978-84-1113-039-4
María José Valero Estarellas
ALTA CALIDAD EN INVESTIGACIÓN JURÍDICA
MARÍA JOSÉ VALERO ESTARELLAS
NEUTRALIDAD DEL ESTADO Y AUTONOMÍA RELIGIOSA EN LA JURISPRUDENCIA DE ESTRASBURGO
Los tribunales nacionales e internacionales que se ocupan de la protección de los derechos humanos se refieren cada vez más a la neutralidad religiosa e ideológica del Estado como elemento esencial en la garantía del derecho de libertad religiosa y de creencias. Tanto es así que el principio de neutralidad parece ser el new black de este derecho fundamental, y su protagonismo ha crecido hasta el extremo de que hoy en día se hace difícil encontrar una faceta del mismo en que no se apele, en un sentido u otro, a dicho principio. Esta obra se aproxima a la noción de neutralidad aplicada a la delicada cuestión de la autonomía religiosa, es decir, al derecho de las confesiones religiosas a su autonomía doctrinal y funcional, tanto interna como externa, desde la perspectiva de la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Su propósito último es el de indagar, a partir de un análisis crítico y exhaustivo de esa jurisprudencia, si el principio de neutralidad resulta verdaderamente operativo para resolver conflictos relacionados con la presencia del factor religioso en las sociedades europeas contemporáneas, y tratar de responder a la pregunta de si para Estrasburgo existe, realmente, una única neutralidad.
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NEUTRALIDAD DEL ESTADO Y AUTONOMÍA RELIGIOSA EN LA JURISPRUDENCIA DE ESTRASBURGO
NEUTRALIDAD DEL ESTADO Y AUTONOMÍA RELIGIOSA EN LA JURISPRUDENCIA DE ESTRASBURGO
COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig
Javier de Lucas Martín
Ana Cañizares Laso
Víctor Moreno Catena
Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia
Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia
Catedrática de Derecho Civil de la Universidad de Málaga
Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid
Jorge A. Cerdio Herrán
Francisco Muñoz Conde
José Ramón Cossío Díaz
Angelika Nussberger
Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México Ministro en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y miembro de El Colegio Nacional
Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot
Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM
Owen Fiss
Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)
José Antonio García-Cruces González Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED
Luis López Guerra
Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid
Ángel M. López y López
Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla
Marta Lorente Sariñena
Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla Catedrática de Derecho Constitucional e Internacional en la Universidad de Colonia (Alemania) Miembro de la Comisión de Venecia
Héctor Olasolo Alonso
Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)
Luciano Parejo Alfonso
Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid
Tomás Sala Franco
Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia
Ignacio Sancho Gargallo
Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España
Tomás S. Vives Antón
Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia
Ruth Zimmerling
Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)
Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales
NEUTRALIDAD DEL ESTADO Y AUTONOMÍA RELIGIOSA EN LA JURISPRUDENCIA DE ESTRASBURGO
MARÍA JOSÉ VALERO ESTARELLAS
tirant lo blanch Valencia, 2022
Copyright ® 2022 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de la autora y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com. Este libro se ha realizado en el marco del Proyecto HUDISOC, DER2019106005 del Ministerio de Ciencia e Innovación, así como dentro de las actividades del Grupo de investigación de la Universidad Villanueva RESAM.
© María José Valero Estarellas
© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email: tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-1113-040-0 Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro procedimiento de quejas. Responsabilidad Social Corporativa: http://www.tirant.net/Docs/RSCTirant.pdf
A Margarita y Jesús Dos nombres, cuatro almas Mi pasado, mi presente y mi futuro
Índice Prólogo.....................................................................................................
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Abreviaturas..............................................................................................
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Introducción..............................................................................................
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Capítulo 1 UNA PRIMERA APROXIMACIÓN AL PRINCIPIO DE NEUTRALIDAD EN LA JURISPRUDENCIA DEL TRIBUNAL EUROPEO DE DERECHOS HUMANOS 1. El Consejo de Europa y su sistema de protección de los derechos humanos.................................................................................................. 2. La protección de la libertad de pensamiento, conciencia y religión en el Convenio Europeo de Derechos Humanos....................................... 2.1. El artículo 9 del Convenio Europeo de Derechos Humanos......... 2.2. Otros artículos del Convenio Europeo de Derechos Humanos..... 3. Principio de neutralidad y modelos de relación Iglesia-Estado bajo el Convenio Europeo de Derechos Humanos.......................................... 4. Principio de neutralidad y protección del forum internum: voluntariedad y no adoctrinamiento.................................................................... 5. Consideraciones finales........................................................................
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Capítulo 2 PRINCIPIO DE NEUTRALIDAD Y AUTONOMÍA ORGANIZATIVA DE LAS CONFESIONES RELIGIOSAS EN EL TRIBUNAL EUROPEO DE DERECHOS HUMANOS 1. Neutralidad y autonomía organizativa de las confesiones religiosas: de Hasan y Chaush vs. Bulgaria a Károly Nagy vs. Hungría.................... 1.1. Primeras formulaciones del principio de neutralidad................... 1.2. La evolución del principio de neutralidad en la jurisprudencia de Estrasburgo................................................................................. 2. Neutralidad del Estado, autonomía de las confesiones religiosas y disputas intraeclesiales............................................................................. 3. Un caso particular de disputas intraeclesiales: ministros de culto y autonomía de las confesiones religiosas................................................... 3.1. Autonomía de las confesiones religiosas, ministros de culto y artículo 9 del Convenio Europeo de Derechos Humanos................
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Índice
3.2. Autonomía de las confesiones religiosas, ministros de culto y artículo 6 del Convenio Europeo de Derechos Humanos................ 3.2.a) Aplicabilidad del artículo 6.1 CEDH a los ministros de culto: el criterio de reserva jurisdiccional.......................... 3.2.b) Una primera noción de neutralidad: revisión de validez versus revisión de legitimidad........................................... 3.2.c) Károly Nagy vs. Hungría ¿de la reserva jurisdiccional a la ponderación de intereses?................................................. i. La sentencia de la Sala segunda Károly Nagy vs. Hungría............................................................................. ii. La sentencia de la Gran Sala Károly Nagy vs. Hungría............................................................................. 4. Consideraciones finales........................................................................
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Capítulo 3 NEUTRALIDAD, AUTONOMÍA DE LAS CONFESIONES RELIGIOSAS Y EMPLEO ECLESIÁSTICO 1. Neutralidad, autonomía de las confesiones religiosas y empleo eclesiástico: la evolución de la jurisprudencia de Estrasburgo.................... 1.1. Los primeros pasos de la Corte: Rommelfanger vs. Alemania y Lombardi Vallauri vs. Italia......................................................... 1.2. La introducción del criterio de la ponderación de intereses: Obst y Schüth vs. Alemania.................................................................. 1.3. La expansión del criterio de ponderación de intereses: Sindicatul “Păstorul cel bun” vs. Rumanía y Fernández Martínez vs. España................................................................................................ 2. Neutralidad, ponderación de intereses y libertad de asociación de un sindicato de clérigos: Sindicatul “Păstorul cel bun” vs. Rumanía......... 2.1. La sentencia de Gran Sala Sindicatul “Păstorul cel bun”............. 2.2. ¿Hacia una laboralización del estatuto jurídico del clero?............ 3. Neutralidad, ponderación de intereses y despido de profesores de religión: Fernández Martínez vs. España................................................... 3.1. La sentencia de Gran Sala Fernández Martínez vs. España.......... 3.2. Riesgos de la doctrina de la ponderación de intereses para el principio de neutralidad y para la autonomía de las confesiones religiosas...................................................................................... 4. Un epílogo: Travaš vs. Croacia............................................................ 5. Breve excursus: ponderación de intereses y empleo eclesiástico en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea y en la Corte Interamericana de Derechos Humanos......................................................................... 6. Consideraciones finales........................................................................
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Índice
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Capítulo 4 PRINCIPIO DE NEUTRALIDAD, AUTONOMÍA Y RELACIONES EXTERNAS DE LAS CONFESIONES RELIGIOSAS. LA PROHIBICIÓN DE VALORAR LAS CREENCIAS RELIGIOSAS 1. Principio de neutralidad, autonomía y relaciones externas de las confesiones religiosas................................................................................ 2. Principio de neutralidad y no valoración de creencias en la jurisprudencia del Tribunal de Estrasburgo...................................................... 3. Principio de neutralidad, prohibición de valoración de creencias religiosas y doctrina del margen de apreciación........................................ 3.1. Valoración de creencias religiosas: Cha’are Shalom Ve Tsedek vs. Francia........................................................................................ 3.2. Valoración de creencias y leyes formalmente neutrales................ 3.3. Valoración de creencias y regulación del fenómeno sectario........ 4. Principio de neutralidad, prohibición de valoración de creencias religiosas y adquisición de personalidad jurídica...................................... 5. El alevismo ante la jurisprudencia de Estrasburgo ¿una revisión de Cha’are Shalom Ve Tsedek?................................................................. 5.1. Una reciente aportación del Tribunal de Estrasburgo: Asociación Romuva de la Antigua Religión Báltica vs. Lituania.................... 6. Consideraciones finales........................................................................
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Capítulo 5 PRINCIPIO DE NEUTRALIDAD, AUTONOMÍA Y RELACIONES EXTERNAS DE LAS CONFESIONES. PROHIBICIÓN DE ARBITRARIEDAD EN LA ACTUACIÓN ESTATAL 1. Libertad religiosa, libertad asociativa y neutralidad en la Jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos................................. 2. Prohibición de arbitrariedad y personalidad jurídica de las confesiones religiosas............................................................................................. 2.1. Arbitrariedad y mala fe en procesos de calificación...................... 2.2. Arbitrariedad estatal y discriminación en el acceso un estatus jurídico cualificado......................................................................... 2.3. Arbitrariedad estatal y alcance de las obligaciones positivas del Estado......................................................................................... 2.4. Posibles consecuencias de la evolución doctrinal del Tribunal de Estrasburgo: el acceso de las confesiones a beneficios estatales.... 3. Neutralidad del Estado, prohibición de arbitrariedad y lugares de culto.........................................................................................................
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Índice
4. Neutralidad del Estado y acciones violentas contra confesiones religiosas minoritarias.............................................................................. 5. Consideraciones finales........................................................................
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Capítulo 6 PASADO, PRESENTE Y ¿FUTURO? DEL PRINCIPIO DE NEUTRALIDAD EN LA JURISPRUDENCIA DEL TRIBUNAL EUROPEO DE DERECHOS HUMANOS 1. Neutralidad y margen de apreciación. Entre universalidad y particularidad.................................................................................................... 2. Protección de sistemas constitucionales nacionales: Francia, laïcité y margen de apreciación......................................................................... 2.1. Francia, laicidad y Tribunal Europeo de Derechos Humanos: ¿qué laicidad?.............................................................................. 2.2. Laicidad, neutralidad y margen de apreciación............................ 3. Resolución de conflictos entre derechos convencionales: Alemania, weltanschaulich-religiöse Neutralität y margen de apreciación............ 3.1. Aconfesionalidad, cooperación y principio de neutralidad en Alemania.......................................................................................... 3.2. Empleo eclesiástico, margen de apreciación y neutralidad: un viaje de ida y vuelta.......................................................................... 4. Conclusiones finales: ¿hay una sola neutralidad en Estrasburgo?......... Bibliografía...............................................................................................
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Prólogo No creo que haya un tribunal en el mundo más complicado, y cuyo trabajo sea más difícil, que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Desde luego, no es que sea fácil la tarea que tienen la Corte Penal Internacional o el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, por mencionar algunos ejemplos significativos. Pero la jurisdicción de Estrasburgo presenta ciertas características estructurales y funcionales que la hacen especialmente compleja. Si nos ceñimos al ámbito de los derechos humanos, se diferencia con claridad del Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas, encargado de interpretar el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966. Sobre el Tribunal de Estrasburgo recae la responsabilidad de emitir no meros dictámenes u opiniones, sino verdaderas sentencias con fuerza de obligar, en aplicación del Convenio Europeo de Derechos Humanos y sus protocolos adicionales. Es cierto que existen otros tribunales internacionales de ámbito regional análogos al Tribunal Europeo, en particular la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos; pero ni por volumen de trabajo ni por influencia internacional resultan equiparables a Estrasburgo. Aunque el Tribunal Europeo de Derechos Humanos es en rigor un órgano judicial, hay ciertas características que lo distinguen de la noción de judicatura que solemos tener in mente, enraizada en las jurisdicciones nacionales. Para empezar, al no contar con el soporte del poder coactivo de un Estado, carece de la capacidad de ejecutar sus propias sentencias; esto queda en manos de las autoridades nacionales del Estado que en su caso haya sido condenado por violación del Convenio Europeo, lo cual genera no pocos problemas prácticos. Además, tiene que lidiar con la muy diferente idiosincrasia, consistencia jurídica, estabilidad institucional, y tradición constitucional, de casi medio centenar de países muy diferentes entre sí: por su historia, por su cultura, e incluso a veces por su concepción del ordenamiento jurídico. Si en todo tribunal que ejerce funciones constitucionales la dimensión política resulta importante, al margen de cómo sea de visible, en el caso de Estrasburgo —que personalmente pienso ejerce esas
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funciones, al menos en alguna medida— esa dimensión adquiere una complejidad superior, al tener que conciliar la perspectiva paneuropea con la interna de cada uno de los Estados miembros del Consejo de Europa. Y, por añadidura, operando sobre el soporte personal de cuarenta y siete jueces de muy diferente perfil jurídico e ideológico. Por eso, quienes analizamos la jurisprudencia del Tribunal, aunque lo hagamos de manera crítica, y debemos actuar así por respeto a la institución y a la función que desempeña, no podemos nunca olvidar que los jueces de Estrasburgo —me permito una expresión coloquial— no lo tienen fácil. La lectura de este libro pone de manifiesto que su autora tiene ambas cosas muy presentes: la necesidad de crítica argumentada, y la consciencia de lo problemática que es la función que lleva a cabo el Tribunal Europeo. Cuando el Tribunal Europeo de Derechos Humanos comenzó su andadura ofrecía un aspecto, y desarrollaba una actividad, muy diferentes a los que podemos observar ahora. Conocía de un número de asuntos muy inferior, no sólo por ser menos los países miembros del Consejo de Europa, sino también porque la jurisdicción de Estrasburgo era mucho menos conocida: desde luego a nivel popular, pero también en el ámbito jurídico. Además, los ciudadanos no tenían derecho de acceso directo al Tribunal; sus demandas —técnicamente “solicitudes”— eran filtradas por un órgano ad hoc: la Comisión Europea de Derechos Humanos. Los jueces ni siquiera lo eran a tiempo completo, sino que trabajaban por periodos de sesiones anuales. Para lo que afecta al tema de este libro, la libertad religiosa tenía en aquellas primeras décadas una importancia residual. Había un acuerdo implícito en Estrasburgo de que eso era algo de lo que la Corte “no debía ocuparse”. Se confiaba en la prudencia de cada Estado, en materia tan delicada y tan dependiente de la historia, la cultura y las percepciones sociales en cada nación de Europa. Algo parecido sucedía con la neutralidad religiosa del Estado: no se contemplaba como una cuestión en la que el Tribunal debiera entrar, pues la jurisprudencia de Estrasburgo mantenía —y sigue manteniendo— que cada país es libre de adoptar su propio sistema de relaciones entre Estado y religión. En Europa conviven países que tienen iglesias de Estado con otros que tienen separación estricta entre Estado y religión, aunque la
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mayoría se inclina por modelos de neutralidad estatal acompañada de cooperación con el hecho religioso. Puede decirse que esos planteamientos funcionaban grosso modo y que —al menos desde la perspectiva del Tribunal— no había grandes problemas en materia de libertad de pensamiento, conciencia y religión, regulada en el artículo 9 del Convenio Europeo. La inmensa mayoría de las demandas no llegaban a pasar el filtro de la Comisión y eran declaradas inadmisibles por “manifiesta falta de fundamento”. Durante más de treinta años, la única sentencia del Tribunal en esta materia fue Kjeldsen, en 1976, que se refería a la objeción de conciencia formulada por algunos padres de alumnos a la educación sexual impartida a adolescentes en los colegios públicos de Dinamarca. Un caso, por tanto, ni siquiera relativo al artículo 9 del Convenio, sino a otro precepto con el que se encuentra en estrecha conexión: el artículo 2 de su Primer Protocolo, que reconoce el derecho de los padres a que sus hijos sean educados conforme a sus convicciones religiosas o filosóficas. Naturalmente, el optimismo del Tribunal respecto a la situación de la libertad de religión y creencia en Europa tenía algo de irreal. Si se agudizaba la mirada y se aplicaban a la libertad religiosa los mismos estándares que a otros derechos fundamentales recogidos en el Convenio, no era difícil identificar “áreas nebulosas” en las que se producían restricciones a la libertad religiosa de individuos o grupos minoritarios, o situaciones de discriminación, difícilmente justificables. Sobre todo, una notable falta de sensibilidad en algunos países para los conflictos entre conciencia y ley (el más notorio, aunque no el único, era la objeción de conciencia al servicio militar) y también para el desigual estatus jurídico reconocido a las minorías religiosas. No obstante, la jurisdicción de Estrasburgo prefería ignorar esos problemas y respetar las decisiones adoptadas a nivel nacional, probablemente pensando que entrar en terreno tan sensible no era la mejor idea para un Tribunal todavía reciente, y cuya jurisdicción necesitaba afianzarse en el Consejo de Europa, cuando algunos de cuyos Estados miembros tenían reticencias a aceptar que se les impusiera una última palabra judicial por encima de la propia. Y la verdad es que, si prescindimos de matices en su aplicación, la mayoría de los países que en aquel entonces integraban el Consejo de
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Europa tenían políticas razonables en materia de libertad religiosa, fuera cual fuese su modelo constitucional de relaciones entre Estado y religión. Al menos en comparación con otros continentes, podía afirmarse que en Europa no había problemas graves en la tutela de ese derecho fundamental. La gran y notoria excepción era Grecia, con una normativa y praxis hiperprotectora de la Iglesia Ortodoxa Griega. Francia todavía no había comenzado a desarrollar la laicidad militante o “fiera” que hoy le caracteriza y tantas controversias suscita. Cierto, había problemas ocasionales con individuos y con movimientos religiosos atípicos (a los que popularmente se llamaba sectas), pero en realidad eso importaba a muy pocas personas. La jurisdicción de Estrasburgo podía vivir con esa pequeña mancha en un traje por lo demás casi inmaculado. El Tribunal Europeo, desde un punto de vista estructural y funcional, dio un giro importante con la entrada en vigor del Protocolo 11 en noviembre de 1998. Pero ya antes las cosas habían comenzado a cambiar, especialmente en relación con la libertad religiosa. El factor desencadenante fue el colapso del sistema soviético tras la caída del muro de Berlín, que trajo consigo la necesidad de que el Consejo de Europa se expandiera —y por tanto también la jurisdicción de Estrasburgo— incorporando en pocos años la casi totalidad de países antes dependientes de la Unión Soviética. No era probablemente una situación ideal, habida cuenta del no muy alto grado de democracia real existente en buena parte de esos países en el momento de su adhesión al Consejo de Europa, pero la alternativa era aún menos convincente —dejarlos fuera durante demasiado tiempo implicaba el riesgo de abrir la puerta a una nueva coalición de Estados bajo la órbita de Rusia, con un previsible menor entusiasmo por establecer un sistema de libertades fundamentales. El cristianismo ortodoxo era la religión dominante en gran parte de la Europa del Este que en un breve periodo de tiempo se integró en el Consejo de Europa. De manera que, mirando lo que sucedía en Grecia, es probable que en la jurisdicción de Estrasburgo se tomara conciencia de que el Consejo de Europa —es decir, la Europa democrática— no podía permitirse la irrupción de un número adicional de “nuevas Grecias”. Es decir, de países en los que las respectivas iglesias ortodoxas, recuperando el protagonismo del que habían carecido durante la época comunista, se convirtieran en adalides y emblemas de
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una nueva identidad nacional —y de nacionalismo— a costa de restringir la libertad de otras confesiones religiosas, sobre todo aquellas que se conciben a sí mismas como misioneras y desarrollan una labor proselitista. Esto que acabo de indicar no pasa de ser una mera conjetura. Pero probablemente no sea casualidad que la primera sentencia del Tribunal Europeo en aplicación del artículo 9 del Convenio (Kokkinakis, en 1993) fuera precisamente para condenar a Grecia en un caso relativo a la libertad de proselitismo religioso. Muchas otras sentencias sobre libertad religiosa han seguido desde entonces y, significativamente, bastantes de las de esos primeros años consideraron a Grecia responsable de infracción del artículo 9. Casi treinta años después, aunque la casi totalidad de los Estados miembros del Consejo de Europa se han visto involucrados en reclamaciones relativas a la libertad de religión y creencia, todavía hoy muchas de las sentencias de condena en esta área se refieren a países del antiguo bloque comunista. A medida que el Tribunal de Estrasburgo iba elaborando, con mayor o menor consistencia, una doctrina jurisprudencial sobre libertad religiosa, las cuestiones relativas al sistema de relaciones entre Estado y religión, y al lugar que corresponde a la religión en vida pública, surgían con progresiva fuerza. Y ello no tanto porque el Tribunal pusiera en duda su tradicional jurisprudencia de que cada Estado es libre de elegir su modelo de relación institucional con la religión o las iglesias, sino porque se abría paso la idea que ciertos modos de relación Iglesia-Estado, o de concebir la presencia de la religión en el ámbito público, podían resultar más o menos propicios para la adecuada garantía de las libertades reconocidas en el artículo 9; y más aun teniendo en cuenta la doctrina de las obligaciones positivas que el Convenio Europeo impone a los Estados. En otras palabras, la cuestión de en qué medida una protección activa de la libertad religiosa implicaba determinadas limitaciones respecto a cómo los Estados podían legítimamente diseñar su sistema de relacionarse con el hecho religioso. Así es como va apareciendo gradualmente en Estrasburgo la noción de neutralidad religiosa del Estado: no por su valor en sí misma, sino por su carácter de condición sine qua non para una verdadera garantía de la libertad de religión y creencias, entendiendo que esta reclama un Estado que se reconozca imparcial, y esencialmente incom-
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petente para juzgar sobre los contenidos dogmáticos de las creencias religiosas (o no religiosas). Como se ve, un planteamiento diferente al de las tradiciones constitucionales europeas —entre otras cosas por no estar sometida a los mismos condicionantes históricos y sociales, y por no pretender la imposición de un modelo uniforme de neutralidad en cada país de Europa— pero al mismo tiempo influida por ellas, especialmente por la francesa y la alemana. Pero, naturalmente, no contaré aquí esa historia, pues ya la cuenta, de manera elegante, y con todo rigor analítico, este libro de la profesora María José Valero Estarellas, al hilo de un examen minucioso e incisivo de la jurisprudencia de Estrasburgo acerca de los distintos ámbitos en que la autonomía de las confesiones religiosas se entrecruza con la actividad del Estado en aras de la tutela de otros derechos fundamentales, o de algún otro interés público de importancia. Sobre ese constante motivo de fondo, la neutralidad del Estado frente a la autonomía funcional y organizativa de las instituciones religiosas, la autora va pasando con naturalidad de uno a otro tema concreto — desde las disputas intraeclesiales y sus efectos jurídicos ad extra, a la situación de quienes trabajan para una confesión o institución religiosa, o la posición del Estado ante símbolos de significación religiosa. Y va tejiendo así cuidadosamente el tapiz que nos muestra en el capítulo final, donde nos sitúa frente a una serie de interrogantes que, además de hacer pensar al lector, arrojan nueva luz desde la que abordar el presente y el futuro de la jurisprudencia europea. Este libro es fruto de largos años de trabajo, y de una notable actividad de la autora en foros académicos internacionales, y eso se nota en su calidad. Es cierto que hay ya mucho escrito sobre Estrasburgo —y lo seguirá habiendo, pues por algo es la corte internacional de referencia en materia de derechos humanos. Pero este libro reúne algunas características que lo hacen único, y especialmente valioso. Contiene un examen virtualmente exhaustivo de la jurisprudencia en relación con este tema. Maneja una impresionante bibliografía y documentación, en cinco idiomas distintos (español, inglés, francés, alemán e italiano), lo cual no sólo refleja la cultura de la autora, sino también su amplitud de perspectiva. En todo momento mantiene la mirada fija en su Leitmotiv, sin dispersarse en los mil y un matices de las numerosas sentencias y decisiones en que la cuestión de la neutralidad religiosa está presente. Conecta el concepto de neutralidad que
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puede identificarse en el Tribunal de Estrasburgo con las tradiciones constitucionales de dos países que históricamente han sido particularmente importantes para esa jurisdicción, Alemania y Francia, que poseen nociones en principio divergentes de neutralidad estatal. Y logra articular toda esa masa de datos aportando al mismo tiempo una mirada crítica y creativa, con una madurez intelectual muy superior a la que podría presumirse antes de iniciar la lectura, a la vista de la todavía breve trayectoria académica de la profesora Valero. La independencia de criterio de la autora llega hasta el punto de preguntarse, en el capítulo final, si puede verdaderamente hablarse de un concepto de neutralidad en Estrasburgo o más bien de varios conceptos de neutralidad, dependiendo de los asuntos. Y si esos conceptos son coherentes entre sí o están siendo elaborados de manera algo improvisada, fruto de las tensiones políticas existentes en Europa en materia de diversidad religiosa y cultural, de las diferentes posiciones que hay entre los propios jueces respecto al grado de intervencionismo que el artículo 9 del Convenio reclama del Tribunal, y de su dependencia implícita (e inconfesada) de los planteamientos constitucionales de Alemania y Francia en lo concerniente a las relaciones entre Estado y religión, que parecen tirar en direcciones opuestas —o al menos lo han hecho hasta hace poco. Esa perspectiva constitucional franco-alemana en el análisis de la jurisprudencia de Estrasburgo es sin duda uno de los sellos distintivos y más originales de esta monografía. Me consta que la profesora Valero Estarellas tiene intención de publicar un segundo libro, que vendrá a ser una continuación de este, en el que abordará más extensamente el estudio crítico de esas dos tradiciones constitucionales, de manera que permita entender mejor cómo han incidido en la doctrina del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, y también cómo esta puede a su vez influir en una posible convergencia, al menos parcial, de planteamientos nacionales tan dispares. Ojalá sea pronto, pues estoy seguro de que su lectura será tan provechosa como la del libro que ahora ve la luz. Termino estas líneas con mi enhorabuena a la profesora María José Valero Estarellas por esta su primera y brillante monografía, que confío sea el inicio de una larga serie. Y también a la Editorial Tirant lo Blanch por su excelente trabajo de edición, y por su sensibilidad
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para captar la importancia que esta clase de estudios sobre derechos humanos tienen para el desarrollo del saber jurídico.
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