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Revista Círculo Salud Nº 28

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especial FORMACIÓN EN SALUD

Nº28

Campos clínicos de alta complejidad: donde la formación en salud se vuelve real

Cómo la simulación y la tecnología están transformando la formación en salud

LA APUESTA INTERNACIONAL DEL INSTITUTO DE SALUD PÚBLICA UNAB PARA LIDERAR LOS CAMBIOS EN SALUD

Editorial 3

Dr. Patricio Burdiles, decano de la Facultad de Medicina de la U. Andrés Bello

Especial: Formación En Salud 4

Campos clínicos de alta complejidad: donde la formación en salud se vuelve real

Cómo la simulación y la tecnología están transformando la formación en salud 8

CECA: el centro inmersivo que cambiará la manera de entender la formación en salud 12

Telemedicina: una modalidad en ascenso que requiere preparación y competencias específicas 16

Gestión de camas y diagnóstico respiratorio: dos soluciones tecnológicas desarrolladas en el aula para mejorar la gestión en salud 20

Urgencias bajo presión: Chile avanza en formación especializada y enfrenta una década decisiva 22

Columna: 24

Cómo la transformación digital redefine el diagnóstico, la atención y la gestión clínica

Unab En El Mundo 26 Formación sin fronteras: la apuesta internacional del Instituto de Salud Pública UNAB para liderar los cambios en salud

Academia 30 Excelencia con sello ético y humano: Escuela de Medicina UNAB celebra un cuarto de siglo de impacto país

Directora Responsable: Patricia Zvaighaft

Editora General: Sonia Tamayo Herrera

Comité Editorial: Dra. Mónica Canales, Dr. Jorge Nakouzi, Dr. Patricio Burdiles y Dr. Christian Campos

Redacción: Felipe Salazar, Álvaro de la Cuadra.

Colaboradora: Isabel Pinto.

Fotografía: Carolina Corvalán Aránguiz, Gentilezas y bancos de fotografías

Diseño: Dirección de Producción de la Universidad Andrés Bello

Dirección: Vicerrectoría de Comunicación Estratégica de la Universidad Andrés Bello

Fernández Concha 700 – Las Condes, Chile

Contacto

Email: stamayo@unab.cl

Publicación semestral formato digital Círculo Salud – Nº28, Junio 2026

La formación de profesionales de la salud exige hoy una mirada integral, capaz de articular sólidamente la excelencia académica, el rigor científico y la experiencia práctica. En un contexto sanitario cada vez más complejo y dinámico, resulta imprescindible que las universidades formen a sus estudiantes no solo en el dominio del conocimiento teórico, sino también en el desarrollo de habilidades clínicas, competencias transversales y una sólida comprensión ética de su quehacer profesional.

En este escenario, la Universidad Andrés Bello ha consolidado un modelo de formación en salud que integra de manera coherente la enseñanza teórica, la simulación clínica avanzada y la práctica en escenarios asistenciales reales. Este enfoque busca preparar a los futuros profesionales de forma integral, fortaleciendo su capacidad de respuesta frente a los desafíos del mundo laboral y contribuyendo, al mismo tiempo, a la seguridad y calidad de la atención en salud.

Una característica central de este modelo es la incorporación sistemática de la tecnología en los procesos de enseñanza-aprendizaje. El uso de herramientas innovadoras en el aula y en los espacios prácticos permite responder a las diversas necesidades de los estudiantes, entregar mayor confianza en su desempeño profesional y reforzar desde etapas tempranas de su formación universitaria una cultura de seguridad del paciente.

El modelo de formación en salud de la UNAB se sustenta en elementos distintivos. En primer lugar, destaca el fortalecimiento de la base teórica, impartida por un cuerpo académico de alto nivel, que asegura una comprensión profunda de los fundamentos científicos y clínicos necesarios para una toma de decisiones informada y responsable.

A este pilar se suma la inmersión en escenarios clínicos simulados como instancia formativa clave y segura. En este ámbito, la Universidad cuenta con su Hospital de Simulación, presente en las sedes de Santiago, Viña del Mar y Concepción. Desde etapas tempranas, los estudiantes se entrenan en escenarios que reproducen con alta fidelidad la práctica clínica, permitiendo aprendizajes seguros, fortaleciendo la toma de decisiones y potenciando habilidades como el liderazgo, la comunicación efectiva y el trabajo en equipo. La simulación se ha convertido así en un complemento esencial para todas las carreras del área de la salud.

En esta misma lógica de innovación, en el año 2027 la Universidad Andrés Bello será parte del nuevo Centro de Educación Clínica Avanzada (CECA), una iniciativa inédita en Chile y altamente innovadora en Latinoamérica. Mediante más de 100 herramientas y metodologías de aprendizaje, junto a tecnologías inmersivas de última generación, este centro recreará un entorno clínico realista que reforzará la preparación y seguridad de los estudiantes frente a la realidad asistencial.

Finalmente, la experiencia práctica en escenarios reales constituye otro pilar fundamental del modelo formativo UNAB, a través de colaboraciones con instituciones como Clínica Las Condes, Clínica Indisa, Hospital El Pino, Hospital El Carmen de Maipú, Hospital Dr. Gustavo Fricke, Hospital de Los Ángeles y Hospital Las Higueras, entre otros. Estos campos clínicos permiten comprender la complejidad de la práctica moderna, desarrollar habilidades diagnósticas y terapéuticas, y participar en equipos de salud que operan bajo altos estándares de calidad, seguridad y profesionalismo, teniendo como uno de sus principios esenciales, la humanización del cuidado de los usuarios.

Junto a lo anterior, y en un contexto online, la formación en salud de la UNAB incorpora entornos tecnológicos que reflejan las transformaciones actuales del sistema sanitario, incluyendo consultas remotas, monitoreo a distancia e integración de datos clínicos. De este modo, la Universidad Andrés Bello reafirma su compromiso con una formación en salud de excelencia, orientada a formar profesionales competentes, éticos y preparados para contribuir al bienestar de las personas y de la sociedad.

Dr. Patricio Burdiles Pinto Decano Facultad de Medicina, U. Andrés Bello

Campos clínicos de alta complejidad: donde la formación en salud se vuelve real

La experiencia en hospitales y clínicas de alta complejidad permite a los estudiantes de la salud enfrentar escenarios reales, integrarse a equipos asistenciales y desarrollar competencias clínicas, éticas y humanas claves, en una relación de colaboración estratégica entre la Universidad Andrés Bello y los campos clínicos.

La formación de profesionales de la salud exige mucho más que sólidos conocimientos teóricos. Enfrentar escenarios reales, asumir responsabilidades progresivas y desenvolverse en contextos de alta exigencia es parte central del proceso formativo. En ese marco, los campos clínicos de alta complejidad se han consolidado como un pilar fundamental en la experiencia educativa de los estudiantes de la Universidad Andrés Bello (UNAB).

Esta casa de estudios mantiene hoy más de 500 convenios con recintos asistenciales a lo largo del país, desarrollados con el objetivo de ofrecer experiencias prácticas de alto nivel que fortalezcan una formación integral. Y un importante número de estos campos clínicos corresponden a centros de alta complejidad, caracterizados por su alta resolutividad, gran volumen asistencial con pacientes portadores de diversidad de patologías y exigentes estándares clínicos. Entre estos destacan convenios con Clínica Las Condes, Clínica Indisa, Hospital El Pino, Hospital El Carmen, Hospital Dr. Gustavo Fricke, Hospital de Los Ángeles y Hospital Las Higueras, entre otros, que permiten a los estudiantes UNAB integrarse en su proceso formativo, tanto al sistema público como privado de salud.

En estos escenarios, los estudiantes participan activamente en procesos de atención, enfrentando casos complejos donde deben integrar conocimientos, desarrollar criterio clínico y adaptarse a entornos dinámicos. “Los campos clínicos constituyen un componente esencial del proceso formativo en las carreras de la salud, ya que permiten integrar el conocimiento teórico con la toma de decisiones clínicas en contextos reales, diversos y complejos. La práctica clínica supervisada favorece el desarrollo progresivo de competencias

profesionales, habilidades técnicas y criterios éticos fundamentales para un ejercicio responsable, seguro y de calidad. En este sentido, la vinculación sistemática con escenarios asistenciales es indispensable para asegurar una formación pertinente, alineada con los estándares académicos, las necesidades del sistema de salud y el bienestar de las personas”, explica Nicolás Bronfman, vicerrector académico de la Universidad Andrés Bello.

UNA RELACIÓN ESTRATÉGICA DE BENEFICIO MUTUO

Más allá del espacio formativo, la relación entre la UNAB y los campos clínicos de alta complejidad se construye desde una lógica de colaboración estratégica y aprendizaje mutuo. Así lo explica la Dra. Sylvia Santander, directora general de Educación Clínica y Simulación de la Universidad Andrés Bello: “Nuestra vinculación con los campos clínicos no es solo para que reciban estudiantes. Se trata de una relación bidireccional, donde la universidad aporta a estas instituciones formación, actualización, docencia y apoyo académico, y los centros enriquecen el proceso educativo al abrir sus espacios, compartir su experiencia y desafiar a nuestros estudiantes con la realidad asistencial”.

La Dra. Santander agrega que este modelo de relacionamiento se basa en una coordinación permanente, planificación conjunta y estándares compartidos de calidad y seguridad del paciente. “Trabajamos de manera estratégica con los campos de alta complejidad, entendiendo sus necesidades asistenciales y formativas, y alineando nuestros objetivos académicos para que la experiencia sea valiosa tanto para los estudiantes como para los equipos de salud que los acogen”, señala.

Este vínculo permite, además, fortalecer procesos como la mejora continua, la innovación en educación clínica y la formación de tutores, consolidando una red que impacta positivamente en la calidad de la atención y en la preparación de los futuros profesionales.

APRENDER EN ESCENARIOS DE ALTA EXIGENCIA

Los centros de alta complejidad concentran pacientes con multimorbilidad, situaciones críticas y requerimientos asistenciales avanzados, lo que eleva el nivel de exigencia para quienes se están formando. Este contacto directo favorece el desarrollo de habilidades clave como el razonamiento clínico avanzado, la toma de decisiones bajo presión y la priorización de cuidados, además de la familiarización con tecnologías diagnósticas y terapéuticas de alto nivel y el trabajo con equipos interdisciplinarios.

Desde la mirada institucional, esta experiencia resulta decisiva. “La formación en salud exige articular de manera coherente la enseñanza teórica, la simulación clínica avanzada y la práctica en escenarios asistenciales reales. Los campos clínicos de alta complejidad permiten a nuestros estudiantes comprender la reali -

dad de la práctica profesional, desarrollar habilidades clínicas y asumir, progresivamente, mayores responsabilidades en contextos reales”, destaca el Dr. Patricio Burdiles Pinto, decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Andrés Bello.

El decano subraya que estos campos representan espacios donde los estudiantes no solo aplican conocimientos, sino que también internalizan una cultura de seguridad del paciente, ética profesional y trabajo colaborativo, aspectos fundamentales en un sistema sanitario cada vez más demandante.

EL ROL CLAVE DE TUTORES Y EQUIPOS DE SALUD

La experiencia en campos clínicos está mediada por el acompañamiento de equipos asistenciales y tutores clínicos, quienes cumplen un rol fundamental en la supervisión, orientación y transmisión de estándares profesionales. Este trabajo conjunto se sostiene a través de convenios formales, perfiles de egreso claros, sistemas de evaluación estructurados y una coordinación permanente entre la universidad y los centros asistenciales.

Este modelo permite asegurar una experiencia formativa coherente, exigente y alineada con los objetivos académicos, sin perder la riqueza y particularidades de cada entorno clínico.

DESAFÍOS QUE FORMAN PROFESIONALES CON MIRADA INTEGRAL

La gestión de campos clínicos, especialmente en hospitales públicos, enfrenta desafíos como la alta carga

asistencial, la presión por recursos y la complejidad organizacional. Sin embargo, estas condiciones también aportan un valor formativo significativo. “Los estudiantes se enfrentan a una alta diversidad de casos, desarrollan adaptabilidad y resiliencia”, explica Bárbara Leyton, directora de Gestión de Operaciones en Educación Clínica UNAB, destacando que estas experiencias fortalecen además el compromiso con la equidad y el acceso a la atención.

A estos desafíos se suma un cambio estructural: la disminución de la tasa de natalidad en Chile, que impacta en la disponibilidad de campos en áreas como obstetricia y pediatría, impulsando la necesidad de innovar en educación clínica.

Frente a un sistema de salud en transformación, la Universidad Andrés Bello proyecta fortalecer su red de campos clínicos e incorporar nuevas modalidades como la telesalud. “El objetivo es formar profesionales integrales, resolutivos y adaptados a las necesidades del país”, señala Leyton. Esto implica avanzar hacia modelos centrados en el paciente, con énfasis en la continuidad del cuidado, la seguridad y la innovación.

DESDE LA EXPERIENCIA

Cuando los estudiantes pasan del aula al campo clínico, sin duda, el cambio es profundo y movilizador. Ya no están frente a un caso en papel o a un escenario simulado: están frente a una persona real, y eso transforma completamente la experiencia.

“Observo miedo a hacer daño, a equivocarse, a no estar a la altura o incluso a reprobar. Aunque nunca es-

tán solos, la sensación de responsabilidad es distinta. Por primera vez sienten que sus decisiones pueden tener un impacto directo en la salud de otra persona, y eso pesa”, analiza Angie Demierre, supervisora clínica de Obstetricia de la UNAB.

Isadora Espinoza, interna de obstetricia UNAB, reconoce que “estoy muy feliz con quien es mi tutora, la matrona Yanel González, una increíble profesional que me ha enseñado y ayudado a consolidar mis conocimientos y habilidades de atención. El equipo de trabajo es muy agradable y motivante”.

Por su parte, su compañera de carrera, Inés Moreno, admite que “durante mi práctica clínica, he enfrentado situaciones reales que han puesto a prueba mis habilidades y desempeño. Esta experiencia me permitió comprender que no solo el conocimiento teórico prepara para la práctica, sino también la capacidad de adaptación y criterio. Sin duda, ha sido una experiencia grata que ha contribuido a mi crecimiento y madurez como estudiante”.

Finalmente, Angie Demierre concluye que “el campo clínico no solo forma habilidades técnicas, sino que moldea la identidad profesional. Es ahí donde los estudiantes dejan de ser solo estudiantes y comienzan, progresivamente, a convertirse en profesionales de la salud”.

Cómo la simulación y la tecnología están transformando la formación en salud

Con más de 6 mil metros cuadrados de infraestructura, presencia en tres sedes y miles de estudiantes formados cada año, el Hospital de Simulación de la Universidad Andrés Bello se consolida como un eje clave en la preparación clínica temprana, segura y de calidad para las futuras generaciones de profesionales de la salud.

Entrenar bajo presión, tomar decisiones complejas y coordinar equipos en escenarios críticos ya no es exclusivo de los campos clínicos tradicionales. Hoy, la simulación avanzada se ha convertido en una herramienta clave en la formación de profesionales de la salud, permitiendo anticipar situaciones reales en entornos seguros, controlados y pedagógicamente diseñados. En la Universidad Andrés Bello, este enfoque se estructura a través de su Hospital de Simulación, iniciativa implementada en sus tres sedes y que integra tecnología, pacientes simulados y virtuales, junto a metodologías de entrenamiento clínico de alta fidelidad para diversas carreras del área de la salud.

“La simulación no es solo tecnología. Es una estrategia formativa que permite al estudiante aprender haciendo, reflexionando y corrigiendo en un entorno protegido”, explica la Dra. Sylvia Santander, directora general de Educación Clínica y Simulación de la UNAB.

“Junto a los objetivos académicos y resultados de aprendizaje en educación clínica, se busca la preparación de los estudiantes en prácticas académicas simuladas en ambientes protegidos y evaluaciones estandarizadas, de manera que al abordar pacientes reales puedan asegurar la calidad de su atención y la seguridad de los pacientes”, agrega.

INFRAESTRUCTURA Y ALCANCE NACIONAL

Desde el punto de vista de su magnitud, el Hospital de Simulación de la UNAB supera actualmente los 6 mil metros cuadrados, incluyendo los casi mil metros cuadrados recientemente habilitados en alianza con Clínica Las Condes, que se suman a las instalaciones de las sedes de República, Viña del Mar y Concepción. Esta infraestructura permite desarrollar actividades en salas de habilidades, salas de alta fidelidad, box de atención y salas de hospitalización simulada, dando cobertura transversal a todas las carreras del área de la salud.

La incorporación de realidad virtual inmersiva y no inmersiva permite recrear una amplia gama de escenarios clínicos de distinta complejidad. Desde reanimación cardiopulmonar y atención de trauma, hasta emergencias obstétricas, procesos diagnósticos y situaciones que exigen habilidades comunicacionales, los estudiantes pueden enfrentarse a contextos que simulan fielmente la práctica profesional.

“La tecnología inmersiva nos permite recrear escenarios altamente significativos desde el punto de vista clínico y pedagógico, donde los estudiantes entrenan observación, priorización, toma de decisiones e intervención oportuna”, señala el Dr. Rodolfo Paredes, director académico de Educación Clínica y Simulación de la UNAB.

En el ámbito obstétrico, por ejemplo, estudiantes de Obstetricia y Medicina pueden entrenar la atención del parto, la asistencia en el parto expulsivo, la comunicación con la gestante y su acompañante, y el uso adecuado del equipamiento clínico. En radiología, los softwares especializados permiten a estudiantes de Tecnología Médica familiarizarse con imágenes, estructuras anatómicas y procesos de análisis diagnóstico, reforzando competencias clave antes del contacto con pacientes reales.

LA VOZ DE LOS ESTUDIANTES

Para los estudiantes, la simulación clínica se ha transformado en una experiencia concreta de aprendizaje que permite reducir la ansiedad, reforzar la práctica y enfrentar con mayor seguridad los desafíos de la formación en salud. Sólo durante 2025, el Hospital de Simulación de la Universidad Andrés Bello (UNAB) registró más de 35 mil sesiones de entrenamiento, con la participación de 14.453 estudiantes de distintas carreras del área de la salud en las sedes de Santiago, Viña del Mar y Concepción.

Para Vania González, estudiante de cuarto año de Enfermería, el Hospital de Simulación ha sido una experiencia determinante en su proceso formativo. “Los nervios siempre van de la mano con el Hospital de Simulación, tanto cuando nos toca simular como cuando vemos procedimientos nuevos, pero en general la experiencia ha sido bastante buena. La instalación y el apoyo de los profesores ayudan mucho”, comenta.

Además, destaca el acceso temprano a tecnologías similares a las del campo clínico: “Estas tecnologías son muy parecidas a las que vamos a ver después como profesionales, y eso hace que, cuando nos enfrentemos a la realidad, no nos sintamos tan nerviosos”, dice.

CALIDAD CON ESTÁNDAR INTERNACIONAL

El desarrollo del Hospital de Simulación de la UNAB se sustenta en criterios de calidad reconocidos a nivel global. Actualmente cuenta con acreditación internacional de la Society for Simulation in Healthcare (SSH) para el periodo 2023–2028, además de mantener vínculos de colaboración con otros centros de simulación en Chile y el mundo, respaldando la solidez académica y clínica de sus procesos formativos.

La estrategia de nuevas tecnologías en simulación de la UNAB no se limita a la realidad virtual inmersiva, ya que se ha incorporado también realidad virtual no inmersiva, pacientes virtuales y, de manera progresiva, desarrollos en realidad mixta, ampliando la cobertura formativa y adaptando la experiencia a distintos niveles de complejidad.

Actualmente, la UNAB dispone de una amplia colección de pacientes virtuales de diversas especialidades, utilizados transversalmente por carreras como Medicina, Enfermería, Nutrición y Dietética y Obstetricia. Estas plataformas favorecen la exposición repetida a casos clínicos variados, fortaleciendo el razonamiento diagnóstico y la toma de decisiones sin los riesgos asociados a la práctica clínica real.

“Estas experiencias complementan otras estrategias de simulación y permiten que los estudiantes enfrenten múltiples escenarios clínicos, ajustados a sus objetivos de aprendizaje”, indica la Dra. Santander.

Desde la mirada estudiantil, el impacto es directo. Camila Navarrete, estudiante de tercer año de Tecnología Médica, explica que “el hospital de simulación te quita un poco el temor de hacerlo con una persona real. Nos permite practicar con realidad virtual y fantomas, y eso después se nota en las prácticas clínicas”. Asimismo, la joven agrega que “a mí personalmente me gustan mucho las simulaciones porque me dan la confianza de que sé lo que estoy haciendo, no solo en teoría, sino también en la práctica”.

CECA: el centro inmersivo que cambiará la manera de entender la formación en salud

Con 18 mil metros cuadrados de infraestructura, metodologías de enseñanza avanzadas y tecnología de punta, el nuevo Centro de Educación Clínica Avanzada (CECA) se transformará en un diferenciador de la formación de salud de UNAB, fortaleciendo las capacidades de los estudiantes y actuando como un puente entre la simulación tradicional y el campo clínico real.

La educación en salud enfrenta uno de sus mayores desafíos: formar profesionales altamente competentes en contextos sanitarios cada vez más complejos, dinámicos y exigentes, sin poner en riesgo la seguridad de los pacientes. En ese escenario surge el Centro de Educación Clínica Avanzada (CECA), una iniciativa inédita en Chile y Latinoamérica que busca redefinir la manera en que los futuros profesionales de la salud aprenden, practican y se enfrentan a la toma de decisiones clínicas.

Ubicado como un proyecto estratégico impulsado por la Fundación Educación y Cultura, el CECA es el resultado de una alianza inédita entre Universidad Andrés Bello (UNAB), Universidad de Las Américas (UDLA) y el Instituto Profesional AIEP, tres instituciones que decidieron unir capacidades para crear el centro de educación clínica más grande del país, configurándose como un campo clínico formativo, especialmente diseñado para el aprendizaje progresivo y seguro. Su apertura está proyectada para 2027, y desde ya se perfila como un nuevo estándar en formación en salud.

“CECA es un proyecto pionero que nace desde la convicción de que la formación clínica debe evolucionar al mismo ritmo que lo hace el sistema de salud. Aquí buscamos ofrecer experiencias de inmersión clínica que replican con gran realismo los escenarios que los estudiantes enfrentarán en su vida profesional”, explica Sergio Becerra, director clínico del CECA.

UN NUEVO ESLABÓN EN LA FORMACIÓN CLÍNICA

Históricamente, la formación en salud en la UNAB se ha sustentado sobre tres pilares: una sólida base teórica, centros de simulación clínica y la práctica en campos clínicos tradicionales. En ese modelo, el CECA no llega a reemplazar lo existente, sino a complementarlo y fortalecerlo, ampliando las oportunidades de formación clínica de los estudiantes.

“El CECA actúa como un puente entre la simulación tradicional y el campo clínico real. Muchos estudiantes pasan de escenarios simulados acotados directamente al contacto con pacientes reales, donde el nivel de

presión y complejidad aumenta abruptamente. Este entorno inmersivo permite transitar esa etapa de forma progresiva, segura y altamente realista”, señala Becerra.

A diferencia de los centros de simulación clásicos — enfocados muchas veces en habilidades puntuales—, el CECA reproduce procesos clínicos completos, integrando variables técnicas, humanas, emocionales y organizacionales. “Aquí el estudiante no solo ejecuta un procedimiento: debe comunicarse con pacientes y equipos, priorizar recursos, enfrentar imprevistos y tomar decisiones bajo presión, tal como ocurre en un hospital real”, agrega.

La diferencia entre la simulación tradicional y el entorno inmersivo del CECA no está solo en la tecnología, sino en el nivel de complejidad y realismo sistémico. Mientras la simulación clásica se centra en escenarios controlados y específicos, el CECA recrea un hospital en funcionamiento, con flujos clínicos, tiempos de respuesta, trabajo interdisciplinario y continuidad asistencial.

“El estudiante puede comenzar atendiendo una urgencia en la ambulancia háptica, continuar el manejo en una sala de urgencias, pasar a una UTI y luego en -

frentar la comunicación del diagnóstico con la familia. Ese recorrido completo es lo que marca la diferencia”, explica Becerra.

Este enfoque permite entrenar no solo destrezas técnicas, sino también competencias transversales fundamentales como el liderazgo, la comunicación efectiva, el trabajo en equipo, el juicio clínico y la toma de decisiones éticas.

EVIDENCIAS DEL IMPACTO FORMATIVO

El CECA -que abrirá formalmente sus puertas en 2027- posee un diseño pedagógico que se sustenta en metodologías de educación clínica internacionalmente reconocidas y en aprendizajes tempranos derivados de experiencias piloto desarrolladas por las instituciones participantes, que han permitido fortalecer el modelo formativo previo a su implementación.

Uno de los atributos más valorados es la posibilidad de equivocarse sin consecuencias reales, recibir retroalimentación inmediata y repetir los escenarios hasta alcanzar un estándar óptimo, algo prácticamente imposible en el campo clínico tradicional.

HOSPITAL ALTAMENTE REALISTA Y SEGURO

Definido como un “hospital altamente realista”, el CECA contará con más de 18.000 m² de infraestructura, capaces de albergar simultáneamente a cerca de mil estudiantes y desarrollar más de 100.000 sesiones de aprendizaje al año.

Entre sus espacios destacan áreas de atención prehospitalaria con ambulancia háptica, salas de urgencia, unidades de hospitalización, UTI, quirófanos con seis estaciones de trabajo, centro de imagenología, rehabilitación, salud familiar, farmacia, espacios para atención domiciliaria y una Sala de Salud Inmersiva con proyecciones envolventes. A ello se suman tecnologías como pacientes virtuales con inteligencia artificial, realidad virtual y mixta, impresión 3D y simuladores de alta fidelidad.

“La seguridad es central. Todos los escenarios están cuidadosamente diseñados, guiados por docentes expertos y sujetos a protocolos pedagógicos claros. El objetivo es ofrecer experiencias intensas, pero siempre controladas y con foco formativo”, enfatiza Becerra.

UNA VISIÓN DE FUTURO

Mirando hacia adelante, la ambición del CECA es clara: convertirse en un referente nacional e internacional en educación clínica avanzada. El proyecto contempla la incorporación progresiva de nuevas disciplinas, la ampliación de capacidades y el desarrollo de innovación académica y tecnológica.

“Queremos que el CECA sea un entorno vivo, que dialogue con el sistema de salud real, que conecte docencia, simulación, investigación y humanización del cuidado. Nuestro desafío es formar profesionales altamente competentes, pero también profundamente conscientes de su rol humano y social”, concluye Sergio Becerra.

En un contexto donde en salud se exigen respuestas cada vez más complejas, el CECA se proyecta como una respuesta estructural y visionaria de la UNAB: un hospital del futuro que comienza hoy a transformar la formación de quienes cuidarán la salud de Chile.

Telemedicina:

una modalidad en ascenso que requiere preparación y competencias específicas

UNAB Activa, el campo clínico virtual de la U. Andrés Bello, forma a estudiantes de distintas carreras de la salud, poniendo el foco en el acceso, trabajo interdisciplinario y competencias digitales para la atención del futuro.

La telemedicina dejó de ser una solución de emergencia para convertirse en una dimensión estructural de los sistemas de salud. En ese escenario, la formación de profesionales ya no puede limitarse al modelo presencial. Es así como la Universidad Andrés Bello ha avanzado en esa dirección a través de UNAB Activa, su campo clínico virtual, donde los estudiantes aprenden enfrentando casos reales en un entorno digital, supervisados por docentes y con pacientes de todo el país.

El modelo ha combinado formación académica, desarrollo tecnológico y vinculación con el medio. Cada mes, cerca de 1.500 pacientes acceden a atenciones gratuitas gracias a 46 convenios con ONG y agrupaciones de pacientes que, habitualmente, tienen menor acceso a salud.

Para los estudiantes, esto se traduce en una experiencia clínica diversa, marcada por realidades territoriales, sociales y sanitarias distintas, que difícilmente podrían replicarse en un solo espacio físico.

DISMINUYENDO BARRERAS DE ACCESO

Uno de los primeros desafíos es cultural. “El gran desafío es tener una visión clara de por qué hacemos las cosas y transmitir que estamos disminuyendo barreras de acceso en salud, mientras entregamos habilidades para el futuro”, explica la directora de UNAB Activa, María José Gálvez. “La telemedicina no solo amplía cobertura, también redefine la práctica clínica, incorporando nuevas formas de comunicación, registro y toma de decisiones”.

A ello se suma la exigencia tecnológica. La atención remota requiere conectividad estable, plataformas seguras y equipamiento adecuado.

En respuesta a esta exigencia, el programa de UNAB ha migrado hacia sistemas encriptados, certificados por FONASA y CENS, además de estandarizar condiciones técnicas para estudiantes y docentes. Un soporte que, según su directora, no es accesorio, sino parte del proceso formativo, en el que los futuros profesionales deben desenvolverse con solvencia en entornos digitales complejos.

FORMACIÓN

DISCIPLINAR Y COMPETENCIAS PARA LA TELESALUD

Desde la mirada académica, las distintas carreras de la salud han debido incorporar nuevas competencias asociadas a este modelo de atención. Así lo explica Luis Gómez, director de la Escuela de Kinesiología de la U. Andrés Bello, quien señala que “la telesalud se ha convertido en un modelo integral de atención en prácticamente todas las disciplinas de la salud, a través del uso de tecnologías de la información y comunicación con finalidades como el diagnóstico, tratamiento, pre -

vención, educación y telemonitoreo, entre otras, involucrando activamente a los sistemas de salud, profesionales, usuarios y sus familias”.

En ese contexto, el académico advierte que la rápida expansión de la telesalud “ha demandado el desarrollo de una oferta formativa y la actualización de los currículos, que permita que los profesionales de la salud cuenten con las competencias requeridas para brindar procesos de telesalud con los estándares adecuados”. Asimismo, advierte que “según la Association of American Medical Colleges (AAMC), la seguridad del paciente y uso apropiado de la telesalud; acceso y equidad en telesalud; comunicación vía telesalud; recopilación y evaluación de datos a través de telesalud; uso de tecnología para telesalud y la prácticas éticas; y requisitos legales para telesalud, constituyen el conjunto de habilidades críticas para la praxis profesional en telesalud”.

Gómez enfatiza que “las instituciones formadoras deben asumir el desafío de desarrollar estas habilidades en los distintos niveles de formación, asegurando una implementación segura y ética de la telesalud, lo que exige también contar con educadores clínicos capacitados para enseñar, evaluar y retroalimentar en contextos de telemedicina”.

Desde la formación en salud sexual y reproductiva, la telemedicina también ha adquirido un rol estratégico. Para Macarena Arriagada, directora de la carrera de Obstetricia de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar, “la telemedicina se ha consolidado como una estrategia clave para mejorar el acceso, la continuidad del cuidado y la resolutividad en salud sexual y reproductiva, en línea con recomendaciones de organismos como la Organización Mundial de la Salud”.

En ese sentido, Arriagada subraya que la formación en matronería debe anticiparse a un escenario laboral marcado por la atención remota y el seguimiento digital de las usuarias. “Plataformas como UNAB Activa permiten a las y los estudiantes desarrollar competencias clínicas, comunicacionales y éticas, favoreciendo el razonamiento clínico, la educación a distancia y la capacidad de brindar consejería efectiva en contextos no presenciales”, sostiene.

La académica agrega que integrar estas herramientas responde directamente al perfil de egreso de la carrera, que busca formar profesionales capaces de desempeñarse en diversos niveles de atención, con enfoque centrado en la persona, pertinencia territorial y uso responsable de tecnologías sanitarias. “En un sistema de salud como el chileno, marcado por brechas de acceso y distribución de especialistas, formar matronas y matrones con competencias digitales ya no es opcional, sino una necesidad para responder con calidad, oportunidad y equidad a las demandas actuales de la población”.

ATENCIÓN SIN BARRERAS

Desde el punto de vista del paciente, las ventajas son evidentes. La eliminación de traslados facilita el acceso, especialmente en zonas con menor oferta de servicios. Además, la atención en el hogar permite observar contextos cotidianos: desde el uso de medicamentos hasta factores de riesgo en el entorno doméstico. La integración de dispositivos como tensiómetros o monitores de glucosa abre la puerta a un seguimiento más continuo y personalizado.

Por otro lado, UNAB Activa ha enfocado parte de sus convenios en acompañar a personas mayores, pacientes con neurodivergencias y comunidades vulnerables que han quedado rezagadas en el uso de tecnologías. En ese proceso, la formación de los estudiantes incorpora también una dimensión educativa y social.

Las proyecciones apuntan a modelos híbridos, que combinen atención presencial y remota, ampliando las posibilidades de intervención. En paralelo, el fortalecimiento del equipo profesional y la expansión de alianzas consolidan un ecosistema que articula docencia, servicio e innovación.

“En ese marco, la telemedicina no se presenta como una alternativa, sino como un componente estructural de la salud contemporánea. Formar profesionales capaces de habitar ese espacio, con criterio clínico, competencias digitales y sensibilidad social, es uno de los principales desafíos que hoy enfrenta la educación en salud. UNAB Activa opera, precisamente, en ese punto de intersección”, concluye su directora.

UNA OPORTUNIDAD PARA ESTUDIANTES

La incorporación de plataformas digitales en la formación clínica también ha abierto nuevas oportunidades para los estudiantes. Es el caso de Vilma Valiente, estudiante de Fonoaudiología Advance, quien realizó su práctica desde Perú gracias a la plataforma UNAB Activa. “Ha sido una experiencia muy enriquecedora, porque me permitió atender pacientes reales, aplicar lo aprendido y, al mismo tiempo, adaptarme a una modalidad distinta de atención”, comenta, destacando además la posibilidad de compatibilizar su formación con su contexto local.

Desde Terapia Ocupacional, Ximena Aranda releva el impacto social de estas herramientas. “La telesalud promueve el acceso a ocupaciones significativas, disminuyendo la injusticia ocupacional generada por factores como la lejanía geográfica o la falta de recursos”, señala. A su juicio, estas experiencias no solo fortalecen la formación profesional, sino que también amplían el alcance de la atención en salud.

Revista Círculo Salud • Universidad Andrés Bello

Gestión de camas y diagnóstico respiratorio: dos soluciones tecnológicas desarrolladas en la academia para mejorar la gestión en salud

Ambas tecnologías, desarrolladas desde la Facultad de Ingeniería de U. Andrés Bello, apuestan por una salud más preventiva, eficiente y centrada en las personas.

La innovación tecnológica se ha convertido en una aliada clave para enfrentar algunos de los desafíos más urgentes del sistema de salud. La detección tardía de enfermedades, la sobrecarga hospitalaria y la gestión ineficiente de recursos siguen impactando la calidad y oportunidad de la atención.

Frente a este escenario, el Instituto de Tecnología para la Innovación en Salud y Bienestar (ITiSB) de la Facultad de Ingeniería de U. Andrés Bello, ha impulsado el desarrollo de soluciones que apuntan a mejorar tanto el diagnóstico clínico como la organización hospitalaria, con un enfoque centrado en las personas y basado en datos.

Por un lado, el aumento sostenido de las enfermedades respiratorias crónicas —como la fibrosis pulmonar— ha puesto en evidencia las limitaciones de los métodos diagnósticos tradicionales. Procedimientos como la broncoscopía o la biopsia pulmonar, además de ser invasivos, implican riesgos clínicos, altos costos y una infraestructura que no siempre está disponible, lo que retrasa la detección temprana y el inicio oportuno de tratamientos.

Para responder a esta brecha, el ITiSB desarrolló Exhalapp, una innovación que propone un cambio en la forma de abordar el diagnóstico respiratorio. La tecnología combina un dispositivo portátil con una aplicación móvil capaces de analizar el aire exhalado por las personas, identificando biomarcadores asociados a enfermedades pulmonares sin recurrir a procedimientos invasivos.

Gracias a su capacidad para fraccionar el aire exhalado y diferenciar componentes provenientes de distintas zonas del pulmón, Exhalapp permite obtener información clínica relevante de manera segura y accesible. Esto abre la posibilidad de identificar señales tempranas de enfermedad, realizar un seguimiento continuo y personalizar el monitoreo de cada paciente, incluso en contextos domiciliarios o de atención primaria.

“Uno de los grandes desafíos en enfermedades respiratorias es lograr diagnósticos más oportunos sin exponer a los pacientes a procedimientos invasivos. Exhalapp permite avanzar hacia una medicina más preventiva, accesible y centrada en las personas, utilizando información que el propio cuerpo entrega de manera natural”, afirma la Dra. Carla Taramasco, directora del ITiSB.

La especialista añade que el valor de esta tecnología está en su enfoque preventivo: “Al identificar biomarcadores presentes en el aire exhalado, podemos acceder a señales tempranas de enfermedad sin intervenir al paciente, lo que abre la puerta a una medicina más continua y centrada en la persona”. Además, destaca que el acceso a datos en tiempo real no solo mejora la precisión clínica, sino que también permite anticipar riesgos y apoyar una mejor toma de decisiones.

EN HOSPITALES

Pero los desafíos del sistema de salud no se limitan al diagnóstico. La presión constante sobre los hospi -

tales, las listas de espera y los servicios de urgencia congestionados han vuelto crítica la gestión eficiente de camas y del flujo de pacientes. En muchos centros, la falta de información integrada y actualizada genera retrasos, duplicidad de esfuerzos y decisiones basadas en datos incompletos.

En este contexto surge Gesca+, otra de las soluciones desarrolladas por el ITiSB, orientada a optimizar la gestión hospitalaria. La plataforma digital permite visualizar en tiempo real la disponibilidad de camas, coordinar el traslado de pacientes y monitorear su recorrido desde el ingreso hasta el alta, integrando a los distintos equipos clínicos y administrativos en un solo sistema.

“La gestión de camas es uno de los procesos más críticos dentro de un hospital, porque incide directamente en la oportunidad de atención. Contar con información integrada y en tiempo real permite no solo optimizar la toma de decisiones, sino también anticiparse a los cuellos de botella y mejorar la experiencia de los pacientes”, señala Taramasco.

Uno de los principales atributos de Gesca+ es su capacidad para articular a los distintos actores del entorno hospitalario. A través de paneles de control e indicadores visuales, la plataforma permite identificar tiempos de espera, puntos críticos y oportunidades de mejora, favoreciendo una gestión más eficiente, coordinada y transparente. Su diseño, desarrollado junto a profesionales de la salud, facilita su uso incluso en escenarios de alta exigencia y permite su integración con sistemas existentes.

Para la directora del ITiSB, este tipo de herramientas responde a un problema estructural del sistema sanitario: “La gestión de camas es uno de los procesos más sensibles dentro de un hospital, porque impacta directamente en la oportunidad de atención. Contar con información en tiempo real permite tomar mejores decisiones, reducir tiempos de espera y mejorar la experiencia de los pacientes”. A ello agrega que estas soluciones también fortalecen el trabajo colaborativo entre equipos clínicos, un aspecto cada vez más relevante en sistemas sobrecargados.

Desde ámbitos distintos —el diagnóstico respiratorio y la gestión hospitalaria—, Exhalapp y Gesca+ reflejan un mismo enfoque: utilizar la tecnología para mejorar la calidad de la atención, reducir riesgos y avanzar hacia un sistema de salud más moderno, integrado y centrado en las personas. “Más allá de la tecnología, el objetivo es contribuir a un sistema de salud donde la información fluya de manera oportuna y permita tomar decisiones que impacten positivamente en la vida de las personas”, concluye Taramasco.

Urgencias bajo presión: Chile avanza en formación especializada y enfrenta una década decisiva

Mientras el país fortalece la formación en medicina de urgencia y avanza en simulación clínica e innovación, especialistas advierten que el principal reto sigue siendo integrar esos avances en una red resolutiva, equitativa y preparada para enfrentar el aumento de la demanda y las emergencias del futuro.

Aunque el país ha logrado consolidar programas universitarios y mayor profesionalización en la atención de emergencias, persisten brechas en recursos humanos, cobertura territorial y preparación ante crisis complejas. Desde la academia, el desafío es formar equipos capaces de responder no sólo al hoy, sino también a las urgencias del futuro.

Por años, los servicios de urgencia han sido el termómetro más sensible del sistema de salud chileno. Saturación, extensos tiempos de espera y déficit de personal especializado son parte de una realidad que se repite en hospitales y clínicas a lo largo del país. Sin embargo, en paralelo, Chile ha avanzado de manera significativa en la formación de profesionales capaces de enfrentar este escenario, particularmente desde las universidades.

“Chile ha dado pasos importantes en consolidar la medicina de urgencia como disciplina, pero todavía estamos en una fase de desarrollo más que de madurez plena”, sostiene el doctor Sebastián Ugarte, director del Programa de Medicina Intensiva del Adulto de la Universidad Andrés Bello y jefe del Servicio de Paciente Crítico de Clínica INDISA, campo clínico de la casa de estudios.

AVANCE Y BRECHAS

A nivel latinoamericano, Chile destaca por contar con programas estructurados de especialidad en medicina de urgencia, con rotaciones definidas, competencias claras y certificación formal, algo que aún no es la norma en varios países de la región. “Eso habla de un sistema formativo más maduro, donde la urgencia deja de depender de trayectorias informales o de especialistas ‘prestados’ desde otras áreas”, explica el Dr. Ugarte.

No obstante, al compararse con países de larga tradición en este ámbito, como Estados Unidos, Canadá o el Reino Unido, las diferencias siguen siendo relevantes. “Todavía tenemos brechas importantes en masa crítica de especialistas, distribución territorial y conformación de equipos completos”, advierte.

El problema, subraya, no es sólo la existencia de programas universitarios. “Formar especialistas es fundamental, pero igual de importante es lograr que estén bien distribuidos y que trabajen en redes sólidas y resolutivas”, subraya el experto.

PRESIÓN ASISTENCIAL Y FRAGILIDAD ESTRUCTURAL

Las cifras dan cuenta de un fenómeno que va en aumento. Según datos del Ministerio de Salud, en 2025 las consultas en Unidades de Emergencia Hospitalaria superaron los 5,8 millones, lo que representa un alza de más de 18% respecto del año anterior. Para el Dr. Ugarte, este incremento refleja un problema sistémico.

“Las urgencias terminan siendo el lugar donde se expresa todo lo que la red no logra resolver a tiempo en prevención, atención primaria o especialidades”, señala. En ese contexto, los servicios de emergencia no sólo atienden cuadros críticos, sino que absorben una sobrecarga que tensiona permanentemente su capacidad de respuesta.

A esto se suma un desafío transversal de recursos humanos. “La OCDE muestra avances en número de médicos, pero persisten déficits importantes en enfermería y relaciones enfermera/médico desfavorables, lo que impacta directamente en la calidad del cuidado crítico”, agrega.

UNIVERSIDADES QUE FORMAN Y TRANSFORMAN

Frente a este escenario, el rol de las universidades se vuelve estratégico. Ya no se trata sólo de formar profesionales, sino de contribuir a modernizar los modelos de atención. “Hoy la universidad cumple un rol clave en rediseñar cómo respondemos a la enfermedad aguda, al trauma y a las emergencias complejas”, plantea el Dr. Ugarte.

En ese marco, la Universidad Andrés Bello ha impulsado un trabajo sostenido en la formación especializada. Su programa de Medicina de Urgencia, liderado por los doctores Leonardo Ristori y Wilson Villamar, integra una mirada transversal del paciente agudo, incorporando urgencias médicas, quirúrgicas, traumatológicas, neurológicas, obstétricas y de salud mental.

“La apuesta por la simulación clínica avanzada, con hospitales de simulación, tecnologías digitales y entornos inmersivos, es una manera concreta de modernizar la formación”, destaca el académico de la UNAB. Y enfatiza: “En medicina de urgencia, entrenar bien antes del contacto con el paciente real no es un lujo: es una obligación ética”.

INNOVACIÓN, DATOS E INTELIGENCIA ARTIFICIAL

La incorporación de tendencias globales ya comenzó en la formación chilena, aunque de manera desigual. Telemedicina, simulación de alta fidelidad y tecnologías inmersivas son cada vez más frecuentes. En inteligencia artificial, el avance es más incipiente, pero prometedor.

“Estamos en una fase de exploración y aplicación puntual de la IA en urgencias, más que en una integración curricular madura”, reconoce el especialista. Sin embargo, subraya que la UNAB ha impulsado tanto la reflexión ética como proyectos concretos en salud digital. “La tecnología no reemplaza el juicio clínico ni la empatía, pero sí puede ayudarnos a decidir mejor, más rápido y con mayor seguridad”, afirma.

UNA DÉCADA DESAFIANTE

El aumento de eventos climáticos extremos, incendios, olas de calor, brotes epidémicos y emergencias masivas plantea un escenario exigente para el futuro cercano. Para el Dr. Ugarte, Chile debe asumir decisiones estratégicas claras.

Dr. Sebastián Ugarte Director del Programa de Medicina Intensiva del Adulto Mayor UNAB, y jefe del Servicio de Paciente Crítico de Clínica INDISA.

“Necesitamos fortalecer la red de urgencias como un sistema integrado, aumentar el capital humano especializado y consolidar capacidades permanentes en medicina de desastres, telemedicina y gestión de crisis”, señala.

El objetivo, explica, es avanzar desde una urgencia reactiva a una urgencia anticipatoria. “Usar mejor los datos, la analítica predictiva y la telesalud puede ayudarnos a prever picos de demanda y evitar el colapso”, detalla.

En ese camino, la academia tiene una responsabilidad ineludible. “La universidad no puede quedar al margen. Tiene la posibilidad de formar profesionales capaces de responder tanto en la urgencia cotidiana como en las crisis del futuro”, subraya.

Al final, modernizar la urgencia no es sólo incorporar tecnología o infraestructura. “Es formar personas capaces de actuar con competencia, serenidad y humanidad cuando más se necesita”, sentencia el director del Programa de Medicina Intensiva del Adulto de la UNAB. Y en este desafío, sin duda, la educación superior tiene mucho que decir.

Cómo la transformación digital redefine el diagnóstico, la atención y la gestión clínica

La transformación digital dejó hace tiempo de ser una promesa futura para convertirse en una realidad concreta que atraviesa todos los niveles del sistema de salud. Desde la inteligencia artificial aplicada a diagnósticos tempranos hasta los hospitales inteligentes y la medicina de precisión, la digitalización se ha consolidado como uno de los principales motores de cambio sanitario, tanto en Chile como a nivel global. En este escenario, la Universidad Andrés Bello impulsa una mirada estratégica que busca poner la tecnología al servicio de las personas, entendiendo la innovación como una herramienta para mejorar la calidad y oportunidad de la atención.

Hoy, tecnologías como la inteligencia artificial, la telemedicina, los sistemas de información clínica interoperables y la analítica avanzada de datos están redefiniendo la forma en que se diagnostica, trata y gestiona la atención de pacientes. En la Universidad Andrés Bello, este proceso es abordado como un cambio estructural que va más allá de incorporar nuevas herramientas. Como he señalado en distintas oportunidades, no se trata solo de digitalizar procesos existentes, sino de repensar la salud desde una lógica más predictiva, integrada y centrada en las personas. convencidos de que la tecnología debe fortalecer —y no reemplazar— el rol humano en la atención sanitaria.

Uno de los ámbitos donde el impacto resulta más visible es el del diagnóstico temprano asistido por inteligencia artificial. Algoritmos de aprendizaje automático aplicados al análisis de imágenes médicas permiten detectar patologías oncológicas, cardiovasculares o neurológicas con altos niveles de precisión, apoyando la labor clínica y reduciendo los tiempos de respuesta. A esto se suman herramientas de analítica predictiva capaces de anticipar riesgos como sepsis, reingresos hospitalarios o deterioros súbitos del paciente en unidades críticas. La IA no viene a reemplazar al profesional de la salud, sino a potenciar su capacidad de decisión, y la evidencia muestra que su uso permite diagnósticos más oportunos y una gestión clínica más eficiente.

La transformación digital también abre paso a un manejo clínico más inteligente, integrando sistemas de apoyo a la decisión, robótica quirúrgica, terapias digitales y medicina personalizada. Hoy, los sistemas informáticos alertan sobre interacciones farmacoló -

gicas, sugieren protocolos basados en evidencia y facilitan tratamientos adaptados al perfil genómico de cada paciente, particularmente en áreas como oncología, diabetes o enfermedades cardiovasculares. Se trata de un cambio profundo que apunta a una medicina más precisa, segura y personalizada.

En materia de acceso, la telemedicina y la atención remota se han consolidado como pilares del nuevo modelo asistencial. Las teleconsultas, el monitoreo remoto de pacientes con enfermedades crónicas y las aplicaciones móviles de salud han permitido ampliar la cobertura, reducir barreras geográficas y mejorar la continuidad del cuidado. La atención híbrida, que combina lo presencial y lo virtual, llegó para quedarse y obliga a rediseñar los flujos asistenciales tradicionales, un desafío clave tanto para los prestadores como para la formación de los futuros profesionales de la salud.

Este proceso de digitalización impacta también de lleno en la gestión hospitalaria. Los hospitales inteligentes ya utilizan modelos predictivos para optimizar la asignación de camas y turnos, automatizar procesos administrativos y fortalecer la ciberseguridad frente a un escenario creciente de amenazas digitales. En paralelo, surgen herramientas como los gemelos digitales hospitalarios, que permiten simular escenarios operativos y anticipar crisis antes de que ocurran, mejorando la toma de decisiones estratégicas.

Un desafío transversal sigue siendo la interoperabilidad de la historia clínica electrónica, condición indispensable para garantizar la continuidad del cuidado. Ordenar los datos de salud es ordenar el sistema completo; sin interoperabilidad, no hay transformación real. Estándares como HL7 FHIR y los espacios de datos de salud permiten que la información del paciente acompañe su trayectoria asistencial, evitando duplicidades, errores y fragmentación, y avanzando hacia sistemas más integrados y seguros.

Finalmente, la mirada se amplía hacia la salud pública y la epidemiología digital, donde el uso de big data e inteligencia artificial permite vigilar brotes, analizar determinantes sociales y diseñar políticas más focalizadas y equitativas. Junto a estas oportunidades, emerge la necesidad de abordar con seriedad los desafíos éticos, la protección de datos y los sesgos algorítmicos. La digitalización también impulsa con fuerza la medicina de precisión y la genómica, avanzando desde un modelo reactivo hacia estrategias preventivas basadas en la anticipación del riesgo. Transformar la salud es transformar vidas, pero hacerlo de manera responsable exige gobernanza, talento humano y una formación sólida en ética digital.

Formación sin fronteras: la apuesta internacional del Instituto de Salud Pública UNAB para liderar los cambios en salud

Con alianzas con universidades de prestigio mundial, diplomados con pasantías y una mirada aplicada, el Instituto de Salud Pública de la Facultad de Medicina UNAB fortalece la formación de líderes capaces de transformar sistemas sanitarios complejos.

En un contexto marcado por transformaciones demográficas, presión sobre los sistemas sanitarios y avances tecnológicos acelerados, la formación en salud pública y gestión sanitaria enfrenta un desafío ineludible: preparar profesionales capaces de liderar cambios reales. En esa línea, el Instituto de Salud Pública de la Universidad Andrés Bello ha consolidado una estrategia formativa con fuerte sello internacional, que combina excelencia académica, alianzas globales y una clara orientación a la aplicabilidad.

La propuesta se materializa en diplomados internacionales con pasantías académicas en instituciones de referencia mundial, como parte de una trayectoria formativa integrada. No se trata de experiencias aisladas, sino de programas diseñados para articular conocimientos, exposición internacional y herramientas concretas para la toma de decisiones en contextos complejos.

“Estamos dando respuesta a un requerimiento del mercado que exige educación continua de alta calidad, en alianza con universidades extranjeras de prestigio”, explica Héctor Sánchez, director ejecutivo del Instituto de Salud Pública de la Facultad de Medicina UNAB. En ese marco, destaca que estas instituciones no solo participan en la formación, sino que también certifican las actividades académicas en conjunto con la universidad.

HARVARD, U. DE BOLONIA Y U. COMPLUTENSE DE MADRID

Esta lógica de internacionalización no es nueva. Desde hace décadas, los programas de magíster del instituto han incorporado pasantías en España, Italia y Estados Unidos, permitiendo a los estudiantes contrastar modelos y experiencias. Sin embargo, a partir de 2026,

esta estrategia se amplía con una nueva generación de diplomados internacionales que integran formación académica y seminarios en terreno.

La oferta aborda temáticas clave para el presente y futuro de la salud: gobernanza, sostenibilidad, innovación, calidad asistencial, salud basada en valor, transformación digital y gestión de redes, entre otras. Todo ello bajo un enfoque comparado, que permite analizar distintas realidades y transferir aprendizajes a los contextos locales.

Uno de los programas emblemáticos es el Diplomado Internacional en Gestión Estratégica de la Salud Basada en Valor, Calidad e Innovación, que contempla una pasantía en la Escuela de Salud Pública de Harvard. Este programa busca formar profesionales capaces de diseñar e implementar soluciones orientadas a mejorar resultados sanitarios, optimizar procesos y promover culturas organizacionales centradas en la calidad.

A ello se suma el Diplomado Internacional en Gobernanza, Sostenibilidad y Transformación de los Sistemas de Salud, con pasantía en España en conjunto con la Universidad Complutense de Madrid y la Fundación Ortega y Marañón. Este programa pone el foco en la conducción de sistemas complejos, abordando dimensiones políticas, organizacionales y estratégicas.

En paralelo, la alianza con la Universidad de Bolonia se expresa en dos programas: uno orientado a funciones gerenciales y gestión de servicios de salud, y otro centrado en sistemas integrados y atención primaria territorial. Ambos incorporan experiencias académicas internacionales que permiten conocer modelos europeos y analizar su aplicabilidad en América Latina.

COMPETENCIAS CRÍTICAS

Para Sánchez, el valor de estas instancias radica en su capacidad de desarrollar competencias críticas. “La principal habilidad hoy es gestionar la complejidad: equipos diversos, cambios tecnológicos y nuevas demandas sociales. Además, se requieren herramientas

en gestión financiera y económica para asegurar la sostenibilidad del sistema”, señala.

En esa línea, los programas han evolucionado incorporando analítica de datos, inteligencia artificial y toma de decisiones basada en evidencia. “No basta con enseñar contenidos; buscamos que los estudiantes desarrollen capacidades para anticipar riesgos, evaluar costo-efectividad y liderar procesos de transformación”, agrega.

El impacto de esta formación se refleja también en la trayectoria de sus egresados. Más de 3.000 directivos del sector salud en Chile y otros países de la región han pasado por sus programas, desempeñándose en hospitales, servicios de salud y centros asistenciales tanto públicos como privados.

La experiencia internacional, además, es altamente valorada por quienes han participado en estos programas. Francisco Peláez Quintana, egresado de un máster en colaboración con la Universidad de Bolonia, destaca que le “permitió profundizar en herramientas de gestión sanitaria y reflexionar críticamente sobre los desafíos estructurales del sistema de salud, con una mirada territorial”.

A su juicio, este tipo de instancias “representan una oportunidad sin parangón en el contexto nacional”, contribuyendo de manera concreta al fortalecimiento de la gestión sanitaria.

En un escenario donde los sistemas de salud enfrentan desafíos como el envejecimiento poblacional, el aumento de enfermedades crónicas, las listas de espera y la necesidad de mejorar la eficiencia, la formación de capital humano avanzado se vuelve estratégica.

En ese contexto, los diplomados internacionales con pasantía del Instituto de Salud Pública UNAB se posicionan como una respuesta concreta: una formación que no solo entrega conocimientos, sino que forma líderes con visión global, capaces de impulsar transformaciones con impacto real en la salud de las personas.

Revista Círculo Salud • Universidad Andrés Bello

Excelencia con sello ético y humano: Escuela de Medicina UNAB celebra un cuarto de siglo de impacto país

A 25 años de su fundación, la Escuela de Medicina de la U. Andrés Bello aporta al sistema de salud chileno miles de profesionales distribuidos a lo largo del país, una formación innovadora y una impronta ética que ha marcado su desarrollo académico e institucional.

Fachada de la Facultad de Medicina y de su Escuela en 2015, en República.

Cuando en 2001 la Universidad Andrés Bello creó su Escuela de Medicina, el país demandaba más profesionales de la salud, con una formación de calidad, sólida en lo técnico, pero también profundamente humana. Veinticinco años después, ese proyecto inicial no solo se mantiene vigente, sino que se ha transformado en una de las escuelas de medicina con mayor impacto a nivel nacional.

“La conmemoración de estos 25 años representa un hito institucional y simbólico muy relevante, porque confirma la sostenibilidad, la madurez académica y la responsabilidad social de la Escuela de Medicina UNAB”, señala el Dr. Patricio Burdiles, decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Andrés Bello.

A su juicio, este aniversario refleja “un camino en que se ha consolidado un proyecto institucional que integra docencia de calidad, un cuerpo académico altamente preparado y experiencias de aprendizaje significativo, tanto en escenarios de simulación como en campos clínicos reales”.

APORTE CONCRETO AL SISTEMA DE SALUD

El impacto de la Escuela de Medicina UNAB no es menor. Del total de médicos que egresan anualmente de las más de 20 escuelas de medicina existentes en Chile, la Escuela de Medicina UNAB titula entre el 10 y 12 % de ellos.

“Esto significa que nuestros egresados se despliegan a lo largo de todo Chile, poniéndose al servicio de las personas y del sistema de salud, tanto en el sector público como privado”, destaca el Dr. Burdiles. “Ese es, sin duda, uno de los mayores aportes de la Escuela: formar médicos competentes, con sentido ético y vocación de servicio, que respondan a las reales necesidades del país”.

Para la Dra. Cynthia Zavala, directora de la Escuela de Medicina UNAB, este sello ha sido clave desde los inicios. “Desde el primer año buscamos que nuestros estudiantes comprendan que la medicina no se ejerce solo desde el conocimiento científico, sino también

Estudiantes y docentes celebrando Navidad en el Hospital El Pino, 2009.

recién titulados

desde la empatía, la comunicación y el compromiso social. Formamos médicos técnicamente competentes, pero también con una mirada profundamente humana. Esa identidad se ha mantenido y fortalecido en estos 25 años”.

INNOVACIÓN CURRICULAR Y FORMACIÓN INTEGRAL

Uno de los pilares del desarrollo de la Escuela ha sido su alineamiento con el Modelo Educativo UNAB, incorporando innovaciones curriculares de manera permanente. Planes de estudio integrados, formación basada en competencias, metodologías evaluativas innovadoras y un fuerte énfasis en el trabajo autónomo han permitido formar médicos preparados para enfrentar un sistema de salud cada vez más complejo.

“La Escuela ha sabido adaptarse a los cambios de la educación médica y del sistema de salud mediante una estrategia proactiva, con aseguramiento interno de la calidad, ajustes curriculares oportunos y un enfoque centrado en el paciente y en los determinantes sociales de la salud”, explica el decano.

En ese sentido, la simulación clínica y la inmersión temprana en escenarios reales han sido fundamentales. “Nuestros estudiantes entrenan habilidades clínicas y comunicacionales, comprendiendo el rol del médico no solo en la curación, sino también en la prevención, la educación y el acompañamiento”, agrega Burdiles. En esa línea, Medicina UNAB ha desarrollado un trabajo pionero y sólido en relación a metodologías de

educación clínica avanzada, con foco en ambientes controlados, que fortalece el aprendizaje de los estudiantes con una lógica progresiva y de seguridad tanto para ellos como para los pacientes.

MIRADA GLOBAL Y COMPROMISO SOCIAL

La Escuela de Medicina UNAB también ha fortalecido su impronta internacional. “Contamos con convenios que nos permiten tanto recibir de forma permanente a estudiantes de Estados Unidos, España y Latinoamérica en nuestras tres sedes, como a su vez que nuestros estudiantes realicen intercambios en esas universidades”, explica la Dra. Zavala.

Asimismo, la autoridad agrega que esta presencia internacional convive con el desarrollo estructurado de la vinculación con el medio nacional, el que es parte del currículum de la carrera. “Nuestros estudiantes participan activamente en actividades de vinculación con el medio durante su formación, además de operativos de salud y campañas comunitarias, lo que refleja su vocación social y es tremendamente valorado por las comunidades con las que trabajamos”, dice.

Un ejemplo emblemático ocurrió en 2010, cuando los médicos UNAB Ingrid Baier e Ignacio Silva, recién titulados, viajaron como voluntarios a Burundi, uno de los países más pobres del mundo. Durante meses trabajaron en centros de salud rurales, llevando atención médica a comunidades con acceso limitado a prestaciones básicas.

Los
médicos UNAB, Ingrid Baier e Ignacio Silva, viajaron como voluntarios a Burundi, 2010.

de la Escuela de Medicina trabajando en Simulación, 2011.

PROYECCIONES Y DESAFÍOS

Mirando hacia el futuro, los desafíos son ambiciosos. “Queremos seguir fortaleciendo nuestro cuerpo académico, profundizar las alianzas con campos clínicos en distintos niveles de complejidad, incrementar la internacionalización en doble sentido y reforzar nuestras acciones de vinculación con el medio, con impacto real en las comunidades y en la formación de nuestros estudiantes”, afirma el Dr. Burdiles.

La directora de la Escuela coincide y agrega: “Cumplir 25 años no es un punto de llegada, sino un impulso para seguir mejorando, innovando y formando médicos que estén a la altura de los desafíos sanitarios del siglo XXI, tanto desde los que nos impone el desarrollo de la ciencia y de la técnica como desde el desafío de no perder la esencia profundamente humanista de nuestra profesión”.

Estudiantes voluntarios en actividad “Osito Teddy”, 2009.

Estudiantes

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