NUESTRO TIEMPO NÚMERO 723 AGOSTO 2025
Avenida de los gigantes Un recorrido por los mejores murales del mundo Entrevista Guillermo Lasso, expresidente de Ecuador Habitar el mundo Un ensayo sobre la estética de lo cotidiano
Número 723 NUESTRO TIEMPO Agosto 2025
UN PAPA PERUANO Viaje a Chiclayo, el corazón de León XIV
«¿Y qué escuchas entonces, si escuchas lo suficientemente cerca? Escuchas el silencio. Y, como se ha dicho, solo en el silencio puedes escuchar la voz de Dios. Tal vez» El escritor noruego Jon Fosse en su discurso de recepción del premio Nobel de Literatura en 2023.
LA PRIMERA Teo Peñarroja
Tal vez Dios
L
os veo llorar a mis amigos, a los amigos de mis amigos, a otros desconocidos en el concierto. El sol acaba de ponerse. El Mediterráneo se oscurece, ajeno a los altavoces monstruosos del festival. Arde Bogotá ha cantado sus grandes éxitos cuando llega la última canción, La salvación. Y es ahí cuando lloran, cuando Antonio García canta lo que todos piensan y no saben decir: que tiene que haber una salida para tanto dolor. Que nos estafaron los dioses modernos. Que hay una salvación. Esos jóvenes lloran porque nos dijeron que el éxito estaba asegurado, que la juventud sería eterna, que habían enterrado a Dios y que no hay límites. Pero sí que hay, y los hemos descubierto. Hay artistas jóvenes que ponen el dedo en la llaga. Lo digo en sentido literal. Señalan la cicatriz en la piel. Es paradójico que sea el cuerpo, después de todo —con esas cinco palabras se titula el último disco de Valeria Castro—, con lo que tiene de imperfección, el lugar desde el que nos pensamos nosotros, los nativos digitales. No vivimos en la pantalla: estamos aquí y ahora, en este cuerpo, en esta herida en la que adivinamos que, si nosotros no somos el infinito, el infinito es otra cosa. Tal vez Dios. Esa pregunta no hay quien la acalle, y por eso no extraña que esta temporada hayan llegado a las librerías textos como Todo empieza con la sangre, de Aixa de la Cruz, una novela en la que una joven lesbiana criada lejos de la religión acaba entrando en un convento. De la Cruz no construye esas páginas —dolorosas, hechas de cuer-
LA VENTANA
Querido lector: Además de Daniel Capó, se incorpora como columnista Marcela Duque a la edición digital. Aunque en este número traemos los textos de ambos al papel, para
po— desde la fe, ni tampoco con ironía y sarcasmo, sino desde la sed. Un impulso parecido al del joven cubano Kevin Legrá, que ha ganado el prestigioso certamen de novela de Málaga con El precio de un ideal. En esa ficción, el protagonista, profundamente católico, trata de conciliar su fe con el mundo que le rodea: la revolución de Fidel Castro. Florece una generación de escritores de marcada tendencia religiosa, más acá de Juan Manuel de Prada y Pablo d’Ors. Se ha hablado mucho de la conversión de Ana Iris Simón, pero no es ni mucho menos la única con inquietudes espirituales. La barcelonesa Núria Bendicho, por ejemplo, autora de Terres mortes, está ahorrando para cumplir un voto de peregrinar a Jerusalén y besar el Santo Sepulcro. Llegó al cristianismo desde el marxismo, vía Simone Weil. David Aliaga, en la lista de Granta de los mejores escritores de su generación, se convirtió al judaísmo después de leer a Zweig. Véase Y no me llamaré más Jacob. O los poetas Juan Gallego y Juana Dolores. Todos hablan de Dios. Hasta Aitana se ha marcado un tema, Música en el cielo, en el que la pregunta por el más allá no resulta en un cuento de fantasmas, sino que interroga directamente a la divinidad. Los falsos profetas del bienestar no han podido callar el grito del cuerpo y la sed de Dios. Esta generación, que no es católica en un sentido confesional ni casi cultural, se acerca con reverencia y asombro a esos dos misterios. Porque tiene que haber, al fin y al cabo, una salida. Tiene que haber salvación.
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son críticas constructivas o reflexiones a partir de lo publicado. Si deseas hacernos llegar algún mensaje o escribir una carta al editor, puedes hacerlo a nuestrot@unav.es. agosto 2025 Nuestro Tiempo —03
#723 GRANDES TEMAS
LA TIERRA QUE HIZO UN PAPA Viajamos a Chiclayo para comprender el estilo y la personalidad de León XIV. Allí quedan las huellas de su trabajo: asociaciones de migrantes, plantas de oxígeno, comedores sociales. Fátima Rosell Página 8
El realismo crudo y luminoso de Flannery O’Connor
Su prosa —inclasificable y áspera, lejos del sueño americano— sacude al lector y lo devuelve cambiado, incluso cien años después. Miguel Ángel Iriarte Página 18
Javier Viver, escultor de lo invisible
Descubrió en una colección de fotografías de enfermos mentales del siglo xix los mismos éxtasis y pasiones que en la iconografía religiosa. Ahora esculpe el Corazón de Jesús más grande del planeta. Manuel De La Chica
Avenida de los gigantes
Tras salir de la clandestinidad del grafiti, una generación de creadores tatúa la piel de los barrios del mundo con escenas monumentales. Ana Eva Fraile Página 36
El misterio Byung-Chul Han
El New York Times lo llamó «el nuevo filósofo favorito de internet», aunque él abomina de lo digital. Escribe sobre el cansancio desde la soledad, y acaba de recibir el Princesa de Asturias. Víctor Maspons Página 46
Página 26
CAMPUS Y ALUMNI Cicatrices de princesas
ENTREVISTA A GUILLERMO LASSO
Ana López Recalde y Nuria Casas sobrevivieron a la anorexia y convirtieron sus heridas en literatura. Sus libros exploran el abismo de una enfermedad que devora desde dentro. Maria Domingo Página 70
Fue presidente de Ecuador hasta 2023, cuando el país se desplomaba hacia el narcoestado. Ahora estudia en la Universidad la carrera que no pudo hacer de joven. Irene Guerrero Página 60
NUESTRO TIEMPO 04—Nuestro Tiempo agosto 2025
Somos Nuestro Tiempo es la revista cultural y de cuestiones actuales de la Universidad de Navarra. Intentamos tomarle el pulso a la vida contemporánea desde 1954. Redacción Teo Peñarroja [Fia Com 19], editor. Ana Eva Fraile [Com 99], redactora jefe. Lucía Martínez Alcalde [Fia 12 Com 14].
Entrevista a Rafael Domingo
¿Por qué el cristianismo resurge entre los jóvenes occidentales? Rafael Domingo explora en su último ensayo el papel de una fe que crece a pesar de las crisis del presente. Rocío García de Leániz Página 78
Escuela de periodistas Paula Dalla Fontana [Com 25], Maria Domingo [Fia Com 25], Íñigo Fernández de Mesa [His Com 29], Esteban Garay [Com 27], Eugenia Gil [Com 26], Sofía Corrales [Com 26], Daniela Peña [Quim Bioq 30], Francis Prada [LyL 26] y Amaya Vizmanos [Eco Der 25].
Fotografía Manuel Castells, Samuel De Román, Ruediger Glatz, Ahmed Ibrahim, Yves Klein, Brigitte Lacombe, Bolívar Parra, José Juan Rico Barceló, Fátima Rosell [portada], Street Art Cities. Ilustración Nerea Armendáriz, Beatriz Crespo, Diego Fermín, Carlos Rivaherrera. Diseño Errea
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OPINIÓN
CULTURA
AHORA BIEN
CINE
ARTE
Juventud, divino tesoro Enrique G.-Máiquez
El festival de Málaga y el desarraigo
El infinito es azul
LUZ AJENA
Críticas de cine Ana S. de la Nieta
Página 100
Página 32
La vía franca de la amistad Marcela Duque
Página 94 SERIES
Jueves noche en el sofá
Página 54
MIND THE GAP
La herida de todos Maria Domingo Página 68
Alberto Nahum García Página 96 MÚSICA
La ternura de la piel ajena
FUGAS Y CONTRAPUNTOS
Hasta caer rendidos Daniel Capó Página 84
Clara González Freyre de Andrade
Página 92
Ana Gil de Pareja Página 98
LIBROS
LEYENDO DESDE DENTRO Joseluís González Página 86
Reseñas de libros Esteban Garay, Santiago de Navascués, David Cerdá, Ana G. de Pareja, Mariano Castagneto, Juan G. Tizón, Maria Domingo, Joseluís González, Rosa F. Urtasun, Blanca M.ª de la Puente, Maite Ponce y Lucía M. Alcalde. Página 88
Segunda piel Felipe Santos Página 102
ENSAYO
HISTORIAS MÍNIMAS
HABITAR EL MUNDO
Un asunto extraño Ignacio Uría
¿Salvamos a las avispas o a los osos? ¿Recalificamos estos suelos rurales? Estas decisiones técnicas están condicionadas por nuestra educación estética. En una sociedad obsesionada con lo aesthetic, la Estética de lo cotidiano de Yuriko Saito nos desvela cómo configuramos el mundo a través de nuestras decisiones diarias. Raquel Cascales Página 106
Página 104
VAGÓN-BAR
Una caricia Paco Sánchez Página 112
Impresión Gráficas Jomagar SL Edita Universidad de Navarra Web nuestrotiempo.unav.edu Atención al lector Palmira Velázquez T 948 425 600 (Ext. 80 2590) pvelazquez@unav.edu
ESCENA
Reservados todos los derechos. Está prohibida la reproducción de esta obra, su incorporación a un sistema informático y su transmisión sin autorización previa y por escrito de la Universidad de Navarra. DL: NA 10-58 / SP-ISSN-0029-5795 La revista no comparte necesariamente las opiniones de los artículos firmados.
6010 ejemplares/ número (2024)
Member of CASE
PEFC/14-38-00073
El papel sobre el que se ha impreso esta revista proviene de bosques gestionados de forma sostenible. agosto 2025 Nuestro Tiempo —05
DISPAROS AL AIRE
HAMBRE. La foto está tomada desde la ventana
de una panadería de Gaza el 22 de mayo, después de doce semanas de bloqueo. Las manos buscan el pan con desesperación. Uno puede ponderar tecnicismos —por ejemplo, si el término genocidio se ajusta con precisión jurídica a la matanza perpetrada por Netanyahu— o ponerse maquiavélico y explicar que es la única manera de acabar con Hamás. Frente a las disquisiciones bizantinas se levanta, como un cíclope, el hambre. El cuerpo no entiende de geopolítica. Matar de hambre es el asesinato más cruel. 122 personas habían muerto así al cierre de esta edición, cuando Israel anunció una «pausa táctica» diaria para la distribución de ayuda humanitaria. Antes de utilizar la inanición como arma de guerra, los otros números ya mostraban el horror. La ONU admite la cifra de muertos del Ministerio de Salud de Gaza: 59 800, de entre un día y 97 años de edad. Han acabado con al menos 94 académicos y 408 trabajadores humanitarios de la ONU hasta abril, y 186 periodistas hasta el mes de julio. La OMS ha contado 735 ataques contra centros de salud, con un saldo de 917 muertos y más de 1400 heridos. El 90 por ciento de la población ha sufrido desplazamientos forzados. Pero eso son tecnicismos. El hambre no miente.
Ahmed Ibrahim ZUMA PRESS / CONTACTOPHOTO
06—Nuestro Tiempo agosto 2025
agosto 2025 Nuestro Tiempo —07
Grandes temas Un papa peruano
CHICLAYO, LA TIERRA QUE HIZO UN PAPA Robert Francis Prevost llegó a Chiclayo en 2014 como obispo de una diócesis marcada por los desafíos del desierto peruano. Durante ocho años, se calzó las botas para caminar entre el barro de las inundaciones, acompañó a los migrantes venezolanos y multiplicó comedores para los más necesitados. Cuando el 8 de mayo de 2025 se convirtió en el papa León XIV, los chiclayanos se quedaron estupefactos de ver a su obispo en la silla de Pedro. Dos meses después, las iniciativas que sembró en esta tierra del norte de Perú siguen dando fruto gracias al impulso de un pueblo que no olvida sus palabras: «No dejen de soñar». texto y fotografía Fátima Rosell [His Com 19]
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—El contratapiz de san Pedro. El del Vaticano no es el único balcón al que se asoma el papa. Desde su elección, una figura de cartón de tamaño natural saluda al pueblo de Chiclayo desde el edificio de la Municipalidad.
agosto 2025 Nuestro Tiempo —09
Grandes temas Un papa peruano aterrizo en chiclayo, capital de Lambayeque, en Perú. ¿Qué vio aquí Prevost? La mañana resulta gris y el paisaje está marcado por la tierra seca y las casas a medio construir. Es la costa, desértica, recorrida solo a ratos por los ríos que caen desde la cordillera andina y forman valles verdes en determinadas zonas donde se cultiva arroz, frijoles y maíz. Hacia el mediodía, se abre el cielo nublado y el sol baña la ciudad. Hay cierto —incierto— desorden y descuido de calles, parques y veredas. Reina la criollada, como se dice acá, esa picardía que saca provecho de todo, y las aceras rebosan ambulantes que venden cachangas, un pan frito con queso, además de bebidas espirituosas y cachivaches de toda condición. Hace cinco años la pandemia silenció este ajetreo. En aquellos meses, los chiclayanos vieron a su obispo, monseñor Robert Francis Prevost, recorrer el solitario Parque Principal para bendecir a su ciudad con el Santísimo Sacramento en la fiesta del Corpus Christi. El sábado 10 de mayo de 2025, la misma plaza hervía de vida: más de ocho mil personas agradecieron a Dios el pontificado de León XIV. «Papa, amigo, Chiclayo está contigo», a un solo pulmón. Semanas después, aún cuelgan los carteles de «Bienvenidos a Chiclayo, la ciudad del papa», y parece que seguirá así una buena temporada. No es raro ver su foto en las fachadas de los edificios públicos, de casas particulares o en restaurantes. Un par de ellos se autoproclaman «el favorito del papa». Prevost pasó aquí ocho años de obispo, con una intensa labor pastoral. Hubo euforia tras el «Habemus papam». Tanta que han instalado una efigie de cartón de tamaño natural en el balcón de la Municipalidad, como un San Pedro criollo. En el interior del edificio, dos mormones pasean por las salas de una exposición fotográfica que celebra la trayectoria local del pontífice. «Muchos sacerdotes han trabajado en el llano, como se suele decir. Pero hubo un obispo que metió los zapatos por todos lados, y eso es algo muy especial para la Iglesia», explica Jorge Sánchez, el guía de la muestra. Oyéndole hablar, parece 10—Nuestro Tiempo agosto 2025
que monseñor Prevost estuvo en todas partes, para bien de muchos, provecho de algunos y alegría de todos. Sánchez luce una chompa roja que se dirige aquí y allá, siguiendo los movimientos del brazo, para indicar ahora la foto en la que está vestido de gran canciller de la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo, ahora la famosa foto del burro, fechada el 10 de marzo de 2023. Ni siquiera iba camino a una parroquia sobre esa montura, sino a Incahuasi, uno de los dos «sectores pastorales», una subdivisión diocesana sin sacerdote propio en la sierra de Ferreñafe. La imagen se hizo viral. Un amigo del prelado, el padre Hugo, tenía previsto visitarlo en Europa. Prevost se convirtió en León, pero la cita se mantuvo. Conversaron de los peruanísimos memes que habían surcado las redes: la mototaxi convertida en papamóvil, el pontífice con un ceviche o con la camiseta de la selección peruana. La diócesis de Chiclayo comprende 48 parroquias separadas por desierto, amplias zonas de cultivo o montañas. La distancia entre las dos más alejadas es de 250 kilómetros y casi seis horas de camino. «Todas las visitó más de una vez. Por eso todos tienen foto con él acá», me cuenta el padre Jorge Millán, un sacerdote que vivió en la residencia
episcopal con él durante ocho años, porque era el párroco de la catedral de Chiclayo. Monseñor Robert, padre Robert, monseñor, santo padre: la gente todavía tarda en elegir cómo llamarlo, y en la conversación tienden a intercalar dos o tres apelativos. La cercanía que sienten con él es evidente. de chicago a chiclayo. Antes de recibir la consagración episcopal en 2014, y mucho antes del anillo del pescador, Robert Prevost fue un misionero agustino muy ligado al norte del Perú. Llegó a Chulucanas desde su Chicago natal en 1985, con treinta años, y luego estuvo en Trujillo en el decenio de 1988 a 1999, donde ejerció como vicario judicial de la Arquidiócesis y profesor del seminario. Tras ser elegido prior provincial de los agustinos en Chicago, entre 2001 y 2013, la orden lo escogió para prior general. A continuación regresó a Chiclayo, esta vez como pastor, durante ocho años: de 2014 a 2023. Más tarde, Francisco lo llamó a Roma como prefecto para el Dicasterio de los Obispos. Pero su corazón se quedó en esta región del Perú, y a sus habitantes dedicó el saludo en el balcón de San Pedro, poniendo los ojos del mundo en la Ciudad de la Amistad, que lo acogió como uno más: su «querido Chiclayo». Más allá de lo entrañable, del cariño que
—Lucho Santa María. Su amistad con el papa creció con el trabajo pastoral y social que desarrollaron en la parroquia San Juan Bautista del distrito de Illimo, durante el fenómeno de El Niño, en 2017.
se adivina en lo criollo, lo anecdótico y dicharachero, Prevost encontró una diócesis marcada por el desafío constante. En los desastres que han sufrido estas tierras ha salido lo más auténtico de su pueblo, una entrega y generosidad conmovedoras. En 2017, tras las inundaciones provocadas por El Niño —un fenómeno natural catastrófico—, se consiguieron, con la dirección y el impulso de Prevost, hasta 60 toneladas de ayuda humanitaria y módulos de vivienda para los damnificados. Y en el éxodo venezolano —un flujo migratorio que en 2025 continúa pero que alcanzó su máximo en 2018, con la llegada de 350 000 personas— se promovieron centros de acogida, comedores e, incluso, se impulsó la creación de asociaciones para canalizar de manera sostenible las ayudas y los proyectos. Los retos hoy no son menos, y la diócesis sigue caminando con paso firme. Unos días en esta región bastan para comprobar el vínculo invisible y profundo que se estableció entre el pastor y su grey y que dan fe del lema papal: «In Illo uno unum».
CON LAS BOTAS AL BARRO Junto con la del burro, dieron la vuelta al globo las fotos de un obispo con botas. Son de las inundaciones de Íllimo de 2017 y 2023, una de las regiones más afectadas, a una hora en coche de Chiclayo. Las más recientes las causó un inusual ciclón tropical, Yaku, que dejó más de sesenta muertos y una gran devastación. Entonces, Janinna Sesa —que ahora dirige la ONG Voices for Help— vivía sus últimos meses como directora de Cáritas, un cargo para el que la eligió Prevost en 2014, en principio por tres meses, pero que acabaron siendo ocho años. Trabajaron codo con codo, y por eso conoce a casi todo el mundo acá y los proyectos que entusiasmaban al obispo. Cuando Yaku arrasó Lambayeque, tenía ya un pie en el Vaticano, y Janinna reconoce que lo último que esperaban era verlo aparecer a repartir los víveres: «Le han tocado todos los desastres y en todos ha estado con su gente. Lo tenía que despedir un desastre». «Monseñor confiaba en el poder de la unión, en su equipo y en todo lo que podíamos hacer para ayudar», continúa Janinna. Al desastre de 2023 llegaron con la experiencia de 2017. «Eran los años más intensos de migración. La gente acampaba en parques, las parroquias
habilitaban espacios como albergues, y cada quien hacía lo que podía», detalla. Y, de pronto, El Niño. El río La Leche se desbordó y anegó el pueblo y los cultivos. Cientos de familias perdieron hogares, trabajo, animales, cosechas. El Instituto Nacional de Defensa Civil calculó cerca de 200 000 damnificados. Janinna me presenta al padre Luis —Lucho— Santa María. Su parroquia de Íllimo se convirtió en lugar de acogida. «Monseñor llegó en cuanto pudo, y vio todo el dolor, el sufrimiento de la gente. Pero también la solidaridad», recuerda. Abre la puerta de su casa, dentro del complejo parroquial, y, mientras camina hacia la capilla, se mete la mano en el bolsillo del pantalón, saca el celular y busca entre sus fotos. «Mire —dice—, acá está». En la imagen se ve a monseñor Prevost con pantalón remangado y botas de jebe. No solo llegó con lo recaudado, sino que se reunió con las familias, las escuchó y las consoló. Al padre Lucho le acababan de pedir que cambiara de parroquia. Durante las inundaciones, el obispo conversó con quienes no lo entendían. «Se tomó el tiempo de explicar a mi pueblo la razón del cambio», subraya. Ahora lleva ocho años en San Juan María Vianney, en Chiclayo. Aquí, el papa celebró muchas veces las «Misas del Migrante», y también albergan las oficinas de la Asociación de Venezolanos residentes en Chiclayo (ASOVENCHI), que Prevost impulsó. agosto 2025 Nuestro Tiempo —11
Grandes temas Un papa peruano
UN OBISPO MIGRANTE Subiendo las escaleras hacia el segundo piso de los salones parroquiales de San Juan María Vianney, se oye el llanto de un bebé. Al llegar a la puerta de la oficina, una madre calma al niño mientras intenta conversar con la persona que la atiende, uno de los líderes de ASOVENCHI. La asociación funciona como tal desde 2023 en un salón pequeño, con un par de mesas y sillas colocadas para la espera de quienes llegan a solicitar información o iniciar algún trámite. Desde 2017, Perú ha recibido a 1,5 millones de venezolanos que se han asentado por todo el territorio, incluido Chiclayo. Betania Rodríguez fue una de las cofundadoras de la asociación. «Monseñor siempre nos decía que Jesús también fue migrante y que él mismo era un migrante al que el pueblo peruano aceptó y acogió», relata. Docente de profesión, llegó en 2019 con su esposo y sus dos hijos desde Barquisimeto, una gran ciudad del noroeste de Venezuela. Sin papeles, no tenía cómo ejercer formalmente la docencia y empezó dando clases en su casa a niños migrantes sin documentos.
12—Nuestro Tiempo agosto 2025
Poco a poco, Betania y otros líderes de la comunidad venezolana, con el impulso del obispo, lograron organizarse. Articularon diversas acciones dirigidas a recibir a los migrantes venezolanos y que hoy son apoyo para tantos otros: alimentos, trámites de regularización migratoria, atención médica, ayudas en las inundaciones, refugio para familias desalojadas durante la pandemia y espacios de acogida para víctimas de trata. Betania participó en varias de esas iniciativas. «Nuestro obispo siempre insistía en que nos involucrásemos, en que no nos escondiésemos, en que mostráramos lo que sabíamos hacer», apostilla. En aquellos primeros años, muchos tenían miedo de participar, por temor al rechazo. Pero Prevost los animaba a salir del aislamiento, a integrarse, a no renunciar a su vocación ni a sus capacidades. «Quería que el pueblo peruano viera nuestro talento y entendiera que también venimos a aportar», explica. El obispo les insistía en que era importante formalizarse, ser una asociación para trabajar mejor y de manera articulada. «Quería que tomáramos ese impulso como migrantes y fuéramos ejemplo para otros», señala. Llegó el 2023 y Betania asistió a la despedida que prepararon cuando monseñor Prevost partió a Ro-
ma. Al mirar la fotografía, donde se le ve posando con el obispo y otras mujeres voluntarias, recuerda que él les dijo con ímpetu: «No dejen de soñar». Esas palabras fueron el empujón final para constituirse legalmente y crear ASOVENCHI. Dos años más tarde, trabajan de manera coordinada en varios frentes: salud, nutrición, deporte, cultura, educación y asistencia legal. En uno de sus proyectos más recientes, recorren escuelas para identificar a niños que aún no han logrado regularizar su situación migratoria. Gracias al apoyo de organizaciones como la Cooperación Alemana y la extinta USAID, han podido contar con abogados, médicos, enfermeros, comunicadores y docentes venezolanos, muchos de ellos con títulos ya homologados, que ofrecen sus servicios a sus conciudadanos y también a migrantes ecuatorianos y colombianos. «Cada quien pone su granito de arena para la comunidad, ya no solo la venezolana, también migrantes de otros países y nuestros compatriotas peruanos», ilustra Betania.
—Betania Rodríguez. «No dejen de soñar», les dijo el papa en su despedida a las voluntarias venezolanas. Betania asegura que cambió su trabajo.
—Lucía Reupo. En el espacio donde entregan los menús, Lucía enseña las fotos de la historia del comedor que lidera.
«Yo creo que él estaría orgulloso de nuestro trabajo, porque hicimos caso a su llamado, y este sueño también es, en parte, suyo», recalca. El papa lo valora: la ha invitado con su familia al próximo Jubileo de los Pobres, en noviembre de 2025, como representantes de la comunidad venezolana en Chiclayo. No es el único sueño del papa que se está cumpliendo en la región. De entre todas las necesidades de los migrantes, hay una inaplazable que mujeres como Lucía Reupo, líder del comedor del migrante «Denles ustedes de comer», se preocuparon por atender a petición de su obispo: erradicar el hambre. A veinte minutos en coche desde Chiclayo, en primera línea de playa de Puerto Eten, está el comedor, un punto neurálgico de ayuda humanitaria en el litoral lambayecano. Organizan jornadas de regularización migratoria, campañas de nutrición, talleres de emprendimiento y celebraciones litúrgicas. «Esa es nuestra fe: una
fe sin obras es una fe muerta. Podemos ir al templo, rezar, arrodillarnos, pero, si no tenemos nada de humanidad, no somos nada bueno», sostiene Lucía. De profesión contadora, se jubiló pronto y se dedicó a servir. El espacio, amplio, con paredes y techo de cañas tejidas, playero, está delante de su casa. En un muro lateral cuelga un cartel: «Puerto Eten con espíritu solidario», junto a la cita del Evangelio de san Mateo que da nombre al lugar: «Denles ustedes de comer». Por temporadas, el espacio se reconvierte en cevichería, un negocio con el que sostener a su familia, pero nunca deja de atender a quienes necesitan la porción de comida diaria. Ahí me recibe para mostrarme una exposición de fotos que ha montado para contar la historia del comedor, que abrió sus puertas en plena pandemia para ofrecer alimento a las familias migrantes golpeadas por el encierro. De ahí la modalidad «para llevar» que aún
mantienen: entregaban el menú por una ventana grande con vistas al mar, donde los beneficiarios formaban una cola, con mascarilla y guardando la distancia. Cuando Lucía, pegada al televisor, oyó el anuncio tras la fumata blanca, se preguntó: «¿Habrá otro Robert?». La respuesta llegó al instante. Era su obispo. «Sentí que todo el servicio realizado es el camino que Jesús quiere. La emoción no es por él mismo, sino porque sabemos que sigue los pasos del Señor, que también caminaba con su pueblo y atendía sus necesidades», dice conmovida. Por eso está segura de haber contribuido con un granito de arena. «Lo hemos hecho entre sacerdotes, religiosos y laicos, pero la mayoría laicos», explica. Saben que así, trabajando juntos, es como se han ganado el corazón del papa. Le brillan los ojos cuando dice: «La fe tiene que ser vivida y demostrada en los desafíos de la vida cotidiana». agosto 2025 Nuestro Tiempo —13
Grandes temas Cintillo
LA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES, PERO EN POLLOS No se puede dar lo que no se tiene, pero la señora Rosita Ruiz da hasta de lo que le falta. El comedor parroquial «María, Reina de los Sacerdotes», en la zona de Campodonico, en el mismo Chiclayo, se sostiene gracias a mujeres voluntarias como ella y la señora Daría. Hay años en que han recibido más ayuda y otros en los que tenían que inventarse el menú con lo que hubiera. Rosita cocina arroz con lentejas y saltadito de carne y sopa de quinua con huesito mientras desgrana cómo empezó todo. Con 70 años, podría haberse entregado a la vida tranquila, pero secundó en 2019 la inquietud del actual papa por abrir otro comedor para acoger a las oleadas de migrantes. Al principio atendían a ochenta personas al día y daban gratis el menú. La necesidad apremiaba. Ahora, la gente paga lo que puede para colaborar también con el sostenimiento. 14—Nuestro Tiempo agosto 2025
—Rosita Ruiz. Creció en una familia que partía lo que tenía con los demás, y así sigue viviendo ella hoy.
«Venga, le voy a enseñar mi capillita. Era solo un terrenito, pero ahí vamos», dice mientras deja el cucharón. Por ahora, es más un sueño que un edificio de madera prefabricada. Avanza «sol por sol» con el poco dinero que la propia Rosita y las personas de la comunidad van aportando. Han logrado construir la zona frontal, pintarla bien, poner un altar digno y una gruta para la Virgen, con la advocación que le han asignado: María, Reina de los Sacerdotes. La mitad de cualquier ayuda que recibe la señora Rosita es para la Iglesia. «Dios y la Virgen no me fallan. Es hermoso seguir el camino del Señor, no hay cosa más bonita, te llena todo, no hay espacio vacío. Dios me dice: “Yo te doy, tú da”». Lo dice convencida. Por eso reparte su tiempo entre la cocina, la capilla y los lunes de catequesis con presos en el penal de Picsi, distrito a media hora en coche desde la ciudad de Chiclayo. «En cada persona que necesita está Jesús», afirma. No descansa: también es la encargada de arreglar el altar y abrir la capilla, donde sueña con tener más bancas y una custodia para el Santísimo. Me confiesa su programa de vida: «Hermanita de mi vida, esta es mi victoria: poder vivir con misericordia».
Misericordia es la palabra que define todo lo que hacen las personas dedicadas a los comedores parroquiales. No solo alimentan el cuerpo, sino también a las almas. El de San Martin de Tours, en la localidad de Reque, alimenta a más de veinte sectores alejados de la parte urbana. Son zonas rurales y de montaña. «En la cima de la loma han hecho sus casas y llegamos todos —cuenta la voluntaria Delia Orrego—, el párroco y los laicos, para atender». Por las mañanas cocinan y sirven, y por las tardes salen en misión evangelizadora. Las manos sobran, pero los medios siempre faltan y tratan de conseguirlos. El bíblico «denles ustedes de comer» resuena en todos los voluntarios. Llegan temprano para cocinar y empezar a servir a partir de las 12:30. Quienes aparecen primero son los niños que van al turno de tarde del colegio. Luego, se va formando la cola de beneficiarios, que llegan a ser entre ochenta y cien cada día. «Escuchen el clamor de los que necesitan, ustedes conocen a la gente», recuerda Delia que les decía el obispo Prevost. «¿Y qué hacíamos si no teníamos recursos? Milagros. Era como la multiplicación de los panes, pero en pollos». Janinna Sesa me ha presentado también a Delia y otras voluntarias. Se conocen de su época en Cáritas. Mientras converso con Delia, Janinna está escribiendo mensajes de WhatsApp. En concreto, en este instante intenta traer de Lima ni más ni menos que 70 000 po-
llos. «Pero esta vez congelados», dice en alto, aliviada. Tras la carcajada, el grupo de voluntarias me explica que una de las primeras donaciones masivas que consiguieron, en 2022, cuando Prevost aún estaba en Chiclayo, consistió en algunos millares de pollos, pero vivos. Por eso, cuando Delia habla de la multiplicación de los pollos, todas ríen. «Fue una fuerza muy motivadora para nosotros en el comedor. Queríamos llegar a más personas y, estando al frente de Cáritas, Janinna nos mandaba tantos pollos y gallinas», interviene otra voluntaria, Dalita Fox. Tuvieron que implementar corrales tem-
porales mientras convocaban a todos los coordinadores. En los barrios por los que repartieron los animales hay personas de diversos credos y sectas, adventistas, israelitas [una denominación evangélica], entre otros. «Les decíamos a los voluntarios, a la hora de repartir, que no se fijaran solo en los católicos, que no mirasen el credo sino la necesidad de la persona», recalca Delia. En las horas que llevamos del día, Janinna ha logrado reunir a cien organizaciones —entre parroquias, comedores y otros grupos— que aporten un monto
asequible para cubrir el traslado de los pollos congelados desde Lima hasta Chiclayo. Unos días más tarde, el viernes 11 de julio, se los entregarán a los representantes de todos esos equipos, en orden de batalla, bien coordinados para recoger y repartir el alimento. Janinna dice, emocionada, que le enviará las fotos al secretario del papa, el padre Edgar Rimaycuna, para recordar los viejos tiempos de la multiplicación de los pollos.
—Delia Orrego. En el comedor parroquial día a día trabajan para no dejar de atender a quien lo necesite.
agosto 2025 Nuestro Tiempo —15
Grandes temas Cintillo
—Janinna Sesa. En la planta de oxígeno que impulsó y bendijo el papa.
OXÍGENO DE LA ESPERANZA Iniciado el encierro en 2020, Cáritas Perú publicó que pausaban su trabajo y Janinna, lógicamente, replicó el anuncio en Chiclayo. El obispo Prevost la llamó para preguntarle el motivo —para ella evidente— y, tras dárselo, él le contestó: «No podemos dejar desamparada a la gente. Hay que protegerse, pero hay que seguir ayudando». Con ese ánimo, surgió más adelante la iniciativa Oxígeno de la Esperanza, con la que recaudaron los fondos necesarios para levantar una planta de oxígeno. Durante la pandemia en Perú, estas instalaciones fueron esenciales para salvar vidas ante el colapso del sistema sanitario. Janinna rememora con claridad lo que los movió: «Ahí había una mezcla de valentía y de confianza en la Providencia, porque yo veía imposible lograrlo». Cuando la primera semana de donativos superaron la cantidad necesaria, Janinna se lo comunicó al obispo: «Monseñor, hemos 16—Nuestro Tiempo agosto 2025
alcanzado el monto, aunque nos hemos pasado un poquito». Un «poquito» más de treinta mil dólares eran cinco mil dólares que podían servir para darle mantenimiento. «Tenemos entonces un extra, ¿no? ¿Y dices que te siguen llamando para donar? —le preguntó él—. Pues hagamos una segunda planta». Janinna no podía creerlo, y sin embargo se puso manos a la obra. Con un mes más de campaña consiguieron el nuevo reto. De las tres localidades que optaban para acoger la segunda planta de oxígeno, ganó Mochumí, uno de los doce distritos de la provincia de Lambayeque. Pequeño, rural y punto céntrico entre distintos pueblos desfavorecidos. «La gente enferma de covid-19 se desplomaba en nuestros brazos, ¿cómo íbamos a esperar a que las autoridades hicieran algo?», exclama Mitzy Paico, miembro de la asociación. Era inimaginable recaudar solos lo necesario para una planta de oxí-
geno propia, por eso tomaron la iniciativa y «en unión con la Municipalidad, con la Iglesia y la solidaridad del pueblo, recaudamos dinero para poner el local. Ya con la ayuda del papa, se logró la adquisición de la planta». Para ellos, no se trataba solo de entregar los cilindros de oxígeno que las personas llevaban a casa tras recargarlos en la planta. «A veces venían de lejos, pueblos donde no había posta médica y mucho menos oxígeno», puntualiza Mitzy. «¿Qué distancia podíamos cuidar ahí? Nos tocaba abrazar, consolar». Mitzy regenta un negocio de bordado a crochet. Eso le permitió en la pandemia una mayor flexibilidad para atender la planta. «Visitábamos nosotros al paciente porque en ocasiones no sabían regular el manómetro. Aprovechábamos para llevar comida y limpiar su entorno, porque bastantes vivían solos y aislados. Si no ayudamos, ¿para qué estamos acá? ¿Para qué vivimos?», se pregunta ella con una seguridad que interpela. Janinna señala en la foto del día de la inauguración de la planta a las personas que intervinieron en hacerla realidad. «Algo que nos enseñó León XIV fue a no trabajar solos, a sumar a otros en instituciones de la sociedad civil, del Estado y responder a una necesidad», resalta. Un espíritu que mantiene vivo desde Voices of Help y el comité de Responsabilidad Social de la Cámara de Comercio y Producción de Lambayeque, donde ahora trabaja. Por eso, con la noticia del nuevo papa, decidieron volver a unirse para reactivar la planta de oxígeno. Hacen falta 15 000 dólares, explica Jorge Musayón, presidente de Respira Mochumí, y la idea es que continúe en funcionamiento para las personas que todavía precisan oxígeno debido a las diversas enfermedades pulmonares que abundan en la región, con más de 37 000 casos en la primera mitad del 2025. También sueñan con ir más allá: querrían complementar la planta con un centro básico de atención médica y una farmacia. Los voluntarios se imaginan ya su próximo objetivo: «Recaudar fondos para vender las medicinas a precios asequibles para nuestra comunidad», subraya Mitzy.
PIEDRAS VIVAS Ya es de noche y vuelvo a la plaza Principal de Chiclayo. Al pasar por delante de la iglesia de Santa María, la catedral, me detengo un momento. Ahí, en lo alto, está el anagrama de la Eucaristía que monseñor Prevost contempló al llegar a esta ciudad. «Me conmueve saber que es un pueblo con profunda piedad eucarística», le contó el papa al padre Jorge Millán, con quien convivía en la residencia del obispo. Llama la atención la afluencia de personas en la iglesia metropolitana: las cinco misas que se ofician entre semana se llenan como las de los domingos, y los domingos hay ocho. Al finalizar, grupos de fieles se acercan a la sacristía a pedir la bendición, el agua bendita o a conversar con su párroco. «Todo ese cariño que nos tiene el papa, él lo ha encontrado en la gente de aquí», afirma el padre Millán. Con esa misma cercanía y sencillez veían a su obispo. Cuando se instaló en la residencia episcopal, pidió mantener la rutina de mediodía que ya se vivía en la casa: almuerzo, visita al Santísimo, un rato de conversación y rosario. Un día, el obispo se demoró. «Vi que venía por el pasillo contrariado —revive el padre Jorge—. Pero pasó el umbral del comedor y su gesto cambió por completo. Nos saludó con una sonrisa y continuó la comida como si nada». Cruzando la plaza, en la Municipalidad, se ofrece un concierto en homenaje a León XIV. La primera nota del Gloria de Vivaldi es la bocina de un coche que pasa por la calle San José: en Chiclayo hay belleza en medio del caos. Al presentar el número, la directora del coro de la Orquesta Sinfónica de Chiclayo, Luzmila Coronado, cuenta que, hace unos ocho años, cantaron en la catedral y el actual papa comentó que había sinfónicas en Lima, Piura, Trujillo… y los animó: «Sigan haciendo música, porque la música es la alabanza que llega a Dios». Se constituyeron formalmente en 2017. Son un popurrí de voces de distintas iglesias cristianas, católicas y protestantes. «Cuando se nos propuso hacer un concierto en homenaje, no hubo barrera religiosa, porque nuestro santo padre unió
corazones y, sobre todo, unió el corazón del pueblo chiclayano», explica con emoción. Siendo Robert Prevost, quizá no todos sabían quién era. Ahora que es el papa saben quién es porque también es «su papa». El papa de todos pero, en especial, el suyo. Se saben mirados por el mundo y por su santo padre en el balcón. Saben que León XIV no se olvida de Chiclayo, ni Chiclayo de él. Así es esta gente, entregada y generosa. Probablemente eso es lo que vio aquí Prevost, el cuarto obispo de una diócesis joven y pobre, pero muy bien dispuesta. Se fundó en 1956. Sus dos primeros pastores, Daniel Figueroa e Ignacio Orbegozo, descansan en el santuario de Nuestra Señora de la Paz, en el extremo occidental de la ciudad, en dirección al mar, en una capilla bajando unas escaleras. Está expuesto el Santísimo, y una mujer, sola, le canta. Escucharla remueve las entrañas. El párroco de este santuario es hoy el padre José Antonio Jacinto, que en tiempos de Prevost servía en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, un templo que lleva un cuarto de siglo en construcción. En el año 2005, el tercer obispo de la diócesis, monseñor Jesús Moliné —ahora felizmente retirado en la ciudad española de Zaragoza, su localidad natal— le pidió levantar no solo el templo, sino un complejo parroquial. «Empezamos casi de cero, con familias sencillas, con donativos pequeños», cuenta el padre José Antonio. A partir de 2014, cuando monseñor Robert visitaba las obras, siempre los animaba a continuar y añadía: «Está muy bien construir, pero recuerden que somos piedras vivas». Entre aquellas privaciones, un día, medio en broma, don José Antonio le mencionó al papa que andaba con un carro viejísimo. Era el año 2023, y faltaba muy poco para que Prevost se marchara a Roma, llamado por el papa Francisco. Antes de irse, dejó un regalo para la parroquia: su propio coche, «un auto negro, elegante y sencillo a la vez», refiere el sacerdote con agradecimiento. «Así era él: desprendido». Nt
agosto 2025 Nuestro Tiempo —17
Grandes temas Centenario de una autora a prueba de etiquetas
El realismo crudo y luminoso de Flannery O’Connor El legado de Flannery O’Connor (Georgia, Estados Unidos, 1925-1964) se agranda con el tiempo. La prosa de una de las autoras más inclasificables de la historia de la literatura cautiva a un público variado y a investigadores de todo el mundo. La celebración del centenario de su nacimiento marca un nuevo hito en la trayectoria de la escritora. Su obra, reducida y exigente, pide mucho al lector por el tratamiento áspero de temas duros, siempre lejos del sueño americano, pero ofrece una recompensa impagable: una sacudida que le devuelve cambiado a la realidad cuando cierra el libro. texto Miguel Ángel Iriarte [Com 97 PhD 16] fotografía Louise Florencourt (gentileza de Andalusia, Casa Museo
Flannery O’Connor), Georgia College State University y Alamy
Flannery O’Connor alrededor de 1950. Gentileza de la Georgia College & State University, donde estudió Ciencias Sociales. 18—Nuestro Tiempo agosto 2025
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«extraña». así calificó el suplemento cultural del New York Times la primera novela de Flannery O’Connor tras su publicación en 1952. Wise Blood (Sangre sabia) cuenta la historia de Hazel Motes, un veterano de la Segunda Guerra Mundial que vuelve a su Tennessee natal en un estado de desorientación y profunda crisis espiritual. Antihéroe flanneriano por excelencia, Motes se encontrará con predicadores sin fe, ladrones tontos, policías violentos, mujeres con mirada rescatadora… y, entre todos, compondrán la primera síntesis de la obra de O’Connor, en la que se dan por igual el humor y la barbarie, la desesperación y la redención, el mal y algunas epifanías, la cobardía y la nobleza de la buena gente del sur. Cuando la autora georgiana falleció en 1964, a los 39 años, fue el mismo New York Times quien habló con pena de la pérdida de «una de las escritoras más prometedoras del país». O’Connor dejaba una obra breve —dos novelas y dos volúmenes de relatos—. Eso sí, había alcanzado ya una amplia notoriedad, principalmente en Estados Unidos, y, sobre todo, había entregado un legado artístico que, a modo de semilla, no ha dejado de crecer desde entonces. La publicación de nueve obras póstumas —algunas de ellas premiadas— y varias biografías, la inclusión de la autora en unos cuantos de los cánones literarios más reconocidos de Occidente y en muchos planes de estudios, su traducción a más de veinte lenguas o la elaboración de unos 350 trabajos doctorales sobre ella son algunos síntomas de la buena salud con que el universo de Flannery O’Connor llega a su centenario en 2025. Esta celebración puede ser una ocasión para formular de nuevo la pregunta que con frecuencia envuelve a O’Connor: ¿qué hace de ella una autora con tanto talento o, al menos, tan valorada? punto de partida: gótica, católica y sureña. Las primeras ideas sobre Flannery O’Connor en el imaginario colectivo son bastante claras: estamos ante una mujer católica, del Sur esta20—Nuestro Tiempo agosto 2025
dounidense, heredera del estilo gótico norteamericano del siglo xix, dada a lo grotesco —en particular en el uso del humor— y que falleció muy joven, tras una vida condicionada por quince años con lupus eritematoso, una enfermedad autoinmune. Se la suele situar entre los autores del gótico sureño del siglo xx, un grupo de escritores tan importantes y —bien mirados— tan distintos entre sí como William Faulkner, Margaret Mitchell, Tennessee Williams, Carson McCullers, Truman Capote, Cormac McCarthy, Katherine Anne Porter o Erskine Caldwell. Este retrato robot inicial responde a la realidad. Por ejemplo, en uno de los primeros trabajos académicos en España sobre Flannery O’Connor, la tesis doctoral El mal como momento de gracia (1984), María Isabel Montero ve elementos góticos en su escritura, como «la voz del narrador en tercera persona muy separada de la acción, el misterio y el aire fantasmagórico, las sugerencias sobrenaturales, las nubes amenazadoras y los paisajes deprimentes». Además, aunque no observa lo grotesco en una búsqueda excesiva del morbo, Montero sí recoge algunos rasgos cercanos como la tendencia a la exageración, la distorsión, la violencia y la tensión entre humor y suspense. Un dato que refuerza ese papel inesperado de la ironía es que O’Connor tuvo siempre como autor de referencia a Edgar Allan Poe. Leyó su obra completa con menos de quince años, y sus cuentos de humor, menos conocidos que los de terror, «le hicieron pensar, por primera vez en la vida, en la posibilidad de emprender la carrera de escritora y dedicarse totalmente a ella», según dijo en una entrevista de 1962 en el Atlanta Journal and Constitution. Por otra parte, es muy difícil sobrevalorar la influencia católica en su vida. Su amplia formación intelectual, su práctica religiosa y las prioridades de sus afectos —que, sin estridencias, encabezó Dios mismo— nos sitúan ante una mujer muy culta, al día en las materias filosóficas y teológicas y amante de la piedad católica, que cultivaba y en la que encontraba
fuerza para afrontar una vida que no fue fácil. Durante años procuró comenzar su día asistiendo a misa con su madre y terminarlo leyendo veinte minutos textos de santo Tomás de Aquino, su pilar teológico indiscutible. Sin embargo, a pesar de bromear diciendo que se consideraba una «persona del siglo xiii» y una «hillbilly thomist» (una «tomista rústica», de pueblo), confrontó su pensamiento con el de autores que abrían campo hacia nuevas ideas en la literatura, la filosofía y la teología. Algunos de sus favoritos fueron: escritores como Henry James, William Faulkner, Graham Greene, Samuel Beckett, Georges Bernanos o François Mauriac; filósofos como Simone Weil, Edith Stein, Léon Bloy, Jacques Maritain y Carl Jung; y teólogos como Romano Guardini y el controvertido Teilhard de Chardin, con el que sintonizó en la necesidad de un mayor diálogo entre ciencia y fe, y del que se distanció en otros postulados de ortodoxia dudosa. En tercer lugar, el Sur es mucho más que un escenario en las obras de O’Connor: es un personaje, incluso «un estado del alma», según la expresión de Azorín, o un lugar de redención, donde encaja que O’Connor dijera que el tema de sus relatos era siempre la «acción de la gracia en un territorio poseído en su mayor parte por el diablo». En concreto, Georgia perdió la guerra civil, era profundamente racista —muchos consideran el racismo «el pecado original estadounidense» por su presencia desde el nacimiento del país hasta hoy— y esclavista, de un calor y una humedad sofocantes; un buen sitio para que aflorase lo grotesco —por ejemplo, fueron años de actividad del Ku Klux Klan—, las sectas protestantes, los animales peligrosos… Y para que personas como O’Connor tuviesen gustos poco convencionales según esquemas más cosmopolitas o urbanos: la pasión por los pavos reales y su cuidado quizá sea el caso más distinguible. Todo ello hace —como afirma el profesor José Manuel Correoso en un artículo de 2019— que en el Sur y en la obra de O’Connor se den «fronteras difusas y conexiones místicas
Con un grupo de amigos y estudiantes de Mercer en el porche de Andalusia. Gentileza de Andalusia, Casa Museo de F. O’Connor. entre lo animal, lo humano y lo divino». Ahí O’Connor, más que confusión, ve unión entre los tres ámbitos y señala el puente que aporta con audacia el catolicismo: la encarnación, «ese momento del tiempo —dice O’Connor en el prólogo de Misterio y maneras— en el que el misterio se apiada de la experiencia humana». Así pues, los adjetivos atribuidos a Flannery O’Connor —de influencia gótica, católica y sureña— parecen bien escogidos. Sin embargo, conviene darse cuenta de que en O’Connor resulta muy difícil distinguir facetas o vertientes. En ella fe, arte y vida se entrelazan en una unidad delicada y, al mismo tiempo, rocosa. Convergen su estilo de vida georgiano, cuyo observatorio planetario fue la mecedora del porche de su granja, un genuino catolicismo y una destreza nada común como contadora de historias. misterio y maneras de vivir. Al final de sus días, siendo una escritora reconocida, Flannery O’Connor dio conferencias y discursos en distintos foros: universidades, grupos de lectura, etcétera.
POR DÓNDE EMPEZAR
Un lector poco familiarizado con la obra flanneriana puede sentirse desconcertado por la estética de sus cuentos y novelas. Como posible introducción, el obispo Robert Barron, en un documental sobre O’Connor, propone comenzar por la lectura de sus cartas: los epistolarios El hábito de ser y Lo bueno llega de Nazaret. En ellos plasma las ideas presentes en su obra de ficción pero sin la necesidad de darles una forma narrativa ni mucho menos dramática. Se descubre a una persona divertida, cálida, muy inteligente y aguda, que acompañó a decenas de amigos por escrito y en conversaciones en la granja familiar llamada Andalusia. Puede ser útil también el visionado de alguno de los documentales editados por la televisión pública de Estados Unidos (PBS)
y del ya citado, de la productora Word on Fire. Aportan testimonios de personalidades del mundo de la literatura o el cine e imágenes de los escenarios de la vida familiar y literaria de O’Connor. Además, permiten verla en una entrevista televisiva y escucharla leer —con un acento sureño muy característico, monótono y cerrado— alguno de sus propios relatos. Después se está en condiciones de lanzarse a los textos breves. Sin prisa; incluso, como ha recomendado en estas páginas alguna vez Paco Sánchez, sin leer más de uno al día. Los relatos memorables tienen un capítulo más de los que están escritos: la reflexión del lector fruto del impacto que acaba de recibir. Y, en eso, los cuentos de Flannery O’Connor son buenos. Muy buenos. agosto 2025 Nuestro Tiempo —21
ALGUNOS HITOS
1969 1925 El 25 de marzo nace Mary Flannery O’Connor en Savannah, Georgia, hija única de Edward F. O’Connor y Regina Cline. Dejó de emplear el «Mary» a comienzos de los años 40.
La familia se muda a Milledgeville, Georgia, a la granja de su madre, llamada Andalusia. Asiste al Georgia State College for Women en Milledgeville. Se gradúa en Ciencias Sociales.
1938
A su padre le diagnostican lupus eritematoso sistémico.
1965
1940 1941 1942
-
1945 1948
-
1951 1952
Fallece el padre de Flannery con 45 años. Vive en Yaddo, una colonia de artistas en Saratoga Springs, y luego en Nueva York y West Redding, donde se relaciona con Robert y Sally Fitzgerald, que se convirtieron en amigos íntimos y un gran apoyo en el mundo editorial.
Colección de relatos Everything That Rises Must Converge. (Todo lo que asciende debe converger, 1966)
1964
El 3 de agosto fallece en el hospital, a los 39 años, debido a complicaciones del lupus.
1963
A pesar de su salud deteriorada, continúa dictando conferencias. Dio más de sesenta. La última en Georgetown en 1963.
Publica su primera novela, Wise Blood. (Sangre sabia, 1963)
1955
1960
Robert Fitzgerald
1958
Primera colección de cuentos, A Good Man Is Hard to Find. (Un hombre bueno es difícil de encontrar, 1963)
Publica su segunda y última novela, The Violent Bear It Away. (Los profetas, 1965)
Peregrina a Lourdes. Pasa también por Dublín, Londres, Milán, París, Barcelona, Roma, Fátima y Lisboa.
Mystery and Manners: Occasional Prose, ensayos y conferencias. (Misterio y maneras: Prosa ocasional, 2007)
1971
The Complete Stories, colección de relatos. (Cuentos completos, 2005)
1979
1972 Concesión del National Book Award por The Complete Stories.
Epistolario The Habit of Being: Letters of Flannery O’Connor. (El hábito de ser: Cartas, 1999)
The Presence of Grace and Other Book Reviews, reseñas de libros de las décadas de 1950 y 1960. (No traducido al español).
SOBRE SU OBRA
1979 Estreno de Sangre sabia, película dirigida por el ganador de dos Óscar John Huston.
1983 Inclusión en la selecta Library of America, fundada en 1979.
2009
1988
Se publica la biografía de Brad Gooch Flannery: A Life of Flannery O’Connor.
1990 Muere su madre. Diario Flannery O’Connor: Spiritual Writings. (No traducido al español).
Se publica Flannery O’Connor, the Cartoons. Pone de manifiesto su faceta como dibujante y viñetista. (Flannery O’Connor. Tiras cómicas, 2014) Diario espiritual de su época en Iowa: A Prayer Journal (Diario de oración, 2018) Epistolario Good Things Out of Nazareth: The Uncollected Letters of Flannery O’Connor and Friends. (Lo bueno llega de Nazaret: Cartas inéditas de Flannery O’Connor y sus amigos, 2021)
2021
2003 Documental Flannery, elaborado por la televisión pública estadounidense (PBS).
2012
2013
2019
2023 Película Wildcat, dirigida por Ethan Hawke (4 veces nominado a los Óscar como actor) y protagonizada por su hija, Maya. 2024 Publicación de Flannery at the Grammys, libro de Irwing H. Streight, sobre la resonancia de la autora en artistas como Bruce Springsteen, REM, U2 y otros. CONMEMORATIVO
2025 Se publica Un encuentro tardío con el enemigo y otros relatos (Encuentro), volumen editado con ocasión del centenario de Flannery O’Connor.
Perfeccionista como era, se propuso y consiguió no repetirse y prever los textos con antelación y cuidado. Gracias a ese esfuerzo contamos con una visita guiada a su taller de escritora, a su idea de la literatura: el libro Mystery and Manners: Occasional Prose (1969). «La narrativa —resume— resulta de dos cualidades. Una es el sentido del misterio; la otra, el sentido de las maneras. […] Las maneras engloban las costumbres, las conductas, las tradiciones, el habla, los gestos propios de un modo de vida y los estilos de convivencia que hacen que una región o una cultura tengan una identidad precisa, en este caso la sureña». La concepción del misterio de la autora de Georgia es la católica: todo lo contrario a «lo que se ignora», es más bien aquello en lo que siempre se puede profundizar más; frente a la oscuridad, el exceso de luz. Por eso, compañeros de viaje del misterio son la gracia y las epifanías, las revelaciones de esa gracia. Sirvámonos de un ejemplo, quizá la escena central de uno de sus relatos más memorables: Un hombre bueno no es fácil de encontrar (1955). Hay un momento en el que la familia protagonista, en un viaje en coche, se encuentra con un prófugo conocido como «el Desequilibrado». En un diálogo inolvidable entre el fugitivo y la abuela, esta comete el error de decir: «Eres el Desequilibrado». Le ha reconocido y eso hace que el criminal se vea obligado a matarla. Se establece un diálogo denso en el que ambos personajes cambian profundamente: ella, una señora sureña, superficial, necia, pagada de su ascendencia blanca, paternalista y condescendiente hacia los que considera sus inferiores, cae en la cuenta de su error. Llega a decir: «Eres uno de mis hijos». La abuela se da cuenta de su debilidad y de que ambos son pecadores que necesitan misericordia. El convicto es consciente del momento de gracia que se le brinda y menciona a Cristo: «Jesús rompió el equilibrio de todo». Y, luego, dispara, se gira y comenta a un compañero de fuga: «Habría sido una buena mujer si hubiera habido una persona para dispararle en cada minuto de su vida». En un desenlace muy flanneriano, la autora ha llevado a sus personajes a agosto 2025 Nuestro Tiempo —23
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DICEN DE ELLA...
T. S. ELIOT
Escritor (Premio Nobel en 1948)
Tras leer un libro de relatos de O’Connor en 1955: «Me quedé bastante horrorizado con los que leí. Sin duda, tiene un talento de orden superior pero no tengo los nervios lo bastante templados para resistir tanta perturbación». IRENE VALLEJO
Escritora «La maravillosa y perturbadora Flannery O’Connor escribió que quien “solo lee libros edificantes está siguiendo un camino seguro, pero un camino sin esperanza, porque le falta coraje”. Sentir cierta incomodidad es parte de la experiencia de leer un libro». BRUCE SPRINGSTEEN
Músico «Sus relatos cortos me impactaron mucho. Podías sentir dentro de ellos la impenetrabilidad de Dios y los misterios intangibles de la vida que confundían a sus personajes, y que encuentro junto a mí todos los días». ROBERT BARRON
Obispo «Flannery O’Connor influyó en escritores como Walker Percy, Alice Walker y Cormac McCarthy. Creo que también tiene relación con el cine de los hermanos Coen, en particular con su obra maestra, Fargo: mezcla alarmante de lo absurdo y lo cómico, lo religioso y lo absolutamente violento». PAUL AUSTER
Escritor «Nunca me parecieron interesantes las novelas de los años 60 de Estados Unidos, cuando yo comencé a leer y a escribir… Philip Roth, Norman Mailer o Saul Bellow. Pero sí leía a Flannery O’Connor».
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una situación límite; ella ha aceptado la gracia, ha sabido quién es y ha alcanzado bien preparada el final de su trayecto, porque la muerte no es lo peor que puede suceder. En cambio, el Desequilibrado ha tenido una oportunidad de redimirse y no la ha aprovechado. O’Connor desea que nadie viva amodorrado. Sabía que escribía para un público en su mayoría no creyente y —lo que le parecía peor, superficial— y, en Misterio y maneras, lo expresa claramente: «Cuando se puede partir de que el público tiene nuestras mismas creencias uno puede relajarse un poco y usar medios más normales para hablarle. Cuando hay que partir de que no las tiene, entonces hay que mostrar la propia visión a fuerza de choque: a los duros de oído se les grita y a quienes están casi ciegos se les dibujan figuras grandes y llamativas». Es lo mismo que opina Gustavo Martín Garzo, uno de los escritores españoles actuales más reconocidos, Premio Nacional de Narrativa (1994) y Nadal (1999), lector confeso de O’Connor y prologuista de una de sus obras con más impacto en nuestro país: Cuentos completos (2005). Martín Garzo, que ha atendido la llamada de Nuestro Tiempo, subraya la necesidad de una literatura que saque al lector de sus casillas: «Flannery O’Connor dijo que nuestra época se caracterizaba por un aumento de la sensibilidad y una pérdida de la visión y eso es lo que espero de la literatura, que nos haga ver. Por eso nos ofrece en sus libros un mundo de anormalidad y revelación como raras veces nuestra literatura reciente ha sido capaz de hacer. Flannery O’Connor no busca el horror por sí mismo sino hacer real el misterio a través de la escritura. Y nunca ese misterio es más hondo y perturbador que cuando se encarna en la oscura y bella deformidad del corazón humano». «John Keats —continúa Martín Garzo— decía que el poeta debía estar con los pies en el jardín y con los dedos tocando el cielo. La literatura es un vínculo entre lo divino y lo humano, los sueños y la realidad. De esa zona intermedia habla toda la obra de Flannery O’Connor». Y añade: «Sus
relatos tienen una doble cualidad: consigue que lo más extraordinario parezca natural y que lo más común se vuelva extraordinario». Gustavo Martín Garzo cree, por otra parte, que la obra de Flannery O’Connor posee gran vigencia como medicina fuerte contra lo que denomina «lector cansado»: «Los griegos tenían un concepto muy hermoso: metaxu. Significa intermediario, puente. Nuestro tiempo ha perdido esos puentes, el entre; ahora todo es una sola cosa. El poder es definición, fijeza, cosificación, una vida entre clichés. Pero la verdad no cabe en esos clichés. El lector cansado es el que se niega a transitar por esos puentes. Solo quiere vivir entre certezas». Por último, preguntado sobre cómo «el misterio y las maneras» muestran en O’Connor una innegable impronta católica, el autor vallisoletano aporta una visión más amplia: «El escritor se nutre de su propia vida y sin duda su vocación católica, como es lógico, debió de influir en su obra, pero solo hasta cierto punto. Una obra no se hace con creencias, sino con desafíos y apuestas íntimas que no pertenecen al orden de lo racional». una visión, no una lección. Flannery O’Connor habló con frecuencia sobre cómo su condición de católica estaba en el origen de su escritura. «Uno no escribe de la manera más perfecta posible —afirma en una de sus cartas— por amor al arte sin más, sino para devolver ese talento al Dios invisible, para que Él lo utilice a su vez según o no lo vea conveniente». Con humor, asumiendo esa lógica del don, cuando le preguntaban por qué escribía, se limitaba a contestar: «Porque escribo bien». Y salía al paso de los interrogantes de quienes consideraban su fe como un freno a su actividad creativa: «Nunca me ha parecido que ser católica sea un límite a la libertad del escritor, sino lo contrario [...]. Yo siento que ser católica me ha ahorrado dos mil años a la hora de aprender a escribir». Su catolicismo constituía su columna vertebral. Sin embargo, era muy reacia
Pese a su enfermedad, siguió cultivando la escritura y criando pavos reales. ANDALUSIA al concepto entonces en boga —y en la actualidad retomado en debates intelectuales españoles— de «literatura o novela católica». En este aspecto marcaba distancias respecto, por ejemplo, al británico Evelyn Waugh, autor de Retorno a Brideshead (1945). Según ella, Waugh «tiene una definición demasiado estricta de lo que sería una novela católica. Dice que es una novela que trata de problemas de fe; yo diría que es una mente católica que contempla cualquier cosa, ampliando suficientemente la categoría para incluirme a mí misma». O’Connor procura abordar siempre los intereses humanos universales y, en ese sentido, aspira a aportar una dimensión moral, pero no moralista: «La moralidad para un artista significa no tanto transmitir una lección como una visión. Si el escritor tiene éxito como artista, su juicio moral coincidirá con su juicio dramático. Será inseparable del simple acto de ver».
En este texto, tomado de una de sus cartas, la autora muestra su fundamento en la teología de santo Tomás de Aquino que lleva a unir lo verdadero, lo bueno y lo bello como sugerente programa para un auténtico artista. Pero su propuesta no es confesional ni cerrada; de hecho, conecta con públicos variados geográfica y culturalmente porque parte de un interés universal: la pregunta por el sentido de la vida. En una sociedad posmoderna marcada por un nihilismo más o menos sutil, O’Connor recuerda que, en mitad de las circunstancias más insospechadas, se encuentran señales de dignidad humana que justifican la esperanza. La lectura de sus historias puede dar relieve a existencias monótonas, atrapadas en lo que el filósofo alemán de origen coreano Byung-Chul Han ha denominado «el infierno de lo igual». O, como dice Gustavo Martín Garzo, arrancar de su pasividad a los «lectores cansados». Nt
agosto 2025 Nuestro Tiempo —25
Grandes temas Imaginería y arte contemporáneo
Javier Viver, escultor de lo invisible En las fotografías de los enfermos de un manicomio del siglo xix, Javier Viver encontró una iconografía: éxtasis, estados de gloria, dolor. «Hay belleza en los cuerpos, aunque estén rotos». Uno de los imagineros más reconocidos del arte sacro español contemporáneo —suyas son obras como la Bella Pastora, de Iesu Communio, o la primera Madre de Hakuna— busca en el misterio de la encarnación la puerta al arte. Ahora prepara el monumento más grande del mundo al Corazón de Jesús. texto Manuel De La-Chica [Fia Com 19 PhD 24] fotografía Samuel De Román
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agosto 2025 Nuestro Tiempo —27
Grandes temas Imaginería y arte contemporáneo
modernidad y al presente y, solo desde allí, regresó a lo clásico. Todavía transita ese camino, uniendo lo contemporáneo con lo clásico, la fotografía y los collages con la temática religiosa. Su último proyecto consiste en un Sagrado Corazón de Jesús, de 37 metros, que se convertirá en el más alto del mundo y en el que pretende conectar estas dos orillas. A los quince años le dijo a su padre que quería ser pintor, y no tocó la escultura hasta el tercer curso de su carrera de Bellas Artes. Aunque se le conoce sobre todo por esta faceta, la imaginería o escultura sacra no le interesó hasta muchos años después. Su obra, sin embargo, no se reduce a lo religioso. También ha trabajado alrededor de la salud mental —su fotolibro Révélations recibió el Premio Nacional al Mejor Libro de Arte en 2016— o de biología —Aurelia Inmortal, 2017—. Su trayectoria imaginera ha hecho que la mayor parte de sus obras estén en los hogares, pero ha expuesto en el Reina Sofía, el Queens Museum of Arts de Nueva York, en el Swatch Group Collection de Shanghái y en el Museo Universidad de Navarra. javier viver (madrid, 1971) es un hombre que sonríe. Viste camisas coloridas y usa gafas de pasta que le achinan los ojos y parece que le hacen sonreír más. Pasea por su estudio-taller como un niño que va mostrando sus juguetes a un desconocido que se acaba de convertir en su mejor amigo. Ninguna obra le deja indiferente, ni siquiera las que no son suyas, como la foto de tres metros que preside la sala central. En ese mostrar lo que ha hecho suyo, a uno se le contagian las ganas por seguir jugando, sea a través de la escultura, de la pintura o la fotografía. El primer acercamiento de Viver a las artes fue por la pintura. Era un obseso del impresionismo, de sus trazos, de sus luces. Iba a observarlos los fines de semana en los museos de Madrid y luego trataba de copiarlos en su casa. Eso le llevó a la 28—Nuestro Tiempo agosto 2025
¿Qué sucedió cuando terminó la carrera y empezó su camino como artista? En la universidad yo tenía en la cabeza movimientos más contemporáneos para los que la mayor parte de la gente no descubre una puerta de acceso. Comencé a exponer, pero me encontraba con una desconexión muy grande con el público. En ese momento pasé una pequeña crisis, porque empecé a considerar la importancia que tenía la comunicación en el arte. ¿Hubo algo concreto que le descubriera esa brecha? Al intentar hacer arte sacro me di cuenta de que el arte contemporáneo es, hasta cierto punto, autorreferencial. Tiene un discurso metanarrativo para especialistas que se aleja de las cosas más humanas
y universales. Cuando creas algo para la devoción popular, no puedes montar una narrativa conceptual, pero ese aspecto comunicativo no se trataba en la Facultad de Bellas Artes. A la comunicación se dedicaban los de Periodismo; un artista tenía que ser auténtico y expresar su interior, vomitarlo, al margen de que nadie le entendiera. Se olvidaba un hecho importantísimo: que el arte es un fenómeno social, es cultura, y, por lo tanto, no existe si no hay un receptor. Para que haya arte tiene que haber una obra y un artista, pero también un lector, un intérprete, un contemplador. Si no existe ese intérprete, si la obra se queda encerrada en una habitación, es irrelevante desde el punto de vista artístico. ¿Todo arte debe tener esa condición? El artista puede tener sus ideas y su interpretación, pero es la primera y habitualmente la menos interesante. Con el tiempo la gente vuelve a interpretar esa pieza, y la va enriqueciendo con otras dimensiones que nunca había pensado su autor. Y eso la convierte en una obra maestra: que, de repente, encuentra ecos en gente muy diversa, de otras culturas, de otros siglos. En otras artes, como la poesía, al lector se le aconseja leer el poema varias veces y debe hacerlo en voz alta para captar los ritmos, los sonidos… ¿Qué condiciones ha de reunir el espectador para entrar en diálogo con una escultura? Es importante el conocimiento, pero en una contemplación hay muchos niveles. Me parece un exceso asumir que solo hay experiencia estética en el plano más alto y tras haber superado una barrera intelectual. También cabe el deleite por un color que te gusta. ¡O por el reconocimiento de unos objetos! El decir: «Esto que está aquí, en dos dimensiones, lo he visto antes». Es legítimo disfrutar de esas conexiones. Pero el arte conceptual desprecia esta verosimilitud.
Javier Viver abrió a Nuestro Tiempo las puertas de su estudio-taller en Madrid, donde conviven obra propia y ajena. ¿Qué cambios produjo esta reflexión en su obra? Intenté partir de una serie de elementos a los que todo el mundo pudiera acceder. Generar un primer conocimiento en el reconocimiento de lo representado, porque, si no entiendes una obra, crees que te están tomando el pelo. Pero si tienes una entrada a través de la representación puedes acceder ya a otro mundo. Es, entonces, un acceso progresivo. Sí. Y el barroco lo hace hasta la sublimación, con representaciones muy directas y a la vez muy complejas, recubiertas con un plano intelectual muy serio a través de los símbolos y de las alegorías. Cuadros como Las meninas o Las hilanderas tienen una complejidad tremenda. Pero todo el mundo ve al perrito o cómo está jugando la infanta, y le parece fascinante. Lo que usted veía en el arte contemporáneo es que la puerta de acceso se estrechaba. Para entrar en la contemplación del planteamiento excesivo de las vanguardias se necesita una educación estética muy
sofisticada. Eso es lo que pretendió, por ejemplo, el constructivismo ruso en plena revolución comunista. Y fue un fracaso. Era excesivamente elitista y, como contrapunto, triunfó el realismo socialista. Pero cabe la posibilidad de un arte que sea más universal, con un acceso general. En el ámbito de la imaginería, en concreto, no queda otra. Tienes que partir de ahí, porque tu intención es ser popular. Quieres llegar a mucha gente y plantear el acceso a lo invisible, a lo sobrenatural, a través de lo visible, de las cosas más tangibles. Cuando dice «mostrar lo invisible», ¿se refiere a lo religioso? No, no solo. Lo religioso es una parte de todo eso que conocemos como misterio. Pero lo invisible son las últimas preguntas: ¿Qué estamos haciendo aquí? ¿Qué hay después de la vida? ¿Qué anhelo tenemos, casi como un recuerdo vivo, de felicidad, de belleza, de justicia, de paz, de armonía? ¿Todo eso de dónde viene? Yo no entiendo el arte como un lugar de expresión de lo que vemos. Debe alejarse del empirismo para, a través de una
experiencia sensorial, llevarnos a una región que es invisible, en la que hay más preguntas que respuestas. O sea, partir de lo sensible para llegar a otra realidad invisible. Se trabaja con colores, volúmenes, formas, cosas tangibles. La religión, curiosamente, también funciona con imágenes, con sonidos, con formas: ritos sensoriales que te llevan a lo sobrenatural. Eso se sublima en el cristianismo, que asume la encarnación: el Dios invisible al que nadie ha visto jamás de repente toma un rostro humano. La encarnación es como una performance artística de una intensidad bestial. Por eso, entre el arte y la religión siempre ha habido una conexión tan grande. La mayor parte del arte de todas las épocas se ha hecho para expresar los sentimientos religiosos. El arte secular, que ha intentado desconectarse de lo invisible, es una rareza histórica. Tanto en la religión cristiana como en el arte que defiende hay, de alguna forma, una vuelta al cuerpo. Por eso decía Juan Pablo II que «el cuerpo y agosto 2025 Nuestro Tiempo —29
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solo el cuerpo es capaz de hacer visible lo que es invisible». La teología habla de la realidad sacramental: las cosas significan lo que representan. Obran lo que representan. En un plano distinto, esto es lo que produce el arte: hace presente lo que representa. Al final el arte no es más que una puerta a otro lugar. Es un instrumento para hacer ese tránsito. Marcela Duque contaba en una entrevista —lo han dicho también otros poetas— que, conforme escribe, sus poemas cobran vida y le indican por dónde seguir. ¿Cómo reconoce cuándo y cómo tiene que dejar espacio a la obra para que crezca fuera de usted? Al final de su vida, Matisse decía que, en el momento en el que él estaba trabajando, alguien venía y completaba la obra. En esas situaciones, el artista trabaja en un estado de gracia. También desde la teología se entiende la creación artística como un don divino y, hasta cierto punto, la experiencia del artista es que hay muchas cosas que le desbordan, que no controla. La creación es la capacidad humana más divina: tenemos la posibilidad de crear como lo hace el Creador. George Steiner, en Presencias reales, sostiene que es imposible la creación artística si no hay Dios. Y eso un artista lo vive: hay cosas que le exceden y que son incontrolables, que no tienen que ver con un proceso racional. La obra como tal desborda la capacidad del autor. Esto también sucede cuando una pieza se contempla e interpreta.
necesita de una conciencia creadora que la acepte y las incorpore a su propuesta. ¿Cómo volvió a lo religioso? A través de un fotolibro que tuvo mucho éxito y recibió el Premio Nacional al Mejor Libro de Arte, que es Révélations (2015). Investigando, me encontré con una iconografía muy enciclopédica de un hospital psiquiátrico de París (La Salpêtrière), en plena época ilustrada (18751918), en la que se hacía una taxonomía de todas las enfermedades que atentaban contra el progreso: las enfermedades psiquiátricas, que son como el gran enemigo de la razón. Esas personas no posaban, simplemente estaban sufriendo y les hacían una foto médica para archivar y conocer las enfermedades. Pero ahí lo que está en juego es que, si quitas toda esa parte clínica, lo que tienes es una iconografía. De hecho, los volúmenes originales se llamaban Iconographie de La Salpêtrière. La iconografía es un atributo que siempre se ha utilizado para lo religioso. Todos esos gestos proféticos, de anuncios, de actitudes relacionadas con la historia de la salvación a través del sufrimiento, la pasión, la muerte, la resurrección, todos los éxtasis, las flagelaciones, las crucifixiones, los estados de gloria en los que el cuerpo se eleva, todo eso aparece ahí, en la Iconographie de La Salpêtrière.
«La encarnación es una performance artística de una intensidad bestial. Pero se queda algo del propio artista, Entre arte y religión hay ¿no? una conexión enorme» La obra no puede realizarse si no es a partir de una conciencia absolutamente única. Eso es lo que pone el artista. Por eso, la inteligencia artificial nunca puede superar a un humano: no tiene la conciencia primigenia que levanta ese proceso. Podrá llegar a ofrecernos soluciones mil veces más acertadas, mejores, pero 30—Nuestro Tiempo agosto 2025
«La obra como tal desborda la capacidad del autor. Esto también sucede cuando una pieza se contempla e interpreta»
Encontró la intersección. Todo eso me dio pie para hacer un proyecto en el que la imaginería se alimenta de ese tratado de pasiones documentales, que es la Iconografía de La Salpêtrière. [Viver seleccionó las imágenes, las clasificó, las cruzó con otras para marcar significados]. Eso produce un libro increíble, el proyecto más duro que he hecho en mi vida, pero que tiene muchísimo interés porque las imágenes de esos retratos, de esos cuerpos, descubren trozos de verdad, puros y nítidos. Ahí no hay nada idealizado ni estetizado. Hay una conexión directa con el rostro. Sí, todo el mundo conecta con ese libro. Uno no puede quedarse indiferente, porque hay belleza en los cuerpos aunque estén rotos. Hay quien no puede seguir leyéndolo y lo cierra. Otros se ponen a llorar. Pero afecta a todo el mundo. Para mí fue un descubrimiento de cómo esos dos planos que me había planteado —el del arte contemporáneo más profano y el sacro— confluían. Sucede lo mismo en la Mujer de Lot. En esa escultura, hecha con sal, se mezclan lo contemporáneo-efímero con lo clásico en su referencia más religiosa. Sí, incorporé al plano secular de un museo esa imagen que pertenecía al ámbito religioso. Y resulta que funcionaban perfectamente, porque esto es como el lenguaje: dependiendo del contexto, de las palabras que rodean a unas palabras, la frase tiene un sentido u otro. Aquí sucede algo parecido. La Mujer del Lot, que forma parte de un relato bíblico, habla de no mirar atrás. De pasar página, de enfrentarse a lo que está por venir. Para el pueblo judío, es un recordatorio de que tienen que estar en continuo movimiento hacia la tierra prometida, que no pueden acomodarse hasta el punto de quedarse petrificados; de que si miran atrás debe ser como un retrovisor que les permita seguir
hacia adelante. Y eso es una actitud que tiene mucho que ver con el arte contemporáneo, sus descubrimientos y la relación con la tradición. Esa obra se puede leer como la contemplación de unas ruinas contemporáneas. ¿El arte recupera relatos antiguos para hacerlos presentes? Entiendo el arte como narración. Yo quería hacer una estatua de sal, con los problemas técnicos que implica tallarla como una piedra. Pero esas dificultades me permitieron toda la poética de los materiales: la sal pura es muy frágil para hacer una estatua de seis metros. Eso aporta unos componentes muy hermosos y significativos a la contemplación estética. Pero también tiene, por eso mismo, unas connotaciones que hablan de una serie de principios, de conceptos. Sería imposible contar el mensaje sin la materia, que es el medio y en la medida en que cambia la tecnología, cambia el arte. Lo formal y sensorial están al servicio de la narración. Todo forma una unidad. Usa modelos para las vírgenes y los cristos. ¿Lo hace para distanciarse de su obra? Tomar distancia es especialmente importante en el ámbito imaginero porque tienes que generar algo que pueda volverse universal. Lo que representas pertenece a otra realidad distinta de la tuya, con la que puedes empatizar, pero que te excede en sublimidad. Eso solo se consigue inventando estrategias de distanciamiento. Es un tema recurrente en la teoría del proceso creador. Necesitas distanciar las cosas, extrañarlas, separarte de la realidad. En definitiva, con eso lo que consigues es que esa imagen que estás creando no sea tu propia proyección de la realidad. Es un proceso contradictorio, porque de una parte intentas acercarte lo máximo para conectar con el espectador, para hablar de sus cosas, de sus usos,
La referencia al cuerpo y a la carne es una constante de la imaginería de Javier Viver. Se ve, por ejemplo en la Madre de Hakuna, que muestra a la Virgen embarazada, o en los brazos traspasados del Corazón de Jesús de Boadilla. de su forma de vestir, de su forma de entender la realidad, de cómo acepta el cuerpo, cómo entabla una relación espacial... En la tradición mística española y mediterránea, el encuentro con lo sobrenatural se da a través de imágenes de lo encarnado. Pero también hay un proceso de alejamiento para que la imagen se separe de lo que es la propia realidad. Nosotros lo hacemos a través de la monocromía y las actitudes, las poses, los gestos. De ese modo, las imágenes resultan muy cercanas, muy humanas y a la vez muy sobrenaturales, y te conectan con algo que no es de tu mundo. Usar el cuerpo humano como molde para separarse de la obra ya lo hacía Yves Klein en sus Antropometrías: no pintaba él, sino que embadurnaba otros cuerpos de pintura para que fueran ellos quienes tuvieran contacto con el lienzo. Resulta alucinante, en el arte contemporáneo, la incorporación de la huella como un contacto directo. La fotografía y el cine son huellas directas de la naturaleza, de lo que tienes delante, en una película emulsionada. Lo que se queda grabado es una especie de contacto di-
recto, a través de la luz, entre el objeto y la película. Todo el arte de mayor interés plantea un contacto directo, o sea, la imagen provocada sin la intervención de la mano del artista. Y eso es exactamente lo que plantean los pintores de iconos. El origen de la tradición iconográfica —por lo tanto, imaginera también— es el artista que quita su gesto personal para que aparezca el verdadero rostro de lo sobrenatural. Eso tiene su origen en una reliquia del rostro de Cristo. La Sábana Santa. La Síndone de Turín es una de las reliquias que provocó todo ese desarrollo artístico. Es una imagen que supuestamente ha sido grabada sin la intervención de la mano del artista. Los pintores de iconos lo que hacen es copiar esa imagen, ese rostro, utilizando espiritualmente el mismo proceso: hacer algo que no tenga la huella personal, sino que refleje eso que ha sido la impronta del Dios encarnado, humanado, y que ha dejado un rostro. Todo el planteamiento de la iconografía es elaborar unas técnicas, unos procesos, para quitar el gusto personal y que ahí se produzca una hierofanía, la manifestación de lo sagrado. agosto 2025 Nuestro Tiempo —31
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EL MÁS GRANDE
El Corazón de Jesús de Boadilla Eso, como planteamiento estético, es de una importancia tal que generó en Occidente un arte nuevo. Recogió una tradición griega que pintaba a los dioses con cuerpos humanos, y la llevó a la plenitud. Se produjo una cultura nueva basada en dos conceptos: la palabra y la imagen. El descubrimiento de la fotografía añade la incorporación, de nuevo, a través de la huella humana, de toda esa estética y espiritualidad del icono. En palabras más sencillas: cuando trabajas con un modelo, estás trabajando con una huella que remite en sucesivas cadenas al primogénito, al que se puso de modelo para ser modelado en ese primer cuerpo de un hombre y una mujer, de Adán y Eva. Con lo cual, siempre, detrás de cualquier rostro, nosotros llegamos al rostro de ese primogénito. Entonces sucede que, a diferencia de lo que decían los bizantinos, la anatomía, la perspectiva, todo eso no entraña un decremento de lo espiritual, de lo sobrenatural, sino que se convierte en el cauce natural por el que puede desarrollarse. Entonces, cuanto más humano, más divino. Ese es el asunto. San Francisco provocó una revolución espiritual que luego, culturalmente, se desarrolló con Giotto y los que vinieron después. En ese momento ya hay una plena asunción de que lo humano es el ámbito de lo sobrenatural y, por lo tanto, cuanto más humanos, más sobrenaturales. Se rompe así la división entre lo corporal y lo espiritual, entre lo sobrenatural y lo natural, entre lo humano y lo divino. Nt
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El último proyecto de Javier Viver es un monumento al Sagrado Corazón de Jesús en Boadilla del Monte, localidad cercana a Madrid. Este encargo de una asociación civil de devotos será, cuando se termine en 2030, la escultura de Cristo más grande del mundo. Se elevará hasta los 37 metros de altura —la de Río de Janeiro alcanza los 36— y tendrá 60 metros de envergadura. Para sustentar esta estructura, el tronco y la cabeza del Cristo serán de hormigón armado y los brazos, de fibra de carbono. En su interior, el visitante podrá tener, según cuenta Viver, una «experiencia multisensorial» de ese corazón resucitado. Desde fuera, podrá observar las huellas de su Pasión, mapeadas desde la Síndone de Turín. Y su costado abierto, por el que entrarán los primeros rayos de luz del amanecer e iluminarán directamente el corazón dorado: un sagrario de dos metros y medio situado en el interior. Al recibir los rayos, el tabernáculo descenderá hasta el suelo, hasta los hombres, por un mecanismo de poleas. De esta forma, el visitante podrá tener una experiencia directa de él: reposar su cabeza, como lo hizo san Juan, y escuchar su latido, palpar su pulso, abrazarle, adorarle. No era así inicialmente. El corazón iba a estar fijo en su posición anatómica. Sin embargo, unas carmelitas descalzas a las que Viver les mostró la maqueta le corrigieron: «Esto hay que cambiarlo. Es el corazón de Jesús el que baja a los hombres y no al revés». Aunque ya poseen los permisos para edificar en un terreno —público, cedido por el Ayuntamiento de Boadilla— situado junto a la M-50, la ciudad financiera de Boadilla del Monte y la M-501, el proyecto, que costará 17 millones de euros y se financiará íntegramente mediante donaciones, está todavía en una fase de recaudación de fondos. El propio Viver ha donado su diseño a la asociación de devotos. Cuando se cubran los gastos de la obra, entre el 10 y el 60 por ciento de las donaciones se destinarán a obras de misericordia. Se puede encontrar más información en corazondejesusboadilla.org.
1 El monumento alcanzará 37 metros de altura y 60 de envergadura, con la herida del costado orientada al sol naciente. 2 La estructura usará hormigón armado en el torso y fibra de carbono, más ligera, en los brazos. Eso permite alcanzar la anchura colosal. 3 El monumento ofrecerá una experiencia inmersiva donde la luz solar atravesará las heridas de la Sábana Santa.
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4 El corazón sagrario dorado de 2,5 metros descenderá cada día mediante un sistema de poleas para permitir su adoración. agosto 2025 Nuestro Tiempo —33
AHORA BIEN Enrique García-Máiquez
Juventud, divino tesoro
Naturalmente, si se ponen las cosas difíciles, a bastantes alumnos les costará seguir la clase o acabarse el libro o entender la filosofía. Pero piensen ustedes en la alternativa que ofrecemos. Algo tan aguado y poco significativo que no logrará entusiasmar a nadie. Menos que a nadie, a los que lo entiendan, que serán, sí, muchos más, pero peor, porque entenderán, además, que hay ahí, ay, aire y muy poca sustancia. Aquellos que hubiesen disfrutado de lo arduo y verdadero son los primeros que ahora se desinflan. La facilidad los entumece y les desinteresa. Los que no hubiesen entendido o disfrutado de lo verdadero, al menos, habrían entendido que hay cosas valiosas que exigen un esfuerzo y una atención para disfrutarlas. O sea, que habrían entendido mucho más que ahora. Encima, se activa un círculo vicioso. Los adultos, condescendientes, como los ven apáticos, aligeran aún más sus propuestas, sin caer en la cuenta de que están apáticos, precisamente, por la ligereza frívola de las propuestas. Y como la vida sigue siendo difícil y se ha puesto Se expande un paternalismo que es realmente peor, se la complicamos en cómodos plazos para cuando un abuelismo y consiste en considerar que dejen de ser jóvenes. Les adosamos a los bajos de su biografía una bomba lapa temporal. todo lo grande es demasiado arduo y exigente Esto va acompañado de una adulación continua. Se les para los jóvenes. pone fácil y, además, se les aplaude muchísimo lo mínimo. Para colmo, la gente nos parece demasiado mayor demasiado L FINAL NO voy ni a añorar la mía, a pesar de lo pronto y vamos pidiendo rostros jóvenes para ocupar las primeras filas de casi todas las actividades, de la política a la litelejana que anda, sino a agradecerla. La que da más ratura. Detecto que ese afán por colocar a jovencitos en todas melancolía es la juventud de ahora. Y no por ellas y ellos, tan guapos todos. Se merecen mucho más. Lo partes tiene un interés espurio, porque son más fácilmente manipulables por los que siguen manejando el cotarro, pero malo de la juventud de ahora somos (o son), sobre se les anima al conflicto generacional para tenerlos entretetodo, los mayores. Qué empecinados estamos en nidos mientras tanto. También se esquilma con esto el divino empequeñecérsela y en caramelizársela. tesoro de la juventud, que incluía el oro del respeto a los maComo pensamos que son incapaces de seguir una yores, que era de ida y vuelta, de enseñanza y aprendizaje. argumentación, acortamos el número de palabras de los El juvenilismo, como explicaba Julián Marías, esconde artículos. Agrandamos la letra. Añadimos dibujitos. En vez otra trampa mortal. Se les instala una segunda bomba lapa. de obras maestras de la literatura, les ofrecemos contenido Muy pronto —el tiempo vuela— dejarán de ser jóvenes y audiovisual y versiones —gato por liebre— adaptadas. entonces se encontrarán con un ideal caducado y sin una Les gamificamos la historia. Sentimentalizamos el dogma. formación seria. Ponemos musiquilla a las grandes ideas. A los jóvenes urge respetarlos al modo del Edulcoramos con testimonios personales LA PREGUNTA DEL AUTOR director de aquella escuela ecuatoriana: sin cada verdad que se les ofrece a medias. bailarles el agua. La vida es una aventura, Impostamos la voz, como cuando se ¿No estaremos secando los y cualquier aventura sin pruebas difíciles habla con bebés, pero diciendo «guay» y manantiales de montaña y trances duros no es una aventura: es una palabrotas de diseño. Creemos que hay que a base de bailarles tanto el excursión o un videojuego. Propongamos simplificarles lo complejo, aligerarles lo agua a los jóvenes? ideales altos, estudios exigentes, lecturas profundo, ahuecarles lo denso. Como no enriquecedoras. Que los jóvenes se leen poesía, ¡démosles rap! enorgullezcan de sí mismos. Los mejores se Recuerdo algo que me contó el filósofo alegrarán y los que todavía no lo son serán Gregorio Luri. Iba a dar una conferencia mejores, y se alegrarán. a los alumnos de un colegio de un país hispanoamericano, creo que Ecuador, en Enrique García-Máiquez [Der 92] es poeta una zona bastante deprimida. Recibió un y ensayista. @EGMaiquez correo del director del centro: «Solo le pido @NTunav un favor: respete a nuestros alumnos, no Opina sobre este asunto en X. se lo ponga fácil». Ese director estaba en el secreto. Esos alumnos estaban de suerte.
A
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Entre el cielo y el asfalto, una generación de creadores nacidos a partir de los años ochenta tatúa la piel de los barrios en cualquier rincón del planeta. Desembocaron en el arte urbano tras salir de la clandestinidad del grafiti y desde hace una década despiertan medianeras olvidadas con sus monumentales escenas. A través de un lenguaje artístico universal de gran belleza, cuentan historias capaces de tejer conexiones profundas con su entorno. Las páginas de Nuestro Tiempo invitan a recorrer este bulevar imaginario y dejarse fascinar por algunos de los mejores murales del mundo. En camino hacia su quinta edición, los premios que otorga Street Art Cities, una comunidad digital que aúna en la actualidad a más de 660 artistas de un centenar de países, se consolidan como el mapa interactivo de mayor influencia para buscadores de tesoros callejeros. texto Ana Eva Fraile [Com 99] fotografía Street Art Cities
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Grandes temas Del grafiti al atelier callejero
Cristóbal Espinosa (Maipú, Chile, 1990) todavía se nubla al pensar en el tiempo perdido. Estudió Ingeniería Comercial [ADE] y trabajó en una consultora. En búsqueda de sentido, comenzó a colaborar con varias ONG; quería aportar valor a la comunidad. Mientras ayudaba a artistas callejeros lavando brochas en una jornada de muralismo, comprendió su impacto social e imaginó lo bacán que habría sido seguir este camino. Con 27 años, pausó la rutina y mochileó varios meses por Sudamérica. Para costear el alojamiento, pintó un primer mural en Guayaquil (Ecuador). Después llegaron otros en hostales de Perú y Colombia. A su regreso, ahorró un colchón de plata para empezar de cero. Con mucha disciplina —dedicaba ocho horas al día a bocetear—, aprendió de forma autodidacta sobre dibujo, color, composición. Retomó los lápices de grafito con los que de niño replicaba aves de las enciclopedias y personajes de Dragon Ball Z. Desde que en 2018 se estrenó pintando en la calle, visibiliza causas sociales y ambientales ligadas con referencias literarias (su seudónimo alude a Pessoa). Una obra que habla de la Fugacidad —de los afectos y la lluvia— le abrió las puertas del Perla Mural Fest, donde representó el mestizaje cultural. 38—Nuestro Tiempo agosto 2025
fotografía: roberto pulzoni (street art cities, best of 2024)
Quién: Cristóbal Persona. Cuándo: 30 de agosto de 2024, con motivo del Perla Mural Fest. Dónde: Fene (Galicia, España). Cuánto: 17 x 10 m. Nueve días con jornadas de hasta doce horas. Premio: Primer puesto en la categoría mejor mural del mundo de 2024.
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fotografía: tiny tim (street art cities, best of 2024)
Quién: Martín Ron. Cuándo: 23 de septiembre de 2024. Dónde: San Nicolás de Los Arroyos (Buenos Aires, Argentina). Cuánto: 30 x 16 m. Tres semanas de trabajo con ayuda de dos asistentes. Premio: Tercer puesto en la categoría mejor mural del mundo de 2024.
En la biblioteca de la casa donde creció Martín Ron (Caseros, Argentina, 1981), había, al alcance de las manos de un niño de cuatro años, unos libros grandes y pesados. A escondidas, pasaba horas y horas contemplando, tratando de descifrar, aquella colección sobre Los genios de la pintura. Ese encuentro precoz con Miguel Ángel, Rafael, Tiziano, Caravaggio, Velázquez, Rembrandt, Degas... encendió en él la inquietud por aprender a pintar. Entre los siete y los quince años, cada sábado caminaba dos cuadras para recibir clases en el taller de la profesora Betty. Y a los dieciséis llegó su primer contrato: decorar con murales el jardín de infantes de su colegio. Al terminar secundaria, censuró el sueño de estudiar Bellas Artes y se decantó por carreras con más futuro. Sin embargo, sus tentativas —Ciencias Económicas, Diseño Industrial y Gestión de Arte y Cultura— acabaron en falso. La pintura siempre le acompañó, aunque tardó en verla como un oficio. Cuando tenía 30 años, la Municipalidad de Tres de Febrero (Gran Buenos Aires) le convocó para dirigir un programa de arte urbano, y la experiencia legitimó su despegue profesional. Su nombre —nunca firma con seudónimo— se inscribe hoy entre los mejores muralistas contemporáneos, y sus obras no han dejado de aparecer en las selecciones de Street Art Cities desde la primera edición, en 2021.
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Grandes temas Del grafiti al atelier callejero
Quién: Sfhir. Cuándo: 20 de agosto de 2023, con motivo del Perla Mural Fest. Dónde: Fene (Galicia, España). Cuánto: 700 metros cuadrados. Seis días de trabajo con ayuda puntual de dos asistentes. Premio: Primer puesto en la categoría mejor mural del mundo de 2023.
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Durante las vacaciones del 95, un chaval de Alcorcón grafiteó, de un solo trazo, el nombre de Hugo Lomas (Madrid, 1980). Él siempre había disfrutado dibujando, pero ese verano salió de los márgenes de sus cuadernos y se lanzó, voraz, a las calles. Rubricó hasta la Torre Eiffel con un rotulador. En el instituto, el conserje le cazó estrenando firma: Devil. Antonio Lancho, uno de sus profesores, convenció al director de que no le expulsara tres días e ideó otro castigo: le prestó un libro sobre los orígenes del grafiti en Estados Unidos en los años setenta, y le pidió que diseñara a conciencia un boceto para repintar la pared. Devoró aquellas páginas donde conoció la obra de Dondi (Nueva York, 1961-1998), Lee Quiñones (Ponce, Puerto Rico, 1960) o Zephyr (Nueva York, 1960), que inspiró su bautismo artístico como Sfhir. En una de las fotografías leyó una inscripción en un tren que ha bombeado su pulso creativo desde entonces: «Solo sé que no puedo parar». Estudió Informática y ganó una pasta con la programación. Pero era infeliz. A los veintipico colgó la corbata para acompasar trabajo y pasión. En junio de 2023, cumplió su último gran sueño: 95 Art Gallery, un antiguo almacén de Carabanchel transfigurado en taller y templo de arte urbano. Grafitis, murales, esculturas... Es un explorador insaciable que juega con fuego, luz y anamorfosis. En la medianera de Fene, se valió de una hidrolimpiadora para enriquecer el fondo con veladuras. Y ha logrado un efecto visual único cuando los ventanales que componen los trastes del violonchelo se iluminan al paso de los vecinos.
fotografía: tiny tim (street art cities, best of 2023)
UNA VIOLONCHELISTA DE FENE
agosto 2025 Nuestro Tiempo —43
Grandes temas Del grafiti al atelier callejero
Quién: Slim Safont. Cuándo: 4 de diciembre de 2024, en el marco de la iniciativa autonómica MurMurs. Dónde: Vilanova i la Geltrú (Cataluña, España). Cuánto: 14 x 6 m. Dos semanas de trabajo. Contó con la ayuda de un asistente tres días. Premio: Segundo en la categoría expert spotlight de 2024. Nil tiene miedo a las alturas, pero, cuando asciende hasta los cincuenta metros, este no es el único fantasma que le visita. Durante varias semanas, de sol a sol, una plataforma de entre 4,5 y 16 metros cuadrados se convierte en su refugio. Y un muro es su mundo. Antes de que amanezca afronta, con responsabilidad y angustia, el momento de las grandes decisiones: qué cimas conquistará esa jornada, qué utillaje podrá cargar, cuándo regresará al campamento base. En una aventura propia de un coloso, sabe que las consecuencias de cualquier error pueden multiplicarse por diez. «Trabajar a gran escala supone una lucha, sobre todo, contigo mismo. Con tus miedos, tu estado de ánimo, tus dudas, tu exigencia, tu autoconfianza… 44—Nuestro Tiempo agosto 2025
He conocido cosas de mí que nunca había visto», confiesa Nil Safont (Barcelona, 1995) a Rebobinart, una entidad especializada en el desarrollo del arte urbano. Estos proyectos exigen fortaleza, tanto física como psicológica. Con el tiempo, ha aprendido a confiar en las máquinas elevadoras y a focalizarse en las manchas de color para ahuyentar a las sombras. Lo que sí puede frenar su tarea son las adversidades, como una tormenta inoportuna o ráfagas de viento que hagan zozobrar la plataforma. En el plano técnico, el traspaso de la escena de un soporte tradicional a la fachada de un edificio plantea el desafío más complejo. Pero él libra esta batalla contra las proporciones siguiendo de manera rigurosa cada paso de su método, vertebrado por una cuadrícula. Mientras los vecinos apuntan con la nariz al cielo para no perderse sus avances, la mirada
del artista salta en bucle de varias fotografías que sujeta con la mano izquierda a la brocha de punta redonda que baila con la derecha. Entre cubos de agua, rodillos, cubetas para mezclas y botes de pintura, sus movimientos fluyen con la precisión de un coreógrafo: ayudado de una pértiga, se elonga sobre la superficie buscando mejorar la expresividad de un gesto, y se agacha después para escurrir un pincel. Pinta con todo el cuerpo. Al terminar la jornada, su sudadera, antes gris cemento, recuerda a la paleta de colores de Sorolla. Al igual que Cristóbal Espinosa, Martín Ron y Hugo Lomas —la crew que Nuestro Tiempo reúne en estas páginas gracias a Street Art Cities—, Nil Safont aprendió en las calles. Con doce
años empezó a escribir firmas o tags. La música del rapero estadounidense Eminem, también conocido como Slim Shady, le acompañaba en sus noches de grafiti. Tan reflejado se veía en sus letras que decidió homenajearle desde el alias: Slim Safont. Su paso por la Facultad de Bellas Artes le descubrió un abanico de lenguajes artísticos y se orientó hacia el realismo social. En De los primeros en llegar hasta hoy, retrata a Ainhoa, que vive en el barrio de Sant Joan de Vilanova i la Geltrú. La joven sostiene una fotografía capturada en los cincuenta, cuando las primeras familias llegaron a los blocs anhelando un futuro mejor. Con sus recuerdos de infancia, los vecinos ayudaron a gestar el diseño, que celebra la resiliencia, la diversidad, la acogida. Como reconocen
en un documental, Nil ha inmortalizado el espíritu comunitario en un solo gesto que conecta el pasado con el presente. A través de sus obras, aquellos que fueron enemigos públicos dan muestra del poder del arte para impulsar el cambio social. Sus trazos no solo embellecen el paisaje urbano, sino que abrazan la memoria, apuntalan la identidad, zarandean la conciencia y avivan el diálogo en torno a las preocupaciones de nuestro tiempo. Desde hace más de una década, el muralismo a escala de gigante ha arraigado en la escena contemporánea como un testimonio vivaz de nuestra humanidad compartida que, en palabras de la galerista Yasha Young, «trasciende las fronteras de la cultura para llegar al alma de las personas de todo el mundo».
fotografía general: © air masdeu drones fotografías apertura y detalles: nil safont (street art cities, best of 2024)
Nt
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Grandes temas Pensar el malestar con esperanza
EL MISTERIO BYUNG-CHUL HAN El New York Times lo llamó «el nuevo filósofo favorito de internet», aunque él abomina de la digitalización y de las no cosas que pueblan la nube. Byung-Chul Han (Corea del Sur, 1959) es autor de más de una treintena de libros desde 1996, en su mayoría ensayos aforísticos de cien páginas, más cercanos al haiku que a la monografía. Pero su crítica del mundo contemporáneo —la autoexplotación, lo digital, la positividad, la transparencia, la velocidad— no lo convirtió en best seller hasta 2010, con la publicación de La sociedad del cansancio. En 2025 ha recibido el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, y, a pesar de eso, su carácter esquivo ha conseguido que su biografía siga siendo, mayoritariamente, un misterio. En Alemania, donde vive desde hace más de cuarenta años, escribe en la sola compañía de sus pianos y su jardín. texto Víctor Maspons [Der Fia 25] ilustración Carlos Rivaherrera
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Grandes temas Pensar el malestar con esperanza
Han denuncia la autoexplotación del sujeto «las inactividades requieren mucho tiempo, una intensa pausa contempla- contemporáneo tiva. Son raras en una época en la que todo se ha tornado a corto plazo, tan de y el imperativo corto aliento, tan corto de miras. Las del rendimiento experiencias se rebajan a vivencias. Los sentimientos se empobrecen en la for- como causa de ma de emociones o afectos. No tenemos acceso a la realidad, que solo se revela sufrimiento psíquico a una atención contemplativa», escribe y agotamiento Byung-Chul Han en Vida contemplativa (2023), uno de sus 32 libros, en los que el filósofo observa las carencias de nuestro mundo. El imperativo del rendimiento ha permeado todos los ámbitos y ahora nadie nos explota, sino que nos explotamos a nosotros mismos. «La desaparición de las instancias externas de dominio no trae la libertad, sino que, más bien, hace que la libertad se identifique con la coerción hasta convertirse en autoexplotación. El explotador es al mismo tiempo el explotado», sentencia en La sociedad del cansancio (2010), el primero de sus libros que se tradujo al español, en 2012. Desde entonces, se ha convertido en un verdadero best seller. En este mundo hiperactivo —sostiene— se ha perdido el conocimiento en 48—Nuestro Tiempo agosto 2025
información, y la materialidad ha sido sustituida por lo digital, por las no cosas. Lo cual, a ojos de Han, empobrece la experiencia humana. «La digitalización aumenta el ruido. No solo acaba con el silencio, sino también con lo táctil, con lo material, con los aromas, con los colores fragantes, sobre todo con la gravedad de la tierra. La palabra humano viene de humus, tierra. La tierra es nuestro espacio de resonancia, que nos llena de dicha. Cuando
abandonamos la tierra nos abandona la dicha», escribió en 2019 en El País acerca de la experiencia de cultivar un jardín, una de esas inactividades que ha puesto en práctica para luchar contra las agonías de la sociedad moderna. «Durante tres años, establecí un jardín de floración invernal. También escribí un libro sobre ello titulado Loa a la tierra (2018). Mi interpretación como jardinero es que la Tierra es mágica. Quien diga lo contrario está ciego», cuenta en una entrevista con ArtReview. Byung-Chul Han no puede escapar de los males sobre los que escribe. «Como todos, me inquieto cuando no estoy conectado. Yo también soy una víctima. Sin toda esta comunicación digital, no puedo ejercer mi profesión, ni como profesor ni como intelectual público», se lamenta en una entrevista con Die Zeit. Aun así, hace lo posible por ir contra corriente a través de una vida lenta y apacible en el seno de su patria espiritual, Alemania, donde el pensador surcoreano se afincó hace más de cuarenta años y donde vive solo. alemán nacido en corea. En Berlín, Han habita entre un apartamento en el suroeste de la ciudad y una casa con jardín entre un bosque y un lago. En el piso tiene un piano Steinway & Sons y en la casa dos Blüthner. Según contó en El País, escribe tres líneas al día, porque es muy perezoso. Le gusta interpretar a Bach, a quien escuchó por primera vez en Seúl, en 1976, cuando su madre llevó unos discos a casa. Aprendió a tocarlo de forma autodidacta. «Cuando escuché por primera vez la Chacona para violín a los 17 años, tomé la decisión, aunque fuera de forma inconsciente, de que mi hogar espiritual sería el alemán y Alemania. Sin Bach, no habría venido a Alemania ni habría estudiado Filosofía», desveló en una entrevista con El Mundo. Disfruta en especial de las Variaciones Goldberg, y también de tocar las Escenas infantiles
«La digitalización aumenta el ruido. No solo acaba con el silencio, sino también con lo táctil, con lo material, con los aromas, con los colores fragantes, sobre todo con la gravedad de la tierra. La palabra humano viene de humus, tierra. [...] Cuando abandonamos la tierra nos abandona la dicha»
de Schumann. Su huida a Europa vino precedida de una vida en Corea del Sur. Nació en Seúl en 1959, en una familia de clase media, donde vivió hasta los 22 años. Se reconoce una «mutación»; su padre era ingeniero civil y no lo recuerda leyendo un libro. Ni a su madre. Desde pequeño, le apasionaban las radios y otros aparatos electrónicos. «Yo era verdaderamente un técnico entusiasta y pensador», confesó a Zeit Geist. Por eso, cuando fue momento de decidir qué hacer, se decantó por matricularse en Metalurgia en la Universidad de Seúl… pero, una vez graduado, se dio cuenta de que no quería dedicarse a los metales. «Me sentí como un idiota. Yo, en realidad, quería aprender algo literario, pero en Corea no podía cambiar de estudios, ni mi familia me lo hubiera permitido. No me quedaba más remedio que irme», agosto 2025 Nuestro Tiempo —49
explicó a El País. El sistema universitario de los ochenta en ese país era muy inflexible: cambiar de carrera implicaba abandonar la universidad y presentarse de nuevo a unos exámenes de acceso hipercompetitivos. Les contó a sus padres que se marchaba a Alemania a continuar su formación técnica. Incluso les mostró una carta de aceptación de la Escuela Técnica Superior de Clausthal-Zellerfeld. Aunque la verdadera razón de su partida hacia la patria de Bach era dedicarse a la literatura. En 1981, con 22 años y una licenciatura en Metalurgia, llegó a Heidelberg, una ciudad de 150 000 habitantes cerca de la frontera francesa, donde continúa la universidad más antigua del país. Enseguida se dio cuenta de lo difícil que resulta convertirse en germanista sin hablar la lengua. «Yo, que soy un romántico, pretendía estudiar Literatura, pero leía demasiado despacio, de modo que no pude hacerlo. Me pasé a la Filosofía. Para estudiar a Hegel la velocidad no es importante. Basta con poder leer una página diaria», confesó a El País. Antes de Heidelberg no había oído hablar de Martin Heidegger ni de Edmund Husserl. Uno de los datos más reseñables de la biografía de Byung-Chul Han es la ausencia de datos reseñables. Se ha labrado una cuidadosa identidad de filósofo discreto, casi huraño. Salvo en contadas excepciones, no concede entrevistas y, si lo hace, suelen ser por escrito. Un perfil tan discreto significa que no se sabe casi nada de su extensa etapa universitaria, que duró diecisiete años. Sus biografías suelen señalar que estudió Literatura —y también Teología católica— en la Universidad de Múnich y Filosofía en Friburgo, donde se doctoró en 1994, con 35 años. En algunas entrevistas ha llamado la atención sobre el significado de su nombre: Chul, en coreano, puede significar tanto metal como luz. Suele interpretar su paso de la ingeniería a la filosofía como 50—Nuestro Tiempo agosto 2025
una llamada nominal. En cualquier caso, después de esa forzosa elipsis formativa, Han reaparece como un filósofo maduro, autor de una tesis sobre el concepto del corazón en Heidegger. En el 2000 se convirtió en profesor de la Universidad de Basilea, en el cantón germanófono de Suiza, hasta 2012. En 2010, con más de medio siglo de edad, había publicado La sociedad del cansancio, el libro con el que saltó a la fama y que Herder editó en España. Vendió más de 300 000 ejemplares y se ha traducido al menos a doce idiomas. Los títulos más relevantes de Han han ido publicándose a razón de casi uno al año durante los últimos quince. Desde 2012 es profesor
Nuestras sociedades son víctimas de un exceso de «positividad». Se busca eliminar por completo toda fuente de dolor
de filosofía y estudios culturales en la Universidad de las Artes de Berlín. A los 66, es un nombre ineludible de la filosofía contemporánea. En Berlín, Han acostumbra a pasear por el Antiguo Cementerio de San Mateo, próximo a su apartamento. «La verdadera felicidad se debe a lo vano e inútil, a lo reconocidamente poco práctico, a lo improductivo, a lo propio del rodeo, a lo desmedido, a lo superfluo, a las formas y a los gestos bellos que no tienen utilidad y que no sirven para nada. Andar paseando parsimoniosamente, comparado con el caminar, correr o marchar hacia algún lado, es un lujo», escribe en Vida contemplativa. Cerca de allí, suele ir todos los días a una iglesia, pero entra cuando la gente sale. «Sí, soy católico», se sinceró con El País. A la pregunta sobre entrar en el seminario respondió enigmáticamente: «No lo descarto. Yo vivo al revés. Cuando la gente deja la Iglesia, yo entro». Una vez al año viaja a visitar a su madre y recorre los lugares en los que creció. «Allí están los aromas que me transmiten una sensación de hogar, me hacen sentir seguro. Y esa es mi casa después de todo: el hogar es el lugar donde pasaste tu juventud. Redescubro los olores de la infancia y eso me hace feliz», contó a El País. La herencia coreana se ve en su forma de
escribir, como si filosofara en haikus; con frases cortas y punzantes, y cuyo sentido se va revelando en su carácter repetitivo. «En mis escritos, de hecho, utilizo este efecto haiku. Digo: “Es así”. Esto crea un efecto de evidencia, que luego cobra sentido para todos. Un periodista escribió en una ocasión que mis libros son cada vez más delgados y que, en algún momento, desaparecerán por completo. Yo añadiría que mis pensamientos entonces impregnarán el aire. Todos podrán respirarlos», cuenta en ArtReview. la tonalidad del pensamiento. En la revista Filosofía&Co, el filósofo, traductor y editor Alberto Ciria describe el pensamiento de Han como una filosofía de la «afabilidad». La define como «una porosidad que permite que lo distinto se encuentre sin anularse»; esto es, consiste en «entrar en la esfera del otro sin anular su alteridad y, al mismo tiempo, invitar al otro a que entre en la esfera propia sin perder la intimidad». Y, en esta filosofía de la afabilidad, en la que fondo y forma se encuentran inextricablemente relacionados, salen a relucir varias nociones centrales que acompañan la obra del autor surcoreano. La primera es el rendimiento. Para Han, ya no vivimos en un universo disciplinario como el que describe Foucault, en el que nos encontramos explotados por otros. En la sociedad del rendimiento, cada uno se autoexplota para ser lo más productivo posible. Hoy, el fracaso y la derrota también son responsabilidad de
uno mismo. Y esto, a ojos de Han, es lo que conduce a la proliferación de enfermedades psíquicas. «La depresión se desencadena en el momento en que el sujeto del rendimiento ya no es capaz de poder más. Ya no ser capaz de poder más induce a hacerse autorreproches destructivos y autoagresiones. El sujeto del rendimiento está en guerra consigo mismo», asegura en La sociedad del cansancio. En La agonía del eros llega, incluso, a calificarla como una enfermedad narcisista en la que el enfermo «está agotado y fatigado de sí mismo. Carece de mundo y está abandonado por el otro». Esta primacía del rendimiento se debe, de acuerdo con el filósofo surcoreano, a que nuestras sociedades son víctimas de un exceso de «positividad». Se busca eliminar por completo toda fuente de dolor mientras que solo se valora lo que estimula los sentidos y causa placer. Por eso, para Han, el mundo contemporáneo es incapaz de la auténtica experiencia del amor. En La agonía del eros, por ejemplo, argumenta que la conversión del otro en un mero objeto sexual significa su desaparición. «El amor se positiva hoy para convertirse en una fórmula de disfrute.
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Grandes temas Pensar el malestar con esperanza
«La verdadera felicidad se debe a lo vano e inútil, a lo reconocidamente poco práctico, a lo improductivo, [...] a las formas y a los gestos bellos que no tienen utilidad y que no sirven para nada» De ahí que deba engendrar ante todo sentimientos agradables». Han ha levantado acta de la defunción del erotismo, la tensión, el enamoramiento y la herida, porque nos horroriza el dolor. Ese exceso de positividad se manifiesta en todos los ámbitos de nuestra vida: en el imperativo de la transparencia o en la primacía de la salud. Estas cosas, que a primera vista parecen ser buenas, las observa con recelo. La transparencia la ve como un síntoma de la pérdida de confianza entre las personas; la pérdida de «negatividad», esto es, la diferencia, la distancia, la incomprensión, las dudas, el dolor. El filósofo surcoreano considera que la «negatividad» es necesaria, porque saca a la persona de sí y requiere que uno haga un esfuerzo para conocer al otro. «Las cosas se hacen transparentes cuando abandonan
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cualquier negatividad, cuando se alisan y allanan, cuando se insertan sin resistencia en el torrente liso del capital, la comunicación y la información [...]. A la imposición de la transparencia le falta precisamente esta ternura, que no es sino el respeto a una alteridad que no puede eliminarse por completo», sostiene en La sociedad de la transparencia (2013). Respecto de la salud y el sufrimiento, Han considera que el capitalismo «absolutiza la supervivencia». La existencia, «despojada de toda trascendencia, queda reducida a la inmanencia de la mera vida, que hay que tratar de prolongar por todos los medios. La salud se erige en la nueva diosa», afirma en La sociedad del cansancio, no sin antes concluir que los hombres modernos «son demasiado vitales para morir y están demasiado muertos para vivir». ¿Es Byung-Chul Han un filósofo pesimista? «Mi objetivo no es contar una catástrofe del mundo, sino iluminarlo. Mi tarea como filósofo es explicar en qué tipo de sociedad vivimos. Cuando digo que el régimen neoliberal explota la libertad en lugar de reprimirla, o que el teléfono inteligente es el objeto devocional del régimen de la información digital, no tengo nada que ver con el catastrofismo. La filosofía es decir la verdad», concluye en ArtReview.
en el enjambre. Sin embargo, su éxito entre las masas no significa un consenso entre los intelectuales; todo lo contrario. Para Javier Gomá, filósofo y ensayista español, Han es la expresión suprema de la «vulgarización de la alta cultura», y el filósofo y columnista Diego S. Garrocho opina que, aunque tiene intuiciones buenas, «peca de banal», y que «en círculos académicos robustos está algo denostado», de acuerdo con un reportaje del diario ABC. Otra crítica voraz la encontramos en un artículo del periodista Alberto Olmos para Zenda, de septiembre de 2021, en el que, después de afirmar que «le ha pillado una gran afición» y que le «agrada su obra», cuenta que, mientras leía La salvación de lo bello (2015), se escandalizó. Cayó en la cuenta de que cada vez que Han escribe alguna frase interesante o presenta una idea que parece original, la acompaña de una cita de otro autor que, en realidad, dice lo mismo. «Han se apropia de la idea y relega al gran pensador a mero confirmador de su genialidad».
Por otro lado, está la cuestión señalada por Robert Wyllie y Steven Knepper, autores de Byung-Chul Han: A Critical Introduction (2024), de las generalizaciones y contrastes que Han hace en algunas de sus obras y que pueden ser engañosas. Por ejemplo, en un ensayo publicado en la revista The Philosopher, explican que la aseveración vertida en La sociedad del cansancio de que el paradigma de la disciplina ha sido completamente reemplazado por el del rendimiento no se comprueba en la realidad. La invasión de Rusia a Ucrania, las restricciones de la pandemia del covid-19 y la existencia de cárceles son algunos de los ejemplos de que este cambio de paradigma no es tan radical. Sin embargo, sostienen que Han es consciente de ello y en obras posteriores ha matizado su postura respecto a la existencia o no de la sociedad disciplinaria en la actualidad. Más allá de sus críticos, hay una paradoja en el éxito de las obras de ByungChul Han. Como señala un artículo del New Yorker acerca del filósofo, sus libros critican el excesivo consumo digital, pero también son compatibles con él. Sus
obras, caracterizadas por ser ensayos breves llenos de frases memorables, pueden ser utilizadas a la perfección para la publicidad y las redes sociales, en forma de reels y tiktoks. Sus escritos «pueden usarse como otro conjunto de ideas de moda para que los impulse el SEO y la gente los absorba en pequeños trozos», sostiene Kyle Chayka en el artículo. Son perfectamente adaptables al mundo del internet, de las no cosas que tanto critica, donde sus ideas calan y florecen con mucha naturalidad. Resalta la ironía según la cual «su trabajo viaja con facilidad por medio de esos canales que él detesta». Aunque no todo son críticas. También ha recibido elogios de otros intelectuales. Por ejemplo, el escritor Jorge Freire, en el mismo reportaje de ABC, considera que «su obra, compuesta de libros leves que obligan a una lectura lenta, es un gesto de desacato a un mundo dominado por el rendimiento y la alta velocidad». Yendo más allá, se atreve a afirmar que, «desde Foucault, ningún autor había logrado acercar las cuestiones de la alta filosofía al gran público». El periodista José Francisco Serrano Oceja tiene una opinión similar: «Aunque desconfío de los filósofos best sellers, Byung-Chul Han ha sabido, con su filosofía, desentrañar los males contemporáneos de un mundo contradictorio. La inspiración católica de su pensamiento no tiene nada que ver con la adscripción eclesial sino con su comprensión de la atención y la necesidad de la contemplación para surfear nuestro destino», explica. El 7 de mayo se anunció que ByungChul Han sería reconocido con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025. En el acta del jurado, se explica que se le concede este reconocimiento «por su brillantez para interpretar los retos de la sociedad tec-
nológica» y que «su obra revela una capacidad extraordinaria para comunicar de forma precisa y directa nuevas ideas en las que se recogen tradiciones filosóficas de Oriente y Occidente». Parece que, con sus aforismos, sus novedosos conceptos y su prosa sugerente ha ayudado a esclarecer la mirada de sus lectores. A sus 66 años, y después de este reconocimiento, podría pensarse que Han ha dicho todo lo que tenía que decir. Sin embargo, su última obra, El espíritu de la esperanza (2025), parece inaugurar una nueva etapa, una última sorpresa, según apunta el filósofo Alberto Ciria. Aunque el propio Han afirma que todos sus libros están inspirados por la esperanza, su ensayo más reciente reviste otro tono. Una actitud que se eleva por encima de los males actuales y busca, a pesar de todo, cultivar una mirada pura ante la novedad del futuro. «Solo por medio de la esperanza recuperamos una vida que es algo más que supervivencia. Solo la esperanza despliega el horizonte de lo que tiene sentido, un horizonte que revitaliza la vida, le confiere alas, incluso la inspira. Sólo la esperanza nos regala un futuro», sentencia el filósofo. Nt
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LUZ AJENA Marcela Duque
La vía franca de la amistad
mismo zalamero. Según Plutarco, el adulador puede parecer un gran amigo, «siempre servicial, diligente y animoso», cuando lo único que busca es que el amigo se sienta bien en todo momento. Esta especie de sentimentalismo es el modus operandi de muchas relaciones y está en la raíz de la preocupación constante por cómo nos perciben, las ansias por caer bien y gustar. Tendemos a pensar que nuestra amabilidad se mide por lo bien que hagamos sentir al otro. Sería el error de un cínico ver en toda alabanza, afirmación y gesto amable un acto de servilismo. Como dice Plutarco, «la divinidad, mezclando a nuestra vida la amistad, hizo todo agradable, dulce y querido, cuando ella está presente y participa de nuestra alegría». No puede haber amistad sin complacencia. El problema consiste en poner el placer por encima de la verdad. El pelota imita lo bueno de la amistad, falsificándolo. Esto lo hace también con la franqueza —a la «No puede haber amistad sin complacencia. El que los griegos llamaban parrhesia—, que Plutarco considera problema consiste en poner el placer por encima «el lenguaje propio de la amistad». El palmero hace que sus palabras más reprensivas parezcan sinceras, pero no buscan de la verdad. El pelota imita lo bueno de la el bien del amigo, sino parecer un buen amigo. El adulador — amistad, falsificándolo» sostiene Plutarco— frunce el ceño cuando, en realidad, está haciendo un guiño, y pretende ser incisivo cuando no hace OS ANTIGUOS SABIOS tenían una conciencia agumás que cosquillas. dísima del valor supremo de la amistad, y por eso La habilidad y oportunidad de hablar con franqueza ha supieron distinguirla tan bien de sus sucedáneos. sido desde la Antigüedad una de las nociones centrales Aristóteles, que escribió en su Ética a Nicómaco que en todas las comunidades que aprecian la libertad. En los términos subjetivistas de nuestro tiempo, se entiende la «sin amigos nadie querría vivir, aunque tuviera todos franqueza como el derecho a expresar lo que se piensa, los demás bienes», se justificó con esta delicadeza independientemente de la verdad. Sin embargo, para cuando criticó uno de los planteamientos de Platón, que era Aristóteles y Plutarco, la parrhesia es ante todo el valor su amigo: «Entre la amistad y la verdad, es una obligación y la confianza de poder decir la verdad sin miramientos. sagrada dar preferencia a la verdad». Esa máxima la aprendió de él, quien también escribiría que los miramientos debidos a Es el amigo el que está dispuesto a correr el riesgo de un hombre son siempre menores que los que deben tenerse a decir verdades que puedan herir, pero también el que sabe aprovechar mejor las ocasiones y circunstancias para usar esa la verdad. franqueza de un modo medicinal, que sea para el mayor bien Como la amistad auténtica es un bien arduo, hay muchas del otro. Plutarco escribió: «No necesito un amigo que se falsas amistades que tratan de ocupar su lugar, así que en cambie y asienta conmigo (pues mi sombra las palabras de Aristóteles podemos leer hace mejor esas cosas), sino que diga la también una distinción entre la verdadera LA PREGUNTA DE LA AUTORA verdad conmigo (sun-aletheuontos) y que amistad y uno de sus ídolos más comunes: me ayude a decidir (sun-epikrinontos)». En la adulación. Esta cuestión también interesó ¿Cómo distingues al ese prefijo repetido —sun, con— se entrevé a Plutarco, otro discípulo de la Academia adulador… cuando eres tú? la estrechísima comunidad que crean la platónica, que escribió Cómo distinguir verdad y el discernimiento: dos palabras que a un adulador de un amigo, una obra que no suelen estar en nuestro vocabulario de la hoy resulta iluminadora. ¿Tal vez nuestras amistad, pero que una relectura de Plutarco relaciones son solo palmaditas en la nos ayudaría a recuperar. espalda? No hay que pensar solo en los casos extremos de una pleitesía calculadora y Marcela Duque [Fia 12] es profesora en la Universidad Francisco de Vitoria y poeta. Ha escrito mendaz, en los que se busca halagar al Bello es el riesgo (2019), que le valió el premio Adonais, otro con el deseo de sacar una ventaja. Las @NTunav y Un enigma ante tus ojos (2024). formas de adulación que se disfrazan de Opina sobre este asunto en X. amistad son mucho más sutiles y pueden pasar desapercibidas incluso para el
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CAMPUS
millones de euros de superávit tuvo la Universidad en el curso 2023-24. Como es una institución sin ánimo de lucro, lo reinvirtió. 31,5 millones se destinaron a nuevos proyectos, como la adquisición de equipos médicos o la renovación de instalaciones deportivas.
NOS VISITARON CLARA MEDINA
ENRIC FERNÁNDEZ GEL
ENJU KO
LETICIA ESPINOSA DE LOS MONTEROS
[07.05.25 Máster en Cristianismo y Cultura Contemporánea] Cuando
[11.04.25 Alumni] Durante una hora, 750 estudiantes de último curso de la Universidad escucharon una clase magistral sobre Tales de Mileto, Sócrates, Nietzsche, Diógenes y Spinoza. ¡Y no se aburrieron! El filósofo Enric Fernández Gel [Fia 15], que fue quien pronunció la conferencia, sabe que las grandes preguntas siguen interpelando a los jóvenes. También a los que participaron en el evento «i» de Alumni, en el que se les dio la bienvenida a una comunidad de más de 140 000 antiguos alumnos. «La Universidad ha avivado en vosotros el deseo de infinito, ese fuego interior insaciable que os impulsa a no conformaros con lo superficial. No dejéis que se apague», les dijo Fernández Gel con la seguridad de un orador que tiene casi 700 000 seguidores en su canal de YouTube, Adictos a la Filosofía, y es autor del libro de divulgación ¿Hay filosofía en tu nevera? (Montena, 2023).
[28.05.25 ISEM Fashion Business School] La profesora Ko es
[03.04.25 Instituto Cultura y Sociedad] «Tenemos quizás la gene-
Hermana salesiana misionera de Cristo Pastor
el cielo se vino abajo sobre la provincia de Valencia en octubre de 2024 y se desbordaron los barrancos y los ríos, y el barro subió hasta los dos metros de altura y decenas de miles de familias lo perdieron todo, la hermana Clara Medina bajó al lodo en el barrio del Raval, en Algemesí. Coordinó a más de 600 voluntarios, repartió toneladas de alimentos y miles de litros de agua, logró establecer un servicio de atención domiciliaria a ancianos aislados y otro de acompañamiento psicológico y espiritual. En mayo, esta monja de 36 años recibió como reconocimiento a su labor el I Premio Impactun Cristianismo y Cultura Contemporánea, de la Fundación Impactun y el MCCC. Cuando recogió el galardón señaló el secreto de su trabajo: «No lo recibo como algo propio, sino como algo construido en comunidad». 56—Nuestro Tiempo agosto 2025
Filósofo y divulgador
Profesora de Marketing de Moda, Universidad de Yonsei
una de las académicas más reconocidas del mundo en la gestión de marcas de lujo y en el comportamiento del consumidor en la industria de la moda. Desarrolla su labor profesional como directora de ICONS, el Centro para la Sostenibilidad y el Bienestar de la Universidad de Yonsei, en Seúl (Corea del Sur). Enju Ko ha impulsado un Memorando de Entendimiento con ISEM Fashion Business School, y visitó la Universidad para firmarlo junto con Teresa Sádaba, directora de ISEM. Ambas se mostraron entusiasmadas: Ko dijo de ISEM que es «la mejor escuela de negocios de moda del mundo», mientras que Sádaba aseguró que, en el sector de la moda, «todo el mundo mira a Corea». Este acuerdo permitirá desarrollar proyectos de investigación conjuntos, intercambios académicos y foros internacionales.
Presidenta del Círculo de Orellana
ración con mayor número de mujeres formadas en ámbitos muy diversos, pero desgraciadamente existe un porcentaje muy bajo de mujeres que ocupen puestos directivos y estratégicos en las tomas de decisión», explicó Leticia Espinosa de los Monteros en su última visita a la Universidad. La presidenta del Círculo de Orellana —una fundación para visibilizar el talento femenino— firmó un convenio con la RedWINN, que reúne a varios grupos de estudios sobre la mujer en Hispanoamérica. Gracias al acuerdo, las expertas del Círculo de Orellana tendrán un papel destacado en los seminarios, clases y programas de mentoring de la RedWINN. Da continuidad a una colaboración iniciada el curso pasado, cuando, a partir de la publicación del libro Talento femenino y sociedad civil, se creó un programa de tutorías.
1600
alumnos y alumni participaron en la Feria de Empleo de la Universidad, donde se encontraron con 177 empresas. Fue la primera vez que, además del encuentro virtual, se realizaba de modo presencial en el campus de Madrid.
ALFOMBRA ROJA
EFEMÉRIDE
El Archivo General se digitaliza en su vigésimo aniversario El profesor de Historia Gonzalo Redondo (1936-2006) fue el primero que recopiló archivos personales en la Universidad: los de 142 personajes públicos. La creación del Archivo General hace veinte años permitió sistematizar ese trabajo y ponerlo a disposición de los investigadores. Ahora, el Archivo ha publicado en abierto Redondoc, un repositorio digital en el que se pueden consultar la mayoría de los 366 fondos personales que custodia la Universidad.
Entregar la vida al conocimiento En 1962, el catedrático de Derecho Natural Javier Hervada defendió la primera tesis doctoral que se alumbró en la Universidad de Navarra. Desde entonces, han sido más de ocho mil las personas que han seguido sus pasos: que se han entregado al estudio silencioso y a la investigación en las áreas más diversas del saber. El curso 2024-25 fue testigo simultáneo del primer paso y de la última piedra de varios centenares de estas trayectorias. En octubre se celebró la I Jornada de Bienvenida a Doctorandos, un encuentro en el que participaron 130 investigadores que comenzaban entonces su andadura en la Universidad. Ocho meses después, el 6 de junio, el Aula Magna envolvió la investidura de 181 nuevos doctores. Desde el blanco de la Teología al azul turquí de las Ciencias, las mucetas y los birretes de los nuevos doctores conformaron un tapiz
vibrante que convergió en el negro solemne de las vestes académicas de la rectora, María Iraburu. En su intervención se refirió a tres ideas concernientes a la vida del estudioso: la apuesta, lo personal —«Lo que se pone en juego es más que la dedicación de tiempo: es dedicación de la cabeza y el corazón, de la propia vida»— y el conocimiento, que, en la época de la inteligencia artificial, resulta el espacio de lo «específicamente humano». La madrina de la promoción fue la catedrática Carmen San Martín, de la Facultad de Farmacia y Nutrición. Recordó a los recién laureados que no se dejen seducir por el éxito aparente. «No se debe renunciar al descanso, a la familia y a cuidar de los amigos», les aconsejó. La doctora Carmen Basanta pronunció un discurso de agradecimiento en nombre de todos los que estrenaban birrete.
NOVEDAD
Preguntas perennes, nuevos formatos La Facultad de Filosofía y Letras ha publicado el pódcast Raíces y rumbos: historia, pensamiento y palabra. En sus catorce episodios, Carmen Baleztena [Filg Com 24] pregunta a los profesores de la Facultad acerca de cuestiones eternas (Ep. 8, «El rostro del mal: reflexiones sobre la oscuridad en el mundo»), antiguas (Ep. 10, «2100 años de la fundación de Pamplona») o futuras (Ep. 7, «Máquinas y mentes: promesas y rumbos de la inteligencia artificial»).
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CAMPUS
PUBLICACIONES
REPUTACIÓN
La Universidad es la segunda mejor de España según el ranking CYD —el más exhaustivo—, por detrás de la Autónoma de Barcelona. Destaca en particular en el área de Internacionalidad, donde ocupa el primer puesto; en Docencia — segundo— y en Investigación y transferencia, categoría en la que alcanza el bronce.
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Las enfermeras de la Clínica han logrado Magnet, el reconocimiento internacional de la American Nurses Credentialing Center. Es el primer hospital español en conseguir esta acreditación. Se trata de un sello que valora la excelencia de los cuidados de enfermería, la innovación clínica y la calidad asistencial. Magnet es el colofón de una década de trabajo estratégico en la que se han sistematizado los procesos y evaluado los resultados. El Cancer Center ha recibido la acreditación europea como centro de cáncer integral o comprehensive center. En España, solo el Vall d’Hebron Institute of Oncology había conseguido demostrar ese nivel en su actividad asistencial, investigadora y docente. Es el tipo de atención oncológica que la Unión Europea pide de cara al año 2030.
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1. Derribando barreras, de Apolinar Varela y Leyre Gambra, es un interesante recurso pedagógico —en especial para educadores, padres y entrenadores— para ayudar en la inclusión de personas con discapacidad intelectual a través del deporte. Cuenta con el apoyo de la Fundación Rafa Nadal. 2. Santiago Fernández Gubieda, director de la Unidad de Reputación, ha recogido en Sembrando la reputación los aprendizajes de nueve conferencias de primer nivel sobre el asunto. Para convertirse en un excelente dircom. 3. Después de cerrar su etapa profesional como directora del departamento de Cardiología en la Clínica Universidad de Navarra, la catedrática Isabel Coma ha encontrado un espacio estimulante en la ficción. En 2019 publicó su primera novela, El marido de Carlota. Ahora vuelve a las librerías con una dolorosa historia sobre el genocidio de Ruanda: La luna se tiñó de rojo. 4. El sentido del cristianismo, de Rafael Domingo Oslé, trata de articular una propuesta cristiana para una sociedad «muy espiritual, pero nada religiosa». En un ensayo sin ápice de nostalgia, Domingo apuesta por redescubrir la esencia —el sentido— de lo cristiano en Occidente. 5. En Cómo actúa el espíritu en el mundo, Javier Sánchez Cañizares, sacerdote, físico y teólogo, se enfrenta a la injustificable separación entre ciencia y espiritualidad. Tanto los científicos como los creyentes buscan la verdad, y, a partir de ese punto, el ensayo muestra que no hay contradicción entre ambas formas de conocimiento. 6. La cineasta Beatriz de Silva [Com 19] publica una novela de comedia generacional. En Otro verano sin pueblo, la protagonista miente por envidia a sus compañeras de piso y les dice que procede de una pequeña aldea vasca. Todo se tuerce cuando deciden ir allí con ella a pasar sus vacaciones.
EL PENÚLTIMO RECTOR
En el Salón de Grados del edificio Central cuelgan los retratos de los antiguos rectores y grandes cancilleres. El famoso pintor Antonio López ha terminado el lienzo de Ángel J. Gómez Montoro (2005-2012), que se incorporará a la galería. Solo falta Alfonso Sánchez-Tabernero. 58—Nuestro Tiempo agosto 2025
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LAPIDARIUM
maría iraburu, rectora de la universidad de navarra
50 universidades preocupadas por la inteligencia artificial El campus madrileño acogió del 4 al 6 de junio a 150 directivos de medio centenar de instituciones de educación superior para la cuarta edición del Curso de Dirección Estratégica de Universidades. Los equipos rectorales escucharon ponencias de expertos de Harvard, Pensilvania, Texas y Navarra. Algunas de las claves del encuentro: «La IA no invalida la enseñanza; pone en evidencia sus debilidades», «El poder de la IA exige una responsabilidad aún mayor» o «Sin personas convencidas, motivadas y alineadas no hay estrategia que se sostenga».
«El trabajo no es solo un medio, sino un camino de donación, de realización personal y de encuentro» De su discurso en el acto de entrega de las Medallas de Plata.
ricardo piñero, catedrático de estética y teoría de las artes
«El universo de lo híper en el que estamos inmersos ha terminado con nuestro modo natural de estar en el mundo» En todas partes con los antiguos alumnos La Universidad ha vuelto a encontrarse con sus antiguos alumnos en los Alumni Meetings, que se celebraron en Bilbao, Madrid, Valencia, Logroño, A Coruña, San Sebastián, San Francisco y Los Ángeles. En estas reuniones se han estudiado cuestiones como la atracción del talento, la gastronomía, la salud global, la relación universidad-empresa o la solidaridad. Este año, además, han comenzado los Alumni Sectoriales, una serie de eventos pensados para el networking en un área concreta. Los primeros se centraron en la banca y la moda.
HAMBRE EN GAZA
El periodista Mikel Ayestaran [Com 97] recibió en octubre el Premio Ortega y Gasset por su cobertura multimedia Menú de Gaza. Durante casi un año, subió a Instagram cada día una foto de lo que comió una familia palestina para explicar el uso del hambre como arma de guerra.
De «El secreto de esperar», publicado en Alfa y Omega.
javier arellano, profesor de la facultad de económicas
«Un académico no es un soñador. Contribuye a que la ciencia avance, en un campo muy concreto, con pasos cortos»
De una entrevista en el boletín Campus con motivo de la jornada de Talento Académico.
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Campus Desafíos de América Latina
El expresidente de Ecuador Guillermo Lasso vuelve a las aulas Guillermo Lasso (Guayaquil, 1955) tiene edad de escribir sus memorias, y las está escribiendo. Sin embargo, camina por los pasillos de la Universidad de Navarra con una muleta en la mano y varios libros bajo el brazo. Quiere estudiar la carrera que no estudió en su juventud. Ha sido un destacado banquero y también, entre 2021 y 2023, presidente de la República del Ecuador. El país fue una «isla de paz» en las convulsiones de América Latina, pero, en la última década, ha visto aumentar exponencialmente la violencia en su interior. A 9000 kilómetros y dos años de su abrupta salida del poder, conversa con Nuestro Tiempo sobre el socialismo del siglo xxi, sus errores y aciertos en el Gobierno, la lucha contra el narcotráfico y los desafíos pendientes de América. texto Irene Guerrero Menoscal [Fia Com 20] fotografía Manuel Castells [Com 87] y Bolívar Parra
quito, madrugada del 17 de mayo de 2023. Guillermo Lasso, presidente de Ecuador, firmó uno de los decretos más trascendentales de su mandato. En un solo acto, disolvió la Asamblea Nacional y convocó elecciones anticipadas. Una decisión al amparo del artículo 148 de la Constitución en caso de «grave crisis política y conmoción interna». Desde que en 2008 se incorporó la muerte cruzada —un término que evoca tanto la ruptura como el renacimiento institucional—, ningún mandatario la había invocado. 60—Nuestro Tiempo agosto 2025
El decreto quedó sellado en medio de un juicio político contra el entonces presidente. Sus opositores en la Asamblea le acusaron de «peculado por omisión» a raíz de un contrato para el transporte de crudo de la Flota Petrolera Ecuatoriana (FLOPEC) con el conglomerado privado Amazonas Tanker Pool. El documento se suscribió en 2018, es decir, tres años antes de que Lasso asumiera la presidencia. Pero la acusación sostenía que, al no haberlo rescindido pese a supuestas irregularidades detectadas durante su
mandato, Lasso habría consentido un perjuicio al Estado. «Escogí gobernar seis meses en el purgatorio en lugar de dos años en el infierno», respondió a El País un día después de aprobar su decreto. Para sus críticos, fue una jugada desesperada. Él lo presenta como un acto de integridad y perseverancia. Lasso suele utilizar estas dos palabras para describir también su trayectoria, de más de cinco décadas. Eso sí, siempre se remonta a aquel Guayaquil húmedo y laborioso de la década de 1950, que
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acogió al joven matrimonio conformado por Enrique Lasso Alvarado, un empleado público proveniente de la Sierra ecuatoriana, y Nora Mendoza Poggio, natural de la región costeña. Guillermo nació en 1955 como el menor de once hermanos en una familia con recursos limitados. Muchos años después, en su libro Carta a mis hijos (2011), recordaba a su madre cosiendo la ropa de la familia entera —«el dinero no abundaba»—, o a su padre, que, tras una larga jornada de trabajo, procuraba compartir su charla, su música y las experiencias del día. «Quería enterarse de cómo marchaban nuestros estudios, de nuestras travesuras, de nuestros anhelos». Comprendió que la bonanza era tan solo un añadido; que, para ser feliz, se necesita tener «comida en la mesa, seguridad, valores, sueños e inmenso cariño». A los 15 años, encontró trabajo a media jornada en la Bolsa de Valores de Guayaquil. El objetivo: pagar sus estudios secundarios en el colegio San José La Salle. De esta forma, asumió precozmente «las responsabilidades de un viejo», con la voluntad de «no dejarse gobernar por sus hermanos mayores y, después, de dejar de ser pobre». Este afán le impidió llegar a las aulas universitarias, aunque tampoco le hizo falta. Empezó a ocupar puestos directivos a partir de los 22 años en empresas como ProCrédito, Finansur y Banco Guayaquil. En esta última entidad bancaria, hoy la segunda más grande del país, ejerció como presidente ejecutivo entre 1994 y 2012. Ahora permanece en calidad de accionista, tras pasar el testigo a su hijo mayor, Guillermo Lasso Alcívar. Su irrupción en la política fue tardía. Con 43 años ejerció de gobernador de la provincia del Guayas y luego capitaneó el ministerio de Economía —durante un mes— en la crisis de 1999. Para ambos cargos lo nombró directamente el presidente Jamil Mahuad, a quien Lasso había apoyado económicamente durante su campaña. Doce años después, en 2011, 62—Nuestro Tiempo agosto 2025
Lasso fundó el movimiento político Creando Oportunidades (CREO), con el que se postuló a la presidencia. Bajó «del pedestal del segundo banquero de Ecuador al piso, como el último político» y fracasó: Rafael Correa se impuso en 2013 y Lenín Moreno en 2017. Pero no se dio por vencido. «Terco, necio», perseveró en el proyecto liberal y, aunque creyeron que nadie votaría por un banquero conservador y además del Opus Dei, Lasso se proclamó, a los 65 años, ganador de las elecciones de 2021, frente a Andrés Arauz. La sociedad ecuatoriana votó por un marcado giro hacia la derecha, después de que el correísmo acumulase un gran desgaste y varios escándalos al mando del país. Tres ejes vertebraron los dos años y medio de su mandato: vacunación masiva durante la pandemia, lucha contra la desnutrición crónica infantil y apertura comercial al exterior. Pero también encaró protestas sociales y una violencia criminal en aumento. Entre 2021 y 2022, la tasa anual de homicidios de Ecuador escaló de 13,7 a más de 25 por cada 100 000 habitantes. Todo ello en un sistema político adverso. La presidencia de Lasso ya había afrontado en su primer año dos intentos de destitución desde la Asamblea Nacional: una ola de movilizaciones que frenó la economía durante dieciocho días y «un ataque sostenido en redes sociales para acentuar la polarización». En todo este periodo, dos pilares sostuvieron su labor: una fe católica profunda, que, como asegura, ha guiado muchas de sus decisiones presidenciales; y el apoyo de su esposa, María de Lourdes Alcívar, y de sus cinco hijos, tres nueras, dos yernos y doce nietos. Cuando se cumplen dos años desde que dejó el Gobierno ecuatoriano, Guillermo Lasso recorre el campus de la Universidad de Navarra apoyado en una muleta. Así sortea una cojera que le aqueja desde 2013, cuando sufrió un accidente peregrinando en el Camino de Santiago. Se encuentra en la primera semana pre-
sencial de una formación ad hoc sobre historia contemporánea e inteligencia artificial. Y, un día antes de impartir la conferencia «Liderazgo y desafíos de América Latina», organizada por el Instituto de Cultura y Sociedad (ICS), ha pasado toda la tarde en la cuarta planta de la Biblioteca Central. Cita un libro que le ha recomendado el catedrático Pablo Pérez: ¿Qué es Occidente?, del filósofo Philippe Nemo. «¿Cómo puede ser que haya gente en el siglo xxi que no comprenda lo que es el respeto a la libertad individual? Es un concepto muy valioso: por más que la mayoría piense distinto a ti, tú tienes derecho a hacer respetar tus derechos», explica apasionado. Detrás de esta reflexión se esconde la alegría por un éxito reciente: el 18 de mayo, la Corte Nacional de Justicia de Ecuador archivó el caso FLOPEC. ¿Se siente reivindicado? Por supuesto. Se trató de un juicio falso desde el primer día. En la propia Asamblea Nacional, aquellos que me interpelaron mantenían vínculos con grupos organizados que trafican con droga, extorsionan y matan, y esto está probado por dos procesos judiciales a través de los casos Metástasis y Purga. En su primer discurso desde el Palacio de Carondelet, en mayo de 2021, dijo: «Nuestros gobernantes nos han fallado. Ellos no han sabido estar a la altura del sacrificio de nuestra gente». ¿Considera que su mandato estuvo a la altura? Cuando asumí la Presidencia de la República, Ecuador vivía cinco crisis simultáneas: sanitaria, económica, política, de seguridad y de valores. En la pandemia, llevé a cabo un eficiente proceso de vacunación: nueve millones de ecuatorianos, el 53 por ciento de los ciudadanos, recibieron dos dosis en los primeros cien días. Situé a Ecuador como referente mundial en velocidad de inmunización. Apliqué la diplomacia y trabajé con Chi-
Lasso compareció en el Instituto Cultura y Sociedad y congregó a un buen número de universitarios ecuatorianos. m. castells na, que fue el país que más apoyo ofreció en la provisión de vacunas. Por eso digo que estuve a la altura de las circunstancias. En su libro 900 días. Democracia y resultados, hace una exhaustiva revisión de sus logros, como la disminución en la tasa de desnutrición infantil o la reducción del déficit fiscal. Entre sus errores, mencionó que no supo comunicar bien esos hitos. Tiempo después, reconozco también fallos en determinados nombramientos. Uno del que ya he dejado constancia en otros foros es el de la ministra Alexandra Vela. Lamentable, ella llegó con una agenda propia y no con la del Gobierno. El Paro Nacional de 2022 marcó un punto de inflexión en su presidencia. El Movimiento Indígena movilizó contra sus políticas a miles de personas durante dieciocho días y bloqueó las calles de Quito. ¿Cómo interpreta los
resultados electorales recientes para el movimiento indígena? Cayó de 1 800 000 votos en 2021 a poco más de medio millón en 2025. Lo mejor que ha sucedido en las últimas elecciones es que Leonidas Iza [presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador] ha quedado retratado. No es nadie políticamente. Solo un revoltoso, por no usar una palabra más gruesa por la que él me ha enjuiciado [Lasso tenía un juicio pendiente porque llamó terrorista a Iza en octubre de 2024, pero el juez de la causa declaró desierta la querella por abandono en junio de 2025]. Atacó a Quito con diferentes paros. Lo intentó en la primera semana de mi Gobierno, y también en octubre de 2021, hasta que en junio de 2022 consiguió un levantamiento que le costó al país más de 1500 millones de dólares. Su propio partido, expresidente Lasso, el Movimiento CREO, obtuvo me-
nos del 1 por ciento de los votos en las últimas elecciones, frente a las cifras entre el 20 y el 30 por ciento de los tres comicios anteriores, y se ha quedado sin representación parlamentaria. Su salida fue un golpe duro… Todos los partidos, en Ecuador y en el mundo, sufren un desgaste con el ejercicio del poder. En democracia, se gana y se pierde. Y si queremos ganar las elecciones locales o nacionales en 2029, hay que aplicar una reingeniería en el partido y promover liderazgos. El 13 de abril, Daniel Noboa, abanderado del anticorreísmo, ganó las elecciones. ¿Qué espacio puede ocupar hoy su partido? Tenemos que apoyar a la democracia, y apoyarla hoy es respaldar a Noboa. Para Ecuador, lo mejor que ha podido pasar es que él fuera reelegido y no Luisa González, la representante del correísmo, que ha destruido a lo largo de diez años la moral ecuatoriana. Porque la fortaleza agosto 2025 Nuestro Tiempo —63
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de ese señor [Se refiere al expresidente Rafael Correa] es comunicar, pero con un propósito: engañar y mentir.
Cooperación internacional contra el crimen organizado Miguel Uribe Turbay, senador y aspirante a la presidencia de Colombia, recibió el 7 de junio tres disparos a corta distancia —uno en la cabeza—, mientras se dirigía a sus simpatizantes durante un acto de campaña. El atacante tiene apenas 15 años, pero lo redujo a un estado crítico y, dos meses después, a la muerte, el 11 de agosto. La noticia del país vecino resonó con fuerza en Ecuador, donde la memoria colectiva se retrotrajo a un episodio reciente y doloroso: el asesinato de Fernando Villavicencio. El 9 de agosto de 2024, a solo once días de las elecciones presidenciales, el candidato fue tiroteado a la salida de un mitin en Quito, durante el que se manifestó «en contra de las mafias que han sometido a la patria». Murió poco después, tras recibir también tres disparos, todos en la cabeza. Desde mediados de abril, además, Ecuador se encuentra en estado de alerta máxima por amenazas terroristas contra el presidente. Estos atentados son uno de los tantos paralelismos que unen la historia reciente de Ecuador y Colombia. Tras el acuerdo de paz de 2016, disidencias de las FARC y otros grupos de crimen organizado que habían concentrado su actividad en el suroeste colombiano emigraron a Ecuador: las rutas de la droga buscaron el puerto ecuatoriano de Esmeraldas y, cuando el volumen de los cargamentos aumentó, Guayaquil se convirtió en la salida principal de la cocaína. Con el paso de la última década, el país se consolidó como un hub logístico para el narcotráfico y su imagen decayó: de «isla de paz» a «región violenta». El presidente Daniel Noboa llegó a declarar, a principios de 2024, la existencia 64—Nuestro Tiempo agosto 2025
de un «conflicto armado interno». Una problemática ante la que, a juicio del expresidente Lasso, la cooperación internacional debe ser la solución. Usted firmó con Estados Unidos tres acuerdos en materia de seguridad que establecen, por un lado, el marco para que su personal militar y civil pueda operar en Ecuador, y, por otro, que brinde apoyo para interceptar, en el mar y en el aire, supuestas actividades ilícitas. Mi Gobierno luchó duro y parejo contra el narcotráfico. Incautamos 550 toneladas desde mayo de 2021 hasta mediados de noviembre de 2023, que equivalen a 22 000 millones de dólares. Fue un golpe serio al bolsillo de los narcos. Noboa comparte esta misma línea de combatir la inseguridad con ayuda internacional. En su libro 900 días, usted menciona que se ganó «una amenaza de muerte sin fecha de caducidad». ¿Temió por su vida? Me voy a referir a algo sobre lo que no he hablado. El FBI detectó una amenaza contra mí que venía de Adolfo Macías Villamar, alias Fito, líder de la organización criminal Los Choneros. Buscaba tecnología para fabricar un coche bomba y poner en peligro mi vida. Es un capo que estuvo preso durante mis años de mandato, se le huyó al actual Gobierno, pero ha sido recapturado en junio de este año y extraditado a Estados Unidos. Para frenar la criminalidad, usted propuso flexibilizar la tenencia de armas. ¿Qué políticas sociales y públicas son necesarias? Eso fue en campaña, y le diría que como candidato uno se equivoca más que como presidente. Cuando llegué al Gobierno, aprendí que hay promesas que no se pueden materializar. Este es un ejemplo. Resolver el problema de la seguridad es un proceso largo que pasa por robustecer la institucionalidad de las fuerzas del orden y los servicios de inteligencia, casi
inexistentes en Ecuador. El 24 de mayo de 2021, día en que asumí la Presidencia, convoqué al Consejo de Seguridad del Estado y sus responsables no aportaron una sola información de valor. Además, necesitamos una unidad especializada en narcotráfico. Para eso se requiere ayuda internacional. Tenemos que trabajar juntos Colombia, Perú, Chile, Uruguay, Argentina y Ecuador. A Venezuela ni contarla ahora. Y también hace falta el apoyo de los Estados Unidos y Europa. No puede ser que los mayores demandantes de droga no paguen parte de la factura en la lucha contra la inseguridad derivada del narcotráfico y del micronarcotráfico, hijo del de gran escala. Por su estrategia contra el crimen organizado, hay quien compara a Noboa con el mandatario salvadoreño Nayib Bukele. Jamás [Enfatiza] se puede justificar la violación de los derechos humanos en pos de la seguridad. Quienes se desentienden de los derechos de los delincuentes dicen barbaridades. Sí, han perdido su derecho a la libertad, pero ninguno más. Siguen teniendo el resto intactos. Ahora bien, es muy temprano para comparar a Noboa con Bukele. Todavía no se ven mejoras en Ecuador. Me apena decirlo, pero los indicadores de inseguridad se han incrementado notablemente [Según el informe 2024 de la organización Insight Crime, Ecuador se posicionó el año pasado como el país más violento de América Latina, con una tasa récord de 38 homicidios por cada 100 000 habitantes]. ¿No está de acuerdo con la militarización de las calles? No. Pero vamos despacio, porque en mi Gobierno también declaré el estado de excepción en once ocasiones diferentes, medidas que exigieron que los militares salieran a las calles. Eso sí, no lo hacían para el patrullaje urbano. Eran medidas destinadas a controlar el tráfico de drogas en fronteras, carreteras y cárceles; bajo ciertas directrices, que incluso las definió la propia Corte Constitucional.
Lasso se camufla entre estudiantes hincando los codos en la Biblioteca Central de la Universidad. 1 b. parra
A sus 69 años, el expresidente comparte la misma acreditación que el resto de universitarios, como uno más. 11 b. parra
Algunos asistentes a la última charla de Lasso en la Universidad se toman un selfie con el conferenciante. 0 b. parra La familia Lasso Alcívar forma parte del Patronato de Promotores del MUN desde su fundación. 2 b. parra A raíz de estos sucesos, la imagen de Ecuador ha evolucionado desde «isla de paz» a país en guerra. Haber declarado la guerra interna ha dañado la economía, especialmente al turismo. Es mejor trabajar y producir resultados en silencio. ¿Para qué alertar a la población ecuatoriana y al mundo entero? La prueba es que la delincuencia ha crecido. A su vez, se trata de una imagen sobredimensionada. Porque a un turista que va a ver el magnífico centro histórico de Quito, las Galápagos, las playas de la costa o la Amazonía ecuatoriana no le va a pasar nada. Pero si los periódicos titulan «guerra interna», ni yo iría a ese país. Espero que el presidente Noboa revise su estrategia de los últimos veintiún meses. Noboa esgrime su plan Fénix como la principal estrategia contra el crimen organizado. Entre otras medidas,
incluye el despliegue militar en las calles y la construcción de dos megacárceles. ¿Qué opinión le merece? El día que lo lea, le daré una opinión. Pero no lo he leído. El documento no está a disposición de la sociedad civil.
América latina ante tres desafíos Miles de jóvenes ecuatorianos no tienen acceso a los servicios básicos, a la educación o al mercado laboral. 585 000 jóvenes no estudian ni trabajan en el país, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). Así terminan reclutados por los cárteles. «Siendo una de las regiones del mundo más ricas, América Latina tiene un permanente desafío: la pobreza. Otro reto es la inseguridad, que tiene
unas raíces muy profundas relacionadas con la guerra contra el narcotráfico», reflexionaba Lasso durante la conferencia que impartió en el aula Siemens Gamesa del ICS. Y recordó cuando vio por primera vez en su vida aquellos sembríos de color verde y amarillo muy claro, que crecían a orillas del río Mataje. Las hojas de coca son la frontera entre Colombia y Ecuador. Un tercer frente se suma a estos dos desafíos. Nicolás Maduro gobierna en Venezuela, Daniel Ortega en Nicaragua, Miguel Díaz-Canel en Cuba… «La fuerte presencia del socialismo del siglo xxi, que se convirtió en la nueva referencia del autoritarismo, asedia a América Latina a través de grupos políticos despóticos que ya no llegan al poder a través de golpes de Estado, sino que ganan elecciones y minan desde dentro al sistema democrático», explica Lasso. Él y otros han impulsado agosto 2025 Nuestro Tiempo —65
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como solución cooperar entre países para reforzar la institucionalidad. En su mandato usted se propuso «combatir el aislacionismo con una política internacional abierta». Así, negoció dos tratados de libre comercio con China y Costa Rica. Pero fracasó con Corea del Sur y con Canadá. ¿Qué otros objetivos quedaron en el tintero? El tratado con China ya está dando frutos: las exportaciones han crecido con respecto a 2023. [En realidad, las exportaciones disminuyeron: en 2024 fueron de 5090 millones de dólares, y en 2023 ascendían a 5673. En el periodo enero-abril de 2025 sí se aprecia un crecimiento del 9 por ciento respecto al mismo periodo del 2024]. Pero tenía el interés de hacer lo mismo con Japón y Oriente Medio. El acuerdo con la Unión Europea para los próximos diez años se pactó a la fuerza con el correísmo, que, por otra parte, se negó a firmar junto con Perú y Colombia un tratado de libre comercio con EE. UU. Nuestros países vecinos lo tienen vigente, pero Ecuador no. Y los cambios de la política estadounidense nos dan a entender que se hace progresivamente imposible negociar con ellos. Ecuador perdió una gran oportunidad. En el conflicto entre China y EE. UU., ¿tiene Ecuador intereses en juego? Esa es una bronca de titanes y no debemos comprarnos problemas ni con uno ni con otro. Ecuador es una economía de unos 120 000 millones de dólares, con casi 18 millones de habitantes. Le expliqué al Gobierno de Joe Biden que nuestras economías se complementan. Nosotros producimos banano, café, cacao o camarón y podemos abastecerles. Y ellos poseen lo que Ecuador necesita: tecnología, maquinaria, vehículos... Además, le dije que un acuerdo de libre comercio con Ecuador no implica quitar empleo a los norteamericanos. Es una pena que no prosperara. 66—Nuestro Tiempo agosto 2025
Otro de sus objetivos fue la incorporación de Ecuador a la Alianza del Pacífico, pero no lo logró por la resistencia de México. Eso es un tema casi perdido. Ahora que Andrés Manuel López Obrador está retirado y yo también, debo decir que actuó con profunda mala fe y boicoteó el ingreso de Ecuador. Hoy la Alianza entre Perú, Chile, Colombia y México está muy debilitada porque a los Gobiernos de izquierda —en los tres últimos países— no les interesa fortalecerla. Aunque debo reconocer que el chileno Gabriel Boric es más sensato y sereno. Y pienso que la presidenta de Perú, Dina Boluarte, no tiene el peso suficiente para impulsarla. Los líderes de la región, Ecuador incluido, somos inmaduros. ¿Ve posible recomponer las relaciones diplomáticas con México a medio plazo? Es el único camino, porque somos pueblos hermanos. Lo que ha sucedido no será sino un incidente en la historia. Debemos recomponerlas. Pocos meses antes de que estallara la guerra en Gaza, usted abrió una puerta con Israel al establecer allí una oficina de innovación tecnológica. Noboa ratificó esa alianza a principios de mayo. ¿Es un aliado deseable? Fui el primer presidente de Ecuador que viajó a Israel en visita oficial. Y con ello busqué seguridad: equipos, armas, tecnología y capacitación. Lastimosamente, todos esos recursos los producen empresas privadas. Mi aspiración era una negociación de Gobierno a Gobierno para actuar con agilidad. Pero coincidió con mi salida, y no pude continuar con los procesos de licitación. Creo que Ecuador debe profundizar en las relaciones con todos los países de Occidente, un tema del que estoy aprendiendo de la mano del profesor Nemo.
El futuro en los jóvenes Durante la conferencia que impartió en la Universidad, Guillermo Lasso respondió a las preguntas de los estudiantes con frases como «Cuando seas vicepresidenta del Gobierno…» o «Cuando dirijas el Banco Mundial…». Se mostró atento con ellos. Reconoció a una chica que está cursando un doctorado en Derecho, Gabriela Fajardo, con la que coincidió en el ascensor. Y a Andrés, otro doctorando con el que se encontró en la biblioteca, por la mañana, con quien estuvo charlando en voz alta hasta que les llamaron la atención. Un estudiante que no supera la veintena interrumpe la entrevista. «Hola, Guillermo. ¿Se acuerda de mí?», pregunta con cierta timidez. «¡Peter!», exclama el expresidente. Está culminando el segundo curso del grado en Derecho en el campus de Pamplona, siguiendo los pasos de su abuelo. «Estuve con usted el año pasado. Nos contó que quería estudiar aquí. Ya vi el post en Instagram sobre el inicio de sus estudios —relata—. ¿No le están tomando exámenes también?». Lasso ríe. «Hoy en la mañana hice un examen sobre los libros que me mandaron leer y creo que pasé», explica. Tras cuadrar agendas y ver la posibilidad de un último encuentro, el estudiante de Derecho se despide. Tiene muchos conocidos aquí. Estudiante entre estudiantes. Ese chico es guayaquileño. Es nieto de Ricardo, un buen amigo mío. Qué suerte haber atinado con su nombre [Ríe]. En los últimos años, ha impartido conferencias en España, Estados Unidos y China. De regreso, pasará por Colombia, Paraguay, Chile y Argentina. ¿Qué espera de esta gira? Mantenerme activo a través de un pro-
ceso de reinvención. Pudiera tener todo el derecho a quedarme acostado en una cama mirando series de Netflix. Pero no es la vida que quiero, ni el ejemplo que les quiero dejar a mis hijos y nietos. Uno debe esforzarse hasta el último día. Y qué mejor que utilizar el tiempo en esta agenda internacional, aunque también trabajo en otras iniciativas como la Fundación Ecuador Libre, un think tank que creé en 2005; la Fundación Ecuador Crece Contigo, que presenté en octubre de 2024 para apoyar la lucha contra la desnutrición crónica infantil; y mis estudios. Pero siempre tengo el foco puesto en los jóvenes, con el propósito de apoyarles para que puedan alcanzar sus sueños. Esa preocupación por el futuro le ha llevado a lanzar la beca Guillermo Lasso Mendoza, que financia posgrados en el extranjero y cuya primera convocatoria se resolvió en mayo. ¿Baraja algún otro proyecto en esta línea? Estamos analizando la posibilidad de abrir un programa de becas para pregrado. Quizá en la Universidad de Navarra. He estado conversando con algunos profesores y directivos para valorar una alianza con este centro. ¿Prevé presentarse de nuevo como candidato? Algunos creyeron que yo volvería a la carrera electoral con la creación de «La pizza democrática», una iniciativa por la que comparto un pedazo de pizza con jóvenes para hablar de política, pero dije con claridad que no. Lo que me incentiva es motivar a los jóvenes para que encabecen un funcionariado público de calidad. Está claro que, si alguien llega con el afán de hacerse millonario o actuar con principios alejados de la ética, tendrá problemas. No quiero considerarme como ejemplo, pero yo he salido ileso. Y fui a servir a los ciudadanos, a cuidar los activos públicos y a trabajar por el bien común.
García del Barrio y Lasso, ilusionado de tener tarjeta universitaria, la llave de acceso al campus, su segundo hogar. b. parra
Como en casa Guillermo Lasso ha venido a la Universidad de Navarra como conferenciante, como padre y ahora como alumno. Guarda una relación antigua con la Universidad, que visitó por primera vez en 2005 junto a su hijo Santiago para conocer el Colegio Mayor Belagua. Años después, Santiago Lasso estudió Comunicación Audiovisual en el campus. Ha vuelto en distintas ocasiones, entre las que destacan sus últimas dos visitas en 2024 y 2025 como expresidente para impartir sesiones sobre liderazgo. De hecho, su última conferencia congregó a tantos compatriotas en el aula Siemens Gamesa del ICS que una estudiante propuso crear un grupo de WhatsApp para los ecuatorianos de la Universidad. Hoy recorre el campus también con una identificación de alumno colgada al cuello y una sudadera roja con las siglas de la institución, regalo de Jaime García del Barrio, director general del Instituto Cultura y Sociedad y director del Museo Universidad de Navarra, del que Lasso es patrono desde su fundación. A los 69 años estudia cuestiones de historia, ética e inteligencia artificial en un formato semipresencial. «Nací viejo y voy a morir joven», apunta. Aquí, añade, se siente como en casa.
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MIND THE GAP Maria Domingo Hernández
La herida de todos
Al alcance de la mano, un… ¿hueco? del tamaño de un garbanzo nos conecta con infinitas épocas, lugares, creencias y personas. Esa cicatriz remite a un origen común que a veces olvidamos. ¿Y si la clave para entender la humanidad estuviera concentrada en el ombligo?
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chua para Cuzco, antigua capital del Imperio inca. Para san Isidoro de Sevilla, el umbilicus mundi solo podía ser Jerusalén. En sus Etimologías, presentaba la ciudad como la cicatriz de la ruptura entre Dios y los hombres. Otras tradiciones entienden el concepto de modo menos simbólico. Los hindúes creen que en el ombligo se esconde el manipura, el tercero de los siete chakras: en él se concentra la gestión de la fuerza interior y se abre un portal por el que circulan las energías. Por eso, para evitar la entrada de malas vibraciones, algunos atletas asiáticos se lo tapan al competir. Hijos del mito y la cultura, todos estos ombligos —espirituales, geográficos y rocosos— remiten a la herida de la humanidad, un corpus eternamente víctima del corte del lazo umbilical, un corpus tejido de almas de carne, sangre y huesos, separadas por milenios y que nunca se verán. Almas selladas con el símbolo de nuestro origen. Almas con ombligo. Todas. Incluso la del Redentor. Quizás Adán lo tuvo en el pecho, donde faltaba una costilla. Quizás Eva, como excepción, quedó limpia del estigma de la mundanidad, el que luego marcaría a su descendencia. Quizás los clones engendrados en el futuro carezcan de la huella ventral, y esa minúscula diferencia empuñe el último baluarte de nuestra identidad, la clave para comprender quiénes somos. Nos recordará que no venimos de la nada, que nunca existirá el hombre hecho a sí mismo. Insistirá en que, tras esta cicatriz, se agazapan las historias de la Historia. Quizás, como Júlia, habrá que mirarse el ombligo. Quizás así podremos salvarnos.
E HA SALIDO UNA PECA en el ombligo. La descubrí ayer en la ducha. No sé cuánto tiempo lleva ahí. No suelo prestar demasiada atención a ese Maria Domingo Hernández [Fia Com 25] forma parte de la tercera promonudo de mi abdomen. ¿Por qué debería? Dicen ción del Programa de Edición de Revistas Culturales de Nuestro Tiempo. Medique es de egocéntricos, aunque tampoco lo creo. Mi prima Júlia lo explora a menudo. Se dobla con terránea, teatrófila, guionista y cuentista. una elasticidad contorsionística y, casi rozándolo con la nariz, hunde el dedo índice en él. Encaja. Crea ventosa. Parece buscar un tesoro en el hueco oscuro de su tripota de bebé. Quizás echa en falta algo que tuvo hace no mucho. Júlia ignora que eso de encorvarse también lo practicaban los monjes hesicastas del siglo xiv. Durante sus meditaciones, se encogían sobre sí mismos y, repitiendo una plegaria, trataban de unirse con Dios. El nombre de LA PREGUNTA DE LA AUTORA esta disciplina, la onfalopsis, proviene del griego omphalós (ombligo), un término uti¿Qué otros símbolos lizado a lo largo de la historia para bautizar conoces que conecten los rincones más sagrados del planeta. a la humanidad con el Cuenta la mitología que el dios Zeus oruniverso? denó señalar el templo de Apolo como el centro del mundo con un ónfalo, una piedra cónica de mármol. A varios siglos de distancia y casi en las antípodas del globo, en la Isla de Pascua, otra roca reclamaba también el título e inspiraba el primer topónimo @NTunav del lugar: Tepito o Te Henúa, que en rapanui Opina sobre este asunto en X. significa «el ombligo del universo». Hay un sentido similar en Qosqo, la palabra en que-
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Cicatrices de princesas Ana López Recalde [Enf 21] y Nuria Casas [Fia 23] padecieron anorexia, una enfermedad que perforó su adolescencia y primera adultez. Tras años de lucha, ambas han transformado el dolor en palabras y han explorado sus experiencias hasta encontrar sentido al caos que saturó su mente y su cuerpo. De esta búsqueda nacieron dos testimonios poderosos: Princesas de cristal (Arcopress, 2019) y La cicatriz que perdura (Albada, 2024). texto Maria Domingo [Fia Com 25] fotografía Manuel Castells [Com 87] ilustración Nerea Armendáriz [Com 96]
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—mamá, ya tengo las margaritas, pero creo que al bajar del autobús las tiraré y compraré otras. ¿Cómo que por qué? ¡Porque son blancas! Ana debe de estar harta de ese color: ¡Es el único en su habitación del hospital! Ay, no sé, mamá… Estoy nerviosa. Bueno, vale, le llevo estas y ya. Sí, irá bien, lo sé. Genial. Cuelgo. Irene Biera [Arq 22] fue la primera de sus amigas en visitarla: había pasado el agosto de 2014 ingresada en la planta de Psiquiatría. Un mes que resultó agotador para todos; en especial para Ana López Recalde, que entonces tenía 15 años. Como era menor de edad, no podía salir de la habitación ni ver a nadie externo a su núcleo familiar fuera de un horario restringido. Tampoco le permitían tener dispositivos electrónicos. Durante el aislamiento, Irene se aseguró de mantener correspondencia diaria por mensajería especial: las madres de ambas. Aunque no hubieran perdido el contacto, ese día Ana la esperaba encogida y cabizbaja en el vestíbulo principal de la Clínica Universidad de Navarra. La compañía y los paseos eran el premio por haber subido de peso. Temía que Irene reconociera esos «kilos de más» y no la quisiera como antes, como cuando se sentía más guapa, más delgada, mejor. Como cuando la enfermedad la absorbía casi por completo. Me quiere, no me quiere. Me querrá, no me querrá. Pero, nada más verla, enterró las dudas y se abalanzó sobre su amiga. Entre lágrimas y margaritas, celebraron sus primeros pasos fuera del «infierno» que tanto la atormentaba. Ana, por fin, estaba venciendo a la anorexia. O, al menos, eso quisieron creer. A las pocas semanas, Ana sufrió una recaída, la primera de todas las que viviría a lo largo de sus cuatro años de Trastorno de Conducta Alimentaria (TCA). En 2019, una vez curada y ya inmersa en sus estudios en Enfermería en la Universidad de Navarra, publicó Princesas de cristal, donde disecciona su propia experiencia con la franqueza y sencillez de quien escribe durante su rehabilitación, que terminó a los 18. El libro también recoge las voces de su padre, Ignacio López-Goñi [Bio 85 PhD 89], y de su terapeuta, Azucena Díez Suárez [Med 98 PhD 04], especialista en Psiquiatría Infantil y Adolescente. Seis años después, en 2020, otra joven de su edad recibía terapia por anorexia en la misma planta del
hospital. No era la primera vez que Nuria estaba en tratamiento. Apenas cursaba 1.º de ESO cuando aparecieron los síntomas: contar calorías, hacer deporte en secreto... Su adolescencia fue una lucha sin tregua. Aunque durante un tiempo creyó superarla, la enfermedad regresó con más fuerza en su etapa universitaria, lo que sacudió los cimientos de su vida. Hoy, Nuria Casas está recuperada y ejerce de profesora de Filosofía en secundaria y bachillerato. Como Ana, una vez le dieron el alta, quiso compartir su experiencia. En 2024, publicó La cicatriz que perdura, una apología de la vulnerabilidad humana, en la que entremezcla su historia con una reflexión sobre el sufrimiento y la búsqueda de su sentido. De su proceso de sanación y las lecturas que la marcaron, concluye que «nadie se cura en línea recta». En sus páginas, Nuria subraya que tanto en el diagnóstico como en el transcurso de la enfermedad —especialmente en las recaídas— es fundamental «aceptar que tienes un problema, que necesitas ayuda». La dificultad se multiplica si no se trabaja una comunicación emocional clara y sincera. Esta barrera añadida resultó un hándicap para sus amistades. Lucía Andreu [Der Rel 23] aprendió a detectar el sufrimiento escondido en Nuria durante los dos cursos en los que convivieron: «Notaba que, sobre todo al principio, intentaba mostrar que todo iba bien. Construyó una fachada convincente pero, aún sin atreverse a alzar la voz, seguía pidiendo auxilio con gestos, miradas y silencios. Descifrar su lenguaje, casi siempre opaco y repleto de marañas, significaba para mí una victoria y un privilegio como amiga». Este reconocimiento trasciende la simple percepción de los cambios físicos: quienes sufren el trastorno son conscientes de esas transformaciones. La clave para una cura posible radica en interpretarlos como señales de alarma, como patologías que requieren asistencia profesional. Sin embargo, esta dimensión tangible del trastorno puede volverse un arma de doble filo: si bien facilita la identificación de la enfermedad, corre el riesgo de simplificarla a su aspecto más visible. En cada entrevista y a lo largo de su libro, Nuria insiste en que «la anorexia no es
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una causa, sino una consecuencia. Somatizamos: el cuerpo habla». La autopercepción distorsionada y la pérdida de peso emergen de un entramado de factores que a veces requieren años de terapia antes de salir a la luz. Los verdaderos motivos quedan ocultos bajo la piel y dificultan la conexión emocional de quienes acompañan a las pacientes, que en el 90 o 95 por ciento de los casos son mujeres de entre 12 y 25 años, según calcula la Federación Española de Asociaciones de Ayuda y Lucha contra la Anorexia y la Bulimia. Pero la anorexia presenta un componente intrincado que va más allá de las inquietudes típicas de la adolescencia. Tal complejidad hacía que ni siquiera Irene, amiga de la misma clase que Ana, la comprendiera. Desde los ojos de una quinceañera con una vida saludable, privarse de comer parecía inaudito: «Recuerdo decirle a mi madre: “Si el problema es que no come, que la retengan en la mesa hasta que se termine el plato”». Ignacio, el padre de Ana, compartía el desconcierto. En el libro confiesa lo difícil que le resultaba entender la necesidad de un tratamiento psiquiátrico: «Cuesta ver que es una enfermedad, que no son manías de adolescente. [...] Pero gracias a los médicos, y sobre todo al apoyo constante de mi mujer, he conseguido al menos aceptarlo, aunque a menudo se me escape su sufrimiento interior. Muchas veces me he tenido que repetir a mí mismo: “Es una enfermedad, es una enfermedad”». Según la Dra. Díez, esta dificultad para empatizar es habitual en los allegados, ya que interpretan sus hábitos de conducta «como signos de debilidad, antojos o elecciones personales fallidas», y reducen el motivo del trastorno a una obsesión por cumplir con los estándares sociales de belleza. Detrás de cada historia se despliega un mosaico único de elementos desencadenantes. En Princesas de cristal, la Dra. Díez enfatiza la importancia de los 72—Nuestro Tiempo agosto 2025
rasgos de personalidad: hay más peligro de padecer un TCA si la persona muestra autoestima baja e inseguridad, derivadas del perfeccionismo excesivo y el ansia de la validación externa. En algunos casos, esas carencias emocionales se gestan —de forma involuntaria e inconsciente— en el entorno familiar. Tal vez por eso Ignacio y su mujer no pudieron evitar sentir remordimientos, que se intensificaron al ingresar a su hija: «Lo primero que te viene a la cabeza es “¿Por qué?” [...], ¿qué hemos hecho mal nosotros o en qué hemos contribuido para que aparezca la enfermedad? Con los años hemos aprendido a no sentirnos culpables». Existen otros factores de riesgo más específicos, como los antecedentes familiares, las rupturas de pareja o la práctica de determinadas disciplinas, entre las que destaca el ballet. La Dra. Díez considera que el motivo principal y más común es la restricción voluntaria de la dieta. En Nuria, el mayor detonante fue la búsqueda de perfección y el ansia de controlar lo único a su alcance completo: su cuerpo. La anorexia «nunca te sacia —afirma—, nunca consigues sentirte del todo satisfecho porque, por naturaleza, somos muy limitados». Dado el carácter multifactorial de la anorexia, no hay medicamentos específicos para combatirla. Según la Dra. Díez, el tratamiento se centra en recuperar un peso saludable y en trabajar los aspectos psicológicos y emocionales. «Enseñarles por qué se produce su enfermedad, y qué pueden hacer para mejorarla es un proceso prolongado y difícil», indica. En el mejor de los escenarios, se resuelve en unos cinco años. Conforme avanza el seguimiento clínico, la mente de las enfermas desarrolla una capacidad especial para mentir, tanto a ellas mismas como a sus familias. Se aíslan de los demás porque se sienten incomprendidas y juzgadas. Construyen una coraza donde la anorexia crece tanto que da la
Ana López Recalde con su libro en el Centro de Simulación en Enfermería de la Universidad de Navarra.
«Sé que, si me sumerjo en el mundo de la moda y el glamour, puede llegar a hacerme mucho daño. Y no quiero caer» Ana López Recalde impresión de cobrar vida propia. «Parecía que dentro de mí habitaban dos personas», cuenta Nuria. De un lado, la que iba convirtiéndola en esclava de la enfermedad. Del otro, la que no quería rendirse, a la que llamó su «verdadero yo». Ana describió esa escisión en su libro: «Las terapias y la medicación habían dado sus frutos porque “mi verdadero yo” se resistía a volver a caer en semejante calvario». La lucha interna constante y la montaña rusa de mejoras y recaídas desgastaron a las jóvenes hasta casi hacerles perder la esperanza. En un momento crítico del tratamiento de Ana, cuando los progresos no eran perceptibles, los médicos la amenazaron con conectarla a una sonda si no comía lo prescrito. «Por un instante —evoca—, pensé que quizá ali-
mentarme así fuera menos duro que enfrentarme cara a cara con la comida». El desaliento desdibujaba el paso de los días hasta volverlos iguales, para Nuria, «teñidos de gris». Ana compartía la sensación nada más salir del hospital, cuando le permitieron ir al colegio: «Me sentía insignificante. Había días en los que deseaba morirme [...] porque no soportaba la idea de que la gente me viese así, gorda». Este tipo de pensamiento no es aislado, sino que forma parte del cuadro clínico habitual. Según revelan investigaciones del Instituto de Trastornos Alimentarios (ITA), la anorexia cuenta con el mayor índice de mortalidad entre las enfermedades mentales en España, ya sea por suicidio u otras complicaciones médicas. La Dra. Marina Díaz Marsá, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría, señalaba en 2022 que un 20 por ciento de los pacientes con anorexia intentan quitarse la vida, lo que explica una de cada cinco muertes en esta población. La tasa de mortalidad por suicidio es 31 veces mayor entre los que padecen un TCA que en la población general. En la depresión mayor, 27 veces; en las adicciones 18 y en la esquizofrenia 8. Asimismo, la ITA sostiene que este es el trastorno mental con más afecciones físicas. La Dra. Díez detalla que el cuerpo, en estos casos extremos de agosto 2025 Nuestro Tiempo —73
Alumni Sanar tras la anorexia desnutrición, entra en «modo ahorro»: «Todas las funciones no vitales se ralentizan o se detienen». Se produce una pérdida del brillo y caída del cabello, sequedad cutánea y una sensación constante de frío en manos y pies; desaparece la menstruación (amenorrea) y disminuyen la frecuencia cardiaca y la presión arterial. Se dispara la probabilidad de osteoporosis, hipercifosis y fracturas de cadera o muñecas. «Calvas, con huesos rotos y joroba», así es como la experta sentencia el futuro de las «princesas de cristal». ana y mía, tus peores amigas. ¿Quiénes son estas princesas? El término no lo acuñaron ni la Dra. Díez ni Ana o Ignacio para titular el libro, sino que emerge de las pacientes que sufren de anorexia. Estas jóvenes también se hacen llamar reinas, muñecas u otras figuras elaboradas en marfil, porcelana y demás materiales que evocan fragilidad. Con nombres como estos, abrazan estereotipos distorsionados de lo femenino que glorifican la debilidad física y una estética etérea e infantilizada. Este argot prolifera en algunas páginas de internet sostenidas por ellas mismas. Si bien todas pueden aspirar al título de princesas, las protagonistas indiscutibles —a las que se refieren como «mejores amigas»— son Ana (pro-anorexia) y Mía (pro-bulimia). El auge de las dietas y recetas healthy en redes como Instagram ha dado lugar a nuevas personificaciones de
trastornos como Alisa (pro-ortorexia, obsesión patológica por comer saludable). En menor medida, existen varones: los príncipes Rex y Bill, que padecen anorexia y bulimia, respectivamente. El psicólogo David Martín Escudero hace hincapié en la amenaza que implican la humanización y el lenguaje romantizado que rebosan en estas comunidades virtuales, ya que pretenden —de forma intencional— «dulcificar las conductas asociadas al TCA». Presentan el trastorno como un «estilo de vida deseable», dan consejos sobre cómo adelgazar, inducir el vómito después de comer o engañar a la familia; organizan «carreras de kilos» (competiciones de bajadas de peso); y se dan ánimos para seguir en el «camino a la perfección». Estas webs pro-anorexia se extendieron a finales de los noventa. Entre 2006 y 2011, la cantidad se disparó un 470 por ciento, según la Agencia de Calidad de Internet. Los blogs y otros espacios digitales se multiplicaron aprovechando los avances tecnológicos de la época: mayor velocidad de conexión, plataformas interactivas que facilitaron comunidades virtuales y la dificultad para regular contenidos en un internet globalizado. Lo más alarmante es el perfil del usuario medio en las páginas pro-TCA: en el 95 por ciento de los casos, mujeres de entre 14 y 21 años. La Dra. Díez estima que ese grupo representa el 20 por ciento de las niñas con acceso a la red. Ana era una de ellas, aunque es la
«La anorexia no es una causa, sino una consecuencia. Somatizamos: el cuerpo habla» Nuria Casas
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doctora quien lo admite en el libro. Fue precisamente leyendo Princesas de cristal cuando Nuria descubrió que existían: «Al navegar por estas webs solo pude pensar “Guau, ¿qué es esta mierda?”». La apología de la anorexia y la bulimia en internet no se considera delito en España —tampoco en la mayoría de Europa ni en Estados Unidos—, por lo que el cierre de estos sites depende de la buena voluntad de los proveedores y las plataformas. El único país que lo recoge como crimen es Francia. Desde 2015, su Código Penal contempla penas de hasta un año de cárcel y multas de 10 000 euros para quienes inciten a la delgadez excesiva. En el caso español, la única Administración que ha legislado al respecto es la Generalitat de Cataluña, que en 2019 aprobó un decreto ley contra este tipo de páginas. Para facilitar su denuncia, la Associació Contra l’Anorèxia i la Bulímia pone a disposición pública un formulario online. Las políticas de las redes sociales contra la promoción de los TCA no evitan que surjan tendencias nocivas como la dieta de las princesas Disney, el Belly Button Challenge o el Collarbone Challenge, y los hashtags #SkinnyTok o #Thinspo («Inspiración delgada»), que en 2025 acumula 4,5 billones de visualizaciones. Para Martha Laham, experta estadounidense en la industria de la belleza y la publicidad y autora de Made Up, estos fenómenos representan una evolución contemporánea de obsesiones históricas por la
delgadez extrema: las dietas de los años veinte, la ve-
neración de la modelo Twiggy en los sesenta o la estética heroin chic, popularizada por Kate Moss en los noventa. En la década de 2010, durante la adolescencia de Ana, las influencers y los ángeles de Victoria’s Secret se convirtieron en los nuevos referentes de belleza. La terapia continuada le mostró que anhelar esos cuerpos era una manifestación más de su enfermedad. Ahora encara el tema con prudencia: «Sé que, si me sumerjo en el mundo de la moda y el glamour, puede llegar a hacerme mucho daño. Y no quiero caer». Nuria, por el contrario, nunca se interesó por las pasarelas, e insiste en que no debería reducirse la causa de la enfermedad a la presión social. Aun sin seguir las tendencias mainstream de forma activa, en 2019 fue testigo del auge del movimiento body positivity, con un discurso de defensa de la diversidad corporal. Las campañas de publicidad y los desfiles de alta costura incorporaron modelos con todo tipo de pieles, tallas, edades y cicatrices. Pero, pese al supuesto triunfo de la belleza natural, Nuria disiente: «Esta inclusión es una mentira pasajera. Todavía existen unos cánones de belleza muy concretos. Queda mucho trabajo por hacer, tanto a nivel individual como social».
Hoy, seis años después, el espejismo se ha desvanecido. Muchas de las que fueron iconos del body positivity, como la cantante Meghan Trainor o la actriz Rebel Wilson, han reaparecido ante el público con una drástica pérdida de peso. Admiten que su meta-
Nuria Casas impartiendo Filosofía a sus alumnos de bachillerato. agosto 2025 Nuestro Tiempo —75
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morfosis se debe a medicamentos como Ozempic o Mounjaro, que, aunque principalmente tratan la diabetes tipo 2, actúan además como potentes supresores del apetito. En Estados Unidos, de 2021 a 2023, las prescripciones mensuales de Ozempic aumentaron un 442 por ciento hasta llegar a las 2,5 millones. La necesidad de receta médica y el coste elevado de estos fármacos empujan a muchas personas que desean adelgazar a buscar vías alternativas. En Princesas de cristal, la Dra. Díez revela la crudeza de algunos métodos que emplean las pacientes de anorexia. Ana era consciente de que, al publicarlos, cabía el riesgo de causar un efecto rebote, pero confió en el criterio de su psiquiatra y en la supervisión de Montserrat Graell, entonces presidenta de la Asociación Española para el Estudio de los Trastornos de la Conducta Alimentaria. Además, Ana subraya que el impacto de este género de libros varía según la etapa en la que se encuentre cada paciente, por lo que recomienda consultar con un profesional médico antes de iniciar la lectura de obras que tratan explícitamente los TCA. lecturas que salvan. Algunos libros actúan como salvavidas durante la tormenta de la enfermedad. Ana confiesa que, desde que leyó Yo vencí la anorexia, sueña con conocer a su autora, la modelo Nieves Álvarez: «En muchos momentos de debilidad pensaba en ella, en cómo podría llegar a comprenderme por todo lo que ambas habíamos estado pasando». Además, se apoyó en Conversión, de Pilar Soto, y en otros relatos como La vida es bonita incluso ahora, de Belén Domínguez (fallecida el 21 de abril de 2025 a causa de un tumor intramedular), o ¿Por qué sonríes siempre?, un recopilatorio de testimonios de superación personal y búsqueda de sentido. Nuria también encuentra consuelo en historias reales, aunque no necesariamente relacionadas con los TCA: «El dolor es una experiencia universal y, al leer, te sientes identificado, acompañado y validado, una parte importante del proceso de sanación». Entre los títulos que recomienda, destaca Más fuerte que el odio: lo protagoniza Tim Guénard, un joven marcado desde la niñez por la violencia y el abandono o, como explica ella, «lleno de etiquetas». Nuria, con la voz entrecortada, relata el que considera el momento clave de Guénard: «Con apenas 16 años, y de camino a un reformatorio, una jueza 76—Nuestro Tiempo agosto 2025
le mantiene la mirada para decirle: “Yo confío en ti. Sé que puedes ser mejor”». Un mensaje parecido le robó el corazón al leer la escena de Los miserables en la que Jean Valjean roba la cubertería de plata del obispo. Este, en vez de condenarlo, lo perdona: «Jean Valjean, hermano mío, vos no pertenecéis al mal, sino al bien». Nuria, en el aula, aspira a tratar igual a sus alumnos. Tiene claro que «las etiquetas están para arrancarlas» y menciona que, de vez en cuando, encuentra algún Valjean en clase: desobediente, acostumbrado —casi inmune— a las riñas y el castigo. En esta tesitura, la filósofa recurre a lo aprendido y suelta una frase con efecto fulminante: «“No me esperaba esto de ti”. Les descoloca, se dan cuenta de que portarse mal no define su identidad». Como ávida lectora, tiene muy presente el poder de las palabras. Si, por ejemplo, debe llamar la atención sobre el descuido de un alumno, no le dice que es despistado, sino que lo está. «El defecto se transforma así en algo superable —expresa—. A menudo solo necesitan esperanza, que alguien les muestre que existe un margen de mejora». Esa certeza nació de la vivencia en carne propia, del vértigo de notar cómo la enfermedad se adueñaba de su personalidad y la encerraba en una de esas etiquetas que tanto odia ahora: anoréxica. «Te has reducido por tanto tiempo a algo, que ya no sabes quién eres», escribe Nuria en su libro. La Dra. Díez declara que, cuando las pacientes «comienzan a recuperarse, entran en duelo por la pérdida de esa nueva imagen e identidad que les venía acompañando durante meses, si no años». En esta odisea de reconstrucción, el seguimiento docente deviene esencial, más aún cuando se trata de la salud de un menor. Algunos adolescentes acuden a sus profesores para desahogarse y buscar consuelo. Evitan a los médicos y sus padres porque, como apunta Ana, durante la ceguera emocional que provoca la enfermedad los perciben como «los malos de la película». En su etapa escolar y tras su primer ingreso, recurrió a su tutora al percibir signos de una posible recaída. Los alumnos de Nuria también buscan refugio en ella. Reconoce que, aunque puede ofrecer apoyo emocional, existen límites que la obligan a trasladar sus inquietudes a los padres o tutores legales. Los jóvenes se enfadan, lo toman como una traición. Ella les comprende. Sintió lo mismo cuando una
«Una de mis grandes metas en la vida es llegar a ser igual de buena enfermera que vosotras» Ana López Recalde a las enfermeras que la cuidaron durante su ingreso amiga alertó de sus primeros síntomas a su madre. Entonces, les parafrasea aquello que su terapeuta no se cansó de repetir y que encuentra en el Evangelio: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora; pero lo entenderás después». A veces, Nuria considera que la mejor forma de acompañarlos consiste en abandonar su posición de autoridad como profesora y situarse en el plano personal. Lo hizo en un par de ocasiones, cuando compartió su libro con dos alumnas de bachillerato. No se conocían entre sí, pero coincidieron en la respuesta: les sorprendió y alivió descubrir que alguien adulto —«para ellas, tener 25 años ya es ser adulta»— se mostrara vulnerable sin miedo. «Creo que un gesto así les descubre que, cuando creces, sigues lejos de ser perfecto», apunta. Sin embargo, reserva este tipo de apertura para circunstancias muy específicas, a sabiendas de que debe equilibrar la cercanía y los roles que le corresponden como docente. Ana también prefiere guardar cierta distancia entre su testimonio y el ámbito profesional. Para las prácticas de Enfermería optó por el rotatorio en Psiquiatría y coincidió con pacientes con trastornos similares al suyo: «Gracias a Dios, estalló la pandemia y nos mandaron a casa. Durante el confinamiento, entendí que aún era pronto para enfrentarme a esa realidad». Aunque es consciente de que compartir su historia ayuda a muchos, en contextos laborales prefiere custodiar esa parte de sí misma. Para ella, esta separación entre lo personal y lo vocacional ha sido un aprendizaje progresivo. De
hecho, el cuidado de las enfermeras durante su ingreso la marcó tan profundamente que se planteó estudiar Enfermería. Por eso les dedicó el libro con estas palabras: «Quizás fue gracias a vuestra labor, vuestro cariño y apoyo que, a día de hoy, una de mis grandes metas en la vida sea llegar a ser, por lo menos, igual de buena enfermera que vosotras. [...] Habéis sido y seguiréis siendo para mí y para toda mi familia, una bendición y un gran ejemplo. Un gracias se queda corto». Actualmente es enfermera del equipo de apoyo de consultas, por lo que va rotando por áreas según las necesidades. Pone en práctica la dulzura, el altruismo y la inteligencia que la Dra. Díez destacaba en el libro, durante los estudios universitarios de la joven: «Ana, los que te conocemos sabemos que vas a ser una grandísima profesional. [...] Los pacientes que se encuentren contigo serán unos afortunados». Cuando comenzó la carrera, soñaba con trabajar en cuidados paliativos —llegó a cursar un máster—, pero el desgaste emocional diario la forzó a alejarse de la especialidad. «Cargaba con el sufrimiento al volver a casa —admite, reconociendo la importancia de establecer diques para mantener su bienestar—. Confío en que poco a poco aprenderé a manejarlo mejor». Con esta lógica, guía su relación con el pasado. Hay épocas en que la enfermedad se silencia y parece no haber ocurrido nunca, pero basta una charla, una entrevista o releer su historia para que regrese el nudo a la garganta. Como advierte Nuria, el dolor tatúa mellas en el alma: con el tiempo, «la herida seguirá ahí, pero ya no sangrará». Revisitar los momentos más oscuros requiere un esfuerzo cautelar para Ana, tan familiarizada con la fragilidad de la sanación: «Recordar me ayuda a revivir, a dar sentido y agradecer, aunque a veces prefiero tomar distancia, porque la anorexia deja, como dice Nuria, una “cicatriz que perdura”». Nt
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Campus El sentido del cristianismo
Rafael Domingo «Una sociedad que no aprende a perdonar se fragmenta y autodestruye» ¿Por qué el cristianismo está experimentando un resurgimiento inesperado entre los jóvenes occidentales? Frente a una sociedad «desbordada de tecnología y aburrimiento», conversamos con el catedrático Rafael Domingo sobre su último ensayo, El sentido del cristianismo. Recibe a Nuestro Tiempo en el campus de Madrid para charlar sobre el papel de la fe en un mundo secularizado, la enseñanza del perdón y el potencial transformador de una tradición que sigue en auge, a pesar de —o quizá gracias a— las crisis del presente. texto Rocío García de Leániz [Com 11] fotografía José Juan Rico Barceló
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En su último ensayo, Rafael Domingo sostiene hace una década, pocos hubieran imaginado que el cristianismo podría estar renaciendo entre los millennials y la generación Z de las sociedades más secularizadas del planeta. Sin embargo, florecen las conversiones en lugares tan impensables como Inglaterra, Estados Unidos, Francia o Finlandia. En los últimos días de 2024, la prestigiosa revista conservadora británica The Spectator publicó un artículo titulado «La sorprendente verdad sobre el resurgir del cristianismo en Occidente». Su autor, Justin Brierley, argumenta con los datos en la mano có-
que el cristianismo ofrece respuestas refrescantes a un mundo «fragmentado, aburrido, autocomplciente y consumista». mo en Francia más de siete mil adultos se bautizaron durante la Vigilia Pascual de ese año, lo que significó un aumento del 32 por ciento con respecto a 2023; o cómo en Reino Unido el número de asistentes a los servicios de la Iglesia de Inglaterra aumentó un 5 por ciento: casi un millón de fieles habituales, según el censo de 2023. Entre los podcasters, los influencers y los personajes mediáticos, el cristianismo tampoco ha dejado de crecer. Los actores Tom Holland y Russell Brand, el cantante y artista de la movida madri-
leña Fabio McNamara, el actor español Jaime Lorente, el comediante estadounidense Joe Rogan o el novelista Paul Kingsnorth han declarado públicamente su conversión a la fe en estos últimos años. ¿Es el cristianismo la tendencia socioespiritual del siglo xxi? Este es el contexto en el que el catedrático de Derecho Romano y pensador Rafael Domingo Oslé [Der 85 PhD 87] ha escrito El sentido del cristianismo (Esfera de los Libros, 2025), un ensayo en el que trata de responder a esta y otras preguntas. Rafael Domingo (Logroño,
1963) es un jurista de reconocido prestigio. Después de estudiar Derecho en la Universidad de Navarra, fue becario de la Fundación Alexander von Humboldt en la Universidad de Múnich e investigador visitante en la Columbia Law School de Nueva York. Desde 2012 ha enseñado en el Center for the Study of Law and Religion de la Emory University de Atlanta. La cuestión del cristianismo no le llega de nuevo: es una preocupación que le ha acompañado toda su carrera. Es pionero en el desarrollo del concepto de derecho global, una forma de entender agosto 2025 Nuestro Tiempo —79
Campus El sentido del cristianismo
las relaciones entre países basada no en la soberanía estatal, sino en la dignidad de la persona. Es también coeditor de la Journal of Law and Religion en Cambridge University Press y autor de libros como The New Global Law (2010) o God and the Secular Legal System (2016). Fue decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Navarra entre 1996 y 1999, y hoy encabeza la Cátedra Álvaro d’Ors en el Instituto Cultura y Sociedad (ICS). En El sentido del cristianismo ofrece una mirada profunda, actual y provocadora sobre el valor transformador de la fe cristiana. Detrás de un libro hay una pregunta, ¿cuál fue la suya? En Nueva York tuve una conversación con un magnate que me hizo reflexionar. Me agradeció todas las contribuciones que el cristianismo ha realizado a la humanidad, sobre todo en el campo del arte, la educación y la salud. Pero también me insistió en que la religión ya no era necesaria en la esfera pública de las sociedades democráticas y pluralistas avanzadas. Su enfoque no fue agresivo, pero sí me habló con fuerza, desde el corazón. Me sentí interpelado por sus palabras y le respondí: «Déjame pensar sobre lo que me has dicho y hablemos en otra ocasión». Y le contestó con un libro… Sí, este libro es una respuesta que llega tras una larga reflexión y muchas lecturas. Me hizo gracia una expresión del humorista José Mota que, en lugar de hablar del «loco de remate», dice «cuerdo de remate». Y partí de ahí. En una sociedad fragmentada, desbordada por la tecnología y el aburrimiento, profundamente arrogante y autocomplaciente; en un entorno consumista que, después de saciarse y apagarse, asume la eutanasia por descarte, el cristianismo emerge como ese «cuerdo de remate» al que debemos volver la mirada. 80—Nuestro Tiempo agosto 2025
El cristianismo, según Domingo, es «más que un dogma: un Dios que sale al encuentro del hombre».
EL CAPITALISMO
«La universalización de la lógica del mercado conduce a la mercantilización de lo más genuinamente humano: el cuerpo» DIOS Y LA CIENCIA
«Un Dios que quepa en nuestra mente es tan solo un falso dios, un dios cerebral, tan limitado como nuestro centro nervioso» EL PAPEL DE LA JERARQUÍA
«La jerarquía debe iluminar con la autoridad de la fe, con la auctoritas. Nunca con la potestas de la coacción»
¿Cuál es la idea madre del libro? Trato de explicar la necesidad y las ventajas de que una sociedad democrática madura se abra a la trascendencia y viva como si Dios existiera, respetando siempre, con la debida consideración y por igual, los derechos de creyentes y no creyentes. ¿Habitamos una sociedad poscristiana? El prefijo post puede aplicarse a diferentes contextos sociales, como en una sociedad posmoderna, postsecular o posindustrial. Sin embargo, los cristianos no podemos usarlo con relación al cristianismo, ya que creemos que ha llegado para quedarse. Si realmente Dios es amor, como enseña el cristianismo, y se ha encarnado y nos ha redimido y perdonado, su presencia en el mundo
es permanente. Estos hechos nos hacen imposible considerar un post, un después, con relación a su existencia. Usted defiende que el cristianismo no se reduce a lo privado, sino que tiene consecuencias sociales, políticas y culturales. ¿Qué papel cree que debería jugar la jerarquía en el espacio público? La jerarquía de la Iglesia tiene que iluminar e inspirar la política desde la espiritualidad, o con orientaciones éticas, desde el ámbito moral, pero sin entrar de hecho en el debate político, ni actuar directamente en política. Cuando esto ocurre, el cristianismo se clericaliza y se limita la libertad de los creyentes. Eso produce un fuerte rechazo social. Los ejemplos abundan. Ya lo dijo Jesús: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». La jerarquía debe iluminar con la autoridad de la fe, con la auctoritas, como diría mi maestro, Álvaro d’Ors. Nunca con la potestas de la coacción, porque la potestas eclesiástica no es poder civil. Ante la afirmación bastante generalizada de «Soy espiritual, pero no religioso», ¿podemos decir que vamos por buen camino teniendo ese anhelo interior? Sin duda, considero que una de las contribuciones más significativas de la juventud actual es su profundo enfoque espiritual. Se manifiesta en diversas actitudes, como un sincero respeto por la naturaleza, la búsqueda de trascendencia y un anhelo de libertad auténtica. Aunque parezca que se alejan de las tradiciones religiosas, creo que este camino hacia la espiritualidad los conducirá a una conexión más profunda con lo sagrado. La belleza, la verdad, el bien, la unidad, la religión y la espiritualidad están entrelazadas de modo intrínseco; por ello, una lleva a la otra de manera natural.
¿En qué se distingue la espiritualidad de la religión? En nuestros días la idea de religión se refiere a un sistema organizado de creencias, costumbres morales y prácticas rituales. Las religiones suelen estar institucionalizadas y cuentan con textos sagrados y comunidades de seguidores, así como con un código de normas morales. La espiritualidad, sin embargo, consiste en una búsqueda más personal y subjetiva de sentido, significado, conexión con uno mismo, los demás, el universo, lo divino y Dios, en definitiva. No necesariamente está ligada a una estructura o doctrina formal y puede incluir prácticas como la meditación o la conexión con la naturaleza. Por eso, en nuestros días, se puede ser espiritual pero no religioso, y religioso desde el punto de vista social pero poco espiritual. Sin embargo, en un cristianismo vivido hasta sus últimas consecuencias, espiritualidad y religión se funden, como el jardín y la tierra. Una religión sin una espiritualidad profunda acaba en el fundamentalismo del fanático. Una espiritualidad
totalmente desconectada de la religión termina debilitándose, o convirtiéndose ella misma en una nueva religión. Es el caso de la Nueva Era [New Age]. ¿Debe espiritualizarse el cristianismo? Por supuesto. El drama de los abusos sexuales en la Iglesia católica o algunos casos de corrupción se han producido por una falta de espiritualización. Y hay personas que pueden vivir un cristianismo muy poco espiritual, como quienes durante la semana se portan mal con sus compañeros de trabajo, o en sus respectivas familias, y los domingos están en misa. Tenemos que espiritualizarnos más; por eso es bueno ver la religión y la espiritualidad como dos realidades conceptualmente distintas que deben integrarse. Un cristianismo profundamente espiritualizado conduce a la vida contemplativa y, al final, a la santidad, que no es otra cosa que la unión permanente con el Dios-amor. ¿Y cómo podemos los cristianos espiritualizarnos más en medio de un
mundo dominado por la imagen y por la inmediatez digital? Hemos de comprender la multidimensionalidad del ser humano. Somos un espíritu encarnado, como decía el gran genio Leonardo Polo: un puñado de emociones, sentimientos, actuando en un cuerpo físico con mente, entendimiento, voluntad, alma. San Hilario de Poitiers, padre de la Iglesia, dice que Dios Padre es silencio, Dios Hijo es palabra, Dios Espíritu Santo, soplo. Se puede descubrir a Dios desde el silencio y desde la palabra, también desde el soplo; interiorizándome hasta verme como imagen de Dios o descubriendo en los demás esa imagen divina trinitaria. ¿Cuál cree que ha sido el talón de Aquiles de los cristianos? Que no hemos sido conscientes de nuestro propio tesoro, y a veces lo hemos vendido por un plato de lentejas. Los cristianos debemos redescubrir la belleza del cristianismo, su potencia transformadora para la sociedad y las personas, su esencia netamente divina y al mismo agosto 2025 Nuestro Tiempo —81
Campus El sentido del cristianismo
tiempo humana. Debemos ver la revelación como un don maravilloso; la liturgia como un encuentro con lo divino, y la Eucaristía como la cumbre donde se une el cielo y la tierra. Un cristiano consciente del misterio de la Revelación cae de rodillas en acción de gracias y llora, llora como un niño, que es la mejor actitud para acercarse a un Padre que nos ama infinitamente. ¿Por qué afirma en su libro que el cristianismo en el fondo no es una religión? Desde el punto de vista sociológico, se ha catalogado como religión, y lo es. Pero el cristianismo es más que una religión, es más que un sistema de dogmas, un código ético o una liturgia. Es más que la Biblia. Es un Dios que con amor posesivo (eros) busca al hombre, sale a su encuentro, para endiosarlo eternamente. Por eso lo ha creado a su imagen y semejanza. Para que se pueda unir a Él para siempre. Es un plan de Dios más que un plan humano en busca de Dios. Eso sí, libérrimo, porque sin libertad no hay amor. La libertad es condición necesaria, aunque no suficiente, para la existencia del amor. Usted sostiene que el cristianismo tiene mucho que ofrecer al mundo contemporáneo. ¿Cuál diría que es hoy su aportación más urgente o necesaria? Enseñar a perdonar. Una sociedad altamente tecnificada que no aprenda a perdonar está llamada a la autodestrucción. La revolución del cristianismo es la revolución del perdón, la revolución de un Dios que perdona y nos invita a perdonar incluso a nuestros enemigos. Esto no es buenismo, ni claudicación, ni renuncia, sino liberación. No sorprende que los últimos papas hayan hablado con tanta fuerza de la necesidad de instaurar una civilización del amor en el mundo. ¿Qué puede ofrecer el cristianismo que no dé la sociedad hoy en día? 82—Nuestro Tiempo agosto 2025
Un verdadero sentido de la pobreza. El cristianismo tiene la importante misión social de implementar el mensaje revolucionario de Jesucristo sobre la pobreza. Este concepto no debe limitarse únicamente a la pobreza material extrema, contraria a la dignidad de la persona, sino que debe expandirse para abarcar todas las dimensiones del ser humano. El capitalismo ha restringido la relación dual de pedir y compartir a la lógica del mercado, donde el beneficio económico predomina. Sin embargo, como advirtió Benedicto XVI, siguiendo a pensadores europeos, existe un marco más amplio y solidario basado en la lógica del don y la gratuidad, que no solo incluye sino que también trasciende la lógica del mercado. La universalización de la lógica del mercado conduce a la mercantilización de lo más genuinamente humano: ponemos precio al cuerpo humano, o sus partes. La universalización de la lógica del don conduce a la dignificación de lo humano. La imagen de Dios no tiene precio. Tampoco nuestra libertad. Según los últimos datos, los jóvenes de países occidentales están empezando a manifestar interés por el cristianismo. ¿Lo ve usted como una forma auténtica de fe o más bien como una espiritualidad de emergencia? Una persona que se para profundamente a pensar y a contemplar sin miedos estas realidades acaba encontrándose a Dios, amor personificado. El hombre es imagen de Dios y, cuando el hombre se considera imagen del hombre o una propia creación, sustituye a Dios por el hombre y no se entiende a sí mismo. El hombre solo se entiende desde Dios. El cristianismo muestra a un hombre que es imagen visible de un Dios invisible. Más es imposible. Cuando Dios hizo al hombre, lo más íntimo de la deidad se unió inseparablemente al hombre. Eso significa que somos imagen de Dios.
¿Qué opina de las tentativas recientes de probar la existencia de Dios desde la ciencia? Dios no es una hipótesis científica porque está por encima de la ciencia. Un dios científico sería una caricatura de Dios. Un Dios que quepa en nuestra mente es tan solo un falso dios, un dios cerebral, tan limitado como nuestro centro nervioso. La mente es una excelente herramienta que ha de usarse para tratar de llegar a Dios, pero no es la única, y probablemente tampoco la más importante. Yo apuesto más por la experiencia de Dios que por la vía argumentativa. Por lo demás, cuando muramos, nuestra experiencia de Dios continuará; pero nuestra mente —entendida en su sentido corpóreo—, desconectada del cerebro, no pervivirá. ¿Puede indicar algún científico que le parezca relevante? Me inclino por la aportación a este debate de John C. Polkinghorne (1930-2021), con cuyo pensamiento me siento identificado. Explica cómo la física cuántica y la teología se unen en el mismo deseo de comprender la realidad. Polkinghorne afirma que ambas aproximaciones son complementarias: dos modos diferentes de acercarse a la única realidad que se nutren y apoyan mutuamente. En nuestra universidad, Javier Sánchez Cañizares acaba de escribir un excelente libro titulado Cómo actúa el espíritu en el mundo, cuya lectura recomiendo. ¿Puede poner algún ejemplo? Por supuesto. El entrelazamiento cuántico es un fenómeno en la física cuántica que nos muestra que dos partículas pueden estar conectadas con independencia de la distancia que las separe. El estado de una partícula instantáneamente afecta al estado de la otra. Este hecho desafía nuestras intuiciones sobre la localización y la causalidad. Algo parecido sucede en la teología cristiana cuando
Según el catedrático, el divorcio entre religión y espiritualidad está en la raíz de graves problemas.
nos habla de la interconexión de todos los seres humanos a través de la comunión de los santos, con independencia de la distancia y de la causalidad. Te sientes muy unido a tu hija, por ejemplo, aunque se encuentre en otro continente. Por otra parte, el papel del observador en la mecánica cuántica guarda cierta semejanza con las reflexiones de la teología cristiana sobre la relación del Creador —y del ser humano como imagen suya— con el universo. El universo funciona porque es observado. Y el ser humano vive porque es mirado con eterno amor por Dios. En el capítulo «Una sociedad secular y libre» dedica un espacio a hablar del debate entre Jürgen Habermas y Joseph Ratzinger, entre las mejores cabezas de la secularidad y la religión. ¿Qué enseñanzas podemos sacar de aquel histórico diálogo intelectual? Lo primero que destacaría es la capacidad de diálogo sencillo y profundo. Sincero. Ahora vas al Parlamento y nadie escucha a nadie. Cada uno lee su discurso o insulta al otro y se marcha. No se debate, no se busca ni se admira el argumento del otro. En definitiva: no interesan la verdad ni el bien común, sino imponer la voluntad del partido. Que el entonces cardenal Joseph Ratzinger se reuniera en Múnich con Habermas para debatir, en presencia de otros grandes filósofos como Robert Spaemann (doctor honoris causa de nuestra universidad), sobre religión y temas centrales de la existencia humana es una lección para todos. Además de ser un ejemplo de escucha, también quedó de manifiesto la importancia de reconocer las propias limitaciones, como cuando Ratzinger reconoció la complejidad del concepto de derecho natural, porque no tenemos la respuesta a todo. Habermas, por su parte, reconoció que la secularización estaba siendo mal entendida, porque llevaba al desprecio de la religión.
¿Qué mensaje central le gustaría que quedara del cristianismo en el siglo xxi? Recuperar la idea de contemplación. En esta universidad lo tenemos fácil con el museo que se construyó hace un decenio y la labor que se lleva a cabo en él. Al teólogo alemán Karl Rahner se le atribuye la famosa frase: «En el siglo xxi, los cristianos serán místicos o no existirán». Un cristianismo sin contemplación acaba endureciéndose, convirtiéndose en un manojo de reglas morales y rituales y sucumbiendo ante el racionalismo científico o el materialismo consumista. Y una sociedad que no contempla se encorseta. ¿Cómo afecta la contemplación a la vida ordinaria? La contemplación cristiana, de la que la contemplación natural es el primer paso, abre la puerta de nuestro corazón a Dios. Por eso la contemplación, poco a poco, nos transforma y diviniza, nos
introduce en la vida divina intratrinitaria, y nuestra alma siente el gozo de verse cerca de Dios. Se produce entonces la cristificación, que, con palabras de san Pablo, consiste en que «Ya no soy yo quien vive, sino que Cristo vive en mí». Es entonces cuando el ser humano se hace contemplativo allá donde esté y haga lo que haga: subir al monte, escuchar una clase magistral aburridísima, chutar a gol, atender un seminario, tomarse una cerveza en Faustino, correr una maratón. O estar postrado en un quirófano. Suena al mensaje de san Josemaría. Así es. En este momento histórico, el mensaje del fundador de la Universidad de Navarra sobre ser contemplativos en medio del mundo resuena con una fuerza singular, casi atronadora. Y en cada rincón de este precioso campus, donde pronunció su famosa homilía Amar al mundo apasionadamente, reverbera un eco de aquel mensaje transformador. Nt
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FUGAS Y CONTRAPUNTOS Daniel Capó
Hasta caer rendidos
abuelo. Ambos cultivaron su jardín hasta el final, hasta que cayeron rendidos». Leo a Gospodínov durante las horas muertas en el aeropuerto. Entre un capítulo y otro, aprovecho para responder algún e-mail y anotar algunas ideas en mi diario, antes de que la urgente cotidianidad del día a día lo sumerja todo en el olvido. Llevar un diario no es un pasatiempo ocioso: exige disciplina y honestidad. En eso se parece a la jardinería y al arte de ser padres. El jardinero tiene que tocar la tierra, oler el humus, mirar el cielo e interpretar sus signos. Tiene que saber cuándo sembrar, cuándo podar y qué hacer para evitar las plagas. ¿Y la paternidad no exige también desvelo y amor, distancia y cercanía, confianza y libertad? ¿No nos convierte de nuevo en hijos de «un amor que encomienda», por decirlo en palabras de don Leonardo Polo? La escritura, la jardinería, la paternidad me parecen rarezas en un mundo fascinado por la eficacia. La universidad, el saber, «Llevar un diario no es un pasatiempo ocioso: responde a una lógica similar. Cuando posamos nuestra mirada y nuestro corazón sobre el auténtico cuidado de las cosas, obexige disciplina y honestidad. En eso se parece servamos cómo emerge una realidad en la que no rige ninguno a la jardinería y al arte de ser padres» de los criterios habituales con los que solemos juzgar. Quiero decir que no genera likes en las redes sociales, ni nos aporta poN HOMBRE TRABAJA en su jardín. Sabe que el pularidad, ni dinero. Pero sí frutos. Y frutos de verdad. tiempo que le queda depende de cómo lo cuide. «Nada que temer», el narrador recuerda este axioma paterAcaba de superar un cáncer y le espera otro que le no en casi todos los capítulos. Esto solo puede decirlo quien traerá la muerte. Entretanto pasarán diecisiete años ha aprendido a ser un hombre. «Mi padre —escribe Gospodíy, con ellos, el ictus de su mujer, la epidemia del co- nov— lograba convertir cada terreno en un jardín, cada casa vid, varios nietos y el éxito internacional de su hijo en un hogar. Esa es una maña especial». ¿Cómo no lo va a ser? Gueorgui Gospodínov, el gran novelista búlgaro de nuestros Ahora que está de moda, la inteligencia artificial nos promete días. «No hay nada que temer», le repite a su hijo mientras su respuestas inmediatas a los problemas que plantea nuestra igcuerpo se debilita y el dolor se adueña de su carne, la arruga y norancia. Pero no podemos pedirle que nos cuide. Ni que nos la devora, deja su marca en el sistema nervioso. «No hay nada ayude a madurar, simplemente confiando en nosotros y esque temer», repite, y coge la azada y abre surcos en el suelo. perando; regando unas veces, podando otras; aceptando que Planta tomates y pimientos, patatas, maíz y fresas, árboles no podemos controlarlo todo, y que el desgaste y la inquietud frutales, peonías, rosas y tulipanes. Es un universo ordenado forman parte del contrato de la vida, al igual que la esperanza, que refleja, seguramente, una forma de ser también ordenada. la alegría y el gozo. La inteligencia artificial es una inteligencia El abad benedictino Dom Jean-Charles Nault ha reflexioinhumana. nado en sus libros acerca de la acedia: aquel Sé que El jardinero y la muerte no represenviejo mal monástico, raíz de los pecados ta solo un lamento. Como toda buena liteLA PREGUNTA DEL AUTOR capitales, que puede definirse como falta ratura, apunta más allá de las emociones, y de cuidado. La acedia, asegura Nault, canos entrega una pregunta para que nos la haSi tuviéramos que elegir racteriza un tiempo que ha abandonado la gamos a nosotros mismos: ¿qué dejaremos entre ser recordados por esperanza en el ser humano para sustituirla atrás cuando ya no estemos? ¿Qué recordanuestros logros o por por la propaganda, la inteligencia artificial rán de nosotros nuestros hijos, nuestra panuestra manera de amar, y un descreimiento cínico y arrogante. Pero reja, nuestros amigos y hermanos, nuestros ¿qué elegiríamos? el hombre del que hablo no sufría de acedia. alumnos? Ojalá puedan decir que fuimos Gospodínov narra los últimos días de su jardineros de la vida hasta caer rendidos. Y padre con la emoción contenida de un hijo, que nuestros frutos no fueron agraces. pero también con la admiración debida a quien, entregando su vida, nos ha enseDaniel Capó [Der 96] es ensayista y editor. Columnista en The Objective y en los periódicos del grupo Prensa ñado lo más importante: el cuidado de las @NTunav Ibérica. También ejerce de crítico literario en La Lectupequeñas cosas, el respeto, la entrega. «Lo Opina sobre este asunto en X. ra de El Mundo. Forma parte del Consejo Asesor de la miro —escribe en El jardinero y la muerte editorial Libros del Asteroide desde su fundación. (Impedimenta, 2025)— y me acuerdo de mi
U
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Libros
NÚMEROS
2,2
millones de libros se publican al año en el mundo, según la Unesco.
11
horas a la semana, de promedio, dedica a leer una persona en la India.
Leyendo desde dentro Grandes autores —Nabokov, Borges, Vargas Llosa...— dejaron constancia de sus impresiones tras leer grandes libros. Su clarividencia ensancha el panorama a quienes nos acercamos a los clásicos después. Un escritor maduro, Eduardo Jordá, reunió en Lo que tiene alas (Fundación José Manuel Lara, 2014) sus agudos comentarios en torno a docena y media de cuentos o novelas cortas excelentes. En torno a torbellinos, a misterios. A milagros. texto Joseluís González [Filg 82],
profesor y escritor @dosvecescuento
Eduardo Jordá ha convertido sus lecturas en material literario propio. foto: viu
Quizá por mi dedicación docente, siempre he creído oportunas —necesarias— las notas a pie de página. Un ejemplo augusto y superconocido: las primeras líneas del Quijote. «En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo...». Lugar no se refiere ahí a sitio o paraje sino a localidad. Más aún: a una «población pequeña» (menor que villa y mayor que aldea). Aunque no se emplee hoy mucho, lugareño se relaciona con ese significado cervantino. Cabalmente, la expresión «no quiero acordarme» tiene poco que ver
con la mala índole del narrador; más bien refleja su desmemoria, y debe entenderse como un «no me acuerdo ahora mismo». Es decir, con un matiz que los lingüistas denominan incoativo, de empezar una acción, como cuando alguien mira un cielo de verano ennegreciéndose y pronostica: «Parece que quiere llover». Lo aprendimos de don Francisco Rico y, antes, nosotros, en las aulas de la Universidad de Navarra, del profesor González Ollé. Otro talento gigante, don Martín de Riquer, explicó, además, que en su inicio inolvidable Cervantes satiriza recursos
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frecuentes en ese género novelístico: «El primer palmetazo a los libros de caballerías, que solían iniciarse con pompa y solemnidad y situando la imaginaria acción en tierras lejanas y extrañas y en imperios exóticos fabulosos». El último traductor de la gran novela policiaca de Dürrenmatt La promesa —burla y desafío de esa especie narrativa— anota varios sitios y nombres. Tal vez no haría falta saber que Kasernenstrasse significa «calle de barracones o cuarteles» porque se infiere párrafos después. Sí que redondeamos más el temperamento de
Dario Ferrari
Julio Cortázar
Marcos Nogales Iida Turpeinen
Jorge Luis Borges
APUNTES
un inspector de policía, un tal Henzi, con prisas por ascender, a quien se le retrata así: «Henzi era de Berna, ambicioso, pero los agentes lo apreciaban. Se había casado con una Hottinger, se había pasado del partido socialista a los liberales y llevaba camino de hacer carrera». Hottinger, señala Xandru Fernández, era, y es, el apellido de una poderosa familia de la banca suiza. En el penúltimo capítulo regresa este personaje. Con su desenlace particular en apenas dos líneas. Secundarias, posteriores, pero donde se apoya el arte de la caracterización. Las interpretaciones de expertos nos ayudan con su luz. Puede comprobarse de nuevo en un título sugerente que acabo de localizar: Lo que tiene alas. Que… «está fuera del alcance de las leyes», según el sensato Joubert. Agrupa comentarios de un escritor mallorquín afincado en Sevilla, Eduardo Jordá, sobre obras que desmenuzó con sus alumnos en un taller de escritura creativa. Obras artísticas. Aclara desde el principio cuál considera la mejor manera de leer: buscar en las páginas lo que «dicen de forma evidente aunque a menudo nadie haya sabido reparar en ello». Primero, las palabras. Captar qué transmiten, qué sugieren. Y vivirlas. A pesar de que, como escribió Borges, «en las letras de rosa está la rosa / y todo el Nilo en la palabra Nilo», silabear en un restaurante tonnarelli cacio e pepe o paella mixta dice menos que tenerlos sobre el mantel. El sabor de la verdad está en experimentar con la inteligencia de los sentidos y con la compañía. Leer
con otros desemboca en leer mejor. En el misterio de descubrir. Ingredientes, sabores, texturas. Y el milagro de compartir. Por ejemplo: quiénes le roban de verdad «El abrigo» a Akaki Akakiévic en ese cuento de Gógol. O que en la silenciosa historia de «Bartleby, el escribiente», releída por Jordá en un terco invierno austral en Chile, el narrador no sea este copista recóndito sino el abogado mediocre de Wall Street que contrata a ese segundo y solitario empleado. «Una buena novela o un buen relato no necesitan un manual de instrucciones» que exponga cómo deben leerse o interpretarse. Repite, con Nabokov, las cuatro características imprescindibles de quien se adentra bien por los libros: «Tener imaginación, memoria, un buen diccionario y cierto sentido artístico». Y ser perseverante: que vuelva a recorrer varias veces ese mismo texto que va a seguir creciendo. Le basta con el caso de una esquela para demostrar que «El secreto de Tolstói es que todo lo que cuenta está impregnado de vida, todo es real o parece real. Y todo es reconocible». Porque Jordá trasciende la página y sitúa al lector en las coordenadas del narrador. Magistral la vivisección de las dos versiones del cuento «Veía hasta las cosas más minúsculas» de Carver: la que el editor Gordon Lish redujo a la mitad, tras eliminar sentimientos y desolación, y la que su autor había tecleado. Lish deja en una sola mención a la narradora, Nancy, a la que Carver había mencionado siete veces. Milagros de saber leer por dentro. Nt
lo que lee despacio un escritor Eduardo Jordá (Mallorca, 1956), novelista —La fiebre de Siam y Pregúntale a la noche— y poeta —las contracubiertas destacan de su poesía la «emoción, inteligencia y música, por este orden»—, articulista en Mercurio y ABC Cultural, traductor y profesor de Escritura Creativa en la Universidad Internacional de Valencia, fue recopilando los comentarios que surgían de un taller donde instruía antes de la VIU en los mecanismos compositivos de innegables artistas de la narrativa breve y en los contenidos y sugerencias, en lo velado, de varios cuentos y novelas cortas de acreditado relieve. No desmenuza: agranda. Se detiene en «Casa tomada» de Cortázar, «La buena gente del campo» de Flannery O’Connor, «El nadador» de John Cheever; «El violín de Rothschild», «El hombre enfundado», «El obispo», «Sobre el amor» de Chéjov, en «Un cœur simple» de Flaubert. Incluso en El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald, La vuelta de tuerca de H. James. «Mendel, el de los libros» de Zweig... Hasta con el epílogo y los agradecimientos conquista el testimonio de Jordá. agosto 2025 Nuestro Tiempo —87
Libros
Un libro, un luto
Como una parábola, hacia el futuro
Un esperanzado Han
Fracaso cum laude
El jardinero y la muerte
Salto de fe
El espíritu de la esperanza
Se acabó el recreo
Gueorgi Gospodínov Impedimenta, 2025 224 páginas · 22,95 euros
Marcos Nogales Rialp, 2025 58 páginas · 10 euros
Byung-Chul Han Herder, 2025 144 páginas · 14 euros
Dario Ferrari Libros del Asteroide, 2025 400 páginas · 24,95 euros
Un padre enfermo arrastra a Gueorgi Gospodínov a los hospitales de Sofía, a registrar las últimas palabras paternas. Esas «anotaciones al margen del mutismo» amoldan El jardinero y la muerte. Su escritura cambia junto al padre: de la infancia —maestro del ajedrez, espíritu duro, rocoso, narrador insaciable, jardinero— al lecho, donde surgen pasados callados. Vulnerabilidad. Gospodínov enhebra prosas inclasificables. Lo cierto es que la muerte no tiene etiquetas: las tritura. Aspira a forjar un «pequeño museo de lo cotidiano, del hombre no heroico» y el dolor del final abisma todas las páginas. Plegarias y reproches. Membrillos y parches de fentanilo. Hemorragias y chistes deliciosos. Álbumes familiares y nombres olvidados. Las tardes infinitas de la niñez y los minutos finales del moribundo. Gospodínov serpentea en los opuestos, cuestiona las fronteras: ahí la potencia de su voz.
Marcos Nogales nos regala escenas cotidianas en verso con las que busca un milagro que lo impulse, como una parábola, hacia el futuro. El libro baila entre los poemas del tránsito diario y la contemplación distendida. Destacan piezas existencialistas, con una mirada joven, asombrada y en busca de respuestas. En las repeticiones temáticas —fotos, abuelos, infancia, parábolas y promesas— se observa la voluntad de dar un salto de fe, pero también de esperanza y caridad. El poeta rescata los sinsabores de la existencia en poemas como «Volver», con un resabio crítico, desengañado con la vida líquida de los trabajos precarios. Hay, por ejemplo, una pregunta velada por el sufrimiento («Cómo sobrevivir a tantas cruces / si Dios solo se enfrentó a una»). Entre poemas de ingenio, ironía y tragedia, muestra la inquietud del amor, que avanza con los proverbios evangélicos como hoja de ruta.
Con El espíritu de la esperanza, Byung-Chul Han vuelve a confirmarse como uno de los grandes incitadores del siglo, desplegando una prosa entrecortada, sugerente y chispeante, fiel a su estilo y al aroma de los tiempos. Destaca su análisis de la cualidad activa de la esperanza, de la mano de Camus, Arendt y Havel, y resulta pertinente su crítica al pensamiento apocalíptico y su desarme del optimismo y el pesimismo. Es menos afortunado al escribir, por ejemplo, que «la esperanza no se puede enseñar ni aprender como una virtud» (sería la primera que no pudiera enseñarse), y añade que, para propagarse, «se necesita una política de la esperanza». Son ecos del resto de sus obras, oscuramente deterministas. Han, un profesor noble, plantea argumentos contrapuestos e induce al gusto filosófico, aunque su estilo, para quien no goza de ser conducido con subrayados, pueda resultar fatigoso.
Te engancha por curiosidad y acabas partido de risa con un pellizco de emoción en el estómago. Marcello, treintañero desubicado, consigue casi por accidente una plaza de doctorado en Literatura. Perdido entre el cinismo académico, investiga a su paisano Tito Sella, oscuro escritor-terrorista de los anni di piombo. Su búsqueda, con ecos de Los detectives salvajes venidos a menos, lo lleva al Archivo Sella en París tras La estantigua, autobiografía perdida de Sella... que quizá nunca escribió. La estructura crea un juego de espejos entre los hilos secretos de poder en el departamento de Rafaele Sacrosanti y la trama de Sella: los mismos ideales, fracasos y desencanto. Con humor irreverente, Ferrari logra una sátira del mundo académico y explora el lado oscuro de la historia reciente. Una novela generacional con aroma noir, intriga de campus y reminiscencias de Eco. Si el fracaso fue tragedia, vuelve aquí como comedia.
Esteban Garay
Santiago de Navascués
David Cerdá
Ana Gil de Pareja
88—Nuestro Tiempo agosto 2025
La vuelta de una irlandesa icónica
Un Conan Doyle que no convence
Sirenas en extinción
Desabrocharse el alma
Boda irlandesa
La lista de los siete
La bestia del mar
Misterio y fe
Norah Hoult Trotalibros, 2025 216 páginas · 19,95 euros
Mark Frost Impedimenta, 2025 432 páginas · 24,95 euros
Iida Turpeinen Seix Barral, 2025 336 páginas · 21 euros
Jon Fosse Debate, 2025 168 páginas · 12,90 euros
Trotalibros ha recuperado esta obra de Norah Hoult publicada en 1950 con el título Cocktail Bar. Contiene doce relatos que giran en torno a la identidad irlandesa, la emigración, el matrimonio, la moralidad y las divisiones sociales. Cada historia está ambientada en aquella isla verde de principios del siglo xx y aborda con una mirada crítica el papel de la mujer, el choque de clases o la soledad. Los cuentos los protagonizan en su mayoría mujeres atrapadas en matrimonios asfixiantes, condicionadas por lo que se espera de ellas y, en muchos casos, marcadas por la pobreza o por la represión emocional. En sus relatos, Hoult critica con ferocidad el catolicismo social y los prejuicios de su época, lo que le valió décadas de censura a sus veintitrés novelas y cuatro colecciones de cuentos. Ahora vuelven a ver la luz muchos de los escritos de una voz pionera del feminismo literario irlandés.
El guionista Mark Frost le da una pensada no muy ilusionante al mundo de Sherlock Holmes poniendo como protagonista a su escritor: Arthur Conan Doyle. La novela, publicada en 1993 y rescatada por Impedimenta, presenta a un joven Doyle —alter ego de Watson—, médico y escritor, que disfruta en sus entretiempos desmontando fraudes espiritistas. Acude a una sesión donde todo se desmadra y logra salir por patas con la ayuda del que será su compañero, Sparks — Holmes—, un personaje lleno de secretos. Sparks le revela que el mal del mundo se está uniendo a un líder demoníaco. El libro está plagado de elementos atractivos como logias ocultistas y magia negra. Por desgracia, Frost los enfría en cada capítulo. A pesar de la buena ambientación, unas extensísimas e inoportunas conversaciones de sus personajes y sus expresiones manidas hacen de la historia algo insulso.
Sería previsible hastiarse con una novela histórica como La bestia del mar, tan científica y taxonómica; pero la finlandesa Iida Turpeinen triunfa en su estreno editorial y narra con buen pulso el hallazgo, la extinción y el estudio de la vaca marina de Steller. Según la autora, no puede comprenderse «sin escribir antes sobre las sirenas», compañeras de morfología. Como a marineros odiseicos, el animal atrae a los personajes reales que Turpeinen rescata del pasado, como el descubridor del mamífero, Georg Steller, o un gobernador sorprendido al comprender que el ser humano es «para otra especie un azote semejante a un asteroide o un diluvio». El animal ha desaparecido. La verdadera bestia es el hombre. El coloso de Steller es un pretexto para dedicar una carta de amor a la naturaleza que, en tan solo una semana, se agotó en su primera edición en las librerías finlandesas.
Inefable. «Que no se puede explicar con palabras», que necesita mostrarse. Wittgenstein, Juan Pablo II, el dominico Eckhart y Nicolás de Cusa festonean preguntas sobre poesía, filosofía, arte, Dios y el Vaticano que contesta, perspicaz, vehemente, el escritor Jon Fosse. Este nobel de literatura se convirtió al catolicismo en 2013. En 2015 se editó su conversación con Eskil Skjeldal, ahora traducida al español. Skjeldal, teólogo, abrazó la misma fe tras episodios de intensos interrogantes que retumban en Misterio y fe: «¿Qué responderíamos si nos preguntaran: “¿Crees que podrías perder la fe?”». Fosse critica el desacuerdo entre fe y razón, la poca sinceridad de los creyentes, sus endebles conductas y expone algunas posiciones propias. De «un canalla sentado en la última fila», como dice de sí mismo. No es para tanto, después de leer cómo se desabrocha el alma.
Maria Domingo
Joseluís González
Mariano Castagneto
Juan G. Tizón agosto 2025 Nuestro Tiempo —89
Libros Novedades EUNSA
Pero ellas aspiraban a más
Comunicar desde la virtud
Un asunto muy serio
El feminismo que soñó Wollstonecraft
Bellas, histéricas y literatas Mercedes Ten Doménech · 2025 264 páginas · 19,90 euros
Cómo mejorar tu forma de comunicarte Carlos Pérez Salguero · 2025 151 páginas · 9,99 euros
El sentido del humor y la familia A. Mares y M. Martínez · 2025 232 páginas · 16,90 euros
Recuperar una visión perdida Erika Bachiochi · 2025 420 páginas · 24,90 euros
Mercedes Ten lee la evolución de los derechos de las mujeres desde La Regenta (y otras coetáneas) y demuestra que la novela realista reflejó fielmente la vida de finales del siglo xix. Ana Ozores se codea con mujeres «con posibles» reducidas a elegantes figurines, con el matrimonio como única vía de estabilidad y sin autonomía legal. Pero las mujeres de su época aspiraban a más. A decidir sobre su vida, desarrollar su intelecto y gozar de independencia y capacidad de participación social. La distancia entre sus deseos y la realidad llevó al desarrollo de lo que se diagnosticó como «histeria». Esta presión fue especialmente fuerte sobre las mujeres literatas o con inquietudes intelectuales. Con todo, abrieron camino: aquellas ilusiones frustradas germinaron en ampliaciones de sus capacidades jurídicas y su margen de acción en la sociedad.
Mientras hablamos pero no siempre nos entendemos, Carlos Pérez Salguero recuerda que la buena comunicación empieza por uno mismo, por ser mejor persona. Muestra que nuestra expresión está íntimamente ligada a quienes somos: cada palabra conlleva una intención, valores y actitud. Comunicar, para Salguero, es un acto profundamente humano. Los vínculos se fortalecen al escuchar, mirar a los ojos, estar presentes y actuar con coherencia. El autor invita al diálogo verdadero, nacido del respeto y el deseo de comprensión. Sus ejemplos cotidianos actúan como guía práctica para quien quiere mejorar su comunicación y sus relaciones personales. Salguero también aborda los retos actuales de la hiperconectividad y la distracción digital que debilitan la atención y el diálogo sincero. Ante esto, propone la presencia consciente y el contacto como clave para una comunicación profunda y significativa.
El sentido del humor, para las autoras, es clave en el crecimiento personal y el encuentro. Lo definen como «una disposición del alma con carácter estable que facilita una mirada clarividente, realista y humilde de la vida». Nos permite comprender y acoger con gozo las limitaciones propias y ajenas; y aligerar, con benevolencia y ternura, cada situación. También nos ayuda a reírnos de nosotros mismos y librarnos de la trampa del yo. Detallan qué fenómenos entorpecen el humor y señalan que donde se aprende y cultiva es, por naturaleza, en la familia; partiendo del amor, la educación, la fe y el ejemplo paterno. El estudio parte de una visión integral de la persona según la antropología cristiana. La fortaleza del corazón humano, amado incondicionalmente por Dios, conduce a encontrar «el punto de sal» de la vida, abrazar nuestra condición con esperanza y desplegar su bien y belleza.
Mary Wollstonecraft imaginó un feminismo centrado en la virtud y la felicidad que promovía la cooperación entre los sexos, el valor de las tareas del hogar y la igualdad. Su visión inspiró los primeros movimientos estadounidenses por los derechos de la mujer. Erika Bachiochi, doctora en Derecho, parte de sus escritos para explorar la historia del feminismo y sus reclamos: voto, igualdad laboral, leyes antidiscriminación o los llamados «derechos reproductivos». Para recuperar las ideas de Wollstonecraft, la autora se apoya en Mary Ann Glendon, profesora de Derecho en Harvard, que retoma las ideas de la pensadora del siglo xviii. Un libro para soñar un feminismo que actúe, según Bachiochi, como «catalizador para la regeneración de matrimonios y familias, la revalorización de las actividades de cuidado, la reestructuración del trabajo y la reconstitución de una cultura moralmente asediada».
Blanca M.ª De la Puente
Maite Ponce Ortega
Lucía Martínez Alcalde
Rosa Fernández Urtasun
90—Nuestro Tiempo agosto 2025
Clásicos: otra mirada
La perla John Steinbeck Vicens Vives, 2015 133 páginas · 11,30 euros
Mar abajo
diego fermín
Libros
En 1940, en un viaje a México, a La Paz, capital del estado de Baja California Sur, el Nobel de Literatura John Steinbeck (1902-1968) escuchó una leyenda ambientada en aquellas aguas cálidas y de antigua extracción de perlas. El escritor quiso convertirla en un guion de cine. La amoldó a un cuento, aparecido en 1945 con el título «The Pearl of the World» en una revista mensual orientada al público femenino donde colaboraban autores de renombre, de Highsmith a Wharton. Amplió, dos años después, la historia hasta la extensión de una dramática novela corta. El éxito del libro continúa. Kino y Juana no han podido casarse porque ni siquiera tienen dinero para costear la ceremonia. Al poco de amanecer, a Coyotito, su hijo de meses, en su choza hecha de ramas, un escorpión le clava en un hombro su veneno. En la ciudad, el médico, un francés, no acepta los aljófares diminutos que le ofrecen por atender a su criatura. Horas más tarde, Kino pesca una perla prodigiosa, «del tamaño de un huevo de gaviota». La noticia corre y la historia empezará a agrandarse, aunque reptando entre bajezas humanas. Las
ilusiones dejan de brillar. Todos le tasan a la baja la joya gigante, y el joven padre se niega a venderla. Como unos malhechores quieren arrebatársela, la pequeña familia debe huir, desesperada por esquivar la muerte o tener que matar a sus perseguidores. Y siempre suena cerca música: la de sus ancestros o los sonidos que orquesta el mal. Esta breve novela supera las lecciones de una parábola sobre los peligros y las suciedades de la codicia. Y va más allá de denunciar desigualdades socioeconómicas que aplastan a los desfavorecidos del mundo y en especial a comunidades indígenas. Por estas páginas de prosa firme y con irisaciones de poesía se zambulle también el conflicto interior de Kino y su transformación: de anhelar que prospere la vida de los suyos en una sociedad nueva con ese tesoro que ha hallado mar abajo, a comprobar qué significa estrellarse contra las injusticias y la crueldad y conocer más maneras bruscas del sufrimiento. Y creer en el anhelo callado de que se extinga el mal por fin. Joseluís González
agosto 2025 Nuestro Tiempo —91
Cine
NÚMEROS
250
millones de visualizaciones tuvo el primer tráiler de Superman en veinticuatro horas.
9858 películas hay en el catálogo de Filmin en España, más que en ninguna otra plataforma.
El festival de Málaga y el desarraigo
Muy lejos, el debut de Gerard Oms protagonizado por Mario Casas, fue el gran descubrimiento del Festival de Málaga.
En el escaparate del cine español se repitió un tema, la búsqueda de unas mejores condiciones de vida, que ha propiciado películas con dos argumentos: la inmigración y la vuelta al campo. texto y críticas
Ana Sánchez de la Nieta 92—Nuestro Tiempo agosto 2025
Al margen de la calidad de los largometrajes presentados, irregular a veces, el de Málaga es un festival interesante porque funciona como una plataforma de lanzamiento de cineastas jóvenes españoles. Aquí pudimos ver las óperas primas de Rodrigo Sorogoyen, Carla Simón o Pilar Palomero, y este año hemos descubierto Sorda, la magnífica propuesta de Eva Libertad, de la que ya hablamos en Nuestro Tiempo. Centrado en la industria nacional, el certamen
es una cartelera donde se anuncian las tendencias argumentales que llegarán a las salas durante los meses siguientes. Y, aunque podría parecer pueril agrupar las ediciones por temas, la realidad apunta a que, como el cine en gran parte refleja la sociedad, no resulta extraño que varios proyectos compartan argumentos. Si en 2023 y 2024 predominaron las historias sobre relaciones, en 2025 varias películas han expuesto sobre el tapete la inmigración.
Enric Auquer
Vera Farmiga
Sin duda, la más destacada fue Muy lejos. En su debut, Gerard Oms cuenta las dificultades de un joven barcelonés, interpretado por Mario Casas, que lucha por abrirse camino en Utrecht. La cinta explora de manera especial las barreras culturales y los prejuicios hacia el extranjero. El protagonista sufre además la precariedad material y la soledad. Señala bien el caro peaje que pagan quienes toman ese camino. En una línea similar encontramos Los Tortuga, que se llevó el premio especial del jurado. Dirigida por Belén Funes, narra la vida de Anabel (Elvira Lara), una estudiante de Comunicación Audiovisual que vive en la ciudad condal con su madre, una taxista chilena interpretada por Antonia Zegers. Aunque la película se centra en el conflicto maternofilial, abre también el foco para hablar de la mirada distinta entre los inmigrantes de primera y segunda generación, el drama del desahucio o el dilema de la vuelta al campo, aunque suponga recortar algunas oportunidades a los propios hijos. En poco más de cien minutos, Funes construye una historia que ayuda a entender la complejidad del fenómeno de la inmigración. En el fondo, el deseo del migrante de una vida mejor está, a su modo, latente en la persona que deja la ciudad para vivir en el campo. Quizás aquí no pesan tanto las condiciones materiales como la búsqueda de un entorno más tranquilo, más sano o quizás más anónimo. Es el caso de La buena suerte, la adaptación de Gracia Querejeta de la novela de Rosa Montero. El protagonista, interpretado por Hugo Silva, es Pablo, un arquitecto de éxito, que, para escapar del grave problema que tiene con uno de sus hijos, decide desaparecer y alquila una
Ralph Macchio
Megan Montaner
casa semiderruida en un pequeño pueblo dejado de la mano de Dios. Allí entabla relación con algunos vecinos y con Raluca (Megan Montaner), una treintañera rumana que, por necesidad, ha dejado atrás sus raíces y trabaja duro de cajera para salir adelante. Es interesante cómo la película indaga en las dos caras de un mismo hecho. En Málaga también se hizo notar Lo que queda de ti. El notable estreno en el largometraje de Gala Gracia cuenta la historia de Sara, una chica que está a punto de grabar un disco de jazz en Nueva York cuando recibe la noticia de la muerte de su padre. Sara rememora el pueblo del Pirineo oscense en el que pasó la infancia y donde vive su hermana, para cuidar de la casa familiar, las tierras y los animales. A través del conflicto entre ellas, magníficamente interpretadas por Laia Manzanares y Ángela Cervantes, Gracia introduce cuestiones como la pérdida de un modo de estar en el mundo más humano y la importancia de los lazos familiares, en especial cuando alguno de los miembros ha tenido que emigrar. El elemento común de todas estas cintas es una mirada compasiva y honesta sobre la inmigración, alejada de presupuestos ideológicos y, al mismo tiempo, sin idealizar ni esconder la complejidad de este fenómeno. Como en otros temas, el cine y la narrativa sirven para acercarnos a realidades que superan lo político. De hecho, quizás el séptimo arte, con su potente elemento de identificación, puede hacer más por la inmigración que muchos discursos y eslóganes que, a veces, se olvidan de los protagonistas; todas aquellas personas que, por unas razones u otras, se ven obligadas a huir de sus países de origen.
Bobby Cannavale
TELEGRAMAS
la ia divide hollywood Mientras los guionistas luchan por preservar la humanidad en sus trabajos, el CEO de Netflix, Ted Sarandos, defiende que la IA abarata costes y mejora las producciones. La tensión entre creatividad y eficiencia define las negociaciones laborales en Hollywood. Los estudios ven oportunidades de reducir costos; los artistas, una amenaza a su profesión. vuelve jackie chan El 8 de agosto se estrenó Karate Kid: Legends, que reúne por primera vez a Jackie Chan y Ralph Macchio. La película busca capitalizar el éxito de Cobra Kai, que demostró que la nostalgia millennial es un negocio millonario. Los veteranos le pasan la antorcha a los nuevos protagonistas. efecto superman Superman recaudó 125 millones de dólares en su primer fin de semana en salas en EE. UU. Es el pistoletazo de salida de un plan a diez años con el que James Gunn y Peter Safran, directores de DC Studios, intentan reestructurar la compañía después de años de altibajos en taquilla y universos narrativos fragmentarios. Un inicio prometedor para competir con Marvel.
Nt
agosto 2025 Nuestro Tiempo —93
Cine
Pixar recupera el aliento
El fantasma de la guerra
El superhéroe de capa roja… y su mascota
Entre el ascensor y la terapia
Elio Dirección: M. Sharafian, D. Shi, A. Molina · Guion: J. Cho, M. Hammer, M. Jones · EE. UU., 2025 Espectáculo visual y de personajes.
La buena letra Dirección y guion: Celia Rico España, 2025 Notable adaptación de la novela de Rafael Chirbes.
Superman Dirección y guion: James Gunn EE. UU., 2025 No te la pierdas si te gustó la de 1978.
Votemos Guion: Santiago Requejo España, 2025 Para amantes de la comedia con contenido.
Elio tiene once años, una imaginación desbordante y una certeza: no estamos solos en el universo. Cuando, por error, es abducido y confundido con el embajador de la Tierra, comienza una aventura espacial muy cómica y emotiva. Quizás es excesivo hablar de la vuelta a la excelencia de Pixar porque Elio no es Coco ni Up pero, después de algunos títulos bastante decepcionantes, encontramos en esta nueva película algunas de las señas de identidad de la compañía del flexo: hay un buen desarrollo de personajes —especialmente los protagonistas— y hay un guion capaz de hablar con sencillez de cuestiones profundas como la identidad, la pertenencia, el valor de la familia o el modo de surfear con acierto los lógicos conflictos intergeneracionales. El apartado visual vuelve a ser espectacular. Los más pequeños disfrutarán con la estética interplanetaria, y los mayores con las múltiples referencias al cine de los ochenta: desde E.T. hasta Alien.
Después de Viaje al cuarto de una madre y Los pequeños amores, Celia Rico confirma su personalidad como autora y su capacidad para construir personajes femeninos y explorar los vínculos familiares. En esta ocasión, Rico adapta una brevísima, delicada y triste novela de Rafael Chirbes para contar la historia de Ana, una mujer herida por el fantasma de la guerra y marcada por el regreso del cuñado al que creían muerto. No era sencillo adaptar una novela en la que la historia transcurre en la intimidad de los personajes. Una novela que más que contar sucesos describe estados del alma. La dirección de actores es soberbia y el trío protagonista, Loreto Mauleón (sobresaliente), Enric Auquer y Roger Casamajor, son capaces de dar vida a unos personajes sumamente dañados, pero que tratan de salir adelante a través del amor. Una película triste que ayuda a entender el horror de la guerra.
Hay remakes que funcionan y este es uno de ellos. El director de Guardianes de la Galaxia ha recuperado el encanto del primer Superman para hacer una versión muy disfrutable. El guion presenta pocas novedades. Una versión clásica: lucha del bien contra el mal. El Superman de Gunn es un héroe sin una pizca de cinismo, algo que resulta oxigenante y que sí aporta originalidad en una narrativa de superhéroes que últimamente viene teñida de psicologización y traumas. Aquí aparece un conflicto de identidad… pero sin trauma. Y lo que sí encontramos es mucha acción, peleas, persecuciones, gadgets, humor y un perro que protagoniza algunas escenas hilarantes. El reparto funciona bien y la pareja protagonista recuerda —sin copiar— al tándem Reeve-Kidder. Los guiños a la actualidad que actualizan el cómic suman. En definitiva, una más que notable película sobre uno de los superhéroes que mejor ha funcionado en la pantalla grande.
Hace cuatro años, Santiago Requejo estrenó un notable cortometraje —Votamos— en el que aprovechaba la reunión de una junta de vecinos para hablar de los prejuicios sobre salud mental. Votemos es la versión en largometraje. El argumento es el mismo, pero los minutos le sirven a Requejo para desarrollar unos personajes que en la primera producción estaban solo esbozados. Con un material de partida tan redondo —el corto es magnífico—, el riesgo era estirar la historia. Sin embargo, el guion hace avanzar el relato profundizando en el conflicto principal, abriendo nuevas cuestiones y jugando con los aspectos más coyunturales del argumento para alcanzar un clímax absolutamente diferente pero igual de brillante. La película —que divierte y hace pensar a partes iguales— mantiene la unidad de espacio y tiempo de Votamos y, como ocurre en el teatro, todo se sostiene en los hombros de un reparto muy solvente y del trabajado libreto.
94—Nuestro Tiempo agosto 2025
Vínculos, heridas y segundas oportunidades
Un hombre valiente
Identidad y huida Dickens en un piso de Londres
Una función inesperada Dirección: Tony Goldwyn Guion: Tony Spiridakis EE. UU., 2023 Para celebrar lo cotidiano.
Bonhoeffer, el espía Dirección y guion: Todd Komarnicki Irlanda, 2024 Si te gustan los biopics y la historia reciente.
Una quinta portuguesa Dirección y guion: Avelina Prat España, 2025 Cine contemplativo.
Scrapper Dirección y guion: Charlotte Regan Reino Unido, 2023 Si te gustan los dramas con un punto de humor.
Max es un cómico en horas bajas que intenta cuidar a su hijo de once años con autismo mientras lidia con las consecuencias de un divorcio y problemas económicos. Tony Goldwyn, más conocido en su faceta de actor que de director, se pone al frente de su mejor película: irregular pero cálida y sincera. El reparto —lleno de consolidadas estrellas, como Robert De Niro, Whoopi Goldberg, Vera Farmiga…— se mueve con soltura entre el humor metacinematográfico y la emoción. Sobresale un contenido Bobby Cannavale, que borda su personaje. Después de un arranque poco eficaz, la película crece en la segunda mitad, con una música que acompaña sin subrayar en exceso. Algunas deficiencias del guion —que se muestra torpe en la presentación de algunos conflictos— se compensan con una historia que resulta creíble, celebra lo cotidiano y reivindica una paternidad vulnerable pero luminosa y, sobre todo, necesaria.
Bonhoeffer, el espía retrata la vida del joven pastor protestante Dietrich Bonhoeffer, ejecutado por los nazis en Flossenbürg en abril de 1945, pocos días antes del final de la guerra. Escrita y dirigida por Todd Komarnicki (Sully), la película recorre de forma fragmentada su biografía y el conflicto entre el cristianismo y el totalitarismo alemán. Bonhoeffer, junto a otros teólogos y pastores como Karl Barth y Martin Niemöller, fundó la Iglesia Confesante, enfrentada al intento del Tercer Reich de construir una Iglesia nacional que presentaba a Cristo como ario y rechazaba cualquier elemento judío de las Escrituras, y por tanto, el Antiguo Testamento. El film conecta con otros biopics como Sophie Scholl o Hannah Arendt, aunque resulta algo más esquemático desde el punto de vista narrativo. Aun así, es una valiosa aproximación a una figura íntegra y valiente que supo plantar cara al nazismo: un régimen político antihumano y cruel.
La vida de Fernando, catedrático de Geografía, se detiene cuando su esposa, una mujer inmigrante serbia, desaparece sin explicación. Roto por dentro, decide también huir y asumir la identidad del jardinero de una finca portuguesa. La cineasta valenciana Avelina Prat aborda en su segundo largometraje algunos de los temas que trató en Vasil: los problemas que implica la migración y la importancia de la identidad, del sentido de pertenencia y de las raíces familiares. Como entonces, encontramos también personajes frágiles que buscan el bien desde su precariedad emocional. El arranque resulta lento y críptico y las elipsis debilitan el retrato de los personajes, pero el relato gana emoción con el paso de los minutos y el tramo final es notable. Construida con miradas y detalles, Una quinta portuguesa requiere de un espectador acostumbrado a ver cine. No es una película para un público general, pero cualquier cinéfilo la disfrutará mucho.
Georgie tiene 12 años. Vive sola desde la muerte de su madre, huyendo de los servicios sociales. Un día aparece su joven —y, hasta ese momento, ausente— padre. El argumento de esta cinta independiente británica es muy similar a las recientes Wolfgang y Aftersun. Una película delicada y emotiva sobre las segundas oportunidades protagonizada por un personaje casi dickensiano: una niña avispada y precoz que convive con la miseria. La interpretación de la joven actriz Lola Campbell, que debuta con este título, es brillante. La novedad no viene de su argumento sino de una narrativa que añade elementos del género documental y de un tono que conjuga la sensibilidad con la que se muestra la nostalgia y la pérdida con una perspectiva esperanzada y optimista. También se agradecen los momentos de humor que aligeran el carácter dramático de la historia. agosto 2025 Nuestro Tiempo —95
Series
NÚMEROS
1,2
millones de dólares ganan Winona Ryder y David Harbour por cada episodio de Stranger Things 5.
154
episodios de cinco minutos tiene Bluey, la serie de animación preferida de los niños en 2025.
Jueves noche en el sofá
Juego de tronos iba a ser «la última serie que veríamos juntos». Sin embargo, el episodio se ha convertido, de nuevo, en evento.
Vuelven la emisión semanal y la miniatura narrativa: el episodio recupera su espacio como rito y no solo como engranaje. texto Alberto N. García
[Com 00 PhD 05], profesor titular de Comunicación Audiovisual y crítico cultural
96—Nuestro Tiempo agosto 2025
Hubo un tiempo no tan lejano en que el episodio era un arte menor. Una estación de paso, casi invisible, entre el punto A y el punto B de una serie. Cuando Netflix lanzó House of Cards en 2013 con su modelo de temporada completa, del tirón, parecía que el futuro de la ficción televisiva pasaba por la absorción de la unidad episódica en favor de una narrativa-río. Ya no importaban tanto los capítulos, sino el flujo continuo. El episodio se volvió el equivalente del sorbo en un trago largo. Y lo importante era beberlo todo.
Esta tendencia, en realidad, llevaba años gestándose en la Tercera Edad Dorada de la televisión. David Simon, el demiurgo de The Wire, desestimaba el episodio como una «abstracción industrial» y defendía la serie como novela televisada, sin ritmos autocontenidos ni resoluciones episódicas. Por un tiempo, esta idea fue dogma en la ficción de prestigio: cuanto más serializado, mejor. Con Netflix como apóstol del maratón, el binge-watching se volvió rutina: enganche exprés, visión compulsiva… y olvido precoz. Éxitos como Stranger Things o
Yakarta
Juego de tronos
White Lotus
Dark reforzaron este paradigma, diseñados para ser devorados sin respiro, con episodios que empujaban hacia el siguiente cliffhanger. Pero, como todo péndulo, la televisión también se balancea. En los últimos años, el episodio ha vuelto a reivindicarse como unidad significativa. Y no solo como contenedor de historia, sino como una pieza con alma, estructura e identidad. Series como The Bear convierten ciertos capítulos en acontecimientos autónomos: no hace falta conocer a los Berzatto para rendirse ante la furia coreográfica de «Review» (1.7) o la cena infernal de «Fishes» (2.6). Lo mismo ocurre con Succession o Adolescencia. ¿Y qué hay ahí de nuevo? ¡Si la historia de la televisión anda jalonada de episodios míticos! Pensemos en el renovado interés por el formato antológico —con Black Mirror como nave nodriza—, donde el episodio muta de tránsito a núcleo. No hay acumulación narrativa sino continuidad alternativa. O en el regreso del procedimental. Poker Face, de Rian Johnson, homenajea la estructura de Colombo, con Natasha Lyonne como sabuesa desaliñada que resuelve un crimen a la semana. Este redescubrimiento del episodio como obra autosuficiente coincide con la vuelta a la emisión semanal. HBO nunca la abandonó, y ahora Disney+, Apple TV o Amazon también apuestan por el gota a gota en lugar del tsunami. No es nostalgia, sino estrategia comercial. En The Pitt, cada capítulo no solo avanza la trama, sino que propone un tono, un foco o una escena inolvidable. Y el episodio recobra su función de evento y conversación. El jueves noche en el sofá vuelve a importar; la reseca crítica del viernes, también. Incluso Netflix, otrora adalid del atracón, coquetea con
modelos híbridos: Arcane o The Sandman jugaron con lanzamientos escalonados o episodios bonus que funcionaban como fantasías embotelladas. El maratón sigue ahí, sí, pero ya no es dogma. ¿Estamos ante una revalorización del episodio? Todo apunta a que sí. Ya no es solo engranaje, sino miniatura narrativa: un espacio donde guionistas y directores dejan su firma como un pintor en la esquina del lienzo. Atlanta, por citar una debilidad personal, lo entendió mejor que nadie: algunos de sus capítulos más memorables —como el desconcertante «Teddy Perkins»— apenas conectaban con la trama principal, pero se masticaban con un sabor personalísimo. El episodio ha vuelto por necesidad. En una era de dispersión y scroll infinito, el capítulo bien armado nos ofrece una experiencia contenida, memorable y, sobre todo, comentable. No hace falta tragarse una temporada entera para emocionarse o discutir: basta un buen episodio. Y si ese episodio llega a todos a la vez, mejor aún: se convierte en rito colectivo. Por eso resulta revelador releer hoy el artículo de Matt Zoller Seitz que, en 2019, pronosticaba que Juego de tronos sería «la última serie que veríamos juntos». Su vaticinio parecía certero: la experiencia conjunta del episodio semanal estaba condenada a disolverse en el consumo solitario del imparable streaming. Sin embargo, apenas seis años después, su predicción ha hecho agua. No solo seguimos viendo series juntos, sino que algunas de las más comentadas (Succession, The Pitt, Shōgun, The Bear) han recuperado la vieja liturgia del episodio como evento. Hay audacia: frente al vértigo de lo continuo, el episodio como pausa, como forma, como comunión.
APUNTES
un ‘white lotus’ nevado Cada año de la serie vacacional creada por Mike White dramatiza un paraíso turístico: Hawái, Sicilia y Tailandia. Hasta ahora, las localizaciones siempre han ofrecido verano y mar, por lo que parece que la cuarta temporada virará hacia el esquí y el paisaje blanco para retratar hipocresías y miserias morales. Contradictorio. puebluchos y bádminton Tras el éxito de Celeste en Movistar Plus, el equipo creativo liderado por Diego San José regresa con Yakarta, una historia que homenajea a «toda esa gente que pierde incluso cuando gana». Javier Cámara interpreta a un exjugador de bádminton que atisba su sueño en la capital de Indonesia. Antiheroico. otro ‘spin-off’ de tronío La exitosa Juego de tronos sigue generando nuevas derivaciones. Esta nueva precuela se ubicará 90 años antes de los sucesos de Canción de hielo y fuego y seguirá las andanzas de un caballero errante y su escudero, un Targaryen. Conflictiva.
Nt
agosto 2025 Nuestro Tiempo —97
Música
EL DESPEGUE La cantante palmera conquistó tres galardones en la 2.ª edición de los Premios de la Academia de la Música: Banda sonora original («La ceniza», de El 47), Cantautora («La soledad») y Electrónica («La ceniza», junto al compositor lanzaroteño Ale Acosta). Con Rozalén rindió homenaje a Pau Donés cantando «Agua».
La ternura de la piel ajena Con una voz que acaricia y unas letras que sobrecogen y hacen presente la realidad, Valeria Castro presenta El cuerpo después de todo, su segundo álbum, un trabajo maduro y delicado. texto Ana Gil de Pareja [Com Filg 19]
«No sé por qué empezar primero». Así abre Valeria Castro (Santa Cruz de Tenerife, 1999) «Devota», la primera canción de El cuerpo después de todo: desde una duda genuina y sincera. Paradoja deliberada: es un disco sobre certezas emocionales que arranca desde la duda. Su voz sola, sin música, sin resguardo, lanza una pregunta que aparece como una grieta por la que entra la luz. Desafía a la épica del empoderamiento y se atreve a no saber: «Lo cuento todo / por si se vuelve lodo / lo que yo pensé que era oro». ¿Qué le parecía tan valioso? «La ternura de la piel ajena / no merece hacer como que no resuena». Ese es el tema de Valeria. Ya su discografía anterior daba pistas. Lo vimos en Chiquita (2021), su EP, que presentó con 22 años, y en su primer álbum, Con cariño y con cuidado (2023). Este segundo disco transita entre el minimalismo folk y un nuevo contraste con una producción compleja, con intensidades sonoras e instrumentales. Valeria se atreve con vientos y violines 98—Nuestro Tiempo agosto 2025
Valeria el 1 de junio en Sevilla durante la gira del álbum. GLORIA NM/MADAME VODEVIL y se adentra en un territorio emocional poco frecuentado en la música de ahora: la ternura. Dice en una entrevista en el pódcast El sentido de la birra: «La solución va a ser volver a los cuidados, a las redes, a la confianza, a las personas que tenemos en frente, a los vínculos». A la ternura como la forma más honda del cuidado, que no se impone, que no grita, que no corre.
Llega hasta allí a través del dolor de su propio cuerpo. «Y dueña del cuerpo que habito / a mí hace un tiempo me enseñaron / son las mías, no tus manos, las que necesito». Su herida es física, es encarnada. Se hace cuerpo; uno al que le sobrevendrán la dureza de la vida, el paso del tiempo, las cicatrices. Y solo en él y por él se puede dar la reconciliación.
DISCOGRAFÍA
Chiquita 2021
Con cariño y con cuidado 2023
El cuerpo después de todo 2025
APUNTES
Expuesta la tesis, lo que ofrece El cuerpo después de todo es la posibilidad de hablarle al dolor con ternura para reenamorarse. Así lo dijo la actriz Itsaso Arana en un cuaderno que Valeria compartió en Instagram: «Ha inventado un nuevo género musical: en vez de canciones de desamor ha hecho canciones de REamor [sic]. Reamor hacia una misma. Reamor hacia el propio cuerpo, después de todo…». No es consuelo superficial, sino un acto de valentía. De quererse a uno mismo en su propia piel, con sus estrías y cicatrices —marcas del paso del amor—, sí, pero también de saberse querido en la debilidad. Dice en «El cuerpo después de todo», canción que da nombre al disco: «Y ojalá la piel desnuda / la miren con ternura / cuando una no puede». A lo largo del disco, sus heridas se manifiestan en canciones dolorosamente humanas. Desde el cuerpo con el que no se reconcilia («Tiene que ser más fácil el quererse / no puede el cuerpo ser tan cruel al verse», canta en «Tiene que ser más fácil»); de soltar la mano a un amor que le ha hecho sufrir («Que a ti ojalá que te vaya bonito / que yo esta historia no repito», en «Honestamente»); hasta el «Cuánto me va a querer la soledad pa no soltarme», en «La soledad». Y desde ahí, en la misma canción, a la duda de si existe un amor real, sin condiciones: «Y creo que voy aceptando que se convierte en quimera / el querer que exista algo que dure la vida entera». Lo que podría ser una catarsis individual se manifiesta como un dolor colectivo, el eco de una
generación a la que le han legado soledades, complejos, silencios. Valeria se inscribe en el feminismo vital que ha definido Gema Pérez en Barbie eres tú: habla sobre la mujer millennial y sus anhelos, de un cuerpo que se detiene a preguntarse por el sentido. Abraza lo femenino, como en estos versos de «El cuerpo después de todo»: «La herencia que no se ha llevado el oleaje», «Sentir presente, humana y colectiva / la historia generalizada femenina». Viviendo —quizás sobreviviendo— como mujer, descubre que la humanidad clama a gritos ternura: «Corazón migrante / que busca en el cariño ajeno forma de salvarse». Es la ternura de alguien valiente, no derrotado. Este disco es un intento de resignificar ese concepto. De plantearnos por qué la presión ideológica y social nos exige mostrarnos siempre imbatibles, cuando podemos abrazar la ternura, para convertirla en una virtud poderosa, transformadora, con poco de frágil. El cierre del disco, «Sobra decirte», brinda un manifiesto de esperanza: «Que no me asusta esta forma de vivir / que me cansé de tenerme que resistir». No es una rendición, es la conquista de aceptar, con alegría, la ternura como lenguaje. El bien y el amor sí que pueden vencer y ser para toda la vida. «Sobra decirte que no quiero morir / sin que conozca esta otra parte de mí / la de un amor que me parece que no tiene fin».
amistad y admiración La cantante y compositora española Silvia Pérez Cruz no solo fue una inspiración para Valeria Castro, sino también el motor que cambió su vida musical para siempre. Hace ocho años, cuando Valeria aún no era conocida, le regaló entradas a su hermana gemela, Paulina, para ver a Pérez Cruz en el auditorio Alfredo Krauss de Gran Canaria. En ese concierto, Silvia subió a Paulina al escenario y le cantó sentada a su lado. La voz de Pérez Cruz, libre y ajena a los moldes del mercado, le mostró a Valeria un camino distinto: el de la emoción como centro, el de la belleza sin artificio. El 17 de julio, la tinerfeña cumplió un sueño: actuar junto a Silvia Pérez Cruz en ese mismo auditorio. La de vueltas que da la vida. En El cuerpo después de todo destaca su primera colaboración, «Debe ser», una de las piezas más especiales del disco.
Nt
agosto 2025 Nuestro Tiempo —99
Escena
PIER PAOLO PASOLINI
«El vestuario no es solo una cobertura para el cuerpo; es la segunda piel que revela la historia secreta de quien lo lleva»
Segunda piel
Los vestidos de Pasolini encuentran nueva vida en el cuerpo de Tilda Swinton. © ruediger glatz, rzym 2021
En Embodying Pasolini, el vestuario original de las películas del realizador romano cobra vida en un ritual silencioso donde el cuerpo de Tilda Swinton se convierte en archivo, escenario y memoria. texto Felipe Santos @ultimoremolino
100—Nuestro Tiempo agosto 2025
No hay diálogos ni trama. Tan solo la vibración de una presencia que busca reencarnar la memoria de las cosas que permanecen. Tilda Swinton no interpreta a Pasolini; se deja atravesar por él y se ofrece como médium de una liturgia textil donde los trajes no son disfraces ni utilería, sino algo parecido a las reliquias. Túnicas, capas, camisas y vestidos que Danilo Donati diseñó para las películas del cineasta romano y que ahora, décadas después, se despliegan en el escenario como fragmentos de una obra en tela. Cada
movimiento de la británica es minucioso y reflexivo. Cada vez que introduce su brazo en una manga o pliega una túnica, es como si nos recitara un verso sagrado. La idea no surgió como espectáculo, sino como un diálogo interior. Pasolini fue una figura clave para Swinton desde sus años de estudiante. Fue, por así decirlo, su primer amor cinematográfico, la primera hendidura en su educación visual. Recuerda el efecto que le provocó el documental Encuesta sobre el amor (1964), que le pareció romántica y punk. Desde
más allá del vestido Desde 2012, Tilda Swinton y Olivier Saillard han creado cinco proyectos que exploran el vestuario como archivo vivo y lenguaje escénico. En The Impossible Wardrobe, Swinton manipulaba prendas históricas sin hablar; en Eternity Dress, encarnaba la creación de un vestido como rito. Cloakroom transformaba prendas del público en objetos cargados de memoria, y Voices of Fashion ofrecía una lectura performativa de textos sobre moda. © brigitte lacombe
entonces, Pasolini se convirtió en una voz interior que le hablaba sobre la belleza de lo marginal o el poder de la mirada. La colaboración con Olivier Saillard, historiador de la moda y exdirector del Palais Galliera —el museo de la moda de París—, le permitió abordar aquel diálogo como una pieza teatral. Juntos han colaborado en cinco proyectos desde 2012. Han desarrollado una investigación escénica en torno al vestuario como archivo vivo, forma de lenguaje y vehículo de memoria. Su primera obra conjunta, The Impossible Wardrobe (2012), mostraba a Swinton manipulando prendas históricas de los fondos del museo. Le siguió Eternity Dress (2013), donde el proceso de creación de un vestido se volvía un ritual. En Cloakroom (2014) invitaban al público a dejar una prenda personal que Swinton trataba con reverencia. En Voices of Fashion (2015) realizaron una lectura performativa de textos escritos por diseñadores, críticos y modistos, donde la palabra tejía un discurso íntimo sobre el vestir. Ahora, en Embodying Pasolini, imaginan un espacio donde ella pudiera habitar esos trajes no como actriz, sino como una comisaria. La escena se convierte en una pasarela que deviene museo. Pero los cambios no se hacen entre bambalinas, sino a la vista. El rito comienza en el desembalaje de las piezas, como quien desenvuelve un regalo y las desdobla con unción. Swinton se acerca a los trajes como si fueran cuerpos dormidos. Los toma, los sostiene, los deja caer. A veces se los prueba para sentir su peso, su temperatura, su tacto. Preparando esta obra, dijo que los vestuarios de cine contienen «un momento fantástico congelado en el tiempo», una energía que sobrevive al rodaje
y que puede despertar pasados los años si se le da el contexto adecuado. Esa energía se manifiesta en cada pliegue, en el roce de una manga que rozó una vez el brazo de Maria Callas. Las telas son como una piel por la que han pasado muchos años: conservan el olor, el gesto, el temblor. Pasolini lo sabía cuando dijo que «el vestuario no es solo una cobertura para el cuerpo; es la segunda piel que revela la historia secreta de quien lo lleva». Por eso Danilo Donati no diseñaba ropa para cine: inventaba un lenguaje de texturas, volúmenes y materiales que hablaba sobre los cuerpos. Swinton los recibe en escena con una mezcla de devoción y extrañamiento. Son trajes que encarnaron a campesinos y a mitos bíblicos, a prostitutas y a reyes. Ropa que exuda sangre. El público no contempla una representación, sino un ejercicio de mediación. Como si una voz anterior —la de Pasolini— hablara ahora desde los tejidos, pasando por el cuerpo de la actriz. El resultado no es teatro, ni desfile, ni instalación. Es un umbral que Swinton transita con la gravedad de quien se sabe portadora de algo que no le pertenece del todo. No toma protagonismo. Se ofrece. Se vuelve político ese gesto que invita a mirar sin hacerlo del todo, a escuchar sin sonido, a sentir sin necesidad de explicarse. Aquí, el silencio se vuelve un idioma. Durante años, Swinton trabajó con cineastas que estaban imbuidos de la sensibilidad de Pasolini, como Derek Jarman, Luca Guadagnino, Bong Joon-ho, o Apichatpong Weerasethakul. En esta obra se une a ese gesto tan pasoliniano de encarnar lo que está marginado, de hacer poesía con lo que el mundo desecha. Su cuerpo —liviano, andrógino, elástico— se convierte en pantalla de proyección.
FICHA ARTÍSTICA
un lugar en la academia Embodying Pasolini es una performance escénica creada e interpretada por Tilda Swinton, en colaboración con el historiador y comisario de moda Olivier Saillard. La obra se construye a partir del vestuario original diseñado por Danilo Donati para las películas de Pier Paolo Pasolini, y propone una liturgia silenciosa donde cuerpo, ropa y memoria dialogan sin palabras. Producción del Festival Malta de Poznań y el Palais Galliera – Musée de la Mode de Paris. Estrenada en junio de 2025 como un rito performativo en el Teatro Polski de Poznań.
Nt
agosto 2025 Nuestro Tiempo —101
Arte
de judoca a maestro conceptual Aunque tuvo una formación artística, Yves Klein no se dedicó a crear hasta cumplidos los 25 años. Fue tras su regreso de Japón, donde había logrado el cuarto dan de judo, el más alto de los niveles en Europa. El judo fue su primera relación con el espacio espiritual y dejó una irremediable impronta en su obra.
El infinito es azul
Para Yves Klein, el azul no era solo un color: era la inmaterialidad y el infinito que tanto ansiaba capturar. Aunque su carrera fue breve, en esa década tuvo tiempo de convertir el color en la mejor de sus firmas. texto Clara González Freyre de
Andrade, historiadora del arte y divulgadora cultural (@claramore_)
102—Nuestro Tiempo agosto 2025
Pocos artistas consiguen construir un sello distintivo. Muchos menos son capaces de hacerlo únicamente a partir de un color. La historia de amor por el azul de Yves Klein (1928-1962) nació el verano de 1947 en las playas de Niza. Su fijación por aquel cielo, que en alguna ocasión reivindicó como «su primera obra de arte», marcaría para siempre su breve y febril carrera. El artista, hijo de los pintores Fred Klein y Marie Raymond y experto en judo, descubrió en aquel azul intenso el color de lo inmaterial, de lo infinito, de una realidad que anhelaba hacer suya. «El azul es lo invisible que se hace visible. Está más allá de las dimensiones de las que disfrutan
otros colores», llegó a declarar en una conferencia en La Sorbona en 1959. Pero hubo Klein antes de su azul. Su ardiente relación con el color le acompañó desde que eligió dedicarse en serio al arte, en los dos años previos a entrar en su «etapa azul», a la que él mismo bautizó así en referencia a Picasso. Esas primeras obras, creadas hacia 1955 —en su mayoría monocromías—, incluyen lienzos del todo blancos, rosas y hasta dorados. En el Reina Sofía de Madrid se conservan varias. Su búsqueda del infinito y del vacío, y en fin, su exploración espiritual le empujaron a desproveer su pintura de composición; no había forma, solo color y textura.
ocho años de arte intangible La carrera de Klein fue breve pero intensa. La muerte le pilló creando, con solo 34 años. Acababa de casarse y esperaba un hijo al que no llegó a conocer. Pero, en menos de una década, fue capaz de componer música a través del silencio, de saltar al vacío y capturarlo en una fotografía, de construir una escultura etérea lanzando al aire mil globos azules y de crear su propio movimiento artístico: el Nouveau Réalisme. © the estate of yves klein c/o vegap 2025 collaboration harry shunk and jános kender © j. paul getty trust. getty research institute, los angeles (2014.R.20)
Su vacío azul, un infinito que le obsesionó de por vida, empezó a tomar su arte a través de pinturas y esculturas, además de acciones performativas. Podría situarse el origen de su «etapa azul» en 1957, cuando presentó once lienzos cubiertos de su característico tono eléctrico en una galería de Milán. Un año después, su constante búsqueda de la inmateria —a menudo provocativa y gamberra— le llevó a presentar su mítica exposición dedicada al vacío en París, que hizo coincidir con su treinta cumpleaños. Aquel 28 de abril, la sala de la Galería Iris Clert se mostró vacía. Solo una cortina en la entrada y unos cócteles azul Klein recibieron a los más de tres mil visitantes que se acercaron aquel día para conocer de primera mano lo que el artista prometía: la más absoluta nada. Para Klein, aquel lugar estaba repleto de algo mucho más especial, el punto de partida de una de sus obras más polémicas: sus Zonas de sensibilidad pictórica inmaterial. Espacios intangibles que los coleccionistas podían adquirir, con su correspondiente recibo de compra, a cambio de una interesante suma de oro. Además, se les ofrecía participar de una experiencia insólita: quemar el recibo y presenciar cómo Klein arrojaba parte de su oro al Sena. Así cerraba el círculo de la inmaterialidad. La polémica conceptualización de su obra y su delirio con el azul no fueron las únicas rupturas a las que el francés sometió a su audiencia. También jugó y experimentó con los soportes y con la infinidad de posibilidades para aplicar pigmentos. Reacio al pincel, Klein prefería utilizar rodillos e incluso optó por empapar esponjas, que integraba dentro de sus lienzos o convertía en esculturas. En marzo de 1960 presentó sus famo-
sas Antropometrías, que pretendían crear «pinceles humanos»: tomaba a jóvenes atractivas y les cubría el cuerpo desnudo con azul para, justo después, oficiar toda una performance mediante la cual sus contornos quedaban impresos en el soporte. Una de ellas puede verse en el Guggenheim de Bilbao. Sin entrar en el debate de la cosificación y erotización de la mujer —más que evidente—, defendía estas actuaciones como un modo de esconder su mano. Así pasaba de ser un artista a una especie de maestro de ceremonias. Los pinceles vivos creaban bajo su dirección. Toda su relación con ese azul, vibrante e infinito, llegó a su cúspide cuando patentó su emblemático color, en mayo de 1960: el International Klein Blue (IKB). Partía del pigmento más valioso del Renacimiento, el azul ultramar, y lo potenciaba con aglutinantes a base de una resina sintética mate que le ayudaba a suspender el color y que mantenía intacta su intensidad. Incluso tras su muerte en 1962, el azul de Yves Klein y su visión radical del arte han dejado huella en disciplinas como la arquitectura o el diseño de interiores. Pero es en la moda donde su presencia resulta más poderosa. En 2012, Yves Saint Laurent lanzó el perfume Manifesto, a través de una campaña en la que la actriz Jessica Chastain pintaba con sus propias manos, evocando las Antropometrías. O el caso de Céline, que en 2017 presentó una colección en la que la impronta visual de Klein resultaba ineludible. Todo su amor se resume en una cita que tomó del filósofo Gaston Bachelard y que utilizó en su conferencia en La Sorbona: «Primero hay nada, luego una profundidad de nada, luego una profundidad de azul».
APUNTES
más valioso que el oro El azul ultramar, el tono que fascinó a Yves Klein, se obtenía del lapislázuli, una piedra semipreciosa. Los yacimientos se encontraban sobre todo en Afganistán, por lo que su llegada a Europa se daba a través de largas rutas comerciales de las que se cree que toma su nombre: el azul que viene de más allá del mar. Por su rareza, su brillantez y el laborioso proceso de extracción, llegó a convertirse en un pigmento más valioso que el oro, reservado solo para las obras más importantes, en especial en contextos religiosos. Cualquier pintura que lo incluyera se elevaba a la categoría de objeto de lujo. Siglos después, tomando como referencia una versión sintética del azul ultramar, Klein recuperó el legado de este color divino y, con ayuda de la tecnología, creó su propio azul absoluto, el International Klein Blue.
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agosto 2025 Nuestro Tiempo —103
HISTORIAS MÍNIMAS Ignacio Uría
Un asunto extraño
Una vez, Juan salió al jardín y allí estaba su hermana. Pidió perdón por haberla interrumpido, pero se acercó intrigado para ver qué leía. —Los Salmos —dijo ella. —Excelente elección. Yo no los he leído. —No mientas, sé que lo has hecho. Ya casi he terminado. ¿Qué pasa? —Me sorprende que aún hagas las mismas cosas que hacías de niña. ¿Sigues rezando de rodillas? —Eso a ti no te importa. —Cuando eras pequeña, te arrodillabas junto a la cama, cerrabas los ojos y te susurrabas cosas en las manos. Secretos. «Piché me tiró del pelo y me enfadé. Marta dijo una palabrota gorda, pero no me he chivado». Nosotros nos escondíamos detrás de la puerta y lo escuchábamos todo. Yo decía que tú irías al Cielo y que eso era bueno. —¿Querías que me muriese? —No, quería que estuvieras allí para colarnos. «Al pasar las décadas cuesta trabajo reconocerse Poco antes de fallecer, Thomas Wolfe escribió No puedes —y no solo por fuera—. Algunos amigos han volver a casa, una novela sobre los sueños pendientes y la reacomenzado a irse y amores que se querían eternos lidad y el tiempo. También, sobre la búsqueda de un camino dijeron adiós antes de tiempo» que nos devuelva a ese lugar maternal que llamamos hogar. Para Wolfe, dicho retorno arruinaría los buenos recuerdos que nos alimentaron durante años, por eso no deberíamos regresar jamás. Yo discrepo. Los hogares tienen alma, por eso NTRAN LOS VIOLINES y el músico da las gracias: son inmortales. Significan paz si ha habido pelea, perdón si ha «Hasta siempre. Vuelvan a casa y celebren la vida». Las cuerdas callan y, por un segundo, el teatro se que- habido ofensa. Puedes bajar a cenar después de la tormenta y nadie dirá una palabra que te moleste, salvo que hayas olvida en penumbra. El concierto acaba con una propina que, sin embargo, es su corona. «Sinceramente, quie- dado lavarte las manos. Y, si no fue así —algo muy probable ro saber qué estoy haciendo aquí/ Quién es el hombre para los nacidos en el siglo pasado—, siempre podemos esforzarnos para que ahora lo sea y la siguiente generación se en el espejo/ No se parece nada a mí». La verdad es la verdad, beneficie del cambio. la diga Agamenón o Coque Malla. A estas alturas, todos hemos visto suficiente dolor; por tan«Vuelvan a casa». Esta orden es un programa de vida; un to, mejor no aumentarlo. Darse cuenta es posible; cambiar de mandato bíblico, si lo pensamos bien. Al pasar las décadas rumbo, conveniente. Si no es por carácter, que sea al menos cuesta trabajo reconocerse —y no solo por fuera—. Algupor cansancio y quizá de este modo evitemos que el pasado nos amigos han comenzado a irse y amores que se querían estropee nuestro presente. Se puede lograr salvo que uno preeternos dijeron adiós antes de tiempo. Nuestro mundo ha tenda cultivar el sufrimiento, pasión estéril. cambiado tanto que ya no lo reconocemos. Esta vida en la tierra es un asunto extra¿Somos los mismos de antes si el pasado LA PREGUNTA DEL AUTOR ño, pero nos queda la esperanza de enconnos resulta ajeno? O si vemos con pavor trar el camino de vuelta a casa. Como hijos que nuestra existencia adquiere vida propia ¿Somos los mismos de pródigos. —como los personajes de Pirandello— y antes si ahora nuestro toma un curso al margen de los planes que pasado nos resulta ajeno? Ignacio Uría [Der 95 PhD His 04] es profesor (cuánto optimismo) hicimos. de Historia Contemporánea en la Universidad de Nuestro vivir está muy lejos de ser teAlcalá. rrible: tenemos una salud aceptable y en general estamos bien dispuestos con el mundo, aunque el mundo no se lo merezca. No hemos sufrido guerras ni posguerras, si bien tendemos (ay) a pensar en unas derrotas que, por lo demás, eran perfectamente @NTunav previsibles. ¿Acaso la solución a la perpleOpina sobre este asunto en X. jidad está en volver a casa? ¿Qué significa eso?
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104—Nuestro Tiempo agosto 2025
ENSAYO
Estética de lo cotidiano
Habitar el mundo
En un tiempo que ha reducido la estética a lo artístico y a lo excepcional, la filósofa Yuriko Saito propone ampliar su alcance a todos los ámbitos de nuestra vida. La dimensión estética impregna cada gesto y cada elección, modela la forma en que percibimos, valoramos y respondemos a la realidad. Reconocerla en lo cotidiano es abrir la puerta a una transformación profunda de nuestra sensibilidad y de nuestros vínculos que puede llevarnos a habitar el mundo de forma diferente. RAQUEL CASCALES es profesora de Ética y Estética en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra. Investiga la estética de lo cotidiano y del cuidado. 106—Nuestro Tiempo agosto 2025
en el segundo relato más famoso de lewis carroll, Alicia atraviesa un espejo y descubre, al otro lado, un universo donde las leyes de la lógica están, cuando menos, trastocadas. La metáfora del espejo cobra hoy un nuevo significado si la aplicamos al objeto que usamos más a menudo: el teléfono móvil. ¿Qué pasaría si también nosotros, sin saberlo, estuviéramos cruzando ese umbral cada día? ¿Y si, al mirar constantemente hacia el otro lado de la pantalla, estamos adoptando de modo acrítico sus modos, sus tiempos, su ideal de belleza, su forma de juzgar lo que importa y lo que no? En ese lugar todo parece más atractivo: los rostros, los objetos, los paisajes. Esa lógica ha capturado nuestra mirada y ha impulsado una progresiva estetización de la vida cotidiana. Se ha impuesto una cierta concepción de belleza que ha cristalizado en las redes con el término aesthetic. Esta expresión no es sino una reducción de la estética a la cosmética: un marcador de lo fotogénico, de aquello que puede ser capturado al instante y consumido en un momento. Puede pasarnos como a Alicia: descubrimos que las maravillas tras el espejo nos dificultan apreciar la realidad en la que vivimos. ¿Y si este fenómeno fuera la consecuencia de una larga tradición que ha reducido lo estético a lo excepcional? ¿Y si fuera la estética— en este caso, la de lo cotidiano— la que pudiera sacarnos de aquí?
ilustración: bea crespo
la estética no es cosmética. El universo digital y artificial disemina unas leyes estéticas de belleza y perfección que hunden sus raíces en el Renacimiento. Aunque parezca un tiempo no tan lejano, fue entonces cuando se fraguaron los conceptos de belleza, arte y artista que hoy consideramos casi universales. Cuando la Estética, como disciplina filosófica, comenzó en el siglo xviii, lo hizo operando ya sobre estas ideas. A su vez, tanto el arte como la belleza pronto se identificaron con las obras de las Bellas Artes que se enseñaban en las academias. Esta circunstancia desplazó el interés de todo lo que se saliera de las normas que allí se cultivaban. Durante esta época, muchos filósofos, en especial ingleses y alemanes (Hume, Kant, Hegel), discutieron largo y tendido sobre cómo se debía valorar y juzgar ese tipo de creaciones, y en sus teorías acabaron por reducir la apreciación de la belleza a una cuestión psicológica de gusto subjetivo. Siguiendo esta estela, durante el Romanticismo se exaltó al artista como genio creador dotado de un don natural para alcanzar obras maestras. Se comprendía que esas apariciones excepcionales
solo podían ser objeto de una contemplación desinteresada y pasiva. Solo podían admirarse desde una observación distante en el museo, un suspiro melancólico al calor de un poema o un aplauso ensordecedor en un concierto. Esta tendencia, que nos ha otorgado piezas y momentos increíbles (y de precios a veces absurdos y desorbitados), ha hecho que la Estética abandonara en los márgenes la realidad cotidiana. Frente a esta corriente mayoritaria, siempre ha habido voces, tanto de filósofos como de artistas, que han alertado del peligro: de Oscar Wilde a Nietzsche, de Courbet a Simone Weil, de Duchamp a John Dewey, de John Cage a Arthur Danto. Todos, a su manera, señalaron las consecuencias de reducir la belleza al canon ideal, la creatividad al arte, la experiencia estética a lo excepcional. Una y otra vez reivindicaron la necesidad de derribar la separación entre arte y vida. Sin embargo, no era fácil salir de los circuitos oficiales del arte y de la maquinaria de su mercado. En los albores del siglo xx, algunos filósofos en el norte de Europa, como Arto Haapala, y en Estados Unidos, como Thomas Leddy, tomaron agosto 2025 Nuestro Tiempo —107
ENSAYO
Estética de lo cotidiano
una ruta menos explorada. Comenzaron a orientar su atención hacia los objetos utilitarios de uso común, la naturaleza, el entorno y, en general, el vasto territorio de la vida ordinaria. Se empezaron a preguntar por qué todos estos ámbitos habían quedado fuera de los estudios estéticos. A partir de la publicación del libro Everyday Aesthetics (2007) de Yuriko Saito, esta corriente se consolidó y alcanzó un eco internacional por defender una postura fuerte que acentuaba lo cotidiano en tanto que cotidiano. Yuriko Saito nació en Sapporo (Japón, 1953). Tras completar sus estudios universitarios, se doctoró en Filosofía por la Universidad de Wisconsin-Madison en 1983 con una tesis dedicada a la apreciación estética de la naturaleza. Esa investigación anunciaba ya el núcleo de su obra: integrar distintas tradiciones estéticas, reflexionar sobre la experiencia directa de la realidad y subrayar las implicaciones éticas de nuestra forma de mirar. Durante décadas fue profesora en la Rhode Island School of Design, una de las instituciones más prestigiosas del planeta en el ámbito del diseño y las artes aplicadas. Esta experiencia docente reforzó su convicción de que toda la realidad es estética y le ayudó a desarrollar sus diferentes trabajos. toda realidad es estética. El pensamiento de esta filósofa no trata de desplazar el arte ni de negar su valor. Tampoco de rechazar lo sublime, sino de corregir el desequilibrio de haberse centra-
La estética es parte de la gramática elemental de la existencia y de la convivencia social. Nos invita a pensar no solo en el sentido de lo que hacemos sino también en el cómo lo hacemos.
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do solo en ello. Su obra reivindica una ampliación de las nociones estéticas tradicionales y señala que esta dimensión —la estética— se relaciona de forma directa con nuestra experiencia sensible (en toda su dimensión corporal), pero también con nuestra dimensión intelectual, afectiva y relacional. Desde ella percibimos e interpretamos, somos influidos y afectados. Por tanto, impacta a nuestra forma de vivir y de relacionarnos con el mundo, y configura todos los aspectos de las interacciones sociales. Para desarrollar las implicaciones de esta teoría, es necesario hacerse algunas preguntas: ¿qué cosas nos gustan?, ¿sabemos de verdad por qué nos gustan, nos parecen bonitas o, incluso, bellas?, ¿de qué modo repercute en nosotros esa belleza? Con frecuencia sabemos qué nos gusta, pero, en general, no hacemos explícito el porqué, lo cual nos hace poco conscientes de cómo influyen los aspectos estéticos en nuestros juicios y, por tanto, en las decisiones que tomamos. Pensemos cuántas veces elegimos libros más por la portada que por su contenido, productos de limpieza por su olor a limpio más que por su eficacia, o confiamos más en una app solo porque su interfaz es agradable. Cuando hacemos un trámite, con frecuencia inclinamos nuestra preferencia a que nos atienda un dependiente u otro por los gestos que percibimos en unos segundos. Lo mismo ocurre en otras tantas relaciones sociales, se den en un aula, en una entrevista de trabajo o en una cita sentimental. Todos los factores, movimientos, tono de voz, olor, indumentaria, etcétera, se presentan de un modo que conforma nuestro juicio y, por supuesto, nuestros prejuicios. En el plano institucional pasa otro tanto: oficinas, hospitales o escuelas bien diseñados transmiten confianza y profesionalidad, mientras que otros espacios descuidados generan rechazo, aunque el servicio sea idéntico. Sin darnos cuenta, lo estético condiciona lo que valoramos y lo que repudiamos. Lo que deseamos. Las consecuencias son mayores en el ámbito político. Saito indica que, a pesar de que los estudios demuestran que es necesario cuidar por igual tan-
to los bosques como las ciénagas, son muchas más las arboledas protegidas que los cenagales, porque las consideramos más bellas. Son tan importantes los osos como las abejas, pero se tiene mayor inclinación por los primeros, y eso que las abejas resultan esenciales para el equilibrio de los ecosistemas, la agricultura y la biodiversidad. No es que no podamos argumentar a favor de unos u otros, sino que no nos percatamos de hasta qué punto la estética influye en las reglas, la promulgación de leyes o las cantidades de dinero que se invierten. Suele pensarse que tenemos una disposición innata y casi universal a admirar la naturaleza. Sin embargo, Saito señala las múltiples diferencias que hay entre culturas o épocas. Desde la Modernidad, la tradición occidental desacralizó la naturaleza y empezó a concebirla más como una fuente de recursos o de ocio que como un espacio de contemplación. Sin embargo, la cultura oriental no se figura la naturaleza como algo separado (observable desde fuera), ni busca parajes espectaculares, sino que valora lo pequeño, frágil y efímero que genera una actitud distinta ante estas realidades. ¿Significa eso que la belleza es relativa? Significa que la belleza siempre se da encarnada, nunca
en abstracto. Por lo tanto, juzgarla es algo más complicado de lo que parece a simple vista, y ese juicio está arraigado tanto en lo recibido como en la forma que tenemos de habitar el mundo. En este sentido, la propuesta de Saito no consiste en embellecer lo cotidiano, ni en que aprendamos estrategias de marketing para presentarnos de un modo más atractivo, sino reconocer la dimensión estética inherente de todo, y con ello, reentrenar nuestra sensibilidad. Aprender a juzgar estéticamente no para volver más aesthetic nuestra vida, sino para ver cómo la manera en la que se me presenta cualquier realidad (objeto, imagen, persona, entorno...) influye en mi juicio y en mis acciones respecto a ella. configuradores de mundo. La estética, por tanto, resulta una dimensión esencial de toda la realidad, de la que nadie puede prescindir. Del mismo modo, cada uno de nosotros somos agentes estéticos (world-makers). La mayoría no somos artistas profesionales, pero esta autora llama a superar los planteamientos tradicionales del espectador pasivo porque, aunque no seamos «plenamente conscientes de ello, todos contribuimos
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ENSAYO
Estética de lo cotidiano
a esta empresa de creación del mundo» mediante nuestras elecciones, decisiones y acciones. La estética es parte de la gramática elemental de la existencia y de la convivencia social. Nos invita a pensar no solo en el sentido de lo que hacemos sino también en el cómo lo hacemos. Nuestra manera de hablar por teléfono en el bus, de colocar los platos en el lavavajillas, de recoger nuestro espacio de trabajo o de intervenir en un espacio compartido da forma al pequeño universo que habitamos: lo hace más o menos ruidoso, ordenado o agradable. Elegir no es inocuo. Tiene una dimensión ética indudable, ya que también afecta a los demás, pero no por ello la dimensión estética es prescindible. En parte, esta unión entre lo ético y lo estético estaba ya presente en la cosmovisión griega. Pero esa unidad, como tantas otras, se diluyó con el tiempo y, a día de hoy, resulta difícil encontrar una corriente ética que tenga en cuenta la dimensión estética. A su vez, puede que entender la belleza a través de cánones de perfección ideal también haya influido en comprender la vida moral como un ideal tan impecable como inaccesible. Pero, yendo más allá del planteamiento de Saito, podemos preguntarnos qué pasaría si recuperáramos una definición de belleza que se recogía hace años en el diccionario de la Real Academia Española, como una «propiedad de las cosas que hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual». Aunque esta acepción desapareció en 2001, permite reconfigurar desde ella nuestra forma de vivir y habitar el mundo. La belleza entendida de esta manera no se reduce solo a una facultad (el juicio), sino que atraviesa todas las dimensiones de la persona. A su vez, es una llamada que nos interpela, nos saca de nuestro aislamiento y nos invita a amar la realidad tal cual es, incluso cuando en un primer momento puede provocarnos rechazo. Se introduce en nuestro interior provocándonos la alegría. Este camino no concluye en un placer efímero o en un simple aumento del conocimiento, sino en un gozo que reclama una respuesta por nuestra parte. ¿Cómo salimos al paso de esa realidad que se nos da gratis? ¿Qué tipo de relación y de compromiso estamos dispuestos a tener con ella?
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cuidar lo que tenemos a la mano. En efecto, hay muchas maneras de relacionarnos y actuar con respecto a la realidad. Resulta natural que la inquietud por cómo llevamos a cabo las accionas condujera a Saito a desarrollar una estética del cuidado. Si el mundo es amable, la consecuencia que se debería derivar es preocuparnos por él y por todo lo que lo integra: la naturaleza, los objetos materiales, las personas... Si nada humano nos es ajeno, entonces ¿no sería congruente que nos ocupáramos de cuidarlo? En este sentido, Saito pone de manifiesto que el cuidado cotidiano de nuestro entorno y de los objetos materiales es una resistencia frente a la cultura del descarte y la obsolescencia. Cada vez es más conocida y admirada la tradición japonesa del kintsugi, en la que los objetos rotos no se tiran; se reparan con polvo de oro para resaltar las fracturas. Esta técnica no solo devuelve la funcionalidad al objeto, sino que lo embellece en una gran celebración de sus cicatrices como parte de su historia. Pero cuidar los objetos que usamos no se reduce a una preocupación medioambiental. Su razón profunda radica en reconocer la importancia de lo material, así como su propia agencia. Son muchas las tareas de cuidado y mantenimiento relacionadas con los objetos, como conservar, restaurar, reparar, limpiar, zurcir, reponer, archivar. Aunque todas son importantes, pocas han merecido consideración estética, ya que, como se ha dicho, siempre se ha privilegiado las acciones de los artistas, las que están vinculadas al arte o dirigidas a un gran público. De hecho, apenas disponemos de categorías estéticas para describir y valorar estas actividades cotidianas. Esta falta responde, en gran medida, a que se trata de tareas que suelen pasar desapercibidas, cuando no son directamente invisibles o invisibilizadas. El panorama no es casual: está condicionado por factores sociales, culturales y simbólicos. En muchos casos a lo largo de la historia, estas actividades han sido responsabilidad de mujeres, trabajadores domésticos o personas en posiciones subalternas, lo que ha contribuido a su escasa valoración estética y social. Como subraya
La estética de lo cotidiano nos ayuda a recuperar una mirada que nos permite amar la realidad sin filtros, cuidar lo que está al alcance de la mano y habitar de otra forma el mundo. Yuriko Saito, hay una dimensión estructural en esta invisibilidad: muchas de estas acciones se hacen «entre bastidores» o «fuera de horario», es decir, cuando nadie mira, en los márgenes de lo visible o en tiempos que no coinciden con los ritmos productivos o mediáticos. A través del cuidado del mundo material, estamos también cuidando a las personas. Sin embargo, ver al otro en todas nuestras acciones no es un proceso automático. Es complejo y requiere una sensibilidad estética cultivada. En segundo lugar, podemos fijarnos en cómo cuidamos de forma directa. El cuidado se entiende en este contexto no como una práctica asistencial, sino como el modo consciente en el que el trato entre las personas hace bella y amable su existencia. Una acción puede ser técnicamente eficaz, pero poco cuidadosa si se hace con brusquedad, automatismo o poco interés. La delicadeza, en cambio, implica una atención encarnada, una presencia que se expresa en el gesto, el ritmo, el tono. En el modo, y no solo en la finalidad, se manifiesta la cualidad estética del cuidado. Desarrollar esta sensibilidad estética es, por tanto, una manera de amar, así como de cultivar la gratitud por toda una realidad que se nos regala de continuo; de aprender a leer los vínculos en los pequeños gestos, de entrenar la mirada para ver lo que a menudo pasa inadvertido. A medida que desarrollamos esta capacidad, el cuidado se convierte en una práctica transformadora, que moldea a quienes lo reciben y también
a quienes lo dan. Se crea así un círculo virtuoso: cuanto más crecemos en nuestra capacidad de cuidar, más podemos ofrecer, y más significativa se vuelve nuestra acción, que resulta un compromiso ético y relacional con el mundo. Cuando el trato se brinda de este modo cuidado, quien lo recibe se siente reconocido en su plena humanidad y dignidad intrínsecas. Es algo mucho mayor que la mera asistencia, porque ese reconocimiento es imprescindible para su desarrollo personal, ya que transmite un mensaje implícito: eres valioso no por lo que haces, por tu utilidad, sino por lo que eres. Se establece así una forma de relación que trasciende el marco utilitarista que regula la mayoría de nuestras interacciones cotidianas, a menudo reducidas al mero intercambio monetario. Mi relación con el camarero, la cajera o cualquier persona que me ofrece un servicio no se agota en el pago por su trabajo. Pensar en cómo le trato, miro, hablo, exijo o recojo puede ser una manera de cuidar a quien tengo delante. En este sentido, el cuidado se extiende también a la esfera pública, a la dimensión social, y reclama el papel de la estética en los campos ético y político. ¿Somos conscientes de que al limpiar una playa, recoger basura de la calle, regar un jardín comunitario, no solo cuidamos un entorno físico? Al hacerlo reconocemos la vida de otros, visibles o invisibles, que también lo habitan. Esta manera de actuar y cuidar no es exigible, se da en el terreno de la libertad, del don, razón por la cual puede despertar, además de la gratitud, el deseo de ampliar ese cuidado a otros. Este es el poder de la estética de lo cotidiano, que nos ayuda a recuperar una mirada que nos permita amar toda la realidad sin filtros, cuidar lo que está al alcance de nuestra mano y habitar, de otra forma, el mundo. Nt
agosto 2025 Nuestro Tiempo —111
VAGÓN-BAR Paco Sánchez
Una caricia
«Después de un examen concienzudo mientras esperaba el turno, encontré un pecado que no sabía cómo contar y, además, me daba vergüenza»
L
O QUE MEJOR recuerdo de la primera comunión es la primera confesión. En aquellos tiempos, al menos en mi parroquia, las hacíamos a los siete años, edad en la que se suponía que alcanzamos el uso de razón y, por tanto, disponíamos de entendederas suficientes para discernir la diferencia entre el pan corriente y el eucarístico. En la fiesta del Corpus Christi, preparados por un periodo de catecismo dominical, recibíamos con ilusión indisimulada la sagrada forma y sabíamos perfectamente el abismo que la alejaba de las otras sin consagrar que nos habían dado en los ensayos o que habíamos distraído, quizá, en la sacristía. La víspera por la tarde, fuimos a la iglesia para confesar nuestros pecados. Era una iglesia feúcha, oscura y provisional, incapaz ya de acoger a toda la feligresía. Estaban construyendo cerca una nueva y muy moderna, en un monte que da nombre al barrio. La provisional se convirtió en un gran taller de automóviles y me daba mucha pena pasar por delante, así que lo evitaba. No recuerdo ahora qué sacerdote me tocó, me parece que fue don José, el párroco. Y no lo recuerdo, quizá, porque, después de un examen concienzudo mientras esperaba el turno, me preocupaba más otro problema: encontré un pecado que no sabía cómo contar y, además, me daba vergüenza. En el catecismo nadie se había referido a él, nadie nos lo había explicado. Y en las clases de Religión de mi colegio nacional tampoco había merecido atención alguna. Me recuerdo en el banco, delante del confesonario. Iban quedando menos niños en la fila, pronto me alcanzaría la vez y seguía sin saber cómo explicarlo. Hubiera sido muy
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sencillo si se tratara de un robo, como el primer pecado de Francisco Umbral, que se quedó con las vueltas de un encargo que le hizo su tía. Pero el mío parecía más bien un bulto sin nombre del que mi conciencia de niño me acusaba de repente, aunque ni sabía decir por qué ni acertaba, por tanto, a traducirlo a palabras. Pero, en el último momento, justo antes de que me tocara, llegó una inspiración maravillosa: una solución, digamos, retórica. Entendía que estaba mal, no sabía por qué, pero sí que mis padres nunca lo habrían autorizado. Así que se trataba de una desobediencia en toda regla y ahí la encuadré a la hora de recitar mis maldades, en un «desobedecer a mis padres» o fórmula similar que el cura podría entender y que me pareció muy segura y verdadera. Salí del confesonario saltando de alegría y corriendo. No esperé a ninguno de mis amigos —mis padres me dejaban ya muy suelto— y corrí desde la calle Forcarei hasta la de Monte Alto, cuesta arriba, como si me hubieran salido alas, ingrávido, riéndome solo y borracho de contento. Nunca sentí la necesidad de preguntarle a nadie cómo funciona la conciencia. Del día siguiente recuerdo el traje de marinero, de segunda mano, al que quizá mi madre o una de mis tías tuvieron que cogerle una sisa o subirle las mangas, y que sirvió dos años más tarde también para mi hermano José Luis. Alargaron la mesa de casa con tableros para que cupieran mis abuelos y algunos primos. Mi madre hizo churros y los comimos con chocolate después de misa. Solo recibí regalos en efectivo, con la excepción de un anillo de oro con un rubí que trajeron mis tíos Lola y Pepe. Pero yo no estaba en eso: todavía flotaba en aquella alegría de la víspera, íntima, suave y salvaje a la vez. Mañana vuelve el Corpus como una caricia de la memoria. Paco Sánchez [Com 81 PhD 87] es periodista y profesor titular de la Universidade da Coruña. @pacosanchez
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