Page 1

Deshojando Margaritas Edward se levantó del suelo y en cuanto estuvo de pie frente a mí nuestras diferencias de altura se hicieron notorias; sus hermosas gemas me regalaban esa tierna e ingenua mirada, carente te toda maldad o sentimiento poco decoroso. Se acercó hacia mí con cautela y me abrazó, sus manos rodearon con fuerza mi cintura, pero tratándome en todo momento como el tesoro más preciado del universo, cuidando en todo momento de no dañarme, me abrazó con delicadeza y ternura. Su rostro se escondió en mi cuello, mientras sus manos se ceñían a la vez a mi cintura. En respuesta envolví mis brazos en su cuello y acaricié su cabello. Esto era el cielo, Edward era mi pedacito de cielo aquí en la tierra. Cuantas noches me pasé en vela imaginando este momento y ahora lo tenía junto a mi, en mis brazos, sosteniendo con fiereza mi cintura. Si esto era un sueño, no quería despertar… — Te extrañé—susurró en mi oído. Su tibio hálito golpeo de lleno en la sensible zona de mi cuello logrando que todo mi ser se estremeciese de placer. Recién ahí me convencí de que no esto no era un sueño. No esto era mucho más que eso, esto era un milagro, él era mi milagro personal… Los latidos en mi pecho corrían desaforados, la ansiedad era tal que se hacía casi dolorosa. Las tiernas manos de Edward acariciaban mi cabello con tanta delicadeza que por un momento llegué a creer que yo era lo más importante en su mundo. Lentamente sus manos fueron bajando hasta posicionarse en mi cintura, cuando llegaron a ese punto se ciñeron con fuerza atrayéndome más hacia él. El movimiento no fue brusco, y no me molestó en absoluto. Sin embargo me tomó por sorpresa. ¿Cómo habíamos llegado a esto? De ser un par de desconocidos, de los cuales sus contactos se limitaban solo a miradas, hoy me encontraba perdida en sus brazos disfrutando de la calidez que irradiaba su tonificado cuerpo. No se con exactitud cuanto tiempo pasamos ahí, pudieron ser horas, o tal vez sólo minutos, pero envuelta en confort de sus brazos yo perdí por completo la noción del tiempo. Suavemente Edward fue separándose, separó su rostro, que se encontraba escondido en mi cuello, y unió nuestras frentes. Sus manos no liberaron por ningún momento mi cintura.


Su mirada quemaba, nunca antes imaginé ser victima del poder de sus ojos a niveles tan superiores. Su mirada cegaba, te hacía olvidar hasta tu propio nombre, en ese segundo podría jurar que mis ojos se derritieron ante la intensidad aguamarina. Mis mejillas ardían y mis ojos se encontraban conteniendo las lágrimas de emoción. ¿Cómo era posible que todo cuanto soñé se estuviese haciendo realidad? No entendía el comportamiento de Edward, siempre me causó intriga su extraña actitud, pero muy a mi pesar mi actitud no ayudaba en nada, mi maldita timidez solo consiguió aumentar la barrera que nos dividía en ese entonces. Mis manos no abandonaron su cintura, y así estuvimos nuevamente perdidos en los ojos del otro. Disfrutando del atípico encuentro... ‘no me sueltes’, era todo lo que mi mente pedía. Jamás conseguiría tener suficiente de él, ya lo sabía, y por eso intentaba aprovechar al máximo cada segundo en su compañía, como aquella vez en las graderías del gimnasio. — No sabes cuanto tiempo te he estado esperando. — rompió el silencio, mientras situaba sus manos a ambos lados de mi rostro y se acercaba peligrosamente hacia mi boca. ¿Quería que me besara? Esa pregunta estaba fuera de lugar, nunca anhelé algo con más fuerzas en mi vida que aquel beso. Sin embargo, su comportamiento no era habitual. Edward no solía comportarse de esa forma. ¿Desde cuando el chico tímido y retraído se volvía impulsivo y pasional? Mis cavilaciones desaparecieron en cuanto los dulces labios de mi ángel se posaron sobre los míos. Atrapó mi boca con una maestría propia de un erudito en el arte de amar. Entreabrí mis labios para gozar de las caricias impartidas por sus besos. Su roce sabía a miel, y mientras su boca se movía acompasada contra la mía sus manos continuaban presionando con premura mi cintura, como si temiese que en algún momento pudiese huir. Lo cual, evidentemente, era imposible. ¿Qué lugar podría ser más perfecto que este? No existía instancia más preciada en la que anhelase estar que el sitio en el cual me encontraba ahora, envuelta bajo el confort de sus brazos, con sus gloriosos labios regalándome la dulzura de sus besos, simplemente la experiencia era sublime y no existía un placer en esta tierra que lograse superar este momento. Demasiado pronto el beso fue interrumpido y frente a mí no quedaban vestigios del tímido muchacho que me robó el corazón en cuanto lo vi. Abrí mis ojos sólo para confirmar que Edward mantenía su cabeza inclinada, logrando así que nuestras frentes se tocasen, pero sus preciosos obres se mantenían cerrados. Una hermosa sonrisa se encontraba tatuada en su níveo rostro, otorgándole un aspecto dolorosamente hermoso.


Su belleza era tal que te hacía sentir miserable, ¿Cómo era posible que existiese tanta hermosura concentrada en una sólo persona? No tenía la respuesta, pero me bastaba con que esa persona fuese Edward, el ser más puro e humilde que he conocido en mi corta vida y ahora se encontraba aquí, en mi universidad, el motivo no lo sabía, necesitaba respuestas, demasiadas. Mi mente se debatía entre una veintena de dudas e inseguridad, esperando al primer momento de debilidad para salir a flote. Sin embargo, por ahora sólo quería disfrutar del momento, y cuando llegase el momento para hablar Edward lo haría, al menos ahora sabía que yo no le era indiferente… . Cómo saber, si mi talento para amarte es suficiente Cómo saber, si no me das una señal para quererte . — Discúlpame— susurró apenado. Aquello dolió, ¿es que acaso él se arrepentía de haberme besado? Intenté abrir la boca, preguntar porqué, necesitaba que me explicase porque me besaba si al instante se disculparía. Al parecer mi rostro evidenció el dolor que amenazaba con transformarme en su presa ya que al instante sus labios de posaron con dulzura sobre los míos de nuevo, bendiciéndome así con el placer de un casto beso. —Pequeña. No me arrepiento de haberte besado, sino todo lo contrario. Me disculpé por haber tardado tanto, por haberme armado de valentía recién ahora, después de dos años de amarte en silencio. Te quiero Bella, siempre te he querido, te he observado en silencio por temor a una negativa, ya que no hubiera podido soportar tu rechazo. Sé que adoras la literatura, aborreces las matemáticas, eres una chica reservada y un tanto tímida, lo cual no ayudaba mucho a que me atreviese a dar el gran paso, pero el día de la graduación, algo sucedió. Cuando terminó la entrega de diplomas todo el resto del alumnado se fue junto con sus padres, yo era consciente de que tú no contabas con los tuyos y la intriga por saber como te encontrabas no me abandonó durante toda la jornada. Pedí a mi madre que me esperasen en casa, Alice convenció a papá y me deseo suerte. Yo comencé a buscarte por todo el edificio. Por un momento pensé lo peor, y en verdad creí que no te vería más, no podías irte y sin que me permitieses despedirme. Entonces te vi, sentada en las gradas, hecha un ovillo, con tus manos rodeando tus rodillas, parecían una niña pequeña. Aun con un río de lágrimas surcando tu rostro eras la viva imagen de la perfección hecha mujer. Y en ese instante, un impulso más allá de lo racional me guió en tu dirección. — Edward liberó su agarre, y en cuanto mi cintura quedó libre una sensación de vació me embargó. Se rascó la cabeza en un gesto nervioso y comenzó a despeinar su cabello de forma frenética, mientras un profundo rubor se situaba sobre sus acentuadas mejillas.


Mi intención era despedirme, para no partir a la universidad con aquel sentimiento de no haber hecho nada. Sin embargo en cuanto la distancia se fue extinguiendo comprendí que aquello no sería suficiente y por inercia mi mano se posó sobre tu hombro, obligándote a girar. Entonces tus preciosos luceros achocolatados buscaron los míos, y al instante perdí todo rastro de coherencia, me habías deslumbrado. Tu mirada, Bella, por un momento me hizo sentir terror, tú no eras conciente del efecto que producías en mí. Verme reflejado en esos ojos me asustó, sentí que caía a un abismo del cual desconocía si sería capaz de tocar suelo firme. Porque eso representas tú en mi vida, una tempestad, una tormenta que le pondría fin a mi estabilidad, todo ese oleaje de nuevos sentimientos y sensaciones que hasta hace poco me eran completamente ajenas...todo era increíblemente nuevo y aterrador. Mi mano ardía de deseos por tocarte, comencé a imaginar cómo sería tu piel, fantaseé durante noches enteras con la textura de tu rostro, y entonces ocurrió que te tuve frente a mí, a escasos centímetros, y en un impulso del cual jamás estaré arrepentido mi mano viajó hasta tu rostro. . Cómo saber, si alguna estrella cae al mar se apaga y muere Cómo saber, si no me puedes responder si tú me quieres . Sentí todo mi ser arder, mi cuerpo se encontraba en llamas ante el contacto, tu representabas todos mis temores Bella, pero a la vez la mayor de mis dichas, y entonces caí en cuenta de que sólo tu podrías salvarme. Por ti debía ser fuerte, intenté alejar mis temores y disfrutar al máximo del momento que la vida me regalaba a tu lado. Mi cara debía de haber sido un poema, la idea de que me vieses con la cara de psicópata enamorado me estremeció por completo, pero el horror fue reemplazado por alivio en cuanto me percaté de que tus ojos se encontraban sellados, y mi dicha se acrecentó cuando comprendí que disfrutabas de aquel roce. — Edward caminaba dando círculos por el pasillo, lo que le hacía ver increíblemente adorable, ya que el ancho del corredor no superaba el metro y medio, lo que no le daba a Edward la posibilidad de avanzar mucho, él en verdad se encontraba superado por los nervios. En tu compañía las horas pasaban como segundos Y antes de que fuese conciente la noche había caído sobre nosotros. Sin embargo, para mi deleite tú te encontrabas adormecida entre mis brazos. No sé con exactitud en que momento caí dormido, pero lo que jamás podré olvidar fue lo que me despertó. La suavidad de uno de tus dedos rozando mis labios era el más dulce placer que un hombre podría llegar a soñar. Fingí que dormía para que no te detuvieses, no puedes imaginar lo difícil que fue aquello. . Cómo saber, de matemáticas lo más elemental


Cómo saber, si uno más uno no son dos yo estoy muy mal . Finalmente optaste por dormir nuevamente y te recostaste sobre mi pecho, lo cual agradecía, porque era una tortura que tus dedos acariciasen una zona que reclamaba a gritos tus labios. — llevó su mano hacia su rostro como queriendo arrancárselo. No podía creer que Edward estuviera diciéndome todo esto, aún no daba crédito de lo que mis oídos escuchaban, esto debía de estarle costando una infinidad. Una osadía impropia de mí me impulsó a ayudarle, eliminé los pocos centímetros que nos separaban y quité la mano que cubría su rostro. Al instante sus ojos me observaron con un brillo que no supe reconocer, pero la sonrisa ilusionada seguía grabada en su rostro, pero antes de que yo emitiera palabra ya volvía él a rascarse su frente con un gesto avergonzado. — No necesito oír más, me basta con saber que estás aquí ahora. — su sonrisa se ensanchó más aún. Nunca antes le había visto sonreír tanto, aquello me llenó de dicha, saberme causante de su alegría era todo cuanto podía desear. —Bueno, acerca de eso, hay algo que tienes que saber— de pronto su vista se clavo en el piso y me temí lo peor. —Vine para quedarme, pedí un traslado —esto lo musitó tan bajo, prácticamente en un hilo de voz, que creí que era producto de mi imaginación. Su hechizantes y preciosos ojos contrastaban de forma llamativa con el exquisito rubor que bañaba sus mejillas. No sé que expresión habrá tenido mi rostro, pero estoy segura de que la sorpresa se encontraba notoriamente opacada por la felicidad. No lograba convencerme de que todo esto era real, me aterraba que sonase el despertador y me hiciese ver que todo no había sido más que un sueño. Uno muy hermoso y placentero, pero al fin y al cabo un sueño… —Te Quiero —respondí, sin importarme si estaba fuera de lugar, si no venía al caso, o si no tenía relación con el tema. Para mí nunca estaría de más oírlo, y en ese momento todo en cuanto podía pensar era en lo mucho que le había amado en silencio. Durante dos años reprimí mis sentimientos. Y hoy, por algún extraño milagro, el dueño de mis delirios y noches de insomnio se ha presentado en mí universidad, en la puerta de mi habitación, diciéndome que me quiere… Mi cuerpo entero rogaba por su tacto, y yo sólo tenía claro que deseaba repetirle una y mil veces lo mucho que me importaba. — Yo te amo —dijo él, y el airé terminó por salir con fuerza de mis pulmones.

Deshojando Margaritas(4)  

De ser un par de desconocidos, de los cuales sus contactos se limitaban solo a miradas, hoy me encontraba perdida en sus brazos disfrutando...

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you