UNA EDUCACIÓN SOCIOLÓGICA DIEZ LECCIONES A TRAVÉS DE LA CONVERSACIÓN
José Beltrán Llavador
apuntes
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UNA EDUCACIÓN SOCIOLÓGICA DIEZ LECCIONES A TRAVÉS DE LA CONVERSACIÓN
JOSÉ BELTRÁN LLAVADOR
ÍNDICE
PRESENTACIÓN 1. QUÉ ES ESA COSA LLAMADA SOCIOLOGÍA ......................................... 1
2. LOS ORÍGENES DE LA SOCIOLOGÍA................................................... 15
3. PROCESOS SOCIALES Y PRÁCTICAS CULTURALES ............................. 25
4. LA ESTRUCTURA SOCIAL.................................................................. 35
5. EL CAMBIO SOCIAL .......................................................................... 43
6. LAS FAMILIAS .................................................................................. 51
7. LA EDUCACIÓN A LO LARGO DE LA VIDA ......................................... 57
8. GÉNERO Y DESIGUALDADES SOCIALES ............................................ 65
9. CIUDADANÍA Y DEMOCRACIA CREATIVA ......................................... 75
10. CONVERSACIÓN SOBRE LA CONVERSACIÓN ................................... 81
PRESENTACIÓN Este libro surge desde la convicción de que el conocimiento es fruto de una larga conversación que surge del pasado y alcanza nuestros días, renovándose continuamente. Lo que sabemos sobre el mundo social es resultado del desarrollo de esa conversación, de la que ahora participamos y a la que se incorporarán las generaciones venideras. Conversación aquí es un término asociado a diálogo, a discusión viva, a dialéctica. Nuestra sociedad se explica en términos de dialéctica social, de juego de tensiones, de contraste de puntos de vista, de interrogaciones y de inquietudes. Las primeras preguntas que reflejaron el asombro y la perplejidad dieron lugar a algunas certerzas provisionales que generaron nuevas preguntas. Preguntas que nos siguen acompañando y que forman parte de nuestra actividad de pensar el mundo y de pensarnos en él. Por eso, este libro pretende ofrecer, más que un discurso cerrado, un curso de acción, una cierta trayectoria vital y académica. No es tanto un manual de sociología de la educación –puede considerarse así también– sino más bien un pequeño tratado sobre una educación sociológica, que podría ser la tuya, la mía, o la de cualquier otro lector o lectora. Las páginas de esta obra se articulan en torno a una serie de apartados que actúan “como si” fueran lecciones académicas –en realidad son aproximaciones– a modo de conversación. Aquí se presentan con cierta organización algunos de los problemas y cuestiones que se abordan desde esa ciencia social a la que llamamos sociología. Son temas que nos acompañan cotidianamente, sobre los que conversamos con frecuencia, y en torno a los cuales cualquier ciudadana o ciudadano preocupados por su mundo social practica una sociología espontánea. Cuando se comparten esos problemas estamos participando en un relato a través de una conversación social abierta. Así, estamos llevando a cabo, en ocasiones sin saberlo, una suerte de investigación colaborativa. En eso consiste educar y educarnos: en participar en una indagación sin término que nos ayude a explicar y a comprender las condiciones de nuestro mundo y sus posibilidades de mejora. Estas páginas son una invitación a formar parte de este proceso de recreación y reconstrucción social a partir de la conversación. José Beltrán. Universitat de València Valencia, verano de 2017
Una Educación Sociológica
1. QUÉ ES ESA COSA LLAMADA SOCIOLOGÍA 1.1. EL CONCEPTO DE SOCIOLOGÍA El término sociología fue acuñado por el filósofo Augusto Comte, dando origen a una disciplina basada en la observación de los comportamientos estables de los grupos y colectivos humanos. La observación de los hechos sociales es algo que se puede rastrear en la historia del pensamiento humano, estrechamente vinculada al origen de la filosofía. En la actualidad, la comprensión de los fenómenos sociales ha evolucionado con la ampliación y adaptación de nociones e instrumentos de trabajo procedentes de otras disciplinas. Sin embargo, la sociología contemporánea continúa abordando los mismos problemas, con distintas manifestaciones, a los que se enfrentaron los pensadores anteriores, a saber: los relativos a la existencia misma de los colectivos humanos, sus formas de organizaciones, los cambios que surgen en su seno. Tales desafíos, junto con el comercio, la política, la educación, la economía, las relaciones de género, etc. son áreas de los que cada día más se ocupa la investigación sociológica. La sociología surgió como disciplina propia en las sociedades más avanzadas, tras el período histórico de la Ilustración, cuando la industrialización, los avances de la ciencia, y la aceleración de los cambios sociales, políticos y económicos, propiciaron la necesidad de explicar, analizar y controlar las nuevas relaciones que se estaban generando con el conocimiento, las instituciones y la naturaleza. Justamente la Sociología surge como resultado de transformaciones sociales dinámicas, amplias y profundas, inéditas en la historia precedente, que se había caracterizado más bien por el estatismo de las estructuras sociales. En el seno de tales procesos de cambio encuentran sus límites las generalizaciones naturalistas, así como las visiones teológicas y las explicaciones individualistas o biologicistas. Desde el surgimiento de lo que comenzó llamándose “física social” –con el fin de alcanzar el mismo estatuto espistemológico de las ciencias naturales– hasta la actualidad, la sociología se define por su voluntad de análizar la esfera de lo social, es decir, por la pretensión de abordar fenómenos, procesos y hechos sociales en tanto que objetos de conocimiento. Para ello, además, ha puesto el acento en la necesidad de dotarse de instrumentos de análisis, incorporando nuevas vías de aproximación a la realidad social, nuevos métodos y técnicas de investigación, buena parte de los cuales 1
Una Educación Sociológica son compartidos con otras disciplinas. También la sociología, al hilo del propio devenir histórico, ha ido ampliando el espectro de sus intereses, llegando a ser en ese sentido una disciplina coextensiva con el resto de ciencias sociales. Desde ese punto de vista, no es extraño que la sociología –una y diversa– se materialice en una pluralidad de sociologías: sociología del trabajo, de las organizaciones, de la población, del género. La realidad social es poliédrica y, por tanto, susceptible de estudio desde diferentes ángulos y perspectivas, de menor o mayor alcance. Como otras ciencias sociales, la sociología refleja las diferentes corrientes ideológicas, las posiciones personales de los autores, y no es ajena, en determinadas circunstancias, a la censura o autocensura de éstos. De este modo, la elección de los temas de investigación está en parte en función del clima ideológico y del contexto social. El interés que pueda tener una persona religiosa no será el mismo que el que pueda tener una persona no religiosa, como el de un marxista será diferente al de un liberal. En cualquier caso, esto no significa necesariamente que la sociología se vea abocada a un relativismo absoluto. Por el contrario, es necesario reconocer la existencia de unos hechos (aun cuando sean interpretables) que se pueden observar, medir, describir, independientemente de, o junto con, su evaluación (la emisión de juicios de valor fundamentados) en un marco explicativo más amplio. Tal será el punto de encuentro en el que investigadores diferentes, con diferentes visiones del mundo, tendrán que darse cita para dar lugar a una discusión viva, tanto más rica cuanto más plural y menos dogmática. Así, la actividad sociológica requiere un clima de libertad intelectual y política. No es extraño el rechazo que levantara en regímenes totalitarios o represivos, como en la Alemania nazi, donde apenas tuvo presencia. En cualquier caso, el hecho de responder a corrientes ideológicas, a cambios sociales y a coyunturas singulares hace de la sociología una empresa con determinaciones importantes, pero también una ciencia viva, una actividad interesante, y al mismo tiempo una tarea prometeica, en el sentido de estar siempre comenzando, planteando nuevas indagaciones. Desde este punto de vista, los límites de la sociología pueden traducirse en auténticos retos intelectuales, haciendo de esta disciplina una auténtica aventura del conocimiento. En su obra, Una sociología alternativa, Ferrarotti (1973) comienza preguntándose por la definición de la sociología crítica: “La sociología crítica se basa en 2
Una Educación Sociológica el reconocimiento del carácter operativo del conocimiento sociológico. Acepta totalmente las consecuencias políticas; trata de investigar racionalmente la situación existente; pone en cuestión las instituciones que sirven de soporte a las clases que detentan el poder; se liga al compromiso político de un análisis riguroso de los mecanismos y de las fuerzas que regulan la sociedad”. Hay que recordar que la palabra “crítica” implica, desde su raíz etimológica griega, la capacidad de juzgar, de analizar, de interpretar. Ejercer la crítica significa, pues, “poner en crisis”, “poner en tela de juicio”, aquello que es susceptible de análisis, atravesando el muro del mero sentido común. 1. 2. LOS INTERESES DE LA SOCIOLOGÍA En una primera caracterización, podemos definir la sociología como el análisis científico del comportamiento humano desde el punto de vista colectivo, en su dimensión social. En tanto que análisis científico, la sociología procura aplicar al estudio de la sociedad humana las vías de aproximación científicas utilizadas para conocer el mundo físico. Efectivamente, desde hace casi dos siglos algunos pensadores –científicos sociales– han tratado de orientar la visión científica hacia sí mismos como sujetos sociales, estudiando la organización social y el comportamiento de los seres humanos de manera similar a la que se utiliza para abordar los fenómenos de la naturaleza, los objetos propios de las ciencias naturales. Ahora bien, a diferencia de lo que sucede en las ciencias naturales, en las ciencias sociales se produce una coincidencia del sujeto y del objeto de estudio. El ser humano se convierte en el sujeto que indaga, que investiga, que analiza, al tiempo que es, desde diferentes perspectivas, el objeto analizado. De modo que a través de las ciencias sociales el ser humano se estudia a sí mismo. Sin duda, la reflexividad de las ciencias sociales supone una complejidad que guarda una relación directa con las dificultades que plantea. También es éste uno de los rasgos que ofrece a las ciencias sociales su mayor riqueza y su mayor fragilidad. Cada una de las ciencias sociales pone el acento en una dimensión determinada de los hechos sociales: económica, histórica, antropológica, política, sociológica. Pero todas ellas tienen un denominador común: la consideración de los seres humanos desde un punto de vista social.
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Una Educación Sociológica La sociología puede sorprender por la variedad de temas de los que se ocupa, y desde el reconocimiento de esta variedad, puede cuestionarse la posibilidad de encontrar en esta disciplina alguna unidad o denominador común. Lo que se ha denominado la unidad en la diversidad de la sociología no cabe atribuirla al amplio catálogo de sus intereses ni de sus objetos de análisis, sino al enfoque con el que éstos son abordados. La sociología centra su estudio en las colectividades humanas y no, a diferencia del resto de ciencias sociales, en aspectos singulares de las mismas. Al grado de generalidad propio de la sociología, cabe añadir un segundo rasgo característico: la interrelación de fenómenos que corresponden a diferentes dimensiones de la esfera social. Efectivamente, la sociología es una ciencia relacional en la medida en que procura establecer relaciones y tender puentes conceptuales entre aspectos políticos y económicos, culturales y educativos, ideológicos y religiosos, etc. De este modo, la sociología no sólo proporciona información sino que nos ofrece una manera de mirar al mundo y a nuestro lugar en él. Es frecuente que intentemos explicar lo que nos sucede examinando los motivos de las personas implicadas. La sociología nos insta a mirar, más allá de la psicología individual, aquellos patrones o modelos de comportamiento de la gente y los cambios de estos patrones a través del tiempo, de las culturas y de los colectivos sociales. Así, los sociólogos no preguntan acerca de los motivos individuales para usar las tecnologías de la información, sino que interrogan acerca de las condiciones sociales relacionadas con el uso cada vez más extenso de estas tecnologías en determinadas capas de la población y los cambios que están generando en el acceso y distribución del conocimiento, en la economía, en el ámbito de la política, etc. Precisamente este enfoque interrelacional es el que apela a lo que Wright Mills llamó imaginación sociológica. Por imaginación sociológica se entiende la observación de nuestras experiencias mediadas por el mundo social. También significa prestar atención a los patrones sociales más amplios que no se evidencian sólo a través de la experiencia personal; por expresarlo gráficamente, se trata de tener la visión del puzzle completo, y no de algunas de sus piezas. La imaginación sociológica constituye, además, una herramienta crítica puesto que contribuye a dotar de sentido tanto a las propias experiencias como a los asuntos públicos. Precisamente, el modo de existencia, el tipo de ser resultante de la aparición del mundo humano, es el del sentido, alrededor del cual gravita todo lo demás. Cuando hablamos de sentido, al menos desde una sociología que quiere ser crítica, lo hacemos de un modo no meramente figurativo o 4
Una Educación Sociológica retórico, sino material. La cuestión del sentido, al mismo tiempo, nos conduce a dos conjuntos de nociones que resultan claves para la sociología: las relaciones entre explicación y comprensión, por una parte, y las relaciones entre sentido y sentido común, por otra parte. El propósito de las ciencias naturales es la explicación de la naturaleza, mientras que el propósito de las ciencias sociales es la comprensión del ser humano. Según esta distinción, las ciencias naturales se ocupan de las causas, es decir, de registrar y explicar los fenómenos procedentes del mundo físico. Las ciencias sociales, en cambio, se ocupan de determinar las circunstancias y los factores que influyen en determinados acontecimientos, es decir, de comprender los hechos que tienen lugar en la esfera de lo social. La principal diferencia entre explicar y comprender radica precisamente en la cuestión del sentido. Los fenómenos naturales suceden siguiendo leyes universales necesarias y predeterminadas. Sin embargo, los fenómenos sociales suceden debido a factores que pueden ser distintos para cada sociedad o grupo social, pero que resultan determinantes para los agentes de esos colectivos, y que dotan de sentido a acciones humanas que, si bien determinadas socialmente, son contingentes y por tanto, susceptibles de cambio. Por ello, no podemos exigir a la sociología el grado de certeza que se alcanza en las ciencias naturales. De modo que la sociología puede explicarnos por qué se producen determinados fenómenos sociales, pero esta explicación no será necesaria, sino probable. Algunos autores han propuesto que la investigación sociológica reúna explicación y comprensión, y fue Weber el que calificó a esta pretensión de explicación comprensiva. La elección del énfasis en la explicación o comprensión de un hecho social depende, en buena medida, tanto del tipo de investigación social como del método elegido para llevarla a cabo. Una de las pretensiones de la sociología es ir más allá del sentido común, atravesar el espejo de las apariencias. Por sentido común queremos señalar todos aquellos fenómenos, situaciones o procesos que pertenecen a lo que consideramos “normal”. Precisamente una de las tareas principales de la sociología consiste en determinar qué es “lo normal”, manteniendo una distancia crítica respecto de los hechos observados. La dificultad en este caso procede de la propia reflexividad sociológica, esto es, del hecho de estudiar fenómenos sociales de los que los propios científicos 5
Una Educación Sociológica participan, puesto que los propios sociólogos son juez y parte de aquella parcela de la realidad social que analizan. Al mismo tiempo, la propia disciplina sociológica puede tener una influencia notable en lo que el sentido común entiende que es la sociedad. En cualquier caso, a la sociología le interesa comprender los mecanismos de constitución del sentido común, es decir, cómo se construye y se reconstruye socialmente el sentido común. Por otra parte, y complementariamente, a la sociología le interesa desvelar aquellos supuestos del sentido común que cristalizan en la naturalización de determinados fenómenos sociales, es decir, en la identificación de lo normal con lo natural y en la suplantación, por consiguiente, de la comprensión social por la explicación natural. Merece la pena insistir en otros dos rasgos, que hemos mencionado antes: la reflexividad y la complejidad. Por reflexidad sociológica queremos dar a entender la coincidencia entre sujeto y objeto de estudio, es decir, el encuentro e interrelación entre subjetividad y objetividad. La sociología, como ciencia de la sociedad, comporta autoobservación de los grupos y colectivos sociales de los que el espectador forma parte. Actores y espectadores sociales, sujetos y objetos sociales se dan cita conjuntamente, lo que no sucede en ninguna otra disciplina, excepto en la filosofía, de la que la sociología es legítima heredera. La faceta subjetiva de la sociología no debe ser un obstáculo, sino todo lo contrario. Precisamente la subjetividad es lo que nos permite comprender a los actores sociales, poniéndonos en el punto de vista de los demás, esto es, participando de perspectivas plurales, distintas a las nuestras, que nos permiten dar el salto de lo particular a lo universal. Como en el caso de la reflexividad, la complejidad del análisis social supone al mismo tiempo tanta dificultad como riqueza temática y conceptual. Efectivamente, el tema propio de la sociología encierra un grado de complejidad que no poseen el resto de ciencias sociales, pues mientras la economía o la política pueden centrar sus análisis en un aspecto determinado de la realidad social, la sociología supone la comprensión del ser humano como ser social, esto es, la convergencia de una multiplicidad de dimensiones de la realidad social en el ser humano. Esta convergencia no define un ámbito de conocimiento estático, sino que refleja un saber relacional, procesual, que le
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Una Educación Sociológica confiere su mayor complejidad al concebirlo como el tejido o urdimbre de una vasta red de interrelaciones e interacciones dinámicas de carácter social. 1. 3. LOS MÉTODOS DE LA SOCIOLOGÍA Teniendo en cuenta la complejidad del objeto de estudio, así como la reflexividad por la que entran en juego la subjetividad y la objetividad, en sociología conviene hablar de pluralismo metodológico. Si bien algunas ciencias tienen métodos propios, casi todos los métodos son usados y transferidos por unas y otras. En ese sentido, la sociología utiliza métodos y técnicas que no difieren de las de otras ciencias sociales. Miguel Beltrán, en La realidad social, ofrece una taxonomía de diferentes vías de aproximación a la realidad social, diferentes maneras de leer, de hacer legible o inteligible, la realidad social. Esta pluralidad metodológica “diversifica los modos de aproximación, descubrimiento y justificación en atención a la faceta o dimensión de la realidad social que se estudia, en el bien entendido que ello no implica la negación o la trivialización del método, su concepción anárquica, o la pereza de enfrentar lo áspero: sino, por el contrario, la garantía de la fidelidad al objeto y la negativa a su reproducción mecánica, a considerarlo como naturalmente dado del mismo modo en que nos es dado el mundo físico-natural.” Para Beltrán, pues, más que del método de la Sociología se debe hablar de los métodos de la Sociología, no en un sentido de métodos intercambiables y aleatorios, sino como adecuación en cada caso al aspecto del objeto que se trata de investigar. Los métodos a los que recurre la Sociología son los siguientes: 1. Método histórico. Se trataría de que el sociólogo se interrogase, al tiempo que interroga a la realidad social, acerca del curso sufrido por aquello que estudia, cómo ha llegado a ser lo que es, e incluso por qué ha llegado a serlo. La sociología debe percibir la historicidad de los fenómenos, preguntarse de donde vienen los procesos y las instituciones sociales, esto es, debe preocuparse por la génesis de aquello que constituye su objeto de estudio. “Es claro que al propugnar el método histórico en sociología no me refiero a hacer sociología del pasado, sino a hacer historia de la sociedad presente: y ello en la medida necesaria para poner de manifiesto su génesis.” 2. Método comparativo. Este método, ya defendido por Durkheim, es consecuencia de la conciencia de la diversidad: la variedad de formas y procesos, de 7
Una Educación Sociológica estructuras y comportamientos sociales, tanto en el espacio como en tiempo, lleva necesariamente a la curiosidad del estudioso, al examen simultáneo de dos o más objetos que tienen a la vez algo en común y algo diferente, si bien esta curiosidad no lleva más allá de la taxonomía y la tipificación. Por ello, por método comparativo debe entenderse el recurso a la comparación sistemática de fenómenos de diferente tiempo o ámbito espacial, con el objeto de obtener una visión más rica y libre del fenómeno perteneciente al ámbito o época del investigador. “Una importante consecuencia de lo que he llamado conciencia de la diversidad es la eliminación [del] etnocentrismo, actitud que se ha revelado particularmente estéril y perniciosa en las ciencias sociales en la medida en que trata de explicar y comprender fenómenos ajenos con categorías propias, desvirtuando con ello el empeño de obtener conocimiento que pueda ser llamado tal.” “Una forma particularmente rechazable de etnocentrismo –añade– es lo que podemos calificar de naturalismo, esto es, de considerar lo propio como lo natural, valorando lo ajeno no ya como lo exótico, sino como desviación rechazable.” 3. Método crítico-racional. Apelaría a la ciencia articulada como razón objetiva, que se opondría a una mera visión positivista y buscaría una ciencia que se ocupara racionalmente de sus fines. Ello implica reclamar para la ciencia el ejercicio de la reflexión racional en la consideración de los fines sociales, con la finalidad de corromper, mediante la crítica, la fe en el pretendido carácter absoluto de alguno de ellos. El método crítico-racional supone una oposición al dogmatismo y, en definitiva, no comporta que la ciencia social como tal asuma la tarea de fijar los fines sociales, sino sólo que los fines sociales sean susceptibles de una consideración científica racional y crítica. “De lo que se trata es del ejercicio racional de la crítica de fines (…) de mostrar el pedestal de barro en el que descansan los idola de todo tipo.” 4. Método cuantitativo. Se trata de que las ciencias sociales utilicen la medición, el resumen estadístico o la prueba de hipótesis, textos, escalas, índices, etc., pero sólo para aquellos aspectos de su objeto que lo exijan o lo permitan, pues “la sociedad humana presenta múltiples facetas a las que conviene el método cuantitativo: todas aquellas en que la cantidad y su incremento constituyen el objeto de la descripción o el problema que ha de ser explicado.” Esto implica que “si bien el problema puede ser de cantidad, quizá la explicación no tenga por qué ser cuantitativa: piénsese, por ejemplo, en un problema demográfico (cuantitativo) y en su explicación sociológica (que muy 8
Una Educación Sociológica bien puede no ser cuantitativa, esto es, sujeta a medición, a apreciación estadística y a a prueba probabilística)”. Además, conviene recordar que método cuantitativo y empirismo no son sinónimos. “En efecto, el método cuantitativo es siempre empírico, pero no es cierto lo contrario, pues empírica es también la investigación cualitativa, en la medida en que no es puramente especulativa, sino que hace referencia a determinados hechos.” 5. Método cualitativo. Implica prestar una atención fundamental al discurso, que se convierte en el objeto privilegiado de la investigación (entrevistas, grupos de discusión, observación participante). Además, el método cualitativo no se excluye con el cuantitativo, sino que ambos se requieren y complementan, siendo el objeto de conocimiento el que reclame uno u otro en función de sus necesidades. “Uno y otro método han de calificarse de empíricos, aunque en uno, el cualitativo, se trata de establecer identidades y diferencias y el lenguaje sea elemento constitutivo del objeto, mientras que en el otro, el cuantitativo, se cuenten unidades y no se haga cuestión del lenguaje.” Respecto a las técnicas de las que se sirven los diferentes métodos, nos detendremos someramente en dos de ellas relativas al método cuantitativo y al método cualitativo, a modo de ilustración, y por la relevancia de su utilización: la encuesta y el grupo de discusión respectivamente. a) La encuesta. Siguiendo a García Ferrando, en Sobre el método, el objetivo de la encuesta es la formalización de las expresiones verbales de los entrevistados para transformarlos en hechos. Si bien puede ofrecer resultados estadísticamente representativos sobre opiniones, actitudes y comportamientos objetivos, no puede, en cambio, analizar en profundidad, como pretende el grupo de discusión, el discurso hablado de los sujetos encuestados. Se trata de una investigación realizada a partir de una muestra de sujetos representativa de un colectivo más amplio, que se realiza en el contexto de la vida cotidiana, con el fin de obtener mediciones cuantitativas de una gran variedad de características objetivas y subjetivas de la población. El tipo más utilizado de encuesta es la encuesta mediante entrevista personal, seguidas en importancia por la encuesta por correo, la encuesta telefónica y la encuesta mediante cuestionario autoadministrado. En ellas es común el esquema de investigación, a excecpión de la forma de abordar a la persona encuestada y de realizar la entrevista. 9
Una Educación Sociológica b) El grupo de discusión. La técnica denominada grupo de discusión pretende reproducir el discurso ideológico cotidiano con el fin de mejorar la interpretación en el contexto social al que corresponden las motivaciones sobre el tema de discusión, así como las creencias, expectativas, proyección de deseos, resistencias y temores, etc. Para que pueda ser así, es necesaria una situación de auténtica comunicación: multidimensional, dialéctica, y eventualmente contradictoria, entre el investigador y el grupo. El objetivo de la discusión en grupo es macrosociológico y extragrupo. El grupo deviene, de este modo, una reproducción de la realidad. En cuanto a la aplicación de esta técnica, cuyo más destacable valedor es Jesús Ibáñez (1979), es necesario tener en cuenta una serie de elementos previos que pueden condicionar y cambiar el sentido de la discusión: el diseño de la discusión, la determinación del grupo, la forma de contacto y el local. El número de personas debe ser reducido (entre 5 y 10), no han de tener relación previa entre ellos, y han de saber lo menos posible de la investigación y de sus objetivos para evitar que lleguen a la discusión con opiniones y posturas preconcebidas. El contacto se ha de hacer de forma adecuada mediante una persona que no sea el moderador, para evitar cualquier relación posterior durante la discusión. El local, por otra parte, ha de ser neutro, agradable, sin ruidos, y con una disposición de los participantes que no predetermine ninguna relación de unos respecto a otros en las condiciones del diálogo. Por lo que se refiere a la discusión, ésta ha de ser introducida por el moderador, que explicará brevemente la finalidad de la investigación y el objetivo de la sesión al tiempo que irá introduciendo el tema. Explicará, además, la dinámica de la reunión y el hecho de que ésta quedará registrada en una grabación con el fin de poder extraer conclusiones a posteriori. Es importante que el moderador adapte el discurso al grupo y que no emita juicios de valor. 1.4. EL OFICIO DE LA SOCIOLOGÍA El término sociólogo encierra cierta complejidad y al mismo tiempo cierta complicidad derivada no tanto de la naturaleza formal del oficio, sino de la pluralidad de tareas a las que apunta, del dinamismo de las mismas y de las contradicciones que esto genera en no pocas ocasiones. ¿Cuál es, entonces, el papel del sociólogo? El sociólogo es una persona cuyo campo de acción tiene lugar entre un grupo de personas. Utilizamos persona en su acepción etimológica, es un dramatis personae, una máscara 10
Una Educación Sociológica en sentido constitutivo, es decir, adopta un papel o un rol social entre múltiples papeles. Es decir, es una persona con un bagaje experiencial y con unas habilidades sociales acreditadas que le dan licencia o permiso (un licenciado o una licenciada es alguien que tiene licencia o permiso) para ejercer un oficio en congruencia con aquello que ha estudiado o para lo que está acreditado. Pierre Bourdieu et al. advierten, no obstante, en El oficio de sociólogo, acerca de la necesidad de ejercer una continua vigilancia epistemológica que evite toda tentación de convertir criterios metodológicos en recetas de cocina científica y que ejerza un movimiento de reflexividad, por la que el sociólogo vuelve a repensar continuamente su propia actividad. Para Bourdieu, el oficio de sociólogo forma parte de un habitus que, “en tanto que sistema de esquemas más o menos dominados y más o menos transponibles, no es sino la interiorización de los principios de la teoría del conocimiento sociológico.” Precisamente por este movimiento de reflexividad (volviendo a sí mismo y a su actividad) es como el sociólogo puede evitar los errores propios del intelectualismo, es decir, tomar su propia relación intelectual con el objeto de análisis por la relación del agente con su acción. Así, la capacidad del sociólogo de tener en cuenta su relación con su objeto constituye uno de los medios de mejorar la calidad científica de su trabajo. De ahí el interés de lo que Bourdieu denomina una objetivación participante, pues la objetivación (en tanto que conocimiento científico) de la relación subjetiva del sociólogo con su objeto (su participación en el objeto que analiza) forma parte de los requisitos para que su análisis sea científico. De manera que, desde esta sociología reflexiva, que lo es crítica al mismo tiempo (por poner en crisis los supuestos del sentido común desde la vigilancia epistemológica), se hace del oficio de sociólogo una tarea de auto-socio-análisis, en la medida en que examina su relación con el objeto, que puede estar vinculado a su lugar en el campo intelectual, a su propia trayectoria social, etc. El sociólogo cuyo oficio, además, consiste en enseñar no ha de olvidar que la educación es una extensión de la ciudadanía. Como seres humanos, tenemos una naturaleza social y política que nos constituye como seres para el aprendizaje. Ser para el aprendizaje es un proceso social por el que participamos en la construcción de significados en comunidad y para la comunidad.
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Una Educación Sociológica 1.5. LOS FINES DE LA SOCIOLOGÍA La sociología, en tanto que disciplina que se enmarca dentro de las ciencias sociales, ofrece una perspectiva o forma particular de acercarse a la realidad: proporciona lo que algunos autores han dado en llamar una mirada sociológica. ¿Qué aporta esta mirada respecto a otras miradas o disciplinas? 1-. En primer lugar, la sociología permite no sólo conocer más, sino conocer de otra manera el escenario social en el que se despliegan nuestras acciones. La metáfora teatral aquí no es gratuita: la sociología entiende que hay una realidad estructurada -la sociedad- que se despliega en un escenario a partir de las interrelaciones que tienen lugar entre los diferentes actores sociales. La sociología entiende entonces a la sociedad no como una suma o agregado de individuos, sino como un entramado o vasta red de relaciones que opera entre los sujetos, y que permite agruparlos en colectividades, en clases, en sujetos sociales, atendiendo a las múltiples variables que intervienen. 2-. En la medida en que la sociología nos permite conocer más, nos permite también, de paso, comprender mejor. Efectivamente, comprendemos mejor, a menudo, cuando nos es posible desplazar nuestro punto de mira, alejar o acercar el objeto, y encontrar el punto de distancia óptimo para obtener un enfoque sociológico determinado, que puede ser muy variado. Esta variedad da lugar a un pluralismo metodológico, en función de la vía de acceso a la realidad que se utilice. El procedimiento para aproximarnos a la realidad social puede ser micro o macro (según la magnitud del fenómeno tratado), histórico o coetáneo (según la actualidad del momento retratado), crítico o meramente convencional (según el compromiso con la realidad analizada), etc. Comprender mejor requiere, pues, aproximarnos a la realidad social adoptando otras perspectivas, otros modos de pensamiento. La sociología intenta comprender mejor, mirar de otra manera, situando al ser humano en su dimensión social, como “sujeto político” y socializado en el seno de una estructura que lo explica y a la que da explicación. 3-. Pero la sociología, cierta sociología al menos, no se conforma con conocer más y comprender mejor. Ambas pretensiones son la condición de posibilidad para transformar aquellos aspectos que nos determinan y que son susceptibles de cambio en un contexto determinado. De manera que el “decir” (el discurso, el texto) sólo tiene sentido en el “hacer” (el curso, el contexto) social. Comprensión supone, pues, 12