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HISTORIA DEL ARTE II

Teresa Izquierdo Aranda Francisco Carlos Bueno Camejo

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Historia del Arte II

Teresa Izquierdo Aranda Francisco Carlos Bueno Camejo


SUMARIO

TEMA 61: EL ARTE BARROCO………………………………..……...….…….…

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TEMA 62: VELÁZQUEZ Y GOYA EN SU CONTEXTO ARTÍSTICO…............... 35

TEMA 63: LAS ARTES PLÁSTICAS DEL IMPRESIONISMO A LA ABSTRACCIÓN…………………………………...………..……..

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TEMA 64: LA ARQUITECTURA DE LOS SIGLOS XIX Y XX…………….……

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TEMA 61: EL ARTE BARROCO

1.- INTRODUCCIÓN. El Barroco estilo dominante en el arte y la arquitectura occidentales aproximadamente desde el año 1600 hasta el 1750. Sus características perduraron a lo largo de la primera mitad del siglo XVIII, si bien dicho periodo se denomina en ocasiones estilo rococó. Manifestaciones barrocas aparecen en el arte de prácticamente todos los países europeos, así como en las colonias españolas y portuguesas de América. El término barroco se aplica también a la literatura y la música de aquel periodo. Los orígenes del término “Barroco” no están claros. Hay teóricos que la hacen derivar de la voz griega “Baros”, que significa pesadez; otros piensan que se deriva de la voz latina “Verruga”. Sin embargo, hay un mayor acuerdo en el hecho de que esta palabra podría derivar del portugués barocco o del castellano barrueco, término que designa a un tipo de perlas de forma irregular. La palabra es un epíteto acuñado con posterioridad y con connotaciones negativas, que no define el estilo al que hace referencia. De cualquier modo, a finales del siglo XVIII el término barroco pasó a formar parte del vocabulario de la crítica de arte como una etiqueta para definir el estilo artístico del siglo XVII, que muchos críticos rechazaron después como demasiado estrafalario y exótico para merecer un estudio serio. Escritores como el historiador suizo Jakob Burckhardt, en el siglo XIX, lo consideraron el final decadente del renacimiento; su alumno Heinrich Wölfflin, en Conceptos fundamentales para la historia del arte (1915), fue el primero en señalar las diferencias fundamentales entre el arte del siglo XVI y el del XVII, afirmando que “el barroco no es ni el esplendor ni la decadencia del clasicismo, sino un arte totalmente diferente”. El Barroco ha sido muy devaluado por su carácter anticlásico, y como mucho, se aceptaba como un puente de unión entre el clasicismo renacentista y el neoclasicismo del siglo XVIII. Solamente con la moda del Dadá y la Abstracción del siglo XX, se ha vuelto a revalorizar. La evolución del arte barroco, en todas sus formas, debe estudiarse dentro de su contexto histórico. Desde el siglo XVI el conocimiento humano del mundo se amplió constantemente, y muchos descubrimientos científicos influyeron en el arte; las investigaciones que Galileo realizó sobre los planetas justifican la precisión astronómica que presentan muchas pinturas de la época. Hacia 1530, el astrónomo polaco Copérnico


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maduró su teoría sobre el movimiento de los planetas alrededor del Sol, y no de la Tierra como hasta entonces se creía; su obra, publicada en 1543, no fue completamente aceptada hasta después de 1600. La demostración de que la Tierra no era el centro del Universo coincide, en el arte, con el triunfo de la pintura de género paisajístico, desprovista de figuras humanas. El activo comercio y colonización de América y otras zonas geográficas por parte de los países europeos fomentó la descripción de numerosos lugares y culturas exóticas, desconocidos hasta ese momento. La religión determinó muchas de las características del arte barroco. La Iglesia católica se convirtió en uno de los mecenas más influyentes, y la Contrarreforma, lanzada a combatir la difusión del protestantismo, contribuyó a la formación de un arte emocional, exaltado, dramático y naturalista, con un claro sentido de propagación de la fe. La austeridad propugnada por el protestantismo en lugares como Holanda y el norte de Alemania explica la sencillez arquitectónica que caracteriza a esas regiones. Los acontecimientos políticos también tuvieron influencia en el mundo del arte. Las monarquías absolutas de Francia y España promocionaron la creación de obras que, con su grandiosidad y esplendor, reflejaran la majestad de Luis XIV y de la casa de Austria, en especial de Felipe III y Felipe IV.

2.- EL ARTE BARROCO. 2.1. CARACTERÍSTICAS GENERALES. Entre las características generales del arte barroco están su sentido del movimiento, la energía y la tensión. Fuertes contrastes de luces y sombras realzan los efectos escenográficos de muchos cuadros, esculturas y obras arquitectónicas. Una intensa espiritualidad aparece con frecuencia en las escenas de éxtasis, martirios y apariciones milagrosas. La insinuación de enormes espacios es frecuente en la pintura y escultura barrocas; tanto en el renacimiento como en el barroco, los pintores pretendieron siempre en sus obras la representación correcta del espacio y la perspectiva. El naturalismo es otra característica esencial del arte barroco; las figuras no se representan en los cuadros como simples estereotipos sino de manera individualizada, con su personalidad propia. Los artistas buscaban la representación de los sentimientos interiores, las pasiones y los temperamentos, magníficamente reflejados en los rostros de sus personajes. La intensidad e inmediatez, el individualismo y el detalle del arte barroco, manifiesto en las representaciones realistas de la piel y las ropas, hicieron de él uno de los estilos más arraigados del arte occidental.


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Fue el arte italiano el que dio respuesta inicial a estos nuevos planteamientos ideológicos, ya que su condición de principal escuela creadora de la etapa anterior (renacentista) y su vinculación histórica y geográfica con el Papado, le convertían en el más preparado e idóneo receptor estético de las exigencias contrarreformistas. Así mismo, el deseo de convertir Roma en el símbolo del triunfo de la Iglesia Católica, también fue una de las causas del origen italiano de este estilo artístico. Así nació y se desarrolló el Barroco en Italia, manteniendo su vigencia hasta bien entrado el siglo XVIII. Otros países europeos recibieron al nuevo estilo con distinto grado de aceptación, adaptándose a sus respectivas situaciones y peculiaridades (escuelas nacionales). De esta forma, en Francia encontramos el aspecto más clásico y racional del Barroco, para ensalzar a la monarquía y para mostrar la pujanza económica del país. Flandes, de la mano de Rubens, encontró en el nuevo estilo la posibilidad de exaltar tanto el poder político como el religioso. La protestante Holanda vio en su acercamiento a la realidad concreta un camino para reflejar su forma de vida burguesa. La zona centroeuropea, alejada durante buena parte del siglo XVII de la creación artística como consecuencia de la guerra y la crisis económica, lo utilizó, aunque tardíamente, para expresar con extraordinaria intensidad sus sentimientos religiosos. En Inglaterra, el Barroco tuvo una menor aceptación, ya que este país permanecía muy anclado en su tradición y a causa del aislamiento exterior. En España, los reyes de la casa de Austria fueron los herederos del ambiente del Concilio de Trento, y a pesar de la precaria situación económica, se llevaron a cabo las intenciones de prestigiar a la Iglesia Católica y a la monarquía.

2.2. LA ARQUITECTURA BARROCA. A) CARACTERÍSTICAS GENERALES. El Barroco se inicia en Roma, en torno a los Papas como grandes mecenas. La Arquitectura prevalece sobre cualquier otra manifestación artística, y escultura y pintura colaboran en el efecto plástico del conjunto. Frente a la belleza, armonía y equilibrio que se buscaba en el Renacimiento, en el siglo XVII quieren asombrar con la grandiosidad y el lujo, y expresar dinamismo y apasionamiento. Es una arquitectura llena de contrastes, ya sean cromáticos (se utilizan distintos materiales: ladrillo, piedra, mármol, bronce,…) o lumínicos (alternando zonas oscuras con otras fuertemente iluminadas). Pero sobre todo predomina el interés por el movimiento, en plantas, alzados, o en los propios elementos aislados (columnas, estípites, frontones, etc.).


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Las plantas típicas del Barroco pierden sus formas tradicionales del Renacimiento (cuadradas y circulares) y se hacen más complejas. Aunque se imite el modelo jesuítico, aparecen plantas de muy diversas formas: ovales, elípticas, mixtilíneas, etc. Las formas abandonan las líneas rectas y superficies planas por las ondulantes. Los muros se quiebran y ondulan, se rompen frontones y entablamentos y se describen curvas, espirales, etc. Es el momento del apogeo de lo curvo, de los constantes entrantes y salientes en las fachadas. Incluso las columnas ondulan su fuste (columna salomónica). Las reglas que seguía la arquitectura en el Renacimiento desaparecen. En la fachada se mantiene la división en plantas, pero la parte central se suele organizar verticalmente marcando el espacio central-vertical sobre el horizontal. Ese espacio, definido claramente a la vista, concentra la ornamentación principal del edificio. En las fachadas, por el gusto por el movimiento, los muros dejan de ser rectilíneos y de cruzarse en ángulos rectos, se ondulan. Son fachadas donde se muestra el dinamismo, el movimiento, los contrastes lumínicos (entrantes y salientes) y cromáticos, etc. La luz es esencial para el arquitecto barroco. Los materiales son importantes para conseguir los efectos lumínicos apetecidos por el artista. La luz se concentrará en unas zonas, mientras otras se dejarán oscuras. La decoración juega un papel destacadísimo en la nueva estética. Dentro de un proceso general de enriquecimiento decorativo y progresivo hasta llegar al recargamiento, conserva los temas vegetales corrientes del arte renacentista, advirtiéndose desde mediados del siglo XVII la tendencia a un tipo cada vez más naturalista. Así, la decoración ocupa todos los lugares, enmascara muros, etc. Los órdenes arquitectónicos se complican, entre los órdenes clásicos el más utilizado es el corintio, por tener más motivos decorativos, y el orden compuesto romano. Los elementos decorativos ayudan a crear efectos ilusorios, teatrales, tan del gusto de la época. En los interiores de las iglesias existe una exuberante decoración: en la cubierta, por ejemplo, el artista barroco se esfuerza porque el cielo invada el interior del templo. Las bóvedas se cubren de pinturas que desarrollan escenas imaginarias, glorias celestiales. Las construcciones principales del Barroco serán religiosas pero también destacan los palacios y el urbanismo. Respecto al templo, el Concilio de Trento impuso una nueva liturgia religiosa que concedía importancia al sermón y a la Eucaristía ante la multitud de fieles. Para ello se requiere, en el marco de estas grandes ceremonias, una


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buena acústica y visibilidad. De ahí el modelo de iglesia que impone la Compañía de Jesús en Roma a partir del templo de Il Gesú, que será copiado por toda la Cristiandad: cruz latina tradicional; espacio unitario con circulación independiente por capillas laterales; gran cúpula central en el crucero; etc. Aunque este es el modelo más destacado, se dan otros muchos. El urbanismo barroco. La ciudad del Barroco es la imagen del poder del gobernante y su importancia se mide por el tamaño y el número de habitantes. Tiene diversidad de centros articulados por plazas amplias. Éstas son uno de los más importantes elementos del urbanismo barroco: embellecen la ciudad, son punto de referencia para el trazado de calles, son un reflejo simbólico del poder civil o religioso (como la Plaza de San Pedro) son, a su vez, escenarios de fiestas y representaciones sociales y teatrales. Se suelen articular en torno a un edificio principal, normalmente una Iglesia o un Palacio, para resaltar su importancia. Destaca, en este aspecto, las reforma urbanísticas de Roma durante el papado de Sixto V. El palacio barroco rompe con el palacio-fortaleza renacentista y los edificios se abren por alguno de sus lados hacia patios, jardines, etc. Sus fachadas se hacen más dinámicas y sus salones principales resaltan por su abundante decoración. Es el edificio que manifiesta el poderío de la aristocracia ante el pueblo.

B) ARQUITECTURA BARROCA EN ITALIA. BERNINI Y BORROMINI. Italia, la cuna del Barroco, será la responsable de señalar las pautas en la arquitectura que se seguirán en el resto de Europa. Roma, durante el siglo XVII, será la capital indiscutible de este nuevo estilo. Giacomo Vignola (1507-1573), Giacomo della Porta (1535-1615) y Carlo Maderno (1556-1629) son los arquitectos que conforman el periodo de transición entre el Renacimiento y el Barroco. En especial Vignola y su Iglesia de Il Gesú (que sirve de modelo a muchas iglesias) y Carlo Maderno y su finalización de la Basílica de San Pedro. Sin embargo, los arquitectos que mejor representan los valores esenciales del Barroco son Bernini, de configuración más clásica, y Borromini, cuya obra rompe con más determinación con el clasicismo ejecutado por el anterior.

Gian Lorenzo BERNINI (1598-1680) Fue escultor, pintor, decorador, urbanista y arquitecto, y recibió una educación jesuita que sirvió para utilizar su obra como el reflejo ideal del poder de la Iglesia. Fue


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el principal artista y arquitecto del Papado. Utilizó los más ricos materiales y a él se le debe gran parte del aspecto monumental de la Roma de la época. Entre sus obras más destacadas: El Baldaquino de San Pedro (1623-1634), un encargo de Urbano VII, ubicado sobre la tumba del apóstol, donde usó las famosas columnas salomónicas en recuerdo del templo de Salomón. El Palacio Barberini (1627-1633) del que construyó el cuerpo central y las dos alas que avanzan a ambos lados; San Andrés del Quirinal (1670), considerada como su obra maestra, con planta elíptica, enmarcado en el exterior por una pantalla mural cóncava de dos brazos, en cuyo centro surge un elegante pórtico convexo con entablamento curvo y volutas que sostienen el escudo de la familia papal. La Plaza de San Pedro del Vaticano (1667), la gran columnata con que Bernini cerró la Plaza es espectacular y está concebida, simbólicamente, como un gran acceso a la Iglesia que se abre dinámicamente a la ciudad, que abraza a los peregrinos que acuden a la bendición papal del Urbi et Orbe.

Francesco BORROMINI (1599-1667) Gran arquitecto barroco pleno de ideas nuevas que colaboró con Bernini y que realizó diversos trabajos para órdenes religiosas. No tuvo los medios de que dispuso el anterior y sus obras son más modestas y reducidas. Su fantasía fue evidente: inventó las fachadas onduladas, los frisos y tímpanos curvos y serpenteantes, los frontones partidos y cúpulas y plantas muy extrañas. Utilizó materiales más pobres que Bernini, como ladrillo y estuco, debido al menor poder económico de sus clientes, pero también buscando su ductilidad. Esto le permite mayor libertad y fantasía rompiendo con el sentido clásico de Bernini. Entre sus obras más destacadas: Sant’Ivo alla Sapienza (1660), de planta central estrellada inspirada en la arquitectura de la Antigüedad tardía. San Carlos de las Cuatro Fuentes (1638-1641), con una fachada muy original, de formas ondulantes y sinuosas que denotan movimiento. En la remodelación de la fachada de iglesia de Santa Inés en la plaza Navona, iniciada en 1652 por Girolamo Rainaldi. Aumentó las dimensiones de la cúpula y la


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desplazó hacia la fachada a la que dotó de un perfil cóncavo para compensar la escasa perspectiva y diversificar los puntos de vista desde la plaza. Otros arquitectos importantes del barroco romano fueron Pietro da Cortona (1596-1669) que dejó obras de gran interés. En ellas mostró su inquietud por el vocabulario clásico, del que aprovechó los elementos arquitectónicos para crear contrastes de luces y sombras. Entre sus obras destacan la iglesia de los Santos Lucas y Martina (1635-1650 y Santa María de la Paz (1656-1657). Guarino Guarini (16241683), discípulo de Borromini y autor de un tratado de arquitectura civil, desarrolló un estilo inspirado en la obra de su maestro en edificios como la Capilla del Santo Sudario (1694) o la Iglesia de san Lorenzo de Turín (1666). En Venecia, Baltasar Longhena (1597-1682) logra integrar en sus proyectos las inquietudes espaciales de Bernini y Borromini. Crea además una tipología de palacios capaz de competir con sus predecesores. Tal vez su obra más significativa sea Santa María de la Salud (16311687), en la que utilizó los motivos clásicos para potenciar el juego de contrastes lumínicos entre volúmenes distintos organizados en torno a un espacio centralizado. En el desarrollo urbanístico de Roma debemos destacar asimismo a Domenico Fontana (1543-1607), que dio suma importancia a la plaza como elemento organizador del espacio en la ciudad barroca y así lo demostró en la romana Piazza del Popolo (1589). Otras remodelaciones urbanísticas importantes fueron la construcción de la Piazza Navona (c. 1648) sobre el solar del antiguo estadio de Domiciano, así como la Piazza de Spagna son la escalinata monumental de Francisco de Sanctis (1679-1731). Discípulo de Fontana, Filippo Juvara (1678-1736) centra su actividad en la transición del siglo XVII y XVIII. En su estilo, cansado de lo borrominesco, se dejan sentir aires más clásicos, por lo que es reconocido como uno de los máximos exponentes del academicismo tardío. Entre sus obras sobresalen el palacio de la Madama de Turín (1721), el palacio de Stupinigi (1727) y la basílica de Superga (1717-1737).

C) ARQUITECTURA BARROCA EN FRANCIA. MANSART Y VERSALLES. En Francia predomina la arquitectura civil frente a la religiosa, ya que la Iglesia francesa está sometida al Estado. Las Academias regulan el arte en Francia y sus reglas influyen decisivamente en el artista, ya que siguen las reglas clásicas más que dejar libre la imaginación. De ahí que la arquitectura barroca francesa mantenga una línea de pureza clásica que se demuestra en los exteriores de sus edificios. Sin embargo, en los interiores sí aparece una decoración muy relevante.


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En las iglesias francesas el signo revelador es la gran cúpula. En las fachadas, de dos o tres cuerpos rematados con frontón, destaca sobremanera la cúpula de la Iglesia de los Inválidos (1671) en París de Hardouin-Mansart (1646-1708), con su planta de cruz griega y capillas circulares en las esquinas y un exterior clásico coronado por una espléndida cúpula. Pero es en la arquitectura civil (palacios) en la que destaca el barroco francés. Los jardines y sus fuentes y la decoración escultórica y pictórica al servicio de la arquitectura, son un todo que caracteriza al palacio barroco francés. El ejemplo más destacado es el palacio de Versalles, comenzado en 1661 para albergar la corte de Luis XIV por Louis Le Vau (1612-1670), André Le Nôtre (1613-1700), François Mansart (1598-1666), arquitecto predilecto de Luis XIV, y Charles Lebrun (1619-1690). Es el monumento arquitectónico más importante del barroco francés. Su dedicación al Rey Sol, sus estrictas formas clásicas, sus vastos y complejos jardines y los suntuosos interiores, estaban destinados a mostrar la gloria y el poder del monarca; dio origen a imitaciones encargadas por los reyes absolutistas de toda Europa. Un proyecto igualmente grandioso, sutil y delicado, fue la ampliación del palacio (actual museo) del Louvre (1660-1680), encargada a Bernini en un primer momento pero definitivamente realizada por Le Vau, Lebrun y Claude Perrault entre otros.

D) ARQUITECTURA BARROCA EN ESPAÑA. No presenta el carácter europeo de espléndidas creaciones urbanísticas o de edificios singulares por las especiales condiciones económicas y sociales, en contraste con la desbordante riqueza del siglo anterior. De todos modos, la necesidad de lujo se impone, al menos, para mantener una apariencia ilusoria. Los edificios civiles sólo ofrecen algunos Ayuntamientos o Plazas Mayores y escasez de arte cortesano. No existen grandes planes urbanísticos que remodelen los viejos barrios. Son sólo cambios parciales. Se desarrolla el modelo de plaza mayor como lugar de concentración artesanal, centro ciudadano y espacio para espectáculos. La Iglesia desempeña un papel fundamental: las nuevas órdenes religiosas necesitan nuevos edificios, y es por tanto, la principal demandante de los mismos. En la arquitectura religiosa se utilizan materiales pobres, normalmente. Triunfa el modelo jesuítico con fachadas de decoración exuberante, con estructuras similares a los retablos en las “fachadas-retablo”, y los interiores con grandes retablos dorados y policromados.


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La influencia italiana impone la decoración al fresco, yesos, hornacinas, molduras fantásticas, columnas salomónicas, el trabajo de la piedra como si fuera madera. En definitiva, en parte por las carencias económicas, la arquitectura barroca es más ornamental que estructural. La necesidad de ostentación y de “aparato” induce a la monarquía, a la Corte y a la Iglesia a imitar la evolución del arte italiano y de la grandeza de Francia. En este sentido, a veces, las portadas de piedra cubren ilusoriamente la pobreza y en muchos casos no hay correspondencia con los interiores de yeso o estuco que recubren los ladrillos y las cubiertas de madera. Todo esto se mantendrá incluso en el siglo XVIII entroncando con el Rococó. Se mantendrán los esquemas fundamentales del edificio, no se modifican las plantas como hizo Borromini. No hay dislocamientos excesivos, tan sólo el añadido de la ornamentación desbordante, en algunos casos. La arquitectura barroca española es muy variada. Se hace difícil agrupar a los autores por escuelas dadas las diferentes características de cada arquitecto. No obstante organizaremos a los autores en varios grupos y etapas:

a) Lo post-herreriano: inicios de la arquitectura. El primer período de la arquitectura barroca hispana se extiende hasta finales del segundo tercio del XVII, y tiene su punto de partida en las formas herrerianas difundidas por sus discípulos: serán plantas renacentistas que no se atreven a modificar, de gran sobriedad decorativa. Predomina la iglesia de nave única con capillas entre contrafuertes del tipo jesuita. Entre los arquitectos más importantes, podemos nombrar: •

Juan Gómez de Mora (1586- 1648), que intentó despegarse de la austeridad

herreriana. Entre sus obras civiles se incluyen la Plaza Mayor de Madrid (1617-1619) con su estructura cerrada de planta rectangular; el Ayuntamiento de Madrid (16401644), el Palacio de la Santa Cruz (1629-1636), con una bella portada en piedra y ladrillo, flanqueada en las esquinas por dos torres rematadas con chapitel piramidal.; •

Juan Bautista Crescenzi (1577-1635), al que se le atribuye el Panteón Real de

El Escorial (1654), en tiempos de Felipe III, aunque parece que también intervino Gómez de Mora. Se trata de la primera cúpula que en España utiliza la decoración floral en bronce dorado al fuego. Está realizado el recinto en mármol con planta circular y paredes curvas donde se abren los nichos para los sarcófagos reales.


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•

Alonso Cano (1601-1667), pintor, escultor y arquitecto, autor del Arco de la

Puerta de Guadalajara (1649). Su obra más conocida es la fachada de la Catedral de Granada (1651), planteada a modo de arco triunfal. la Fachada de la Catedral de Granada, concebida a modo de arco triunfal.

b) Lo Churrigueresco: plenitud del barroco castellano. El término se aplica en base al arquitecto madrileño José de Churriguera. Se inaugura con él un grupo de arquitectos decoradores que se prolonga hasta el barroco tardío ya en el siglo XVIII, donde la reactivación económica y el cambio de dinastía se diferencian respecto al siglo anterior. Lo churrigueresco rompe con los moldes establecidos y alcanza la libertad expresiva. Es anticlásico: le agrada el profuso adorno, los dorados, el ritmo curvo y el descoyuntamiento de los elementos tradicionales (en lo ornamental integra elementos de tradición hispánica árabe, gótica y plateresca). Los sucesores de José de Churriguera fueron recargando y descoyuntando más el estilo con gran fantasía. Entre los arquitectos más importantes, mencionaremos: •

José de Churriguera (1665-1725) cuya obra más conocida es el Retablo mayor

de San Esteban (1524-1610), donde destaca la profusión decorativa, el movimiento (columnas salomónicas) y el gran acierto con que se integra al conjunto de la Iglesia. •

Alberto de Churriguera (1676-1750), hermano del anterior, es autor del

planteamiento de la Plaza Mayor de Salamanca, inspirada en la de Madrid. •

Joaquín de Churriguera (1674-1724) que trabajó en el salmantino Colegio de

Calatrava (1717-1724), en el que impuso un estilo decorativista que recuerda al plateresco. • Pedro de Ribera (1681-1742), el arquitecto español más característico de la primera mitad del XVIII, totalmente ajeno a las influencias de italianos y franceses. Seguirá la libertad expresiva de los Churriguera, aunque su obra no se queda en los aspectos ornamentales. De hecho, realizó un conjunto de obras de embellecimiento de la ribera oeste del Manzanares como el Puente de Toledo (1718-1732). También es importante la fachada del antiguo Real Hospicio del Ave María y San Fernando (17211726) de Madrid, en cuya abundante decoración supo resumir la simbología del edificio.


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•

Narciso Tomé (1690-1742), autor del Transparente de la Catedral de Toledo

(1721-1732), es quien mejor supo expresar el nuevo lenguaje espacial del barroco italiano. Su obra más conocida es el Transparente de la Catedral de Toledo, en el cual arquitectura, pintura y escultura se funden en un único lenguaje expresivo para realzar la exaltación de la Eucaristía.

c) Arquitectura gallega. Galicia es la única región española que se desliga de la general pobreza constructiva en los materiales. Trabajan sobre todo, el granito, y no tanto el ladrillo y el estuco. El centro de las realizaciones arquitectónicas fue Compostela, donde destacan varias generaciones de arquitectos que no desarrollan la decoración como en Castilla: son más austeros y plantean una ornamentación basada en la geometrización de los elementos y espacios. Destaca sobre todo la Fachada del Obradoiro de la Catedral de Santiago de Compostela (1738-1749) de Fernando Casas Novoa (1670?-1749), que estructuralmente se desenvuelve en altura en planos sucesivos. A modo de retablo frontal, las torres se retrasan mientras avanza el cuerpo central.

d) Barroco Levantino. Destacan varios arquitectos como Conrad Rudolf (?-1732), autor del diseño de la fachada de la Catedral de Valencia (1703-1713), cuya construcción inicia junto al cantero Francisco Padilla, que sería finalizada por Andrés Robres en la parte de cantería y por el escultor Francisco Vergara el Viejo (1681-1753). La fachada está proyectada en un espacio reducido, lo que subraya el que juego ondulatorio cóncavo-convexo de sus muros en contraste con las líneas salientes de las pilastras y los vanos curvados sobre los planos verticales. A Hipólito Rovira (1695- 1765), grabador y pintor valenciano, se encargó en 1740 remodelación del Palacio del Marqués de dos Aguas, en colaboración con el escultor Ignacio Vergara. Jaime Bort (?-1754) emprende en 1736 la reconstrucción de la fachada de la Catedral de Murcia, planteándola como una fachada retablo de planos curvados.

e) La arquitectura barroca andaluza. En Andalucía la actividad se concentra en torno a Sevilla y Granada. En la arquitectura religiosa es frecuente la solución de planta rectangular cubierta a veces con cubierta de madera con abundante decoración en yesería. En Sevilla destaca la actividad


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de la familia Figueroa, que imprimió a sus obras una gran creatividad, Entre sus obras destaca el diseño de la portada del Palacio de San Telmo (1682-1796) en Sevilla construida por Matías José de Figueroa (1698-1765). En Granada, Francisco Hurtado (1669-1725) realiza el Sagrario de la Cartuja

una obra de espléndida

exuberancia en lo decorativo, en la que la curva es la línea predominante en un diseño en el que la escultura y la pintura se unen a la arquitectura.

f) Arquitectura Palaciega. Coincide con la nueva dinastía de los Borbones, que trae una nueva situación económica y aporta la influencia de los gustos cortesanos y artistas franceses e italianos. Será una arquitectura palaciega y cortesana con predominio de la sencillez ornamental y la introducción de las plantas complicadas realizadas en Italia. Destaca el Palacio Real de Madrid, de Juvarra y Sachetti; Palacio de San Ildefonso en La Granja de Ardemans, Juvara, Sachetti y Sabatini; o el Real Sitio de Aranjuez de Teodoro Ardemans y Santiago Bonavía.

E) ARQUITECTURA BARROCA EN OTROS PAÍSES. Europa Central La Paz de Westfalia permitió la restauración de los pequeños estados independientes. La guerra de los Treinta Años y la profunda crisis económica habían mantenido apartada a Centroeuropa del desarrollo artístico durante el siglo XVII. Sólo a comienzos del siglo XVIII empiezan a aparecer indicios del desarrollo de un barroco de una decoración exuberante que se difunde hacia Polonia, los Estados Bálticos y Rusia. La arquitectura tiene influencias italianas y francesas. La decoración es muy rica y la iluminación, más difusa y serena, acentúa el extraordinario movimiento de fachadas y plantas. Destacan como arquitectos Fisher von Erlach (1656-1723), autor de numerosas iglesias entre las que destaca la iglesia de San Carlos Borromeo (1737) en Viena, de planta oval señalada en altura por una esbelta cúpula sobre tambor. Al exterior, dos columnas esculpidas a imitación de la columna Trajana aportan espectacularidad al conjunto y resaltan el atrio porticado de la entrada. En la arquitectura palaciega destaca el palacio del Belvedere (1714-1723) de Viena, diseñado por Lucas Hildebrandt (1668-1745). Está concebido como pabellón de recreo de los príncipes de Saboya. Es un edificio monumental, con interiores de gran belleza en los que se emplea la escultura con función arquitectónica.


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