadas de muchos de ellos; en la República Democrática del Congo, es habitual que a los niños se les repudie y abandone en la calle. A menudo, el motivo son las infundadas acusaciones de brujería.
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CON LA PEINETA APUNTANDO AL FUTURO La sonrisa de Mathé (arriba) es cándida y contagiosa. Cursa 4.º de Primaria y es la mayor de los doce huérfanos de La Misericordie, en Kinshasa, una ciudad en la que, según un informe de la ONG Human Rights Watch, se estima que más de 30 000 menores tienen que sobrevivir sin un techo. No guarda recuerdo del accidente de tráfico en el que perdió a sus padres, pero sí de cuando falleció su abuela y acabó en la calle. Tenía seis años. Hoy sueña con convertirse en médico. Sus hermanastros creen ciegamente en que Mathé será importante en el futuro. Eben, de ocho años, ya se ha reservado el honor de ser su chófer particular. Aquí, todos tienen claro qué quieren ser. Arlime (a la derecha) entiende el valor de las historias y quiere ser periodista. Para alimentar estas vocaciones, estos niños son beneficiarios del programa de becas de la Fundación Amigos de Monkole.
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Grandes temas Del expolio a la esperanza
QUE SE ACABEN LAS VACACIONES En una choza penumbrosa, un grupo de niños ávidos aguardan en los pupitres. Sin embargo, el profesor no aparecerá porque son las vacaciones de Semana Santa. La pizarra está llena de frases y dibujos que se han ido acumulando entre juegos durante estos días sin clase. Los chiquillos posan para la foto y luego se acercan curiosos a verla. Se decepcionan al comprobar que la Leica no tiene pantalla para poder mostrársela. Cuando se reanuden las clases, los pupitres se atestarán con estudiantes de edades dispares procedentes de distintos rincones de la zona rural de Mont N’Gafula. Muchos de ellos tienen padrinos en Occidente que financian su formación académica por medio de oenegés; la matrícula de un curso cuesta 210 euros al año.
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LA PAZ A LAS AFUERAS Recorriendo serpenteantes y lodosos caminos durante una hora en dirección sur desde Kinshasa, uno llega al poblado de Kinkwemi. Lejos de la anárquica macrópolis, este municipio rural no se presenta con la misma actividad caótica. Casitas con tejado de hojalata permanecen detenidas en algún tiempo confuso, entre la edad del adobe y la de los paneles solares. Todas tienen uno, donado por alguna ONG. Esta tecnología moderna se antoja demasiado nimia y ocasional para mitigar un día a día exigente y precario. En estas viviendas rudimentarias en las que, si acaso, un biombo de caña o una cortina sirve para separar el espacio, es habitual encontrar familias enteras: la tasa de natalidad supera aquí los seis hijos por mujer. A menudo, además, el padre se ausenta durante la semana para ir a trabajar al campo o en la ciudad.
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Grandes temas Del expolio a la esperanza
VIVIR DE LA TIERRA Jóvenes desbrozan los restos de una palmera enfrente de un extenso campo de yuca. También conocida como mandioca, es el principal sustento de la dieta congoleña, la base silenciosa de la seguridad alimentaria del país. En amplias zonas rurales y urbanas, aporta casi todas las calorías diarias de millones de personas. Se consume hervida, fermentada o en harina para preparar fufu, una masa espesa que sirve tanto como snack hecha bolitas como de acompañamiento para guisos y sopas. La ventaja crucial de este tubérculo es la resiliencia: crece en suelos pobres, soporta sequías y puede permanecer en la tierra como «reserva viva» hasta el momento de la cosecha. En contextos de inestabilidad y precios volátiles, la yuca no es solo una tradición culinaria: es el remedio contra el hambre y una estrategia de supervivencia cotidiana.
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COSTURA CALLEJERA Una joven posa con su máquina de coser de pedal, un modelo Singer que puede tener cien años, pero que goza de plena vigencia en esta macroúrbe, donde los continuos apagones reducirían la eficacia de las máquinas eléctricas. En el puesto vecino, una mujer vende plátanos, manguitos y yuca. Marcando el ritmo de la faena con un vaivén de tobillo, la costurera atiende un sinfín de remiendos, ese concepto casi olvidado en Occidente. Cerca de ella, otras mujeres ocupan puestos donde venden provisiones cotidianas en cantidades irrisorias; pastillas de jabón minúsculas, puñados de detergente en polvo en bolsitas de plástico, hatajos de hilo de apenas un metro... En Kinshasa, el menudeo extremo se ha convertido en una forma de buscarse la vida, en un cortoplacismo obligado por un mañana que no siempre comparece.
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Grandes temas Del expolio a la esperanza
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SOBRE EL AUTOR
DE REPUDIADOS A REFERENTES A los hermanos Fils y Ruth su familia los acusó de brujería y los abandonó siendo aún niños. El fenómeno de los enfants sorciers perdura en Kinshasa desde los años 90, cuando el colapso tras la dictadura de Mobutu disparó esta aberración sincretista. En un contexto de pobreza extrema, hasta 25 000 criaturas se convirtieron en chivos expiatorios de desgracias que nadie sabía explicar. La mayoría acaba en la delincuencia, la prostitución o la adicción a los solventes (botes de pintura, barniz, pegamento…), cuyos vapores sirven para quitar el hambre y también el miedo. Fils y Ruth vagaron varias semanas hasta refugiarse en una parroquia católica que los derivó al orfanato Mama Koko. Hoy, Fils tiene 26 años y se prepara para ser técnico de laboratorio; y Ruth, de 21, es enfermera pediátrica en ciernes; los dos trabajarán en Monkole, uno de los hospitales de más prestigio del Congo. Fils a menudo entona este dicho: «Cuando algo se da, se usan dos manos; una para entregar, otra para recibir». Él ha recibido mucho, y le toca devolver. Cada poco vuelven al orfanato donde crecieron para echar una mano. Ya no son aquellos niños asustadizos y perdidos que llegaron de la intemperie. Ahora transmiten su sentido de responsabilidad a los más pequeños; son la prueba fidedigna de que sí se puede salir adelante.
Álvaro Hernández Blanco [Com 12] es documentalista y creador de contenidos centrado en historias de dignidad humana en contextos complejos. Su trabajo por países como México (en el número 717 de Nuestro Tiempo publicó el reportaje «También sueñan en Tijuana»), Honduras o Senegal ha explorado temas como migración, salud y desarrollo desde una mirada que rehúye el sensacionalismo. En esta expedición a la República Democrática del Congo grabó el documental Kobotama Lisusu (Los renacidos), dedicado a niños y jóvenes que reconstruyen su vida tras experiencias de abandono y estigmatización. El viaje se realizó en la Semana Santa de 2025 de la mano de la Fundación Amigos de Monkole, cuyo programa de becas y escolarización permite que niños desfavorecidos accedan a educación y seguimiento médico; en apenas dos años se han financiado ochenta matrículas escolares. Este reportaje nace de ese encuentro entre narración visual y compromiso humano.
Trailer Documental: Kobotama Lisusu
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Grandes temas Anatomía de una desinstitucionalización
LA POLÍTICA ESTADOUNIDENSE YA NO SE HACE EN EL CONGRESO 52—Nuestro Tiempo marzo 2026
Estados Unidos ha vivido en la última década una mutación silenciosa y constante: la política ha cambiado de manos y ahora son tribunales, think tanks y la calle misma los que marcan la agenda. El futuro del gigante americano se dibuja cada vez menos desde el Capitolio. ¿Cómo ha sucedido? Recorremos la anatomía de esta desinstitucionalización que, aunque parezca lejana, empieza a asomar también en España. texto Pablo Mariñoso de Juana
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Grandes temas Anatomía de una desinstitucionalización
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IV OL L IL /W E EF
pese a la imponente blancura de su cúpula, el Capitolio de los Estados Unidos se ha convertido durante los últimos años, quizás por la ironía del destino, en un monumento a su propia disfunción. El shutdown del pasado otoño —aquellos meses de paréntesis de las tareas de la Administración por una falta recurrente de acuerdo presupuestario— fue mucho más que una simple disputa fiscal. Aquello levantó, de hecho, el símbolo de una abdicación. Las instituciones norteamericanas protagonizaron no solo una dejación de funciones, sino sobre todo una dejación de derechos. De Washington D. C. como sede del bullicio institucional hasta los parques nacionales más recónditos de la Costa Oeste, el país experimentó entonces un insólito parón: más allá de los once cierres de Gobierno anteriores, Estados Unidos registró entre octubre y noviembre de 2025 el shutdown más largo de su historia. Todo lo que lleva federal por apellido quedó congelado, pero no lo demás: la sociedad norteamericana continuó a pleno rendimiento. Y así todavía hoy: mientras los legisladores se enzarzan en guerras de posiciones sin un vencedor claro, el entramado político de la sociedad civil no se detiene.
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Esta es la paradoja más fascinante y menos comprendida de la democracia norteamericana: el país marcha bien y mantiene su estabilidad a pesar de que su poder legislativo —y parte del ejecutivo— se encuentre en un estado de parálisis casi permanente. Esto no siempre fue así, claro: el estancamiento legislativo estadounidense es un fenómeno reciente, agudizado desde finales de los años noventa y cronificado tras la crisis financiera de 2008. Entonces el bloqueo dejó de ser una anomalía para convertirse en una estrategia política que el presidente Trump y sus adversarios han sabido aprovechar. Es lo que Francis Fukuyama llamó vetocracia: el veto no es ya una anomalía sino el primer recurso de las instituciones. A la inmovilidad del Capitolio se suma el hartazgo que provoca la polarización de la capital como argumento primario para despojar a Washington de su carácter de eje. El bullicio político queda, así, en manos de una vasta y sofisticada red que trabaja fuera de las estructuras formales: la sociedad civil. De ahí que desde los años noventa —cuando la polarización comenzó a erosionar los principales
consensos, como en el impeachment de Bill Clinton en 1998 o el shutdown de 1990—, pero en especial desde 2010, el verdadero motor de la nación ya no resida en los despachos de «la Colina», sino en la calle, en los campus universitarios, en los medios de comunicación y, de un modo crucial, en una variadísima arquitectura de organizaciones, asociaciones e iniciativas privadas. Este entramado de actores podría llegar a ser la realidad que termine reconfigurando el espacio público y la conversación política en España y el resto de Europa, como sucedió antes con el wokismo. El andamiaje que sostiene la política estadounidense se encuentra hoy, de manera determinante, en el activismo, las iniciativas privadas y la presión social. El poder se ha topado con una novedosa geografía, y solo entendiendo sus coordenadas se podrá anticipar el futuro que probablemente le espera a España. otro eje político. Los que saben de ciencia entenderán la metáfora. Como la física, la política aborrece el vacío. Por eso la sociedad civil ha ocupado el peso político que durante siglos retuvieron las instituciones. Pensadores como Chantal Delsol han hablado de este proceso de deslegitimación como una crisis de las instituciones tradicionales frente al auge de la pertenencia a grupos concretos y gobernables. De vuelta a la metáfora científica: este fenómeno de traspaso de poderes obedece en Estados Unidos a una suerte de ley de la conservación de la energía (política). No es que el poder se destruya o construya, sino que se transforma. La incapacidad de las instituciones para generar leyes federales obliga a crear marcos políticos en nuevos niveles.
Pero ¿cuáles son esos niveles? ¿Qué eje vertebra el funcionamiento de esta política norteamericana? Este desplazamiento del poder ha quedado durante los últimos años perfilado en tres direcciones clave. En Estados Unidos, la relación entre el ciudadano y el Estado ya no pasa por la Administración federal, sino por el Estado, el juzgado y la sociedad. Hay, en primer lugar, una deriva hacia lo estatal: si antes D. C. era el nervio de la configuración ideológica del país, este fenómeno de descentralización se ha intensificado con la vuelta a los cincuenta Estados. La sentencia Dobbs vs. Jackson de 2022 es un ejemplo paradigmático de ello: el poder legislativo sobre el aborto ha caído en manos de los Estados. No es esto una demostración del principio de subsidiariedad; más bien la consecuencia de un hartazgo. Los Estados norteamericanos —y, con ellos, un entramado de gobernadores, asambleas y fiscalías— se han erigido en nuevos protagonistas del rearme ideológico y político estadounidense. Pero también legislativo: todo aquello que no se puede aprobar a nivel federal a causa de la parálisis de las instituciones se impone por separado en Illinois, Nevada o Arkansas. En las leyes de los cincuenta Estados se encuentran ejemplos de esta descentralización: mientras que el Congreso apenas ha logrado una legislación unificada sobre las políticas de cambio climático, marzo 2026 Nuestro Tiempo —55
Grandes temas Anatomía de una desinstitucionalización
Estados como California —gobernado por el demócrata Gavin Newsom— han impulsado políticas de emisiones que afectan a toda su cadena de suministro. De la Costa Oeste ha salido, de facto, una nueva obligación para el resto de Estados Unidos. Algo parecido lleva un tiempo ocurriendo en el lado republicano: la agenda sobre el derecho a portar armas —la famosa segunda enmienda— o el control de la educación se está diseñando e implementando para el país entero desde los «Estados rojos». El segundo desplazamiento es más bien judicial. La toga ha cobrado más fuerza que algunos escaños, y el asiento en un tribunal se ha demostrado capaz de influir con fiereza en el sistema político norteamericano. Un conocido politólogo, el catedrático canadiense Ran Hirschl, llama a este giro juristocracia. En Estados Unidos la contienda legal es más rápida y decisiva que el lento debate legislativo de la Colina. Los juzgados —desde las cortes de distrito hasta el Supremo— son terreno de combate político, con lo que abogados, fiscales y jueces se transmutan en actores políticos. La vanguardia lleva puñetas: mientras que una ley del Congreso puede acabar derogada en la siguiente legislatura, una victoria en la Corte se hace ley permanente. El tercer vuelco de paradigma se esconde en el creciente protagonismo de la sociedad civil. Si bien los partidos tradicionales conservan su peso histórico —especialmente el binomio demócratarepublicano—, la sociedad civil aparece como la retaguardia de estas organizaciones. Son ciudadanos los que asumen responsabilidades que antes eran propias de los aparatos partidistas: la llamada al voto, la formación de nuevos cuadros de partido, la búsqueda de fondos y el diseño de políticas dependen de iniciativas independientes y campañas privadas. Esta infraestructura es el auténtico sistema que ha permitido que la política estadounidense continúe operando bajo esa fachada de la disfunción institucional. la arquitectura invisible. ¿Esto no ha sido siempre así? ¿No es cierto que la sociedad civil ha jugado un rol protagonista en la historia americana? ¿Qué es lo que ha cambiado? Son muchas las aristas de esta arquitectura invisible, y todas ellas quedan hilvanadas por una certeza: lo civil en la política ha adquirido un grado notable de profesionalización, 56—Nuestro Tiempo marzo 2026
una red de búsqueda de fondos sostenida y un reparto equitativo de la importancia. La política fuera de las instituciones ya no es un activismo amateur, sino una industria organizada. Aquí entran los think tanks. Si bien en España su presencia y reconocimiento parecen, hasta la fecha, limitados, en la atmósfera americana se vislumbra con normalidad la función de los numerosísimos centros de pensamiento que configuran la conversación pública. Durante décadas estos laboratorios de ideas han desarrollado una intensa agenda de consultoría política: los senadores y congresistas sabían que en los informes de estos think tanks encontrarían con frecuencia análisis sugerentes… y poco más. Pero algo ha cambiado: hoy diseñan la gobernanza política. Organizaciones como el Cato Institute —corazón del pensamiento liberal—, la Heritage Foundation —bastión del conservadurismo americano—, la Brookings Institution o el Center for American Progress —destacado laboratorio progresista— ya no se limitan a publicar análisis e informes. Durante los últimos años, han venido desarrollando una doble misión: el diseño directo de políticas y la formación de líderes. No es difícil encontrar en alguno de estos think tanks modelos de legislación ya redactados sobre asuntos complejos como la reforma fiscal, el futuro de las universidades o el reajuste del sistema de energía. Un ejemplo de esto último se encuentra en el informe A 100 Percent Clean Future, del Center for American Progress. Poco antes de la segunda victoria de Donald Trump, en noviembre de 2024, la influyente Heritage presentó su «Proyecto 2025», una extensa colección de propuestas para remodelar el Gobierno federal y consolidar el poder ejecutivo desde un prisma conservador. Bajo la teoría del «ejecutivo unitario»,
federal hasta una oficina estatal— suelen llegar profesionales entrenados en estas instituciones, familiarizados con sus prioridades y herederos de su cultura política. Años de desinstitucionalización han hecho que estos centros escalen de los informes y las recomendaciones a la presencia misma de sus cuadros en el engranaje del Estado. No son, tal vez, vicepresidentes, pero ocupan puestos de responsabilidad. Por ejemplo, James Sherk, del America First Policy Institute, fue asistente especial de Trump en el Consejo de Política Nacional, un ente que también dirigió Andrew Bremberg, vinculado a Heritage Foundation.
la fundación preparó los primeros cien días de mandato de Trump con medidas muy específicas como reclasificar a miles de funcionarios públicos, reformas ambiciosas en el Departamento de Justicia o el FBI y el desmantelamiento de otros órganos, como el Departamento de Educación o el Departamento de Seguridad Nacional. En el proyecto también se incluían reducciones drásticas en políticas ambientales, una extensa batería de pautas provida y en defensa de la familia, y la promoción de una agenda cristiana dentro del aparato estatal. Por esta vía, los think tanks son auténticas canteras de poder. Su capacidad añadida para formar líderes, moldear visiones ideológicas y preparar a equipos completos les está permitiendo influir en la Administración antes incluso de que una mayoría alternativa gane las elecciones. Allí donde se queda una vacante —desde una agencia
otras formas de activismo. Los think tanks son la cara más institucionalizada de esta nueva geografía del poder. En paralelo, el activismo en la calle y las redes ha dejado de ser un actor secundario del reparto para convertirse en una fuerza permanente, organizada y muy especializada. Un ejemplo paradigmático de esta especialización es el entramado de organizaciones provida en Estados Unidos. Más allá de la protesta, las asociaciones provida norteamericanas operan con abogados, estrategas electorales, expertos en comunicación y asesores legales, con la finalidad de no solo expresar su voz en la calle sino también en tribunales, asambleas y medios de comunicación. Vivimos en un tiempo entregado a una constelación de causas concretas —¡concretísimas!— que, desde la cocina de cualquier casa o el teléfono de un adolescente, puede lograr la agitación de los cimientos de todo un país. La movilización provida que se dio tanto en las redes sociales como en organizaciones descentralizadas logró, en 2022, revertir la sentencia de Roe vs. Wade. No hace falta un partido para sentirse integrado en un grupo social con intereses políticos articulados: basta una comunidad digital, una revista de pensamiento o un líder carismático en redes para encender la chispa. Uno de los campos más llamativos es el control de la educación. El currículo escolar protagoniza un debate siempre candente en Norteamérica. Y marzo 2026 Nuestro Tiempo —57
Grandes temas Anatomía de una desinstitucionalización
ahí grupos como el conservador Moms for Liberty han descubierto que la política más influyente es la que se libra en lo concreto: la educación de sus hijos. Las juntas de padres —espacios alejados del ruido nacional— parecen campos de debate ideológico. Su caso es paradigmático: lo que empezó como una oposición a determinadas lecturas en clase —desde El guardián entre el centeno hasta Género Queer— o unidades didácticas de contenido ideológico se ha transformado en una ofensiva cultural de gran calado. Nacieron en la republicana Florida en 2021 y pronto extendieron su labor por numerosos Estados demócratas. Sin embargo, su fuerza no reside en grandes aparatos y estructuras, sino en la movilización de miles de madres y padres que jamás se unirían a un partido, pero sí a una causa que perciben como personal. ¡Son sus hijos! En el extremo opuesto del espectro político, el activismo climático ha encontrado su propia forma de presión. Sunrise Movement, heredero de las tácticas del activismo estudiantil, ha llevado la protesta al terreno de lo disruptivo. Han okupado edificios, organizado sentadas y manifestaciones, escraches y campañas virales que han servido para poner sobre la mesa de los líderes demócratas propuestas que, hasta hace pocos años, parecían impensables, como el Green New Deal. Al igual que tantas otras iniciativas, carecen de escaños, pero han acumulado cierta capacidad para monopolizar la atención de los medios de masas, conectar las quejas de los jóvenes y elevar el coste político de la inacción climática. Este ecosistema confirma una intuición decisiva para el futuro del modo de hacer política: el activista contemporáneo ya no necesita la mediación de los partidos políticos. No requiere el paraguas de 58—Nuestro Tiempo marzo 2026
una estructura tradicional ni que lo avalen congresistas poderosos para defender con vehemencia su causa. Es en esta asociación inmediata, sin intermediarios, donde reside la verdadera potencia del activismo estadounidense: en la calle se esconde una fuerza que reorganiza la política desde abajo. ¿qué queda del algoritmo? La conversación pública ya no transcurre en las columnas de opinión de las grandes cabeceras ni tampoco en los platós televisivos. En EE. UU., como en la mayoría de países europeos, un océano de pantallas organizadas a través de algoritmos decide qué merece nuestra atención. Es el tribalismo moral del que habla Jonathan Haidt: sin los filtros tradicionales y con un discurso siempre personal, a menudo centrado en las emociones y, recientemente, más radicalizado, la política se ha vuelto un producto de consumo inmediato. Se han cambiado los discursos por los reels, y el desacuerdo se percibe como una amenaza y no como una diferencia legítima. En esta lógica de la velocidad han emergido figuras que transforman su propio carisma en una plataforma de poder. El líder ha mutado en activista viral —ya sea podcaster, influencer o rebelde universitario—, y la distanciada relación del político con su votante se ha metamorfoseado en un diá-
logo directo en redes. El activista, además, no rinde cuentas a una estructura de partido ni necesita el respaldo de un programa electoral: bastan un micrófono, una cámara y un fragmento polémico que prenda la llamarada de la vehemencia. Lo que antes era un debate moderado ha dado paso a una sucesión de monólogos encendidos y cápsulas de indignación y euforia. Como la música monótona de los ascensores de los hoteles, el debate es una melodía de fondo que no para de sonar. Esto tiene un coste para la sociedad estadounidense. A Charlie Kirk lo asesinaron por la fina línea que separa la disidencia de la guerra. Que no haya foros de encuentro ha acelerado la polarización en la sociedad americana, e indignarse ya es la manera más rentable de comportarse. El algoritmo ha hecho que la diversidad de opiniones quede anulada y que cada quien escoja su propio menú. el espejo estadounidense. Esta migración del poder fuera de las instituciones no es un fenómeno autóctono, fruto de las evidentes rarezas de Washington o de su tradición política. Aunque en Estados Unidos se ha dado con mayor intensidad, este hecho es, más bien, la manifestación visible de un cambio estructural que recorre todas las democracias y que se acerca también a la española. Los síntomas están aquí, tímidos pero innegables. El sistema político español vive una erosión silenciosa que recuerda, en un espejo más tenue, lo que Estados Unidos ha experimentado en la década pasada. El primer indicio está en la crisis de confianza en los partidos políticos. La fidelidad a las siglas, hace décadas un componente estable de la política española, se ha ido diluyendo con la misma sencillez con la que han crecido las plataformas digitales y las iniciativas personalistas. Los ciudadanos buscan ahora refugios más inmediatos y afines a preocupaciones concretas. Más que en los partidos, se confía en asociaciones, colectivos y canales de opinión personalizados, mientras que las estructuras clásicas de los partidos ya no ofrecen eso. La pertenencia, como
en América, se ha desplazado del Congreso a la calle. A esto se suma un segundo rasgo: la judicialización de la vida pública. Allí donde la política no llega, lo hace un tribunal. En España, como en Estados Unidos, los magistrados se constituyen en dinamizadores de gran importancia, y muchos ciudadanos confían al poder judicial lo que antes se esperaba del legislativo. Un tercer síntoma es el más revelador: el triunfo de las narrativas por encima de la ley. No son pocos los grupos que, bien coordinados y financiados y hábiles en el manejo del lenguaje —quien nomina domina, dijo Pierre Bourdieu—, están logrando instalar marcos de pensamiento alternativos que condicionan el debate público con más eficacia que cualquier ley aprobada en las Cortes. La desinstitucionalización ha permitido que las palabras sean armas políticas, y, de hecho, quien controla el relato controla una parcela de poder. Estados Unidos es hoy el laboratorio más visible de todo este fenómeno. Su Capitolio ha perdido la potencia de su voz, al tiempo que una política alejada de las instituciones no deja de gritar. En medio de este estruendo —que resuena con fuerza en juzgados, en redes sociales y en campus universitarios— parece asomar un futuro posible: uno en el que la democracia sigue funcionando, sí, pero que todavía necesita aprender a gobernar cuando buena parte de lo importante sucede fuera de sus instituciones de siempre. Nt
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TIEMPO DE CIENCIA Álvaro Presno
La tentación del infinito
aterrorizaba a Pascal expresa ese vértigo que vincula al ser humano con lo numinoso. Sin embargo, no siempre se entendió el infinito como plenitud. En sus orígenes, el pensamiento griego veía en lo ilimitado una carencia. El apeirón evocaba lo informe, lo indeterminado, aquello que aún no ha adquirido contorno. Para Aristóteles, cuya metafísica está anclada en la forma y el acto pleno, llamar infinito a Dios resultaba problemático: lo infinito remitía a lo inacabado e imperfecto. La tradición cristiana invirtió este diagnóstico. Gregorio de Nisa y Agustín pensaron el infinito como sobreabundancia: no como proceso interminable, sino como totalidad plena, toda a la vez, sin antes ni después. La teología medieval afinó esta intuición distinguiendo inmensidad y eternidad. La infinitud divina no designa una cantidad sin fin, sino una diferencia ontológica radical. Dios no es un ente máximo; su infinitud no compite con la finitud de las criaturas, sino que la funda. «Pocas cosas causan un efecto tan profundo El panorama cambió decisivamente en el siglo xix con Georg Cantor, quien se atrevió a pensar un infinito acabado. como el de explorar números descomunales. Mostró que no existe un único infinito, introdujo los números La mente se ve empujada hasta su límite y transfinitos y reveló una jerarquía (hay infinitos más infinitos experimenta una forma peculiar de vértigo» que otros). De la audacia de su empresa, Cantor distinguió estos infinitos matemáticos del Infinito absoluto, que identificó ECUERDO LA PROFUNDA IMPRESIÓN que me con Dios y situó más allá de toda operación cuantitativa. causó, todavía un niño, una reflexión de Carl Sagan Algunos teólogos han visto en esta arquitectura un recurso popularizada por la adaptación cinematográfica de sugerente. La separación entre infinitos tratables y un absoluto que los excede ofrece un lenguaje para pensar la trasContact (1997): «Si estamos solos en el universo, cendencia. Los infinitos matemáticos funcionan como velos: cuánto espacio desaprovechado». El universo observable contiene del orden de cien apuntan hacia algo que los sobrepasa, pero no lo contienen. Las matemáticas afloran con facilidad esta experiencia. mil millones de galaxias, cada una con cientos de miles de Explorar números descomunales —el número de Graham, millones de estrellas. Por el modelo cosmológico estándar TREE(3), construcciones de la teoría de Ramsey— produce —el ΛCDM— sabemos que ese universo se expande desde vértigo. Son finitos, pero superan inconcebiblemente el núhace unos 13 800 millones de años. Ignoramos si es infinito. mero de partículas del universo observable. No caben en ninAlgunos marcos derivados de la relatividad general, como las gún soporte físico. Ese vértigo no es el infinito: es el límite de geometrías espacialmente planas descritas por Friedmann, nuestra representación, es la inmensidad de lo inteligible. son compatibles con un universo ilimitado; pero ilimitado no Para Dios, crear cien mil millones de galaxias para iluminar equivale a infinito, y lo observable es finito. la noche —o a nosotros— no sería más que Ante esa vastedad que desborda nuestra un parpadeo. Un acto creador, simplicísimo, capacidad de representación, resulta natural LA PREGUNTA DEL AUTOR ontológicamente indistinguible de la menor identificar lo inconmensurable con lo divimuestra de omnipotencia. no. La inmensidad se convierte en metáfora ¿Qué inmensidades hacen Tal vez estas magnitudes no prueben de Dios, una intuición consustancial al ser que pienses en el infinito? nada. El infinito matemático no captura a humano. Es un gesto cómodo: cuando el Dios. Pero la desproporción entre nuestra pensamiento alcanza su límite, lo proyecta mente finita y la realidad que intenta penhacia arriba y lo nombra infinito o Dios. Pero sar —más que la escala del cosmos— es, lo que excede nuestra medida, aun cuando quizá, el lugar donde comienza la pregunta nos parezca sagrado, no agota la cuestión de religiosa. lo absoluto. Esa experiencia de desproporción combina fascinación y sobrecogimiento ante lo Álvaro Presno es doctor en Ingeniería de Minas y en Matemáticas, director de ingeniería, investigador y proabsolutamente otro. La imaginación intenta @NTunav fesor en la Universidad de León. abarcar lo inconmensurable, lo compara con Opina sobre este asunto en X. el propio yo y, al fracasar, se repliega. El «silencio eterno de esos espacios infinitos» que
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CAMPUS
actividades y más de 2100 estudiantes en la Semana del Deporte Universitario han avalado el premio BeActive 2025 del Consejo Superior de Deportes a la Universidad de Navarra.
NOS VISITARON PEDRO MIGUEL ECHENIQUE
ANNE IGARTIBURU
ROBERTO VERINO
JOSÉ MARÍA AZNAR
[24.02.26 Museo de Ciencias] El festival internacional de ci‑ ne científico #LabMeCrazy!, organizado anualmente por el Museo de Ciencias, ha concedido el premio Pasión por la Ciencia al catedrá‑ tico emérito de Física de la Materia Condensada Pedro Miguel Echenique. Este ga‑ lardón reconoce su trayecto‑ ria profesional, que incluye la presidencia de centros de investigación como el Donos‑ tia International Physics Cen‑ ter. El director del certamen, Bienvenido León, ha desta‑ cado su defensa de «la ciencia fundamental como motor cul‑ tural y social» y su compromi‑ so con la divulgación dirigida a las nuevas generaciones. Echenique, nacido en 1950 en Isaba (Navarra), fue uno de los pioneros en licenciarse en Física por la Universidad de Navarra (1972) y es doctor por Cambridge y la Autónoma de Barcelona.
[05.02.26 Facultad de Comunicación] «Lo que nos permitirá
[11.12.25 Escuela de Arquitectura]
[22.01.26 Facultad de Filosofía y Letras] Estudiantes del grado
Catedrático emérito de Física
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Comunicadora y creadora del canal Mi latido de más
sobrevivir frente a las amena‑ zas tecnológicas son los valo‑ res que rigen nuestra vida». Anne Igartiburu, presenta‑ dora de RTVE y creadora del espacio digital Mi latido de más —dedicado a la salud emocional y el bienestar— propuso esta reflexión en el Congreso sobre Ciudadanía y Derechos Digitales por la Facultad de Comunicación. En la mesa redonda que compartió con expertos como el psiquiatra Adrián Cano, Igartiburu subrayó que la clave no está en las prohibi‑ ciones, sino en la formación del criterio personal: tener conciencia de qué consu‑ mimos y qué aportamos al entorno digital. También advirtió de que detrás de la fragilidad identitaria de los jóvenes «hay miedo a no per‑ tenecer», un fenómeno qu solo puede contrarrestarse desde unos valores sólidos.
Diseñador de moda
El diseñador gallego Roberto Verino y su nieto Iago Jover, director de Innovación de la marca, visitaron la Universi‑ dad de Navarra para partici‑ par en un coloquio con es‑ tudiantes de Diseño, donde insistieron en aprovechar al máximo todas las oportuni‑ dades que ofrece el campus. Verino animó a los alumnos a implicarse en proyectos que tengan un impacto real: «La ventaja de estar estudiando en estas aulas es que contáis con la posibilidad de hacer cosas que valgan la pena y dejen huella». Los asistentes conocieron de primera mano la expe‑ riencia profesional de ambos y recibieron consejos prác‑ ticos sobre cómo mejorar la coherencia y calidad de sus proyectos. También reflexio‑ naron sobre la creatividad y la atención a los pormenores que exige el trabajo profesio‑ nal en diseño.
Expresidente de España
en Filosofía, Política y Eco‑ nomía (PPE) participaron en una charla impartida por el expresidente de España José María Aznar (1996‑2004) en el Aula Magna del edificio Central. La decana de la fa‑ cultad de Filosofía y Letras, Julia Pavón, presidió ese en‑ cuentro moderado por Pablo Pérez López, catedrático de Historia Contemporánea. El evento formó parte de la asig‑ natura Capstone Seminars, que contextualiza los desafíos actuales dentro de un marco académico. Aznar describió el momen‑ to actual como un «cambio de era» marcado por el fin del orden internacional de pos‑ guerra y la pugna entre gran‑ des potencias, especialmente Estados Unidos y China. Ad‑ virtió sobre el declive estra‑ tégico de Europa y defendió el vínculo atlántico como eje irrenunciable para Europa.
2400
corredores llenaron el campus de Pamplona en la décima edición de la Carrera de los Valientes, que se disputó el 15 de febrero, Día Internacional del Cáncer Infantil. Los fondos recaudados se destinarán a terapias específicas en el Cancer Center de la Clínica Universidad de Navarra.
ALFOMBRA ROJA
EFEMÉRIDE
Diez años del MUN El Museo Universidad de Navarra conme‑ mora y festeja una década de actividad con una cifra redonda: más de 100 000 personas han participado en los talleres de su área educativa desde 2015. Para ce‑ lebrar el aniversario, el Museo inauguró el 11 de febrero la exposición «¿Un cuadro puede ser mi amigo?», que reúne en la sala Torre una selección de creaciones nacidas de esos talleres. La muestra podrá visitarse hasta el 16 de agosto.
Comienza la construcción del Centro BIOMA La construcción del Centro BIO‑ MA de la Universidad de Nava‑ rra ya es una realidad visible en el campus: al cierre de esta edición se observan grúas y maquinaria trabajando en la estructura que se levantará junto a la plaza ya abierta y ajardinada. El proyecto, que se inició formalmente el 19 de enero, contempla un edificio de más de 20 000 metros cuadrados concebi‑ do como un lugar multidisciplinar que integrará docencia de grado, investigación —especialmente la del Instituto de Biodiversidad y Medio Ambiente BIOMA— y di‑ vulgación a través del Museo de Ciencias. Además, servirá de sede para el centro de emprendimiento Innovation Factory. El BIOMA, se‑ gún la rectora, María Iraburu, está destinado a «abordar los grandes retos que presenta la sociedad».
Contará con aulas y laboratorios por áreas temáticas, salas de expo‑ siciones, talleres y zonas de trabajo colaborativo. Todo conectado con una plaza de 7500 metros cuadra‑ dos, jardines, fuentes y áreas de descanso que vinculan la actividad académica con los espacios verdes del campus. El plazo de las obras, ejecutadas por VDR, es de entre 28 y 30 meses. En un inicio, el presupuesto as‑ cendía hasta los 30 millones de eu‑ ros, aunque la cifra de las últimas estimaciones disponibles alcanza los 45 millones. Al frente del diseño se encuen‑ tra el arquitecto Patxi Mangado (Estella, 1957), formado en la Es‑ cuela Superior de Arquitectura y profesor en esta misma institución desde 1982.
NOVEDAD
Llegan los soñadores de la Universidad La Universidad ha puesto en marcha Unav Dreamers, una iniciativa para am‑ pliar la base de donantes y fomentar la cultura de la donación entre la comunidad universitaria. El primer evento fue el mo‑ nólogo Apocalípticamente correcto, de Luis Piedrahita [Com 99], representado el 21 de enero en el Teatro del Museo ante un público entusiasta. Los beneficios se destinaron al programa de Becas Alumni. El formato busca combinar cultura y soli‑ daridad.
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CAMPUS
PUBLICACIONES
NOVEDADES ACADÉMICAS
Clúster de sostenibilidad y empresa La Universidad ha lanzado el Clúster de Sostenibilidad y Empresa, dirigido por el profesor en la Escuela de Ingeniería Javier Santos. Su objetivo es ofrecer una visión global de la investigación universitaria en sostenibilidad y fortalecer la colaboración con el tejido empresarial mediante formación, proyectos conjuntos y transferencia de conocimiento. La iniciativa aspira a convertirse en un punto de encuentro entre investigadores, empresas e instituciones que comparten el reto de integrar la sostenibilidad en la estrategia de las empresas.
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Cátedra Gustavo Cisneros El campus de Madrid fue escenario de la inauguración de la Cátedra Gustavo Cisneros, que estudiará el legado del empresario venezolano y fomentará la investigación, el debate y la formación de nuevas generaciones emprendedoras. En el acto estuvieron presentes Adriana Cisneros, CEO de Cisneros, y Patricia Phelps de Cisneros. La cátedra nace como plataforma académica para analizar las claves del liderazgo empresarial en América Latina y su proyección internacional. NOMBRAMIENTOS
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1. Los investigadores Jordi Puig y Miguel Pérez de Laborda, del Instituto BIOMA y la Facultad de Ciencias, han publicado Cuidar la Tierra herida. El valor y la fragilidad de la naturaleza, que recorre los grandes retos de la conservación y reflexiona sobre la relación de los humanos con el entorno natural. 2. En Se hace democracia al andar, Carlos Barrera, profesor en la Facultad de Comunicación, ofrece un ensayo sobre los últimos cincuenta años de España. El libro desentraña las claves de cuatro períodos políticos —consenso, cambio, prosperidad y crisis— y analiza cómo los estados de ánimo colectivos han influido en la manera de hacer política. 3. Concha Pasamar, profesora en la Facultad de Filosofía y Letras, nos invita en Melusina o La naturaleza de las hadas a redescubrir una leyenda medieval prácticamente desconocida en el ámbito hispanohablante, con ilustraciones propias y una edición inspirada en libros tardomedievales. 4. Ejercer una influencia positiva en el entorno digital es posible. La investigadora Patricia SanMiguel lo explica en el Libro blanco de la influencia responsable 2025. Impulsado por la Universidad, iCmedia y Conese, plantea un modelo centrado en la transparencia, el bienestar emocional y las buenas prácticas para creadores y usuarios de redes. 5. Ediciones Palabra presenta la obra póstuma del profesor Esteban López-Escobar Laura y Eduardo. Una historia de amor, con un relato afectivo que recuerda la potencia de los vínculos humanos más firmes. 6. Confidencias a media tarde marca la primera incursión del profesor emérito Carlos Soria en la ficción, publicada en Amazon. Reúne relatos breves y entrañables que reflejan su mirada curiosa y atenta sobre lo cotidiano. De todos ellos se pueden extraer grandes lecciones para la vida.
Cóilín Ó hAodha asume la dirección de ISSA School of Applied Management, después de Victoria Rodríguez Chacón. Marta Torregrosa toma el relevo de Teresa Sádaba para ser la nueva decana del Isem Fashion Business School. Francisco Javier Planes es el nuevo director de Tecnun-Escuela de Ingeniería, en sustitución de Raúl Antón, que se incorpora al Rectorado como vicerrector de Profesorado.
CON NOMBRE PROPIO
Nace el Instituto de Nutrición y Salud
La Universidad ha puesto en marcha el Instituto de Nutrición y Salud, que integra investigación, formación universitaria y atención clínica para impulsar la nutrición de precisión, la prevención de enfermedades crónicas y la transferencia del conocimiento al conjunto de la sociedad. El nuevo instituto reúne a investigadores de distintas facultades y de la Clínica con el propósito de ahondar de forma conjunta en los vínculos entre alimentación y salud, un campo en el que la Universidad sedimenta décadas de trabajo.
520 becarios Alumni estudian este curso
Gracias a las donaciones de antiguos alumnos, empresas e instituciones, un total de 520 universitarios estudian este curso. Desde su puesta en marcha, el programa de Becas Alumni ha permitido que 2245 jóvenes se formen en la Universidad. Las becas cubren parte o la totalidad de los costes académicos y representan una de las vías principales de colaboración entre la comunidad de antiguos alumnos y las nuevas promociones de estudiantes.
HOMENAJE
El 6 de marzo, en el Aula Magna del edificio Central, la Universidad rindió homenaje a Alejandro Llano, catedrático de Metafísica y rector entre 1991 y 1996, fallecido el 2 de octubre de 2024. El acto, presidido por María Iraburu en el marco de las lix Reuniones Filosóficas, contó con las intervenciones de Jaime Nubiola, Amalia Quevedo, Héctor Zagal, Juan Arana y Rafael Llano.
Marta Cuervo Zapatel [Nut 95 PhD 08], profe‑ sora en la Facultad de Farmacia y Nutrición, ha sido nombrada miembro académico de número de la Academia Española de Nutrición y Dietética. Este reconocimiento, uno de los más importantes en este campo en Espa‑ ña, destaca su trayectoria docente e investigadora y su contribución al de‑ sarrollo de la dietética clínica y la nutrición. Gema Pérez Herrera [His Com 12 Máster en Estudios Contemporá‑ neos 13 PhD His 17] ha sido galardonada con el Premio Ernestina de Champourcin por su in‑ vestigación Greta Gerwig. Biografía de la directora de Barbie, Mujercitas y Lady Bird, donde analiza la trayectoria de la direc‑ tora y su contribución a visibilizar la experiencia femenina en el cine con‑ temporáneo. Marta Alonso Roldán [Bio 97] recibió el xiv Premio Nacional de In‑ vestigación en Cáncer Doctores Diz Pintado, en reconocimiento a sus avances en terapias in‑ novadoras para tumores pediátricos y su contri‑ bución a la oncología traslacional, función que desempeña también co‑ mo directora del Grupo de Terapias Avanzadas para Tumores Sólidos Pediátricos en el Cima Universidad de Navarra.
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CAMPUS REPUTACIÓN
35.ª del mundo en empleabilidad. La Universidad ocupa el puesto 35 del mundo según el Global Employability University Ranking and Survey 2026, elaborado por Emerging para Times Higher Education a partir de más de 119 000 votos de empleadores de 32 países y 22 sectores empresariales. El ranking mide la capacidad de las universidades para formar graduados listos para el mercado laboral, y la posición de la Universidad de Navarra la sitúa como una de las tres españolas entre las cincuenta primeras del mundo.
Ocho iniciativas de I+D en Navarra
La Universidad ha obtenido 3,8 millones de euros en la con‑ vocatoria de proyectos estratégicos en I+D del Gobierno de Navarra. Coordina dos iniciativas y participa en seis más de las financiadas, en áreas como la medicina personalizada, las terapias avanzadas, la nutrición sostenible y la biotecnología. Las ayudas refuerzan una investigación orientada a resolver problemas reales, en colaboración con empresas e institucio‑ nes. Esta línea de financiación autonómica permite encarar retos específicos de la Comunidad foral con equipos multidis‑ ciplinares.
1.ª de España en reputación entre empleadores. El ranking QS Europe 2026 posiciona a la Universidad en el puesto 101 del continente, primera entre las españolas, dentro del 11 por ciento de universidades más destacadas de Europa. La clasificación valora especialmente la percepción que tienen las empresas sobre la calidad de los titulados, un indicador en el que el campus ha mantenido una trayectoria ascendente en los últimos años.
Eliminar la resistencia a los antibióticos La fundación «la Caixa» ha financiado con 995 000 euros el estudio biomédico liderado por Frank J. Hernández, investigador de Tecnun - Escuela de Ingeniería. El proyecto va dirigido a desarrollar una terapia de precisión contra la resistencia a los antibióticos, uno de los grandes desafíos sanitarios del siglo xxi. Además, busca diseñar herramientas moleculares capaces de actuar de forma selectiva contra las bacterias resistentes: una línea de trabajo que responde a la alerta de la OMS sobre la creciente ineficacia de los tratamientos habituales. UMAC
El Museo Universidad de Navarra recibió en Dubái el premio UMAC del Consejo Internacional de Museos por «Arts and Life», un proyecto que difunde la medicina paliativa a través del arte. Participaron el Observatorio ATLANTES, la Clínica y las facultades de Medicina, Enfermería y Educación y Psicología. La propuesta se materializó en la obra de teatro Cicely y David. 66—Nuestro Tiempo marzo 2026
LAPIDARIUM
Doble reconocimiento contra el alzhéimer
Maite Solas, investigadora de la Facultad de Farmacia y Nutri‑ ción, ha recibido la beca Pascual Maragall, dotada con 1,6 millo‑ nes de euros, y una ERC Consolidator Grant, con dos millones más, para estudiar el papel del metabolismo cerebral en las fases tempranas de la enfermedad. Su hipótesis: intervenir en ciertas rutas metabólicas podría ralentizar la progresión del alzhéimer o incluso revertirla en etapas iniciales. El doble reconocimiento sitúa a Solas entre las investigadoras españolas de referencia en neurociencia y abre una vía prometedora en un campo donde los avances terapéuticos no abundan.
raquel cascales, profesora de la escuela de arquitectura
«Solo quienes han conseguido atravesar sus propios abismos pueden acompañar a los demás en el suyo» De «El K-pop, la sociedad del espectáculo y la eterna pregunta por el mal», publicado en ABC el 9 de diciembre.
alejandro navas, profesor emérito de la facultad de comunicación
«La universidad debería ser el lugar donde uno se expone a ideas que le incomodan» De una entrevista publicada en el diario Información el 18 de febrero.
4,4 millones para 27 proyectos
La convocatoria nacional Generación de Conocimiento 2024, del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, ha concedido financiación para 27 proyectos de investigación de la Universidad en salud, inteligencia artificial, sostenibilidad, nutrición, comunicación y economía. La cifra consolida la presencia del campus en las convocatorias competitivas de España y refleja la diversidad de áreas en las que la Universidad mantiene una investigación reconocida por las agencias evaluadoras.
SELLO DE CALIDAD
El Cuerpo Europeo de Solidaridad ha reconocido a la Universidad con su aval de excelencia. Los miembros de la comunidad universitaria de entre 18 y 30 años podrán participar en voluntariados europeos o desarrollar iniciativas solidarias con apoyo económico. El proyecto lo coordina Cristina Pérez Guembe, de Tantaka.
santiago fernández-gubieda, profesor de la facultad de comunicación
«Cuando aparecen el bien, la belleza y la búsqueda de verdad, la conversación social deja de ser un ring y se convierte en plaza pública, cívica y saneada» Del artículo «Dios es un stalker», publicado en Diario de Navarra el 18 de noviembre.
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Campus Creer entre escombros
SAMER YOHANNA | SACERDOTE IRAQUÍ
«Somos supervivientes y ciudadanos activos, no reliquias bíblicas»
Casi diez años después de la derrota del Estado Islámico en Irak, la reconstrucción de las comunidades cristianas es un reto que encuentra obstáculos graves. Como consecuencia de la etiqueta «minoría en peligro», muchas familias se ven forzadas a emigrar. Incluida la de Samer Yohanna. En conversación con Nuestro Tiempo, el superior general de la Orden Antoniana de San Ormisda de los Caldeos desgrana las semillas de la esperanza, como las labores de reconstrucción del monasterio de San Jorge de Mosul, del que es su abad, y señala algunos estereotipos occidentales sobre los cristianos de su país. texto Leire Escalada [Com 10] fotografía Manuel Castells [Com 87]
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apenas el 0,7 por ciento de la población es cristiana en Irak, según estiman las autoridades cristianas. Unas 360 000 personas en un país de 47 millones de habitantes donde las huellas de medio siglo de guerra, terrorismo e inestabilidad siguen muy visibles. En 2003, calculaban un millón y medio de fieles. La violencia y la persecución, recrudecidas con la ocupación del Estado Islámico (ISIS) entre 2014 y 2017, forzaron a más de 100 000 a la diáspora, incluida la familia de Samer Soreshow Yohanna (Mosul, 1980), monje y sacerdote católico, superior general de la Orden Antoniana de San Ormisda de los Caldeos. De modo gradual, desde 2006, toda su familia abandonó el país, víctima de amenazas. A uno de sus hermanos lo hirieron en un ataque a la Iglesia del Espíritu de Mosul. Residen desde entonces en Francia, aunque su madre y uno de sus hermanos están «muy inclinados hacia la idea de tener un hogar en Irak». Yohanna espera que puedan regresar en un futuro cercano.
Él es el tercero de seis hermanos. Su nos del Estado Islámico. Tras un breve madre, Susi, tuvo que criarlos sola des- paso por Roma, volvió a su patria en dipués de que su padre, Soreshow, resul- ciembre de 2014, pero a Erbil, unos cien tase herido de muerte en 1987, cuando kilómetros al este, una ciudad que no combatía en la guerra entre Irán e Irak controlaba el ISIS y donde hoy disponen (1980-1988). Pasó su infancia en la Es- de un nuevo monasterio, el de Gabriel cuela Apostólica del Monasterio de San Danbow, en el distrito de Ankawa. El ISIS Jorge, en su ciudad natal, hasta su trasla- usó como prisión y destruyó el de Mosul. do a Bagdad en 1998, donde ingresó en la Los terroristas fundieron la estatua de orden y cursó sus estudios en Filosofía y bronce de san Jorge y emplearon una de Teología. Después de ordenarse sacerdo- las celdas como mezquita, según explicó Yohanna en otra entrevista. te en 2006, continuó su formación Con la caída del ISIS en Irak, en el Pontificio Instituto BíbliKu rd en 2017, comenzó una lenta y co de Roma. En 2014, una vez ist án compleja recuperación, aún defendida su tesis doctoral, Mosul Erbil en curso. En septiembre de Yohanna planeó una estancia 2025, el sacerdote, también de dos meses en Estados traductor y profesor en la Unidos, que tuvo que IRAK Salahaddin University de ampliar. PreocupaErbil, visitó el campus do por la situación Bagdag de Pamplona de la Unidel país y su comuversidad de Navarra, nidad, estaba siempre invitado por Juan pendiente de las noticias y del Chapa, catedrático teléfono. Se preguntaba cuándo pode Nuevo Testamendría volver a Mosul, desde junio en ma-
to. Durante su estancia, impartió varios seminarios en las Facultades Eclesiásticas y en el Instituto Cultura y Sociedad (ICS), en el marco del proyecto Reto ICS 2024-25 «Orientalismo y occidentalismo: miradas cruzadas». Conversó con Nuestro Tiempo entonces, y atendió una nueva entrevista tres meses después. La visita del papa Francisco, en marzo de 2021, marcó un hito para los cristianos iraquíes, les dio voz y visibilidad. Yohanna celebró la misa junto con el santo padre y los obispos en el estadio Franso Hariri de Erbil, a la que asistieron 10 000 fieles. Al finalizar, tuvo la oportunidad de abrazar a Francisco, quien le regaló una medalla como recuerdo en la que se ve a Abraham junto a una palmera datilera, símbolo del país, y la leyenda «Visit Iraquiam». Fue el primer viaje pontificio de la historia a Irak. En diciembre de 1999, san Juan Pablo II había querido conocer el país, pero tuvo que cancelar el plan por la prohibición del régimen de Sadam Huseín. marzo 2026 Nuestro Tiempo —69
Campus Creer entre escombros
¿Cómo recuerda esta visita histórica? Un éxito rotundo: dio visibilidad en el mundo entero, animó a los cristianos locales y mostró solidaridad global. Fue una profunda bendición, no solo para los cristianos, sino para el pueblo iraquí. Muchos se sintieron reconocidos, amados y honrados por un líder espiritual de talla mundial. La determinación del papa de no abandonar al pueblo iraquí, a pesar de las circunstancias difíciles del país, con enormes desafíos y preocupaciones de seguridad, nos conmovió a todos. Vino a Irak, trajo esperanza y nos recordó que no estamos olvidados, sino amados y acogidos. ¿Cómo describiría la situación actual de la comunidad cristiana en Irak? Los cristianos iraquíes experimentan una paradoja de renacimiento y vulnerabilidad. La reconstrucción comunitaria se da en algunas áreas, pero la inseguridad generalizada —especialmente frágil en regiones como La Llanura de Nínive y Bagdad—, la marginación política y las dificultades económicas empujan a muchos a emigrar. Los cristianos aún afrontan amenazas de las milicias [en el país operan todavía milicias de distinto signo] y situaciones violentas. También resulta evidente que la reconstrucción ha sido lenta, y numerosas casas continúan en ruinas. Hay incidentes trágicos que persisten: todavía sufren discriminación, confiscaciones de tierras y acoso. Además, se les presiona para vender propiedades por debajo de su valor y tienen recursos legales limitados. Las primeras consecuencias son el éxodo y la desconfianza hacia las autoridades. ¿En qué sentido observa una recuperación? Hay un renacimiento visible en la vida cristiana. Por ejemplo, en septiembre, las calles de Ankawa [distrito de Erbil, norte de Irak] se llenaron de cristianos para celebrar un evento de seis días en honor 70—Nuestro Tiempo marzo 2026
a la Cruz. Es un signo innegable de una comunidad resiliente y activa. Hay proyectos de restauración de enclaves patrimoniales, como la iglesia de Al-Tahera y la Gran Mezquita de Al-Nuri. Supone una verdadera esperanza para las familias cristianas que regresan a Mosul, y para cultivar una nueva generación que valore la convivencia. En Navidad, las iglesias están bellamente adornadas y acogen a cientos de fieles. Esos días, musulmanes y cristianos intercambian buenos deseos, y bastantes familias musulmanas incluso decoran sus casas y calles con árboles de Navidad y luces festivas y contribuyen a la alegría que inunda la ciudad. ¿Existe un clima de entendimiento? La memoria de las atrocidades del ISIS todavía está caliente. La mayoría de cristianos están convencidos de que sus vecinos apoyaron o no resistieron al ISIS, lo que dejó un legado de desconfianza. Está claro que las comunidades cristianas son más pequeñas y vulnerables porque muchos se han ido. Esta despoblación crea un círculo vicioso: una menor entidad política y cultural conduce a más emigración. Si bien la convivencia existe en la vida cotidiana —incluidas las relaciones entre vecinos, escuelas y empresas—, a nivel estructural aún encuentra obstáculos. Requerirá un Estado de derecho sólido. Esto significa proteger los derechos y las propiedades de todos los ciudadanos iraquíes, con independencia de su origen, desarmar a las milicias en las zonas pobladas por cristianos, aplicar reformas educativas que promuevan el pluralismo y, por último, apoyar el retorno y la estabilidad económica de las familias cristianas. A partir de los años ochenta, el país ha soportado guerras, ataques y violencia extrema: desde Sadam Huseín hasta la invasión estadounidense y la irrupción del Estado Islámico. ¿Cómo
«La visita del papa Francisco en 2021 fue un éxito rotundo: dio visibilidad en todo el mundo, animó a los cristianos locales y mostró solidaridad global»
ha evolucionado la situación de los cristianos? Es un hecho indiscutible que, con Sadam, Irak era un país autoritario, centralizado y dominado por el partido Baaz. Sin embargo, los cristianos tenían el estatus de minoría reconocida y una relativa protección siempre que se mantuvieran leales al régimen. Algunos incluso ocuparon altos cargos, como Tariq Aziz, ministro de Relaciones Exteriores. Era católico caldeo, aunque se debía al partido y no a su comunidad. Se vivía cierta libertad religiosa y las iglesias tenían las puertas abiertas. Pero la actividad política sin el control del Baaz estaba estrictamente prohibida. Los cristianos vivieron con mayor seguridad bajo este régimen que con los posteriores. A pesar de todo, se trató de un periodo de miedo y vigilancia, en el que el pueblo carecía de verdadera libertad. Tras la Guerra del Golfo de 1991 y las sanciones de la ONU, Irak se enfrentó al colapso económico y aumentó la represión. Los cristianos sufrieron, como todos los iraquíes, la pobreza, la escasez y el embargo. Algunos profesionales cristianos (médicos, ingenieros) emigraron, de forma lenta pero constante, debido a la falta de oportunidades. Esto provocó un descenso de la visibilidad cristiana y un debilitamiento de las instituciones comunitarias. ¿Qué ocurrió con la invasión estadounidense y la caída de Sadam en 2003? Al principio, se despertaron esperanzas de democracia y pluralismo, pero el colapso del Estado desató el caos: milicias, terrorismo y guerra sectaria, especialmente desde 2006 a 2008. Los cristianos se convirtieron en blanco de secuestros y asesinatos, y hubo atentados contra iglesias. En 2010, [terroristas de ISI, precedente de ISIS] atacaron la catedral de Nuestra Señora de la Salvación, en Bagdad, y murieron 58 feligreses. Cientos de miles huyeron, algunos hacia el Kurdistán [territorio autónomo dentro del Estado iraquí dirigido por el Gobierno Regional del Kurdistán] y muchos al extranjero: Jordania, Siria, Europa y América del Norte. ¿Cómo se vivió la llegada del Estado Islámico? El ISIS arrasó el norte de Irak y capturó
LA RECONSTRUCCIÓN
El 7 de marzo de 2021, el papa Francisco dirigió una oración pública en una Mosul todavía en escombros. ABACA / CONTACTOPHOTO
La iglesia de Al-Tahera, en Mosul, en 2017, después de que el ISIS la dejara en ruinas. UNESCO/ MOAMIN AL OBEIDI
Samer Yohanna celebra en Erbil, Irak, la misa en la festividad de san Josemaría. CEDIDA
La iglesia de Al-Tahera, en Mosul, en 2024, una vez reconstruida por la congregación cristiana. UNESCO/ ABDULLAH RASHID
El padre Yohanna celebra con su comunidad la conmemoración de la Virgen, guardiana de las cosechas. CEDIDA marzo 2026 Nuestro Tiempo —71
Campus Creer entre escombros
Mosul y la Llanura de Nínive en el verano de 2014. A los cristianos de Mosul se les dio un ultimátum: convertirse, pagar el jizya [impuesto para no musulmanes], huir o morir. Casi todos huyeron, por lo que las antiguas comunidades en aquellos pueblos se desarraigaron. Se profanaron iglesias, destruyeron manuscritos y marcaron las casas con una «N» (de nasrani, cristiano en árabe). Hubo decenas de miles de desplazados que se establecieron en campamentos de refugiados en el Kurdistán. Fue un genocidio cultural. La gente perdió sus propiedades y patrimonio y borraron de Mosul el cristianismo. ¿Qué ha cambiado desde la derrota del ISIS? A pesar de la derrota militar del ISIS en 2017, la situación en Irak es extremadamente frágil. Esto se debe al enfrentamiento entre diferentes poderes: el Gobierno de Bagdad, la región kurda, las milicias chiitas y la influencia extranjera. No obstante, algunas familias han regresado a la Llanura de Nínive, apoyadas por la reconstrucción que lideran la Iglesia y las ONG. En Mosul, la restauración del monasterio de San Jorge es un ejemplo de cooperación entre los distintos gobiernos y organizaciones: un signo tangible de esperanza que anima a los desplazados a regresar a sus hogares. El Gobierno kurdo también se ha hecho cargo de financiar la reconstrucción de muchos templos en su territorio. Sin embargo, aún no se ha producido un retorno a gran escala. Las ciudades cristianas están con frecuencia controladas por las milicias en lugar del Ejército o la Policía iraquí. Aunque los escaños reservados para partidos cristianos intentan garantizar la representación política, esta influencia es débil. ¿Cuál es la situación en su diócesis? El distrito de Ankawa es la zona de mayoría cristiana más grande que queda en Irak y la más vibrante. En comparación 72—Nuestro Tiempo marzo 2026
con el resto del país, es un entorno seguro donde los cristianos celebran abiertamente misas, festividades y procesiones. Muchos cristianos desplazados de Mosul y Nínive huyeron aquí tras la llegada del ISIS. Sin duda, el Gobierno Regional del Kurdistán garantiza las libertades culturales y religiosas, aunque los cristianos están preocupados por la integración y la falta de influencia política. ¿Qué sucede en otras zonas, como las ciudades sagradas para el chiismo, Nayaf y Kerbala? Esas ciudades, grandes centros de peregrinación chií, representan los entornos más restrictivos para la presencia cristiana en Irak. Por otra parte, Bagdad, que albergó una de las poblaciones cristianas más grandes de Oriente Medio (cientos de miles), hoy ve su comunidad muy reducida y dispersa, a menudo concentrada en ciertos barrios. Corren riesgo de discriminación, disputas de propiedad y, en ocasiones, violencia selectiva. En Mosul y la Llanura de Nínive (Qaraqosh, Bartella, Alqosh, Teleskof), corazón histórico de los cristianos asirios, caldeos y siriacos, la mayoría de cristianos abandonaron la zona por el ISIS y solo un número muy pequeño ha regresado. Tras su estancia en Italia, usted volvió a Irak. En 2014, regresé a mi amado país, que estaba gravemente herido. Tenía todas las esperanzas puestas en una versión mejorada de Irak. Pero encontré una nación en ruinas, dividida e insegura. Mi comunidad cristiana estaba dispersa y desplazada, mi antiguo monasterio en
«A veces, las narrativas occidentales hablan de los cristianos iraquíes sin escucharlos» «El ISIS profanó iglesias, destruyó manuscritos y marcó las casas con una “N” (de nasrani, cristiano en árabe)»
Mosul había sido destruido. Decidimos reconstruirlo y también levantar uno nuevo en Ankawa. ¿Cómo fue el proceso? Las obras comenzaron en 2019 y se completaron en dos años. Las financió nuestra orden monástica. Vendiendo un terreno en Bagdad y con nuestros limitados recursos, pudimos levantar este signo de esperanza, resiliencia y compromiso. Desde entonces, vivimos y llevamos a cabo nuestra misión diaria allí. Nuestro trabajo incluye la preservación y conservación de manuscritos, el ministerio pastoral, iniciativas educativas y la enseñanza en universidades. Aunque perdimos dos monasterios —San Jorge, en Mosul, y San Antonio, en Bagdad—, no quebrantaron nuestro espíritu. Las piedras pueden destruirse, pero la determinación y el amor a la patria no. Por eso reconstruimos y permaneceremos. ¿Cómo está siendo la rehabilitación del monasterio de San Jorge después de que el ISIS lo destruyera en 2015? En el Kurdistán, muchas iglesias se han ido reconstruyendo con el apoyo financiero del Gobierno kurdo. En cuanto a las iglesias y monasterios destruidos por el ISIS en Mosul y otras partes de Irak, los esfuerzos gubernamentales, junto con numerosas ONG y organizaciones internacionales, también han proporcionado una ayuda sustancial para su restauración. La institución francesa L’Œuvre d’Orient financió las reparaciones en los muros perimetrales y la limpieza del lugar. También recibimos una cuantía importante del Departamento de Estado de Estados Unidos a través de la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID). Este proyecto se llevó a cabo en colaboración con la Universidad de Pensilvania, la Universidad de Mosul y el Ministerio de Asuntos Religiosos. Gracias a estos esfuerzos conjuntos, pudimos arreglar las iglesias del monasterio. Ahora, trabajamos con la Gobernación de Mosul para terminar el trabajo pendiente. Esperamos que este 2026 podamos reabrir el monasterio y regresar a Mosul. Parte de su trabajo tiene que ver con el legado cultural.
Contribuimos a la apertura de un Departamento de Lengua Siriaca en la Universidad Salahaddin y de un centro cultural dentro del nuevo complejo de nuestra orden, dedicado a la preservación, digitalización y catalogación de manuscritos antiguos, el Scriptorium Syriacum. Esto da un soplo de aire fresco, lleno de fe, amor y esperanza. ¿Qué significa ser sacerdote en su contexto? Nuestra comunidad religiosa tiene raíces en el siglo vii y ha servido a la Iglesia de Oriente, hoy conocida como Iglesia caldea, en toda la región de Mesopotamia (actuales Irak, Turquía, Irán y Siria). Ser cristiano nunca es fácil, pero en Irak es un llamamiento a seguir a Cristo e imitarlo cada día. Los cristianos se han convertido en minoría en un país donde tenían una presencia significativa. Hay un declive claro y amenazas constantes. Siempre he sabido que nuestras vidas dependen de la fe y que debemos estar listos para dar testimonio y ejemplo. La situación es incierta y frágil, pero nos impulsa una fe absoluta en Jesucristo, nuestra fortaleza. En Irak, la llamada es mucho más compleja. No hablo de ser llamado cristiano, sino de la llamada a ser cristiano, y aún más, ¡a ser monje y sacerdote! Doy gracias a Dios por habernos dado a mis hermanos y a mí esta misión, y por concedernos la gracia de servir a nuestra Iglesia y a Irak. ¿Cree que la realidad iraquí se corresponde con la percepción occidental? Los medios suelen retratar a los cristianos iraquíes como víctimas del Estado Islámico o como una comunidad «al borde de la extinción». En Europa, algunos idealizan a los cristianos de Oriente Medio como «reliquias bíblicas», comunidades congeladas en el tiempo en lugar de sociedades vivas y en evolución. Es un hecho que los cristianos en Irak no somos solo víctimas, sino también ciudadanos activos. En Ankawa y Qaraqosh, reconstruimos casas, abrimos escuelas y celebramos fiestas. Nos enfrentamos a desafíos que van más allá del conflicto Islam contra cristianismo. Somos supervivientes, no reliquias. No somos simples restos del pasado, seguimos contribuyendo a la cultura, la educación y la vida pública.
Un grupo de estudiosos profundiza en uno de los manuscritos caldeos. CEDIDA SCRIPTORIUM SYRIACUM
El legado cultural El Scriptorium Syriacum es un centro cultural en Ankawa (Erbil, Kurdistán iraquí), creado y dirigido por la Orden Antoniana de San Ormisda de los Caldeos. Su misión principal es preservar, digitalizar y estudiar una colección de cerca de 1200 manuscritos siríacos y árabes que data entre los siglos viii y xix, heredada de una tradición académica iraquí que se remonta al siglo xviii. La colección ha sufrido cinco desplazamientos forzosos por guerras e inestabilidad política. El 10 de junio de 2014, cuando el ISIS tomó Mosul, dos monjes lograron in extremis poner a salvo los manuscritos más valiosos después de evacuar el monasterio durante una noche. El centro alberga una biblioteca científica, oficinas equipadas para investigación y alojamiento para académicos. Desde 2020, colabora con instituciones como la Biblioteca Nacional de Francia y el Instituto de Investigación e Historia de Textos en proyectos de digitalización, catalogación y formación en conservación preventiva.
¿Cómo se pueden combatir los estereotipos? Los estereotipos dañan. El relato de que los cristianos son solo víctimas indefensas nos priva de nuestra agencia y reduce nuestra identidad únicamente al sufrimiento. A veces, las narrativas occidentales hablan de los cristianos iraquíes sin escucharlos. Irónicamente, centrarse en la etiqueta de «minoría en peligro» impulsa a más familias a emigrar, al temer que no tienen futuro en Irak. Debemos superar los estereotipos por justicia y por la supervivencia de la comunidad, así como promover voces locales y apoyar plataformas donde los cristianos iraquíes cuenten sus propias historias de persecución, resiliencia, fe… y también de vida cotidiana. Es vital fomentar una cobertura equilibrada que destaque las tragedias —como los ataques a iglesias—, pero también los signos esperanzadores. La reconstrucción de iglesias en Mosul, las procesiones de Domingo de Ramos en Qaraqosh y la celebración de la Santa Cruz en Ankawa... La imagen occidental de los cristianos iraquíes es incompleta y distorsionada. La persecución es real, como lo son la resiliencia, la creatividad y la convivencia. Dar un retrato completo dignifica a la comunidad, moldea una mejor política internacional y evita que una historia rica y compleja se reduzca a presentar una tragedia unidimensional. Nt
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DESDE LA REDACCIÓN Maria Domingo Perico, escondido en la cocina, lo serraba mientras los demás disfrutaban al aire libre. Si uno salía del hechizo de la fiesta y se sentaba junto a él, ganaba el privilegio de escuchar sus recuerdos de la mili: en aquellos últimos años en Murcia aún no lucía su calva, y el pan duro era lo único constante en su despensa. Tiempo después, mi iaia Carmen henchía la nevera; y él, aunque ya no conservaba los dientes para soportar la dureza de la miga, insistía en tener el pan listo en cada mesa. No como moraleja: le parecía imprescindible, su sustento. Contaba esto sin apartar la vista de su quehacer meticuloso pero firme. El cuchillo cantaba un rasrasrás crujiente y seco, como si talara un árbol. En su concentración se intuía la lucha de su espíritu artesano contra los temblores que le alejaban de darnos los picatostes más perfectos del mundo. El párkinson le acompañó durante más de dos décadas. No aceptó el diagnóstico como una condena, sino como un aviso. Siguió cenando el bullit, el hervido valenciano que la iaia le preparaba cada noche. No dejó de hacer flexiones e ir al gimUnos desechan el pan seco y otros lo nasio de jubilados con Paco, su vecino y amigo desde niños. transforman en rebozados o sopas de ajo. Hasta sus últimos días, reclamaba la revancha en los pulsos En las manos temblorosas de Pedro, mi con mis hermanos, ignorando que le regalaban la victoria una y otra vez. De haberlo sabido, no lo hubiera permitido. abuelito, se volvía algo esencial: su sustento. Pedro no se dejaba ganar. Amaba la vida. Quizás menos en aquellos días en que el dolor de la enfermedad lo atormentaba. Eso fue lo más cerca que estuvo del infierno. Era un homEDRO, PERICO, mi abuelito, era el único hombre bre bueno, lo decían todos: sus cuatro hijos y sus once nietos, al que había visto llorar. Lloraba mucho, y desde sus vecinos, médicos, amigos, socios del trabajo e incluso su siempre. Mis primeros recuerdos se remontan a las mujer, con la que estuvo casado sesenta y dos años. tardes de domingo en la estación de Tarragona. La —¡Perico, qué santo eres! —gritaba Paco, cómplice de antía Maika, que trabajaba en la Ciudad Condal, solía pasar los fines de semana con nosotros. Al verla em- danzas y sordera. —No, no. Yo he sido muy rebelde. Solo he intentado ser barcar, y aun sabiendo que el viernes siguiente la tendría de honrado y trabajador, eso sí. vuelta, a Perico se le escapaba alguna lágrima. Maika no escuchará el discurso en el funeral. No podrá de Mi tía, también muy llorona, le devolvía el saludo desde la tanto sollozo. Asistirá sin sus hijos, Quim y Júlia, que creeventanilla y se secaba los mocos con tanto dramatismo que rán que el abuelo sigue malito en el hospital. No vendrán. No hasta ella se reía. Mi madre y la iaia lloraban por contagio, comprenderían el porqué de tanta gente, tanto llanto y traje por costumbre, por herencia y por llorarla, y reían por lo negro. Lloraremos todos, incluso los hombres a los que jamás absurdo. Todos, excepto mi abuelo, que no escondía su pena había visto con los ojos húmedos. Pero no resultará escandani la burlaba. Clavaba sus ojos azules en el vagón hasta que loso ni dramático. La lágrima es el lenguaje desaparecía en la distancia. Mohíno y abrudel amor de los Hernández. mado, huía de la cháchara y encabezaba la LA PREGUNTA DE LA AUTORA Después del entierro nos reuniremos para comitiva de regreso con el paso acelerado. comer en casa de los abuelos. ¿Dónde más, Solo, guiando. ¿Con qué elementos si no? Nadie bajó a la panadería cuando Encontraba paz en la soledad de sus lugarecuerdas a los que se murió, así que serviremos hogazas recién res favoritos: el sillón de la sala de estar, el han ido? horneadas. Aun después de bendecir la mebalancín de la terraza y su rincón de la cocisa, nadie se atreverá a probarlas. El pan se na. Acoplarse en esa esquina, a menos de un mantendrá intacto, a la espera de endurecer. metro de la tele, le permitía seguir con claridad las jugadas del Madrí. Ahí, durante las mañanas de las reuniones familiares, prepaMaria Domingo Hernández [Fia Com 25] es periodista en prácticas en Nuestro Tiempo. Mediterránea, raba su plato estrella. La casa se llenaba de teatrófila, guionista y cuentista. niños, gaseosa y aceitunas, pero el aperitivo predilecto era el pan del abuelito. No existe @NTunav receta más fácil: comprar tres barras y olviOpina sobre este asunto en X. darlas en un cajón. Era solo eso: pan viejo y enjuto, troceado en cubos pequeños.
Pedro y el pan
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Sandra Ollo «La novela es un invento europeo» La editorial Acantilado se acerca a los treinta años, y su hermana mayor, Quaderns Crema, a los cincuenta. Su editora, Sandra Ollo [Filg 99], ha apostado —siguiendo la estela de Jaume Vallcorba (1949-2014)— por una idea exigente de la literatura. Con su trabajo, intenta comprender el espíritu europeo, desde Stefan Zweig hasta Petrarca. Esta postura le ha proporcionado un público culto y fiel y también grandes alegrías, como haber publicado al último premio Nobel de Literatura, László Krasznahorkai. texto Juan G. Tizón [Com 24] fotografía Joan Tomás
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sandra ollo no consigue recordar el primer título que editó. Achica los ojos y lo intenta otra vez. Ladea la cabeza como incómoda. Nada, no le sale. El impulso cerebral, sin embargo, ha hecho cierto efecto y explica que ahora le empiezan a venir a la memoria situaciones concretas, libros especiales para ella. «Me acuerdo muy bien de los trabajos retadores», afirma. En 2008 se incorporó a las oficinas de la editorial Acantilado en Barcelona. Cuatro años después la nombraron gerente del sello. Visualiza sus primeros pasos como editora de mesa, donde se encontró con los que serían sus grandes desafíos profesionales. «Mi mente se dirige hacia los momentos difíciles, las tareas arduas y largas, también hacia las escenas divertidas…», asegura. Piensa en cimas de montañas, en agotamiento recompensado, en satisfacción plena. Es una lectora de cama porque está convencida de que no hay mejor manera de cerrar el día que con el libro de la mesita de noche: «Ahora mismo estoy con la biografía de Hannah Arendt, de Thomas Meyer». Al preguntarle si puede permitirse separar el trabajo de una lectura más relajada, dice que tiene una enorme capacidad para disfrutar: «Hay tantas formas de leer… Están los ejemplares que metes en la maleta de viaje, los que llevas en el bolso, los manuscritos de la editorial…». Y aunque no tuviese esa capacidad, cree con firmeza en la importancia de separar la preparación de los manuscritos de una lectura más ociosa, sobre todo en una labor tan «vocacional y afortunada» como lo es la editorial. Pero nunca, eso sí, dejar de leer: «Autores que me encantan y no publico, editoriales a las que sigo la pista… Tengo una gran necesidad de conocer el trabajo de mis colegas. Hay tantas obras que no conozco todavía». El trayecto en autobús —cuando no prefería caminar y airearse por la Vuelta 78—Nuestro Tiempo marzo 2026
del Castillo—, de unos cuarenta y cinco minutos desde su casa hasta el campus de la universidad, fue un espacio donde consumió muchísimas páginas. Tanto de la carrera —Filología Hispánica— como de su propia elección. Aunque joven, su criterio fue ganando solidez. A Sandra Ollo (Pamplona, 1977) recordar su época universitaria le curva una sonrisa prominente. Rememora con cariño la disciplina de Literatura Medieval, impartida por Miguel Zugasti. Con los años —han pasado tres décadas—, no ha terminado de entender por qué se estudiaba en primero: «Es un curso superbisoño, donde no te enteras de nada, y es una materia tan importante, tan compleja». Demostró
GEOGRAFÍA TRASCENDIDA
«Acantilado, a pesar de lo que pueda parecer, no habla tanto del territorio entendido como frontera, sino de un espacio casi espiritual» UN AUTOR FAVORITO
«Stefan Zweig consigue agarrar al lector por la garganta al descifrar los misterios del alma. Se sumerge en la vida de los protagonistas y la plasma en las páginas»
entonces que uno de sus grandes afanes era sentirse retada, y lo experimentó de veras. «Te enfrentabas a obras muy exigentes, tanto por el contexto como por la dificultad lingüística; también por un cierto sentido críptico. Probablemente —explica—, si volviese a esas lecturas las vería de otra forma». Disfrutó con el Libro de Alexandre, por ejemplo. Y con El Quijote, a lo largo de toda una asignatura de Zugasti. Le fascinaron muchos títulos de los siglos xviii y xix a los que, de no haber sido por la carrera, casi seguro que no se habría acercado. Recuerda con gusto Literatura Moderna y Contemporánea con Rosa Fernández Urtasun… Destaca el punto de inflexión que supuso introducirse en la narrativa hispanoamericana en profundidad, de la mano de Javier de Navascués, un profesor «maravilloso» y con quien aún mantiene el contacto: «Fue una eclosión: descubrir ese mundo literario, esos autores…». ¿Echa de menos la literatura hispanoamericana en Acantilado? No del todo, porque la sigo leyendo. A nivel de trabajo hemos hecho alguna cosa —María Negroni y Edgardo Cozarinsky, por ejemplo—, pero tenemos muy delimitado el ámbito en el que nos movemos. ¿Se refiere a Europa? Siempre digo que Acantilado, a pesar de lo que pueda parecer, no habla tanto del territorio entendido como frontera, sino de un espacio casi espiritual. ¿Podría desarrollar esta idea? Significa una forma de entender la literatura y el mundo, y no tanto de fijar un territorio. No busco únicamente libros que empiecen en Portugal y terminen en Ucrania o Rusia, sino obras que encajen con una idea de la literatura compartida, con un universo espiritual común que
está muy presente en Europa. Pero no es una selección eurocéntrica ni excluyente; dentro de ese espacio puede entrar una gran variedad de autores. Como los hispanoamericanos. La narrativa hispanoamericana ha ido encontrando su sitio en otras editoriales, donde la cultivan de manera brillante. En Acantilado, cuando trabajamos publicaciones hispanoamericanas, que no son muchas, pretendemos eliminar esa idea estereotipada de la «literatura hispanoamericana». Este año, por ejemplo, publicaremos un libro titulado Sumario de plantas oficiosas. Se trata de un ensayo maravilloso del autor colombiano Efrén Giraldo, y su nacionalidad
no afecta al catálogo; es una circunstancia factual. La esencia de fondo sigue siendo europea. ¿Se gestó así de forma deliberada? Se buscó desde un principio. Cuando nació el sello en 1999, el equipo puso el foco en una parte importante de la literatura centroeuropea, y, en concreto, en un sector que, por cuestiones geopolíticas e históricas, quedó por completo opacado y lejos de nuestra realidad. Durante los años que duró el telón de acero, la división del continente en dos realidades políticas provocó que toda la literatura de aquella Europa nos llegase con cuentagotas.
La editora reivindica un catálogo definido por una idea compartida de la literatura muy presente en el universo espiritual europeo. Aquella Europa… ¿del Este? Nosotros decimos «del Este», pero allí suena a chino mandarín; un polaco se considera centroeuropeo. Por eso desde Acantilado empezamos a defender la definición de una literatura centroeuropea. ¿Qué caracterizaba a esas obras? Se trata de una literatura que supo recoger de una manera muy original el devenir y el sentir. Unos textos fascinantes marzo 2026 Nuestro Tiempo —79
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que muestran con una potencia increíble las circunstancias sociopolíticas en sus respectivos ámbitos, y que tienen un desarrollo estético de un vigor y de una calidad notables. Cuando se fundó la editorial había tanto por conocer… muchísimos autores distinguidos en sus países y que en España apenas se mencionaban. En un primer momento, la editorial se centró en traerlos, descubrirlos, abrirlos al lector y lograr que la caída del Muro fuese más allá de una cuestión física, de fronteras; que llegara toda esa impronta cultural, ese flujo extraordinario, intelectual y tan vivo. En Estados Unidos destaca el concepto literario de la Great American Novel, un género donde novelas muy concretas —por su amplitud, complejidad, ambición— son consideradas canon y reflejo del alma estadounidense. ¿Encontramos algo parecido en Europa? La novela es un invento europeo, y tenemos grandísimas novelas. ¿Qué es El Quijote si no? Lo que sucede es que Europa la conforman muchos países con una tradición cultural propia de una fuerza y riqueza extraordinarias. Para cada tiempo, sitio y momento hay libros representativos; no contamos con un solo tipo de gran novela europea, gracias a Dios. Son muchos los que han sabido reflejar y sintetizar en sus páginas el latir de su tiempo desde todos los puntos de vista: el sociológico, el artístico, el político… y que se han convertido en grandes cronistas. ¿Podría citar algún título de su gusto? Castellio contra Calvino: conciencia contra violencia, de Stefan Zweig. Una grandísima metáfora, llena de simbolismo, sobre cómo la violencia puede acabar —y, de hecho, acaba— con el ser humano: el problema de la intransigencia, de la barbarie. 80—Nuestro Tiempo marzo 2026
ciones que se leen hoy y ponen la carne de gallina, es supercontemporáneo. LIBRO AMIGO
«Queremos que las obras acompañen al lector, que formen parte de él, que pueda volver a ellas en cualquier momento de su vida»
VOCACIÓN REFLEXIVA
«Desde el sello apelamos a la inteligencia, a la curiosidad, a las ganas de querer aprender y entender»
Zweig parece inagotable en Acantilado, ¿tienen al austriaco encerrado en un sótano de Barcelona? [Se ríe] Sí, lo tenemos en alguna sala de por aquí, sacando novedades. ¿Por qué fascina tanto? Supo aunar la calidad literaria con un gran talento para llegar al público, sin rebajar ni un ápice lo que para él eran los mínimos cualitativos imprescindibles. Consigue agarrar al lector por la garganta al descifrar los misterios del alma. No hay más que verlo en sus biografías: la forma en la que se sumerge en la vida de los protagonistas y luego la plasma en las páginas. De su ficción se ha dicho que resulta un poco más sentimental, pero para gustos… Entre los elementos principales en su obra destaca la capacidad que posee para, a través del pasado, comprender su presente. Tiene publica-
Volviendo al talante del catálogo, ¿Acantilado surge como una necesidad en el mercado editorial? ¿Para solucionar qué carencia? Cuando uno funda un sello, sea quien sea y sin importar el momento concreto, no lo hace como respuesta a una necesidad. No es preciso inventar algo, arreglar un problema. Una editorial no es una persiana automática. La creación de un sello siempre responde a un impulso personal, y luego quizá se disfraza como necesidad. Lo que pretendía Jaume Vallcorba con Acantilado era aunar las voces más rompedoras, más nuevas y desconocidas de toda esa Europa de la que hemos hablado. También quiso editar los textos clásicos y alejarlos del ámbito exclusivamente académico: ediciones, como decía él, «para la buena gente». Entiendo esta idea no como una descripción moral de nadie, sino como el grupo de lectores con formación suficiente —ni demasiado alta ni demasiado baja—, con una curiosidad considerable y que quisieran acercarse a los grandes textos de la literatura. ¿Cree que Acantilado se dirige a un lector medio? Se dirige a un lector curioso y con ganas de dejarse retar. Hay de todo. No solo ofrecemos libros complejos y exigentes. Si alguien quiere atreverse con la correspondencia completa de Francesco Petrarca… Ahí uno ya sabe lo que se va a encontrar. En líneas generales, no considero que Acantilado sea especialmente complicada. Nuestro catálogo ayuda a desarrollar un criterio. Si no es tan compleja, ¿por qué puede dar esa sensación? No creo tanto que Acantilado tenga
un catálogo difícil como que hay muchos títulos muy simples por ahí. Propuestas un tanto descafeinadas. Desde el sello apelamos a la inteligencia, a la curiosidad, a las ganas de querer aprender y entender. Esto exige algo de esfuerzo por parte del lector. ¿Hay riesgo comercial en esa exigencia? Ya van veintisiete años. A estas alturas, nuestros lectores saben muy bien quiénes somos [más de mil títulos en el catálogo], entienden por dónde va la casa y les gusta. Contamos con la complicidad de los libreros, que nos siguen la pista. El reto reside en presentar la editorial a las nuevas generaciones. Tratamos de que pierdan el miedo inicial que puede producir el sello, que es, como he dicho antes, injustificado. En 2024 Acantilado recibió el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural, que calificó su catálogo como «excelente». ¿Cómo se llega hasta aquí? Teniendo muy claro el camino y no cediendo a la tentación. ¿Qué tentación? Hay textos que, si los publicásemos, se venderían como churros, pero no pretendemos eso. Yo quiero vender como churros otras cosas. Aspiramos a que los
Acantilado recibió en 2024 el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural, un reconocimiento a veintisiete años de coherencia en su línea. marzo 2026 Nuestro Tiempo —81
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lectores encuentren en nuestros libros mucho más que entretenimiento y disfrute. Queremos dejar poso. Queremos que las obras acompañen al lector, que formen parte de él, que pueda volver a ellas en cualquier momento de su vida, que los atesore en su biblioteca. Esta es nuestra gran ambición. ¿Cómo detectan si un manuscrito se ajusta a ese deseo? Por cómo está escrito. Puede parecer una obviedad, pero no lo es. Si trata de ficción, buscamos sentir afinidad con la manera de contar, con una idea muy concreta de la literatura, de la narración. Si es de no ficción, entonces tengo que notar una mayor familiaridad con el catálogo, independientemente del tema. Podría decir mucho más sobre esto, pero, al final, se resume en algo simplón: que sea un buen libro. ¿Han dicho que no a buenos libros porque no «encajan»? Sí, pero no a muchos. Han pasado por mi mesa algunos manuscritos que después se han publicado en otras casas, y pienso que están mejor ahí. También me ha sucedido el no haber visto en una primera lectura la capacidad de un libro. Hay propuestas que te llegan un día y no las entiendes, y cuando las vuelves a leer en otro momento te dices que no estaban para nada tan mal. ¿Cómo fue leer a László Krasznahorkai por primera vez? Deja una sensación indeleble. Los autores grandes te meten en un mundo —su mundo—, te sumergen y, de repente, navegas hacia delante y hacia atrás, pierdes un poco el pie, te desorientan… Y, cuando por fin te dejas llevar, te zambulles en esa manera de entender las cosas. Como cuando descubres a Franz Kafka o a Marcel Proust, dos de los grandes magos en crear atmósferas. Una vez dentro, 82—Nuestro Tiempo marzo 2026
me he llegado a preguntar qué me quiere decir el texto exactamente. Aunque no logre descifrarlo, tampoco quiero salir. László Krasznahorkai logra eso.
forma de pequeños artículos y partiendo de su experiencia vital, de sus tribulaciones, alegrías, inquietudes, es su gran vademécum.
Cuando el húngaro ganó el Nobel, usted escribió un artículo en El País alegando que le habían concedido el premio a un «mago». ¿Qué tiene que ver la magia con la literatura? Hay autores que son capaces de hacer prácticamente magia: inventan entornos que explican a la perfección el sentir, no solo del protagonista, sino de todo un pueblo. László Krasznahorkai te sabe llevar, casi de la oreja, de un sitio a otro. En la literatura esto resulta dificilísimo, y para mí, mágico. Esa escritura casi salmódica que uno la va leyendo como con mareo. En su caso es especialmente fuerte por las frases largas, tumultuosas: uno tiene la sensación de flotar en un río que no se acaba nunca. Al principio te resistes: «Oiga, ¿cuándo me va a dejar respirar?». Sin embargo, no se respira hasta el final, y llega un momento en el que ya no añoras el descanso.
¿Cree que la buena literatura ofrece soluciones? No. La buena literatura es la que plantea buenas preguntas. Las soluciones las encontramos nosotros, si tenemos la fortuna. Pero creo que la literatura, la buena literatura, nos coloca en el sendero correcto. Se trata de un compendio de muchas vidas y de muchas mentes que han pasado por el mismo sitio que nosotros. Estas experiencias nos orientan y nos ayudan a discernir, a entender que no estamos solos.
En el festival Lenguaraz de 2025, le preguntaron por sus lecturas italianas predilectas del catálogo de Acantilado. Recomendó Las pequeñas virtudes, de Natalia Ginzburg, y Novela Ferrara, de Giorgio Bassani. Abriendo el foco por completo, ¿cuál es la obra indispensable de la editorial? Siempre recomiendo Los ensayos de Michel de Montaigne. Es un compendio de sabiduría en el que se recogen todas las posibilidades de la condición humana, marcada por los dos grandes hitos del nacimiento y la muerte. Después, lo condensado en el medio: amor, decepción, duda, amistad, enfermedad… Lo que nos azota, lo que nos concierne como personas. Montaigne fue el precursor del ensayismo, y este libro, en
¿Cuál diría que ha sido el proyecto editorial más difícil que ha afrontado? Sin duda alguna, la correspondencia completa de Petrarca. Fue el proyecto más complicado, arduo y casi doloroso que hemos llevado hasta hoy [522 cartas, cuatro volúmenes, 4336 páginas]. Más de diez años de trabajo, y eso que nosotros hemos concebido libros muy complejos… Pero como este, pocos. Por motivos de volumen, por el reto intrínseco de los textos, por la dificultad de la edición y de la traducción —un latín muy concreto; el traductor, Francisco Socas, hizo una labor ingente—. Supuso un reto enorme, demasiado grande. ¿Por qué no lo abandonó? Porque tengo un punto de tozuda. Al que le guste la montaña, el esquí o las excursiones lo sabe. Llega un punto en el que cuesta más retroceder que avanzar. Terminas como sea, despacio, con obstáculos, cayendo incluso… Pero ya es imposible volver. En la jerga de la aviación se le llama el punto de no retorno: ese instante del despegue, que apenas dura unos segundos, donde el avión ya
no puede iniciar el descenso ni abortar la salida, solo seguir hacia arriba. O estrellarse. ¿Un editor ha de ser testarudo? Hay que tener tesón y cierto empuje, tanto para la edición como para la vida. Aunque ahora lo llaman resiliencia, no deja de ser tesón. A veces inventamos palabras nuevas que suenan más frescas, y que solo recogen ideas que llevamos arrastrando desde hace tiempo. Hablando de frescura: ¿el cuidado estético de los libros de Acantilado frena el tratamiento de temas incómodos o desagradables? Para nada. Me fijo en la calidad del libro y en si la propuesta resuena en mí de verdad. Un libro puede resultar incómodo, desgarrador e incluso feo, pero si está bien elaborado… No me veo publicando textos especialmente sórdidos, aunque hemos trabajado literatura testimonial —de la Shoah y la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo— que resulta dolorosa y desagradable al reflejar el perfil más brutal del hombre: la capacidad de infligir daño al prójimo, la deshumanización. Y no hemos puesto ningún impedimento. Mientras tenga una justificación y un sentido en la obra, se puede defender. Todo esto por un lado, y luego está el hecho de que, a la hora de hacer un libro, tú quieras crear un objeto hermoso, duradero y atractivo. En cuanto a los temas, no tengo demasiados tabúes. Sí que existen ciertos límites clarísimos, porque también los aplico en mi vida. En una entrevista de hace un par de años en El Mundo aseguró que las editoriales funcionan como interlocutoras culturales, ¿en qué sentido? No solo las editoriales, las librerías, la cadena del libro en general…Somos un ecosistema, un ecosistema cultural, creo que lo podemos llamar así. Toda pro-
CULTURA Y NEGOCIO
«Se tiende a pensar que el ámbito cultural se sostiene de forma milagrosa y que sobrevive gracias a la buena voluntad de quienes intervienen» INDEPENDENCIA CREATIVA
«En Acantilado mantenemos una independencia no entendida desde la visión financiera, sino de criterio editorial»
puesta literaria, y en concreto la nuestra —muy identificable por su impronta literario-estética—, siempre parte de una voluntad de intervención. No publicamos libros neutros, no queremos que el paso de nuestra obra por el mundo sea de unos meses. Buscamos dejar rastro, marcar una estela, y para lograrlo hay que participar e intervenir en el espacio cultural. En el momento en que presentas nuevas voces, teorías, maneras de entender y las pones todas a disposición del lector, estás interviniendo.
Todo lo relacionado con el mundo de la cultura suele respetarse, pero, en cierto modo, también se idealiza. Se tiende a pensar que el ámbito cultural se sostiene de forma milagrosa y que sobrevive gracias a la buena voluntad de quienes intervienen en él. Aunque hay algo de eso, no debemos olvidar que las editoriales son empresas. Los proyectos intelectuales se desmontan cuando las cuentas no salen. Pero, sobre todo, en casos como el de Murillo, a la gente le gusta el chisme. ¿Cuál fue uno de sus primeros errores al introducirse en este universo? Entender nuestro mercado como un ente definido y acotado. Se trata de un mundo amplísimo. Existen cantidad de grupos, muy distintos entre ellos; muchos libros, modos de trabajar… Dirijo un sello independiente y mediano. Por abajo y por arriba, ni te cuento todo lo que hay. ¿Le dio vértigo asumir la dirección? No, porque Acantilado no cambió de un día para otro. Siempre ha funcionado así, con sus contrariedades y sus muchas ventajas. Uno de los inconvenientes es que carece del cuerpo económico que poseen los grandes grupos, ni toda esa macroestructura que ayuda en distribución, presencia, fuerza… Por otro lado, contamos con la enorme ventaja de no rendir cuentas a nadie de nada. «¿Por qué ha publicado usted un librito sobre el poder curativo en la poesía de Dante?». Pues porque me parece maravilloso y creo que lo puedo vender. Fin. Mantienes tu libertad, una independencia no entendida desde la visión financiera, sino de criterio editorial. Nt
Hace unos meses Enrique Murillo publicó Personaje secundario, que desgrana las sombras y la trastienda del negocio editorial. ¿Por qué sorprende tanto hablar de malas prácticas en el sector?
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MIND THE GAP Andrés Toro Uno puede amar no solo a su pareja sino también a su familia o amigos, pero tal vez en las relaciones románticas se evidencia mejor su potencial para crear comunidad. El filósofo austriaco Martin Buber planteó en su obra Yo y Tú que el amor no se da sin antes dirigirse genuinamente al prójimo de manera dialógica, pues «el amor que se queda en sí mismo se llama Lucifer». No se trata de conocer y comprender los defectos de los demás, sino de aceptar su inabarcable intimidad y el desafío de amarles por su esencia y no por lo aparente y contingente. Para Buber, este ejercicio consiste en un juramento: «Me lo prometo a mí y me prometo a él, prometo y creo». El amor en tiempos de guerra encarna esta máxima. Buber propone que la realidad humana se conforma por la relación Yo-Tú. Ambos componentes se necesitan mutuamente, pero el segundo es imperceptible para el primero. Porque experimentar el Tú implica reducir la persona a características o circunstancias. Admira y Bosko encarnaron esto con su abrazo eterno en ese puente de Sarajevo. Su amor se basó en la esencia de Desde Píramo y Tisbe hasta Romeo y Julieta, las cada uno y no en cualidades accidentales, como la religión o historias de amores imposibles han conmovido al las inclinaciones políticas. público. Más allá del morbo, tal vez lo fascinante En el documental Romeo y Julieta en Sarajevo, dirigido por es el potencial conciliador que demuestra el John Zaritsky en 1994, la madre de Admira explicó que muchos habitantes de la capital bosnia «solo juzgaban a las peramor en estos casos, capaz de conectar mundos sonas como personas, no por su nacionalidad», y lamentaba incomunicados y aparentemente incompatibles. que fueran otros quienes «provocaron la guerra». La joven pareja apostó por su amor y, con su abrazo eterno, obligó a los L FOTOPERIODISTA Mark Milstein lo interceptó soldados y a los dirigentes a ver a los civiles desde una lente un tanque serbio mientras recorría una de las calles más humana. Considerarlos biografías únicas e irrepetibles en de Sarajevo durante la guerra de Bosnia de 1993. Des- lugar de números en una lista de bajas. de el balcón del departamento donde se resguardó Eso hicieron mis abuelos, que pertenecían a polos políticos junto a unos soldados bosnios, divisó a un hombre y opuestos en un país tan azotado por la violencia ideológica una mujer que atravesaban un puente en medio del como Colombia. No solo se arriesgaron a llevar la contraria a fuego cruzado. Con desespero preparó su cámara para capturar los estereotipos sociales de su entorno, sino que construyeron el momento, pero fue muy tarde: cuando tomó la foto, la pareja con éxito una familia basado en el respeto y el cariño. Mi abueyacía inerte. Luego se identificaron los cadáveres como Bosko la murió hace ya ocho años, y luego también le diagnosticaron Brkic y Admira Ismic, un serbio y una musulmana bosnia de alzhéimer a mi abuelo. Unas Navidades, escarbando en un ab25 años. Dos amantes miembros de bandos contrarios que mu- rigo suyo, descubrimos una nota manuscrita: «Mariela, seguir rieron abrazados en tierra de nadie. Su historia se convirtió en tu ejemplo es mi compromiso. Te amaré toda la vida». Relaciun símbolo del dolor y sufrimiento que causa ones así, que ni la enfermedad las detienen, la guerra. Con el tiempo se les conoce como han impulsado a la humanidad desde hace LA PREGUNTA DEL AUTOR los «Romeo y Julieta de Sarajevo». generaciones. Y quizás hoy tengan aún más Estas historias de amor han cautivado a potencial de tender puentes por donde otros ¿Conoces alguna otra los humanos desde el romance entre Píramo Romeos y otras Julietas puedan escapar del historia de amor imposible y Tisbe hasta la obra de Shakespeare sobre fuego cruzado. o improbable? los Montesco y los Capuleto. Quizás lo fascinante no sea el morbo de lo prohibido, sino Andrés Mauricio Toro Sánchez [Fia Com 28] forma parte de la quinta edición del Programa de Edición de el potencial de estos amoríos para conectar Revistas Culturales de Nuestro Tiempo. Nació en Bogomundos separados. En la actualidad, varios tá y lleva su ciudad y país en el corazón. artistas reconocen este poder. El difunto rapero venezolano Canserbero, a pesar de su voz ronca, sus líricas macabras y oscuras, y el título (Muerte) de su álbum más exitoso, se @NTunav tatuó en el brazo izquierdo la frase: «All we Opina sobre este asunto en X. need is love». ¿Y si solo hace falta un poco de amor para encontrar la salvación?
Sarajevo, amor imposible
A
84—Nuestro Tiempo marzo 2026
Libros
NÚMEROS
80 1 mil títulos nuevos produce al año la industria editorial japonesa.
único título a la semana es lo que vende la librería Morioka Shoten, de Tokio, de martes a domingo.
Inmensidades de la soleá Bécquer no sabía qué ofrecer a cambio de un beso a su amada, como reconoce en su rima xxiii. Por una sonrisa ya daba un cielo. La generosidad de los poetas acreditados nunca se agota. ¿Pero qué puede darse por tres versos? ¿Qué cabe ahí? ¿Cuántos horizontes? Hoy esto va de soleares. texto Joseluís González [Filg 82],
profesor y escritor @dosvecescuento
«Y te espero mañana donde siempre». Desde el punto de vista de la comunicación, comprender una frase no consiste simplemente en recuperar significados, sino también en identificar referentes. No basta con entender las palabras: hay que saber a qué objetos, hechos, personas o situaciones señalan. «Y te espero mañana donde siempre» —frase que, encima, es un endecasílabo— lo certifica. Se enmarañan las preguntas. Por haber ahorrado palabras. Y vienen los beneficios. Hasta el beneficio de la duda. El que aprovecha alguien contra quien parece que hay —o se deducen— ciertos indicios de culpabilidad. Preguntas. ¿Quién es el yo que promete esperar? ¿A quién va dirigido el mensaje? ¿Cuándo es mañana? ¿Dónde es donde siempre? Todos los elementos que faltan dependen directamente de la situación comu86—Nuestro Tiempo marzo 2026
El jaleo (1882), John Singer Sargent. wikimedia commons nicativa. Si me he encontrado el papel en la calle, parece sensato deducir que no va dirigido a mí. Pero, si lo he descubierto sobre la mesa de mi despacho, tendría que empezar a pensar quién me lo envía. Si he estado ausente —pongamos— una semana, se me hará difícil saber el día exacto de la cita. Aunque, si he salido de mi despacho hace diez minutos y al regresar compruebo que han deslizado
ese mensaje por debajo de la puerta, quizá debería creer que nos veremos al día siguiente. Y así con los demás elementos que configuran un verdadero acto comunicativo. Más que leer, interpretamos. Por cierto: no hemos entrado en la cuestión de cómo es ese papel. Ni cómo está escrito. ¿A mano? ¿Reconozco, entonces, la letra? ¿Mecanografiado? ¿Es
Gustavo Adolfo Bécquer
Byung-Chul Han
un pósit? Usa, qué se yo…, ¿tinta verde? ¿Lápiz? Este ejemplo, tomado de la perspicaz M.ª Victoria Escandell, catedrática de Lingüística General en la Universidad Complutense de Madrid, sirve para darse cuenta de cuánto hay que ir llenando en la vida. Con vida. Y, sobre todo, leyendo. Una de las destrezas retóricas —descarto el término tácticas— es la elipsis. En un microrrelato suelen concatenarse las elipsis, las alusiones. «El dinosaurio», por ejemplo. Quien lee rellena los huecos, lo que falta. También suele ocurrir en una copla y a la vez un palo flamenco de aire melancólico y un baile: la soledad… Mejor dicho: la soleá. Ahí va esta: «Le quise cambiar y no quiso / un pañuelo de lunares / por otro de fondo liso». En métrica, la soleá es una estrofa herencia de la lírica popular andaluza, compuesta por tres octosílabos: el primero y el último riman asonantemente. Una variante admite cuatro versos. ¿A quién no le suena el consejo «Despacito y buena letra: / el hacer las cosas bien / importa más que el hacerlas» de don Antonio Machado en uno de sus «Proverbios y cantares», en tiempos de enseñar a mimar la caligrafía. El cómo puede estar por encima del cuánto e incluso, a veces, del qué. Y su meditabundo «El ojo que ves no es / ojo porque tú lo veas; / es ojo porque te ve». Su hermano mayor, Manuel, compuso otras: «¡Quién lo había de pensar, / que por aquel caminito / se llegaba a este lu-
Danielle Bean
Jon Fosse
gar!». «Tengo un querer y una pena. / La pena quiere que viva; / el querer quiere que muera». De mi amigo Santi Elso, poeta, aprendí esta otra soleá del sevillano Aquilino Luque (1931- 2021), este «Abrazo»: «Reloj de arena tu cuerpo. / Te estrecharé la cintura / para que no pase el tiempo». Que marca una relación íntima, corporal y amenazada por el tiempo. Y «la sucesión de los días» no es abstracta sino carnal. Y por eso —el cuerpo, medida del tiempo— quizá lo haga un admirable amor maduro, no solo adolescente o muy joven. Gracias al poeta sevillano y catedrático Carmelo Guillén Acosta descubrí las soleares de Ángel Vela Nieto, corazón trianero. Aquí van unas cuantas. «“Que yo siempre te querré” / me juraste tú aquel día / con la boquita al revés». «Hasta cosiendo un botón / en las manos de las madres / guarda las caricias Dios». «Siempre la tengo a mi vera, / a mí me gusta mi sombra / aunque no me conociera». «Yo me pierdo por las calles, / voy preguntando por ti, / por mí no pregunta nadie». Y cierro con esta seguriya para confirmar eso que saben los poetas desde siempre: que el amor vence todo. «Cuando yo me muera / te pido un encargo; / que con las trenzas de tu pelo negro / me amarren las manos». «Tú me ates las manos», pensaba yo que era. Donde siempre. Donde Bécquer. Nt
Cristina Fernández Cubas
APUNTES
llenar la soleá «Le quise cambiar y no quiso / un pañuelo de lunares / por otro de fondo liso». Esta copla popular lleva dentro mucho. Su fuerza está en lo que no dice. Lo ligero de la historia —alguien se niega a cambiar una prenda— marca el contorno de una emoción aguda. Suena a relación afectiva. Ni se explica por qué se quiso cambiar ni por qué no se quiso: y ahí se prende la tensión. El conflicto. Quién será ese yo, quién la otra persona, la que conserva el primer pañuelo. Amante, pretendiente, esposo, madre... El de lunares, el de topos, ¿mejor que uno liso? ¿Más alegre, más audaz? ¿Demasiado sobrio? ¿Cuál se ciñe a las costumbres o al folclore? ¿Más que la tela ese cambiar sugiere alterar una manera de estar y ser en el mundo? Resistirse al cambio también puede indicar que alguien defiende cómo es. Sin imposiciones. ¿O a la voz de la copla le aturde esa negativa, que duele tanto ahí? marzo 2026 Nuestro Tiempo —87
Libros
Tengo, tengo, tengo
Una presencia auténtica
Una novela parábola
El fin del bienestar
Comerás flores
Sobre Dios
La isla
Los hijos de los boomers
Lucía Solla Sobral Libros del Asteroide, 2025 211 páginas · 19,95 euros
Byung-Chul Han Paidós, 2025 144 páginas · 14,90 euros
Jerome Ferrari Libros del Asteroide, 2026 184 páginas · 18,95 euros
Estefanía Molina Destino, 2026 192 páginas · 15,90 euros
«Tengo: una perra, una amiga, una madre, dos hermanos y un padre muerto». Comerás flores, novela debut entre las más vendidas de la temporada, habla de lo que se tiene y se deja de tener: vínculos, posesiones, las llaves de un piso nuevo. Con frases como esta, la autora excava en la vida de Marina, una veinteañera que pierde a su padre y que, aunque parece ir consiguiendo cosas, lo va perdiendo todo. Asombran las idas y venidas de lo que Marina tiene y deja de tener. Tiene un padre y lo pierde. Una gran amiga y la pierde. Un piso en el que está a gusto y lo pierde. Una convicción firme respecto al veganismo, pero… Tiene salud, pero… Tiene vida, pero… Una ida y venida del amor y del dolor tan real como la vida misma. Comerás flores, que nació de un taller con Marta Jiménez Serrano, aborda lo crudo de un modo sublime.
En Sobre Dios, Byung-Chul Han retoma su diagnóstico crítico de la sociedad contemporánea desde una mirada teológica, en diálogo con el pensamiento de Simone Weil. El ensayo indaga en las «razones estructurales» que dificultan experimentar lo divino, como la crisis de atención. Según Han, «no es Dios quien ha muerto, sino el ser humano a quien Dios se revelaba». La percepción contemporánea, marcada por la multitarea, la eficiencia y los estímulos constantes, ha perdido su dimensión contemplativa y «se ha vuelto extremadamente voraz». Frente a esto, Han celebra la «acción inoperante»: una actitud pasiva que se abre al vacío, el dolor y la belleza. Aquí adquieren sentido conceptos como la descreación de Weil. Sobre Dios articula su crítica cultural alrededor de una reflexión espiritual exigente y, a pesar de todo, llegó a su sexta reimpresión en el primer mes.
El acuchillamiento de un veraneante en Córcega desata lo mejor de Ferrari: una alucinada narración en la que un cóctel mutante de voces, más o menos orquestadas en la mente de un profesor de instituto tirando a fracasado, explora la relación de lo local con lo extranjero. El resultado: una parábola hipnótica con personajes humanísimos como el propio narrador; su prima Catalina (a la que siempre amó y que es la madre del presunto homicida); el chaval en cuestión, Alexandre Romani; su novia (que da un contrapunto de clase social y geográfica); el padre; la inspectora que lleva el caso y una caterva de secundarios intrigantes: sultanes, exploradores, espíritus antiguos e indolentes, periodistas, asesinos, vengadores… Sin llegar a ser la obra maestra que son El sermón sobre la caída de Roma o A su imagen, La isla consigue ese tono simbólico mediterráneo que lo emparenta con Baricco: narración pensante o pensamiento narrado. Merece leerse dos veces.
Los argumentos de Estefanía Molina conectan con las intuiciones de muchos jóvenes que padecen las consecuencias del paulatino derrumbamiento del estado del bienestar y la clase media en España. La autora maneja con solvencia un gran volumen de datos y combina su experiencia vital con un análisis socioeconómico serio. Defiende que el paradigma del estado del bienestar se ha transformado como consecuencia, entre otros factores, del estancamiento de la productividad y el envejecimiento demográfico. Ante este cambio, los Gobiernos han preferido preservar el statu quo de los boomers a costa del futuro de los jóvenes. Molina sostiene que aún hay margen para rescatar a una masa social abocada al rencor y la pulsión antisistema. La incógnita es quién asumirá el coste político mientras cuestiones como la vivienda o las pensiones sigan funcionando como gasolina populista.
Ana Gil de Pareja
Rafael Casas
Teo Peñarroja 88—Nuestro Tiempo marzo 2026
Álvaro Villagrán
Adiós, mamá
A mitad del camino
Humana belleza como el aire que respiramos
El nido vacío
Y de todo mal me sana un buen verso
Vaim
Lo que no se ve
Jon Fosse Penguin Random House, 2025 168 páginas · 17,95 euros
Cristina Fernández Cubas Tusquets, 2025 163 páginas · 18,90 euros
Ninguna tecnología sustituirá jamás al amor o la amistad. Eso queda claro tras leer Vaim, de Jon Fosse —premio Nobel de Literatura 2023—, fábula breve sobre amor, pérdida y la soledad inevitable. La obra, en tres partes y un solo espacio, mece el pasado, el presente y el futuro como si fueran olas; Fosse, que escuchaba la costa de niño, nos hace percibir lo íntimo con un ritmo pausado, casi musical. Tres personajes hilan la historia: Jatgeir, que viaja a Bjorgvin y sufre una estafa aparentemente absurda; Eline, cuya fuerza altera la vida de todos; y Elías, su amigo, que experimenta lo sobrenatural. Frank, al final, encaja las piezas como un recordatorio de que hasta el ser más simple guarda en su interior una extraordinaria sensibilidad. Con soliloquios, frases breves y monólogos interiores, Fosse nos sumerge en la mente de los personajes, en un relato tan bello como inquietante.
Los relatos de Fernández Cubas superan lo que se ve. En «¿De qué se habla en las fiestas?», una adolescente algo marginada traiciona a su amiga, aún más marginada. En «Momomio», unos universitarios juegan una güija sin reparar en el mal invocado. En «La hermana china», dos hermanas, una biológica y otra adoptada, viven un desequilibrio de belleza cuando están juntas: una la acapara como si se la sorbiera a la otra. En «Il Buco», una crisis matrimonial se comprende como un callejón sin salida. «Candela Viva» ayuda a releer la colección cuando refiere la idea del recuento. Una mujer mayor, después de salir ilesa de un accidente, rememora su vida ante una dependienta. Cubas supera tramas precisas, impecables, y no solo abre la comprensión de los anhelos o los temores de tantos personajes, sino también los del lector,y quién sabe si los de la autora.
Danielle Bean Rialp, 2025 158 páginas · 15,19 euros
Fabio Stassi · Acantilado, 2026 128 páginas · 12 euros
Danielle Bean, madre de ocho, presencia cómo sus polluelos alzan el vuelo y dejan tras ellos un nido vacío. ¿Y ahora qué? Esta pérdida de rumbo la lleva a bucear en sus recuerdos: toallas por el salón, moldes de bizcochos, carcajadas ante la idea de lucir un sofá blanco en una casa con tantos niños. La autora confiesa echar de menos el caos, incluso ser una «madre zombie». Pero también celebra la independencia de sus hijos. Abraza esa «desasosegante nostalgia» y la transforma en algo nuevo. El subtítulo deja clara su certeza: agradecer y dejar ir. Reconoce que aquellos años de crianza conforman el cimiento de su hogar. También se aventura a recobrar su identidad como esposa, hija de Dios y, simplemente, como Danielle, a quien durante décadas solo llamaron «Mamá». Con una honestidad desarmante, la lectura invita a compartir el duelo y a escuchar, con esperanza, ese punzante adiós.
Un editor telefonea a Fabio Stassi (Roma, 1962) y le pide pronunciar una conferencia en la Basílica de Majencio sobre el poder terapéutico de Dante. Arranca con versos de Saba: «Partí de Melancolía / y llegué por ese camino hasta la Dicha». Ese viaje, con infinitos matices intermedios, fue el que Dante encarnó en su vida y plasmó en su obra. Precozmente asediado por la muerte, su «sanación consiste en dedicarse a la palabra poética». Su obra inmortal es un cardiograma de los dolores humanos y de salvación. Recuerda que «la poesía, antes que alfabeto y escritura, fue canto y, por ende, voz, y, por lo mismo, aliento». La enorme estela de lectores citados en el libro (Brodsky, Eliot, Borges, Primo Levi) refleja la permanencia de Dante, fortalecida frente a los siglos, los países y las lenguas. Stassi explica que «Dante se consagra por entero a la vulnerabilidad». Siempre habla en primera persona.
Maria Domingo
Esteban Garay
Cuentista de una generación
Josean Pérez
Nieves B. Jiménez marzo 2026 Nuestro Tiempo —89
Libros Novedades EUNSA
Constructivamente dependientes
Si los libros hablasen
Cien puertas Buscar la belleza abiertas y una silla vacía
Vulnerabilidad, virtud y cuidado
Yo, un manuscrito. Autobiografía de la Antología Palatina
Con Jesús, sin filtros. Rezar con el Evangelio
J. Manuel Giménez Amaya · 2026 142 páginas · 12,90 euros
Simone Beta · 2025 209 páginas · 10,99 euros
Raimo Goyarrola · 2026 308 páginas · 15,90 euros
Dejarse sostener: una idea sencilla pero abrumadora. El nuevo libro de los profesores José Manuel Giménez y Jorge Martín Montoya centra la atención en la ética del cuidado, a menudo ignorada por lo incómoda que resulta. Derriba el mito de la autosuficiencia usando su «antropología de la vulnerabilidad» como brújula. Los docentes de la Facultad Eclesiástica de Filosofía releen a pensadores como Aristóteles, santo Tomás de Aquino y MacIntyre, que destacan las virtudes esenciales para el individuo y la comunidad: misericordia, justicia y amistad. Aunque el éxito, hoy, se calibra por metas tecnológicas y económicas, este libro propone medirlo con la contracultural capacidad de cuidarnos, empezando por admirar nuestra pequeñez, que tal vez no sea un obstáculo. Dejarse sostener es entender quién es el hombre.
Yo, un manuscrito, de Simone Beta, cumple el sueño de todo bibliófilo: la encarnación de un libro. El texto conduce por la memoria civilizatoria y ofrece la epopeya de los monjes bizantinos que legaron estas joyas y las manos que las preservaron. Recuerda que los grandes libros son manifestaciones de la conciencia que atraviesan guerras y expolios para elevarnos y acaban por reunir a humanos separados por los siglos. El autor logra que cada página sea un puente entre épocas y espíritus, una celebración de la lectura y la escritura. La peripecia bizantina se narra con una gracia detectivesca, como la de los volúmenes nacidos en una Constantinopla convulsa. Tras un interludio renacentista, las obras se suceden protagonistas, como partes de esa hermandad que las salvará. El libro resulta un fresco de la cultura universal, una amable lección de historia y una delicatessen para los letraheridos.
Ya lo advierte el autor, don Raimo Goyarrola, obispo de Helsinki, en el prólogo del primer volumen de la colección Fortes, la nueva línea de libros de oración de Eunsa. En este libro, el lector no encontrará tratados de alta teología, sino «reflexiones sencillas que suscitan el encuentro con el Evangelio, en un clima de fe y oración». El contenido se despliega en cien puertas abiertas a la figura de Jesús: comienzan con un pasaje evangélico y le sigue una glosa personal que propone saltar a la vida concreta de cada uno. De ahí que, en la última entrada, Goyarrola lance un dardo directo al lector: «Los apóstoles eran once. Faltaba uno para completar los doce. Ese uno eres tú. Eres indispensable tanto para Dios como para su Iglesia». Con esta interpelación, don Raimo casi nos obliga a asomarnos a estas cien puertas y ocupar la duodécima silla.
Lucía Boned
David Cerdá 90—Nuestro Tiempo marzo 2026
Pablo Mariñoso de Juana
Habitar el mundo Raquel Cascales · 2026 98 páginas · 9,90 euros
Lo estético estaba confinado en los museos hasta Habitar el mundo, que invita a recorrer la estética de lo cotidiano. Esta disciplina no quiere ampliar el catálogo del arte. Reconoce que la realidad ya es, en sí misma, estética. El paseo se despliega en capítulos con nombres de las estancias de una casa. En ellas entreteje referencias decisivas de la tradición estética y, sobre todo, el pensamiento de la filósofa Yuriko Saito. Desde el vestíbulo revela que habitar un espacio es transformarlo: la luz o el orden modelan nuestras relaciones y sentimientos. En el salón, Raquel Cascales reivindica la dignidad de las cosas, que expresan valores y guardan memoria.En el baño, explica cómo la concepción de la belleza influye en cómo entendemos el cuerpo. El itinerario culmina en el dormitorio, donde se esconde la estética del cuidado: lavar, limpiar o cocinar son modos estéticos de amar el mundo. Fernando García
Clásicos: otra mirada
Fahrenheit 451 Ray Bradbury Traducción de Marcial Souto DeBolsillo, 2021 192 páginas · 14,96 euros
Los guiñapos y ruinas de la Historia
diego fermín
Libros
Ciertas definiciones negativas —«La paz es ausencia de guerra», por ejemplo— excluyen aspectos esenciales, como la que asegura que «La paz es fruto de la justicia». Aunque poco estética, la afirmación «Dios no es injusto» quizá ayuda a comprender con mayor esperanza y misericordia más situaciones humanas que limitarse a la contundente verdad de que «Dios es justo». Un paso más lo dan los duplicados y las contradicciones del mundo al revés: peces que vuelan, aves que nadan o, según actúan en la novela de 1953 de un joven Ray Bradbury (1920-2012) Fahrenheit 451, bomberos que provocan incendios. El fuego admite ambivalencias: destruye pero también purifica, acrisola. Aunque esos profesionales del siglo xxiv, tras dos guerras atómicas, queman en una ciudad estadounidense sobre todo libros. 451 grados Fahrenheit equivalen a 232,8 ° Celsius, temperatura a la que arde el papel. El peligro no está en las hojas sino en su contenido: quienes leen reflexionan, debaten y pueden descubrir las raíces de los problemas de su sociedad y proponer vías mejores hacia el futuro. Los libros, «guiñapos y ruinas de
la Historia», están prohibidos. Se permiten tebeos y revistas eróticas tridimensionales. Y en la época de esta novela distópica —es decir, un sitio donde se ha alterado el vivir humanamente— el último campus de Letras ha cerrado por falta de alumnado y de patrocinios. La definición negativa de una vida lograda. La desfiguración de la vida. Y esas desfiguraciones —literarias— quieren advertir más que pronosticar, o al menos mostrarse escepticismo ante avances técnicos que no agrandan la naturaleza humana (y la novela anticipa adelantos tecnológicos que usamos casi todos hoy). A los treinta y pocos años, Bradbury reflejó las devastaciones que ocasiona la censura, los peligros que siguen a la irreflexión y la ignorancia y alertó contra el control inflexible de los medios de comunicación. Los personajes —la joven Clarisse McClellan, Guy Montag, su esposa y las amigas de esta, el capitán Beatty (zarandeado por contradicciones), Faber, la anciana que repite unas palabras del xvi…— no son tan esquemáticos. Tampoco el brillo de la felicidad. Joel Eguíloz Sanz
marzo 2026 Nuestro Tiempo —91
Cine
NÚMEROS
16
nominaciones a los Óscar ha recibido Los pecadores, la cifra más alta de la historia.
4
meses en mar abierto pasó el equipo de Cristopher Nolan para rodar la Odisea, que se estrena el 17 de julio.
La voz de Hind, un cine que duele Sin mostrar el horror, la directora tunecina Kaouther Ben Hania construye un relato devastador desde una central de emergencias palestina. Una propuesta radical que obliga a detenerse y escuchar. texto y críticas
Ana Sánchez de la Nieta Arrancó una ovación de veintitrés minutos, la más larga de la historia del festival, en Venecia. Unos días después de hacerse con el León de Plata, Gran Premio del Jurado, consiguió otro récord: ganó el Premio del Público en San Sebastián con un 9’5, nota inédita. Y es dificilísima de ver. La voz de Hind reconstruye una tragedia en Gaza el 29 de enero de 2024. Durante un asedio del Ejército israelí, Hind Rajab, una niña de cinco años, quedó atrapada en un coche bajo el fuego, rodeada de los cuerpos de sus tíos y tres primos. Mantuvo una llamada de más de setenta minutos con la central de emergencias de la Media Luna Roja Palestina. Pero la ayuda nunca llegó. Detrás de la cámara está la directora tunecina Kaouther Ben Hania, que ya había explorado los límites entre el documental y la ficción en El hombre que vendió su piel y, sobre todo, en la extraordinaria Las cuatro hijas, merecedora del Óscar en 2024. 92—Nuestro Tiempo marzo 2026
Los voluntarios de la Media Luna Roja, atendiendo a Hind en la ficción. La cineasta dirige con mano de hierro un relato que no necesita de subrayados emocionales para conmover. No muestra ninguna imagen del horror y la violencia que sufre la niña. No vemos el coche, ni los cadáveres, ni el exterior. Toda la
acción se desarrolla en un único espacio: la oficina desde donde los cooperantes reciben la llamada y tratan de coordinar el rescate, con medios precarios y contra todo tipo de obstáculos burocráticos y militares. Esa apuesta es radical y cohe-
Chloé Zhao
Brendan Fraser
rente: la película no quiere mostrar, quiere escuchar. Por eso el metraje coincide con la duración de la llamada de Hind. La voz de Hind enseña el arte de la contención: un dispositivo sencillo, casi austero, pero de una precisión extrema. Los actores Saja Kilani, Motaz Malhees o Amer Hlehel encarnan a los trabajadores de emergencias con una interpretación medida, sostenida en miradas, en silencios, en una respiración entrecortada, en un derrumbarse, en un tragarse las lágrimas. El fuera de campo —ese expresivo lugar— se convierte aquí en el protagonista. El recurso más delicado y debatido es el uso de la grabación real de la voz de Hind, que plantea preguntas éticas legítimas. ¿Hasta dónde puede llegar el cine cuando explora el dolor real? Ben Hania ha explicado que contó con el consentimiento de la madre de la niña, pero el debate permanece, y quizá deba permanecer. La voz de la niña, frágil, y a ratos serena, atraviesa la cinta como un recordatorio constante de la asimetría brutal entre quien ataca, quien pide ayuda y quien, aun queriendo, no puede ofrecerla. La burocracia, las llamadas no devueltas, los permisos que no llegan, la inutilidad de las leyes de la guerra se sienten como una forma de violencia tan real como el ruido de las bombas que nunca escuchamos. En cualquier caso, la incomodidad de La voz de Hind no se apoya en el morbo. La película procura implicar al espectador, que, como los voluntarios de la Media Luna Roja, experimenta la impotencia de la espera, de la repetición de gestos inútiles. La avalancha de premios y ovaciones de La voz de Hind y los titulares y mani-
Renate Reinsve
Christopher Nolan
Russell Crowe
festaciones políticas que han seguido a su estreno pueden dar la impresión de que estamos ante un artefacto diseñado para conmover. Sin embargo, su mayor mérito es su resistencia al sentimentalismo. No hay música enfática, discursos, ni siquiera un cierre reparador. Lo que hay es tiempo. Tiempo compartido con quienes esperan al otro lado del teléfono. En un contexto saturado de imágenes de guerra de consumo rápido, la cineasta tunecina propone un gesto contracultural: detenerse y escuchar una sola voz para devolverle su condición irreductible de persona. Hind no representa nada: ella, sencillamente, es. El horror de la guerra se percibe mucho más en primera persona. Aunque estemos acostumbrados a traducir los combates en cifras, en números de heridos o de muertos, la tragedia empieza con la primera víctima. Por eso la película resulta tan perturbadora. Porque no permite refugiarse en la abstracción ni en la geopolítica, por mucho que ambas estén presentes. Obliga a asumir que, mientras el mundo discute marcos, estrategias y relatos, hay seres humanos con nombre y apellidos que sufren, y llamadas que siguen sonando sin respuesta. La voz de Hind solo rompe el tiempo y el espacio con un plano final. Un epílogo que certifica lo que Hind, sus familiares y sus rescatadores han vivido. Un plano que no pretende funcionar como recurso dramático; confirma que todo es real. No pasa nada si alguna vez el cine no entretiene. Incluso puede ser bueno sufrir con una película. Un dolor que es conocimiento y compasión. Que es catarsis, como diría Aristóteles.
TELEGRAMAS
premios y nominaciones La voz de Hind ha logrado el Gran Premio del Jurado en Venecia, Premio del Público en San Sebastián, Premio del Jurado en Chicago, y nominaciones en los Satellite Awards, en los Premios del Cine Europeo EFA, en los Globos de Oro… y en la 98.ª edición de los Óscar. La ceremonia será el 15 de marzo. ‘hamnet’ llega a la gran pantalla La novela superventas de Maggie O’Farrell Hamnet, se estrenó en enero como película, dirigida por la oscarizada Chloé Zhao (Nomadland). Hamnet cuenta la historia íntima del hijo del gran dramaturgo inglés. los goya Los domingos, de Ruiz de Azúa, fue la gran triunfadora de la noche. Recibió cinco premios, entre ellos película, dirección, guion original y actriz. Sirât, dirigida por Oliver Laxe y seleccionada para representar a España en los Óscar, se llevó seis galardones, principalmente técnicos. Otras películas premiadas de esta edición fueron Maspalomas, La cena, Sorda, El cautivo, Los tigres, Romería y Ciudad sin sueño.
Nt
marzo 2026 Nuestro Tiempo —93
Cine
En la Barcelona periférica
Duelo interpretativo
La crisis de los sesenta
La sombra de Bergman es alargada
Historias del buen valle Dirección y guion: José Luis Guerín España, 2025 Para amantes de los buenos documentales.
Núremberg Dirección y guion: James Vanderbilt EE. UU., 2025 Para los amantes del cine histórico.
Jay Kelly Dirección: N. Baumbach Guion: N. Baumbach, E. Mortimer EE. UU., 2025 Si te gusta el cine indie.
Valor sentimental Dirección y guion: Guillermo del Toro EE. UU., 2025 Romanticismo y tinieblas.
Con Historias del buen valle, una película premiada en San Sebastián —donde tuvo que competir nada más y nada menos que con Los domingos—, José Luis Guerín demuestra que un buen documental puede ser tan emotivo como cualquier ficción. Guerín dirige la mirada a Vallbona, un enclave periférico de Barcelona. Allí sigue a varios vecinos a través de sus conversaciones, sus rutinas y sus pequeños conflictos. Es una cinta de personajes que mezcla registros con toda la espontaneidad que permite una maravillosa dirección de actores no profesionales. Hay cine social, destellos románticos, cierto aire de cine negro y wéstern. Y, humor y música. Sorprende la capacidad de observación de Guerín y su sensibilidad para convertir lo ordinario en relato cinematográfico, con una planificación muy cuidada y ecos de Ford. Sin discursos, la película sugiere preguntas sobre nuestros modos de vida y el sentido de lo que llamamos progreso.
Con el telón de fondo del ochenta aniversario de los juicios de Núremberg, se estrena esta adaptación de la novela El nazi y el psiquiatra, de Jack El-Hai, dirigida por James Vanderbilt, más conocido por ser guionista de Zodiac y Spiderman, que por su faceta de director, aunque dirigió La verdad, un thriller periodístico. La narrativa de Núremberg es muy potente: la relación entre el psiquiatra Douglas Kelley y Hermann Göring funciona como eje moral e intelectual. Vanderbilt explora ese espacio ambiguo de cierta relación personal e incluso empatía sin perder de vista el trasfondo histórico. Russell Crowe ofrece su mejor trabajo en años, y Rami Malek equilibra bien la contención de su personaje. La película bascula entre el drama psicológico y el suspense judicial. Hay momentos eléctricos, aunque en otros se pierde un poco el ritmo, quizás por el excesivo metraje y la casi ausencia de subtramas. Con todo, y sin ser una obra redonda, es una película muy notable.
Jay Kelly, actor consagrado en plena crisis personal, encara los sesenta con la sensación de que su brillo se apaga. Mientras se prepara para un homenaje en un festival, reaparecen deudas emocionales en forma de familia, amigos y compañeros de trabajo. Noah Baumbach —el marido de Greta Gerwig y coguionista con ella de Barbie—, que ya ha explorado con lucidez la fragilidad adulta en títulos como Frances Ha o Historia de un matrimonio, vuelve en Jay Kelly a su territorio natural: relaciones tensas, ambiciones poco honestas y la cara menos amable del éxito. La película funciona como una mirada irónica a la industria y, al mismo tiempo, como un recordatorio de la necesidad de sostener y alimentar afectos reales. El reparto es un lujo, con un Clooney divertidamente autorreferencial. Su problema es la medida: pese a su interés, le sobran minutos, pierde ritmo en el tramo final y tarda demasiado en encontrar una manera de cerrar.
Joachim Trier confirma en Valor sentimental ser uno de los cineastas europeos más lúcidos al la hora de explorar la familia contemporánea. La película gira en torno a Gustav, un prestigioso director de cine y padre ausente, que intenta reescribir su historia ofreciendo a su primogénita, actriz de teatro, el papel principal de su nueva película. Una segunda hija que trabaja de maestra y una joven intérprete estadounidense completan un sugerente juego de espejos entre vida y creación. Trier articula el relato con una estructura exigente, rompiendo un tiempo y un espacio que dialogan constantemente: la casa familiar, el escenario teatral y el plató se convierten en lugares de memoria y conflicto. Sin dispersarse, el libreto sostiene con precisión este entramado, apoyado en interpretaciones de gran hondura, especialmente las de Renate Reinsve en el papel de hija mayor y la de Stellan Skarsgård como padre.
94—Nuestro Tiempo marzo 2026
Retrato a una época dorada del cine francés
Comprarse un hermano
El duelo según Shakespeare
Festejando a Sadam
Nouvelle Vague Dirección: R. Linklater. Guion: H. Gent, R. Linklater, L. Masson, V. Palmo Jr., M. Pétin. España, 2025 Para un público cinéfilo.
Rental Family Dirección: Hikari Guion: Stephen Blahut, Hikari Japón, 2025 Para debatir después de verla.
Hamnet Dirección: Chloé Zhao Guion: Chloé Zhao, Maggie O’Farrell Reino Unido, 2026 Si te gusta la literatura en el cine.
La tarta del presidente Dirección: Hasan Hadi Guion: Hasan Hadi Irak, 2025 Si buscas lo mínimo pero profundo.
Nouvelle Vague es una bellísima declaración de amor por su oficio firmada por Richard Linklater, el veterano autor de joyas como Boyhood y la trilogía Before. Ideada en un elegante blanco y negro, la película reconstruye el rodaje de Al final de la escapada (1960), ópera prima de Jean-Luc Godard y uno de los hitos fundacionales de la Nouvelle Vague francesa, una corriente célebre por su montaje abrupto, su cámara en mano y su desafío frontal a las normas del academicismo. Linklater intenta capturar el pulso de la época: la improvisación, la efervescencia intelectual y la sensación de que el cine podía reinventarse desde cero. Por la pantalla desfilan Godard, Truffaut, Chabrol o Rivette como figuras jóvenes, más intuitivas que sabias y caóticas. Nouvelle Vague resulta una propuesta estimulante, especialmente valiosa para comprender cómo nació un cine que cambió para siempre la manera de mirar y de filmar.
En Japón funcionan cientos de agencias que ofrecen «familias de alquiler»: actores contratados para encarnar durante unas horas a un padre, una esposa o un hijo, ya sea para un evento social o solo para sostener una apariencia de normalidad. Rental Family se adentra en este fenómeno a través de la historia de un actor occidental —Brendan Fraser— que empeza a trabajar en una de estas empresas. Fraser aporta calidez y fragilidad a un personaje marcado por la misma soledad que pretende paliar. A su alrededor se despliegan pequeñas subtramas que pueden conectar con un público amplio pues son reconocibles no solamente en Japón sino en todo Occidente donde el progreso viene acompañado, muchas veces, del individualismo y de la indiferencia hacia los otros. Aunque se echa en falta un planteamiento más antropológioa, la propuesta narrativa ayuda a la reflexión. Si tenemos que alquilar familiares… algo —no muy bueno— está pasando.
La novela Hamnet, de Maggie O’Farrell, imaginó la vida familiar de Shakespeare a partir de la muerte de su hijo y convirtió ese episodio en una reflexión sobre el duelo y el nacimiento de Hamlet. La cineasta china Chloé Zhao adapta la historia a la gran pantalla con una película que, sin reproducir literalmente el libro, acierta al reforzar su dimensión emocional. El guion apuesta por un desarrollo cronológico que clarifica el relato y concede mayor presencia al matrimonio protagonista, lo que permite comprender mejor el impacto de la pérdida en su relación. Zhao aborda el dolor con un crescendo dramático que pasa de una contención inicial a un desenlace de gran intensidad. La solidez del reparto, con una Jessie Buckley especialmente poderosa, el trabajo de los jóvenes intérpretes, la fotografía de Łukasz Żal y la partitura de Max Richter contribuyen a crear una atmósfera conmovedora.
El iraquí Hasan Hadi debuta con una película honda, a pesar de su apariencia mínima. La tarta del presidente sitúa su mirada en Lamia, una niña que, en el Irak de Sadam Husein, debe reunir a contrarreloj los ingredientes para un pastel destinado a homenajear al dictador. El itinerario, compartido con un inseparable amigo, se convierte en un perfil asfixiante de la vida bajo un poder que invade lo cotidiano y lo íntimo. Hadi, que creció en Irak en los noventa, construye el relato desde la memoria y lo sostiene con una puesta en escena muy plástica, donde la luz y los encuadres contrastan con la violencia soterrada del contexto. Los jóvenes intérpretes, naturalísimos, combinan fragilidad y determinación sin recurrir al sentimentalismo. La película sugiere, de un modo sobrio, cómo la tiranía erosiona la verdad y deforma las relaciones humanas. La imaginación de los niños otorgan al paisaje opresivo una resonancia universal. marzo 2026 Nuestro Tiempo —95
Series
NÚMEROS
800 44,8 episodios tiene Los Simpson, y ya se ha renovado su contrato hasta la temporada 40. Sigue en antena desde 1989.
por ciento de audiencia televisiva corresponde hoy al streaming. Hace cuatro años era del 26 por ciento.
UNSPLASH.COM
«Confía en mí»: la revancha del criterio frente al algoritmo
O cómo la revolución televisiva está regresando a la casilla de salida. texto Alberto N. García
[Com 00 PhD 05], profesor titular de Comunicación Audiovisual y crítico cultural
Su premisa sonaba evangélica: «Paga y serás libre». Más que en toda la discografía de Nino Bravo: liiibre de anuncios, liiiibre de horarios, liiiibre de esperas para el siguiente episodio. Años 96—Nuestro Tiempo marzo 2026
después nos hemos dado cuenta de que aquella libertad era, en realidad, solo un tráiler. Los números no terminaban de cuadrar. Así que vino el tío Paco con su rebaja en forma de glosario: el plan Premium, los canales FAST (tele gratis con publicidad, al estilo Pluto TV), los packs incluidos con tu operadora (HBO y Netflix «gratis» con Vodafone), las suscripciones dentro de suscripciones (MGM como opción dentro de Amazon Prime) o las alianzas de visibilidad y supervivencia económica del pez pequeño que permiten disfrutar del catálogo de Apple en tu Movistar.
En apenas diez años, la revolución del streaming se ha acomodado y la lucha por la rentabilidad —tan noble como cualquier otra; a ver si pensamos que Los Soprano o Breaking Bad eran obras de caridad— ha obligado a recoger mucho cable. Porque el viaje está revelándose de ida y vuelta. Se ve bien en la apuesta por el directo: ahora seguimos las andanzas australianas de Alcaraz o la nieve olímpica en HBO Max; Netflix apuesta por la adrenalina en vivo de combates de MMA y boxeo, o por la de aquel tipo que escaló a pelo un edificio de cien pisos; hace ya un año que un emblema de la telerrealidad como Operación triunfo
Line of Duty
Por cien millones
migró a Amazon Prime; y Disney Plus ostenta los derechos de emisión de la UEFA Champions League femenina. Es cuestión de tiempo, siguiendo a la casa madre en USA, que pujen por deportes con más audiencia. El regreso del horario a las plataformas de streaming es el ejemplo de cómo la revolución ha concluido volviendo a la casilla de salida. Netflix y compañía ostentaban una distinción con respecto a la tele tradicional que va desvaneciéndose. Parece que aún queda un trecho por recorrer hasta que nos topemos con un Informativos Prime o el telediario de las nueve en Netflix, pero ¿quién se atreve a poner la mano en el fuego? Uno empieza a tener la sensación de que estamos acercándonos (¡más Biblia, ahora con retruécano!) al «vino viejo en odres nuevos». Y todo esto ¿cómo afecta a la ficción que nos ocupa en estos textos? La primera consecuencia es estructural: cuesta más encontrar una imagen de marca. Si antaño las series de HBO o de AMC compartían una ambición de nicho, una expectativa de acabado y calidad, el revolutum de hoy hace cada vez más complicado encontrar método en un Apple o un Disney. No olvidemos que en los originales de Netflix —un cajón de sastre donde la cantidad importa más que la calidad— pululan desde un exquisito Koreeda (Asura) hasta un acabado Schwarzenegger (Fubar) o que en Disney Plus se estrenaron casi a la vez la sensacional Verdades ocultas y la pufera Todas las de la ley, la serie más apaleada por la crítica de los últimos tiempos. Con este panorama, entrar en tal o cual catálogo no garantiza gran cosa. De hecho, ni siquiera asegura que vayamos a ver algo. El nuevo zapping ya no es
entre canales, sino entre secciones de la plataforma: mando arriba, mando abajo decidiendo qué ver para terminar con un episodio de The Office de hace quince años. No es coña: un estudio de Nielsen presentado en noviembre de 2025 indicaba que, de media, el usuario se tira 14 minutos buscando qué ver (¡los franceses llegaban a los 26 minutos, lo que equivale a un episodio de sitcom!). Es la paradoja de la abundancia, dolencia de ricos: cuanta más opciones, la ansiedad por elegir se dispara por miedo a equivocarnos. Ante las prevenciones que suscita esta oferta tan mastodóntica (y paralizante) es normal que estén reviviendo series –The Pitt o Poker Face como nuevos emblemas– donde el episodio vuelve a ser la unidad de medida narrativa principal. Es una ficción más casual, más retomable, más autoconclusiva. Y por eso también ha regresado con fuerza la emisión semanal, como una manera de sistematizar la logística de la atención. Este espectador cansado, disperso y elástico, atiborrado de novedades, va a confiar más que nunca en los prescriptores, ya sea el crítico, el amigo o el cuñado. Porque la nueva audiencia reclama brújula para orientarse por estos grandes almacenes que pululan de lo gourmet al todo a cien. Alguien que le explique cuál de esos mil senderos que se bifurcan no es un jueves perdido. Alguien que salvaguarde la inversión temporal de los primeros episodios. Así, la cacareada era del algoritmo va a regalar un efecto inesperado: el gesto íntimo de una recomendación, de un «confía en mí». Tanto zapear para redescubrir que, al recostarnos en el sofá tras un día de trabajo, echábamos de menos un criterio en el que descansar.
El caballero de los siete reinos
APUNTES
más aventuras de duncan y egg Los buenos números de El caballero de los siete reinos han demostrado que, al final, la mejor forma de continuar expandiendo el universo de Juego de tronos pasaba por el menos es más. Tendrá segunda temporada. Minimalista. robarte al pichichi Movistar regresa a los años ochenta para ficcionalizar uno de sus sucesos más célebres: el secuestro de Quini, por entonces delantero estrella del Barcelona. Bajo el título de Por cien millones, la miniserie narra cómo tres parados idearon un crimen que les salió mal, para suerte del futbolista. Tragicómica. ‘line of duty’ suma y sigue Una de las series de la BBC más queridas por los espectadores y aclamadas por la crítica regresará para una séptima temporada. Tras media década en el dique seco, el thriller policíaco creado por Jed Mercurio vuelve con caras conocidas y un caso de corrupción interna. Implacable.
Nt
marzo 2026 Nuestro Tiempo —97
Música
LO CLÁSICO BATE RÉCORDS La novedad de LUX no radica en la invención de un género, sino en acercar la tradición musical a un público masivo: en su semana de estreno, el 7 de noviembre de 2025, fue el álbum más escuchado del mundo en Spotify (por delante de otros lanzamientos recientes de superestrellas como Taylor Swift). También fue el disco más reproducido en un solo día por una artista hispanohablante en la historia de la plataforma.
LUX y el fin de la posmodernidad pop Llegó con las últimas notas de 2025 y ha hecho tambalear los pilares de la música mainstream y la cultura contemporánea. Lo improbable aconteció con LUX. texto Almudena Calvo Domper
En tiempos de inteligencia artificial, de mecanismos sofisticados que crean basándose en probabilidades, Rosalía nos ha regalado un álbum impredecible. Después de décadas relegando el tema de la espiritualidad al cajón de los locos o los nostálgicos, la cantante catalana —no adscrita a ninguna religión— ha puesto en el centro de la mesa a Dios y ha introducido la orquestación clásica en las listas mundiales de Spotify. Sin embargo, no es una producción de nicho, un proyecto excéntrico gestado en los márgenes de la industria. Después de sus tres primeros álbumes, Rosalía estaba sentada ya en el olimpo del pop global. Tal vez por eso, publicar un disco que se estructura en cuatro movimientos, grabado con la Orquesta Sinfónica de Londres, cantado en trece idiomas e inspirado en las hagiografías de santas de la Iglesia católica y otras místicas ha sido calificado por la crítica como una apuesta valiente. La audacia de LUX reside, por un lado, en su estilo y melodías clásicas, inexplo98—Nuestro Tiempo marzo 2026
Rosalía, en la portada del disco. © SONY MUSIC radas por el oído popular contemporáneo. Ha conseguido introducir en los altavoces de distintas latitudes la música sacra, la potencia operística o la vitalidad de unos violines barrocos. Las canciones combinan la repetición de frases líricas —«Porcelana»—, coralidad litúrgica —«Berghain»—, tempos suspendidos que evitan la progresión armónica propia
del pop —«Mio Cristo Piange Diamanti»— o la ausencia de estribillos —«Memoria»—. Llama la atención porque en su anterior trabajo, Motomami, la artista llevó al extremo la música urbana experimental. Sin renegar de sus orígenes flamencos, abrazó ritmos propios de una pista de baile caribeña. Una obra también difícil
DISCOGRAFÍA
Los ángeles 2017
El mal querer 2018
Motomami 2022
APUNTES
de decodificar tras sus álbumes previos, pero que encajaba en el panorama posmoderno: fragmentación —desde los sonidos a las letras— y una clara centralidad del yo. Un canto a lo efímero y lo mundano que bien podría resumirse en el título de la canción con la que arranca LUX: «Sexo, violencia y llantas». Sin embargo, esa exaltación de lo terrenal no pasa de ahí, pues en el verso inicial lanza una duda existencial de primer orden: «Quién pudiera / vivir entre los dos. / Primero amaré el mundo / y luego amaré a Dios». Y así nace la audacia más llamativa del disco: la de dedicar una obra a lo divino y a profundizar en la sed de trascendencia en una sociedad secularizada. La artista reconoció en una entrevista en el programa Popcast del New York Times que «el sentimiento espiritual» siempre ha estado presente en su vida —las referencias esporádicas a Dios en su discografía lo confirman—, aunque nunca había intentado «racionalizarlo o intelectualizarlo». De esta forma, al preguntarse qué necesitaba crear ahora, Rosalía explica que LUX nació de una pregunta: «¿Cómo puedo acercarme a Dios?». Relata que, para ello, dedicó más de un año a leer a santas como Rosa de Lima, Hildegarda de Bingen, Olga de Kiev o Teresa de Jesús, entre otras místicas, como Rabia al-Adawiyya (sufí) o la profetisa Míriam ( judía). Esa «intención de verticalidad» se aprecia en la mayoría de las letras, que miran más allá de la emoción y la materia,
piedras angulares de esta época. En «Dios es un stalker», la cantante parece reinterpretar el bíblico Cantar de los cantares desde la voz divina: «Detrás de ti voy / yo, que siempre espero que vengan a mí / no me gusta hacer intervención divina / pero a mi baby yo lo voy a stalkear / pa poderlo enamorar». En «Sauvignon blanc», como un san Agustín contemporáneo, reflexiona sobre el desprendimiento y la plenitud que solo da Dios. También los sonidos caen del cielo: el final de «Reliquia» retumba como un trueno, entre lo techno y lo procesional, que atraviesa al oyente después de plantearse qué es lo que queda de nosotros en el mundo tras nuestro paso. Es, sin duda, un álbum que no encaja en los códigos de esta época: tiene una clara unidad conceptual, huyendo de la atomización; pone en valor lo heredado —no lo elegido— al beber de la música clásica y del pensamiento de grandes mujeres; reconoce una realidad que está ahí, con sus límites, que no depende de lo que uno sienta o piense —destaca su inspiración en la filósofa Simone Weil, de quien ha impreso una cita en el disco físico—; y lo ha compuesto para que se escuche de una sentada —dura una hora—, idealmente sin estímulos que interrumpan la experiencia. Así lo presentó, como una obra operística, en el Museu Nacional d’Art de Catalunya en Barcelona. Una obra de arte vanguardista que nos introduce en la consumación de una era cultural haciendo relucir lo que parecía perdido: la trascendencia, las raíces.
de lo sagrado y lo profano El disco trata los grandes interrogantes existenciales, como el de nuestra condición mortal —en «Magnolias» imagina su propio entierro—, pero también narra historias en cante flamenco —«La rumba del perdón»— y poemas de desamor. Siempre con un toque inesperado: intercalando la guitarra calé y las palmas con el suspense de unos violines de cámara; o componiendo una canción de despecho al que fue su prometido al ritmo de un irónico vals de boda en «La perla». Este es el hit del álbum que más suena en las discotecas y el que más está dando que hablar: en directo lo ha interpretado vestida de novia. Como en la vida, lo prosaico y lo excelso se dan la mano en LUX. una obra exigente Frente a esta rara avis de Rosalía cabe preguntarse si pide demasiado al público. La autora ha salido al paso de la duda: «Mis artistas favoritos quizás sean los que no te dan lo que quieres, sino lo que necesitas».
Nt
marzo 2026 Nuestro Tiempo —99
Escena
un visionario Dos años después de publicar El maravilloso mago de Oz, Lyman Frank Baum llevó la historia a los escenarios de Chicago con una extravaganza musical. En 1903 llegó a Broadway —que empezaba a consolidarse como capital global del espectáculo— y permaneció ocho años en cartelera. george steckel. wikimedia commons
Wicked: antes del tornado Dorothy sigue en Kansas, y dos brujas y el Mago forjan los secretos mejor guardados de Oz. Uno de los musicales más longevos de Broadway aterriza en Madrid para revelarlos. texto Maria Domingo [Fia Com 25]
«¡Por fin murió! ¡La bruja por fin murió!». Se abre el telón y los ciudadanos de Oz celebran que la Malvada Bruja del Este no volverá. De entre los focos del proscenio desciende un trono dorado. Sobre él, la Bruja Buena del Sur canta para su pueblo: «¡Regocifijicaos, ha triunfado el bien!». Un inicio así, además de presentar el simpático dialecto oziano, asienta una dicotomía ética y estética «irreconciliable» entre el bien y el mal. La bondad viste de rosa, porta una corona de diamantes y una varita de cristal. Es rubia, popular, y se hace llamar Glinda —con énfasis en linda—. La maldad, en cambio, se encarna en Elphaba, la imagen platónica de una bruja: uñas largas y risa histriónica. Capa negra, sombrero puntiagudo, escoba y, sobre todo, la piel verde. Ellas protagonizan Wicked —malvada en inglés—, una obra de teatro musical que descubre qué ocurrió antes de que el tornado arrastrara a Dorothy hasta ese bizar100—Nuestro Tiempo marzo 2026
«Defying gravity» es una de las canciones más célebres de la historia del teatro musical contemporáneo. javier naval
wikimedia commons
ro camino de baldosas amarillas. Ambas hechiceras coinciden en la Universidad de Shiz, donde surge una amistad que tarda en florecer. En «¿Qué estoy sintiendo?» la una por la otra confiesan sentir… «asco». Su historia sucede en Oz, pero no aparece en el libro original, El maravilloso mago de Oz (1900), un clásico de la literatura infantil estadounidense. El éxito fue inmediato y su autor, Lyman Frank Baum, escribió trece secuelas. Todavía hoy decenas de fanáticos continúan inventando sus propias versiones. Uno de los enamorados de su fantasía fue Gregory Maguire, que en 1995 publicó Wicked: Memorias de una bruja mala, un fan fiction que explora la vida de la Malvada Bruja del Este y la bautiza por fin: Elphaba (nombre, por cierto, que honra al primer autor con sus iniciales: L. F. B.). La obra de Maguire, con un trasfondo más sombrío y maduro, critica la manipulación del Mago, el único político, los daños de los prejuicios (en este caso, hacia Elphaba por ser verde) y la falta de libertad de expresión, ejemplificada en el veto de los animales de hablar como humanos. Aunque su inspiración se basa en un título para niños, la biografía narrativa de la bruja no está, en absoluto, pensada para el público infantil. Ni por su lenguaje, a veces soez, ni por su contenido erótico y violento. Para recuperar el candor y apelar a un público más extenso, la dramaturga Winnie Holzman y el compositor Stephen Schwartz convirtieron la trama de Elphaba en musical. Estrenado en 2003 en Broadway, el espectáculo se alza como el tercero más longevo y aún en la cartelera de la meca de las artes escénicas. Tras dos décadas de triunfo, el 3 de octubre de 2025 llegó al Nuevo Teatro Alcalá (Ma-
vuelta al origen En la ficción, el Mago de Oz es en realidad un animatrónico gigante controlado por O. Z. Diggs, un ventrílocuo y aeronauta de Omaha que llegó a Ciudad Esmeralda en globo. En la adaptación madrileña, el robot se asemeja al diseño de 1900 en la primera edición en papel, ilustrada por William Wallace Denslow a pluma y tinta sobre láminas en color.
drid) de la mano de ATG Entertainment con la dirección de David Serrano y la emocionantificante puesta en escena de Cristina Llorente, que dota a Glinda de un lírico cristalino, y Cristina Picos como Elphaba, con una interpretación asombrosa y un rango vocal amplísimo. Su debut en la capital ha coincidido en el tiempo de entreacto del formato cinematográfico —Wicked (2024) y Wicked: Parte II (2025)— que dirige Jonathan M. Chu y protagonizan Ariana Grande y Cynthia Erivo. Las estrellas de Hollywood han rematado la potente estrategia de marketing, parecida a la de Barbie (2023) al pintar las calles de sus colores. «El rosa —como dice la bruja buena al galindificar a Elphaba con accesorios florales— combina muy bien con el verde». Se complementan precisamente porque ocupan los extremos del círculo cromático, una dualidad que ya vestían las brujas en la primera adaptación al cine de El Mago de Oz (1939), firmada por Victor Fleming. Con el sepia de la época presenta el árido paisaje que rodeaba la granja donde la icónica Judy Garland canta «Somewhere Over the Rainbow» —Óscar a la mejor canción original— e invoca su viaje hasta Oz, un mundo de tonos saturados y vibrantes que alardeaba del entonces novedoso Technicolor. De ahí que los zapatos de Dorothy no sean plateados, como planteó Baum, sino rubí. Este detalle ultima la paleta temática del cosmos oziano: amistad, lucha contra la tiranía, romance... Más de un siglo después, su mensaje perdura tan universal como actual. La historia de Oz es un arcoíris que aparece después de la tormenta (y el tornado). Sus habitantes cantan que la bruja por fin ha muerto, pero en Madrid está más viva que nunca.
APUNTES
de broadway a alcalá Dado el éxito rotundo de Wicked en Broadway y Londres, sorprende que haya tardado tanto en aterrizar en Madrid. David Serrano, el director, explica en una entrevista en Open Play (RTVE) que los derechos son «muy golosos» y que para conseguirlos, ATG ha competido contra otras grandes productoras nacionales. El cierre del convenio también se ralentizó al solicitar permiso para una «no réplica», una versión no exacta a la original, que enriquecería el espectáculo, por ejemplo, con las coreografías de Iker Karrera y el diseño de vestuario de Antonio Belart —del que destaca la escandaliciosa bata de Glinda durante «Popular»—. La escenografía, firmada por Ricardo Sánchez Cuerda, refleja otra particularidad del mercado español: las instalaciones no están concebidas para albergar una misma producción durante muchos años. En este caso, el obstáculo se resuelve con mucho ingenio, aunque los más devotos echarán de menos el dragón humeante y los engranajes gigantescos del montaje neoyorquino.
Nt
marzo 2026 Nuestro Tiempo —101
Arte
una doble vocación El padre de Delapuente quería que fuera notario. Aunque se matriculó en Derecho, no tardó en abandonar esa senda. Acabo compaginando las carreras de Ingeniería Industrial y Bellas Artes, su auténtica vocación. La simbiosis entre ambas disciplinas, palpables durante toda su trayectoria —diseñó, por ejemplo, el edificio Central de la Universidad de Navarra—, se convirtió en su seña de identidad. «autorretrato» (1952), delapuente
Fernando Delapuente, un reencuentro con el color Fue un alma inquieta. Supo plasmar con una intensa paleta de color el mundo que se abría ante él. Al cumplirse medio siglo de su muerte, una gran retrospectiva acerca la obra de uno de los artistas más relevantes de la vanguardia española. texto Clara González Freyre
de Andrade
Fernando Delapuente murió pintando. El mismo año en que falleció, en 1975, firmó el último de sus lienzos: Árboles, un cuadro de pequeño formato y colores más contenidos que en su obra anterior, donde el paisaje se desdibuja hasta rozar la nada. Una nada tan absoluta como la que vendría a continuación. Tenía 65 años. Su muerte truncó una carrera intensa que lo encaminaba hacia la consagración. A pesar de que los especialistas siguieron teniendo presente su legado, el nombre de Fernando Delapuente (San102—Nuestro Tiempo marzo 2026
Delapuente capturó la Plaza Mayor de Madrid (1971) con colores vibrantes. tander, 1909-Madrid, 1975) terminó por perder sus contornos fuera de los círculos académicos. Tal vez el hecho de que gran parte de su trabajo permaneciera en colecciones privadas tampoco contribuyó a su difusión entre el gran público. De ahí que la retrospectiva que hasta el 31 de
enero pudo verse en el Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid no resultara una muestra más, sino la culminación de un proceso que trata de devolver su puesto a Delapuente, un vanguardista genial y olvidado. La muestra permitió, en palabras del comisario Andrés Barbé,
de la gran ciudad a su mar Aunque Fernando Delapuente nació en Santander en 1909, estuvo muy relacionado con la llamada «escuela madrileña». El fervor de la metrópoli, sus monumentos y sus plazas, quedó reflejado en varios de sus cuadros, lo que ha hecho que lo recuerden como «el pintor de Madrid». Pero el mar cantábrico, su mar, también encontró espacio en sus lienzos y creó piezas como Mar fuerte con gaviota (1975).
«redescubrir a un pintor olvidado pero sobresaliente». La capacidad de expresar tanto con tan poco, de construir auténtica poesía visual —como demostró en Árboles—, no irrumpió de inmediato. Sus viajes a Italia, en la década de 1940, le impulsaron a abandonar el rumbo academicista para definir el lenguaje que acabaría haciendo propio. En Milán, por ejemplo, se topó con la obra de Van Gogh. El uso matérico de la pintura del neerlandés para construir esos cielos dominantes reorientó su producción. También en tierras italianas entró en contacto con Modigliani y De Chirico, que reforzaron la que sería su gran búsqueda: la de la belleza de lo esencial, la de la complejidad de lo sencillo. Pero, al situarse ante los lienzos de Fernando Delapuente, hay algo imposible de ignorar: su empleo audaz del color. Un color que parece expandirse, que estalla para después inundarlo todo. No tuvo miedo a las tonalidades puras, ni a invertir y jugar con el orden establecido. No en vano se le ha comparado con fauvistas como Derain, Vlaminck o Matisse, cuya libertad cromática se refleja en su propia pintura. En otra de sus travesías —tan recurrentes que le valieron el sobrenombre de «artista viajero»— llegó a conocer sus obras, esta vez en la capital parisina, en una experiencia que reforzó de forma definitiva la apuesta por el color como su principal lenguaje expresivo. A través de una selección de setenta trabajos del cántabro, la muestra permite construir una imagen de un artista que ante todo fue libre y que entendió el arte como un espacio de diálogo entre tradición y modernidad, donde la sencillez
es solo aparente y oculta un profundo simbolismo. A lo largo de cinco décadas, Delapuente experimentó con su estilo haciéndolo mutar desde lo más convencional hacia el colorismo fauvista. Al final de su vida, la búsqueda de la máxima expresión le inclinó a desdibujar los límites entre lo figurado y lo abstracto. Desde sus vistas de los campos castellanos y los parajes marítimos santanderinos hasta las escenas urbanas de las ciudades europeas que habitó —como Venecia, Roma, Lisboa y París—, la pintura de Delapuente parte siempre de panoramas concretos. Sin embargo, sus cuadros son mucho más que postales. Se vuelven experiencias visuales, plasmadas con su tan personal paleta. De entre esas ciudades, Madrid tuvo un lugar especial en su vida y su obra, y resulta simbólico que haya sido allí donde haya tomado cuerpo esta retrospectiva. Es imposible pasar por alto que, en la capital, un triste noviembre de 1975, Delapuente exhaló su último aliento. Y ahora se ha convertido en la ciudad desde la que se reivindica su legado. Más allá del paisaje natural y urbano, Delapuente fue también un ávido retratista. Sus estudios del rostro humano, en especial los que realizó durante su etapa madrileña de formación, en la que estuvo acompañado de sus maestros Eduardo Chicharro y Manuel Benedito, evidencian su interés por este género. Por supuesto, entre otros modelos, se pintó a sí mismo. No es casual que dos autorretratos sirvieran de inicio a la exposición, en un interesante recurso que permitía poner cara —y en gran medida comprender— al artista cuya mirada atraviesa toda la muestra: una mirada vanguardista, de color intenso, olvidada.
APUNTES
delapuente en navarra Algunas de las obras presentes en la exposición Fernando Delapuente del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid forman parte de la Colección Universidad de Navarra. El centro académico, heredero universal de Delapuente, posee 36 de sus cuadros. Es el caso de Las grúas de la ría y la pollera colorá (1966), un ejemplo de sus características vistas marítimas, donde todo se construye a partir del color. Lo mismo ocurre con Alborada, pintada el mismo año de su fallecimiento, en la que —como consiguieron antes artistas como Turner— lo paisajístico se disuelve hacia una imagen abstracta. Una de las piezas más llamativas, por alejarse de los habituales paisajes urbanos del pintor, es Aux Deux Magots (1958), en la que representa el bullicio de una terraza parisina con un grupo que conversa con intensidad. El propio Delapuente describió el lienzo como «el espectáculo cotidiano de esa juventud extravagante de los Teddy Boys, de los existencialistas, de quienes buscan anhelantes algo que el alma les grita y no hallarán».
Nt
marzo 2026 Nuestro Tiempo —103
HISTORIAS MÍNIMAS Ignacio Uría
Pensar a contracorriente
d’Estaing: «El presidente Mao es un faro del pensamiento mundial». Eran tiempos en los que había que leer el Libro rojo, infumable colección de citas maoístas, tener un póster del Che y peregrinar a la tierra santa china, que era una variante del paraíso comunista con todos los gastos pagados (por el Partido). En las letras españolas también tuvimos lo nuestro. Por ejemplo, Rafael Alberti y María Teresa León, autores de la estalinista Sonríe, China. O un Pablo Neruda en busca de patrocinios para su fantasmagórico Instituto Chileno Chino de Cultura, regado con fondos del Gran Timonel. Tres veces le rindió pleitesía el poeta pero nunca se estableció en Pekín, una urbe «demasiado provinciana». La revolución brilla más desde una terraza de Saint-Germain-des-Prés y eso lo sabían Neruda y Alberti, que preferían vivir en cualquier democracia capitalista, con buenos derechos de autor y sin tener que desplazarse en bicicleta. «Eran tiempos en los que había que leer el Libro Leys desmontaba a estos personajes con precisión de merojo, infumable colección de citas maoístas, tener trónomo, pero su íntegra arrogancia le costó la carrera acadéun póster del Che y peregrinar a la tierra santa mica y el ostracismo literario, por lo que terminó «exiliado» en Australia. Su amigo René Viénet lo resumió todo con una china, variante del paraíso comunista con todos frase imbatible: «La verdad engendra odio». Y con la verdad y los gastos pagados (por el Partido)» una maleta se fue Leys a Camberra, donde falleció en 2014. Vuelvo a Sartre: «El sueño maoísta representa el horizonte CABA DE PUBLICARSE un libro magnífico, El para- político y filosófico ineludible de los verdaderos intelectuaguas de Simon Leys (Acantilado), de Pierre Boncenles». Personas con una superioridad moral a prueba de bomba, capaces de jalear los crímenes de masas al tiempo que dictane, colaborador de Bernard Pivot en el programa Apostrophes de la televisión pública francesa, referen- ban sentencias letales contra los indefensos. Por ejemplo, Maria Antonietta Macciocchi: «Del pueblo chino emana la gran te de toda persona culta de los años ochenta. Con fascinación de los hombres puros y sin pecado» (fue eurodiesta monografía, Boncenne ganó en 2015 el Gran putada). La increíble aparición de una voz discordante les perPremio de la crítica literaria francesa, que sumó al Renaudot de ensayo, hermano del Goncourt, obtenido unos años antes. mitió a todos ellos desplegar su oscura vocación de comisarios políticos a mayor gloria de Mao, ese Atila del siglo xx. La obra recupera al escritor Simon Leys (pseudónimo de El paraguas de Simon Leys recupera aquellos años de ceguePierre Ryckmans), especialista en la China comunista y voz discordante por sus feroces críticas a la dictadura de Mao Ze- ra voluntaria en universidades y medios de comunicación. De paso, nos resume medio siglo de contorsionismo internadong. Una década después, llega a España. cional ante el espejo deformado de la China comunista. Pero Leys/Ryckmans nació en Bruselas en 1935 y estudió Deretambién es una obra actual sobre nuestro cho e Historia en la Universidad Católica de apego a creer solo lo que deseamos creer y Lovaina. En 1971, publicó El traje nuevo del LA PREGUNTA DEL AUTOR a opinar al margen de la información. Un presidente Mao, donde desolló sin piedad y grito, en fin, contra las dictaduras, pasadas con humor (amarillo) aquella perversión to¿De dónde procede la y presentes, diestras o siniestras (valga la talitaria llamada Revolución Cultural (1966fascinación por el mal? redundancia) y, sobre todo, contra sus la1969). Escrito en Hong Kong, este ensayo cayos, cooperadores necesarios para que el también cuestionaba la sumisión pro-China mal se extienda. de la izquierda francesa. En gran medida, Si Leys viviera, lo denunciaría. Como no viporque Leys desnudó la indignidad volunve, hay que leerle, aunque sea vía Boncenne. taria de intelectuales como Roland Barthes o Sartre (el bueno de Jean Paul, siempre al rescate de tiranos como Castro, Pol Pot o Ignacio Uría [Der 95 PhD His 04] es profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Alcalá. hasta Simone de Beauvoir) y el cinismo de presidentes como Mitterrand («Mao no es @NTunav un dictador, es un humanista») o, incluso, Opina sobre este asunto en X. un liberal de trajes impecables —al César lo que es del César— llamado Giscard
A
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ENSAYO
Dios y el arte
El giro
¿Hay un giro católico en la cultura contemporánea? La respuesta corta es «no». Pero la enjundia está en los matices. Lo que hay es una generación de artistas milenials entrando en su madurez. Una generación descreída a la que la crisis de 2008 y la pandemia de 2020, la soledad, la precariedad, el desarraigo y el nihilismo han empujado a las puertas de la Iglesia. Las preguntas de Rosalía, de Alauda Ruiz de Azúa o de Aixa de la Cruz son un umbral, un giro... teológico. Sus interrogantes son muy espirituales, aunque sus respuestas no son exclusivamente católicas. TEO PEÑARROJA es editor de la revista Nuestro Tiempo.
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hay dios. no hay dios. Las últimas décadas han vivido de espaldas a ese interrogante, pero en este lustro se ha vuelto incontenible. Con el derrumbamiento del estado del bienestar y de las seguridades que daba por sentado, ha resurgido la vieja pregunta. ¿Hay Dios? Y muchos artistas están empezando a responder, no sin sufrimiento. Un artista rara vez se instala ante la pregunta por Dios con ánimo tranquilo y complacido, sino más bien en tensión y con la pistola cargada. En su investigación sobre el resurgir del cristianismo en Inglaterra, la periodista Lamorna Ash no empieza contando una historia amable de la Biblia. Escoge como pórtico de su texto la escena feroz en la que Jacob lucha contra el ángel. Debió de ser un combate cruento, salvaje, interminable. En un momento de sudor y ojos desorbitados, el otro hombre consigue dislocar la cadera de Jacob. Un aullido, pero Jacob no se rinde. «¡Suéltame!», grita el ángel. «No te soltaré hasta que no me bendigas». Y, tras un breve diálogo, la respuesta del ángel: «Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con hombres, y has podido».
ILUSTRACIÓN: LEANDRO ALZATE
Esa lucha está a la vista de todos en obras tan brillantes como Lux, tan introspectivas como Los domingos o tan oscuras como Todo empieza por la sangre. La lucha es lo que está a la vista, no la respuesta. Ni Rosalía ni Alauda Ruiz de Azúa ni Aixa de la Cruz se declaran católicas practicantes. La autora de Motomami ha engendrado un disco francamente bello, irrepetible, muy inspirado por la mística y la estética cristianas, como muy bien han analizado Ana Sánchez de la Nieta en Aceprensa o Almudena C. Domper en Nuestro Tiempo [p. 98]. La cineasta que parió Cinco lobitos ha traído al mundo una película que admite múltiples interpretaciones de una vocación de clausura. La autora de Modelos animales o Las herederas ha publicado una novela que incide de nuevo en el tema de la trascendencia, pero con una mirada mucho más visceral y sanguinolenta. Sobre estas tres mujeres y estas tres obras sobrevuelan las claves de eso que el filósofo Diego S. Garrocho ha denominado el giro católico, y que tiene mucho de giro, aunque no tanto de católico. Es un debate que de algún modo conecta y amplifica al que se dio en 2020 acerca de los intelectuales cristianos. Pienso más bien, siguiendo a Daniel Capó, que
asistimos a un giro teológico en la cultura contemporánea. Es una noticia sorprendente y un asunto interesantísimo. Y mucho más amplio, porque entre los teólogos se cuentan también los herejes. Lo que atraviesa el arte contemporáneo es la lucha con Dios, una pregunta honesta, pero no una respuesta unánime ni necesariamente católica. Aunque quizá convendría definir qué sería un arte católico. la imaginación católica. El profesor Miguel Ángel Iriarte recogió en el número 723 de Nuestro Tiempo una disparidad de opinión entre dos escritores católicos del siglo xx. Según Flannery O’Connor, Evelyn Waugh «tiene una definición demasiado estricta de lo que sería una novela católica. Dice que es una novela que trata de problemas de fe; yo diría que es una mente católica que contempla cualquier cosa, ampliando suficientemente la categoría para incluirme a mí misma». En O’Connor, en efecto, la gracia divina suele presentarse de forma súbita y violenta. En su universo grotesco siempre irrumpe la gracia. El autor de Retorno a Brideshead, por otra parte, hace de la fe el tema del arte católico. Lo definitorio del arte cristiano, diría yo, no es la fe marzo 2026 Nuestro Tiempo —107
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Dios y el arte
como tema, sino como conclusión. Una mirada creyente sobre el mundo construida, en primer término, sobre dos certezas: la trascendencia y la posibilidad de ser redimido. Me parece que este modo de definir la imaginación católica acoge a autores tan dispares como Shusaku Endo, Georges Bernanos, Walker Percy, Tim Gautreaux o Jon Fosse y los distingue de otras manifestaciones artísticas que —con plena legitimidad— no creen en Dios, por mucho que Dios sea su tema. El arte católico no es ni debe ser una creación moralizante, blanda o empalagosa. Vean esta afirmación de C. S. Lewis: «Nunca descubrimos la fuerza del impulso maligno que hay en nosotros hasta que intentamos combatirlo; y Cristo, puesto que fue el único hombre que nunca cedió a la tentación, es el único que conoce su significado, el único realista completo». De modo análogo, el arte cristiano no desconoce el mal, sino que lo mira a la cara. Lo determinante no es la ausencia de oscuridad, ni la claridad moral, ni el meandro que evita lo escabroso, ni siquiera la fe como tema, sino una mirada creyente sobre el mundo: hay Dios y Dios salva. Si lo que hubiera en la cultura contemporánea fuera un giro católico, deberíamos verlo en las obras. Tal vez Lux lo tenga. El disco sí parece mirar sub specie fidei. Una tarde por la carretera —puesta de sol y todo eso— me asaltó la letra de Magnolias. «Dios desciende / y yo asciendo» (Rosalía imagina su muerte), y también «Y lanzad azúcar moreno / sobre mi ataúd / y quedaos despiertos / hasta que vuelva otra vez la luz». No creo que se pueda decir lo mismo de Los domingos o de Todo empieza por la sangre. Comparten
«Lo determinante del arte cristiano no es la ausencia de oscuridad, ni la claridad moral, ni el meandro que evita lo escabroso, ni siquiera la fe como tema, sino una mirada creyente sobre el mundo: hay Dios y Dios salva» 108—Nuestro Tiempo marzo 2026
un tema —la entrada de una joven en un convento— y una pregunta —por la trascendencia, por Dios—, pero no tienen fe, ni creen en la redención. La integridad se revela como su característica fundamental. Exponen preguntas auténticas y, ciertamente, muy teológicas. Son, de un modo u otro, producto de su tiempo. quemar la torre picasso. Según ha señalado en esta revista el filósofo Higinio Marín, El retrato de Dorian Gray es la imagen perfecta de las contradicciones del siglo xx. Después de la Segunda Guerra Mundial se engendran dos rostros del mismo fantasma. Por una parte, está el señor Gray, esa sociedad de consumo tan pagada de sí misma en la que no cabe el drama. Por la otra, su retrato envejecido y monstruoso que carga con todas sus culpas: el nihilismo. Aquella esquizofrenia que culminó en los noventa y los dosmil no podía durar para siempre. Opulencia exterior y vacío interior: una receta antigua a escala industrial, hasta que todo empezó a resquebrajarse en 2008. Lo resume muy bien Ash en su libro, Don’t Forget We’re Here Forever: «No podemos escapar del peso de nuestro tiempo y sus contextos. Nacimos en una era de contingencia prolongada: una de mayor diversidad y pluralidad de creencias, orígenes y sexualidades, de profunda inestabilidad económica, vivida bajo la austeridad, con el futuro inevitablemente atravesado por el colapso climático del planeta. Fuimos la primera generación en cuya infancia irrumpieron los teléfonos inteligentes y las redes sociales. Mantenemos la mitad o más de nuestras interacciones diarias a través de chats insignificantes y fragmentados [...] La pandemia global fue un agente silencioso en muchas de las conversiones o revoluciones de fe en las personas a quienes he entrevistado». Los milenials vivimos la crisis de 2008 como la primera relación con el mundo de la economía y el trabajo, es decir, como una ruptura. El progreso no era una línea recta. Primero fueron los indignados de la Puerta del Sol y luego el wokismo, que instaló una sensación perenne de no-se-debe-decir. Y sucedió, claro, el año 2020. Nos vimos confinados en casa, con frecuencia solos, y conviviendo con la posibilidad de la muerte. El cine, la música y la literatura empezaron a pivotar entre varios sentimientos generacionales: la rabia, la fragilidad, la primacía del cuerpo, el deseo de comunidad, vínculo, familia,
tierra. De ese humus germina el giro teológico, y en línea recta de aquellas raíces viene la explosión de la pregunta definitiva, la pregunta por Dios. La respuesta es multiforme, pero podría decantarse en dos versos de Arde Bogotá: «Hermanas y hermanos, quemad la Torre Picasso» y aquel otro que reza «Tiene que haber una salida para tanto dolor». Ya he contado en estas páginas el impacto que me causó escuchar La salvación en el Festival Internacional de Benicàssim, cómo lloraba la gente a mi derecha y a mi izquierda. La falsedad del estado del bienestar y la dictadura del consumo, una vez fracasados, muestran el verdadero retrato de Dorian Gray. un centro de gravedad permanente. Un músico de la talla poética de Franco Battiato compuso en 1981 un estribillo inolvidable: «Busco un centro de gravedad permanente que no me haga cambiar nunca de idea sobre las cosas y la gente». Cuatro años antes de la muerte de Foucault, Battiato cantaba la deconstrucción. El mundo incrédulo que desembocaría en el nuevo ateísmo de los noventa debía renegar de la permanencia y de la estabilidad. El nihilismo tenía que alumbrar su propia poética, una poética de la inconsistencia.
En marzo de 2025, Rigoberta Bandini versionó Centro di gravità permanente. Era un homenaje que, al mismo tiempo, impugnaba a la generación anterior: «Busco un centro de gravedad permanente, / un lugar del que no me quiera bajar. / Seguiré buscándolo toda mi vida / como un náufrago que no llega nunca a su hogar». Donde Battiato ironiza, Bandini reza. Rigoberta explora lo que prometieron los noventa y los primeros dosmil, y lo halla insuficiente: «Quise ser chef y lo logré, / me apunté a inglés y soy Sean Penn. / No tengo excusas, doy envidia, / pero estas ganas de morder / creo que me van a enloquecer. / Ya he roto toda la camisa». Sus estrofas encapsulan el sentimiento de una generación. Lo teníamos todo, y todo no valía nada, y ahora queremos morder, morder, morder. Lux, Los domingos y Todo empieza por la sangre no son una casualidad, una curiosidad ni un anacronismo. Son la conclusión lógica e inevitable del primer cuarto de siglo, de la madurez de los milenials, descreídos que han vivido la precariedad, la escisión de cuerpo y alma, el desarraigo… Y que han descubierto que tenían muy a mano una tradición teológica desde la que pensarse. Esa tradición, en España, es católica, y de ahí, creo yo, la confusión. Sus padres se la ocultaron y eso amplifica el misterio. marzo 2026 Nuestro Tiempo —109
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Es muy ilustrativa a este respecto una entrevista que Aixa de la Cruz concedió a la revista Letras Libres. Explica que, para escribir Todo empieza por la sangre, leyó la Biblia por primera vez y también mucha mística cristiana. «¿Y cómo lo ha encontrado?», le pregunta el entrevistador. «Pues fascinante. Y limpio [...]. Para mis padres es imposible pensar en el catolicismo y no pensar en Franco [...] Y me pregunto si ya ha pasado el tiempo suficiente como para que yo y las generaciones que vienen detrás, en lugar de optar por este batiburrillo que nos venden los algoritmos, digamos “si queremos tener un camino espiritual también podemos volver a las tradiciones de siempre pero haciéndolas propias”». avatares y cuerpos. El libro de Aixa de la Cruz es un texto anclado en la corporalidad, y no es casual ni una excepción. Sería un error interpretar el giro teológico como un movimiento espiritualista. Al contrario; en el corazón de la espiritualidad milenial hay una conciencia nítida del cuerpo como espacio sagrado. Probablemente sea una respuesta al transhumanismo que ha enraizado en Silicon Valley. De modo quizás paradójico, el materialismo consumista ha terminado por negar el cuerpo. La distopía del transhumanismo consiste en alcanzar la inmortalidad no a través del cuerpo, sino a pesar del cuerpo. Tampoco es casual que las obras que han captado nuestra atención se hayan concebido, precisamente, durante la burbuja de la inteligencia artificial. Lo explica extraordinariamente bien el filósofo Felipe Muller en su libro Nadie habla, que, de modo contundente, culmina con este párrafo: «A medida que se asiente y masifique el uso de la inteligencia artificial, los consumidores de conocimiento e información se verán abocados a poner en duda la autenticidad de cualquier representación [...] Tal vez, con un poco de suerte, nuestro cuerpo y corporalidad se tornen puntos de resistencia desde donde discriminar lo fingido verdadero». Ese es precisamente el punto fijo desde el que gira la voz de Valeria Castro, que en marzo de 2025 presentó El cuerpo después de todo, su segundo disco. Sostiene Ana Gil de Pareja que «su herida es física, es encarnada. Se hace cuerpo; uno al que le sobrevendrán la dureza de la vida, el paso del tiempo, las cicatrices. Y solo en él y por él se puede dar la reconciliación». Busca lo mismo que Rigoberta, que Arde Bogotá y que los demás: un centro de gra110—Nuestro Tiempo marzo 2026
vedad permanente. «La solución va a ser volver a los cuidados, a las redes, a la confianza, a las personas que tenemos en frente, a los vínculos», dijo en una entrevista. La cuestión del cuerpo está presente en los productos culturales que preceden y cristalizan en el giro teológico. Desde la contraportada de Lux, que muestra a Rosalía desnuda abierta de brazos sobre una cama, hasta la insistencia de Ruiz de Azúa en las experiencias físicas de la protagonista de Los domingos (de la tímida secuencia de cama a la declaración de la monja que asegura que echa de menos el perfume). De forma explicitísima se encuentra en Todo empieza por la sangre, que arranca con un pacto de sangre y no escatima escenas en las que la carne y la sangre se muestran casi con brutalidad, como gritando que se debe mirar al cuerpo. Al final de la novela, en la página de agradecimientos, Aixa de la Cruz cita a algunas personas que no esperaría uno ver ahí, como la hermana benedictina sor Marta o el sacerdote y escritor Pablo d’Ors. genealogía del giro teológico, una hipótesis. Uno de los pasajes más austeros y musicales de la Biblia es la genealogía de Jesucristo, en la que san Mateo repite durante varias páginas, como una letanía, quién engendró a quién: Abrahán engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob… hasta llegar «a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús llamado Cristo». Al igual que el autor sagrado se esfuerza en señalar las raíces de Jesús, su ascendencia, la forma en que se inserta en la historia humana… del mismo modo, la familia agrupa los temas —la precariedad, la ansiedad climática, el regreso al cuerpo, la búsqueda de un centro de gravedad, la corrección política, la soledad y la posibilidad de la muerte durante el confinamiento— que cristalizaron en el fenómeno actual. Quienes pelean a brazo partido con la pregunta por Dios pasaron primero por la familia. Sirva como muestra un artículo de Sánchez de la Nieta en el número 716 de Nuestro Tiempo en el que repasaba algunos estrenos españoles de 2022: Alcarrás, de Carla Simón; La maternal, de Pilar Palomero; Cinco lobitos, de Alauda Ruiz de Azúa; As bestas, de Rodrigo Sorogoyen, o Girasoles silvestres, de Jaime Rosales. Entre estos títulos, la crítica de cine encuentra un nexo común. A pesar de que no eluden problemas graves de incomunicación o abismo generacional, «transmiten una percepción alentadora: con sus claroscuros, la familia es un terreno
«En lo que se refiere a la cultura contemporánea, no hay un giro católico. Hay un resurgir de las preguntas teológicas fundamentales que no está animado por una imaginación católica»
firme. Quizás uno de los pocos en una sociedad en la que escasean los referentes morales. En la mayoría de estas películas el bote salvavidas es, al final, el amor imperfecto pero desinteresado de padres —y sobre todo madres— e hijos». La mayoría de esos guiones se gestaron durante el confinamiento, como las páginas del best seller Feria. Ana Iris Simón habla sobre su familia y sobre la precariedad en un libro del que, de forma casi profética, dijo: «Mientras lo escribía, tuve la sensación de estar haciendo un libro sobre Dios». política, religión y arte. Ana Iris Simón terminó abrazando la fe católica y es hoy una de las columnistas con más predicamento de España. Llegó a la Iglesia por las mismas preguntas que transitan los autores que han emergido en este ensayo, pero conviene no confundirse: el giro teológico de la cultura, el reverdecimiento del cristianismo entre la juventud —del que habló en NT Rafael Domingo— y la derechización de Occidente son procesos paralelos, pero no convergentes. Si el giro católico implicara arte, religión y política, sus autores serían al menos parcialmente los mismos. Sin embargo, los hechos muestran más bien lo contrario. Greta Gerwig, una de las cineastas más interesantes de Hollywood en cuyas películas Lady Bird (una huida hacia adelante del nihilismo que termina en una iglesia) y, sobre todo, Barbie (la muñeca habla con su creadora en una secuencia que recuerda a la oración cristiana), encontramos las primeras semillas del giro teológico, no guarda ninguna clase de afinidad con el trumpismo. De hecho, ha colaborado
con Kamala Harris y con Bernie Sanders. Para profundizar en la obra de esta gran directora merece la pena acercarse a Barbie eres tú, el libro de Gema Pérez. En el caso de España, ni Rosalía ni Alauda Ruiz de Azúa ni Aixa de la Cruz provienen de círculos eclesiales ni son católicas practicantes. Más bien al contrario: Ruiz de Azúa ha declarado que Los domingos es una película sobre el adoctrinamiento religioso. El auge de Hakuna o eventos cristianos masivos han recorrido un camino distinto, paralelo, y ahí se dirigen las críticas de Juan Manuel De Prada a la «moda de lo católico» y las esperanzas de uno de los mejores ensayistas de mi generación, Julio Llorente. También hay investigación empírica al respecto: una encuesta internacional para un estudio de la revista científica Church, Communication and Culture refleja un estancamiento de la secularización entre los jóvenes de los países desarrollados. Pero eso, como digo, es otra historia. En lo que se refiere a la cultura contemporánea, no hay un giro católico. Hay un resurgir de las preguntas teológicas fundamentales que no está animado por una imaginación católica, con una gran excepción internacionales: el Nobel de Literatura de 2023, Jon Fosse. Peregrinamos por un momento cultural de gran relevancia. Una encrucijada. Y las obras que han desatado este debate —Lux, Los domingos y Todo empieza por la sangre— tienen una genealogía muy peculiar. Los últimos cinco años nos han dado una ristra de nombres que apuntalan alguno de los temas en los que enraízan las cuestiones teológicas milenials: precariedad, sinsentido, familia, soledad, futuro. En estos campos, claro está, hay aires de familia que uno puede extender tan lejos como quiera. Habrá un giro católico en la cultura contemporánea en cuanto dos docenas de Fosses milenials ocupen los primeros puestos de las listas de Spotify y Netflix. Contra todo pronóstico, lo que parecía una aspiración piadosa hace una década no se muestra hoy como un imposible, sino como una de las consecuencias lógicas de nuestra época. Una posibilidad que depende, en gran medida, de hasta qué punto sea capaz el universo católico de cultivar la imaginación. ¿Será posible que los centros de formación de la Iglesia no solo den grandes analistas de la realidad, sino también grandes imaginadores del futuro y la ficción? Mientras tanto, en cualquier caso, a nuestro tiempo le es dado vivir el resurgir de una disyuntiva antiquísima: no hay Dios, hay Dios. Nt
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VAGÓN-BAR Paco Sánchez
Los cerdos sí nadan
«Ninguna ideología tiene la razón en todo ni sus seguidores se comportan siempre bien. Por eso, cambiar de idea sobre un asunto o una persona, si se aducen datos nuevos, es una obligación moral»
M
I ÚLTIMO CAMBIO de opinión sucedió hace dos minutos, justo cuando abría este archivo en blanco para escribir. Y me hizo poca gracia. Digámoslo bien: me molestó admitir que estaba yo equivocado. No tanto por el asunto en sí, sino porque lo había defendido con vehemencia delante de dos amigos que, como no consiguen ganarme al golf, disfrutan aplicándome torturas psicológicas crueles en cuanto advierten un punto débil. Me contaban ayer una historia de jabalíes nadando en una riada de las muchas de este febrero. Me reí de ellos y les dije que los cerdos no nadan. —¿Cómo que no nadan? Claro que nadan. Los de la riada los vi en la tele, pero en otras ocasiones los vi en directo, en la playa. En general son personas razonables, así que me hicieron dudar un poco: —¿Será que los jabalíes nadan y los cerdos no? Nadie consultó el móvil. Como en los viejos tiempos, la discusión quedó en que yo decía que no y ellos que sí. Un final de trincheras y polarización. Al empezar este artículo me llené de valor y le pregunté a una IA. Por lo visto, los cerdos nadan y bastante bien, consiguen cubrir distancias relativamente largas. Los chimpancés sí que se hunden, añadió sin que yo le preguntara nada. Tal vez también la aplicación se reía de mí. Consternado, quise saber de dónde podía haber sacado yo esa idea. Me vino a la cabeza una conversación brumosa en la que alguien —no recuerdo quién— nos explicaba —no sé a quiénes— algo sobre la permeabilidad de la piel del cerdo
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que, en el agua, lo hundía sin remedio. Pensé luego que quizá debería buscar la razón en el Nuevo Testamento. En concreto, en el conocido episodio de Gerasa donde Jesús permite que una legión de demonios, recién expulsados de un pobre hombre, se vayan a unos cerdos, que, a su vez, se despeñan de inmediato al lago de Genesaret y se ahogan. Dos mil cerdos arrojándose en tropel desde un acantilado. La imagen aparecía tan viva en mi imaginación de niño que activaba una risa interminable. Pobres. Igual prefirieron ahogarse antes que llevar un demonio dentro. A pesar de que supieran nadar. En fin, que me costó aceptar lo de los cerdos. Y era una tontería. Como los comentarios ligeros en una sobremesa dos días antes, aunque más complicados porque introducían la variante ideológica. Dos señoras hablaban de la presidenta de Madrid y una soltó algo feo. La otra contestó que las mujeres de izquierdas no soportan a las de derechas. La primera lo negó con mucho énfasis y añadió: —Pero alguien que empieza en política llevando las redes sociales del perro de Esperanza Aguirre, ya ves tú... La otra puso cara de extrañeza y lo miró en su móvil. La IA en cuestión le contestó que era un bulo de origen impreciso y que había alcanzado la condición de leyenda urbana. Su interlocutora no se atrevió contra la IA, pero intentó rehacerse con otro ataque: —Y Esperanza... que dijo que le gustaba una escritora nueva, una tal Sara Mago. Alguien contestó que le parecía improbable en ella semejante error chusco. Y volvieron a recurrir al móvil. La misma respuesta: no constaba que hubiera dicho semejante cosa. Otro bulo convertido en leyenda urbana. Aceptar eso, y por dos veces, cuando encima están en juego connotaciones ideológicas, cuesta. Pero la chica, buena persona y muy inteligente, lo encajó sin protestar, con naturalidad. Quizá porque sabe de sobra no ya que en todas partes hay algo aprovechable, sino que ninguna ideología tiene la razón en todo ni sus seguidores se comportan siempre bien. Por eso, cambiar de idea sobre un asunto o una persona, si se aducen datos nuevos, es una obligación moral. Y lo contrario, lejos de significar deslealtad o incoherencia, transmite mentalidad estancada, cerrazón a cualquier diálogo. Hay algo peor. Quien siente que —además de a una ideología— traiciona su identidad: todo un modo de pensar y de ser. Y que tendrá que asumir el riesgo de encontrar otro. Un cambio duro, pero muy noble. Para respetarse, hay que respetar la verdad de las cosas. Y si los cerdos no nadan, pues... no nadan. Paco Sánchez [Com 81 PhD 87] es periodista y profesor titular de la Universidade da Coruña. @pacosanchez
NUESTRO TIEMPO NÚMERO 725 MARZO 2026
Número 725 NUESTRO TIEMPO Marzo 2026
Política sin parlamento EE. UU. hacia la desinstitucionalización Lucía Solla Sobral Entrevista a la autora de Comerás flores ¿Giro católico? La religiosidad en el arte milenial
VENEZUELA DESPUÉS DE MADURO Caracas se pregunta si, tras el secuestro del dictador, volverá la democracia o se consolidará el madurismo.