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Nuestro Tiempo 722

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NUESTRO TIEMPO NÚMERO 722 MAYO 2025

Número 722 NUESTRO TIEMPO Mayo 2025

Francisco El legado del papa del fin del mundo Joan Fontcuberta Imágenes de una naturaleza artificial Higinio Marín Pensar la casa, pensar la vida

Esto no es un hombre

El sufrimiento masculino en un mundo posfeminista


«Sinceramente, cuando descubrí que el patriarcado no iba sobre caballos, perdí el interés» Ken en la película Barbie (Greta Gerwig, 2024).


LA PRIMERA Teo Peñarroja

Luxury beliefs

E

l matrimonio no es una institución opresiva y obsoleta. La monogamia —uno y una hasta la muerte— no es antinatural. El crimen es una acción individual, no una consecuencia de factores socioeconómicos. El consumo de drogas no es recreativo. Todos los niños necesitan un padre. No son ideas mías, aunque las suscribo. Quien las ha sostenido con más éxito últimamente es el psicólogo Rob Henderson (Seúl, 1990), un estadounidense de origen coreano-mexicano, hijo de una drogadicta y un padre en paradero desconocido, criado en casas de acogida desde los tres años, autor de Troubled: A Memoir of Foster Care, Family and Social Class (Simon & Schuster, 2024). Es un tipo muy leído en Estados Unidos, y lo menciono porque en la hemeroteca de Nuestro Tiempo solo he encontrado una referencia a sus ideas, en una columna de Paco Sánchez de hace dos años. Es interesante seguirle la pista, porque Henderson ha dicho que el cielo es azul y el emperador está desnudo a través de un concepto que ilustra bien la relación de las élites progresistas con la realidad: luxury beliefs, o sea, creencias de lujo. Henderson argumenta que hay ciertas ideas (las contrarias a las del primer párrafo) que, en las clases altas estadounidenses, y en particular entre la élite de la Ivy League, confieren estatus. Uno es más cool si está a favor de legalizar la maría o

LA VENTANA

Querido lector: Acaba de ver la luz Barbie eres tú, el segundo libro de la colección «Temas de Nuestro Tiempo», en el que Gema Pérez investiga cómo la directora Greta Gerwig

de despenalizar los delitos menores o si sostiene que la disciplina en las aulas está pasada de moda. La trampa, dice Henderson, está en que defender esas ideas desde urbanizaciones con seguridad privada y un enchufe en la empresa de papá no tiene consecuencias. Los que lo sufren son los niños de clase trabajadora, que se enganchan al cannabis, fracasan en la escuela y son incapaces de formar una familia. Víctimas colaterales de una moda intelectual. No hay ideas inofensivas; siempre tienen consecuencias, buenas o malas. (Propósito: no convertirme jamás en élite). Aunque en el último medio año muchos han dado por enterrada la cultura woke, yo, que soy un poquito lento, no lo creo. En la Universidad aprendí que casi todo lo que hoy aparece como disruptivo lleva cien años pensado y escrito, acechante. Estos meses he cerrado X muchas veces enfadado o confuso. Me abruma la velocidad a la que Ucrania se convierte en el enemigo, a la que Gaza es un proyecto de resort, a la que la guerra se da por descontada. Creo que soy mal periodista. No vibro con la actualización constante, sino que huyo hacia los libros, compañeros generosos. Quizá lo que esta semana damos por supuesto no dura dos telediarios. Quizá son, a su modo, modas. Creencias de lujo. Lo que sí que es un lujo es tener tiempo y distancia y paz para pensar las placas tectónicas ideológicas que chocan en este siglo. Lo demás es pirotecnia.

encarna lo que ella llama feminismo vital. En la redacción estamos contentos con los alumnos de nuestro Programa de Edición de Revistas Culturales, porque además de publicar

a los que participan este año, varios antiguos alumnos han escrito reportajes notables. Ahora tenemos los ojos puestos en Roma. ¿Qué hará León XIV en sus primeros meses de pontificado? mayo 2025 Nuestro Tiempo —03


#722 CAMPUS Y ALUMNI

GRANDES TEMAS Francisco: el legado del papa del pueblo El papa Francisco, primer pontífice latinoamericano de la historia, dejó un legado imborrable de misericordia, cercanía con los más pobres y defensa de una Iglesia sinodal. Carmen J. Alejos y Juan C. Rivera-Zelaya Página 8

Arranquen las amapolas

POR QUÉ FRACASAN LOS HOMBRES

Los hombres de clase trabajadora enfrentan una brecha que invierte la desigualdad histórica en educación, trabajo y familia. Lucía M. Alcalde y Teo Peñarroja Página 14

A la conquista del nuevo mundo

J. D. Vance. Un trumpista posliberal

A través de la fotografía de naturaleza, Joan Fontcuberta reflexiona sobre la naturaleza de la fotografía. Ana Eva Fraile

Tanto por su historia de ascenso a la Casa Blanca como por su biografía intelectual y conversión al catolicismo, Vance representa el cambio de régimen al que aspiran los posliberales. Víctor Maspons Página 58

NUESTRO TIEMPO 04—Nuestro Tiempo mayo 2025

Página 38

Somos Nuestro Tiempo es la revista cultural y de cuestiones actuales de la Universidad de Navarra. Intentamos tomarle el pulso a la vida contemporánea desde 1954. Redacción Teo Peñarroja [Fia Com 19], editor. Ana Eva Fraile [Com 99], redactora jefe. Lucía Martínez Alcalde [Fia 12 Com 14] y Juan G. Tizón [Com 24].

Los ingas de Aponte pasaron del cultivo de amapola para el narcotráfico y la violencia a una transformación pacífica. Resisten bajo constantes amenazas. Ander Izagirre Página 24

Valerie Miles edita para lectores peligrosos

La fundadora de Granta en español ha revolucionado la literatura contemporánea. Defiende el arte que incomoda y busca nuevas voces que redefinen el panorama actual. Andre Quispe Página 46

Higinio Marín: «El hombre moderno no es un nómada, es un desterrado»

¿Vivimos en un mundo inhóspito? El filósofo Higinio Marín cree que sí: no sabemos acoger ni despedir. Pero hay remedio. En su último libro propone volver a fundar una casa, porque solo se vuelve, de verdad, al hogar. Teo Peñarroja Página 70

Historia de un guionista

El cortometraje París 70 se coló en la lista de preseleccionados a los Óscar. Su guionista, Nach Solís, oncólogo en Valladolid, lo escribió en sus ratos libres. Aunque no llegó a la gala, suma ya más de 150 premios. Juan G. Tizón Página 78

Escuela de periodistas Paula Dalla Fontana [Com 25], Maria Domingo [Fia Com 25], Íñigo Fernández de Mesa [His Com 29], Esteban Garay [Com 27], Eugenia Gil [Com 26], Sofía Corrales [Com 26], Daniela Peña [Quim Bioq 30] y Francis Prada [LyL 26]. Fotografía D. Amaral, M. Castells, M. Domage, J. Ernst, V. Ferraro, J. Fontcuberta, T. Gentile, A.

Izagirre, Y. Nardi, S. Nenov, Patmic, I. Ribas, D. Sadrowski, A. Saiz, M. Segar, S. Spaziani, M. Sunhi, J. G. Tizón. Ilustración Diego Fermín, René Magritte, Pedro Perles [portada] y Carlos Rivaherrera. Diseño Errea Impresión Gráficas Jomagar SL Edita Universidad de Navarra Web nuestrotiempo.unav.edu


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OPINIÓN

CULTURA

AHORA BIEN

Habitación acolchada Enrique G.-Máiquez Página 36

CINE

SERIES

John Williams y la banda sonora de nuestra vida

La serialidad retroactiva

Alberto Nahum García

Página 92

TIEMPO DE CIENCIA

Ratones, microbios y la medicina del futuro Ignacio López-Goñi

Críticas de cine Ana S. de la Nieta Página 94

MÚSICA

Artesanos de un pop atemporal

Obligados a la felicidad Ignacio Cortés

Alberto Bonilla Página 98

Página 76

ARTE

LIBROS

LOS OJOS DE LOS OTROS Joseluís González Página 86

Página 56

MIND THE GAP

Página 96

Reseñas de libros Leire Escalada, Lourdes Esqueda, Ana Gil de Pareja, Beatriz Gómez, Julio Llorente, Lucía Martínez Alcalde, Pablo Mariñoso, Víctor Maspons, Rocío Montuenga, Teo Peñarroja, Juan G. Tizón, Gabriel Unzu. Página 88

Página 84

ESCENA

Las cicatrices de la libertad Felipe Santos

LA URDIMBRE INVISIBLE

HISTORIAS MÍNIMAS

En el mundo laboral, dos claves han quedado fuera de foco, invisibles para los indicadores de rendimiento: el sentido y el encuentro. Este ensayo analiza el meaningful work y el connective labor, esenciales para una transición laboral justa. Ana Marta González Página 106

Página 104

VAGÓN-BAR

Nosotros, los obtusos Paco Sánchez Página 112

DL: NA 10-58 SP-ISSN-0029-5795 La revista no comparte necesariamente las opiniones de los artículos firmados.

Página 102

ENSAYO

Una infancia jurásica Ignacio Uría

Atención al lector Palmira Velázquez T 948 425 600 (Ext. 80 2590) pvelazquez@unav.edu

Esteban Garay

Página 104

BÚHOS A ATENAS

Un retrete de pago Mariona Gúmpert

París tiembla con las tejedoras de memorias

Reservados todos los derechos. Está prohibida la reproducción de esta obra, su incorporación a un sistema informático y su transmisión sin autorización previa y por escrito de la Universidad de Navarra.

6010 ejemplares/ número (2024)

Member of CASE

PEFC/14-38-00073

El papel sobre el que se ha impreso esta revista proviene de bosques gestionados de forma sostenible. mayo 2025 Nuestro Tiempo —05


DISPAROS AL AIRE

¡HABEMUS PAPAM! Quizá el silencio de los cardenales durante el

cónclave, contrapuesto a la producción imparable de noticias y teorías y especulaciones, es lo que mejor muestra que el mundo da vueltas, pero la Cruz permanece en su lugar. Y todos los ojos del mundo han estado puestos en la misma chimenea romana, bajo cuya cubierta el Juicio Final de Miguel Ángel recordó a los cardenales su gravísimo deber. La Iglesia ya no está huérfana. Habemus Papam! León XIV. El hermano León, amigo inseparable de Francisco de Asís. Y León XIII, gigante de su tiempo que escribió sobre las cosas nuevas: la relación del hombre con el trabajo y con el capital, la manera en que los cristianos deben crear y repartir la riqueza. La condena formal, en fin, del comunismo y del capitalismo. «La paz esté con vosotros», su saludo a la urbe y al orbe. «In illo uno unum», su lema episcopal, viene a decir que somos uno en Cristo. Americano en toda su amplitud: nació en Chicago y ha sido misionero en Perú, de donde tiene pasaporte. En una entrevista antes de su elección dijo que el único reto de la Iglesia es anunciar el Evangelio. Es hijo de san Agustín: «Para vosotros soy obispo, con vosotros soy cristiano». Eso lleva el papa en el corazón: la paz, la unidad, el anuncio, el pueblo. Y una promesa llena de esperanza: «El mal no prevalecerá».

Stoyan Nenov Reuters/ContactoPhoto El papa León XIV en el balcón de san Pedro, la tarde de su elección, el 9 de mayo.

06—Nuestro Tiempo mayo 2025


mayo 2025 Nuestro Tiempo —07


Grandes temas El papa del fin del mundo

Francisco El legado del papa del pueblo

—Esperanza. Con la apertura de la Puerta Santa, Francisco inauguró el 24 de diciembre de 2024 el Jubileo Ordinario para el año 2025. stefano spaziani/dpa picture alliance/ contactophoto

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El papa Francisco, primer pontífice latinoamericano de la historia y artífice de una profunda renovación eclesial durante sus doce años de pontificado (2013-2025), falleció el 21 de abril dejando un legado imborrable de misericordia, cercanía con los más pobres y defensa de una Iglesia sinodal. texto Carmen José Alejos [Teo 89 PhD 90] y Juan Carlos Rivera-Zelaya [Teo 21 PhD 24]

F

rancisco, el primer papa hispanoamericano, falleció a las 7:35 del lunes 21 de abril. En estos doce años de pontificado, hemos sido testigos de un cambio de época en la historia de la Iglesia. La Iglesia católica, por fin, tuvo como vicario de Cristo a un hombre venido de las tierras evangelizadas por los españoles hace quinientos años. Europa dejaba de ser la expresión hegemónica de la fe católica. Era el momento de que nuevas aguas de los ríos de América llegaran al Tíber. Las primeras aguas corrieron desde el Río de la Plata.    En efecto, el papa Francisco ha representado para la Iglesia una oportunidad de reformarse de cara a los nuevos e impetuosos tiempos. Su carisma, espiritualidad, gestos y discursos provocaron una revolución. Los pontífices del siglo xx, todos europeos, ya habían liderado un camino de renovación que alcanzó su cumbre en el Concilio Vaticano II. El impulso del largo pontificado de Juan Pablo II permitió que la Iglesia estuviera preparada para el terremoto que supuso el primer papa venido del fin del mundo.    Jorge Mario Bergoglio fue un sacerdote singular, formado como jesuita en los años sesenta. Entre sus principales raíces intelectuales destacan los literatos Fiódor Dostoievski y Jorge Luis Borges y el filósofo y teólogo Romano Guardini. Su pensamiento teológico recibió la influencia de la Nouvelle théologie de Yves Congar y Henri de Lubac, y del Vaticano II. Bergoglio extrajo del Concilio la sensibilidad pastomayo 2025 Nuestro Tiempo —09


Grandes temas El papa del fin del mundo

ral de la «lectura de los signos de los tiempos» y la autoconciencia de la Iglesia como pueblo de Dios.    En el ambiente argentino y latinoamericano, Bergoglio fue cercano a los teólogos del pueblo, en especial a los sacerdotes Lucio Gera y Juan Carlos Scannone, este último jesuita como él. Ambos propusieron una escuela de teología que se distingue por la utilización de pueblo como categoría cultural en el análisis pastoral. Bergoglio no ha sido un teólogo del pueblo en sentido estricto, pero las ideas de esta corriente aparecen en sus discursos y escritos. Se ve con claridad, por ejemplo, en la exhortación apostólica Christus vivit (2019): «Cuando hablamos de pueblo no debe entenderse las estructuras de la sociedad o de la Iglesia, sino el conjunto de personas que no caminan como individuos sino como el entramado de una comunidad de todos y para todos, que no puede dejar que los más pobres y débiles se queden atrás».

E

ste lenguaje resulta próximo a la escuela de teología del pueblo argentina, y ha motivado que muchos estudiosos y críticos lo clasificaran como teólogo de la liberación. Sin embargo, la teología del pueblo está lejos de ser una teología de la liberación por tres razones. La primera es que el objeto principal de la teología del pueblo no es la liberación, sino el pueblo mismo. En segundo término, el análisis de la realidad se realiza a partir del método histórico-cultural, y no del socio-estructural, que lleva a la lucha de clases. Y, por último, porque la teología del pueblo promueve una religiosidad popular (expresión de la fe encarnada del pueblo), mientras que las teologías de la liberación persiguen la secularización de la fe en favor de un mayor compromiso social. Clasificar a Bergoglio como teólogo de la liberación es, en consecuencia, injusto y reduccionista.    Para los más curiosos, reseñamos dos artículos publicados en la revista teológica Strómata en 1983 y 1984, en que queda reflejado su pensamiento eclesiológico: «Actitudes conflictivas y pertenencia eclesial; a propósito de tres publicaciones», y «Sobre pluralismo teológico y eclesiología latinoamericana». en una argentina convulsa. Francisco se ordenó sacerdote en 1969. En Argentina fue profesor de Teología y ejerció diversas tareas directivas en la Compañía en medio de los graves conflictos políticos del país durante esa época, marcada por una profunda inestabilidad, dictaduras militares, violencia guerri10—Nuestro Tiempo mayo 2025

llera y estatal, y una sociedad fuertemente polarizada. Sus inquietudes intelectuales lo llevaron a Alemania en 1985 y 1986 para escribir una tesis doctoral sobre Romano Guardini. No terminó su investigación y regresó a Argentina, pero, en esos años, desarrolló cuatro principios a partir de tensiones bipolares que marcaron su pensamiento y expuso de forma sistemática en Evangelii gaudium: el tiempo es superior al espacio, la unidad prevalece al conflicto, la realidad es más importante que la idea, el todo es superior a la parte. En Córdoba, entre varias actividades, leyó los 35 tomos de la Historia de los Papas (1305-1774) de Ludwig Pastor. Él mismo reconoció que esta lectura le ayudó cuando lo nombraron pontífice.    En 1992, fue ordenado obispo y destinado como auxiliar de Buenos Aires. Para su lema episcopal escogió unas palabras extraídas del comentario de Beda el Venerable sobre la vocación de san Mateo: «Miserando atque eligendo» («Lo miró con misericordia y lo eligió»). La experiencia del amor de Dios acompañó su camino en lo que podemos considerar una espiritualidad y pastoral de la misericordia. En su primera etapa de obispo se mostró cercano a los curas villeros y a las realidades de sufrimiento y exclusión en Buenos Aires. Bergoglio resultó un obispo particular: viajaba en subte (el metro bonaerense) y huía de todo lujo y gloria. Quería alcanzar las periferias (tanto locales como existenciales), siendo uno con el pueblo, un «pastor con olor a oveja», como le gustaba decir. Este rasgo lo llevó a convocar un Jubileo extraordinario de la Misericordia entre 2015 y 2016.    En 1998, san Juan Pablo II lo nombró arzobispo de Buenos Aires. Tres años más tarde, fue creado cardenal. Su labor episcopal siguió el camino marcado tanto por la teología del pueblo como por la espiritualidad de la misericordia. Estos aspectos lo señalaron como papable en el cónclave de 2005. En 2007, el cardenal Bergoglio participó como presidente de la comisión redactora del documento final de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida, Brasil. Un texto clave para entender el proceso de evangelización propuesto desde la teología del pueblo a la Iglesia y al mundo. El lema del encuentro sintetiza esta influencia: «Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida». En muchas ocasiones, Francisco citó Aparecida en sus escritos y magisterio y recomendó su lectura, porque consideraba vigente esa enseñanza. en la cátedra de pedro. La renuncia de Benedicto XVI trajo consigo una nueva cita en Roma para el segundo cónclave de Bergoglio. A partir del 13 de marzo de 2013 se quedó en el Vaticano como el su-


IMÁGENES PARA LA HISTORIA

—Los pequeños. Francisco fue un papa de gestos y siempre tuvo predilección por los niños y los más pequeños. 0

—Ecología. Discurso en la ONU sobre sostenibilidad. 1

mike segar/reuters /contactophoto

—Periferias. En 2015, con un interno de una cárcel de Filadelfia. 1

tony gentile/reuters/contactophoto

jonathan ernst/reuters/contactophoto

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Grandes temas El papa del fin del mundo

cesor número 266 de san Pedro. En el momento de la elección del nombre, el cardenal de 76 años eligió Francisco. Cuando se anunció desde el balcón central de la basílica causó conmoción. El primer papa en la historia de la Iglesia que se llamaba como el poverello de Asís, el primer jesuita y el primer americano. Escogió ese apelativo por un recuerdo de los pobres que le hizo el cardenal brasileño Cláudio Hummes. Los necesitados formaban parte de la experiencia del papa y de su interés intelectual y espiritual. En realidad, la cercanía a ellos entronca con la teología y pastoral latinoamericanas. Otra vez pueden entrar las sospechas de que el papa Francisco era un teólogo de la liberación, un ideólogo de izquierdas. No es infrecuente hablar sin conocer… y equivocarse. El papa argentino fue un cristiano consciente de su deber de encontrar en el pobre el sacramento de Cristo. El llamado a la evangelización y atención a los necesitados no surge de las teologías de la liberación marxistas, que la Iglesia ya había corregido en su momento. Francisco vino de un país pobre, con un estilo pobre, a recordarle a la Iglesia que Cristo se hizo pobre y que quiere una «Iglesia pobre para los pobres». De hecho, el término anawin —los pobres o preferidos de Yahvé— se utiliza con frecuencia en la Sagrada Escritura.   Por otro lado, en su primera bendición urbi et orbi, Francisco dijo que los cardenales debían «darle un obispo a Roma». Estas palabras tienen un profundo componente teológico-pastoral. Parten de la realidad de que el papa es, en efecto, obispo de Roma: su diócesis es la ciudad eterna. Además, recuerdan que Francisco es un pastor universal que preside en la caridad a la ecúmene de las iglesias, tal y como señaló san Ignacio de Antioquía. Esa primera intervención anunciaba que, en la mente del papa, la Iglesia debía pensar en la relación en clave de comunión que debe existir entre la Santa Sede y las demás iglesias particulares. La senda que marcó esta relación comunitaria fue la de la descentralización de la curia romana. Por eso, el papa promovió muchas reformas para que los obispos y las conferencias episcopales tuvieran más independencia. También continuó el camino ya trazado por Juan Pablo II y Benedicto XVI en los lazos ecuménicos con otras iglesias históricas y el diálogo con otras religiones.    De igual modo, el gesto de bendición que acompañó sus primeras palabras también reveló un cambio. Francisco pidió que «el pueblo rezara por su obispo». Con una expresión tan significativa y toda su actividad durante los años siguientes evidenció que el pastor acompaña y se deja acompañar por el pueblo de Dios, cosa que dejó escrita en Evangelii 12—Nuestro Tiempo mayo 2025

gaudium. Esta convicción se aplica a nivel pastoral y doctrinal, pues —según afirma en esa exhortación apostólica—, el pueblo de Dios es infalible in credendo: «Esto significa que cuando cree no se equivoca, aunque no encuentre palabras para explicar su fe».

L

a Iglesia como communio fidelium (comunión de los fieles) y el sensus fidei (sentido de la fe) son la base sobre la que se fundamenta su apuesta por la sinodalidad (del griego sínodo: caminar juntos). En sus palabras durante el cincuenta aniversario del Sínodo de los Obispos, en octubre de 2015, expresó: «La sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio». Este periplo empezó con el Sínodo de la Sinodalidad, celebrado en los últimos meses de su pontificado. En un contexto de participación, comunión y misión, pidió a toda la Iglesia hacerse responsable de la tarea evangelizadora. Por esta razón, el papa nos legó un sistema en el que se debe hacer participar a toda la Iglesia en la toma de decisiones.   El pontificado de Francisco trató aspectos sensibles e intrincados tanto ad intra como ad extra. El tema de los abusos sexuales y de poder fue y sigue siendo un drama. Además, Francisco recordó que la mujer debe tener espacios dentro de la Iglesia, en particular en los centros de poder. Él mismo acompañó al mundo en momentos difíciles y complejos: las innumerables guerras, el covid, las crisis económicas, los flujos de migrantes… Sin olvidar su llamamiento al cuidado de «la casa común». Francisco, al ser el papa del pueblo sencillo y fiel, explicitó que vivimos un cambio de época en la Iglesia. En un discurso a la curia romana, en 2019, advirtió de que «no estamos más en la cristiandad […] la fe —especialmente en Europa, pero incluso en gran parte de Occidente— ya no constituye un presupuesto obvio de la vida común». En esa misma intervención, Francisco invitó a la Iglesia a no temer las transformaciones, sino a encarnarse en la historia como lo hizo Cristo. Una idea también anunciada en la teología del pueblo argentina, que promueve la evangelización de la cultura en clave encarnatoria. Francisco se despide de nosotros y se dirige al encuentro con Dios. Ha hecho su trabajo con una humanidad singular y una personalidad vibrante, tenaz, sin miedo al qué dirán y sabiendo reconocer sus errores cuando los cometió. Fue un hombre especial y un regalo para la Iglesia. Su legado perdurará durante décadas. ¡Gracias, padre Jorge Mario; gracias, papa Francisco! Nt


abaca/zuma press/contactophoto

—Bendición. El 27 de marzo de 2020, Francisco bendijo al mundo, encerrado por la pandemia, en una plaza de san Pedro vacía. 1

—Los dos papas. Francisco y Benedicto se felicitan la Navidad de 2013. 0

valeria ferraro/zuma press/contactophoto

—Sencillez. Quiso ser enterrado en santa María la Mayor. 0

yara nardi/reuters/contactophoto

mayo 2025 Nuestro Tiempo —13


Grandes temas El malestar masculino

Por qué

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fracasan

los hombres


Grandes temas El malestar masculino

¿Qué futuro les aguarda a los hombres en un mundo posfeminista? El investigador Richard Reeves sostiene que, si no hacemos algo al respecto, se ensanchará en los próximos años una brecha similar a la que el feminismo intentó paliar, pero en la dirección opuesta, y que afecta de modo especial a los hombres de clase trabajadora. En concreto, Reeves señala tres aspectos en los que los varones de clase baja han sido desplazados estructuralmente: la educación, el trabajo y la familia, lo que genera también una crisis de sentido en ese segmento de la población. De esa grieta emerge una pregunta: ¿qué es un hombre? texto Lucía M. Alcalde [Fia 12 Com 14]

y Teo Peñarroja [Fia Com 19]

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«no vivimos en una sociedad matriarcal, pero tampoco en una igualitaria. En este nuevo mosaico el hombre, simplemente, no encaja. Ni siquiera está claro qué es ser un hombre», escribe Juan Soto Ivars en el prólogo a la edición española de Hombres (Deusto, 2023), el best seller de Richard Reeves. En el contexto pospatriarcal de las naciones occidentales han surgido consecuencias insospechadas. Una de las más siniestras es el machismo de la manosfera y el universo incel, violento y consciente de sí mismo. La miniserie Adolescencia (Netflix, 2025) suscitó un debate a escala global sobre el asunto. Además de poner en el candelero uno de los rincones más oscuros de internet, plantea cuestiones sibilinas acerca de qué significa ser un hombre, un padre, un hijo, del fracaso escolar y la relación entre paternidad y sentido. El movimiento incel lleva al menos una década mostrando las formas más obscenas de canalizar la frustración masculina. En 2014, Eliot Rodger mató a seis personas en Isla Vista, California, después de publicar un manifiesto de 137 páginas en el que expresaba su odio a las mujeres por haberlo rechazado. Otros lo imitaron: Alek Minassian y Scott Paul Beierle en 2018, y en 2021 Jake Davison. Estos crímenes, que se han etiquetado desde terrorismo machista hasta apenas locuras transitorias, exigen una profunda reflexión sobre el malestar masculino. Una de las personas que ya había reflexionado sobre las causas profundas de la masculinidad en crisis es el investigador Richard V. Reeves (Reino Unido, 1969), de la Brooking Institution, el think tank de referencia de la izquierda norteamericana. Llegó a la conclusión de que las razones para esa aflicción no son de tipo individual sino estructural, y que no afectan por igual a todos. Los hombres y niños de clase trabajadora sufren de forma desproporcionada este malestar. Reeves expuso sus conclusiones en su


En los países de la OCDE, las chicas van un año por delante de los chicos en lectura. Los chicos tienen un 50 por ciento más de probabilidades de fracasar en matemáticas, lectura y ciencias. ensayo Of Boys and Men; Hombres, en su traducción al español. Soto Ivars resume así el polémico quid de la cuestión: «No se suele hablar de brecha de género en los suicidios, los accidentes laborales mortales o incapacitantes, el sinhogarismo, el fracaso escolar, [...] el reparto de los bienes o el tiempo con los hijos tras un divorcio». ¿Por qué? «Por una parte —abunda Soto Ivars—, está la vieja caballerosidad masculina [...]. Por otra parte, el temor [...] a hablar públicamente de su discriminación, sus estereotipos, el sexismo que padecen o esas brechas de género que los afectan a ellos». no rinden en la escuela. Richard V. Reeves ha identificado, en concreto, tres brechas de género en ese sentido: la educación, un sector del mercado laboral y los nuevos modelos de familia. Reeves tiene un currículum impecable y tres hijos varones, George, Bryce y Cameron, a quienes dedica su libro. Quizá ese dato biográfico ilumine mejor las preocupaciones de este padre que estudió en Oxford, se doctoró en Warwick, investiga en uno de los think tanks más influyentes del planeta, colabora en el New York Times, el Washington Post, el Wall Street Journal y The Atlantic y en 2017 incluyeron su nombre en la lista de los pensadores más influyentes del mundo de la revista Politico. Sus campos de estudio, en realidad, son la crisis de la clase media, la movilidad social e intergeneracional y las políticas públicas sobre la familia. Dirige la Future of the Middle Class Initiative. Pero cuando su hijo mayor estaba cerca de los veinticinco años irrumpió en su tema de estudio la mas-

culinidad a través del proyecto Boys and Men. «Hasta la fecha, he prestado más atención a las divisiones por clase social y raza —se explica en la primera página—. Pero ahora me preocupan cada vez más las brechas de género, y quizá no en el sentido que cabría esperar. He llegado a la conclusión de que cada vez hay más niños y hombres con dificultades en la escuela, en el trabajo y en la familia. Antes me preocupaba por tres muchachos. Ahora me preocupan millones». En 1972, Estados Unidos aprobó una ley cuyo objetivo era promover la igualdad de género en la universidad. Entonces, los hombres se licenciaban un 13 por ciento más que las mujeres. En 2019, las graduadas estadounidenses eran un 15 por ciento más que los hombres. Lo que en 1972 se veía como un problema por resolver, se celebró en 2019 como un éxito. A Reeves le preocupa esa paradoja y la estudia en primer lugar: ¿por qué los niños fracasan más en la escuela? Y, por su carácter político y pragmático, se pregunta también: ¿cómo podemos evitarlo? Esa brecha afecta de modo particular, en EE. UU., a los chicos negros y pobres, y se agravó durante la pandemia (en 2020 disminuyeron siete veces más las matrículas universitarias de hombres que de mujeres). Reeves asegura que es un

Cuando casi uno de cada cuatro niños tiene una «discapacidad del desarrollo», cabe preguntarse si son las instituciones educativas, y no los niños, las que no funcionan.

La respuesta correcta de un adolescente a la pregunta de «¿Por qué no puedes ser más como tu hermana?» sería algo así como: «Porque, mamá, hay trayectorias sexualmente dimórficas para la materia gris cortical y subcortical». problema estructural: el sistema educativo perjudica a los chicos y el mercado laboral a las trabajadoras (que son quienes, mayoritariamente, asumen las tareas de cuidado). Y «el doble negativo no se convierte en un positivo». No es un problema solo estadounidense. El informe PISA, que suele situar a Finlandia en los primeros puestos, muestra que son las chicas finlandesas las sobresalientes, mientras que los quinceañeros son igual de mediocres que en cualquier otro país. «En los países de la OCDE, las chicas van un año por delante de los chicos en lectura. Los chicos tienen un 50 por ciento más de probabilidades de fracasar en matemáticas, lectura y ciencias». La mayor parte de los profesores son profesoras. Tres de cada cuatro en Estados Unidos. En España son el 98 por ciento en Educación Infantil y el 82 en Primaria. El bajo rendimiento escolar está estadísticamente relacionado con una menor expectativa de educación superior. Son dos datos a partir de los que se ha intentado explicar el fracaso de los chicos en la escuela. Reeves admite esas argumentaciones, pero las considera insuficientes. La explicación «mejor y más sencilla» es que el cerebro de los varones

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Grandes temas El malestar masculino

se desarrolla más despacio, «especialmente durante los años más críticos de la educación secundaria». Desliza esta pregunta retórica: «Cuando casi uno de cada cuatro niños tiene una “discapacidad del desarrollo”, cabe plantearse si son las instituciones educativas, y no los niños, las que no funcionan correctamente». Apoyado en la investigación del neurocientífico Gokcen Akyurek, Reeves explica que la capacidad de autorregulación reside principalmente en el córtex prefrontal, que madura dos años antes en las chicas que en los chicos, y en el cerebelo, que alcanza su tamaño completo a los 11 años en las niñas y a los 15 en los niños. Lo resume así: «La respuesta correcta de un adolescente a la pregunta de “¿Por qué no puedes ser más como tu hermana” que tanto se le hace últimamente sería algo así como: “Porque, mamá, hay trayectorias sexualmente dimórficas para la materia gris cortical y subcortical”. (Y vuelve al videojuego)». Reeves sostiene que la brecha de género se ensancha aún más en la universidad. En EE. UU., el 57 por ciento de las licenciaturas se conceden a mujeres. No son datos muy diferentes a los de la Universidad de Navarra: en el curso 2023-24 el 60 por ciento de los estudiantes de grado eran mujeres. Es una tendencia mundial. Como curiosidad, las universidades privadas de EE. UU. están empezando a ejercer una discriminación positiva hacia los hombres en sus pruebas de admisión porque han averiguado que «una vez que el número de matriculados es decididamente femenino, menos hombres y, por lo visto, menos mujeres encuentran atractivo el campus», tal y como explicó Jennifer Delahunty, exdecana de admisiones de Kenyon College, en un artículo en el New York Times. Los hombres, según los datos de Reeves, no solo han perdido la ventaja en la educación, sino que la brecha entre ellos y ellas se ensancha. Su propuesta prácti18—Nuestro Tiempo mayo 2025

ca, basada en la evidencia sobre maduración cerebral, es sorprendente: retrasar un año la escolarización de los niños. No todos los expertos están de acuerdo. El filósofo y pedagogo español Gregorio Luri, preguntado por Nuestro Tiempo, sostiene que, dado que la diferencia entre niños y niñas no es homogénea, retrasar un año la escolarización no resultaría necesariamente beneficioso para ellos. «Si en lugar de pensar en estructuras neuronales pensamos en operaciones mentales, los chicos no parecen retrasarse en el acceso al pensamiento formal», explica. Sin embargo, Luri recalca, desde su experiencia docente, la dificultad de un planteamiento objetivo. «Parece —y resalto la subjetividad del parecer— que los métodos pedagógicos modernos satisfacen más a las chicas que a los chicos. Los chicos piensan que el instituto es cosa de chicas: ellas hacen siempre los deberes, los presentan ordenados, llegan puntuales… Ellas optan por profesiones que tienen que ver con el trato con las personas, mientras que ellos priorizan el trato con las cosas». el declive de los trabajos de tíos. Precisamente en ese punto entra en juego el análisis reevesiano del mercado laboral. En Estados Unidos, muchos hombres de clase trabajadora están perdiendo sus empleos. Los sectores con más presencia masculina son aquellos en los que más empleo se destruye, principalmente a causa de la automatización y la deslocalización. En EE. UU., el sector de la producción tiene un 70 por ciento de empleados varones (en España es el 72

Los sectores con más presencia masculina son aquellos en los que más empleo se destruye. Los empleos mayoritariamente femeninos (salud, educación y servicios) son los que, hoy por hoy, tienen menor riesgo tanto de automatización como de deslocalización.

Uno de cada tres niños no ve nunca a su padre a los seis años de la separación de sus progenitores, y una proporción similar lo ve una vez al mes o menos. por ciento); el del transporte, un 80 por ciento (77 en España); y nueve de cada diez empleados de la construcción son hombres en ambos países. Sin embargo, los empleos mayoritariamente femeninos (salud, educación y servicios) son los que, hoy por hoy, tienen menor riesgo tanto de automatización como de deslocalización. En España, las mujeres ocupan el 77 por ciento de los empleos relacionados con la salud, el 69 por ciento en educación y el 56 por ciento en los servicios. Un análisis en el Financial Times cita al economista jefe del Banco de Inglaterra, Andy Haldane, que vaticinó que «los empleos del futuro, altamente cualificados y bien remunerados, pueden requerir aptitudes que se midan mejor por la inteligencia emocional que por el coeficiente intelectual». Eso significa no solo que los empleos masculinos están desapareciendo, sino que los hombres que ocupaban esos puestos tienen dificultades para cambiar a un sector «a prueba de robots». «Se ha hecho un esfuerzo encomiable [...] para que más mujeres se incorporen a empleos que requieren competencias STEM —arguye Reeves—. Pero ahora es aún más importante animar a los hombres a incorporarse a lo que yo denomi-


no empleos HEAL» (salud, educación, administración y alfabetización, por sus siglas inglesas. En esa lengua, heal significa curar). Esa es su propuesta práctica, que resume en un eslogan americanoide, «Men can HEAL», y que consiste en crear cantera en el sistema educativo, ofrecer incentivos económicos y reducir el estigma social que sufren los hombres que trabajan en esos campos. Y el lugar del que aprende esa estrategia es de las políticas públicas con las que se promovió con éxito la incorporación de las mujeres a las ciencias y las ingenierías. «Así como la infrarrepresentación actual de las mujeres en la ingeniería o en puestos directivos no puede atribuirse de forma plausible a causas biológicas, es

—Décalcomanie (1966). Magritte anticipó la crisis de sentido de los hombres en obras como esta o como la imagen de apertura, Golconda (1953), que muestran hombres vacíos y uniformados. igualmente absurdo pensar que el 18 por ciento de trabajadores sociales varones constituya una representación fidedigna del verdadero nivel de interés de los hombres por este tipo de trabajos [...]. Si determinadas profesiones se consideran zonas prohibidas para los hombres, sus opciones se limitan, del mismo modo que para las mujeres en el caso inverso».

redefinir el papel del padre. La tercera brecha es la familia. La separación de los hombres de las mujeres implica, con muchísima frecuencia, la separación de los padres de los hijos, y esto es perjudicial para hombres, mujeres y niños. La razón de este «déficit de padres», como lo llama Reeves, reside en que cada vez existe mayor probabilidad de que los padres no residan con la madre de sus hijos (por separación o por no haberse llegado a casar). Uno de cada tres niños no ve nunca a su padre a los seis años de la separación de sus progenitores, y una proporción similar lo ve una vez al mes o menos.

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Grandes temas El malestar masculino

Estos datos, recogidos en Hombres, apuntan a la pérdida del papel de padre. Mientras que el rol de las mujeres se ha ampliado (no son solo cuidadoras, también sostienen económicamente el hogar), la función de padre proveedor no se expande hacia los cuidados. El investigador celebra todos los avances de las mujeres en el mercado laboral, pero denuncia que «la cultura y la política están estancadas en un modelo obsoleto de paternidad, muy alejado de la realidad económica; y esto da lugar a un “déficit de padres”, con hombres cada vez más incapaces de desempeñar el papel tradicional de sostén de la familia y que aún no han dado el paso hacia uno nuevo». La independencia económica que ha ganado la mujer con su incorporación al mercado laboral (el 41 por ciento de los hogares estadounidenses se sostiene por su trabajo) hace parecer innecesario un varón al lado. Reeves se pregunta cómo impacta esto en los hombres, si su principal misión en el matrimonio y la paternidad ya no es exclusivamente suya. La unidad entre matrimonio y maternidad se ha disuelto. Alrededor del 40 por ciento de los nacimientos en Estados Unidos se producen fuera del matrimonio, frente al 11 por ciento de 1970. En España, en la actualidad la mitad de los niños nacen de progenitores no casados, frente al 2 por ciento en 1975. El matrimonio no solo «unía a la mujer con el hombre, sino también al hombre con la

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La cultura y la política están estancadas en un modelo obsoleto de paternidad, muy alejado de la realidad económica; y esto da lugar a un «déficit de padres». mujer y, por ende, con los hijos». En esto concuerdan conservadores y progresistas. No hay consenso respecto a si era algo bueno o no. Según el conservador David Blankenhorn, la paternidad se ha apoyado con firmeza en dos cimientos: «La corresidencia con los hijos y la alianza parental con la madre». Reeves discrepa en que la manera de revincular a los padres con sus hijos sea volver a vincular a los padres con el matrimonio. Lo considera «una prescripción poco realista. En lugar de mirar por el retrovisor, necesitamos establecer una nueva base para la paternidad». ¿Su propuesta? Defender que los padres son importantes para los niños, incluso en aspectos distintos a los de las madres, y abogar por una relación más directa padres-hijos, independiente de la que tengan los progenitores entre sí. Pero los expertos partidarios de no separar el matrimonio de la paternidad señalan una razón fundamental: que un hijo tenga o no tenga a su padre cerca, involucrado en su vida, depende mucho de si está casado o no. En Estados Unidos, el tiempo que pasan semanalmente con sus hijos los padres casados aumentó de 2003 a 2022 de 6,8 a 8 horas, según un informe del Institute for Family Studies (IFS). Por otro lado, los padres que no viven en la misma casa que sus hijos les dedican 36 minutos a la semana. Brad Wilcox, sociólogo en la Universidad de Virginia y director del National Marriage Project, lleva años investigando los beneficios del matrimonio. En otro artículo del IFS, reconoce estar de acuerdo con Reeves en la necesidad de subrayar que un padre tiene la «obligación moral de ser el mejor padre que pueda ser» con independencia de su estado civil, pero considera poco práctico intentar acomodarse a la «deriva antinupcial de la cultura y construir una nueva norma de

paternidad separada del matrimonio». Wilcox afirma que «los hombres que aceptan el matrimonio son mucho más propensos a convertirse en padres, y, en segundo lugar, en padres implicados». Reeves,cuyos tres hijos provienen de dos matrimonios, confiesa que es más difícil ser padre tras una separación. Pero una preocupación que subraya en su blog es que «si debes ser un buen marido para ser un buen padre, ¿qué significa para las decenas de millones de padres que no están casados, o que lo estuvieron pero ya no? ¿Cuál es el mensaje que les estamos mandando? Si no somos cuidadosos, el mensaje es: Has fallado. Te vas al banquillo. Ya no importas».

La paternidad es una institución primordial, que moldea la masculinidad madura más que ninguna otra. La plena maduración de la masculinidad requiere que el hombre acceda a la dimensión simbólica de la paternidad.


Pero, según Leah Libresco, escritora estadounidense y católica conversa, Reeves subestima a los hombres. «Una cosa es preguntarse cuál es la mejor manera de que un hombre aborde la paternidad tras haber tenido hijos con varias mujeres y no poder ser un esposo completamente fiel para todas ellas, y otra distinta argumentar que deberíamos comenzar a contar historias diferentes a los niños para ofrecerles un ideal más bajo». En ese sentido, admite que los consejos de Reeves funcionan para situaciones pasadas (cómo ayudar a los hombres a hacerlo lo mejor posible en las circunstancias no ideales en las que están fruto de las decisiones tomadas), pero no para formar a jóvenes para hacer y mantener una promesa. En su opinión, disfrazar la realidad y decir que algo está bien, simplemente por no echar más leña al fuego, no soluciona nada: «Los hombres que tienen hijos sin formar una familia para ellos, incluso si permanecen involucrados, realmente han defraudado a sus hijos, a las mujeres con las que hicieron el amor y se decepcionan a sí mismos. Negar la herida no la cierra». En un artículo en Fairer Disputations, Reeves aclara que su defensa de la paternidad desvinculada del matrimonio no pretende menospreciar a una institución que él considera «hermosa, sagrada y preciosa»: «Simplemente quiero dar a entender que la paternidad también es todas esas cosas, incluso fuera del estado de matrimonio». En su libro habla de cómo el matrimonio beneficia también

Los empleos del futuro, altamente cualificados y bien remunerados, pueden requerir aptitudes que se midan mejor por la inteligencia emocional que por el coeficiente intelectual.

al varón en cuanto a mejor salud, nivel de empleo y vínculos sociales. Por otro lado, defiende que dar un papel más relevante a la figura paterna «proporcionaría a muchos hombres una poderosa fuente adicional de sentido y propósito en sus vidas». En Hombres, Reeves plantea qué elementos clave debería tener una agenda política que apoyara el modelo de paternidad directa que él propone: primero, permisos parentales iguales para ambos progenitores, de seis meses como mínimo, retribuidos convenientemente para que no suponga una carga económica en las familias, intransferibles, y que puedan disfrutarse hasta que el hijo cumpla dieciocho años, sin dar por sentado que «el trabajo principal de la crianza de los hijos ha terminado cuando empiezan a ir a la escuela». En segundo lugar, una reforma en el sistema de manutención de los hijos, que considera que en la actualidad es perjudicial para padres solteros, a los que se ve como «cajeros automáticos ambulantes», ya que «el pago de la pensión alimenticia se adjudica completamente al margen de los derechos de custodia y visita». Y, por último: oportunidades de empleo favorables a los padres. Aunque valora las medidas que facilitan el acceso a guarderías, actividades extraescolares, etcétera, a Reeves le preocupa que «el objetivo de las políticas públicas a menudo parezca consistir en crear familias favorables al trabajo, en lugar de trabajos favorables a la familia»; es necesario repensar el trabajo. ¿qué es un hombre? La paternidad moldea la masculinidad. Tanto el padre como la madre son necesarios para los hijos, porque cada uno de ellos aporta algo distintivo en la crianza y educación. Estas dos afirmaciones de Reeves no encuentran fácil acomodo en los círculos progresistas.

El verdadero debate no es si la biología importa, sino en qué medida importa y cuándo importa. La masculinidad está más construida socialmente que la feminidad, por eso tiende a ser más frágil. Existe algo que podemos llamar masculinidad y existen las diferencias biológicas entre el hombre y la mujer, que configuran no solo a nuestros cuerpos (cerebro incluido), sino también a nuestra psicología. Además, la cultura da forma a la manera en que lo biológico se desarrolla y se expresa. Pero rechazar lo biológico por miedo a caer en un determinismo implica cerrar los ojos ante la realidad, y eso, subraya Reeves, tiene consecuencias peligrosas. Según él, «el verdadero debate no es si la biología importa, sino en qué medida importa y cuándo importa». Plantea estas diferencias entre los sexos no como una dicotomía binaria rígida, sino como distribuciones superpuestas de rasgos, y señala que las mayores diferencias se dan en los extremos de esas distribuciones. La cultura y el influjo social juegan un papel clave. Aunque, en su opinión, la masculinidad está más construida socialmente que la feminidad, por eso «tiende a ser más frágil», también aclara que «decir que el hombre tiene que hacerse no significa que haya un único set de instrucciones. Lo que hace de un hombre un “hombre de verdad” varía enormemente de una cultura a otra». El tercer factor que forja el comportamiento humano es la voluntad, la libertad personal. Pero ¿qué es un hombre? Reeves aporta datos, cita estudios y expertos. Pero en su libro Hombres no hay una definición. En una conversación con la periodista Christine Emba, del Washington Post, en 2023, Reeves reconoció que siempre ha intentado ser descriptivo, y que, ante la oportunidad de escribir algo sobre cómo deberían ser los hombres, tuvo

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Grandes temas El malestar masculino sus dudas y, al final, esquivó la pregunta: «Sinceramente, está fuera de mi zona de confort. No hay gráficos que pueda sacar a relucir». Y añadía: «Pero creo que últimamente estoy intentando expresar de forma más prescriptiva algunas de mis reflexiones». Reeves reconocía en esa entrevista el riesgo de hablar en el debate público sobre las «virtudes, ventajas y cosas buenas de ser hombre», «pero también soy muy consciente de que el riesgo de no hacerlo es mucho mayor. Porque sin eso hay un vacío». Y ese vacío a veces lo cubren los portavoces de la manosfera, un lugar donde encuentran algo así como un refugio, un sentido de pertenencia, los «hombres perdidos» que se sienten solos, ansiosos, sin un sentido en sus vidas, buscando un lugar donde encajar. Ante la falta de referencias, figuras como Andrew Tate —conocido por sus vídeos con consejos sobre cómo ser un hombre, en los que promueve una visión marcada por el desprecio hacia las mujeres— se elevan en una especie de gurús de la masculinidad. Pero reducir la masculinidad a unos rasgos negativos y estereotipados no pasa solo en vídeos virales. Reeves denuncia en el libro una publicación que hizo la American Psychological Association (APA) en 2018, una guía sobre cómo trabajar con niños y hombres, que afirma que «la masculinidad tradicional —marcada por el estoicismo, la competitividad, la dominación y la agresividad— es, por lo general, perjudicial». Cuando los críticos se les echaron encima ante este documento, la APA publicó en Twitter que «las directrices apoyan el fomento de los aspectos positivos de la “masculinidad tradicional”, como el valor y el liderazgo, y descartan rasgos como la violencia y el sexismo, al tiempo que señalan que la gran mayoría de los hombres no son violentos». Pero, como saca a relucir Reeves, en verdad no hay nada de eso en la guía. Ni una sola referencia a los aspectos positivos de la masculinidad. Además, también falla en otro punto: no reconoce ninguna base biológica para la psicología masculina. No se menciona la testosterona en ningún momento. Curiosamente,

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Los chicos piensan que el instituto es cosa de chicas: ellas hacen siempre los deberes, los presentan ordenados, llegan puntuales… Ellas optan por profesiones que tienen que ver con el trato con las personas, mientras que ellos priorizan el trato con las cosas. en los informes equivalentes para niñas y mujeres, se abordan las implicaciones psicológicas de la pubertad, el parto y la menopausia. Según Reeves, tratar a los hombres como páginas en blanco no solo es absurdo sino que puede causar grandes daños. La mayoría de las ocasiones en las que se habla de promover una «masculinidad no tóxica», critica Christine Emba, en un artículo en el Washington Post, las propuestas concretas acaban sonando más bien a una feminidad estereotipada («los hombres deberían aprender a ser más sensibles, tranquilos y socialmente hábiles»). Y añade: «A los hombres se les dice constantemente que sean “mejores” y “menos tóxicos”, pero nadie define qué significa exactamente ese “mejores”». La sociedad espera que los hombres sean de una manera determinada. Pero no se está dotando de contenido real esa directriz. O solo desde grupúsculos que no hacen avanzar la conversación. Un artículo en Verily Magazine apunta un doble estándar: existen muchas maneras distintas de ser mujer pero «una y media» de ser hombre.

«¿Cómo sería crear una visión positiva de la masculinidad?», se pregunta Emba en su reportaje. Responde: «Reconocer la diferencia sin patologizarla. Encontrar nuevas formas de valorarla y de contar una historia que resulte atractiva para los hombres jóvenes y socialmente beneficiosa, en lugar de ceder terreno a quienes distorsionan la diferencia hasta convertirla en algo feo y destructivo». Cultivar hombres que sean «aceptables en un baile e inestimables en un naufragio». Este era el objetivo que se propuso J. F. Roxburgh, el primer director de la Stowe School, un colegio privado para chicos en Inglaterra, según narra Reeves. Hombres capaces de sacrificarse por los demás y con «capacidad para calibrar el comportamiento que uno debe tener para que resulte adecuado a las circunstancias», que saben tratar a las mujeres con respeto y como iguales. «Ser adulto», afirma el investigador, «significa aprender a templar nuestra propia naturaleza». Para Reeves, la paternidad es la clave para construir el guion para la masculinidad alrededor del dar y de estar pendiente de los demás, dispuesto a sacrificarse por ellos: «La paternidad es una institución primordial, que moldea la masculinidad madura más que ninguna otra», asegura en Hombres. Una idea similar escribe Mariolina Ceriotti en Perfectos imperfectos (Rialp, 2023): «La plena maduración de la masculinidad requiere que el hombre acceda a la dimensión simbólica de la paterni-

Podemos hacer más por los niños y hombres sin hacer menos por las mujeres y niñas. Podemos ser apasionados por los derechos de las mujeres y compasivos con las luchas de los niños y hombres.


A los hombres se les dice que sean mejores y menos tóxicos, pero nadie define qué significa ese mejores. Existen muchas maneras distintas de ser mujer pero «una y media» de ser hombre. dad: es el paso del centramiento narcisista sobre sí mismo a la idea de que el hombre es capaz de “gastar” su vida por un crecimiento que dé frutos buenos: hijos, proyectos, ideas que sean enriquecedoras no solo para quien las genera, sino también para el mundo en el que las estamos generando». En ese proceso de maduración resultan indispensables los modelos. Los padres, por supuesto, pero también otros. El feminismo lo comprendió muy bien y ha ofrecido a las niñas del siglo xxi referentes en ambientes con mayoría masculina. A nadie le sorprenden las biografías para niños de Marie Curie o de Frida Kahlo, las historias de mujeres científicas, ingenieras, astronautas. En Hombres, Richard Reeves cuenta que, cuando un hijo suyo tenía seis años, lo llevaron al pediatra y le atendió un hombre. El niño, de camino a casa, preguntó si los chicos también podían ser médicos. Aunque en aquel momento salió del paso, Reeves le ha dado ahora una respuesta más completa. En 2024 publicó con un profesor de Primaria, Jonathan Juravich, un libro infantil ilustrado con el título Yes, Boys Can!, que recoge cincuenta historias de hombres que triunfaron en profesiones tradicionalmente desempeñadas por mujeres: el bailarín Mikhail Baryshnikov, el diseñador floral Gregor Lersch o hasta Walt Whitman, que además de escritor era enfermero. Reeves explica este librito extrañamente chocante de un modo sencillo: «Podemos hacer más por los niños y hombres sin hacer menos por las mujeres y niñas. Podemos ser apasionados por los derechos de las mujeres y compasivos con las luchas de los niños y hombres». El tiempo dirá si, como Reeves espera, son los primeros pasos de un camino que, tal y como él lo entiende, debe recorrer la sociedad en su conjunto. Nt

—El donante feliz (1966). Las mujeres salieron de casa, pero los hombres todavía no han entrado. El papel del padre en el hogar es fuente de sentido y maduración. mayo 2025 Nuestro Tiempo —23


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ARRANQUEN LAS AMAPOLAS 24—Nuestro Tiempo mayo 2025


Los indígenas ingas de Aponte, en los Andes colombianos, plantaron amapolas en todo su territorio para enriquecerse con la heroína. Enseguida sufrieron la invasión de las guerrillas para apropiarse del negocio, los ataques de los paramilitares, las incursiones del Ejército… Esta comunidad de cuatro mil habitantes registró 120 muertes violentas entre 1991 y 2003. Ese año, jóvenes ingas constituyeron su primer Gobierno autónomo y anunciaron una rebelión pacífica: iban a erradicar las amapolas y daban ocho días a los grupos armados para abandonar el territorio. texto y fotografía Ander Izagirre [Com 98]

VENEZUELA

Bogotá COLOMBIA

Aponte ECUADOR BRASIL PERÚ

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entre las docenas de asesinatos que desangraron este pueblo durante los años de la amapola, hay uno del que me hablan con más frecuencia, más detalle y más conmoción. —Allá abajo fue —señala Elder Chindoy—, en esa curva. Elder es un indígena de 30 años que se gana la vida criando vacas y que estos días me lleva en su moto, pista arriba, pista abajo, por el territorio autónomo de los ingas de Aponte. Es un chico de cara redonda color avellana, ojos divertidos y risa fácil, perilla fina y pelo encrespado con gomina, que viste chaqueta y pantalones vaqueros; un chaval dicharachero al que le gusta abrir gas y culebrear entre los socavones para impresionarme. Pero en estas alturas apaga el motor y se queda en silencio. Nos asomamos al barranco y me indica una pista de tierra que serpentea por los cafetales. —En esa curva del río mataron a la profesora. Habla en susurros, con pausas largas. —Era la novia de mi hermano. Estamos a unos 2500 metros de altitud. Alrededor se elevan los Andes tropicales con todo el muestrario de verdes: verde selva, verde potrero, verde chagra, verde cafetal, verde guineo, verde granadillo, verde aguacate... Es una cordillera trabajada. Por todas partes se ven pistas, trochas, cercas, plantaciones, huertas, ranchitos desperdigados de ladrillo y chapa que cuelgan en laderas verticales. En el fondo de los barrancos, en los ríos, nadan las truchas y la memoria de los asesinados. —Ella iba caminando desde la escuela de Aponte hasta su casa en la vereda Fátima, allá mismo está, ¿la ve?, y la agarraron en la curva del río. Le faltaron cuatrocientos metros para llegar. La profesora se llamaba Cecilia Ordóñez Córdoba, tenía 25 años, estaba afiliada a un sindicato de maestros, trabajaba con niños y niñas de preescolar, y el 20 de noviembre de 2002 salió tarde de una reunión. 26—Nuestro Tiempo mayo 2025

—La guerrilla había implantado el toque de queda —me explicará Fernanda Villota, secretaria del cabildo indígena—. Cualquiera en la calle después de las seis era objetivo militar. La profesora Cecilia no llegó a su casa. Al otro día, la gente del pueblo organizó una marcha con banderas blancas, sábanas, camisas, manteles, todo blanco para que no nos dispararan, y salimos a buscarla. Yo tenía entonces siete años. Los niños de la escuela también marchamos, con el uniforme indígena blanco y negro, a por nuestra maestrita. Enseguida la encontramos, colgando de unos arbustos en el barranco. Yo vi que del bolso se le había caído un queso. No lo olvidaré nunca. Villota tampoco olvida los juegos interrumpidos de su infancia. —Los niños jugábamos a canicas en la calle y muchas veces salíamos corriendo porque se agarraban a tiros en mitad del pueblo. Nos escondíamos en la chagra detrás del colegio, entre los plátanos y los cafetales. A cada rato mataban. se abre una grieta en aponte. Elder me lleva a los cultivos de amapolas del otro lado del río. De cada bulbo de esas flores rojas, rosas y violetas extraen medio gramo de látex con el que otros producirán heroína. —Aquí ya no es territorio inga. En nuestro resguardo no queda ni una amapola, pero alrededor hay harta. Los ingas son los descendientes de los incas en el extremo norte de su antiguo imperio. Hablan una variante del quechua y tienen un sistema propio de gobierno, justicia, educación, medicina y espiritualidad. En el censo de 2018, unas veinte mil personas del sur de Colombia se declararon ingas. De ellas, unas cuatro mil viven en Aponte, este territorio autónomo de 223 kilómetros cuadrados, departamento de Nariño. Al caer la tarde volvemos al modesto casco urbano de Aponte. Es un pueblo asentado en una repisa temblorosa de

—Cambio de tono. Estas laderas de Aponte, hoy tan verdes, fueron a finales de los noventa un tapiz rojo, rosa y violeta.

«EL PUEBLO SE LLENÓ DE GENTE QUE NO CONOCÍAMOS. VINIERON A COMPRAR TIERRAS, A PLANTAR AMAPOLAS, VINIERON LOS COMPRADORES CON SUS GUARDAESPALDAS. ESTO FUE UN ESCONDITE DE SICARIOS»


los Andes, atravesado por una grieta que en 2015 se abrió despacio, avanzó durante un kilómetro, se tragó decenas de casas, resquebrajó muchas otras y arruinó la iglesia, el cabildo y la escuela. Ahora solo queda una plazoleta con la iglesia reconstruida y una única vía pavimentada. A partir de aquí se extiende en todas direcciones una maraña de calles de tierra con socavones, que suben y bajan por barrios de casas humildes de una o dos plantas, algunas pintadas con alegría blanca, naranja, verde o azul. —Acá mandaba la guerrilla —me dice Villota la mañana siguiente. La secretaria del cabildo tiene 29 años, ojos claros y pómulos marcados, viste pantalones vaqueros, camiseta de rayas y chaqueta deportiva. Perte-

nece a una generación de jóvenes que consiguieron becas, estudiaron fuera y decidieron volver para transformar su pueblo. Los guerrilleros controlaban las amapolas, su fuente de financiación para combatir al Estado. —Ellos ponían sus normas y sus castigos —cuenta—. A unos los mandaban a abrir caminos con pico y pala. A muchas mamitas las obligaban a barrer la calle y les colgaban un cartel: «Castigada por pelear», «Castigada por infiel», cualquier cosa. La guerrilla se ensañó con las mujeres que le salían respondonas, sobre todo con aquellas jóvenes que en los primeros años del siglo xxi impulsaron un movimiento incipiente de autonomía indígena.

—A la profesora Cecilia la mataron por romper el toque de queda… Pero esa fue la excusa —me dirá Maribel Flórez, 42 años, que entonces era alguacila de la guardia indígena y gobernadora suplente del territorio—. Ella participaba en nuestros proyectos de autonomía, eso no le gustaba a la guerrilla. La mataron para asustarnos a todas. Una generación de ingas jóvenes estaba impulsando una recuperación audaz de su territorio, en contra de los guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes. Recibían amenazas de muerte. Caminaban por el pueblo y se imaginaban los últimos minutos de la profesora Cecilia, cómo será que te aparezca un grupo de hombres armados, que te rodeen, te lleven bosque adentro, cómo será que mayo 2025 Nuestro Tiempo —27


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te coloquen en el borde de un barranco mirando al río, que se aparten todos menos uno, cómo será intuir el brazo que se levanta a tu espalda y acerca la pistola a tu nuca. Las guerrillas llegaron a Aponte a finales de los ochenta: primero el Ejército de Liberación Nacional (ELN), luego el Ejército de Liberación Popular (ELP) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Según el Centro Nacional de Memoria Histórica, las FARC y otros grupos de izquierdas mataron a unas 35 000 personas durante el conflicto colombiano. Obligaron a los campesinos a sembrar amapola en las zonas altas y coca en las bajas para producir la heroína y la cocaína con las que se financiaban. En 2002 comenzó el contraataque paramilitar en esta región: las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) atacaron a las guerrillas y a las comunidades campesinas que consideraban sus cómplices. Estos grupos aplicaban una crueldad extrema: masacres, torturas, expulsiones masivas y 94 000 asesinatos en toda Colombia. Contaron con el apoyo de altos cargos políticos, la financiación de narcotraficantes y grandes empresarios y un «respaldo sin límites de militares y policías», según una sentencia de 2014. Querían destruir el movimiento social que se extendía guiado por las guerrillas, y controlar la producción de cocaína y heroína. En abril de 2003, cuando los paramilitares ya controlaban la mayor parte de esta región, dejaron paso al Ejército para una ofensiva de trece días contra las FARC. 1400 personas huyeron y perdieron sus casas, tierras y animales. Era la época en la que la juventud se estaba organizando para expulsar a todos los grupos armados. No tenían más armas que los bastones de madera tallada que representan la autoridad comunitaria y un puñado de ideas claras y poderosas. «yo fui el que trajo la amapola». Los ingas jóvenes convocaban a los 28—Nuestro Tiempo mayo 2025

taitas, los hombres mayores dignos de respeto en la cultura quechua, chamanes que oficiaban rituales nocturnos en los que cientos de personas tomaban «el remedio»: el yagé, la ayahuasca, la planta sagrada amazónica con la que se elabora una bebida alucinógena. El yagé provoca vómitos: así uno se purga, dicen los ingas. Y enseguida empiezan las visiones. Los taitas las interpretan como mensajes de la madre tierra para orientar a la comunidad. Don Querubín Janamejoy dirigía aquellas ceremonias. Es un taita de 62 años, pelo entrecano, cara cobriza, nariz ancha y sonrisa mellada, que habla largo, indiferente a las repreguntas, con el aplomo de quien se sabe autoridad. Me recibe en su austera casa de una planta, en una salita oscura con tres sillones y paredes resquebrajadas, en el mismo borde de la grieta, vestido con la túnica negra tradicional, un sombrero de cuero de ala ancha y un collar de chaquiras: abalorios de colorines que componen el rostro de un tigre. Me aprieta la mano con fuerza. —¿Cómo está, don Querubín? —Vivo, gracias a Dios —y se ríe. Se ríe porque lo han intentado matar media docena de veces y cree que cada uno lleva escrito el día de su muerte. Hasta entonces sigue un principio inga: kausankamalla, mientras sigamos vivos. Mientras sigamos vivos tenemos que dar lo mejor de nosotros para los demás. —Llegó un momento en que vimos claro que no podíamos seguir plantando amapola, porque la violencia estaba arruinando la comunidad. Pero yo no les echo tanta culpa a los grupos armados… Mire, esto nunca lo digo, pero se lo voy a decir: yo mismo jui el que empezó con la amapola. De joven trabajó dos años en los cultivos de coca de la Amazonía. En 1986, cuando se hundieron los precios, regresó a Aponte con la idea de la amapola, una planta que tenía éxito en Perú y prometía mucho dinero. Sembró las semillas en sus terrenos y al cabo de un mes ya habían crecido.

—Bien hermosas las planticas, todo retoñado, bien bonito. Juimos seis amigos con los cuchillos, raspamos los bulbos y aquello chorriaaaba… Recogimos un kilo de goma entre los seis. La noticia de aquel kilo pionero llegó a la región vecina del Cauca, el departamento colombiano más avanzado en la producción de heroína, y se presentaron en Aponte los primeros compradores. Ofrecieron mucho dinero por los terrenos y buenos sueldos para quienes quisieran trabajarlos. —Todo el mundo empezó a echar semilla de amapola desde la montaña hasta el río, se propagó rapidito. Incluso en los patios de las casas se plantaba parejo. Los ingas arrancaron huertas, frutales, prados y bosques para convertirlos en campos de amapolas, más campos y más campos de amapolas por los que enseguida sobrevoló una sombra. —Las guerrillas incentivaron la amapola, pero la amapola ya la habíamos comenzado nosotros. Primero llegaron los elenos [el ELN]. Nos ayudaron a construir la escuela, el acueducto, algunas obras. Así se ganaron a la gente. Los guerrilleros convencieron a varios líderes, incluido Janamejoy, para que asistieran a una asamblea de indígenas en el Cauca. —Entramos a un salón grandísimo y vi unos cuadros en las paredes: Jesucristo; luego, Simón Bolívar; y luego todos los mártires de la guerrilla. Yo me quedé sorprendido: pero nooo, dónde estamos metidos —se ríe—. Vinieron representantes indígenas del Cauca, de Nariño, del Putumayo, de Caquetá, habíamos como más de mil personas allá. El comandante de los elenos nos dio una charla: ustedes no se van a asustar, ya conocen nuestras organizaciones y cómo trabajamos en sus territorios, nosotros queremos luchar por las comunidades marginadas por el Estado, que no tienen escuela, que no tienen energía, que no tienen carreteras, que no tienen ayudas para el campo. Nos pareció bien, ¿no?


«LOS JÓVENES GANARON MUCHA PLATA, PERO NO TENÍAN NINGUNA VISIÓN PARA MEJORAR SU VIDA. SE LO GASTARON TODO EN CARROS, EN EQUIPOS DE SONIDO, EN ARMAS, EN FARRAS... EL PUEBLO SE LLENÓ DE CANTINAS Y PROSTÍBULOS»

Janamejoy cuenta que el primer asesinado fue un muchacho de Aponte que estaba prestando el servicio militar. Durante un permiso, los guerrilleros del ELN se presentaron en su casa, le dijeron que debía abandonar el Ejército y unirse a ellos, el chico se negó y lo mataron. Las cosas se pusieron cada vez peor. —Se jueron los elenos y entraron las FARC. No sé qué se manejaron, pero se jueron unos y vinieron otros, más duros aún, sin ningún conflicto entre ellos. llegaron miles, llegaron de repente. A mediados de los noventa, los cultivos de amapola abarcaban ya 1800 hectáreas, daban varias cosechas al año

y generaban miles de millones de pesos. Las FARC se quedaban con buena parte y pagaban a sus colaboradores con dinero, armas y droga. El profesor Luis Hernando Carlosama recuerda la época de la amapola como la de la gran deserción: los chicos abandonaban la escuela en masa para trabajar en los campos. Se iban los de quince, los de doce, los de diez, incluso los de ocho años, porque los cultivadores apreciaban las manos pequeñas de los niños, sus deditos adecuados para raspar los bulbos con una cuchilla y recoger su fluido sin dañar la planta. Carlosama es un hombre de 50 años, facciones cuadradas y fuertes, vestido

—Querubín Janamejoy. El taita que introdujo y erradicó la amapola junto a la que pudo ser su tumba. Sobre esa moto sufrió un intento de asesinato. mayo 2025 Nuestro Tiempo —29


Grandes temas Revolución pacífica

con la cusma, el traje inga que ahora es el uniforme escolar de profesores y alumnos. Enseña Matemáticas en la Institución Educativa Agropecuaria Bilingüe de Aponte. —En aquellos años, los jóvenes ganaron mucha plata, pero no tenían ninguna visión para mejorar su vida ni la de la comunidad. Se lo gastaron todo en carros de segunda mano, en equipos de sonido enormes, en armas, en farras... El pueblo se llenó de cantinas y prostíbulos. Hubo muchos ajustes de cuentas, mucha violencia en las casas, alcoholismo, drogadicción, prostitución, muchas madres solteras, muchos niños dejados a los abuelos. Esos problemas llegaban a la escuela y se hacía realmente duro. Los estudiantes dejaban el colegio por la amapola… y los profesores también. —En la escuela mi sueldo era de 40 000 pesos al mes. Me fui a la monta30—Nuestro Tiempo mayo 2025

—Otra forma de vida. Después de erradicar la amapola, los ingas de Aponte apostaron por cultivos como el café, aunque las dificultades son enormes en estas montañas remotas.

ña a comprar y vender amapola, y en la primera semana gané 250 000. Con ese dinero montó un negocio de bebidas alcohólicas. —Funcionaba muy bien, demasiado bien, empecé a tener problemas de conciencia. Veía a los jóvenes alcoholizados, todo ese desastre, y sentí que estaba patrocinando la destrucción de mi pueblo. Algunos pensamos que era hora de cambiar aquello. Aponte creció como una aldea del Lejano Oeste: llegaron cientos, llegaron miles, llegaron de repente. —El pueblo se llenó de gente que no conocíamos, no había ni dónde colocarlos ya —dice don Querubín Janamejoy—. Vinieron a comprar tierras, a plantar amapolas, vinieron los compradores con sus guardaespaldas. Esto jue un escondite de sicarios. Muchos llegaban del Putumayo, del Caquetá,

«LOS NIÑOS JUGÁBAMOS A CANICAS EN LA CALLE Y MUCHAS VECES SALÍAMOS CORRIENDO PORQUE SE AGARRABAN A TIROS. NOS ESCONDÍAMOS EN LA CHAGRA DETRÁS DEL COLEGIO, ENTRE LOS PLÁTANOS Y LOS CAFETALES. A CADA RATO MATABAN»


del Cauca, a huir de las cosas que habían hecho allá. Entre ellos había hartos ajustes de cuentas. Buscaban a uno que estaba tomando en la cantina y ahí mismo lo mataban. Algunas noches nos tocaba recoger cuatro o cinco cadáveres. Nosotros decíamos: bueno, esto es limpieza que se hacen entre ellos. Pero los jóvenes indígenas también empezaron a tomar tragos en la cantina. Uno sacaba el arma, tiraba al aire, y entonces la guerrilla decía: a este qué es lo que le pasa. Y lo mataban. Los padres enterraban a los hijos, eso ya no era normal. Vimos que teníamos que cambiar el rumbo, pero ¿cómo? No teníamos ningún poder. En Aponte no mandaban las autoridades indígenas ni mandaba el Estado. En Aponte mandaban primero las guerrillas y luego los paramilitares. Implantaban toques de queda, ejecutaban a los ladrones, decidían qué vehículos entraban y salían, cobraban impuestos, extorsionaban a los tenderos. En el año 2000, el Gobierno de Colombia firmó un acuerdo con Estados Unidos para la erradicación forzosa de los cultivos de coca y amapola. Así se presentó el Estado en Aponte: en forma de avionetas que fumigaban los campos con glifosato. Qué rápido se morían las plantas, me dirán varios vecinos, cómo se quedaban los campos secos y amarillos, cómo se perdían las plantaciones de granadillos y aguacates, porque las avionetas no discriminaban: los campos de amapolas y los cafetales y las chagras y los potreros y hasta la gente de los ranchos fumigaban. Les daba igual. Un poco más tarde irrumpieron los agentes de la Policía antinarcótica y arrancaron a mano los cultivos de amapola que se habían librado de las avionetas. —Vinieron a echar machete a los campos. Y de paso lo que encontraban se lo robaban: comida, ropa, botas, televisores, hasta un marrano que mataron y pelaron. Luego todo lo iban quemando. Nosotros estábamos organizados, los compañeros corrrrían a avisar de una vereda a otra, nos reunimos y nos

juimos adonde los policías. Vimos que se llevaban gente detenida y no los dejamos. Les redondeamos el camión. Les dijimos que esto era territorio de autoridad indígena y que no se podían llevar a la gente como quisieran. Nos respondieron que nosotros plantábamos amapola, que éramos amigos de los narcos y los guerrilleros. Y nosotros pues que no teníamos recursos ni manutención ni escuela ni nada, que el Estado no nos ponía la mirada, y que la amapola era la única manera de conseguir plata. la revolución de los wuasikamas. Hernando Chindoy me cita, antes de mi viaje a las montañas de Aponte, en una plaza muy concurrida de Bogotá. Tiene 48 años, fue el gobernador indígena que desafió a narcos, guerrilleros y paramilitares, y por eso me sorprende su aire de fragilidad: es un hombre pequeño con rasgos infantiles, de pelo negro espeso, ojos que se le achinan cada vez que sonríe, al tiempo que se le marcan surcos en las mejillas. Pienso fragilidad, probablemente sea cansancio acumulado. —Los ingas vivíamos secuestrados en nuestra propia casa —dice—. Teníamos a las guerrillas mandando en nuestro territorio; luego llegaron los paramilitares; el mismo Ejército y la misma Policía entraban y violentaban nuestros derechos… A finales de los noventa, en la época pujante de la amapola, Chindoy estudiaba Derecho y Ciencias Políticas en la ciudad de Pasto. No terminó la carrera, porque pasaba apuros para reunir el dinero necesario. Pero a partir de 1998, con 22 años y una buena base jurídica, viajó por Colombia asesorando a comunidades indígenas en la preparación de sus planes integrales de vida: una especie de constituciones, con sus principios y sus políticas para un desarrollo autónomo. —Siempre me interesó la dignidad de los pueblos que mantienen su cuidado del territorio, su cultura, su espiritualidad, su idioma. Los ingas de Aponte

vivíamos una situación terrible y yo tenía claro que para salir de ahí necesitábamos una identidad fuerte. Por eso me fui también al Amazonas, para aprender los conocimientos de los taitas. Al cabo de un par de años regresó a Aponte. Desde joven había ocupado cargos públicos en el cabildo —había sido fiscal, secretario, tesorero— y los líderes comunitarios de aquella época lo vieron regresar con experiencia y nuevas ideas. En diciembre de 2002, la asamblea de Aponte nombró gobernador a Hernando Chindoy. Tenía 26 años y un objetivo. —Recuperar nuestro territorio. Para eso viajó a Bogotá todos los meses, a reunirse con funcionarios del Ministerio del Interior y del Instituto Colombiano de la Reforma Agraria. Obtuvieron un primer triunfo legal: el 22 de julio de 2003, el Estado colombiano aprobó la constitución del resguardo indígena de Aponte, con sus 22 349 hectáreas de propiedad colectiva de los ingas y sus instituciones autónomas. Chindoy se rodeó de jóvenes que basaron su revolución en el saber de los ancianos. Una madrugada se reunieron cuatrocientas personas para tomar el yagé, guiados por cuatro taitas. Les preguntaron qué camino debía seguir el pueblo inga. El taita Ferlinto Piaguaje dijo que la vida dependía del territorio. Que no podían seguir tumbando bosques para plantar amapolas, porque sin bosques el territorio se reseca. Ya todos veían que los ríos bajaban con muy poco caudal y pronto no iban a tener agua para cultivar alimentos, que debían cuidar la madre tierra. Y que a partir de ahí encontrarían de nuevo la armonía y la paz. Ese discurso tradicional coincidía con el discurso moderno sobre la sostenibilidad ambiental. El cabildo presidido por Chindoy adoptó medidas fuertes: establecieron una reserva natural de 17 500 hectáreas (el 80 por ciento de su territorio) para preservar montañas, bosques, tres páramos, dieciocho lagunas y las cabeceras de los ríos. El otro 20 mayo 2025 Nuestro Tiempo —31


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por ciento lo dedicarían a la agricultura y la ganadería. Y aquí dieron el paso más arriesgado: erradicar la amapola. Esos cultivos ilegales constituían la principal fuente de ingresos para las familias de Aponte, pero la mayoría estaba harta de la tiranía de los grupos armados, de los tiroteos, los asesinatos, el alcoholismo, la drogadicción, de ese pozo negro que se estaba tragando a una generación de jóvenes. A las pocas familias que se opusieron al plan, el cabildo les compró los cultivos para sustituirlos por otros. Los agricultores perdieron muchos ingresos, pero Chindoy está especialmente orgulloso de que en Aponte nadie haya vuelto a plantar una amapola. —Y eso es porque tenemos nuestro gobierno propio, nuestra economía, nuestra cultura, nuestra educación, nuestra salud, nuestra justicia; tenemos una conciencia fuerte de comunidad, nosotros decidimos ahora nuestro camino y no queremos que vengan otros a mandar en nuestra casa. Eso nuestra gente lo sabe: si volvemos a la amapola, vuelven los grupos armados y vuelve el horror. En una de sus primeras asambleas tras la creación del resguardo indígena, en julio de 2003, el nuevo gobierno local hizo un movimiento arriesgado hacia la libertad. —Comunicamos a los grupos armados que las autoridades del territorio éramos nosotros y les dábamos ocho días para marcharse. Fue un momento muy tenso. Enseguida llegaron las amenazas: la guerrilla y los paramilitares nos consideraron objetivo militar a todos los miembros del cabildo indígena. arranquen las flores. Organizaron mingas, grupos de trabajo comunitario, y empezaron a arrancar amapolas a machetazos ante la mirada atónita de los guerrilleros. Un par de años después ya no había amapolas ni guerrilleros ni paramilitares. —¿Cómo pueden unos campesinos desarmados echar de su territorio a guerrillas y paramilitares? 32—Nuestro Tiempo mayo 2025

—Con las ideas claras y con la unión —responde Chindoy—. Lo hacíamos todo en grupo: en mingas de pensamiento para escribir nuestro mandato integral de vida, en mingas de trabajo para erradicar las amapolas… Pero sobre todo las familias, las familias nos cuidábamos mucho unas a otras, estábamos atentos por si el vecino tenía un problema. Si llegaba un ataque de los grupos armados, salían todas las familias a defendernos y a echar a los agresores. El cuidado fue la clave. Y la espiritualidad: nos reunimos a tomar el yagé, escuchamos a los taitas, hablamos a través de las plantas, y la madre tierra nos escucha y nos protege. Esa es nuestra creencia. Chindoy sorbe un poco de té, se queda un rato en silencio. —A mí la reacción de la comunidad me salvó dos veces la vida. Voy entendiendo por qué Chindoy me ha citado en Bogotá. Acaba de volver de una estancia de varios meses en Europa, me ha citado en una plaza concurrida de la capital colombiana, me ha presentado a su guardaespaldas y hemos buscado un rincón en el fondo de un bar. Chindoy y yo hablamos en una mesa, el guardaespaldas se queda en la otra vigilando la entrada. Cada vez que Colombia da un paso hacia la paz, grupos armados responden con baños de sangre para reafirmar su poder. En 2011 se aprobó una ley para reparar a las víctimas del conflicto y devolver las tierras a las personas desplazadas por la violencia, una iniciativa que chocaba con los intereses de terratenientes usurpadores, narcotraficantes, explotadores ilegales de bosques, minas y demás recursos naturales… Ese mismo año se recrudecieron los ataques. Los sicarios asesinaron a 45 líderes sociales, incluidos diecinueve indígenas, que reclamaban los derechos de sus comunidades. —Íbamos a la Policía a denunciar y a pedir protección —dice Chindoy—. Y luego nos enteramos de que el coman3 dante avisaba a los paramilitares.

A las seis de la tarde del 25 de diciembre de 2011, Chindoy charlaba en la calle con un amigo. Dos jóvenes desconocidos se le acercaron caminando rápido, se echaron la mano a la cintura, a Chindoy se le encendieron las alarmas y en cuanto vio asomar las pistolas entró corriendo a la casa de su amigo, oyó un disparo, corrió por el pasillo, otro disparo, entró en una habitación del fondo, salió por la parte trasera de la casa, otro disparo, y corrió por el monte hasta ponerse a salvo. Los vecinos salieron rápido de sus casas y se lanzaron a por los agresores. Los persiguieron hasta bien entrada la noche, pero no dieron con ellos. La comunidad ya había salvado a Chindoy unos meses antes: un grupo de paramilitares lo sacó del cabildo para llevárselo y asesinarlo en algún barranco, pero los vecinos se pasaron la alerta a gritos, llegaron corriendo desde todas partes del pueblo con hachas y machetes, rodearon a los paramilitares y no los dejaron marchar hasta que liberaron a Chindoy. —Con el atentado de los sicarios ya me quebré. Sobreviví de milagro y sentí que no podía más. Salió de Aponte con la ayuda de un programa estatal de protección de líderes sociales amenazados, y fue cambiando de residencia por varias regiones. —Pero yo ya no puedo estar seguro en ninguna parte. Se mueven por toda Colombia y nunca me perdonarán. nadie ha vuelto a plantar. Me sirven una sopa de carne y yuca. La madre se queda en un rincón de la cocina en penumbra y llora en silencio; el padre se aguanta las lágrimas en la mesa y dice que es una injusticia que su hijo Hernando tenga que vivir en el exilio, que llevan cinco o seis años sin verlo, que si viene hay algunos esperándolo y le quemarán el carro, que si yo hablo otra vez con él por favor le diga que su papá y su mamá se mueren de ganas de abrazarlo, y rompe a llorar. Los padres de Hernando Chindoy son campesi-


—Uniforme indígena. El gobernador actual de Aponte, Hernando Santacruz, y un taita lucen el uniforme inga blanco y negro y los bastones que representan la autoridad comunitaria.

nos ancianos, cansados, dos rostros de cuero agrietado. Viven en una casita arriba en la montaña, a la que se llega por una trocha empinada, y tienen una panorámica espectacular del atardecer que tiñe de naranja Aponte, donde falta su hijo. Luis Alberto Chindoy, el hermano pequeño, me acompaña de vuelta al pueblo. Recorremos una calle flanqueada por muros derruidos y solares abandonados: es la zona más afectada por la grieta que se abrió en 2015. Luis Alberto va señalando una geografía invisible del horror: «Acá estaba la casa con el surtidor de gasolina, una noche los paramilitares sacaron al propietario, lo acusaron de colaborar con los guerrilleros porque les servía gasolina, y lo mataron a tiros»; «A esa casita ahora en ruinas llegó un paramilitar herido, se

derrumbó en el patio, nadie se atrevió a socorrerlo y murió desangrado. Y en ese hueco estaba la casa donde los sicarios dispararon a Hernando». Aquí la tierra se hundió centímetro a centímetro hasta abrir una hondonada de cinco o seis metros de profundidad y un kilómetro de largo. No hubo muertes, porque fue muy lento, pero se quebraron las casas de cuatrocientas familias, la iglesia, el cabildo, la escuela de primaria, el acueducto y el alcantarillado. «Se agrietó el centro del casco urbano, justo la parte donde los grupos armados mataron a tanta gente, el suelo se hundió justo en esas calles, como si la tierra necesitara tragarse toda esa sangre y lavarse», me dice Hernando Chindoy en la cafetería de Bogotá. Los técnicos ya escogieron un terreno más seguro para levantar un pueblo nuevo,

«COMUNICAMOS A LOS GRUPOS ARMADOS QUE LAS AUTORIDADES DEL TERRITORIO ÉRAMOS NOSOTROS Y LES DÁBAMOS OCHO DÍAS PARA MARCHARSE. FUE UN MOMENTO MUY TENSO»

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ya dibujaron los planos, pero no ha llegado ni un peso para construirlo. —Nosotros intentamos levantarnos pero el Estado nos ignora —me dice Hernando Chindoy. Para recorrer los ochenta kilómetros de Aponte a Pasto, capital de Nariño, los vehículos tardan cuatro o cinco horas a través de unas pistas terribles, interrumpidas a menudo por los derrumbes. A los productores de café, frutas y truchas les cuesta horrores sacar su mercancía. El centro médico es precario. Cientos de vecinos siguen hacinados en albergues provisionales. Los alumnos se apelotonan en una escuela diminuta. Muchos jóvenes emigran para buscarse la vida en las ciudades. Al Estado le convendría que las comunidades indígenas fueran prósperas. «Los narcotraficantes no se asientan en comunidades fuertes con una economía sana, sino en las más vulnerables, donde pueden infiltrarse en el tejido social y controlar el territorio», explican los informes de las Naciones Unidas sobre la sustitución de cultivos ilícitos en Colombia. Es el mayor productor mundial de cocaína y las cifras crecen a toda velocidad: si en 2012 se cultivaban 48 000 hectáreas de coca, en 2023 alcanzaron las 253 000 (que dan para producir unas 2664 toneladas de cocaína). Y los cultivos se concentran de manera extraordinaria en los resguardos indígenas y afros. «Si las comunidades indígenas no tienen otros recursos, ninguna política antidrogas funcionará: volverán a la coca y la amapola», explicó Guillermo García, jefe de Desarrollo Alternativo de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, en declaraciones al medio colombiano La Silla Vacía. —Las bandas criminales nos han seguido presionando todos estos años para regresar a los ilícitos —dice Hernando Chindoy—, nos amenazan, nos atacan, pero nadie ha vuelto a plantar una amapola. Es nuestro mayor orgullo. Esa resistencia ya es parte de nuestra vida.

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matanzas después de la paz. En 2016, el Gobierno colombiano y las FARC firmaron un acuerdo de paz que incluía, entre otros puntos, una reforma rural y la erradicación de los cultivos de coca y amapola. Las FARC se retiraron de muchos territorios a los que no llegó el Estado, de modo que el vacío lo ocuparon bandas criminales al servicio de narcotraficantes y explotadores de recursos naturales. Según la Defensoría del Pueblo, entre 2016 y lo que llevamos de 2025 han muerto asesinados alrededor de 1500 líderes sociales. Las víctimas eran reclamantes de tierras, impulsores de la sustitución de cultivos ilícitos, autoridades de resguardos indígenas, defensores de espacios naturales protegidos, luchadores por los derechos humanos. En un país que empezaba a desmovilizarse tras un conflicto de seis décadas, miles de antiguos combatientes ofrecían sus servicios al mejor postor. «Por cien dólares podías contratar a un asesino a sueldo», explicó en 2018 Michel Forst, relator especial de las Naciones Unidas. En su informe afirmó que el 95 por ciento de los asesinatos de líderes sociales queda impune. El departamento de Nariño, al que pertenece Aponte, es uno de los mayores productores de coca y uno de los que siguen sufriendo la peor violencia: el ELN y varios grupos disidentes de las FARC combaten entre ellos, contra el Ejército y contra la población civil que se atreva a resistirse. Todos los años se cuentan muertos y desaparecidos por docenas. Según el Comité Internacional de la Cruz Roja, solo en 2023 más de veinte mil personas abandonaron sus hogares en Nariño. Ahora el taita don Querubín Janamejoy representa a los ingas de Aponte ante los organismos públicos que atienden a las víctimas, les devuelven sus tierras y persiguen a los agresores. Los ingas denuncian, los agresores responden. —Por suerte, estábamos toda la familia en el piso de abajo —recuerda—, porque la bomba pegó en el piso de arriba y lo voló enterito. Nos cayeron

escombros pero no nos pasó nada grave. Ahí ya la UNP me sacó del territorio. La Unidad Nacional de Protección (UNP), encargada de velar por los amenazados, le buscó un alojamiento discreto en Pasto y allí pasó varios meses. Volvía a Aponte cada dos o tres semanas para asistir a las reuniones de las autoridades o dirigir las ceremonias del yagé. Cuando regresó de manera permanente, le asignaron guardaespaldas. Siguió sufriendo ataques: le tendieron una emboscada a tiros mientras viajaba en moto, le lanzaron otro bombazo contra la casa, asaltaron otro edificio en el que pensaban encontrarlo y golpearon a su nuera hasta dejarla en coma. Me muestra una de tantas hojas que le deslizan bajo la puerta: amenazas de muerte escritas a mano, con calaveras pintarrajeadas: «Si uste no sale de su pueblo tendra muerte. Por el momento chucho queda arbertido» [sic]. —Hay muchas personas que me quieren matar, pero mientras Dios quiera que yo siga vivo, no me voy a morir así me descuarticen. Después de abandonar Aponte para que no lo mataran, Hernando Chindoy consiguió el apoyo de universidades colombianas, británicas y suizas para crear el proyecto Wuasikamas: una alianza entre indígenas y campesinos de todo el planeta para abordar retos globales. —Por ejemplo, la biodiversidad se ha preservado mucho mejor en las zonas donde viven pueblos indígenas, pero luego no participamos en los organismos mundiales. Tenemos experiencias que serían muy útiles. Nosotros frenamos la explotación catastrófica del territorio, expulsamos a los grupos armados, pusimos en marcha una economía justa y sostenible. Y por todo eso qué recibimos: atentados nada más. Nosotros cumplimos con el Estado; el Estado no cumple con nosotros. Si los ingas quieren prosperar, Chindoy opina que deben prepararse para los nuevos contextos. —Los bonos de carbono, por ejemplo. Para compensar sus emisiones de


«LLEGÓ UN MOMENTO EN QUE VIMOS CLARO QUE NO PODÍAMOS SEGUIR PLANTANDO AMAPOLA»

—El gobernador. Hernando Chindoy luchó por expulsar a guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes de Aponte. Venció. Pero ha tenido que pagar un precio muy alto. fotografía: alejandro osses

dióxido de carbono, grandes empresas pagan a comunidades indígenas por el mantenimiento de los bosques que retienen ese gas de efecto invernadero. Es un mercado goloso para la corrupción: en el propio departamento de Nariño se dio el caso del resguardo indígena de Cumbal, cuyos líderes habían vendido bonos de carbono a la petrolera estadounidense Chevron sin que sus habitantes supieran adónde había ido el dinero. —Debemos formarnos para negociar bien, para conseguir acuerdos que beneficien a todos, para que no entren actores externos con capacidad para corromper y dividir la comunidad —dice Chindoy—. Nosotros defendemos nuestra cultura ancestral, pero solo sobreviviremos si sabemos adaptarnos. En Aponte, una parte de la juventud inga apuesta por cultivar café o criar ganado, aunque las dificultades son enormes en estas montañas remotas y muchos se marchan: los hombres, a trabajar en la construcción; y las mujeres, en el servicio doméstico. También emigran a los campos de coca y amapola en otras zonas de Nariño y el Putumayo. Ahí ganan mucho más dinero. Y a veces se lo reprochan al taita don Querubín Janamejoy. —Algunos jóvenes me dicen: pero por qué ustedes abandonaron la amapola, con eso se ganaba harta plata, ahora estuviéramos bien… Y yo les digo: ustedes con la amapola estuvieran bien o seguramente no estuvieran, porque les hubieran matado al papá o a la mamá antes de nacer ustedes, o los hubieran matado a ustedes mismos. ¿Qué es más importante, los cultivos o la vida? Pero no sé si lo tienen claro. Yo no sé si empezaremos de nuevo la misma historia. Nt

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AHORA BIEN Enrique García-Máiquez

Habitación acolchada

sacrificando para advertirte. Hay que huir o ir al médico o localizar enseguida el origen del problema. Unos tíos bisabuelos de mi mujer, por una mala jugada de la consanguinidad, padecían una enfermedad que les impedía sentir dolor. ¿«Padecían» he dicho? Sí. Aquello, que, desde la perspectiva comodona de hoy, parece una bicoca, era peligrosísimo. En cierta ocasión olieron a quemado en casa, «Qué raro», se decían, cada vez más, hasta que se dieron cuenta de que eran ellos mismos, ambos hermanos, los que se estaban quemando los pies en el brasero de la mesa camilla. Lo que pone en evidencia mi ejemplo un poco morboso pasa igual con el dolor psíquico y el malestar moral. No son agradables, en absoluto, pero te avisan de qué es lo que huele a podrido en Dinamarca o, mucho más cerca, bajo tus pies. El problema último del consumo disparado de ansiolíticos es que nos deshabilitan el sistema de alarma. Nos encierran en una habitación acolchada. Y no es la única desconexión. Tanta insistencia en la au«Si acallamos el dolor por todos los medios toestima, que nos veda llamar la atención o reñir o darle a médicos, sociales o económicos, dejamos de nadie el disgusto de advertirle que tiene cosas que mejorar percibir las señales de alarma de los peligrosos en los estudios, en el trabajo o en la vida, también encapsula problemas latentes» y aísla y condena al estancamiento en una burbuja de buen rollo. Las pagas y las ayudas públicas, tan necesarias como pueden serlo en casos particulares, ocultan graves probleSPAÑA TIENE el récord mundial en el consumo de mas estructurales de nuestro sistema educativo y laboral. ansiolíticos. Es para tomarse un ansiolítico, desde Silencian los sistemas de alarma, uno tras otro, con lo que luego. Este dato se utiliza con frecuencia para mosnadie pone solución a nada. Y en una escala aún mayor, matrar lo mal que estamos como sociedad, nosotros, croeconómica, el endeudamiento del Estado conlleva dopar que ayer no más éramos reconocidos en el mundo o anestesiar (como prefiera verse) a una sociedad presente entero por nuestra innata alegría mediterránea de que en el fondo no funciona a costa de una sociedad futura vivir y nuestra despreocupación senequista. El índice nos que a ver cómo afronta la realidad. señala que estamos fatal; pero también anuncia —y eso no se En general escribo artículos esperanzados, y este, contra dice– que vamos a estar peor. toda apariencia, lo es. Si nos duele algo —y siempre algo nos Los ansiolíticos en cantidades industriales indican que duele, ya sea físico, psíquico o espiritual—, salvo patología, muchas personas en España se encuentran mal. Y como esos que ahí no me meto, alegrémonos. Estamos recibiendo un medicamentos funcionan tan bien, al ser ingeridos multituaviso (y quien avisa no es traidor) de que tenemos que camdinariamente, esconden el dolor. No digo que, con la debida biar algunas cosas que nos producen ese dolor. Así arranca un supervisión médica, no deban recetarse. No quiero hacer inpoema inolvidable de Claudio Rodríguez: trusismo profesional ni, mucho menos, caer «Déjame que te hable / en esta hora de dolor en la insensibilidad hacia el mal ajeno, que LA PREGUNTA DEL AUTOR / con alegres palabras». es sagrado y ante el que hay que descalzarse Mucho mejor tomar las riendas de nuestra para entrar. Sin embargo, desde fuera, he de ¿Nuestro rechazo al vida al aire libre a que nos encierren en la advertir de un peligro. Que los ansiolíticos dolor a toda costa nos habitación acolchada las pastillitas o las pason una consecuencia de un estado del malesestá abocando a un dolor guitas. Somos los amos de nuestro destino, tar que acompaña como una sombra al esmudo, pero mucho mayor? los capitanes de nuestra alma. No olvidemos tado del bienestar lo vemos. El problema es a Claudio Rodríguez cuando nos dice que, que también serán o están siendo una causa por debajo del dolor, «la más honda verdad de mayores y más profundos malestares. es la alegría». El dolor, mucho mejor que taEstamos engrasando el rodamiento de un parlo, es apartarlo. Más allá espera la alegría. círculo vicioso de libro. Nuestro hedonismo ha hecho del dolor Enrique García-Máiquez [Der 92] es poeta un mal absoluto, pero no lo es, aunque no y ensayista. @EGMaiquez sea agradable. Es un sofisticado y casi infa@NTunav lible mecanismo de alarma que la evolución Opina sobre este asunto en X. ha regalado al hombre y a los animales. Si algo te duele, ese algo doliente se está

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Grandes temas Posfotografía

A la conquista del nuevo mundo Joan Fontcuberta, fotógrafo y pensador, rescata una frase del Quaderni dal carcere de Antonio Gramsci para referirse a su propio trabajo: «El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos». La cita refleja también el momento decisivo que atraviesa la cultura visual contemporánea. El ganador del Nobel de la fotografía en 2013 se adentra en la nueva terra incognita, tan desafiante, que brota de la inteligencia artificial. texto Ana Eva Fraile [Com 99] fotografía Joan Fontcuberta

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Canopyensis splendens & Bauhiniophyllum volubilis. Serie «De rerum natura», 2023 © joan fontcuberta / vegap, pamplona 2025 mayo 2025 Nuestro Tiempo —39


Grandes temas Posfotografía

la vida de joan fontcuberta (Barcelona, 1955) nace de una fotografía. A su padre le tocó cumplir el servicio militar en Melilla durante la II Guerra Mundial. Varios quintos intercambiaron direcciones de chicas y les enviaron una carta. Cada uno incluyó en el sobre un retrato personal que les hizo un fotógrafo minutero. «A Elena amb l’afecte del seu amic Francesc», escribió sobre la imagen. Como relata su hijo en el documental Joan Fontcuberta, el que queda de la fotografia, fue un amor a primera vista. «En un sentido casi metafísico, yo digo que existo gracias a la fotografía», confiesa. Creció rodeado de imágenes. Su padre y su tío fundaron una agencia de publicidad y, en cuanto tenía un rato libre, le gustaba colarse en el laboratorio con los fotógrafos. Para hacer las tareas de Historia del Arte, se llevaba prestada la cámara familiar. El profesor Garriga les pedía que tomaran fotos durante las visitas culturales para ilustrar sus trabajos. También montó un rudimentario cuarto de revelado en el colegio. Joan presenció allí por primera vez el milagro: tras sumergir papel blanco en una cubeta con un líquido, aparecieron los contornos de una figura. En ese instante mágico supo que quería dedicarse a la fotografía. Con el objetivo orientado hacia el fotoperiodismo, en 1972 Fontcuberta se matriculó en Ciencias de la Información en la Universidad Autónoma de Barcelona. Llegó al campus en medio de una «climatología particular»: falta de libertad, censura, propaganda… Mientras España encaraba los últimos años del régimen franquista, su conciencia se rebeló contra la interpretación autoritaria de la realidad. Empezó así a explorar la fotografía como un territorio libre de ataduras dogmáticas. En 1839, el hallazgo de este nuevo lenguaje revolucionó la percepción del mundo. Con solo cuatro palabras, Henry Fox Talbot consiguió expresar el anhelo de todo un siglo: The Pencil of Nature. Como 40—Nuestro Tiempo mayo 2025

evoca el título del primer libro en la historia de la fotografía, publicado por entregas entre 1844 y 1846, la aparición del daguerrotipo posibilitó que la naturaleza «pudiera describirse a sí misma», explica Fontcuberta. En sus orígenes, vino a ser una transcripción literal de lo que pasaba delante de la cámara. Pero ¿conducen las imágenes inexorablemente a la verdad?, se planteó el universitario catalán. El corpus que este «diletante curioso», según se autodefine, fue vertebrando en torno a esa duda ha merecido los premios nacionales de Fotografía (1998) y Ensayo (2011). En 2013, se convirtió en el único español que ha recibido el Premio Hasselblad, considerado el Nobel de la fotografía. Desde los inicios, minó sus obras con trampas para despertar al público de su crédulo letargo; para revelarle «que esa confianza ciega en la fotografía como testimonio objetivo de la realidad no era más que una ilusión», le dice a Xavier Mas de Xaxàs en una entrevista. A lo largo de cinco décadas, Fontcuberta ha ido refinando los métodos para subvertir el statu quo. Entre 1982 y 1984, gestó «Herbarium». Con un hilo argumental que entronca con la tradición botánica del Siglo de las Luces —el título insinúa el Systema naturae de Linneo—, realizó una serie de fotografías de plantas. Se inspiró en un personaje de la Alemania de entreguerras que considera seminal: Karl Blossfeldt. Para sus clases de escultura y forja, el profesor tomaba centenares de primeros planos de tallos y pétalos; quería mostrar a sus alumnos cómo «las formas originales del arte» mimetizaban las formas orgánicas de la naturaleza. Solo que las especies que documentó Fontcuberta resultaron ser fantasmagorías. Las confeccionó a partir de fragmentos orgánicos y desechos industriales. En 2024, confrontó en el Museo Universidad de Navarra aquella secuencia analógica con «eHerbarium», alumbrada mediante sistemas de visualización generativa de

inteligencia artificial. Una treintena de estas exóticas piezas continúan en sala como parte de la muestra con la que el centro conmemora su décimo aniversario. En un momento en que la cultura contemporánea transita hacia otro régimen de visualidad —la posfotografía—, Joan Fontcuberta persevera en su propósito originario: evidenciar que las imágenes no solo figuran la realidad, sino que también son capaces de formatear el pensamiento. La posverdad y la mentirocracia, advierte en Imágenes latentes (Dalpine, 2025), dominan la fotografía como «fábrica de hacer creer». «Y no podemos bajar la guardia». A través de su trabajo siempre intenta desenmascarar los entresijos del engaño, convencido de que «la verdad debe nacer de la duda». Nt

DÓNDE VER

Exposición «Monstrorum historia», organizada por Kutxa Fundazioa Artegunea · Donostia/San Sebastián, Edificio Tabakalera · Hasta el 29.06.2025 Exposición «Colección Museo Universidad de Navarra. Cuatro décadas» · Campus de Pamplona · Hasta el 24.08.2025 Exposición «PhotoVision. Reflexión y debate en la creación fotográfica» · Madrid, Museo Reina Sofía Exposición «Mirabilia», organizada por Fundación ENAIRE y PHotoESPAÑA · Santander, Centro de Arte Naves de Gamazo · Del 26.06.2025 al 18.01.2026


«Una imagen siempre es deudora de imágenes previas. En cierta medida, todo es un déjà-vu» J. FONTCUBERTA EN «IMÁGENES LATENTES» (2025)

Levenfelda augusta. Serie «eHerbarium», 2024

© joan fontcuberta / vegap, pamplona 2025

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Grandes temas Posfotografía

Folium ingenii. Serie «eHerbarium», 2024

© joan fontcuberta / vegap, pamplona 2025

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«Es necesario revertir el precepto de Goya y conseguir que el sueño de los monstruos produzca razón» JOAN FONTCUBERTA EN «IMÁGENES LATENTES» (2025)

Typha volans. Serie «eHerbarium», 2024

© joan fontcuberta / vegap, pamplona 2025

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Grandes temas Posfotografía

«La imagen miente siempre, miente por instinto, miente porque su naturaleza no le permite hacer otra cosa» JOAN FONTCUBERTA EN EL «BESO DE JUDAS: FOTOGRAFÍA Y VERDAD» (1997)

Linderlina modulata. Serie «eHerbarium», 2024

© joan fontcuberta / vegap, pamplona 2025

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Heteranthera bifida. Serie «eHerbarium», 2023

© joan fontcuberta / vegap, pamplona 2025

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Grandes temas El arte de editar

Valerie Miles edita para lectores peligrosos Fundadora de la edición en español de Granta, una de las literary journals más prestigiosas del mundo, Valerie Miles (EE. UU., 1963) cree que la misión del arte es hacernos sufrir. Editora, traductora, crítica y curadora, su trabajo en el archivo de Roberto Bolaño y sus antologías de narradores emergentes han transformado el mapa contemporáneo de las letras. Conversamos con ella sobre el oficio de editar, la búsqueda de nuevas voces y el valor de la literatura en nuestro tiempo. texto Andre Quispe Ferro [Fia Com 26] fotografía Íngrid Ribas

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Grandes temas El arte de editar

valerie miles entró en contacto con las letras de niña. En su casa, a las afueras de Erie, Pensilvania, la familia leía la Biblia del rey Jacobo y se reunía para comentarla. Recuerda los incomprensibles pasajes del Antiguo Testamento. Con ellos aprendió a disfrutar la experiencia estética. En los estantes de la biblioteca familiar encontró atlas y enciclopedias que la acercaron a biografías como la de la escritora Gertrude Stein. Sus padres, celosos de la educación que recibían sus tres hijas (ella es la mayor), les prohibían ir al cine y escuchar música que no fuese clásica, pero nunca censuraron sus lecturas. Su infancia y juventud fueron atípicas, salvajes, alejadas del consumismo que caracteriza el american way of life. Con su 48—Nuestro Tiempo mayo 2025

madre visitaba bibliotecas y exposiciones de arte; con su padre, las profundidades del bosque. Le gustaba llevar a sus hijas a sobrevivir en la naturaleza al estilo de Emerson y Thoreau, incluso en invierno. Cuenta que, con diez años, edad a la que muchos de sus amigos lloraban la muerte de la madre de Bambi, su padre la obligó a ayudarle a despellejar un ciervo como rito de paso. Con el tiempo, Miles acabó convirtiéndose en la figura casi mítica que es hoy. Cofundó y dirige la revista Granta en español —una de las literary journals más prestigiosas del mundo— y ha dedicado su carrera a tender puentes entre la orilla hispanohablante y la anglosajona. Profundamente hermanada con la tra-

yectoria nómada del narrador chileno Roberto Bolaño, ha vivido en Nueva York, Florida, Pensilvania, Valladolid, Madrid, Washington, Arizona y Bilbao antes de instalarse en Barcelona. Cuando se matriculó en Relaciones Internacionales en la Universidad de Indiana de Pensilvania, en 1981, veía la literatura como un sustento espiritual. Había leído a la generación perdida —Scott Fitzgerald, Cummings, Faulkner— y le pareció que la forma de emular sus vidas bohemias pasaba por cursar esos estudios. En cuarto conoció España gracias a un intercambio de un semestre en la Universidad de Valladolid. Volvió un año después, en 1985, a Madrid, para documentarse para su TFG sobre la entrada española en la Comunidad Económica Europea. Al regresar se trasladó a Washington y se incorporó como becaria en la extinta Agencia de Información de los Estados Unidos. Empezaba el segundo mandato de Reagan. Su trabajo consistía en gestionar intercambios de escritores, músicos, bailarines y otros artistas. En febrero de 1986, asistió a la retransmisión del despegue del transbordador Challenger en el Smithsonian, que quedaba cerca de su despacho. Cuando vio la explosión sintió que estaba frente a una señal: no quería pertenecer a la organización que becase a la siguiente Gertrude Stein, quería una vida llena de aventuras, de arte, y no de burócrata o de American Beauty. Stein encarnaba el espíritu bohemio de París en los años veinte, tanto por su estilo literario vanguardista como por sus exposiciones de arte, que reunían a personalidades como Hemingway o Picasso. Desde muy joven, Miles soñaba con seguir sus pasos. Pensó en asentarse en Europa y dedicarse a los libros, pero, acompañada de Íñigo, un novio bilbaíno al que había conocido meses antes en un vuelo de Estados Unidos a España, se marchó ese mismo año al desierto de


—Trayectoria nómada. Nacida en Pensilvania y radicada en Barcelona, el trabajo ha llevado a Miles a recorrer las dos orillas del Atlántico en busca de nuevas voces.

Sonora. Allí nació su hijo, Lucas. Durante este periodo, escribió poesía y participó en grupos literarios. Pronto todo aquello se manifestó insuficiente. En 1989, la familia puso rumbo a España. Vivió entre Bilbao y Madrid dos años. Tenía dudas sobre cómo cristalizar sus aspiraciones y las escribió en una carta a Paul Bowles, quien entonces estaba en Marruecos. Él le insistió en que se quedase en España, una cultura menos explorada para los norteamericanos que Francia. Miles sintió que el fantasma de Gertrude Stein le hablaba: había sido ella quien recomendó a Bowles mudarse a Marruecos. En 1991, recaló definitivamente en Barcelona, donde empezó a asistir a presentaciones de libros, a relacionarse con la industria editorial y, desde 1994, a escribir para The New Yorker, The Paris Review, The New York Times y su Book Review. Cada verano viajaba a Estados Unidos, donde entrevistaba a editores, y volvía con primicias para La Vanguardia, Qué Leer, y más adelante también ABC, El País, La Nación o Reforma. Una de aquellas conversaciones marcó un hito. En 1996 habló largo y tendido con Richard Ford sobre la traducción de El día de la Independencia, la novela que le valió el Pulitzer, para la revista barcelonesa Metropolitan. Ford, sorprendido de que una compatriota trabajase para un medio en español, le comentó que desde que el icónico escritor Bill Buford había dejado Granta para marcharse al New Yorker, la cabecera le había perdido el pulso al mundo literario hispano. Aquella charla caló en las inquietudes de Miles, aunque tardaría cinco años en tomar forma. Mientras tanto, siguió creciendo en su ámbito profesional. En 1999 se incorporó a la editorial DeBolsillo, del grupo Random House, y en 2001 saltó a Emecé, del sello Planeta. Allí publicó a autores como Cheever, Yates, Kawabata, Ocampo o Borges. Se hizo mayo 2025 Nuestro Tiempo —49


Grandes temas El arte de editar

un nombre. En 2006 fichó por Alfaguara, entre 2009 y 2012 fue directora editorial de Duomo Ediciones, y en 2013 la Feria del Libro de Buenos Aires la reconoció como una de las editoras más influyentes del mundo. Durante esa época desarrolló una filosofía propia. Suele citar como referente a Diana Vreeland, que dirigió Harper’s Bazaar y Vogue y asesoró a Jackie Kennedy. De ella aprendió que una editora no debe seguir las modas, sino «dar a la gente lo que todavía no sabe que quiere». Durante su etapa en DeBolsillo conoció al poeta y traductor mexicanocanadiense Aurelio Major, con quien se casaría en 2010. Miles encontró en él un aliado para devolverle el guante a Ford. La pareja coincidió en la Feria del Libro de Fráncfort, el «Acapulco del mundo editorial». En 2003, cofundaron la edición en castellano de Granta. Esa revista literaria tenía una larguísima tradición. Nacida en 1889 en la Universidad de Cambridge —Granta es el nombre del río que atraviesa esa localidad británica—, vivió su momento de esplendor entre 1979 y 1995, cuando Bill Buford la refundó. Sus años de oro se caracterizaron por cuidadas ediciones monotemáticas con una atención decidida por la calidad, lo que se tradujo muchas veces en desoír las principales corrientes del mercado editorial. Sin embargo, lo más célebre de Granta son, con toda seguridad, sus listas de los mejores escritores jóvenes. El olfato de Buford consiguió descubrir antes que nadie voces como las de Salman Rushdie, Kazuo Ishiguro o Zadie Smith. Bajo esta línea, Granta influyó en la literatura de los ochenta y noventa. El reto que asumieron Major y Miles en 2003 era mayúsculo: combinar literatura, periodismo y fotografía con un enfoque en los talentos emergentes del mundo hispanohablante, además de traducir contenidos de la edición inglesa. Fue posible gracias a una colaboración 50—Nuestro Tiempo mayo 2025


—Punto en común. Tanto Miles como su admirado Roberto Bolaño encontraron en Barcelona un catalizador para su trabajo literario.

entre Granta y Emecé, aunque desde 2022 es la editorial Vegueta la que publica la revista en castellano. Hasta la fecha, cuenta con veinticinco números. En el ensayo introductorio del vigésimo, Miles citó a Albert Camus: «Crear hoy es crear peligrosamente», y la relectura de la novelista estadounidense Toni Morrison: «Crear peligrosamente para gente que lee peligrosamente». La frase condensa su forma de entender la edición. El mismo año en el que Miles fundó Granta, murió en un hospital barcelonés Roberto Bolaño, uno de los escritores más importantes de la segunda mitad del siglo xx en lengua española. También uno de los más admirados por ella. Bolaño pasó su adolescencia y primera juventud en México —el desierto de Sonora es una constante en su literatura—, y se instaló en España en 1977. En Barcelona escribió sus obras más célebres, Los detectives salvajes y 2666, libros monumentales que desafían el concepto mismo de novela, con centenares de personajes que se mueven sin tener muy clara la dirección. Valerie Miles conoció a Carolina López, viuda del escritor, cuando hizo de intérprete en sus negociaciones con Andrew Wylie, representante de la editora, uno de los agentes literarios más poderosos y el responsable de catapultar a la fama al narrador chileno. López, confiando en la discreción de la fundadora de Granta en español, le pidió que trabajase como lectora en el archivo de Bolaño, tarea que empezó en 2008. Durante seis años, la editora dio vida y sentido al material dejado por el autor después de su repentina muerte. Editó los originales de tres novelas póstumas —El Tercer Reich, Los sinsabores del verdadero policía y El espíritu de la ciencia-ficción— y presentó, en una exposición en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, una reveladora cronología de sus libros, cuentos y manuscritos según la fecha en la que

fueron escritos. En ese tiempo, Miles se sintió apelada por el lema «Todo o nada» de Bolaño, y apostó con mayor ahínco su vida a la literatura. El 11 de enero de 2025, Valerie Miles defendió su tesis doctoral en la Universidad Pompeu Fabra, donde es profesora en los másteres de Traducción y Escritura Creativa. La tituló La imaginación visual de Roberto Bolaño: una poética del ojo. Mientras realizaba su estancia en el archivo, descubrió la atención que el escritor ponía en la mirada. Cautivada por las anotaciones al margen de sus libros en los que escribía «Ojo», sus dibujos en cuadernos y el uso de los ojos como cámaras al describir escenas —Bolaño era un gran admirador de Alain RobbeGrillet, escritor y guionista de El año pasado en Marienbad—, Miles se embarcó en la aventura de hacer una relectura estructural de su obra. Unos meses antes de convertirse en doctora, en octubre, visitó Navarra para participar del coloquio «El incierto lugar de la literatura» en los Encuentros de Pamplona de 2024, la segunda edición de una bienal de arte contemporáneo que emula el histórico evento de 1972. En ese marco, moderó el diálogo entre la escritora mexicana Cristina Rivera y el autor argentino Patricio Pron. Durante su intervención, Miles evocó a Nabokov, quien estimulaba a sus estudiantes a trabajar «con la precisión del poeta y la imaginación del científico». Por la tarde, se sentó a conversar con Nuestro Tiempo en un banco del Paseo Sarasate. ¿Cómo se edita una revista como Granta? Nos acercamos a los acontecimientos desde la reflexión, no desde la rapidez. Atestiguamos la vida a través de la literatura. Me gusta usar la analogía de que con cada número sucede algo similar a cuando se levanta un imán: atrae algunos mayo 2025 Nuestro Tiempo —51


Grandes temas El arte de editar

«La literatura sigue de cerca el avance de la civilización como reflejo de la vida social e íntima. Nos tiene que hacer sufrir en el alma, porque en el sufrimiento aprendemos» objetos y repele otros. Intentamos captar el movimiento que se produce alrededor de una idea. ¿Cuáles son sus marcas diferenciales? Trabajamos con autores que experimentan mucho. Una de nuestras misiones es descubrir. Buscamos originalidad en la mirada y en el modo de plasmarla. La revista se plantea como una fuerza contraria al poder de la industria editorial: husmeamos en la periferia y publicamos voces que no han tenido la oportunidad de darse a conocer. Además, promovemos la mezcla de géneros y nuevas maneras de usar el lenguaje. Me encantó que en la última selección de «Los mejores narradores jóvenes en español», a algunos autores, como Mónica Ojeda o José Ardila, les importaba más la sonoridad de las palabras que su sentido, creando nuevas acepciones. El proyecto nació del deseo de compartir con el mundo angloparlante lo que usted descubría en España. ¿Cuál era el panorama de las letras en español al inicio del siglo xxi? La revista madre, con alrededor de ciento cuarenta años, publicaba muchas traducciones, autores de Europa del Este —Kundera, Kapuscinski— y de Latinoamérica —escritores del boom, pero también Reinaldo Arenas, Jorge Ibar52—Nuestro Tiempo mayo 2025

güengoitia—. Sin embargo, la cabecera dejó de traducir del español bajo la dirección de Ian Jack [editor de Granta entre 1995 y 2007]. En 1991 se dedicó un número a Vargas Llosa, y en 1992 García Márquez firmó una pieza. Desde entonces hasta 2005 solo dos colaboraciones interrumpieron la sequía: una de Javier Marías en 1999 y otra de Rodrigo Fresán en 2004. Estamos hablando de una de las publicaciones literarias más importantes del mundo —junto con The Paris Review y The New Yorker—, que lanza cuatro números al año. Cuando empezamos con Granta en español, quisimos reconstruir ese puente. La pieza de Fresán fue nuestra primera piedra. ¿Lo consiguieron? Tuvimos que demostrar que estábamos trabajando bien durante siete años hasta que por fin nos permitieron publicar una de las famosas selecciones de «Los mejores narradores jóvenes» en 2010. Fue la primera vez que la edición inglesa tradujo un número entero de otro idioma. Poco después del anuncio, The New York Times y The Guardian se hicieron eco de la noticia en sus portales web. ¡Todo un acontecimiento! Tuvo una gran acogida en la anglosfera, porque era la iniciativa de una literary journal, no de un agente a quien le interesa que su autor venda. Una recomendación movida por el apa-

sionamiento y la convicción no tiene precio. Parece ambicioso seleccionar a los mejores narradores de una década. Con otro jurado [en 2010 lo conformaron, además de Miles y Major, Francisco Goldman, Isabel Hilton, Edgardo Cozarinsky y Mercedes Monmany], la lista hubiese sido diferente; siempre hay un elemento de azar en una selección. Toda criba es una conciliación. Formar parte de un jurado es como jugar a la ouija. Se crea una especie de campo de fuerza mientras se debaten las lecturas y se enfrentan las diferentes idiosincrasias del gusto razonado. Al compartir algo que creemos que es bueno se genera movimiento. Los editores se ponen en marcha, a veces por los autores publicados, otras por los que se han quedado fuera. Se crea una antilista, la conversación se intensifica y beneficia a todos. Lo que ustedes aprecian no siempre coincide con su valor comercial. Nos equivocamos al pensar que hay que seguir los dictados del mercado para entender lo que es bueno. Tuve la fortuna de ser la editora de Jorge Luis Borges en España, y propuse una colección para captar la atención de los más jóvenes. Mis jefes no querían invertir en este proyecto porque «Borges no vendía».


«El ser humano necesita esperanza para vivir, necesita una manera de proyectarse en el futuro. El arte nos recuerda que no estamos solos, y no lo hemos estado por generaciones» A lo largo del tiempo ha vendido más ejemplares que muchos de los libros que encuentras hoy en las estanterías. Herman Melville, autor de Moby Dick —una novela que releo cada primavera—, murió pensándose un fracasado, y ahora consideramos su novela como una obra cumbre de la literatura norteamericana. El arte debe superar el paradigma de las modas porque con frecuencia está adelantado a su época. Entonces, ¿dónde buscar su trascendencia? En el pensamiento y el modo de plasmarlo. En los buenos libros uno es capaz de encontrar una consciencia a través de la sintaxis, que funciona como nervadura de un sistema que expresa el if, la posibilidad, la contraseña del futuro. Cuando leo y descubro valor, lo hago en un yo plasmado desde la honestidad existencial. Usted tiende a las antologías. En 2012 publicó Mil bosques en una bellota, una reunión de fragmentos de «veintiocho escritores ineludibles» en castellano y los monográficos de Granta también pueden entenderse como tal. ¿Qué lente le guía al seleccionar y ordenar? Cuando estoy componiendo, me gusta pensar en El pájaro hermoso descifra lo desconocido a una pareja de amantes de Joan

Miró. Es como descubrir al ave entre las estrellas de un cielo nocturno. Trabajar en un número no es solo pedir a varias personas que escriban sobre un tema, sino escuchar todas esas voces juntas y encontrar la composición musical. En esos momentos, convivo con los textos entre susurros y serendipias. Los imprimo y los coloco sobre la alfombra, los cambio de posición para ver si se leen de manera distinta, quito partes para evitar disonancias, pienso en lo que falta... El objetivo es crear una constelación. Los editores se encuentran con cantidades ingentes de manuscritos, además de libros que quieran leer por placer. ¿Cuánto tiempo dedica a esos borradores? Cuando trabajaba con novelas, días. Normalmente, con dos páginas puedes darte cuenta de si el autor sabe componer una frase. Además, las casas editoriales disponen de filtros de lectores. Recuerdo que solía entregar un manuscrito a alguien que consideraba el menos adecuado para ver si lograba seducir a un público infrecuente. Lo más importante para un texto es trascender el entorno de lo cotidiano y tocar lo universal. ¿Qué se requiere para hacer su trabajo? Hay un arte detrás de editar. El olfato se puede refinar y cultivar, pero tiene

que estar ahí. Se asemeja al oído de un músico. A pesar del ruido o las horas de práctica, si no existe esa sensibilidad, no llegará a germinar como artista. Todo arte necesita un talento, y el del editor nace de la empatía. Le importan los otros, el sufrimiento ajeno le desgarra. Si uno no sintiese, leería desde los tecnicismos, pero si eso no te dice nada de la condición humana, no importa. No ha mencionado una formación específica. Creo que estudiar es bueno. Enseña la importancia del orden, la disciplina, el rigor y la dialéctica. Aunque, como aseguraba Bolaño, no es imprescindible. Un buen maestro te puede ayudar a alcanzar la meta antes, pero el camino es largo y primero hay que preguntarse qué nos importa como lectores. Además de la empatía como pilar de su tarea, ¿añadiría la humildad? Trabajamos para la obra ajena. Hay muchos libros que reciben premios o son considerados grandes trabajos y, aunque el editor juega un papel relevante en ese logro, permanece tras las bambalinas, callado. Es una labor muy generosa. Como usted misma explicó en Los Angeles Review of Books, los escritores hispanos beben de la tradición franmayo 2025 Nuestro Tiempo —53


Grandes temas El arte de editar

cesa, que se resiste mucho a la corrección, como si las primeras versiones expresaran con mayor honestidad las ideas. No es fácil aceptar comentarios. Un texto es una parte íntima de una persona, y la edición se siente como si se entrometieran en ella. Sin embargo, no hay nada mejor que alguien que te salva de cometer un error que no habías visto. El inicio, el nudo y el desenlace de mi oficio es ayudar a publicar la mejor versión posible. ¿Cómo reacciona usted cuando un autor rechaza sus consejos? Si alguien me dice que no va a tocar nada en el texto, lo respeto; no impongo jamás, pero puede que no lo publique… Normalmente no ocurre, la edición es una conversación, un ir y venir. Hay que tener confianza en el editor, pero eso no significa que todos sean buenos. Igual que no todos los escritores lo son. ¿Cómo definiría su trabajo? Consiste en conversar con el autor sobre las posibilidades del texto para acercarlo a su idea original a través del punto de vista, la creación de los personajes, la intertextualidad y el género adecuado. Enrique Vila-Matas habla del naufragio del lenguaje y de su fracaso. Nunca terminaremos de plasmar nuestra verdadera intención, pero podemos acercarnos y notamos cuando alguien lo logra. ¡No soy una correctora de gramática ni de estilo! En los países de habla inglesa, los editores tampoco se dedican a eso aunque, por ejemplo, acompañan la escritura de la obra: recomiendan lecturas, temas y tramas. Parece una profesión con un gran compromiso existencial. ¿Qué significan las letras para usted? La forma en la que uno conduce su vida es un acto poético. Roberto Bolaño creía que la literatura no es solo lo que 54—Nuestro Tiempo mayo 2025

—Discriminación positiva. «Me gustaría ganar un Pulitzer y no un premio solo para mujeres», sostiene quien fue reconocida, en 2013, como una de las editoras más influyentes.

uno encuentra en los libros, sino que es un modo de entenderse en el mundo: no muere en la página. ¿Qué le suscitan los movimientos políticos que izan la bandera de la autocensura y corrección en la literatura? En el arte no deberían entrar estas consideraciones políticas y sus luchas —que son necesarias— porque muchas veces las personas que las reivindican en la literatura no saben qué están diciendo. Simplemente marcan, como si fuera un Excel: «¿Habla de nosequé? ¿Hay personas diversas?», y no han leído nada. La novela tiene que existir como un espejo de la realidad. Pienso en Las aventuras de Huckleberry Finn, que es un título censurado en algunas escuelas de Estados Unidos. Suelen apuntar a la caracterización de Jim [en la edición inglesa se le llama nigger] y a su condición de esclavo. Pero ¿saben lo que trata de decir la obra? ¡Él quiere a Jim! Es como un padre para él. Y, de repente, Huck debe decidir si denunciarlo o no; se pregunta si para ser un buen ciudadano tiene que entregar a su amigo. Finalmente, no lo hace porque cree que las leyes son injustas. La literatura sigue de cerca el avance de la civilización como reflejo de la vida humana social e íntima. Esta novela nos da la oportunidad de tomar una posición ante ciertas situaciones, nos proporciona un ejemplo al que acudir cuando los Gobiernos defienden cosas que atentan contra nuestros principios y nos invita a poner en cuestión la autoridad moral del Estado. La lectura te da armas. ¿Cuál cree que es la misión principal de la literatura? El arte nos tiene que hacer sufrir en el alma, porque en el sufrimiento aprendemos. En las historias, el antagonista incide sobre el protagonista y le hace crecer. Deja de ser él mismo, pasa por un arco de transformación. ¿Cómo me va a mover

algo que no me desafía, ya sea intelectual, sentimental o emocionalmente? Una novela es conflicto porque el ser humano lo es desde el día que nacemos y nos ponemos a llorar. Sería falso pensar que no aparecerá cuando plasmamos nuestra consciencia, cuando nos contamos. En una entrevista con Eterna Cadencia se mostró inquieta por el hecho de que la gente lea más hojas de cálculo que experiencias humanas. Un simple trabajo remunerado no basta para vivir en paz con uno mismo. Necesitamos alimentar nuestro espíritu. El arte y la filosofía parten de la imaginación como código de esperanza, nos permiten sobrevivir en espacios carentes de un sentido más profundo; un Excel, aunque puede tener una lectura poética, no. El ser humano necesita dinero para vivir, pero también esperanza. Necesita tener una manera de proyectarse en el futuro. El arte nos recuerda que no estamos solos, y no lo hemos estado por generaciones. El mundo intenta convencernos de que no importa la literatura, y yo veo esto como un desafío para los narradores: acrecienta en ellos las ansias de demostrar que no es así. Los que nos dedicamos a esto sabemos cuál es el motivo de nuestro empeño: los puentes existenciales hacia el reino del otro, hacia las interminables aventuras de la experiencia humana. Hay un dato descorazonador en el informe sobre hábitos de lectura de la Federación del Gremio de Editores de España: entre los que no leen, cerca del 30 por ciento no lo hace a conciencia. Si nadie recibe el mensaje, ¿para quién escribir? Para el futuro. Esto nunca ha sido un acto que exija un público inmediato. Yo preparo los números de Granta proyectándome al próximo siglo. A lo mejor los lectores llegarán uno a uno hasta formar una multitud.


Según ese mismo informe, el 70 por ciento de los lectores son mujeres. También publican cada vez más. De parte de la industria, ¿se incentiva ese cambio? Cuando aún vivía en Estados Unidos se empezó con la discriminación positiva en tema de raza y no me pareció mala idea. Hay momentos en los que, para afianzar las transformaciones que atraviesa la sociedad, hacen falta ciertas políticas correctoras. Pero tampoco es de rigor que se mantengan así todo el tiempo. No soy muy partidaria de los guetos, de meter a la gente en categorías —de género o de cualquier tipo—, porque justo lo que intentamos es ser una mezcla donde convivimos todos. Como mujer, también me gustaría ganar el Pulitzer y no un premio solo para mujeres. Esto no quita que hayan llegado para quedarse. He leído hace poco Los libros de Jacob, de Olga Tokarczuk. ¡Me voló la cabeza! Es una novela épica que narra la historia de Polonia, pero también de todo

el oriente europeo. Por fin una mujer no tiene que limitarse a escribir sobre lo que se espera de una mujer. Pueden escribir lo que les da la gana. ¡Qué alivio! ¡Qué horror! ¡Qué maravilla! Y como llevan siglos sin poder hablar con libertad, ¿no resulta apasionante ver el mundo desde este punto de vista tan misterioso? ¿Qué les inquieta? Hay un grupo grande, sobre todo en Latinoamérica, que pone el ojo en la violencia. Son mucho más explícitas que los varones de su edad. Lo comentaba con Mónica Ojeda y ella me decía: «Los hombres no se dan cuenta de que la vida de una mujer es peligrosa». Ellas suelen estar pendientes de las amenazas que pueden llegar de un desconocido o de una pareja. En cualquier momento. Trabajan sobre la perspectiva de la violencia latente en la sociedad para explorar la violencia espiritual, que es cuando realmente duele. A veces toma un camino gótico, como los libros de Mariana En-

riquez, Samanta Schweblin o Dolores Reyes, a veces del realismo, como en Pilar Quintana o Fernanda Melchor. ¿Son malos o buenos tiempos para la literatura? Vargas Llosa sostenía que los tiempos de conflicto son buenos para la literatura. Mira que discrepo en casi todo lo que dice, pero en esto le doy la razón. En definitiva, la literatura es el espejo de nuestra alma y responde bien cuando hay enfrentamiento. ¿Acabaremos nosotros con cuatro mil años de tradición literaria? Me gustaría verlo. No será esta generación la que deje de contar historias, algo que se ha hecho desde los inicios de la humanidad. Los editores luchan para dar visibilidad, para insistir en la importancia de la literatura en el mundo. Que sea difícil no es malo: todos los que pensaban que se harían ricos escribiendo dejarán de molestarnos, pero los que verdaderamente sientan la necesidad de escribir son los que perseverarán. Nt

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TIEMPO DE CIENCIA Ignacio López-Goñi

piso de estudiantes es más parecida que la de gente que no tiene nada que ver entre sí. De momento, no hay un consenso sobre qué es una microbiota saludable. Dos sujetos pueden tener una composición microbiana diferente y estar sanos. Pero sí sabemos que es mejor para la salud una microbiota abundante y diversa. En este siglo hemos averiguado que esos microorganismos no están ahí por casualidad. Por una parte, evitan la colonización por otros microorganismos patógenos —lo que reduce la posibilidad de infecciones—, estimulan y entrenan el sistema inmunitario, favorecen la estabilidad intestinal y regulan los procesos inflamatorios. Por otra, intervienen en la digestión y en la producción de vitaminas, neurotransmisores y otras moléculas reguladoras. Somos un complejo ecosistema con millones de interacciones entre nuestros microbios y nuestras células en un equilibrio muy frágil. Cuando ese equilibrio se altera y disminuye el número y diversidad de microorganismos, se produce una disbiosis. Se conocen más de trescientas afecciones relacionadas con ella: obesidad, diabetes tipo 2, alergias, enfermedades autoinmunes o intestinales inflamatorias, e incluso otras como depresión, párkinson, alzhéimer, Estamos en la edad de piedra de la microbiota. autismo, varios tipos de cáncer… Lo que no sabemos es si esApenas empezamos a barruntar el inmenso tas dolencias son causa o efecto de la disbiosis. impacto que el estudio de las bacterias de nuestro Por eso, los estudios sobre la microbiota atraen tanto intecuerpo tendrá en la medicina del futuro. Pero en rés. Cada vez hay más investigaciones (también en la Universidad de Navarra) sobre cómo influye en la metástasis de un los ochenta tampoco pensábamos que podríamos tumor o sobre cómo emplearla de bioindicador para predecir secuenciar el genoma humano. La medicina de o diagnosticar una enfermedad o para explicar por qué unas precisión está cerca. personas responden mejor o peor al mismo tratamiento. Por desgracia, cambiar la microbiota de forma controlada N 2013, LA REVISTA SCIENCE publicó los resultados no es tan fácil como pensábamos. Los antibióticos y la alide un experimento sorprendente. A un grupo de rato- mentación son lo que más afecta, pero producir un cambio nes de laboratorio les cambiaron todas sus bacterias dirigido de un grupo de microorganismos específico es todaintestinales por otras de personas obesas. Al cabo vía muy complicado. Se diría que todo tiene relación con este de un tiempo, los ratones acabaron con sobrepeso. asunto y que vivimos la edad de oro de la microbiota, pero en Tres años más tarde, en un experimento similar en la realidad estamos en la edad de piedra. Desconocemos casi Journal of Psychiatric Research, los ratones se deprimieron al todo. Pero el porvenir es apasionante. recibir las bacterias de humanos con depresión. Parece que En los ochenta nos parecía ciencia ficción la posibilidad de tanto la obesidad como la depresión se pueden trasplantar… secuenciar nuestro genoma y, dependiendo de determinados en ratones. marcadores genéticos, personalizar el tratamiento contra Ambos experimentos demuestran la importancia para la el cáncer de mama o de pulmón. Pero ya es realidad. En el salud de las bacterias que están en el infuturo, nos analizarán el genoma, el metatestino, la boca, la piel o la vagina, que se bolismo y el microbioma. Con todos esos LA PREGUNTA DEL AUTOR denominan microbiota o flora bacteriana. El datos, se podrá diseñar una mezcla sintética segundo término es más popular, pero a de microorganismos concretos que, junto ¿Te someterías a un los microbiólogos no nos gusta porque las con un cóctel de prebióticos, serán parte de trasplante de microbiota bacterias no son flores. La mayoría de esos una terapia individualizada. Vivimos un mopara prevenir una microorganismos —bacterias y también vimento apasionante. La investigación actual enfermedad futura? rus, protozoos y hongos— son unos buenos sobre la microbiota humana abrirá mañana tipos, no son patógenos. la puerta de la medicina de precisión. La microbiota de cada uno es diferente a la de los demás, y cambia muchísimo por Ignacio López-Goñi [Bio 85 PhD 89] es catedrático de Microbiología y director del Museo de Ciencias de factores externos: sexo, genética, edad, tipo la Universidad de Navarra. Es autor de Microbiota: los de alimentación, medicamentos, origen microbios de tu organismo (Books4pocket, 2019). geográfico, estado de salud… Coincidimos @NTunav en menos del 30 por ciento de la microOpina sobre este asunto en X. biota, pero compartimos microbios entre nosotros: la microbiota de una familia o un

Ratones, microbios y la medicina del futuro

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Grandes temas El mundo después de Trump

J. D. VANCE

Un trumpista posliberal

Tanto por su historia de ascenso desde Middletown, Ohio, a la Casa Blanca como por su biografía intelectual y conversión al catolicismo, J. D. Vance representa el cambio de régimen al que aspiran los posliberales. También es, posiblemente, el heredero de Trump en el partido republicano. texto Víctor Maspons [Der Fia 25] ilustración Carlos Rivaherrera

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Grandes temas El mundo después de Trump

solo habían pasado nueve días desde la toma de posesión de Donald Trump, cuando James David Vance, su vicepresidente, se volvió tendencia en X el 29 de enero de 2025 por unas declaraciones a Fox News. «Hay cierta idea cristiana de que primero amas a tu familia, luego al vecino, después a la comunidad y a los conciudadanos, y, por último, al resto del mundo». Al instante, las redes se inundaron de comentarios por su apelación al concepto de ordo amoris para justificar las deportaciones del presidente. Entre quienes le apoyaron se encontraba Adrian Vermeule, profesor de Derecho Constitucional de Harvard y ponente en la XXV Jornada Aula de Derecho Parlamentario de la Universidad de Navarra, en la que expuso, en noviembre de 2024, el constitucionalismo del bien común. «Sabes que estás en un orden posliberal cuando el debate principal no gira en torno a si los que gobiernan son o no tolerantes, sino a si su teología política es acertada o equivocada», posteó Vermeule a propósito de la entrevista. El académico pertenece a un grupo de filósofos, juristas e intelectuales estadounidenses, los posliberales, al que el propio Vance se adscribe. Pocos días después, el 10 de febrero de 2025, el papa Francisco envió una carta dirigida a los obispos de los Estados Unidos en la que afirmaba que «el amor cristiano no es una expansión concéntrica de intereses que poco a poco se amplían a otras personas y grupos. [...] El verdadero ordo amoris que es preciso promover es el que descubrimos meditando constantemente en la parábola del buen samaritano (cf. Lc 10,25-37)». En los meses que han transcurrido desde su nombramiento, Vance ha dado mucho que hablar. No solo por lo que dice o hace, sino también por su historia de superación, típicamente americana, y su trasfondo intelectual, novedosamente clásico. una elegía rural. J. D. Vance tenía once años cuando su madre intentó suicidarse un día de 1995. Bev estrelló el coche contra un poste de teléfono después de que Bob, su tercer marido, le hubiera 60—Nuestro Tiempo mayo 2025

pedido el divorcio. Al cabo de unos meses, mientras iban por la autopista, se puso de mal humor por algo que dijo J. D. y amenazó al niño con chocar el vehículo y morir los dos. Otra mañana, antes de ir a la escuela, su madre le exigió un tarro de orina limpia; debía someterse a una prueba aleatoria en el trabajo y la suya estaba contaminada. Durante siete años se mudaron seis veces, J. D. vivió una temporada con su padre, y su madre sumó cinco parejas: Bob, Chip, Steve, Matt y Ken, «un completo desconocido» que tenía tres hijos. J. D. no fue feliz con ninguno y tanto vaivén emocional se tradujo en un creciente interés por las drogas. Al igual que

Tras graduarse en la Ohio State University, estudió Derecho en Yale. Se adentró en ese mundo que sus vecinos llamaban élites.

—Orden al fin. Entre 2003 y 2007, Vance perteneció al Cuerpo de los Marines. Según cuenta en sus memorias, fue una etapa que le ayudó a madurar y a forjar el carácter. united states marine corps / pd

muchos chavales de su pueblo pensó en dejar el colegio. «No lo sabía, pero me encontraba cerca del precipicio», explica en sus memorias, Hillbilly Elegy (Harper Press, 2016), adaptadas a una película por Netflix en 2020. Sin embargo, existía una figura que le daba estabilidad y, en cierto sentido, lo salvó. «Mamaw ocupa un lugar importantísimo [...] es ella la persona con quien más me siento en deuda», compartió Vance en la revista católica The Lamp. Tras el episodio de la orina, se mudó con su abuela materna, mamaw. A pesar de su fuerte carácter apalache, le dio a J. D. un hogar. Con ella empezó a mejorar en los estudios, consiguió su primer trabajo de cajero en un supermercado Dillman’s y se planteó su futuro con seriedad. Con el objetivo de madurar, se alistó en el Cuerpo de los Marines, al que perteneció cuatro años. Años en los que compró su primer coche y ayudó a mamaw con los gastos médicos; años en los que cayó en la cuenta de que solo los pobres como los de Middletown comen a diario en restaurantes de comida rápida como KFC y Wendy’s; años en los que recibía cartas cariñosas de Lindsay —la única de sus muchos hermanastros a la que considera hermana—, de su mamá —que siempre le pedía perdón por ser una mala madre—, y de mamaw —que falleció durante ese periodo—; y años en los que se marchó para servir en Irak. Esa época le dio el orden y el carácter que anhelaba. En 2007, al terminar su etapa en los Marines, J. D. entró en la Ohio State University, donde se graduó summa cum laude en dos cursos —lo normal son cuatro— en el Bachelor of Arts. Volvió un año a Middletown y luego, en 2010, accedió a la Facultad de Derecho de Yale. «Nunca en toda mi vida me había sentido tan fuera de lugar», escribe Vance en sus memorias. Ahora tenía al alcance de la mano trabajar en el Tribunal Supremo o en los grandes despachos del país, y acudir a cenas con nueve cubiertos. Se había adentrado en ese mundo que sus vecinos llamaban de forma despectiva élites. Vance, sin embargo, no anduvo solo en su paso por Yale; varias personas lo


—Gran promesa. Vance juró su cargo el 20 de enero de 2025 rodeado de su familia. office of vice president of the united states / pd ayudaron a navegar por esos mares desconocidos. Como Usha Bala Chilukuri, compañera de Derecho: al principio su amiga, a finales del primer curso, su novia, y, en 2014, su mujer. Ella, hija de inmigrantes indios, fue quien le enseñó normas de protocolo, que los problemas personales no se resuelven gritando y, sobre todo, que existen familias en las que la falta de respeto no es el pan de cada día. En paralelo, contó con Amy Chua, su profesora de Contratos, quien le animó a escribir sus memorias y le recomendó que no solicitara unas prácticas si quería cuidar su noviazgo. Por último, con motivo de una conferencia que impartió en la universidad, conoció a Peter Thiel, el polémico empresario de Silicon Valley que fundó PayPal con Elon Musk y fue uno de los primeros inversores de Facebook. «La charla de Peter es el instante más significativo de mi paso por Yale. Él expresó un sentimiento hasta entonces inarticulado: que me encontraba obsesionado con el

éxito per se [...]. La conciencia de haber priorizado la búsqueda del éxito sobre la formación del carácter se volvió una preocupación vital para mí: ¿éxito para qué? Ni siquiera sabía por qué me importaban las cosas que me importaban», mencionó en 2020 en una carta pública sobre su conversión religiosa en The Lamp. Entre 2016 y 2017, trabajó con Thiel en la startup Mithril Capital y recibió de él quince millones de dólares en 2022 para su campaña como congresista por Ohio. la política y lo sagrado. «Fluctúo entre pensar que Trump es un idiota cínico como Nixon que no sería tan malo (e incluso podría resultar útil) o que es el Hitler de los Estados Unidos». Esto le escribió Vance a un excompañero de piso de la universidad durante la carrera presidencial de 2016. Aunque su autobiografía, un best seller, se leyó como un análisis sociológico del éxito de Trump, Vance pensaba que el magnate era un mentiroso y no le gustaba su forma de

hacer política. Poco a poco cambió de opinión. Las polémicas audiencias del juez Kavanaugh para la Corte Suprema, las protestas del Black Lives Matter, el ascenso de lo woke… y también ciertas conversaciones privadas con Trump hicieron que J. D. Vance lo apoyara. Tanto es así que en 2020 votó a Trump como presidente y, en enero de 2023, con su respaldo, se convirtió en senador de Ohio por el Partido Republicano. En julio de 2024, a propósito de su elección como vicepresidente, una pieza del New Yorker concluía que «Vance le ha dado a la campaña de Trump algo pequeño pero de incalculable valor: la oportunidad de sugerir de manera creíble que el trumpismo tiene un futuro más allá de él». Y esto se debe, en parte, a su perfil intelectual. Entre 2016 y 2025, el trumpismo se ha afianzado como una teoría política que aglomera, entre otros, los siguientes rasgos: una crítica a las élites y al establishment liberal, una visión de la migración, el trabajo y el comercio mayo 2025 Nuestro Tiempo —61


Grandes temas Cintillo

—Su campus. Vance volvió en abril de 2025 a la Universidad Estatal de Ohio, de la que es graduado. the white house / pd que prioriza el interés de su nación y una tendencia al conservadurismo social. Y Vance, como miembro del posliberalismo, le da ese fundamento teórico que necesitaba. Pensadores como Patrick Deneen, Adrian Vermeule, Sohrab Amrami y Rod Dreher militan en este movimiento, a la vez que se inspiran en el trabajo realizado en el siglo xx por filósofos como Alasdair MacIntyre y John Gray. Su propuesta se distingue por la recuperación de categorías clásicas a la hora de hablar de la política, como el bien común, y un juicio negativo de la tradición liberal, debido a lo que consideran su inherente relativismo moral, tendencia a la burocracia y refuerzo del individualismo. También enfatiza la naturaleza corrosiva de un irrestricto libre mercado. En la introducción de su último libro, Cambio de régimen (Homo Legens, 2024), Deneen escribe: «Se necesita el derrocamiento pacífico de una clase liberal corrupta y la creación de un orden posliberal en el que 62—Nuestro Tiempo mayo 2025

las formas políticas puedan permanecer en su lugar, siempre y cuando un ethos fundamentalmente diferente informe esas instituciones». Vance no solo comparte con esta ala de la derecha su visión política, sino también la espiritual. Así como el posliberalismo tiene un trasfondo teológicopolítico, que bebe de la tradición clásica, en el pensamiento de Vance subyacen san Agustín —al que escogió como su patrono después de leer La ciudad de Dios— y el catolicismo, que abrazó en 2019, cuando se bautizó y recibió la comunión. Durante su niñez y adolescencia, la religiosidad que conoció consistía en el pentecostalismo de su padre, de claro corte anticientífico, los sermones de Billy Graham y Donald Ison que veía junto a mamaw en la televisión, y el ejemplo de virtud de su tío Dan, casado con la hermana de su madre. Ya en Ohio State y Yale, Vance profesó el ateísmo típico de las élites de su generación: el nuevo ateísmo del perio-

dista Christopher Hitchens y el neurocientífico Sam Harris. No obstante, la conferencia de Peter Thiel, la lectura de san Agustín y el encuentro con la teoría del chivo expiatorio de René Girard lo acercaron hacia el catolicismo. «Peter me dejó con una cosa más: era posiblemente la persona más inteligente que había conocido, pero también era cristiano. Él desafió el modelo social que yo había construido: que los tontos eran cristianos y los inteligentes ateos», contó J. D. en The Lamp. un hombre con enemigos. Como ocurre con todo político en ascenso, Vance no ha dejado de acumular enemigos, tanto a la derecha como a la izquierda. Tom Nicols, un conservador del movimiento Never Trump, en un artículo en The Atlantic de 2021, se refirió a él como un «oportunista, traidor y payaso» por su cínico acercamiento a Trump. Asimismo, ha encajado numerosas críticas desde el lado progresista por su reacción


a los resultados presidenciales de 2020 y el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021, al defender en una entrevista con el New York Times que cuestionar la legitimidad de unas elecciones es parte del proceso democrático. Otro aspecto conflictivo para los conservadores es su posición frente al aborto. En 2021, expresó su apoyo a una ley estatal en Texas que lo prohibía en todos los casos. A pesar de ello, en 2022 declaró que creía en excepciones razonables, como en la situación de una niña de diez años. Y en el verano de 2024 manifestó su respaldo a las pastillas abortivas. Por otro lado, muchos recelan del patrocinio que recibe Vance de personajes de la élite conservadora, como Peter Thiel, Donald Trump Jr. y Elon Musk, ya que ven en ello una incoherencia con su discurso. Sus críticos interpretan —tal y como recoge un perfil del New Yorker titulado «El improbable ascenso de J. D. Vance»— que, a fin de cuentas, se ha convertido en miembro de esa casta que tanto reprobaba. Su estilo incendiario en medios y redes sociales aviva la polémica. Por ejemplo, causó una gran indignación su entrevista con el conocido comentarista político de derechas Tucker Carlson en 2021, al afirmar que gobernaban su país un montón de «childless cat ladies», o sea, solteronas con gatos. También, en septiembre de 2024 compartió una historia sobre unos haitianos en Springfield, Ohio, que supuestamente se comían las mascotas de sus vecinos. No se encontró ninguna evidencia, pero Vance no lo negó y lo repitió como argumento a favor de una política migratoria más estricta. Durante el sonado discurso que pronunció en la Conferencia de Seguridad de Múnich el 14 de febrero de 2025 frente a las autoridades europeas, cuestionó el desentendimiento de Europa por su propia defensa militar, sus limitaciones a la libertad de expresión y su crisis identitaria debido al «retroceso respecto de algunos de sus valores más fundamentales». Concluyó con el icónico «No tengan miedo» de san Juan Pablo II. Los fuertes aplausos iniciales, cuando se refirió

al atentado que acababa de ocurrir en Múnich a manos de un afgano solicitante de asilo, se volvieron cada vez más tímidos; los políticos europeos se iban dando cuenta de que Vance les estaba imputando todos los males que azotan al Viejo Continente. El ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, consideró «inaceptables» sus palabras. Por otro lado, Mick Hume, editor jefe de The European Conservative, alabó el discurso. Publicó su transcripción completa y escribió lo siguiente: «Somos dos Occidentes. La división no es entre Estados Unidos y Europa, ni entre Vance y Von der Leyen. Es entre el pueblo y las élites».

En 2016, creía que Trump era un mentiroso y no le gustaba cómo hacía política. En 2020, lo votó como presidente.

—Antes de la tormenta arancelaria. Durante la Cumbre de Acción sobre Inteligencia Artificial, celebrada en febrero, Vance se reunió con Ursula von der Leyen. © unión europea, 2025

la penúltima controversia. En el contexto de las negociaciones entre Estados Unidos y Rusia por el fin de la guerra en Ucrania, el 21 de febrero, Vance contestó a un tuit del historiador conservador Niall Ferguson y le acusó de promover basura moralista y analfabetismo histórico. Una semana después, cuando las tensiones estaban en su punto álgido, durante una ya célebre reunión con Zelenski en el despacho oval, Vance no se limitó a un rol pasivo. Mientras él destacaba el papel de la diplomacia americana para asegurar una paz duradera con Rusia, el ucraniano le reveló su escepticismo. «¿De qué tipo de diplomacia estás hablando, J. D.?». La conversación subió de temperatura y el vicepresidente interpretó el tono, exigencias e interrogantes de Zelenski como una falta de respeto. «Deberías estar agradecido con el presidente por intentar poner fin a este conflicto», le espetó Vance. La réplica se volvió viral y provocó un escándalo en los principales círculos políticos y mediáticos, que lo consideraron una humillación pública. ¿Fue un error garrafal de diplomacia o más bien pura táctica política para lograr que Europa se responsabilice de la seguridad de Ucrania? El 2 de marzo, Keir Stammer, el primer ministro británico, recibió a Zelenski en Downing Street, junto con otros líderes del continente, entre ellos Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea. Sin formular ningún documento oficial, se comprometieron a duplicar su ayuda a Ucrania y aumentar el gasto para rearmar Europa. Al día siguiente, Estados Unidos congeló temporalmente la ayuda militar al país eslavo por medio de una orden ejecutiva que «afecta a más de mil millones de dólares en armas y municiones», según informó el New York Times. Un día después, Zelenski tuiteó que estaba listo para firmar un acuerdo que permita a contratistas estadounidenses explotar recursos minerales en Ucrania, y trabajar bajo «el fuerte liderazgo del presidente Trump a fin de lograr una paz duradera». Parece que el controvertido equipo Trump - Vance, de momento, consigue lo que quiere. Nt

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Grandes temas El mundo después de Trump

En las ruinas de Babel Encontrar una metáfora para un tiempo convulso puede resultar una tarea ardua. El investigador y psicólogo social Jonathan Haidt, perplejo frente a la primera victoria trumpista, encontró una y escribió en 2022 un ensayo para la revista The Atlantic que sigue vigente.

Alaridos. Llamas. Gritos. Piedras. Espectros condenados a vagar en los escombros de la incomprensión. ¿Cómo habría sido vivir en Babel después de su caída?, se pregunta Jonathan Haidt en The Atlantic. El psicólogo social ve en aquel apocalipsis una metáfora del presente de Estados Unidos. El artículo «Por qué los últimos diez años de la vida americana han sido excepcionalmente estúpidos», que firmó en mayo de 2022, manifiesta la vigencia de su análisis. «Babel —puntualiza— es una historia sobre la fragmentación de todo. La ruptura de lo que parecía sólido, la dispersión de personas que fueron una comunidad». La «grandeza» que caracterizó el siglo xx estadounidense ha quedado atrás. Haidt recuerda con nostalgia cómo una red de instituciones públicas y privadas promovió grandes avances científicos. Ni rastro de la 64—Nuestro Tiempo mayo 2025

identidad de un pueblo que custodiaba la democracia. Aquella unión ha mutado en una batalla encarnizada entre «activistas progresistas» y «conservadores devotos», dos de las siete tribus ocultas que dividen al país, según el informe presentado en 2018 por la organización More in Common. Al indagar en las causas de esta transformación, el profesor de la Universidad de Nueva York encuentra culpables: las empresas tecnológicas. Sus productos, advierte, han reconfigurado el mundo y corroen la democracia y el entendimiento compartido. La primera grieta en los muros de Babel se abrió en 2009, cuando Facebook y Twitter introdujeron los botones de like y retweet en sus respectivas plataformas. A partir de ese momento, arguye Haidt, el público se volvió más moralista, menos reflexivo; muy ferviente, po-

co ecuánime; se volcó en la popularidad de los contenidos, no en su veracidad. En esa espiral de publicaciones rocambolescas que los algoritmos distribuyen en volúmenes insólitos, la política norteamericana danza en el abismo. El autor rememora cómo Madison, en la Constitución de 1787, temió que la comunidad sucumbiera ante «la turbulencia y debilidad de las pasiones desordenadas». Una «pesadilla», acota Haidt, que la viralidad ha materializado. En las redes sociales rigen las leyes del viejo Oeste: todos disparan contra todos. Las consecuencias de esta nueva arena pública le preocupan: «Quienes intentan silenciar o intimidar a sus críticos se hacen más estúpidos a sí mismos». Pero el sesgo de confirmación tiene cura: interactuar con personas con las que no se comparten creencias. Solo en un país donde «la indignación es la clave de la viralidad, la actuación escénica aplasta la competencia» y la desinformación puede eclipsar a todos los periódicos del país se explica la segunda victoria presidencial de Donald Trump, sostiene Haidt. Trump no destruyó la torre; fue el primer político en dominar las nuevas dinámicas de la era post-Babel. Quizá Mark Zuckerberg no deseara nada de esto, apunta el autor, pero las grandes plataformas, en su carrera desenfrenada, disolvieron la base de la confianza, socavaron la fe en las

instituciones y dinamitaron la posibilidad de compartir un discurso, que son las tres fuerzas principales que cohesionan a las democracias. Como reemplazo, Haidt señala tres fenómenos sociales que han emergido en el caos babilónico. Primero: las redes otorgan más poder a los trolls y provocadores, a la vez que silencian a los buenos, y moderados, ciudadanos. Segundo: los extremos políticos acaparan el protagonismo gracias a un vaivén de ataques, calumnias y humillaciones. Y tercero: las redes incitan a una justicia sin juicio. «Cuando nuestra esfera pública se rige por la dinámica de la turba, sin las debidas garantías procesales, obtenemos una sociedad que ignora el contexto, la proporcionalidad, la misericordia y la verdad», indica. Consciente de que una vuelta a la era predigital resultaría absurda, Haidt sugiere tres líneas de acción: fortalecer las instituciones para que puedan resistir la ira y la desconfianza crónicas, preparar mejor a la próxima generación para la ciudadanía democrática y reformar las redes sociales. Con el objetivo de frenar la desinformación, Frances Haugen, exempleada de Facebook, propone, por ejemplo, suprimir el botón de share. Así, cada usuario se vería forzado a redactar el contenido que quiere compartir antes de distribuirlo. La verificación previa de identidad también purgaría millones de bots y cuentas falsas.


Babel es la historia de la fragmentación de todo, la dispersión de personas que fueron una comunidad.

Sin embargo, el cambio más importante que Haidt propugna para reducir la toxicidad de las redes sociales es evitar que accedan los niños, al menos hasta los dieciséis años. Más tiempo en línea durante la infancia restringe las oportunidades para el juego libre sin supervisión, «que es la forma en que la naturaleza enseña a los jóvenes la capacidad de cooperar, crear y hacer cumplir las reglas, llegar a acuerdos, resolver conflictos y aceptar la derrota». Proteger ese momento donde se desarrollan habilidades necesarias para el autogobierno en la adultez resulta prioritario porque, como argumentó el econo-

mista Steven Horwitz, su pérdida representa «una seria amenaza para las sociedades libres». Una generación despojada de estos aprendizajes, advirtió, recurriría a las autoridades para zanjar disputas y se embrutecería la interacción social. Desde esta perspectiva, dejar que los niños salgan a jugar les prepara para el «arte de la asociación», en el que Tocqueville depositaba la clave de la vitalidad de la democracia. Haidt reivindica el derecho a una infancia desconectada: «Dejemos de privar a los niños de las experiencias que más

necesitan para convertirse en buenos ciudadanos». Cuando Tocqueville viajó por Estados Unidos en 1830, evoca Haidt, le impresionó la costumbre americana de formar asociaciones voluntarias para arreglar problemas locales. «No podemos esperar que el Congreso o las compañías tecnológicas nos salven. Debemos transformarnos a nosotros mismos y a nuestras comunidades —sentencia el psicólogo social—. ¿Cómo sería vivir en Babel después de su destrucción? Lo sabemos. Es un tiempo de confusión y pérdida. Pero también es un tiempo para reflexionar, escuchar y construir». Esteban Garay Huarcaya [Com 27] mayo 2025 Nuestro Tiempo —65


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CAMPUS

universitarios, procedentes de 18 países, estudian grados en el campus gracias a las donaciones de antiguos alumnos, empresas y otras entidades. Para el curso 2024-25, el presupuesto del programa de Becas Alumni ha ascendido a 3 992 241,11 euros.

NOS VISITARON SARA GARCÍA ALONSO

MARTÍN BERASATEGUI

CLARA GONZÁLEZ FREYRE

FERNANDO VALLADARES

[25.02.25 Museo de Ciencias] La

[01.04.25 Colegio Mayor Belagua]

[08.04.25 Museo Universidad de Navarra] Historiadora del ar-

[03.03.25 Instituto de Biodiversidad y Medioambiente] A Fernando

Astronauta de reserva de la Agencia Espacial Europea

primera astronauta española de la historia recogió en Pamplona el premio Pasión por la Ciencia en el marco de la sexta edición de #LabMeCrazy! Science Film Festival. Sara García Alonso aprovechó su estancia en el campus para impartir la conferencia «Biotecnología: desde el laboratorio hasta el espacio exterior». Invitada por la Cátedra Timac Agro de la Facultad de Ciencias, protagonizó la XII Lección Albareda, que congregó a más de cuatrocientas personas. En su intervención, repasó su trayectoria profesional y transmitió la importancia de las misiones espaciales para avanzar en las áreas del saber gracias a los experimentos que se realizan. En 2022, la designaron para entrar en la Reserva de Astronautas de la Agencia Espacial Europea. Como investigadora, siente la «responsabilidad de trasladar a la sociedad la ciencia que se hace y el impacto que tiene».

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Cocinero con once estrellas Michelin

Martín Berasategui ilumina el panorama gastronómico mundial con sus estrellas Michelin, pero también con su «garrote». Mediante esta palabra, y su inconfundible gesto, el chef irradia actitud, ganas, esfuerzo, entusiasmo, disciplina, pasión, constancia... Algo que comprobaron las cerca de trescientas personas que no quisieron perderse el coloquio con estudiantes organizado por el Colegio Mayor Belagua. Durante el encuentro, titulado «50 años en la cocina», habló de sus inicios en San Sebastián y profundizó en la necesidad del «trabajo duro» diario para lograr grandes ideales. Como expresó en el libro de firmas del colegio mayor, esa tarde vio «a todos con los ojos brillantes y con el camino de la pasión bien marcado. No tengo ni miedo, ni pereza ni vergüenza en decir que estos jóvenes le van a dar una frescura a este mundo que nos va a dejar boquiabiertos».

Historiadora del arte e influencer

te y un cuadro de persona. Esta es la frase con la que Clara González Freyre de Andrade abre su perfil en Instagram (@claramore_). Tras conocer el Museo Universidad de Navarra en noviembre —momento que aprovechó para realizar uno de sus dinámicos y atractivos reels—, la influencer regresó al campus de Pamplona cinco meses después para presentar su estreno editorial: Un Van Gogh en el salón. Especializada en crítica y comunicación cultural, esta alicantina reúne más de 225 000 seguidores en Instagram. En un vídeo que difundió a través de las redes sociales, confiesa que desde que una profesora le descubrió la magia del arte lleva soñando «con la forma de hacer que la gente entienda que el arte también puede ser divertido y que está más cerca de la vida de lo que parece».

Investigador del CSIC y divulgador

Valladares le parece un «milagro» que, a la vista de cómo tratamos a la naturaleza, se den las condiciones físicas, químicas y biológicas necesarias para la vida humana. En opinión de este investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), donde dirige el grupo de Ecología y Cambio Global, se están «reventando» los límites planetarios. Así lo expuso ante más de un centenar de personas que asistieron a la conferencia «El futuro del planeta está pasando», una sesión enmarcada en el ciclo de seminarios que organiza la cátedra Campus Home de Sostenibilidad. Para revertir la situación y avanzar hacia «una nueva prosperidad», Valladares apeló al concepto «crecimiento regenerativo», una manera de vivir respetuosa con el medio natural, que no crece dañándolo, sino que lo cuida y aumenta su valor.


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científicas, más del 70 por ciento del total, trabajan en los distintos centros de la Universidad. Noventa de ellas figuran en el último ranking anual de investigadoras españolas elaborado por el CSIC, que incluye los 10 000 mejores perfiles en Google Scholar.

EFEMÉRIDE

ALFOMBRA ROJA

70+1 de Medicina y Enfermería En 1955, un año después de que las primeras promociones de médicos y enfermeras del entonces Estudio General iniciaran sus estudios, las clases se trasladaron a la llamada Escuela Vieja, un pequeño pabellón del Hospital de Navarra cedido por la Diputación foral. Al cabo de tres años, se levantó la Escuela Nueva, que ahora es parte del actual edificio de Investigación. Así comenzó a dibujarse la silueta del campus de la Universidad. Y sigue transformándose: el 12 de mayo se abrió la plaza que albergará el nuevo Centro Bioma.

La Incubadora Universidad de Navarra, entre los mejores hubs de startups en Europa El ranking Europe’s Leading Startup Hubs 2025, publicado por Financial Times en colaboración con Statista y Sifted, ha reconocido a la Incubadora Universidad de Navarra, como uno de los principales ecosistemas de innovación en Europa. Este análisis, que ha seleccionado 150 hubs entre más de 3000, sitúa a la Universidad de Navarra, a través de la Incubadora impulsada por su Centro de Innovación y Emprendimiento, en segunda posición en la categoría de Mentoring. Además, ocupa el undécimo lugar entre las universidades participantes y el decimoquinto en el área de la salud. En España, el tercer país con mayor representación, es el único hub de salud en el ranking y la única universidad seleccionada. El primer centro académico de este ranking global, el Instituto de Innovación y Emprendimiento de HEC Paris (Francia), figura en cuarta posición. En el estudio destacan

también otros centros y hubs como UnternehmerTUM (Alemania), Station F (Francia) y Start2 Group (Alemania). Por lo que respecta a España, la incubadora de Juan Roig, Lanzadera, aparece en séptimo lugar. La Incubadora Universidad de Navarra se puso en marcha en 2023 para seguir impulsando proyectos de emprendimiento relacionados con el ámbito de la salud. El objetivo es transferir conocimiento al mercado mediante la creación o participación en startups a las que pueda aportar valor desde sus capacidades de I+D, experiencia clínica, científica, tecnológica y de negocio, e impulsar su desarrollo dentro del sector biosanitario. En la actualidad, tiene 16 startups invertidas por su fondo (8,5 millones de euros), 13 participadas y 18 proyectos en la incubadora. Desde su creación, ha obtenido un retorno cercano de 2 millones de euros.

NOVEDAD

Tres nuevos másteres en Madrid A partir de septiembre de 2025, la Universidad de Navarra amplía su oferta académica en la sede de posgrado de Madrid con el Máster en Gestión Sostenible e Innovación Nutricional en Empresas Alimentarias, que nace de la experiencia docente de dos décadas del Máster Universitario Europeo en Alimentación, Nutrición y Metabolismo, que se clausura este curso; el Máster en Psicología General Sanitaria, iniciado en 2018 en el campus de Pamplona y que ahora se impartirá simultáneamente también en Madrid; y el Máster en Diseño y Gestión de Servicios de Hospitalidad, lanzado por ISSA School of Applied Management. mayo 2025 Nuestro Tiempo —67


CAMPUS

PUBLICACIONES

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REPUTACIÓN

Entre las cien primeras del mundo. Según el ranking por materias de QS World 2025, la Universidad de Navarra figura entre las cien mejores universidades del mundo en siete áreas: Dirección y Administración de Empresas (42), Teología y estudios sobre religión (43), Marketing (50), Contabilidad y Finanzas (64), Comunicación y estudios de los medios (en el rango 51-100), Enfermería (51-100) y Filosofía (51-100). En España, encabeza la clasificación en Contabilidad y Finanzas, Comunicación, Filosofía y Enfermería; ocupa el segundo lugar en Teología, y es tercera en Dirección y Administración de Empresas y Marketing.

Entre los mejores grados de España. Doce grados de la Universidad de Navarra se encuentran, según el ranking publicado por el periódico El Mundo, entre los mejores de España. El estudio, que analiza las cincuenta carreras más demandadas, destaca en el primer puesto Periodismo, Comunicación Audiovisual y Nutrición y Dietética; en segunda posición se sitúa Enfermería; en tercera, las titulaciones de ADE, ADE y Derecho y Farmacia; en cuarto lugar aparecen Medicina y Arquitectura; y, en quinto, los grados de Relaciones Internacionales, Economía e Ingeniería. Eléctrica. 68—Nuestro Tiempo mayo 2025

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1. Dieciocho académicos aportan en Nos toca preparar el futuro. Pensar la sostenibilidad una mirada sosegada e interdisciplinar a uno de los conceptos de los que más se habla hoy. El libro, presentado por el Instituto Core Curriculum, se puede descargar de forma gratuita en su versión online (ebooks.eunsa.es/library/publication/nostoca-preparar-el-futuro-pensar-la-sostenibilidad). 2. Naufragio, una historia de amor es el segundo poemario de Cristina Carrizo [Com 03]. Al compás del mar, la obra atraviesa sus distintas fases y sus momentos clave. «Rompeolas» es la euforia del enamoramiento; «Oleaje», la tormenta de la ruptura; «Resaca», el dolor del duelo; «A flote», el inicio de la superación; y «En calma», la serenidad hacia un nuevo comienzo. 3. Jugar no es una pérdida de tiempo. Así lo defiende Fernando Sarráis en su último libro, El poder del juego para el desarrollo y bienestar mental. Este psiquiatra y profesor de la Facultad de Educación y Psicología analiza cómo el juego supone un factor de equilibrio necesario para mejorar la salud mental de las personas. Además, el autor examina los riesgos del juego patológico. 4. De adolescente, Blanca Rodríguez GómezGuillamón [His Com 15] ganó la quinta edición del Premio Excelencia Literaria, que potencia entre los alumnos de secundaria y bachillerato el interés por la escritura. Hoy día forma parte del jurado del galardón y ha publicado su primera novela, Siempre podrás quedarte. A través de cartas escritas a Juan, su primer amor, Macarena reflexiona sobre la soledad, el amor y el sentido de la vida, desde su nuevo trabajo en Kenia. 5. No es la primera vez que Miguel Ángel MartínezGonzález, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública, aborda en un libro este tema, pero en 12 soluciones para superar los retos de las pantallas ofrece a padres y educadores una serie de recursos prácticos para alejar a los más pequeños «de la peor pesadilla que les espera».

LEGADO VIVO

El Ayuntamiento de Artajona presentó el 9 de mayo el I Premio Internacional de Periodismo David Beriain. Con carácter bienal, el galardón reconocerá a profesionales destacados en la defensa de la dignidad y los valores humanos. Sin mediación de candidaturas, el jurado anunciará en octubre a la persona ganadora.


IN MEMORIAM

El profesor que tenía la hora de Nueva York El 11 de marzo falleció en Pamplona Esteban López-Escobar, director de Nuestro Tiempo entre 1974 y 1979, catedrático de Comunicación —pionero de la materia en España— y, en el campus, una leyenda inseparable de su pipa. texto Manuel Martín Algarra [Com 86 PhD 91] fotografía Archivo Universidad de Navarra

el mito afirma que esteban López-Escobar (1941-2025) entró un día en clase y preguntó: «¿Pueden decirme qué hora es? Acabo de llegar de viaje y aún llevo la hora de Nueva York». Como ocurre con cualquier mito, es imposible determinar el momento preciso en que eso sucedió, pero, al mismo tiempo, se sabe que fue así. En 1981, el año que Esteban cumplió 40, yo cursé su asignatura en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, y no me perdía una clase. No recuerdo que dijera nada parecido, pero muchos compañeros sí, perfectamente. Y aseguran lo mismo, y con la misma convicción, los de promociones anteriores y posteriores. ¿Acaso importa la propia memoria cuando la nostalgia colectiva dice lo contrario? Como dirigió mi tesis y cultivamos una relación estrecha y duradera (le sucedí tras su jubilación, en 2012), le pregunté por este asunto. Su respuesta da igual; Esteban alimentaba la leyenda y encontraba divertida la historia. Su nombre aparece recogido con fecha 1 de julio de 1958 en el libro de registro del primer Curso de verano de Periodismo, la primera actividad de la Facultad. El Instituto de Periodismo fue un empeño personal de san Josemaría Escrivá en el Estudio General de Navarra para preparar el futuro: que la comunicación y sus profesionales tuvieran un lugar en la Universidad española.

En 1978, Esteban López-Escobar ya lucía pipa y bigote, elementos indisociables del mito. Tras cursar el doctorado en Derecho en la Universidad de Sevilla y otro posgrado en la de Estrasburgo, acabó sus estudios de Periodismo con un trabajo de fin de grado sobre Marshall McLuhan. Alfonso Nieto, que en 1976 obtendría la primera cátedra de Comunicación de España y que fue decano de la Facultad de Comunicación y rector, lo reclutó para enseñar los fundamentos teóricos de la

comunicación en 1971, justo cuando el horizonte que había soñado san Josemaría se hizo realidad con la aprobación en el sistema universitario nacional de las facultades de Ciencias de la Información. Desde entonces, el mito del maestro Esteban López-Escobar no hizo más que confirmarse. Viajó por todo el mundo, se relacionó y colaboró con los mejores académicos de su especialidad (como Gerbner, McCombs y Donsbach), dirigió Nuestro Tiempo de 1974 a 1979, puso en marcha el departamento de Comunicación Pública en la Facultad para promover la docencia y la investigación sobre las cuestiones transversales y básicas, presidió la Asociación Mundial para la Investigación de la Opinión Pública en 2005 y 2006, dio clase a miles de estudiantes y escribió e interpretó con ellos obras de teatro, películas e incluso musicales. Con semejante trayectoria no extraña que un catedrático de una universidad pública española dijera de él que era «un clásico de los estudios de comunicación en España» o que la Universidad de Harvard lo nombrara fellow del Shorenstein Center of Media, Politics and Public Policy. En 2020, ya jubilado, obtuvo un segundo doctorado con una excelente monografía sobre el fundamento comunicativo de lo social en Charles Horton Cooley, uno de los padres de la sociología. Cuando falleció, había dejado corregidas las pruebas de imprenta de una biografía del matrimonio Ortiz de Landázuri. Esteban decía que la Universidad de Navarra es un lugar donde se inventa el futuro… como Nueva York. Al fin y al cabo, allí está la Universidad de Columbia, donde nacieron los estudios de Comunicación. En Mannhattan se toman las grandes decisiones políticas y financieras del mundo. Sus medios establecen la agenda global, sus teatros en Broadway y sus grandes editoriales configuran la cultura popular. La Gran Manzana convoca lo más cosmopolita, avanzado e innovador del mundo. Por eso, para los estudiantes de la Facultad de Comunicación, el reloj de Esteban López-Escobar marcaba la hora de Nueva York. Nt

mayo 2025 Nuestro Tiempo —69


Campus Filosofía del hogar

Higinio Marín: «El hombre moderno no es un nómada, es un desterrado» ¿Vivimos en un mundo inhóspito? El filósofo Higinio Marín [Fia 88 PhD 92], rector de la universidad CEU Cardenal Herrera, cree que sí, porque no sabemos acoger a los que llegan ni despedir a los que se marchan. En el fondo, el mal que aqueja a nuestro tiempo es lo que él llama «la crisis del dentro»: no solo una crisis de la vivienda, sino también una del hogar. Pero Marín está lejos de ser pesimista. Diagnostica con precisión la enfermedad contemporánea —la jovialidad, inmadurez perpetua—, que incapacita al universo woke para perdonar. Pero da también el remedio: lo que salva al hombre es la incondicionalidad, la posibilidad de fundar una casa, un espacio al que volver. Porque «volver, lo que se dice volver, solo se vuelve a casa». Charlamos con él sobre su último libro, Filosofía breve de la vida. texto Teo Peñarroja [Fia Com 19] fotografía Alberto Saiz

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ha anochecido y están cerrando las puertas de la basílica de la Virgen de los Desamparados de Valencia cuando Higinio Marín (Madrid, 1965) pasa por delante de camino al coche. Es febrero, y hace pocos días regresó de Pamplona, donde impartió la conferencia del Día del Patrón de las Facultades Eclesiásticas sobre el origen de la civilización. Acaba de conversar con Nuestro Tiempo en el Palacio de Colomina, una de las sedes de la Universidad CEU Cardenal Herrera, de la que es rector. Entonces se detiene y dice: «¿Sabes? Hay libros que solo se pueden escribir en un estado de obsesión». Lo dice por un texto que lleva tres décadas rumiando y que todavía no ha encontrado el remanso de intensa quietud que necesita para tomar forma. En los inicios de su carrera publicó La invención de lo humano. La génesis sociohistórica del individuo (Iberoamericana Vervuert, 1997), un libro que pretendía retratar los cinco momentos de la historia cultural del ser humano. Pero consiguió escribir cuatro. «Entonces tenía treinta años y no podía hacer el capítulo correspondiente a la cultura contemporánea. Ahora, treinta años después, creo que puedo». En el ínterin han sucedido muchas cosas. Estudió Filosofía en la Universidad de Navarra. En el colegio mayor coincidió, entre otros, con el columnista de esta cabecera Enrique García-Máiquez y, en las aulas, aprendió del que considera uno de sus dos grandes maestros, Rafael Alvira. Defendió una tesis titulada La antropología aristotélica como filosofía de la cultura en la que estaban ya incoados muchos de sus temas (el interés por la vida, por la cultura, por lo moviente; la sensación de que «el tiempo se les había escapado» a los filósofos premodernos) y ejerció la docencia en el campus hasta 1997. Ese último curso lo compaginó con la labor de profesor asociado en la Universidad Pública de Navarra. Enseñó después en la Universidad Católica San mayo 2025 Nuestro Tiempo —71


Campus Filosofía del hogar

Antonio de Murcia hasta 2006, cuando se incorporó a la CEU Cardenal Herrera. En mayo de 2023 lo nombraron rector de esta universidad valenciana. En el mismo intervalo, Marín se convirtió en un orgulloso padre de familia —ahora también abuelo— y escribió una docena de libros, dos tareas con las que identifica en su vida un patrón de «crecimiento y multiplicación». Después de Mundus: una arqueología filosófica de la existencia (Nuevo Inicio, 2019), Agorafilia (Libros Canto y Cuento, 2021) y Humano, todavía humano (La Huerta Grande, 2021), acaba de llegar a las librerías Filosofía breve de la vida (Encuentro, 2025), un volumen que da lo que promete —filosofía, brevedad, vida— y mucho más. El índice espolvorea cincuenta verbos como racimos para pensar la vida —que, según argumenta, equivale a vivirla el doble—: nacer, crecer, andar, jugar, obedecer, salir, volver, comer, bañarse, dormir, cuidar, pasear, leer, escribir, atender, tocar, abrazar, besar, llorar, tontear, rogar, ofrecer, recordar, esperar, sepultar… morir. Después de treinta años metido hasta el tuétano en esa doble, indisociable actividad de pensar y vivir («Hay cosas que se pueden distinguir, pero no separar», cita a Alvira), no solo se ve preparado para escribir sobre el hombre contemporáneo, sino que ofrece en esta obra aguda, breve y accesible una meditación profunda que excava las grandes cimas filosóficas, pero también otras. La vida corriente, sobre todo. O la literatura. «Tiendo a interpretar que el carácter estanco entre la literatura y la filosofía es artificial —sostiene—; lo adjudico a demarcaciones gremiales». Por eso se pasma con La carretera de McCarthy, cita el Quijote, Moby Dick, a Caperucita Roja, a Sísifo y a Narciso y, por supuesto, la Odisea. La leyó y no entendió nada hasta que cayó en sus manos un libro del que considera su otro maestro, Jacinto Choza: Ulises, un arquetipo de la existencia humana. 72—Nuestro Tiempo mayo 2025

Dice usted sobre la Odisea que es un catálogo de todos los motivos por los que un hombre no vuelve a casa. ¿Ha olvidado el mundo contemporáneo el camino de vuelta al hogar? Te pones en la Odisea y te pones en el Ulises de James Joyce (que es la Odisea de la modernidad) y te encuentras que la estructura que conforma la existencia del hombre, tanto el antiguo como el moderno, tiene que ver con si en casa hay alguien esperándote o no. A Homero le parece que la figura que explica la exis-

tencia humana es un sujeto que tiene a alguien esperándole, pero es consciente de que hay formas de existencia desgraciadas, como la de Agamenón, que no tiene a nadie. Pero a Joyce le parece que la morfología de la existencia que da razón de la vida humana y del mundo es la de un sujeto al que su mujer le engaña y que no tiene a dónde volver. Rafa Alvira, con su magisterio inspirador, me enseñó que volver, lo que se dice volver, solo se puede volver a casa. Y solo tiene casa aquel al que le esperan incondicionalmente.


¿Se puede pensar el mundo desde esa perspectiva? Esa memoria que se resiste a dejar caer en el olvido la ausencia es el resorte de la humanidad como forma de existencia en el mundo y como origen de la civilización. Lo que hace humano al hombre es la posibilidad de fundar una casa. Hoy se escucha la afirmación casi unánime de que el hombre ya no puede habitar el mundo. A mí me parece que el mundo es todavía habitable porque creo, a diferencia de la mayor parte de los filósofos contemporáneos, que existe lo incondicional: una lealtad incondicional, un perdón incondicional. Y ese tipo de relaciones son las que fundan un espacio al que se puede volver. ¿Cómo se construyen las relaciones incondicionales? Hay un momento en el que el sujeto tiene que concretar —que viene de cum crescere, crecer con—, y eso es a la vez un fenómeno de madurez y una crisis de la adolescencia. No todas las chicas: esta. No todos los oficios: este. No todos los lugares: este. La capacidad de someterse a esa restricción es un episodio constitutivo del crecimiento. Con ese concrecer, el sujeto se vincula a la suerte de una esposa, unos vecinos, una tradición cultural. El mundo en el que existimos está lleno de lados: mi familia, mis amigos, mi país son mi lado. Pero nadie ocupa el centro, nadie está en contacto con todos. Y yo no puedo aspirar a ser la conciencia universal, si no es en y mediante esa concreción. ¿Urge una reflexión filosófica sobre la crisis de la vivienda? Si, como decía uno de mis profesores, la cultura no da para una metafísica, la metafísica no da para entender al hombre. Porque la comprensión lograda de lo humano requiere pensar también la cultura y el hogar: hace falta una metafísica de la casa. ¿Qué es? El dentro al que se puede

CRISIS DEL HOGAR

que nuestra existencia no impregna ese lugar. En este mundo somos nómadas, y lo somos en todas las dimensiones. Creo que se puede hacer una metafísica de la casa en la que prevalezca esa condición nómada. La casa da forma a nuestra habitación del mundo. Pero el mundo mismo es un sitio al que se llega y del que se sale.

CRECIMIENTO Y MULTIPLICACIÓN

Se diría que el nomadismo se incorpora a la propia estructura de su libro, cuyos capítulos son verbos. ¿Es un libro en movimiento? Es una cosa —por utilizar palabrotas de filósofo— matricial. La metafísica me parecía estática. Y pensar el ser sin pensar el tiempo era pensar un ser que no era el humano. El enfoque aristotélico era muy ajeno a la historia y a la biografía. Sin embargo, en el existencialismo europeo parece que el drama de la existencia empieza con el acontecimiento de la autoconciencia libre. Encuentro acertado el movimiento freudiano de querer escarbar más allá de la infancia. Lo que pasa es que Freud buscaba el pozo de la estructura psíquica. Y, para mí, el resorte está en la estructura genealógica. Somos un linaje. ¡Somos nacidos de mujer, y no un supuesto inconsciente cuya verificación es imposible! Por eso, si me pongo solemne, diría que Filosofía breve de la vida es una teoría de las operaciones vitales, pero declinada en sus dimensiones histórico-culturales y biográfico-existenciales.

«El mundo contemporáneo es inhóspito: no sabemos acoger a los que llegan ni despedir a los que se marchan» «Yo no he hecho nada más personal en esta vida que tener hijos y escribir libros» UN MUNDO ACOGEDOR

«La virtud de los padres es la hospitalidad, que consiste en acoger incluso a los que no han sido invitados y dejar partir a los que tienen que empezar su viaje»

volver. No es un espacio configurado por los límites físicos del domicilio, sino por la mutua puesta a salvo que hacen entre sí los sujetos de ciertas vulnerabilidades. Resulta, además, que esas vulnerabilidades coinciden con los hábitos domésticos: dormir, comer, bañarse y conversar, que es la forma máxima de exposición. Todo eso está de modo germinal y prefigurado, pero cumplido, en el fuego —no en vano hogar es tanto casa como lugar del fuego—, en la victoria sobre la noche y el invierno. ¡Eso es lo típico de una casa! El asunto no es que el hombre moderno sea un nómada, porque ellos tienen casa y la llevan consigo: es el fuego. No, no es un nómada, es un desterrado al que siempre acompaña el desarraigo. Incluso los que habitamos en una vivienda, antes o después, notamos que estamos de paso, que nuestra casa llegará a otras manos,

¿Es un libro conservador, contramoderno, reaccionario o contemporáneo? He pensado mucho sobre eso. Soy, como todos, moderno, porque la pretensión de eludir la modernidad es inequívocamente moderna. Y, por tanto, el pensamiento reaccionario es un producto genuino de la modernidad (aunque espero no parecer reaccionario) porque solo a un moderno se le puede ocurrir la disponibilidad libre y crítica de la propia tradición. Mantengo elementos de las mayo 2025 Nuestro Tiempo —73


Campus Filosofía del hogar

tradiciones morales más antiguas. Y, sin embargo, afirmo la libertad y pienso que las disposiciones básicas de la existencia encaminan y habilitan la inteligencia. Entonces, moderno con matices. No podemos no ser modernos, porque la tradición se nos ha revelado como un marco disponible. Y así se hace plural: simultanea tradiciones en discusión. Esto lo dice muy bien Taylor. A diferencia de lo que sostiene la filosofía premoderna, en el principio no está solo el logos como raciocinio, sino también como discurso. Por tanto, la libertad es tan principial como la razón. Descartes descubrió que, donde él ponía la duda, toda la tradición filosófica anterior, sin advertirlo, había puesto un acto de confianza. Yo soy moderno, pero soy un moderno crítico porque considero que el acto de confianza es más legítimo y justo con la realidad que la duda, la sospecha o la crítica en sentido moderno, aunque todas tengan también su pertinencia. Ha mencionado antes el madurar como una crisis de la adolescencia. Es una etapa muy relevante en cualquier biografía que usted analiza con la perspectiva del verbo salir. En la dimensión biográfico-existencial se vuelven relevantes las edades de la vida en tanto que son acontecimientos constitutivos de la morfología del sujeto. Yo no lo llamaría adolescencia para no comprometer todos los supuestos psicológicos y sociológicos de esa palabra, pero hay un momento donde el sujeto experimenta una soledad que ya no queda satisfecha con la compañía de los que están dentro, de los de su propia casa. Y, por tanto, se siente impelido a salir. Y se encuentra a otros en la misma tesitura. Entonces se da el hecho sorprendente de que los individuos empiezan a dirigir sus propios pasos, pero lo hacen con gozo en una especie de coreografía multitu74—Nuestro Tiempo mayo 2025

CAMINO A ÍTACA

«Lo que salva al hombre es la incondicionalidad, la posibilidad de fundar una casa, un espacio al que volver» VÍNCULOS

«Toda promesa incoa lo incondicional. Y el mundo moderno antepone, con preferencia, la soledad a la experiencia de la compañía»

dinaria. Es una especie de jovialidad del estornino. ¿Cómo es posible que la reflexión filosófica no haya pensado sobre el ejercicio inaugural de la libertad que se experimenta en ser capaz de mantener una coreografía vital? Requiere una enorme destreza sobre uno mismo. Así entrenamos los seres humanos nuestra autodeterminación: no convirtiéndonos en disruptivos y divergentes y originales, sino ejercitando la destreza de ser capaces de una coreografía del espíritu, de la existencia. Suena contraintuitivo. Todos se visten y hablan igual, y eso además los convierte en singulares, pero en singulares casi con un valor numérico. Muy pronto experimentan que esa forma de socialización es indigente. La indigencia reclama ser afirmado, ser considerado y ser tenido por uno irreducible a los demás. Solo entonces aparecen las relaciones más singulares. Pero esos tránsitos no están asegurados. Y además de no estar asegurados, acontecen también con fenómenos de crisis.

Hay un deseo muy contemporáneo de eludir ese tránsito hacia la concreción. Lo entiendo como inmadurez, y se produce porque nos damos cuenta de que toda promesa incoa lo incondicional. Y el mundo moderno antepone, con preferencia, la soledad a la experiencia de la compañía que resulta de las relaciones incondicionales. Hay un texto de Lewis que dice que la política tiene que ocuparse solo de custodiar tres bienes: la familia, la amistad y la soledad. Yo añadiría: y por ese orden. Porque la política moderna custodia esos tres bienes, pero en el orden inverso. Constituye al sujeto como originariamente solitario y convierte la amistad y la familia en apenas dos formas secundarias de la soledad, y, por tanto, sin vínculos incondicionales. Es la incondicionalidad de los vínculos familiares y amistosos, cada uno en su medida y en su grado, lo que convierte, a su vez, a la soledad en un bien. ¿Explicaría esa inmadurez el hecho de que se funden cada vez menos familias? Yo creo que sí. La idea de la juventud perpetua es la idea de esa especie de inmadurez perpetua. Lo específico de la contemporaneidad es su proposición como la cima de la existencia y de la realización de lo humano. ¿En qué se manifiesta esa exaltación de la jovialidad? Una buena muestra es El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde: cómo exudar la culpa y la responsabilidad libera al sujeto y lo mantiene en un estado de juventud perpetua. Porque el que envejece es el que recibe esa externalización de la culpa, que es el retrato. La irreprochabilidad del sujeto contemporáneo (porque no hay una objetividad moral) pretende mantenerlo joven porque evita que tenga pasado, porque cada


no reconocerse como limitadas. Querer que el único mundo de una persona sea su familia tiene una estructura patógenamente limitada. ¿Cómo puede evitarse esa enfermedad? La virtud de los padres es la hospitalidad, que consiste en acoger incluso a los que no han sido invitados y dejar partir a los que tienen que empezar su viaje o retomarlo.

momento es inicial e iniciático. Quiere negar esa forma del pasado que es la culpa. El individuo contemporáneo se ha hecho imperdonable por irreprochable; por lo tanto no tiene solución para la culpa. La supuración política de eso es lo woke. O sea, el sinperdón. Ese es el giro que da el pensamiento marxista cuando se hace posfreudiano. En última instancia, el único espacio donde es posible revertir la imperdonabilidad woke es en casa. Por tanto, el hábito del perdón, de naturaleza cuasirreligiosa, es el que hace falta para que la incondicionalidad pueda afirmarse del vínculo conyugal. Además de la conexión entre filosofía y literatura, usted insiste en trazar una senda entre pensar y vivir. Pensar es una forma de crecimiento y escribir es una forma de multiplicación. Y los libros, como los hijos, son un crecimiento que no eres capaz de contener en ti mismo. Y que por eso te conducen a una plenitud vital. Yo no he hecho nada más personal en esta vida que tener hijos y escribir libros. Como es obvio, ante-

pongo tener hijos a escribir libros, pero antepongo escribir libros a cualquier otra cosa. En Pamplona, en su conferencia en la Universidad, habló del origen de la civilización. ¿Su desarrollo es paralelo a la construcción de una casa? Hay un planteamiento freudiano que a mí me resulta sugerente, que es que el principio de la civilización y el principio del desarrollo del psiquismo humano tienen correlaciones, aunque no sean paralelas. La génesis de la cultura y la génesis del sujeto tienen un proceso. Somos capaces de entender el paso de lo nómada a lo sedentario, un tránsito que se hace obra —estrictamente hablando—, se hace arquitectura. De todas maneras, y en esto también soy aristotélico, la casa no basta. Falta la experiencia de la soledad que ya no puede quedar satisfecha con los de dentro. ¡Pero esa amistad tampoco basta! Hay un tipo de relación que es necesaria, que es la vecindad: la sociedad civil. Las relaciones de familiaridad enferman por

Dice en su libro que los cuidadores del fuego —los impedidos, los ancianos, los enfermos— sostuvieron y posibilitaron la civilización: su corazón es el cuidado. ¿Cómo es posible que en nuestro tiempo —en teoría el culmen del progreso— el aborto y la eutanasia hayan alcanzado los estándares actuales? Porque el mundo está hecho de acogidas y despedidas, y porque la hospitalidad como hábito moral es también la elevación a la conciencia moral de la estructura metafísica de la existencia. Derrida distingue muy bien entre la hospitalidad de invitación, que es al que llamas, y la hospitalidad de visitación, la que se ofrece a quien viene por su propio impulso, traído de su necesidad... o de un embarazo no procurado. Yo creo que la hospitalidad de visitación descubre que hay una forma liminal del mundo cuya disposición es la acogida. Y que ese hábito de la hospitalidad respecto de lo extraño tiene valor, señala los límites metafísicos de la existencia. También la despedida requiere unos ritos. El mundo contemporáneo es inhóspito: no saber acoger a los extraños ni despedir a los viajeros es una manifestación de la crisis del dentro, de la casa. El mundo ha dejado de ser casa. Si pensáramos el mundo como casa, acogeríamos a los que vienen, con o sin nuestra invitación, y despediríamos a los murientes. Nt

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MIND THE GAP Ignacio Cortés Vidal de Villalonga

El segundo pilar de la crítica de Happycracia es la visión de felicidad que vende la psicología positiva, que hunde sus raíces en la meritocracia: la idea de que todo éxito, fracaso, dolor o estatus es mérito propio. Si alguien sufre, es porque no pone los medios para estar bien. Esta concepción fomenta un fuerte individualismo donde la felicidad se busca como autorrealización. Tanto la meritocracia como el individualismo se equivocan al entender a la persona de un modo reduccionista. Las relaciones, los vínculos, no son un simple barniz, un añadido que establecemos por interés propio, sino que forman parte constitutiva de la persona. Vivimos en sociedad, de manera natural; somos ese zoon politikón de Aristóteles. No podemos explicar al ser humano de manera aislada. El error radica en querer comprender la felicidad sin un otro. Muchos autores han afirmado que el hombre es ser-para-el-otro. Como dice Kierkegaard: «La puerta de la felicidad se abre hacia fuera». Ante la propuesta de la psicología positiva, cabe una visión más integradora basada en el amor como fuente de plenitud de la propia vida. El amor significa entrega desinteresada, incondicional, incluso sacrificada, algo incompatible con el Vivimos en un engaño social y moral: estamos individualismo. Frente al imperativo de la búsqueda —casi presionados a lucir una sonrisa que está vacía desesperada— de la felicidad, el amor, en cambio, se encuenpor dentro. ¿Existe otra manera de ser feliz? tra con ella como fruto, sin buscarla. Porque, como dice Tomás Melendo en un libro sobre las paradojas de la felicidad, esta no puede buscarse eficazmente por sí misma, sino que N DÍA, EN UNA CENA, vi a una chica que miraba ha de sobrevenir siempre como algo añadido, como consetodo el rato en el móvil un vídeo suyo en TikTok. cuencia no perseguida. Un estudiante acaba de terminar los Cada poco paraba la reproducción para observar exámenes y solo piensa en ver el partido de esa noche. A la cómo posaba, cómo se veía, y para contar cuántos hora en que empieza, le llama un amigo que necesita hablar. likes le habían dado. La miraba a ella y la veía sonreír, pero en realidad estaba sola; aislada, encerrada Duda. ¿Y si queda con él al día siguiente? Cuando renuncia al juego por escuchar a su amigo, el chaval no busca felicidad; en la imagen que ese vídeo proyectaba de sí misma a los de hecho, no es una acción que disfrute. Zupančič, en The viewers. No disfrutaba de la fiesta. La constante necesidad de aparentar ser feliz es una tiranía Odd One In, señala que la mentalidad de «Es bueno si a uno le sienta bien» constituye uno de los elementos clave «de que nos esclaviza y nos saca de la realidad. La solución no la retórica ideológica contemporánea de la felicidad». Pero pasa por caras avinagradas y la queja constante; pero peor es la carga impuesta de mostrarse continuamente feliz y ese casi querer bien implica saber que la felicidad, más allá de un simple sentimiento efímero, se manifestará a posteriori, como precepto moral de evitar el dolor a toda costa. Esta reflexión recompensa. la han desarrollado Edgar Cabanas y Eva Illouz en su enSi nos remitimos a nuestra naturaleza, a cómo somos, sayo Happycracia. Cómo la ciencia y la industria de la felicidad buscamos vivir según lo que ella nos marca: como dicen los controlan nuestras vidas: «La felicidad se ha convertido en una clásicos, a un modo de ser le sigue un modo de obrar. En verdad, obsesión y un regalo envenenado». Los autores no atacan la estamos hechos para amar. Solo si se vive felicidad en sí, sino las consecuencias de esamando podremos gozar de la verdadera ta imposición y la concepción tan pobre de LA PREGUNTA DEL AUTOR paz y felicidad, mucho más profundas y felicidad que se tiene hoy en día. plenas que la satisfacción inmediata de la La chica de la fiesta muestra este doble ¿Consideras que la adquisición de bienes materiales, o logros objeto de crítica. En primer lugar: el dolor felicidad es un pico humanos como el dinero, el éxito o la fama. es inevitable, y querer escapar de él es mera instantáneo que se vive o Porque «lo que se necesita para conseguir evasión que revela nuestra disconformidad más bien un estado vital? la felicidad no es una vida cómoda, sino con la realidad. Pero necesitamos aprender un corazón enamorado», como decía, con a convivir con lo desagradable, con la coacierto, san Josemaría. El bello secreto: rrección y el dolor, pues son clave para el querer amar con sus riesgos y sacrificios. crecimiento personal. Viktor Frankl afirmaba: «Cuando la situación es buena, disfrútaIgnacio Cortés Vidal de Villalonga [Psico 28] es subla. Cuando es mala, transfórmala. Cuando @NTunav delegado de clase. Toca la flauta travesera y este curso no puede ser transformada, transfórmate». Opina sobre este asunto en X. termina el grado profesional en el conservatorio Pablo Según este psiquiatra, el sufrimiento deja de Sarasate. serlo cuando se le encuentra sentido.

Obligados a la felicidad

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Alumni Cómo no ganar un Óscar

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Historia de un guionista La tarde del 17 de diciembre de 2024, el corto de ficción París 70 se incrustó por sorpresa en la lista de cintas preseleccionadas para la gala de los Óscar. Su guionista, Nach Solís (Ávila, 1989), había escrito esa historia cinco años atrás, en sus horas libres como oncólogo radioterápico en una clínica de Valladolid. Dirigido por Daniel Feixas y galardonado en más de 150 festivales, el cortometraje no consiguió terminar acomodado en las butacas de Hollywood, pero no parece que a su escritor le preocupe demasiado. texto Juan G. Tizón [Com 24] fotografía Manuel Castells [Com 87], Juan G. Tizón [Com 24]

nach solís [med 13] tenía ocho años cuando el cine le atrapó para siempre. Fue en una sala del «mítico» Tomás Luis de Victoria, en Ávila. Sus padres llevaron a sus tres hijos a ver El abuelo (1998), de José Luis Garci. Al rato de empezar la película, Solís notó que sus hermanos mayores cabeceaban, anunciando una siesta inminente. «Era la sesión de la noche», apunta. Sin embargo, él no podía separar los ojos de la pantalla. Le gustaban las películas desde que tenía memoria, «pero esto… esto era algo distinto. Me fascinó». Los fotogramas se sucedían y llegó el clímax. El pequeño Nach lo supo, al menos en parte. «Solo era un niño, no tenía muy claro qué acababa de sentir, pero estaba convencido de que quería hacer eso mismo», afirma.

Solís no puede evitar reírse tras contar la anécdota de su infancia. Han sido tantas las entrevistas en los últimos meses, tantos los discursos de agradecimiento y tantos los repasos de su vida después de alcanzar una fama considerable gracias a París 70 «que, en vez del cortometraje —asegura—, parece que estoy promocionando el cine de Garci». Durante una charla en un colegio, tras poner algunas escenas de El abuelo para analizarlas con los estudiantes, cayó en la cuenta: «Madre mía, vamos por la mitad de la sesión y aún no he hablado de mi corto». Lo ha repetido en repetidas ocasiones, «pero es que ahí empezó mi obsesión», remacha. Verlo todo, él quería verlo todo. Esa fue su primera escuela. De niño vigilaba mayo 2025 Nuestro Tiempo —79


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los estrenos en los periódicos, esperaba toda la semana para, el viernes, por fin, llamar a los cines y preguntar por la cartelera. «Era mi ilusión», asegura. Anotaba con rapidez, cribaba, hacía horarios. Aun siendo sus padres unos cinéfilos, Nach era el programador de la familia. Además de en las salas de proyección, encontraba cobijo en las bibliotecas públicas y los videoclubs. Primero devoró las cintas gordas de VHS, después, los DVD, ya como adolescente. «Yo no le hacía ascos a ningún género», dice. Insaciable, Solís destaca una predilección por el cine español. «Tal vez por motivos culturales —explica—, pero siento las historias más cercanas». Aunque no se considera un mitómano, comparte algunos de sus referentes. Almodóvar, por ejemplo: «Te puede gustar más o menos —defiende—, pero sus películas han significado una contribución enorme a la cultura y panorama internacionales». También, por supuesto, José Luis Garci, al que considera uno de los mayores retratistas de la Transición española en la gran pantalla. De Vicente Aranda recuerda con cariño esa mezcla entre costumbrismo y «astracanada», con sus historias locas y pasiones imposibles. 80—Nuestro Tiempo mayo 2025

el entusiasmo y valverde. De su etapa escolar habla con orgullo de grandes amigos y días de felicidad plena: «Tuve la suerte de estudiar junto a compañeros que también disfrutaban mucho con el cine». Con ellos recorría los videoclubs de Ávila —Solís era socio de todos—, esperaba a los viernes para ir a las salas y disfrutar de los productos mainstream de la época. Después, él por su cuenta o a veces con una amiga que sí conseguía seguirle el ritmo, veían cintas gourmet y las comentaban. En compañía de estos colegas experimentó sus primeros contactos con la otra cara de las películas. Para proyectos de clase o en las noches de Halloween, cogían la cámara vieja de su padre. Les encantaba, sobre todo, recrear escenas de terror, por ejemplo de El exorcista y El silencio de los corderos. También montaban sus propios metrajes, para los que se disfrazaban de zombis o de entes inclasificables. Gracias a esas vivencias, Nach Solís comenzó a experimentar con la producción, a entablar una relación de carácter material con el cine: cámara, vestuario, montaje… y guion. Durante los años de adolescencia, y aunque a él no le gusta ese título, sus amigos decían que era el mayor experto en el cine español

de terror de las décadas de los 90 y los 2000. Aunque el cine andaba al acecho, paciente, en el instituto, al comprobar que las asignaturas científicas no se le atragantaban, creció su interés por las profesiones sanitarias. A mediados de los 2000, tuvo mucha popularidad la serie de televisión Hospital Central, un drama que cautivó por completo a Nach. Del reparto, fue la doctora Valverde, interpretada por Rosa Mariscal, quien marcó la diferencia. «Valiente, chula, no se callaba ante nadie… Quería ser como ella», recuerda. Este personaje avivó su deseo de ser médico. Nunca se planteó estudiar una carrera relacionada con lo audiovisual, pero intuía que «al cine le llegaría su momento, tarde o temprano». radiaciones y la crisis de fe. Solís llegó a la Facultad de Medicina en 2007. En Pamplona no solo empezó a cumplir su sueño, también logró dar rienda suelta a su otra obsesión. Dejó atrás aquel «cine con dos salas» de su adolescencia en Ávila y expandió horizontes: cuatro cines, uno de ellos con versiones originales, muchas películas, cintas internacionales y, por supuesto, la posibilidad de asistir al Festival de San Sebastián.


—Recordar el amor. Fotograma de París 70 donde la protagonista, interpretada por Luisa Gavasa, hace frente a su alzhéimer. El álbum de fotos sirve como recuerdo físico de un amor que escapa a la muerte. fotografía cedida —Ganarse un hueco. Solís conversando con Alba Forn, productora del cortometraje París 70. fotografía cedida

«Me volví loco», se ríe. Encontró, además, amigos con los que compartir esos momentos. Como Miguel Pérez, al que conoció en el Colegio Mayor Belagua, donde Nach vivió sus dos primeros años de carrera. El desarrollo de internet y de las redes sociales le permitieron romper fronteras y generar su propio contenido. Se lanzó a hacer críticas de películas en Facebook. Así hasta que uno de sus amigos de piso —ya había dejado Belagua—, José Mongil [ade 12], le dio un toque cariñoso de atención: «Eres un brasas, Nach, ¿por qué no te abres un blog?». Y así nació en 2011 La industria del cine, donde publicó más de seiscientas críticas a lo largo de nueve años. Esta fue su segunda escuela. Entonces no solo consumía cine, sino que también lo escribía y lo pensaba. Pero aún no había llegado la hora. La carrera de Medicina le enseñó a Solís que lo que de verdad le gustaba era probar. Y eso hizo: probar y descartar, con lo que llegó al final de sus estudios sabiendo de sobra qué ramas no le atraían —la psiquiatría y la oftalmología, por ejemplo—. A la hora de enfocar el MIR, resultó clave la mentoría del doctor Javier Aristu, oncólogo radioterápico de la Clínica Universidad de Navarra. «No

es la especialidad más conocida, pero a mí me llegó a fascinar», afirma. Tras examinarse del MIR, Solís hizo su residencia en Albacete, donde empezó a aplicar sus conocimientos para el tratamiento de enfermedades oncológicas. Una vez conseguida la especialidad, Nach Solís se dedicó durante ocho años a la oncología radioterápica en los centros de Albacete y Valladolid. Su labor médica no impidió que Solís siguiera escribiendo sobre cine. «Está genial comentar el trabajo de otros —confiesa—, pero yo deseaba empezar a contar mis propias historias. Quería hacer mi cine». Dio la casualidad de que, mientras trabajaba en Albacete, el Instituto de Cine de Madrid ofertó una diplomatura online. «Era perfecto, de otra forma no habría podido compatibilizarlo con mis guardias», explica. Entonces Nach consiguió una beca y pudo matricularse. Lo que en principio parecía un salvavidas para su ilusión con el cine, terminaría siendo un órdago, un fin de ciclo. el poder sanador del cine. —¿Dónde está tu padre, Nach? —le pregunta su madre. —Ya lo sabes: papá está muerto —contesta él.

—¿Muerto? —Sí, muerto, ¿lo has olvidado? —¿Dónde está tu padre, Nach? —repite su madre, pasados unos instantes. «En bucle, la pregunta se repetía una y otra vez…, pero solo fue una pesadilla», comenta Solís, incidiendo en que su padre está vivo. Aún recuerda la angustia que sintió al despertar. «¿Cómo se puede olvidar algo así?», se preguntaba entonces. Sin duda, lo que más le dolía era la idea de tener que revivir una desgracia de manera constante. Y con estas imágenes, en parte, nació París 70, su corto de ficción. «Pero no hay que confundir —advierte— las historias con las anécdotas». Había que transformar aquel fogonazo repentino y difuso, darle un conflicto, unos personajes claros, convertir la pesadilla en otra cosa. Se puso a escribir enseguida. A estas imágenes de la vigilia les sumó su conocimiento y experiencia médicos. Con los ingredientes sobre la mesa, montó una oda al cuidado: un hijo —Alain Hernández— cuida a su madre —Luisa Gavasa—, que padece alzhéimer y ha de enterarse cada mañana de que su marido ha muerto. El dúo está mediado por una médica —Neus Asensi— que, en silenmayo 2025 Nuestro Tiempo —81


Alumni Cómo no ganar un Óscar

cio, es testigo de un pequeño milagro. París 70 se escribió en 2019, durante los viajes de 180 minutos de ida y otros tantos de vuelta entre Madrid y Valladolid que Solís realizaba para ir y venir del trabajo a lo largo de tres años. Lograda su diplomatura en el Instituto de Cine de Madrid, se puso a escribir en todos sus momentos libres. «Salía a las cinco de la tarde de la clínica y me ponía con los guiones hasta las doce o la una de la madrugada», apunta. Médico de día y guionista de noche. «Un poco como Batman, ¿no?», bromea. Cuando conseguía terminar un texto que le convencía, lo enviaba a concursos y lo promocionaba en sus redes sociales.

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Uno de estos guiones fue, claro, el de París 70. Con esta cadencia frenética y debiéndose muchas horas de sueño, Solís se rompió mental y físicamente. «La medicina ya me había dado todo lo que me tenía que dar y ese ritmo era insostenible. Había que tomar una decisión». Era la hora. A Nach Solís le han preguntado en múltiples ocasiones si se arrepiente de haber dejado su trabajo como oncólogo para dedicarse a ser guionista de cine. «¿Has cambiado el salvar vidas por escribir historias», le han achacado. Él no lo ve para nada así: «Yo creo firmemente en el poder sanador del cine. Creo que puede cambiar vidas… A mí me la cambió».

Como las otras artes, dice, el cine te ayuda a comprender mejor el mundo y, por lo tanto, al ser humano. París 70, el corto de ficción que les llevó a él y a su equipo a los Premios Goya, los Forqué y hasta a las puertas de los Óscar, es un ejemplo clarísimo de su filosofía. «Hay heridas que son del alma», apunta. En 2023, el director Daniel Feixas encontró el guion de Solís porque uno de los concursos a los que se había presentado hizo públicos los escritos. Rápidamente, contactó con su autor a través de las redes —«Son mi escaparate gratuito», dice Solís—. Feixas le confesaría más tarde que llevaba bastante tiempo en búsqueda de un buen


guion, desechando multitud de textos, y que con el suyo lo había visto claro. Se pusieron a trabajar de inmediato. la no nominación a los óscar. Un asunto llamativo de París 70 es que se rodó en catalán, y tanto la traducción del guion a esa lengua como la adaptación a la pantalla no le supusieron un problema a Solís: «Es el día a día del guionista —asegura—. Son los directores los que han de comprender la historia y saber llevarla a la acción. Una vez te compran los derechos, puede pasar cualquier cosa». En el caso de este corto, poco o nada importa el idioma. Solís ya ha contado LA FUERZA DE LAS HISTORIAS

«Yo creo firmemente en el poder sanador del cine. Creo que puede cambiar vidas... A mí me la cambió» SALUD

«En Estados Unidos gustó mucho el corto. Seguramente porque no están tan acostumbrados a esa visión del cuidado» INFLUENCIAS

«El personaje de la doctora Valverde era valiente, chulo, no se callaba ante nadie... Quería ser como ella» —Volver a Pamplona. Tras doce años sin pisar la Facultad de Medicina, Solís se ilusionó al poder visitarla en marzo y compartir su vida con el alumnado.

en varias ocasiones que el guion de París 70 está escrito en gran medida con silencios. Con aquello que se muestra pero no se dice, lo que se intuye. La magia del subtexto, dice, que es, si se quiere, tan importante como un buen diálogo. Nach Solís tiene ojos de lince para valorar el trabajo de los demás y saber hasta dónde podría llegar una cinta en el mercado. Sin embargo, para su propia labor asegura que carece de tal capacidad. «Tú sabes de esto —le consultó Luisa Gavasa, actriz principal en el corto—, ¿cómo crees que va a terminar?». «Creo que no va a funcionar», contestó Solís. Unos meses más tarde, entre el verano de 2023 y el otoño de 2024, Daniel Feixas y su equipo obtuvieron más de 150 premios en festivales. En alguna ocasión no fueron capaces de distribuirse para asistir a todos los certámenes donde los premiaban. «Al principio no entendía nada —afirma—, pero luego pensé que tal vez nuestro trabajo tenía algo especial, algo que la gente agradeció mucho descubrir». Vistos el panorama, el recibimiento y el cariño, Nach y su equipo probaron suerte en los grandes festivales. El 7 de noviembre de 2023 salieron nominados en los Premios Forqué. Veintitrés días más tarde, en los Goya. Y el 17 de diciembre de 2024, Hollywood hizo pública una shortlist con las cintas preseleccionadas. Entre los quince cortos de ficción elegidos, dos proyectos españoles consiguieron pasar la ingente cantidad de «requisitos, cribas y burocracia requerida»: La gran obra, de Álex Lora, y París 70. «En Estados Unidos parece que gustó mucho —cuenta Solís—. Seguramente porque no están tan acostumbrados como aquí a esa visión del cuidado. Aunque en España poco a poco también se va perdiendo…». La nominación definitiva de los Premios de la Academia, que sufrió un retraso debido a los incendios que asolaron la ciudad de Los Ángeles,

se dio a conocer el 23 de enero. Ni rastro de París 70. Nach Solís calificó ese instante de la «no nominación» como «mágico». «Cuando salga el resultado, llámame», le dijo Luisa Gavasa, que estaba en un ensayo de una obra de teatro sobre Chavela Vargas. «Así que al final me fui con unos amigos guionistas a ver las nominaciones mientras picoteábamos algo», narra Solís. Mucha gente le llamó pensando que estaría triste, derrotado, le daban el pésame. Al cabo de una semana, subió un vídeo a LinkedIn con la reacción. «Has llegado más lejos que la gran mayoría de los españoles», le consoló Borja, un colega del gremio. En LinkedIn, explica, la gente publica sus éxitos. «Yo considero esto un éxito», afirma. Además, confiesa que su mayor premio fue ganarse a Gavasa como amiga: «Eso es lo más importante que me ha dado París 70». Desde entonces, su teléfono no ha dejado de sonar. Ha escrito el largometraje de París 70 con el título Reina de las hadas y cuenta con el apoyo de las productoras Morena y A Contracorriente Films. Ha elaborado también el guion de Piedra, papel y tijera, un cortometraje dirigido por Miguel Ángel Olivares que ya ha empezado su recorrido por los festivales. Además, participa en la segunda temporada de Respira, un título de Netflix desarrollado por la productora El Desorden Crea. «Les dije que, si hacían una segunda temporada, que me llamasen. Lo hicieron», relata Solís. Después de todo, el cine sí le cambió la vida. El resultado de la Academia fue mágico porque la derrota se convirtió en éxito. Sabe que posiblemente nunca volverá a verse en esa situación. Pero ahora, al fin, el ruido ha cesado. Su obsesión se convirtió en trabajo; el sueño, en realidad. Entretener, distraer, descansar a la gente. Ayudarla a llevar sus vidas con las historias que escribe. «Esa es la idea». Nt

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BÚHOS A ATENAS Mariona Gúmpert

Un retrete de pago, una ciudad que se vacía

que devora todo lo que toca y deja tras de sí un decorado vacío. Pasear por la ciudad es ver escaparates llenos de imanes, de camisetas con frases ingeniosas, de bares donde los locales ya no entran porque el menú está pensado para quienes vienen de fuera. Madrid es una ciudad sin apenas baños públicos, pero con tiendas de souvenirs en cada esquina. Una ciudad donde los bares de siempre cierran para dar paso a cafeterías con precios para escandinavos y estética Instagram. Una ciudad que alguna vez tuvo vida propia, pero que ahora existe solo para recibir a quienes la visitan. Lo curioso es que el turismo masivo no busca descubrir, sino repetir. No quiere desvelar la esencia de un lugar, sino volver a lo que ya conoce. El viajero que pasea por Madrid se topa casi con la misma experiencia que en Roma, en Lisboa, en Berlín o en París. Las mismas franquicias. Los mismos «El problema de transformar una ciudad pisos de Airbnb. Los mismos menús con opciones veganas y sin gluten. Las mismas tiendas de moda con ropa fabricada en un destino turístico es que, cuando todo en los mismos países. La ciudad, poco a poco, deja de ser se hace para los de fuera, los de dentro dejan única para convertirse en un decorado intercambiable. Un de importarle a nadie» parque temático con monumentos históricos como atrezzo. El problema de transformar una ciudad en un destino turístico es que, cuando todo se hace para los de fuera, los UANDO VIVES en provincias y visitas Madrid, lo de dentro dejan de importarle a nadie. Los alquileres se disprimero que te sorprende es la velocidad. El ritmo paran, los vecinos de toda la vida se van, los comercios que de la gente, la forma de andar, de hablar, de pedir un daban personalidad al barrio cierran porque sus clientes ya café. Todo parece urgente, como si la ciudad entera no pueden permitirse vivir allí. Madrid, como tantas otras estuviera corriendo detrás de un tren que ya ha sacapitales europeas, se está convirtiendo en un souvenir de lido. sí misma. Un sitio donde los turistas vienen a fotografiar lo La segunda sorpresa llega cuando necesitas ir al baño. que algún día fue una ciudad con alma y que ahora es solo un En Pamplona, cuando la naturaleza te urge, entras en el fondo para selfies. bar más cercano, pides un café, preguntas por el aseo y listo. Salí del local sin haber entrado al aseo. Caminé un poco Todo ocurre en un gesto natural, sin mayor trámite que el de más y encontré una taberna con aspecto de no haber cambiadejar una moneda en la barra. do en treinta años. En Madrid, sin embargo, parece que vaciarse es un privileEntré. Pedí un café. Pregunté por el baño. gio. Me pasó hace unas semanas, en plena Gran Vía. Busqué —Al fondo, a la derecha. un bar y entré con naturalidad. «El baño es Fui, volví a mi mesa, me tomé el café y solo para clientes», dijo el camarero. Nada pagué. LA PREGUNTA DE LA AUTORA extraño. Pedí algo para beber. «El baño está Por un momento, sentí que todavía quefuera de servicio». Ah. daba algo de ciudad en la ciudad, un último ¿Nos hemos resignado a Salí a la calle con un problema nuevo. estertor de muerte: de Madrid, al cielo. que las ciudades sean Miré a mi alrededor y vi lo inevitable: fransolo productos para quicias. Un Starbucks, un McDonald’s. Pero Mariona Gúmpert [PhD Fia 16] es columnista consumir? de El Debate. @marionagumpert había también otra cosa. Un cartel. «Baños prémium». Un local dedicado en exclusiva a lo que antes era un derecho básico: entrar, pagar, hacer lo tuyo y salir. Un retrete con tarifa. Si en ese momento me hubieran dicho que en la ciudad también estaban cobrando por el aire, lo habría creído. @NTunav Madrid, como tantas capitales europeas, Opina sobre este asunto en X. ha hecho del turismo su razón de ser. No uno cualquiera, no: esa industria de masas

C

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Libros

NÚMEROS

7,9% 84,4% de los españoles consumen audiolibros.

de la población española con estudios universitarios se declara lectora.

Los ojos de los otros

Jorge M. Bergoglio, a sus 28 años, con Borges en el colegio jesuita de Santa Fe, en agosto de 1965. Diario El Litoral.

El papa Francisco maduró una carta extensa —unas cinco mil palabras— en julio de 2024 sobre la fuerza que imprime en la formación de una persona leer de verdad novelas y poemas. Defendió ideas originales: que la Iglesia es belleza, frescura y novedad. Que haber leído significa acercarse más a los otros. texto Joseluís González [Filg 82],

profesor y escritor @dosvecescuento

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El primer libro que leí del cardenal Bergoglio tras el habemus papam fue El verdadero poder es el servicio. Tres aspectos me llamaron la atención. Lo directo de su escritura. Su estilo, que comprometía. Que sabía no repetirse. Lo más fuerte para mí era que te sujetaba del alma y te decía si te ibas a quedar igual que antes o te ponías a cambiar. Y admiré su aroma a nuevo. Porque en una parte reunía, seguidas, sus homilías de Navidad, Jueves Santo, Pascua y Corpus Christi de años consecutivos. Y se hacía insólito. Inesperado. Quien se haya dedicado a escribir discursos lleva muy muy dentro que sentarse ante el teclado para llenar unos minutos

en una entrega de premios, conmemoraciones, la inauguración de un edificio o de lo que sea cuesta cada año más. El auditorio recibe pletórico o indiferente esas palabras: no envejece tanto. En cambio, quien estuvo amasando esos folios siente donde el costado o incluso en los riñones la tentación de copiarse a sí mismo. Por puro respeto uno tantea para encontrar habitaciones libres, playas sin carteles. Y no ser pelma. Jorge Mario Bergoglio venía aprendido: escribir es pensar en los demás. Y el 17 de julio de 2024, en su Carta sobre el papel de la literatura en la formación, lo reconquistó: volvió a interpretar «la polifonía de la Revelación, sin reducirla


Solange Levinton

Ioana Pârvulescu

Antoine de Saint-Exupéry

R. L. Stevenson

Carys Davies

APUNTES

o empobrecerla a las propias necesidades históricas o a las propias estructuras mentales». Y con esa afirmación de fe que entraña dedicar horas y vida a inclinarse ante un libro. La carta iba inicialmente dirigida a candidatos al sacerdocio, pero Francisco la amplió a todo cristiano. Aunó ideas clásicas con perspectivas novedosas. La mayor: que el acto de leer combate la superficialidad y activa la maduración espiritual porque familiariza en la contemplación y en la escucha. «El poder espiritual de la literatura» ayuda a reconocer «la realidad propia» y qué sentido «tiene la existencia de los otros seres» al ponerse a «escuchar la voz de alguien», palpar su corazón. Porque el papa, que fue profesor de Literatura antes que sacerdote, sabía que una obra literaria es «un texto vivo y siempre fecundo, capaz de volver a hablar de muchas maneras». ¿Quién se atrevería a publicar en un paper enjuiciado por pares o nones esta definición que chorrea experiencia? Vividura, según Unamuno. Los grandes libros siguen emparentándonos con las tensiones, deseos y significados más profundos —abismales a veces— de la existencia. Para dialogar con la cultura y la vida actual, la literatura resulta indispensable. A Jim Hawkins no lo ve uno igual si lo conoce de adolescente o se lo reencuentra a los treinta años o convaleciente de una operación cardiovascular a los cincuenta y muchos y esconde la novela entre la almohada… Quien cambia menos es Israel Hands, desde que la goleta Hispaniola partió de Bristol hasta que, herido, le pide

a Jim una botella de Oporto. Jim descifra los ojos del timonel. Esquivos. Ensuciándose. Tienen cerca el cadáver de O’Brian. A Hands le sangra una puñalada en el muslo. Se la ha cubierto el adolescente convertido en capitán, con un pañuelo de seda de su madre. Esas páginas de La isla del tesoro se sellan con esta confesión que escribirá Jim: «Nunca he sabido si quise disparar o no, pero apreté los dos gatillos». Experiencia similar la sugiere el libro francés más editado y traducido de todos los tiempos: Le Petit Prince de Saint-Exupéry, que en realidad empieza —como un amigo mío apunta— en el segundo capítulo, más allá del dibujo de la boa que ha engullido a un elefante: «Viví así, solo, sin nadie con quien hablar verdaderamente». La prensa resumió pronto las bondades y posibilidades de esa carta de Francisco. Luis Daniel González sugirió inteligentes ejemplos de «los hilos del tiempo y los nudos que se atan y desatan en el interior de las personas, el que apreciamos cuando aprendemos a mirar las cosas con otros ojos y más atención». Es el quicio para mover la puerta y entrar. Francisco no se limita a enumerar las consabidas ventajas de haber leído, que certifica todo neurólogo. Ejercita el cerebro. Aumenta la concentración. Suele aminorar el estrés. El papa busca que los cristianos piensen en los demás, que los descubran. Convertir la lectura de grandes obras «en vigilante escucha y espera de Aquel que viene para “hacer nuevas todas las cosas”». Vivir con esos grandes libros que nunca cicatrizan.

el papa y una clase sobre la batalla de austerlitz Envié este folio y medio cuando Francisco estaba hospitalizado. Ahora quito algunos párrafos y dejo sitio para otras consideraciones. Porque intuyo que al papa le hubiera encantado Señales, de Tim Gautreaux, el libro que estoy leyendo estos días. En uno de los doce cuentos, el que da título a la obra, hay una escena en que un letón profe de Historia emigrado a Estados Unidos prepara una clase sobre la batalla de Austerlitz. Considera el horror de las nueve mil bajas francesas, «como si aquellos soldados estuvieran esparcidos por su calle y su jardín» en una localidad perdida en el sur de Luisiana. Los ve. Le duelen. Nota dentro la compasión. Pero además una viuda madura y animosa, Janice, le enseña a él, Talis Kimita, a fijarse también «en los otros cincuenta y ocho mil soldados de aquel ejército que habían resultado ilesos y habían vuelto a Francia, donde los habían tratado como a héroes el resto de sus vidas». Un caso de encontrar destellos de esperanza entre los trozos rotos de la historia. No la repite: aprende del tiempo.

Nt

mayo 2025 Nuestro Tiempo —87


Libros

Costumbres argentinas

Endecasílabos para un Dios sufriente

Memorias rumanas

Querer entender

Un sueño made in Argentina

Dios a media voz y Caras y cruces

Los inocentes

Despejado

Daniel Cotta · CTEA, 2025 78 páginas · 9,90 euros

Ioana Pârvulescu Armaenia, 2024 462 páginas · 24 euros

Carys Davies Libros del Asteroide, 2025 208 páginas · 19,95 euros

Pumper Nic fue el primer fast food de Argentina, una empresa pionera que introdujo con éxito la comida rápida en la tierra del asado y el bife de chorizo. La periodista Solange Levinton (Buenos Aires, 1981) cuenta su historia en esta obra galardonada con el Premio de No Ficción Libros del Asteroide. Todo empieza con Ludwing Lowenstein, un carnicero judío que huyó del terror nazi y acabó levantando un imperio en Buenos Aires. Su hijo Alfredo fundó Pumper Nic en 1974, una copia de Burger King, negocio que le había seducido durante sus salidas familiares en Miami. De forma cronológica y ágil, Levinton relata esta epopeya empresarial, marcada por decisiones arriesgadas para la época. Seguir los pasos de este negocio, que llegó a facturar cifras estratosféricas y atender a más de 600.000 clientes mensuales, permite recorrer la convulsa historia de la Argentina en las últimas décadas del siglo xx.

A Daniel Cotta le brotan las imágenes como un día lo hicieron las lágrimas, como un día brotó la sangre en lo alto de la cruz «de un grifo mal cerrado en el Calvario» que en este poemario sigue chorreando. La sangre, la cruz y la espina, símbolos de una carga pesada que, compartida, se hace ligera, quedan presentes en las treinta y seis entregas de «Dios a media voz». Cotta lamenta un dolor que, en las últimas estrofas, florece como una rosa: «Mi herida ya no duele, me acaricia». Este sursum corda se torna musical en «Caras y cruces», donde presenta doce sonetos como flechas dirigidas a un Señor asaeteado por la media sonrisa del que reza. Este Dios de Cotta, que se deja vislumbrar «a media voz» y, a veces, se pronuncia «a voz en grito», encuentra sus últimas indicaciones en el epílogo. El poeta termina por reconocer la tarea que piensa que a todos nos aguarda: «Dios compone, el hombre canta».

Este libro no tiene prólogo, sino una advertencia. Avisa a un público digital de que está a punto de situarse en la Rumanía de mediados del siglo xx. Ioana Pârvulescu, editora, traductora y profesora rumana, plasma en este medio millar de páginas los recuerdos de la antigua calle San Juan, donde la infancia de la pequeña Ana se entrelaza con la historia del país: la guerra, la dictadura comunista de Ceaușescu, el olvido. La narración oscila entre la voz de la mujer adulta y la de la niña que fue. Ella nos descubre las penas y glorias de tres generaciones que conviven en el corazón de la transilvana Braşov. La obra es sin duda un regreso, es el desvelo de una infancia tan única y nueva como cualquier otra. «Tal vez haya escrito todo esto para poder regresar por un tiempo a mi antigua casa». La prosa es ágil, elegante y con una clara intención poética. Pârvulescu demuestra su habilidad a la hora de manejar los personajes infantiles.

Ivar vive en una isla de las Orcadas desde que nació y vuelca su soledad en los oídos de su yegua mientras trabaja la tierra de sus antepasados. John Ferguson, ministro de la nueva Iglesia Libre, llega para desahuciarlo —uno más de los desalojos escoceses del siglo xix—, pero sufre un accidente. Ivar lo rescata y lo cuida. Ferguson despierta a un nuevo mundo que no sabe nombrar. Pero la necesidad de compartir la alegría de saberse vistos los empuja a crear su lenguaje propio. Palabras que hablan de mar, tierra, niebla… y también de culpa, gratitud, conexión. Mary, la esposa de Ferguson, espera noticias hasta que también se ve empujada a otro mundo. Davies dirige esta trama con ritmo e intriga y con prosa precisa y poética. La traducción de Gabriel Insausti conserva el lirismo y la aspereza del paisaje. Un glosario, inspirado en un diccionario nórnico, cierra esta historia que nos hace querer entender.

Leire Escalada

Pablo Mariñoso de Juana

Juan G. Tizón

Beatriz Gómez Baceiredo

Solange Levinton Libros del Asteroide, 2025 216 páginas · 19,95 euros

88—Nuestro Tiempo mayo 2025


Rotar sobre el milagro

Una pregunta perenne

Aquí no pasa nada Duelo, amor, memoria

Orbital

El bien es universal

Oposición

Lo que permanece

Samantha Harvey Anagrama, 2025 200 páginas · 18,90 euros

David Cerdá Rialp, 2025 114 páginas · 11,95 euros

Sara Mesa Anagrama, 2025 232 páginas · 18,90 euros

Margarita Leoz Seix Barral, 2025 176 páginas · 17,75 euros

Samantha Harvey ha escrito una novela singular, incluso una antinovela. No tiene principio, nudo y desenlace; parece suspendida en el presente. Los personajes de Orbital, un puñado de astronautas que cumplen una misión en la órbita terrestre baja, no evolucionan; tan sólo piensan, recuerdan, sienten: extrañeza ante la ingravidez de la nave, conmoción ante la inmensidad del cosmos y la milagrosa pequeñez de la tierra, nostalgia de una realidad herida y, sin embargo, hermosa. La obra de Harvey es inclasificable. Se desliza entre el drama y la lírica. Quizá su mayor logro, poético y filosófico, consista en ubicar al lector ante la gratuidad misteriosa de la existencia. ¿Por qué el ser y no la nada? ¿Resulta la realidad de un azar ciego o, en cambio, de la acción fecunda de un sentido? Orbital es, antes que cualquier otra cosa, una conminación urgente, imperiosa, a la gratitud y al asombro en plena época del tedio.

A la pregunta acerca del bien hay respuestas más o menos coherentes, profundas y… verdaderas. Con este ensayo, David Cerdá presenta su entusiasmada defensa del carácter universal y objetivo del bien. Apoyándose en distintas ramas del árbol del saber —biología, psicología, filosofía—, Cerdá se afana en desenmascarar las contradicciones de las posturas emotivistas y subjetivistas. Abundan. Presenta posiciones novedosas, impregnadas de la seguridad de un pensamiento que se sabe propio. No se ampara en los clásicos. Afirma que para fundamentar la universalidad del bien no es necesario postular un telos, «al menos en sentido metafísico». Más de un aristotélico levantará una ceja. ¿Dónde puede estar el fin universal del hombre si no es en su propia naturaleza? El lector tiene ante sí un ensayo para reflexionar sobre su propia visión del bien y descubrir la universalidad de una bondad que se revela en lo concreto.

Sara Mesa ha urdido Oposición, una comedia inteligente protagonizada por una chica que pronuncia mal la erre (su nombre suena Sada), que entra de interina en la Administración sin ninguna función concreta. Después de mucho no hacer nada le encargan una Oficina de Mediación y Protección Administrativa: un buzón de quejas que nadie utiliza. Y pasa el rato preparando una oposición e inventando reclamaciones en la aplicación Rplic@. La novela se mofa del lenguaje administrativo, lo cual refresca, cercados, como estamos, por insustanciales autoficciones intimistas. Tiene un sorprendente pulso narrativo y una rica construcción simbólica que no subestima al lector. Mesa, finalista del Herralde con Cuatro por cuatro en 2012, autora de Un amor, continúa en este libro su camino como una de las herederas de Rafael Chirbes. Es con seguridad una de las autoras en castellano con mayor proyección.

A través del duelo de una hija por su padre, Margarita Leoz evoca en Lo que permanece cómo el amor, incluso sin destinatario, deja huella. Con retazos que entrelazan pasado y presente, el tiempo se convierte en una superficie donde irrumpen recuerdos, gestos y objetos que cobran nuevos sentidos: un cenicero con Ducados, la Pasión según San Mateo, una misa por su padre con su hija. La autora vive casi a la vez el nacimiento de sus gemelos y la muerte repentina de su padre. Ese cruce de ritmos da paso a una contemplación serena sobre el amor filial, la fragilidad de la vida y la estela del ser querido. Leoz escribe con delicadeza, dejando que el lenguaje revele lo esencial sin caer en el sentimentalismo. Su novela, íntima y catártica, invita a habitar el duelo con honestidad, y su contención permite que su dolor se vuelva reconocible, compartido. Universal. Es el amor el que transforma el dolor y riega el mundo de rosas nuevas.

Julio Llorente

Víctor Maspons

Teo Peñarroja

Rocío Montuenga mayo 2025 Nuestro Tiempo —89


Libros Novedades EUNSA

Un libro eucatastrófico

La pluma de un testigo

¿Qué tiene que ver Barbie conmigo?

Educar sin miedo

El arte de no llegar a todo Lucía Martínez Alcalde · 2025 156 páginas · 11,90 euros

Como una pluma blanca Jaime Fuentes · 2025 225 páginas · 16,90 euros

Barbie eres tú Gema Pérez Herrera · 2025 85 páginas · 9,90 euros

Padres valientes Marina Guzmán Mijares · 2025 128 páginas · 14,90 euros

Lucía Martínez Alcalde no ha escrito un librito de autoayuda. Lo suyo es un ensayo de antropología práctica que comprende el dolor sin rendirse a él y que rebosa una alegría valiente. Tres ideas lo articulan. Primero, el amor como fuerza creativa y ordenatriz, hacer en cada momento lo que permite amar más y mejor. Segundo: la diferencia entre brillar y arder; un canto a esa gente que se consume amando, que ardiendo incendia. Por último, la danza como metáfora de la tensión entre aprovechar el tiempo y vivirlo. Con un tono conversacional, el libro trata de las redes sociales, la agenda, las expectativas… y también la virtud, el sentido y la amistad. Para hablar del caos y de cómo abrazarlo, la autora cita un neologismo de Tolkien: eucatástrofe, un giro repentino y favorable cuando todo parece perdido. El arte de no llegar a todo es, definitivamente, una eucatástrofe.

Hay historias que solo cobran sentido al contarse. La de Jaime Fuentes, obispo emérito de Minas (Uruguay), es una de ellas. En Como una pluma blanca relata una vocación que lo llevó de Montevideo a Pamplona, de las aulas de Periodismo a una vida sacerdotal. El título alude a la pluma de Forrest Gump, metáfora de su trayectoria: un viaje impulsado por decisiones que, con el tiempo, revelan un propósito. A los 19 años dejó su país para estudiar en Navarra. Allí conoció a san Josemaría Escrivá y comenzó un camino que le llevaría al sacerdocio y al episcopado. No es un libro nostálgico, sino un testimonio narrado con el pulso de un periodista. Como señala Alfonso Sánchez-Tabernero en el prólogo, Fuentes nunca dejó de serlo: busca «la espiga de grano entre la hierba» y la presenta sin artificios. Un testimonio contado desde dentro, con la mirada de quien lo ha vivido y la capacidad de contarlo bien.

¿Qué tiene que ver Barbie contigo? Mucho, responde Gema Pérez Herrera en Barbie eres tú. En un mundo de identidades líquidas y crisis existencial, esta figura de plástico nos interroga: ¿quién soy realmente? Con la película de Greta Gerwig como punto de partida, este ensayo cruza cine, historia cultural y vida, y nos muestra las costuras que unen la cultura pop con las preguntas que atraviesan a una generación: ¿Por qué nos sentimos perdidos si lo tenemos todo? ¿Qué significa ser mujer, hombre, persona? El libro se divide en tres movimientos: una lectura profunda del film, una genealogía de la crisis contemporánea desde el neomarxismo, y una propuesta: el feminismo vital, en el que no hay revancha, sino deseo de verdad. No se trata de ganar una batalla cultural, sino de reconstruir lo humano desde dentro. Un libro para quienes ya intuyen que no basta con ser libres: hace falta saber para qué.

Al tener un hijo nace un miedo que empieza antes de su llegada. Esperas que al tenerlo en brazos desaparezca, pero descubres que no hay manual de crianza. Las rabietas dan paso a unas primeras lecciones en las que ya intuyes que tu misión es hacerte prescindible. Y eso también da vértigo. Marina Guzmán refleja en este libro que los temores (a no estar a la altura, a ser demasiado estrictos o demasiado poco…) pueden ser impulso. Como respuesta a esos miedos, Guzmán compila la mejor sabiduría (de la mano de expertos como Tomás Melendo, Fernando Alberca o María Jesús Álava), de modo claro y práctico. Con ideas que son faro para navegar por las, a veces, aguas turbulentas de la crianza. No se trata de moldear al hijo según el propio gusto, sino de ayudar a que su personalidad única florezca. Y hacerlo con intención, corazón y cabeza, de manera serena y en paz, conjugando firmeza y cariño.

Teo Peñarroja

Ana Gil de Pareja

Lourdes Esqueda Verano

Lucía Martínez Alcalde

90—Nuestro Tiempo mayo 2025


Clásicos: otra mirada

El puente de San Luis Rey Thornton Wilder Edhasa, Barcelona, 2023 144 páginas · 15 euros

¿A qué se parecen los puentes?

diego fermín

Libros

«El viernes 20 de julio de 1714, a mediodía, se rompió el puente más bonito de todo Perú y arrojó al abismo a cinco viajeros. El puente estaba en el camino real entre Lima y Cuzco, y cientos de personas pasaban a diario sobre él». Este acontecimiento ficticio inicia la novela de 1927 El puente de San Luis Rey, la segunda del arqueólogo y dramaturgo Thornton Wilder (1897-1975), estadounidense. La historia que entreteje esas cinco vidas en el virreinato de Lima con el lazo de haber muerto en el accidente fue un éxito de ventas en vísperas de la Gran Depresión. Aunque contrariaba la corriente de la época, el modernismo norteamericano de Hemingway o F. Scott Fitzgerald. El derrumbe del puente de lianas incas plantea una de nuestras capitales interrogaciones: ¿la propia biografía —y la mismísima muerte— está determinada por el destino o más bien por el azar? ¿Existe una predeterminación que pueda explicarse retrospectivamente o, en cambio, vivimos y terminamos según los dados casuales de los días? Y apretando contra el corazón la pregunta, podría quedar así: ¿existe un Dios que decide

nuestro camino en la vida o, por el contrario, el curso de nuestra existencia se desarrolla independientemente de una voluntad superior? Un testigo fortuito de la desgracia se las formula. Es fray Junípero, un franciscano que dedica seis años a rehacer, con entrevistas y cálculos, en un libro esas cinco existencias y demostrar que todo se debe a la intervención divina, y no a la casualidad. De poco sirve su libro. No ha entendido qué había debajo. Ni arriba. El lector sí entrevé las vidas de la peculiar marquesa de Montemayor y su jovencita sirvienta Pepita; de Esteban, veinteañero que acaba de perder a su gemelo; del fascinante Tío Pío, ayuda de cámara y cien empleos más de la actriz Camila «Perichole», y del hijo de ella, un niño aún. Seres que aman sin recibir a cambio mucha felicidad. Como en todas las grandes novelas, tengan las páginas que tengan, el final llama a una apoteosis. Para muchos, el último párrafo, sin asegurar nada, da una explicación de para qué sirven los puentes, permanezcan o se desmoronen, y cuál «la única supervivencia, el único sentido». Gabriel Unzu Olaz

mayo 2025 Nuestro Tiempo —91


Cine

NÚMEROS

100% 54 es el arancel que Trump quiere imponer a las películas producidas fuera de Estados Unidos.

han sido las nominaciones de John Williams a los Óscar. Tiene cinco estatuillas.

John Williams y la banda sonora de nuestra vida

La brillantez en las piezas de Williams surge, primeramente, de una creencia firme en el poder evocador de la música.

Disney+ ha estrenado una joya: un documental sobre John Williams, el compositor de las inolvidables partituras de Indiana Jones, Star Wars o E.T. Un hombre íntegro y humilde. texto y críticas

Ana Sánchez de la Nieta 92—Nuestro Tiempo mayo 2025

Si no lo han visto todavía, tecleen en YouTube «Tributo AFI a John Williams». El compositor recibió el Life Achievement Award que otorga el American Film Institute. En este homenaje se percibe la enorme humanidad de Williams y la gran cantidad de amigos que tiene. El documental, estrenado a finales de 2024 en Disney+, es un recorrido fascinante por la vida y la obra de un compositor con cinco Óscar y más de cincuenta nominaciones. Un músico que, como

describe el reportaje, llegó a la industria cuando las películas se habían llenado de canciones melódicas y pasajes sonoros enlatados. Williams es uno de los responsables de que la música sinfónica y la orquesta volvieran a brillar en el cine. Uno de los protagonistas del documental es Steven Spielberg. Williams y él trabajaron juntos en más de veinticinco películas. Todo empezó con Loca evasión pero resultaron más definitivas las tres notas con las que Williams consiguió ate-


Harrison Ford

Timothée Chalamet

Miriam Garlo

Angelina Jolie

rrorizar a medio mundo. Es muy elocuente la narración de cuando el compositor presenta a Spielberg el núcleo de lo que luego sería la banda sonora de Tiburón. Entre bromas, cuentan los dos cómo de esas tres notas se pasó a las cinco de la banda sonora de Encuentros en la tercera fase. Otro hito lo marcó ET, el extraterrestre. Chris Martin, líder de Coldplay, explica por qué le pidieron a Spielberg poder utilizar el tema principal de ET para arrancar sus conciertos: «Desprende energía y realmente sientes que vas a echar a volar». Indiana Jones, Jurassic Park, Múnich, Salvar al soldado Ryan… A medida que va entrando la música en el documental, el espectador es consciente del imponente tándem creativo de estos dos artistas. Sin embargo, uno de los momentos más emotivos es cuando Williams confiesa que, al ver La lista de Schindler —y absolutamente conmovido por la historia—, le dijo a Spielberg que la película era soberbia y que necesitaba un compositor mejor que él. Steven Spielberg le contestó que sí, que lo sabía… pero que estaban todos muertos. Un suceso personal protagoniza algunos de los minutos más emocionantes. La primera mujer de Williams, la actriz Barbara Ruick, falleció de manera repentina a los 41 años. Formaban una pareja muy unida y, como consecuencia de su muerte, el compositor se quedó al cargo de tres hijos adolescentes. Williams y su hija señalan que fue un momento durísimo para toda la familia, pero recuerdan también cómo, de la pena, del dolor, salieron las notas más atinadas de Williams, sus partituras de mayor riqueza creativa. Si la relación con Spielberg recorre toda su carrera profesional, la colaboración

Steven Spielberg

con George Lucas en Star Wars le hizo pasar a la historia del cine. La apertura de esta saga icónica es quizá la apoteosis del séptimo arte y una de las sinfonías más completas de la música del siglo xx. Precisamente, a raíz de la manera de trabajar de Williams, se abordan las dificultades que el creador encontró entre sus compañeros: músicos, compositores y directores de orquesta. Para algunos de ellos, el cine era un género menor, un divertimento que podría llegar a significar un desprestigio. Williams no lo entendía así. Y el tiempo ha terminado dándole la razón. Hoy es difícil comprender la historia de la música clásica sin tener en cuenta el papel de las grandes bandas sonoras. Pero es que para el creativo Williams, para el artesano Williams, para el hombre que creía con firmeza en el poder evocador de la música para construir historias, el mismo empeño requería musicalizar Star Wars, una obra maestra del género de ciencia ficción, que Harry Potter o Solo en casa. Es lo que tienen los artistas que son humildes: no buscan reafirmar su ego, sino trabajar para los demás, para la película, los directores, el equipo y, al final, para los espectadores. Y por eso a Williams le deben mucho Spielberg, Lucas, Columbus, Alfonso Cuarón y Oliver Stone. Le deben también mucho Harrison Ford o Tom Hanks, pues sin su música quizás no hubieran brillado tanto sus personajes. Le deben el resto de los compositores de bandas sonoras, pues colocó la música en un lugar determinante en el cine. Pero le debemos, sobre todo, los espectadores. Todos aquellos que, gracias a sus acordes, nos hemos emocionado con la fanfarria de Indiana Jones, el arranque de Star Wars o la huida de E.T. y Elliot.

TELEGRAMAS

primer óscar para brasil Aún estoy aquí hizo historia el 3 de marzo al convertirse en la primera película brasileña en ganar un Óscar, llevándose la estatuilla a mejor película internacional. La cinta de Walter Salles, que cuenta una historia conmovedora ambientada durante la dictadura militar en Brasil, fue aclamada por la crítica. doble honor en cannes Estaba anunciado que Robert de Niro recibiría la Palma de Oro de Honor en el festival de Cannes este año. Lo que supuso una sorpresa fue que Denzel Washington también recibió el mismo galardón honorífico. No es la primera vez que se otorga este premio sin avisar. Ya pasó con Tom Cruise en 2022 y con Harrison Ford en 2023. lilo y stitch se pasan a la acción real Lilo y Stitch, estrenada el 23 de mayo, se suma al amplio catálogo de clásicos de Disney pasados por el liveaction. Ambientada en Hawai y protagonizada por Maia Kealoha, Sydney Agudong y Zach Galifianakis, la cinta pretende capturar la magia de la original estrenada hace 23 años.

Nt

mayo 2025 Nuestro Tiempo —93


Cine

El peso de la ausencia

En la piel y en la guitarra de Dylan

El ocaso de una diva

No digas nada...

Aún estoy aquí Dirección: Walter Salles Guion: Murilo Hauser, Heitor Lorega Brasil, 2024 Un emotivísimo drama.

A Complete Unknown Dirección: James Mangold Guion: Jay Cocks, James Mangold Estados Unidos, 2024 Para amantes de la música.

María Callas Dirección: Pablo Larraín Guion: Steven Knight Estados Unidos, 2024 Para los amantes de los biopics.

La semilla de la higuera sagrada Dirección y guion: Mohammad Rasoulof Alemania, 2024 Para los amantes del thriller político.

El cineasta brasileño Walter Salles (Estación Central de Brasil, Diarios de motocicleta) llevaba doce años sin rodar ficción y ha vuelto por la puerta grande. Aún estoy aquí, que se hizo con el Óscar a la mejor película internacional, se basa en la historia real de Rubens Paiva, congresista y opositor al régimen militar brasileño que desapareció tras ser detenido en 1971. Alrededor de su ausencia se construye la historia de la familia. Su mujer, magníficamente interpretada por Fernanda Torres, se desvive para compaginar la búsqueda de su marido con el cuidado de sus hijos. Que la ausencia no deje de pesar, pero que no aplaste. Estamos ante una emotivísima película, muy humana, que deja de lado la ideología para centrarse en la importancia del padre, de los lazos familiares, de mantener la esperanza. La fotografía, la banda sonora y el tempo confluyen en una cinta que tiene algo de catártica. No es una de esas películas que se ven y se olvidan.

James Mangold ya había demostrado su buena mano con el biopic musical con En la cuerda floja, basada en la figura de Jonhy Cash. Lo confirma ahora con este notable retrato de Bob Dylan. Esta vez, Mangold se centra en el inicio de la carrera artística del cantante y en su relación profesional y sentimental con Joan Báez. Hay algunos elementos que funcionan de maravilla. En primer lugar, la interpretación de Timothée Chalamet, la magnífica réplica de Monica Barbaro y la composición de personaje de Edward Norton en la piel del mentor de Dylan, Pete Seeger. En segundo lugar, un guion ajustado que trabaja más el conflicto y los personajes que los acontecimientos históricos (aunque los hay). Y, por último, aunque en realidad es la clave, Mangold tiene la sabiduría de dejar que la música sea la protagonista. La pieza fundamental para que la historia funcione y uno salga del cine entendiendo un poco más a un artista tan inclasificable como Dylan.

El chileno Pablo Larraín ha rodado una trilogía sobre mujeres emblemáticas del siglo xx. Primero fue Jackie (por Jackie Kennedy), después Spencer (por Lady Di) y ahora le toca el turno a María Callas. Como en el resto de los biopics, la intención de Larraín no es tanto contar la historia de estas mujeres sino construir el personaje a partir de un momento vital concreto. En el caso de María Callas, Larraín se centra en el ocaso de la diva, el momento en el que su voz —la herramienta de su éxito— empieza a perder brillo. Callas se pasea por París acompañada de un equipo de televisión que la sigue a todas partes. Este recurso le sirve al cineasta chileno para usar una fotografía onírica y un estilo pausado y algo experimental en la narración. La interpretación de Angelina Jolie es sobresaliente. Sobre sus hombros cae casi todo el peso de la película. No es cine quizás de mayorías, pero es cine de muchos quilates.

En Irán, un concienzudo hombre de letras ha conseguido, por fin, el puesto que ansiaba en el Gobierno. El problema es que, ahora, su familia deberá ser especialmente cuidadosa con sus acciones y opiniones. Y tanto su mujer como, sobre todo, sus hijas adolescentes son muy críticas con la política extremista del régimen. Mohammad Rasoulof, uno de los cineastas iraníes más conocidos por la calidad de su cine y su oposición al régimen, dirige una película sobresaliente que, a pesar de su metraje —168 minutos—, se sigue con absoluto interés. El guion mezcla con acierto ingredientes del cine de acción con el thriller psicológico y el cine social y político. La cinta brilla también por sus interpretaciones, naturales y convincentes. Es una firme candidata al Óscar: probablemente la cinta más valiosa de una categoría, la de mejor película internacional, que, un año más, despunta casi más que la categoría principal.

94—Nuestro Tiempo mayo 2025


Cuando el dolor cura

Romeo y Julieta revisited

La fuerza del cariño

Shakespeare in prison

A Real Pain Dirección y guion: Jesse Eisenberg Estados Unidos, 2024 Un magnífico libreto... y unas brillantes interpretaciones

Ghostlight Dirección: Alex Thompson y Kelly O’ Sullivan · Guion: Kelly O’ Sullivan Estados Unidos, 2024 Dura, emotiva y luminosa.

Sorda Dirección y guion: Eva Libertad España, 2025 Sobresaliente ópera prima.

Las vidas de Sing Sing Dirección: Greg Kwedar Guion: Clint Bentley, Greg Kwedar Estados Unidos, 2023 Para los amantes de los dramas.

Dos primos, muy alejados por el paso del tiempo, se disponen a cumplir la última voluntad de su difunta abuela: viajar juntos a Polonia para conocer el pasado de su familia, que pasa por recordar el sufrimiento en un campo de concentración. A Real Pain es una valiosa película capaz de equilibrar el drama histórico con un agridulce conflicto familiar y una cierta crítica a la explotación del dolor alrededor del Holocausto. Jesse Eisenberg, que escribe, dirige y protagoniza la película construye la historia a partir de unos personajes complejos, matizados y con un cuidado arco de transformación. Este trabajo de guion se acompaña de unas sobresalientes interpretaciones de Eisenberg y del hermano de Macaulay Culkin, Kieran Culkin, que obtuvo el Óscar a mejor actor de reparto. Una película profunda y amena. Que emociona y lleva al espectador a hacerse preguntas.

Dan es un obrero de la construcción y un hombre roto por una desgracia que amenaza, además, el equilibrio de su familia. De manera casual, Dan conocerá un grupo amateur que ensaya Romeo y Julieta. La famosa tragedia de Shakespeare le ofrecerá, sin buscarlo, una puerta de salida, algo muy parecido a una redención. Como ocurre en Las vidas de Sing Sing, el teatro aparece aquí como un lugar desde donde se puede recomenzar. La película logra el difícil equilibrio de presentar un tema durísimo y hacerlo con una perspectiva luminosa y esperanzada. El film reinterpreta a Shakespeare con ironía y ternura, y confirma que el arte no salva de la muerte, pero ayuda a curar una herida. Keith Kupferer, que se ha curtido en los escenarios de Chicago, encarna a Dan con una contención conmovedora. Su mujer y su hija —en la película y en la vida real— le acompañan con unas interpretaciones que son definitivamente brillantes.

Ángela es sorda. Héctor, oyente. Esperan a su primera hija, y con ella llegan los miedos: ¿cómo será criarla entre esos dos mundos? Sorda, ópera prima de Eva Libertad, pone imágenes, palabras y elocuentes silencios a una realidad que viven millones de personas. Las preguntas que lanza son universales: ¿sabemos escuchar? ¿Sabemos mirar? ¿Somos capaces de ceder? ¿De amar la diferencia? Con un guion inteligente y emotivo, nacido del diálogo entre la directora y su hermana —la magnífica protagonista Miriam Garlo—, la película evita el subrayado y acierta en lo esencial. No hay estridencias. Hay verdad. Los protagonista, Garlo y Álvaro Cervantes, están inmensos. Sus personajes recorren una historia íntima e intensa. Una catarsis para el espectador que comprende la importancia que tiene la palabra. Y, por encima de ella, una comunicación hecha de miradas, de gestos, de caricias, de lágrimas, y también de silencios.

En el año 1996, en la cárcel de Sing Sing (Nueva York) un grupo de voluntarios pusieron en marcha un proyecto de rehabilitación de presos a través del arte. El proyecto consistía en una compañía de teatro que convertiría a los prisioneros en personajes de Shakespeare. Greg Kwedar ha sido el encargado de mostrar este programa en pantalla grande. Kwedar se mueve en un territorio mixto, entre la ficción y el documental. Cuenta como intérpretes con algunos de los presos que participaron en su día en la compañía, y la construcción de la trama y de los personajes bebe de la realidad de la cárcel y de los efectos que consigue el arte en sus vidas. La película, aunque no llega al nivel emotivo de algunos dramas carcelarios de ficción, conmueve por su realismo y por su visión optimista y esperanzada del ser humano.

mayo 2025 Nuestro Tiempo —95


Series

NÚMEROS

13%

de los españoles ha contratado cuatro o más plataformas de streaming.

154

series y películas se rodaron en Canarias en 2024.

La serialidad retroactiva

Como certifica Dexter: Pecado original, cualquier tiempo pasado siempre... da para otra precuela.

¿Es buena idea que cada vez más ficciones resuciten relatos ya clausurados? texto Alberto N. García

[Com 00 PhD 05], profesor titular de Comunicación Audiovisual y crítico cultural

96—Nuestro Tiempo mayo 2025

Desde que el mundo es mundo —es decir, desde que Sherezade dejaba sus cuentos a medias para que no le cortaran la cabeza—, el hombre se ha debatido entre querer llegar al final de una historia y, a la vez, negarse a que concluya. Es esa extraña sensación de leer un libro apasionante o devorar una serie: nos morimos de ganas por saber cómo termina, pero sufrimos con cada minuto que pasa porque tenemos la certeza de que se aproxima el último episodio. Ya los folletines decimonónicos de Dickens —o los seriales radiofónicos que escuchaban nuestras abuelas— jugaban con esa contradictoria pulsión tan humana: «Necesito más, pero no quiero que se acabe».

En la edad dorada de la teleficción que se generalizó con Los Soprano, El ala oeste o The Shield la forma serial se erigió en espacio idóneo para estirar esa tensión y manejarla con un virtuosismo inaudito. Un día estás enganchado a la fórmula autoconclusiva de Poker Face —donde en 43 minutos te abren y cierran un caso— y, al siguiente, te ves atrapado por la telaraña de tramas de The Bear o La casa del dragón, que te piden inversiones a largo plazo, como si fuera un plan de pensiones narrativo. Estas últimas son ejemplos señeros de causalidad serial: cada capítulo deja preguntas para el siguiente, y el público se aferra a esa incertidumbre para disfrutar del clavo ardiendo.


Daredevil

Frasier

Los anillos del poder

El príncipe de Bel-Air Twin Peaks: The Return

A estas alturas del partido digital esto de diferir las respuestas narrativas a un enigma episódico o aplazar la clausura del arco dramático global no implica ningún descubrimiento. Quizá lo reseñable de nuestro momento televisivo —cautivo de la hiperactividad streamer— es lo que podríamos denominar serialidad retroactiva: una suerte de resurrección catódica en la que series o películas que parecían cerradas, con su «Fin» bien abrochadito, emergen de nuevo, y abonan todo un léxico de derivaciones diegéticas: secuelas, precuelas, reboots, reimaginaciones o spinoffs. Los textos se reactivan, cada vez más, en nuevos contextos históricos, de modo que lo que estaba bien enterrado vuelve a la vida… como un zombi narrativo, pero con un maquillaje renovado y la promesa de más capítulos. Tomemos Dexter. Comenzó en 2006 como una serie estéticamente fresca, tonalmente rompedora y moralmente arriesgada… para languidecer en sus últimas temporadas. Cuando todo quisqui la daba por olvidada, ¡zas!, en 2021 aparece Dexter: New Blood, con el adorable asesino en serie pululando por Nueva York; la secuela fue un bluf. Y, sin embargo, sigue cabalgando. En enero de 2025 se estrenaba Dexter: pecado original, centrada en cuando el protagonista deja de ser estudiante para abrazar a su «oscuro pasajero». Abundan ejemplos similares que reabren relatos ya cerrados, ampliándolos con historias previas, posteriores o paralelas. Elijan franquicia o ecosistema narrativo: Dune: la profecía sigue a las Harkonnen diez mil años antes de la novela de Herbert. El príncipe de Bel-Air ha sufrido (ese es el verbo exacto) un remake dramático que produciría cringe en los ahora cuarentones que se tronchaban

con los trajes horteras, las gorras ladeadas y los bailoteos de Will Smith. Suma y sigue: Los anillos de poder y la reinvención de la Tierra Media, aquel Kenobi que se cargaba la majestuosidad del personaje galáctico, la a ratos estimable Cobra Kai convirtiendo a Larusso y Lorenz en amiguetes, la audacia histórica y transmedia de la sabrosa Watchmen, o los regresos, décadas después, de clásicos como Roseanne, Frasier o Twin Peaks: The Return. En esta última, el ya añorado David Lynch decidió volver a ese pueblecito lleno de cortinas rojas y café humeante para levantar un crisol de postales y delirios que revivía —al mismo tiempo que actualizaba— el imaginario del original de los noventa. Fue un atrevimiento que demostró que la serialidad retroactiva puede funcionar, por igual, como reencuentro nostálgico y como revulsivo creativo. Una de esas excepciones que confirman la regla, vamos. En esta condición perpetua de la narrativa, las fronteras del relato se vuelven suaves como un mullido cojín donde todo «The End» no es más que un potencial «To Be Continued». Parece que los productores nos consideran espectadores que odiamos despedirnos de nuestros personajes predilectos y nos encanta verlos rejuvenecidos en un bucle infinito. Pero, ojo, porque también hay cada vez más fans que recelan de que tanto manoseo acabe marchitando la flor. Mientras las plataformas necesiten combustible para su caldera de estrenos y la audiencia ande hambrienta de reencuentros, la serialidad retroactiva tiene cuerda para rato. ¿Queremos más episodios o ansiamos de veras un punto final? Esa parece ser la nueva gran cuestión serial. Nt

APUNTES

harry potter a la tele Hablando de resurrecciones y apuestas sobre seguro. Aunque ya hubo una ristra de exitosas películas, HBO Max está produciendo, junto con J. K. Rowling, una serie de televisión que profundizará en las historias de Hogwarts. Vuelan los rumores aún, pero la primera temporada se prevé para 2026. Hechizante. disney y marvel más allá Otra costilla de Adán. El mejor producto televisivo de Marvel para Disney+ fue la miniserie WandaVision (2021). Ahora, tras años en los que ni el gigante de los cómics ni la compañía del ratoncito han pasado por su mejor momento, llega Vision Quest, una continuación de las aventuras del androide creado inicialmente por Ultron. Heroico. ‘daredevil’ vuelve al yo Otro más que regresa tras la cancelación. De 2015 a 2018 Charlie Cox y Vincent D’Onofrio se las vieron en la a ratos espectacular Daredevil, entonces por Netflix. Ahora, la nueva alianza empresarial ha hecho que este 2025 signifique su retorno al streaming. Todo parece igual, salvo el título: Daredevil: Born Again. Enérgica. mayo 2025 Nuestro Tiempo —97


Música

RARA AVIS Cuatro discos de estudio más uno en directo son las credenciales de una dupla de hermanos que, con 27 y 26 años, cuenta ya con una discografía tan extensa como consistente. Resulta difícil encontrar homólogos con la misma juventud y éxito global en el mundo de la música hoy en día.

Artesanos de un pop atemporal

© Martin Schumann / Wikipedia

The Lemon Twigs, la formación capitaneada por los hermanos Brian y Michael D’Addario, se han constituido como los guardianes de un sonido que trasciende modas pasajeras gracias a su capacidad de, desde una personal y renovada perspectiva, canalizar la herencia del pop-rock de los 60 y 70. texto Alberto Bonilla [Com 12]

Desde su debut con Do Hollywood en 2016, la carrera de The Lemon Twigs ha reflejado un profundo amor por la melodía y una particular obsesión por los detalles. El estreno de estos dos adolescentes —Brian tenía 19 años y Michael, 17— lo produjo Jonathan Rado (Foxygen) y ya emanaba una irrefutable referencia a The Beatles, Todd Rundgren y otras leyendas de los años setenta con una frescura impropia de su edad. Con este preámbulo musical fueron rápidamente acogidos por la prensa especializada como las nuevas promesas del viejo rock, 98—Nuestro Tiempo mayo 2025

Brian D’Addario, el mayor de los hermanos, haciendo vibrar las cuerdas de su Fender. resaltando sus armonías vocales y su virtuosismo instrumental. Apenas dos años y medio después, en 2018, The Lemon Twigs se atrevieron a dar un giro teatral que desconcertó a sus seguidores. Tras el EP Brothers of Destruction (2017) lanzaron Go to School, una ópera rock conceptual protagonizada por

Shane, un mono que va al instituto. Conjugando el musical y el pop-rock sinfónico, cortes como If You Give Enough o The Lesson dejaron constancia de su obsesión por los arreglos elaborados y las cuidadas armonías. También su patente magnetismo por la experimentación. Aunque la sorpresa fue notoria al principio, quienes


DISCOGRAFÍA

Do Hollywood 2016

Go To School 2018

se adentraron en el universo de Shane pudieron apreciar el coraje creativo que caracteriza a los hermanos. En Songs for the General Public (2020), regresaron al pop-rock clásico más directo. El tercer capítulo de su trayectoria reveló que, a pesar de la ambición conceptual de su álbum anterior, aún mantenían el aprecio por la inmediatez melódica. Con claras referencias a grupos como Big Star y Queen, títulos como Live in Favor of Tomorrow y Moon animaban a cantar al unísono y a reconectar con el lado más desenfrenado y juguetón de la banda. Este trabajo consolidó, sin lugar a dudas, su reputación a nivel internacional. En 2023, publicaron Everything Harmony, un testamento de fragilidad y belleza en el que dominaban la melancolía y la introspección, y que evocaba con frecuencia a los Everly Brothers o Simon & Garfunkel, pero siempre impregnado de la singularidad de los neoyorquinos D’Addario. Aunque este álbum es menos teatral y carece de un concepto de fondo, su atmósfera cohesionada logra envolver al oyente en una experiencia casi ensoñadora, donde cada canción se integra como parte de un todo. Después de un año de espera, The Lemon Twigs presentaron en mayo de 2024 su último álbum, A Dream Is All We Know, que, según palabras del grupo en una entrevista en Efe Eme, es el contrapunto luminoso de Everything Harmony. Mientras aquel representaba un viaje hacia la fragilidad más íntima, este nuevo proyecto se ha transformado en una celebración de su libertad creativa, que navega entre la psicodelia y el pop orquestal. En este disco, encontramos melodías «más disfrutables e inteligentes», como My Golden Years donde se

The Lemon Twigs Live 2020

Songs for the General Public 2020

percibe esa atmósfera de portal onírico que fusiona una orfebrería melódica con matices de sunshine pop. Además, la incorporación de Danny Ayala (bajo y teclados) y Reza Matin (batería) aporta nuevas dimensiones al sonido de la banda: aunque se mantiene fiel a la visión de los hermanos, se abre a un constante reinventarse. La discografía de The Lemon Twigs es un testimonio de un viaje en continua evolución. Desde el barroquismo de su debut hasta la luminosidad expansiva de A Dream Is All We Know, utilizan la nostalgia como herramienta para revitalizar el pop y el rock. Su maestría melódica, el mimo al detalle y el enfoque cohesionado de sus álbumes los convierten en una excepcional rareza. Si bien no pretenden reinventar la rueda, su homenaje a lo clásico brilla con luz propia y deja espacio para nuevas interpretaciones. Mientras que otras formaciones se desvanecen en la búsqueda de lo efímero, ellos persisten en abrazar el formato del álbum largo. Sus armonías recuerdan a las de los Bee Gees o Simon & Garfunkel, pero sin caer en la mera imitación. Cada paso que da la banda refuerza su compromiso con la melodía como camino para trascender, recordándonos que la buena música tiene el poder de transportarnos y perdurar en el tiempo. Con un futuro lleno de posibilidades, The Lemon Twigs confirman que el pasado puede iluminar el presente si se aborda con creatividad. Y su viaje sonoro demuestra que los clásicos no tienen por qué quedarse enterrados entre el polvo de los viejos vinilos, sino que pueden seguir evolucionando en manos de aquellos que los reinventan con respeto y valentía. Nt

Everything Harmony 2023

A Dream Is All We Know 2024

APUNTES

a contracorriente Fieles a su visión, The Lemon Twigs conciben la música en formato de larga duración. Mientras la industria se rige por el lanzamiento de singles efectivos, los D’Addario abrazan la narrativa completa del álbum: «Queremos ofrecer algo con sustancia, en vez de subir fotos o cualquier cosa que se haga ahora», recalca Brian en Mondo Sonoro. precocidad sin límite Su madre, actriz y psicóloga, y su padre, músico, enseñaron a los D’Addario a cantar, tocar la batería y la guitarra cuando tenían cinco años. Con estos antecedentes, Brian y Michael formaron su primera banda en primaria. un armazón melódico Una de las joyas de su último disco es My Golden Years. Inspirada en The Raspberries, la canción fue mutando en un ejercicio de arquitectura pop tan complejo como cautivador. Lejos de los cánones, la melodía prescinde de estribillos definidos y se articula a partir de dos puentes que sorprenden en su progresión. mayo 2025 Nuestro Tiempo —99


Escena

adrienne rich, poeta estadounidense

«La guerra es lo que sucede cuando fracasa la imaginación»

Las cicatrices de la libertad

Un momento de la representación en los jardines del Museo del Levantamiento de Varsovia. © patmic

La ópera D’ARC, creada por Krystian Lada para el 80.º aniversario del Levantamiento de Varsovia, explora la libertad a través de la historia de tres mujeres de diferentes épocas. texto Felipe Santos @ultimoremolino

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Juana de Arco no está en 1429. No está en Orleans. Cabalga, majestuosa y desafiante, por un parque en Varsovia. Es 2024 y la soprano Gabriela Legun porta consigo esa energía incandescente, ese anhelo de libertad que no puede ser doblegado. La guerra y la resistencia, siempre dos caras de la misma moneda. No importa el nombre de la ciudad o el enemigo. Los relatos de la libertad se parecen mucho entre sí, aunque se repitan en voces distintas.

Tres mujeres y tres momentos. Una heroína medieval que desafía a la brutalidad con un mensaje claro: la fe puede más que cualquier ejército; Joanna, una insurgente polaca, atrapada en la pesadilla de 1944, que no eligió la guerra pero es absorbida por ella; y Joan, una fotógrafa contemporánea en París que hereda las cicatrices de una historia que nunca vivió, pero que está tan presente como si fuera suya.


Krystian Lada es director de ópera, dramaturgo y libretista polaco. Con formación en filología y dirección escénica, ha trabajado en prestigiosos teatros de ópera como La Monnaie en Bruselas y Deutsche Oper Berlin. Fundó The Airport Society, colectivo centrado en obras con impacto social. Sus trabajos abordan temas como el exilio, la identidad y la memoria. D’ARC confirma su apuesta por un teatro contemporáneo, interdisciplinario y comprometido social e históricamente. © daniel sadrowski

La ópera no transcurre dentro de las paredes de un teatro. El público no solo asiste, sino que se adentra en la narración. El Museo del Levantamiento de Varsovia se convierte en la escena, los pasillos, las escaleras, el aire denso de la ciudad. Hay algo visceral en esta producción que no permite observar como mero espectador. A los visitantes, divididos en grupos, los guían los «ángeles de la historia», figuras fantasmagóricas del pasado que representan el eco sordo del silencio de los aliados ante la resistencia polaca. Los auriculares convierten el sonido en algo personal, una experiencia que se ajusta a cada uno mientras camina, tropezándose con la memoria misma. La ópera se despliega en tres capas de tiempo, como si la historia pudiera ser acariciada por un tacto igual al que sienten los personajes. Juana de Arco, en 1429, busca salvar su ciudad con su espada y su fe; en 1944, Joanna lucha por liberar Varsovia y encara la traición de quienes la observan sin intervenir. Enfrente, su nieta, Joan, descubre la historia de su abuela cuando examina fotografías antiguas, fragmentos que la conectan con la memoria de quienes nunca la conocieron. Las tres, distantes en el tiempo y el espacio, son un solo grito y un solo dolor. La libertad no es simplemente un derecho: es un sacrificio. La obra se detiene en esos momentos donde la violencia es tan brutal que cualquier atisbo de belleza parece un agravio. Joanna, en medio de su lucha, no solo se enfrenta a las fuerzas militares. También a su propio deseo de algo más: la belleza, tocar su violonchelo, la necesidad de sentirse hermosa incluso cuando la muerte se cierne sobre ella. Dobrawa Czocher encarna la fragilidad dentro de la resistencia: nadie le pregun-

tó si quería luchar, pero, como tantas otras mujeres, acabó formando parte de la guerra. Su esfuerzo, aunque ausente de los libros de historia, permanece en los cimientos de cada ciudad que resistió. A través de los ojos de la presencia discreta de Joan, la nieta, el espectador se sumerge en la actualidad, pero también en el pasado: escucha la guerra, la devastación, los llantos ahogados. Grochowska logra encapsular esa tensión entre los tiempos, entre la memoria heredada y la lucha que nunca termina. Su monólogo, lleno de contradicciones, refleja el peso de una historia que no se ha acabado de contar. Ella observa las fotos de su abuela, se enfrenta a la ciudad de la muerte, Varsovia, y se pregunta si entre las ruinas, entre las bombas, alguna vez se sintió amor. Como si el amor, aparentemente ajeno a la guerra, pudiera surgir en los rincones más oscuros de la humanidad. El espacio vacío se convierte en parte esencial. La escenografía, tan desnuda como las ruinas de la guerra, pone de relieve las emociones que surgen del corazón de los personajes. Los movimientos de los actores son sencillos pero profundos. Cada gesto está cargado de significado. La fusión entre las composiciones contemporáneas y las piezas históricas nos hace sentir esa continuidad. Los siglos se disuelven en la música. El pasado y el presente son un mismo ciclo de dolor, resistencia y esperanza. La ópera no termina con la caída de un ejército ni con la victoria de una causa. Termina cuando el espectador se enfrenta a la memoria, a las sombras del pasado y a las grietas del presente. D’ARC es una obra sobre el recuerdo y el olvido, de lo que se perdió y lo que queda por reivindicar. La historia no acaba, no puede acabar.

FICHA ARTÍSTICA

un lugar en la academia D’ARC es una ópera interdisciplinar dirigida por Krystian Lada, con libreto de Anka Herbut y Łukasz Barys, música de Dobrawa Czocher, Wojciech Błażejczyk, Teonika Rożynek, Rafał Ryterski y Roman Padlewski (compositor de la resistencia que falleció durante el levantamiento de Varsovia). Fue producida por el Museo del Levantamiento de Varsovia y la Ópera Nacional de Polonia para conmemorar los ochenta años del levantamiento de 1944. Estrenada en verano de 2024 como una experiencia inmersiva en la capital polaca.

Nt

mayo 2025 Nuestro Tiempo —101


Arte

olga de amaral «the house of my imagination» (2003)

«Este pequeño proceso íntimo sigue sorprendiéndome. Debo tomar los hilos y entretejerlos una y otra vez en piezas más grandes, para llegar a una comprensión recóndita. Al construir estas superficies, creo espacios de meditación, contemplación y reflexión» © diego amaral

París tiembla con las tejedoras de memorias

Uncertain Journey, Shiota. © d. plowy/grandpalais/adagp, paris, 2024

Una teje sangre; la otra, luz. Una celebra la mitad de su carrera y la otra, nonagenaria, se despide. Una reabre el Grand Palais, la otra clausura la Fondation Cartier. Seis paradas de metro separan el universo de Chiharu Shiota y Olga de Amaral. texto Esteban Garay [Com 27]

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Brumas, De Amaral. © marc domage/fondation cartier, 2024

Chiharu Shiota (Osaka, 1972) lleva décadas enredando el mundo. Sus vastos bosques de hilos asemejan un paisaje neuronal. O una telaraña enorme. O el vientre de una ballena. La malla domina, aplasta, gobierna, invade el espacio que, en teoría, debería contenerlo. Lo transforma. ¿Hilos negros? La noche, superficies carbonizadas, el infinito, agujeros oscuros, constelaciones sin estrellas. ¿Blancos? En Japón, ese color conecta con la muerte, con un limbo atemporal. ¿Rojos? Las tonalidades sangrientas arden en Uncertain Journey, al inicio de «El alma tiembla», su retrospectiva en el Grand Palais. En el centro del enjambre de líneas —Shiota utilizó 280 kilómetros de hilo—

reposan seis barcos de metal: sin coraza, apenas esqueletos. Barcos sin un Ulises al mando. Los filamentos, como tentáculos, succionan las popas. Barcos sin destino. Adelante, In Silence: una maraña negra envuelve un piano calcinado. Piano sin teclas. Piano sin sonido, como el de John Cage. Esta atmósfera fúnebre evoca cuando de niña vio un piano entre las llamas, mudo, y, aterrada, corrió a casa a tocar el suyo. «Sentí como si mi propia voz también se quemara […]. Siempre cargo este silencio dentro de mí: en las profundidades de mi corazón. Cuando lo intento expresar, carezco de palabras», escribió para la galería Detached (Australia) en 2011.


grietas En 2024, Chiharu Shiota rindió homenaje a Tàpies, a quien calificó de «espíritu hermano». Tejió Cada quien, un universo en el espacio que lleva el nombre del pintor catalán en Barcelona. «Sus intrincadas redes de hilo […] nos recuerdan la complejidad de nuestras relaciones humanas y la interconexión de nuestras vidas individuales», escribió Imma Prieto, la curadora. «Sus filamentos rojos pueden ser grietas», remató. © sunhi mang

Su lenguaje nació de un desencuentro: una rabia creativa (con el arte) y una frustración vital (con ella misma). Shiota perdió la fe en la pintura: pensó que todo estaba hecho. Inquieta, le deslumbró la experimentación de Magdalena Abakanowicz, fue de intercambio a Canberra y en Alemania, donde reside, aprendió de Marina Abramović, pionera del performance. Una mañana —tras mudarse nueve veces en tres años—, despierta extrañada. Nota un ovillo. «Empecé a trenzar una red alrededor de mi cuerpo y mi cama […] Había creado una pintura tridimensional y, al mismo tiempo, un espejo de mis sentimientos», recordó en el Grand Palais. Autopsia de un cuerpo harto de mendigar respuestas. Hallazgo de una voz. Pero la vulnerabilidad insiste. Los hilos se rompen y desaparecen después de cada exposición. Acecha la amenaza de lo efímero: también a su vida. Tras dos diagnósticos de cáncer, sus creaciones son batallas con la muerte. «Teje para baluarte de tu isla / redes de pesadillas», cantó Borges en «A cierta sombra, 1940». Y ella, cuando expuso en Cisterne (Dinamarca), definió sus espacios con un emblema propio del poeta: «Laberintos dentro de laberintos». Porque sus obras no se ven: se caminan. Laberintos de la memoria. Del vacío. El alma tiembla. Al otro lado del Sena, el alma vuelve a estremecerse. En la Fondation Cartier —esa límpida caja de cristales— Olga de Amaral (Bogotá, 1932) despliega su retrospectiva. Desde el techo, gravitan las Brumas: veinticuatro telas piramidales de dos metros de alto. Su complexión vaporosa recuerda al baño de una lluvia suave. El aire serpentea tímido entre los hilos.

Blancos mortecinos, verdes Veronese, azules ultramar, morados obsidiana. La luz rebota en geometrías pintadas en las piezas: agujeros, manchas, espirales. La luz —o su rastro— aparece, merodea, resalta, tintinea. Las paredes multiplican reflejos. Estelas, en el sótano, a oscuras, reúne un rosario de tejidos suspendidos en el aire. De contextura liviana, imitan piedras funerarias de tamaño monumental. El brillo del oro hipnotiza. Esa sensibilidad brotó de una dislocación. En los setenta, cuando Shiota nacía, De Amaral abanderaba la vanguardia. Su trabajo, de énfasis arquitectónico, cambió tras conocer a la ceramista Lucie Rie en Londres. Ella le mostró un vaso agrietado y reconstruido bajo la técnica del kintsugi. El oro brilló en la oscuridad. Desde entonces, asegura en la conferencia The House of My Imagination, abraza «una búsqueda centrada en cómo tornar el textil en una superficie dorada por la luz», en capturar «la textura del tiempo». Los procesos demandan años y ayudantes. Una labor alquímica. «Mi sueño es tejer una obra totalmente transparente», afirmó en 1988. Sus palabras remiten a la sentencia del simbolista Odilon Redon: «La lógica de lo visible al servicio de lo invisible». La retrospectiva puede leerse, también, como la persecución tenaz y larga —llena de metamorfosis— de ese objetivo infinito. El Sena. Dos orillas. A la izquierda, la Fondation Cartier. La luz: las alquimias de Olga de Amaral, brumas inasibles, mantos oníricos. A la derecha, el Grand Palais. La sangre: los laberintos de Chiharu Shiota, telarañas de memorias, batallas con la muerte. La luz y la sangre hicieron temblar París.

APUNTES

contra la etiqueta Cuando Chiharu Shiota participó en la Bienal de Venecia 2015, ArtReview le preguntó qué significa representar a un país. La respuesta fue punzante: «Nunca he trabajado determinada por la nacionalidad […] El desgarro es esencial para el arte […] Soy consciente de ser yo misma y no solo reflejar una cultura». Ella no pinta estampitas japonesas: su creación es universal. En la misma línea, Olga de Amaral remarca el talante único de su obra. Aunque no rechaza las teorías de los críticos (su trabajo como heredero del oro inca y los altares del barroco andino), esos epítetos no alcanzan. Ella teje en soledad, sin el apoyo totalizador de una sola tradición. Sus intereses emergen igualmente de las ideas de la Bauhaus, que absorbió de estudiante. También podría ser Penélope. O la «Alquimia del verbo» de Rimbaud: «Escribía silencios, noches, anotaba lo inexpresable. Fijaba vértigos».

Nt

mayo 2025 Nuestro Tiempo —103


HISTORIAS MÍNIMAS Ignacio Uría

como una ardilla. Decía don Amalio, el cura párroco de Coro, que Pinón segaba mejor que san Miguel («¿Sieguen los ángeles, abuela?») y que tenía una habilidad sobrenatural con la fesoria. El rapaz lo demostraba cada año en la sextaferia de primavera, cuando la aldea se juntaba para limpiar de broza los comunales. Esos viernes de labor podíamos ir a la faena con los mayores. Trabajaban como mulos, pero también paraben a fumar y contar chismes de la romería de Solares —por santo Tomás, el incrédulo— y confirmar lo guapa que se había puesto Elena, la de Cardín. En aquellos descansos se perpetuaban los cuentos familiares, como la vez que Rufino, después de una espicha, durmió en el llagar de Amandi porque no encontró la salida. Ahora bien, la mejor historia era la de la ballena del Puntal, aquella que cazó el abuelo Ramón «él solu y a pura fuerza», juraba Tinín. «Nun lo creeréis, pero salió hasta en El Comercio». La leyenda decía que le había dado tan fuerte con un remo que el pobre animal murió allí mismo («Sí, del sustu», apuntaba mi madre, y me parecía fatal, porque el abuelo era un sansón para mí). También los acompañábamos, la verdad, por si caía algún culín de sidra. Justa paga por llevarles la «Esos viernes de labor podíamos ir a la faena comida o empujar la carretilla de la maleza. con los mayores. Trabajaban como mulos, pero Otras veces íbamos con ellos al arroyo de la Vega, siempre también paraben a fumar y contar chismes de helado porque el agua venía del Polo Norte, que ya es venir. la romería de Solares» Cerca de allí había una poza grande, pero daba cosa bañarse porque no veíamos el fondo. Los mayores, sin embargo, se tiraban desde un árbol donde un Margolles, bravucón, había atado una cuerda que usaban de liana, en plan tarzanes de UÉ BUENOS TIEMPOS fueron aquellos. Los reVillaviciosa. Los Margolles venían en verano y en su casa cordamos así porque la memoria es benévola o tal siempre había longaniza, pero nunca era bastante para aquevez porque la nostalgia nos empuja a la infancia, llos cinco guajes. «Comen como prerromanos», prevenía la nuestra primera patria. Aquella donde una tarde de tía Geni, imbatible haciendo farrapes con el maíz seco del hóde abril el sol inundó los manzanos con un orbayu rreo. Encima, tenían dos perros de caza —qué envidia—, pero de oro. a uno lo llamaban Gato, lo que levantaba la indignación inEn esa vida, conocíamos a los animales por su nombre — fantil. «Un perro no puede llamarse Gato. Lo prohíbe Dios», igual que a los vecinos— y ellos nos conocían a nosotros. Por eso, si una vaca entraba a pacer en el prau de casa, sabías bien decía Inés, la mayor de los Roces, siempre tan católica. La quién era —y ella quién eras tú— y podías mandarla de vuelta ocurrencia nos daba risa, pero había que andarse con ojo, no conviene reírse de Dios y menos aún de la Inés, que daba a la cuadra e incluso insultarla si se ponía terca. Esa violencia unos cogotazos de maestra de escuela. envalentonaba a los gansos, que te perseguían con malvada Todo aquello ocurrió hace más de medio siglo, pero al ceterquedad para picarte. Ahora bien, para picotazos, nadie rrar los ojos presiento que, si Dios se estira, como los gallos, veloces y repentinos. Muy también será el futuro. Un porvenir con cabrones los gallos, siempre alborotando al LA PREGUNTA DEL AUTOR nietos para caminar hasta Rodiles a ver la amanecer. De noche, sin embargo, los anipuesta, recordar a la ballena y volver a casa males se calmaban y la vida brillaba en paz. ¿Nos mejora la nostalgia para prender la chimenea. Como si el tiemLa vida y la luna, grande y amarilla como el o simplemente nos po se hubiese parado porque hay a quiénes faro de Tazones. humaniza? contar —con palabras idénticas o diferenEn invierno, las heladas nocturnas caían a tes— aquella infancia jurásica y mantener diario, así que se encendía la chimenea. Solía así con vida a los que se fueron: Pinón, don hacerlo la abuela Palmira, una matriarca Amalio, Rufino y la preciosa Elena Cardín, que solo se sentaba para coser o rezar el roreina de la romería, que murió en un parto. sario. A veces, prendía la leña alguno de los Qué buenos tiempos serán entonces. primos, como Tinín o Pinón, ejemplo del capricho de los diminutivos y aumentativos asturianos. Tinín era un gigante de manos Ignacio Uría [Der 95 PhD His 04] es profesor @NTunav de Historia Contemporánea en la Universidad de anchas y gastaba una puntería del diablu tiOpina sobre este asunto en X. Alcalá. rando manzanes o jugando a la llave. Pinón, pese al tamaño de su nombre, era pequeño

Una infancia jurásica

Q

104—Nuestro Tiempo mayo 2025


ENSAYO

Trabajo conectivo

La urdimbre invisible 106—Nuestro Tiempo mayo 2025


En el tejido laboral del siglo xxi han pasado desapercibidas, invisibles para los indicadores de rendimiento, dos claves para comprender el trabajo humano: el sentido y el encuentro. La catedrática Ana Marta González desenreda en este ensayo los ovillos del meaningful work y el connective labor. De su cabal comprensión depende que seamos capaces de diseñar una transición laboral justa.

ilustración: pedro perles

ANA MARTA GONZÁLEZ es catedrática de Filosofía y coordinadora de la línea de investigación «Trabajo, cuidado y desarrollo» de la Estrategia 2025 de la Universidad de Navarra.

en buena medida, el ingreso práctico en la vida adulta, para el que nos preparamos durante años, viene marcado por la capacidad de sostenernos por medio de nuestro trabajo. La centralidad del trabajo en nuestras vidas, sin embargo, no es solo económica. Podríamos decir que constituye un indicio de que hay un lugar para nosotros en la vida social. Por eso, carecer de un puesto de trabajo puede tener efectos devastadores. Y, al contrario: si existe la posibilidad de proyectar la propia vida en el trabajo es solo porque a priori este se presenta como un espacio en el que podemos desarrollar nuestras capacidades y contribuir de forma específica a la sociedad de la que formamos parte. También por eso, las frustraciones profesionales pueden desembocar en frustraciones vitales. De esas frustraciones —o alienaciones— se nutren los contemporáneos discursos del postrabajo, cuya meta declarada —una vida social emancipada del trabajo— presupone una visión negativa del trabajo, que solo puede equilibrarse con una visión alternativa que incida en sus dimensiones específicamente humanas y extraiga las consecuencias oportunas a la hora de organizarlo. De entrada, basta con mirar a nuestro alrededor: para ingresar y prosperar en el mundo laboral no bastan competencias técnicas; además, se precisan

competencias relacionales; y, sobre todo, es necesario estar convencido de que el trabajo que uno realiza tiene un sentido, que vuelve significativos los éxitos y compensa los sinsabores que acompañan toda vida profesional. Por eso merece la pena reflexionar sobre ambos aspectos. De hecho, desde hace al menos una década, la cuestión del meaningful work —trabajo significativo— es recurrente en las investigaciones sobre sociología del trabajo. La profesora de Oxford Ruth Yeoman, pionera en este campo, argumenta en su artículo «The Future of Meaningfulness in Work, Organizations, and Systems» que «esta dimensión del comportamiento humano ha sido por lo general desatendida por la economía, la política y las ciencias sociales, pero los estudios psicológicos acreditan que la significatividad es una dimensión importante de nuestra vida, y la investigación en trabajo significativo muestra que las personas luchan por encontrar sentido incluso en medio de trabajos precarios». Con todo, la cuestión del trabajo significativo parece abrirse paso allí donde el trabajo ya no se contempla solo desde la perspectiva económica; cuando ya no lo vemos en exclusiva como una fuente de recursos o un factor de productividad, sino que lo afrontamos como una dimensión importante de nuestra vida, a la que dedicamos tiempo y esfuerzo, y de la que, por tanto, esperamos algo más que un valor instrumental. No siempre fue así. El mundo antiguo era consciente de la necesidad de trabajar para vivir, y precisamente porque lo veía desde la perspectiva de la necesidad lo consideró como algo opuesto a la libertad propia de la acción política o las actividades intelectuales. En esta línea, Aristóteles describía el trabajo como una «servidumbre limitada»; una servidumbre, por lo demás, inseparable de tener un cuerpo. De ahí procede aquella clasificación de los trabajos en liberales y serviles, que durante siglos ha inducido a la falsa opinión de que hay unos trabajos más dignos que otros, como si mantenerse alejado de la materia fuera en principio más digno que involucrarse en ella; como si hubiera algo indigno en prestar un servicio material. Como si la dignidad o la indignidad no residieran, más bien, en la actitud con la que se asumen ciertas tareas y la libertad con la que se presta un servicio. El mundo moderno contribuyó de distintas maneras a rectificar esta visión, no solo por razones económicas, sino también morales. En el primer párrafo de La riqueza de las naciones (1776), obra con mayo 2025 Nuestro Tiempo —107


ENSAYO

Trabajo conectivo

la que se inicia la economía política moderna, Adam Smith sitúa el origen de la prosperidad de un pueblo en la división del trabajo. Apenas tres décadas más tarde, en la Fenomenología del espíritu (1810), Hegel reflexiona sobre el trabajo no ya desde la perspectiva de la productividad sino desde el valor que aporta al individuo, que, gracias al trabajo, toma conciencia de sí mismo y de su espacio singular en el mundo. Con ello apunta una idea con la que el hombre y la mujer de nuestro tiempo sintonizan rápidamente: la del trabajo como un lugar de autorrealización. ver el tapiz al completo. Es verdad que en la experiencia moderna y contemporánea del trabajo no faltan tampoco las sombras. Como vieron autores tan diversos como Tocqueville o Marx, la división y una deficiente organización del trabajo puede ser fuente de diversas alienaciones. En el segundo volumen de La democracia en América, publicado en 1840, Tocqueville se expresaba así a propósito del impacto humano de la revolución industrial que había observado en Estados Unidos: «Cuando un artesano se dedica continua y únicamente a la fabricación de un solo objeto, acaba por realizar su trabajo con rara destreza. Pero al mismo tiempo pierde la facultad general de aplicar su espíritu a la dirección del trabajo. Cada día se hace más hábil y menos industrioso, y se puede decir que en él el hombre se degrada a medida que el obrero se perfecciona. ¿Qué puede esperarse de un hombre que ha empleado veinte años de su vida en hacer cabezas de alfileres?» La fábrica de alfileres era el ejemplo que había puesto Smith para ilustrar el incremento de productividad que suponía la división del trabajo, al que se debía la transición del régimen artesanal al industrial. Tocqueville, en cambio, lo emplea para expresar sus efectos humanos con una frase lapidaria: «A medida que el principio de la división del trabajo recibe una aplicación más completa, más débil, limitado y dependiente llega a ser el obrero. El arte progresa, pero el artesano retrocede». Esta fue, en parte, la razón, de que los pensadores de las décadas siguientes se preguntaran, cada vez con más insistencia, por los efectos de la especiali108—Nuestro Tiempo mayo 2025

zación sobre el espíritu humano. Sin embargo, no se quedaban en el terreno individual, sino que se trasladaban al social: «A medida que se va descubriendo [...] que los productos de una industria son tanto más perfectos y tanto más baratos cuanto más amplia es la manufactura y mayor el capital, hombres muy ricos y muy cultos se lanzan a explotar industrias [...]. Así pues, al mismo tiempo que la ciencia industrial rebaja sin cesar a la clase obrera, eleva a la de los patronos. A la par que el obrero confina cada vez más su inteligencia al estudio de un único detalle, el dueño extiende diariamente su mirada por más vastas totalidades» Observando el desarrollo de la industria americana, Tocqueville advierte la formación de dos tipos humanos cuya desigualdad podría evocar la propia de sociedades aristocráticas. Procedente él mismo de una familia aristocrática, Tocqueville no podía menos que establecer la comparación en La democracia en América: «El amo y el obrero no tienen, pues, aquí nada semejante, y de día en día difieren más. Son como los dos eslabones extremos de una larga cadena. [...] Un extremo se halla bajo la dependencia continua, estricta y necesaria del otro, y parece nacido para obedecer, del mismo modo que este para mandar. ¿Y qué es esto sino una aristocracia?... Pero esta aristocracia no se parece en nada a las que la precedieron… [...] No existe un verdadero lazo entre el pobre y el rico. [...] El manufacturero no le pide al obrero más que su trabajo, y el obrero no espera de él más que el salario. Ni el uno se compromete a proteger, ni el otro a defender...» Han pasado casi dos siglos desde que Tocqueville escribiera estas palabras. Entretanto hemos tomado conciencia, cada vez más clara, del modo en que los cambios en el mundo del trabajo impactan en la personalidad individual y en la vida de la sociedad. Sabemos que la especialización no tiene por qué desembocar en alienación de la propia humanidad, siempre y cuando cultivemos también la visión de conjunto, y veamos nuestro trabajo particular


en un contexto general. De hecho, la propia división del trabajo, en la medida en que incrementa la interdependencia recíproca, no tiene por qué generar alienación social, pues, como supo resaltar Durkheim, esa interdependencia funcional genera oportunidades de solidaridad, que está en nuestra mano aprovechar. Lo hacemos cuando nos reconocemos mutuamente formando parte de una misma sociedad, cuyo desarrollo genera sin parar nuevas necesidades y retos, a los que cada uno contribuye con el fruto de su trabajo, por lo cual merece respeto y reconocimiento. entrelazar la tecnología. Ningún trabajo, ningún trabajador, es una pieza aislada. Estamos embarcados en una obra común; nuestra forma de organizar el trabajo debería reflejarlo incluso en lo material: los trabajadores deberían ser los primeros en participar de los objetivos y beneficios de su empresa, de forma que perciban los múltiples modos en que su trabajo no solo sirve al avance de intereses individuales, sino al desarrollo de la sociedad, del mundo, porque eso es fuente de sentido para su labor.

Sin duda, a causa de la presión o la naturaleza rutinaria de ciertos oficios, sostener ese sentido cada día puede resultar costoso. De ahí también que Yeoman subraye la dimensión relacional involucrada en el descubrimiento y en la recreación de sentido: «La búsqueda de sentido —escribe— depende de procesos intersubjetivos y relacionales, a través de los cuales las personas construyen colectivamente fuentes de significado e instituciones que las hacen posibles». No por casualidad, en la vida de toda organización hay momentos —celebraciones, aniversarios, etcétera— que nos hacen recordar en comunidad este sentido, en un clima libre de presión, que nos permite también sanar o retomar relaciones dañadas. En todo caso, el impacto de la tecnología en nuestras formas de trabajo añade actualidad a esta reflexión sobre su sentido. Sabemos que la tecnología incrementa la productividad, y, si bien la automatización induce a que se destruyan algunos empleos, provoca también la aparición de tareas que requieren de nuevo trabajo humano. Una de las personas que lo han estudiado en profundidad es el Nobel de Economía Daron Acemoglu. Ya en 2019 publicó con mayo 2025 Nuestro Tiempo —109


ENSAYO

Trabajo conectivo

Pascual Restrepo un artículo titulado «Automation and New Tasks: How Technology Displaces and Reinstates Labor». Sostiene que, más que dibujar un futuro en el que la tecnología de sistemas autónomos e inteligentes induciría desempleo —lo que vaciaría de propósito muchas vidas—, se trata de avanzar hacia un escenario de complementariedad, en el que el incremento de la productividad no tenga lugar sin más a costa del empleo. La tecnología misma promueve tareas que requieren el desarrollo de capacidades específicamente humanas, tales como el juicio, la creatividad o la inteligencia emocional. Para eso, sin embargo, es preciso que el diseño tecnológico y la organización del trabajo se orienten en esta dirección, tal y como defienden Acemoglu, Autor y Johnson en su trabajo Can We Have ProWorker AI? para la iniciativa Shaping the Future of Work del MIT. Esa perspectiva implicaría moderar la fascinación por la inteligencia artificial general. Como señala el propio Acemoglu en un artículo en Project Syndicate, «soñar con máquinas superinteligentes induce a que la industria ignore el potencial de la inteligencia artificial como tecnología de la información que puede ayudar a los trabajadores. Lo que importa es el conocimiento preciso en el área relevante, pero la industria no está invirtiendo en esto actualmente. Los chatbots que pueden escribir sonetos shakespearianos no ayudarán a los electricistas a realizar tareas nuevas y sofisticadas. Pero si piensas que la inteligencia artificial general está cerca, ¿por qué molestarte en ayudar a los electricistas?». la hebra irremplazable. En realidad, como señala Yeoman, desarrollar tecnologías que capaciten a los trabajadores en el ejercicio de sus tareas concretas constituye uno de los elementos más esenciales para una transición laboral justa y humana, centrada en la persona y su desarrollo; una transición que integre la productividad, la funcionalidad y la eficiencia dentro del paradigma más amplio del cuidado. Acemoglu tiene razón cuando afirma que «necesitamos un paradigma industrial que, más que celebrar la superioridad de las máquinas, enfatice su fortaleza más grande: aumentar y expandir las capacidades humanas». Ahora bien, para realizar este giro no basta innovación tecnológica, sino también innovar en el modo de organizar el trabajo. 110—Nuestro Tiempo mayo 2025

A este propósito, quisiera llamar la atención sobre un libro de la socióloga Allison J. Pugh que tiene un título significativo: The Last Human Job: The Work of Connecting in a Disconnected World (Princeton University Press, 2024), todavía no traducido al castellano: El último trabajo humano: la labor de conectar en un mundo desconectado. En este libro, Pugh acuña la expresión connective labor —trabajo conectivo— para referirse a un trabajo reflexivo que, de modo casi imperceptible, la gente lleva a cabo en el curso de interacciones ordinarias «para expresar que se hace cargo, que tiene una comprensión emocional de la otra persona». Este tipo de actividad acompaña también a la práctica profesional, y, de hecho, constituye el corazón de oficios relacionados con la «enseñanza, salud, consejo, gestión o incluso de control de otras personas». En todos estos casos y muchos otros «la capacidad de ver a otra persona, de entender su perspectiva, permite a estos trabajadores ofrecer un mejor servicio que los hace más efectivos en sus tareas. A menudo invisible, este trabajo es parte de lo que hace posible que médicos, terapeutas, encargados de funerarias y una multitud de profesionales —desde maestros a peluqueros, a detectives— alcance las metas que consideran valiosas». Pugh insiste en que este tipo de trabajo, invisible e invisibilizado, que precisamente en nuestro tiempo importa mucho poner en valor, no es solo un conjunto de soft skills que rodean lo que sería el «núcleo duro» del trabajo. En no pocas ocasiones son esas habilidades blandas las que marcan la diferencia en el modo de realizar el trabajo educativo, sanitario o de gestión, a causa de «los significados que transmite al trabajador y a la gente con la que se relaciona». En efecto: «La experiencia de ver y reflejar a otra persona de manera efectiva genera muchos otros bienes», tales como sentido, dignidad, propósito, etcétera, que no solo enriquecen al trabajador sino a aquellos que se relacionan con él a causa de su trabajo. «Cuando nos permitimos contemplar los significados que las personas crean juntas —escribe Pugh—, entendemos que el trabajo conectivo no es solo el producto derivado de las habilidades o logros de un trabajador individual —que podrían o no ser remplazadas o aumentadas por las máquinas— sino que son un logro relacional, colectivamente producido por los humanos en concierto. Los hilos de conexión


que emanan de este trabajo —los lazos que definen y vinculan al trabajador y a su cliente, los nodos de relaciones sociales y significado social, la resonancia— se tejen desde el núcleo de su humanidad. El trabajo, más allá de la tarea concreta, es un trabajo vital, si bien, en muchas ocasiones, está amenazado por la sistematización y la automatización…». Entre los muchos ejemplos del modo en que este trabajo relacional contribuye de forma decisiva al desempeño profesional, quisiera referirme a uno en particular, que en una revista universitaria no nos resulta extraño: la educación. ¿Reemplazará la inteligencia artificial a maestros y profesores en su tarea educativa? Naturalmente, la respuesta depende de lo que esperamos de maestros y profesores. Si se espera apenas transmisión de contenidos, muchas veces los encontramos mejor en otros lugares. Pero la tarea educativa es mucho más que eso. Incluso si la IA se ajusta al nivel de aprendizaje del alumno, y emite refuerzos positivos ante su progreso, lo que no puede proporcionar es el reconocimiento y el sentido de la dignidad que emerge del mismo proceso educativo, que es siempre relacional. De ordinario, el chico que ha resuelto un problema de matemáticas sirviéndose de la IA desea compartirlo con sus padres o su maestro. entramado relacional. Entre las muchas entrevistas que realizó para la elaboración de su libro, Pugh relata los focus groups que dirigió en una privilegiada escuela de California a la que los empleados de Silicon Valley envían a sus hijos, y que, más que por la tecnología, se distingue por el trato personalizado que dispensa a sus alumnos. Esa imagen contrasta con varias escuelas públicas en lugares menos favorecidos en las que la tecnología informática ha servido para reducir la plantilla. Sin embargo, deberíamos procurar que el componente relacional del proceso educativo no se convierta en un lujo para unos pocos privilegiados, porque, de hecho, los bienes relacionales derivados de ese proceso constituyen su elemento central. Los alumnos obtienen algo más que conocimientos: obtienen reconocimiento y un sentido de la propia dignidad. Esa es la razón por la que la educación no puede reducirse a un conjunto de tareas, eventualmente reemplazables por apps. El componente relacional es también insustituible en las profesiones sanitarias. ¿Cuántas veces es

el acompañamiento y la capacidad pedagógica del personal sanitario lo que marca la diferencia entre la seguridad y la angustia? No es casual que educación y sanidad constituyan los dos sectores en los que se registra mayor burnout profesional. Con frecuencia se atribuye esta situación a que se trata de trabajos que involucran un exceso de relaciones. Con base en su propia investigación, Pugh se atreve en The Last Human Job a proponer una hipótesis ligeramente diferente: «Si tenemos en cuenta el significado que las personas extraen de su trabajo conectivo […] podemos revisar lo que sabemos acerca del burnout […]. Tal vez no se debe a un exceso sino a un defecto de relación. El burnout puede estar originado por la experiencia de una relación impedida, algo que tiene lugar cuando factores de tipo organizacional, estructural o personal vuelven imposible que las relaciones sean fuentes de sentido o dignidad». Por supuesto, la naturaleza del trabajo debe informar el modo de organizarlo. No es lo mismo protocolizar el trabajo de una planta de producción de coches que el de un hospital o una escuela. Como saben los médicos, la atención de algunos pacientes puede llevar más tiempo del que el gerente estima razonable, porque, además de los aspectos técnicos, no podemos dejar de lado los relacionales. Aquí tenemos un reto para las organizaciones, según Pugh: «Desarrollar una arquitectura social que, mediante diseño relacional, cultura conectiva y distribución de recursos, cree las condiciones precisas para las interacciones humanas» en el curso de las cuales desarrollamos significado. Los bienes relacionales que emergen del trabajo cotidiano no son algo secundario ni marginal: son fuente de significados compartidos, en los que se pone de relieve la dimensión humana del trabajo. De preservar esos bienes depende que, en la práctica, el trabajo se perciba como un lugar de crecimiento ético, no regido únicamente por los imperativos de la racionalidad instrumental. Aunque esos bienes relacionales no pueden generarse por decreto, ni comprarse con dinero, sí cabe propiciar su aparición con políticas empresariales y sociales adecuadas, que tomen en cuenta las condiciones relacionales de la productividad, dentro y fuera de la organización. La respuesta al trabajo alienado no consiste en la utopía del postrabajo, sino en la práctica del trabajo humano. Nt

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VAGÓN-BAR Paco Sánchez

Nosotros, los obtusos

«La generosidad desarma a los bobos bienintencionados. A veces, incluso a otros que carecen de motivos para molestar a nadie, pero lo intentan»

E

N GALICIA PRACTICÁBAMOS mucho el ventaneo, por necesidad más que por curiosidad: antes de salir de casa, queríamos saber si llovía o si había dejado de llover. Aunque también lo hacíamos para soñar con las posibilidades de que aquel claro que se acercaba desde el mar pudiera abrirse al cielo entero. Ahora hemos perdido esa costumbre, porque ya no llueve tanto y porque podemos mirarlo en el teléfono. Como no suelo hacer ni lo uno ni lo otro, un día me llevé un susto grande al salir de casa de mi madre. Llovía como no había visto llover, de manera repentina y desconsiderada. La palabra jarrear se quedaba corta para describir la tromba de agua que dejaban caer los cielos. Imposible cruzar la calle hasta el coche, aparcado justo enfrente. Sería como atravesar por un tren de lavado furioso. Así que me quedé en los soportales que cubren parte de la acera sopesando la idea de volver con mi madre hasta que escampara. Apareció, entonces, una niña en patinete y se me fue todo el disgusto. Tendría tres años, cuatro a lo sumo, y no recuerdo muy bien su cara ahora, quizá porque llevaba un casco. Dijo algo que me hizo gracia más por el tono que por el sentido. Parecía una chavalita muy consciente de su importancia. No una repipi, sino una mujer de carácter, segura de sí misma, acaso porque se sabía muy querida en casa. Le pregunté si podía dejarme el patinete para cruzar la calle. Me miró como si fuera tonto y lo desaconsejó porque me mojaría mucho. A los niños con patinete suelo pedirles que me los presten. Me encanta ver sus caras de desconcierto. Lo he hecho muchas veces y los pocos que 112—Nuestro Tiempo mayo 2025

se dignan a contestarme lo hacen con un simple «No» muy gordo y enfadado. Esta, sin embargo, pareció considerarlo o quizá le di pena: un tipo tan mayor… Así que me atreví un poco más. —Bueno —le dije—, quizá me puedes llevar a dar una vuelta por los soportales. Empezó a explicarme que no podría empujar el patinete cargando a un tipo tan grande y pesado. A esta niña, volví a pensar, la quieren mucho. Otros niños intuyen lo que pasa pero no saben explicarlo o se asustan y se encapsulan. Además de las razones de peso, en aquel vehículo diminuto no cabía ni medio zapato mío. Sin embargo, decidió ayudarme. Detuvo su razonamiento, giró un poco el patín y dijo con imperio: —¡Venga, sube! Se arrimó todo lo que pudo, muy estirada, al manillar del patín rosa para cederme espacio. No supe qué decirle. Quedé estático y extático, sumido en un silencio gozoso y desesperado. Me entraron unas ganas tremendas de abrazarla. Menos mal que su madre, muerta de risa, ya avanzaba hacia la escena para llevarse a la cría. Se reía sin mirarme. No me dijo nada. Me parece que también ellas iban a visitar a la abuela. La generosidad desarma a los bobos bienintencionados. A veces, incluso a otros que carecen de motivos para molestar a nadie, pero lo intentan. Caminaba en una ocasión con un par de amigos por una pista de asfalto muy estrecha y sentimos que se aproximaba un coche. Nos apartamos antes de verlo. Eran tres tipos de veintimuchos que, probablemente, venían de una fiesta. Nos sobrepasaron y se detuvieron, bajaron del coche y nos preguntaron de malos modos si nos creíamos los reyes del mambo. Dijeron que la carretera no era nuestra y que no nos necesitaban para nada por allí. Quizá estaban algo perjudicados. Desechamos la conversación normal: justificar nuestro comportamiento amable puesto que les habíamos cedido todo el espacio antes de que llegaran. En cambio, les dijimos sonriendo que lo sentíamos mucho, que nos disculparan y que no lo repetiríamos. Tres mentiras. Pusieron cara de estupefacción. Ya no sabían cómo seguir provocando y, al igual que yo ante la niña, cayeron en un silencio obtuso. Así que nos fuimos. Paco Sánchez [Com 81 PhD 87] es periodista y profesor titular de la Universidade da Coruña. @pacosanchez


NUESTRO TIEMPO NÚMERO 722 MAYO 2025

Número 722 NUESTRO TIEMPO Mayo 2025

Francisco El legado del papa del fin del mundo Joan Fontcuberta Imágenes de una naturaleza artificial Higinio Marín Pensar la casa, pensar la vida

Esto no es un hombre

El sufrimiento masculino en un mundo posfeminista


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