Issuu on Google+

SE PROHIBE LA SEGURIDAD INFANTIL ESPAÑA, SIGLO XXI

En estos años que llevamos de una devastadora crisis, día a día y gracias a los medios, nos llegan multitud de casos escandalosos de fraudes, corrupciones, ilegalidades que nos hacen llevar las manos a la cabeza preguntándonos cómo es posible y en qué clase de país vivimos donde se permiten esta clase de tropelías. Y esto es lo que me hace pensar seriamente si, como sociedad, estamos a la altura de la condición de país que presuponemos que tenemos en cuanto a educación, ética, y honorabilidad. Y muy a mi pesar, tras una larga meditación y análisis del entorno, creo que no, que no estamos ni medianamente cerca de sociedades a las que queremos parecernos. Si no existieran los radares, las multas, los puntos ¿Respetaríamos los límites de velocidad?. Si no se me multara por fraude en el IVA, en la declaración, en el IRPF ¿Pagaríamos todos religiosamente? Si no me pudieran multar por tirar papeles al suelo ¿Emplearíamos las papeleras?

Mikel Garrido Díez – Presidente de la Asociación Unidos por la Seguridad Infantil mikel.garrido@seguridadinfantil.org

1


Si no me obligaran a instalar en empresas y comercios sistemas antiincendios, extintores, accesos a minusválidos, ¿se instalarían? Las plazas de minusválidos, la zonas de carga y descarga, las paradas de autobús...¿se respetarían? No quiero pecar de pesimista, pero lamentablemente, si no existiera el “castigo” viviríamos como en el salvaje oeste. Y hasta que no exista en algo el “castigo”, vía libre, a hacer lo que se quiera, aunque se sepa que está mal. Larga introducción en la cual más de uno se preguntará que tiene que ver con la seguridad infantil y con el título del artículo. El motivo de la misma viene debido a la impotencia con la que me encuentro debido a que en el colegio de mi bebé con dos años y medio (para mi sigue siendo un bebé) me han prohibido llevar a mi hijo seguro en el autobús, aduciendo, simplemente, que no marca la ley que deba viajar con seguridad. Los que ya me conocen sabrán, que además de liderar la Asociación Nacional de Seguridad Infantil, los cinco últimos años de vida profesional los he dedicado a impulsar la seguridad infantil en el transporte escolar, tratando de equipararla lo más posible a la del automóvil. Algo que parecía una quimera pero que afortunadamente la inmensa mayoría de la sociedad con niños pequeños comprende y defiende, aunque desafortunadamente la administración no y además no existe el “castigo” como anteriormente mencionaba. Tanto ha sido el empeño, que arriesgando todo mi patrimonio personal empleándolo como aval, me propuse la meta de realizar el primer sistema de retención infantil de Europa exclusivo para autobuses, ya que los de los coches no sirven. Y ahí está, el Kidy Bus, con múltiples premios y reconocimientos. Volviendo al caso. Septiembre de 2011, inicio del curso. Llevo a mi hijo pequeño al mismo colegio que su hermana, por primera vez. Al ser un colegio en las afueras de la ciudad sin opción de transporte público sólo hay dos maneras de llevar a los pequeños, o en autobús o en vehículo particular. Por supuesto, por esa casuística, todos los alumnos del centro tienen plaza de autobús escolar. Antes de empezar el curso, solicito para mi “bebé” la instalación de un sistema de seguridad, mi sistema. Lo descubren por primera vez y me piden tiempo. Al de unos días me llaman diciéndome que no pueden responsabilizarse por si el sistema se pierde o se daña, por lo que casi mejor no instalarlo. Ante tal problemática respondo que sin problema, que tantas veces se pierda yo la repondré, pero que mi hijo debe viajar seguro. 2 Ante tal respuesta el colegio accede a que mi hijo viaje seguro. Perfecto.

Mikel Garrido Díez – Presidente de la Asociación Unidos por la Seguridad Infantil mikel.garrido@seguridadinfantil.org


Al de unos días recibo una llamada diciéndome que mi hijo ya no tiene plaza en el autobús, que se nos pasaron los plazos ¿? ¿QUÉ? (acabado el perro acabada la rabia). Pido inmediatamente una reunión con la dirección del centro. En la misma traslado mi sorpresa por el “donde dije Digo, digo Diego” y por esa fulminante decisión del centro de retirarme la plaza del autobús. En la misma se me responde que no puedo llevar a mi hijo con el sistema que les comento, pero que si ceso en mis pretensiones y acepto a que se le pongan unos arneses que emplean entonces recupera la plaza y asunto resuelto. Dichos arneses son los que se emplean cuando los bebés empiezan a tratar de dar sus primeros pasos, esos en los que se les lleva como marionetas. Les demuestro que eso además de ilegal es tremendamente más peligroso que incluso no llevar nada. En las propias especificaciones del producto en cuestión pone claramente que no es un sistema de retención infantil y que está prohibido emplearlo como tal. Durante la misma reunión aducen que si me permiten a mi instalar el sistema de seguridad infantil entonces todos los padres y madres van a querer instalarlo ... ¿Y?, lo lógico es que se preocupen por la seguridad de sus hijos. Tras lógicas y contundentes muestras técnicas de la peligrosidad real de accidentes en autobús, de las consecuencias que puede tener en un menor que viajen sueltos o con sistemas no ideados para pequeños, me solicitan una unidad para probarla y mostrarla a las compañías de autobús, que será rápida la respuesta. Mientras tanto, por supuesto, mi hijo no viaja en autobús. Lo que ha sido un auténtico calvario de unión con la vida laboral. Profesionalmente me ha impedido multitud de viajes, reuniones, entregas por tener que llevarles y recogerles en coche. Pero por principios debía hacerlo. Casi seis meses después me responden que NO (rápida respuesta), sencillamente, QUE COMO NO LO OBLIGA LA LEY, que mi hijo, y todos los demás, deben viajar sin ningún tipo de seguridad. Vamos, que si no hay multa, aunque sepan que es necesario, que es importante, que es vital en caso de accidente, que no se pone el sistema. Y aquí es donde quería llegar con la introducción del artículo, en este país da igual lo que se haga, mientras no exista multa o castigo todo vale. Y en este caso, queda demostrado. El cuerpo me invita a decir en alto el nombre del colegio, como escarnio, como desahogo, como recompensa. Pero no lo hago, no por mí, sino por mis hijos, por lo que este desahogo mío les pudiera afectar a ellos. Y el que es padre me entenderá, por lo que más quiero en esta vida lo que sea, hasta poder perder el trabajo por llevarles seguros al colegio. NOTA: No cejaré en mi empeño en que mi hijo, y todos los menores viajen seguros en el autobús. Llegará la normativa, seguro, pero lamentablemente será después de un accidente con víctimas. Otra característica de nuestra sociedad.

Mikel Garrido Díez – Presidente de la Asociación Unidos por la Seguridad Infantil mikel.garrido@seguridadinfantil.org

3


Se prohibe la Seguridad Infantil