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POLÍTICA Y UTOPÍA EN AMÉRICA LATINA Las izquierdas en su lucha por un mundo nuevo


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT HUMANIDADES Manuel Asensi Pérez Catedrático de Teoría de la Literatura y de la Literatura Comparada

Universitat de València

Ramón Cotarelo Catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia

M.ª Teresa Echenique Elizondo Catedrática de Lengua Española Universitat de València

Juan Manuel Fernández Soria Catedrático de Teoría e Historia de la Educación Universitat de València

Pablo Oñate Rubalcaba Catedrático de Ciencia Política y de la Administración Universitat de València

Joan Romero Catedrático de Geografía Humana Universitat de València

Juan José Tamayo Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Universidad Carlos III de Madrid

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


POLÍTICA Y UTOPÍA EN AMÉRICA LATINA Las izquierdas en su lucha por un mundo nuevo

JOAN DEL ALCÀZAR Universitat de València

tirant

humanidades

Valencia, 2019


Copyright ® 2019 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito del autor y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant Humanidades publicarála pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

© Joan del Alcàzar

© TIRANT HUMANIDADES EDITA: TIRANT HUMANIDADES C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-17508-85-2 MAQUETA: Innovatext Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no seratendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas.

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Ustedes tienen algo que hay que cuidar, que es, precisamente, la posibilidad de expresar sus ideas; la posibilidad de avanzar por cauces democráticos hasta donde se pueda ir; la posibilidad, en fin, de ir creando esas condiciones que todos esperamos algún día se logren en América, para que podamos ser todos hermanos, para que no haya la explotación del hombre sin fin, ni siga la explotación del hombre por el hombre, ya que no en todos los casos sucederá lo mismo, sin derramar sangre, sin que se produzca nada de lo que se produjo en Cuba, que es que cuando se empieza el primer disparo, nunca se sabe cuándo será el último. Ernesto Che Guevara (Conferencia dictada en Montevideo, en el Paraninfo de la Universidad, el 17 de agosto de 1961). “En alguna parte de su subconsciente, los extranjeros siempre buscan respuestas en América Latina. Creo que tiene que ver con la orfandad revolucionaria, con la posibilidad de creer que las utopías aún son posibles”. Marcela Serrano (Lo que está en mi corazón, Planeta, 2001)


Índice Introducción......................................................................................................... 11

1.  UN MUNDO NUEVO IMAGINADO, UNA Y OTRA VEZ POSTERGADO Cuba, la isla donde el tiempo se detuvo............................................................. 23 Cuba y su revolución: la generación de los hijos en el poder, y la de los nietos al margen................................................................................................................. 27 Lula, el síndrome Allende y la revolución pasiva a la brasileña...................... 33 Las acusaciones contra Lula, frustración y melancolía para la izquierda política.................................................................................................................... 43 Brasil no es una isla, o la corrupción como pandemia..................................... 51 La táctica del cuanto peor, mejor. De Allende a Maduro................................. 57 La Venezuela bolivariana y la izquierda acrítica............................................... 63

2.  NARRATIVAS Y REALIDADES Las venas abiertas de América Latina y la valentía de Eduardo Galeano...... 69 El subcomandante Marcos, América Latina y los intelectuales de izquierda... 73 Una mirada insoportablemente leve sobre América Latina............................ 81 Las Comisiones de Verdad................................................................................... 97 Guatemala, ahora y antes, el horror invisible.................................................... 105 Chile, 1973-1990. Qué pena que la ley no puede devolver la vida a los asesinados por la dictadura militar.......................................................................... 111 Pueblos y populismos........................................................................................... 113 Lloraba por ti, Argentina...................................................................................... 119 El callejón venezolano visto desde la orilla izquierda...................................... 123 La izquierda como tierra natal y la miopía severa como problema................ 127 De la Vía chilena a la Vía catalana....................................................................... 131


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3.  ¿UN NUEVO MUNDO, A PESAR DE TODO? Ha empezado el derribo del Muro del Caribe, levantado en la Guerra Fría. 139 Obama en La Habana. Estados Unidos, Cuba y los cubanos.......................... 143 Nueva etapa en la historia de Cuba: ¿la alegría ya viene?................................ 149 Petróleo, Venezuela, Cuba. Negros nubarrones cubren el horizonte del luminoso Caribe....................................................................................................... 155 Trump y la política exterior de EEUU: toda en clave de política interna...... 159 El amigo americano persevera en la Doctrina del Abandono......................... 163 En Colombia no se votó contra la paz................................................................ 169 La izquierda mexicana llega al poder. Una oportunidad para superar las perversas sociedades duales en América Latina............................................... 175

4.  AUTORES Y ACTORES DE UN MUNDO NUEVO ¿Quiénes son los nuestros en este mundo desconcertante?............................. 183 Las elecciones, las izquierdas y el Pensamiento Impecable.............................. 187 Cincuenta años después de 1968, la juventud debe aparecer de nuevo para conseguir lo imposible.......................................................................................... 193 Posfacio. El eterno retorno de las izquierdas.................................................... 199


Introducción Simón Bolívar, aquejado por el insuperable pesimismo del último tiempo, escribía al general Juan José Flores una amarguísima carta –fechada en Barranquilla, cinco semanas antes de morir– en la que enumeraba “los pocos resultados ciertos” que él había sacado tras veinte años en el poder, entre los cuales uno de ellos reza así: “El que sirve a una revolución ara en el mar”1. Este libro, vertebrado por los apartados en los que está dividido, aporta la suficiente información –eso creo, al menos– para comprender que el ánimo de quien lo firma no está dominado, precisamente, por el optimismo. En efecto, Política y utopía en América Latina se sustenta en la secuencia de los diversos bloques: mundo nuevo imaginado, postergado, narrado, realizado, interrogado… por sus autores y sus actores, y encuentra su referencia remota en las amarguras del Libertador, pero se centra en los procesos, lamentablemente fallidos, que desde la segunda mitad del siglo XX han buscado, desde las diversas izquierdas posibles, que América Latina dejara de ser el continente más desigual y más socialmente injusto del planeta. Se han cumplido treinta años de mi relación profesional con América Latina. Los textos que el lector encontrará en este volumen

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En concreto, ese fragmento de la carta es muy explícito en cuanto al estado de ánimo de Bolívar. Dice así: “V. sabe que yo he mandado 20 años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos. 1°La América es ingobernable para nosotros. 2° El que sirve a una revolución ara en el mar. 3° La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. 4º Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos colores y razas. 5° Devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos. 6° Sí fuera posible que una parte del mundo volviera al caos-primitivo, este sería el último período de la América”. https://es.wikisource.org/wiki/Carta_de_Bol%C3%ADvar_al_general_Juan_Jos%C3%A9_Flores_(1830)


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son resultados brevemente expuestos del desempeño docente e investigador que ha sido mi vida profesional durante esas tres décadas. No fueron escritos para ser publicados como aquí aparecen, sino que este volumen es en buena medida una decisión no prevista que obedece al consejo de algunos amigos y colegas que han seguido mi actividad como columnista en diversos medios escritos a lo largo de los últimos años. Desde 2011 escribo con regularidad semanal una columna que podríamos llamar de análisis de coyuntura política, española e internacional, y como es lógico América Latina ha tenido un peso significativo en la aventura de analizar, de opinar, de argumentar, de intentar explicar, lo que el profesor palestino Edward Said llamó la desconcertante interdependencia de nuestra época. Esos textos aquí recopilados han sido publicados en medios digitales, como digo, desde hace años, y se han podido leer en catalán y en español, y en cabeceras de México, Chile, Colombia, Brasil y, claro, España. No obstante, como criterio general aplicado a la mayoría de los textos, en cada uno de los artículos se indica el año de publicación en mi blog El Cronista Periférico2, que es el primer medio en el que cada columna se publica en castellano. La inmensa mayoría de los escritos que completan el volumen han sido publicados en los últimos años, incluso en los meses o semanas recientes, pero se han añadido unos pocos anteriores que, en mi opinión, aportan interés al libro porque cumplen dos requisitos: no son textos propiamente académicos aparecidos en revistas científicas y, en segundo lugar, son relativamente breves. En cada uno de estos capítulos se indica, igualmente, dónde y cuándo fueron publicados. Desde el mismo índice el lector observará que hay un eje vertebrador de los textos, que no es otro que uno de mis objetos de estudio preferente como investigador: lo que grosso modo podemos llamar la izquierda política latinoamericana, vista desde la perspec-

https://elcronistaperiferico.blogspot.com

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tiva histórica. De hecho, el primer texto que publiqué como historiador académico referido a América Latina –el que marcó un giro completo en mi actividad investigadora– ya lo dediqué a lo que llamé “la crisis histórica” de aquella, y apareció en México en 1993. Una segunda aportación, siguiendo esta línea de investigación, fue “Mimetismo y fracaso en la izquierda latinoamericana, 1956-1990”, editado en 1998. Obviamente el libro no es un tratado ni sobre las izquierdas latinoamericanas, ni sobre los intentos de transformación llamémosles revolucionarios, aunque solo sea por la voluntad de reducir la brecha inmensa de la injusta distribución de la renta, que podemos referir en la región. Lo que el lector va a encontrar en el volumen son una treintena de textos diversos y dispares que tienen, eso sí, dos hilos conductores3. El primero, quizá el más relevante, es que los diferentes artículos están escritos desde lo que André Burguière llama la izquierda como tierra natal; mientras que el segundo arranca de una pregunta que, en clave amargamente irónica, golpea en estos tiempos que corren a un sector de los nativos de esa tierra: ¿quiénes son los nuestros? Ambas piezas, además, comparten el hecho de que no están relacionadas directamente con América Latina, sino que son reflexiones que orientan la forma de acercarnos a la comprensión –cuando ello me resulta posible– del mundo en el que vivimos. Encontrará el lector dos textos que atienden a estas dos balizas que conforman las líneas maestras del volumen. El primero en el bloque de Narrativas y realidades, y el segundo en el último de ellos, aquél que hemos llamado Autores y actores de un mundo nuevo. No obstante, conviene avanzar qué, pese a los vaticinios o las certezas indiscutibles de no pocos agoreros más o menos cínicos, coincido con Burguière en que la izquierda política no va a desaparecer.

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La estructura del libro, la composición y título de cada uno de los cuatro capítulos que la conforman, así como algunas otras ideas enriquecedoras se las debo a mi hermano [y colega] Alfredo Riquelme.


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Comparto con el historiador francés la tesis de que la izquierda política no desaparecerá porque si bien la noble pasión por la igualdad pasa por horas bajas, somos millones las personas que seguimos defendiendo de manera insobornable los principios de libertad, igualdad y solidaridad. Esa gente es la que conforma un inmenso grupo humano que vivimos la izquierda como nuestra tierra natal, como nuestra tierra de nacimiento, como parte constitutiva de nuestra identidad. Eso continúa siendo así a pesar de que hace ya demasiado que esa izquierda no ofrece opciones partidarias ni electorales convincentes ni ilusionantes; eso por no hablar de la irritación entreverada de decepción que nos provocan ora el frecuente canibalismo interno de las organizaciones, ora el adanismo a veces bastante infantil de sus dirigentes. Pues bien, incluso en circunstancias tan adversas como esas nos resulta imposible abandonar la tierra natal, porque esa realidad nos ha conformado una determinada visión del mundo que hemos ido construyendo desde la juventud. Burguière concluye –y comparto, como digo, su visión– que preguntándose por lo que da sentido a la izquierda es que puede entender lo que da sentido a su vida. Esta ubicación en la izquierda es, pues, una opción vital, una posición ideológica racionalizada y vivida, un posicionamiento ante la vida pública y la privada, y también es una ilusión de pertenencia, un ancla que nos mantiene firmes y ligados a la memoria de los que –incluso familiarmente– nos precedieron, de aquellos que desde siempre han comulgado –de una u otra forma– con los principios que hace camino de dos siglos y medio estableció la Revolución Francesa. Más adelante encontrará el lector un desarrollo más extenso a propósito de ese bucle anímico para los nativos de la izquierda, aquellos que deambulamos entre la crispación y el desánimo, pero obligados a hacer de la necesidad virtud para intentar hacer frente a los incansables nativos del otro continente, los de la codicia insaciable, los que solo abogan por la libertad de sus sacrosantos intereses, incluso los más ominosos y mezquinos; al tiempo que la lucha por la


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igualdad les resulta bolchevismo puro y duro, y el único pariente de la solidaridad que aceptan es la caridad. Pese a todo, como se verá más adelante en otra pieza, la ubicada en el capítulo Autores y actores de un mundo nuevo, no es infrecuente que si estamos atentos a la desconcertante interdependencia de Said nos preguntemos quiénes son realmente los nuestros. No me refiero, claro está, a quiénes son los nuestros en lo que diríamos la distancia corta, en el propio país, en la región a la que pertenecemos, en la ciudad en la que habitamos. No, me refiero a quiénes son los nuestros en el imprevisible y complejo mundo actual. En este segundo texto, titulado ¿Quiénes son los nuestros en este mundo desconcertante?, publicado en 2014, decía que tras el atentado contra las Torres Gemelas neoyorquinas quedó claro que vivíamos en un mundo de guerras con enemigos difusos y fronteras imprecisas, en el que había desaparecido completamente el campo de batalla tradicional y se había entrado en una nueva realidad en la que, por ejemplo, el enemigo no tenía objetivos valiosos que preservar. Una pregunta inquietante –muy extendida en los Estados Unidos– era en aquellos días: ¿dónde está la Hiroshima de Bin Laden y los suyos, dónde lanzarles una bomba que los derrita? Los Estados Unidos de G.W. Bush –con dos comparsas llamados Tony Blair y José María Aznar– lanzaron la llamada guerra preventiva contra el tirano iraquí Sadam Hussein y se metieron en el avispero afgano, del que ya habían salido con un shock anafiláctico los soviéticos en los primeros ochenta. Han pasado los años e Irak es un país destruido en el que sus habitantes han sido los paganos únicos del desastre, y Afganistán sigue siendo un estado fallido en el que los talibanes y los señores de la guerra siguen dictando su perversa ley. ¿Quién pagará alguna vez por tanto crimen? En aquel texto al que me estoy refiriendo, es en el que me preguntaba [marzo de 2014]: –“con lo qué está pasando en Siria o en Ucrania, en Venezuela o en Colombia, en Egipto o en Palestina– ¿quiénes son los nuestros”?


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La respuesta a esa pregunta atraviesa, tal y como yo lo veo, todo el presente volumen. La respuesta que ofrecimos nos sigue resultando válida. Sintéticamente expuesta, sería más o menos así: cuanto menos los míos son los que defienden la paz contra la guerra, la razón contra las creencias más o menos supersticiosas, los que respetan escrupulosamente los derechos humanos básicos, los que no deslegitiman a sus oponentes, los que apuestan por la acción redistributiva del Estado. En última instancia, cuando la duda resulta mayúscula, siempre apuesto por quien propugna el diálogo entre los actores implicados en el conflicto; por quien propone unas conversaciones en las que participen los que –como sugiere Shlomo Ben Ami para el conflicto palestino– sin negociar sus principios estén dispuestos a negociar cómo aplicarlos. Y eso sirve para Ucrania, como sirve para Siria, Egipto y Palestina, para Venezuela y Colombia. Desde luego, esos son de los nuestros, de los míos. Pero, para mayor abundamiento, me permitiré citar fugazmente otro texto escrito en el último de los capítulos, aquel de Autores y actores de un mundo nuevo. Se trata de Las elecciones, las izquierdas y el Pensamiento Impecable, publicado tras las elecciones europeas de 2014, en las que emergió el partido político que ahora es mundialmente conocido como Podemos. Pretendo con ello completar las coordenadas para que el lector me sitúe, y tras dejar claro quiénes son los nuestros, los míos, apunto otra línea a propósito de quiénes no lo son, aunque a veces se disfrazan como si fueran “de los nuestros”. Me sirvo para ello del concepto acuñado por el recordado Rafael del Águila, quien escribió con maestría en torno a lo que él llamó el Pensamiento Impecable (PI), practicado con pasión, muy especialmente, por algunos académicos y por personajes del mundo de la cultura o de los medios de comunicación. Según del Águila, y comparto, el PI se caracteriza –muy sintéticamente– porque exige soluciones perfectas a los problemas más complejos. Lo hace desde la convicción [aparente al menos] de que existe una especie de armonía cósmica que garantiza que la decisión estrictamente adecuada y la políticamente posible son la misma cosa.


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Además, el PI se sustenta sobre la idea de que los intereses de los ciudadanos son siempre justos y que lo conveniente es ético y lo ético es conveniente. Apuntaba igualmente del Águila qué, tras la caída del Muro de Berlín, el Pensamiento Impecable había proliferado en las democracias occidentales en sintonía con la crisis de la izquierda. Es por ello que en muchas ocasiones estos sacerdotes infalibles se nos aparecen disfrazados de heterodoxos recalcitrantes, cuando no son más que unos charlatanes incapaces de trascender su retórica con ínfulas teóricas y trabajar sobre el escenario, los escenarios, del mundo real. Antes de llegar a esas páginas finales, el lector tendrá la oportunidad de leer unos textos en su gran mayoría dedicados o motivados por la realidad política latinoamericana, pero no exclusivamente. Se han incluido algunos escritos en los que se pone el foco sobre los Estados Unidos, especialmente aquellos referidos a las dos presidencias últimas, la de Barak Obama y la de Donald Trump, así como algún otro texto muy deudor de la coyuntura española. Por lo que hace a los primeros poco hay –creo– que justificar: todo lo que ocurra en la Casa Blanca o en el Departamento de Estado norteamericano afecta, influye o condiciona lo que ocurre a los vecinos del sur del río Grande. Por lo que hace a los otros, se atiende en ellos a aspectos como lo que considero miopía de la izquierda o a la emergencia de una fuerza política que parecía radicalmente distinta, un poco más de lo que realmente lo es pasados unos pocos años, y que sintonizaba con el descrédito de la política y, muy especialmente, con la pérdida de credibilidad de los representantes políticos de la izquierda convencional, casi desaparecida sin combatir por el enorme empuje del pensamiento neoconservador y su desvergonzado individualismo selvático. Dos últimas consideraciones me restan por hacer. La primera es qué, como ya el mismo índice evidencia, mis querencias nacionales están claramente condicionadas por mi actividad académica, docente e investigadora. Es por ello que países como Chile, Cuba, Brasil, México o Venezuela reciben una atención muy superior a la de Gua-


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temala, Colombia, Nicaragua, la misma Argentina u otros. No hay, como he dicho, otra explicación para ese desequilibrio que el que se puede entender si se presta atención a mi currículum investigador de los últimos treinta años. La segunda consideración es que sigo militando en la utopía de alcanzar una sociedad más justa, y lo hago desde hace mucho –como no podría ser de otra forma– con el optimismo de la voluntad y el pesimismo de la razón. Apelo, eso sí, a los jóvenes, a los latinoamericanos, a los europeos, a los jóvenes del planeta, para que luchen y trabajen por un mundo más justo. A que esos jóvenes no luchen un día, ni un año, sino que tengan en mente a aquellos hombres imprescindibles de los que hablara Bertolt Brecht. Es por ello qué, no por casualidad, la última de las entradas, previa al posfacio, lleva por título Cincuenta años después de 1968, la juventud debe aparecer de nuevo para conseguir lo imposible. La década de los sesenta fueron los años de los jóvenes, desde París o Praga a Los Ángeles, San Francisco, Buenos Aires o México DF. No obstante, mientras que los jóvenes europeos y norteamericanos se decantaron –mayoritariamente– por la protesta pacífica e, incluso, pacifista, la juventud latinoamericana no se contentó con realizar grandes manifestaciones o grandes concentraciones de protesta, ni con explosiones más o menos potentes de violencia, ni con exigir nuevas reivindicaciones como la libertad sexual, el incipiente feminismo o el temprano ecologismo. Los miles de jóvenes latinoamericanos, qué tras la Revolución cubana querían emular al Che Guevara, deseaban ser ejemplos del hombre nuevo ajeno a los incentivos materiales, y sentían como una realidad insoportable la extrema desigualdad de sus sociedades nacionales. Será esa juventud fundamentalmente proveniente de la clase media la que tomará las armas para derrotar al capitalismo imperialista y alcanzar el soñado socialismo, una sociedad que imaginaban moralmente superior, en la que el hombre no explotaba al hombre y no existía la propiedad privada de los medios de producción.


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Aquella larga década fue vertiginosa tanto en Europa como en América. Todo parecía posible a los ojos de quienes decidieron apostar por el desafío al orden existente. Han pasado cincuenta años desde aquellos años en los que parecía que la juventud revolucionaría la vida de Occidente. En parte lo consiguieron, y algunos de los avances logrados resultaron irreversibles. En algún momento la juventud volverá a soñar con construir su propio futuro rompiendo los frenos y haciendo añicos los obstáculos de quienes –como siempre ha pasado– los quieren resignados y sumisos. Particularmente los latinoamericanos deben ser los que algún día rompan para siempre aquella sentencia de Bolívar, en tanto que su empeño por alcanzar sociedades más justas y más libres no tenga nada que ver con arar en el mar. Su gran reto, el de esos jóvenes, no es simplemente mantener viva y fuerte la llama política democrática, que no será fácil porque han surgido potentes enemigos a babor y a estribor. El gran desafío es hacer que esa democracia resulte socialmente útil, tanto como para que América Latina deje de ser la región más desigual y más injusta del planeta. A ello nos referiremos, a modo de balance, en las páginas del Posfacio con el que cerramos el volumen.


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