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Editores

Laura López de la Cruz José A. Sánchez Medina

LAURA LÓPEZ DE LA CRUZ JOSÉ A. SÁNCHEZ MEDINA Editores SOLUCIONES HABITACIONALES PARA EL ENVEJECIMIENTO ACTIVO: VIVIENDAS COLABORATIVAS O COHOUSING

La promoción de un envejecimiento activo es la principal estrategia para afrontar de modo exitoso el reto que supone el progresivo envejecimiento de la población. En el marco de las políticas dirigidas al cuidado y bienestar de los mayores resulta de vital importancia contar con una vivienda adecuada, sin embargo, las soluciones habitacionales planteadas hasta el momento son claramente insuficientes. En Europa han proliferado soluciones habitacionales en las que, combinado espacios privados y compartidos, se promueve la autonomía de la persona mayor y su participación social, lo que contribuye en definitiva a un envejecimiento activo. Resulta por tanto necesario indagar sobre estos nuevos modelos de viviendas y estudiar la viabilidad de implantación de estas soluciones en el escenario español.

ALTA CALIDAD EN INVESTIGACIÓN JURÍDICA

SOLUCIONES HABITACIONALES PARA EL ENVEJECIMIENTO ACTIVO: VIVIENDAS COLABORATIVAS O COHOUSING Respondiendo a los cambios demográficos desde la innovación social

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Agencia de Obra Pública de la Junta de Andalucía

CONSEJERÍA DE FOMENTO Y VIVIENDA


SOLUCIONES HABITACIONALES PARA EL ENVEJECIMIENTO ACTIVO: VIVIENDAS COLABORATIVAS O COHOUSING Respondiendo a los cambios demogrรกficos desde la innovaciรณn social


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig

Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia

Ana Cañizares Laso

Catedrática de Derecho Civil Universidad de Málaga

Jorge A. Cerdio Herrán

Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México

José Ramón Cossío Díaz

Ministro de la Suprema Corte de Justicia de México

Eduardo Ferrer Mac-Gregor Poisot

Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM

Owen M. Fiss

Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)

José Antonio García-Cruces González

Catedrático de Derecho Mercantil de la UNED

Luis López Guerra

Juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid

Ángel M. López y López

Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla

Marta Lorente Sariñena

Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid

Javier de Lucas Martín

Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia

Víctor Moreno Catena

Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid

Francisco Muñoz Conde

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

Angelika Nussberger

Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania)

Héctor Olasolo Alonso

Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)

Luciano Parejo Alfonso

Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid

Tomás Sala Franco

Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia

Ignacio Sancho Gargallo

Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España

Tomás S. Vives Antón

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia

Ruth Zimmerling

Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


SOLUCIONES HABITACIONALES PARA EL ENVEJECIMIENTO ACTIVO: VIVIENDAS COLABORATIVAS O COHOUSING Respondiendo a los cambios demográficos desde la innovación social Editores

LAURA LÓPEZ DE LA CRUZ JOSÉ A. SÁNCHEZ MEDINA Autores

DAVID ALARCÓN RUBIO JOSÉ A. DEL PINO JIMÉNEZ CRISTINA FERNÁNDEZ PORTERO JOSUÉ GARCÍA AMIÁN ROCÍO HERRERA BLANCO LAURA LÓPEZ DE LA CRUZ JOSÉ A. SÁNCHEZ MEDINA

Valencia, 2017


Copyright ® 2017 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de los autores y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

© Laura López de la Cruz José A. Sánchez Medina y otros

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-9143-682-9 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas.


Este libro se enmarca en el ámbito de difusión de los resultados del proyecto de investigación “Nuevas emergencias en el territorio de la ciudad, de la tutela a la autogestión. Adaptación normativa. Soluciones habitacionales para colectivos de mayores. Integración e interacción social”, ref. G-GI3003/IDIM, financiado por la Agencia Andaluza de Obra Pública de la Junta de Andalucía con recursos de la Unión Europea a través del Fondo Europeo de Desarrollo Regional El equipo multidisciplinar está compuesto por investigadores y profesionales de tres áreas de conocimiento, a quienes agradecemos su trabajo y dedicación: En el Área de Psicogerontología, José Antonio Sánchez Medina, David Alarcón Rubio, Cristina Fernández Portero, Josué García Amián, María Regla Cabillas Romero, Virginia Martínez Lozano, Eva Cámara Pino, Lucía Reyes Romero, Ana Gallardo Flores. En el Área Jurídica, Laura López de la Cruz, Lucía Vázquez-Pastor Jiménez, Rocío Herrera Blanco. En el Área de Arquitectura e Ingeniería, José Antonio del Pino, Alfonso Recio Varela, Eloy Bernárdez Moya, Martín Gómez Muñoz, José María Puro Díaz. Agradecemos a las siguientes instituciones y organizaciones su colaboración y aportaciones para la realización de este trabajo: la Asociación Nacional Sueca de Cohousing Kollektivhus NU, las viviendas colectivas o cohousing Dunderbacken y Färdknäppen en Estocolmo (Suecia), el Centro Nacional Danés de Investigaciones Sociales (Det Nationale Forskingscenter for Velfaerd), la Asociación de Cohousing de Berlín y los organizadores de las jornadas Experiment Days en Berlín (Alemania), la Universidad de Ámsterdam (Holanda), la Universidad de Copenhague (Dinamarca), la Universidad de Cagliari (Italia), The London School of Economics and Political Science y, en especial, a la profesora Sara Blandy de la Universidad de Sheffield (Reino Unido). En el ámbito nacional, nuestro agradecimiento a la Asociación Casa de la vida, de Córdoba, al Centro Social de Convivencia para Mayores Trabensol, el Centro de Participación Activa de Mayores de Utrera y el Centro de Participación de Activa de Mayores Heliópolis (Sevilla).


Índice Prólogo..................................................................................................... 11 Capítulo I Un cambio de perspectiva sobre el proceso de envejecimiento................... 19 Capítulo II Sobre el concepto de envejecimiento activo............................................... 37 Capítulo III La construcción psicológica del hogar durante el envejecimiento. Percepciones sobre la vivienda de una muestra de mayores andaluces............ 59 Capítulo IV Las viviendas colaborativas para mayores como modelo habitacional para la promoción del envejecimiento activo. Aspectos sociales y jurídicos.. 121 Capítulo V La fiscalidad del régimen cooperativo de cesión de uso.............................. 161 Capítulo VI Buscando alternativas habitacionales que promuevan el envejecimiento activo. Experiencias europeas.............................................................. 193


Prólogo Laura López de la Cruz José Antonio Sánchez Medina La presente publicación es el resultado final del trabajo de un equipo multidisciplinar de psicólogos, juristas, arquitectos e ingenieros, que ha reflexionado conjuntamente sobre las necesidades habitacionales de las personas mayores. Se enmarca en el ámbito de los resultados del proyecto de investigación «Nuevas emergencias en el territorio de la ciudad, de la tutela a la autogestión. Adaptación normativa. Soluciones habitacionales para colectivos de mayores. Integración e interacción social», dirigido por el profesor José Antonio Sánchez Medina, y financiado por la Agencia Andaluza de Obra Pública de la Junta de Andalucía con fondos FEDER. Es por ello, y aunque el objeto de estudio puede universalizarse, que se contextualiza en la realidad de la población mayor y del ordenamiento jurídico de la Comunidad Autónoma Andaluza. Dentro de los múltiples desafíos que supone el envejecimiento de la población mundial, en esta publicación abordamos de modo específico el problema de la vivienda, o de modo más preciso, estudiamos y proponemos soluciones habitacionales dirigidas al colectivo de mayores. El primer objetivo que nos planteamos es el de entender el envejecimiento desde una nueva perspectiva. Aunque desde hace ya algunos años es común el uso del concepto de Envejecimiento Activo, en nuestro trabajo se ahonda en aspectos que, si bien nominalmente están incluidos en el mismo, no se han desarrollado en toda su potencialidad. El concepto de envejecimiento activo se encuentra estrechamente ligado a los cambios sociodemográficos provocados por el progresivo envejecimiento de la población mundial y los evidentes avances en el aumento de la esperanza de vida en prácticamente todas las regiones del mundo. A lo largo del siglo XX, y especialmente en la segunda mitad del mismo, asistimos a un hecho fundamental como es el aumento de la longevidad en términos globales. La esperanza media de vida al nacer se ha incrementado en 20 años desde 1950 y los estudios demo-


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gráficos predicen un incremento de 10 años adicionales para 2050. Se prevé asimismo un aumento del número de personas mayores de 60 años, que pasará de los 600 millones en el año 2000 a los casi 2000 millones en 2050. Esta transición demográfica hará que los porcentajes de población correspondientes a jóvenes y mayores se igualen como consecuencia de la duplicación del número de estos últimos (se espera que el porcentaje de personas con 60 años o más se duplique, pasando de un 10% a un 21%) y de una reducción considerable del número de niños. No cabe duda de que estos datos deben ser analizados en clave de éxito de las políticas de salud y bienestar impulsadas por los Estados y apoyadas en los avances de la ciencia, pero a la vez hay que reconocer que, con los mismos, el envejecimiento de la población pasa a ser una cuestión de carácter primordial que suscita no pocos problemas. Y es en este marco donde se sitúa un cambio conceptual sobre el propio proceso de envejecimiento. Partiendo de un concepto de envejecimiento asociado a un proceso de deterioro progresivo, el principal objetivo que asumieron las ciencias de la salud en las décadas pasadas fue, no sólo conseguir que se viviera más años, sino que se hiciera en el mejor estado de salud posible. De este modo, a mediados de los años 50, se comienza a desarrollar el concepto de envejecimiento saludable, que pone el énfasis en el desarrollo de nuevos hábitos y estilos de vida, así como la prevención de algunas enfermedades y un especial interés en la atención e integración de las personas con discapacidad. Hay que señalar sin embargo que el avance del Estado del bienestar y el progreso de las políticas de protección social vinculados a este nuevo modelo provocó también que un cada vez mayor porcentaje de la población fuera progresivamente apartado de los mecanismos de producción y de participación social. Es decir, el mismo sistema que proporcionaba avances en las políticas de cuidados y atención al mayor, generaba como efecto colateral un proceso de relativa exclusión, en cuanto que los mayores dejaban de ser agentes económicos y sociales y, de algún modo, se limitaban a ser ciudadanos pasivos en la percepción de prestaciones públicas. El reto que tuvo que afrontar en consecuencia la sociedad de finales del siglo XX y de principios del XXI fue conseguir que los mayores siguieran formando parte activa de la sociedad, promoviendo su participación en la vida cultural, económica, política y social. Y es en


Prólogo

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este escenario donde se desarrolla un modelo de envejecimiento que no se asocia al deterioro, sino a nuevas formas de participación. En este cambio conceptual surgen conceptos como los de buen envejecer (Fries, 1989), envejecimiento exitoso (Rowe y Khan, 1987; Baltes y Baltes, 1990), competente (Fernández-Ballesteros, 1996) o el que finalmente parece imponerse de envejecimiento activo (OMS, 2002). En definitiva se evoluciona de un concepto de envejecimiento centrado en los cuidados de la salud —envejecimiento saludable — a un modelo mucho más integrador que incorpora los derechos de ciudadanía plena de las personas mayores y los principios de independencia, participación, dignidad, cuidado y autorealización — envejecimiento activo—. De este modo, el proceso de envejecimiento es visto no sólo como un proceso físico sino también como un proceso social y cultural. Como consecuencia, a la hora de promover un envejecimiento activo, se deben considerar no solo factores de carácter material —pérdida o limitación de funciones fisiológicas—, sino también social —cambios en la función económica o en la participación en la vida comunitaria—. Hablar de Envejecimiento Activo supone entender esta etapa de la vida como una fase del ciclo vital que tiene sentido por sí misma, que no está caracterizada por un sentido de pérdida o de deterioro progresivo. Pero señalar que tiene sentido por sí misma no quiere decir simplemente que las personas mayores pueden seguir manteniendo en su vida el mismo tipo de actividad que antes de la jubilación. La nueva etapa vital se abre a nuevas posibilidades de actuación, a nuevas opciones de contribución a la sociedad en términos de conocimiento y en términos económicos. Dejar de formar parte de la «población activa» no puede suponer pasar a ser «ciudadanos pasivos». El concepto de envejecimiento activo asume que los mayores pueden y deben seguir siendo ciudadanos de pleno derecho que ejercen esta condición a través de su participación en la sociedad. Una participación que no sólo se articula sobre un asociacionismo que resulta crítico para dar voz al colectivo frente a las grandes decisiones de los gobiernos en el desarrollo de las políticas que específicamente les concierne. Se trata también de una participación en la comunidad más próxima, de poder mantener un mundo relacional rico y diverso en el que proyectar nuevas iniciativas vitales que promuevan su desarrollo personal y comunitario.


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Llegados a este punto, debe reconocerse la complejidad y amplitud del propio concepto de participación. En este sentido, se distingue entre distintas formas de participación, unas ligadas a ámbitos de actuación más formales a través de asociaciones y lobbies, orientadas a conseguir influencia en la definición de las grandes políticas públicas que regulan los temas relacionados con el envejecimiento (prestaciones sociales, ayudas a la dependencia, edad de jubilación, etc.); y otras más informales, articuladas entorno a la vida personal y a la actividad cotidiana. Y es en estas últimas donde se pretenden crear las condiciones de hábitat adecuadas para que las personas mayores se impliquen en redes sociales y en intercambios personales en su comunidad más próxima. De hecho, este modo de participación, de interacción e integración social, es el que está ligado más estrechamente a la calidad de vida y al desarrollo personal del mayor. En concreto, para la población de mayores española, las principales fuentes de participación social se desarrollan en el intercambio de actividades solidarias dentro del núcleo familiar, en tareas de gestión de la vida doméstica, a través de redes sociales de vecinos y amigos, y en la participación en actividades de ocio. Y es en este ámbito de participación donde la vivienda se coloca como centro articulador de la vida social de los mayores. Bajo esta perspectiva de la participación en el entorno más inmediato, la vivienda juega un papel central. Diversos estudios muestran que a medida que se avanza en el proceso de envejecimiento la actividad de las personas gira cada vez más entorno al propio hogar. La vivienda debe proporcionar seguridad, confort y a la vez debe ser una puerta al mundo. Una vivienda inapropiada puede contribuir a agravar los problemas de soledad y aislamiento que cada vez más se asocian a las personas mayores. Aunque informes oficiales reconocen la importancia de la vivienda y de las políticas de vivienda en la promoción de un envejecimiento activo, resulta decepcionante el modo en que estas ideas se desarrollan. Prácticamente todas las iniciativas giran en torno a la idea de accesibilidad y adaptación. Es evidente que la vivienda debe adaptarse a las limitaciones funcionales que van a aparecer en etapas avanzadas del proceso de envejecimiento, pero la promoción de un envejecimiento activo no debería limitarse a este tipo de propuestas. Porque la vivienda es mucho más que el espacio arquitectónico en el que se habita. La vivienda es algo que las personas construyen, que dotan de significados y afectos, que se constitu-


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ye en un elemento crucial en el desarrollo de la propia autonomía e identidad. La vivienda debe ser entendida en términos de hábitat, un espacio sobre el que se construye la persona y que a la vez la proyecta en la sociedad. Es el centro gravitacional del habitar cotidiano. Partiendo del papel que juega la vivienda en el envejecimiento activo, en este libro hemos dedicado esfuerzos a tratar de comprender el modo en que los mayores andaluces perciben su vivienda. Esto es, qué tipo de funcionalidades le asignan, qué usos les dan, qué sensación de control sobre la misma tienen, en definitiva qué grado de satisfacción con la misma poseen. Y encontramos a la vez mayores satisfechos, empoderados y resilientes pero con incertidumbres sobre el futuro. Dudosos de si la vivienda que habitan va a poder adaptarse a sus futuras necesidades. Y esto es algo importante porque la calidad de vida de que disfrutan y el grado de bienestar percibido están estrechamente vinculados a una sensación de control sobre la propia vida que se articula sobre el modo de habitar su propia vivienda. Entendiendo que una vivienda es más que un espacio físico, que debe ser significativa para la persona mayor, que debe abrir a la participación social y comunitaria, iniciamos un estudio de propuestas innovadoras que se están desarrollando en Europa y tímidamente en España, y que reúnen los requisitos a los que hemos hecho referencia. Las iniciativas de mayores para constituir comunidades en torno a viviendas colaborativas, viviendas colectivas, o como más comúnmente se conoce soluciones de cohousing aparecen como soluciones habitacionales con un enorme potencial. Estudiamos estos modelos, su forma de organización, el modo de constituir y gestionarse, y proponemos líneas de actuación que permitan desarrollar este tipo de iniciativas en España. Es claro que estas soluciones habitacionales no pretenden ser un sustituto de los modelos actuales, al menos, no de algunos de ellos, como los centros de día o los centros residenciales. Estos resultan imprescindibles cuando el grado de dependencia empieza a ser elevado y la salud y autonomía se ven comprometidas. El modelo cohousing, en tanto que se articula sobre la participación y autonomía de las personas mayores, es una solución habitacional que en su propia naturaleza y funcionamiento promueve un envejecimiento activo. Una solución habitacional nítidamente en línea con las políticas europeas


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orientadas a promover un envejecimiento autónomo y saludable en el propio hogar. Entraría dentro de lo que se denomina soluciones de innovación social, esto es, procesos iniciados por actores sociales para responder a una aspiración o satisfacer una necesidad, para ofrecer una solución o crear una oportunidad de acción para modificar las relaciones sociales, transformar el marco de acción o proponer nuevas orientaciones culturales a fin de mejorar la calidad y las condiciones de vida de la colectividad (Bouchard, 2013). A la hora de categorizar un proceso de cambio como un proceso socialmente innovador es preciso atender a la concurrencia de ciertos elementos: a) Un punto de partida: que la iniciativa parta de los agentes sociales. En nuestro caso, son los propios mayores quienes optan por modelos habitacionales alternativos a los tradicionales; b) Un método: la modificación de las relaciones sociales, lo que se articula a través de la convivencia en espacios comunes y la participación en tareas cotidianas en el nuevo hábitat; c) Y un fin principal, que se traduce en mejorar las condiciones de vida de los mayores. A partir de esta noción de innovación social, no cabe duda de que la misma puede ser impulsada por cualquier agente, también los poderes públicos, pero lo que realmente caracteriza a este proceso de cambio es que se proponen nuevas respuestas a problemas sociales en base a nuevas formas de movilización de recursos, resultado de un consenso o acuerdo social. Los procesos de innovación social provocan una modificación en la dinámica de las relaciones, incluidas las relaciones de poder. Los sujetos participantes asumen un papel protagonista, la interacción que tiene lugar entre ellos se asienta en principios democráticos y de cooperación, lo que favorece el empoderamiento ciudadano. Otro de los aspectos clave de la innovación social hace referencia a la toma de decisiones y la gestión del liderazgo. En los nuevos modelos habitacionales propuestos, los mayores deciden cómo, dónde y con quién quieren vivir, liderando ellos mismos el proceso de constitución del proyecto y siendo parte activa en la gestión diaria del mismo. Por último, este liderazgo compartido, que hunde sus raíces en la participación social y comunitaria, genera un sentimiento de pertenencia que promueve la adhesión al proyecto desde el compromiso y la responsabilidad.


Prólogo

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En definitiva, presentamos los resultados de un trabajo de investigación multidisciplinar que ha abordado el desafío del envejecimiento desde la óptica de la vivienda. Se propone una posible línea de actuación desarrollando unas soluciones habitacionales que, articuladas sobre una maximización de las posibilidades de participación de los mayores, promuevan un envejecimiento activo y asociada al mismo una mejor calidad de vida.


Capítulo I

Un cambio de perspectiva sobre el proceso de envejecimiento Laura López de la Cruz

Departamento de Derecho Privado Universidad Pablo de Olavide

José Antonio Sánchez Medina

Departamento de Antropología Social, Psicología y Salud Pública Universidad Pablo de Olavide

SUMARIO: 1. Sobre el envejecimiento de la población. 2. Los retos del envejecimiento demográfico. 3. ¿Qué significa envejecer activamente para una persona mayor?. 4. Participación y vivienda. 5. Referencias Bibliográficas.

1. SOBRE EL ENVEJECIMIENTO DE LA POBLACIÓN No cabe duda que el incremento en la esperanza de vida en el planeta es uno de los grandes logros del desarrollo humano. Las personas viven más años porque se han producido notables avances en el ámbito médico, nutricional, de salud pero también en ámbitos como la educación y el desarrollo del bienestar económico. De modo paralelo, y asociado a otros factores socio-económicos, se observa una progresiva reducción del número de jóvenes, vinculado a escala global con un marcado y sostenido descenso de la tasa de natalidad. En términos generales, nos encontramos con un descenso rápido de la tasa de fertilidad combinado con un incremento sostenido de la esperanza de vida.


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Figura 1 Evolución esperada de las tasa de fertilidad y esperanza de vida a nivel mundial

Fuente: UNESPA (2011)

La tasa de natalidad se ha reducido en un 50% pasando de los 5 niños por mujer en la década de los cincuenta a los 2,7 niños por mujer a principios del siglo XXI. Las predicciones demográficas apuntan a que a mediados de siglo la fertilidad baje de la tasa de reposición de la población, establecida en los 2,1 niños por mujer. En los países altamente industrializados se han alcanzado niveles de fertilidad extraordinariamente bajos pasando de los 2,8 niños por mujer en los años cincuenta a los 1,5 en la década del dos mil. En las regiones menos desarrolladas la caída ha resultado más radical aún, si bien, al partir de tasas de fertilidad más elevadas, el descenso no resulta tan dramático. Se ha pasado así de los 6,2 hijos por mujer en los años cincuenta a los 2,9 niños por mujer en la década del dos mil. Como hemos señalado, a la vez que la tasa de fertilidad caía con brusquedad la mortalidad se ha reducido de modo sostenido. De mo-


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