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Laura Flores Anarte

ALTA CALIDAD EN INVESTIGACIÓN JURÍDICA

LAURA FLORES ANARTE LAS TÉCNICAS DE REPRODUCCIÓN ASISTIDA EN ESPAÑA

En un contexto en el que las circunstancias sociales y laborales dificultan ostensiblemente ser madre, sobre todo en los años de mayor fertilidad, las nuevas tecnologías reproductivas se configuran como una opción cada vez más recurrente para cumplir con el mandato cultural de género aún vigente que sublima el ideal maternal como meta esencial de la trayectoria vital de toda mujer. La presente obra es una mirada global al fenómeno de la maternidad tal y como se configura en la sociedad actual, poniendo en el punto de mira el análisis de las técnicas de reproducción asistida desde una perspectiva crítica para ofrecer al lector la posibilidad de reflexionar sobre las ventajas de estos avances tecnológicos, pero también sobre las contradicciones y asimetrías que su configuración legal y social han ido generando desde que empezaran a ponerse en práctica en España a finales de los años setenta.

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LAS TÉCNICAS DE REPRODUCCIÓN ASISTIDA EN ESPAÑA ¿Mercantilización de la maternidad o empoderamiento femenino?

II PREMIO DE INVESTIGACIÓN

ROSARIO VALPUESTA


COMITÉ CIENTÍFICO DE LA EDITORIAL TIRANT LO BLANCH María José Añón Roig

Catedrática de Filosofía del Derecho de la Universidad de Valencia

Ana Belén Campuzano Laguillo

Catedrática de Derecho Mercantil de la Universidad CEU San Pablo

Víctor Moreno Catena

Catedrático de Derecho Procesal de la Universidad Carlos III de Madrid

Francisco Muñoz Conde

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla

Jorge A. Cerdio Herrán

Angelika Nussberger

José Ramón Cossío Díaz

Héctor Olasolo Alonso

Catedrático de Teoría y Filosofía de Derecho. Instituto Tecnológico Autónomo de México Ministro de la Suprema Corte de Justicia de México

Owen M. Fiss

Catedrático emérito de Teoría del Derecho de la Universidad de Yale (EEUU)

Luis López Guerra

Juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Carlos III de Madrid

Ángel M. López y López

Catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla

Marta Lorente Sariñena

Catedrática de Historia del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid

Javier de Lucas Martín

Catedrático de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la Universidad de Valencia

Jueza del Tribunal Europeo de Derechos Humanos Catedrática de Derecho Internacional de la Universidad de Colonia (Alemania) Catedrático de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario (Colombia) y Presidente del Instituto Ibero-Americano de La Haya (Holanda)

Luciano Parejo Alfonso

Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III de Madrid

Tomás Sala Franco

Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia

Ignacio Sancho Gargallo

Magistrado de la Sala Primera (Civil) del Tribunal Supremo de España

Tomás S. Vives Antón

Catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Valencia

Ruth Zimmerling

Catedrática de Ciencia Política de la Universidad de Mainz (Alemania)

Procedimiento de selección de originales, ver página web: www.tirant.net/index.php/editorial/procedimiento-de-seleccion-de-originales


LAS TÉCNICAS DE REPRODUCCIÓN ASISTIDA EN ESPAÑA: ¿MERCANTILIZACIÓN DE LA MATERNIDAD O EMPODERAMIENTO FEMENINO?

Laura Flores Anarte

Valencia, 2016


Copyright ® 2016 Todos los derechos reservados. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o transmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética, o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación sin permiso escrito de la autora y del editor. En caso de erratas y actualizaciones, la Editorial Tirant lo Blanch publicará la pertinente corrección en la página web www.tirant.com.

© Laura Flores Anarte

© TIRANT LO BLANCH EDITA: TIRANT LO BLANCH C/ Artes Gráficas, 14 - 46010 - Valencia TELFS.: 96/361 00 48 - 50 FAX: 96/369 41 51 Email:tlb@tirant.com www.tirant.com Librería virtual: www.tirant.es ISBN: 978-84-9143-352-1 MAQUETA: Tink Factoría de Color Si tiene alguna queja o sugerencia, envíenos un mail a: atencioncliente@tirant.com. En caso de no ser atendida su sugerencia, por favor, lea en www.tirant.net/index.php/empresa/politicas-de-empresa nuestro Procedimiento de quejas.


Prólogo El Premio de Investigación Rosario Valpuesta, en su segunda edición correspondiente al año 2016, ha recaído en el presente trabajo titulado “Las técnicas de reproducción asistida en España: ¿Mercantilización de la maternidad o empoderamiento femenino?”, realizado por doña Laura Flores Anarte. Los miembros del Jurado encargado de juzgar los trabajos presentados destacamos de forma prácticamente unánime la inteligencia y sagacidad del enfoque que plantea la autora, la cual ha sido capaz de proponer el estudio de un tema relativamente conocido desde un punto de vista novedoso y valiente que seguramente sorprenderá a muchos lectores. Desde que en el año 1988 se aprobara la primera legislación sobre técnicas de reproducción humana asistida de nuestra historia, se ha escrito mucho sobre el objeto, contenido y alcance de tales técnicas, los requisitos exigidos para su implantación, los efectos sobre la filiación, etc. Efectivamente, son innumerables los trabajos que han diseccionado con una mirada técnica y formal los recovecos de la legislación, pero muy pocos se han preguntado cuál es la situación real de la mujer destinataria de tales técnicas. En otras palabras, el panorama académico se encuentra ayuno de investigaciones con perspectiva de género sobre las técnicas de reproducción asistida, aptas para desvelar hasta qué punto la voluntad, las necesidades y la autonomía de las mujeres se ha tenido y se tiene en cuenta a la hora de legislar sobre la materia. Esta obra, sin duda, es un paso muy importante para superar tal statu quo, y en tal sentido encaja a la perfección en el espíritu que desde sus orígenes mueve a los Premios de Investigación Rosario Valpuesta: la promoción del análisis y los estudios sobre igualdad de género. La autora, tras unas primeras páginas de carácter introductorio en las que expone las implicaciones culturales, económicas y sociales que rodean la construcción del ideal maternal en el seno de nuestras sociedades, constata cómo el probado retraso en la edad de la maternidad ha provocado un aumento de la demanda de las técnicas de reproducción asistida, por cuanto los niveles de fertilidad de la mujer han descendido considerablemente cuando pretende ser madre. Sin


Francisco Oliva Blázquez

embargo, la legislación vigente no protege adecuadamente, según el parecer de Laura Flores Anarte, los intereses y la voluntad de la mujer que decide recurrir a tales técnicas. Y esto es así, por de pronto, por el marcado carácter androcéntrico del que adolece la regulación de las técnicas de reproducción asistida, el cual se traduce en el hecho de que la tutela de la salud, la voluntad y el bienestar de las mujeres no sea siempre un objetivo prioritario de la legislación. Son numerosos los ejemplos a los que la autora recurre para demostrar tal afirmación. Por un lado, cuando la actualmente derogada Ley 45/2003, de 21 de noviembre, de reforma de la Ley 35/1988, de 22 de noviembre, sobre Técnicas de Reproducción Asistida, estableció la prohibición de fecundar más de tres ovocitos así como de transferir más de tres preembriones a la mujer en un mismo ciclo reproductivo, se estaba, en palabras de la autora, supeditando un valor jurídico universal, la tutela de la salud de las personas, a una concepción moral particular (la consideración del no nacido como persona). Y es que, efectivamente, a la hora de legislar se ignoraron por completo las consecuencias que para la salud de la mujer tenían las limitaciones introducidas, constituyendo según nuestro parecer un ejemplo claro y lamentable de intervención legislativa realizada de espaldas a las necesidades de la mujer. Igualmente, es suficientemente conocido que la dimensión terapéutica y vinculada a la mujer casada que tuvieron en un origen las técnicas de reproducción asistida ha desaparecido, y en la actualidad estas técnicas responden más bien al “derecho a la reproducción” de la mujer, la cual puede ser usuaria independientemente de su estado civil (STC 116/1999), de su orientación sexual (lo contrario equivaldría a admitir una forma de discriminación contraria al art. 14 CE) y, por supuesto, de que presente o no un cuadro de esterilidad (vid., art. 6 LTRA). Sin embargo, Laura Flores Anarte levanta el velo de esta realidad que en verdad no es más que aparente y puramente formal, ya que la Orden SSI/2065/2014, de 31 de octubre, por la que se modifican los Anexos I, II y III del Real Decreto 1030/2006, de 15 de septiembre, por el que se establece la cartera de servicios comunes del Sistema Nacional de Salud y el procedimiento para su actualización, exige para poder ser beneficiaria de un tratamiento de reproducción asistida con cargo a la seguridad social “la existencia de un trastorno documentado de la capacidad reproductiva” o “la ausencia de conse-


Prólogo

cución del embarazo tras un mínimo de 12 meses de relaciones sexuales con coito vaginal sin empleo de métodos anticonceptivos”. De esta forma, se está restringiendo materialmente (que no formalmente) el uso de las técnicas de reproducción asistida únicamente a las parejas heterosexuales o a las mujeres con un problema de esterilidad clínicamente probado y diagnosticado, ya que quienes no entren en tales grupos (mujeres lesbianas o solteras sin trastornos reproductivos) tendrán que recurrir a las costosas clínicas privadas que, desafortunadamente, no están al alcance de cualquiera. De esta forma, se introduce un insoportable elemento discriminatorio en el recurso a las técnicas de reproducción asistida que, obviamente, acaba perjudicando a la mujer. Estas y otras muchas consideraciones en torno a cuestiones igualmente importantes y sugerentes (como el régimen de la donación de óvulos y sus contradicciones, los centros de reproducción asistida privados, etc.) son tratadas a lo largo del presente trabajo, que, en opinión de quien esto escribe, permite visibilizar, esto es, hacer públicas y notorias tanto las aporías como los desafíos que presenta la legislación relativa a las técnicas de reproducción asistida en relación con sus usuarias, las mujeres. Sin lugar a dudas, trabajos como éste son un punto de partida necesario e imprescindible para provocar un cambio legislativo que permita prestar una mayor atención a las necesidades y problemas específicos que afrontan las mujeres que se enfrentan a los tratamientos de reproducción asistida. Un reto que la sociedad española no puede seguir ignorando por más tiempo. En Sevilla, a 19 de julio de 2016. Francisco Oliva Blázquez Miembro de la Junta Directiva de la Asociación Rosario Valpuesta Profesor titular de Derecho Civil. Acreditado al cuerpo de Catedráticos de Universidad Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla


Prefacio Este libro es fruto de un conflicto. Uno muy grave y pertinaz. El que enfrenta a las mujeres con las sociedades en las que viven y mueren desde hace siglos. Este conflicto comenzó el día en que una mujer llegó a la conclusión de que la sociedad en la que vivía no le interesaba lo más mínimo entenderla. Tenemos que reconocer que esta sociedad, no importa realmente cuál porque si algo demuestra la historia y los procesos culturales es su coincidencia en el mantenimiento de estructuras patriarcales, ha realizado notables esfuerzos por enmascarar esta carencia de interés. Ya fuera relegándola al ámbito doméstico y convirtiéndola en la “reina” del hogar, como sufrida madre ejemplar, con un pañuelo que le cubra su pecaminoso cabello o con dos trabajos a media jornada y una familia con la que llegar a fin de mes. Es evidente que este diagnóstico requiere algunas matizaciones, pero probablemente me entiendan. Dicho esto, muchas mujeres no se han conformado. En espacios y tiempos distintos han luchado por transformar una realidad que no solo las relegaba a un segundo plano: también las denigraba con análoga fuerza. Después de siglo de luchas se han obtenido algunos logros. Pero aún son insuficientes. Las estructuras patriarcales oprimen a mujeres y hombres, aunque de formas diferentes y con una intensidad distinta. Algunos hombres han percibido ese hecho y tratan de abrir nuevas vías que erosionen las estructuras que también marcan su vida y su manera de actuar. El patriarcado, además, se vincula con otras opresiones de tipo económico, étnico, colonial o de orientación sexual. Hay mujeres que, por pertenencia a una clase social, padecen una opresión aun mayor. Pero no pretende esta presentación servir para victimizar a las mujeres. A pesar de todo, han asumido un protagonismo social muy relevante en la ciencia, en el arte, en la política, en todos los sectores de la vida en que, en principio, su mera presencia estaba vedada. Hoy lo sabemos gracias a los estudios feministas. Esta lucha es extraordinariamente significativa en cuestiones, tan actuales en la ciencia, como el desarrollo de la astronomía y de la tecnología que generó las computadoras. Quizá fue ésa la razón de que captara tanto mi atención una noticia sobre la congelación de ovocitos. Empresas como Facebook o


Rafael Rodríguez Prieto

Apple ofrecieron a sus trabajadoras la posibilidad de congelarlos hasta que “tuvieran una vida profesional estable”. Pero, sin duda, lo más curioso de todo fue comprobar que los medios aplaudían la iniciativa. Cualquier abuela sabe que nadie da duros a cuatro pesetas. Es una gran verdad, que mis estudiantes del curso de Teoría Política Feminista de este año han comprobado cuando han preguntado a sus padres y abuelos sobre sus familias. La idea era realizar un trabajo que incluyera árboles genealógicos de los miembros de la clase. Estos árboles nos ayudarían a estudiar la evolución de la mujer en Andalucía. En realidad, creo que fue una magnífica oportunidad para que los nietos aprendieran de abuelas y percibieran que los derechos no son gratis y que cuesta mucho obtenerlos. Nadie va a venir alegremente a regalarnos nada. Y menos a las mujeres. En cualquier caso, y retornando a lo que nos ocupa, la noticia de la congelación de los ovocitos era una mala noticia. ¿Por qué? ¿Es que no puede ayudar a las mujeres que deseen ser madres más adelante y además es gratis? La razón por lo que no contribuye a la igualdad es muy sencilla: perpetúa concepciones nefastas sobre la mujer, la maternidad, la familia y hasta la sociedad. La maternidad no es una enfermedad, ni debería ser un impedimento para que las mujeres desarrollen su profesión. Esta idea tan sencilla y razonable no es comprendida. ¿Cuántos de ustedes conocen a una mujer que le hayan preguntado en una entrevista de trabajo si pensaba tener hijos? ¿Y a un hombre que le hayan planteado la misma cuestión? Los datos nos muestran una realidad muy desigual. La tasa de ocupación de las mujeres es inferior a la de los hombres (52,6% frente al 41,7%); su nivel de paro es mayor (22,2% frente al 19,5% en términos EPA), y la precariedad laboral es también más elevada. El trabajo a tiempo parcial representa el 21,5% en el caso de las mujeres sin hijos frente al 9,5% de los hombres respecto de los ocupados con edades comprendidas entre 25 y 49 años. Todo ello se completa con el hecho de que las mujeres ocupan los peores puestos de trabajo, tanto en términos salariales como de cualificación profesional1. Desgraciadamente, las administraciones públicas tienen una notable responsabilidad en que esto sea así. Mientras la desigual

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Datos tomados de El confidencial, http: //www.elconfidencial.com/economia/ 2016-03-08/cobran-menos-las-mujeres-que-los-hombres-desmontando-un-mito_1164816/ Accedido el 10/07/2016


Prefacio

dad se acrecienta, a algunos políticos solo se les ocurre atentar contra el uso genérico del masculino. Su pobreza intelectual, falta de ideas e iniciativas para solventar los problemas reales de las mujeres, la canalizan por la sombría vía del autoritarismo lingüístico y el oportunismo electoral. Tampoco logran reducir la violencia machista, uno de los problemas sociales más graves. Ni aportan suficientes recursos, ni ideas. Su contribución consistió en una norma muy mejorable que, entre otros defectos, atenta contra la Constitución Española. El libro de Laura Flores Anarte se atreve a hacer una pregunta sobre la maternidad que incomoda a todos. Desde los que defienden al patriarcado en cualquiera de sus formas, hasta incluso algunas feministas. ¿Cómo osa formular la pregunta sobre la maternidad desde una perspectiva feminista? Pues sí, lo hace y además de una forma muy inteligente y actual. Nos sitúa ante el conflicto. La doctoranda Flores Anarte realiza una investigación brillante que ha merecido además un importante premio. Es una reflexión sobre la maternidad, pero también sobre la clase social, el patriarcado y una desigualdad, que lejos de disminuir, parece aumentar. Laura Flores Anarte no se abstrae de la sociedad en la que vive. No renuncia a la inmanencia, al análisis de la creciente desigualdad y pérdida de derechos sociales e, incluso civiles, a la que asistimos en nuestro orgulloso, y a veces patético, continente. En este mundo de idealismo cibernético no viene mal confrontar los hechos. Mujeres y parejas que se han visto obligadas a postergar la maternidad se enfrentan a una esterilidad, principalmente, por causa de la edad. Solo queda, entonces, transitar el camino de la reproducción asistida. En el sistema público, los inconvenientes se acrecientan con los años y los recortes. Incluso, no se puede descartar la existencia de exclusiones y discriminaciones en razón de la orientación sexual. La solución a la que la mayoría de las mujeres (ya sean solas o con pareja) se ven abocadas es a un sistema privado que obtiene grandes beneficios con los ciclos de reproducción asistida. De esta manera, las mujeres son penalizadas dos veces: en primer lugar cuando se les condiciona para no poder plantearse la maternidad cuando biológicamente podrían; la segunda implica que tengan que pagar grandes cantidades de dinero para poder lograr un embarazo. Simplemente, no es justo.


Rafael Rodríguez Prieto

Reflexionar sobre la maternidad y la paternidad implica pensar sobre el futuro, algo a lo que el modelo económico y cultural hegemónico es sumamente refractario. El capitalismo solo concibe el aquí y ahora que mercantiliza la vida. Si el planeta se calienta, no importa porque son las cuentas de resultado de las grandes empresas lo que es relevante. Desgraciadamente esta instantaneidad egoísta es la máquina de exclusión más perfecta y eficaz de la historia. Las mujeres conocen muy bien lo que significa convertirse en una mera mercancía. Nikolái Gógol en su novela Almas muertas describía la femineidad como las prescripciones que interiorizaban las mujeres de clase alta de su época generación tras generación a fin de que fueran el receptáculo ideal para el marido que se llevara la dote. Era una forma de anularlas como entes autónomos y que terminarán teniendo miedo “a hablar más de la cuenta” y confundiendo todo. La mercantilización de la maternidad es un ejemplo más de un espectacular proceso de acumulación de riqueza en unas pocas manos. Libros como este son una muestra no solo de que se deben repensar las ideas, sino también de que existen alternativas. Al fin y al cabo, otras maneras de hacer las cosas y de enunciarlas. Mujeres como Laura Flores Anarte tienen y tendrán mucho que decir para contribuir a la mejora de nuestras sociedades. Rafael Rodríguez Prieto Profesor Titular de Filosofía del Derecho y Política de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla Subdirector del Laboratorio de Ideas y Prácticas Políticas (LIPPO)


Introducción “Existe una mala fe extravagante que pretende conciliar el desprecio que se siente por las mujeres y el respeto con el que se rodea a las madres.” Simone de Beauvoir1

Si durante el siglo pasado las mujeres se rebelaron por romper las cadenas que las ataban a la crianza de los hijos e hijas y a la vida doméstica para reivindicar su presencia en el ámbito público, reclamando poder rechazar una maternidad que se erigía en único e ineludible destino, definido por el sexo desde el nacimiento, en los últimos tiempos, la agenda feminista parece haber experimentado cierto cambio y, en un contexto en que las exigencias productivistas del sistema dificultan extraordinariamente encontrar un momento adecuado de la trayectoria vital en el que incardinar la maternidad, las nuevas generaciones de mujeres han ampliado la reivindicación inicial de poder elegir no tener hijos si no los deseaban, para exigir también las condiciones materiales que les permitan ejercer la maternidad libremente elegida en condiciones de dignidad. En este sentido, en el mes de octubre de 2014, saltaba a los tabloides de la prensa internacional una noticia que retrataba a la perfección la consideración simbólica que la maternidad tiene en nuestra sociedad como algo irrenunciable para las mujeres a la vez que incompatible con el pleno desempeño de una actividad profesional. Así, los periódicos y noticiarios se hacían eco de sendos comunicados, emitidos por los gigantes tecnológicos Apple y Facebook y difundidos por el canal de televisión estadounidense NBC, en los que representantes de estas dos grandes compañías aseguraban que a partir de principios del año 2015 iban a empezar a incluir entre los famosos incentivos2 ofrecidos a sus empleados —empleadas, en este caso—

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BEAUVOIR, Simone de, El Segundo Sexo, Vol. I, Madrid: Cátedra, 1998, p. 321. Los incentivos o perks —en el término anglosajón— son una práctica habitual en las grandes corporaciones, especialmente en las pertenecientes al sector tecnológico. Partiendo del convencimiento de que, para un mejor rendimiento, los tra-


Laura Flores Anarte

hacerse cargo del coste de procesos congelación y mantenimiento de óvulos, con el objetivo de que éstas se centrasen en el desempeño de sus funciones laborales durante los años de fertilidad, utilizando las técnicas de reproducción asistida (TRA) para engañar al reloj biológico y no tener que renunciar a la maternidad3. La medida es defendida por los portavoces de Apple y Facebook alegando que el período de mayor fertilidad femenina coincide con la época de máxima productividad y exigencia en el mercado laboral y que el ofrecerse a congelar los óvulos de sus empleadas solo constituye una forma de reforzar su bienestar, un beneficio más que ofrecen y que éstas pueden elegir entre disfrutarlo o no. Sin embargo, esta medida supone el reconocimiento tácito del convencimiento de que la maternidad es incompatible con el desempeño de un puesto de responsabilidad en una gran compañía4 en la que la competencia feroz y la presencia dominante de los hombres —cuya paternidad no es considerada un obstáculo para su carrera profesional al parecer de los directivos de Silicon Valley— hacen que las mujeres tengan que dedicarse de manera exclusiva a su carrera profesional para hacerse un hueco en ese mundo. El tono general de celebración de la medida en los medios de comunicación hace pensar que la sociedad parece estar más dispuesta a aplaudir las iniciativas

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bajadores deben estar satisfechos también con su vida laboral, lo que repercutirá en mejores resultados para la productividad empresarial, estas corporaciones premian a sus directivos y personal de alto rango con un variado espectro de alicientes que van desde cheques bebé hasta vales para masajes o cócteles gratis. Resulta significativo o cuando menos curioso que el diario español El País incluya la noticia aludida en su sección de tecnología (http: //tecnologia.elpais.com/ tecnologia/2014/10/15/actualidad/1413333970_087854.html), poniendo en el centro de la cuestión, no a las mujeres, sus derechos reproductivos o la problemática de que la maternidad esté siendo cuestionada o considerada incompatible con el mundo laboral, sino el sector al que se dedican las compañías oferentes del incentivo. Algo que no es tan relevante si tenemos en cuenta que antes de que las grandes corporaciones de Silicon Valley se subieran al carro, el pago de la congelación de óvulos ya era un servicio ofrecido por empresas de otro sector, como las grandes firmas de abogados a sus socias y empleadas relevantes. Al saltar la noticia a los medios, la periodista de la NBC, Danielle Friedman se preguntaba al respecto: “Would potential female associates welcome this option knowing that they can work hard early on and still reproduce, if they so desire, later on? Or would they take this as a signal that the firm thinks that working there as an associate and pregnancy are incompatible.” (http: //www.nbcnews. com/news/us-news/perk-facebook-apple-now-pay-women-freeze-eggs-n225011)


Las técnicas de reproducción asistida en España: ¿mercantilización …

de empresas que pagan a las empleadas por congelar sus óvulos que a plantearse por qué tiene que ser incompatible la maternidad con el ejercicio de una profesión; o que a exigir a las compañías que pongan en práctica medidas de conciliación que permitan disponer del tiempo necesario para la crianza de los hijos sin que esto implique renunciar a las aspiraciones profesionales ni perder el puesto de trabajo. Paralelamente, los hechos como éste, bajo los que subyace un juicio negativo hacia la maternidad y una baja consideración hacia las mujeres que la ejercen, conviven en la práctica con un discurso hegemónico patriarcal que, a través de diversos canales culturales, identifica la maternidad con un mandato de género que todas las mujeres han de cumplir, como un elemento constitutivo e ineludible de la razón de ser femenina, presentado en términos de instinto, al que todas las mujeres deberían aspirar. En esta disyuntiva —el retraso de la edad de la maternidad por constricción de las circunstancias laborales, por motivos ajenos a la propia voluntad libre de la mujer, por un lado; y la generalización del mensaje de la maternidad como objetivo prioritario en la vida de cualquier mujer que se precie como tal, por otro— es donde adquieren relevancia e importancia las técnicas de reproducción asistida y de conservación del material genético. El presente trabajo de investigación —cuyos resultados parciales fueron presentados en las XXV Jornadas de Filosofía Jurídica y Política, organizadas por la Sociedad Española de Filosofía Jurídica y Política y celebradas en abril de 2015 en Madrid— pretende ser un estudio en profundidad acerca de la configuración social de las técnicas de reproducción asistida, así como de su relación con la autodeterminación de la voluntad femenina en cuestiones atinentes a la reproducción y a su cuerpo.


I. LA SIGNIFICACIÓN SOCIOPOLÍTICA DEL CUERPO FEMENINO I.1. La reproducción como base del sistema capitalista El cuerpo femenino ha estado históricamente sometido al impacto de discursos morales, políticos y religiosos que han tratado de disciplinar el comportamiento de la mujer a través de la intervención sobre su cuerpo y, principalmente, sobre su sexualidad. Esto se debe a que la función reproductiva que llevan a cabo las mujeres es base y pilar fundamental para el desarrollo y el sostenimiento del sistema económico capitalista que rige en nuestra sociedad, lo que ha llevado a las instituciones a tratar de controlarla en su propio beneficio. Del mismo modo, esta capacidad reproductiva de las mujeres y el papel de cuidadoras que se les ha asignado han servido también de base para justificar la tradicional opresión a la que históricamente se las ha sometido, así como su exclusión de la vida pública. La discusión teórica sobre el origen del sistema patriarcal y de la opresión de las mujeres es un tema que ha ocupado el trabajo de numerosos intelectuales que han intentado rastrear históricamente el momento y las razones que desembocaron en la configuración de la desigual distribución de poder entre mujeres y hombres que caracteriza a la sociedad actual. Algunos autores, en la creencia de que admitir la idea de que la opresión de las mujeres respecto de los hombres viene desde el principio de los tiempos servía de argumento precisamente a aquellos que defendían una supuesta inferioridad natural de la mujer con respecto al hombre, argumentaron la existencia de un sistema matriarcal originario que más tarde desaparecería para dar lugar al patriarcado. En este sentido, Frederick Engels retoma los trabajos del antropólogo Bachofen sobre sociedades matriarcales arcaicas para demostrar la existencia de sociedades primitivas matriarcales, justificando esta idea en que el culto de las sociedades primitivas era realizado eminentemente a diosas. Según la teoría de Engels, expuesta en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, en un momento dado se produce una derrota de las mujeres por parte de los hombres, tras la cual se instauran la familia monogámica y el


Laura Flores Anarte

patriarcado, que perdura hasta nuestros días5. No obstante, esta corriente cuenta con algunas lagunas6 y ha recibido críticas por parte de autoras posteriores como Simone de Beauvoir, la cual en el recorrido histórico que hace por la civilización humana en el primer tomo de El Segundo Sexo, concluye que los hombres se han erigido como opresores de las mujeres desde las más primitivas comunidades: “De esta forma, el triunfo del patriarcado no fue casual, ni el resultado de una revolución violenta. Desde el origen de la humanidad, su privilegio biológico permitió a los varones afirmarse solos como sujetos soberanos; nunca renunciaron a este privilegio; (…) condenada a desempeñar el papel de la Alteridad, la mujer también estaba condenada a poseer solo un poder precario: esclava o ídolo, nunca eligen su destino7”.

Otras autoras, como Carole Pateman, apuntan a que el origen de la opresión de la mujer se encuentra en el paso del estado de naturaleza al estado social, que se produce a través del contrato social, según la teoría del contrato, ilustrada por autores como Locke, Hobbes o Rousseau y que en esencia propugna que el Estado se funda en el momento en que los hombres renuncian a parte de su libertad, dejándose gobernar a cambio de protección y de ser provistos de ciertos servicios8. Para Pateman, la teoría del contrato social está viciada desde el principio, pues tiene en su base un contrato de dominación sexual que implica la reclusión de las mujeres al ámbito privado, dejando lo pú-

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BURGALETA PÉREZ, Elena, Género, identidad y consumo: las “nuevas maternidades” en España, Madrid, Universidad Complutense de Madrid, 2011, p. 15. “Resumiendo, no podemos hablar de un consenso en torno a la existencia o no de un matriarcado primitivo, lo cual nos sitúa en un punto de inflexión sin demasiadas opciones. Por una parte, negar la existencia en el pasado de sociedades más igualitarias o cuya relación entre sexos no estuviera basada en el dominio del patriarca supone admitir la existencia de un patriarcado universal que, de alguna manera, puede utilizarse como argumento de una subordinación «natural» de la mujer. Por otra, la aceptación de un matriarcado original no sólo implica la defensa de una esencia femenina, sino que además no resultaría etimológicamente correcto, ya que hablar de un «matriarcado» implica la existencia de un sistema basado en la dominación de las mujeres sobre los varones, y no de un modelo igualitario de poder. En cualquier caso, evocar un pasado glorioso no deja de ser un intento de recuperar un supuesto paraíso perdido, un estado idílico anterior al destierro del Edén.” Ibíd., p. 19 BEAUVOIR, Simone de, El Segundo Sexo, Vol. I, Madrid: Cátedra, 1998, p. 141. PATEMAN, Carole, El contrato sexual, Barcelona: Anthropos, 1995.


Las técnicas de reproducción asistida en España: ¿mercantilización …

blico como esfera de actuación eminentemente masculina. Ésto lleva a todas las sociedades que se constituyen a partir del mito fundacional de las teorías del contrato a que sean sociedades para hombres, en las que los varones se apropian del trabajo femenino, a la vez que éste se invisibiliza y menosprecia. Las tesis contractualistas clásicas han sido criticadas desde el neocontractualismo: tanto Locke como Hobbes y Rousseau presumían que en el pacto del que surge la sociedad civil intervenían individuos libres e iguales que, en ejercicio de esa libertad individual decidían voluntariamente unirse para tutelar mejor sus intereses. Las principales críticas al contractualismo han venido precisamente por esa presunción de igualdad de las partes, al considerarla una ficción jurídica típica del capitalismo a través de la cual la igualdad formal esconde y perpetúa la desigualdad sustancial9. En su obra El contrato sexual, Carol Pateman critica ambas teorías —contractualismo y neocontractualismo— al afirmar que los derechos resultantes de este contrato nacen viciados, ya que son el resultado de un pacto del que las mujeres están excluidas, pues dicho pacto se basa, precisamente, en un contrato sexual oculto, según el cual, los varones, a través del estatus de marido que les arroga la institución de la familia, se posicionan por encima de las mujeres, quienes les deben sumisión y obediencia10. Esta relación desigual de poder se basaría en la idea —un tanto contradictoria para con la supuesta situación de igualdad que caracteriza al Estado de naturaleza— de que las mujeres son naturalmente (Locke y Rousseau) o políticamente (Hobbes) inferiores a los hombres. La crítica al mito fundacional del Estado que hace Pateman señalando la implícita exclusión de las mujeres del mismo, explicaría que la situación originaria de opresión de los hombres sobre las mujeres haya persistido históricamente y no se haya corregido a pesar del progreso de la sociedad. Para Pateman, la actual situación de inferioridad femenina es prueba y testimonio de la naturaleza estructural de la relación de dominación masculina, de su carácter legitimador en la constitución del estado social, un vicio que no puede corregirse11. En

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PITCH, Tamar, Un derecho para dos: La construcción jurídica de género, sexo y sexualidad, Madrid: Trotta, 2003, p. 40. Ibíd., p. 127. Ibíd., p. 43.


Laura Flores Anarte

este sentido, señala Pateman que la sociedad necesita un nuevo pacto igualitario que incluya a las mujeres, una refundación del orden social que sirva como base para la constitución y desarrollo de un nuevo orden político que, alejado del modelo de hombres y para hombres, incluya a las mujeres de manera igualitaria. Una teoría alternativa a la expuesta por Pateman sobre el origen de la opresión de la mujer es la sostenida por la filósofa feminista italiana Silvia Federici. Federici no niega la existencia de formas originarias de opresión y marginación de las mujeres en las sociedades precapitalistas; sin embargo, sitúa el modo actual de opresión de la mujer —la esclavización de las mujeres a la procreación12— en el paso de las sociedades comunitarias de subsistencia propias del feudalismo al surgimiento del monetarismo como primera forma de economía capitalista. Para Federici la actual identificación de la mujer con las labores reproductivas, su reclusión en el ámbito privado o doméstico, su marginación de los trabajos productivos asalariados y, sobre todo, la devaluación del trabajo reproductivo de producción de productores, su conceptualización no como un trabajo, sino como algo natural que las mujeres realizan por pura vocación, tiene su origen en el paso del feudalismo al capitalismo, momento histórico que viene marcado por los cercamientos de las tierras comunes en el centro de Europa13. Durante el feudalismo, Europa se había caracterizado por la predominancia de un sistema económico de subsistencia en el que los campesinos —que trabajaban la mayor parte del tiempo para los señores feudales— se relacionaban y obtenían los recursos para su propio abastecimiento a través de la explotación en su tiempo libre de pequeñas parcelas de tierra que poseían o de los llamados campos comunes, terrenos no colindantes en un campo sin cercas de los que los aldeanos podían disponer de forma común en virtud de acuerdos14.

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FEDERICI, Silvia, Calibán y la bruja: Mujeres, cuerpo y acumulación originaria, Madrid: Traficantes de sueños, 2010, p. 138. Ibíd., pp. 138 y ss. “Los campos comunes eran fundamentales para la reproducción de muchos pequeños granjeros o labradores que sobrevivían sólo porque tenían acceso a praderas en las que podían tener vacas, bosques de los que recogían madera, fresas silvestres y hierbas, o canteras de minerales, lagunas donde pescar, o espacios abiertos donde reunirse. Además de encuentros, toma colectiva de decisiones y


Las técnicas de reproducción asistida en España: ¿mercantilización …

Sin embargo, a partir del siglo XVI y eminentemente durante el XVII, estas tierras comienzan a ser expropiadas a los campesinos pobres por parte de la aristocracia y los campesinos más acaudalados con el objetivo de expandir sus propiedades. Estas estrategias, que iban desde la subida de aranceles a los pequeños propietarios hasta el derribo de aldeas enteras, se conocieron, sobre todo en Inglaterra, con el nombre de cercamientos15 y su principal objetivo era eliminar la propiedad comunal de la tierra, bajo el pretexto de la ineficiencia productiva que suponía esa tenencia comunal16. Aunque, como señala Federici, los registros de la época demuestran que la privatización de la tierra y la comercialización de la agricultura no acrecentaron la cantidad de alimentos disponibles para gente común, pero sí la disponibilidad de comida para el mercado y la exportación17. De esta manera el sistema que hasta entonces se había caracterizado por una economíapara-el-uso deviene en una economía de producción-para-el-mercado, dominada por las relaciones monetarias y sustrayendo todo valor a cualquier tipo de actividad que no se comercializara. La desposesión del campesinado europeo de las tierras comunes como medio de subsistencia desembocó en la dependencia total del salario que percibían de sus empleadores, quedando aquellos a merced de los abusos de estos y viéndose afectados por una subida del precio de los alimentos sin precedentes que vino acompañada de una bajada generalizada de los salarios18. Por su parte, los cercamientos de las tierras comunales, la mercantilización de la economía y la instauración del trabajo asalariado como principal medio de vida también afectaron negativamente a las mujeres, que tenían más difícil el acceso a los trabajos asalariados. La mayor competencia por este tipo de trabajos —que pasa a ser la única manera de subsistencia de la ma-

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de cooperación en el trabajo, los campos comunes eran la base material sobre la que podía crecer la solidaridad y la socialidad campesina.” Ibíd., pp. 105-106. El término hace alusión a las cercas que se utilizaban para rodear los trozos de tierra, como marca de la propiedad privada de la misma. “«cercamientos», un fenómeno que se ha asociado hasta tal punto con la expropiación de los trabajadores de su «riqueza común» que, en nuestro tiempo, es usado por los militantes anticapitalistas como significante de los ataques sobre los derechos sociales.” Ibíd., p. 102. Ibíd., p. 105. Ibíd., pp. 114 y ss.


Laura Flores Anarte

yoría de la población al haber sido erradicado el autoabastecimiento mediante el trabajo en las tierras comunes— hace que las mujeres sean las primeras en ser expulsadas de la mayoría de oficios que tradicionalmente habían desempeñado, como la artesanía19, la destilación de cerveza y la partería20; y que sus salarios se reduzcan aún más en comparación con los de los varones: así, el sueldo que percibían las mujeres por desempeñar el mismo trabajo que un hombre —que en el siglo XIV se situaba en la mitad de lo que recibían estos— a mediados del siglo XVI se cifra en un tercio del sueldo masculino, ya de por sí reducido por la bajada generalizada de los salarios que tuvo lugar en esta época21. A la dificultad para mantenerse a partir de un trabajo asalariado que encontraron las mujeres en este periodo hay que sumarle la falta de otras alternativas de subsistencia: la persecución de la prostitución, que hasta entonces había sido más o menos tolerada pero que empieza a penalizarse en este período; la imposibilidad de alistarse en el ejército, reservado para los hombres; o de emprender una vida nómada, debido a la falta de movilidad derivada de los embarazos y el cuidado de los niños22; prácticamente dejaron el matrimonio y la familia como única opción para las mujeres, confinándolas al trabajo reproductivo en el preciso momento en que la concepción de este tipo de labores como trabajo desprovisto de valor desde el punto de vista económico alcanzaba su auge y condenándolas a la dependencia económica del marido. A pesar de la diferenciación entre Pateman y Federici sobre la fijación del momento histórico en que se funda el modelo de opresión masculina, ambas coinciden en el convencimiento de que éste se traduce en la apropiación por parte de los varones del trabajo gratuito realizado por las mujeres. Además, Federici pone el acento en la capitalidad de este trabajo reproductivo para el mantenimiento de la sociedad y del sistema económico capitalista y en la necesidad de devaluarlo para continuar con esa apropiación gratuita por parte del capital.

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Ibíd., p. 146. Ibíd., p. 143. Ibíd., p. 117. Ibíd., p. 110.


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